main

escribirherramientas para escritorespersonajes

10 trucos diferentes para crear personajes inolvidables

julio 4, 2016 — by Gabriella32

personajes.jpg

Puedes crear al mejor personaje del mundo, pero no puedes obligar a tus lectores a que lo quieran.

En el albor de los tiempos, cuando yo era una jovenzuela inexperta, me dolía mucho cuando alguien decía de mis personajes que no empatizaba con ellos. Que eran insoportables, aburridos o quejicas. No lo entendía. ¿Cómo podían decir eso de mis fantásticas florecillas preciosas? Con el tiempo aprendí aquello de que un libro, una vez publicado, ya no es tuyo sino de tus lectores. Y lo que tú opines de tus personajes tiene poco que ver con cómo los perciben otras personas.

personajes inolvidables(Todo esto no quita que tenga mis momentos de irme a llorar a una esquina cuando alguien critica mi trabajo, claro. Todo escritor debe tener una esquina de llorar en su habitación, despacho o cocina. Hasta puedes decorarla a tu gusto, como se aprecia en esta imagen de stock).

Para empezar, creo que la experiencia lectora cambia mucho con la edad. Cuando leí La cosecha de Samhein, me encantó que saliera un protagonista, Héctor, que era un poco cobarde, que tenía un poco de vértigo y que era muy inseguro y algo quejica. Esto es, posiblemente, porque yo tengo mis momentos cobardes, inseguros y quejicas (y tengo vértigo, sí, eso, también) y me gustaba ver a un personaje con el que me podía identificar en cierto modo. Héctor no se lanza a grandes heroicidades como otros, seguros y valientes, sino que se nos muestran sus miedos para que 1) veamos su evolución en los siguientes libros y 2) para que sus heroicidades sean realmente heroicas. Enfrentarte a algo a lo que no le tienes miedo no tiene mucho mérito.

Sin embargo, en las críticas al libro, muchos lectores jóvenes le tenían mucha tirria a Héctor, precisamente porque era algo cobarde, inseguro y quejica. Preferían a los personajes más valerosos, tal vez más clásicos.

Creo que esta percepción tan distinta de Héctor se debe a un bagaje lector también distinto. Cuando eres más joven, sueles buscar personajes a los que puedas entender de inmediato, que representen, tal vez, un ideal para ti (o por lo menos eso me ocurrió a mí con esa edad y es lo que suelo ver en muchos lectores de juvenil). Cuando te haces adulto y, sobre todo si has leído mucho, esa simplificación empieza a aburrirte (y eso lo explica muy bien Isaac Belmar): cada vez estás más seguro de que el mundo no es ni blanco ni negro, y te interesan más los personajes con miles de matices de gris.

Decía César Mallorquí que en el juvenil no es tan pecaminoso como en el adulto presentar tramas conocidas, ya que el lector joven no las suele tener tan vistas (pongo la excepción, claro, de lectores jóvenes con un bagaje lector impresionante, que haberlos haylos). Los adultos necesitamos un Héctor, porque a los típicos chicos envalentonados los hemos visto ya demasiadas veces, y porque nos hemos dado cuenta de que no somos tan heroicos como nos gustaría pensar.

No siempre hacen falta personajes redondos

En ese sentido, creo que la caracterización de un personaje depende mucho del género y del público. Una novela detectivesca pulp no necesita la misma profundidad de caracterización que una novela negra al estilo escandinavo. El objetivo es muy distinto: se busca una experiencia lectora diferente. Del mismo modo, en la chick-lit más ligera suele haber menor estudio psicológico que en la grip-lit (pensemos en Perdida o La chica del tren). Un personaje plano no es siempre algo malo: lo podemos necesitar para algún secundario o incluso para un protagonista donde procuramos reproducir un estereotipo de nuestro género.

personajes inolvidablesCiertas novelas por ejemplo, piden a gritos a un señor así. Nadie hablará, empero, de sus habilidades sobrehumanas para resolver integrales avanzadas, ni de los premios obtenidos por su criadero de gansos turcos.

No obstante, ahí os van diez trucos que me parecen excelentes para darle un poco más de color a vuestros personajes y hacer que sean no solo más creíbles y redondos, sino más memorables para el lector. No son los típicos trucos de contenido, más generales, que encontraréis en los blogs y cursos de narrativa al uso (y que doy por sentado que conocéis, de tanto verlos por todas partes). Son pinceladas formales, sutiles, que afectan a los lectores más de lo que creemos: