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Cómo saber si debes abandonar

noviembre 22, 2019 — by Gabriella18

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Explorar o explotar, esa es la cuestión.

No lo digo solo yo. Lo dicen los programadores y también la gente esa tan lista que analiza tendencias de mercado, economía y empresas.

Hay mucha terminología raruna y matemáticas extrañas asociadas al debate de la exploración/explotación, pero es también aplicable a nuestra vida diaria. Por ejemplo: se aplica a nuestros gustos musicales.

Una de las decisiones más complejas a la hora de definir qué música nos gusta es elegir si seguimos explorando o si pasamos ya a la explotación.

 Y esto, a la vez, depende bastante de nuestra fase vital:

  • ¿Cuántos años tienes? Si eres adolescente, es muy posible que estés ahora mismo escuchando muchas cosas distintas. Estás probablemente en una fase de exploración: quieres escuchar lo más posible, porque ¿y si te estás perdiendo cosas realmente buenas?
  • Si estás en la veintena, es muy probable que sigas explorando, pero que ya haya un conjunto relativamente grande de grupos y cantantes a los que recurras con bastante asiduidad, porque te han demostrado de forma repetida que lo que producen a ti te satisface. Cada vez tienes un gusto más definido.
  • Si has pasado los treinta, es muy posible que explores cada vez menos. Explorar cansa, porque hay mucha basura ahí fuera, sobre todo si escuchas Spotify sin ser premium. Crees que nada puede superar a los noventa (olvidas convenientemente la porquería que también teníamos en los noventa) y además tú tienes ya una serie de artistas que no te suelen decepcionar. Hay discos de más de diez o quince años que escuchas una y otra vez.
  • Si pasas los sesenta, es posible que alguien te haya acusado de ser cerrado de mente, de nunca querer escuchar nada nuevo (¿Los Beatles OTRA vez, en serio?). Pero ¿para qué? Tú ya sabes bien lo que te gusta.
debes abandonar la escritura
Tengo millones de canciones al alcance de un simple dedo en mi teléfono móvil, pero escucho el torito enamorao de la luna del Fary en bucle, porque así debe ser.

Este tipo de actitud ante el descubrimiento y el placer es otro de esos puntos donde se crea fricción intergeneracional. Los más mayores no entienden por qué los más jóvenes no saben estarse quietos un minuto, y los más jóvenes no entienden la cerrazón y falta de flexibilidad de sus mayores. Hay símiles políticos también, por los que se teoriza que somos más progresistas cuando jóvenes, y más conservadores conforme nos hacemos mayores.

Pero este es un blog de escritura, no de política (y cuánto me alegro de que así sea), así que vayamos al meollo meollante de nuestra peripecia escritoril:

¿Cómo afecta esta dicotomía a nuestra escritura?

Este enfrentamiento de exploración y explotación se da en la escritura también. Cuando empezamos a escribir, queremos probarlo todo. Queremos hacer endecasílabos gore, citas líricas en Instagram con bebés de fondo, pentalogías épicas con soliloquios shakespearianos. Leemos un montón de cosas distintas y eso hace que queramos emular mil estilos distintos.

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6 formas de acabar con la procrastinación (que realmente funcionan)

julio 14, 2015 — by Gabriella57

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Oh, la procrastinación. “Vuelva usted mañana“. Enemiga de musas, premios, resultados. Triste nombre (bueno, triste no, como palabra me parece megabonica) para definir esa sensación de inevitable aplazamiento, ese bucle infinito de “ya lo haré luego”.

A menudo la procrastinación se convierte en una entidad casi superior, en un ataque directo a nuestro poder de decisión, al igual que esa vocecilla de “eh, tienes que terminarte esa bolsa de patatas fritas, no vas a dejarlas ahí, ¿verdad?”. Es una pérdida de control, una patada al lóbulo frontal del cerebro. Uno se rinde a su destino y su destino es no terminar nunca nada (ni dejarse sin vaciar una bolsa de patatas).

Lo gracioso es que esa especie de divinidad malévola ni siquiera existe. Claro que podemos dejar sin terminar la bolsa de patatas (¿y dejarlas ahí? ¡Qué desperdicio!). Claro que podemos hacer esa tarea ahora mismo (¡pero por qué, si mañana también puedo!).

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9 maneras de conseguir algo cuando no tienes fuerza de voluntad

enero 27, 2015 — by Gabriella25

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Disciplina. Voluntad. Motivación.

Esos tres santos griales de cualquier persona que busque conseguir algo, ser productiva, progresar. Los tres santos griales de los que trabajamos desde casa. Santísimos para los que nos dedicamos, además, a tareas creativas.

He llegado a la conclusión de que esas tres palabras son contraproducentes. Mentirosas, incluso. Nos han vendido desde niños que podemos hacer las cosas si queremos. Podemos evitar la tentación con fuerza de voluntad. Podemos progresar con disciplina y trabajo duro.

¿Pero qué ocurre cuando esa voluntad se te escapa entre los dedos? Sigues intentando una y otra vez hacer lo mismo, tener disciplina, y cuando fallas te sientes culpable. Te sientes inútil.

Hace un tiempo leí una entrevista a la escritora Julie Fast, que había sacado un libro llamado Get It Done When You’re Depressed (Cómo hacer las cosas cuando estás deprimido). Tal vez la depresión sea un ejemplo extremo, pero los que hayáis pasado por ahí sabéis lo imposible que parece todo. La escritura, en concreto, es una de las profesiones más asociadas a este problema. Pero yo diría que todo el mundo tiene momentos de bajona, momentos en los que cuesta salir de la cama por la mañana. ¿Cómo conseguimos alcanzar nuestras metas, sobrevivir al día, en esas circunstancias?

Julie admite que se pasa deprimida el 75% del tiempo. Y sin embargo es una escritora productiva. ¿Cómo es posible?

No puede ser una cuestión de tener fuerza de voluntad. Uno no tiene de eso cuando está deprimido.

Bebiendo de las experiencias de Julie, de las mías propias y de todo lo que he podido encontrar, yo diría que tiene poco que ver con la voluntad y la disciplina, y tiene todo que ver con el sistema, con la planificación.