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¿Sirve un blog para vender libros? Los expertos opinan

febrero 24, 2015 — by Gabriella38

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Blog escritorEres escritor y quieres vender libros, porque eso es lo que suelen hacer los escritores (con notables excepciones).

Te han dicho que para ello es importante que te promociones en las redes sociales, porque el autor 2.0 ya no puede depender de que las editoriales muevan su obra y blablablá. También te han hablado de la importancia de tener una plataforma. En el caso de los escritores, un blog suele considerarse una plataforma ideal. Una web personal que actualizas de forma periódica y donde hablas de tu obra.

(Mal, por cierto. Si solo hablas de tu obra vas a aburrir MUCHO a tus lectores. Por eso yo nunca hablo de mi obra. Comprad mi obra).

Este consejo está tan visto ya en todos lados que se ha tomado un poco como una verdad universal e incuestionable. Tanto que me he preguntado si es cierto. Tanto que me he preguntado si currarse un blog realmente puede llevar a una mayor visibilidad y “marca” de autor y, a la larga, a una mayor venta de libros. Teniendo en cuenta que las ventas de mi obra corren a cargo de la editorial, no tengo forma de verlas en un tiempo más o menos real, por lo que sería difícil comprobar la eficiencia de mi “marca” de autor (lo pongo de nuevo entre comillas porque mira qué palabra más fea, como si fuéramos todos logotipos de Coca-Cola andantes), más allá de darle el coñazo a mi editora cada tres días para ver si ha habido ventas nuevas en su web (algo que no suelo hacer porque ella tiene su vida y yo también). Y de ventas en tiendas, ni hablemos: en lo que se refiere a la edición tradicional, sobre todo en formato papel, es complicadísimo, ya que debido al funcionamiento de distribuidoras y puntos de venta, recibimos los resultados de ventas una o dos veces al año. Una de las razones por las que me animé a preparar mi siguiente libro para editarlo y venderlo yo misma era precisamente para tener control y conocimiento sobre mi promoción y venta. Pero esa es otra historia.

Así que hice lo que intento hacer cuando no sé algo: preguntarle a un experto. Me animé a preguntarle a personas que sí estaban en unas circunstancias en las que pudieran valorar el efecto de su blog en la visibilidad y venta de sus libros. Busqué a varios escritores que tenían blogs más o menos conocidos, para analizar si el éxito de su web influía en el éxito de su producto. Y lo digo porque no es lo mismo venderle cámaras a aficionados a la fotografía si tienes un blog de éxito donde das trucos de fotografía. No. Llevar un blog que aborde el tema literario e intentar vender un libro es algo muy distinto. El producto es mucho más difuso. El cliente no tiene una estimación tan directa de usabilidad, conveniencia, calidad. Y etc.

Pero antes de nada, antes de hablar con escritores, me fui a buscar a alguien que conociera de una forma más completa el entorno literario y el proceso editorial. ¿Y quién mejor que Mariana Eguaras, asesora literaria extraordinaire y poseedora de una de las webs más útiles para escritores en la blogosfera literaria?

Le pregunté si ella creía que el blog era una forma eficiente de promoción para un escritor, y si conocía algún ejemplo de blog que hubiera impulsado las ventas de la obra de un autor. Atentos a su respuesta, porque vale su peso en oro:

marianaeguaras_con-logo-1024x766Rotundamente, sí. El blog es una de las mejores formas de darse a conocer, tanto para autores como para cualquier otro profesional o empresa. Es el escaparate a través del cual otras personas pueden conocer lo que haces y cómo lo haces. Además de mostrar parte de tu trabajo, también es un espacio de conversación y de generación de contactos.

Sumar una buena gestión de las redes sociales al trabajo realizado en el blog es la mejor estrategia para lograr más visibilidad. Hay que tener paciencia, ya que los resultados no se evidencian en cuatro días sino en meses, incluso pueden tardar un par de años. La clave está en trabajar muy bien los contenidos que se publican en el blog, hacerlo de forma periódica y constante, y ser consecuentes con los temas que se abordan (estrategia que he comprobado de primera mano con mi blog).

¿Algún ejemplo? El blog de Virginia Gasull, donde fue relatando todo el trabajo de investigación que realizó para escribir In vino veritas. Esta obra fue publicada por su autora en Amazon y al cabo de un tiempo recibió la propuesta de publicación de su libro por parte de una editorial. Uno de los motivos fue que el editor había dado con su blog y le gustó el trabajo reflejado allí.
Vista la experiencia y opinión de una consultora, ahora le tocaba el turno a los escritores. Escribí a Isabel Cañelles, escritora y profesora de narrativa (es fundadora de la Escuela de Escritores). Soy muy aficionada a su blog, ya que comparte artículos especializados sobre prácticas narrativas, artículos muy detallados sobre aspectos específicos de la escritura. Compagina su habilidad docente con sus conocimientos de teoría literaria y composición textual, así que me figuré que sería otra buena experta a la que hacerle la misma pregunta:

 

title241141627Considero que un blog es una forma magnífica de promocionarse para un escritor. Ahora mismo casi todo el mundo quiere “probar” el producto antes de comprarlo, ¿y qué mejor forma de hacerlo que un blog en el que periódicamente el escritor incluya reflexiones o pequeños ejemplos de su obra? En mi caso cuento con un buen número de lectores, que me vienen fundamentalmente a través del Facebook y que, en muchas ocasiones, se deciden a comprar mis libros a raíz de lo que leen en el blog durante una temporada.

