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La magia de escribir por capas

febrero 17, 2020 — by Gabriella10

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“No hay reglas en la escritura” es una de esas frases paradoja que amenazan con desestabilizar el continuo espaciotemporal.

“No hay reglas en la escritura” es la sentencia de Shrödinger, porque es cierta y falsa a la vez.

Es falsa, porque por supuesto que hay reglas en la escritura. Si no seguimos ciertos consensos, la comunicación efectiva es imposible. Si yo decido que el orden natural de la oración no sirve de nada, frases escribiré complicadas y empero comprenderme difícil a lo borracho Yoda me tendréis.

escribir por capas
En -mente tus amigos adverbios no son. Gerundios los sobran veces muchas. Innecesario barroquismo evitar conviene. Cerveza otra ahora me pedirás.

Pero a la vez es cierta y verdadera esa sentencia, porque algunas de las mejores obras literarias se han creado lanzando las reglas y las normativas y lo preconcebido por la ventana. Porque muchas reglas no son realmente reglas básicas de comunicación, sino acuerdos sociales y culturales que tal vez no son tan necesarios como creíamos.

La solución a esta paradoja terrible ya la conoceréis: puedes romper las reglas, pero para que eso funcione y consigas comunicarte con tu lector, debes entender muy bien por qué estaban esas reglas para empezar. Ese es un fallo muy común en autores que empiezan: quieren ser revolucionarios sin entender del todo contra qué se rebelan.

¿Por qué tanto rollo sobre reglas, Gabriella?

Hablo de reglas en la escritura porque algunas son más o menos fijas, como las reglas de ortografía o de gramática, pero otras son meros inventos que alguien se sacó del trasero para poder escribir otro artículo en un blog de escritura.

Hoy quiero hablar de escribir por capas. No es una regla, nadie tiene por qué escribir así. Es solo un recurso, una herramienta más en nuestro arsenal amplio de escritura, como el método de las 30 escenas o del copo de nieve, con quienes tiene mucho en común, de hecho.

escribir por capas
O el método del cuádruple trampolín con bucle inverso, glosas en pavo real y verbos de la voz media, pero ese es secretísimo y tienes que ser escritor de nivel 40 para desbloquearlo

Lo mejor de la escritura por capas es que sirve para un montón de cosas. Yo voy a hablar de las tres que considero mejores y tú ya eliges lo que más te interese (o regresas a tareas más útiles e interesantes, como Netflix o la cría de cabras o las rayas de polvo de oro que te estabas haciendo sobre el pecho desnudo de una groupie fervorosa[1]):

  1. La escritura por capas sirve para escribir artículos
  2. También sirve para escribir a cuatro manos
  3. Y escribir por capas es genial si escribes de más o de menos

Escribir por capas para crear artículos atractivos

Esto lo encontré en un email de la lista de correo de Jon Acuff (si habláis inglés os la recomiendo mucho, tiene una lista para escritores que está muy bien). Acuff tiene un blog popular dedicado a emprendedores y ha publicado un número nada desdeñable de artículos. Con el tiempo se ha dado cuenta de cuáles son sus limitaciones y defectos, una sabiduría que todos los escritores deberíamos emular.

Para lidiar con dichos defectos y sacar el máximo partido a sus textos, desarrolló una escritura por capas muy peculiar, que sigue el siguiente orden:

  1. Concepto
  2. Sé positivo
  3. Humor
  4. Acción
  5. Palabras

Veamos cómo funciona esa lista tan curiosa.

El proceso de escribir por capas para Jon Acuff

Primero, Acuff crea el concepto, un borrador muy básico de lo que quiere contar. Como sabe que tiende a ser algo negativo cuando escribe y eso no es algo atractivo ni útil para el tipo de mensaje y público que busca[2], trabaja sobre su borrador eliminando comentarios cínicos o sarcásticos e intentando dar una perspectiva más positiva y optimista a su texto. Luego añade una buena dosis de humor.

escribir por capas
Esta parte en la que describo en gran detalle cómo maté a mi suegra y ofrecí su corazón fresco a una divinidad primigenia mejor la quito, que no la veo para mi público objetivo

Todo buen blog debería tener ideas que no son solo eso, ideas, sino cuestiones que puedan ser prácticas, aplicables, así que Acuff luego añade una capa de “acción”, en la que se asegura que su texto contiene propuestas factibles, que puedan ser llevadas a cabo. Apunto que esto de la acción es lo que hace que un artículo pase de “uno más en la pila de Feedly o Instapaper” a “algo que realmente sirve de algo”.

Finalmente, Acuff se centra en las palabras. ¿Está usando las palabras adecuadas para transmitir su mensaje? ¿Son las palabras óptimas para cada frase? Es aquí donde su artículo obtiene su pulido final.

Escribir por capas en tus artículos funciona

Mi proceso es similar al de Acuff. Comienzo con un borrador rápido, luego reescribo y reduzco (sí, por increíble que parezca, mis borradores son más largos que mis artículos publicados). Tiendo a eliminar partes que consisten en lamentos variados, quejas y narraciones de cosas horriblemente personales (de nuevo, mientras me lamento), porque soy consciente de que mis berrinches no aportan nada a mi público (ni a mí, de hecho).

Y sí, luego añado humor. Estos chistes horribles no salen solos. De hecho, creo que tardo más en encontrar las imágenes y comentarios adecuados para mis pies de imagen que en escribir los artículos en sí.

escribir por capas
Yo, intentando encajar un chiste. Nueve de cada diez veces todo acaba desparramado por el suelo, ahogado en el charco profundo de mis lágrimas de frustración y desaliento.

También es importante para mí que el artículo sea práctico. Y luego llega el repaso final.

Este proceso no tiene por qué ser el tuyo, porque a lo mejor buscas otro tono o tu objetivo es otro. Si tienes un blog de teorización filosófica (suerte con eso), a lo mejor la parte de acción no te funciona. O si tienes un blog muy técnico o científico, te puedes saltar lo del humor, o sustituirlo por credibilidad, profesionalidad, impacto, drama… lo que mejor pegue con tus objetivos y tu público.

La idea es que tú eliges los principios de cada capa, pero funcionan como lista de verificación para tus textos y te otorgan una coherencia, un estilo propio y reconocible.

Pero esto se refiere sobre todo a no ficción. ¿Qué ocurre con la ficción?

El uso de las capas para escribir a cuatro manos

Todo esto que hacemos algunos locos de escribir cosas a medias parece despertar la curiosidad de los lectores. Sin duda es la pregunta que más nos hacen a José Antonio y a mí: ¿cómo es escribir a cuatro manos?

Esta no es una pregunta fácil de responder, porque se trata de un proceso que ha ido cambiando a lo largo del tiempo, que ha pasado por varias fases y por una optimización constante (puedes ver parte de ese proceso aquí, aunque ese artículo es de hace unos años y no está actualizado con nuestra actividad más reciente). El sistema que hemos usado en nuestros últimos trabajos es el que mejor nos ha funcionado, y consiste en, precisamente, escribir por capas. Me consta, además, que no somos los únicos que lo usamos: Fer Alcalá y Geo Costa, por ejemplo, nos contaron que utilizaron un proceso similar para su trilogía La segunda revolución.

Ojo: este sistema solo funciona si escribes con otra persona creando una sola voz para todo el texto. Si cada autor escribe una parte o desde una perspectiva diferente (como hacen, por ejemplo, Iria G. Parente y Selene M. Pascual), esto no tiene mucho sentido. Hay muchas formas de escribir a cuatro manos; el objetivo de este proceso concreto por capas es crear un estilo único, donde no sea posible distinguir la escritura de cada uno de los partícipes.

Cómo funciona

El proceso es sencillo, ¡pero laborioso!

  1. Tenemos dos escritores, A y B.
  2. Partimos de que A y B ya tienen claro su plan, la estructura o esquema del libro que van a escribir.
  3. A y B hablan de qué va a pasar en su primer capítulo.
  4. A escribe una sinopsis corta de dicho capítulo. Es recomendable que incluya además datos relevantes del entorno: el tiempo que hace, la fecha/hora, nombres y aspecto físico de personajes, etc. Esto ayuda a situar la escena y a mantener la coherencia.
  5. B crea un borrador del capítulo basado en esa sinopsis. B marca en amarillo (o en el color que le dé la gana) las cosas que NO quiere que A cambie sin consultar. Eso último es… ejem… importante.
  6. A reescribe sobre ese borrador, cambia frases, mete detalles, modifica incoherencias, etc. Marca a su vez en algún otro color lo que no quiere que B cambie.
  7. B da un último pulido al texto.
  8. Si A no está plenamente conforme con el resultado, le da otro pulido más.
  9. Ad infinitum.

En teoría, el texto estaría listo en cuatro capas. En teoría… porque nosotros a veces hacíamos ocho o diez, pero eso es porque somos nosotros. Realmente puedes seguir dando vueltas al texto hasta que lo odies con todas tus fuerzas.

El proceso puede seguir siempre el mismo orden (la sinopsis la escribe siempre A) o podéis turnaros (en el primer capítulo la sinopsis la escribe A; en el segundo la escribe B; en el tercero, A; etc.).

El proceso puede ser lento, pero lo bueno es que generalmente el texto queda tan acabado que luego solo queda dar una última revisión rápida, arreglar cabos sueltos, etc., antes de tener un manuscrito acabado. Evidentemente, tendréis que decidir a qué altura del proceso mandaréis la obra a vuestros lectores cero.

—Le hemos dado ya 19 capas y media, y creemos que está casi perfecto. ¿Cuál es vuestra opinión experta?
—Opinamos que tienes que matar al protagonista, cambiar el nombre de todos los secundarios y ambientarlo en una playa caribeña del siglo XXXI.
—Oh, vaya.

Hala, ya he contado nuestro secreto más sagrado, que es cómo escribimos. De nada. En otro artículo ya os paso los números PIN de nuestros móviles y cuentas bancarias.

Vamos al tercer sistema de escritura por capas.

Cómo arreglar tu texto cuando escribes de más… o cuando escribes de menos

Uno de los problemas más comunes de los que escriben es que trabajan con la extensión equivocada.

Si eres de esas personas que siempre se pasa del número de palabras permitido en los concursos o si eres de esas personas que parece que nunca llega al mínimo, bienvenido a un conjunto bastante llenito de escritores.

