main

alcoholautosuperaciónbeemindercomidadeportedesafío 92 díasdesafío veranodietaejercicioescribirescriturahábitosleerlifehackingperder pesoproductividadresumen de la semanasalud

Desafío de verano: Actualización de metas (día 24 de 92)

junio 24, 2014 — by Gabriella5

Y aquí estoy de nuevo, actualizando como os prometí con una entrega más del estado de mis metas, de las que ya os hablé en un post anterior. Sigo muy contenta con Beeminder como aplicación para esto, y estoy sacando motivación de donde no creí que tuviera. Sigamos adelante, pues. Estas son las metas:

1. Escribir 60000 palabras de mi novela: Ya casi he llegado a un tercio de la meta (20000 palabras), así que estoy muy satisfecha. Escribir me quita mucho más tiempo que antes, pero ahora en el verano a nivel laboral las cosas están más tranquilas, así que puedo permitírmelo. La novela en sí va por las 64000 palabras, voy a buen ritmo. Tengo la esperanza de terminar el primer borrador antes de que acabe el año (luego quedarán los meses de edición, revisión y corrección y relectura, pero esa es otra historia).

-Escritas: 19840 palabras

-Faltan: 40160 palabras

2. Realizar un mínimo de ejercicio a la semana: Esta semana he podido nadar bastante, y estoy llegando a un punto en que estoy notando los beneficios a nivel físico. Tengo más resistencia (mis rodillas y tobillos ya no se quejan tanto, toca madera), mejor postura y más fuerza en general. De energía voy regular, pero sospecho que es porque mi patrón de sueño se ha descentrado un poco. Lo que sí me siguen molestando son los calambres en los pies (suelen darme si supero la hora de natación, pero es un fastidio nadar con la sensación de que tarde o temprano va a ocurrir). Creo que puede estar relacionado con el cansancio y no dormir en condiciones, porque en cuanto a hidratación, minerales y etc. voy bien. Si alguien tiene consejos para evitarlos, lo agradecería.

-Ejercicio hecho: 670 minutos.

-Faltan por hacer: 1516 minutos.

3. Actualizar el blog tres veces a la semana: La semana pasada actualicé martes, jueves y domingo, y hoy actualizo de nuevo. El domingo no es un buen día para actualizar, pero reconozco que el sábado fue un día perezoso y no me quedó más remedio que ponerme a ello el domingo por la tarde. En cuanto al post del jueves, funcionó muy bien (las fuentes principales de visitas fueron Facebook y Menéame, así que gracias miles a todos los que compartisteis y a la persona que lo mandó a Menéame). Ya sé que lo de los listados está por todas partes y está muy visto, pero está comprobado que es un formato que funciona, así que es muy posible que abuse un poco más de él.

-Actualizaciones realizadas: 10.

-Por realizar: 26.

4. Actualizar a diario MyFitnessPlan: No ha ido mal la semana; mi entrada de calorías ha sido más bien alta, pero también he tenido un gasto importante con la natación. Al no beber alcohol me he permitido comer más porquería de lo normal, lo cual ha afectado a mis niveles de energía. Creo que me compensa más comer de forma más saludable y beber un poco. Está claro que en general todo esto me funciona; he cogido dos kilos y perdido casi tres cm de cintura en el últimos mes y medio, lo cual me parece una buena señal de que poco a poco estoy convirtiendo grasa en músculo:

-Actualizaciones realizadas: 23.

-Por actualizar: 62.


5. Leer más: No he leído mucho esta semana (aparte de zamparme el tomo de Hellblazer y avanzar un poco con The Wandering Earth, de Liu Cixin. Seguiré con eso por ahora, y me tiene que llegar Snow Crash (Neal Stephenson) de Bookdepository.com. Voy a ver si retomo El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, que lo empecé hace un año y lo abandoné.

-Minutos de lectura: 355 minutos.