 

Mantener un blog tiene, no obstante, una parte bastante pesada y yo diría que hasta peligrosa. Al blog hay que alimentarlo, y es como un niño en etapa de crecimiento: se lo traga todo y no deja ni rastro. Por otra parte, cuando tienes un blog te acostumbras a escribir en “formato de blog”, es decir, ficciones o artículos cortitos y ligeros que no te roban mucho tiempo ni se lo roban al lector y que, por tanto, carecen de la profundidad de otros textos más trabajados. El peligro que veo es que muchas personas nos estamos acostumbrando a este tipo de escritura y de lectura, y nos cuesta un mayor esfuerzo concentrarnos y sacar el tiempo necesario para obras más extensas, profundas y analíticas.

Isabel habla aquí de algo que me parece fundamental: de la diferencia de tono entre el artículo “normal” y el artículo optimizado para el lector típico de blog: contenidos rápidos y ligeros que enganchen. Eso puede ser negativo, como bien apunta ella, pero es importante, como escritores que mantenemos un blog, ser conscientes de las necesidades diferentes de cada texto.

También hablé con Iria López Teijeiro, que combina su propia escritura con la creación de artículos para Literautas. Como veréis, a Iria su trabajo como blogger le sirvió de mucho:

foto-autoraMi opinión es que el blog es una herramienta útil para cualquier escritor, sobre todo si está comenzando, por varios motivos: por un lado, la disciplina que requiere tener que publicar algo cada cierto tiempo y el hecho de hacer público lo que escribimos, es un ejercicio fantástico para nuestra escritura. Por otro lado, también nos ofrece visibilidad.

 

Pero cuidado, porque esto no quiere decir que solo con publicar un blog vayamos a tener cientos de lectores. En absoluto. La visibilidad en la red es algo complicado que hay que trabajar lector a lector y conlleva un esfuerzo, pero merce la pena y siempre será mejor que quedarnos parados sin hacer nada, esperando a que el lector encuentre nuestro libro en una librería por casualidad.

 

En cuanto a mi caso particular, Literautas es un blog sobre escritura, por lo que me imagino que no habrá influido tanto en mis libros de ficción como si se tratase de un blog más personal (una tarea que tengo pendiente y me gustaría poner en marcha un día de estos). A pesar de eso, sí que ha sido de mucha ayuda. Hay muchos lectores que han descubierto mis novelas gracias a Literautas, y hace un par de años la editorial chilena Furtiva, que conoció mi novela Niña de Cristal a través del blog, se puso en contacto conmigo para publicarla. De no haber sido por el blog, puede que esa obra nunca hubiese cruzado el charco.

Seguí en mi búsqueda de blogueros reconocidos que también tuvieran libros a la venta y di con Jaume Vicent, de Excentrya, otro hervidero de buenos consejos para autores que buscan crearse una plataforma eficiente. Jaume me contestó así:

Ecentrya_logo_finalUn blog es una herramienta muy potente para un escritor, en realidad lo es para todo tipo de artistas, pero funciona especialmente bien para los escritores, debido al funcionamiento de los motores de búsqueda, que premian el texto sobre las imágenes.

Yo mismo he hablado de este asunto en Excentrya, y compartí varias ideas para la promoción de libros a través de un blog. Las opciones que nos ofrece el blog son muchas, muy variadas y curiosas (si te sales un poco de la norma establecida de: reseña y entrevista).

Un blog es una plataforma desde la que darse a conocer, sobre la que trabajar y desde la que podemos construir una buena audiencia; con una peculiaridad que sí me gustaría resaltar: aquellos lectores que “enganchemos” desde nuestro blog serán fieles a nosotros, ya que los engancharemos mediante nuestra propia historia (digamos “vital”), y no a través de la historia que estemos escribiendo o publicando en ese momento.

Del mismo modo, un blog mal llevado, con un contenido flojo, inconexo y que no muestre una “historia” atrayente, puede tener el efecto contrario, y fastidiar el lanzamiento de un libro.

Para mí, mi blog ha sido todo eso y más, ya que gracias a él comencé a tomarme en serio lo de escribir, mejoré mucho con el día a día (pues escribir todos los días es el mejor curso que existe), tal vez lo mejor de todo, es que conocí a otros escritores y he compartido mucho con ellos (y ellos mucho más conmigo).

Vamos viendo puntos en común: el blog funciona si tiene buenos contenidos y una dedicación; no sirve simplemente publicar cualquier cosa de vez en cuando, de hecho hasta puede ser perjudicial. Pero yo no tenía suficiente, así que di con este caso interesantísimo, el de Ana González Duque, que precisamente dio a conocer su obra mediante un blog. Creo que parte del éxito de Ana estriba en que ha sabido enfocar lo que escribe a públicos concretos (un público interesado en una profesión y un género concreto, en El blog de la doctora Jomeini, y un público interesado tanto en literatura como en cocina, en El fogón, su blog actual). Si queréis ampliar su respuesta, explica su proceso de bloguera a autora publicada en este artículo. Ella me dijo lo siguiente:

Ana Gonzalez DuqueCreo que un blog es, para un escritor, su tarjeta de visita online. El lector sabe, leyendo tu blog, si le gustarán tus libros. Es, por lo tanto, una flecha directa hacia tus obras. Y la oportunidad de formar una comunidad de lectores con los que compartir y en los que apoyarte. A mí, los “jomeinistas” me han dado muchas alegrías.
En mi caso, además, el blog fue el pistoletazo de salida. Mi primera novela, El blog de la doctora Jomeini, escrita en forma de blog ficticio, se empezó a publicar online y fue ahí donde la vio la editorial que la publicó posteriormente.
Y, aunque creo que el blog debe apoyarse en redes sociales, las redes sociales sin blog te convierten en un nómada digital, sin casa.

A raíz de la experiencia de Ana, me acordé de otra escritora que utilizó contenidos literarios creados en una web para formar un libro que luego sería publicado de manera tradicional. Y por la colección Fantascy de Penguin Random House, ni más ni menos. Señores, señoras, les presento a Concepción Perea (que además es también profesora de escritura creativa y escribe artículos la mar de interesantes en Factoría de autores):

Concha PereaLa Corte de los Espejos nació como un blog. Estoy completamente segura de que sin él nunca habría conocido a mi agente, y por lo tanto, la novela nunca habría llegado hasta mi editora. Aunque es evidente que esto es simplificar mucho el proceso que lleva una novela hasta las mesas de novedades de las librerías, y pese a que ahora hay mucha gente que asegura que los blogs están muertos, la verdad es que no han dejado de funcionar. El secreto para que triunfen es el contenido. Un buen blog, de una temática interesante, tiene muchas papeletas para conseguir seguidores. Las editoriales suelen mirar con buenos ojos a los escritores que trabajaban bien este tipo de plataformas porque a fin de cuentas es una herramienta de promoción más. Desde Factoría de Autores solemos animar a nuestros alumnos a trabajar en blogs, no solo para dar conocer su trabajo, también como herramienta de escritura a varios niveles. Por un lado, un blog requiere cierta constancia a la hora de escribir, sobre todo si quieres mantenerlo actualizado, y esa constancia, esa rutina de trabajo, es fundamental para el escritor. Y por otro lado porque permite coger soltura; a escribir se aprende escribiendo, es como logras encontrar tu voz, como terminas dominando la gramática, la ortografía… Sin duda, un blog puede ser una gran herramienta para un escritor.

Pero no todos los blogs funcionan así. No todos los blogs son ventanas expresas a un nuevo libro, a una publicación o a ventas por Amazon. Algunos son más bien rincones literarios que sirven como una salida más para la creatividad y reflexión del autor. Su lectura es muy distinta: están hechos para pensar, para comentar, para disfrutar de un rato de lectura. Esto ocurre, por ejemplo, con uno de mis blogs favoritos, la web de César Mallorquí, y ocurre asimismo con el blog de Begoña Oro, que también tuvo la amabilidad de contestarme:

title85684851Dudo mucho de la capacidad de influencia de mi blog en las ventas. Creo que hay otras cosas que influyen mucho más. Puede que sí tenga más fe en el valor del blog como escaparate del autor. Te diría que a mí el blog me ha servido para mostrar mi yo como escritora más allá, o más acá, de mis propios libros. Sí creo que puede haber gente que, a raíz de leerme en el blog, haya sentido curiosidad por mis libros, de la misma forma que ha podido pasar con gente que me ha leído en la prensa, o me haya visto intervenir en una charla… Lo quieras o no, todo son escaparates que te exponen y luego, la gente decide si quiere más o no. También te confieso que para mí, mi blog (mis blogs) es otra obra más, ¡y hay entradas de las que me siento muy orgullosa!, tanto que a veces temo que algún lector del blog se sienta decepcionado con la lectura de alguna obra porque no sea exactamente como el blog.
Respecto a la utilización del blog como medio de promoción de obras concretas, en mi caso, la necesidad de escribir en el blog es puramente personal, y noto que cuando “me toca” hacer promoción de mis libros (porque, sí, considero que un escritor, como bien explicabas tú en un post, tiene una responsabilidad directa en la promoción de su obra), estoy deseando un poco que “se pase” esa época porque me da terror resultar una pesada. En realidad, lo que opino al respecto lo expliqué más o menos en este post: Perdón por existir. Como contaba ahí, cuando utilizo el blog con fines claramente promocionales, procuro ofrecer algo más, y yo misma pasarlo bien en el proceso. Hacer publicidad útil o, por lo menos, divertida. No me gusta dar la lata sin más.

