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Cómo superar la resaca de tu primera corrección

mayo 29, 2018 — by Gabriella28

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Este artículo iba a llamarse Tu primer libro es una caca (y eso es bueno).

Por suerte (creo) no suelo quedarme con mi primer título. Nuestras primeras ideas no son, necesariamente, las mejores ni las más convenientes. Algo parecido ocurre con nuestro primer libro, nuestro primer relato, lo primero que enseñamos al mundo. Peor aún: ocurre con lo primero que otra persona nos corrige, ese momento crucial donde somos conscientes de que somos seres imperfectos, fallidos, erróneos.

Y eso siempre duele, porque en nuestra cabeza somos todos anuncios de champú.

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Tienes un moquito.

Creo que es en la primera novela donde nos llevamos el golpe más duro. O en nuestro primer libro de relatos o de ensayo: en la primera obra donde hemos invertido meses (¡tal vez años!) de nuestro tiempo, pobres corderitos inocentes y esperanzados que nos creemos el vástago secreto de Heminway con Le Guin.

Sobre todo este tema hemos hablado mucho en el grupo de Facebook El escritor emprendedor, donde un grupo aguerrido de autores independientes nos ayudamos (¡y consolamos!) mutuamente. Esa conversación se ha trasladado a nuestras webs y blogs, y han surgido muchos artículos al respecto en este último mes. Concretamente, Esther Magar y servidora quisimos hablar de cómo afectaba al autor recibir su primera corrección profesional.

Así que este texto que vas a leer es doble: yo hablo de la teoría e intento aportar herramientas para lidiar con todo esto, y Esther ha entrevistado a varios autores para que nos cuenten su experiencia personal. Os recomiendo de manera muy encarecida que vayáis a leer su artículo también.

Hablemos entonces de corrección, lectores/escritores míos. Y hablemos de desastre.

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Las cuatro habilidades esenciales para escribir

abril 27, 2018 — by Gabriella8

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Te traducen al japonés y tu editorial ni te lo cuenta (ni lo incluye en las liquidaciones).

Envías relatos a treinta concursos y no obtienes ni una mención de honor.

Inviertes mil euros en autopublicarte (portada, corrección y demás) y vendes veinte libros.

Tienes que comprar ejemplares de tu propia obra, porque así lo estipula un contrato que pensabas que era de edición tradicional (pero no).

¿Situaciones de pesadilla? No. Todas están basadas en casos reales.

Puede que estés harto de tantas vueltas: de tanta pelea sobre derechos, malas editoriales, pagos justos e injustos, marcas personales, tácticas de promoción y demás. Cuando eres autor y estás agotado y confuso, al final solo queda una cosa, que es escribir.

A veces todo es demasiado y en esos momentos es cuando debemos recordar que nosotros a lo que veníamos aquí era a crear y es que eso es, como dice un amigo escritor, “lo que nos da la vida”.

No sabía muy bien cómo titular este artículo, porque Cuatro habilidades necesarias para triunfar queda, no sé, como algo salido de un blog megamotivador de persona que vende contenidos sobre cómo vender contenidos mientras hace coaching sobre cómo alinear tus chakras.

Compra mi libro

El título que he puesto al final es, en cierto modo mentiroso: para escribir solo necesitas una habilidad, que es la de saber unir letras para formar palabras y saber unir esas palabras para que formen frases coherentes. Escribir era eso, ¿no?

Siglos de teoría literaria podrán hablarte de forma, fondo, intencionalidad y recepción, pero yo diría que la definición que yo he dado sigue siendo válida, en esencia. Hasta la RAE diría algo similar.

Pero me siento en la obligación, una vez más, de hacer una distinción importante entre escribir para ti y escribir para los demás. Y ahí es donde entran ciertas habilidades de las que vengo a hablar hoy, así que olvida tus preocupaciones, ve sacando la silla, el té y la botella de ginebra premium, que ya sabes que yo soy de meterme en materia in profundis.

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9 técnicas para que tus lectores se estremezcan de emoción

enero 22, 2018 — by Gabriella23

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Vikram Seth tardó unos diez años en escribir Un buen partido y yo me lo leí en una semana.

Cuán ingrata la labor laboriosa y labrada del autor.

Como lectores, damos por sentado ese trabajo, damos por sentado mucho de lo que nos encontramos en un libro. Podemos fijarnos con facilidad en lo que no nos gusta, pero cuando encontramos un libro que nos apasiona, que nos engancha, no nos preguntamos el porqué. Creemos que eso ocurre por arte de magia, como resultado de una escena de esas de sitcom o de comedia romántica en la que los protagonistas limpian la casa en apenas un batir de pestañas, con una banda sonora chachi de bailoteo de fondo. El autor empieza a escribir y sus dedos hechizados vuelan sobre su teclado chiripitufláutico*.

Damos por sentado lo bueno, lo que no se ve. No somos tan inconscientes con lo malo, con la basura que alguien ha barrido bajo la alfombra. Contra eso no hay música chachi de bailoteo que valga.

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué os irrita tanto encontrar cosas que no os convencen, que están mal hechas, en un libro? No hay más que ver las críticas de lectores a un libro que no les parece bueno: son rabiosas, son muy… personales.

emocionar lectoresHe encontrado un gerundio de posteridad en tu libro y ahora necesito averiguar dónde vives para prenderle fuego a tu casa.

Mi teoría es que es por culpa del sueño de ficción. En cualquier texto narrativo, sea una novela, una película, una serie de televisión o un relato ilustrado, entramos en un pacto. Sí, hacemos un pacto con el escritor que viene a ser el siguiente: voy a creerme todo lo que me cuentes a partir de ahora, pero a cambio tú tienes que sumergirme en un estado casi de trance, hipnótico, por el que yo me veré completamente inmerso en el mundo que has creado.

Como en cualquier pacto, si una parte no cumple con lo prometido, la otra se siente traicionada. Y, por desgracia, a los escritores no se nos permite enfadarnos si un lector no ha entrado en nuestro sueño, porque gracias a esa maravilla llamada ley de la oferta y la demanda, es el lector quien tiene todo el poder.

Como escritores, es nuestra obligación inevitable que el pacto funcione. Esto implica dos cosas: 1) no cagarla (o, por lo menos, no cagarla lo bastante como para sacar al lector demasiado de ese trance) y 2) crear el trance, para empezar. Como escritores, en nuestro oficio está entender cómo crear esa magia que los lectores disfrutan igual que un buen truco de prestidigitación. Ellos disfrutan del sentido de la maravilla, pero somos nosotros quienes tenemos que currarnos el truco.

Cuando alguien empieza a escribir, cree que los grandes trucos de magia se realizan con habilidad (¡talento!). No es consciente de las horas de práctica y estudio que hacen falta para que el lector realmente se crea que el conejo ha salido de la chistera o que hemos cortado de verdad de la buena a esa señorita por la mitad, sí, a la del biquini y tacones en dorado y lentejuelas.

Una de las mejores formas para que el lector se crea todo eso de la chistera y las lentejuelas es creando un tono, una ambientación emocional.

Cómo crear un tono emocional

El tono o ambientación emocional es una de esas cosas que se considera que debemos saber hacer de manera intuitiva. Pese a esto, en los años que he trabajado como lectora profesional, correctora y editora, solo he encontrado a un puñadito de escritores que supieran crear el tono necesario para que el lector realmente entrase por completo en la emotividad buscada por el autor. Incluso los autores más experimentados pueden tener problemas con esto.

No hablo solo de crear una respuesta emocional en el lector, que sienta lo que sienten tus personajes: se trata de que cada escena (y la obra en total) sea coherente con el tipo de emoción que pretendemos suscitar.

Por ejemplo: piensa en la última vez que leíste algo que te dio miedo. Algo no da miedo porque de repente salte un monstruo de debajo de la cama. Da miedo porque el monstruo salta en un momento que el autor ha preparado con celo. Da miedo porque a lo largo de toda la obra sabemos que va a ocurrir algo terrible, algo amenazador. No sabemos muy bien por qué: nadie nos lo ha dicho de forma explícita. Estamos en tensión y, cuando el monstruo aparece, saltamos de miedo. Esta es una de las razones por las que Stephen King tiene tanto éxito: sus monstruos no aparecen de repente en una comunidad feliz y relajada; aparecen en un entorno que ya conocemos como enfermizo, turbado. Es la razón por la que siempre que se habla de Clive Barker se habla de un terror perverso, erótico, aunque en realidad en sus novelas no hay un gran contenido sexual al uso: todo en su lenguaje, en su prosa, está teñido de obscenidad.

Esta ambientación y anticipación no se reducen a un famoso fusil de Chéjov. No hemos colgado el arma de un clavo de la pared y punto. Hay un trabajo que va mucho más allá. En lo que he podido comprobar y analizar, depende sobre todo de estos recursos:

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Nuestros 50 artículos favoritos de 2017

diciembre 29, 2017 — by Gabriella6

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Oh, no, Gabriella, otro artículo recopilatorio de final de año no.

Por favor. Por favor, detente. Piensa en los niños y en la gente de oficina que ya no sabe qué hacer para encontrar algo de interés en internet mientras finge que trabaja.

Llega Nochevieja y todavía tenemos resaca de las navidades. Resaca de alcohol, carne grasa, chocolate y demasiados artículos sobre libros que debes leer en el 2018 si quieres merecer el estatus de persona.

Qué cansinos somos con estos artículos. Sobre todo estoy harta de esos que parecen animarte a mirar al 2018 con ojitos de esperanza para que sea, por fin, el año que cambiará tu vida y te convertirá en un escritor todoterreno superventas. En realidad, me pregunto yo, ¿por qué no empezamos ahora mismo? Ponte ahora mismo a hacer algo que te ayude a progresar como autor, de algún modo. No, no pienso esperar a que te termines esa copa de anís y los cuatro pedazos de turrón de fruta de la pasión con guirlache y nata. Sí, si pienso esperar a que te termines este artículo.

Como pequeña nota personal, diré que este fin de año ha sido bastante deprimente. Y me temo que lo digo de manera literal. Para rematar la faena, hemos tenido una muerte en la familia, con todo lo que eso implica. Así que este último artículo del año quiere ser mejor que yo. Quiere ser feliz, útil y optimista. Este artículo pretende ser una lista de recursos y de cosas bonitas, ni más ni menos. Disfrutemos recordando las cosas geniales que nos ha traído el año, que haberlas haylas.

Como todos estáis ahí fuera hablando de libros, ¿qué tal si hablamos también de los mejores artículos (¡y de mis artículos favoritos!), de lo mejor que hemos visto en la blogosfera en 2017?

Este año he leído porrón y medio de artículos. Puede que incluso más. Puede que hasta un huevo.

Los mejores artículos del 2017

Fijaos que en el título utilizo la palabra nuestros. Nuestros artículos favoritos: aquellos que más os han gustado a vosotros y a servidora.

Y empecemos, cómo no, por una misma. He echado un vistazo a mis estadísticas y os traigo una primera lista de aquello que más habéis visitado y leído en esta humilde casa:

artículos favoritos

  1. 10 ejercicios para escritores que realmente funcionan (o que, por lo menos, son divertidos): Un artículo que pega fuerte desde el 2015 y el más leído de 2017. No es de los que más comparto en redes sociales, pero a Google le gusta bastante y está claro que es algo que muchos escritores necesitan.
  2. 13 preguntas que se hacen los escritores antes de promocionar un libro: Otro artículo de 2015 que tampoco comparto muchísimo, pero que responde a una de las preguntas más comunes del escritor que empieza: ¿cómo publicitar mi libro sin ser un spammer odioso?
  3. Hay 7 tipos de escritores: elige el tuyo. Este, también del 2015, es uno de esos artículos que cito en mis talleres, consultas, etc. Si sabes qué consideras éxito, si sabes qué quieres realmente como escritor, será mucho más fácil diseñar el camino que necesitas para progresar.
  4. Cómo escribir una novela con el método de las 30 escenas. Un artículo de finales del 2016 que caló hondo. Sí, hay muchas formas de planificar novela, pero este método por capas va mucho más allá y escarba en el sistema de la narración por niveles.
  5. 7 tipos de blog que sí funcionan para escritores. Otro de los artículos clásicos del blog (de finales del 2015). Está claro que ofrece respuestas interesantes para todos esos autores que han escuchado alguna vez aquello de “para triunfar como escritor necesitas un blog”. Sugiero combinarlo con el artículo de Víctor Selles que comento en la siguiente lista, más abajo.
  6. Usa la técnica de los tres momentos para crear personajes redondos: Este año he hablado mucho de personajes y creo que las ideas expresadas en este artículo (que llegaron de manera muy secundaria a través de un podcast) me proporcionaron un enlace muy útil entre mi trabajo como escritora y mi formación como narratóloga. Los tres momentos mencionados van más allá de los típicos consejos de escritura, y se meten en profundidad en coherencia y psicología de personajes creíbles.
  7. 7 métodos probados para planificar tu novela: Un artículo de 2015 que es, sin duda, el que más he enlazado cuando he respondido a consultas por email. ¿Estás con tu primera novela y no sabes por dónde empezar; o tal vez ya tienes un borrador a medias pero la estructura no funciona? Este es el artículo que necesitas.
  8. ¿Necesitas inspiración? Acude a estas 34 fuentes y destroza tu bloqueo: Escribí este artículo este año como parte de un pequeño taller que creamos Irene Rodrigo y yo para el I Encuentro de Redactores Digitales de Madrid. No sé cómo sería de útil para los blogueros y copywriters que acudieron al taller, pero me habéis convencido con vuestras visitas y comentarios de que es un recurso muy valioso para todo tipo de redactores.
  9. Cómo escribir más y mejor con el sistema de los tres cubos (2017). Esta forma tan sencilla de entender el proceso creativo nos llegó de la mano de Jeff Goins y ha debido de ser esclarecedor, viendo lo que os gusta.
  10. 10 trucos diferentes para crear personajes inolvidables (2016). De nuevo, un artículo de personajes. Lo que me atrae de este artículo es que da un repaso a ideas que no son las que nos sabemos todos ni encontramos en el material online de siempre.

artículos favoritos

Hablemos ahora de otros, que también es posible. Esta lista es una recopilación de mucho de lo que a mí me ha inspirado y de lo que a vosotros más os ha interesado de cuanto he compartido en mi página de Facebook y mi cuenta de Twitter. El orden no es por preferencia, sino aleatorio:

  1. La imposibilidad de aprender algo bien, por Isaac Belmar (Hoja en blanco): Siempre es difícil elegir un solo artículo de Isaac. Es de los pocos blogueros que hay ahí fuera que ha impregnado su blog de su tono como escritor, y eso hace que todo lo que redacte sea meditado, profundo y musical. Esté de acuerdo o en desacuerdo con sus textos, siempre los termino con varias ideas revoloteando en la cabeza. En este artículo, creo que resume todo lo que significa, en cierto modo, mi manera de entender mi propio blog. Belmar critica el clickbait y las listas de “trucos” para escribir bien, y eso es algo que yo utilizo (no hay más que ver los títulos del apartado anterior) por la sencilla razón de que si no, nadie llegaría hasta aquí (témome que mi espíritu eminentemente práctico choca a veces con el romanticismo de Belmar). Pero mi esperanza, al igual que la de Isaac (creo) es que cualquiera que lea mis artículos se marche con el conocimiento de que escribir es un arte tremendo, complejo y a la vez maravilloso: desde luego eso es algo que Isaac siempre consigue.
  2. Por qué no deberías tener un blog de escritor, por Víctor Selles. También es muy difícil elegir un solo artículo de Víctor Selles, que analiza todos los temas con una inteligencia aguda y que nunca deja de aportar ideas nuevas e interesantes. Sus opiniones, además, tienden a estar muy alineadas con las mías, y tiene el mismo interés que yo en analizar ciertas cuestiones en profundidad. Una de ellas ronda el tema del blog de escritor, algo a lo que le he dado muchas vueltas en estos años como redactora digital. Víctor explica (y bien) por qué un blog NO es siempre lo que necesitas y algunos aspectos que es importante tener en cuenta antes de lanzarse a crear uno.
  3. Cómo sobrevivir al marketing online para escritores, por Ana González Duque. Este ha sido un año muy intenso para el blog de marketing de Ana, gracias a la colaboración de otros autores como Jaume Vicent o R. R. López, que lo han llenado de tutoriales utilísimos. Podría recomendarlos todos, pero me voy a quedar con este artículo porque creo que es la respuesta perfecta a todos esos escritores que me comentan que están harticos ya de tanto promocionarse y buscar visibilidad, y que ellos lo único que quieren hacer es escribir. También debéis leer, en el mismo blog, este artículo de Jaume Vicent que es toda una introducción fantástica al tema del marketing de contenidos.
  4. 5 clásicos que fueron considerados literatura subversiva, por Alfredo Álamo. Cuando yo escribía para Lecturalia, sabía que los artículos sobre libros polémicos siempre eran un éxito asegurado. Y es que el morbo nos puede a todos.
  5. Las tres palabras que un narrador coherente no debería usar a la ligera y por qué, por Alejandro Quintana. Un artículo con el que reír y aprender: Quintana tiene un ojo especial para analizar los entresijos de la escritura y centrarse en cosas que ni se te ocurrirían.
  6. Buscador de blogs para escritores, por Iván Lasso. No un artículo exactamente, más bien una herramienta fantástica para encontrar artículos: concretamente, artículos sobre escritura. Así que si con esta lista no tienes suficiente, ya sabes dónde ir.
  7. Errores del escritor novel II: ¿sujeto o vocativo?, por Celia Arias. He elegido este artículo como podría haber elegido cualquiera de Celia. Su blog está lleno de explicaciones sencillas y claras para los errores formales más comunes que tendemos a cometer los escritores. Un poco como mi 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, pero en pildoritas online. En ese texto concreto trata el problema, muy común, de las comas tras sujeto.
  8. 8 expresiones del español que tienen su origen en un error de traducción, por Ana Bulnes. Ana se luce en este artículo interesantísimo lleno de términos con historias muy, muy curiosas. Creo que ahora no recuerdo ni una, pero en septiembre andábamos todos leyendo y compartiendo este texto.
  9. 4 películas que mejoran el libro original que adaptan, por Àngels S. Amorós. Este artículo de Librópatas tuvo especial repercusión en mi página de Facebook, probablemente por todos los comentarios a favor o en contra de los libros postulados en el artículo (más unos cuantos ejemplos más que sugeristeis vosotros).
  10. Por qué no deberías tener una página de fans en Facebook para tus libros, por Clara Tíscar. No, crear una página en Facebook solo para tu libro no fue buena idea hace cinco años y tampoco lo es hoy, ahora que las páginas de fans en general pierden alcance a un ritmo alarmante.
  11. Alternativas a Amazon para publicar tu libro, de Valentina Truneanu. Valentina publicó en MOLPE una versión muy resumida de la información valiosísima que ofrece en su libro Plataformas de publicación, que recomiendo con energía, mucha energía.
  12. Tres razones y cuatro métodos para planificar una novela, por Nieves Muñoz. Se ve que os gustan los artículos sobre planificación narrativa: aquí Nieves propone cómo construir tu novela y plantea cómo de estrictos debemos ser con nuestra planificación. Este artículo también os despertó interés en la página de Facebook.
  13. Bullet Journal – marzo y abril, por Beleth. 2017 ha sido el año en que cientos de escritores se han organizado siguiente el sistema bullet journal. Elegí este post como ejemplo, porque el cuaderno de Beleth es de los más bonitos que he encontrado en mi blogosfera habitual.
  14. ¿Cuánta ciencia debes saber para conseguir verosimilitud en la ciencia ficción?, por David Olier. David se ha centrado en su género, la ci-fi, y eso ha dado como resultado artículos trabajadísimos sobre técnica narrativa y tematológica. Si usáis Scrivener, leed también sus trabajos al respecto, que son excelentes.
  15. La importancia de la rutina y las leyes del Newton creativo, por Miguel Ángel Alonso Pulido. Ya sé que siempre insisto mucho en las rutinas y sistemas para escribir, por encima de musas e inspiraciones legendarias, pero aquí además Miguel Ángel le da una vuelta muy original aplicando las leyes de Newton. ¡Casi nada!
  16. Rompe todas las reglas (pero hazlo bien), por Diana P. Morales. Llevaba yo un tiempo queriendo escribir un artículo explicando aquello de lo que tantas veces he conversado con clientes: las reglas están para cumplirlas, porque sirven al acto comunicativo. Pueden romperse, pero más te vale saber cómo. Por suerte para mí, Diana ya lo ha escrito, y muy bien además.
  17. Editoriales sensuales que aceptan manuscritos (en tu zona), por Coral Carracedo. Coral (también conocida como Lulu) actualiza de vez en cuando esta lista de editoriales que sí aceptan manuscritos. Una lista muy muy necesaria en la que seguro que muchos estáis pinchando ya.
  18. El terror de escribir fantasía, por Rafa de la Rosa (Dragón Mecánico). He seleccionado este artículo de Rafa porque es una muestra perfectamente expresada de los temores que nos invaden a muchos de los que escribimos durante el proceso completo de creación y edición. Muy recomendable: seguro que muchos os sentís muy muy identificados.
  19. Las dos formas de clavar la personalidad de tus personajes, por Guillermo Jiménez (Lecturonauta). Un artículo fundamental para entender cómo se forma y define la personalidad (y cómo aplicarla a nuestros personajes). Sugiero leerlo en conjunción con mi artículo sobre el uso de categorías para mantener la coherencia en nuestros personajes.
  20. El cuidado editorial durante la producción de un libro, por Mariana Eguaras. Mariana hace un recorrido por el proceso de edición para que entendamos mejor qué recursos son necesarios para producir una obra de calidad decente. Indispensable.
  21. Escribir diversidad no es fácil, por Rocío Vega. Rocío analiza la famosa polémica de escribir/no escribir personajes “diversos” (centrándose sobre todo en el espectro LGTB), con una perspectiva respetuosa y matizada con la que coincido bastante.
  22. De juntar letras a desarrollar el lenguaje literario, por Javier Miró (Autorquía): Javier se centra en todo lo que hay detrás del paso crucial entre el simple hecho de juntar palabras y el hecho de producir un texto concebido como literario, con el necesario cuidado del lenguaje.
  23. Así ha cambiado Internet el modo en que leo, de Marcos Martínez (La Piedra de Sísifo). Internet nos distrae de la lectura enfocada y sosegada, pero también nos ofrece unas posibilidades hipernarrativas a las que no podemos resistirnos.
  24. ¿Cómo se hace worldbuilding en el apocalipsis?, por Gabriella Campbell (Windumanoth): ¡Buajajaja! ¡He hecho trampa y os he colado otro artículo mío! Ya en serio: lo pongo por aquí al ser un texto escrito exclusivamente para Windumanoth y porque creo que resume bien mi parecer práctico y teórico con esa cosa llamada worldbuilding,
  25. 52 retos de escritura para 2018, por Adriana Tejada (LiterUp). Los retos de LiterUp siempre son divertidos y una práctica fenomenal tanto para mejorar en la escritura como para desarrollar la disciplina del hábito. Cierro esta lista con esta propuesta de escritura para el año nuevo: podéis cumplir el reto escribiendo a diario durante 52 días seguidos o escribir un relato a la semana. Algunas de las propuestas son muy originales, como escribir un relato basado en tu chiste favorito.

artículos favoritos

  1. Forget Going Viral. Here’s How To Create Work That Will Last Forever, por Ryan Holiday. Cómo crear obras que duren para siempre y mimar tu catálogo. Un artículo que sirvió de base e inspiración para este, sobre por qué tu catálogo tiene más peso que tus lanzamientos.
  2. 9 Ways To Get The Very Best Ouf Of Your Book Cover Designer, por Joanna Penn. Cualquier artículo que ofrezca información sobre los procesos de la Penn vale su peso en oro (¿en bitcoin?), pero este además nos enseña a cómo comunicarnos de manera eficiente con nuestro portadista, algo en apariencia sencillo, que en realidad de sencillo tiene poco.
  3. Exactly how I self-published my book, sold 180,000 copies, and nearly doubled my revenue, por Michael Bungay Stanier. Este artículo me pareció revelador, al mostrar las verdaderas cifras y métodos que hay detrás de un lanzamiento independiente de éxito. Sobre todo impresiona que Bungay inviertiera tanto (económica y logísticamente). ¿Estaríamos dispuestos nosotros a llegar a esas alturas? Evidentemente, nuestro mercado es otro y funciona de otra manera, pero da bastante qué pensar.
  4. Why Doesn’t Ancient Fiction Talk About Feelings?, por Julie Sedivy. Un análisis precioso sobre cómo la evolución de la empatía y la expresión de los sentimientos va paralela a la evolución de la literatura.
  5. Your Easiest Income Stream, de Steve Pavlina. Este año me he enfrentado a una parálisis tremenda respecto a ciertas decisiones que debía tomar para mi carrera como escritora. Este artículo de Pavlina me sacó del hoyo: en principio va de algo que nada tiene que ver (ingresos pasivos), pero hay mucha información práctica sobre cómo tomar decisiones que me ayudó a verlo todo con mayor claridad.
  6. How I Write 10,000 Words Per Day, Every Day, por Nicolas Cole. El artículo que originó esta versión mía y que recibió respuestas entre la admiración, la sorpresa, la envidia, el resentimiento y algún que otro enfado. Eh, dejad al chico tranquilo. Si quiere escribir 10000 palabras al día, que las escriba.
  7. How To Assemble Your Universe: Lessons From Marvel & Moment Catchers, por Mike Sowden. La construcción de mundos va más allá de la ambientación de tu novela. Mike analiza cómo el universo Marvel funciona no solo como ambientación, sino como un embudo magistral de venta y narración que los escritores podemos aplicar a nuestras propias series de libros.
  8. “Ma” and Tension-building, via Miyazaki, por Laini Taylor. Gracias a este artículo descubrí el concepto de ma y cómo se relaciona con los textos narrativos para crear una suerte de respiro o silencio que sirve para distribuir la tensión de manera efectiva. Muchos lo habréis utilizado de manera intuitiva (aprendemos ese patrón de libros y textos audiovisuales realmente buenos), pero siempre gusta poder ponerle nombre a las cosas.
  9. A Unified Theory for Designing Just About Anything, por Cristina Wodtke. Wodtke se pregunta qué significa en realidad tener un buen diseño. Piensa sobre todo en diseño de software y en teoría del juego, pero encuentro que las preguntas que plantea son total y necesariamente aplicables a un buen libro.
  10. The Myth of the “Aha” Moment, por David Cain. Cain explica por qué esos momentos mágicos de revelación inspirada no son como creemos: provienen de una práctica habitual dedicada a nuestro arte. Artículos como este son la razón por la que siempre vuelvo a su web, Raptitude.
  11. It’s a Good Thing Some People Don’t Like You, por Julien Adler. Adler analiza desde el punto de vista empresarial la necesidad de ceñirse a clientes y compradores que entienden y disfrutan de un producto especial en vez de intentar ser todo para todos y complacer absolutamente a todos tus clientes potenciales. En la escritura puede ser crucial aplicar el mismo concepto. Escribir algo comercial que guste a (casi) todos no es imposible, pero ir con esa intención te traerá una buena ronda de disgustos (por no hablar de una literatura mediocre).
  12. How to Remember What You Read, en la web Farnam Street. Uno de los artículos más completos y realistas que he encontrado sobre cómo sacarle el máximo provecho a la lectura. Amplié muchos de sus puntos en un artículo exclusivo que envié a la lista de correo.
  13. Not That Complicated, por Sebastian Marshall. Otro artículo que sirvió de inspiración para un email a la lista (tendríais que apuntaros, creo yo). No es más que una nota, en realidad, apenas un post, pero da con el dedo en la llaga sobre por qué las personas inteligentes buscan trabajo innecesario e inútil en vez de centrarse en lo efectivo, debido a su necesidad constante de estímulo.
  14. Kazuo Ishiguro: ‘Write What You Know’ is the Stupidest Thing I’ve Ever Heard, por Emily Temple. Muchos sabéis el brinco de alegría que di cuando le dieron el Nobel de Literatura a Ishiguro, y esta entrevista para Literary Hub es maravillosa para entender su proceso y forma de ver lo literario.
  15. Mental Models: Learn How to Think Better and Gain a Mental Edge, por James Clear. Termino con este enlace que no es más que una introducción a una serie de artículos sobre modelos mentales excelentes (mi favorito hasta la fecha, creo, es el artículo sobre primeros principios, que toma a Elon Musk como ejemplo). Lo que me encanta de Clear es que sus textos tienen aplicaciones eminentemente prácticas, y sus textos bien meditados y documentados siempre me proporcionan herramientas que tiendo a utilizar en mi propia vida. Creo que Clear se merecía cerrar esta lista.

¡Pero eso no es todo! ¡Oh, no! Como pequeño bonus, porque estoy segura de que todavía no habéis tenido suficiente (¡segura!), me despido con una lista de los diez libros que más he disfrutado este 2017. Todos los enlaces van a Amazon, porque soy afiliada y si compráis allí me llevo unos centimillos, pero evidentemente sentíos libres de buscar y adquirir los libros donde mejor y más os plazca.

Un aviso: Siempre alterno lecturas en inglés con lecturas en cristiano. El hecho de que haya más títulos de autores angloparlantes en esta lista no es voluntario (he leído la misma cantidad de obras en ambos idiomas): simplemente da la casualidad de que este año ha habido más títulos que me han impactado en inglés que títulos que me han entusiasmado en nuestro idioma.

¡Que aproveche!

artículos favoritos

  1. El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro: No puedo ser más fan de Ishiguro y este libro tampoco me ha defraudado. Precioso es decir poco. Nota: hace poco me han llegado algunas muestras de la traducción de Nunca me abandones que me han hecho llevarme las manos a la cabeza. Creo que El gigante enterrado está traducido por la misma persona, así que no me responsabilizo de qué puede ocurrir si leéis esta obra en español. Si tenéis oportunidad de leerla en inglés, hacedlo.
  2. Mil otoños, de David Mitchell: Hablé bastante de esta obra en mis notas de lectura. Nada más que decir, aparte de que fue un viaje maravilloso.
  3. La pasión de la nueva Eva, de Angela Carter. La Carter ha sido mi gran descubrimiento de este año. Empecé a leerla porque un lector de mi Lectores aéreos me dijo que mis cuentos le recordaban a su escritura. Nada más lejos de la verdad (¡ya me gustaría!), pero sí que es cierto que compartimos cierto gusto por lo weird, lo grotesco pero bello, y por los roles culturales y sociales del cuerpo femenino. Por mucha desgracia, esta obra está descatalogada en nuestro idioma: el enlace lleva a la versión original.
  4. Fuera de quicio, de Karen Joy Fowler. Una obra tan divertida como tierna y, sí, muy triste también. Hagáis lo que hagáis, NO BUSQUÉIS ESTA OBRA EN GOOGLE. No sé qué listico ha escrito la sinopsis, pero destripa la historia por completo. Y esta es una historia en la que merece la pena entrar a ciegas.
  5. Luna, de Ian MacDonald. De Luna ya hablé también aquí en el blog. Una de mis lecturas más entretenidas del 2017.
  6. El ruido del tiempo, de Julian Barnes. Ay, Barnes de mi corasón y de mi arma. Un acierto, siempre. Aquí se atreve con la devastación del arte politizado. ¿Cómo y a qué te refieres?, me preguntaréis. No sé, leedlo vosotros, porque es fascinante y… eso: devastador.
  7. Las primeras quince vidas de Harry August, de Claire North. Qué puedo decir de la Claire: sabe de historia y además presenta un concepto muy muy especial de viajes en el tiempo.
  8. Productivity for Creative People, Mark McGuinness. Por desgracia, no encuentro versión traducida de esta pequeña maravilla de McGuinness. He leído varios libros de esta serie para escritores y todos están tocados por la tremenda humanidad y sapiencia de este señor. Si no conocéis su podcast, probadlo. Tiene una voz de ensueño.
  9. Tres reinas crueles, de Isaac Belmar. Aunque me gustó bastante más Perdimos la luz de los viejos días, Tres reinas crueles mantiene ese aire casi onírico y melancólico que tanto me atrae de Belmar, vestido de una prosa perfecta. El personaje principal femenino me recuerda por muchos motivos a Nicola Six, de Campos de Londres (Martin Amis): una representación voluntaria y crítica de la femme fatale autoconsciente.
  10. Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas. No soy nada aficionada a los pastiches (ni siquiera a los pastiches frikis), pero Jesús lo hace todo bien, qué le vamos a hacer. ¿Costumbrismo con toques de terror? Sí, por favor. Y tiene lo genial de leer y leer y no tener muy claro si va a haber un componente fantástico en algún momento o si Cañadas simplemente está usando ese tall story o ficción “realista” llevada al extremo que tanto me gusta de autores como Robert Rankin, al que desde luego metería en la misma categoría que nuestro autor gaditano. Añade cien puntos por su prosa colorida y su inserción de referencias estéticas y dialogadas a una Cádiz de otro tiempo y obtendrás este tocho de diversión pura y dura.
  11. Mención especial: Alicia en el sótano, de Santiago Eximeno. Aunque se quedó fuera de los diez favoritos por los pelos, me veo en la necesidad de recomendar esta obra angustiosa y elegante de Santi. A no ser que tengas hijos: entonces casi mejor no la leas, que menudo ratico vas a pasar.

No dejéis de avisar si hay algún enlace roto o que no corresponda, que he hecho lo posible por revisarlo todo, pero ya veis qué cúmulo hipervincúlico.

Y ahora sí, me despido, pero no sin antes agradecer a los que habéis apoyado este blog estos últimos meses de la mejor forma posible para un escritor: dándome de comer. Todos mis mecenas son especiales, pero hago mención especial a los mayores contribuyentes y entusiastas: Jorge del Oro, Carlos S. Baos, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón, Anabel Rodríguez y Daniel Hernández Alcojor. Mil gracias, en serio, por hacer mi 2017 un año mejor.

Feliz 2018 a todos y pensad en mí en Nochevieja. Este consejo no es gratuito: si pensáis en mí en esa noche tan bonita de camino, de cruce y esperanza, también os acordaréis de tomar gintonics de los buenos en vez de garrafón.

De nada.

escribirherramientas para escritorespersonajes

Cómo crear personajes coherentes utilizando categorías

diciembre 17, 2017 — by Gabriella8

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Imagina que te has enganchado a un libro.

Todo va bien: está muy bien escrito, las escenas de amor hacen que tu corazoncito palpite entusiasmado, la trama está repleta de misterios misteriosos, el ritmo es perfecto y la acción es… jopelines, la acción es muy activa.

Además, los personajes son muy atractivos. Aparte de guapos y empotrables, sientes que te puedes identificar con ellos: te importa de verdad qué les puede ocurrir.

Y entonces llega el final y todo culmina en un giro sorprendente.

Sobre todo es sorprendente porque no hay quien se lo crea.

Este giro sorpresivo se basa en la acción del protagonista. Y no es creíble y no sabes muy bien por qué. Solo sabes que no tiene ni pies ni cabeza.

Dejas el libro con irritación, sales a dar un paseo, a tirar unos cuantos gimnasios Pokémon y a beber una copa de vino en una terracita al lado del mar y de repente, llega.

Llega la sabiduría. La Verdad. La razón por la que no soportaste ese final.

No soportaste el final porque la resolución se basó en la acción de un personaje que no tenía sentido. Dicha acción estaba fuera de lugar. No era coherente con el personaje. No se había producido ninguna transformación que explicase ese cambio repentino de personalidad.

Esto generalmente se conoce como un deus ex machina como la copa de un pino: integrar un elemento externo en la historia sin ningún tipo de pista ni narración anticipatoria. No ha habido un proceso: solo una resolución artificial y perezosa.

Suspiras un poco porque, como persona que escribe, sabes que también podría pasarte a ti. Le das un sorbo a tu vino, atrapas un Magikarp y piensas: ¿qué puedo hacer para que no me pase a mí?

También: ¿por qué hay turistas en bikini tomando en sol cuando estamos a catorce grados?

Pero no temas, porque ha venido Gabriella a ayudarte.

personajesImagíname así, pero con tutú rosa y una capa de Mi pequeño poni: La magia de la amistad.

(Gabriella habla mucho en tercera persona, por si no te habías dado cuenta. Sobre los bikinis no puede hacer nada, pero con los personajes tiene algo más de poderío).

El problema del personaje incoherente

El ser humano es complejo, de eso no hay duda. Escribir un personaje creíble no es nada fácil y es una de esas cosas que separan al escritor en ciernes del profesional. Para la pregunta de: ¿qué haría este personaje en esta situación?, es fundamental saber cómo es nuestro personaje. Si nos dejamos llevar por nuestro instinto, es muy fácil meter la pata y obviar características fundamentales de su personalidad.

Esto es algo que muchos escritores aprenden conforme progresan y mejoran sus habilidades: por increíble que parezca, no, tu instinto no siempre tiene razón.

Por mucho que hagas caso de tus entrañas, vísceras, estómago y corazón, el instinto no puede suplir una habilidad que todavía no tienes desarrollada. Si solo haces caso de tu instinto al crear un personaje, es muy posible que acabes con un mejunje que ni tiene sentido ni gusta al lector.

¿Cómo podemos evitar ese mejunje?

Se dice pronto, pero tenemos que evitar estos dos extremos:

  • El personaje absolutamente plano y cliché, unidimensional, definido por un solo factor o por un conjunto breve de características estereotipadas. Hay ejemplos de estos en la literatura y en la ficción en general: el héroe valiente y bondadoso; la princesa desvalida; la chica guapa, popular y cruel; la víctima a la que le ocurren todo tipo de desgracias; el detective nihilista y misógino… Si se llevan al extremo, pueden ser personajes divertidos de utilizar, casi como parodias de sí mismos, y en algunos géneros son casi necesarios, pero suele cansar ver aparecer un tópico tras otro.
  • El personaje que, claramente definido por sus acciones y pensamientos, de repente dice o hace cosas que chocan con todo lo que sabemos de ellos, sin explicación ni razón alguna. Por ejemplo, imaginaos que Batman matara a alguno de sus enemigos y que no hubiera ni razón ni consecuencias. Vamos, que ni se mencionara el tema. ¿No creéis que a Alfred o a Robin les parecería un poco raro? Yo me imagino hasta al batmóvil echándole la bronca, con la vocecilla de K.I.T.T del Coche fantástico:
personajeMichael... digo... Bruce, ¿qué te pasa, tío? Matas al Joker, aparcas en la plaza de minusválidos, te dejas el maletero abierto... tú no estás bien.

Tal y como lo digo, seguro que pensáis que no habéis caído en ninguno de estos casos. Pero mirad lo que os digo y no os asustéis: creo que en algún momento todos caemos. A mí me ha pasado, a todos nos ha pasado. Al fin y al cabo, estamos creando psiques enteras de la nada. Bastante nos cuesta entendernos a nosotros mismos como para entender a alguien que ni existe.

(Hay otro factor en el que no entraré ahora, pero que por desgracia tiene un impacto tremendo: que tu personaje le caiga bien o no al lector. Un personaje despreciable puede estar muy bien construido, pero necesitarás que el lector le tenga algún grado de simpatía si quieres que le interesen sus aventuras. O que por lo menos sus aventuras sean lo bastante llamativas como para que el lector deje pasar su desconexión con la personalidad protagonista).

La coherencia es determinante para que un texto funcione. Si tu personaje es X, debe comportarse de manera X. Por supuesto, puede cambiar (y debe: de eso precisamente trata el clásico viaje del héroe), pero esa evolución debe estar mostrada en el texto y debe ser lógica para que el lector la acepte.

¿Cómo mantener esa coherencia? Hay un truco muy útil, que es asignarle una categoría y recurrir a esta con cada decisión del personaje.

El problema de la coherencia

Puede que muchos no estéis de acuerdo con este truco, ya que a muchos autores les encanta que los personajes se les vayan de las manos y tomen sus propias decisiones. Volvemos, una vez más, al peligro de un exceso de confianza en nuestro instinto. En Lecturonauta (probablemente el blog donde más trabajo especializado vais a encontrar sobre psicología de personajes), Guillermo habla de qué es la personalidad y de diferentes modos de enfrentarse a la construcción de nuestros protagonistas. También habla de los escritores que prefieren guiarse por ese ya mencionado instinto a la hora de formar dichas personalidades.

Y eso está bien. Hasta cierto punto. Ese instinto, como vengo repitiendo desde el principio del artículo (porque soy como las madres, que lo dicen todo ocho veces cuando es importante) no siempre es acertado. Un personaje “escapado” puede llevarte a sitios interesantes, pero también puede llevarte de cabecita al infierno de los Escritores Que Creen Que Son La P***a Y Que Aburren A Sus Lectores. Y ese es un círculo del Averno del que no te van a sacar ni Dante ni Beatriz ni un ejército de carritos de la compra del Mercadona.

personajesReíd, reíd, pero cualquiera de vosotros podría ser su próxima víctima.

La “cajita” de personalidad en la que encierras a tu personaje no es más que una guía predeterminada, una forma de que cuando tu personaje se descarrile puedas saber si su descarrilamiento hará que la historia crezca, que todo mejore, o si terminará en un accidente terrible con montones de víctimas. No debes verlo como una restricción, sino más bien como una chuleta, una medida de seguridad para mantener esa coherencia tan necesaria.

Categorías útiles para guiar a tus personajes

Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano ha mostrado cierta obsesión con categorizarlo todo. Si tenemos una taxonomía, tenemos una manera de conocer y distinguir las cosas, podemos ponerles nombre y entenderlas mejor. Es una manera de meter la patita en el método científico y, sí, de intentar controlar la realidad que nos rodea.

Myers-Briggs: un montón de personalidades donde elegir

Algunas categorías son más útiles que otras cuando hablamos de análisis psicológico práctico. Es posible que la categorización de seres vivos en vertebrados e invertebrados sea más útil que distribuir a la personalidad humana en los tipos expuestos por el test Myer-Briggs, una categorización bastante cuestionada dentro del entorno de la ciencia actual. No obstante, donde la psicología actual ve una prueba y categorización obsoleta, yo veo una manera muy práctica de crear personajes. Hay muchos más modelos más, como el modelo de los cinco grandes o el eneagrama de toda la vida, pero personalmente encuentro que Myer-Briggs es mucho más productivo a la hora de definir características que construyen a un personaje coherente. Esto es porque la idea al utilizar sus categorías no es analizarnos a nosotros mismos, sino usar un mapa de características que sirvan como esquema por el que guiar a nuestro personaje.

personaje¡Atrápalos a todos!

Si tenéis curiosidad por saber qué tipo de personalidad tendríais vosotros, oh autores, podéis hacer cualquier test en línea. Hay 16 tipos que surgen de la combinación de los rasgos básicos de personalidad según Myers-Briggs (madre e hija, por si os lo preguntabais). Aquí tenéis una lista completa con explicaciones de cada uno de ellos.

El juego del personaje Myers-Briggs

Propongo un juego: coge esa lista, otorga a cada tipo un número y luego elige un número al azar usando random.org, una chistera llena de papelitos, un dado de rol o lo que más te apetezca.

Ahora crea un relato cuyo protagonista tenga ese tipo de personalidad. Recuerda que el personaje puede evolucionar, pero no puede traicionar lo que es en realidad. Así, una personalidad tímida puede hacer un gran esfuerzo por hablar en público, pero no será algo que le agrade ni que elija como idea de diversión natural; una personalidad extrovertida puede decidir que hoy le toca quedarse en casa a solas leyendo porque le han dicho que leer es bueno: pero este será un esfuerzo consciente, no su primera elección a la hora de decidir en qué quiere invertir su tiempo libre.

Repito que esta categorización no existe para constreñirte ni limitar tu creatividad como autor: sirve para que no te despistes y no otorgues características que no corresponden a tu personaje: sirve para que el personaje no se comporte de manera errática e incoherente (a no ser que sea un personaje que se distinga por su personalidad errática e incoherencia, pero incluso ese personaje se mostrará errático de forma comprensible y coherente: dentro de la lógica interna de la narración).

Myers-Briggs tiene, según muchos profesionales, la misma credibilidad que los signos zodiacales del horóscopo. Pero es que los signos zodiacales del horóscopo también te sirven para darle redondez a tu personaje; no estamos buscando un diagnóstico mental ni una predicción astrológica: la idea es tener siempre a mano una categoría fija, un referente inamovible que te sirva de recordatorio acerca de cómo es y cómo debe comportarse la persona a la que estás escribiendo.

Todo esto está muy bien, pero a veces apetece escribir personajes que sean un tanto… diferentes. Para ello, pasemos a la siguiente categoría.

La tríada oscura

¿Por qué escribir sobre gente normal que entra en categorías normales? ¿Por qué no escribir a psicópatas, sociópatas y narcisistas?

Os presento a la popularmente mal llamada tríada oscura, también conocida como: “quiero escribir a un asesino en serie, porque mola”.

AY.

Para empezar, si quieres escribir asesinos en serie, olvídate del clásico psicópata, porque te vas a meter en camisa de once mil varas. La psicopatía es simplemente una falta de empatía emocional, no implica ir por ahí ahorcando mujeres con las medias de tu madre. Para escribir algo como lo de las medias así vas a tener que abrirte a toda una serie de desórdenes mentales: desde sociopatía a trastornos delirantes, psicosis y esquizofrenia. Ya si nos metemos en el divertido mundo del sadismo no consentido tenemos para una serie de thrillers apabullante.

Personalmente, creo que lo que da más miedo son los asesinos que son neurotípicos: personas como tú o como yo, sin desórdenes de esos que asustan. ¿Qué ocurre si colocas a personas normales en situaciones de violencia extrema, de crueldad injustificada y obligada? Eso sí que da miedo, no hay más que leer un poco al respecto, documentarse con historias reales.

Todo esto no quita la diversión suprema que produce escribir a un personaje que te resulte difícil concebir. Como persona bastante empática, algunas de las experiencias más geniales que he tenido escribiendo han sido aquellas donde escribía a personajes incapaces de sentir empatía, o con emociones muy diferentes a las mías. ¿Cómo serías si eliminaras tu miedo a las consecuencias o tus condicionantes sociales y morales? Soy muy aficionada a escribir psicópatas prosociales, precisamente por el salto imaginativo que implica para mí; me encanta escribir a narcisistas, porque qué le vamos a hacer: los narcisistas pueden ser muy carismáticos y brillan especialmente si son los antagonistas de tu prota. También me encantan los narradores mentirosos, ¡porque a mí mentir se me da fatal y me da mucho cargo de conciencia!

Al final, se reduce a lo mismo: crea la categoría por la que te puedas guiar. Una persona no es sádica, arrogante, violenta, impulsiva o amoral porque sí. Si quieres meterte realmente en las raíces de tu personaje, hazte pasar por su psicólogo. Documéntate, anota lo que te dice en vuestras sesiones, analiza e intenta hacer un diagnóstico.

Lo maravilloso del mundo de ficción es que da igual si te equivocas con el nombre que le pones a tu trastorno: nadie va a saberlo si no lo dices. Con que tu personaje se mantenga fiel a las notas de tus sesiones, podrás convencer al lector de que está conociendo a una persona real, defectos y rarezas incluidos.

Las cuatro tendencias de Gretchen Rubin

Rubin no es científica ni psicóloga ni nada por el estilo. Su categorización no tiene una base sólida. Y sin embargo me sorprende lo útil que me resulta para crear personajes. De hecho, esta es mi categorización favorita, con diferencia.

Sobre todo, es que es muy muy sencilla. No está basado en cuestiones de trastorno, ni extroversión/introversión, ni rasgos puramente emocionales… no. Se basa en cómo respondemos a nuestras expectativas y a las de los demás. Y cuando estás haciendo construcción de mundos y cuando estás creando tu propia sociedad e interacción en un grupo de personajes, esto es m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-o.

Veréis: muchas propuestas de creación de personajes tratan a cada personaje como una entidad en sí misma. Pero nadie existe en el vacío (o casi nadie… depende de cuánta ciencia ficción escribas). Nuestra personalidad implica una relación con nosotros mismos (conócete a ti mismo, como dirían en Delfos) y con otras personas. Adoptamos diferentes comportamientos según cada circunstancia social, pero también adoptamos diferentes comportamientos según cómo nos enfrentamos a nuestras responsabilidades.

Y resulta que la mayoría de las grandes historias van de responsabilidad: ¿qué ha aprendido tu héroe al final del libro? ¿Cómo ha evolucionado? ¿Cómo se ha enfrentado a los conflictos que el mundo le ha tirado a la cara en este gran festín ficticio de lanzar conflictos petardos a la cara de alguien? Si tu personaje no tiene una lucha interna… de qué poquito le sirve la externa. Muchos lectores dicen que su parte menos favorita de El señor de los anillos es el final, pero a mí me encanta. Es, para mí, puramente literario: fuiste al Monte del Destino, te deshiciste del anillo único… ¿y ahora qué? ¿Qué has aprendido? ¿Cómo has cambiado? ¿Y si has cambiado tanto que la Comarca se te ha quedado chiquita?

Rubin creó cuatro definiciones para ayudar a personas a deshacerse de sus malas costumbres y crear hábitos saludables. Yo de hábitos hablo mucho, ya lo sabéis. Por ejemplo, el hábito de la escritura es una de las partes más importantes de mi vida y de mi identidad. Según Rubin, nuestra forma de enfrentarnos a nuestras responsabilidades determina cómo deberíamos implementar nuevos hábitos que nos ayuden a conseguir lo que queremos en la vida y la felicidad y etc. Y según esa forma, nos definimos por cuatro categorías.

Veamos cuáles son esas definiciones:

  • Tenemos al rebelde: la persona que se enfrenta a las expectativas que tiene consigo mismo y con las expectativas que otros tienen de él.
  • Tenemos al conciliador: la persona que quiere cumplir las expectativas ajenas pero desconfía mucho de las propias.
  • Tenemos al interrogador: la persona que se cuestiona las expectativas ajenas pero siempre cumple con las propias.
  • Y tenemos a la persona cumplidora: que quiere quedar bien no solo con los demás, sino también con las expectativas que tiene de sí misma.
personajesHay una quinta categoría, creo yo, ocupada solo por la gran Christie Sims. Ella trasciende la rebeldía, forma categorías y arquetipos narrativos revolucionarios y crea expectativas nuevas en el mundo. Pero eso lo dejamos para otro momento.

Ninguna categoría es mejor que otra: no se trata de juzgar. Todas tienen sus ventajas y desventajas (y pocas personas pertenecen a un solo tipo: generalmente estamos a caballo entre un par). Se trata de entender en qué categoría entra cada uno de nosotros para poder tomar medidas para aquello que queremos cambiar. Por ejemplo, si eres un rebelde, de poco te sirve decirle a tus amigos que te den una colleja cada vez que no vayas al gimnasio… ¡eso solo te cabreará más! Si eres una persona conciliadora, sin embargo, decir en público que vas a ir al gimnasio todos los días te obligará a ir, porque no quieres quedar mal con los demás.

No me quiero comprar el libro de la rubin, gabriella, ni tengo interés alguno en mejorar como persona ni implementar buenos hábitos, así que ve a lo que nos interesa: ¿Qué ocurre cuando usamos estas categorías con nuestros personajes?

Está bien, está bien. Vamos a ello y con ello cerramos este artículo. Pero antes…

personajes¡AVISO! VOY A HABLAR DE MI LIBRO. Pero es por una buena causa**, lo prometo.
Un ejemplo de la categoría de interrogador

En El ojo de la tormenta, la cuarta entrega de nuestra serie Crónicas del fin, tengo a Adra, cazadora de monstruos y huérfana vengativa, que se ha montado en una nave de mala muerte para embarcarse en un viaje bastante peligroso. Se podría haber quedado en su casa tranquilita, pero Adra es un poco interrogadora. Lo que otros opinen de ella le da un poco igual (aunque la opinión de su perro, Winston, le es muy importante, pero ay, ¿por qué nunca se tiene en cuenta al perro para estas cosas?), pero tiene una serie de expectativas muy altas para sí misma. Aparte de algunas necesidades personales de némesis y de información, también se ha impuesto un autocontrol rígido: sabe que si pierde su calma habitual, si se deja llevar, será peor para todos. Ocurren Cosas Feas cuando Adra se pone nerviosa. Así que tiene un estándar altísimo de comportamiento. Si ella se promete algo a sí misma, irá hasta los confines de una Tierra devastada para cumplirlo.

el cielo rotoTambién le gusta sentarse sobre montañas de huesos. ¿Y a quién no?

Si Adra perdiera el control por algo nimio, sin venir a cuento, traicionaría a la esencia del personaje. Esta es la razón por la que resultaría difícil que tuviera una relación amorosa y pasional al uso, por ejemplo, por mucho que a mí, como autora, me gustaría verla revolcada en el barro. Adra adquiere por el camino una serie de responsabilidades. Cumple con algunas y con otras… no tanto. Esto es porque no siente la obligación ni la deuda de quedar bien con los demás. Solo importa la obligación que tiene para con ella misma.

Un ejemplo de la categoría de conciliador

Y luego tenemos a Angie, que es un conciliador (y un chico araña con un número indefinido de extremidades). Angie quiere que lo quieran, es un bendito. Pero duda constantemente de sí mismo y de sus capacidades. Solo actúa cuando otros lo obligan a ello, cuando no tiene más remedio. Angie poco a poco toma cierta confianza en sí mismo, pero no tendría sentido que realizara de repente un acto de gran valentía y arrojo, porque le falta confianza y seguridad en sí mismo para ello.

personajesTodavía no tenemos ilustraciones hechas de Angie y cuando he buscado "chico araña" esto es lo único que he podido encontrar.
Un ejemplo de la categoría de cumplidor

Gale es el cumplidor por excelencia. No solo quiere complacer a los demás, lo que lo lleva a torturarse indefinidamente, ya que no sabe cómo estar a la altura de las expectativas ajenas, sino que tiene unas expectativas interesantes para sí mismo. Esto le ha venido bien para no volverse loco los años que estuvo secuestrado en un búnker, pero hace que se exija cosas que a lo mejor no son muy inteligentes. En vez de salvar su propio culo, se empeña en ayudar a escapar a Angie. Constantemente se plantea su valor como humano ético. No será hasta el final de su historia cuando Gale por fin empiece a salir de ese patrón y a crear nuevos estánderes para sí mismo y su dignidad, pero en el fondo es como es y esas expectativas se mantienen, firmes.

el dios en las alturasImagen de Gale, al que sin duda le hacen falta tres hamburguesas y un asesor de vestuario. Sí, eso de la izquierda es un burro zombi.
Un ejemplo de la categoría de rebelde

Y terminamos con Décima, que es la rebelde absoluta. Décima no suele hacer favores. Tampoco es de las que te llama a la mañana siguiente, después de una noche de bebercio y folleteo. No tiene expectativas para sí misma ni responde a nadie: es mercenaria y capitana de barco comercial, simplemente se vende al mejor postor. A Décima nunca conseguirás convencerla de hacer algo mediante razones lógicas. De hecho, la única razón por la que decide llevar a Gale, Angie y Adra en su nave hasta Malparaíso es porque a) hay gente que los persigue a todos y quiere matarlos y b) porque Adra le ha hecho morritos y a Décima le gusta mucho, mucho Adra. Sus decisiones son impulsivas y emocionales, no responden a las expectativas de nadie.