Y es que para decir lo mismo algunos tienden a enrollarse, a escribir de más y otros, como servidora, escribimos de menos.

Sí, ¡yo escribo de menos! Veréis: en un artículo es fácil escribir mucho cuando te apasiona el tema y quieres que quede bien clarito, que no haya lugar para el error. Pero la ficción es distinta: una vez has contado qué ocurre, ¿qué hay de todo lo demás?

Presenté varias soluciones a estos dos problemas en un artículo para la lista de correo (os recuerdo que si queréis recibir emails de este tipo solo tenéis que apuntaros aquí). También hay un artículo muy completo de Diana P. Morales al respecto. Pero creo que podemos encarar todo este tema con el estupendísimo sistema de capas.

Cómo funciona si escribes de más:

  • Primera capa: Escribes tu borrador. Sabes que a tu borrador le sobran muchas palabras, pero no te preocupes ahora por eso. Expláyate todo lo que quieras o más. Quédate a gusto; que no quede ni una palabra por vomitar, vaya a ser que se te enquiste.
  • Segunda capa: Fíjate en tu borrador. ¿Qué frases no aportan nada a la acción? ¿Qué cosas no hacen que tu texto avance? Mete tijera sin clemencia.
  • Tercera capa: Examina cómo funciona tu estilo. ¿Abusas de perífrasis, explicas demasiado cosas que podrían decirse en muchas menos palabras? Busca palabras de relleno. ¿Son necesarios todos esos verbos tan largos? ¿Sirven de algo tantos adjetivos? ¿Y todos esos adverbios en -mente?
  • Cuarta capa: Imagina, como decía Neil Gaiman, que tienes que pagar por cada palabra que escribes. ¿Cómo reducirías el coste a algo más manejable?
  • Quinta capa: Rellena. Sí, parece de locos, pero al recortar te darás cuenta de en qué huecos te faltan cosas. Escribir de más no significa solo escribir de más: muchas veces nos pasamos con lo innecesario y no nos damos cuenta de que no estamos contando lo más importante. ¡Escribir de más a veces es una forma de procrastinación, incluso de pereza! En esta capa, al haber quitado ya todo lo accesorio, encontrarás qué ausencia te está gritando para que el texto cobre pleno sentido.

Ojo: Muchas veces escribir de más se debe a una falta de planificación (tendemos a irnos por las ramas si no sabemos qué queremos escribir). Aunque seas autor de brújula, plantéate planificar un poco más tus textos, aunque solo sea con una breve sinopsis de qué vas a contar al principio de cada sesión de escritura. Luego siempre puedes saltarte esa sinopsis como quieras, pero sirve como guía a la que regresar si empiezas con demasiados meandros y desvíos.

Cómo funciona si escribes de menos:

  • Primera capa: Escribes tu borrador. Sabes que a tu borrador le van a faltar muchas palabras, pero no te preocupes ahora por eso. Puedes ser todo lo sucinto y preciso que quieras. Como si escribes una sinopsis o esquema en vez de un borrador completo: tienes permiso para ser matemáticamente compendioso.
  • Segunda capa: Fíjate en tu borrador. ¿Qué frases puedes añadir para explicar mejor lo que está ocurriendo? Piensa en el entorno y en los cinco sentidos: ¿qué ven, oyen, huelen, tocan tus personajes? ¿Qué están pensando, recordando o sintiendo? Piensa en el mundo que estás creando, ¿hay algún dato que puedas dar sobre este que resulte natural, que no parezca forzado? En lo posible, procura mostrar, no contar (pero a veces hay que contar y se cuenta y no pasa nada).
  • Tercera capa: Si sigues atascado y te falta “relleno”, usa el poder de lo aleatorio. Usa listas de palabras aleatorias o imágenes aleatorias y oblígate a insertar estas palabras o detalles en tu texto de algún modo. Esto puede parecer extraño, pero os prometo por la vida de Lechuguita, mi peluche más cascarrabias, que funciona. Palabrita.
  • Cuarta capa: Ahora recorta. Sí, recorta. Porque al meter tanto relleno te habrás pasado o habrás forzado algo, con toda seguridad. Lo curioso es que al recortar te darás cuenta de que recortas bastante del texto original, ese que te parecía que contaba lo más importante. Tu resultado será una combinación estupenda de lo estrictamente necesario con lo agradablemente descriptivo.

Ojo: No siempre es necesario añadir por añadir y aquí entra un poco ese concepto equivocado de qué es “escribir bien”. Hay estilos maravillosos muy sencillos en apariencia: añadir florituras y rebuscamientos barrocos no hace que tu texto sea mejor. Añade solo aquello que aporta algo a la narración.

Perdona, Gabriella, ¿me estás diciendo que estas 18 páginas de taxonomía floral del satélite de uno de los planetas de un sistema solar que ni siquiera es el de mis protagonistas NO SON ESTRICTAMENTE NECESARIAS?

En mi experiencia, es más común encontrar escritores que se pasan de palabras: es un problema muy habitual cuando empezamos y nos gustamos mucho escribiendo. Asociamos un exceso descriptivo a buena literatura. Dicho esto, porque tu texto se componga solo de diálogo y cuatro pinceladas descriptivas no quiere decir que seas un genio impresionista. Recordemos que para definir las limitaciones de nuestro estilo es muy fantástico recibir una buena retroalimentación.

La capa definitiva que te saca de atolladeros

He tardado en traeros este artículo porque me pasé tres semanas escribiendo otra cosa. Un post muy largo, tedioso y lleno de información redundante que no sé por qué me empeñaba en desarrollar. Maldito sesgo de pérdida: cuanto más avanzaba con ese desastre, más difícil era abandonar el barco.

Pero si quería salir adelante, debía tirarme por la borda. Mandar a tomar por saco ese artículo estúpido y largo.

A veces escribir de más es una carga. A veces escribir de menos es un problema. Pero las capas ayudan. Porque al final hay una capa muy importante y es la siguiente:

¿Sirve de algo lo que estoy escribiendo, comunica algo importante, relevante o realmente hermoso a mis lectores?

Si la respuesta es no, es hora de matar a tus queridos, al más puro estilo Stephen King, y cargarte cinco mil palabras. O las que hagan falta.

Es muy doloroso, porque esas palabras fueron difíciles. Llevaron tiempo y energía. Pero prometo que no es imposible.

Si yo puedo hacerlo, vosotros también podéis.

Para vosotros, que sois mucho más inteligentes, guapos y espabilados que servidora, esto es pan comido.


Notas:

[1] ¿Qué? ¿Vosotros no tenéis de esto?

[2] Acuff parte de la filosofía de que nuestras redes están tan llenas de negatividad y que esto influye tanto en nuestro ánimo que él quiere darnos algo un poquito más amable. Se dedica, por ejemplo, a mencionar empresas desde su cuenta de Twitter cuando se portan especialmente bien o hacen algo con extrema eficiencia (en vez de las clásicas menciones que usamos todos para cagarnos en los muertos[3] de las empresas que nos tratan mal). En serio, si tenéis un mal día, seguid a este tipo en Twitter.

[3] Nota para mis amigos de allá los mares: cagarnos en los muertos = acordarnos de manera poco educada de todos los miembros ya fallecidos de su familia.

Más información:

Cómo sobrevivir a la escritura
Si lo quieres con tu nombre dedicado con plumilla (o con el nombre de otra persona, si lo quieres para regalar), puedes adquirir el libro en nuestra tienda de Lo extraño y lo maravilloso.

Créditos:

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Cómo escribir mejor en mucho menos tiempo

enero 20, 2020 — by Gabriella10

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¿Os acordáis de Dilbert?

Los que nacisteis en los ochenta lo recordaréis. En España se conocía menos, pero fue todo un fenómeno en el mundo angloparlante. Dilbert era una viñeta sobre un pobre empleado explotado, en un entorno de oficina surrealista.

Dilbert fue la obra que llevó a la fama a su autor, Scott Adams. Aparte de ser una de las viñetas más conocidas del mundo, se convirtió en dibujo animado, merchandising y miles de cosas más.

Su autor además publicaba un blog con sus reflexiones, debajo de la viñeta de cada día. Era la época de la burbuja bloguera, y Adams se convirtió, también, en un ensayista de éxito, un superventas de no ficción que a día de hoy sigue arrasando… te gusten o no sus ideas.

escribir mejor en mucho menos tiempo
Unos señores cualesquiera, preparándose para acceder a la cuenta de Twitter de Adams

Adams nunca fue un gran dibujante. Sus imágenes eran sencillas y carentes de dinamismo. La popularidad de su personaje estribaba en el zeitgeist de su época (cuando tantos empleados sufrían experiencias similares a las que Adams describía), en el patetismo de sus personajes, tan incapaces de modificar su situación, y en el ingenio de su diálogo.

Adams no triunfó como dibujante (aunque su dibujo sirve bien a su escritura), sino como autor. Y me gustaría contaros cómo obtuvo su éxito, cómo pasó de ser un viñetista aficionado a un escritor triunfante, porque es una historia estupenda.

Pero primero hablemos de cómo aprendemos a escribir.

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Siete técnicas reales para escribir todos los días

octubre 30, 2019 — by Gabriella8

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Sé muy bien lo que estáis pensando: ¿Gabriella está hablando de hábitos OTRA VEZ?

Algunos. Otros estáis pensando en cosas mucho más importantes, y, por mucho que me gustaría, todavía no puedo obligaros a pensar en mi blog durante todas vuestras horas despiertas.

(Todavía).

Mientras, hablemos de hábitos. Sí, otra vez.

Sabéis que defiendo la escritura diaria. Ninguna regla es perfecta para todo el mundo, pero “escribe todos los días” es la regla que, por lo que he podido ver, mejor funciona para los escritores que conozco.

Como dice la escritora de fantasía Mercedes Lackey, escribir es como hacer ejercicio:

cómo escribir todos los días

¿Qué conlleva y cómo es escribir un libro?

Disciplina. Debes sentarte absolutamente todos los días y llegar a tus metas de escritura diarias. Es exactamente como el ejercicio: si lo dejas un día es mucho mas fácil dejarlo al siguiente, y al siguiente y al siguiente.

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Cómo utilizar el SAR para escribir más y mejor

septiembre 18, 2019 — by Gabriella8

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Imagina que te compras un coche, porque tienes dinero, sabes conducir y decides que tú también tienes derecho a moverte a velocidades inauditas mientras escuchas la lista de trap más reciente de Spotify y navegas entre pliegues no euclidianos de espacio-tiempo. Como persona que no tiene coche, asumo que estas son las razones por las que la gente se compra vehículos; corregidme por favor si me equivoco.