Está claro que el blog habrá de funcionar en la medida de nuestros objetivos. Si queremos ampliar una imagen que ya tenemos más o menos implementada gracias a la edición tradicional, el blog es perfecto para darle salida práctica a nuestras opiniones y puntos de vista, y para ampliar nuestra interacción con los lectores. En este sentido la opción más personal de Begoña y de César sería la ideal. Si lo que buscamos es darnos a conocer, alcanzar visibilidad (sobre todo si pretendemos movernos en venta digital), hay otras prioridades, como bien explica aquí la bloguera y escritora Ana Bolox:

Ana BoloxCreo que un blog bien llevado es una forma eficiente de promoción para un escritor. De hecho, tiene una función que va mucho más allá que la de simplemente promoción, pero que es igual de importante, puesto que no sólo se trata de una plataforma desde la que dar a conocer tus libros, sino también un canal de comunicación excelente con tus lectores, ya que es directo y personal: no existe ningún intermediario que desvirtúe las posibles conversaciones entre escritor y lector.  A través de tu blog o página web puedes establecer una relación cercana con ellos, conocer sus necesidades y gustos, e incluso beneficiarte de su ayuda y consejos. Esta ha sido, de hecho, una de las grandes y más satisfactorias sorpresas que he tenido como blogger y como escritora: mis lectores, los que están suscritos a la newsletter, se han puesto en contacto conmigo para advertirme de erratas en mi libro de Carter & West, que he podido subsanar gracias a ellos. También lo han hecho para agradecerme el material sobre técnicas narrativas con que les obsequio por ser suscriptores y me han comunicado que ese material es verdaderamente de ayuda para ellos. Luego el blog no sólo me ayuda a dar a conocer mis libros de relatos policíacos, sino que, además, me obsequia con este tipo de regalos que ayudan muchísimo al ánimo del escritor.

No obstante, me gustaría recalcar el  “bien llevado” que decía al principio de mi respuesta: un blog no es un juguete que se utiliza cuando uno está aburrido o lo necesita. Si has decidido abrir este tipo de plataforma, debes tener en cuenta que para tus lectores es algo vivo que no puede estar paralizado durante semanas y que, además, es el medio por el que mejor te van a conocer, por el que van a estar al día de tus nuevas publicaciones, por el que se van a poner en contacto contigo, etc. y, por tanto, debes estar pendiente de él y tratarlo como a uno de tus propios libros. Si no lo trabajas así, el blog como forma de promoción desaprovecha gran parte de su potencial y tú, como escritor, echas a perder una relación enriquecedora y muy satisfactoria.

También me pareció interesante la perspectiva del escritor Javier Pellicer, para quien el blog ha terminado por adoptar una serie de funciones muy distintas:

title645395967Un blog o web es interesante si el escritor tiene algo que contar, más allá de autopromocionarse. Por mi experiencia, un blog dedicado enteramente a hablar de la obra de uno mismo, salvo que el autor ya sea un superventas, no ayuda mucho a subir las ventas, al menos no significativamente. Creo que hay que aportar un contenido que resulte interesante al visitante, que esté relacionado con el mundo de la literatura, por supuesto, pero que aporte algo útil. Pueden ser artículos sobre actualidad literaria, entrevistas, reseñas. Junto a este contenido, como no, se pueden intercalar posts con las noticias del autor, por supuesto, pero siempre sin convertir la web en un rincón de autopromoción absoluta. Es el sistema que estoy utilizando en mi web de autor (javierpellicerescritor.com), y en combinación con la difusión en redes sociales, me está reportando muchas visitas. En cualquier caso, es complicado saber si afecta positivamente a las ventas de mis obras, porque actualmente mis dos novelas publicadas ya han rebasado su vida útil en librerías (de la primera, El espíritu del lince, hace ya casi tres años, y es difícil encontrarla en librerías salvo que se pida; y la segunda, Legados, agotó casi toda la tirada y apenas quedan ejemplares dispersos a la venta). Sea como sea, mi intención principal es aportar contenido de calidad para autores noveles y dar a conocer el mundo del libro a quienes no lo conocen. Y en ese sentido la web está funcionando muy bien.

Y ahí lo tenemos. Creo que las conclusiones son claras:

  • La utilidad de un blog depende del enfoque. Para ello tenemos que tener muy claras nuestras metas y objetivos.
  • La persistencia y constancia son críticos. Promoción, relación con otros escritores y producción de un buen contenido son claves en el éxito de un blog.
  • Aunque pueda parecer a veces que ha sido superado por la invasión de las redes sociales, el blog sigue en auge, y muchos lo adoptan como centro de operaciones. Solo han cambiado los modos y temas. Prueba de ello son escritores que pasan de los contenidos digitales al papel gracias al interés de agentes y editoriales, que buscan autores con buenas plataformas. Y cada vez hay más autores que buscan vender ebooks por blog/web, debido a la facilidad de compra que permite el simple par de clics para llegar hasta el producto. Lo cual no quiere decir…
  • … que esto sea fácil, ni que lo consiga todo el mundo. Como hemos dicho antes: constancia y contenido son fundamentales. Un blog no suele hacerse productivo ni rentable en apenas unos meses de trabajo.
  • Un blog no es solo para promocionarse (suele aconsejarse que solo hables un 10% de tu libro, en proporción a cualquier contenido. Con lo que yo estoy promocionando muy poco. Comprad mi libro).

¿Y vosotros, qué opináis? ¿Algún escritor con blog en la sala? ¿Os ha ayudado vuestro blog a vender libros, o ha resultado ser una pérdida de tiempo? Me encantaría conocer vuestra experiencia y para eso están aquí los comentarios.

 


Si te gusta el contenido del blog en general y quieres leer más cosas mías (o simplemente echarme una mano), prueba a hojear alguno de mis libros. Como, por ejemplo, este:

70 trucos para sacarle brillo a tu novela70 trucos para sacarle brillo a tu novela: Corrección básica para escritores. ¿Has escrito una novela o un relato y no sabes cómo enfrentarte a la revisión? ¡Yo te ayudo! Disponible en Amazon.


Puedes ver más libros míos aquí. También puedes leer mis artículos ampliados por aquí. Y sí, también tengo una lista de correo.

 

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¿Cuándo tiene que cortarse el escritor de literatura juvenil? Los expertos opinan

octubre 29, 2014 — by Gabriella11

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imagesUno de los problemas con los que me encontré en El fin de los sueños, en la novela que he terminado hace poco e incluso en la que he empezado a escribir ahora, fue el de los límites del propio género. ¿Hasta dónde podemos hablar de sexo y violencia, por ejemplo? ¿Hasta dónde podemos hablar de depresión, de suicidio o de pérdida? Es algo que, en lo que respecta al juvenil, nunca he tenido nada claro. No me gusta tratar a los lectores jóvenes como si fueran pobres corderillos y soy bastante consciente de que esta generación está bastante más expuesta a la sexualidad, a la violencia y a tantas otras cosas.

En una charla sobre coherencia en los mundos de fantasía a la que asistí en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada, el escritor Emilio Bueso dijo que a él no le gustaría que su propio hijo leyera sus libros en estos momentos; no tanto por componentes de sexo o violencia, sino por una visión tremebunda del mundo que nadie desea para alguien que todavía disfruta de cierta inocencia e idealismo. Aunque Bueso no es escritor de juvenil, ofrecía una visión que es clave para muchos autores que sí lo son. Así, hay muchos límites que rodean al género, límites que además varían según hablemos del juvenil tradicional o del más reciente New Adult, que se dirige a un público algo más mayor.

¿Cómo marcar esos límites? ¿Cuáles deben ser? Decidí que haría lo mejor que puede hacerse en estos casos, que es preguntar a los expertos. Así que reuní a un grupo excelente de autores, editores y lectores de juvenil, y les pedí su opinión. Como podréis ver, hay observaciones dispares, pero todas inteligentes y bien razonadas.

Alfredo Álamo

(escritor y coordinador de Lecturalia)

Creo que el “nivel” de ¿sordidez? debe ir acorde con la historia que estás contando y de si hay implícitos valores morales adicionales o no. Creo que lo que debe sobrar siempre es la gratuidad, algo que es aceptable en narrativas más complejas pero a nivel juvenil adulto no tienen sentido. También habría que discutir cómo de explícito puedes ser antes de caer en lo pornográfico o en el regodeo por la violencia. Yo creo que el sentido común existe, así como la coartada que te permite el arte para saltártelo, así que un equilibrio entre ambos sería lo mejor

Carlos García Miranda

(escritor y guionista):

Cuando escribí mi primera novela me salté esos límites. El libro chorreaba violencia y tenía unas cuantas páginas con sexo explícito. Lo hice porque la historia lo pedía, y porque no me parecía que fuera a escandalizar a nadie; nada de lo que había escrito era algo que no se le hubiera pasado antes por la cabeza a un lector adolescente. Pero el caso es que, al publicarse, hubo bastante revuelo… Por lo visto, había escrito sobre cosas que no solían leerse en los libros juveniles. Lo más sorprendente, al menos para mí, fue que las “protestas” las causó la parte sexual. De la violencia no dijo nadie ni mu.

No sé si me ayudó o perjudicó saltarme las normas no escritas sobre lo que debe incluir un libro YA. De lo que estoy seguro es de que volvería a hacerlo si la historia lo pide

César Mallorquí

(escritor)

En principio, creo que la literatura juvenil no debería tener ningún límite; o, mejor dicho, los mismos límites que pueda tener la literatura en general, si es que los tiene. Pero el caso es que, de hecho, sí que existen ciertos límites “sociales”; es decir, comúnmente aceptados. Personalmente he dedicado una buena parte de mi obra juvenil a explorar esos límites y comprobar hasta dónde podía transgredirlos. Por ejemplo, el lenguaje; el uso de palabras malsonantes.

En la primera novela juvenil que escribí, algunos personajes (skinheads, en concreto) usaban tacos en sus diálogos. La editorial me sugirió que los eliminara, y yo me negué, porque los consideraba necesarios para definir la personalidad de esos personajes. La novela se publicó tal cual y no pasó nada. Luego, dando charlas a jóvenes lectores, algunos se extrañaban por el uso de las palabrotas, porque no estaban acostumbrados a verlas por escrito. Pero lo entendían cuando les explicaba que, si quería describir a un skinhead verosímil, no podía hacerle exclamar “caray”, “córcholis”  o “jopé”.

El límite de la violencia en realidad no existe. En muchas de mis novelas hay escenas de violencia (en algunas de gran violencia), y nunca nadie me ha comentado nada al respecto. Hay violencia en muchísimas obras juveniles.

