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El truco definitivo para arrasar en redes sociales

enero 18, 2017 — by Gabriella42

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A veces me vienen amigos y conocidos que tienen algún tipo de afición o profesión artística y me miran como si fuera una especie de alienígena del espacio exterior.

Entrecierran los ojillos y ya sé lo que se aproxima.

“¿Y a ti cómo es que te sigue tanta gente en redes sociales?”.

Mi respuesta inicial es sentirme muy ofendida. ¡Porque hay mucha gente a la que les gustan mis libros y mis artículos, claro! ¿Cómo pueden poner eso en duda? ¡Menudo descaro!

Y ellos ponen esos ojillos en blanco y muestran su mejor cara de: “Ya, lo que tú digas, que desde que superaste los siete mil seguidores en Twitter te has vuelto de un creído insoportable”.

Solo que no dicen eso, porque escojo a mis amigos por su educación y comportamiento respetuoso, entre otras cosas (por desgracia, a fecha de hoy todavía no puedo controlar lo que piensan. Sigo en ello). Tienen mucho cuidado de no decirme a la cara lo mal que me ha sentado la fama; prefieren hacerlo a mis espaldas, mientras niegan con la cabeza y recuerdan tiempos mejores, en los que no los invitaba a fiestas multitudinarias en mi mansión de Beverly Hills ni los llevaba de paseo en mi limusina de tres plantas con chófer y minibar.

redes socialesRegalías de mi último libro

Es que es culpa mía, es culpa mía por no saber escuchar.

Tengo que aprender a fijarme mejor en lo que me preguntan en realidad. Fijaos en que la pregunta es “¿cómo tienes tantos seguidores?” frente a “¿qué puedo hacer yo para conseguir seguidores?“.

Si escuchara mejor, contestaría a la primera pregunta en vez de a la segunda. Porque contesto a la segunda y ellos en realidad no querían esa respuesta, así que yo hablo un rato hasta que me doy cuenta de que están mirando a otro lado y su atención ahora está fija en una mosca especialmente atractiva que se frota las patitas en la lámpara más cercana.

No puedo culparlos demasiado, porque, sí, esa mosca es bastante más interesante que yo, y porque eso es mucho mejor que los que asienten con energía y me dicen que vale, que muy bien, que muchas gracias, y que luego vuelven a sus redes sociales y siguen haciendo exactamente lo mismo de siempre (con los mismos resultados de siempre).

Preferiría, supongo, que fueran sinceros y me dijeran: “Pero es que todo eso que tú haces es demasiado trabajo. Además, seguro que a mí no me funciona, porque (insértense veinte excusas diferentes aquí)”.

Por lo visto, conseguir mil seguidores (o diez mil, o cien mil) es algo que ocurre cuando chasqueas los dedos y te secuestran y te presentan a una logia ultrasecreta formada por tuitstars, Facebook influencers y starlets de Instagram, donde vas pasando una serie de pruebas de habilidad mágica hasta que demuestras que eres digno/a de tener mil, diez mil o cien mil seguidores en las redes de tu elección.

arrasar en redes socialesY esta noche, amigos, tenemos a Carmen, la escritora de romántica-gore que nos asegura que en sus libros puedes ver a sus personajes fornicando del derecho... ¡y del revés!

Hay muchos cursos sobre cómo utilizar las redes sociales. Lo curioso es que mucha gente quiere tener más seguidores (y lectores potenciales), pero sospecho que pocos están dispuestos a hacer todo lo que se indica en esos cursos. Todos siguen esperando ese chasquido milagroso.

Al final todo esto de los seguidores se reduce a un solo principio, a un “truco” que, por desgracia, está lleno de trabajo y, sí, esfuerzo.

Que sea un truco no implica que sea mágico, ni fácil. Funciona, eso sí.

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¿Cómo de importante es tu diseño?

octubre 28, 2016 — by Gabriella15

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Los que seáis amantes del té como yo tal vez hayáis visto cierta gama de infusiones que parece inundar cualquier bar o restaurante que se considere medianamente digno.

Los que seáis amantes del té como yo habréis apreciado sus tazas elegantes con plato a juego, la presentación de su producto a granel en colador y la práctica tapa que sirve para evitar derrames y otros accidentes propios de gente torpe como servidora.

Por supuesto, su carta está llena de nombres que te hacen dudar de si te están vendiendo infusiones o experiencias sensoriales extremas y posiblemente ilegales.