Y entonces ocurre. Es un fenómeno conocido: te has comprado un coche y de repente ves ese modelo de automóvil por todas partes, donde antes jamás lo habías visto. En el aparcamiento del supermercado, por la autovía, entre tus amigos y vecinos, en el cajón de la cocina…

¿Es que de repente el universo se ha confabulado para llenarse de un modelo de vehículo? ¿Es que Subrepticia, diosa de lo absurdo y de los fallos idiotas en Matrix, ha decidido reírse de ti? En absoluto. Lo que estás experimentando es el funcionamiento de tu SAR (sistema de activación reticular para los que ni sabíamos que esto existía). Además, Subrepticia solo se ríe de la gente de la Tierra en domingo, a las tres y cinco de la tarde hora peninsular.

Soy furtiva, hermosa y con un gran sentido del humor. No entiendo por qué no me habla nadie en el Olimpo.

¿Cómo funciona el SAR?

El SAR es un grupito de circuitos neuronales, una parte muy antigua de nuestro cerebro, que, básicamente, nos permite sobrevivir, aunque también puede ser un poquito malaje. Además de regular la transición entre sueño y vigilia, el SAR nos permite estar atentos a determinadas cosas por encima de otras. Es un maestro a la hora de enfocar en lo que es importante para nuestra supervivencia.

El pobre está un poco anticuado, eso sí, y en vez de fijarse en tigres diente de sable que acechan tras unos árboles, que de eso tenemos poco ahora, va y se fija en el trol purulento que viene a despotricar contra tu libro. Libro que, por supuesto, el trol ni siquiera se ha leído. Porque el trol está borracho (de poder y vino de mesa del Lidl), pero tú sientes crecer la ira, la desesperación, el síndrome del impostor y los siete males. En cierto modo, le debemos al SAR un montón de sesgos cognitivos.

Pensad en todos los estímulos que recibimos a lo largo de un día completo y entenderéis que necesitamos al SAR para filtrar la inmensa cantidad de información que nos rodea en cada momento. No podemos quedarnos con tantísimos datos, así que el SAR nos ayuda a procesar solo lo que es de interés para nosotros. Es la razón por la que puedes estar metido en una conversación en una fiesta ruidosa, pero reconoces tu nombre en boca de alguien en la otra punta de la habitación. Es la razón por la que una madre puede reconocer el llanto de su bebé desde lejos o por qué yo sé de inmediato cuándo Ebo se ha encontrado con otro gato en el jardín, por muy ocupada que esté trabajando, leyendo o viendo Legión.

¿Por qué no está TODO EL MUNDO viendo Legión?

Otras cositas interesantes que hace el SAR

También funciona para validar tu propia identidad y creencias. Esto es, prestarás más atención a un titular que encaja con tu visión del mundo; estarás dispuesto a creer un cumplido o un insulto si encajan con la visión que tienes de ti mismo. De nuevo, esto puede ser positivo (ahorra tiempo y energía, refuerza sistemas constructivos) o muy negativo (nos ciega a otros puntos de vista, refuerza sistemas destructivos).

El SAR alimenta nuestras creencias y nuestras creencias nos dan forma. Si crees que eres un gran conferenciante, probablemente lo serás: tu comportamiento se ajustará a ello, buscarás información sobre cómo dar buenas conferencias, tendrás confianza sobre el escenario. Si crees que eres una persona fea, no hay espejo bien iluminado de H&M ni premio de belleza internacional que te pueda convencer de lo contrario. El SAR no solo filtra la información, sino que acaba influyendo en nuestras acciones.

Es por esto por lo que hay muchísima información, más o menos rigurosa, destinada a intentar manipular este sistema. ¿Podemos usar el SAR en nuestro beneficio? Si le digo al espejo diez veces al día que soy hermosa, ¿acabaré influyendo en ese filtro? ¿Acabará el SAR dándome solo información sobre lo hermosa que soy?

ADVERTENCIA: Este blog no se responsabiliza del uso de técnicas de manipulación del SAR en conjunción con espejos mágicos. Solicitar información sobre tu hermosura a un espejo mágico te proporciona un bonus de +10 a SAR, pero también una penalización de -10 al asesinato exitoso de rivales y un -20 en fiabilidad de cazadores a tu servicio.

Lo bueno es que también consigues un +50 a explotación de minería local, así que a la larga a lo mejor te compensa.

Esto conduce, por desgracia, a una gran cantidad de pensamiento mágico. La famosa “ley de la atracción” es tal vez la representación más popular de un intento burdo de manipular el SAR. Si quieres algo con la suficiente fuerza, el universo conspirará para concedértelo y toda esa patraña.

Aun así, la ley de la atracción da con un punto importante: aquello donde enfocamos nuestra atención es crucial. Si nosotros “alimentamos” al SAR con datos claros y coherentes sobre lo que deseamos y necesitamos, este aplicará su filtro. Y este filtro nos permitirá acceso a información que en otras circunstancias se nos habría pasado por alto.

¿Puede ayudarnos el SAR a alcanzar nuestras metas?

Hay un problema con todo esto que no se suele tener en consideración, que es que a la hora de pedir al SAR que enfoque su atención en un solo elemento, estamos dejando de lado otros elementos. Nuestro poder de filtro y concentración es limitado. Por esto siempre digo que todo es cuestión de prioridades. Si te repites a ti mismo cien veces cada día que vas a perder peso, que haces ejercicio todos los días, que escribes 10000 palabras a diario, que quieres una relación apasionada con un señor alto y moreno, que quieres viajar a Venecia, Nepal y Groenlandia, y que serás un virtuoso del violín, lo que vas a tener es un cacao que no lleve a ninguna parte. En el caso concreto de la escritura, cada meta que tengas es un filtro de enfoque que estás retirando de otras metas e información.

Y, por supuesto, está el problema más obvio, la mayor crítica que se realiza a la ley de la atracción: puedes imaginarte durante una hora entera con un cuerpo esbelto, pero si sigues poniéndote hasta el culo de pasteles de chocolate mojados en Baileys, esto probablemente no pasará nunca. Nada es gratuito: el SAR nos da la información y además nos proporciona ideas y oportunidades que se nos habrían pasado por alto, pero no hace dieta por nosotros, ni se pone las zapatillas y sale a correr.

—¿Hoy no sales a correr, cariño?
—Ná, tranquilo, me lo imagino un rato y ya conspira el universo por mí.

Puede ayudar a nuestra disciplina el pensar constantemente en algo, pero no es determinante. Para ello es necesario un sistema y hay muchas herramientas que podemos elegir: podemos implementar hábitos, crear un compromiso público, modificar el entorno en nuestro beneficio… todos esos medios de los que tanto he hablado en el blog.

A eso voy: poner tu meta de escritura en un papel, por ejemplo, no te hará alcanzarla automáticamente. Y además hay personas que no funcionan bien con la presión de una meta, sino que responden mejor a la creación de rutinas diarias. Pero la cuestión es que si informas al SAR de que quieres algo, le estás dando la oportunidad de filtrar información en tu beneficio. Hay muchas formas de enfocar esto, desde la simple escritura diaria de una meta a la visualización compleja que utilizaba Michael Phelps para preparar sus carreras olímpicas(1). Aquí hay un ejemplo de Tobias van Schneider, que tiene un buen artículo sobre todo este tema; su proceso recomendado sería el siguiente:

  1. Primero, piensa en la meta o en la situación en la que quieres influir.
  2. Ahora piensa en la experiencia o resultado que quieres alcanzar en relación con esa meta o situación.
  3. Crea una “película” mental de cómo te imaginas que esa meta/situación podría suceder en el futuro. Fíjate en los sonidos, conversaciones, imágenes y detalles de esta película mental. Reprodúcela a menudo en tu cabeza.

En el caso ya mencionado de Phelps, este reproducía esa película mental cada vez que entrenaba. Así, cuando competía, solo era cuestión de volver a meter esa “cinta de vídeo” en el reproductor de su cabeza. Esto tiene múltiples ventajas: reduce el impacto de nuestro enfoque consciente en un momento en que deberíamos estar usando las rutinas implementadas en otra parte más automática de nuestro cerebro, determinado por el hábito; nos tranquiliza y reduce las posibilidades de meter la pata por estrés y, por supuesto, aprovecha el filtro constante que el SAR ha estado aplicando en nuestra práctica: todos los recursos posibles se dedican a la consecución de esta meta tan conocida para nosotros.

Métodos más sencillos, para escritores

Insisto en que hay muchas formas de hacer esto, aunque sin duda la de la cinta de vídeo será ideal para rutinas complejas como nadar en las Olimpíadas. Para cuestiones más sencillas como, simplemente, vencer a la procrastinación y obligarse a escribir, pueden servir también otros métodos, como la Big List o lista grande de la que habla el propio Van Schneider: una lista con sus metas principales, que lleva en el bolsillo y que mira de forma periódica. Y esa lista funciona así:

  1. Ten una lista permanente de las metas o cosas que quieras conseguir. Si nunca has hecho una lista de este tipo, empieza escribiendo unos 10 ítems para la lista. Pueden ser metas grandes o pequeñas, no importa.
  2. Esta lista puede ser completamente aleatoria, no hay orden de preferencia ni prioridad. Que sea sencilla: escríbela en papel. La de Van Schneider está en un cuaderno viejo que siempre tiene a mano.
  3. Cada ítem de la lista puede ser muy diferente. Pueden ser serios o absurdos. Piensa y responde con sinceridad: si no hubiera factores de tiempo, dinero, familia y etc., ¿qué te gustaría conseguir o hacer?
  4. Mantén esta lista en privado. Puedes hablar de algunos de los elementos de la lista con tus amigos, pero en general esta lista es lo que Van Schneider llama “tu sucio secreto personal”. Esta es una decisión de Van Schneider; otros insisten en la importancia de compartir tus metas para sentir una presión extra por cumplirlas y no quedar mal con otras personas. Ambas posibilidades tienen sus pros y sus contras: piensa qué suele funcionar mejor para ti.
  5. Cada mes o dos, saca la lista. Léela y decide qué metas ya no te interesan, elimínalas. No te sientas mal por esto: el cambio es bueno.
  6. Mira los demás elementos de la lista y pregúntate: “¿Sirve lo que estoy haciendo ahora, todos los días, para alguna de las metas de esta lista?”. Si la respuesta es afirmativa, continúa. Si es negativa, tendrás que cambiar algo de inmediato.

Esta lista serviría como brújula para tu camino, es cierto, pero no sé si mirarla cada mes o dos sería suficiente para el SAR. Personalmente sospecho que este necesitaría de un recordatorio más frecuente, como mínimo semanal (o, aun mejor, diario).

Los límites del SAR

Todo esto de la nueva psicología de la productividad, el ámbito del desarrollo personal y tantas cuestiones en el margen de las ciencias del comportamiento siempre me producen cierta desconfianza, ya que hay mucho ahí fuera que es meramente intuitivo, basado en conocimientos poco probados o directamente seudocientíficos. Conceptos como la visualización o esa ya mencionada “ley de la atracción” pueden atraer mucha palabrería poco fiable que, al final, no es más que una pérdida de tiempo (y de dinero, en el peor de los casos). A veces es difícil distinguir entre lo que es útil y lo que no es más que charlatanería de autoayuda clásica.

Hola, buenos días, ¿sabían que su salud depende de la positividad subjetiva de los estados de flujo cuánticos? ¿Y que están ustedes a solo cien kilómetros de una centralita wifi?

Por ejemplo, he encontrado numerosas afirmaciones por internet de que hay investigación científica que muestra que el SAR es activado especialmente por la escritura a mano, pero no he conseguido dar con la investigación en sí. Sea o no cierto, desde luego parece lógico: el acto de escribir a mano implica también movimiento muscular, coordinación visual, etc., por lo que es un proceso más complejo y lento que teclear en un móvil y podría dar un indicio al SAR de que lo que estamos haciendo es información relevante.

Esto es lo que sí sabemos: que el SAR se queda con lo que designamos como importante (¡para bien o para mal!) y que eso afecta a la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestras metas. Que posiblemente podamos manipular eso en nuestro favor, y que si lo hacemos escribiendo a mano ya sería ideal (aunque, como hemos visto, el uso de ciertas técnicas de visualización puede ser también muy efectivo).

En resumen: no te cuesta nada coger un cacho de papel ahora mismo y escribir que tendrás una novela terminada para el año que viene (y si pones fecha, mejor).

Pero (y esta es una pregunta sorprendentemente común): ¿qué ocurre si no sabes bien cuáles son tus objetivos?(2) Todo esto no sirve de nada si escribir no es, en realidad, una prioridad sincera para ti. Ya lo dice muy bien Isaac Belmar aquí, que parece que estamos sincronizados y le damos vueltas a las mismas cosas en los mismos momentos:

No importa lo mucho que se repita en voz alta el amor por la escritura, si no pones una palabra tras otra, estás mintiendo.

Puedes intentar engañar a tu SAR, a tu subconsciente y a las uñas de tus pies todo lo que quieras: si la escritura no es una prioridad para ti, encontrarás excusas a la vuelta de cada esquina. ¡Y muchas serán muy válidas, además!

Que lo digo siempre y me repito muchísimo me repito muchísimo me repito muchísimo.

Escribir por afición, porque te gusta, de vez en cuando, es maravilloso. Es ameno, bueno para el cerebro y para la creatividad, y hasta terapéutico.

Escribir para aprender a escribir, para escribir en serio, publicar… ah. Esa es una historia muy diferente.

¿Sabías dónde te estabas metiendo, verdad?



(1) Hay una explicación muy completa de cómo Phelps utilizaba esta técnica como hábito diario básico en el libro El poder de los hábitos, de Charles Duhigg

(2) Si estás en ese estado de confusión tan común de no saber si realmente escribir es una prioridad para ti y cuáles deberían ser tus metas al respecto, estoy preparando un pequeño artículo con un método que a mí me ha ayudado a ver las cosas mucho más claras. Pero solo será para la lista de correo, así que si te interesa leerlo en cuanto salga, tendrás que apuntarte aquí.

Notas personales:

Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

Créditos:

  • Imagen de Subrepticia, una de las diosas menos populares del panteón absurdo gabriellino, por stockfour en Shutterstock.
  • Imagen de reina malvada con técnicas avanzadas de SAR por Nicoleta Ionescu en Shutterstock.
  • Foto de pareja que ha leído demasiado a Paulo Coelho por Prostock-studio en Shutterstock.
  • Imagen de vendedor que ha leído demasiado a Deepak Chopra por Iakov Filimonov en Shutterstock.
  • Imagen de cabecera por optimarc en Shutterstock.

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Cómo convertir ideas mediocres en ideas extraordinarias

agosto 1, 2019 — by Gabriella7

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La inspiración es una amiga falsa, falsísima.

Es tan falsa que a veces te presta libros que ni siquiera son suyos; te dice que ese vestido rosa te queda fatal (cuando en realidad te hace culazo); intenta robarte la cerveza buena mientras tú te distraes en conversaciones profundas sobre la dialéctica socrática con tus colegas.

Cuidado con ella: os digo que no es de fiar.

La inspiración es como un exceso de calimocho a las tres de la mañana: a veces te da muy malas ideas. Ideas que apuntas con emoción para descubrir, varias semanas más tarde, que solo sirven para convertir tu libro en un fanfiction de Crepúsculo.

Yo solo compro Don Simón en botella de cristal, que soy una dama

Que las primeras ideas no son las mejores es algo que todos hemos sufrido. Así que hoy traigo un par de técnicas que funcionan, técnicas que sirven para bucear un poco más en las profundidades del subconsciente y extraer gemas inesperadas.

1. La lista de 100

Esto se lo leí hace poco a Stephen Moore, pero yo ya usaba alguna variante y puedo dar fe de que es estupendo. ¿Para qué quedarte con tu primera idea cuando probablemente la idea brillante esté en el puesto 77 de tu lista?

Y si no escribes esa lista, nunca lo sabrás.

Hay dos maneras de llevar a cabo esta técnica. Puedes hacer:

a) Una lista simple, de ideas independientes, o

b) Una lista continua, de ideas asociadas.

La lista simple

Fácil y eficiente. ¿Buscas una idea? Escribe 100. Esto es harto difícil, pero lo importante es recordar que nadie te está juzgando: vale cualquier cosa. Si estás buscando una idea para la trama de tu novela y escribes “una gran caca de perro”, eso es válido. Seguramente no te servirá de nada, pero al eliminar los filtros de tu mente más seria y racional, dejas paso a la tontería, a la chorrada, a lo extraño y lo maravilloso. Y de lo más profundo de nuestro subconsciente pueden surgir las ideas que necesitamos, porque pueden salir de las restricciones y estructuras que nos imponemos mediante patrones habituales de comportamiento y pensamiento.

Así que tal vez esa caca de perro sea el elemento de trama que necesitabas. Tal vez pisar un buen excremento blando y oloroso sea justo lo que le hacía falta a tu personaje para volverse majara y empezar a asesinar a viandantes con su recortada.

Por ejemplo.

La lista continua

Esta es la lista que propone Moore, que lo explica del modo que yo ahora procedo a explicar explicadamente, si consigo explicarme.

Cómprate una libreta. Moore dice que el tamaño, tipo de rayado o gramaje del papel no importan, pero todos sabemos que eso no es cierto.

Necesitas una de estas

Necesitas también un lápiz, bolígrafo o pluma. Moore repite que da igual lo que uses y me horroriza la ignorancia de este hombre. Es completamente obligatorio usar un Pilot V5, una estilográfica que te haya costado más de 15 euros o una plumilla caligráfica. Si me apuras mucho, mucho, puedes usar un portaminas (pero solo con mina de 0,7) o un lápiz con dibujitos de unicornios (que debe ser B o 2B. El HB es para personas que nunca dejaron el colegio y me batiré en duelo con cualquiera que diga lo contrario*).

Todo lo que se indica a continuación puede hacerse solo con texto, pero es mucho mejor si también haces dibujitos, como Moore:

También autorizo el uso de puntafinas Staedtler o Sakura, cualquier rotulador acuarelable o de punta pincel, y de cualquier objeto que ponga Faber-Castell por algún lado.

Escribe tu idea número uno. Este es tu punto de partida.

Ahora desarrolla esa idea un poco hasta que se convierta en tu idea número dos. Desarrolla a la vez esa idea, cambia, aumenta, ramifica, hasta dar con la idea tres. Es posible que salgan más ideas de aquí; apúntalas a un lado, porque te harán falta más adelante.

Enfoca en un área de la idea tres. A lo mejor has puesto que tu personaje abandona su aldea para convertirse en cantante de reguetón en la capital. Concéntrate en la idea de abandono. ¿Qué deja atrás? ¿Había alguna relación romántica? ¿Algún problema familiar? Expande esos conceptos hasta dar con tus ideas cuatro, cinco y seis. Aumenta los detalles y tendrás tus ideas siete, ocho y nueve. Y así todo. Recuerda: nada es demasiado absurdo ni ridículo.

Excepto esto. Me da igual que intentéis hacerlas elegantes y sexis. LAS RIÑONERAS SON EL TERCER SIGNO DEL APOCALIPSIS Y ME BATIRÉ EN DUELO** CON CUALQUIERA QUE DIGA LO CONTRARIO.

Llegará el momento en que se te agoten las ideas. A lo mejor te gustó mucho la idea 23 y desde entonces solo escribes tonterías. Recupera las ideas que apuntaste al principio a un lado y repite el proceso.

Este sistema trata de agotar todas las posibilidades y de examinar salidas que de otro modo no se te habrían ocurrido. Aguanta. Intenta llegar a 100. Porque a lo mejor en la idea 99 das con el concepto que no solo cambia tu novela, sino toda tu forma de escribir. Y tu vida. Y el universo***.

Esto no tienes por qué hacerlo de una sentada. Pero te animo a terminar los 100. Y si no tienes tiempo o no puedes, intenta hacer por lo menos 20. Te aseguro que merece la pena.

Y si realmente quieres hacer esto bien, coge las dos o tres mejores ideas de tu lista y vuelve a desarrollarlas, siguiendo el mismo proceso. ¡O también puedes combinarlas! Acabarás con un concepto refinado, original y coherente.

