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Cómo conseguir (y sacar partido) a tus lectores cero

febrero 24, 2016 — by Gabriella37

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Mi sistema para elegir temas de los que hablar en el blog es tremendamente sofisticado, lleno de gráficas y subtítulos y ecuaciones misteriosas.

Pero como sois personas inteligentes, os lo voy a explicar y seguro que lo entendéis. Escribo sobre dos cosas:

  1. Lo que me apetece.
  2. Lo que os apetece a vosotros.

Calibrar lo que me apetece a mí es fácil: me siento y escribo. Calibrar lo que os apetece a vosotros también lo es: algunos temas se repiten en vuestros emails y comentarios en redes sociales. Y hay un tema sobre el que tenía pendiente hablar, más que nada para ahorrarme dar la misma respuesta una y otra vez a la pregunta: ¿Qué es un lector cero? ¿De dónde lo saco? ¿Y cómo funciona?

En el mundillo se usan los términos lector cero y lector beta con relativa facilidad, pero siempre habrá alguien que escuche esos nombres y piense en autómatas, betatesters de juegos o robots avanzadísimos de corrección literaria. Otros imponen un criterio filosófico: si un lector es cero, ¿acaso no existe? ¿Es un no-lector?

Paradojas y ciencia ficción aparte, volvamos a lo básico:

Un lector cero es una persona que lee tu obra y te da su opinión ANTES de que el libro se publique.

Por lo general, el lector cero lee tu obra antes siquiera de que esta se mande a editoriales. Es un probador no oficial de la calidad de tu producto.

Muchas preguntas más rodean a la figura de este misterioso y codiciado personaje. Las más comunes suelen ser:

  • ¿Dónde consigo a un lector cero? ¿A cuántos debería conseguir?
  • ¿Qué características tiene un buen lector cero?
  • ¿Cuánto caso debo hacerle a mi lector cero?
  • ¿Qué debería pedirle a mi lector cero?

Así que vamos a intentar responder a estas cuatro preguntas, con menor o mayor acierto. Repito por trigésimoenésimaquinta vez que todas estas respuestas se basan en mi experiencia personal tanto como escritora, como editora y como lectora profesional (y sí, como lectora cero). Puede que la experiencia de otros profesionales sea distinta. Pero garantizo que ninguno de estos consejos os va a venir muy mal ni va a hacer que acabéis enemistados con vuestros lectores de prueba. De hecho, este artículo está pensado para que tengáis la mejor experiencia colaborativa posible.

Empezamos por el principio: ¿dónde y cómo se consiguen lectores cero?

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9 preguntas que atormentan a los que escriben (y alguna respuesta)

agosto 4, 2015 — by Gabriella22

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Una de las cosas buenas (o malas, según se mire) de que crezca un blog es que recibes muchos correos y mensajes de otros escritores que, por alguna razón que se me escapa, tienen la curiosa noción de que tienes más idea que ellos sobre cómo triunfar en esto de la escritura, ya sea comercial o literariamente.

Me gustaría compartir con vosotros las dudas más frecuentes, las preguntas que atormentan a mis compis de oficio. Primero, porque tal vez algunos de vosotros tengáis los mismos retortijones existenciales y esto pueda seros útil (o por lo menos más útil que leer veinte libros de escritura y un manual de autoayuda desesperada*); segundo, porque así solo tengo que poner este enlace cuando me pregunten, y me evito escribir las mismas respuestas una y otra vez. ¡Ja!