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7 cosas que los escritores podemos aprender de David Bowie

enero 12, 2016 — by Gabriella28

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Qué descaro, ¿verdad? Todavía está el cadáver caliente y ya estoy lucrándome con Bowie.

¡Pero no! ¡Os equivocáis! No hago dinero con el blog, así que solo puedo lucrarme con vuestros shares, likes y todo tipo de validación social y emocional.

Aun así, Gabriella, qué descaro. Y seguro que incluso antes de darle yo a “publicar”, ya han crecido artículos de este tipo como setas por toda la blogosfera.

Bowie fue una parte importante de mi vida; es una parte inamovible de mis recuerdos. He aprendido de él mucho como persona. También he aprendido de él como escritora. Si hablé de lo que los escritores podemos aprender de Steve Jobs, que ni siquiera me caía bien, ¿por qué no hablar de una de las figuras más influyentes de mi niñez y adolescencia?

Al final siempre acabo compartiendo mis pensamientos, reflexiones y exhibiciones paranormales con vosotros.

Antes de nada, un disclaimer. Estoy enferma. No mentalmente, bueno, sí, pero eso ya lo sabíais. Tengo la gripe. Así que cualquier incoherencia o delirio presente en este texto se debe a eso.

Ahora que lo pienso, mis textos de persona sana también están llenos de incoherencias y delirios.

Ignorad el disclaimer y leed lo que podemos aprender todos del mago de arte y marketing que fue David Robert Jones:

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1. El branding funciona

Igual ese marketing que acabo de escribir os ha hecho elevar una ceja. Pero seamos realistas. Bowie era un músico de gran talento, pero ¿sería el genio reconocido que tenemos todos en mente de no ser por sus alter ego, sus disfraces extravagantes, sus narraciones de ciencia ficción, su combinación de imagen, arte y sonido?

Pensad en todos los nombres que vienen a nuestra cabeza al pensar en Bowie: duque blanco, Ziggy Stardust, camaleón…

Si eres un artista de talento, no es estrictamente necesario que te crees una marca personal, una imagen extraordinaria. Pero ayuda. Y la mejor forma de hacerlo es coger tu propia personalidad y multiplicarla, ser muy tú. Bowie era sin duda creativo y extravagante, y supo llevar eso hasta el extremo.

La presencia de una voz original en redes sociales, blogs y puntos de encuentro entre lectores y escritores en general siempre es de agradecer. Y ni siquiera tiene que ser muy original: basta con que sea consistente y coherente, que no siga el dictamen de lo que hacen siempre todos los demás. Tener una marca personal puede ser algo horriblemente comercial y artificial o puede ser una manifestación creativa extrema, como en el caso de Bowie.

Con todo, llegar a este nivel tampoco es estrictamente obligatorio.

2. cuanto más produzcas, mayores son las posibilidades de producir algo que merezca la pena

No os voy a contar ooootra vez lo del estudio que se realizó con una clase de cerámica, donde producían mejores piezas aquellos alumnos que eran calificados por la cantidad de piezas que terminaban, no por la calidad de estas.

En realidad todo el estudio era una tapadera inventada por una fábrica esclavista de jarrones, pero no se lo digáis a esta alumna, que marchó a casa con la nota máxima y síndrome del túnel carpiano.

Piensa en una canción de Bowie que te guste, seguro que hay alguna. Puede que sea de sus temas más conocidos. O puede que sea de sus caras B perdidas casi en la nada. La discografía de Bowie es interminable. Hay mucha porquería. Pero es que tienes que producir mucha porquería para producir grandes temas. Space Oddity no habría existido sin todo lo que Bowie creó antes. Tampoco China Girl, ni Life on Mars, ni Heroes, ni Thursday’s Child, ni Ashes to Ashes… la lista no acaba.

Woody Allen dice que hace una película al año. Admite que ha hecho mucho bodrio. Pero cualquiera con cultura cinematográfica te dirá que es uno de los directores más relevantes de la cultura actual, por muchas razones. Creo que todos tenemos una película de Allen que sí nos gusta (la mía es Match Point y espero que os hayáis tapado los oídos o los ojos aquellos que me leéis que sabéis de cine. Y que recordéis que aquí está prohibido tirar cosas de cristal. Gracias).

No se trata, claro, de producir cualquier cosa y escupirla al mundo. Se trata de crear, compartir, escuchar el feedback y aplicarlo a nuestro aprendizaje. Se trata de arriesgarse y probar cosas nuevas porque sí, porque qué más da que fracasen, puedes probar más. Con la práctica tal vez no se llegue a la perfección, pero desde luego se avanza a pasos agigantados.

3. No temas ser interdisciplinar

Cuidado con este consejo, porque es un arma de doble filo. Creo que es importante llegar a un enfoque, a un solo interés prioritario, para poder dedicarle el tiempo necesario para ser realmente bueno en ello. Pero eso no quita que podamos disfrutar de los beneficios de otras manifestaciones artísticas y de la originalidad que nos proporciona hacer nuestros pinitos en otros campos. Es en el cruce de conceptos aparentemente dispares donde pueden ocurrir las grandes revelaciones.

Bowie era un artista, ante todo, y, aunque la música era su pasión principal y nunca se apartó de ella, pudimos verlo unido a muchos otros tipos de arte y conocimiento. Aquellos que lo conocían decían que era un hombre erudito. Fue un hombre que pudo ser rey de los goblins marcando paquete, rodeado de teleñecos, y que colase (sé que no fui la única niña que se sintió algo confusa ante aquel ser estrambóticamente sensual). Fue un hombre capaz de cantarle a Ricky Gervais que era un “hombrecillo gordo que vendió su alma” en Extras, y de escribir extrañas historias intergalácticas entremezcladas en sus canciones y composiciones visuales.

Esto de abrirse a otros campos para mejorar el propio es un poco como tener una relación abierta de mucha confianza donde eres fiel de corazón a tu pareja pero salís por ahí y os acostáis con otras personas y luego os lo contáis y aplicáis lo compartido con otras personas. Las relaciones abiertas no son para todo el mundo, pero en un mundo ideal, sin celos ni inseguridades ni amantes que pretendan destruiros, ¡piensa en todo lo que aprenderíais!

Quiero saberlo todo sobre anoche. Primero: número exacto de mujeres, jirafas y fontaneros involucrados.

Igual no ha sido un símil muy acertado. Pero por suerte el arte no es celoso. Mientras dediques el tiempo necesario y le des prioridad a un tipo de arte sobre todo lo demás, se hinchará de saber y progreso cada vez que le traigas nuevas y ocurrentes posturitas aprendidas con la competencia.

Recordad aquí aquello de la importancia de las redes abiertas. Hablé de cómo las utilizaba Steve Jobs, sí, pero Bowie era otro maestro de dichas redes. Solo hay que ver cómo aplicó su peculiar visión estética a todo lo que tocaba. Esta visión era una conjunción de sus intereses musicales, pictóricos, literarios, cinematográficos, etc. No lo llamaban camaleón solo por su cambio constante de atuendos. Bowie era una criatura fagocitadora de color, de arte y conocimiento.

4. Colabora

Algunos de los temas de mayor éxito de Bowie fueron en colaboración con otros artistas, como el Under Pressure con Queen o el Dancing in the Street con Mick Jagger. Una de las cosas que me encanta de esa última colaboración es la pura alegría que transmite, lo bomba que parecen estar pasándolo bailando Jagger y Bowie con sus abrigos ochenteros.

Colaborar con otros artistas te da nuevas perspectivas y además es una manera excepcional de hacer un networking eficiente. Pero, qué narices, además es divertido. Yo no escribo con José Antonio para hacer contactos, ni para aprender (aunque siempre aprendo muchísimo), escribo porque es muy divertido (pese a las broncas y a los enfados cuando me cambia palabras de sitio o cuando decide que esa idea que teníamos desde el principio ya no le funciona o cuando… vale, vale, ya) y creo que es lo mejor y más entretenido que puede hacer una pareja de escritores juntos después de… después de… después de eso.

Cuando estés bloqueado/a, agarra a algún conocido que escriba y haced algo juntos. Y después de eso, os podéis poner a escribir.

Bromas aparte, no es necesario acostarse con alguien para hacer arte juntos. Lo prometo.

Genial, ya solo nos quedan dieciocho posturas por probar antes de poder ponernos con la novela.

5. Asume el poder de la reinvención

Supongo que este era el punto más evidente. Bowie se transformaba continuamente y no tenía miedo a experimentar.