Y hablando de combinar…

2. Combina con lo aleatorio

Ya he hablado en este blog del sexo de ideas y de lo bien que funciona mezclar cosas que no parecen tener nada que ver. En este artículo tienes un montón de fórmulas. Pero ¿qué ocurre si añadimos el factor aleatorio?

Sabéis que soy muy fan del poder de lo aleatorio. A veces a nuestro cerebro le hace falta un empujoncito para que salga de lo habitual. Las mejores ideas pueden surgir de una combinación de conceptos que ya tenemos, y si usamos algo extraño, fuera de nuestro ámbito de experiencia, podemos detonar combinaciones inesperadas.

Hay un ejercicio que se hace a veces en empresas con equipos creativos: se trae a un manojo de expertos en cosas muy muy especializadas y cada uno habla durante 5 minutos de su proceso. Es llamativo lo mucho que puede inspirar escuchar cómo se crean unos cordones, cómo se aprende a tocar el violín o quién gobernaba en el siglo XIV en un país diminuto del que apenas has oído hablar. Son cuestiones tan raras y diferentes que disparan conexiones nuevas entre los conocimientos que ya tenemos.

Veamos un ejemplo narrativo

Imagina que estás escribiendo un relato simplón y clásico sobre un chico (llamémoslo Pedro) que intenta conquistar a una chica (llamémosla Laura Angélica de las Mercedes).

Le das al artículo aleatorio de la Wikipedia y te sale el Cristo abrazado a la cruz de El Greco. Para mí lo más interesante de esta obra es que el señor Doménikos (uno de mis pintores favoritos ever, por cierto) hizo varias cuadros sobre este tema, todos muy similares entre sí. ¿Y si Pedro tuviera un superpoder que le permitiera crear versiones diferentes de su cuadro… es decir… de su realidad? ¿Y si Pedro pudiera diseñar y probar cientos de realidades posibles, con cientos de maneras de conquistar a Laura Angélica de las Mercedes? A lo mejor al final Pedro descubre que ninguna funciona; tal vez se queda con la versión en la que sale Lauro Angélico de los Mercados; tal vez Laura Angélica de las Mercedes a su vez diseña cientos de realidades en las que pretende acabar con su acosador (Pedro); puede que tanto juguetear con la realidad despierte a una entidad primigenia controladora del orden de los universos que decide que esto no puede ser y que va siendo hora de comerse a la Tierra.

Sí, mi cerebro funciona así y pido perdón por ello cada día a las personas de mi entorno.

Casperito solo quería dormir la siesta tranquilo, pero esos malditos adolescentes con su ruidosa alteración de realidades sacaban lo peor de él.

No es necesario que tiréis por la fantasía o la ciencia ficción, o que le deis al weird gabriellino (y tampoco lo recomiendo). Pero las herramientas de lo aleatorio producen monstruos insospechados. Lo define muy bien aquí Edward de Bono:

Por definición, una palabra aleatoria no está conectada a ningún tema, así que cualquier palabra funcionaría para cualquier tema. En un sistema pasivo de información, esto no tendría mucho sentido. Pero en un sistema activo (un sistema que reconoce patrones), la palabra aleatoria crea un nuevo punto de entrada. Si trabajamos hacia atrás, partiendo de ese nuevo punto de entrada, aumentamos las posibilidades de usar patrones que nunca habríamos utilizado si hubiéramos trabajado partiendo del ámbito inicial.

Esta técnica de “trabajar hacia atrás” que menciona De Bono en general se conoce como random imput technique (técnica de entrada aleatoria) y suele funcionar mediante este proceso (que he tomado de aquí y adapto para escritores):

Técnica de entrada aleatoria

  1. La inserción de lo aleatorio es un ejercicio que puede realizarse de manera individual o en equipo. Como escritores, es una herramienta de equipo útil si escribimos con otros o si participamos en talleres o clubs de escritura, pero por lo general lo usaremos de modo individual. Debemos empezar con un problema claramente definido (por ejemplo: necesito mejorar mi idea inicial; me hacen falta más personajes; tengo que mejorar a mi protagonista; necesito ampliar mi construcción de mundos; etc.).
  2. Una vez identificamos nuestro problema de base, elegimos un elemento aleatorio. Puede ser una palabra, una frase corta o una imagen (¡o incluso una trama completa!). Para obtener palabras aleatorias puedes usar la sección correspondiente de The Free Dictionary, por ejemplo (o, si no te importa traducir del inglés, watchoutforsnakes). Puedes usar esta web para generar imágenes aleatorias (también tienen una herramienta para generar primeras frases de cuento o novela). Y ya he hablado de la página aleatoria de Wikipedia.
  3. Piensa en las asociaciones y funciones del elemento generado; también puedes usar acepciones y aspectos de este elemento como metáfora o para crear un escenario. Reúne la información creada alrededor de este elemento generado y otórgale nuevas conexiones para resolver el problema original. El proceso creativo de asociación te llevará, con frecuencia, a resultados muy especiales, únicos.

Hay otras formas originales de asociar ideas de forma inesperada (existen varias técnicas para escribir novela usando cartas del tarot), pero os animo a probar, para empezar, con una sola palabra. A mí los resultados siempre me animan y sorprenden.

Tu personaje conocerá el amor. Le esperan cambios en el trabajo. Tiene una relación difícil con su madre. Son 30 euros, gracias.

Internet está llena de ejercicios creativos y he probado unos cuantos, pero, en mi experiencia, muchos son bonitos por fuera e inútiles por dentro, más pensados para solucionarle la papeleta a profesores en busca de contenido para sus talleres que para proporcionar resultados útiles.

Ahora te toca a ti

Probad alguno de estos dos y contadme. Me atrevo (casi) a garantizar que daréis, tarde o temprano, con ideas extraordinarias que darán originalidad y brillo a vuestro texto. Que os convertirán en escritores magníficos.

Ah, no, espera. Que también estaba aquello de mejorar el estilo, de ordenar bien las tramas, de dar coherencia a la narración, de documentarse en condiciones, de…

Está bien, está bien. Esto solo no basta para convertirse en escritor magnífico. Pero si lo que buscas es cargarte bloqueos, esto tiene la fuerza de dinamita interestelar derribahorizontes.

Que es algo que me acabo de inventar, por cierto, usando una herramienta aleatoria.

Es verano y muchos estáis descansando. Disfrutad del calor, si sois de ese tipo de persona extraña; disfrutad de playa y montaña.

Pero si vais a escribir, no nos contéis las mismas historias de siempre, con las mismas ideas apagadas de siempre.

Eso no hay dinamita interestelar derribahorizontes que lo perdone.



*O no. Casi todo el mundo se raja de los duelos cuando se da cuenta de que tradicionalmente se celebran al amanecer. Madrugar es duro, hasta para los caballeros decimonónicos que defienden el honor de su dama (o de su lápiz HB).

**Te recuerdo que ahora amanece sobre las 7:24 de la mañana y tú estás de vacaciones.

*** Gabriella Literaria no garantiza que con este proceso modificarás el universo. Y, en caso de modificación, Gabriella Literaria no se hace responsable de los cataclismos que suelen resultar de toquetear el espacio-tiempo.

NOTAS PERSONALES:

Créditos

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Cómo sobrevivir a la escritura, ya disponible

junio 9, 2019 — by Gabriella2

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  3. Una sección sobre disciplina y productividad, para cargarse bloqueos y perezas varias.
  4. Una sección sobre escritura, llena de trucos para crear buenos personajes, escenarios, tonos emocionales, evitar errores comunes…
  5. Una sección sobre publicación, llena de contenidos útiles para crear sinopsis, encontrar lectores cero y otras tareas hercúleas.
  6. Una sección sobre marketing, para que seas el mejor vaquero a este lado del mundillo, moviendo tus libros y dándolos a conocer.
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Como era de esperar, hay chistes, reflexiones sesudas, herramientas de todo tipo y alguna que otra palabrota.

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Por qué no progresas en tu escritura

febrero 11, 2019 — by Gabriella20

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Que yo no digo que a la escritura haya que tratarla como un proceso frío y científico.

Tampoco entiendo por qué lo científico tiene que ser frío. Lo científico puede ser apasionante.

A mí me produce pasión (de esa escalofriante y gustosa) todo lo que estamos descubriendo en los campos del aprendizaje. Se habla de una nueva “ciencia de la pericia” (science of expertise), pero no veo que se aplique demasiado al campo de la escritura.

Sospecho que es por el halo.

No el de Beyoncé, el otro.

70 trucos para sacarle brillo a tu novelaherramientas para escritores

Las listas de verificación salvarán tu novela

diciembre 5, 2018 — by Gabriella8

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Entre octubre de 2007 y septiembre de 2008, un estudio se llevó a cabo en las ciudades de Toronto, Nueva Delhi, Amán, Auckland, Manila, Ifakara, Londres y Seattle. Se observaron los datos, procesos y resultados de 3955 pacientes, y las conclusiones se publicaron en enero del 2009 con una noticia interesante: las listas de verificación salvan vidas.

Esto de las listas de verificación en el entorno médico no era nada nuevo, pero todavía no había llegado a la cirugía. El uso de la lista de verificación para cirujanos, recomendada por la OMS, fue una implementación con resultados asombrosos. Obligar a los cirujanos a revisar una lista de acciones antes de sus operaciones redujo el índice de muertes y complicaciones quirúrgicas más de un tercio en estos ocho hospitales tan diferentes. También se redujeron de forma notable las complicaciones posteriores a la operación y el índice posterior de muertes relacionadas. Ni que decir tiene que el proceso comenzó a adoptarse en muchísimos más hospitales alrededor del mundo.

¿Qué tiene esto que ver con la escritura?

Bastante, de hecho.

herramientas para escritoreslifehacking

El trípode de la estabilidad (o cómo desenredar tu vida escritora)

noviembre 21, 2018 — by Gabriella19

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Anoche soñé con Ramit Sethi.

Probablemente no sepáis quién es y eso tampoco es importante. Todo el sueño Sethi se lo pasaba en mi habitación, gruñendo y quejándose y regañándome por todo lo que estoy haciendo mal.

Llegó el momento en que Sethi se marchaba, diciéndome que me esperaba abajo para comer. Mientras, yo me cambiaba de ropa (sí: había atendido a un bloguero de fama mundial en pijama y bata). Como ocurre en una cantidad nada desdeñable de mis sueños, dediqué un tiempo excesivo a elegir qué ropa ponerme: me probaba mil cosas y todas me quedaban horribles; cada vez estaba más ansiosa, consciente de que me esperaban en la planta de abajo.

el trípode de la estabilidadVaya echándose un vodka, señor Sethi, que esto nos va a llevar un rato.

