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Cómo convertir ideas mediocres en ideas extraordinarias

agosto 1, 2019 — by Gabriella7

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La inspiración es una amiga falsa, falsísima.

Es tan falsa que a veces te presta libros que ni siquiera son suyos; te dice que ese vestido rosa te queda fatal (cuando en realidad te hace culazo); intenta robarte la cerveza buena mientras tú te distraes en conversaciones profundas sobre la dialéctica socrática con tus colegas.

Cuidado con ella: os digo que no es de fiar.

La inspiración es como un exceso de calimocho a las tres de la mañana: a veces te da muy malas ideas. Ideas que apuntas con emoción para descubrir, varias semanas más tarde, que solo sirven para convertir tu libro en un fanfiction de Crepúsculo.

Yo solo compro Don Simón en botella de cristal, que soy una dama

Que las primeras ideas no son las mejores es algo que todos hemos sufrido. Así que hoy traigo un par de técnicas que funcionan, técnicas que sirven para bucear un poco más en las profundidades del subconsciente y extraer gemas inesperadas.

1. La lista de 100

Esto se lo leí hace poco a Stephen Moore, pero yo ya usaba alguna variante y puedo dar fe de que es estupendo. ¿Para qué quedarte con tu primera idea cuando probablemente la idea brillante esté en el puesto 77 de tu lista?

Y si no escribes esa lista, nunca lo sabrás.

Hay dos maneras de llevar a cabo esta técnica. Puedes hacer:

a) Una lista simple, de ideas independientes, o

b) Una lista continua, de ideas asociadas.

La lista simple

Fácil y eficiente. ¿Buscas una idea? Escribe 100. Esto es harto difícil, pero lo importante es recordar que nadie te está juzgando: vale cualquier cosa. Si estás buscando una idea para la trama de tu novela y escribes “una gran caca de perro”, eso es válido. Seguramente no te servirá de nada, pero al eliminar los filtros de tu mente más seria y racional, dejas paso a la tontería, a la chorrada, a lo extraño y lo maravilloso. Y de lo más profundo de nuestro subconsciente pueden surgir las ideas que necesitamos, porque pueden salir de las restricciones y estructuras que nos imponemos mediante patrones habituales de comportamiento y pensamiento.

Así que tal vez esa caca de perro sea el elemento de trama que necesitabas. Tal vez pisar un buen excremento blando y oloroso sea justo lo que le hacía falta a tu personaje para volverse majara y empezar a asesinar a viandantes con su recortada.

Por ejemplo.

La lista continua

Esta es la lista que propone Moore, que lo explica del modo que yo ahora procedo a explicar explicadamente, si consigo explicarme.

Cómprate una libreta. Moore dice que el tamaño, tipo de rayado o gramaje del papel no importan, pero todos sabemos que eso no es cierto.

Necesitas una de estas

Necesitas también un lápiz, bolígrafo o pluma. Moore repite que da igual lo que uses y me horroriza la ignorancia de este hombre. Es completamente obligatorio usar un Pilot V5, una estilográfica que te haya costado más de 15 euros o una plumilla caligráfica. Si me apuras mucho, mucho, puedes usar un portaminas (pero solo con mina de 0,7) o un lápiz con dibujitos de unicornios (que debe ser B o 2B. El HB es para personas que nunca dejaron el colegio y me batiré en duelo con cualquiera que diga lo contrario*).

Todo lo que se indica a continuación puede hacerse solo con texto, pero es mucho mejor si también haces dibujitos, como Moore:

También autorizo el uso de puntafinas Staedtler o Sakura, cualquier rotulador acuarelable o de punta pincel, y de cualquier objeto que ponga Faber-Castell por algún lado.

Escribe tu idea número uno. Este es tu punto de partida.

Ahora desarrolla esa idea un poco hasta que se convierta en tu idea número dos. Desarrolla a la vez esa idea, cambia, aumenta, ramifica, hasta dar con la idea tres. Es posible que salgan más ideas de aquí; apúntalas a un lado, porque te harán falta más adelante.

Enfoca en un área de la idea tres. A lo mejor has puesto que tu personaje abandona su aldea para convertirse en cantante de reguetón en la capital. Concéntrate en la idea de abandono. ¿Qué deja atrás? ¿Había alguna relación romántica? ¿Algún problema familiar? Expande esos conceptos hasta dar con tus ideas cuatro, cinco y seis. Aumenta los detalles y tendrás tus ideas siete, ocho y nueve. Y así todo. Recuerda: nada es demasiado absurdo ni ridículo.

Excepto esto. Me da igual que intentéis hacerlas elegantes y sexis. LAS RIÑONERAS SON EL TERCER SIGNO DEL APOCALIPSIS Y ME BATIRÉ EN DUELO** CON CUALQUIERA QUE DIGA LO CONTRARIO.

Llegará el momento en que se te agoten las ideas. A lo mejor te gustó mucho la idea 23 y desde entonces solo escribes tonterías. Recupera las ideas que apuntaste al principio a un lado y repite el proceso.

Este sistema trata de agotar todas las posibilidades y de examinar salidas que de otro modo no se te habrían ocurrido. Aguanta. Intenta llegar a 100. Porque a lo mejor en la idea 99 das con el concepto que no solo cambia tu novela, sino toda tu forma de escribir. Y tu vida. Y el universo***.

Esto no tienes por qué hacerlo de una sentada. Pero te animo a terminar los 100. Y si no tienes tiempo o no puedes, intenta hacer por lo menos 20. Te aseguro que merece la pena.

Y si realmente quieres hacer esto bien, coge las dos o tres mejores ideas de tu lista y vuelve a desarrollarlas, siguiendo el mismo proceso. ¡O también puedes combinarlas! Acabarás con un concepto refinado, original y coherente.

Y hablando de combinar…

2. Combina con lo aleatorio

Ya he hablado en este blog del sexo de ideas y de lo bien que funciona mezclar cosas que no parecen tener nada que ver. En este artículo tienes un montón de fórmulas. Pero ¿qué ocurre si añadimos el factor aleatorio?

Sabéis que soy muy fan del poder de lo aleatorio. A veces a nuestro cerebro le hace falta un empujoncito para que salga de lo habitual. Las mejores ideas pueden surgir de una combinación de conceptos que ya tenemos, y si usamos algo extraño, fuera de nuestro ámbito de experiencia, podemos detonar combinaciones inesperadas.

Hay un ejercicio que se hace a veces en empresas con equipos creativos: se trae a un manojo de expertos en cosas muy muy especializadas y cada uno habla durante 5 minutos de su proceso. Es llamativo lo mucho que puede inspirar escuchar cómo se crean unos cordones, cómo se aprende a tocar el violín o quién gobernaba en el siglo XIV en un país diminuto del que apenas has oído hablar. Son cuestiones tan raras y diferentes que disparan conexiones nuevas entre los conocimientos que ya tenemos.

Veamos un ejemplo narrativo

Imagina que estás escribiendo un relato simplón y clásico sobre un chico (llamémoslo Pedro) que intenta conquistar a una chica (llamémosla Laura Angélica de las Mercedes).

Le das al artículo aleatorio de la Wikipedia y te sale el Cristo abrazado a la cruz de El Greco. Para mí lo más interesante de esta obra es que el señor Doménikos (uno de mis pintores favoritos ever, por cierto) hizo varias cuadros sobre este tema, todos muy similares entre sí. ¿Y si Pedro tuviera un superpoder que le permitiera crear versiones diferentes de su cuadro… es decir… de su realidad? ¿Y si Pedro pudiera diseñar y probar cientos de realidades posibles, con cientos de maneras de conquistar a Laura Angélica de las Mercedes? A lo mejor al final Pedro descubre que ninguna funciona; tal vez se queda con la versión en la que sale Lauro Angélico de los Mercados; tal vez Laura Angélica de las Mercedes a su vez diseña cientos de realidades en las que pretende acabar con su acosador (Pedro); puede que tanto juguetear con la realidad despierte a una entidad primigenia controladora del orden de los universos que decide que esto no puede ser y que va siendo hora de comerse a la Tierra.

Sí, mi cerebro funciona así y pido perdón por ello cada día a las personas de mi entorno.

Casperito solo quería dormir la siesta tranquilo, pero esos malditos adolescentes con su ruidosa alteración de realidades sacaban lo peor de él.

No es necesario que tiréis por la fantasía o la ciencia ficción, o que le deis al weird gabriellino (y tampoco lo recomiendo). Pero las herramientas de lo aleatorio producen monstruos insospechados. Lo define muy bien aquí Edward de Bono:

Por definición, una palabra aleatoria no está conectada a ningún tema, así que cualquier palabra funcionaría para cualquier tema. En un sistema pasivo de información, esto no tendría mucho sentido. Pero en un sistema activo (un sistema que reconoce patrones), la palabra aleatoria crea un nuevo punto de entrada. Si trabajamos hacia atrás, partiendo de ese nuevo punto de entrada, aumentamos las posibilidades de usar patrones que nunca habríamos utilizado si hubiéramos trabajado partiendo del ámbito inicial.

Esta técnica de “trabajar hacia atrás” que menciona De Bono en general se conoce como random imput technique (técnica de entrada aleatoria) y suele funcionar mediante este proceso (que he tomado de aquí y adapto para escritores):

Técnica de entrada aleatoria

  1. La inserción de lo aleatorio es un ejercicio que puede realizarse de manera individual o en equipo. Como escritores, es una herramienta de equipo útil si escribimos con otros o si participamos en talleres o clubs de escritura, pero por lo general lo usaremos de modo individual. Debemos empezar con un problema claramente definido (por ejemplo: necesito mejorar mi idea inicial; me hacen falta más personajes; tengo que mejorar a mi protagonista; necesito ampliar mi construcción de mundos; etc.).
  2. Una vez identificamos nuestro problema de base, elegimos un elemento aleatorio. Puede ser una palabra, una frase corta o una imagen (¡o incluso una trama completa!). Para obtener palabras aleatorias puedes usar la sección correspondiente de The Free Dictionary, por ejemplo (o, si no te importa traducir del inglés, watchoutforsnakes). Puedes usar esta web para generar imágenes aleatorias (también tienen una herramienta para generar primeras frases de cuento o novela). Y ya he hablado de la página aleatoria de Wikipedia.
  3. Piensa en las asociaciones y funciones del elemento generado; también puedes usar acepciones y aspectos de este elemento como metáfora o para crear un escenario. Reúne la información creada alrededor de este elemento generado y otórgale nuevas conexiones para resolver el problema original. El proceso creativo de asociación te llevará, con frecuencia, a resultados muy especiales, únicos.

Hay otras formas originales de asociar ideas de forma inesperada (existen varias técnicas para escribir novela usando cartas del tarot), pero os animo a probar, para empezar, con una sola palabra. A mí los resultados siempre me animan y sorprenden.

Tu personaje conocerá el amor. Le esperan cambios en el trabajo. Tiene una relación difícil con su madre. Son 30 euros, gracias.

Internet está llena de ejercicios creativos y he probado unos cuantos, pero, en mi experiencia, muchos son bonitos por fuera e inútiles por dentro, más pensados para solucionarle la papeleta a profesores en busca de contenido para sus talleres que para proporcionar resultados útiles.

Ahora te toca a ti

Probad alguno de estos dos y contadme. Me atrevo (casi) a garantizar que daréis, tarde o temprano, con ideas extraordinarias que darán originalidad y brillo a vuestro texto. Que os convertirán en escritores magníficos.

Ah, no, espera. Que también estaba aquello de mejorar el estilo, de ordenar bien las tramas, de dar coherencia a la narración, de documentarse en condiciones, de…

Está bien, está bien. Esto solo no basta para convertirse en escritor magnífico. Pero si lo que buscas es cargarte bloqueos, esto tiene la fuerza de dinamita interestelar derribahorizontes.

Que es algo que me acabo de inventar, por cierto, usando una herramienta aleatoria.

Es verano y muchos estáis descansando. Disfrutad del calor, si sois de ese tipo de persona extraña; disfrutad de playa y montaña.

Pero si vais a escribir, no nos contéis las mismas historias de siempre, con las mismas ideas apagadas de siempre.

Eso no hay dinamita interestelar derribahorizontes que lo perdone.



*O no. Casi todo el mundo se raja de los duelos cuando se da cuenta de que tradicionalmente se celebran al amanecer. Madrugar es duro, hasta para los caballeros decimonónicos que defienden el honor de su dama (o de su lápiz HB).

**Te recuerdo que ahora amanece sobre las 7:24 de la mañana y tú estás de vacaciones.

*** Gabriella Literaria no garantiza que con este proceso modificarás el universo. Y, en caso de modificación, Gabriella Literaria no se hace responsable de los cataclismos que suelen resultar de toquetear el espacio-tiempo.

NOTAS PERSONALES:

Créditos

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Cómo sobrevivir a la escritura, ya disponible

junio 9, 2019 — by Gabriella2

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Como era de esperar, hay chistes, reflexiones sesudas, herramientas de todo tipo y alguna que otra palabrota.

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Por qué no progresas en tu escritura

febrero 11, 2019 — by Gabriella20

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Que yo no digo que a la escritura haya que tratarla como un proceso frío y científico.

Tampoco entiendo por qué lo científico tiene que ser frío. Lo científico puede ser apasionante.

A mí me produce pasión (de esa escalofriante y gustosa) todo lo que estamos descubriendo en los campos del aprendizaje. Se habla de una nueva “ciencia de la pericia” (science of expertise), pero no veo que se aplique demasiado al campo de la escritura.

Sospecho que es por el halo.

No el de Beyoncé, el otro.

70 trucos para sacarle brillo a tu novelaherramientas para escritores

Las listas de verificación salvarán tu novela

diciembre 5, 2018 — by Gabriella8

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Entre octubre de 2007 y septiembre de 2008, un estudio se llevó a cabo en las ciudades de Toronto, Nueva Delhi, Amán, Auckland, Manila, Ifakara, Londres y Seattle. Se observaron los datos, procesos y resultados de 3955 pacientes, y las conclusiones se publicaron en enero del 2009 con una noticia interesante: las listas de verificación salvan vidas.

Esto de las listas de verificación en el entorno médico no era nada nuevo, pero todavía no había llegado a la cirugía. El uso de la lista de verificación para cirujanos, recomendada por la OMS, fue una implementación con resultados asombrosos. Obligar a los cirujanos a revisar una lista de acciones antes de sus operaciones redujo el índice de muertes y complicaciones quirúrgicas más de un tercio en estos ocho hospitales tan diferentes. También se redujeron de forma notable las complicaciones posteriores a la operación y el índice posterior de muertes relacionadas. Ni que decir tiene que el proceso comenzó a adoptarse en muchísimos más hospitales alrededor del mundo.

¿Qué tiene esto que ver con la escritura?

Bastante, de hecho.

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El trípode de la estabilidad (o cómo desenredar tu vida escritora)

noviembre 21, 2018 — by Gabriella19

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Anoche soñé con Ramit Sethi.

Probablemente no sepáis quién es y eso tampoco es importante. Todo el sueño Sethi se lo pasaba en mi habitación, gruñendo y quejándose y regañándome por todo lo que estoy haciendo mal.

Llegó el momento en que Sethi se marchaba, diciéndome que me esperaba abajo para comer. Mientras, yo me cambiaba de ropa (sí: había atendido a un bloguero de fama mundial en pijama y bata). Como ocurre en una cantidad nada desdeñable de mis sueños, dediqué un tiempo excesivo a elegir qué ropa ponerme: me probaba mil cosas y todas me quedaban horribles; cada vez estaba más ansiosa, consciente de que me esperaban en la planta de abajo.

el trípode de la estabilidadVaya echándose un vodka, señor Sethi, que esto nos va a llevar un rato.