Nos da una lección muy valiosa: si algo no funciona, no pasa nada. Prueba otra cosa. Y si has llegado al punto en que te has acomodado, en que haces lo mismo una y otra vez porque funciona, si quieres crecer como artista tienes que reinventarte, salir de aquello que se te da bien y probar cosas nuevas. Esto no tiene por qué culminar en éxito comercial, de hecho puede ser un desastre, sobre todo si progresas hasta el punto de que lo que creas ya no es atractivo para tu público de siempre. Creo que Radiohead es un buen ejemplo de esto, al alejarse del rock peculiar que tan buen resultado les había dado y entrar en la electrónica más o menos experimental. Pero mirad qué contento está ahora Thom Yorke, que ya casi ni habla de suicidarse ni nada.

Si algo no funciona, no importa, todavía tienes tiempo de probar otra cosa. Lo que es de locos, como diría Einstein, es seguir haciendo las mismas cosas esperando resultados distintos.

Y si te acomodas, es el momento de empujar más fuerte, de llegar más alto. Si lo que buscas es éxito comercial, es el momento de estudiar más, de trabajar más duro y de forma más inteligente, para vender más. Si lo que buscas es progresar como artista, es el momento de salir de tu burbujita, de romper barreras. Si buscas ambas cosas, pues doble trabajo tendrás.

Pero no es imposible, Bowie lo consiguió. Demostró que crear arte influyente, revolucionario y poder vivir de ello no estaba reñido. Es probable que creara e hiciera mucha mierda comercial para poder conseguir dinero, pero siguió creando, de una manera u otra, hasta su muerte. Nunca olvidó que era artista.

6. No tengas miedo a transgredir

Alguien me preguntó hace un tiempo cómo podía uno ser transgresor si las puertas en general estaban cerradas a cualquier tipo de arte incómodo, diferente.

Yo no creo que eso sea cierto del todo. Claro que hay gatekeepers de esos y claro que nos cortan las alas. Pero no tanto como nos las cortamos nosotros mismos. A veces me ha podido más el miedo a transgredir que la transgresión en sí. Ahora, cuando veo un reto, o hay algo sobre lo que no quiero escribir porque es demasiado diferente/fuerte/asqueroso, procuro sacarlo adelante. Estoy involucrada en un proyecto con el que me siento terriblemente incómoda, no porque no confíe en mis compañeros, sino porque el tema es tabú para mí (y para casi todos los que me rodean, hasta el punto de que últimamente me está gustando comentárselo a la gente solo para analizar sus caras y los silencios incómodos que se producen después). Cuando me lo propusieron, casi dije que no. Pero precisamente sé que por eso tengo que participar. Creo que es importante hablar de aquello que nos horroriza, que nos disgusta, que nos da pesadillas.

De la transgresión aprendemos. Escribo cosas para chicos de 12 años. Tal vez no debería escribir también cosas horribles para adultos. Pero ambas literaturas son partes de mí. Cuando no transgredimos por miedo, por temor a perder lo que tenemos, a amenazar el estatus que percibimos que tenemos, nos traicionamos a nosotros mismos. Se crea una disonancia cognitiva. Y eso cualquier psicólogo podrá explicaros que es malo. Hace que las ideas se te pudran por dentro.

O esa es la excusa que me da José Antonio cada vez que me cuenta un chiste malo. Que si no se le va a enquistar, que se le va a pudrir por dentro.

Si creas algo tan absolutamente transgresor que sabes que nadie lo publicará, prueba de todos modos. Hay salidas para casi todo, siempre que no sea dañino o ilegal. Y si no, tenemos la autoedición, por suerte. Sin ella, no tendríamos dinoporno, recordadlo. Si Christie Simms puede, tú no tienes excusa.

Eso sí, un pequeño apunte: en mi trabajo como editora y lectora, la respuesta enfurruñada más común que he visto de autores rechazados por editoriales es “es que es demasiado transgresor para vosotros”. Asegúrate de que el problema es, en realidad, esa transgresión, y no el hecho de que todavía no sepas escribir.

Escritor enfurecido pateando convenciones, reglas, normas y editores que todavía creen en la ortografía.

El tema de la transgresión y de la originalidad es algo a lo que le he estado dando muchas vueltas últimamente, y es algo de lo que me gustaría hablar en el siguiente punto.

7. Sé único. Aprende a ir por delante de los demás

Hace poco conversaba por email con Javier de Mundo bizarresco, respecto a un artículo suyo donde reflexionaba sobre la importancia de hacer lo que uno quiere, de tratar al arte como un fin en sí mismo. El artículo no tiene desperdicio y os lo recomiendo, pero este párrafo en concreto me hizo pensar:

Una cosa es cierta, los artistas que se han hecho de culto (que no es lo mismo que ser famoso, algo más cool pero efímero) son los artistas que han desarrollado su propia técnica suya personal, han encontrado su propio camino a base de pulirse a si mismo. Un estilo tan personal que no pueden ser imitados con éxito.

Le hablé a Javier de mi experiencia personal en esto del blogging, y de cómo si alguien producía un contenido diferente de algún modo, enseguida aparecía un buen manojo de personas que copiaban temas, estilo y lo que hiciera falta para intentar reproducir lo que les gustaba del contenido original (o para intentar captar al mismo tipo de público). Es un fenómeno que se produce en todos los sectores, pero tal vez lo veo más en los blogs porque es donde más me muevo.

En un entorno endogámico como es el blogging y como es la escritura este fenómeno es inevitable, claro. Nos inspiramos unos a otros, buscamos tendencias sobre las que hablar, muchos tenemos las mismas influencias. Todos estamos a hombros de los mismos gigantes. Ese no es el problema. El problema son los que usan ideas ajenas sin dar crédito, los que copian de manera descarada textos que no les pertenecen, incluso los que traducen directamente palabras de autores extranjeros sin decir que ese texto no es suyo.

Así que llegué a la conclusión de que todo sí puede ser imitado. Que se lo digan a Gucci, a Valentino, a Prada. Da igual lo bueno u original que seas. Puede incluso que aparezca alguien mejor que tú y te imite mejorando tu producto o servicio o tono. Tal vez eso fue lo que hizo Bowie con otros artistas menos afortunados. Y ahora, tras su muerte, he pensado que tal vez su grandeza y éxito no radicase tanto en su originalidad, su voz única, sino en su capacidad para transformarse, para ir siempre un paso por delante de los imitadores.

Sé flexible, sé despierto, lee como si te fuera la vida en ello. Documéntate, porque tienes que ir siempre un paso por delante, seas bloguero, escritor o compositor de música de anuncios.

Terminé mi email a Javier diciendo: “¿Es agotador, no?”.

Lo es. Todos me dicen que quieren ser el próximo gran escritor, el próximo gran artista, el próximo Bowie.

Paga el precio del que es excepcional, el precio del ganador. No puedes dejar nunca de avanzar. Saca un disco a la calle unos días antes de morirte, unos días en los que el cáncer está terminando de devorar tu cuerpo.

El cadáver de un genio todavía está caliente. El cadáver de alguien que vivió y murió por su arte.

¿Harías tú lo mismo?

 


*Si tenéis nostalgia de Bowie y de todo lo que representó, siempre recomiendo la estupenda Velvet Goldmine como maravilloso exponente del glam de su tiempo y de las decisiones tan diferentes que tomaron los autores que se fueron reinventando tras la movida londinense. El personaje inspirado en Bowie no termina demasiado bien parado, pero eso es algo que planteará muchas preguntas a cualquier escritor o artista sobre qué significa la coherencia personal en el arte. Además, la música es espectacular, con temas de T-Rex, Placebo, Roxy Music, Lou Reed, etc.


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¿Debe el autor ser una marca? 6 preguntas que no nos estamos haciendo

septiembre 29, 2015 — by Gabriella28

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Hoy voy a hacer algo horrible.

Solo espero que, en la generosidad de vuestros bellos corazones, sepáis perdonarme.

Es horrible, en serio.

Hoy voy a hablar de Miley Cyrus.

(Gabriella se agacha para resistir la oleada de tomates y abucheos y alguna que otra mesa maltrecha. ¡Os tengo dicho que botellas de cristal aquí no!).

Miley Cyrus viene muy al caso del tema de hoy, por increíble que parezca. Sí, voy a hablar de branding para escritores.

(Observo, triste, que varios lectores potenciales levantan sus dedos del teclado y están ya a punto, ¡qué cerca!, de cerrar esta pestaña).

Esperad. Os prometo que compensa.

Veréis: hace algún tiempo, leí un artículo en Mundopalabras que despertó conversaciones animadas entre varios compañeros escritores acerca de qué significaba el branding para un artista, de las implicaciones éticas y personales. También salió hace poco un artículo introductorio y muy positivo acerca del tema de la marca personal en Escriviviendo.

Reconozco que soy una rara ave (aunque muy plumosa y multicolor) en esto del mundillo escritor, por aquello de que acepto (y disfruto) del mercadeo como forma de promoción si se hace de manera respetuosa e inteligente, pero a la vez desconfío tremendamente de sus trampas. Es muy fácil, demasiado fácil, empeñarse en vivir solo del arte y renegar del mundo que no entiende tu sublime talento. Del mismo modo, es muy fácil, demasiado fácil, dejarse llevar por los cantos de sirena de lo comercial, y lo que vende, y cómo se vende, y olvidar que, en última instancia, la idea de todo esto era crear algo que mereciera la pena.

Y como ocurre con tantas otras herramientas de mercadeo, acepto el branding y a la vez lo veo muy peligroso. No sé si sabéis que branding viene de to brand, marcar, también en el sentido de marcar a las reses, de señalar a la carne como propia.

Ya, ya, ya me explico. Aquí es donde entra Miley Cyrus.

Cyrus ha sido durante mucho tiempo un ejemplo de lo nocivo que puede ser el branding cuando se aplica de forma fría y calculadora a un producto destinado a consumo cultural. Y sí, Hannah Montana también es un texto cultural, en el sentido más académico y pragmático de la palabra. Es el producto Disney perfecto: que la gente olvide que eres una adolescente a tope de hormonas y disfrute de tu actuación virginal a la vez que te visten con cositas estrechas para realzar tus estupendas curvitas y te maquillan hasta la punta del dedo gordo del pie derecho. Ya lo hemos visto mil veces con Britney Spears y compañía. ¿Mensaje contradictorio? Creo que sí. Mi amiga Libertad analiza de forma curiosa esa paradoja de comunicación cruzada usando a Katy Perry como base.

Cyrus también se marcó un Britney: salió del bonito capullo protector Disney y se lanzó al perreo con artistas de la dignidad y consideración de Robin Thicke. Sinead O’Connor le dijo que se respetara a sí misma; Amanda Palmer le dijo que hiciera lo que le saliera del mismísimo.

¿Resultado?

ESTAMOS VENDIENDO DISCOS DE LA MILEY COMO PEGATINAS MÁGICAS DE ESPINETE*.

Sí, a muchos también os gusta su música. Y no es mi intención ofenderos si sois fans de Miley. ¿Pero dónde está la persona, la artista? ¿Qué es Cyrus para nosotros más que un acto más de espectáculo? Es más, ¿qué hago yo criticando a una persona, a un ser humano, con sus sentimientos, solo por su forma de restregarse contra las bolas (metálicas) de sus videoclips?

Lo hago, en parte, porque Cyrus se ha convertido en un producto tan artificial, tan ajeno, que me cuesta verla como persona.

Esto no es lo que queremos los que escribimos (aunque igual sí, si lo que realmente os gusta es restregaros contra bolas metálicas gigantes, en cuyo caso tenéis todo mi respeto y, posiblemente, mi número de teléfono). Después de todo, escribir es comunicación, es entrega, y la calidad de lo que transmitimos y cómo lo transmitimos dice mucho de nosotros como seres humanos y como artistas.

Visto así, el branding, el convertir a una persona en marca, puede ser muy perjudicial; seguro que todos podéis pensar en algún escritor que represente este lado oscuro de la fuerza. No se trata solo de escritores: hay conferenciantes, coaches y profesionales de la mercadotecnia que han desnaturalizado completamente su discurso al adoptar un esquema de lo que se supone que vende y convence. Reconozco que hay veces que llego por casualidad a algunos de esos artículos de “hazte trillonario vendiendo libros en Amazon” con la típica terminología hueca adaptada del inglés y no puedo evitar estremecerme. Hay otro mundo ahí fuera, os lo prometo. Brrrr.

Y todo esto de la mercadotecnia es muy poco artístico y muy sucio, ¿verdad?

Vamos por puntos. No iremos por partes, porque entonces haré el chiste de “como dijo Jack el Destripador”, y esa persona al fondo de la sala me tirará el último tomate podrido que le quedaba y aterrizará justo en mi coleta, con lo que me había costado hoy hacérmela y mira que me ha quedado perfecta.

(Se frota las manos).