Yo soy, como muchos de vosotros, un proyecto en proceso, pero espero que la poca experiencia que haya podido recopilar de mis años de edición y escritura (unido a mis fenomenales poderes de observación y análisis. De nuevo: ¡Ja!) puedan ofreceros algunas respuestas que sirvan. Siempre recuerdo el caso de Leanne Regalla, que se puso a enseñar a tocar la guitarra cuando solo llevaba ella misma un año de aprendizaje. Una amiga docente fue la que la animó. Le dijo que, aunque solo llevara un año de práctica, ya era un año más que los que nunca habían cogido una guitarra. Ahora es músico profesional y asesora para otros artistas, así que se ve que la mujer le sacó el máximo provecho a aquel consejo. Es en la enseñanza donde realmente aprendemos. Y yo he hecho muchas cosas fatal, así que, aunque muchos escritores aguerridos y de plateadas sienes me mirarán con el desprecio de quien sí sabe, creo que de mis errores podrían salir algunas cosillas importantes para aquellos que empiezan.

Así que ahí van. Las preguntas que más me hacéis y a las que espero poder contestar con algo medianamente coherente:

1. ¿Debo autoeditarme o tirar por la edición tradicional?

Odio esta pregunta, porque en realidad no hay una respuesta sencilla. Siempre digo que ambas opciones son perfectamente válidas (y no soy la única). Por suerte, el desprestigio de la autoedición ya no es tanto como antaño, y cada vez es más común que autores publicados por la vía tradicional también le hayan dado un tiento a la autoedición; por lo que el hecho de que seas autoeditado no tiene por qué influir en la percepción que puedan tener de ti los editores a la vieja usanza. Al contrario: si te has autoeditado y te has construido una plataforma y un seguimiento, es más probable que se interesen. Un buen ejemplo de esto son las escritoras Iria G. Parente y Selene M. Pascual, que se autoeditaron su novela Pétalos de papel, y luego publicaron con Everest y con Nocturna, editoriales tradicionales de gran alcance. El caso contrario es el de Ana González Duque, que primero le dio a la publicación tradicional y luego se lanzó de cabeza a la autoedición. Las tres son buenos ejemplos de cómo a cada autor le interesa y conviene más un formato u otro, pero que en ningún caso tienen que estar reñidos.

Si tienes ya una plataforma y cierto seguimiento, y estás acostumbrado a promocionarte, creo que es más viable la autoedición. No tendrás que lidiar con los plazos editoriales, podrás hacerlo todo tú solo/a, los porcentajes serán mayores, etc. Si, por el contrario, eres un autor que se lleva mal con la promoción, y eres poco conocido, puede ser más fructífero seguir mandando manuscritos a editoriales, a la antigua. Esto es también más recomendable para autores con poco tiempo y medios para dedicarse a aspectos de los que tradicionalmente se encargan las editoriales: corrección, maquetación, diseño, etc.

Lo bueno es que estas dos opciones no son excluyentes, como ya he comentado. Prueba con las dos. Ten un manuscrito en movimiento por editoriales mientras te autoeditas en eBook y/o papel con otra obra. Es una forma idónea de comparar ambas experiencias y ver cuáles te convencen más. Yo tengo que decir que me gustan ambas (también porque he tenido suerte con las editoriales con que he publicado). Ambas tienen sus propias satisfacciones, frustraciones y recompensas.

2. No consigo que la trama de mi novela avance. Estoy atascado/a y no hago más que cambiar cosas. ¿Qué puedo hacer?

Este problema es tremendamente común, y por lo que he podido ver suele responder a una falta de planificación. Aunque algunos escritores son de brújula (navegan por intuición por su texto, sin perder el norte), la mayoría de nosotros necesitamos algún tipo de esquema o preparación para orientarnos y no perdernos por el camino. Esta preparación puede hacerse de varias maneras (hay mil métodos), pero yo suelo seguir el siguiente proceso:

  1. Escribir una sinopsis o resumen de lo que va la novela.
  2. Crear un esquema con los capítulos o secciones. Escribir un resumen de cada capítulo dentro del esquema.
  3. Antes de empezar un capítulo, revisar el resumen y escribir la lista de escenas que lo componen.
  4. Al sentarme en cada sesión de escritura, planificar qué voy a escribir durante esa sesión.
  5. Al terminar la sesión, dejar notas sobre qué ocurrirá en la sesión siguiente.

Como veis, con este método vamos de lo más grande a lo más pequeño, de lo general a lo detallado. Es similar, en cierto modo, al método copo de nieve, pero he incorporado también procedimientos para cada sesión de escritura, como explica Rachel Aaron, que multiplican mi velocidad e impiden que me atasque. Y si me atasco, meto un unicornio, o una nave espacial o una escena de sexo, que siempre da alegría. O una escena de sexo entre unicornios en una nave espacial. Porque yo lo valgo y nací para el weird.

Algunos autores dicen que este tipo de esquematización les corta la inspiración y le quita diversión al acto inesperado de escribir. Puede ser. Pero hay que tener en cuenta que estos esquemas no están esculpidos en piedra: son meras guías útiles que podemos cargarnos y saltarnos en cualquier momento. De hecho, encuentro que muchas veces, siguiendo mis planes, se me ocurren ideas buenas que me obligan a cambiarlo todo. Pero eso es lo genial del proceso, que puedes ir modificando sobre la marcha, adaptando cada sesión de escritura según tus necesidades. Con suerte, la sinopsis que harás al final tendrá poco que ver con la que hiciste al principio de tu trabajo.

3. Describo demasiado / no describo suficiente, ¿puedes ayudarme?

¡Puedo! Es más sencillo de lo que parece.

Para vosotros los verbofágicos que no podéis parar de meter detallitos por todas partes: no os preocupéis. Meted todo lo que os apetezca y dé la gana. Hasta aquello que no tiene ningún sentido. Es vuestro subconsciente en acción y eso es primordial. No lo coartéis.

Cuando terminéis y llegue el momento de editar y revisar, haceos una pregunta: ¿sirve esto que he escrito para que avance la acción?

Es decir, ¿sirve esta escena para algo? El texto debe servir, sobre todo, para decirnos algo de los personajes o para hacer que avance la trama. Sí, es posible que tu soliloquio filosófico sobre el origen de las pelusas que se cuelan en el ombligo no termine de encajar en este capítulo. Cabe la posibilidad de que estas tres páginas de descripción del vestido de tu protagonista no sirvan para nada (un vestido amarillo y rojo nos dice que el personaje es atrevido, muy patriota o daltónico; tres páginas de descripción del vestido nos dicen que igual es hora de leer algo más interesante, como por ejemplo una guía de teléfono).

No tengáis miedo a cortar. A Stephen King le dijo un editor que era conveniente quitar por lo menos un 10% del manuscrito, y a King parece que no le van mal las cosas. Ese recorte hace que el texto gane en solidez.

¿Pero qué ocurre cuando nos cuesta la vida meter descripciones? Algo de descripción se necesita: los lectores quieren saber cómo es el entorno del que se rodean, para poder meterse plenamente en el texto. Os voy a dar un truco que uso yo, porque yo odio describir cosas (otro amanecer dorado con leve llovizna y nubes esponjosas no, por favor). Es secreto, no se lo contéis a nadie:

  1. Escribe tu escena, o capítulo, secuencia, lo que sea. No te preocupes por describir nada, solo lo que te vaya viniendo a la cabeza. Escribe lo importante: acción, diálogos, etc.
  2. Una vez terminado, rellena los huecos.

Megafácil. Repasas. Dos personas están hablando en una habitación. ¿Es un salón, un dormitorio, un cuarto de baño? ¿De qué color es, cómo es el suelo, las paredes, cómo son los muebles? ¿A qué huele? ¿Qué tacto tiene ese cojín? ¿Hay algún ruido de fondo? Sumerge a tus lectores en la escena usando de los cinco sentidos. Pinta y decora. Puedes probar a usar palabras aleatorias para crear metáforas originales, para meter detalles que nunca se te habrían ocurrido. Colorea tu dibujo.

Ah, luego te tocará recortar, porque te pasarás pintando y te saldrás de las rayas. De eso no te libras.