Es demasiado fácil analizar este sueño. No creo (mucho) en el poder simbólico de lo onírico, pero sí creo que es posible encontrar aquello que nos preocupa, aquello de lo que el cerebro se deshace durante la noche, en lo que soñamos. Lo de la ropa es un síntoma clásico de ansiedad y de preocupación por las opiniones ajenas. Y Sethi no es más que una representación de la parte menos compasiva de mí misma.

Todo el tiempo que Sethi me apuntaba con el dedo y me acusaba de algo, yo ofrecía excusas. Razones débiles y ridículas. A la vez, me enfadaba con él, porque no decía claramente qué esperaba de mí.

Es tan representativo este sueño de mi psique en general, que ahora que lo recuerdo me da un poco de risa. A la vez, me conduce a un problema del que todos sufrimos: un estado recurrente de confusión.

El problema de la confusión

Ese estado confuso que me dominaba en el sueño me recuerda al estado confuso en el que estoy a veces (¿a menudo?). Es un estado que observo en muchos otros escritores. Supongo que todos lo sufrimos, hasta cierto punto, pero en los artistas lo veo multiplicado por diez, tal vez porque haya pocos mapas y caminos marcados para nosotros. Por un lado, eso supone una libertad tremenda, pero por otro es aterrador.

Con frecuencia, clientes, amigos, alumnos y gente desesperada por email me pregunta: ¿qué hago? ¿Me concentro en mis redes sociales o en mi escritura? ¿Debo aprender SEO? ¿A qué hora del día es mejor publicar en el blog? ¿Dónde puedo encontrar buenos profesionales para una corrección? ¿Cómo puedo tener pelo como el tuyo?

Todas son preguntas válidas en momentos concretos (excepto la del pelo: nadie quiere un teleñeco fagocitador de bolígrafos y experto creador de enredos sobre su cabeza). Pero de nada sirve preocuparse por los detalles si lo fundamental no está en su sitio. Y cuando yo me siento así, desorientada y confusa, con esa vocecilla acusatoria disfrazada de mi copywriter favorito, intento regresar a lo básico.

Qué conveniente entonces que Ramit Sethi, precisamente, llame a esta técnica el trípode de la estabilidad.

Qué es el trípode de la estabilidad

De nada sirve construir castillos de naipes si a la mesa sobre la que se apoyan le falta una pata. No sirve estudiar SEO, SMO o Google Analytics si no tienes buenos contenidos. De nada sirve crear buenos contenidos si solo lo haces cada dos o tres meses. Sethi habla así de su trípode:

nailing the big things means that you can play around and take risks in other areas

Hacer bien las cosas grandes significa que puedes jugar y arriesgarte en otras áreas. Sethi pone el ejemplo de los grandes cómicos, que prueban sus chistes una y otra vez delante de públicos pequeños, que los testean de mil maneras antes de usarlos en un escenario grande o un especial de Netflix. Tienen muy seguro lo básico (que sus chistes funcionarán) antes de experimentar con otras cosas.

el trípode de la estabilidadBien, ahora que sé que el chiste sobre la Inquisición española funciona, vamos a probar a arrancaros a todos una uña de los pies. ¡Nada puede fallar!

Dejemos de lado la escritura un momento y procuremos analizar cuáles son los tres fundamentos de nuestra vida, los tres sitios donde necesitamos estabilidad para poder hacer todo lo demás. En mi caso, serían:

  1. Salud
  2. Familia
  3. Pasión

Con contracturas y migrañas no puedo trabajar de manera óptima, así que es importante para mí hacer lo posible para mantener mi salud en las mejores condiciones. Mi familia es mi colchón, donde acudo en las emergencias, y necesito escribir (ya sea ficción o en el blog) para sentir que el día ha merecido la pena. En vez de escribir podría hablar de pintar, de tocar la flauta o criar perritos de la pradera, pero para sobrevivir necesito una obsesión, algo en lo que trabajo a diario.

Estos son mis tres fundamentos cruciales. Tal vez echéis en falta otras cuestiones importantes, como el dinero, la vida social o el amor romántico. Estas son muy importantes, pero no son la base sobre la que me muevo. Necesito esas tres cosas para poder llevar adelante las demás (he sobrevivido más de una vez sin dinero gracias a mi familia, por ejemplo; y ni amigos ni pareja me aguantarían si estuviera siempre enfadada y enferma, o deprimida por no sentir que tengo un propósito). Con esto quiero decir que hay muchas cosas importantes, pero suele haber tres que son indispensables para crecer en el camino que hayas elegido. Tus bases probablemente no coincidan con las mías: solo tú puedes conocerlas.

Sethi da otros ejemplos. Tu trípode podría ser: tu trabajo, tus relaciones personales y tu hogar. Podría ser tu negocio, tus ahorros y tu coche. No entres en juicios morales o sociales: nadie tiene por qué ver tu lista de tres. Escríbela con sinceridad. Recuerda: no es que lo que se queda fuera del trípode no tenga importancia, es que lo que se queda fuera del trípode no podría medrar sin lo que está en el trípode.

Piensa en cuál es tu trípode y elige. Es más fácil de lo que parece: creo que lo tendrás claro pronto. Solo se trata de ir reduciendo aspectos de tu vida hasta dar con los que son indispensables para todo lo demás.

Examina tu trípode. ¿Tienes estabilidad en esas tres cosas que has apuntado? Si no es así, es mejor que trabajes en ello.

El trípode del escritor

Del mismo modo, puedes crear un trípode para tu escritura. En mi caso, podría ser este:

  1. Contenidos para escritores
  2. Ficción
  3. Comunicación

Dentro del primer punto podría incluir mi blog, 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, la lista de correo de Gabriella Literaria y otros proyectos orientados a escritores. En el segundo estarían mis relatos, novelas, Lo extraño y lo maravilloso, etc. Y en el tercero metería mis redes sociales, convenciones, charlas y conferencias, talleres, etc. No son tres grupos separados: suelen interrelacionarse.

Cuando me agobio, procuro recuperar la estabilidad en ese trípode. Escribo en el blog, corrijo un relato, comparto algo que me parece relevante para mi público en Twitter. Todo lo demás (el papeleo, las consultorías, la programación de contenidos en redes, emails pendientes, aprendizaje, lectura…) es importante, pero parte de esos tres puntos. Necesito primero regresar a lo básico para reorientarme.

¿Cuál sería tu trípode de escritor? ¿Qué haces cada semana para alimentarlo?

el trípode de la estabilidadSi tu respuesta es: "sacrificar una cesta de niños a los dioses del inframundo", tal vez los resultados no sean los que esperas. Pero siempre viene bien tener a Cthulhu tranquilo un milenio más.

La importancia de la estabilidad

La estabilidad tiene mala fama. Suena poco atrevida, aburrida. Pero es la estabilidad en un área la que nos permite crecer en ella. Uno puede escribir bien porque lleva años escribiendo con disciplina y progresando. Lleva años mostrando su trabajo y aprendiendo de la retroalimentación. Puede arriesgarse en detalles, ciertas formas y formatos, pero sabe bien qué funciona y qué no funciona en lo básico.

Si no te va bien en lo básico, lo demás se convierte en una maraña tremenda de construcciones en derrumbe, levantadas sobre cimientos débiles.

Si necesitas dinero para sobrevivir (como todos), no te lances a escribir pensando que desde el primer día vas a estar arrasando en Amazon. Tendrás que escribir poco a poco, compaginándolo como puedas con tu trabajo. Si estás en el paro, es más importante encontrar un empleo que escribir. ¿Sufres de una adicción nociva? Es más importante solucionar esa adicción antes que escribir. Si sufres de ansiedad o depresión y eso bloquea tu creatividad, intenta primero hablar con un profesional y encontrar maneras de reducir esa ansiedad y depresión.

el trípode de la estabilidad—Verá, doctora, a veces escucho voces. Hay como... personas en mi cabeza. También sufro de ansiedad, depresión, alcoholismo y adicción a los gatos. 
—¿Es usted escritora? 
—¡Madre mía, doctora! ¿Cómo lo ha adivinado?

Escribir puede ser una terapia excelente para todos los casos que comentamos más arriba. Pero si tu vida está llena de problemas cruciales, tienes que intentar resolver mínimamente ese trípode básico de supervivencia antes de desarrollar tu trípode de escritor. Esto puede parecer de cajón, pero no te gastes dinero en cursos de escritura si no tienes dinero para comer. No te sientes a soltar 10000 palabras del tirón si tu espalda se va a resentir luego. Sé que es difícil distinguir entre las excusas (“hoy no escribo porque me molesta un poco la espalda”) y las necesidades (“la espalda me está matando y sé que hacer ejercicio me aliviará, pero en vez de eso voy a escribir otras mil palabras”), pero tenemos que intentarlo.

Todo esto parece de lo más evidente, pero una y otra vez encuentro escritores que descuidan aspectos básicos de su salud física, económica y social, y luego no entienden por qué andan quemados y bloqueados. Echan la culpa a cualquiera menos a sí mismos.

Del mismo modo, muchos escritores me preguntan cómo solucionar la cabecera de un blog donde no han escrito en ocho meses, o me dicen que van a comprarse una cámara carísima para sus fotos de Instagram cuando su cuenta ni está enfocada a su público objetivo, o quieren saber cuál es la mejor palabra clave para su novela en Amazon… cuando llevan tres mil páginas escritas de la novela. O me encuentro con autores que autopublican una novela sin que nadie la haya valorado ni leído antes, y no entienden el silencio (o las malas reseñas) que suele llegar luego.

Regresa a lo básico y afiánzalo

Ya, ya, todo esto es complicado. El trípode de la estabilidad es exigente. Pero más difícil es seguir ignorando los problemas más básicos y pasarte el resto de tu vida probando la táctica de la semana, con la esperanza de que de repente te conviertas en George R. R. Martin. Cuando la gente habla del éxito de Canción de hielo y fuego tiende a olvidar toda la práctica en narrativa básica que George adquirió en su trabajo televisivo (y con novelas anteriores que no tuvieron mucha suerte).

Asegura tus bases y solo entonces sal a jugar. Si te pierdes, siempre puedes regresar a ellas.

Pero. Sin embargo. No obstante.

No uses esas bases como excusa para detenerte. Sé mejor que yo: no sigas dándole razones endebles al señor Sethi, mientras peleas con montones y montones de ropa que no termina de quedarte bien.

Si lo haces, lo sabré.

Ya sabes que te estoy vigilando.

 



Créditos:

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9 trucos para que te atrevas a hablar en público

octubre 26, 2018 — by Gabriella9

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Este artículo no es sobre cómo hablar en público de manera profesional y óptima. No es sobre cómo mejorar tu estilo, dominar tu lenguaje corporal y eliminar tus muletillas.

Este artículo es sobre cómo atreverse a hablar en público y punto.

Cómo tener la valentía de subir al estrado y presentar tu libro, participar en una mesa redonda o dar una conferencia.

Cómo hacer todas esas cosas sin mearte en los pantalones.

Cómo hacer todas esas cosas sin quedarte completamente en blanco.

Cómo hacer todas esas cosas con algún control de lo que sale de tu boca.

No puedo hacer magia. No puedo hacer que todas las personas tímidas del mundo de repente se conviertan en estrellas del espectáculo. Pero puedo contaros algunos conceptos importantes que descubrí sobre esto de exponerse, exhibirse y prestarse al examen de un grupo grande de personas.

Cuando la timidez hace que tu vida sea más complicada

Cuando estaba en la universidad, tenía una amiga que podía hablar con desconocidos en el autobús o ir a una tutoría con cualquier profesor sin pensarlo dos veces, pero que era incapaz de articular palabra cuando tocaba presentar algún proyecto. Yo, sin embargo, me subía a un escenario con la felicidad de una actriz de farándula, pero habría preferido cortarme un brazo antes que acudir a una tutoría, y a día de hoy me sigue costando pedir la cuenta en los bares.

Hay muchos tipos de interacción y cada persona tiene sus fuerzas y sus debilidades.

Reconozco que este amor por el escenario me viene desde pequeña, porque de niña yo era rubia y adorable a lo Shirley Temple, y me daban todos los papeles protagonistas en las funciones de la guardería. Luego crecí y, aunque era menos rubia y adorable, mis padres me apuntaron a clases de teatro. Seguía siendo tímida sin remedio, pero descubrí algo maravilloso: si algo te da miedo, puedes fingir que eres otra persona. Puedes interpretar un papel. Es un truco que sigo usando en mi vida diaria y del que hablaremos un poco más adelante.

Ese taller de teatro fue lo que me hizo salir de mi escondrijo personal e interesarme por mis congéneres humanos. Empecé a ir a recitales de poesía y descubrí que mis poemas me ayudaban a comunicarme con el mundo, a crear otro tipo de escenario.

hablar en públicoEse momento incómodo cuando estás recitando una oda a tus partes íntimas y entra tu madre en el local.

Ahora puedo estar en un grupo de personas desconocidas sin perder por completo los nervios y echarme a llorar*: un progreso impresionante. Pero que yo haya progresado como persona y haya descubierto el placer de hablar en público no quita que a veces lo haga fatal o me quede en blanco o digo algo inapropiado. Tampoco quita el nerviosismo que siento cada vez que me toca dar un taller o participar en una charla. Por suerte, he descubierto que con valentía no se nace, sino que se hace.

Recibo muchos emails de gente que saca su primer libro y se enfrenta a un obstáculo que le parece insuperable: la presentación. Eso me parece una lástima, porque la primera presentación de un libro tuyo es de las cosas más bonicas que hay. No dejes que unos nervios te priven de uno de los mayores lujos de la vida: HABLAR DE TU LIBRO Y QUE NADIE TE PUEDA DECIR QUE TE CALLES.

A continuación desarrollo un poco lo que suelo contestar a esos emails:

1. No estás solo

No, en serio. No eres tú. Nos pasa a todos. Hablar delante de una masa de personas es horrible. ¿Y si te juzgan?

Porque la realidad es que sí, te van a juzgar. Y lo sabes porque cuando acudes a cualquier evento tú también juzgas a quien habla.

La pregunta importante no es: ¿y si me juzgan? No. La pregunta importante, te recuerdo, es: ¿cómo consigo convencer a todos estos de que compren mi libro?

Si te da miedo presentar tu libro, dar una charla, participar en una mesa redonda… piensa en la persona que ha dado la charla justo antes que tú, o en aquel autor cuya presentación te encantó, ese que parecía tan seguro de sí mismo. Te cuento un gran secreto: ese autor también se estaba cagando vivo**. Todos queremos la aprobación de los demás, es un mecanismo de supervivencia.

Aquí no importa la aprobación de los demás. Lo que importa es que compren tu libro. Aquí lo realmente importante es tu obra y tu trabajo.

¿A que no te da ninguna vergüenza hablar a otros de las bondades de alguien a quien admiras o quieres? Pues lo mismo: habla de lo muchísimo que mola tu trabajo y por qué.

Ya sé que el síndrome del impostor corre feliz entre nosotros y nos infecta con su ponzoña antiartística. Así que… ¿qué pasa si no tienes mucha seguridad en tu trabajo?

Fácil: finge.

2. Fake it till you make it

Esta es una expresión muy común del mundillo de la autosuperación estadounidense: finge hasta que lo consigas. Finge ser alguien hasta que te conviertas en ese alguien.

No os voy a decir que os apuntéis a talleres de teatro (aunque prometo que funcionan y mucho), ni que mintáis en vuestros currículos, pero sí que saquéis al actor que todos llevamos dentro. Todos hemos jugado a las casitas de pequeños. Todos hemos fingido ser alguien que no somos. Os prometo que en realidad es muy divertido. Súbete a ese escenario y hazte pasar por una persona segura, confiada, carismática.

Nadie tiene por qué saber la verdad.

