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Las 10 cosas feas que no nos cuentan sobre escribir

agosto 25, 2015 — by Gabriella49

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Dice James Altucher que cuando te conviertes en escritor profesional (si es que eso existe) te ocurren cosas horribles. Para empezar, pierdes a tus amigos.

Es verdad. Os lo prometo. Pierdes a casi todos tus amigos. Porque no tienes vida social. Porque no sales de tu casa, porque cada minuto suelto que tienes lo dedicas a cosas básicas: leer, escribir y mover un poco el culo para que tu columna no se parezca demasiado a la de tu abuela.

Sí, sí, a cambio haces cientos de nuevos amigos. Cada lector que coge tu libro. Cada persona que te comenta en el blog. Cada correo que recibes de alguien para quien tu escritura ha supuesto algo, aunque sea una chispa de ilusión. Y aprendes a darle prioridad a lo que te importa, y dentro de esas prioridades solo dejas entrar a las tres o cuatro personas que saben lidiar con tus modos de ermitaño introspectivo. Así que en realidad no es tan terrible.

En el cole, cuando me decían que tenía talento para escribir, sin saber el flaco favor que me hacían (sin esa idea de que tenía talento, de que desde el principio escribiría cosas fantafabulosas, no habría abandonado la escritura por frustración, una y otra vez), a nadie se le ocurrió decirme que me quedaría sin amigos. No me avisaron. Pero era inevitable. Cuando iba con gente de mi edad a la playa, me aburría (¡y me quemaba!) y me marchaba a alguna roca recóndita para escribir la Gran Novela (una aberración sobre vampiros alienígenas con un personaje principal tan mary sue que haría ruborizarse a todas las maría susanas del mundo mundial). Creo que solo iba a la playa porque así me podía dar el lote con alguien sobre la arena y ya tenía material para otra Gran Novela o, mucho peor, un Gran Poemario. Cuando tienes quince años y eres chica es fácil encontrarse a alguien que quiera darse el lote contigo sobre la arena. Es menos fácil dar con alguien dispuesto a leerse tu Gran Novela o tu Gran Poemario sin una Gran Carcajada.

Luego encontré amigos mejores, o más bien mejores para mí. Y me di cuenta del atajo evidente: si encuentras amigos escritores (o novios/as de escritores, eso también sirve), ellos lo comprenderán. Comprenderán las diez cosas desagradables que nunca te cuentan. Altucher habló de ellas en su web y he decidido darles mi propia perspectiva. Los encabezados son suyos: los comentarios a todo este tinglado son míos, por la sencilla razón de que Altucher es un señor muy ocupado y nunca contesta los emails que le mando, así que no sé si tengo su permiso para traducir sus artículos o no.

Estas son las diez cosas feas que me habría gustado que me contasen sobre escribir: