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Los diez demonios del escritor

marzo 27, 2014 — by Gabriella3

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Sí, todos sabemos ya cuál es el auténtico enemigo del escritor, o de cualquier persona que haya juntado varias palabras de forma bonica sobre un papel y haya osado considerarlo literario. La gran dificultad consiste en publicar, y muchos consideran que todo lo que haya antes (o después) de alcanzar esa meta no es importante. Pero todos tenemos nuestros miedos, nuestras ambiciones y nuestras debilidades, esos problemas que se nos ponen, maléficos, por delante cuando intentamos escribir. Hace poco se me ocurrió preguntar en Facebook entre mis contactos cuál era su mayor complicación a la hora de escribir, ya que muchos de ellos son escritores (profesionales o aficionados; de ficción o ensayo; de prosa o poesía). Y muchas de las respuestas, cómo no, se repetían y entrecruzaban. Y aquí os dejo, del 10 al 1, los mayores demonios del escritor:

10. Los diálogos. Así, en general. No nos gustan nada. Es una labor delicada la de escribir diálogos que no queden artificiales y ñoños. Esta labor se ve influida además por elementos externos llenos de diálogo cliché como son muchas series de televisión o gran parte del cine comercial.

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9. La falta de tiempo. Ah, el tiempo, ese bastardo. Tenemos vida familiar, tenemos trabajo (por si alguien no se ha enterado todavía, es casi imposible vivir de la escritura), tenemos miles de cosas por hacer. El problema, además, es que tendemos a pensar en la escritura como algo que se realiza en grandes bloques, como esos escritores famosos que alquilan una habitación de hotel y se tiran tres meses sin salir de ella, escribiendo y consumiendo drogas. Sin embargo, la realidad es que solo diez minutos diarios de nuestro tiempo podrían significar una gran diferencia en la calidad y cantidad de nuestra escritura.

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8. Aspectos formales. La ortografía y la gramática son dos grandes enemigos, y otras cuestiones de estilo nos avasallan también: repeticiones de palabras, la búsqueda del adjetivo exacto, el exceso de puntos suspensivos, la descripción de temas peliagudos…

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7. La extensión. Una vez hemos comenzado, todo son ganas y alegría y admiración por la obra de arte que estamos creando. No obstante, conforme avanza el texto y la cosa se nos hace larga, perdemos un poco el norte y el amor por el texto. Las obras largas son difíciles, no hay duda; y cuanto más difíciles, más complicado es mantener la ilusión por lo que escribimos.

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6. El ritmo. La transición entre escenas, los cambios de estados de ánimos de los personajes, la fluidez de los diálogos… Como bien apuntaban mis amigos escritores, todo esto compone la música del texto, y si falla alguno de estos aspectos, falla todo.

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5. Constancia. Este está íntimamente relacionado con el punto 1. Tendemos a creer que escribir es algo que ocurre cuando bajan las musas del monte Parnaso y nos tocan con sus delicadas manos mágicas, pero la realidad es que las ideas brillantes provienen de sentarse de forma periódica delante del ordenador o del cuaderno para soltar nuestro rollo. Hay muchas más posibilidades de conseguir algo maravilloso de 500 intentonas pequeñas que de 5 intentonas grandilocuentes (más sobre esto y sobre la regla de las 10000 horas aquí).

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4. Corregir. Y corregir, y corregir otra vez. No solo es aburrido, sino que corremos el riesgo de acabar odiando tanto nuestro texto que acabe en la basura. La corrección es necesaria, pero la reescritura obsesiva puede llevarnos al oscuro abismo de la desesperación (como atestigua mi manuscrito abandonado de 90000 palabras. Que estoy reescribiendo).

No obstante, por favor no seáis de esos “autores” que no revisan sus obras para “no perder la frescura del texto original”. Los ojos de vuestros lectores os lo agradecerán.

Y si necesitáis una ayudita, tengo un libro (tirado de precio, además) que escribí especialmente para eso.

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3. Empezar. Ese terror a la página o a la pantalla en blanco nos bloquea, evita que lo intentemos siquiera. Ya sea miedo, desidia o ansiedad, resulta que lo que nos cuesta, ante todo, es ponernos.

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2. La concentración. Parece ser que a todos nos falta enfoque. Cualquier distracción nos sirve: nuestra familia, las redes sociales o, incluso, como apuntó un amigo que parece querer revelar la verdadera razón por la que trabajan los escritores: “las groupies pidiendo sexo”.

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1. La pereza. La ganadora por goleada. Ya sea por procrastinación o simple dejadez, parece ser que lo que nos falta es fuerza de voluntad.

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Personalmente, creo que la fuerza de voluntad, o la ausencia de esta, no es realmente la responsable. Ya he hablado en el blog de los pequeños hábitos y de lo que se puede conseguir con estos, y seguramente seguiré hablando del tema (podéis empezar con este megapost sobre productividad, por ejemplo). Pero implementar un hábito exige dedicación y tiempo, y por tanto deberíamos concentrarnos en implementar aquellos que realmente van a producir un cambio importante en nuestras vidas, aquellos que responden a prioridades vitales. Si tu mayor demonio en la escritura es la pereza, tal vez conviene analizar cuáles son tus prioridades y decidir si merece la pena establecer un plan de acción. Y, más importante, llevarlo a cabo. Para el aficionado o el escritor ocasional, esto probablemente no compense. Pero para cualquier persona que pretenda mejorar la calidad de su escritura o avanzar en algún proyecto literario, la constancia es determinante. Y es la única forma de vencer a ese demonio nº 1.