TestamentoDécima. La frase inicial de cabecera era: "Por fin recuperé la calavera de mi hámster".

Si yo hiciera que Décima de repente fuera obediente o actuara de manera lógica y racional, pausada y considerada, estaría traicionando al personaje.

En resumen: las categorías de Rubin funcionan

Espero que estos ejemplos os hayan servido para entender mejor las cuatro categorías de Rubin: personalmente me parecen fantásticas para poder moverte con un personaje, dejarte llevar por él, recibir sus sorpresas y decisiones sin tener que, por ello, perder ni un ápice de coherencia.

Esto también implica, por si alguien no se había dado cuenta, que El ojo de la tormenta ya está disponible en Amazon. Es la cuarta parte de nuestra serie apocalíptica Crónicas del fin, y si no conocéis la serie os animo muy animadamente y con mucho batir de pestañas que os descarguéis la primera parte, El cielo roto. Está GRATIS hasta el miércoles, así que podéis echar un buen rato sin perder absolutamente nada. Y si no os gusta, podéis venir aquí y decirme en los comentarios que no volveréis jamás a comprar un libro mío.

Aunque reconozco que si hacéis eso, lloraré.

¿No queréis hacerme llorar, verdad?

Para ser una INFJ, hay que ver lo emocionalmente manipuladora que puedo ser a veces. Serán mis tendencias narcisistas, mezcladas con mi calidad conciliadora.

 


Notas:

*Si vives allende los mares, es posible sustituir esta palabra por minga o chingada. Creo. Acepto sugerencias, porque soy de esas personas que ama aprender palabras nuevas.

**Esa buena causa es poder explicar mejor estos conceptos con ejemplos prácticos. Y mi bolsillo.

***Sigo escribiendo artículos en este blog gracias al apoyo de mis maravillosos mecenas. Si este blog te ha ayudado, por favor, apóyame tú también en Patreon. Puedes aportar la cantidad que quieras y darte de baja cuando quieras. He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de gente como Jorge del Oro, Carlos S. Baos, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón, Anabel Rodríguez y Daniel Hernández Alcojor.


Créditos:

 

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12 maneras desastrosas de pedir por email

octubre 23, 2017 — by Gabriella22

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¿Alguna vez has encontrado un email viejo —algo que enviaste hace años— del que ahora te avergüences?

No hablo de emails enviados a exparejas, ni de aquel mensaje guarrillo que mandaste por error a tu jefe, ni de aquella carta electrónica interminable llena de insultos que enviaste de madrugada, tras consumir demasiado alcohol, a un cliente particularmente petardo.

Hablo del momento en que intentaste pedir por email. Pedir favores, atención, lo que fuera.

Como este sitio está enfocado a escritores, es muy probable que seas escritor (pero no te preocupes, que no te juzgaré si no lo eres). Tal vez recuerdes un correo electrónico donde pedías una reseña, una entrevista, que alguien compartiera tu artículo o hablara de tu libro. Tal vez no era un correo, sino un mensaje privado en alguna red social.

Nunca te contestaron. Y ahora sabes por qué.

Si te ha pasado, descuida. Ocurre hasta en las mejores familias (sobre todo en la mía, donde me pasa a mí).

El arte extraordinario de pedir por email

En los últimos años he sido objeto de una multitud de peticiones. Primero por tener una editorial (ya os podéis imaginar lo que llegaba: los manuscritos eran solo el principio) y luego en el blog. No necesitas tener un blog grande para que te pidan ayuda y todo tipo de colaboraciones. Solo necesitas ofrecer material que sirva en algún momento a alguien, porque ese alguien asumirá de inmediato que si ofreces contenido gratis, también ofreces muchas otras cosas gratis.

Esto, de entrada, no es malo. He conocido a gente muy interesante a través del blog, personas fantásticas que me han ayudado a mí y a quienes yo he ayudado, de muchas maneras. Con el paso de los años, no he tenido más remedio que aceptar que mi tiempo es limitado y he tenido que reducir bastante la cantidad de veces que digo: “sí”.

Ahora resoplaréis y pensaréis: pues vaya tipa. ¡Encima que le escriben! Hay un nombre para la gente así: egoísta.

escribir un emailMi próxima foto de autora

Me temo que una bandeja de entrada llena te hace egoísta, sí, muy egoísta.

Hago lo que puedo. Pero a veces recibo correos que ni contesto. Y no es culpa de quienes los envían. Yo también he enviado correos así.

Voy a contaros lo que me habría gustado saber cuando envié mis correos más nefastos.

Creo que esto sirve para casi cualquier email de índole profesional. Y también me parece que sirve para tratar con editores (¡os recuerdo que son personas tambien!).

¡Pero cuidadín! Si bien esta publicación está basada, en general, en cientos de emails que he recibido a lo largo de los años, representan una tendencia y no son críticas a emails particulares. Así que si te ves representado/a en alguno de estos puntos, no, no estoy hablando de ti ni de tu email concreto. ¡Tranquilidad en la red de redes! Leamos esto con la mente abierta: un examen de conciencia de vez en cuando no hace daño.

De hecho, escribir esto me ha hecho reflexionar mucho sobre cómo imponemos (y nos imponen) necesidades propias sobre ajenas. Y sobre lo eficiente que es un buen email persuasivo. Con persuasivo no me refiero a manipulador, sino a convincente, porque tienes argumentos y modos con los que convencer.

Hay un truco psicológico muy antiguo que reza: “si quieres caerle bien a alguien, pídele un favor“. La idea es que cuando te hagan ese favor, su cerebro les asegurará de que les caes bien, porque si no, ¿por qué estarías haciendo ese favor? Antes de meternos en materia, os pido que olvidéis esa joyita de sabiduría popular. Os aseguro que ese truco no funciona cuando todos los días alguien te está pidiendo un favor nuevo. Así que, para empezar…

1. Apréndete mi nombre, por favor

En el taller que di en el festival Celsius de este año hubo tal cachondeo con esto que todos los alumnos que me escribieron después encabezaron sus correos con un: “Hola, Grabielo”.

Grasiosos, que sois unos grasiosos.

Reíd todo lo que queráis. Os parecerá exagerado, pero os prometo que una de cada tres personas que me escribe me llama Grabiela.

¿Me escribes para pedirme mi tiempo y ayuda, y ni siquiera eres capaz de escribir bien mi nombre? Entiendo que cualquiera puede tener un fallo así (que os lo diga el pobre Gonzalo, que en realidad se llamaba Gustavo… ¿o era al revés? ¡Perdóname, Guszalo!), pero cuando siempre se comete el mismo fallo entenderéis que acaba siendo irritante.

pedir por emailEsto: por lo visto mucho más fácil que pronunciar mi nombre.
  • Puntos negativos extra por: cambiarme de sexo.
  • Más puntos negativos extra por: cambiarme de sexo varias veces en el mismo email.
  • Cómo hacer esto bien: Comprueba tres veces que has escrito bien el nombre de la persona a la que te diriges. Qué diantres, relee tres veces todo el email; ya que estás, revisa la ortografía también. Y preocúpate por leer un poco sobre la persona a la que le escribes antes, que no parezca que le escribes al azar. Lo que nos lleva al siguiente punto:

2. Yo no soy como los demás

Bueno, sí, claro que soy como los demás. Pero, como a todos los seres humanos, me encanta pensar que soy única, diferente, especial, un copito de nieve que ni Bella de Crepúsculo.

Así que si me mandas un email que es el mismo que obviamente le has mandado a treinta otras personas, entenderás que no me impacte en demasía. ¿Debo yo dedicar una hora de mi tiempo a ayudarte cuando tú no has sido capaz de dedicar cinco minutos del tuyo a enviarme un email solo a mí?

  • Puntos negativos extra por: poner a los demás destinatarios en copia visible y regalarme tu lista entera de contactos.
  • Cómo hacer esto bien: léete, por lo menos, el Sobre mí de la web a la que escribes y las preguntas de uso frecuente si las hubiera. Si pides una reseña, moléstate por lo menos en echarle un vistazo al blog al que se lo pides; si pides que alguien comparta algo tuyo, por lo menos mira si el contenido que le ofreces puede ser de su interés. No te limites a un copypaste que sirva como email genérico para todos tus destinatarios, a no ser que ese contenido realmente sea válido para todos ellos.

3. Que la puerta esté caliente

No hay ningún problema con entrar a puerta fría, es decir, si no te conozco de nada. Pero entiende que si hemos tenido algún contacto previo me será más fácil ubicarte, hacerme una idea de quién eres y por qué debería importarme. No te cortes a la hora de decirme que eres aquella chica que conocí liberando al planeta Rousjdha88_alfa del temible ataque de los midiclorianos zombis. Una experiencia como aquella, en la que comimos carne seca de búfalo azul y nos juramos amor eterno frente a las puertas de Tannhäuser, no es algo que yo vaya a olvidar pronto.

Pero si simplemente me mandaste un email hace un mes comentándome que te gustó mi libro también me vale, sí.

  • Puntos negativos extra por: tratarme como amigos de toda la vida (o amantes en Tannhäuser) cuando no hemos hablado jamás.
  • Cómo hacer esto bien: Aquí es donde entran en juego tus habilidades de networking. Es por esto por lo que insisto en la importancia de ir a convenciones, eventos, ferias, etc., en tu sector. Tu víctima objetivo marca influencer destinatario te hará más caso por email si antes habéis hablado cara a cara, por la razón que sea. Y sí: esto incluye a editores. Cuando recibes una avalancha de emails y de manuscritos, no puedes evitar tener un sesgo positivo hacia aquellos mensajes que provengan de personas con quienes tengas un a) reconocimiento y b) enlace a un recuerdo positivo.
pedir por emailPuerta caliente: sí.
pedir por emailPuerta fría: menos recomendable.

4. Háblame de ti (pero no demasiado)

Los emails impersonales son… impersonales. Siempre ayuda que me cuentes un poco quién eres y por qué necesitas lo que sea que me estás pidiendo. Dame algo de contexto. No te limites a mandarme un reenvío de algo, ¡explícame a qué diablos viene!

PERO hay un límite. No necesito saber a qué hora almuerzas ni cuáles fueron las primeras palabras de tus ocho vástagos. Entiendo que necesitas desahogarte, pero no tengo ningún título ni formación como terapeuta, te lo juro. Ese diploma de la pared es de teoría literaria, y me temo que ahí lo único que vimos sobre terapias y demás fue interpretación desde el psicoanálisis, así que a lo mejor debería preguntaros a todos sobre vuestra relación con vuestras madres.

Diré ahora algo muy impopular, porque sois lectores de espíritu generoso y no me guardaréis rencor. Cuando lees el blog de alguien y sigues a ese alguien en sus redes sociales, juegas con ventaja, Tienes datos, información sobre esa persona, su personalidad y vida, pero esa persona no sabe nada sobre ti. Para ti esa voz podría ser una voz amiga, con la que has desarrollado cierta intimidad unilateral. Pero esa persona ni te conoce de nada ni ha pasado por el mismo proceso de intimidad. Por favor, ten eso en cuenta al realizar contacto.

Si somos amigos o tenemos una relación de trabajo, SÍ, sí me interesa tu enfermedad, tu ruptura con tu pareja o los problemas de comportamiento de tu guiverno. Porque me importas tú, como persona, y porque un guiverno mal entrenado puede acabar en cientos de muertes y bastante mierda hay ya en las noticias ahora mismo.

Si no… entiéndelo. Tengo mis límites. Y mis propios problemas, por mucho que os cueste imaginarlo, viéndome como me veis siempre rodeada de opulencia y de personas de ambos sexos de buen ver y con ropa escasa.

  • Puntos negativos extra si: me largas todo tu historial médico y amoroso, al completo, en el mismo email, narrado en esperanto.
  • Cómo hacer esto bien: Da algunos datos sobre ti, explica tu situación en un par de renglones. No tres tomos enciclopédicos. Ese es tiempo que podrías estar escribiendo tus libros.

5. Mi tiempo es limitado

Como ya he dicho más arriba, cuanto más crece un blog, más crece su bandeja de entrada. En el tiempo que empleo en leer un email sobre tu incapacidad de decidirte entre el uso de la tercera persona del singular o el peripefláustico de la voz media greco-venusiana, ¡yo también podría estar escribiendo mis propios libros!

Si te respondo con una respuesta corta, no es personal. Es que no me da la vida para más.

  • Puntos negativos extra si me tomo la molestia de contestar a tu email interminable con un correo que responda a todas tus preguntas y dudas, tras mucha reflexión por mi parte, y ni te molestas en darme las gracias.
  • Más puntos negativos extra por escribirme un email larguísimo exigiéndome que publique más en el blog, obligándome a dedicar un cuarto de hora de mi vida a leerte a ti en vez de a escribir en el blog.
  • Cómo hacer esto bien: ¿Eres capaz de escribir un email de un máximo de cinco frases? No es tan difícil, te obliga a ser conciso y claro, y ahorra tiempo a tu receptor. Como dice Guy Kawasaki, ese genio del marketing:

Less than five sentences is often abrupt and rude, more than five sentences wastes time.

Menos de cinco frases puede quedar abrupto y maleducado; más de cinco frases es hacer perder el tiempo a tu destinatario.

6. En serio, mi tiempo es limitado

Insisto en este tema, porque es crucial. Sigo hablando desde mi propia experiencia, pero esto le ocurre a taaaanta gente…

Por favor, a la hora de pedir algo a otros escritores/blogueros/loquequieras, evita este tipo de cosas:

  • Entrevistas con muchas preguntas o con preguntas del tipo “¿qué opinas del estado de la literatura actual?”. Investiga también un poco otras entrevistas realizadas a esa persona para asegurarte de que no le vas a hacer otra vez la pregunta de cómo es escribir a cuatro manos. Es así, por cierto.
  • Cualquier aportación por la que, básicamente, esa persona suela cobrar. Hablo de “aportaciones” a artículos colaborativos que parecen artículos por sí mismos, invitaciones a convocatorias no remuneradas, peticiones de asistencia a congresos o convenciones sin ningún tipo de dieta o pago, etc. etc., etc. Trabajar gratis es recomendable a veces, pero solo en ciertas circunstancias.
  • Críticas pedantes.

Hablemos de críticas

Venga, voy a meterme en ocho berenjenales diferentes con lo de las críticas pedantes. No hablo de personas que me escriben diciendo: “por cierto, creo que no te has dado cuenta, pero en el artículo Cómo peinar la melena de un caballo cuando solo tienes un cepillito de los pequeños ponis hay una errata en la línea 137, donde hablas de la manutención de pelo artificial con suavizante y planchas de pelo humano”. Ese tipo de email es genial, porque es dinero que me ahorro en correctores.

Del mismo modo, me encantan los emails que señalan errores o erratas en mis libros (sobre todo en los autopublicados), porque así puedo modificarlos en las siguientes ediciones, de haberlas. Gracias.

Con críticas pedantes me refiero a aquellas personas que me mandan emails de más de mil palabras debatiendo sobre si el como completivo lleva o no tilde en determinado contexto. O que sugieren un sinónimo para cierta palabra solo porque les parece que suena mejor, porque les gusta más o porque les trae recuerdos de su niñez. Sé que la intención es buena, pero no. No es una cuestión de ego ni de arrogancia. Es, ¡una vez más!, una cuestión de tiempo. La perfección es muy bonita, pero he tardado muchos años en darme cuenta de que no es nada práctica, y que en las cosas menores hay que pasar un poco si no quieres perder la razón.

Todavía tengo pesadillas de aquella vez que escribí te pronombre con tilde, como si fuera  de infusión.

Si ves un error en un texto, artículo u obra de alguien a quien sigues y quieres decírselo, adelante: a todos nos gusta aprender cosas nuevas. Pero plantéate si realmente va aportar algo a esa persona y si puedes explicarlo en un par de frases como mucho.

  • Puntos negativos extra para críticas pedantes que además son incorrectas. Después de leer ese email de mil palabras, ¡más me vale haber aprendido algo!
  • Cómo hacer esto bien: Hay sugerencias y correcciones que se agradecen y mucho. ¿Has encontrado una errata en este artículo o en alguno de mis eBooks? ¡Dímelo! ¿Has encontrado un enlace roto? ¡Genial, voy corriendo a arreglarlo!

7. El email en el que sabes lo que realmente necesito

De esto he recibido menos que otros escritores, pero algo ha caído. Estos correos también tienen el problema de que suelen ir con buena intención, así que intentas tomártelos con humildad, reflexión y, sobre todo, humor. Suelen ser un poco así:

  • Gente a la que no conoces de nada que te dice con quién deberías juntarte y cómo deberías pensar. Esto no me lo estoy inventando.
  • Gente que no tiene blog, pero que te dice cómo debería ser tu blog porque lo leyó una vez en un artículo.
  • Gente que admira mi tono sencillo y facilón, porque así llego a las masas incultas. Yes. Incurtos, que sois todos unos incurtos.
  • Gente a la que le gusta mi blog porque no es como el blog X, que es una mierda (porque hablar mal de otros siempre ayuda).
  • Gente que ama mi blog (¡porque es diferente!), pero quiere que cambie ciertas cosas para ser exactamente igual que todos los demás blogs.

El último, especialmente, me parece de lo más misterioso.

Ramit Sethi, bloguero especialista en finanzas y posiblemente mi copywriter favorito, dijo una vez que solo aceptaras consejos de personas que hayan conseguido lo que tú quieres conseguir. No digo que sea válido al 100%, pero creo que es un consejo interesante, porque ayuda a diferenciar entre las sugerencias y críticas que llegan desde la ignorancia y cerrazón mental, y las que llegan desde el conocimiento y espíritu práctico. Desde luego me ayuda con el tipo de email aquí mencionado.

  • Puntos negativos extra si además tienes tonillo condescendiente mientras me dices todo eso y tienes ovarios/huevos/glándulas de pedirme luego un favor.
  • Cómo hacer esto bien: No lo hagas, simplemente. A no ser que tengas una larga experiencia en el sector de la persona a quien le escribas y/o sepas que tu sugerencia es algo que a) puede implementar de forma rápida y sencilla y b) le va a solucionar un problema real, no sé hasta qué punto lo considero recomendable.

8. Preguntas que podrían contestarse con un libro o manual (o con Google)

Yo no soy Google. Google es una macroempresa muy poderosa donde trabajan algunas de las mentes más brillantes de nuestro tiempo.

SPOILER: Yo no soy una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Soy, como mucho, un gusiluz muy insistente. Si apagas la luz, mi refulgencia es cercana a cero.

¿Qué te hace pensar que sé más que Google?

Cada pregunta es un mundo, sobre todo si atañe a un caso particular con condiciones concretas. Pero os prometo que recibo correos constantes que respondo enlazando a artículos que he encontrado realizando una búsqueda sencilla en Google. Tal cual.

pedir por emailPero… y esto es importante… jamás pongáis google en Google, o se desencadenará el apocalipsis y viviremos todos en una distopía ciberpunk con cables roñosos metidos en sitios muy personales y una arquitectura deshumanizadora pero impresionante.

Y luego están las preguntas como aquella que ya he soltado, del tipo “qué opinas sobre el estado de la literatura actual” o “explícame todos los pasos necesarios para escribir un libro, publicarlo, promocionarlo y venderlo”, que me dejan, cuanto menos, boquiabierta.

Esto es una bandeja de correo, no un examen de la facultad. No me des un tema a desarrollar, porque no tengo cuatro horas ni un vigilante con cara de mala leche bicheando mi caligrafía por encima del hombro, gracias.

  • Puntos negativos extra si empiezas el email con “esto solo te llevará un momento”.
  • Cómo hacer esto bien: Si realmente tienes una duda que no encuentras forma de solucionar y cuya respuesta nadie parece conocer, y crees que yo podría tener esa información, vale, hablemos. Y aun así, te recomiendo que lo plantees en algún foro o grupo especializado, ya que puedes recibir datos y opiniones de varias personas diferentes. Para autores independientes, por ejemplo, recomiendo muy mucho las iniciativas de Ana González Duque: el grupo de Facebook de El escritor emprendedor y la ayuda privada que presta en forma de grupos privados, consultas, vídeos, etc., en su plataforma de cursos.

9. Deja de pedirme que comparta cosas que no van a interesar a mi público (ni a mí)

Entiéndelo: no es que no quiera. Bueno, sí, sí que no quiero. Porque tu descuento en clases de zumba suena genial, pero no tiene nada que ver con el tipo de contenidos que comparto en mi blog y en mis redes. De hecho, si publicito tu descuento en clases de zumba, a) nadie va a pinchar ahí y b) mucha gente pensará “¿por qué está hablando de zumba si tiene un blog de literatura? OMG, GABRIELLA SE HA VENDÍO”.

  • Puntos negativos extra si comienzas con: “A ti no te cuesta nada”.
  • Cómo hacer esto bien: Imagínate que has escrito un artículo o un libro que sabes que es perfecto para el tipo de persona que lee mi blog. Sabes que está bien escrito, que tiene un diseño agradable a la vista, que no está lleno de faltas de ortografía. Por supuesto que puedes mandarme un email o mensaje y comentármelo; eso sí: todo dependerá de si tengo tiempo para leerlo, y de lo mucho que se ajuste a las condiciones ya descritas.

10. ¿Qué saco yo de todo esto?

Fíjate que hemos llegado a la parte más importante del artículo y sin embargo es donde falla casi todo el mundo.

Puedes pedirme lo que quieras, pero ¿por qué iba yo a hacerlo?

Y si esto suena fatal, os recuerdo lo de antes: el egoísmo es necesario cuando tienes una bandeja de correo saturada. Si te ayudo, hoy solo dormiré seis horas. Y eso significa que mañana no rendiré, que me quedaré dormida, que me acostaré más tarde, al día siguiente me levantaré cansada, estaré estresada porque veo que no llego a mi fecha de entrega y… ¿ves lo que has hecho? ¡Me has arruinado la semana!

El escritor Nick Stephenson dice que cuando alguien le propone algo, se hace tres preguntas:

tu email

¿Cómo consigues decir que no a todas las cosas que sé que te pide la gente?

Nick: Siempre pienso… siempre pienso que es como una prueba. Si digo que sí a esto, ¿será divertido? ¿Voy a disfrutar haciéndolo? ¿Me va a traer más ventas? ¿Me va a traer más lectores? Y si no va a hacer ninguna de estas cosas, entonces no lo hago.

Así que si tu propuesta no me resulta divertida (no divertida para ti, sino para mí), si no me va a traer una cantidad interesante de ventas (no, “puede que esto me sirva para vender dos libros a cambio de tres horas de mi vida” no es un intercambio válido) o un número interesante de lectores nuevos, es muy posible que te diga que no.

Sí que hago cosas para ayudar a otros que no cumplen ninguna de estas condiciones. Pero solo puedo hacer un número muy limitado de esas cosas. Para todo lo demás: más te vale venderme la moto de que me lo voy a pasar en grande y/o voy a vender libros, porque si no, lo que me estás pidiendo, en resumen, es que sacrifique mi tiempo y energía para algo que solo es importante para ti.

Y donde pongo yo, sustituid por cualquier persona que tenga una vida medianamente ocupada.

  • Puntos negativos extra si yo tengo que hacerlo gratis pero para ti tiene una finalidad lucrativa. Sí, esto también me ha pasado. Muchas veces.
  • Cómo hacer esto bien: si vas a pedir algo, piensa primero en qué puedes ofrecer tú que sirva a esa persona. ¿Qué sabes hacer que haría su vida más fácil? E insisto en lo de “que sirva”. A lo mejor tú crees que ofrecer una copia de tu libro a alguien es una recompensa de gran valor. Pero pregúntate si es una propuesta de valor para la otra persona.

Si no tienes nada que ofrecer, mala suerte. Por lo menos, como muy mínimo, ofrece tu eterna gratitud y demuéstrala recomendando a esa persona y su trabajo, comprando y dejando reseñas a sus libros, ayudando en lo que se te ocurra, etc.

Nota: Evita sugerencias del tipo “si se te ocurre algo que yo pueda hacer a cambio, házmelo a saber”. Puede parecer buena idea de entrada, pero ahí estás cargando al destinatario con una decisión compleja. Personalmente, suelo ignorar ese tipo de propuestas (¿qué voy a hacer, encargarte que me envíes tres paquetes por Correos y que me elabores una lista completa de reseñadores en mi sector mientras llevas mi cuenta de Twitter durante un mes?), y me consta que otras personas hacen lo mismo.

11. No me vengas con exigencias

De alguna manera extraña has conseguido convencerme de que acepte tu propuesta, que te ayude con algo de alguna forma. Vale, es posible que me pillaras a la hora de la siesta. Mea culpa por mirar el email a la hora de la siesta.

Así que si encima me dices, ya de entrada, que necesitas ese artículo gratuito para ayer, que debe cumplir una lista larguísima de requisitos y además me bombardeas la bandeja de correo a diario preguntando cómo lo llevo… no, simplemente no.

  • Puntos negativos extra si: las exigencias vienen incluso ANTES de que conteste a tu propuesta.
  • Cómo hacer esto bien: si alguien va a ayudarte, ofrécele todas las facilidades que se te ocurran. Sé amable. Otorga un espacio amplio de tiempo para que trabaje, adáptate tú a sus preferencias, y escríbele solo cuando sea necesario (por ejemplo, un recordatorio un par de días antes del plazo de entrega).

Truco pro: Si pides una entrevista o respuestas a un cuestionario, manda primero un email de acercamiento o pitch, solicitándoselo a la persona involucrada. No envíes ya directamente, en ese primer contacto, las preguntas. Produce una sensación de arrogancia, como si dieras por sentado que esa persona va a ayudarte. Y no lo digo solo por mí: sé de varios escritores que ni se molestan a contestar a correos así, porque les toca un poco la moral.

pedir un emailCuando publicas tu cuarto libro adquieres varios privilegios: una planta artificial en la oficina, derecho a utilizar un portátil (MacBook) en Starbucks y un tocamiento de moral constante.

No pensemos solo en qué acciones nos hacen la vida más fácil, sino en cuáles les hacen la vida más fácil a nuestros colaboradores. Recuerda ante todo que un email donde pides algo es un ejercicio de persuasión: quieres convencer a alguien de que te ayude, de que te dé su tiempo y experiencia; no es parte de tu equipo de trabajo ni te debe nada.

12. Tengo pareja y no me interesas

Pero es que aunque no tuviera pareja tampoco me interesarías.

A no ser que seas Maria Popova. ¿Eres Maria Popova? O si tienes un unicornio con alas. Entonces a lo mejor la cosa cambia. Pero solo si tienes un unicornio con alas. Y si eres Maria Popova.

Cuando empecé a trabajar no me hacía ninguna gracia que alguien intentase ligar conmigo en un entorno profesional y ahora sigue sin sacarme una carcajada. Gabriella Literaria es un escaparate para mí, no para mi vida personal. Por supuesto que me encanta soltar indirectas algo obscenas, decir alguna que otra palabrota o hacer una broma subida de tono. ¡Ese es mi sentido del humor! Y claro que me gusta compartir algunas cosas un poco personales, si creo que me ayudará a comunicarme mejor.  Pero eso no significa que me hagan ilusión ciertos tipos de propuestas o comentarios.

No me ocurre solo a mí, pero por desgracia es un problema mayoritariamente femenino. Cuando le hablo de algunos emails que recibo a mis amigos blogueros masculinos las reacciones tienden a estar entre el horror, la incredulidad y la risa. Pues no os riáis, chicos, y creedlo, porque así de asquerosa está la cosa.

Si alguien por internet hace que sintáis un calorcito rico por ahí abajo, eso está muy bien. Parte de la gracia de tener un crush internáutico es que sabes que es imposible o, por lo menos, poco probable. Y claro que pueden surgir cosas. De forma natural, con gente que conoces en persona poco a poco, en eventos, encuentros y etc. Trabas amistad o tienes una reacción química y tenéis sexo en un descapotable modificado para que parezca el Batmóvil o yo qué sé. Pasa constantemente. De hecho, conocí a mi pareja actual en una convención literaria. Por desgracia, no tenemos Batmóvil.

¿Sabes de qué manera NO surge? Mandándole un email a alguien que no te conoce, que no sabes quién ni cómo es, pidiéndole que vaya a tu casa a “enseñarle cosas”. Me da igual que sea broma. Da. Muy. Mal. Rollo.

Ya veis, en Gabriella Literaria también damos consejos de flirteo.

Y esto no es tan diferente a todos los puntos ya señalados. Porque hay algo que todos tienen en común:

Lo más importante que debes tener en cuenta al redactar un email

Hay una palabra mágica que se usa al hablar de emails y de pedir favores: empatía.

Al final, todo se reduce a empatía. A ponernos en el lugar del otro.

(¿Por qué enviamos a otras personas emails que no nos gustaría recibir a nosotros?).

Pero no es exactamente eso, porque tus necesidades y tu perspectiva no son las mismas que la persona a la que le envías el email. Así que no trates a esa persona como te gustaría que te trataran a ti: trátala como crees que le gustaría que la trataran a ella.

Si soy una escritora superventas publicada en 39 idiomas, tu oferta de hacerme un fanart a cambio de leerme tus ocho libros y hacerte informes de lectura no me interesa en absoluto. Pero si soy una bloguera con diez visitas diarias a mi web, tu propuesta de hacer guestposting podría hacerme muchísima ilusión.

Piensa en la bandeja de entrada de esa persona. ¿Cómo está de llena? ¿Qué le aporta tu propuesta? Y manda ese email.

Te ayudará si puede y si has sabido destacar, si tienes algo que otros no tienen. Si le propones algo que le iluminará el día.

Y si no puede, no se lo tengas en cuenta.

En el futuro, tú ignorarás y dirás que no a mil emails como este.

 


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Créditos de imágenes:

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Tres métodos para hacer una maratón de escritura

septiembre 21, 2017 — by Gabriella14

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Podrías escribir 10000 palabras en un día. Eso es lo que yo llamo una maratón de escritura.

Podrías escribir 8000, 5000 o 3000 o 500. En realidad, cualquier sesión (o conjunto de sesiones) donde escribas cantidades mayores a lo que acostumbras podría considerarse una maratón.

Ayer (o casi ayer) hablábamos de la posibilidad de escribir 10000 palabras AL DÍA, lo cual, como todos hemos acordado en comentarios, redes sociales y demás, es una barbaridad santísima.

Pero la opción de dedicar un solo día (o varios días a la semana) a aparcar el culo y vomitar una cantidad tremenda de palabras no es una barbaridad tan santa. Es decir: es posible y puede que hasta recomendable.

Ayer (o casi ayer), hablábamos de rutinas y sistemas de alta productividad. Hoy hablaremos de dolores puntuales de culo.

Metámonos en tarea. Caben unas preguntas de rigor. Por ejemplo: ¿una maratón de escritura es recomendable para ti, que me lees ahora?

Para quién recomiendo las maratones de escritura

  • Para personas que no tengan ningún problema de disciplina con su escritura, que tengan ya bien implementado el hábito de escribir.
  • Sirve también para personas con curiosidad por ver qué tipo de cosas pueden escribir cuando dejan suelto a su cerebro durante más de una hora. Os aseguro que no son las mismas que cuando lo tienes con una historia durante solo 20 minutos.
  • Para autores que por trabajo, familia y ocupaciones diversas no pueden dedicarle a su escritura una cantidad fija de tiempo a diario.
maratón de escrituraAlgunos oficios no son fáciles de compaginar con la escritura.

Para quién no recomiendo las maratones de escritura

  • Para personas que todavía no tengan implementado un hábito de escritura. Si te acostumbras a escribir solo en maratones, dependes demasiado de tu fuerza de voluntad para aparcar ese ya mencionado y hermoso culete. Empieza primero escribiendo un poco todos los días, que es la mejor manera de construirte el hábito de escribir, y más adelante, cuando ese hábito ya esté bien afianzado, puedes calcular si esto de las maratones te compensa.
  • Para personas con problemas de espalda y/o de trasero (lo de levantarte cada media hora a estirar las piernas corta el rollo). Aun así, pueden plantearse otras opciones (hay quien escribe de pie y James Joyce escribía tumbado. No era el único).

Solucionado este primer dilema, ahora analizaremos diferentes métodos que utilizan diferentes escritores para enfrentar una maratón. Pero si te planteas probar alguno de ellos, aún nos queda una segunda pregunta importante:

¿Para qué estás haciendo esto?

En una conversación en Twitter sobre el tema este de las 10000 palabras, Elia Barceló me hizo una pregunta: ¿para qué es necesario escribir tantísimas palabras? Algunas cosas son largas de explicar en Twitter, así que me gustaría ofrecer aquí algunas ventajas, que afectarán sobre todo a escritores autopublicados o híbridos:

Ventajas de escribir mucho
  • La que ya hemos mencionado: te permite avanzar mucho de golpe si solo tienes días específicos en los que puedes escribir.
  • Mayor cantidad de obras es igual a mayor catálogo, la base de tu trabajo (¡e ingresos!) como escritor. Si escribes, además, para sectores con demanda alta como la romántica, la erótica o el thriller, sabrás que tus lectores consumen tan rápido como tú puedes publicar. Una persona que escribe romántica tiene un mercado que exige de una producción muy superior que la que pueda tener alguien que escriba ficción al uso.
  • La práctica hace la perfección y solo se aprende a escribir escribiendo. Cuantas más palabras escribes, más practicas. Eso sí: es importantísimo que complementes esta práctica con la teoría (¡y con la lectura!). Ya lo he comentado en algunas ocasiones, pero he visto a autores con libros incontables en Amazon cuyas obras más recientes contienen los mismos problemas de forma, contenido y estructura que las primeras. Aprende estudiando, también, y acude cuando puedas a lectores cero, tanto informales como profesionales.

Esto no quiere decir que tengas que producir tres novelas al mes. Esto quiere decir que, dentro de tus capacidades, tengas una práctica habitual que te permita crear borradores con relativa velocidad. Que no te atasques con ese perfeccionismo que te lleva a dedicar quince años de tu vida a una sola novela, porque tu progreso no será el mismo.

maratón de escrituraEste es Manolo, viendo pasar las horas que ya no recuperará, pensando todavía si usar el verbo yacer o el verbo copular en el noveno capítulo de su primer libro. No seas como Manolo.

Ya te tocará luego el trabajazo chachi de la reescritura, corrección y demás. Ánimo.

Y estas son solo algunas ventajas generales. Lo fundamental es que te preguntes para qué lo estás haciendo TÚ. ¿Por qué estás sentado delante de tu folio o pantalla con intención de dedicarle varias horas seguidas de tu vida, cuando podrías estar comiendo/bebiendo/jugando al rol/en la playa/practicando actos indecibles y muy acrobáticos en la alcoba?

Puedes hacer una maratón como experimento, por supuesto, pero tendrá más sentido si tienes muy claro 1) por qué escribes (así en general: no es una pregunta fácil) y 2) para qué estás haciendo esta maratón. Ambas cosas serán las que te impulsen cuando lleves 8000 palabras y te duela todo y tu pareja esté ahí fuera en la playa, comiendo, bebiendo y jugando al rol erótico con cuatro escandinavas de excelente ver.

Y un último aviso:

Recuerda que tienes que editar

Ups. Sí, nos habíamos olvidado de esto.

Romper bloqueos y crear borradores soltando 10000 palabras de golpe está muy bien, pero ten mucho cuidado con el efecto embudo. Te emocionas escribiendo, acumulas montañas gigantescas de palabras y luego tienes que enfrentarte a la realidad pesadillesca que son la reescritura y la corrección. Así que procrastinas y sigues produciendo más palabras de borrador.

Cuando te quieres dar cuenta, tienes tres novelas cortas, una saga nórdica de ciencia ficción con mujeres que odian a las avispas y una enciclopedia marina.

Y NI UNA CORREGIDA.

No digas que no te avisé.

Llegamos al corazón del artículo.

tres métodos para hacer una maratón de escritura

Antes de nada diré que te ayudará leer los consejos de Rachel Aaron para escribir mejor y más deprisa, que puedes ver aquí (y si quieres conocer su método completo, aparece en su libro). También te ayudará esta serie de preguntas que puedas hacerte antes, después y durante tu sesión de escritura.

Vamos con los métodos:

1. Cait, del blog PaperFury

Aparte de leerse unos 200 libros al año (what?), Cait escribe a velocidades endemoniadas. Es una jovenzuela aprendiz de escribiente: todavía no ha publicado nada, pero tiene ya en su haber 25 manuscritos.

maratón de escrituraHe aquí un antepasado especialmente atractivo de Cait, que también fue la pesadilla de todos los editores de su país natal.

Estos son sus secretos:

1.1. Reserva un día entero solo para tu maratón

Esto puede parecer muy evidente y lógico y de cajón, pero sentarse a hacer una maratón para que te interrumpan cada media hora no tiene mucho sentido.

Lo he dicho muchas veces, pero voy a repetirlo: cada vez que algo o alguien te distrae, tu cerebro tarda MUCHO en volver a concentrarse del todo (¡según este estudio, una media de 23 minutos y 15 segundos!).

Esa notificación de Facebook te ha costado 23 minutos y 15 segundos. Ese perro que te trae la pelota para que se la tires, otros 23 minutos y 15 segundos. Ese telefonazo de tu amigo que quiere quedar para contarte su vida amorosa te ha costado otros 23 minutos y 15 segundos.

Sí, cierto es que todo es culpa tuya por dejar encendido Facebook, tener perro y juntarte con personas que protagonizan culebrones que ni Topacio, pero ponte a sumar tiempo de distracción. Es tiempo que ya no recuperarás, perdido en el olvido y en el pasado de “debí escribir más palabras”.

1.2. márcate miniobjetivos

No es lo mismo decir “hoy voy a escribir 10000 palabras” que “en las próximas dos horas voy a escribir 3000 palabras”.

Así que márcate objetivos pequeños. Cuando vimos lo que hacía Nicolas Cole a diario, observamos que separaba sus objetivos de palabras por etapas: por la mañana, después de comer, por la noche. Cait también planifica así su día: quiere escribir 3300 palabras por la mañana, 3300 palabras después de comer y 3400 palabras después de la cena.

Tu experiencia será otra: tendrás otros horarios y costumbres. Pero prueba a dividir tu día en etapas manejables. 3300 palabras parecen bastante más fáciles de alcanzar que 10000, ¿verdad?

Cuando Cait alcanza cada objetivo, se permite ciertas recompensas.

1.3. Date un premio

Es fácil recompensarse con premios pequeñitos. Procura que no sean recompensas que no compensen (jajaja, qué ingeniosa soy). Cait da algunos ejemplos de recompensas que sí se da… y de algunas que no le parecen buena idea:

  • Recompensas buenas: Buscar inspiración en Pinterest, dar un paseo, comer (¡nada de almorzar hasta que termines esas 3300 palabras, ay!), algo de beber que te guste (té, café, batido…), ver Youtube o la tele (pero con una alarma para que no se te pase el tiempo de descanso).
  • Recompensas malas: Leer, jugar a videojuegos (o cualquier cosa que te resulte difícil abandonar cuando toque escribir de nuevo), escribir otras cosas (Cait aconseja “descansar esos deditos” entre sesiones).
Un inciso sobre la lectura y su función mientras escribes

Cait dice que leer a otros hace que sienta inseguridad para con su propia escritura. Esto puede debatirse: acordaos de que Cole usaba la lectura como medio de inspiración y forma de encontrar la voz que necesitaba para lo que le tocaba escribir (y yo estoy con Cole en esto).

Creo que la inseguridad que una buena lectura le produce a Cait mientras está escribiendo es un problema sobre todo para autores que no llevan ya varios años desarrollando su arte: con el tiempo esto cada vez te da más igual. De hecho, cuando aprendes a dejar atrás la “comparacionitis”, verás que leer en los descansos entre sesiones de escritura lo que hace es inspirarte… mucho.

Con la experiencia, dejamos de leer como competidores y empezamos a leer como colaboradores: descubrimos todo tipo de herramientas, trucos e ideas en las obras ajenas.

1.4. No pienses. solo escribe

Estás con tu borrador, ¿no? Pues no edites en tu cabeza. No te pares. Escribe mal, escribe porquería. Ya reescribirás después. Vuélvete locuelo, sé salvaje, haz lo que quieras. Por cada frase que te pares a meter cosas bonitas y preciosas y profesionales, estás perdiendo fluidez, estás perdiendo creatividad, te estás censurando y estás dejando un resquicio de puerta abierta a la inseguridad y al bloqueo.

Durante años tuve problemas de bloqueo por inseguridad y perfeccionismo. Las maratones me ayudaron a acabar con esto de golpe y me recordaron que escribir, además de elevado y cultureta y blablablá, era divertido. Corre el rumor de que las primeras veces usé alcohol para cargarme todas mis inhibiciones.

Por supuesto que no recomiendo el uso de ninguna droga, legal o ilegal, para ayudarte en tu escritura. Ese rumor, seguramente, es falso.

1.5. Busca aliados

Pensamos en la figura clásica del escritor y pensamos en un ser huraño y solitario, antisocial, encerrado en su mundo privado de creación, hablando solo mientras aporrea una máquina de escribir vieja. No entiendo por qué seguimos empeñados en aporrear máquinas de escribir viejas, con lo cómodos que son los teclados modernos.

Y sí, escribir es una actividad solitaria. Incluso los que escribimos con otra persona tenemos que pasar en soledad esos momentos en que el capítulo nos toca a nosotros.

Eso no significa que tengamos que hacerlo TODO solos. Tener una comunidad de apoyo puede hacernos la vida muuucho más fácil. He aquí algunas ideas que da Cait para aprovechar que hay otras personas en tu vida (física o virtual) que pueden animarte para superar esta maratón del demonio:

  • Busca una pareja escritora, algún amigo al que tengas que escribirle de manera periódica para decirle cómo vas.
  • Recurre a las redes sociales. Si escribiste una frase graciosa o ingeniosa que te produce calorcito por dentro, guárdala y ponla en Twitter, Facebook o donde sea durante uno de tus descansos. Las palabras de ánimo de tus seguidores te darán energía para seguir escribiendo; si alguien te critica, tienes combustible para ponerle su nombre a uno de tus personajes y someterlo a todo tipo de vejaciones.
  • Si perteneces a algún grupo de escritores, háblales de tu progreso. Hasta puedes intentar convencer a alguien de que haga una maratón contigo.

En resumen

Creo que todos estos son buenos consejos para superar una maratón. Cait menciona 10000 palabras en un día, pero ese no tiene que ser tu objetivo. Aspira a escribir 5000, por ejemplo, y a ver dónde acabas. Puedes ir subiendo la meta cada vez que hagas otra locura de estas.

Por cierto, cuando terminé de leer el artículo de Cait le eché un ojo a los comentarios y vi una conversación donde se revelaba que, un año después, Cait había subido sus 10ooo palabras de maratón a 27ooo. Sí.

maratón de escrituraGracias a una avanzada labor de espionaje, hemos conseguido fotos exclusivas y actuales del hogar de Cait.

Lo bueno de las maratones es que cada vez son más eficientes. Cada vez escribes más rápido.

Aun así… 27000 palabras en un día. Tiemblo solo de escribirlo.

Vayamos con el segundo método.

2. El método de j.b.north

Las 10000 palabras de J.B.North se consiguen de formas muy similares a las de Cait. La diferencia es que J.B. tiene más experiencia a sus espaldas y unos cuantos libros publicados. Su sistema es interesante: en un día normal escribe unas 2300 palabras, pero intenta reservar un solo día a la semana para una maratón especial.

Sus bloques de tiempo son más cortos que los de Cait, más planificados al detalle, con más descansos; también se levanta y se acuesta más tarde que los típicos escritores madrugadores. También me llama la atención que utilice espacios de “preparación”: pronto veremos por qué.

2.1. Un día a la semana para 10000 palabras

Echadle un vistazo a su agenda de maratón:

  • 10:00am – Levantarse, prepararse, etc.
  • 11:00am – Desayuno tardío.
  • 11:45am – Prepararse para escribir.
  • 12:00pm – Escribir.
  • 1:30pm – Descanso, estirar, recoger la casa.
  • 2:00pm – Prepararse para escribir.
  • 2:15pm – Escribir.
  • 3:45pm – Descanso, hacer ejercicio, comer algo.
  • 4:15pm – Prepararse para escribir
  • 4:30pm – Escribir
  • 6:00pm – Descanso, preparar la cena, comer y recoger
  • 7:30pm – Prepararse para escribir
  • 7:45pm – Escribir
  • 9:15pm – Descanso, estirar.
  • 9:45pm – Prepararse para escribir.
  • 10:00pm – Escribir.
  • 11:30pm – Terminar y tiempo libre.
  • 2:00am – Dormir.

2.2. Todo planificado de antemano

Antes de empezar una jornada maratoniana, J.B. ya ha hecho su trabajo de planificación. Para ello, tiene siete documentos distintos para sus novelas:

  • Argumento
  • Personajes
  • Mundo/Ambientación
  • Poderes de los personajes
  • Esquemas de capítulos
  • Notas
  • Libro en sí

Esto está pensado para gente que tiene editores de texto normales de gente normal. Para personas con superpoderes Scrivener, todo podrá integrarse en archivos y subdocumentos del mismo proyecto.

El proceso de estructurar la novela y llenar estos documentos al empezar una novela suele llevarle una semana, más o menos. No te lances a tu novela a ciegas; entenderás que hay que planificar algunas cosas antes, para no perderse por el camino.

2.3. La importancia de prepararse

Esto es lo que hace J.B. en esos huecos que ha denominado prepararse para escribir:

  • Tener algo de beber cerca (té, agua, café, lo que te plazca).
  • Tener cerca algo de picoteo si es necesario (escribir con hambre es Muy Duro, dice ella. Personalmente, no apruebo esto en absoluto. A no ser que tengas bajonas de azúcar o algo similar, incorporar el picoteo en tu rutina de escritura me parece que fomenta un hábito poco saludable, sobre todo si son cosas de consumo rápido y poco sano. Pero yo soy yo y tú eres tú y por eso el mundo es interesante).
  • Eliminar ruidos (sugiere usar cascos o auriculares; algunas personas ponen ruido blanco o marrón de fondo).
  • Lanzar el móvil a la otra punta de la habitación.
  • Apagar Internet.
  • Tener a mano una libreta de notas y un lápiz.
  • Dedicar unos momentos a revisar lo escrito en la sesión más reciente.
  • Apuntar con rapidez un plan de qué vas a escribir en la sesión que comienza.
  • Prepararse mentalmente para una máxima concentración durante un periodo largo de tiempo. Yo recomiendo unos minutos de meditación si tienes problemas para enfocar tu atención.

2.4. Consejos principales

En esto se resume el resto del método de J. B.:

  • Ponte un temporizador. Ya sabéis que yo soy muy fan del pomodoro. Suele tratarse de bloques de tiempo de 25 minutos, pero últimamente me gusta trabajar con bloques de 45. Uso Moosti, pero hay mil programas y apps ahí fuera para lo mismo. Querrás adelantarte a la alarma, así que…
  • Escribe lo más rápido que puedas. Corre, corre mucho. No te detengas. Ve más rápido que tu editor interno, porque…
  • No hay crítico que valga. ¿Que estás escribiendo mierda? ¡No importa! Tu borrador solo tiene que servir para una cosa. Y por eso…
  • No tengas miedo de saltarte cosas. ¿Aburrido/a con una escena, o te has atascado? ¡Sáltatela! Deja una nota para luego y pasa a lo siguiente. Y por una vez…
  • No tengas miedo de cometer faltas de ortografía. ¡No te pares a corregir! Eso lo harás en otro momento. Orrorízate i deha fayos askerosos para ke las encuentré tú llo de manyana y yore. Lo fundamental es…
  • Practica, practica, practica. No vas a llegar a los 10000 en tu primera maratón, como ya hemos dicho. Pero cada vez que lo hagas, será más fácil. Cada vez escribirás más y mejor y más deprisa.

¡Hecho!

¿Todavía por aquí? ¿Has aguantado las ganas de salir corriendo a soltar miles de palabras de golpe mientras bebes té con tequila, describes poderes de personajes, estiras los codos e internautas el apagado? ¡Bien!

maratón de escrituraTe mereces un descanso. Venga, ve a Facebook, te doy permiso. Cuando vuelvas, verás con otros ojos el remanso de paz, cordialidad y buen rollo que es mi página, donde nadie ha intentado todavía convencerte de las bondades anticancerígenas y endulzantes del zumo homeopático de lima.

Vayamos con el último método. Más que un método, es una herramienta.

3. Entrena a un dragón

Todo esto de lo que he hablado, todo esto de los métodos para escribir a velocidades supersónicas, cuenta con el hecho de que sabes teclear deprisa. Si no es así, tienes dos opciones: aprender a mecanografiar como un profesional o recurrir al reconocimiento de voz.

Lo del reconocimiento de voz no es moco de pavo*. Usando el programa Dragon, el escritor Scott Baker produce unos diez libros al año. Sí, tal cual. Tiene 70 libros publicados desde 2010 (algunas son novelas cortas, eso sí). Escribe tanto ficción como no ficción. ¿Su secreto? Producir borradores de forma rapidísima gracias a su conocimiento de este programa (hasta tiene un libro al respecto). Si os lleváis bien con el inglés, podéis leer o escuchar la entrevista que le hizo Joanna Penn: no tiene desperdicio.

Chris Fox también plantea la posibilidad de acelerar a niveles estratoféricos la velocidad de escritura en su libro. Cada vez leo y oigo de más casos de autores que utilizan diferentes programas de reconocimiento de voz para poder crear de manera más eficiente. Nos encontramos con más y más escritores capaces de producir cantidades enormes de contenido en un espacio muy reducido de tiempo.

Eso no es garantía de calidad, claro, pero es un comienzo.

maratón de escrituraAprovecho este pequeño hueco en el artículo para recordar que, al contrario de lo que nos aseguran siempre las imágenes de stock, el resultado inmediato tras terminar un borrador no es este.

Dictado se ha hecho siempre, si bien había que contar con largas horas de transcripción. Programas como Dragon nos llevan a otros niveles. Yo me pregunto si este no será el futuro de la escritura. Es cierto que hay una conexión especial que se produce en nuestro cerebro al transmitir palabras desde el tecleo (y otra diferente cuando lo hacemos mediante la escritura manual), pero tal vez se formen nuevas conexiones al utilizar simplemente nuestra voz. Baker asegura que sus diálogos, por ejemplo, ahora son mucho más naturales. Yo misma recomiendo siempre leer un texto en voz alta al corregirlo, para pillar errores y buscar mayor fluidez y naturalidad.

Me gusta la idea de poder escribir dando vueltas por la habitación (Dragon te permite hacer grabaciones y luego subirlas al programa: no tienes que estar dictando delante del ordenador). Aunque hago ejercicio, estar largos ratos sentada me mata. ¡Pero necesito estar largos ratos sentada para no interrumpir mi flow!

El mayor inconveniente de programas como Dragon (aparte de que te sientas un poco idiota hablándole a la nada) es que exigen una inversión de tiempo. Tienes que aprender a “entrenarlos” (enseñarles a reconocer tu forma de hablar, configurarlos a tu manera, etc.). Tal vez, más adelante, sea para mí. Por ahora, me plantearé comprar un escritorio de pie o algo así, y seguiré dándole al Pilot V5 (la nuestra es una larga historia de amor, ay) y a mi teclado Logitech.

Siempre he sido muy de dragones, pero hay algo satisfactorio, muy satisfactorio, en el roce del boli contra el papel, en el sonido de las teclas de un teclado que te resulta cómodo y rápido.

No lo sé, no lo sé.

Ese dragón me incita. Me está mirando con ojos ámbar y lascivos.

Ya sabéis que en mis cuentos pasan cosas inapropiadas con dragones.

No sé cuánto tiempo podré seguir resistiendo.

 


*Nunca he entendido esta expresión. Claro que no es moco de pavo. El moco de pavo es lo único que es moco de pavo. Y solo cuando el pavo está resfriado.


¡ATENCIÓN!

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Créditos:

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Cómo escribir 10000 palabras al día

septiembre 13, 2017 — by Gabriella22

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Voy a escribir dos frases casi iguales:

  • Cómo escribir 10000 palabras al día.
  • Cómo escribir 10000 palabras en un día.

Si eres escritor de cualquier tipo (novelista, poeta, copywriter, bloguero, redactor de esquelas o columnista de cotilleo interdimensional), sabrás que esas dos frases no significan lo mismo.

Si buscas en Google, verás que hay una cantidad asombrosa de personas que aparecen hablando de esto de las 10000 palabras; me pregunto por qué esa cantidad nos obsesiona tanto. La mayoría de esas personas hablan de casos puntuales (maratones) o de rachas de trabajo intenso.

Por ejemplo: la escritora Kameron Hurley abandonó su costumbre de escribir en ratos cortos a diario, para dedicar un día a la semana a conseguir esas ansiadas 10000 palabras. Sabéis que yo hago apología de la implementación del hábito de escribir mediante una escritura diaria progresiva, pero las maratones pueden ser necesarias para los que intentan compaginar una vida familiar y laboral (no literaria) con la búsqueda de una carrera como autor, sobre todo si no tienen problemas de disciplina o bloqueo (o si ya tienen el hábito de la escritura bien formado).

10000 palabrasEspera, cariño, que dicte mis doscientas palabras de hoy al teléfono mientras olvido convenientemente ponerle el cinturón de seguridad a nuestros hijos.

10000 palabras en un solo día (pero no todos los días)

Escribir 10000 palabras en un solo día es posible. Complicado, pero posible. Solo necesitas muchas horas, cafeína (y posiblemente algún otro tipo de sustancia adictiva), alguna herramienta de escritura y un sitio donde sentarte (o quedarte de pie, si tienes un atril o escritorio alto de esos).

Eso es lo que yo llamo una maratón.

