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¿Es realmente posible alcanzar una meta si le dedicas el tiempo y el trabajo suficiente?

febrero 7, 2014 — by Gabriella3

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Hace poco más de un año tomé la decisión, seria y algo acojonada, de escribir. Había escrito antes, claro, toda mi vida, pero de una forma insegura, intermitente, valiéndome solo de las musas y la inspiración. La disciplina la dejaba para la edición, que fue, al fin y al cabo, a lo que me dediqué durante casi toda mi vida anterior.

No me lanzaba a la piscina desde el vacío, desde la nada. Siempre he leído bastante, ya fuera por ocio o trabajo, y he pasado muchísimo tiempo trabajando textos ajenos, tanto desde un punto de vista académico como profesional. Corregí, maqueté, valoré, analicé, y casi todo lo que se puede hacer con un texto destinado al público. Me di cuenta de que estaba ocupándome casi por completo, de una manera u otra, del proceso editorial, y eso estaba bien. Estaba ayudando a otros escritores a mejorar su obra, a presentarla de la mejor forma que yo supiera ofrecerles. Una forma que, si bien no era perfecta, era mucho mejor que el manuscrito inicial. Creía (y sigo creyendo) que tenía un pequeño don para sacar lo mejor de un autor. Esto es algo que sigo desarrollando a través de la corrección de estilo, y que me mete en más de un lío, ya que me resulta muy difícil separar mi labor de simple correctora de mi antigua labor de edición: si me encuentro con un texto con agujeros argumentales o incoherencias narrativas, por ejemplo, necesito trabajarlo con el autor, aunque sepa que eso va a complicar y alargar mi trabajo de forma innecesaria.

Todo ese bagaje era importantísimo para comenzar una labor seria como escritora, no solo por la formación que me proporcionaba, sino por todos los contactos que realicé en mi fase de editora, y por todo lo que aprendí de otros profesionales del mundo de la edición, gente a la que aún admiro y a la que ocasionalmente acudo. Creo que hice lo que tenía que hacer, pero por otro lado lamento no haber tenido una meta más específica. El mundo de la edición te exige estar en muchos frentes a la vez, y yo tiendo a la multitarea y al pluriempleo. Hace un año me di cuenta, ya de forma definitiva, de que eso tenía que cambiar. Necesitaba un objetivo claro.

La importancia del trabajo diario

Ya he hablado varias veces en el blog de las 10000 horas, las que se supone que necesitas para dominar una habilidad. No se trata solo de echarle 10000 horas a algo: deben ser horas realmente útiles para tu habilidad, horas de aprendizaje puro, y también hay muchos otros factores que deben cultivarse: redes sociales (no me refiero a Facebook, que también, sino a redes de interacción en general con otras personas de las que puedes aprender). Cerca de esta teoría está la de los 7 años, que es que necesitas 7 años para llegar a algo en algún campo; también está el llamado compromiso de los cinco años, del que leí por primera vez en un artículo de Steve Pavlina, pero que tiene variantes de todo tipo por todas partes.

El compromiso de los cinco años es interesante porque te hace plantearte en serio si lo que estás haciendo es útil para ti. Si tomas una dirección, profesional o personal, ayuda mucho preguntarte: ¿voy a comprometerme a seguir haciendo esto dentro de cinco años? ¿En serio? ¿Pase lo que pase? ¿Todos los días? Son preguntas importantes, si tenemos en cuenta que esos cinco años son lo mínimo que hacen falta para obtener algo de importancia en cualquier campo. Uno no puede rendirse, opinar que todo ha salido mal, cuando solo lleva seis meses haciendo algo. Y muchos argumentarán que interviene la suerte, que hay quien es descubierto de la noche a la mañana, por ejemplo. Pero si uno investiga un poco, descubre que la mayoría de esas personas que han tenido éxito en algún campo, de manera aparentemente afortunada y casual, llevaban ya años desarrollando determinadas habilidades, y que el hecho de que estuvieran en el sitio adecuado en el momento adecuado se debe en gran medida al desarrollo de esas habilidades. La suerte existe, sí, pero es un factor mucho menos determinante de lo que podría parecer.