Con la escritura, como con el ejercicio, yo pensaba que todo era ponerse, que me faltaba disciplina y voluntad. Y lo intentaba, una y otra vez, sin obtener resultados. Tuve que darme cuenta de que es una cuestión mucho más compleja, donde intervienen las costumbres, el entorno o la hora del día, entre otros muchos factores. Así que si realmente buscas constancia y disciplina, merece más la pena analizar estos factores y modificarlos de forma eficiente que intentar conseguirlo a golpe de vara. Aunque la vara también puede venir bien, sobre todo si llevas a cabo algo por miedo a una penalización (uno de mis contactos escritores utiliza un sistema de “apuestas”. Si no consigue alcanzar una meta de escritura a tiempo, deberá pagarle 50 € a su amigo, y viceversa. También se puede utilizar un sistema de recompensa, pero hay personas a las que la vara les sienta la mar de bien).

Por otro lado, me parece muy curioso que apenas se hayan mencionado algunos aspectos que, como lectora y correctora, encuentro en la mayoría de mis clientes, sobre todo en el ámbito formal. ¿Es posible que muchos veamos complicaciones donde no las hay, y sin embargo no veamos aquellas que los demás consideran evidentes? Este es otro tema que trataré más adelante.

En próximos artículos, voy a intentar ir atacando algunos de estos puntos y ofrecer soluciones prácticas. Se agradecen sugerencias, comentarios y, por supuesto, que me digáis por aquí cuáles son vuestros diablillos particulares.


 

Editando: Desde que escribí este artículo he profundizado bastante en el tema de la disciplina para escribir. En este artículo ofrezco 9 maneras de conseguir algo cuando no tienes fuerza de voluntad.

Y si queréis seguir leyendo sobre grandes tragedias de escritor y cómo superarlas, echadle un ojo también a este post.


 

Imágenes por cortesía de bplanet, jesadaphorn, surachai, metrue, ponsuwan, supakitmod, FrameAngel, Stuart Miles, Charisma,  anekoho / FreeDigitalPhotos.net

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Formando el hábito del ejercicio: trucos y consejos de una floja

septiembre 12, 2012 — by Gabriella4

Septiembre es uno de esos meses decisivos para mucha gente. No es solo la vuelta al cole (ahí ya nos empezaban a enseñar la importancia de este mes), con sus nuevos libros, profesores y horarios, o la vuelta al trabajo (o a la búsqueda incesante de este, por desgracia para muchos), sino una especie de reinicio o renacimiento en general. Cuando tenía la editorial, septiembre era, junto con enero, el mes de más trabajo, no solo porque nos enviaban libros con idea de que se publicaran en Navidad, sino porque muchos se crujían los nudillos y se atrevían a hacer aquello que llevaban planteándose todo el verano: publicar un libro, cerrar una fase vital y empezar otra.

Para mí septiembre siempre ha sido un mes fantástico, porque significa el final del calor sofocante de agosto. Uno de los cambios más importantes este año ha sido el apuntarme a un gimnasio, donde voy para realizar pilates dos veces a la semana y un poco de cardio el resto de los días. Más que nada ha sido una decisión tomada para apoyar a mi hermano, pero es algo que llevaba tiempo queriendo hacer y que no había podido (todos los gimnasios de la zona me pillan bastante lejos). Aprovechando que mi hermano va en coche he tenido la oportunidad, por fin, de empezar de nuevo (ya hacía un par de años que no pisaba uno).

Aprovecho para mencionar que, sobre todo en comparación con años anteriores, mi forma física ha mejorado de manera notable. Sin llegar a ser una atleta, ni mucho menos, estoy muy lejos de ser la persona rígida y fofa que era, y puedo afirmar que esto ha sido gracias a los ejercicios de los que os hablé y que he estado realizando (no tanto como debería, eso sí) en casa. La tabla es excelente, pero sí que es cierto que llega un momento en que puede resultar un tanto aburrida, además de que soy una de esas personas que necesita un sitio donde ir a hacer ejercicio con otras personas, por mucha vergüenza y reparo que eso suele darme al principio. Lo bueno es que en general el ejercicio se ha ido convirtiendo en parte de mi vida diaria, ya sea por la tabla mencionada o a base de darme paseos eternos por la ciudad. Ha llegado el momento de ir un poco más allá, y estaba buscando algo que me mantenga en forma pero que al mismo tiempo me divierta y entretenga. Por ahora parece que el pilates es la opción ideal, si bien hoy, tras la segunda clase y unas pelotas gigantes con las que creo que voy a tener pesadillas, puedo afirmar que me duele absolutamente todo.