En cuanto al sexo, ahí sí que hay un poderoso límite social y cultural, como si los jóvenes no tuvieran sexo (cuando precisamente es uno de los asuntos que más les interesan). No obstante, ese límite va relajándose poco a poco, y ya puede hablarse de sexo en los textos juveniles… siempre y cuando no sea sexo explícito. Personalmente eso no me supone un gran problema, porque el sexo explícito, en literatura, siempre me ha parecido artificial, generalmente innecesario y, con frecuencia, un tanto ridículo. Pero el tabú del sexo sigue existiendo en la literatura juvenil, y deberíamos procurar acabar lo antes posible con él.

¿Creo que la literatura juvenil debería tener algún límite? Rotundamente no; salvo los derivados de la ética personal del autor (pero eso podría aplicarse también a todo tipo de literatura, ¿no?).

Sofía Rhei

(escritora):

Yo creo que la LIJ no es un género literario, sino un nivel lector, del mismo modo que la literatura infantil. Dentro de ella caben casi todos los géneros. 
 
Las diferencias con la literatura para adultos, son, efectivamente, las cantidades de sexo y violencia, pero también las menciones a drogas y otros temas socialmente controvertidos, el terror extremo, y desarrollos excesivamente académicos que sí pueden tratarse en libros para adultos. En general la LIJ tiene un rango de vocabulario menos extenso, pero existen numerosas excepciones a todo esto. 
 
Yo creo que las editoriales tienen una responsabilidad hacia los padres y los adolescentes cuando etiquetan un libro como apto para ellos. Por supuesto, padres, educadores y los propios adolescentes son muy libres de leer o de proponer leer lo que les venga en gana, pero la LIJ me parece una etiqueta útil para las personas que prefieren no encontrarse con sorpresas que les puedan resultar desagradables. De hecho, es el único motivo de su existencia.

Irina C. Salabert

(editora de Nocturna Ediciones):

Creo que los límites deben, en todo caso, separar lo gratuito de lo necesario. A mí no me preocupa lo más mínimo que una novela juvenil tenga sexo o violencia, siempre y cuando eso aporte algo a la historia o a los personajes. Por ejemplo, en Nocturna publicamos Cenizas, de Ilsa J. Bick, una trilogía que comparte bastantes características con The Walking Dead. Claro que tiene escenas violentas, pero sirven para ilustar el contexto, para hacer reflexionar a los protagonistas sobre hasta qué punto estarían dispuestos a sobrevivir. En El señor de las moscas, Golding describe con mucha crudeza la muerte de Piggy. Pero ¿es gratuito? En absoluto, ya que ese momento representa el fin de la civilización.
 
Lo que me resulta muy curioso de este asunto es que, ahora mismo, la violencia sea más aceptable en la literatura juvenil que el sexo. Mientras que en series como Los juegos del hambreEl corredor del laberinto Divergente pueden darse situaciones un tanto cruentas (y muchas de las propuestas que nos llegan van en la misma línea), hay un puritanismo de lo más extraño en todas las cuestiones sexuales. Y no es que me interesen las novelas que dependan del sexo a lo Cincuenta sombras de Grey ni mucho menos, pero no creo que sea lógico explotar tanto la violencia y seguir considerando el sexo un tabú. Para mí, en esta materia todo lo censurado es tan negativo como lo gratuito.

Miriam Malagrida

(editora de la colección Neo de Plataforma Editorial)

Los límites en juvenil solo puede marcarlos el lector. Para mí, como lectora y editora, un libro es juvenil cuando refleja los intereses, las inquietudes o las preocupaciones de los jóvenes, y al mismo tiempo es capaz de atraparlos y de despertar en ellos nuevas emociones y reflexiones. Y esto puede hacerse desde muchos subgéneros y tratando temas muy diversos, que van mucho más allá de la violencia o el sexo. Una novela juvenil romántica es buena cuando el autor consigue captar y transmitir la esencia del primer amor, del mismo modo que una distopía para adolescentes lo será si logra crear un escenario envolvente y creíble y despertar la conciencia social de los lectores.

Si un autor quiere escribir juvenil, solo debe pensar en su público y sobre todo alejarse de los tópicos que a veces recaen sobre este género. No es casual que los libros que normalmente menos gustan a los jóvenes son los que están infestados de clichés y no reflejan la verdadera complejidad de sus mundos y sus preocupaciones. Quizá el único límite admisible dentro del género (y seguro que en ocasiones encontraríamos motivos para transgredirlo) es que los personajes exploren cualquier tema de interés para los jóvenes, y esto es tan amplio como la vida misma…. Y tal vez por eso cada vez más adultos se confiesan lectores de literatura juvenil.

Vanesa Pérez-Sauquillo

(escritora, poeta; fue editora de Alfaguara)

La adolescencia es uno de los períodos más conflictivos de la vida, y el editor de literatura juvenil debe ser consciente de que sus lectores están todavía en una etapa de formación, muy vulnerable. Es cierto que a esas edades se leen ya libros para adultos, y grandes clásicos (sin adaptación), pero el editor especializado en juvenil tiene una responsabilidad con su público sobre los contenidos que publica. 

