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¿Deberías trabajar gratis? 10 preguntas para resolver tu duda

febrero 10, 2016 — by Gabriella30

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Mi hermano, como muchos sabéis, es informático. O algo así. Solo sé que ha hecho casi de todo lo que se puede hacer relacionado con la informática y que es especialista en hardware. Hasta tiene un podcast sobre el tema. Como os imaginaréis, se le da extremadamente bien arreglar ordenadores.

Esta es su camiseta favorita:

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El problema con el trabajo técnico informático es que es de esos trabajos en los que los ignorantes en el tema subestiman el valor y el esfuerzo invertido por el especialista. Algo parecido ocurre con los médicos, esas pobres almas agotadas que tienen que soportar que les enseñen lunares con mala pinta en las bodas, uñas amoratadas en los bautizos y mocos de colores raros en la frutería de su barrio*. Y cualquiera que domine más de un idioma sabe lo que es andar traduciendo e interpretando día sí y día también para familiares, amigos, vecinos y conductores de autobús.

Con algunas profesiones no solo se considera que al profesional no le importa en absoluto atenderte en cualquier momento de su vida privada, sino que además se espera que se haga gratis, porque “no le cuesta nada”. Es más, seguro que ese profesional te ayudará con alegría, porque su trabajo es su pasión. Oh, sí. Al que se le ocurrió aquello de “elige un trabajo que ames y no trabajarás un solo día de tu vida” habría que azotarlo con paletas de Hello Kitty con tachuelas. Aunque creo que fue Confucio, así que igual llegamos tarde.

Sabéis muy bien por dónde voy. En las profesiones creativas esto puede tomar un cariz violento, porque no se aplica el mismo valor a las creaciones artísticas, por lo menos no de la manera en que puede aplicarse a profesiones como la informática, la medicina o la traducción. Si dibujas, coloreas o escribes, lo haces porque te gusta. Y si te gusta, está claro que estarás encantado/a de dedicar tu tiempo y esfuerzo a cualquiera, a cambio de nada.

Esta es una frustración con la que los autores lidiamos a diario. Ya de por sí, no es que se nos tome muy en serio (“—¿A qué te dedicas? —Soy escritora. —¿Pero a qué te dedicas?”). Pero es que la balanza de oferta y demanda es tan horrible (hay un exceso de oferta y pocos filtros de calidad realmente fiables), que muchos editores pueden permitirse hasta cobrar por publicarte. Esto hace que haya mucha gente dispuesta a tomarte un poco el pelo.

¿Significa eso que nunca debes trabajar gratis? Al fin y al cabo, nadie entraría en un restaurante y esperaría que le sirvieran un filete a cambio de buenas recomendaciones, “visibilidad” y “cosas para el currículo”. Lo lógico sería pensar que un escritor siempre debe cobrar por su trabajo.

Pues yo creo que no. Antes de que empiece la lluvia de botellas rotas, aclaro: yo creo que no siempre, que hay ocasiones en las que sí debemos trabajar gratis. Por desgracia, es difícil saber cuáles son esas ocasiones y con frecuencia acabamos haciendo el primo por miedo a perder esa “gran oportunidad” que nos han prometido.

¿Cómo saber cuándo debemos decir sí y cuándo no a esas numerosas ofertas que nos llueven para colaborar, aportar, ayudar y, en definitiva, trabajar, sin ver un céntimo a cambio?

Esto es algo con lo que llevo lidiando muchos años y aún meto la pata de vez en cuando. Suelo hacerme las siguientes preguntas, que son las que mejor me funcionan. Me sirven tanto para decidir si voy a regalar contenidos (artículos, libros) como para decidir si acepto proyectos no remunerados relacionados con servicios editoriales o de escritura: