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Diez creencias que nos impiden avanzar como artistas

septiembre 28, 2017 — by Gabriella32

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Dibujar y escribir no parecen habilidades muy similares.

Hablamos de dibujar una escena o de pintar a un personaje, pero es solo metafórico. No cogemos un pincel ni empezamos a darle brochazos de color a nuestro protagonista.

No obstante, todas las habilidades creativas tienen algo grande en común: su proceso de aprendizaje. Hablo de la manera que tenemos de avanzar como artistas. La evolución de nuestra habilidad es muy similar al dibujar, tocar un instrumento o escribir.

Los mitos que rodean al aprendizaje del dibujo, por ejemplo, son casi iguales que los que rodean al aprendizaje de la escritura.

Tanto es así que, al leer el artículo de Monika Zagrobelna sobre los grandes mitos que rodean al aprendizaje del dibujante, me quedé patidifusa, atolondrada, estupefacta y, en general, de una pieza.

Eran exactamente los mismos que rodean al proceso de aprender a escribir.

Dicen los grandes maestros de dibujo, los que han trabajado con miles de alumnos a lo largo de sus vidas, que todo el mundo puede aprender a dibujar. Yo creo que todo el mundo puede aprender a escribir. Puede que tardes quince años en llegar a un punto al que alguien con mayor predisposición natural llegará en cinco. Eso es frustrante y cierto. Pero no quita que esos quince años te permitan llegar a ese sitio, a esa meta.

mentiras sobre dibujarO también podrías dedicar esos quince años a, no sé, hacer algo de mayor provecho que escribir. Como montar una guardería para elefantes.

Vamos con los mitos que dice Monika. Como asegura ella, estas nociones no solo están equivocadas; es que son perjudiciales: bloquean tu progreso.

1. Dibujar es una sola (y sencilla) habilidad

Traigámoslo a nuestro terreno: ¡escribir es una habilidad única y simple!

Sabemos que eso no es así. ¿Verdad?

Monika explica algo que a mí me encanta, que es que la mayoría de la gente piensa que la habilidad artística se divide entre dos posibilidades: sabes dibujar o no sabes dibujar. Con la escritura pasa lo mismo: dicen que o sirves o no sirves. Si no me creéis, podéis dedicar una semanita larga a leer todos los comentarios de mi blog y veréis cuántas personas se irritan conmigo y me aseguran que escribir es un talento y “vales o no vales, y punto”.

A día de hoy, no conozco a ningún escritor que sencillamente “sepa” escribir. Toda escritura de calidad lleva detrás años de formación, en un sentido u otro. Sí, hay autores que escriben primeras obras fenomenales, pero habría que preguntarles a) cuántos manuscritos tienen en el cajón y b) qué tipo de habilidades han desarrollado a lo largo de su vida que les hayan estado preparando, aun sin saberlo, para escribir genial.

mentiras sobre dibujarEs posible que no lo sepas, pero disfrazarte de algún animal irreconocible mientras sonríes con los ojos cerrados bajo la nieve es una habilidad indispensable para escribir bien.

Escribir, al igual que dibujar, no se limita a dos niveles, al sabes o no sabes. Es más bien una escala larga de progreso, que Monika divide en 10, donde 0 es falta absoluta de habilidad (ya sabéis, gente para quien la ortografía es algo extraño y lejano, que procede de universos ajenos) y 10 es ese nivel donde tu habilidad es tal que has alcanzado la perfección absoluta y eres una suerte de arquetipo irreal platónico del arte.

(Quedaos con la idea esta de la escala, porque vamos a regresar a ella con frecuencia).

La mala noticia, queridos míos (y de verdad que siento comunicar esto), es que esta curva de aprendizaje tiene el problema de siempre: es fácil y relativamente rápido pasar de 0 a 1, de 1 a 2, incluso del 2 a 3. Pero del 3 al 4 la cosa ya se va a poner bastante más difícil. Y si llegas al 9, seguramente te pasarás el resto de tu vida intentando llegar a un 10 que, en realidad, solo existe en tu cabeza. Por eso, el mundo de la escritura está lleno de autores que escriben de manera más o menos razonable, pero que tampoco sorprenden ni fascinan.

Pasar de un nivel 5, donde sabes comunicar correctamente e hilar una historia, a un nivel 6, donde ya entras en el terreno de la profesionalidad, puede ser duro, ya que hay muchas técnicas y conocimientos que superan a las típicas guías para principiantes y que entran en un terreno más a) subjetivo, b) caro y c) en manos de personas que no tienen por qué tener ganas de dedicarse a la enseñanza (están demasiado ocupadas desarrollando su propia habilidad).

Para alguien con escasos conocimientos literarios y técnicos, solo existen dos niveles. El “este libro es una caca” y el “este libro es la hostia”. En el momento en que crece el bagaje lector, nuestros gustos se refinan. Hace poco perdí demasiado tiempo intentando explicarle a un conocido por qué un autor no me gustaba. ¡Pero si escribe genial!, me decía él. Para este lector, poner montones de adjetivos y utilizar palabros era escribir bien, del mismo modo que un dibujo hiperrealista puede fascinar a muchos. Sin embargo, aquellos que han dedicado muchos años a intentar subir de un nivel a otro en esa maldita escala saben que el barroquismo no es sinónimo de calidad ni el hiperrealismo implica una habilidad superior a, digamos, un dibujo excelente de manga.

Nuestro aprendizaje nos proporciona la posibilidad de analizar una obra y entender qué procesos se han aplicado y a qué nivel de habilidad corresponden.

Proceso real de aprendizaje:

mentirasAquí podéis ver que mi habilidad para el dibujo, por ejemplo, está entre el -3 y el 0,5.

Proceso que también podría corresponderse con la realidad:

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Proceso en que cree la mayoría de la gente:

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Todo esto nos lleva al segundo mito, uno de los más odiosos.

2. No puedes dibujar si no naciste con talento

Ya lo he dicho muchas veces: creo que eso del talento es tremendamente dañino.

¿Existe el talento? Claro. Algunas personas nacen con el cerebro mejor preparado para ciertas habilidades. Tienen una combinación espectacular de propiedades que, de entrada, les permiten ser mejores que tú. Y si encima las disfrutan (¿y quién no disfruta haciendo algo que se le da bien?), eso se nota en su trabajo, lo cual le da un brillo o genialidad especial.

Siempre pongo el mismo ejemplo. Una vez vi en Facebook un dibujo que Enrique Corominas había hecho con quince años. Da igual cuanto dibujes o te esmeres los primeros diez años de tu vida: probablemente no vas a hacer un dibujo así.

Pero me quedo con lo que dice, a su vez, Medusa Dollmaker, quien reconoce que se enfada cuando otros le dicen que “qué envidia, ojalá yo pudiera dibujar como tú”. Como dice Medusa, ella era la que, de adolescente, no salía los fines de semana, para quedarse en casa dibujando. Sí, tienes envidia, pero ¿harías lo mismo que ella?

La genialidad existe. Pero implica dos cosas:

  • Que la genialidad por sí misma no sirve de nada si no hay una entrega y un aprendizaje.
  • Que no es necesario ser un genio para desarrollar de manera profesional y excelente una habilidad. De hecho, en algunos sentidos tienes ventaja, como explico más abajo.

Las personas “con talento” tienen una manera diferente de pensar, fijarse y relacionar ciertos conceptos, que les permite avanzar mucho más deprisa en esa escala ya mencionada. Lo alucinante es que algunas de esas maneras podemos aprenderlas.

Sí, como lo oyes. Perdón, lees.

Por otra parte, tener talento suele convertirse en un obstáculo. Funciona muy bien al principio, pero no a largo plazo, donde la resistencia y el hábito de trabajo es mucho más importante. Me recuerda a los alumnos con buena memoria que apenas tienen que estudiar en el instituto y se horrorizan cuando se dan de bruces contra la exigencia universitaria.

mentiras sobre dibujarTío, no es mi intención humillarte en público, pero tu teoría sobre las integrales pitagóricas en incremento químico exponencial es ridícula y no se sostiene por ningún lado.

Cuando tienes cierta habilidad para hacer algo, te confías. Las cosas te salen bien a la primera (o crees que te han salido bien, que esa es otra), porque tienes ciertas facilidades innatas. En el colegio exageran y te dicen que vas a ganar un Nobel. En casa aplauden cualquier mínimo esfuerzo. Todo porque tus resultados, aun mierdosos, son superiores a la media. Y todo eso hace que avances muy rápido durante esos primeros niveles de la escala.

Lo malo es que cuando llegas a cierto punto, tu talento natural ya no es suficiente. Llega el momento de la técnica, del estudio, de la lectura analítica. Y tú estás tan atrapado en tu visión de “todo ha de ser fácil y mágico” que lo rechazas. Crees que eso no es “escribir de verdad”. No obstante, tu gusto y percepción sí han avanzado también, y empiezas a ser consciente de que eso que haces no está tan bien como pensabas. Además, el mundo ha cambiado y hay gente ahí fuera mucho mejor que tú. Tus profesores ya no te alaban, te exigen. Los demás se atreven a criticar lo que haces.

Horror. No sabes. No sirves.

Y llega la desesperación. El “nunca podré mejorar”, porque crees que la escala es milagrosa y que no puedes subir mediante esfuerzo y estudio. Por eso yo apenas escribí en años y años.

Años que podría haber estado practicando y aprendiendo técnicas, libre de la máxima gilipollez de pensar que tenían que bajar las musas e inspirarme a “escribir de verdad”.

Bueno, más vale tarde que nunca, ¿no?

3. Los dibujos salen bien o no

Una vez, un señor en un bar (siempre hay un señor así en un bar) me dijo que escribir poesía era muy fácil y que él tenía mucho talento para ello. Que podía escribirme un poema sobre la marcha, en una servilleta.

Lo hizo. El poema era una caca grandiosa. Como soy de origen anglosajón y muy educada, sonreí y me alejé lentamente de la barra, con cuidado de no mantener contacto visual.

avanzar como artistasDramatización de la experiencia, donde la doble de acción de Blake Lively interpreta a servidora.

Cuando empezamos a dibujar, cuando empezamos a desarrollar habilidades de forma inconsciente (por ejemplo, la sicomotricidad que nos ayuda a producir formas y líneas de cierto modo), de vez en cuando producimos algún dibujo que nos parece la repera, y lo guardamos como oro en paño. No sabemos por qué ha surgido así, y probablemente no seríamos capaces de hacerlo de nuevo.

Con la escritura pasa igual: ¡eh, mirad qué poema tan chulo me ha salido!

Conforme avanzamos de nivel en ese proceso ya descrito, somos cada vez más conscientes de la manera en la que llegamos a producir los dibujos y los poemas buenos. Producir algo eficiente ya no se limita a la suerte y a la casualidad. Creamos algo y lo perfeccionamos, una y otra vez. Entendemos el mecanismo. Entendemos cómo funciona la rima interna, la metáfora, la sonoridad de las sibilantes. Y no nos enamoramos de ninguno de nuestros poemas, porque sabemos cómo lo hemos creado y queremos hacerlo aún mejor, porque tenemos las herramientas para ello.

Un texto no “sale” bien o “sale” mal. Aplicas tus conocimientos y obtienes resultados similares a lo que esperabas. Por supuesto que hay un factor de “suerte” (tu estado mental de ese día, una serie de ideas que han conectado mejor que otras, tu bagaje cultural para ciertos temas, tu manera de documentarte, etc.), pero esa variable no es definitiva.

El escritor que ya está bastante arriba en la escala no tiene un cariño posesivo a un texto en concreto, ya que a) produce tantísimos textos que tendrá muchos que le gusten y b) tiene las herramientas para volver a producir un texto igual de bueno. Esa es una de las razones por las que los escritores profesionales se preocupan mucho menos por el plagio que los escritores que empiezan.

Si un relato “no salió bien”, no te limites a tirarlo a la papelera. Pregúntate qué ha fallado. Y si ha salido bien, pregúntate qué has hecho ahí que puedas aplicar a relatos futuros.

4. Dibujar sirve para impresionar a otros

Ya he comentado lo de los profesores que juntan las manitas, te miran con ojos brillantes y te dicen que eres lo mejor que se ha inventado desde los auriculares inalámbricos.

Esto nos mete ya desde pequeñitos una idea muy nociva en la cabeza: dibujamos (¡y escribimos!) para recibir validación ajena.

Tanto es así, que muchos de los escritores que conozco se dividen en dos categorías:

  • Aquellos que montan en cólera a la más mínima insinuación de que su obra no es perfecta y
  • aquellos que dicen escribir solo para sí mismos, cuando en realidad lo que tienen es pánico de que alguien juzgue su obra y les haga sentir que no valen para escribir (ver punto 2 de este artículo).
mentiras sobre dibujar—Que así no se coge una cámara, Manué.
—Cállate o dejo la cinematografía para siempre.

Estas mentalidades son propias de los primeros niveles de la escala. Cuanto más asciende en ella un escritor, más consciente suele ser de que la crítica es necesaria. Uno solo no puede analizar completamente su propia obra, por la subjetividad inevitable que implica. Y os aseguro que he oído cientos de excusas para justificar esto, desde el “yo no necesito a un corrector” a “los reseñadores no tienen ni p**a idea”. Algunos de esos argumentos tienen parte de razón, pero sospecho que en algunos casos hay detrás un pánico terrible a que otra persona opine sobre nuestro trabajo. He visto errores que se repiten una y otra vez en el mismo autor simplemente porque es incapaz de escuchar cuando otros se lo señalan repetidamente.

Como dice Monika, la motivación detrás de tu trabajo no puede ser solo la validación ajena, o nunca conseguirás avanzar. Generalmente, aquellos que suben en la escala tienen todo un abanico de razones, entre las cuales destaca la propia diversión de crear y la satisfacción de terminar algo que a ellos les gusta. Por eso mismo, es posible que artistas que estén en el nivel 8-9 produzcan obras que a otros les parezcan horribles, porque están utilizando habilidades y percepciones muy superiores al resto, con resultados difíciles de comprender para el lector medio.

Esto me hace gracia, porque lleva a la consabida expresión enfurruñada del escritor principiante de “es que no saben apreciar mi talento revolucionario” cuando recibe un rechazo editorial. Confunde la simple mediocridad con la brillantez de quien lleva toda su vida desarrollando un arte.

Si quieres tomarte en serio la escritura, pregúntate cuál es tu motivación principal. Si está en la aceptación ajena, prepárate para sufrir mucho, mucho, mucho.

5. El dibujo bueno es el dibujo realista

El único género válido es el realismo. La única novela válida es la “literaria”. Solo eres un escritor de verdad si escribes ficción. Y otras idioteces por el estilo.

¿Amas la ciencia ficción, la romántica, la histórica, la epistolar?

Tú escribe y disfruta. Ningún género es superior a otro y tú eres libre de reinventar, desarrollar o perfeccionar lo que te dé la gana.

Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas, para llegar al cubismo. Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas en la escritura, para manipular la gramática, la sintaxis y las bases narrativas a tu antojo.

Puedes probar, claro. Experimenta tanto como quieras, saborea todos los recursos que encuentres. Pero preocúpate de conocer las bases, esas reglas ya mencionadas, porque tienes que entender por qué están ahí antes de poder retorcerlas. De nada sirve inventar una lengua si desconoces cómo funciona el código que ya utilizas.

6. Si ya lo has probado y no has tenido éxito, significa que esto no es para ti

Y regresamos a la maravillosa noción estúpida del talento. Todos hemos pasado por aquí: escribimos un relato, un poema o lo que sea, lo mandamos a un concurso o a una convocatoria editorial y no conseguimos nada. O tal vez algún reseñador feroz se enzarza con nuestro texto. Nos miramos los pies y decidimos que tanta humillación no merece la pena, que para qué seguir.

grandes mentirasEsto de escribir es un peñazo. Es hora de volver a mi carrera brillante de modelo de stock.

Ya he hablado de la importancia de considerar el rechazo como un medio de aprendizaje. He de reconocer que, aunque comprendo exactamente cómo se sienten, me irritan los escritores que me vienen llorando porque una editorial ha rechazado su manuscrito. Alma de cántaro, ¿cuántas veces creen que me han rechazado a mí? ¡Y menos mal! Si me hubiesen publicado esas primeras obras, ahora me moriría de la vergüenza.

Pasa algo similar con escritores que se lanzan a autopublicar su primera novela. Rafa de la Rosa hablaba de su pánico al respecto aquí y del temido síndrome del impostor. No sé si usaría eso de síndrome del impostor. En cierta manera, una primera novela es una impostura real: es una mera muestra de lo que conseguirás en años venideros. Es importante que no funcione, de hecho, que esté llena de fallos. Veo casos de éxito con primeras novelas que son muy peligrosos: el autor se convence de su habilidad y deja de progresar. El fracaso, sobre todo al principio de nuestra carrera, es muy necesario. Tener expectativas de que una primera novela sea la p**a en vinagre es comprensible, pero no es útil ni realista.

Dice Monika: Don’t choose drawing only because it looks easy—it isn’t. No elijas dibujar solo porque parece fácil, porque no lo es. No elijas escribir porque parezca fácil. Si te parece fácil, estás haciéndolo mal. Cuanto más ascendemos en la famosa escala, más nos damos cuenta de lo horriblemente difícil que es escribir bien.

Hay muchas otras habilidades ahí fuera, en serio. Qué manía la de todo el mundo por escribir. Tal vez porque, a diferencia de la gimnasia rítmica, de tocar el piano o del culturismo, parece muy fácil. La parte del inicio, la de juntar letras y palabras, ya nos la sabemos, ¿no?

Puedes escribir veinte libros y no avanzar ni un pasito: escribir bien implica estrujarse los sesos de mil maneras hasta dar con aquello que te hace progresar. Hay muchas formas de conseguir esto: cursos, talleres, asesoría profesional, estudio, libros, etc. Pero ninguna de ellas te librará de ese agonizante estrujar de sesos.

Si ya lo has probado y no has tenido éxito, no significa que esto no sea para ti. Significa que acabas de empezar.

7. Un buen artista puede dibujar cualquier cosa

Esto también es aplicable a la escritura. Si bien hay habilidades asociadas a la escritura que nos permiten meterle mano a otro género o formato con mayores posibilidades que los que empiezan a escribir de cero, no es lo mismo escribir una novela que un relato que un artículo que una tesis doctoral que un poema.

Hay que especializarse, no queda más remedio. Por supuesto que es importante probar otros géneros y formatos para aprender de ellos, salir de nuestra zona de confort y tener sexo de ideas satisfactorio. Pero una y otra vez veo a escritores de letras de canciones que publican libros atroces de poesía, novelistas que de repente aseguran dominar el arte del relato corto y cuentistas que se meten de cabeza en una novela sin estudiar mínimamente cómo se estructura.

La especialización tiene muchos peligros, pero también tiene una gran ventaja: aprendes mucho más rápido (y además tienes un nicho, un público objetivo mucho más definido). ¿Vendríais a mi blog si además de hablar de escritura hablase de diseño de museos, de investigación microbiológica y estrenos de Chanel para esta temporada?

Si quieres ser el mejor en todo, acabarás, como mucho, siendo aceptable en muchas cosas. Si quieres ser el mejor en tu género, sector o nicho, conseguirás, por lo menos, ser muy bueno en tu género, sector o nicho.

8. Necesitas herramientas especiales para dibujar bien

Las herramientas ayudan mucho, eso lo sabemos. Yo, que tengo la caligrafía como afición, os puedo asegurar que usar una tinta Pelikan con una plumilla de plástico, baratuna, no es para nada como usar una tinta Winsor and Newton con una Leonardt.

Lo mismo ocurre con las rutinas: nos ayudan a hacer nuestro trabajo. ¿Pero significa esto que si no tienes tu Mac con Scrivener, con un cuaderno Moleskine al lado y tu pluma Montblanc, sentado a tu escritorio a la hora exacta con un café al lado, no puedes ponerte a escribir?

Yo soy más de PaperBlanks con Pilot V5, pero ya me entendéis. Las herramientas ayudan mucho, pero lo único que necesitas, en el fondo, es escribir. Y una restricción voluntaria (probar a usar solo ciertas palabras, obligarte a usar un recurso nuevo o a escribir de un modo distinto) te ayuda a encontrar nuevas vías de creatividad.

Os lo digo yo, que escribo en aviones, bares, trenes, autobuses, hoteles, cuartos de baño y bajo una farola en la calle.

grandes mentirasOs echáis a llorar cuando en el Starbucks de vuestro pueblo no tira el wifi, pero que sepáis que ahí fuera hay gente que tiene que escribir en condiciones realmente horribles, como esta pobre mujer, condenada a estar siempre con extrañas figuras geométricas traslúcidas revoloteando alrededor de su cabeza.

Las rutinas y herramientas deben ser complementos, nunca muletas.

9. Eres demasiado mayor para empezar a dibujar

Creo que contestaré a esta enunciación tan absurda con este enlace.

Monika dice que hay dos tipos de personas que dibujan: los niños y los artistas. Esto suele deberse a que los niños reciben motivación para dibujar, al considerarse un acto de expresión creativa. Y tienen más tiempo para ello. Por eso también, muchos escribimos de niños y adolescentes, pero luego nuestro cerebro se vuelve más crítico, ya no recibimos la misma motivación, nuestras obligaciones adultas se meten por medio y dejamos de escribir.

Y cuando nos ponemos de nuevo, nos decimos “qué horror, escribo como un niño”.

Lo curioso es que, a diferencia de otras muchas habilidades (como aprender un idioma), no estamos peor capacitados que un niño para desarrollar lo que necesitamos para escribir bien. Hasta tenemos ventaja: tenemos más experiencias vitales con las que inspirarnos, mayor madurez para entender el mundo que nos rodea y mayor disciplina para avanzar en nuestro arte.

Todo el mundo empieza en algún momento y los comienzos dan resultados feos, muy feos. Si de verdad quieres escribir, cada día que no aprendes más sobre la escritura es tiempo que estás desperdiciando. Y podemos recuperar algo de la ilusión y diversión que nos daba escribir (¡y dibujar!) cuando niños.

Eso sí que motiva.

10. Dibujar y pintar son lo mismo

Dibujar y pintar requieren habilidades diferentes. Que sepas dibujar no significa que sepas pintar y viceversa.

Del mismo modo, las acciones de crear/escribir/producir un borrador no son las mismas que reescribir/corregir/revisar y requieren también de habilidades y conocimientos diferentes.

Puedes ser un escritor excelente, pero tendrás que adquirir conocimientos generales de gramática y ortografía para pulir tu texto. Deberás aprender técnicas para darles redondez a tus personajes y hacer que brille tu ambientación, actividades que tienden a realizarse en la reescritura.

Es sorprendentemente común que escritores que no tienen ningún problema para escribir cantidades ingentes de palabras de borrador tengan un bloqueo a la hora de corregir (¡y de planificar!). O que correctores profesionales, personas que tienen un dominio excelso de la lengua, sean incapaces de crear un texto interesante.

Puedes dibujar sin saber pintar. Limitarte al blanco y negro: pagarle a una serie de profesionales para que editen tu texto. Puedes pintar con un mal dibujo, pero el resultado va a ser… limitado.

Por esto, insisto en la importancia de:

  • Saber planificar, liberarte de bloqueos, generar ideas e implementar con éxito hábitos que te permitan escribir de manera periódica y
  • Aprender lo suficiente sobre tu lengua y tu arte como para hacer una reescritura eficiente y una corrección válida (aunque luego necesites otro par de ojos para asegurarte de que no se te escapa nada importante).

Y el final:

Al final de su artículo, Monika concluye que si empezamos a pensar en el dibujo como en cualquier otra habilidad (cocinar, hacer ganchillo, maquillarse, jugar al fútbol) nos liberaremos de la noción de que dependemos del talento para avanzar y por fin podremos progresar. Creo que ocurre exactamente lo mismo con la escritura. Si veis los comentarios al artículo de Monika, veréis más de un párrafo indignado, de personas que siguen insistiendo en la necesidad del talento. Tengo asumido que por aquí caerá alguno también. También asumo que habrá a quienes esta frase de Monika les anime:

Si quieres dibujar, no dejes que tu ambición te impida ser principiante.

Si quieres escribir, no dejes que tu ambición, tu perfeccionismo y tu impaciencia te impidan empezar siquiera.

Cualquiera NO puede dedicarse a escribir. Pero no por las razones que pensáis. No porque “valgas” o no valgas. No es solo una cuestión de desarrollar una habilidad. Es simplemente que no todo el mundo tiene la resistencia (y obsesión) necesaria para dedicar su vida a la escritura (y menos mal). Creo que eso debería preocuparnos tanto (o más) que nuestro supuesto talento.

Puede que haya algo de magia en aquellos que llegan a la genialidad, una combinación única de experiencia, actitud y habilidades que proporcionan un toque especial a su trabajo. Ese algo que dicen que hace que una obra trascienda (si la gente supiera la de factores que influyan en que una obra trascienda… no todos se basan en la validez del texto). Isaac, por ejemplo, opina que eso no se puede enseñar (aunque tal vez se pueda aprender). Diana también apunta a ese “algo” especial. Creo que el problema está en que son cuestiones que pertenecen a un nivel tan alto de la escala que son imposibles de explicar y transmitir a los que están más abajo. Pero existen, no son figmentos mágicos regalados por un dios injusto. Creo en la magia cuando escribo fantasía, pero no cuando alguien me habla de escritura.

Monika termina con otro asunto importante, con el que estoy muy de acuerdo.

Hasta ahora hemos hablado de cómo aprender a escribir bien. Pero es necesario añadir que no es obligatorio aprender a escribir bien. Y mucho menos aprender a escribir a secas (aunque es muy útil, para todas las facetas de nuestra vida).

Si nunca te conviertes en un artista excepcional, ni siquiera en un buen artista, no significa que has fallado. No necesitas grandes metas: necesitas ese rato de amor entre el papel (o la pantalla) y tú. Eso está bien, es hermoso.

Aprender a escribir debe ser su propio premio: si no disfrutas con tu arte, si no proporciona ningún valor a tu vida, puedes abandonar. No pasa nada.

Hay muchas otras cosas grandes y maravillosas ahí fuera.

(Dibujar, por ejemplo).

 


¡ATENCIÓN!

He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de mis mecenas. Entre ellos, va un gracias especial a Jorge del Oro, Carlos S. Baos, Ana González Duque, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón y Anabel Rodríguez por sus contribuciones. Si tú también quieres ayudarme a seguir creando publicaciones como esta, por favor considera pinchar aquí y echarle un vistazo a mi Patreon.

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O también puedes cotillear mis libros. Después de todo, los escribí para ti.


Créditos:

herramientas para escritoreslifehacking

Cómo sacarle provecho a un taller literario

agosto 25, 2017 — by Gabriella9

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Como recordaréis —porque no dejo de recordároslo y por tanto es normal que lo recordéis—, hace poco más de un mes di un taller literario en el marco del muy fantástico festival Celsius de Avilés.

El taller se llenó hasta los topes (que no eran pocos) y pasamos unas horas bastante agradables (¡por lo menos para mí! ¡Y vosotros os reíais de mis chistes malos!). Hicimos una sesión por la mañana presentando conceptos básicos (como qué debe contener un contrato editorial, qué implica la autoedición, cómo escribir a editoriales, etc.) y otra por la tarde, en la que hablamos de mercadotecnia.

Cuando doy cualquier tipo de curso, charla o conferencia, me gusta repasar la experiencia y analizar los resultados para ver en qué puedo mejorar. Pero hoy se me ha ocurrido que también podría analizar en qué pueden mejorar los alumnos: es decir, de qué manera pueden sacarle el máximo rendimiento a la experiencia de un taller literario, ya sea mío o del mismísimo Stephen King.

Así que aquí van algunas ideas, que espero que os sirvan. Espero que me contéis si estáis o no de acuerdo con ellas, y si se os ocurre alguna más:

taller literario

1. Revisa tus datos

Durante el taller pedí a los asistentes que escribieran en una lista su nombre y correo electrónico. Mi intención era enviarles el guion del temario por email, para que no tuvieran que copiar a mano dicho guion mientras yo lo proyectaba (me gusta que la gente tome notas, pero si alguien intenta apuntarlo todo se encontrará con que se ha perdido gran parte de la experiencia).

Tal y como prometí, al cabo de una o dos semanas envié el guion a los emails de mi lista.

Si tienes que dar tus datos en algún momento de un curso o taller, asegúrate de que están bien, ¡revísalos! Y si tienes que escribirlos a mano, hazlo con una letra bien clara (las mayúsculas ayudan para esto). De los 66 emails que mandé, 8 nunca llegaron a su destinatario. ¡Eso es más de un 10%!

2. Si el taller es gratuito, trátalo como si fuera de pago

Voy a hacer una observación que tal vez sea algo polémica, pero dejad que me explique:

Los asistentes a talleres gratuitos tienden a aprender menos que aquellos que acuden a talleres o cursos de pago.

No me lo estoy inventando. Es algo que he ido viendo de un tiempo a esta parte. No tiene una precisión absoluta; es, ya digo, una tendencia.

¿Por qué ocurre esto?

La primera razón, y la más aparente, es que un taller gratuito ofrece menor valor y calidad que uno de pago, y por tanto los alumnos aprenden y se interesan menos. Esto puede ser cierto, pero no es una ley. En mi caso, mi esfuerzo es el mismo. No “recorto” empeño ni contenido por hacer algo de manera no remunerada.

La segunda es una simple razón psicológica: solemos tener un nivel de compromiso mayor hacia aquello en lo que hemos invertido algo, ya sea dinero, esfuerzo o tiempo.

Me refiero a que los alumnos que pagan por un servicio de enseñanza siempre lo exprimen más. Recuerdan mejor lo aprendido y buscan aplicaciones prácticas. Esto es normal: uno no quiere pensar que ha tirado el dinero. Y si soltó pasta para empezar, es porque el interés es real y apremiante, no mera curiosidad. Esto tampoco se cumple al 100%, por supuesto: hay asistentes a talleres y cursos gratuitos que le sacan muchísimo provecho y alumnos que sueltan cantidades altas de dinero para formación que luego no usan. Pero en mi experiencia esas son las excepciones.

Esto me lleva a pensar que si te estás planteando acudir a alguna actividad literaria gratuita que podría ayudarte como escritor/a, tal vez sea efectivo que te mentalices para tratarla como una actividad de pago. ¿Cómo actuarías si hubieras tenido que hacer un esfuerzo económico para asistir? ¿Qué harías de forma diferente?

taller literarioEjemplo gráfico de alumnos que sacan provecho de mis talleres.

Lo que me lleva al siguiente punto, fundamental:

3. Haz un seguimiento de lo aprendido

Entiendo que estamos en verano y que muchos están de vacaciones o descansando, pero aun así me sorprendió ver que solo un 67% había abierto el correo donde les mandaba el material. Probablemente parte acabaría en carpetas de promociones o spam, pero creo que es una buena idea insistir en que si asistes a cualquier curso o taller, te cundirá mucho más si realizas una labor de seguimiento.

¡No te limites a sentarte y escuchar! Apunta lo que te interesa y revisa tu material unas semanas después. Si no has recibido el material que correspondía, contacta con la persona encargada.

4. Busca aplicaciones prácticas

La teoría está muy bien, pero la mejor forma de aprender está en el ejercicio. La próxima vez que acudas a cualquier tipo de clase, conferencia o taller, ponte como objetivo apuntar un mínimo de tres acciones reales, tangibles, que puedes llevar a cabo en tu vida real de escritor avezado.

Y comprométete a usar esas acciones. Ponte alarmas en el calendario, metas en tu aplicación o libreta favorita, marcas con estrellitas en tu bullet journal… lo que a ti mejor te sirva.

taller literarioPepe sabía que aquel taller literario solo era el primer paso en su plan de dominación mundial.

Tu tiempo es muy importante. Si has dedicado varias horas a escuchar a alguien que (esperamos) sabe algo de lo que está hablando, no dejes que esas horas queden en la ignominia del desperdicio.

Porque para eso puedes ver una serie, por ejemplo. Te recomiendo The Young Pope.

5. ¡Habla con el profe!

En los cursos o conferencias, muchos de los asistentes buscan no solo aprender, sino un contacto personal con la persona que da el curso. Tras las charlas, suelo tener un grupo de personas que quieren conversar, preguntar dudas o simplemente presentarse. ¡Un taller también es una oportunidad de hacer conexiones molonas!

Y a mí me encanta. Para mí es el mejor momento, porque ya me puedo despreocupar del trabajo propiamente dicho y hablar con los asistentes de un modo más personal.

taller literarioMe siento así cuando habláis conmigo, palabrita.

Por alguna razón, en este último taller tuve la sensación de que muchos huían lo antes posible.

Esto puede deberse a varias razones:

  • Doy un poco de miedo (poco probable).
  • Lo hice tan mal que tenían que salir corriendo, horrorizados (posible).
  • Todos se estaban meando (bastante posible).
  • Había algo importante que empezaba justo cuando yo terminaba (muy posible, teniendo en cuenta la programación del festival Celsius).
  • Les daba vergüenza dirigirme la palabra (misteriosamente posible).

Allí había mucha gente joven. Tengo la sensación de que en esa sala ocurría lo que me ocurría a mí en la universidad: no quería ser la pelota que se acercaba a hablar con el docente al finalizar la clase.

¡No os cortéis, en serio! ¿De quién me voy a acordar, de la persona al final de la sala que desapareció misteriosamente o de alguien que vino a saludar y presentarse?

Si esto te da demasiado apuro, hay una forma muy sencilla de solucionarlo. Si vas a ir a un taller, unos días antes mándale al profesor o profesora un email. Simplemente con decir que te hace ilusión asistir, o preguntarle si tratará algún tema concreto, puedes obtener una respuesta. Y luego solo tienes que acercarte, decir que eres la persona que mandó ese email y darle las gracias por la charla. ¡Facilísimo!

6. ¡Haz preguntas!

A veces en las presentaciones, cursos y talleres, a la gente le falta tiempo para preguntar cosas. Pero otras veces se produce un silencio incómodo, mientras me quedo a la espera de que alguien diga algo. Me niego a creer que el 99% de las personas que están en una sala porque vienen a aprender sobre el tema que se está tratando no tienen ABSOLUTAMENTE ninguna duda sobre lo que habíamos hablado.

Lo entiendo. Yo soy tímida e introvertida. Pero he descubierto que quedarse con las ganas de preguntar es una tontería. Y eso que os ronda por la cabeza podría afectar a muchas más personas de la sala. No hay nada tan deprimente para alguien que habla en público (y reconozcámoslo, a todo el mundo le cuesta hablar en público) que terminar su charla, abrir ronda de preguntas y que suenen los grillos.

taller literarioConsejo: Antes de preguntar, valorad vuestro índice de deseabilidad. Muchos profesores no responderán a personas con un índice de belleza por encima del suyo. Volved a vuestras casas perfectas, gentuza.

7. Habla con otros asistentes

Esto es difícil, lo admito. Pero como dije en el taller del Celsius: los amigos que hagáis entre otros escritores son los contactos que tendréis dentro de uno, dos y quince años. Y muchos de esos contactos podrán ayudarte, al igual que tú podrás ayudarlos a ellos.

Esto tampoco quiere decir que seas pesado/a. Aprende la diferencia entre amabilidad e interrumpir conversaciones privadas, apuntarte a cosas a las que no estás invitado o escribirle a alguien todos los días porque todavía no ha contestado tu email de 8000 palabras.

8. ¡Sonríe!

Esto os parecerá la tontería del siglo, pero prometo que no es así.

Cuando alguien habla para un público, busca una respuesta a su comportamiento y actuación, para saber si está llegando a dicho público o haciendo el ridículo de su vida. Busca además un reflejo: si quien habla sonríe, encontrará sonrisas en su público, que imitan su gesto facial de manera no consciente, porque están entendiendo y disfrutando el discurso.

En todos los públicos hay gente que sonríe y gente que no sonríe. Gente que tiene una cara de palo tremenda. Es frustrante, porque a veces tienes la sensación de que no les está gustando lo que haces, que lo estás haciendo mal.

Lo sorprendente es que a veces luego esas personas tan serias te dicen lo mucho que lo han disfrutado. Y tú ahí sufriendo, agobiada, por el desastre.

Así que si te lo estás pasando bien, si estás aprendiendo, sonríe.

Si no, no sonrías.

¡Pero dejad de confundirme, c*****s!

 


Notas:

escribirescritura

7 cosas que los escritores podemos aprender de David Bowie

enero 12, 2016 — by Gabriella28

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Qué descaro, ¿verdad? Todavía está el cadáver caliente y ya estoy lucrándome con Bowie.

¡Pero no! ¡Os equivocáis! No hago dinero con el blog, así que solo puedo lucrarme con vuestros shares, likes y todo tipo de validación social y emocional.

Aun así, Gabriella, qué descaro. Y seguro que incluso antes de darle yo a “publicar”, ya han crecido artículos de este tipo como setas por toda la blogosfera.

Bowie fue una parte importante de mi vida; es una parte inamovible de mis recuerdos. He aprendido de él mucho como persona. También he aprendido de él como escritora. Si hablé de lo que los escritores podemos aprender de Steve Jobs, que ni siquiera me caía bien, ¿por qué no hablar de una de las figuras más influyentes de mi niñez y adolescencia?

Al final siempre acabo compartiendo mis pensamientos, reflexiones y exhibiciones paranormales con vosotros.

Antes de nada, un disclaimer. Estoy enferma. No mentalmente, bueno, sí, pero eso ya lo sabíais. Tengo la gripe. Así que cualquier incoherencia o delirio presente en este texto se debe a eso.

Ahora que lo pienso, mis textos de persona sana también están llenos de incoherencias y delirios.

Ignorad el disclaimer y leed lo que podemos aprender todos del mago de arte y marketing que fue David Robert Jones:

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1. El branding funciona

Igual ese marketing que acabo de escribir os ha hecho elevar una ceja. Pero seamos realistas. Bowie era un músico de gran talento, pero ¿sería el genio reconocido que tenemos todos en mente de no ser por sus alter ego, sus disfraces extravagantes, sus narraciones de ciencia ficción, su combinación de imagen, arte y sonido?

Pensad en todos los nombres que vienen a nuestra cabeza al pensar en Bowie: duque blanco, Ziggy Stardust, camaleón…

Si eres un artista de talento, no es estrictamente necesario que te crees una marca personal, una imagen extraordinaria. Pero ayuda. Y la mejor forma de hacerlo es coger tu propia personalidad y multiplicarla, ser muy tú. Bowie era sin duda creativo y extravagante, y supo llevar eso hasta el extremo.

La presencia de una voz original en redes sociales, blogs y puntos de encuentro entre lectores y escritores en general siempre es de agradecer. Y ni siquiera tiene que ser muy original: basta con que sea consistente y coherente, que no siga el dictamen de lo que hacen siempre todos los demás. Tener una marca personal puede ser algo horriblemente comercial y artificial o puede ser una manifestación creativa extrema, como en el caso de Bowie.

Con todo, llegar a este nivel tampoco es estrictamente obligatorio.

2. cuanto más produzcas, mayores son las posibilidades de producir algo que merezca la pena

No os voy a contar ooootra vez lo del estudio que se realizó con una clase de cerámica, donde producían mejores piezas aquellos alumnos que eran calificados por la cantidad de piezas que terminaban, no por la calidad de estas.

En realidad todo el estudio era una tapadera inventada por una fábrica esclavista de jarrones, pero no se lo digáis a esta alumna, que marchó a casa con la nota máxima y síndrome del túnel carpiano.

Piensa en una canción de Bowie que te guste, seguro que hay alguna. Puede que sea de sus temas más conocidos. O puede que sea de sus caras B perdidas casi en la nada. La discografía de Bowie es interminable. Hay mucha porquería. Pero es que tienes que producir mucha porquería para producir grandes temas. Space Oddity no habría existido sin todo lo que Bowie creó antes. Tampoco China Girl, ni Life on Mars, ni Heroes, ni Thursday’s Child, ni Ashes to Ashes… la lista no acaba.

Woody Allen dice que hace una película al año. Admite que ha hecho mucho bodrio. Pero cualquiera con cultura cinematográfica te dirá que es uno de los directores más relevantes de la cultura actual, por muchas razones. Creo que todos tenemos una película de Allen que sí nos gusta (la mía es Match Point y espero que os hayáis tapado los oídos o los ojos aquellos que me leéis que sabéis de cine. Y que recordéis que aquí está prohibido tirar cosas de cristal. Gracias).

No se trata, claro, de producir cualquier cosa y escupirla al mundo. Se trata de crear, compartir, escuchar el feedback y aplicarlo a nuestro aprendizaje. Se trata de arriesgarse y probar cosas nuevas porque sí, porque qué más da que fracasen, puedes probar más. Con la práctica tal vez no se llegue a la perfección, pero desde luego se avanza a pasos agigantados.

3. No temas ser interdisciplinar

Cuidado con este consejo, porque es un arma de doble filo. Creo que es importante llegar a un enfoque, a un solo interés prioritario, para poder dedicarle el tiempo necesario para ser realmente bueno en ello. Pero eso no quita que podamos disfrutar de los beneficios de otras manifestaciones artísticas y de la originalidad que nos proporciona hacer nuestros pinitos en otros campos. Es en el cruce de conceptos aparentemente dispares donde pueden ocurrir las grandes revelaciones.

Bowie era un artista, ante todo, y, aunque la música era su pasión principal y nunca se apartó de ella, pudimos verlo unido a muchos otros tipos de arte y conocimiento. Aquellos que lo conocían decían que era un hombre erudito. Fue un hombre que pudo ser rey de los goblins marcando paquete, rodeado de teleñecos, y que colase (sé que no fui la única niña que se sintió algo confusa ante aquel ser estrambóticamente sensual). Fue un hombre capaz de cantarle a Ricky Gervais que era un “hombrecillo gordo que vendió su alma” en Extras, y de escribir extrañas historias intergalácticas entremezcladas en sus canciones y composiciones visuales.

Esto de abrirse a otros campos para mejorar el propio es un poco como tener una relación abierta de mucha confianza donde eres fiel de corazón a tu pareja pero salís por ahí y os acostáis con otras personas y luego os lo contáis y aplicáis lo compartido con otras personas. Las relaciones abiertas no son para todo el mundo, pero en un mundo ideal, sin celos ni inseguridades ni amantes que pretendan destruiros, ¡piensa en todo lo que aprenderíais!

Quiero saberlo todo sobre anoche. Primero: número exacto de mujeres, jirafas y fontaneros involucrados.

Igual no ha sido un símil muy acertado. Pero por suerte el arte no es celoso. Mientras dediques el tiempo necesario y le des prioridad a un tipo de arte sobre todo lo demás, se hinchará de saber y progreso cada vez que le traigas nuevas y ocurrentes posturitas aprendidas con la competencia.

Recordad aquí aquello de la importancia de las redes abiertas. Hablé de cómo las utilizaba Steve Jobs, sí, pero Bowie era otro maestro de dichas redes. Solo hay que ver cómo aplicó su peculiar visión estética a todo lo que tocaba. Esta visión era una conjunción de sus intereses musicales, pictóricos, literarios, cinematográficos, etc. No lo llamaban camaleón solo por su cambio constante de atuendos. Bowie era una criatura fagocitadora de color, de arte y conocimiento.

4. Colabora

Algunos de los temas de mayor éxito de Bowie fueron en colaboración con otros artistas, como el Under Pressure con Queen o el Dancing in the Street con Mick Jagger. Una de las cosas que me encanta de esa última colaboración es la pura alegría que transmite, lo bomba que parecen estar pasándolo bailando Jagger y Bowie con sus abrigos ochenteros.

Colaborar con otros artistas te da nuevas perspectivas y además es una manera excepcional de hacer un networking eficiente. Pero, qué narices, además es divertido. Yo no escribo con José Antonio para hacer contactos, ni para aprender (aunque siempre aprendo muchísimo), escribo porque es muy divertido (pese a las broncas y a los enfados cuando me cambia palabras de sitio o cuando decide que esa idea que teníamos desde el principio ya no le funciona o cuando… vale, vale, ya) y creo que es lo mejor y más entretenido que puede hacer una pareja de escritores juntos después de… después de… después de eso.

Cuando estés bloqueado/a, agarra a algún conocido que escriba y haced algo juntos. Y después de eso, os podéis poner a escribir.

Bromas aparte, no es necesario acostarse con alguien para hacer arte juntos. Lo prometo.

Genial, ya solo nos quedan dieciocho posturas por probar antes de poder ponernos con la novela.

5. Asume el poder de la reinvención

Supongo que este era el punto más evidente. Bowie se transformaba continuamente y no tenía miedo a experimentar.

Nos da una lección muy valiosa: si algo no funciona, no pasa nada. Prueba otra cosa. Y si has llegado al punto en que te has acomodado, en que haces lo mismo una y otra vez porque funciona, si quieres crecer como artista tienes que reinventarte, salir de aquello que se te da bien y probar cosas nuevas. Esto no tiene por qué culminar en éxito comercial, de hecho puede ser un desastre, sobre todo si progresas hasta el punto de que lo que creas ya no es atractivo para tu público de siempre. Creo que Radiohead es un buen ejemplo de esto, al alejarse del rock peculiar que tan buen resultado les había dado y entrar en la electrónica más o menos experimental. Pero mirad qué contento está ahora Thom Yorke, que ya casi ni habla de suicidarse ni nada.

Si algo no funciona, no importa, todavía tienes tiempo de probar otra cosa. Lo que es de locos, como diría Einstein, es seguir haciendo las mismas cosas esperando resultados distintos.

Y si te acomodas, es el momento de empujar más fuerte, de llegar más alto. Si lo que buscas es éxito comercial, es el momento de estudiar más, de trabajar más duro y de forma más inteligente, para vender más. Si lo que buscas es progresar como artista, es el momento de salir de tu burbujita, de romper barreras. Si buscas ambas cosas, pues doble trabajo tendrás.

Pero no es imposible, Bowie lo consiguió. Demostró que crear arte influyente, revolucionario y poder vivir de ello no estaba reñido. Es probable que creara e hiciera mucha mierda comercial para poder conseguir dinero, pero siguió creando, de una manera u otra, hasta su muerte. Nunca olvidó que era artista.

6. No tengas miedo a transgredir

Alguien me preguntó hace un tiempo cómo podía uno ser transgresor si las puertas en general estaban cerradas a cualquier tipo de arte incómodo, diferente.

Yo no creo que eso sea cierto del todo. Claro que hay gatekeepers de esos y claro que nos cortan las alas. Pero no tanto como nos las cortamos nosotros mismos. A veces me ha podido más el miedo a transgredir que la transgresión en sí. Ahora, cuando veo un reto, o hay algo sobre lo que no quiero escribir porque es demasiado diferente/fuerte/asqueroso, procuro sacarlo adelante. Estoy involucrada en un proyecto con el que me siento terriblemente incómoda, no porque no confíe en mis compañeros, sino porque el tema es tabú para mí (y para casi todos los que me rodean, hasta el punto de que últimamente me está gustando comentárselo a la gente solo para analizar sus caras y los silencios incómodos que se producen después). Cuando me lo propusieron, casi dije que no. Pero precisamente sé que por eso tengo que participar. Creo que es importante hablar de aquello que nos horroriza, que nos disgusta, que nos da pesadillas.

De la transgresión aprendemos. Escribo cosas para chicos de 12 años. Tal vez no debería escribir también cosas horribles para adultos. Pero ambas literaturas son partes de mí. Cuando no transgredimos por miedo, por temor a perder lo que tenemos, a amenazar el estatus que percibimos que tenemos, nos traicionamos a nosotros mismos. Se crea una disonancia cognitiva. Y eso cualquier psicólogo podrá explicaros que es malo. Hace que las ideas se te pudran por dentro.

O esa es la excusa que me da José Antonio cada vez que me cuenta un chiste malo. Que si no se le va a enquistar, que se le va a pudrir por dentro.

Si creas algo tan absolutamente transgresor que sabes que nadie lo publicará, prueba de todos modos. Hay salidas para casi todo, siempre que no sea dañino o ilegal. Y si no, tenemos la autoedición, por suerte. Sin ella, no tendríamos dinoporno, recordadlo. Si Christie Simms puede, tú no tienes excusa.

Eso sí, un pequeño apunte: en mi trabajo como editora y lectora, la respuesta enfurruñada más común que he visto de autores rechazados por editoriales es “es que es demasiado transgresor para vosotros”. Asegúrate de que el problema es, en realidad, esa transgresión, y no el hecho de que todavía no sepas escribir.

Escritor enfurecido pateando convenciones, reglas, normas y editores que todavía creen en la ortografía.

El tema de la transgresión y de la originalidad es algo a lo que le he estado dando muchas vueltas últimamente, y es algo de lo que me gustaría hablar en el siguiente punto.

7. Sé único. Aprende a ir por delante de los demás

Hace poco conversaba por email con Javier de Mundo bizarresco, respecto a un artículo suyo donde reflexionaba sobre la importancia de hacer lo que uno quiere, de tratar al arte como un fin en sí mismo. El artículo no tiene desperdicio y os lo recomiendo, pero este párrafo en concreto me hizo pensar:

Una cosa es cierta, los artistas que se han hecho de culto (que no es lo mismo que ser famoso, algo más cool pero efímero) son los artistas que han desarrollado su propia técnica suya personal, han encontrado su propio camino a base de pulirse a si mismo. Un estilo tan personal que no pueden ser imitados con éxito.

Le hablé a Javier de mi experiencia personal en esto del blogging, y de cómo si alguien producía un contenido diferente de algún modo, enseguida aparecía un buen manojo de personas que copiaban temas, estilo y lo que hiciera falta para intentar reproducir lo que les gustaba del contenido original (o para intentar captar al mismo tipo de público). Es un fenómeno que se produce en todos los sectores, pero tal vez lo veo más en los blogs porque es donde más me muevo.

En un entorno endogámico como es el blogging y como es la escritura este fenómeno es inevitable, claro. Nos inspiramos unos a otros, buscamos tendencias sobre las que hablar, muchos tenemos las mismas influencias. Todos estamos a hombros de los mismos gigantes. Ese no es el problema. El problema son los que usan ideas ajenas sin dar crédito, los que copian de manera descarada textos que no les pertenecen, incluso los que traducen directamente palabras de autores extranjeros sin decir que ese texto no es suyo.

Así que llegué a la conclusión de que todo sí puede ser imitado. Que se lo digan a Gucci, a Valentino, a Prada. Da igual lo bueno u original que seas. Puede incluso que aparezca alguien mejor que tú y te imite mejorando tu producto o servicio o tono. Tal vez eso fue lo que hizo Bowie con otros artistas menos afortunados. Y ahora, tras su muerte, he pensado que tal vez su grandeza y éxito no radicase tanto en su originalidad, su voz única, sino en su capacidad para transformarse, para ir siempre un paso por delante de los imitadores.

Sé flexible, sé despierto, lee como si te fuera la vida en ello. Documéntate, porque tienes que ir siempre un paso por delante, seas bloguero, escritor o compositor de música de anuncios.

Terminé mi email a Javier diciendo: “¿Es agotador, no?”.

Lo es. Todos me dicen que quieren ser el próximo gran escritor, el próximo gran artista, el próximo Bowie.

Paga el precio del que es excepcional, el precio del ganador. No puedes dejar nunca de avanzar. Saca un disco a la calle unos días antes de morirte, unos días en los que el cáncer está terminando de devorar tu cuerpo.

El cadáver de un genio todavía está caliente. El cadáver de alguien que vivió y murió por su arte.

¿Harías tú lo mismo?

 


*Si tenéis nostalgia de Bowie y de todo lo que representó, siempre recomiendo la estupenda Velvet Goldmine como maravilloso exponente del glam de su tiempo y de las decisiones tan diferentes que tomaron los autores que se fueron reinventando tras la movida londinense. El personaje inspirado en Bowie no termina demasiado bien parado, pero eso es algo que planteará muchas preguntas a cualquier escritor o artista sobre qué significa la coherencia personal en el arte. Además, la música es espectacular, con temas de T-Rex, Placebo, Roxy Music, Lou Reed, etc.


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10 ejercicios para escritores que realmente funcionan (o que, por lo menos, son divertidos)

junio 9, 2015 — by Gabriella26

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Ejercicios para escritores. ¿No creéis que hay demasiados?

Libros y libros y libros y webs y libros. Todos sobre lo mismo.

Más aún, ¿qué utilidad tienen?

No creo que todos los ejercicios destinados a escritores tengan utilidad, o por lo menos que la tengan más allá de practicar el acto de escribir, que siempre es bueno. Pero sí que encuentro que son los más absurdos, los más inesperados, los que pueden tener un efecto más productivo. El obligarnos a pensar fuera de nuestros circuitos habituales de razonamiento y creación puede llevarnos a nuevas áreas de autodescubrimiento y habilidad, dos virtudes muy necesarias para un escritor.

Con esto en mente, os presento aquí los diez ejercicios que me parecen más interesantes de todos los que he ido encontrando, ya sea por la manera en la que nos hacen mejorar y progresar respecto a trama, creación de mundos o productividad, o simplemente porque me hacen gracia.

1. Chuck Wendig: Escribe fuera de tu zona de confort

¿Te gusta escribir fantasía épica? Escribe un relatito policíaco. ¿Te sientes cómodo/a escribiendo terror gore? Escribe un texto con tanto romanticismo que te salga la miel por los poros. ¿Te encanta escribir aventuras infantiles en el País de la Piruleta? Escribe una escena tan pornográfica que luego tengas que quemarla y llamar a tu párroco local para que venga a exorcizar la casa (o la calle entera, por si acaso). A Chuck Wendig le encanta dar consejos de escritura, algunos buenos (“escribe mucho”) y otros algo desconcertantes (“escribe sin pantalones”). Y casi todas las semanas comparte algún ejercicio de escritura en su blog, Terrible Minds. El de salir de tu zona de confort es uno de mis favoritos.

Haz caso a Chuck. Escribe algo en un género o tono que nunca has escrito. Escribe en segunda persona del plural. Utiliza a un narrador con doble personalidad. Escribe una aventura que tiene lugar en un sitio donde nunca has estado. No se trata de hacer así una novela (siempre es más sencillo y eficiente escribir de algo de lo que tengas, por lo menos, alguna idea), pero ese pequeño texto puede abrirte las miras de forma espectacular. Y el resultado se nota: cuando regreses a tu género y tono de siempre (que para algo lo has elegido), podrás aprovechar todo lo aprendido siéndole infiel (excepto la parte pornográfica. El País de la Piruleta debe mantenerse puro e inocente).

2. The Sarcastic Muse: Que tu personaje haga algo realmente idiota

The Sarcastic Muse es otro de esos puntos de encuentro para escritores que toca todo tipo de temas, desde el hábito de escribir a cómo encarar los envíos a editoriales. Este propuesta en concreto me encantó:

Have one carácter convince another to do something incredibly stupid.

(Haz que un personaje convenza a otro de hacer algo realmente estúpido).

Es probable que este sea el punto de arranque para casi todas las películas de terror que hemos visto (y alguna que otra romántica). Nunca se me habría ocurrido enfocarlo así, pero si se hace de una forma un poco menos tópica (¿nos metemos en la casa encantada? ¡A que no te atreves!), puede ser una manera muy interesante de hacer que salte el conflicto principal de una novela o relato. Por ejemplo: para ganar una apuesta con un compañero de clase muy irritante, un estudiante de arqueología roba una joya maldita almacenada en el sótano de su facultad. Comienzan a ocurrirle todo tipo de cosas terribles: su novia lo deja, le escupen por la calle, su madre se empeña en hacer menestra todas las noches para cenar. Bueno, vale, lo de la joya maldita también está muy visto, pero la idea es crear una de esas escenas en las que el lector quiere gritarle al personaje: ¡No lo hagas, pedazo de idiota! Eso.

3. The Write Practice: El viaje

road trip

The Write Practice también suele ofrecer pequeños apuntes, minúsculas ideas, para ejercicios de apenas quince minutos. Su concepto es que tienes que escribir lo que puedas en ese tiempo sobre el tema propuesto (esto viene muy bien para librarse de bloqueos y de editores internos, y simplemente soltar lo que consigas soltar). Y como los temas propuestos suelen ser temas que nunca has trabajado, aprendes nuevas técnicas y perspectivas de manera intuitiva.

A pesar de su sencillez, la idea del viaje (más concretamente, el viaje en coche, ese road trip de las películas estadounidenses) es una de las más populares de entre todos sus ejercicios. En la novela en la que estoy ahora, por razones argumentales tenía que hacer que dos personajes fueran de un punto A a B y me encontré con un road trip sin buscarlo. Ahora que lo tengo, puedo sacarle un rendimiento que nunca se me habría ocurrido. En una novela, la gente no tiene por qué ir tranquilita en un coche (o a pie, como en el caso de mis personajes). En una novela, ese road trip puede ser la aventura en sí misma. No hay que por qué hacer las cosas a lo George R. R. Martin cuando se pone aburrido, y tener a tus personajes fijándose mucho en la vegetación, clima, gastronomía y gente de las zonas que visitan. Sí, eso es más realista. Pero también puedes hacer un Las fuentes perdidas y juntar a un grupo de locos peligrosos con un objetivo en común, dispuestos a atravesar múltiples realidades para conseguirlo.

Una variante divertida de este ejercicio sería la siguiente: crea a dos personajes totalmente aleatorios (este generador, por ejemplo, te proporciona tres cualidades aleatorias para tus personajes) y haz que recorran una distancia X juntos. Poco a poco se te irán ocurriendo no solo sus motivos e intereses, sino el conflicto que puede tener meter a, yo qué sé, un chico tímido, cariñoso y romántico, cargado de frases tópicas y libros de Pablo Coelho, con un tipo duro a lo Terminator, cargado de armas y malas intenciones. Adelante.

4. Robert Brockway: Empieza por el final

Encontré esto en una lista de ejercicios creativos en Cracked, lo cual siempre es garantía de calidad (ejem). Brockway arranca con un ejercicio que siempre espabila a los que se atreven a usarlo: empezar con el final.

No se trata, necesariamente, de que narres toda tu historia a lo Memento, totalmente al revés. Pero nada capta la atención del lector como un clímax narrativo ahí, al principio, sin venir a cuento (nunca mejor dicho). Imaginaos, por ejemplo, que la historia de la Bella Durmiente comenzara justo cuando el príncipe la besa (y sí, en muchos sentidos empieza ahí, porque, ¿cómo lidias con un reino que ha estado aislado del mundo exterior? ¿Cómo pagas los sueldos acumulados? Y, más importante,¿no va siendo hora de que le escribas una nota de disculpa a tu pobre madrastra por no invitarla a tu bautizo?).

Nota: Si este planteamiento os conduce a escribir erótica sadomasoquista con las experiencias de la pobre Bella junto al marvado príncipe dominante y su maquiavélica madre aficionada a las pelotas de ping-pong, cuidadín con las acusaciones luego de plagio por parte de Anne Rice.

5. Daily Writing Tips: Persona, lugar, evento

En alguna ocasión he realizado una variante de este ejercicio utilizando los tópicos aleatorios de TVTropes, pero este en concreto tengo todavía que probarlo. La idea que nos propone Daily Writing Tips es sencilla. En un documento creas tres columnas: en la primera pones una lista aleatoria de personas (ya sean famosas o simplemente personajes también generados de forma aleatoria), en la segunda una de lugares, y en la tercera una de eventos (aquí puedes poner eventos históricos, por ejemplo, o puedes usar la función aleatoria de Wikipedia para ir encontrando situaciones que sirvan). La idea es escribir un texto corto (o tan largo como quieras, si el resultado te atrae) uniendo esas tres columnas, también de manera aleatoria, y de paso ejercitar esos músculos creativos al enfrentarte al problema de unificar en una sola historia (medianamente) coherente elementos que probablemente no tendrán nada en común. Y por muy ridículo que sea el resultado, quién sabe qué brote de genialidad puede nacer.

Y cuando acabes por escribir un superventas sobre la mujer peliverde y frívola del espacio exterior que acaba atrapada en Huétor Tájar mientras se está desarrollando una recreación histórica del asesinato de Abraham Lincoln, más te vale agradecérmelo.

6. Literautas: Los siete pecados capitales

El blog de Literautas está lleno de ejercicios interesantes; además, suelen venir con fichas de trabajo y tienen un grupo propio en Goodreads donde los participantes comparten y comentan sus actividades. Personalmente me quedo con este ejercicio, que cito aquí:

(…) tenéis que elegir entre uno de los 7 pecados (ira, gula, pereza, envidia, avaricia, lujuria o soberbia) y escribir una lista de palabras que os parezca que están relacionadas con el tema. De esa lista, tenéis que hacer una pequeña selección (unas 15 palabras como mucho) con las que más os gusten u os resulten más sugerentes.

A continuación, tendréis que escribir un texto a partir de la lista de palabras seleccionadas. Y a ver qué sale.

¿Qué pecado elegiríais? Tal vez haya que quitar el de lujuria de la lista, por aquello de ser el más evidente. Y tal vez merecería la pena hacer esta actividad con todos los pecados, para estrujarnos aún más el cerebro.

Recordad, eso sí, que luego tenéis que bañaros con agua muy fría, restregaros bien con lejía, rezar tres avemarías y leer un libro de autoayuda. Por si acaso, que luego se os quedan las ideas malvadas ahí pegadas en la boca del estómago, como lapas, y acabáis torturando y matando a gente, como todos sabemos que hacen los autores de novelas que no tienen corazones en la portada ni señoras mirando al mar.

7. Write To Done: 7x7x7

Como correspondía para el punto 7, ahora voy a hablar del 7x7x7 (mirad qué buen ejemplo os acabo de dar de qué no se debe hacer en un artículo: repetir y explicar lo evidente. Lo sé, lo sé). Write to Done está llenito de recursos para escritores (su título ya es por sí mismo un gran consejo para autores: “Escribe hasta que termines”), y en su página de ideas para escritores encontré este ejercicio, que me parece muy interesante:

Find the 7th book from your bookshelf. Open it up to page 7. Look at the 7th sentence on the page. Begin a poem that begins with that sentence and limit the length to  7 lines.

(Busca el séptimo libro de tu estantería. Ábrelo por la página 7. Busca la séptima frase de esa página. Escribe un poema que arranque con esa frase y limítalo a siete versos).

Hay muchos juegos por redes sociales de “comparte lo que pone en la línea x del libro que estés leyendo”, pero pocos te piden que además escribas un poema, así que me parece muy original. Eso sí: muchos libros no empiezan hasta después de la página 10 u 11. Propongo pasar a la página 70 cuando esto ocurra, o cambiar de libro (¿tal vez el séptimo libro de la siguiente balda de la estantería?).

¡Alerta!: Tened cuidado y no llevéis demasiado lejos lo de usar el número siete de setecientas maneras y combinaciones distintas en vuestros textos. Los números tienen poder, y luego acabáis abriendo portales interdimensionales sin daros cuenta y nos toca pelear (¡otra vez!) contra bichos sobretentaculados del tamaño de un rascacielos. Godzilla ya va viejo para esto, pobre.

8. Alberto Chimal: Escribe tu sueño

Encontré más ejercicios literarios en la web del escritor Alberto Chimal, pero la mayoría no me llamaban mucho la atención, tal vez porque no son lo bastante extravagantes para mí (si es que existe siquiera algo lo bastante extravagante para mí). Pero estoy muy de acuerdo con él en uno de los puntos que propone: escribir los sueños. Es algo que he hecho con frecuencia y los resultados son muy llamativos. Chimal propone hacer lo siguiente:

Escribir en tercera o en primera persona un sueño que se haya tenido. Mientras más extraño el sueño, mejor. No se trata de interpretarlo: simplemente hay que relatar los sucesos raros, y a veces imposibles, que se pueden experimentar cuando se sueña. Éste es otro paso importante: sirve para empezar a contar cosas que no sucedieron, es decir, a escribir ficción.

Aunque no sigas al pie de la letra el ejercicio propuesto, apuntar lo que sueñas siempre ayuda a ir sumando a ese gran banco de ideas sobre las que escribir (y cuanto más agites y mezcles las ideas en ese banco, más interesante será el resultado). Es en nuestro subconsciente donde se forman las asociaciones más extrañas y originales, es solo cuestión de saber aprovecharlo. Con esto me divertí especialmente al escribir El fin de los sueños: hay una escena en concreto que está sacada de un sueño que tuve cuando era una niña. El sueño se quedó clavado en mi memoria (tal vez lo conté o lo apunté, por eso lo recuerdo) y desde entonces estaba rabiando por salir. Por sí solo no es nada especial, pero, al ser tan vívido, recuerdo tan bien las sensaciones que me produjo (tacto, olores, temperatura, etc.), que pude narrarlo de una manera mucho más intensa que de haberlo tenido solo en mi imaginación.

Editando: Alberto nos ha dejado dos enlaces muy buenos: uno al libro al que pertenece este ejercicio (que además se puede descargar de forma gratuita) y otra al archivo donde podemos encontrar más cositas de interés. ¡Gracias, Alberto!

9. Meredith Sue Willis: Recortar sin piedad

Este ejercicio no dice nada nuevo, y lo atribuyo a la profesora de escritura creativa Meredith Sue Willis como podría atribuirlo a un editor de Stephen King o a mil profesionales del tema que lo han sacado a colación. Pero sigue siendo igual de importante y eficiente que siempre. Es un ejercicio de revisión, pero también ayuda a reconocer nuestros excesos a la hora de escribir. Consiste en lo siguiente:

Take a piece (an essay, a chapter, a scene) that you think is pretty close to finished. Copy it to a new file, or a new sheet of paper (however you like to work). Do a word count, and then cut away one quarter of the words. Yes, cut your precious work until it is only three-quarters of what it was.

Dare you try again and bring it down by one-third? Is one-half a possibility?

Sometimes an arbitrary assignment like this will help you tighten. You are forced to make choices, lose some adjectives and adverbs, move closer to the heart of what you have to say.

(Coge un texto [un ensayo, un capítulo, una escena] que creas que está ya casi terminado. Cópialo a un documento nuevo o a una hoja limpia de papel [según como te guste trabajar]. Cuenta las palabras que tienes y luego elimina una cuarta parte de esas palabras. Sí, recorta tu precioso trabajo hasta que solo queden tres cuartos de lo que era. ¿Te atreves a intentarlo de nuevo y recortarle otro tercio? ¿Y dejarlo a la mitad?).

Esto es duro pero necesario. Aprendes a utilizar las formas precisas, a eliminar lo superfluo, cuando no tienes más remedio. ¡Fuera esos adjetivos adorados! ¡Fuera esas subordinadas que no terminan nunca! Mira tu texto ahora, mira ese esqueleto triste que te mira, tiritando. Dale un adjetivo, solo uno, para que se tape un poco. Bueno, venga, otro más.

¿Has visto qué sexy te ha quedado?

Casi todos los escritores escribimos de más. Escribimos del tirón, gustándonos, queriendo utilizar todas las palabras del diccionario, de la forma más rocambolesca y perifrástica posible. En cualquier revisión debemos intentar simplificar y recortar algo, pero un ejercicio así de brutal puede ayudarnos a entender, mejor que nunca, qué es estrictamente necesario para comunicarnos con eficiencia y con densidad, y qué no. Seamos más conceptistas (cargando cada frase y palabra de sentido, haciendo que cada vocablo cuente) que culteranos, locos por enseñarle al mundo cuántos sabemos.

10. Jeff Nunokawa: Recortes literarios en Facebook

El método de Nunokawa (que leí en la página de Jane Friedman) me gusta porque me recuerda a mis recortes de los viernes, donde reflexiono sobre cosillas que he leído durante la semana y que me han llamado la atención por inteligentes, curiosas o simplemente bonitas. Jeff trabaja de la siguiente manera (cita de un artículo del New Yorker):

Nunokawa typically takes a literary quotation—Edmund Spenser, James Merrill, Joni Mitchell—and elaborates upon it, sometimes for a line, sometimes for a paragraph or two. Nunokawa’s notes are meditations: half literary-critical, half confessional. He writes one a day. “I write as soon as I wake up, because that is when I am most alert and most anguished,” he said. “Each one takes between twenty minutes and four hours to write.

(Nunokawa suele coger una cita literaria —Edmund Spenser, James Merrill, Joni Mitchell— y reflexiona sobre ella, a veces con solo una línea, a veces con uno o dos párrafos. Las notas de Nunokawa son meditaciones: medio literario-críticas, medio confidenciales. Escribe una al día. “Escribo en cuanto me levanto, porque es entonces cuando estoy más alerta y con mayor angustia —dice él—. Cada nota me lleva entre veinte minutos y cuatro horas”).

Nada nos da más ideas que leer textos escritos por otros, sobre todo si son buenos textos. Pero el acto de reflexionar, darle vueltas al texto, es incluso mejor: nos ayuda a entender mejor la técnica, la intención y el arte que hay detrás; y esos tres elementos son aplicables, cómo no, a nuestro propio acto creativo. No digo que llenéis vuestro Facebook a diario con este tipo de cosas, pero no está mal dedicar a veces las redes sociales o los blogs a compartir con los demás las emociones, ideas y demás que se despiertan en nosotros cuando leemos algo que nos ha hecho detenernos, aunque sea un momento, a sentir y a pensar. Cada vez es más frecuente leer rápido, con prisa por terminar, por añadir otro “leído” a la estantería de Goodreads o a nuestro récord personal de tareas completas. Pero el slow reading, esa lectura con amor e intensidad, es siempre una experiencia mucho más fructífera.

Me detengo aquí, aunque podría seguir. Ejercicios ya sabéis que los hay a montones. Diría que estos son útiles, entretenidos y reveladores. También diría que todos estos ejercicios son más divertidos si se hacen con otros escritores (comparar luego los resultados puede ser sorprendente y muy educativo). Así que si tienes un taller, un club, un grupo, una tertulia o simplemente un amiguete aficionado con el que te comunicas por email, no tienes más que compartir alguna de estas actividades con ellos y ver qué resulta.

Pero cuidado. A ver si os va a gustar y le vais a dar a esto de escribir en serio.

No seáis locos. Huid, que todavía estáis a tiempo.


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Desafío 30 díasescribirescribir sin excusasescritoresescritura

Desafío de diciembre, escribir sin excusas. Conclusiones y desafío de enero.

diciembre 31, 2012 — by Gabriella13

Ayer se cumplió el último día del desafío de 30 días Escribir sin excusas. Es decir, ayer hice mi día 30 de escribir un mínimo de 200 palabras diarias. Un mes de escribir sin parar.