4. Tengo trabajo, familia y una plaga de cucarachas mutantes en casa*, ¿de dónde saco el tiempo para escribir?

Es posible que esta sea la pregunta que más me hacen, lo cual es curioso porque es con lo que más doy la paliza aquí en el blog. Pensé que a estas alturas estaríais ya todos más que hartos del tema.

Esto de escribir quita tiempo. Si escribes por afición, porque te gusta, la respuesta es muy sencilla: escribe cuando puedas y cuando quieras.

Pero si escribir es tu pasión, tu sueño y todas esas cosas tan bonitas que nos cuentan las pelis yanquis de béisbol, no hay respuesta fácil. Vas a tener que sacar tiempo de debajo de las piedras. Vas a tener que levantarte a las cinco de la mañana. Vas a tener que escribir en el trabajo, en el metro, en los ratos muertos entre que llega o no llega el exterminador (Pepe para los amigos, Gran Ángel Negro de los Infiernos para las cucarachas). Vas a empezar a tratar la escritura como algo serio. Asume que la promoción, bien hecha, quita mucho tiempo. Si no dispones de este tiempo, concéntrate en escribir lo mejor que puedas y sepas, y en el largo peregrinaje de editorial en editorial.

Hagas lo que hagas, no dejes tu empleo (ni dejes de buscar uno). Tardarás mucho en empezar a ver algún dinero por lo que escribes. Más bien busca formas de trabajo que te permitan escribir o aprender sobre la escritura. Y aprende a sacarle el máximo provecho a tu tiempo. Aprende a escribir deprisa; aprende a ser productivo/a.

suenos de escritor

Me gustaría deciros que con trabajo duro se alcanzan los sueños; que si le dedicas el suficiente tiempo y ánimo, acabarás vendiendo tropecientos millones de libros y bañándote en piscinas de esas sin horizonte en alguna torre en Dubai. Pero no es así como funcionan los superventas. No te creas todos esos artículos llenos de banners interactivos que te aseguran que puedes forrarte vendiendo en Amazon en menos de un mes, sin apenas levantar un dedo. ¿Hay gente que hace dinero vendiendo en Amazon? Haberla hayla. Pero es menos dinero del que aseguran y trabajan 24/7 para conseguirlo. Muchos de ellos hacen su dinero vendiendo libros sobre cómo hacer dinero vendiendo en Amazon. Cuando lo piensas, el nivel de metaironía es delicioso.

5. No tengo ni idea de cómo empezar a promocionar mi libro. ¿Puedes ayudarme?

Podría escribir cientos de artículos sobre promoción para escritores. Y alguno he escrito. La red está llenísima de gente diciendo lo mismo: que si sorteos en Goodreads, que si grupos de Facebook, que si tu libro gratis en KDP Select, etc., etc., etc.

Todas esas tácticas son buenas si ya tienes cierto seguimiento, un grupo de lectores potenciales que, tras la exposición adecuada, podrían acabar comprando tu libro (énfasis en podrían).

Dentro de la edición tradicional hay sistemas de publicidad muy distintos a los de la autoedición: la distribución, sin ir más lejos, es un modo de promoción habitual, al ofrecer un producto a plena vista del consumidor de paso. Es muy complicado aplicar tú mismo estrategias de promoción a un libro que has sacado con una editorial, porque no tienes respuesta dinámica de ventas: no ves las ventas de manera inmediata ni conoces su procedencia, por lo que es difícil saber qué tacticas te están funcionando y cuáles no.

Lo bueno de la autoedición es que sí podemos hacer ese A/B testing que nos indica qué estamos haciendo bien. Personalmente me gusta la siguiente estrategia, que es la que, por ahora, me ha dado mejores resultados: tener un “hogar”, un punto centralizado a donde puede acudir cualquiera que quiera saber más de nosotros (en mi caso, el blog), y utilizar una o dos redes sociales donde interaccionar lo más posible con otros escritores y lectores. Tras varias intentonas, un poco de experimentación por aquí y por allá, cada vez estoy más convencida de que es mejor concentrar nuestros esfuerzos en una sola red social, entender cómo funciona, estudiar sus mecanismos para crecer en ella, que compartir enlaces en todas partes. Lo que más cuesta es arrancar, pero obtenidos los primeros seguidores es más fácil conseguir un efecto bola de nieve.

La clave, me temo, está en el networking. Como digo siempre: deja de ver al lector como alguien que está obligado a reconocer tu impresionante trabajo y empieza a pensar en qué necesita ese lector. Habla con él, pregúntale, comparte recursos que puedan serle útiles. Sé que a veces parezco muy hippy-happy cuando digo estas cosas, pero estoy plenamente convencida de que los juegos en los que todos salimos ganando son mil veces más productivos que aquellos en los que competimos y usamos métodos éticamente cuestionables para conseguir seguimiento y ventas. Lo dice mi experiencia y también lo dice la teoría de juegos. ¿Por qué tiene que salir alguien perdiendo si podemos ganar todos?

Lo cual me lleva a la siguiente pregunta:

6. ¿Necesito un blog?

No. No necesitas un blog. Necesitas un centro, un punto de entrada y salida, ya sea una página web o una página de autor en Facebook, Amazon o Goodreads. Yo recomiendo una web propia, ya que así no dependes de cambios que puedan ocurrir en otras redes. Tu web es tuya, de nadie más. Solo tú decides qué va ahí.

Puedes conseguir plantillas WordPress gratuitas, por ejemplo, pero sí recomiendo que tengas tu propio dominio, aunque tengas que pagar un poquito al mes por el nombre de tu web y su alojamiento. Empresas que ofrecen páginas gratuitas como Blogger (Google) siempre tendrán control sobre lo que publicas y cómo lo publicas. Pueden estar bien si acabas de empezar, pero siempre queda mucho más profesional (y es más fácil encontrarte) si tienes un .com o similar propio. ¿Recomiendo pagar por plantillas avanzadas? Sí, pero no tienes que hacerlo de manera inmediata. Puedes empezar con una gratuita, hasta sentirte cómodo/a, y luego empezar a mirar alternativas. Y por favor, ni se te ocurra descargar plantillas pirateadas. En esas plantillas (que además se venden a muy buena relación calidad-precio) una serie de personas han invertido mucho esfuerzo y tiempo; no me seas cutre (que luego nos quejamos de la piratería de libros, ejem). Por otra parte, si usas versiones piratas no tendrás acceso a su sistema de soporte en caso de cualquier problema, ni recibirás las necesarias actualizaciones.

Un blog es un buen método para atraer personas con quienes establecer contacto, pero no es una garantía de nada (¡y mucho menos de ventas!). Es muy difícil conseguir que un blog despegue. Creo que una buena opción para escritores es llevar blogs de reseñas, ya que las reseñas serán compartidas por los autores de los libros reseñados: cuanto más seguimiento tenga el autor en cuestión, más exposición tendrá tu blog. Y puedes meter entre reseña y reseña artículos sobre tus propios libros y tu experiencia como escritor/a. He visto que algunas personas recomiendan separar la faceta reseñadora de la escritora. Entiendo por qué (donde tienes la olla no metas la p…), pero creo que esa separación puede significar perder una buena oportunidad de aprovechar un seguimiento interactivo que te permita darte a conocer como autor/a.

Ten en cuenta que no es necesario publicar tres artículos semanales para que el blog arranque un poco (eso lo hago yo porque me encanta y porque estoy un poco loca; pero estoy convencida de que si no publicase los artículos de jueves y viernes no vería mucha variación en visitas, siempre que dedicara esos días a promocionar artículos de archivo). Con publicar una vez a la semana (o incluso menos) y acumular artículos que luego puedas seguir reciclando, vas bien. Lo importante es mantener una periodicidad, para “acostumbrar” a tus lectores a estar pendientes de determinadas fechas. Y, ya sabes, si quieres que compartan tus cosas, más te vale compartir lo de los demás.