Algunas personas escriben mejor en maratones. Otras escriben mejor en sprints cortos. En mi experiencia, ambos tipos de escritura son válidos y producen resultados diferentes. Yo siempre he sido más de sprints, por muchas razones, pero últimamente he estado experimentando de nuevo con fases un poco más largas de escritura ininterrumpida. Ambos procesos tienen sus ventajas y desventajas. Creo que lo más que escribí del tirón, hace ya un par de años, fueron 8000 y pico palabras.

He reflexionado ya en este blog sobre cómo escribir más y más rápido. Más adelante hablaré más sobre eso. De cómo escribir 10000 palabras, por ejemplo, en un día*. Pero vayamos ahora a la segunda frase de marras.

10000 palabras al día (sí, todos los días)

Hace poco encontré por casualidad un artículo de Nicolas Cole donde explicaba cómo escribe 10000 palabras al día. No en una maratón puntual, no. Al día. Como rutina, como trabajo.

Me iba a explotar la cabeza. Quiero decir: yo escribo bastante al día. No cuento las palabras, pero creo que rondará las 3000 palabras entre ficción y no ficción, en una jornada buena de trabajo. Todos sabemos que esto no es tan fácil como decir un número de palabras: hay documentación, planificación, corrección, etc. Hay interrupciones inesperadas, como la afición de mi gato de andar por el teclado. Yo prefiero contar la escritura en tiempo invertido (y aprovechado).

Entre sus libros y artículos (para su blog, Quora y para clientes), Nicolas Cole asegura que produce 10000 palabras.

Repito: cabeza reventada solo de pensarlo. Una vez limpié los restos de sesos y sangre del suelo y las paredes, me puse a buscar si había más gente por ahí que lo consiguiera, que llegara a escribir cantidades obscenas de palabras a diario. Cuando digo a diario, me refiero de manera diaria durante la semana, como en cualquier actividad laboral de oficina. Asumo que Cole sí descansa los fines de semana. Lo asumo, porque si no en realidad no es un ser humano, sino algún tipo de robot consciente y avanzadísimo, y tengo un amigo que se dedica a eso y dice que ese tipo de inteligencia artificial todavía nos pilla un poco lejos.

(Aunque luego pensé: ¿y si mi amigo en realidad es un robot? ¡Claro que diría eso!)

10000 palabrasPor ahora no desvelaré su secreto: alguien tiene que defendernos de Cthulhu cuando venga.

En mi búsqueda, encontré varios ejemplos de escritores que producían 10000 palabras al día (¡o más!) en épocas de creación de borrador, durante semanas o incluso meses. Pensad en un NaNoWriMo con esteroides.

¿Qué es lo que hace que Cole sea diferente? ¿Cómo se ha convertido esto para él en un estilo de vida?

Tenemos que diferenciar, para todo este debate, entre escritura de ficción y de no ficción. Cole apenas escribe ficción: produce ensayo (y, de vez en cuando, poesía). No por ello son menos válidas sus palabras, pero considero que esta producción es más inmediata. Un artículo de 800 palabras puede escupirse, revisarse y publicarse/enviarse sobre la marcha (en teoría; si eres como yo, necesitarás más tiempo de reposo y edición). Un relato necesita respirar, estar en barbecho. Necesita de una reescritura y de cuatro o cinco correcciones, por lo general. Y no hablemos de la revisión, modificación y planificación necesarias para una novela.

Los que creamos ficción siempre necesitamos parte de nuestro tiempo de escritura para el trabajo que no es estrictamente producción de palabras. Cuando me reservo bloques de escritura, suelo poner por un lado los bloques de escritura propiamente dicha, por otro lado los bloques de reescritura y revisión. Aparte quedan los bloques de blogging, marketing y correo electrónico. Todos esos cubos en los que vamos almacenando y soltando. Como mis artículos son tan largos,tienen su tiempo de planificación, reescritura, edición y revisión, igual que me ocurre con la ficción.

(Por no hablar del tiempo dedicado a buscar imágenes absurdas con las que [intentar] deleitaros. ¡Horas, os digo, horas!),

En el próximo artículo, si queréis, me centraré en las maneras diversas que tienen otros escritores de escribir ficción en maratones o rachas de 10000. Ahora voy a centrarme en el caso de Cole. Aunque esté alejado de nuestra experiencia por muchas razones, creo que podemos extraer conclusiones, enseñanzas y bastante motivación.

O no. A mí es que me motiva un montón leer sobre gente que escribe a destajo. Es pornográfico. Porno de la motivación, sí. Ya os dije que tenía una personalidad adictiva.

¿Preparados?

señores que escriben 10000 palabras al día: la película

Si esto fuera una película, comenzaría como tantas películas y como tantos libros: suena el despertador y nuestro protagonista se levanta.

No sé a qué hora se levanta, pero debe de ser temprano, porque empieza a trabajar en serio a las 7. Siempre a la misma hora, más o menos. Esto es porque Nicolas sabe muy bien cuáles son sus mejores horas de trabajo.

Nicolas especifica algo que me parece crucial: sus horas ideales para escribir son entre las 7 y las 11 de la mañana, y entre las 7 y las 11 de la tarde.

Pequeño irse por las ramas acerca de la importancia de conocer tus horarios

¿Por qué es crucial que Nicolas sepa esto? Porque es muy, muy efectivo. Entender cuáles son tus momentos más creativos (y cuáles son los más productivos) puede llevar tiempo. Merece la pena hacer pruebas: intentar escribir a diferentes horas y ver cuáles ofrecen mejores resultados: ver cuáles producen más (cantidad) y mejor (calidad). Cuidado, porque no tienen por qué corresponderse exactamente unas con otras.

En este momento muchos asentís con cara sabia y me decís: que sí, que sí, Gabriella. Yo ya sé qué horas se me dan mejor para escribir.

No lo deis tan por sentado.

Durante años yo me resistía a escribir nada más levantarme, porque soy un zombi hasta mediodía. Leí no sé qué artículo sobre cómo el cansancio nos hace más creativos. Descubrí que, para primeros borradores, la mañana imposible (esas horas en las que todavía están poniendo las calles) es mi mejor momento del día: el sueño me hace más creativa, al cargarse los típicos filtros del perfeccionismo. Y escribir es una actividad que hace que mi cerebro espabile: es más eficiente que otras actividades como leer, corregir o saludar al mundo con un polvo mañanero.

10000 horas¡Quitar el polvo! ¡Quería decir quitar el polvo! Y es que se cuela por todas partes, hasta por las rendijas del sofá.

Tras años de ensayo y error, he descubierto que mis mejores horas para escribir ficción están entre las 6 y las 10 de la mañana (medio dormida, pero creativa), y que mis mejores horas para escribir artículos están entre las 5 y 8 de la tarde (muy despierta, menos creativa pero más productiva).

Como veis, no son horas que de entrada me parecerían lógicas, yo que siempre he sido una de esas personas búho que creen que hacen las cosas mejor a las tres de la mañana. Lo aprendí tras mucho experimentar.

ReGreso al quid de la cuestión

Nicolas insiste en dos cosas, una y otra vez: primero, necesitas descansos entre bloque y bloque de trabajo.

Últimamente he estado leyendo mucho sobre lo que Miyazaki llama el ma, o respiro narrativo. Es ese momento en que la acción se detiene y podemos descansar un poco. Estos reposos entre la acción desenfrenada son los que nos permiten entender bien el sentido de lo ocurrido hasta ahora: son lo que nos permite asimilar lo importante.

Otro día hablaremos más de eso, si queréis, porque como escritores tenemos que aprender a utilizarlo. Pero creo que es una buena metáfora también para nuestras rutinas de trabajo diario. Para que el trabajo se aposente bien, también necesitamos nuestro ma, nuestro momento de reflexión callada, de meditación y reinicio.

Lo segundo en que insiste Cole (y creo que esto es fundamental): él puede crear contenidos de calidad aceptable y editarlos en tiempo récord porque lleva más de diez años trabajando en ello. Esta experiencia le permite, por ejemplo, crear tres artículos profesionales de unas 800 palabras en menos de dos horas.

Evidentemente, si tú acabas de empezar a escribir, no vas a obtener los mismos resultados. Pero es una manera interesante de ver que conforme desarrollamos una habilidad, cada vez realizamos las tareas asociadas con mayor rapidez y eficiencia.

Hablemos ahora del horario habitual de Nicolas.

Mañana: 3500 palabras

¿Qué?

Sí, suelta 3500 palabras del ala en ese horario óptimo (de 7 a 11 AM). Nicolas se levanta, se lava los dientes, se ducha, se prepara el desayuno y apaga el teléfono. Al final de este artículo os preguntaréis si tiene vida: he de decir que antes de apagar el teléfono le manda un mensaje a su novia. No sé si el mensaje es amoroso o si va más en la línea de “adiós, querida, parto raudo, una mañana más, a derrotar a los dragones de la resistencia, pereza y la ignorancia”.

Ese es el tipo de cosa que me dice a mí mi partenaire por Whatsapp. Y a mí me gusta imaginarme a Nicolas así, dispuesto a su odisea, a su guerra, espada en ristre. Mientras piensa en su novia.

Lo de apagar el teléfono es importante. Para hacerte 3500 palabras del tirón necesitas concentración. ¡Más que concentración! Necesitas flow***. Y el flow no se consigue si Facebook te está interrumpiendo cada cinco minutos. Me cabrea eso de que a mi cerebro le lleve un buen rato volver a enfocar toda su atención después de una distracción, por leve que sea.

10000 palabrasYa te lo advirtieron tus padres: las notificaciones matan.

Para Cole, el estado de flow es sagrado y lo mantiene mediante descansos muy específicos, casi meditativos: espacios de tiempo en los que no interviene información externa que afecte a su caudal de pensamiento. Nada de redes sociales, nada de teléfono, nada de tontear por Internet. Tras una sesión larga de escritura, hace todo lo posible para mantener su cabeza “limpia”.

Un ejemplo de este estado sería el acto de prepararse la comida, con el enfoque puesto en ese proceso y nada más. Cole come, lava los platos y se sienta para la siguiente ronda.

Tras el almuerzo: 2500 palabras.

Este es el momento más difícil y ahí estoy con Cole, ay. A mí me ayuda una siesta de media hora para reiniciar un poco el día, pero este señor todoterreno se pone inmediatamente después de comer, para no perder el ritmo. No es su mejor momento (ni el mío) pero son horas que pueden aprovecharse. Como dice él: por mucho que me gustaría descansar y decir “ahora mismo no me apetece escribir”, sabemos que no es una opción.

Pequeño irse por las ramas sobre las siestas

Sobre el tema de las siestas podríamos hablar largo y tendido. Solo he empezado a dominarlas recientemente, gracias a una higiene de sueño muy estricta (mis amigos deben de pensar que ahora soy la persona más aburrida del mundo) y el uso de la aplicación Sleep as Android, que me ha ayudado a no despertarme en un estado tan zombi como el ya mencionado más arriba.

No estoy afiliada con esa app ni nada por el estilo. No sé qué ciencia (o seudociencia) hay detrás, pero por ahora me funciona muy bien.

Y volvemos a(l) Cole

A nuestro héroe las tardes le cuestan, le cuestan mucho. Dice que es aquí donde agradece sus años de competición profesional como jugador de World of Warcraft (¿veis como era un héroe?) y sus años de ir al gimnasio. Cosas así dan disciplina y determinación. Yo al WoW he jugado mucho, pero no de esa manera, y soy alérgica a los gimnasios.

10000 palabrasPERO POR QUÉ SONRÍEN.

Aun así, estos años recientes de escritura me han espabilado mucho. Descubrí que, como no tengo disciplina, tengo que recurrir a otros métodos. Hay días en los que no quieres escribir. Pero no se trata de lo que te apetece en el momento: se trata de una acumulación de acciones diarias que te llevan hasta tu objetivo.

Toca teclear, queramos o no, en esta etapa de posalmuerzo adormilado. Para media tarde, Cole ya está agotado y toca un nuevo descanso.

Descanso mental, claro. Es aquí donde se marcha a levantar pesas o a nadar. Asegura que el ejercicio físico es lo mejor que puedes hacer después de tantas horas de concentración. Tened en cuenta que a estas alturas de la película llevamos ya 5000 palabras.

5000 palabras es una barbaridad, hasta para escritores aguerridos.

De vuelta del gimnasio o de la piscina, Cole se prepara algo de comer, responde a mensajes urgentes y se dedica a la lectura.

Pequeño irse por las ramas sobre la lectura

Todos los que escribimos necesitamos leer. Cole también escribe poesía, y entre eso y los artículos que escribe para otros, y lo que escribe para su propio blog y libros de no ficción, necesita poder cambiar de “voz” (forma de narrar, perspectiva) para cada bloque de trabajo. Una forma de conseguir esto es leer antes algo en el estilo en que te interesa escribir.

Creo que es importante recurrir en esta instancia a lecturas muy muy buenas. Siempre está el riesgo de sentirte malo y decidir que no sirves para la escritura y tirar tu portátil por la ventana, pero creo que es un riesgo que un escritor bien protegido, amante de sí mismo y constante cruzado contra el síndrome del impostor, puede conseguir sin pestañear.

Además, yo no tengo mucho dinero y no me puedo permitir tirar mi portátil por ningún lado.

Tras la cena: 4000+ palabras

Terminada la cena y la lectura, toca repetir la rutina de la mañana.

Cole apaga el teléfono de nuevo y se pone a currar. Ya está en otro periodo de creatividad, productivo, y la sesión bien puede durar cuatro horas o más. Incluye artículos, edición, emails y otras tareas asociadas.

Ya ha llegado a las 10000 palabras, y todavía le queda un encargo que terminar.

Por supuesto, Cole describe en su artículo su día ideal. Él mismo asegura que no todos los días salen así de perfectos. Habrá eventos inesperados, viajes, sorpresas, interrupciones que escapan a su control. Conforme avanza el día perdemos voluntad y enfoque, y es más fácil que nos distraigan tareas inoportunas, llamadas, correos, etc. Por eso, Cole produce menos por la tarde. Por la noche, de nuevo puede apagar el universo y entregarse plenamente a su trabajo.

Argumentos a favor y en contra de la superproducción

Ya sé lo que estáis pensando.

Más de 10000 palabras. Todas esas horas de trabajo, completamente enfocadas en la escritura. ¡Eso es una barbaridad!

¿Pero lo es? No estoy muy segura.

¿A cuántas personas conocéis que trabajan en hostelería, seis días a la semana, diez horas al día? A lo mejor es porque vivo en una zona turística, pero yo sé de más de una (y de diez).

¿Y cuántas personas conocéis que trabajan, supuestamente, cinco días a la semana, ocho horas al día, pero que entre horas extra, trabajo no solicitado y “deberes” y problemas para casa acaban currando mucho más?

¿Qué decimos de aquellos cuyas supuestas ocho horas diarias de trabajo se dividen en tres horas de trabajo real y cinco horas de petardeo por Facebook?

10000 palabrasTras varias horas de esfuerzo ininterrumpido, he ganado el debate "tortilla: ¿con o sin cebolla?". Trescientos niños en Uganda se quedaron sin sus envíos de alimento y medicamentos, y probablemente han muerto, pero este día quedará marcado para la posteridad.

Sí, es una barbaridad, porque es un trabajo de concentración absoluta durante largos periodos de tiempo. Creo que también nos parece una barbaridad porque es escribir, y seguimos asociando el escribir a algo que se hace con un fundido en negro o mucho bourbon o tiempo acelerado en las películas de Hollywood. Es algo que se hace solo un par de días, en los que te tiras 48 horas sin dormir para escribir una novela (creo que eso lo vi en Californication, posiblemente la peor representación que he visto de la vida de alguien que se dedica a la escritura).

No lo concebimos como un trabajo absoluto, completo.

El problema del trabajo artístico

Cualquiera podría argumentar que los ejemplos que yo he puesto no son válidos: son ejemplos de personas que trabajan para subsistir, y que quien busca vivir de la escritura lo hace porque es su pasión. Como si tu pasión no tuviera trabajico. La escritura (sobre todo la escritura creativa) es un sector donde la oferta supera ampliamente a la demanda, por lo que la remuneración, de haberla, es muy baja. Solo la veo rentable en casos de a) producción a lo bestia o b) producción especializada en nichos de demanda alta. Pero incluso una producción especializada exige de experiencia y habilidad, que se consigue… ah, sí, practicando mucho.

Puede haber excepciones, pero, no sé por qué, cada aspirante a escritor que conozco considera que es esa excepción mencionada. Que encerrado en su guarida escribirá una primera obra perfecta que revolucionará el mundo. Matemáticamente, todos no podemos ser esa excepción, ¿no?

También olvidamos que hay formas de escritura más rentables que otras. ¿Qué hacen los copywriters, los redactores profesionales, los “negros”, los creadores de contenido? ¿Dibujar y bailar, largarse a retiros de yoga mientras piensan en conceptos publicitarios avanzados a lo Mad Men? Escribir no es solo ficción. No es solo esa idea romántica que tenemos de ser el próximo superventas y vivir en una mansión rodeados de señores y señoras con poca ropa y un mayordomo de acento británico que se parece sospechosamente a Stephen Fry.

conclusiones

He hablado de este tema con otros escritores y sospecho que, al igual que ellos, mis lectores tendrán dos reacciones principales. Una será de rechazo (¡ese tío está loco! ¡Eso es imposible!) y otra será de admiración (¡si él puede, yo también puedo! Mañana mismo, a escribir 10000 palabras. Pero ahora no, que estoy viendo Netflix).

Me gustaría decir que son reacciones extremas, en mi opinión. Creo que podríamos quedarnos con cierta dosis conveniente de realismo: de un día a otro no vamos a pasar de 500 a 10000 palabras diarias, incluyan o no incluyan reescritura, revisión, planificación y todo lo demás. Y menos si no podemos permitirnos el lujo de dedicar todas las horas del día a escribir como ocupación principal. También hay que contraponer el mercado angloparlante para el que escribe Cole con el nuestro.

10000 palabrasUn día cualquiera en la vida del escritor estadounidense.

Pero también debemos tener en cuenta que Cole no empezó escribiendo todo el día. Esa es una situación a la que ha llegado gracias a años de trabajo constante, haciéndose un nombre en el sector de la creación de contenidos. Sí hay redactores, copywriters, creadores de contenido en nuestro mercado que viven de lo que escriben. También hay escritores de ficción con una producción brutal que hacen su dinero. Todos han llegado a ese punto tras mucho tiempo de optimización de su trabajo: no solo se trata de escribir mucho, sino de escribir bien y de conocer a tu público.