-Minutos por leer: 495 minutos.

6. Participar en más concursos: Estoy pasando ahora a ordenador un cuento bastante largo que escribí a mano entre viaje y viaje. Creo que lo empecé hace ya más de un año, y fue creciendo en la libreta en hoteles, trenes y aviones. Hay algo mágico y encantador en el acto de escribir a mano, pero es una pesadez muy grande tener que pasarlo luego todo al PC. Y no, mi letra no es reconocible para ningún programa de OCR, sospecho.

-Relatos enviados: 1.

-Por enviar: 2.

7. Beber menos alcohol: Tras aguantar una semana sin beber nada (bueno, miento, ayer por la noche ya bebí, ¡pero es que era San Juan!), he recordado lo aburrido que es no beber cuando salgo y he decidido simplemente restringir el alcohol a salidas fuera de casa. Vamos a darle otra semana a eso.

Además, si no bebiera fuera de casa no podría hacer cosas tan decadentes como pintarme las uñas de los pies mientras bebo batidos de ron con fresas (no voy a deciros quién me los prepara porque entonces todos querríais y no quedaría batido para mí).

IMG-20140412-01097

¿Cómo lleváis vuestros proyectos? ¿Habéis conseguido avanzar o se ha adueñado la playa, el sol y la piscina de vuestra voluntad?

—————–

Podéis ver aquí todas las actualizaciones junto con el artículo inicial.

alimentación conscienteautosuperacióncomidaDesafío 30 díasdietaejercicioEjercicio sin excusasescribirescribir sin excusashábitosmindful eatingperder peso

Actualización de hábitos y nuevo desafío: mindful eating.

abril 29, 2013 — by Gabriella0

He estado dándole bastantes vueltas a qué desafío nuevo elegir, ahora que ya llevo dos meses con aquello del ejercicio, y cinco con lo de la escritura. He estado entre la meditación diaria (otra vez), algún hábito relacionado con mi economía personal y el tema que ya comenté en el post anterior sobre mindful eating o alimentación consciente. No descarto la meditación, pero como el mindful eating ya es, de por sí, una forma de meditación, pensé que estaría bien empezar por eso y meterme de lleno de nuevo en la meditación como tal más adelante. Respecto al tema económico, es muy difícil proponer hábitos útiles cuando no tienes muy claros tus objetivos (es fácil decir “tener un nivel de ingresos estables para poder irme a vivir con mi pareja”, pero los pasos para llegar ahí no son tan sencillos como los necesarios para correr una maratón o perder 10 kilos, por ejemplo, donde se trata de una ecuación más o menos lógica de entrenamiento o de reducción calórica, y menos con la crisis mayúscula que tenemos todos encima). Pero qué os voy a contar que no sepáis ya todos. Y que si necesitáis correcciones ortotipográficas, de estilo, artículos de cualquier tipo o informes de lectura, ya sabéis dónde estoy. Y aquí abandonamos el escabroso y siempre tabú tema del dinero.

Volvemos a lo de la alimentación consciente. Para aquellos que os perdisteis el artículo anterior: de forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más. Más información en dicho artículo, aquí. Sobra decir que es una forma interesante también de controlar las cantidades, de no comer más de lo necesario y, por tanto, de perder peso. Hay unas instrucciones muy buenas en ZenHabits al respecto, el artículo lo podéis leer aquí, pero para los que os lleváis regular con el inglés, aquí tenéis los consejos principales:

  1. Empieza con algo pequeño (hazlo con una comida al día para empezar). Yo ya llevo un tiempo haciendo esto, por lo que me considero lista para pasar a convertirlo en un hábito definitivo, pero aconsejaría, al igual que ellos, que pruebes primero con un mínimo para ver si te convence o no.
  2. No hagas nada más. Concéntrate solo en comer. Nada de multitarea.
  3. Come solamente en la mesa. Así le darás toda tu atención a lo que comer, en vez de picar sobre la marcha.
  4. Aprecia la apariencia, lo visual, la belleza de lo que comes.
  5. Concéntrate en cada bocado. Experimenta las sensaciones, lo que te gusta y disgusta del bocado.
  6. Mastícalo lo suficiente como para tragarlo con comodidad.
  7. Come con cubiertos y suéltalos entre bocado y bocado.
  8. Conversa y comparte. No es imposible incorporar esta forma de comer a tu vida social. Comparte con los demás lo que estás experimentando: sabores y texturas.
  9. Busca calidad, no cantidad: Disfruta de cantidades más pequeñas de la mejor comida que te puedas permitir.
  10. Tómate el tiempo de preparar tus propias comidas, ya que el proceso de cocinar puede ser tan relajante y divertido como comer.

Yo añadiría un par más:

  1. No te preocupes, por lo menos no al principio, por lo que estás comiendo. Esto lo puedes hacer con pizza o con dulces, si te apetece. De todas formas, cuando te concentras mucho en lo que comes sueles descubrir que enseguida los dulces te empalagan o que la comida grasienta puede asquearte. Eliminas así también el estrés de preocuparte por calorías y etc. y disfrutas mucho más de lo que hay en el plato. Verás cómo el cuerpo te acaba pidiendo cosas más sanas. Lo cual nos lleva a:
  2. Presta atención a tu cuerpo. ¿Realmente sigues teniendo hambre o ya estás saciado? No tengas miedo a dejar comida en el plato. Intenta analizar si comes porque realmente tienes apetito o porque estás nervioso/a, aburrido/a o triste.

Yo ya lo llevaba haciendo de manera más o menos esporádica, y los resultados me parecieron interesantes. Tiendo a comer por ansiedad, algo que hace que este tipo de ejercicio me resulte muy difícil, y que por tanto tenga que proponérmelo como reto para acordarme y obligarme a llevarlo a cabo. Así que voy a probar los próximos 30 días para ver qué tal me va. Si me convence, ampliaré a 60, y así. No voy a establecer un mínimo, que es más o menos lo que ya he estado haciendo, sino que necesito acostumbrarme a aplicarlo siempre, en cualquier lugar y ante cualquier comida o bebida (sí, bebida también; considero que puede ser útil para el control del alcohol consumido). El reto será alimentarme de esta manera durante 30 días. Tengo curiosidad por ver si me será útil en mis viajes, donde tiendo a comer fuera y dejarme llevar por los atracones con amigos. Ya os contaré. Por ahora llevo un día y, aunque ha sido difícil, creo que ha producido beneficios inesperados: tener que pararte a pensar en lo que estás haciendo relaja, hace que se desvanezca el estrés durante un rato y que realmente disfrutes de lo que estás comiendo.

Como no podía ser de este modo, y demostrada la efectividad de compartir los retos con los demás, para este también habrá un grupo de Facebook. Con todo, no será exclusivamente para el tema de la alimentación consciente, sino para la alimentación en general. Sentíos libres de uniros si queréis llevar a cabo un desafío de 30 días mínimo de cualquier tipo relacionado con la alimentación: el reto puede ser cualquiera que creáis que os beneficiará, grande o pequeño (pero recordad que es mejor que sea pequeño, por lo menos para empezar), desde eliminar el azúcar del café hasta contar calorías o dejar de comer tanto pan. Lo que queráis: el grupo está abierto para cualquiera que quiera participar. Recordad que la idea es que arraigue un hábito, y para esto lo mejor es la repetición y tener un mínimo diario que sea sencillo. Para más sobre cómo crear hábitos, podéis leer este post, con algunos apuntes que considero que son fundamentales para tener éxito. Y recordad, ¡solo una cosa a la vez! No recomiendo que empecéis con un desafío nuevo si todavía no habéis terminado (o si todavía no ha arraigado) otro. Esto parece de perogrullo, pero todo el mundo cree que no es aplicable a su caso. Recordad que al principio cogemos las cosas con muchas ganas, pero luego las ganas se pasan y nos encontramos con mil cosas, con un ritmo que no podemos ni queremos mantener.