Primeros resultados

Tras el primer año realmente dirigido, de esos cinco a los que me he comprometido, puedo decir que los resultados han sido favorables: tengo un libro a las puertas (El fin de los sueños, junto con José Antonio Cotrina, que saldrá publicado el 20 de marzo con Plataforma Neo); tengo otra obra finalizada, en proceso de corrección, que pronto empezará a hacer la ronda por editoriales; y escribí 90000 palabras de una novela que, por muchas razones, me he visto obligada a reiniciar por completo, pero que espero poder terminar antes de que acabe el 2014. Pero todo esto no viene solo de sentarse a escribir a diario: si yo no hubiera pasado ocho años de mi vida de congreso en congreso, de convención en convención, hablando con escritores y editores, nunca habría conocido a las personas adecuadas para aprender a navegar en el complejísimo mundo de la edición. Si no me hubiera hecho un currículo, publicado otras cosas, nadie habría creído en mis posibilidades. Si no hubiera tenido cierta habilidad mínima para empezar, mi coautor no habría considerado compartir portada conmigo (y os puedo asegurar que es una persona tremendamente exigente y meticulosa). Así, repetimos: esas 10000 horas no son solo de escribir, leer, corregir y escribir de nuevo. También son de socializar con gente del gremio, de estar en todas partes, de dar y asistir a charlas y conferencias que de primeras podrían parecer inconsecuentes (todas estas acciones que, para una persona de naturaleza introvertida como yo, son agotadoras). Incluso son de escribir cientos y cientos de artículos sobre literatura para una página web. Todo está relacionado.

Contra viento y marea

Todo esto ha exigido una reestructuración mental muy grande por mi parte. Para empezar, decidí dirigirme a un nicho de mercado más productivo, que antes no había considerado: la literatura juvenil. He intentado tragarme la timidez y atreverme con ciertas cosas a pesar del miedo. He aceptado la disciplina diaria de escribir, y no he fallado ni un solo día. Escribir se ha convertido en una prioridad absoluta, por encima de comer, dormir o incluso pasar tiempo con mi familia o mi pareja. Todo esto compaginado con horas y horas de otros trabajos para intentar obtener algún ingreso. No soy muy fan de Almudena Grandes, por ejemplo, pero sí soy muy fan del hecho de que durante años se levantara a las cinco de la mañana para poder escribir, antes de llevar a los niños al colegio o ponerse a trabajar. Esas son las cosas que nunca nos cuentan de la glamurosa vida del escritor.

Hay muchos días que me levanto desalentada y me pregunto si algo de esto merece la pena. Los ingresos, tanto por mi trabajo como escritora como por mis demás ocupaciones laborales, son ínfimos (hace un par de años volví a casa de mis padres porque ya no podía permitirme alquilar un piso y pagar las facturas. Sigo sin poder permitírmelo). Trabajo mucho, e intento hacerlo lo mejor posible. Pero desde hace un tiempo siento que, a pesar de la ocasional desesperación, mi vida está llena de cosas maravillosas, de experiencias alucinantes y de posibilidades mágicas. Y tengo algo que mucha gente no tiene: un compromiso para cinco años. No puedo esperar a ver qué me deparan los cuatro siguientes.

Conclusión

Todo esto nos lleva a una única pregunta: ¿Es verdad lo que nos venden? ¿Es posible entonces desarrollar una habilidad y llegar a algún sitio con ella en el espacio de cinco años de trabajo constante y teledirigido?

No lo sé, pero pienso averiguarlo.

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Rompiendo esquemas mentales

julio 9, 2012 — by Gabriella6

Hay situaciones desagradables que, si se prolongan lo suficiente, pueden llegar a parecernos normales. De este modo, creo que perpetuamos ciertas nociones en nuestra forma de pensar, ya que no concebimos que el statu quo pueda variar, que las cosas puedan ser de otro modo.

En mi caso estas nociones, como le ocurre a todo el mundo, son muchas, pero he tenido la suerte de poder identificar algunas. Dos de las más importantes eran las que se referían a mi estado de ánimo (hasta que comencé a tomar antidepresivos pensaba que estar deprimido era un estado normal, corriente) y mi aspecto físico, en el sentido de que comenzaba a resignarme a no poder perder peso nunca ni, lo que es más importante, sentirme medianamente saludable y a gusto con mi cuerpo.