Y creo que es fácil decir que vivir de la escritura es imposible cuando producimos doscientas palabras al día (o cuando nos quedamos atrapados en un sector o forma de publicación que no es rentable). Hablo aquí de dinero, solo de sucio dinero, por la sencilla razón de que dicho dinero es lo que permite que alguien pueda pasarse diez horas diarias dándole a la tecla.

Conclusión de las conclusiones

Así que propongo que dejemos de lado nuestras diferencias, opiniones, críticas y recelo y nos quedemos con el mensaje que a mí me gusta de todo esto:

Escribir 10000 palabras al día es posible. Pero no tenemos que escribir 10000 palabras al día.

Lo que podemos hacer es aprender de lo que Cole hace bien (una rutina efectiva, respeto por su propia concentración y descanso, entrega y disciplina para conseguir sus objetivos).

Ya están los bares llenos del tipo de autor desalentado que solo hablará de lo que Cole hace mal.

Como si a Cole eso le importase.

Y si estás en ese bar, quejándote, te recuerdo que no estás en casa, escribiendo.

 


*Si os interesa que mi próximo artículo sea sobre este tema, por favor decidlo en los comentarios. En caso de demanda, lo haré; si no, me centraré en alguno de los demás 1553 temas que tengo pendientes.

**Sé que existe una palabra en español para esto. Pero tendréis que perdonarme. Cada vez que escribo flujo me río como la niñata idiota que sigo siendo a veces.


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He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de mis mecenas. Entre ellos, va un gracias especial a Jorge del Oro, Carlos S. BaosAna González Duque, May Quilez, Eduardo Norte y Carla Campos por sus contribuciones. Si tú también quieres ayudarme a seguir creando publicaciones como esta, por favor considera pinchar aquí y echarle un vistazo a mi Patreon. Puedes ser mecenas por menos de un euro, apoyar mi proyecto y además recibir recompensas divertidas 😉

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Cómo sacarle provecho a un taller literario

agosto 25, 2017 — by Gabriella9

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Como recordaréis —porque no dejo de recordároslo y por tanto es normal que lo recordéis—, hace poco más de un mes di un taller literario en el marco del muy fantástico festival Celsius de Avilés.

El taller se llenó hasta los topes (que no eran pocos) y pasamos unas horas bastante agradables (¡por lo menos para mí! ¡Y vosotros os reíais de mis chistes malos!). Hicimos una sesión por la mañana presentando conceptos básicos (como qué debe contener un contrato editorial, qué implica la autoedición, cómo escribir a editoriales, etc.) y otra por la tarde, en la que hablamos de mercadotecnia.

Cuando doy cualquier tipo de curso, charla o conferencia, me gusta repasar la experiencia y analizar los resultados para ver en qué puedo mejorar. Pero hoy se me ha ocurrido que también podría analizar en qué pueden mejorar los alumnos: es decir, de qué manera pueden sacarle el máximo rendimiento a la experiencia de un taller literario, ya sea mío o del mismísimo Stephen King.

Así que aquí van algunas ideas, que espero que os sirvan. Espero que me contéis si estáis o no de acuerdo con ellas, y si se os ocurre alguna más:

taller literario

1. Revisa tus datos

Durante el taller pedí a los asistentes que escribieran en una lista su nombre y correo electrónico. Mi intención era enviarles el guion del temario por email, para que no tuvieran que copiar a mano dicho guion mientras yo lo proyectaba (me gusta que la gente tome notas, pero si alguien intenta apuntarlo todo se encontrará con que se ha perdido gran parte de la experiencia).

Tal y como prometí, al cabo de una o dos semanas envié el guion a los emails de mi lista.

Si tienes que dar tus datos en algún momento de un curso o taller, asegúrate de que están bien, ¡revísalos! Y si tienes que escribirlos a mano, hazlo con una letra bien clara (las mayúsculas ayudan para esto). De los 66 emails que mandé, 8 nunca llegaron a su destinatario. ¡Eso es más de un 10%!

2. Si el taller es gratuito, trátalo como si fuera de pago

Voy a hacer una observación que tal vez sea algo polémica, pero dejad que me explique:

Los asistentes a talleres gratuitos tienden a aprender menos que aquellos que acuden a talleres o cursos de pago.

No me lo estoy inventando. Es algo que he ido viendo de un tiempo a esta parte. No tiene una precisión absoluta; es, ya digo, una tendencia.

¿Por qué ocurre esto?

La primera razón, y la más aparente, es que un taller gratuito ofrece menor valor y calidad que uno de pago, y por tanto los alumnos aprenden y se interesan menos. Esto puede ser cierto, pero no es una ley. En mi caso, mi esfuerzo es el mismo. No “recorto” empeño ni contenido por hacer algo de manera no remunerada.

La segunda es una simple razón psicológica: solemos tener un nivel de compromiso mayor hacia aquello en lo que hemos invertido algo, ya sea dinero, esfuerzo o tiempo.

Me refiero a que los alumnos que pagan por un servicio de enseñanza siempre lo exprimen más. Recuerdan mejor lo aprendido y buscan aplicaciones prácticas. Esto es normal: uno no quiere pensar que ha tirado el dinero. Y si soltó pasta para empezar, es porque el interés es real y apremiante, no mera curiosidad. Esto tampoco se cumple al 100%, por supuesto: hay asistentes a talleres y cursos gratuitos que le sacan muchísimo provecho y alumnos que sueltan cantidades altas de dinero para formación que luego no usan. Pero en mi experiencia esas son las excepciones.

Esto me lleva a pensar que si te estás planteando acudir a alguna actividad literaria gratuita que podría ayudarte como escritor/a, tal vez sea efectivo que te mentalices para tratarla como una actividad de pago. ¿Cómo actuarías si hubieras tenido que hacer un esfuerzo económico para asistir? ¿Qué harías de forma diferente?

taller literarioEjemplo gráfico de alumnos que sacan provecho de mis talleres.

Lo que me lleva al siguiente punto, fundamental:

3. Haz un seguimiento de lo aprendido

Entiendo que estamos en verano y que muchos están de vacaciones o descansando, pero aun así me sorprendió ver que solo un 67% había abierto el correo donde les mandaba el material. Probablemente parte acabaría en carpetas de promociones o spam, pero creo que es una buena idea insistir en que si asistes a cualquier curso o taller, te cundirá mucho más si realizas una labor de seguimiento.

¡No te limites a sentarte y escuchar! Apunta lo que te interesa y revisa tu material unas semanas después. Si no has recibido el material que correspondía, contacta con la persona encargada.

4. Busca aplicaciones prácticas

La teoría está muy bien, pero la mejor forma de aprender está en el ejercicio. La próxima vez que acudas a cualquier tipo de clase, conferencia o taller, ponte como objetivo apuntar un mínimo de tres acciones reales, tangibles, que puedes llevar a cabo en tu vida real de escritor avezado.

Y comprométete a usar esas acciones. Ponte alarmas en el calendario, metas en tu aplicación o libreta favorita, marcas con estrellitas en tu bullet journal… lo que a ti mejor te sirva.

taller literarioPepe sabía que aquel taller literario solo era el primer paso en su plan de dominación mundial.

Tu tiempo es muy importante. Si has dedicado varias horas a escuchar a alguien que (esperamos) sabe algo de lo que está hablando, no dejes que esas horas queden en la ignominia del desperdicio.

Porque para eso puedes ver una serie, por ejemplo. Te recomiendo The Young Pope.

5. ¡Habla con el profe!

En los cursos o conferencias, muchos de los asistentes buscan no solo aprender, sino un contacto personal con la persona que da el curso. Tras las charlas, suelo tener un grupo de personas que quieren conversar, preguntar dudas o simplemente presentarse. ¡Un taller también es una oportunidad de hacer conexiones molonas!

Y a mí me encanta. Para mí es el mejor momento, porque ya me puedo despreocupar del trabajo propiamente dicho y hablar con los asistentes de un modo más personal.

taller literarioMe siento así cuando habláis conmigo, palabrita.

Por alguna razón, en este último taller tuve la sensación de que muchos huían lo antes posible.

Esto puede deberse a varias razones:

  • Doy un poco de miedo (poco probable).
  • Lo hice tan mal que tenían que salir corriendo, horrorizados (posible).
  • Todos se estaban meando (bastante posible).
  • Había algo importante que empezaba justo cuando yo terminaba (muy posible, teniendo en cuenta la programación del festival Celsius).
  • Les daba vergüenza dirigirme la palabra (misteriosamente posible).

Allí había mucha gente joven. Tengo la sensación de que en esa sala ocurría lo que me ocurría a mí en la universidad: no quería ser la pelota que se acercaba a hablar con el docente al finalizar la clase.

¡No os cortéis, en serio! ¿De quién me voy a acordar, de la persona al final de la sala que desapareció misteriosamente o de alguien que vino a saludar y presentarse?

Si esto te da demasiado apuro, hay una forma muy sencilla de solucionarlo. Si vas a ir a un taller, unos días antes mándale al profesor o profesora un email. Simplemente con decir que te hace ilusión asistir, o preguntarle si tratará algún tema concreto, puedes obtener una respuesta. Y luego solo tienes que acercarte, decir que eres la persona que mandó ese email y darle las gracias por la charla. ¡Facilísimo!

6. ¡Haz preguntas!

A veces en las presentaciones, cursos y talleres, a la gente le falta tiempo para preguntar cosas. Pero otras veces se produce un silencio incómodo, mientras me quedo a la espera de que alguien diga algo. Me niego a creer que el 99% de las personas que están en una sala porque vienen a aprender sobre el tema que se está tratando no tienen ABSOLUTAMENTE ninguna duda sobre lo que habíamos hablado.

Lo entiendo. Yo soy tímida e introvertida. Pero he descubierto que quedarse con las ganas de preguntar es una tontería. Y eso que os ronda por la cabeza podría afectar a muchas más personas de la sala. No hay nada tan deprimente para alguien que habla en público (y reconozcámoslo, a todo el mundo le cuesta hablar en público) que terminar su charla, abrir ronda de preguntas y que suenen los grillos.

taller literarioConsejo: Antes de preguntar, valorad vuestro índice de deseabilidad. Muchos profesores no responderán a personas con un índice de belleza por encima del suyo. Volved a vuestras casas perfectas, gentuza.

7. Habla con otros asistentes

Esto es difícil, lo admito. Pero como dije en el taller del Celsius: los amigos que hagáis entre otros escritores son los contactos que tendréis dentro de uno, dos y quince años. Y muchos de esos contactos podrán ayudarte, al igual que tú podrás ayudarlos a ellos.

Esto tampoco quiere decir que seas pesado/a. Aprende la diferencia entre amabilidad e interrumpir conversaciones privadas, apuntarte a cosas a las que no estás invitado o escribirle a alguien todos los días porque todavía no ha contestado tu email de 8000 palabras.

8. ¡Sonríe!

Esto os parecerá la tontería del siglo, pero prometo que no es así.

Cuando alguien habla para un público, busca una respuesta a su comportamiento y actuación, para saber si está llegando a dicho público o haciendo el ridículo de su vida. Busca además un reflejo: si quien habla sonríe, encontrará sonrisas en su público, que imitan su gesto facial de manera no consciente, porque están entendiendo y disfrutando el discurso.

En todos los públicos hay gente que sonríe y gente que no sonríe. Gente que tiene una cara de palo tremenda. Es frustrante, porque a veces tienes la sensación de que no les está gustando lo que haces, que lo estás haciendo mal.

Lo sorprendente es que a veces luego esas personas tan serias te dicen lo mucho que lo han disfrutado. Y tú ahí sufriendo, agobiada, por el desastre.

Así que si te lo estás pasando bien, si estás aprendiendo, sonríe.

Si no, no sonrías.

¡Pero dejad de confundirme, c*****s!

 


Notas:

creatividadherramientas para escritores

Utiliza el círculo mágico para vencer tu bloqueo

agosto 24, 2017 — by Gabriella12

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Hay listas sobre maneras a miles de acabar con el bloqueo del escritor.

Salir a pasear, leer, darse una ducha, hacer bikram yoga a mil grados a la sombra, pintar calaveras de colores con los pies. Lo normal.

Hoy hablaré de otra manera, muy distinta. Esto del círculo mágico sospecho que no lo habéis visto todavía.

Es de Mark McGuinness, porque Mark McGuinness es mi cosa favorita ahora, después de mi familia, mi gato y las noches en las que me acurruco con mi pareja mientras vemos Netflix y nos relajamos.

Hablemos primero de motivación.

aquello que nos empuja a crear

En su libro Motivation for Creative People, su excelencia McGuinness analiza la motivación intrínseca y extrínseca que nos lleva a crear, que nos lleva a convertirnos en creadores (y también estudia cómo llegamos a profesionalizarnos en el ámbito artístico). Habla de su experiencia asesorando a muchos tipos de artistas. Un caso en concreto me llamó la atención.

El caso del pintor de éxito que estaba bloqueado.

McGuinness afirma que la mayoría de los artistas necesitan motivaciones tanto intrínsecas (pasión, orgullo, deseo de superación personal…) como extrínsecas (dinero, reconocimiento, prestigio…) para poder ofrecer su mejor trabajo. Un artista que solo trabaja buscando las musas, por amor puro al arte, se encontrará con una serie de obstáculos (falta de medios, de tiempo, de valoración) que pueden hacer que desfallezca. Del mismo modo, un artista que trabaja solo por motivos extrínsecos, un artista que se haya “vendido”, podría no sentirse satisfecho, ya que la motivación intrínseca (y aquí McGuinness cita varios estudios y experimentos al respecto) es mucho más poderosa. Y, por tanto, necesaria.

Contraponemos de nuevo al artista que vive debajo de un puente o en una cueva, intentando crear con hambre, frío y necesidad (¡pero siendo fiel a su arte!) al artista que tiene fama y millones, pero que ha tenido que sacrificar lo que realmente quiere hacer por otras tres entregas de novelas de vampiros con purpurina que van a colegios de magos mientras intentan derrocar un imperio distópico donde solo hay adolescentes con cara de palo.

El punto ideal para el artista feliz sería, entonces, ese interesante punto medio: el artista que goza de satisfacción personal y de algo de dinero y reconocimiento. Todos sabemos que ese punto es difícil de alcanzar. La mayoría de los creadores se enfrentan a esa resistencia que diría Pressfield, ese desencuentro o desequilibrio entre sus motivaciones intrínsecas y extrínsicas.

Hasta aquí todo claro, ¿verdad?

Vuelvo al caso del pintor que estaba bloqueado.

Recuperando la motivación perdida

McGuinness se encontró con un cliente que vendía sus cuadros por cifras astronómicas y que gozaba del reconocimiento de la crítica, una rara avis. No obstante, la costumbre de pintar para vender y gustar se había hecho tan cotidiana que el hombre ya no sabía qué quería él pintar en realidad. Echaba de menos el soplo de la musa, ese flow maravilloso de su juventud, cuando pintaba toda la noche con hambre, frío y necesidad.

Tristísimo, lo sé.

círculo—Mi novio es ingeniero para Google. —Ah, el mío es inversor en empresas billonarias. —Eso no es nada, el mío vende vacas enteras conservadas en formol.

McGuinness le propuso el siguiente ejercicio para recuperar su motivación interna: le dijo que dibujara o creara un círculo en su estudio o en alguna parte de su hogar que no asociara con promoción y trabajo administrativo. Cuanto más “ritual” fuera ese círculo, mejor. Podía hacerlo con pintura, velas, colocando piedras, etc. De manera periódica, debía dejar todo lo que estuviera haciendo y entrar en ese círculo con sus instrumentos de creación.

Le dijo que dentro de ese círculo podría hacer lo que quisiera y pintar lo que quisiera. Podría pintar desnudo o haciendo el puente; podría dibujar cualquier cosa; pintar con pinceles, dedos o espátula, sobre lienzo o cartulina, sobre lo que fuera. No debía censurarse de ninguna manera.

Cuando terminara su sesión en el círculo, debía tomar lo que había creado y debía guardarlo. No podría volver a mirar siquiera lo que había producido hasta pasados tres meses.

El bloqueo desapareció. El pintor sabía que nadie tenía que ver su obra. No había expectativas. La única motivación era la del arte por sí mismo.

Cuando miró lo que había creado en esas sesiones estrafalarias, vio que había cosas que no le gustaban, cosas que sí le gustaban y cosas que le encantaban y que vendería (y, de hecho, se vendieron muy bien). Aquello que no le gustaba servía para pintar encima y crear algo nuevo.

La escritura también tiene sus círculos mágicos

En 2014 escribí una novela corta en un par de sesiones maratonianas. La escribí en un entorno diferente al que suelo utilizar. No la había leído desde entonces.

El otro día la encontré y me maravilló la felicidad que había en ese texto. La diversión, el desparpajo y, a la vez, el deseo de superarme metiéndome en temas que no dominaba. Recuerdo que la escribí en una época en la que tenía la sensación de no estar escribiendo nada en condiciones. Sí, estaba un poco bloqueada y frustrada.

Ese fue mi círculo, creo. Solo el papel y yo, nada más.

¿Cuál sería tu círculo?

No siempre podemos escribir en el círculo. A veces tenemos encargos, obligaciones, limitaciones y tenemos que ceñirnos a reglas y expectativas. Pero creo que alguna vez todos tendríamos que escribir solo para nosotros.

Buscar nuestro propio círculo ritual.

Los resultados sorprenden. Pueden ser buenos o malos, pero siempre son felices.

 


Notas:

  • Imagen de cabecera de un círculo de Yulia Glam en Shutterstock. Imagen de señoras con novios ricos de Darren Baker en Shutterstock.
  • ¡Muchísimas gracias a los que ayer comprasteis cosas! En concreto, comprasteis dos ejemplares de El dios en las alturas. Con eso ya puedo tomarme hoy un vinico así que, como agradecimiento, os traigo este artículo.
  • Si te ha gustado, por favor ayúdame a seguir dedicando mi tiempo a estudiar, analizar y comentar asuntos relacionados con el aprendizaje de la escritura y de lo literario. Solo con adquirir y leer alguna de mis obras ya estás marcando la diferencia. ¡Hay de todo, desde tan solo 0,99 €!