Antes de iniciar la aventura de llevar un blog, debes hacerte una serie de preguntas fundamentales:

  1. ¿Tengo tiempo? Un blog quita mucho: no se trata solo de escribir los artículos: tienes que investigar qué les interesa a tus lectores, hablar con ellos, moverte en tu red social de preferencia, editar bien los posts, buscar imágenes resultonas y mucho más.
  2. ¿Da de sí el tema que quiero tratar? Si solo hablas del proceso de documentación de tu novela autobiográfica, igual no llegas muy lejos. Pero si escribes novela histórica tienes cancha para rato.
  3. ¿Conozco a mi público? Si escribes de todo para todos, tampoco esperes mucha respuesta. Necesitas algo que te distinga de los demás; ya sea porque escribes sobre temas acerca de los cuales hay poca información, o porque escribes para un nicho de lectores muy especializado.

Más sobre esto y otros temas fundamentales a la hora de llevar un blog aquí.

7. ¿Cómo debo mandarle mi manuscrito a una editorial?

Esta tiene una respuesta muy sencilla y lógica: pregúntale a la editorial. Cada una tiene sus manías. Algunas quieren que les mandes un ejemplar en papel, otras quieren un primer capítulo, otras quieren una sinopsis y un estudio de mercado (más o menos). Infórmate: busca un email o teléfono específico para recepción de manuscritos, asegúrate de que tienen abierta dicha recepción, y pregúntales qué datos necesitan y cómo quieren que les envíes tu libro. Asegúrate de que su línea editorial encaja contigo. Mandar una novela negra a una editorial de poesía es perder tu tiempo y el de la editorial de poesía.

Luego, hazles un elevator pitch irresistible y fantástico.

Ah, también es importante que tu libro sea estupendísimamente maravilloso. Más que el resto.

Os voy a contar otro secreto: hay un truco. Mira qué contactos tienes en común con esa editorial: ¿conoces a alguno de los autores que han publicado con ella? Pregúntales qué hicieron ellos para enviar su libro. Pídeles un email (si pueden) a donde se suelan enviar manuscritos. Si tienes la suficiente confianza con tu contacto, incluso puedes mencionar que has llegado hasta la editorial a través de esa persona. Ya no entras totalmente a puerta fría. Estableces que tienes un interés directo en esa editorial. Que luego pueden tenerte un año esperando igual una respuesta, pero perder no pierdes nada.

Sí, es normal estar un año a la espera. Aunque, por lo que sé, si te hacen esperar un año es que, de responderte, vas a llevarte un NO muy rotundo.

Y es por esto por lo que hay que mandar a muchas editoriales diferentes y estar trabajando en otros proyectos mientras. Si te quedas pegado al teléfono esperando que te llamen se te va a cuadricular el culo. El mío ya es hexagonal.

8. ¿Debo participar en concursos literarios?

Esta es una buena pregunta. No voy a escandalizar a nadie si digo que muchos concursos están dados de antemano, amañados, repletos de nepotismo de la peor estofa. Estofa, sí. Son estofados de amiguismo, de jurados que con frecuencia ni siquiera entienden de lo que están leyendo (ni del género del concurso en que son jurado), de personas que con frecuencia solo están ahí porque se les paga para ello. Tampoco es raro que el jurado, inocente, seleccione entre un número muy limitado de obras, que otro comité se ha encargado de “filtrar” para ellos.

Suena fatal, ¿verdad?

Entonces, ¿para qué presentarse?

Primero, porque hay concursos completamente limpios y legales. Segundo, porque son una manera estupenda de motivarte y de tener un plazo de entrega. Cuando escribimos sin rumbo fijo, sin saber muy bien para qué, viene bien tener esperanza. Y nada como la sensación de esperanza de mandar una participación por correo. De hecho, en mi artículo sobre cómo escribir un cuento a la semana, creo que sería un buen aliciente mandar los mejores relatos a concursos.