Todos ocultamos facetas de nuestra personalidad

Mi gran secreto es que no tengo sentido del humor. Soy de esas personas que cuando suelta un chascarrillo los demás la miran, muy confusos. Un día hice un chiste en el blog por error y alguien se rio. Desde entonces me hago pasar por alguien gracioso, tanto en el blog como en público. No tengo velocidad de respuesta como los cómicos de la tele, pero cuando entro en flow sale la Gabriella falsa, la Gabriella que intenta hacer reír a su público. Es una Gabriella peligrosa, porque puede ser un poco ácida y a veces suelta barbaridades, y con frecuencia se cree más graciosa de lo que es, pero es uno de mis personajes favoritos.

Todos tenemos nuestras máscaras y cada máscara tiene un poco de nosotros. A veces hasta se fusiona con nuestra cara.

Si eres una persona tímida, hazte pasar por una persona sociable y expresiva. Si eres una persona reflexiva y tranquila, hazte pasar por una persona enérgica y espontánea. Funciona, lo prometo.

hablar en públicoA Laura lo que realmente le gusta es quedarse en casa leyendo a Foucault con una infusión de limón y jengibre.

Cuando hablo en público me hago pasar por una persona megacarismática y hermosísima y fabulosa. Imaginad el susto cuando veo vídeos y fotos, y veo a una persona de atractivo medio y gracia en el culete. Es impresionante la capacidad que tenemos los seres humanos para engañarnos. ¡Usémosla!

3. Practica, practica mucho

Las primeras veces no son las mejores, pero todo mejora. Mejoran tus habilidades comunicativas, adquieres mayor seguridad y aprendes a reaccionar si algo sale mal. Nunca olvidaré aquella vez en la que, en una mesa redonda que yo moderaba, un tipo del público se levantó, se sentó a mi lado y empezó a decirnos a los ponentes todo aquello en lo que nos equivocábamos. Ni la vez en que una amiga acudió borracha a una de mis presentaciones, o la vez en que tuve que dar una charla en un descampado.

Creo que tu percepción cambia mucho cuando, en vez de “ojalá el público no me odie”, tu mayor ruego para un acto es “ojalá estén todos sobrios y haya un techo sobre nuestras cabezas”.

Hagas lo que hagas, lo más seguro es que te toque en algún momento hablar en público, sobre todo si quieres promocionar tu trabajo. Cuanto antes te expongas a este tipo de experiencia, mejor. No hay nada como la práctica para saber qué hacer cuando una banda de niñas chungas intenta arrancarte el micrófono de las manos para montarse un karaoke.

4. Prepárate

No sé si os pasa a vosotros, pero con el paso del tiempo mi capacidad de improvisación ha ido mermando. Me he dado cuenta de que ya no puedo hacer eso de aparecer en algún lado y hablar durante horas de un tema que me guste sin parar. Necesito, por lo menos, algún tipo de guion de ideas, para no quedarme un buen rato mirando al vacío en estado absoluto de pánico, diciéndome: “¿y ahora con qué entretengo a toda esta gente (aparte de con mi increíble carisma, hermosura y fabulosismo fabulosidad fabuleza)?”.

No digo que lleves tu discurso ya escrito y que te dediques solo a leerlo. Eso se nota y suele quedar fatal. Pero sí ayuda mucho llevar un pequeño guion: te hará sentirte mejor y te servirá de apuntador si te quedas en blanco. Se aprecia muchísimo en charlas y conferencias y presentaciones cuándo alguien lleva algunos temas preparados y cuándo va a hablar del tiempo y de lo primero que se le ocurra. Un guion ayuda a tener un discurso claro y ordenado, y evitará que te vayas demasiado por las ramas.

hablar en públicoYa sé que esta conferencia era sobre ciencia ficción, pero os aseguro que los próximos treinta y cinco minutos sobre las obras que me están haciendo en casa merecerán la pena.

A mí también me gusta llevar algún tipo de actividad o juego que pueda compartir con el público. Por ejemplo, en las presentaciones de El día del dragón, que contiene el peor chiste del mundo***, solemos cerrar el acto con un concurso de chistes malos. Esto es muy útil cuando presentas en colegios e institutos, con públicos obligados con los que a veces puede ser difícil conseguir atención y/o participación.

También puede resultar de ayuda fijarte en lo que hacen los monologuistas de comedia. Me encanta analizar sus estructuras narrativas, cómo se mueven y expresan. Solo con verlos te dan ganas de subirte a un escenario y contar una historia. Que igual tu ponencia sobre el papel de la mujer en la fantasía medieval de inspiración japonesa no es exactamente un discurso de Dani Rovira, pero la habilidad de un cómico para comunicarse con su público es inspiradora.

Por supuesto, siéntete libre luego de saltarte lo que tengas preparado en la medida que quieras y necesites. Es tu escenario y tú eres la estrella.

5. Organiza tu energía

Si eres una persona introvertida como servidora, la intensidad de un acto social bestia puede dejarte tiritando. Este finde pasado tuve un par de charlas en la Andalucía Reader Con, en Sevilla, y, aunque fue una experiencia maravillosa, todavía me estoy recuperando. Hablar en público (y estar en situaciones sociales con mucha gente a mi alrededor) me sobrestimula, me carga de adrenalina y me produce una euforia curiosa que luego tengo que pagar.

Es como si tuviera un banco de energía social y los eventos de este tipo me dejasen en números rojos. Los días siguientes siempre estoy cansada e irritable. De grandes festivales como el Celsius puedo necesitar semanas para recuperarme. Si te pasa algo similar, acuérdate de tener cuidado con los compromisos de este tipo. Separa eventos, mira bien los horarios y asegúrate de dormir bien. Mi error en mis primeros festivales fue apuntarme a todos los actos que pudiera, emocionada, y además irme de fiesta todas las noches con otros escritores, editores y juerguistas profesionales. Aunque de esa época guardo muy buenos recuerdos y posiblemente alguna enfermedad venérea, esta no es una buena combinación.

Antes de tu presentación, charla, conferencia… asegúrate de tomártelo con tranquilidad, de tener una buena noche de sueño y cuidarte. Socializa un poco justo antes del acto para no pensar en tus propios nervios y para ir soltándote un poco. Revisa un poco tu guion, pero NO dejes la preparación para el último momento.

6. Pide ayuda

Si realmente te desquicia la idea de subirte solo a un escenario, ¡no tienes que hacerlo! Dar una charla yo sola es divertido porque tengo el control absoluto de qué voy a decir y cómo, pero siempre estoy mucho más tranquila cuando hay otra persona que comparta conmigo la experiencia. Por eso, estoy más relajada en una mesa redonda o en cualquier charla moderada que en una conferencia. Si vas a presentar tu libro, busca a alguien de confianza que se ocupe de hacerte preguntas: así tú solo tienes que estar pendiente de responder lo mejor posible.

No tiene que ser una persona famosa. Cualquier amistad con desparpajo te puede servir. La idea es que sea alguien con quien te sientas a gusto y que sepa sacar lo mejor de ti. Pero ¡cuidado! Lo del desparpajo está bien, pero no elijas a alguien que hable más que tú o que vaya a hacerte sombra. La estrella eres tú y el público tiene que comprar tu libro, no el de la persona que te está presentando.

Esto lo digo, obviamente, para que no me invitéis a presentar vuestros libros. Porque intentaré vender los míos. No puedo evitarlo, son muchos años ya de tragarme la timidez y de fingir que soy una persona requeteinteresante.

Estáis avisados.

7. Habla a una sola persona… o a una masa informe

Seguro que habéis oído ya el truco ese de imaginar que el público está desnudo o en ropa interior. Es un truco malísimo, lo siento. Primero, porque respeto demasiado a la gente del público para hacer eso. Segundo, porque siempre hay gente en el público que está tremendamente bien de lo suyo y antes de darme cuenta estoy OTRA VEZ hablando de sexo en mi conferencia sobre procesos de autopublicación frente a la cadena tradicional de producción y distribución del libro.

Hay otro truco que funciona mejor y que yo usaba mucho al principio. Se trata de encontrar a la persona del público que sonríe. Siempre hay una. Ya sea porque le has caído bien, porque es de naturaleza sonriente o porque tiene una historia de fondo a lo Joker muy trágica que ha congelado su rostro en un rictus permanente, encontrarás a esa persona. Habla solo para ella. Intenta que sonría más, cuéntale cosas. No te digo que tengas la vista fija (eso queda un poco raruno), pero regresar a esa sonrisa te dará confianza.

hablar en públicoHola, amable desconocido. Es posible que me recuerdes de otras charlas como la de ayer por la tarde, donde sonreías mucho. Este discurso de cincuenta y cinco minutos es solo para ti. Ponte cómodo.

Una amiga modelo lo pasaba mal en las sesiones de fotos, pero no tenía problema con subirse a pasarelas rodeadas de espectadores. Esto era porque los focos de la pasarela iban directos hacia ella y no le permitían ver al público. Este no era más que una masa informe. Y ese es otro truco, muy diferente al anterior: imagínate que no estás hablando a personas, sino a una gran masa irreconocible. Imagínate que no hay nadie de verdad, que estás en tu casa a solas. Y que estás compartiendo contigo mismo aquello que te apasiona.

Estos trucos son herramientas de principiante, claro. Cuando hayas hecho unas cuantas presentaciones o actos te darás cuenta de que es bonito ir fijándote en diferentes personas del público, hablando para cada una de ellas. Aprenderás a hablar con el grupo en general sin problema. Y es que lo realmente importante de hablar en público es esto:

8. Diviértete

Aunque no me creáis, es cierto: hablar en público es divertido. El problema es que solemos estar tan ocupados preocupados por qué pensarán de nosotros que no nos damos cuenta.

¿Qué otras oportunidades tendrás de compartir lo que te gusta, lo que te preocupa, lo que te apasiona? ¿Cuántas veces podrás hablar de tu trabajo sin que los presentes te digan que te calles, Gabriella, que ya está bien y qué jarticos nos tienes con tu p**o libro?

No tienes que hacer las cosas como los demás. No tienes que hacer la típica presentación pesada. ¡Puedes hacer lo que quieras! (Dentro del margen de la ley, claro. Que dar presentaciones desde la cárcel es más complicado).

La pasión se contagia

Si tú te lo estás pasando bien, tu público lo nota. Disfruta del poder que te da ser quien tiene la palabra. Cuenta algún chiste. Si nadie se ríe, puedes seguir como si nada. Pero si consigues un par de risas del público, todo irá sobre ruedas a partir de entonces. La risa es contagiosa, siempre va a más y la gente que está ocupada riéndose no está ocupada juzgándote.

Yo mido lo bien o mal que ha ido un evento por esa respuesta del público. No hace falta montar ese monólogo cómico que ya he comentado, pero alivia tensión y relaja a los asistentes, que ya saben que por lo menos una parte de la charla no será tremendamente aburrida.

Y por favor, por favor, por favor, que tu charla no sea tremendamente aburrida. Te lo recuerdo: si escribes, tienes que saber contar una historia. Eso también sirve para tus presentaciones. ¡Ay, por qué son tan aburridas tantas presentaciones de libros!

Haz que el público participe, juega con él y pásalo bien. Pero nunca a costa del público, ojo. No hagas que se sienta incómodo: necesitas que se sienta a gusto. He ido a un par de eventos donde todos queríamos estrangular al conferenciante porque básicamente se dedicaba a insultarnos y a intentar dejarnos en evidencia. Es muy distinto tener autoestima y confianza que ser arrogante.

9. Quédate un rato

Creo que un error grave que cometen muchos autores es llegar a su presentación, hablar de su libro/trabajo/teoríaespaciotemporal y largarse. Para mí una de las mejores cosas de hablar en público es el rato de después, el quedarse charlando con asistentes, compañeros u organizadores del evento. Ahí es donde se estrechan lazos, se conoce a gente válida y donde interaccionas con tus lectores de verdad. Recuerda comentar en tu acto que estarás disponible después para firmar libros y señala dónde pueden adquirirlos. Suelen caer unos cuantos si tu charla ha sido de interés para el público.

Personalmente, intento ir un poco más allá. Ya que estoy con el subidón, con esa máscara de persona sociable que casi me estoy creyendo, ¿por qué no aprovecharlo? Siempre sugiero que vayamos todos después a tomar algo. Evidentemente, esto dependerá de la cantidad de asistentes. Si son muchos, no es practicable (aunque merece la pena por ver la cara de los camareros en los bares cuando pides mesa para cincuenta y ocho), pero suelo esperar a que ya quede poca gente (los que han pedido firma, los de mayor confianza, los que se han acercado a preguntar o comentar algo) y les propongo compartir todos un té, café o bebida alcohólica de su preferencia. Os aseguro que esas charlas son las que te van ofreciendo poco a poco la confianza que necesitas para superar tu miedo a hablar en público (y son parte fundamental del famoso networking).

hablar en públicoIrse de cañas después de una charlita es algo que el ser humano lleva haciendo desde tiempo inmemorable.

Un apunte para amigos y familiares: tras una charla o conferencia, todos estamos en un punto extraño de vulnerabilidad. Si tenéis alguna crítica constructiva, ahora no es el momento. Hacedlo luego, preferiblemente al día siguiente. Y si alguien en el público ha hecho algún comentario desafortunado sobre tu persona, NO QUIERES SABERLO. Esto es muy importante, porque sé que hay gente que te lo dirá con la mejor de las intenciones, pero eso puede minar esa confianza que tanto te ha costado reunir. Por supuesto que debemos aprender a hacer las cosas mejor, pero justo después de una conferencia NO ES EL MOMENTO. Repito, por si no ha quedado claro: NO ES EL MOMENTO. Merece la pena explicar esto a la gente que te rodea.

Todo puede ir mal, pero eso tampoco importa

Ante todo, acepta que esto de exponerse al terrible mundo del escritor público no siempre va a ir bien. Habrá asistentes imposibles. Habrá públicos que no se rían de ninguno de tus chascarrillos. Habrá públicos que pondrán algo que has dicho en su blog o en redes sociales, sacado de contexto. Alguien se quedará con esa frase horrible que salió de tu boca y no sabes cómo. Pero creo que todas esas posibilidades son mejores que seguir con miedo, mejores que evitar cualquier compromiso público y mejores que hablar con disgusto, odiando cada segundo de tu acto público.

Te aseguro que la mayoría de públicos son personas como tú o como yo, que lo único que piden es no aburrirse ni quedarse dormidos.

Entiende que eso es raro. Que el mundo está lleno de conferenciantes tediosos, de presentaciones interminables, de charlas egocéntricas.

En realidad, lo tienes fácil.

 


*Siempre que no haya alguien vestido de payaso en ese grupo. Con algunas fobias no hay trucos que valgan.

**Traducción para mis lectores de más allá del charco: tener mucho miedo, perder la compostura, necesitar ir al baño con urgencia.

***Testado en laboratorio.



Créditos:

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Vender también es aprender a contar historias

septiembre 25, 2018 — by Gabriella14

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Todo esto empezó porque me pidieron un prólogo.

No soy muy amiga de los prólogos. Los prólogos y yo tenemos una relación parecida a la relación entre la protagonista de una comedia romántica para adolescentes y su némesis rubia y popular. No suelo leerlos hasta terminar el libro (¿y si hay alerones feos… digo… spoilers de la obra?) y no suelo escribirlos para otras personas. Un prólogo es una responsabilidad, al fin y al cabo. ¿Y si el libro es malo, engañoso o aporta información mal documentada? Es tu nombre el que está ahí, apoyando y aprobando la obra.

aprender a contar historiasDe algunos prólogos me arrepiento más que otros

Ana González Duque me pidió que escribiera un prólogo para su libro nuevo, Cómo monetizar tu blog de escritor. Con Ana, por suerte, sabía que podía escribir un prólogo con mucha tranquilidad, preocupándome solo de no usar (casi) palabrotas. Pocas personas tienen su habilidad para producir de manera periódica contenidos útiles, que además han pasado por el filtro valioso de su propia experiencia. Es fácil hablar de la teoría: pocos hablan de la práctica, de aquello que ya han verificado. Y pocas personas comparten su experiencia con tanta generosidad.