En el primer caso recuerdo que a las dos semanas de tratarme mi vida dio un vuelco asombroso. Muchas personas prefieren prescindir de los antidepresivos porque les proporcionan una felicidad que consideran artificial. En mi caso particular, no fue así. Simplemente, empecé a sentirme normal. Sin ganas de llorar a todas horas. Sin ataques de ansiedad que me dejaban sin respiración por la chorrada más estúpida. Sin odio hacia absolutamente todo lo que me rodeaba, sin ganas de estrangular a conocidos, amigos y familiares. Y lo más importante, sin un absoluto desprecio hacia mí misma y mi propia existencia. No era felicidad, era ausencia de un sufrimiento que había ido creciendo cada vez más, probablemente ya desde la adolescencia. Empecé a ver con otros ojos a los demás. Ellos convivían con esta normalidad, con esta ausencia de dolor intenso, y ahora yo era como ellos. Esto era lo normal, no lo anterior. Haberlo padecido tanto tiempo me había hecho creer que era lo habitual, lo que le pasaba a todo el mundo.

Con el tiempo dejé los antidepresivos. Tenían efectos secundarios que no me gustaban y mi perspectiva ante todo había cambiado de forma radical, tanto que me sentía con fuerza suficiente como para abandonarlos poco a poco. De vez en cuando todavía aparecen días de esos feos, pero ya no son tan terribles por la sencilla razón de que sé que existe una alternativa. Sé que existe la ausencia de dolor, y eso proporciona una esperanza fundamental. Además, aunque las pastillas no me proporcionaban una falsa felicidad, sí que embotaban en cierto modo mis sensaciones. De hecho, la verdadera felicidad llegó después de dejarlas, al igual que un cúmulo de sentimientos, tanto buenos como malos, que había tenido subyugados. Y el sexo, ah, el sexo. Pocas cosas hay tan satisfactorias como follar cuando has dejado de tomar antidepresivos.

Algo parecido me ocurrió con la pérdida de peso. Creo que me había hecho ya una imagen de mí misma, bastante miserable, fea y enfermiza. Y no era porque tuviera sobrepeso, sino porque yo misma me consideraba así, en una eterna lucha entre la resignación y la negación. Culpaba al mundo por no aceptarme así, miserable, fea y enfermiza (y en cierto modo lo sigo haciendo), cuando la única culpa era mía por darme atracones de comida cada vez que algo me ponía nerviosa en vez de intentar atacar esos nervios de raíz, por beber en vez de enfrentarme a mis problemas, por dormir poco y mal para poder dedicar más tiempo a pasatiempos vacíos que no me aportaban nada, por no hacer ejercicio porque era más cómodo quedarme sentada. Desde hace poco de repente han empezado a tirarme los tejos más a menudo, me miran de otro modo por la calle. Me irrita, porque me hace pensar que antes no era así, simplemente porque no encajaba en un estúpido canon estético de delgadez. Pero cabe la posibilidad de que la responsable no sea la pérdida de kilos (que tampoco es que esté hecha una sílfide, solo con menos sobrepeso y en mejor forma), sino mi propia actitud para con mi cuerpo. Por primera vez en… no sé, tal vez nunca, hemos empezado a llevarnos bien. He empezado a cuidarlo. Le dejo dormir bastante. Le doy cosas buenas de comer. Apenas le doy alcohol (y cuando se lo doy le hago caso en cuanto empieza a quejarse). Lo muevo. Hasta he dejado de darle cafeína, y me recompensa de un modo sorprendente. Me responde con un estado de alerta mental y físico que no había tenido nunca. He dejado de usar cremas, potingues y base de maquillaje porque la piel reluce, brilla. Todos estos años echando montones de productos de belleza sobre una piel de mierda y resulta que en cuanto he empezado a comer mejor se han ido hasta las ojeras.

Por lo general nos agarramos a nuestros hábitos con una ferocidad sorprendente. Nos resistimos a los cambios que se nos antojan difíciles, que nos dan miedo, ponemos barreras para esos mismos cambios. Hay muchas nociones más que me intrigan, que quiero cuestionar, y creo que he pasado casi toda mi vida deteniéndome por el terror, por unas limitaciones que yo misma me imponía. Me quedan muchas por delante, pero creo que estoy dando pasos en la dirección adecuada. Es como si le dijera a mi entorno, a mi existencia: ¿qué otras cosas me has estado ocultando? Si he conseguido todo esto cambiando unos cuantos hábitos, ¿qué más cosas puedo conseguir? Son preguntas intrigantes y motivadoras.

Estos han sido, hasta ahora, los bloqueos mentales más importantes que he llegado a cuestionarme y (¡espero!) he empezado a desbloquear:

Es normal estar deprimido, todo el mundo lo está y nadie se queja. No es razón para quejarse y no hay nada que se pueda hacer al respecto: Está claro que no es cierto, tal como pude descubrir al tragarme mi orgullo acumulado de años y pedir ayuda médica.

La única forma de perder peso y ponerse en forma es ejercer una férrea disciplina y fuerza de voluntad (hay que ver cómo me río ahora con esta, y la de quebraderos de cabeza que me ha dado), comer poquísimo y matarse en un gimnasio todos los días: Son las acciones pequeñas, los minúsculos cambios de hábito y, ante todo, una gran paciencia los que hacen la diferencia. La disciplina flaquea; la costumbre y el hábito no.

La fuerza de voluntad es innata; algunas personas la tienen y otras no (otra de esas nociones muy extendidas. Lo más alucinante que he descubierto acerca de la fuerza de voluntad es que es un músculo más: si lo ejercitas se hace cada vez más poderoso).

El amor romántico: todos tenemos una media naranja perfecta de la que caeremos rendida y apasionadamente enamorados y que nos tendrá felices y enchochados hasta que muramos (ah, esta es buena, y daría para otro post sumamente largo en el que entraría en el conflictivo terreno del poliamor y similares). También he descubierto algo que me ha resultado muy sorprendente: que puedes seguir queriendo a alguien incluso después de terminarse una relación; que el amor no se va solo porque la relación ya no sea posible, y que además este amor (y esto me parece alucinante porque va en contra de todo lo que me han enseñado, de todo lo que exhibe la media y el acervo cultural) puedes guardarlo en tu corazón y es totalmente compatible con otro amor, grandioso, nuevo, que te devore hasta las entrañas.

Los amigos/conocidos son amigos/conocidos y hay que soportarlos: En el último par de años se podría decir que he hecho una “purga” de entorno que ha producido cambios extraordinarios. No más quejicas. No más gente negativa. No más emocionalmente mutilados. Es egoísta, tal vez. Pero yo ya he intentado ayudar y apoyar a estas personas como he podido. Solo quiero gente extraordinaria a mi alrededor, personas a quienes respeto, admiro y de quienes puedo aprender. Esta actitud me ha resultado increíblemente productiva. Por supuesto, si eres mi amigo/a y llevas tiempo sin tener contacto conmigo, lo más seguro es que sea porque soy una despistada, y un tanto obsesiva con mi trabajo y aficiones, y a veces hay que sacarme a la calle de los pelos, no porque te haya eliminado de mi vida, ejem.

Ahora toca seguir peleando contra las mencionadas y contra otras por mencionar. Hay muchos tabúes en mi cabeza. Quiero ponerme más retos físicos, ver si soy capaz de hacer cosas que antes consideraba imposibles. Quiero romper algunas barreras de timidez y de miedo. Quiero conseguir que deje de importarme tanto la visión que otros puedan tener de mí. Quiero seguir avanzando con mis proyectos personales, llegar a terminar todo lo que he empezado (o dejarlo atrás sin remordimientos). Quiero comerme el mundo. ¿Y por qué no?

Releo todo esto y me produce pavor. Es demasiado íntimo y honesto, y puede parecer, sin duda, egocéntrico. Pero por otro lado creo que si hay una sola persona ahí fuera que lo lee y piensa que realmente todo puede cambiar, que realmente puede mejorar de una forma significativa su existencia, merece muchísimo la pena. Y la timidez y el miedo a lo que piensen los demás es otra de esas cosas que quiero aprender a dejar de lado, así que por algún lado habrá que ir empezando.

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Escuchando: Tengo a Patrick Wolf con William en la cabeza.
Leyendo: Ted Chiang, Stories of your Life.
Imagen: Propia.

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Tú tampoco me gustas

mayo 2, 2012 — by Gabriella2

De Leaving The Atocha Station de Ben Lerner:

We shook hands and I said I liked your reading and he thanked me but didn’t say anything back, I guess because he didn’t like my poetry and because Tomás couldn’t lie for the sake of politeness when it came to the most sacrosanct of arts. I was surprised how furious I became and how fast, but I didn’t say anything; I just smiled slightly in a way intended to communicate that my own compliment had been mere graciousness and that I in fact believed his writing constituted a new low for his or any language, his or any art.”


“Nos dimos la mano y yo le dije me gustó tu recital y él me dio las gracias pero no me devolvió el cumplido, me imagino que sería porque no le gustaba mi poesía y porque Tomás no podía mentir sólo por ser educado cuando se trataba de la más elevada de las artes. Me sorprendió lo furioso que me puse, y cuán deprisa, pero no dije nada; sólo sonreí levemente como si intentara comunicar que mi cumplido hacia su recital no había sido más que por quedar bien y que de hecho creía que su escritura alcanzaba nuevas cotas de bajeza para su idioma o para cualquier idioma, para su arte o para cualquier arte”.


(La traducción, rápida y sobre la marcha, es mía). Cuánta verdad en tan pocas palabras. Acerca de la realidad de la duda y la ira y la paranoia y la hipocresía del artista. Otro libro para la lista de los deseos de Book Depository.

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Corsés y otras vainas

enero 26, 2012 — by Gabriella7

Así que hoy es día 26 y se cumple un mes desde que me propuse dejar de beber. Como mencioné en la entrada anterior, no tenía muy claro qué haría una vez terminasen esos 30 días y sigo sin saberlo. Creo que necesito llevar más tiempo sin beber para realmente saber cómo me afecta a largo plazo.

Como reto para este mes de febrero tenía varias cosas específicas en mente, así que lo difícil es ver cuáles son mis prioridades. Por ahora seguiré sin beber, pero creo que me puede ayudar tener otro objetivo en mente para no estar todo el día dándole vueltas al hecho de que ya no estoy bebiendo (reíd si queréis pero en eso creo que he progresado, ahora sólo pienso en ello una o dos horas al día en vez de 12). Hasta marzo no hay una amenaza seria (la posibilidad de visitar de nuevo Santander, uno de esos lugares que asocio, ante todo, al buen beber y comer), así que creo que podré seguir sobria durante el mes de febrero. Creo no, empecemos por modificar el lenguaje. que puedo. Sé que lo voy a hacer.
Una cosa que siempre me había llamado la atención y que quería probar en serio es el waist-training o entrenamiento de cintura usando corsés. Me encantan los corsés, me encanta llevarlos y siempre me ha atraído la idea de modificar un poco la proporción pecho-cintura-cadera de manera permanente. Si no sabéis de lo que hablo, Wikipedia da alguna información (en inglés), pero hay bastante más por la red. No hablo de nada extremo, que además puede ser perjudicial para la salud, sólo para reducir unos centímetros de cintura y porque, qué coño, me encanta llevar corsé y me encanta sentir que, por una vez, mi espalda está bien recta (no soy la persona más derecha del mundo, me temo) y, bueno, también me gusta mucho a nivel estético. 
¿Inconvenientes? El waist-training debe realizarse llevando el corsé muchas horas al día, y para algo así, necesito un corsé específico para estar cómoda, que pueda llevar debajo, o encima de la ropa sin llamar mucho la atención. Tengo ya un corsé maravilloso, diseñado de hecho para reducción de cintura, pero es muy largo y es molesto llevarlo mucho tiempo sentada, ya que se clava la parte superior en las axilas (o bien la inferior en las caderas). Necesito un corsé corto, diseñado para reducción, y de tipo underbust, es decir, por debajo del pecho. Haberlos haylos, y puedo conseguirlos de manera relativamente barata, pero ahora mismo no puedo permitírmelo, y quiero empezar con un nuevo reto cuanto antes, por lo que desecho la idea hasta, posiblemente, el mes de marzo.
Tengo bastantes más cosas en mente, como volver a intentar los 30 días de meditación. El problema que encuentro con el tema de la meditación es que cuanto más medito, más preparada me siento mentalmente para llevar a cabo todo tipo de desafíos, y me vuelvo impaciente con el propio hecho de meditar, por lo que también creo que lo dejaré para más adelante. Así que qué es, ahora mismo, lo más importante. Pues ya que estamos con el tema de la salud, y esto de no beber y tal, debería centrarme en el ejercicio. Paso muchas horas delante del ordenador y necesito moverme más. Por lo general ya estoy haciendo bastantes cosillas, e intento, por lo menos, realizar tablas básicas de ejercicios además de andar lo más posible. Pero voy por rachas: a lo mejor estoy un par de semanas portándome fenomenal y luego, de repente, tengo una migraña, me resfrío o algo parecido, dejo de hacer ejercicio y luego tardo otra semana en volver a coger el ritmo. Lo que necesito es encontrar una manera de integrar un mínimo de ejercicio de manera diaria y llevarlo a cabo de manera constante, por lo menos durante 30 días para empezar a crear el hábito. Me gustaría volver a apuntarme a un gimnasio, pero me temo que eso también tiene su coste, así que por ahora tendrán que ser soluciones más caseras. Por ahora tengo una tabla de ejercicios bastante buena para hacer en casa que había estado haciendo a trompicones, y que va bastante bien porque exige poco tiempo y es progresiva, mi idea inicial es comprometerme a hacerla todos los días, además de volver a mi antaño saludable hábito de ir andando a todas partes (lo cual da bastante pereza cuando vives en la quinta puñeta de todo, con varios familiares con coche encantados de hacerte de servicio de taxi). Así que tocan 30 días de ejercicio mínimo, sin excusas ni pollas, y sois todos testigos. Por lo menos hasta que pueda comprarme el corsé.
Ah, en cuanto lo saque Anagrama en español, id corriendo a comprar The Sense of an Ending (o pilladlo en inglés si os atrevéis), de Julian Barnes. Una auténtica joyita.
Y más cosas… Ayer publiqué en el Facebook de Miss Cristal la pieza número 200, una pulsera con gatito. Me resulta surrealista pensar que ya he hecho 200 cosas (o más, ya que algunas fueron encargos que no llegaron a publicarse online), y que llevo ya más de dos años aprendiendo y vendiendo artesanía. La verdad es que está siendo una experiencia alucinante y espero poder seguir bastante más tiempo. También espero poder dedicarle más horas del día. Mil gracias a los que habéis comprado, promocionado y animado, y os pido fervientemente que sigáis haciéndolo. A veces es frustrante, pero también es tremendamente divertido.

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Gaultier does La Perla

enero 12, 2012 — by Gabriella7

Me encanta cuando se conjugan los astros y se combinan cosas que me gustan. Así que cuando me enteré de que Jean Paul Gaultier ha diseñado una línea especial de lencería para La Perla, no pude evitar emocionarme un poco (claro que emocionarme es lo único que voy a hacer, hay ciertas cuestiones prácticas que me impiden ahora mismo hacer más al respecto, entre las que sobresalen mi falta de solvencia económica, mi actitud ante las marcas hipervaloradas y la falta de tallas grandes de éstas) y poneros un par de fotos. He de reconocer que me esperaba algo más barroco, más en la línea de la primera imagen, pero lo demás tampoco está mal, con cierto aire bondage en la línea de Bordelle. También tengo que decir que me decepciona la elección de modelo (y maquillaje y peluquería). De Gaultier y La Perla me esperaba a alguien más glamuroso y con más curvas.

Más imágenes e información en la web de Gaultier.

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Buenas noches

enero 7, 2012 — by Gabriella2

Como siempre, para mí es fundamental mantener cierta disciplina con mis horarios de sueño, para evitar el temido insomnio y para no pasarme el día cual zombie. Aunque pasé un tiempo con sueño bifásico, y no me iba mal, era demasiado fácil cargarse el patrón de sueño cuando no tenía oportunidad de dormir por la tarde. Así que he vuelto al patrón que mejor me suele funcionar, acostarme muy temprano y levantarme muy temprano, y ahora que no estoy bebiendo es increíble la facilidad con la que cojo el sueño, por no hablar de la energía que tengo durante el día. Excepto, claro, cuando me salto el patrón. Anoche, entre lo del gato y otras historias acabé acostándome a las mil, y esta mañana me levanté tarde. Tengo una migraña y sólo puedo pensar en dormir, y en camas. Así que he recopilado algunas de mis actuales favoritas.

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Ábrele los brazos al futuro

febrero 8, 2011 — by Gabriella2

De vez en cuando me enamoro de una camiseta. Hoy le ha tocado a la “Embrace the future” de Jeph Jacques, autor de la muy excelente Questionable Content y de muchas camisetas chachipirulis.

Y por otro lado, el artículo que escribí para Lecturalia sobre la iniciativa del escritor canadiense Sean Cummings para promover la lectura se ha vuelto un pelín viral, y está ahora mismo en la portada de http://www.bitacoras.com  Me siento emocionada y acojonada a la vez, es sólo cuestión de tiempo antes de que empiecen a trolearme y a corregirme en plan superpedantedelamuerte, ¿no? (Bueno, más de lo normal). Por lo menos parece haber servido para atraer (más) visitantes a Lecturalia, que tiene en estos momentos la friolera de 11967 fans en Facebook23.719 seguidores en Twitter  y 45000 usuarios registrados.