Es demasiado fácil analizar este sueño. No creo (mucho) en el poder simbólico de lo onírico, pero sí creo que es posible encontrar aquello que nos preocupa, aquello de lo que el cerebro se deshace durante la noche, en lo que soñamos. Lo de la ropa es un síntoma clásico de ansiedad y de preocupación por las opiniones ajenas. Y Sethi no es más que una representación de la parte menos compasiva de mí misma.

Todo el tiempo que Sethi me apuntaba con el dedo y me acusaba de algo, yo ofrecía excusas. Razones débiles y ridículas. A la vez, me enfadaba con él, porque no decía claramente qué esperaba de mí.

Es tan representativo este sueño de mi psique en general, que ahora que lo recuerdo me da un poco de risa. A la vez, me conduce a un problema del que todos sufrimos: un estado recurrente de confusión.

El problema de la confusión

Ese estado confuso que me dominaba en el sueño me recuerda al estado confuso en el que estoy a veces (¿a menudo?). Es un estado que observo en muchos otros escritores. Supongo que todos lo sufrimos, hasta cierto punto, pero en los artistas lo veo multiplicado por diez, tal vez porque haya pocos mapas y caminos marcados para nosotros. Por un lado, eso supone una libertad tremenda, pero por otro es aterrador.

Con frecuencia, clientes, amigos, alumnos y gente desesperada por email me pregunta: ¿qué hago? ¿Me concentro en mis redes sociales o en mi escritura? ¿Debo aprender SEO? ¿A qué hora del día es mejor publicar en el blog? ¿Dónde puedo encontrar buenos profesionales para una corrección? ¿Cómo puedo tener pelo como el tuyo?

Todas son preguntas válidas en momentos concretos (excepto la del pelo: nadie quiere un teleñeco fagocitador de bolígrafos y experto creador de enredos sobre su cabeza). Pero de nada sirve preocuparse por los detalles si lo fundamental no está en su sitio. Y cuando yo me siento así, desorientada y confusa, con esa vocecilla acusatoria disfrazada de mi copywriter favorito, intento regresar a lo básico.

Qué conveniente entonces que Ramit Sethi, precisamente, llame a esta técnica el trípode de la estabilidad.

Qué es el trípode de la estabilidad

De nada sirve construir castillos de naipes si a la mesa sobre la que se apoyan le falta una pata. No sirve estudiar SEO, SMO o Google Analytics si no tienes buenos contenidos. De nada sirve crear buenos contenidos si solo lo haces cada dos o tres meses. Sethi habla así de su trípode:

nailing the big things means that you can play around and take risks in other areas

Hacer bien las cosas grandes significa que puedes jugar y arriesgarte en otras áreas. Sethi pone el ejemplo de los grandes cómicos, que prueban sus chistes una y otra vez delante de públicos pequeños, que los testean de mil maneras antes de usarlos en un escenario grande o un especial de Netflix. Tienen muy seguro lo básico (que sus chistes funcionarán) antes de experimentar con otras cosas.

el trípode de la estabilidadBien, ahora que sé que el chiste sobre la Inquisición española funciona, vamos a probar a arrancaros a todos una uña de los pies. ¡Nada puede fallar!

Dejemos de lado la escritura un momento y procuremos analizar cuáles son los tres fundamentos de nuestra vida, los tres sitios donde necesitamos estabilidad para poder hacer todo lo demás. En mi caso, serían:

  1. Salud
  2. Familia
  3. Pasión

Con contracturas y migrañas no puedo trabajar de manera óptima, así que es importante para mí hacer lo posible para mantener mi salud en las mejores condiciones. Mi familia es mi colchón, donde acudo en las emergencias, y necesito escribir (ya sea ficción o en el blog) para sentir que el día ha merecido la pena. En vez de escribir podría hablar de pintar, de tocar la flauta o criar perritos de la pradera, pero para sobrevivir necesito una obsesión, algo en lo que trabajo a diario.

Estos son mis tres fundamentos cruciales. Tal vez echéis en falta otras cuestiones importantes, como el dinero, la vida social o el amor romántico. Estas son muy importantes, pero no son la base sobre la que me muevo. Necesito esas tres cosas para poder llevar adelante las demás (he sobrevivido más de una vez sin dinero gracias a mi familia, por ejemplo; y ni amigos ni pareja me aguantarían si estuviera siempre enfadada y enferma, o deprimida por no sentir que tengo un propósito). Con esto quiero decir que hay muchas cosas importantes, pero suele haber tres que son indispensables para crecer en el camino que hayas elegido. Tus bases probablemente no coincidan con las mías: solo tú puedes conocerlas.

Sethi da otros ejemplos. Tu trípode podría ser: tu trabajo, tus relaciones personales y tu hogar. Podría ser tu negocio, tus ahorros y tu coche. No entres en juicios morales o sociales: nadie tiene por qué ver tu lista de tres. Escríbela con sinceridad. Recuerda: no es que lo que se queda fuera del trípode no tenga importancia, es que lo que se queda fuera del trípode no podría medrar sin lo que está en el trípode.

Piensa en cuál es tu trípode y elige. Es más fácil de lo que parece: creo que lo tendrás claro pronto. Solo se trata de ir reduciendo aspectos de tu vida hasta dar con los que son indispensables para todo lo demás.

Examina tu trípode. ¿Tienes estabilidad en esas tres cosas que has apuntado? Si no es así, es mejor que trabajes en ello.

El trípode del escritor

Del mismo modo, puedes crear un trípode para tu escritura. En mi caso, podría ser este:

  1. Contenidos para escritores
  2. Ficción
  3. Comunicación

Dentro del primer punto podría incluir mi blog, 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, la lista de correo de Gabriella Literaria y otros proyectos orientados a escritores. En el segundo estarían mis relatos, novelas, Lo extraño y lo maravilloso, etc. Y en el tercero metería mis redes sociales, convenciones, charlas y conferencias, talleres, etc. No son tres grupos separados: suelen interrelacionarse.

Cuando me agobio, procuro recuperar la estabilidad en ese trípode. Escribo en el blog, corrijo un relato, comparto algo que me parece relevante para mi público en Twitter. Todo lo demás (el papeleo, las consultorías, la programación de contenidos en redes, emails pendientes, aprendizaje, lectura…) es importante, pero parte de esos tres puntos. Necesito primero regresar a lo básico para reorientarme.

¿Cuál sería tu trípode de escritor? ¿Qué haces cada semana para alimentarlo?

el trípode de la estabilidadSi tu respuesta es: "sacrificar una cesta de niños a los dioses del inframundo", tal vez los resultados no sean los que esperas. Pero siempre viene bien tener a Cthulhu tranquilo un milenio más.

La importancia de la estabilidad

La estabilidad tiene mala fama. Suena poco atrevida, aburrida. Pero es la estabilidad en un área la que nos permite crecer en ella. Uno puede escribir bien porque lleva años escribiendo con disciplina y progresando. Lleva años mostrando su trabajo y aprendiendo de la retroalimentación. Puede arriesgarse en detalles, ciertas formas y formatos, pero sabe bien qué funciona y qué no funciona en lo básico.

Si no te va bien en lo básico, lo demás se convierte en una maraña tremenda de construcciones en derrumbe, levantadas sobre cimientos débiles.

Si necesitas dinero para sobrevivir (como todos), no te lances a escribir pensando que desde el primer día vas a estar arrasando en Amazon. Tendrás que escribir poco a poco, compaginándolo como puedas con tu trabajo. Si estás en el paro, es más importante encontrar un empleo que escribir. ¿Sufres de una adicción nociva? Es más importante solucionar esa adicción antes que escribir. Si sufres de ansiedad o depresión y eso bloquea tu creatividad, intenta primero hablar con un profesional y encontrar maneras de reducir esa ansiedad y depresión.

el trípode de la estabilidad—Verá, doctora, a veces escucho voces. Hay como... personas en mi cabeza. También sufro de ansiedad, depresión, alcoholismo y adicción a los gatos. 
—¿Es usted escritora? 
—¡Madre mía, doctora! ¿Cómo lo ha adivinado?

Escribir puede ser una terapia excelente para todos los casos que comentamos más arriba. Pero si tu vida está llena de problemas cruciales, tienes que intentar resolver mínimamente ese trípode básico de supervivencia antes de desarrollar tu trípode de escritor. Esto puede parecer de cajón, pero no te gastes dinero en cursos de escritura si no tienes dinero para comer. No te sientes a soltar 10000 palabras del tirón si tu espalda se va a resentir luego. Sé que es difícil distinguir entre las excusas (“hoy no escribo porque me molesta un poco la espalda”) y las necesidades (“la espalda me está matando y sé que hacer ejercicio me aliviará, pero en vez de eso voy a escribir otras mil palabras”), pero tenemos que intentarlo.

Todo esto parece de lo más evidente, pero una y otra vez encuentro escritores que descuidan aspectos básicos de su salud física, económica y social, y luego no entienden por qué andan quemados y bloqueados. Echan la culpa a cualquiera menos a sí mismos.

Del mismo modo, muchos escritores me preguntan cómo solucionar la cabecera de un blog donde no han escrito en ocho meses, o me dicen que van a comprarse una cámara carísima para sus fotos de Instagram cuando su cuenta ni está enfocada a su público objetivo, o quieren saber cuál es la mejor palabra clave para su novela en Amazon… cuando llevan tres mil páginas escritas de la novela. O me encuentro con autores que autopublican una novela sin que nadie la haya valorado ni leído antes, y no entienden el silencio (o las malas reseñas) que suele llegar luego.

Regresa a lo básico y afiánzalo

Ya, ya, todo esto es complicado. El trípode de la estabilidad es exigente. Pero más difícil es seguir ignorando los problemas más básicos y pasarte el resto de tu vida probando la táctica de la semana, con la esperanza de que de repente te conviertas en George R. R. Martin. Cuando la gente habla del éxito de Canción de hielo y fuego tiende a olvidar toda la práctica en narrativa básica que George adquirió en su trabajo televisivo (y con novelas anteriores que no tuvieron mucha suerte).

Asegura tus bases y solo entonces sal a jugar. Si te pierdes, siempre puedes regresar a ellas.

Pero. Sin embargo. No obstante.

No uses esas bases como excusa para detenerte. Sé mejor que yo: no sigas dándole razones endebles al señor Sethi, mientras peleas con montones y montones de ropa que no termina de quedarte bien.

Si lo haces, lo sabré.

Ya sabes que te estoy vigilando.



Créditos:

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9 trucos para que te atrevas a hablar en público

octubre 26, 2018 — by Gabriella9

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Este artículo no es sobre cómo hablar en público de manera profesional y óptima. No es sobre cómo mejorar tu estilo, dominar tu lenguaje corporal y eliminar tus muletillas.

Este artículo es sobre cómo atreverse a hablar en público y punto.

Cómo tener la valentía de subir al estrado y presentar tu libro, participar en una mesa redonda o dar una conferencia.

Cómo hacer todas esas cosas sin mearte en los pantalones.

Cómo hacer todas esas cosas sin quedarte completamente en blanco.

Cómo hacer todas esas cosas con algún control de lo que sale de tu boca.

No puedo hacer magia. No puedo hacer que todas las personas tímidas del mundo de repente se conviertan en estrellas del espectáculo. Pero puedo contaros algunos conceptos importantes que descubrí sobre esto de exponerse, exhibirse y prestarse al examen de un grupo grande de personas.

Cuando la timidez hace que tu vida sea más complicada

Cuando estaba en la universidad, tenía una amiga que podía hablar con desconocidos en el autobús o ir a una tutoría con cualquier profesor sin pensarlo dos veces, pero que era incapaz de articular palabra cuando tocaba presentar algún proyecto. Yo, sin embargo, me subía a un escenario con la felicidad de una actriz de farándula, pero habría preferido cortarme un brazo antes que acudir a una tutoría, y a día de hoy me sigue costando pedir la cuenta en los bares.

Hay muchos tipos de interacción y cada persona tiene sus fuerzas y sus debilidades.

Reconozco que este amor por el escenario me viene desde pequeña, porque de niña yo era rubia y adorable a lo Shirley Temple, y me daban todos los papeles protagonistas en las funciones de la guardería. Luego crecí y, aunque era menos rubia y adorable, mis padres me apuntaron a clases de teatro. Seguía siendo tímida sin remedio, pero descubrí algo maravilloso: si algo te da miedo, puedes fingir que eres otra persona. Puedes interpretar un papel. Es un truco que sigo usando en mi vida diaria y del que hablaremos un poco más adelante.

Ese taller de teatro fue lo que me hizo salir de mi escondrijo personal e interesarme por mis congéneres humanos. Empecé a ir a recitales de poesía y descubrí que mis poemas me ayudaban a comunicarme con el mundo, a crear otro tipo de escenario.

hablar en públicoEse momento incómodo cuando estás recitando una oda a tus partes íntimas y entra tu madre en el local.

Ahora puedo estar en un grupo de personas desconocidas sin perder por completo los nervios y echarme a llorar*: un progreso impresionante. Pero que yo haya progresado como persona y haya descubierto el placer de hablar en público no quita que a veces lo haga fatal o me quede en blanco o digo algo inapropiado. Tampoco quita el nerviosismo que siento cada vez que me toca dar un taller o participar en una charla. Por suerte, he descubierto que con valentía no se nace, sino que se hace.

Recibo muchos emails de gente que saca su primer libro y se enfrenta a un obstáculo que le parece insuperable: la presentación. Eso me parece una lástima, porque la primera presentación de un libro tuyo es de las cosas más bonicas que hay. No dejes que unos nervios te priven de uno de los mayores lujos de la vida: HABLAR DE TU LIBRO Y QUE NADIE TE PUEDA DECIR QUE TE CALLES.

A continuación desarrollo un poco lo que suelo contestar a esos emails:

1. No estás solo

No, en serio. No eres tú. Nos pasa a todos. Hablar delante de una masa de personas es horrible. ¿Y si te juzgan?

Porque la realidad es que sí, te van a juzgar. Y lo sabes porque cuando acudes a cualquier evento tú también juzgas a quien habla.

La pregunta importante no es: ¿y si me juzgan? No. La pregunta importante, te recuerdo, es: ¿cómo consigo convencer a todos estos de que compren mi libro?

Si te da miedo presentar tu libro, dar una charla, participar en una mesa redonda… piensa en la persona que ha dado la charla justo antes que tú, o en aquel autor cuya presentación te encantó, ese que parecía tan seguro de sí mismo. Te cuento un gran secreto: ese autor también se estaba cagando vivo**. Todos queremos la aprobación de los demás, es un mecanismo de supervivencia.

Aquí no importa la aprobación de los demás. Lo que importa es que compren tu libro. Aquí lo realmente importante es tu obra y tu trabajo.

¿A que no te da ninguna vergüenza hablar a otros de las bondades de alguien a quien admiras o quieres? Pues lo mismo: habla de lo muchísimo que mola tu trabajo y por qué.

Ya sé que el síndrome del impostor corre feliz entre nosotros y nos infecta con su ponzoña antiartística. Así que… ¿qué pasa si no tienes mucha seguridad en tu trabajo?

Fácil: finge.

2. Fake it till you make it

Esta es una expresión muy común del mundillo de la autosuperación estadounidense: finge hasta que lo consigas. Finge ser alguien hasta que te conviertas en ese alguien.

No os voy a decir que os apuntéis a talleres de teatro (aunque prometo que funcionan y mucho), ni que mintáis en vuestros currículos, pero sí que saquéis al actor que todos llevamos dentro. Todos hemos jugado a las casitas de pequeños. Todos hemos fingido ser alguien que no somos. Os prometo que en realidad es muy divertido. Súbete a ese escenario y hazte pasar por una persona segura, confiada, carismática.

Nadie tiene por qué saber la verdad.

Todos ocultamos facetas de nuestra personalidad

Mi gran secreto es que no tengo sentido del humor. Soy de esas personas que cuando suelta un chascarrillo los demás la miran, muy confusos. Un día hice un chiste en el blog por error y alguien se rio. Desde entonces me hago pasar por alguien gracioso, tanto en el blog como en público. No tengo velocidad de respuesta como los cómicos de la tele, pero cuando entro en flow sale la Gabriella falsa, la Gabriella que intenta hacer reír a su público. Es una Gabriella peligrosa, porque puede ser un poco ácida y a veces suelta barbaridades, y con frecuencia se cree más graciosa de lo que es, pero es uno de mis personajes favoritos.

Todos tenemos nuestras máscaras y cada máscara tiene un poco de nosotros. A veces hasta se fusiona con nuestra cara.

Si eres una persona tímida, hazte pasar por una persona sociable y expresiva. Si eres una persona reflexiva y tranquila, hazte pasar por una persona enérgica y espontánea. Funciona, lo prometo.

hablar en públicoA Laura lo que realmente le gusta es quedarse en casa leyendo a Foucault con una infusión de limón y jengibre.

Cuando hablo en público me hago pasar por una persona megacarismática y hermosísima y fabulosa. Imaginad el susto cuando veo vídeos y fotos, y veo a una persona de atractivo medio y gracia en el culete. Es impresionante la capacidad que tenemos los seres humanos para engañarnos. ¡Usémosla!

3. Practica, practica mucho

Las primeras veces no son las mejores, pero todo mejora. Mejoran tus habilidades comunicativas, adquieres mayor seguridad y aprendes a reaccionar si algo sale mal. Nunca olvidaré aquella vez en la que, en una mesa redonda que yo moderaba, un tipo del público se levantó, se sentó a mi lado y empezó a decirnos a los ponentes todo aquello en lo que nos equivocábamos. Ni la vez en que una amiga acudió borracha a una de mis presentaciones, o la vez en que tuve que dar una charla en un descampado.

Creo que tu percepción cambia mucho cuando, en vez de “ojalá el público no me odie”, tu mayor ruego para un acto es “ojalá estén todos sobrios y haya un techo sobre nuestras cabezas”.

Hagas lo que hagas, lo más seguro es que te toque en algún momento hablar en público, sobre todo si quieres promocionar tu trabajo. Cuanto antes te expongas a este tipo de experiencia, mejor. No hay nada como la práctica para saber qué hacer cuando una banda de niñas chungas intenta arrancarte el micrófono de las manos para montarse un karaoke.

4. Prepárate

No sé si os pasa a vosotros, pero con el paso del tiempo mi capacidad de improvisación ha ido mermando. Me he dado cuenta de que ya no puedo hacer eso de aparecer en algún lado y hablar durante horas de un tema que me guste sin parar. Necesito, por lo menos, algún tipo de guion de ideas, para no quedarme un buen rato mirando al vacío en estado absoluto de pánico, diciéndome: “¿y ahora con qué entretengo a toda esta gente (aparte de con mi increíble carisma, hermosura y fabulosismo fabulosidad fabuleza)?”.

No digo que lleves tu discurso ya escrito y que te dediques solo a leerlo. Eso se nota y suele quedar fatal. Pero sí ayuda mucho llevar un pequeño guion: te hará sentirte mejor y te servirá de apuntador si te quedas en blanco. Se aprecia muchísimo en charlas y conferencias y presentaciones cuándo alguien lleva algunos temas preparados y cuándo va a hablar del tiempo y de lo primero que se le ocurra. Un guion ayuda a tener un discurso claro y ordenado, y evitará que te vayas demasiado por las ramas.

hablar en públicoYa sé que esta conferencia era sobre ciencia ficción, pero os aseguro que los próximos treinta y cinco minutos sobre las obras que me están haciendo en casa merecerán la pena.

A mí también me gusta llevar algún tipo de actividad o juego que pueda compartir con el público. Por ejemplo, en las presentaciones de El día del dragón, que contiene el peor chiste del mundo***, solemos cerrar el acto con un concurso de chistes malos. Esto es muy útil cuando presentas en colegios e institutos, con públicos obligados con los que a veces puede ser difícil conseguir atención y/o participación.

También puede resultar de ayuda fijarte en lo que hacen los monologuistas de comedia. Me encanta analizar sus estructuras narrativas, cómo se mueven y expresan. Solo con verlos te dan ganas de subirte a un escenario y contar una historia. Que igual tu ponencia sobre el papel de la mujer en la fantasía medieval de inspiración japonesa no es exactamente un discurso de Dani Rovira, pero la habilidad de un cómico para comunicarse con su público es inspiradora.

Por supuesto, siéntete libre luego de saltarte lo que tengas preparado en la medida que quieras y necesites. Es tu escenario y tú eres la estrella.

5. Organiza tu energía

Si eres una persona introvertida como servidora, la intensidad de un acto social bestia puede dejarte tiritando. Este finde pasado tuve un par de charlas en la Andalucía Reader Con, en Sevilla, y, aunque fue una experiencia maravillosa, todavía me estoy recuperando. Hablar en público (y estar en situaciones sociales con mucha gente a mi alrededor) me sobrestimula, me carga de adrenalina y me produce una euforia curiosa que luego tengo que pagar.

Es como si tuviera un banco de energía social y los eventos de este tipo me dejasen en números rojos. Los días siguientes siempre estoy cansada e irritable. De grandes festivales como el Celsius puedo necesitar semanas para recuperarme. Si te pasa algo similar, acuérdate de tener cuidado con los compromisos de este tipo. Separa eventos, mira bien los horarios y asegúrate de dormir bien. Mi error en mis primeros festivales fue apuntarme a todos los actos que pudiera, emocionada, y además irme de fiesta todas las noches con otros escritores, editores y juerguistas profesionales. Aunque de esa época guardo muy buenos recuerdos y posiblemente alguna enfermedad venérea, esta no es una buena combinación.

Antes de tu presentación, charla, conferencia… asegúrate de tomártelo con tranquilidad, de tener una buena noche de sueño y cuidarte. Socializa un poco justo antes del acto para no pensar en tus propios nervios y para ir soltándote un poco. Revisa un poco tu guion, pero NO dejes la preparación para el último momento.

6. Pide ayuda

Si realmente te desquicia la idea de subirte solo a un escenario, ¡no tienes que hacerlo! Dar una charla yo sola es divertido porque tengo el control absoluto de qué voy a decir y cómo, pero siempre estoy mucho más tranquila cuando hay otra persona que comparta conmigo la experiencia. Por eso, estoy más relajada en una mesa redonda o en cualquier charla moderada que en una conferencia. Si vas a presentar tu libro, busca a alguien de confianza que se ocupe de hacerte preguntas: así tú solo tienes que estar pendiente de responder lo mejor posible.

No tiene que ser una persona famosa. Cualquier amistad con desparpajo te puede servir. La idea es que sea alguien con quien te sientas a gusto y que sepa sacar lo mejor de ti. Pero ¡cuidado! Lo del desparpajo está bien, pero no elijas a alguien que hable más que tú o que vaya a hacerte sombra. La estrella eres tú y el público tiene que comprar tu libro, no el de la persona que te está presentando.

Esto lo digo, obviamente, para que no me invitéis a presentar vuestros libros. Porque intentaré vender los míos. No puedo evitarlo, son muchos años ya de tragarme la timidez y de fingir que soy una persona requeteinteresante.

Estáis avisados.

7. Habla a una sola persona… o a una masa informe

Seguro que habéis oído ya el truco ese de imaginar que el público está desnudo o en ropa interior. Es un truco malísimo, lo siento. Primero, porque respeto demasiado a la gente del público para hacer eso. Segundo, porque siempre hay gente en el público que está tremendamente bien de lo suyo y antes de darme cuenta estoy OTRA VEZ hablando de sexo en mi conferencia sobre procesos de autopublicación frente a la cadena tradicional de producción y distribución del libro.

Hay otro truco que funciona mejor y que yo usaba mucho al principio. Se trata de encontrar a la persona del público que sonríe. Siempre hay una. Ya sea porque le has caído bien, porque es de naturaleza sonriente o porque tiene una historia de fondo a lo Joker muy trágica que ha congelado su rostro en un rictus permanente, encontrarás a esa persona. Habla solo para ella. Intenta que sonría más, cuéntale cosas. No te digo que tengas la vista fija (eso queda un poco raruno), pero regresar a esa sonrisa te dará confianza.

hablar en públicoHola, amable desconocido. Es posible que me recuerdes de otras charlas como la de ayer por la tarde, donde sonreías mucho. Este discurso de cincuenta y cinco minutos es solo para ti. Ponte cómodo.

Una amiga modelo lo pasaba mal en las sesiones de fotos, pero no tenía problema con subirse a pasarelas rodeadas de espectadores. Esto era porque los focos de la pasarela iban directos hacia ella y no le permitían ver al público. Este no era más que una masa informe. Y ese es otro truco, muy diferente al anterior: imagínate que no estás hablando a personas, sino a una gran masa irreconocible. Imagínate que no hay nadie de verdad, que estás en tu casa a solas. Y que estás compartiendo contigo mismo aquello que te apasiona.

Estos trucos son herramientas de principiante, claro. Cuando hayas hecho unas cuantas presentaciones o actos te darás cuenta de que es bonito ir fijándote en diferentes personas del público, hablando para cada una de ellas. Aprenderás a hablar con el grupo en general sin problema. Y es que lo realmente importante de hablar en público es esto:

8. Diviértete

Aunque no me creáis, es cierto: hablar en público es divertido. El problema es que solemos estar tan ocupados preocupados por qué pensarán de nosotros que no nos damos cuenta.

¿Qué otras oportunidades tendrás de compartir lo que te gusta, lo que te preocupa, lo que te apasiona? ¿Cuántas veces podrás hablar de tu trabajo sin que los presentes te digan que te calles, Gabriella, que ya está bien y qué jarticos nos tienes con tu p**o libro?

No tienes que hacer las cosas como los demás. No tienes que hacer la típica presentación pesada. ¡Puedes hacer lo que quieras! (Dentro del margen de la ley, claro. Que dar presentaciones desde la cárcel es más complicado).

La pasión se contagia

Si tú te lo estás pasando bien, tu público lo nota. Disfruta del poder que te da ser quien tiene la palabra. Cuenta algún chiste. Si nadie se ríe, puedes seguir como si nada. Pero si consigues un par de risas del público, todo irá sobre ruedas a partir de entonces. La risa es contagiosa, siempre va a más y la gente que está ocupada riéndose no está ocupada juzgándote.

Yo mido lo bien o mal que ha ido un evento por esa respuesta del público. No hace falta montar ese monólogo cómico que ya he comentado, pero alivia tensión y relaja a los asistentes, que ya saben que por lo menos una parte de la charla no será tremendamente aburrida.

Y por favor, por favor, por favor, que tu charla no sea tremendamente aburrida. Te lo recuerdo: si escribes, tienes que saber contar una historia. Eso también sirve para tus presentaciones. ¡Ay, por qué son tan aburridas tantas presentaciones de libros!

Haz que el público participe, juega con él y pásalo bien. Pero nunca a costa del público, ojo. No hagas que se sienta incómodo: necesitas que se sienta a gusto. He ido a un par de eventos donde todos queríamos estrangular al conferenciante porque básicamente se dedicaba a insultarnos y a intentar dejarnos en evidencia. Es muy distinto tener autoestima y confianza que ser arrogante.

9. Quédate un rato

Creo que un error grave que cometen muchos autores es llegar a su presentación, hablar de su libro/trabajo/teoríaespaciotemporal y largarse. Para mí una de las mejores cosas de hablar en público es el rato de después, el quedarse charlando con asistentes, compañeros u organizadores del evento. Ahí es donde se estrechan lazos, se conoce a gente válida y donde interaccionas con tus lectores de verdad. Recuerda comentar en tu acto que estarás disponible después para firmar libros y señala dónde pueden adquirirlos. Suelen caer unos cuantos si tu charla ha sido de interés para el público.

Personalmente, intento ir un poco más allá. Ya que estoy con el subidón, con esa máscara de persona sociable que casi me estoy creyendo, ¿por qué no aprovecharlo? Siempre sugiero que vayamos todos después a tomar algo. Evidentemente, esto dependerá de la cantidad de asistentes. Si son muchos, no es practicable (aunque merece la pena por ver la cara de los camareros en los bares cuando pides mesa para cincuenta y ocho), pero suelo esperar a que ya quede poca gente (los que han pedido firma, los de mayor confianza, los que se han acercado a preguntar o comentar algo) y les propongo compartir todos un té, café o bebida alcohólica de su preferencia. Os aseguro que esas charlas son las que te van ofreciendo poco a poco la confianza que necesitas para superar tu miedo a hablar en público (y son parte fundamental del famoso networking).

hablar en públicoIrse de cañas después de una charlita es algo que el ser humano lleva haciendo desde tiempo inmemorable.

Un apunte para amigos y familiares: tras una charla o conferencia, todos estamos en un punto extraño de vulnerabilidad. Si tenéis alguna crítica constructiva, ahora no es el momento. Hacedlo luego, preferiblemente al día siguiente. Y si alguien en el público ha hecho algún comentario desafortunado sobre tu persona, NO QUIERES SABERLO. Esto es muy importante, porque sé que hay gente que te lo dirá con la mejor de las intenciones, pero eso puede minar esa confianza que tanto te ha costado reunir. Por supuesto que debemos aprender a hacer las cosas mejor, pero justo después de una conferencia NO ES EL MOMENTO. Repito, por si no ha quedado claro: NO ES EL MOMENTO. Merece la pena explicar esto a la gente que te rodea.

Todo puede ir mal, pero eso tampoco importa

Ante todo, acepta que esto de exponerse al terrible mundo del escritor público no siempre va a ir bien. Habrá asistentes imposibles. Habrá públicos que no se rían de ninguno de tus chascarrillos. Habrá públicos que pondrán algo que has dicho en su blog o en redes sociales, sacado de contexto. Alguien se quedará con esa frase horrible que salió de tu boca y no sabes cómo. Pero creo que todas esas posibilidades son mejores que seguir con miedo, mejores que evitar cualquier compromiso público y mejores que hablar con disgusto, odiando cada segundo de tu acto público.

Te aseguro que la mayoría de públicos son personas como tú o como yo, que lo único que piden es no aburrirse ni quedarse dormidos.

Entiende que eso es raro. Que el mundo está lleno de conferenciantes tediosos, de presentaciones interminables, de charlas egocéntricas.

En realidad, lo tienes fácil.


*Siempre que no haya alguien vestido de payaso en ese grupo. Con algunas fobias no hay trucos que valgan.

**Traducción para mis lectores de más allá del charco: tener mucho miedo, perder la compostura, necesitar ir al baño con urgencia.

***Testado en laboratorio.



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