Antes de escribir esto que leéis que, por cierto, es ese mismo prólogo mencionado (pero con menos símiles de comedias románticas y menos portadas de Chuck Tingle), me tuve que leer el libro, como es lógico y normal. En él, Ana habla de un tema que conoce bien: cómo sacarle rentabilidad a tu blog si eres una persona cuya ocupación principal es escribir (o si te gustaría ser una persona cuya ocupación principal fuera escribir). Toca, además, una cuestión que poco se menciona: escribir no es solo escribir ficción y la creación de contenidos de no ficción puede ser una ayuda tremenda para los que también le damos a eso de la literatura. Escribir no es solo crear novelas.

Así que ahondemos más en eso de crear contenidos, sean literarios o no. ¿Cómo influye la creación de contenidos en nuestro trabajo artístico?

Arte y mercadeo no son agua y aceite

Al principio, yo era como esos escritores que dicen que el arte es lo primordial y que no puede mancillarse con el sucio dinero, ¡y mucho menos con el (sucísimo) mercadeo! Lo que yo no sabía (y lo descubrí mucho después) es que el famoso marketing puede ser divertido. No soy, precisamente, una autora que escriba para todo el mundo, así que he tenido que ingeniármelas de mil maneras para a) encontrar mi público y b) llegar hasta él, intentando mantener siempre mi respeto por el lector y por mis propias creaciones.

Siempre asociamos marketing a vender de forma mentirosa y pesada, con intenciones aviesas. Lo que yo descubrí (y creo que Ana también) es que vender no tiene nada de malo si se resume en lo siguiente:

Ofrecerle un producto o servicio a una persona que desea o necesita ese producto o servicio.

Por supuesto, no es lo mismo vender un libro que vender una consulta de dentista. La facilidad de venta siempre depende de la necesidad (lo que en el mundillo del mercadeo se conoce como dolor) del consumidor. Un dentista solo necesita anunciarse una vez, al igual que un cerrajero. Si me duele una muela o si he salido de casa sin las llaves, recordaré enseguida que hay un dentista o cerrajero disponible. Sin embargo, tendré que ver muchas veces (y en situaciones muy concretas) un libro para tener el impulso de compra.

aprender a contar historias-Y es una historia inolvidable que no te dejará indiferente.
-Vale, con esta van 622 veces, ya solo te faltan 18 para que lo compre.

Esto es malo, sí, es una caca como una montaña de grande. Pero también nos enseña a ser más ingeniosos e imaginativos que otros sectores. Nos enseña que es la emoción personal (más que la pura necesidad de un dolor de muelas o una casa cerrada) la que dirige la compra, por lo que la relación con el lector es más importante que nunca.

Cuando aceptas esto, cuando aceptas que los libros, por muy buenos que sean, no se venden solos, descubres que vender y promocionar pueden ser procesos muy creativos. De hecho, cuando dejé de vender y promocionar como hacían los demás (ay, esos «compra mi libro» en grupos de Facebook…) y me decidí a enfocarlo como hacía con mi escritura (con humor, imaginación y ganas de experimentar), los resultados cambiaron bastante. ¡De repente, la gente quería leerme! ¿Y no es eso estupendo?

La clave está en tu contenido

Ana habla en su libro de formas distintas de las que disponemos para sacarle rentabilidad a nuestra escritura, escribamos ficción, no ficción o diccionarios de klingon. Como ella ya habla de todo eso de manera sucinta y amena, con sus ejemplos claros, a mí me gustaría insistir en otra cosa, que va muy unida a todo esto.

Dicen por ahí que el contenido es el rey (y que probablemente el SEO sea la reina… aunque algunos aseguran que ahora la reina es el SMO, la optimización de redes sociales). No importa, no importa. Da igual cuánto SEO aprendas, dan igual todos los truquitos que te sepas sobre cómo moverte en redes: si tu contenido es malo, aburrido o engañoso, vas a tener problemas. Un blog es una de las herramientas más poderosas que puedes tener como escritor, pero de poco sirve si ahí lo único que demuestras es que no sabes… eh… escribir.

aprender a contar historiasCompra mi livro

En un encuentro de marketing digital en el que estuve hace algún tiempo, un experto en AdWords me dijo algo que se me quedó clavado: «No intentes vencer al SEO. Google siempre va un paso por delante ti. Por mucho que intentes gustar a Google, siempre valorará la calidad del contenido por encima de todo. Si intentas engañarlo con atajos y artimañas, sin cuidar la relevancia de tu contenido… bueno, allá tú. Google tiene un equipazo de los mejores programadores del mundo optimizando su algoritmo día a día. ¿Tú qué tienes?».

Tal vez no lo dijera justo con esas palabras, porque yo tengo cierta tendencia a la exageración y a lo dramático (y me encanta la palabra artimaña), pero este es mi prólogo y me lo teatralizo como quiero.

También me dijo otra cosa que viene bien recordar. Si no sabes lo que quiere tu público, pregunta. Pregúntales por email, pregunta mediante encuestas o formularios. Muchas veces te mentirán, ojo, porque en realidad poca gente sabe lo que quiere. Pero es un buen sitio para empezar.

Problemas comunes por los que nadie se queda en tu blog

Desde luego, la manera en que te presentes es importante. He visitado buenos posts que he abandonado enseguida porque eran palabras blancas sobre fondo oscuro. He abandonado blogs que tardaban demasiado en cargarse. Pero la buena escritura sobrevive, aun así… o por lo menos la que interesa a tu público. Cuando empecé a escribir sobre la atribulada vida del autor y la creación literaria, tenía una web horrorosa, pero las visitas comenzaron poco a poco a crecer. El diseño, el SEO, el SMO… son importantes, ¡casi cruciales!, pero nunca tan importantes como lo que cuentas y cómo lo cuentas.

Un buen artículo es todo un arte. No se trata solo de que sepas escribir, sino de que sepas escribir de una manera que convenza a tu público de que siga leyendo. Recuerda que vivimos en una nueva economía de la atención: si no captas a tu lector en el primer par de segundos, se marchará. Con frecuencia veo a blogueros que se preguntan por qué no obtienen conversión y lecturas pese a un diseño perfecto, con su formulario de suscripción perfecto, con sus palabras clave perfectas y toda esa pesca (perfecta). Entiendo muy bien su frustración, pero me temo que es inevitable. Estas son las razones más comunes que encuentro:

  1. Una mala redacción. Ortografía pésima, muchas erratas, mala gramática, oraciones larguísimas llenas de subordinadas, barroquismo exacerbado, etc.
  2. No decir nada, en realidad. Si me leo mil palabras donde no tengo ni idea de qué querías contarme, tenemos un problema.
  3. Copiar, copiar y copiar. No hablo de hacer un copipega de otro blog (aunque también lo he visto), sino de copiar ideas, formatos o incluso formas de redactar. Nadie necesita leer cinco veces lo mismo. Las tendencias son útiles, pero solo hasta cierto punto. Y el contenido perenne a la larga da mejores resultados (y menos trabajo de reciclaje) que un contenido que caduque cada par de semanas (a no ser que la función de tu blog sea anunciar noticias o gestionar tendencias).
  4. Falta de personalidad. Si me das buenos datos y tu información es válida, estupendo. Pero si quieres que compre tus libros… ay, necesito algo más.
  5. Demasiada personalidad. En ocasiones, por intentar copiar el tono de otros blogs en vez de intentar desarrollar poco a poco la voz propia, encuentro artículos que son esperpénticos, forzados.
  6. Búsqueda de polémica como cebo. En mi experiencia, tras años y años de moverme en la blogosfera, los blogs que intentan atraer visitas mediante críticas malintencionadas o salseo del facilón acaban muriendo poco a poco. La polémica atrae a cierto tipo de lector y genera un ambiente de malestar donde suele ser complicado crear fidelización.
  7. Falta de comunicación. El protagonista es el lector, no tú. Esta es la razón por la que no tiendo a seguir cuentas de Instagram donde cada foto es un selfi. Eso será funcional para cuentas destinadas a personas interesadas en tu bonita cara, pero si tu público objetivo es el lector de misterio, vas a tener que crear contenidos que puedan interesar a un lector de misterio (y no hay capas de maquillaje ni boquitas de pato que puedan cambiar eso).
aprender a contar historiasPor favor, Horacio, para. Solo te avergüenzas a ti mismo.

La narración no es solo para tus novelas

Supongo que todo esto se resume en que bloguear también es un arte, con sus patrones, modas y reglas no escritas. Atrás quedaron los días de exposición-nudo-desenlace, como nos enseñaron en el colegio. Ya nadie tiene paciencia para la exposición. Métete de cabeza en el nudo, habla de tú a tus lectores, conversa con ellos con la intención de entretener y aportar valor. Engánchalos con cliffhangers, usa símiles que inspiren, ponte en su lugar y piensa en qué te gustaría leer. Esa forma de crear es parte de tu aprendizaje como narrador. Léete el libro de Ana de cabo a rabo (¡no te olvides de complementarlo con El escritor emprendedor!) y une todas sus fantásticas herramientas a tus capacidades narrativas.

Porque la buena noticia es que el storytelling, como lo llaman ahora, el arte de contar historias, se usa con gran éxito en la escritura persuasiva y en los blogs.

¿Y acaso no empezaste tú a escribir porque querías contar historias?



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El viaje del comprador te afecta más de lo que crees

agosto 30, 2018 — by Gabriella12

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Es importante no confundir viaje con vacaciones. Yo he estado de viaje, pero no de vacaciones*.

Digo que viaje no es lo mismo que vacaciones porque las palabras no siempre son lo que aparentan. Todo se complica aún más cuando entramos en el farragoso terreno de las nuevas tecnologías, ciencias del comportamiento y otros asuntos donde el mundo angloparlante lleva la delantera. No hablo del mundo del travelling, no, ni del wanderlust ni del R&R, sino de otro sector donde realmente nos faltan palabras en nuestro idioma: el marketing (o mercadeo o mercadotecnia o lo que os dé la real gana).

Una vez más, aquí hemos venido a hablar de marketing. Somos escritores, sí, pero eso de dedicarnos solo a escribir en nuestras cuevas al estilo ermitaño se acabó, por desgracia (si es que existió alguna vez).

viaje del compradorAh, por allí veo acercarse una idea para mi próxima novela. Pondré al buitre de las tres y media a hacerme la portada, a ver qué tal.

Hablaba con Jaume Vicent sobre lo problemático que es traducir algunos conceptos de SEO y marketing, sobre todo cuando trabajamos en un entorno (el literario) donde muchos conceptos no son nada conocidos. No es una cuestión solo de términos, de léxico, sino de conocimiento. En el mundo angloparlante mucha gente sabe lo que es el buyer’s journey, por ejemplo, pero es muy posible que a muchos de nosotros os suene a esperanto. Y si nos dan la traducción literal, viaje del comprador, nos quedamos más o menos igual.

He encontrado muchos artículos que definen este concepto, pero están muy orientados a diseñadores web, copywriters o expertos en mercadeo, y eso se nota. Están llenos de los mismos tecnicismos que a muchos nos siguen sonando, sí, a esperanto, o tal vez a algún dialecto lejano del mandarín. Por no hablar de todas esas comas tras sujeto. ¿Por qué en tantos blogs sobre marketing siempre hay comas detrás de sujeto? ¿O en cualquier lugar menos el que corresponde, en general?

viaje del compradorHola soy Benito y vengo ablarte de, marketing

Algunos de mis compañeros emprendedores y escritores han tratado este tema en sus libros o cursos, pero en la blogosfera no hay mucho al respecto, por lo menos no enfocado a los que escribimos ficción. Y esto es extraño, porque para los que somos autores y pretendemos vender más de dos ejemplares al año de nuestros libros, este concepto es crucial. De hecho, si no entiendes el viaje del comprador, lo vas a tener mucho, mucho más complicado para vender tus libros.

Pero ¿qué es eso del viaje del comprador?

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Cómo superar la resaca de tu primera corrección

mayo 29, 2018 — by Gabriella32

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Este artículo iba a llamarse Tu primer libro es una caca (y eso es bueno).

Por suerte (creo) no suelo quedarme con mi primer título. Nuestras primeras ideas no son, necesariamente, las mejores ni las más convenientes. Algo parecido ocurre con nuestro primer libro, nuestro primer relato, lo primero que enseñamos al mundo. Peor aún: ocurre con lo primero que otra persona nos corrige, ese momento crucial donde somos conscientes de que somos seres imperfectos, fallidos, erróneos.

Y eso siempre duele, porque en nuestra cabeza somos todos anuncios de champú.

primera corrección
Tienes un moquito.

Creo que es en la primera novela donde nos llevamos el golpe más duro. O en nuestro primer libro de relatos o de ensayo: en la primera obra donde hemos invertido meses (¡tal vez años!) de nuestro tiempo, pobres corderitos inocentes y esperanzados que nos creemos el vástago secreto de Heminway con Le Guin.

Sobre todo este tema hemos hablado mucho en el grupo de Facebook El escritor emprendedor, donde un grupo aguerrido de autores independientes nos ayudamos (¡y consolamos!) mutuamente. Esa conversación se ha trasladado a nuestras webs y blogs, y han surgido muchos artículos al respecto en este último mes. Concretamente, Esther Magar y servidora quisimos hablar de cómo afectaba al autor recibir su primera corrección profesional.

Así que este texto que vas a leer es doble: yo hablo de la teoría e intento aportar herramientas para lidiar con todo esto, y Esther ha entrevistado a varios autores para que nos cuenten su experiencia personal. Os recomiendo de manera muy encarecida que vayáis a leer su artículo también.

Hablemos entonces de corrección, lectores/escritores míos. Y hablemos de desastre.

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Las cuatro habilidades esenciales para escribir

abril 27, 2018 — by Gabriella10

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Te traducen al japonés y tu editorial ni te lo cuenta (ni lo incluye en las liquidaciones).

Envías relatos a treinta concursos y no obtienes ni una mención de honor.

Inviertes mil euros en autopublicarte (portada, corrección y demás) y vendes veinte libros.

Tienes que comprar ejemplares de tu propia obra, porque así lo estipula un contrato que pensabas que era de edición tradicional (pero no).

¿Situaciones de pesadilla? No. Todas están basadas en casos reales.

Puede que estés harto de tantas vueltas: de tanta pelea sobre derechos, malas editoriales, pagos justos e injustos, marcas personales, tácticas de promoción y demás. Cuando eres autor y estás agotado y confuso, al final solo queda una cosa, que es escribir.

A veces todo es demasiado y en esos momentos es cuando debemos recordar que nosotros a lo que veníamos aquí era a crear y es que eso es, como dice un amigo escritor, “lo que nos da la vida”.

No sabía muy bien cómo titular este artículo, porque Cuatro habilidades necesarias para triunfar queda, no sé, como algo salido de un blog megamotivador de persona que vende contenidos sobre cómo vender contenidos mientras hace coaching sobre cómo alinear tus chakras.

Compra mi libro

El título que he puesto al final es, en cierto modo mentiroso: para escribir solo necesitas una habilidad, que es la de saber unir letras para formar palabras y saber unir esas palabras para que formen frases coherentes. Escribir era eso, ¿no?

Siglos de teoría literaria podrán hablarte de forma, fondo, intencionalidad y recepción, pero yo diría que la definición que yo he dado sigue siendo válida, en esencia. Hasta la RAE diría algo similar.

Pero me siento en la obligación, una vez más, de hacer una distinción importante entre escribir para ti y escribir para los demás. Y ahí es donde entran ciertas habilidades de las que vengo a hablar hoy, así que olvida tus preocupaciones, ve sacando la silla, el té y la botella de ginebra premium, que ya sabes que yo soy de meterme en materia in profundis.