Siempre se discute el hecho de reducir la violencia, el sexo, las drogas… Yo creo que hay algo más importante, y es la necesidad de transmitir esperanza. No debe haber cabida para el suicidio del protagonista en un libro juvenil, ya que es precisamente en esta etapa donde se dan las estadísticas más elevadas. En la LIJ, siempre tiene que haber superación de los problemas. El lector debe confiar en que todo se resolverá en la narración, y también en su vida, como en los cuentos de hadas: si te enfrentas al peligro, podrás encontrar la salvación dentro de ti mismo (bien a través de tu ingenio o de tu buen corazón, ¡hay tanto por descubrir dentro de uno!), o gracias a algún agente externo (tal vez alguien que te dé la clave, como por arte de varita mágica).

La esperanza es un mensaje necesario para la formación del ser humano. A mi parecer, es uno de los valores claves que te pueden transmitir los libros. Montserrat Sarto escribió: “El que lee no está haciendo algo, se está haciendo alguien”. Y sobre todo durante las primeras etapas de la vida, tan hermosas, pero a la vez, tan llenas de interrogantes y de dificultades.

Y, por último, vamos a ver qué opinan los lectores:

Ruth Pérez de San Macario

(lectora y bloguera)

Hace un par de semanas me leí los dos primeros libros de una trilogía titulada Penryn and the End of Days. Está considerada como literatura YA pero el nivel de violencia y escenas/descripciones macabras es bastante alto. Personalmente me gustó, pero tal vez a alguien con un estómago más flojo no le gustaría (estoy casi segura de que los padres de un chico o una chica de 15 años dirían que no es lo adecuado). El problema de estos libros es que si le quitas la violencia, perderían la esencia de lo que es la historia en cuestión (es una distopía, lo mismo le ocurriría a Los juegos del hambre y a todas las novelas consideradas como tal).

Con esto quiero decir que dentro del género juvenil te puedes encontrar un sinfín de subgéneros que van a contener aquello que el lector está buscando. Creo que cerrarle la entrada a los libros con violencia en este ámbito de la literatura es algo ilógico porque ¿qué gracia tendría una historia apocalíptica o épica sin ella? Con esto se perdería parte de la acción y los jóvenes estamos ansiosos de encontrar escenas trepidantes en libros así.

Los lectores de YA estamos más que preparados para leer historias violentas sin sentirnos conmocionados, porque cuando elegimos un libro ya sabemos qué nos vamos a encontrar. Por lo tanto, no, no creo que los autores deban cortarse a la hora de escribir respecto a esto si el libro necesita escenas fuertes.

Por otra parte, está el asunto del sexo. Me parece que no he encontrado ninguna novela YA que se atreva a tratar el tema de forma abierta más allá de los de Federico Moccia (y no, tampoco es nada para tirar cohetes). Y creo que es algo ilógico: somos jóvenes, con plena revolución de hormonas, tenemos acceso no restringido a internet y, en ocasiones, parecemos saber más de ese asunto que algunos mayores.

Es decir: no nos asustamos fácilmente ya. Quizás en otra época el género debería ser más cerrado, ¿pero ahora? Tampoco estoy hablando de que se acepten novelas eróticas, porque no es plan, pero, de verdad, no es necesario hacer un corte radical en las escenas cuando los personajes pasan a algo más allá de los besos inocentes. Si los protagonistas son jóvenes deben actuar como jóvenes (solos, en casa, sin nada que hacer, con la tensión del momento…). Si los autores quieren que los lectores se sientan identificados no deben tratar el tema del sexo como un tabú, porque entre nosotros no lo hacemos. Los comentarios salidos de tono, las gracias con referencias sexuales y cosas parecidas no nos asustan. Es más, es precisamente eso uno de los detalles que más acercan la novela al lector porque es algo real.

En resumen, tampoco veo necesario que los escritores se comporten como mojigatos cuando escriben sus libros, a pesar de que sean juveniles. (Dentro de lo normal, obvio, no vas a meter escenas BDSM porque ahí sí que podrías conmocionar a alguien).

En mi opinión, los límites de la literatura juvenil son muy difusos. Lo más básico para poder clasificar a una novela como tal es que el lector de entre 15 y 20 años (aproximadamente, ya sabemos todos cómo es esto de los gustos literarios) se sienta identificado con los personajes, sin importar si es una distopía, una historia épica, de ciencia ficción, etc. Deben pensar como nosotros, y para ello el autor no nos puede ver como críos de 5 años con ningún tipo de preparación psicológica o intelectual para afrontar hechos “fuertes”. Somos personas inteligentes, tenemos nuestros estudios y vamos aprendiendo poco a poco cada día, vemos las noticias y estamos enterados de lo que pasa en el mundo. Los personajes deben actuar en consecuencia. Es más un límite de conceptos que de temas (por poner varios ejemplos: conocemos el funcionamiento de la justicia, pero no puede haber un montón de descripciones de leyes porque no estamos dentro de ese ámbito y eso nos aburriría; puede haber escenas de sexo pero tampoco necesitamos una descripción íntegra porque el resto nos lo imaginamos, aceptamos las muertes y heridas de los personajes sin tener que leer cómo dejan de funcionar los órganos uno a uno y por qué, ya que eso paraliza la acción del momento…).