Por esto, yo estoy muy a favor de participar en concursos, sobre todo si estás empezando. Una de las cosas que más me animó a seguir escribiendo fue un concurso local que gané con quince años. No he ganado ningún concurso más de relato desde entonces (INCREÍBLE, LO SÉ), pero me han servido de estímulo para muchos, muchos textos.

9. ¿Puedes leer mi libro y darme tu opinión?

Claro que puedo. Y no será una opinión, no. Será un informe completo de las posibilidades estilísticas, de contenido y comerciales de tu obra.

Pero comprenderás que no puedo hacerlo gratis.

Es algo difícil de explicarle a la gente, porque en el fondo a nadie le cuesta mucho leerse un libro (¡que además te regalan!) y decir si le ha gustado o no. Pero imagínate que esto te lo pidiera alguien diferente todos los días. ¿Cuándo publicarías en tu blog? ¿Cuándo escribirías? ¿Cuándo jugarías con tu gato? ¿Cuándo participarías en orgías transdimensionales (no sé vosotros, para mí son una prioridad)? Si te pagan, puedes dejar de hacer otras cosas remuneradas para ponerte a leer esos libros. Leer y estudiar textos ajenos se ha convertido en una profesión y prefiero hacer informes de lectura que correcciones, porque me gustan más y porque creo que aporto más al escritor al explicarle problemas generales e intentar ayudarle a solventarlos. ¿Le pedirías a un amigo manitas que le echara un ojo a un grifo que gotea? ¡Claro! Y luego lo invitas a una cerveza y punto. ¿Se lo pedirías, gratis, a un fontanero? No, porque el fontanero vive de eso.

Aunque quisiera hacerlo por amor al arte y todo el cariño de mi corazón, me sería imposible leer todo lo que me mandan. Intento matar muchos pájaros de un tiro publicando artículos en el blog, intentando dar con respuestas para lo que más nos concierne a los que escribimos. Tengo una pila de libros que me espera y solo me queda un tiempo limitado de existencia para leer a Franzen, a Ishiguro, a Barker, a Cotrina. Soy una lectora lenta, porque tengo que secuestrar tiempo de debajo de las piedras (sí, estoy repitiendo metáfora, lo sé, hace calor) para leer lo que me encanta. Si leo tu libro gratis, tengo que leerlo en mi escaso tiempo libre. Te estoy leyendo a ti en vez de a Barker o a Cotrina. Sé que eres bueno (o eso me aseguras), pero entiéndeme: es Clive Barker. Y si no leo a Cotrina estoy faltando al sacrosanto pacto entre parejas de escritores: leerás todo lo que escriba tu pareja y le darás consejo o no obtendrás sexo. Amén.

Hay otras formas de conseguir lectores cero. Animo a todo el mundo a que recurra a amigos y familiares, aunque no sean tu público objetivo. Anímalos a que te destrocen, a que destruyan tu texto con todo lo que no les gusta. Es más: prohíbeles que digan nada bueno, así no podrán cortarse. Y no vale luego enfadarse con ellos, por supuesto, ni tener arrebatos de estos trágicos a lo niño pequeño que ha perdido al Monopoly, donde destruyes el manuscrito entre gritos y aspavientos y saltas sobre los pedazos mientras levantas los puños al cielo. Participa en talleres y grupos de escritores: lee a otros a cambio de que te lean a ti. Escribe en lugares muy públicos, como Wattpad, en busca de lectores y opiniones. Ten un blog donde publiques tus cuentos, y chantajea y soborna a otros escritores para que los comenten. Como siempre: si comentas y lees a otros, más posibilidades hay de que te devuelvan el favor.

¿Veis? No es tan difícil.

Bueno, sí, es todo horriblemente difícil. Pero miradlo por el lado positivo: si no fuera tan complicado y jodido y duro no tendría nada de lo que hablaros y no vendríais a mi blog.

Ah, no, que eso solo es positivo para mí.

Perdón.


*Posiblemente basado en hechos reales.

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