El gimnasio me trae buenos recuerdos porque es una de las pocas cosas con las que me he comprometido en serio, de manera diaria. Al final lo abandoné por diversas razones (aunque sospecho que algunos de esas razones eran excusas que me daba a mí misma para no tener que ir), pero me llamaba la atención que si mi patrón de comportamiento era, hasta entonces, apuntarme a algo y luego dejar de ir, algo habría que hiciera que aguantara seis meses yendo todas las mañanas, de lunes a viernes, a un gimnasio, y creo que de ahí pueden extrapolarse ciertas características que ayudan mucho con los hábitos del ejercicio. Si bien mi mentalidad de ahora es muy diferente a la de antes, y creo que mi disciplina y fuerza de voluntad es superior ahora a la que tenía entonces, me quedo con estos puntos fundamentales para desarrollar un hábito eficiente de ejercicio:

1. Lo primero y fundamental es identificar tus excusas, para poder rebatirlas por adelantado. Creo que estas son mis excusas principales:

  • Pierdo mucho tiempo
  • Me he hecho daño en x parte de mi cuerpo, me duele x, no tengo energía, etc.
  • Estoy de bajón, no me apetece, etc.
2. ¿Cómo puede uno luchar contra estas excusas? En el fondo todo queda en tus manos, la decisión de IR, de salir ahí y hacerlo, es tuya. Pero hay cosas que ayudan:
  • Tu lugar de ejercicio ha de estar muy cerca o ser fácilmente accesible.
  • Organiza bien tu tiempo el día anterior para que quede muy claro que el ejercicio es una parte más de tu rutina, no algo que te quita tiempo necesario para otras cosas. Debes planear siempre con el tiempo de ejercicio en mente.
  • Intenta ir con otra persona. Esto ayuda muchísimo: si puedes unir tus metas y objetivos con los de otra persona os animaréis mutuamente y no faltaréis a la cita por no dejar tirado al otro y/o por miedo a quedar mal.
  • Procura ir siempre a la misma hora. Que se convierta en una costumbre, que el cuerpo necesite hacer ejercicio a determinada hora.
  • Une este hábito a otro que realices todos los días para que te salga de manera automática. Esto es lo que los expertos llaman trigger (gatillo). Realizar un hábito que tengas bien asimilado sirve como “gatillo” para que se dispare el siguiente. La última vez que iba al gimnasio lo hacía siempre antes de entrar a trabajar, no se me ocurría ir a trabajar sin haber pasado antes por el gimnasio (en este caso el “gatillo” era el hábito posterior, no el anterior, pero funcionaba igualmente).
  • Analiza qué hora del día es la mejor para ti, aquella en que te dé menos pereza y que tengas más energía. Siempre se recomienda hacer ejercicio a primera hora, para obtener energía para el resto del día y para quitárnoslo de enmedio cuanto antes, pero yo por las mañanas soy un zombie, así que prefiero ir por las tardes.
  • Evalúa qué harás si te haces daño o te duele alguna parte de tu cuerpo. Considera qué otras opciones tienes y si puedes ejercitar mientras las partes de tu cuerpo que están bien. Yo antes evitaba hacer ejercicio cuando tenía migraña, pero lo curioso es que he descubierto que el subidón de endorfinas que proporciona la actividad física intensa es con frecuencia un buen remedio para el dolor de cabeza.
  • Tómatelo con calma, es mejor hacer menos ejercicio que forzarte demasiado y cogerle manía. Al principio todo el mundo se emociona y hace mucho más de lo que debe, o se obliga a forzar la máquina para no quedar mal. Sé inteligente, ve despacio pero seguro. Recuerdo cómo me contaban los monitores que había un tipo de persona que era casi un estereotipo de gimnasio: el que se apunta y va tres veces al día. Al cabo de un par de semanas, ya no vuelve (es, además, el tipo de persona con el que los gimnasios más se lucran, ya que suelen pagar varios meses por adelantado y apenas usan las instalaciones).
  • Busca apoyo. Cuéntale tus planes, tus metas, a las personas de tu entorno.
  • Ponte las zapatillas de deporte. Si no tienes ganas, si no te apetece, no hace falta que te mates durante una hora. Ponte las zapatillas y empieza. Solo tienes que hacer cinco minutos. Solo tienes que empezar, pero hazlo.
  • Diviértete. Parece una tontería, una obviedad, pero no lo es. Si odias el ejercicio que estás realizando, cada vez te costará más realizarlo. Siempre va a costar hacer ejercicio, del tipo que sea, pero si el entorno es agradable, las actividades son entretenidas y sales del lugar de ejercicio con una sonrisa y sintiendo que has conseguido algo importante, las posibilidades de que vuelvas son mucho mayores.
¿Cuáles son vuestras excusas más frecuentes y vuestros trucos más eficientes para combatirlas?

Actualizando: Otros sitios web que ofrecen trucos y consejos para combatir las excusas y simplemente ponerse a hacer ejercicio:

-Hábitos vitales, con 25 trucos para el ejercicio.

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Escuchando: Breathe Underwater de Placebo en mi cabeza.
Leyendo: Watchmen.


Imagen por cortesía de: FreeDigitalPhotos.net