Miguel Trujillo

(lector, traductor y bloguero):

Personalmente, opino que las editoriales en general y las españolas en particular pecan demasiado de subestimar a sus lectores en cuanto a estos dos temas en concreto. Creo también que hay cierto miedo bastante evidente en según qué editoriales, quizás a las posibles opiniones de los padres o profesores, quizás a una posible polémica; o quizás se trata simplemente de que muchas siguen tratando de aleccionar a sus lectores sin darse cuenta de que lo que venden no es literatura prescriptiva, sino literatura juvenil. 
 
Aunque en otras temáticas sí que ha habido una clara evolución, en todo lo relativo al sexo y a la violencia parece que sigamos estancados en la censura impuesta hace cincuenta años. Y eso es absurdo, porque un adolescente de hoy en día ha visto mucho más sexo y violencia que uno de hace cincuenta años. En televisión, videojuegos y periódicos se nos bombardea constantemente (no es un secreto que el sexo y la violencia venden), así pues, ¿por qué no incluir estos dos aspectos tan reales de la vida en la literatura? No se trata de hacer apología de la violencia ni mucho menos, sino todo lo contrario: normalmente, la violencia en la literatura juvenil la ocasiona algún personaje malvado o algún enemigo que hay que derrotar. ¿No sería esta una ocasión perfecta para explorar las consecuencias de la violencia, de conseguir que los lectores comprendan su innecesariedad sin resultar abiertamente aleccionadores (esto sería un error tan grande como omitirla)? Evidentemente, no estoy hablando de una violencia gráfica y desmesurada que pueda herir sensibilidades, sino de presentar una realidad sin maquillarla ni camuflarla. Los lectores no son tontos, por muy jóvenes que sean, y son los primeros que se dan cuenta de que los escritores o editores se autocensuran a la hora de narrar según qué escenas. Y esto, lógicamente, no les gusta.
 
Lo mismo pasa con el sexo. Por supuesto, no estoy hablando de llenar de escenas sexuales un libro destinado a un público de, digamos, doce años, pero sí que creo que a partir de los catorce o quince años un lector es lo bastante maduro como para comprender lo que lee. Obviamente, no creo que en un libro juvenil sea apropiado incluir escenas propias de un libro de romántica o erótica adulta, pero tampoco veo adecuado ocultar esta realidad y contribuir a que siga siendo un tabú. Después de todo, el sexo y la sexualidad son una parte importante muy de la adolescencia, y estigmatizarla no hace ningún favor a los jóvenes, más bien al contrario. Nuevamente, entramos en las innumerables posibilidades que ofrece la literatura. Con la cantidad de sexo gratuito que aparece continuamente en televisión, ¿no sería la literatura el lugar perfecto para explorar este campo, nuevamente sin caer en el error de tratar de aleccionar al lector? ¿No sería un medio perfecto para tratar de deshacer tabúes innecesarios? Pasa lo mismo con la homosexualidad, otro gran tabú en la literatura juvenil. Personalmente, me sorprende que sea mucho más fácil ver a dos hombres o a dos mujeres besándose en televisión que leer una escena de este tipo en una novela juvenil. ¿Acaso la televisión no llega a un público más amplio y, por lo tanto, es más susceptible a posibles controversias o reacciones negativas por parte de los espectadores? ¿Acaso los jóvenes no están (en general) mucho más abiertos a esto que, digamos, un público más adulto o anciano? ¿Qué sentido tiene ocultar la realidad?
 
En definitiva, yo creo que el error de las editoriales (y quizás los autores) está aquí en la poca disposición a normalizar una realidad de la que los jóvenes ya son perfectamente conscientes: nuevamente, no estamos hablando de hace cincuenta años, sino de ahora. No, no es necesario caer en el sexo y la violencia innecesarios y gratuitos, pero un error tan grave como ese es tratar de maquillar su existencia.

Pablo

(lector y bloguero):

Creo que depende de si se quiere vender como juvenil o YA, porque el público es distinto y es evidente que una persona de catorce no ve la vida igual que una de dieciocho. Pero en general creo que no hay que cortarse, hasta cierto punto, sino que hay que tratarlo desde la perspectiva de una persona de la edad a la que está enfocada el libro. 
 
Quiero decir, no hay que recrearse en esos temas, sino mostrar que son una parte de la vida de un joven de dieciséis-dieciocho años y contarlo un poco desde esa perspectiva.
¿Qué opináis vosotros, queridos lectores? ¿Dónde creéis que están los límites, de haberlos, de la literatura juvenil? Me interesan sobre todo las opiniones de los que seáis padres y/o profesores, ¡pero todas me valen!

*Nota: La pregunta exacta que se le hizo a todos los entrevistados fue la siguiente: 

Al hablar de literatura juvenil y de ponerle límites al young adult, lo primero en que piensa uno es en sexo y violencia, parámetros por los que se miden, aparentemente, cine, videojuegos y otras formas de ocio. ¿Crees que los libros de juvenil deben limitarse en este sentido (es decir, ¿deben cortarse los autores?) o crees que los límites deben ser otros?


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