En cuanto a los otros retos que tengo activos, recordad que siguen los grupos de Facebook en movimiento (y de lo más efectivos):

Hábito de la escritura: Con más de 75000 palabras ya escritas, puedo decir que estoy la mar de contenta (y espero pronto poder dar unas noticias fabulosas). Ya van 150 días. Podéis apuntaros aquí.

Hábito del ejercicio: Ya llevo más de 60 días haciendo algo de ejercicio todos los días. Lo que más me está llamando la atención es lo de correr, ya que llevo más o menos mes y medio con ello y está resultando ser una experiencia de lo más energizante. A ver si me ayuda a superar el horroroso verano de agotamiento que suelo tener aquí en la costa sureña. Podéis apuntaros aquí.

P. D.: ¿Queréis saber quién fue la peor escritora del mundo? No, no hablo de la Meyer ni de la James, id a ver mi artículo en Lecturalia y lo sabréis.

———————
Leyendo: And Then We Came to the End, de Joshua Ferris.
Escuchando: Ni me acuerdo, la lista de Spotify con un poco de todo.

Image courtesy of artur84 / FreeDigitalPhotos.net

alcoholautosuperacióncomidaDesafío 30 díasdietaejercicioescribir sin excusashábitosmeditacionordenperder pesopersonalproductividadpropósito

Por qué los propósitos de año nuevo no funcionan

enero 2, 2013 — by Gabriella3

Todos los años, lo mismo. Nos hacemos mil propósitos, los cumplimos durante un par de semanas y luego los abandonamos, hasta el año que viene. ¿Y esto por qué? ¿Por qué nos duran tan poco estas buenas intenciones, estos New Year resolutions famosos? Pues resulta que hay bastantes motivos, pero yo los resumiría en tres:

Porque no son realistas: Por alguna extraña razón tendemos a pensar que la llegada de un nuevo año lo cambiará todo; que seremos mejores: más fuertes, más disciplinados, más organizados. Caemos en la trampa del calendario, le otorgamos propiedades mágicas. Pero la realidad del asunto es que si intentaste dejar de fumar en septiembre de 2012 y no lo conseguiste, es muy probable que en enero del 2013 tampoco lo hagas, máxime si sigues el mismo método (que suele consistir en confiar en tu fuerza de voluntad, sin tener en cuenta que tu fuerza de voluntad puede fallar y que, en el momento en que falla, sueles rendirte).

Porque no son concretos: Somos ambiciosos, y abstractos. “Quiero comer sano”, por ejemplo. ¿En qué sentido? ¿Cómo va a cambiar tu dieta, qué alimentos vas a comprar, qué recetas vas a utilizar? ¿Cuál es tu plan diario? Si nos guiamos por un acercamiento genérico de “ya veré lo que hago”, hay muchas más posibilidades de fracaso: olvidaremos enseguida nuestra meta y con que surja el más mínimo inconveniente abandonaremos nuestros buenos propósitos.

Porque pensamos a corto plazo: Lo queremos todo YA. Si nuestro propósito es perder peso, o ponernos en forma, por ejemplo, nos imaginamos al cabo de dos semanas con el cuerpo de nuestros sueños. Cuando la realidad del asunto aparece (que conseguir ese objetivo lleva muchísimo tiempo y esfuerzo), nos desanimamos y nos rendimos.

¿Cómo solucionarlo? 

  • No te concentres en metas genéricas y abstractas, tipo “tengo que hacer más ejercicio”. Tienes que desarrollar un plan de acción que sea sencillo, y ante todo práctico. Piensa en qué acciones puedes llevar a cabo todos los días que te acerquen a tu meta. Y piensa en cómo llevarías a cabo esas acciones en tus peores días, esos en los que no te apetece nada. Piensa siempre en tu momento más bajo, más vago, más ocupado, etc. Las acciones que planifiques deberías poder realizarlas incluso en esos momentos, sin un gran esfuerzo. Así, tendrás garantizado el éxito. Un ejemplo muy claro de esto es el proyecto 1 push up (una flexión). Al autor de ese blog se le ocurrió que iba a hacer una flexión al día, todos los días, sin excusa. Una flexión no cuesta nada. Claro que a la hora de ponerse a hacerla por lo general hacía bastante más… muchísimo más. Pero el saber que tu mínimo es algo casi ridículo, facilísimo, hace que te animes a llevarlo a cabo incluso en los días en los que menos te apetece (la misma filosofía es la que me ha permitido escribir todos los días, sin excusa, durante los últimos 33 días**). No pienses en lo que puedes hacer en tu momento óptimo, piensa en lo que puedes hacer en tu peor momento, en la peor de las situaciones.
  • Si ya has probado mil veces a conseguir lo mismo (ya sea dejar de fumar, de beber, adelgazar, hacer ejercicio…), va siendo hora de intentar enfocarlo de otro modo y cambiar de método. Es hora de identificar los patrones. Todos los años, desde que tenía unos 20, mi propósito para año nuevo era perder peso. No soportaba la idea de que al finalizar el año siguiente me viera con más peso que el anterior. Y todos los años, ocurría. Conseguía perder algo de peso durante el año, gracias a alguna dieta ridícula, y al final del año (sobre todo gracias a las fiestas navideñas), no solo lo había recuperado, sino que había aumentado. La única excepción a este patrón fue el par de años que perdí muchísimo peso por temas de salud. Esa no es una buena razón para perder peso, y lo pasé tan mal en aquel tiempo que ni siquiera tuve tiempo de alegrarme por el peso perdido. No tardé nada en recuperarlo en cuanto empecé a encontrarme mejor. Lo extraordinario es que, aunque me considero una persona inteligente, reincidía. Una vez tras otra, probaba cosas que sabía que no iban a funcionar. ¿Por qué esta vez iba a tener más fuerza de voluntad que otras? Por mucho que me deprimiera engordar cada año, era incapaz de salir de ese ciclo de eterno retorno.

¿Qué fue lo que cambió?

Un día decidí que iba a dejar de caer en la trampa de las metas a corto plazo. Si algo te importa lo suficiente, tienes que pensar en ello no solo con vistas a dos semanas, sino a cinco años. Tienes que aceptar que los resultados no serán rápidos. Así, empecé poco a poco a cambiar los hábitos, a modificar esas cosas que hacían que cogiera peso. Paso a paso, nada de hacerlo todo de golpe. ¿Lo primero? Disminuí de forma radical mi ingesta de alcohol (desarrollé hábitos y reglas para cuándo beber y cuándo no, y me funciona a las mil maravillas). Luego llegó la reducción del tamaño de mis porciones (de cualquier forma, descubrí que al dejar de beber mi relación con la comida también cambió bastante), y me concentré en diferentes formas de reducir la ansiedad que me impulsaba a comer de manera compulsiva. A eso le fui añadiendo el ejercicio, primero de forma mínima y luego ya más en serio. Y últimamente estoy descubriendo algo muy útil, llamado mindful eating* (alimentación consciente), de lo que hablaré más adelante con más tranquilidad.

Estas Navidades, peso unos 13 kilos menos que las Navidades pasadas. A pesar de las celebraciones, he seguido aplicando mis reglas y hábitos (con excepciones planificadas y contadas: Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo. Y aun en esos días todo ha sido bastante tranquilo, ya que ya no siento la necesidad de ponerme hasta arriba de comida y bebida). ¿El truco? Dejé de obsesionarme por cuánto quería perder y me concentré en la manera de perderlo. Antes, habría querido perder esos 13 kilos en apenas unos meses; ahora, no tengo prisa. Lo importante es disfrutar de la comida, darme pequeños caprichos de forma organizada y mantener los hábitos saludables. Ya no me aterra recuperar ese peso; sé que mientras siga con ciertas costumbres positivas, no tiene que pasar lo de antes: perdía y recuperaba, con más kilos que cuando empezaba. Lo que nos lleva a uno de los puntos más importantes:

  • No tengas prisa: Ya llegará. No pienses en lo que quieres para mañana, sino para el 2020. Trabaja, a diario, para conseguirlo. Ponte metas pequeñitas, que alcances con facilidad (perder un kilo en un mes no es complicado, y cuando lo consigas te sentirás orgulloso de ti mismo. Esa sensación de satisfacción hará que el mes siguiente sea más fácil. Y kilo a kilo se pierden muchos kilos, como puedo atestiguar).

¿Qué otras cosas creéis que nos influyen para no cumplir nuestros propósitos de año nuevo? ¿Qué creéis que debemos hacer para que nos duren? Si queréis una lista de propósitos de año nuevo un poco diferentes, sugiero estos buenos propósitos informáticos de Softonic. No obstante, considero que algunos, como el número 4, son irrealizables. O también podéis crear propósitos literarios, como sugiero en este artículo que escribí para Lecturalia.

——————————-
*Si tenéis enlaces a artículos en condiciones (más o menos serios, nada de palabrería New Age) sobre este tema que estén en español, pasádmelos y los incluiré también.
**Actualizado a 27/03/14: Básicamente he perdido la cuenta de cuántos días llevo escribiendo. Pero no he parado ni un día desde que empecé, allá por diciembre del 2012).

Imagen tomada de Cuánta razón. Si sabéis de quién es originalmente vendría bien saberlo para enlazarle.

alcoholartesaníaautosuperacióncomidadeportedietaejerciciogimnasiohábitoshandmadehecho a manomiss cristalperder pesopilatesproductividadpropósito

Acerca de las metas (3) y otras actualizaciones

octubre 23, 2012 — by Gabriella2

Y aquí estoy de nuevo para ponerme al día con todo lo que ha estado sucediendo durante las últimas semanas, que no ha sido poco. En primer lugar, me toca hacer una actualización respecto al estado actual de mis metas y desafíos.

Alcohol: No sé si merece la pena seguir hablando de esto, ya que puede hacerse repetitivo. Apenas bebo. Bebo cuando salgo, nunca en casa (una regla que me funciona bastante bien). Mis resacas además son crueles, así que tengo que tener mucho cuidado con no pasarme. Se acabaron las borracheras legendarias para mí. No digo que no tenga tentaciones de vez en cuando, pero por ahora he conseguido evitar las que no eran convenientes, y eso me enorgullece. Cuando comparo mi productividad de antes con la de ahora, la diferencia es bastante notable. Por no hablar de los efectos en mi dieta: perder peso sin haber dejado de beber habría sido imposible. Lo cual nos lleva al…

Peso: Mi peso lleva más de un mes un tanto extraño. En el último par de meses he perdido volumen de manera notable (sobre todo barriga), pero mi peso se ha mantenido más o menos estable, a pesar de estar comiendo de manera bastante sana (del modo que hasta ahora me ha hecho perder peso). Tal vez sea un poco atrevido decir que he creado una cantidad importante de músculo en tan solo un mes de gimnasio, pero creo que esta es la explicación más coherente, y desde luego veo cambios significativos en mi aspecto (¡hasta hay una sombra de abdominales!). Por las mismas razones, no me fío mucho de mi BMI (índice de masa corporal), ya que al calcularlo en un programa simple de peso/altura no se tiene en cuenta la proporción grasa-músculo, pero puede decir que estoy en 25.9, no muy lejos de bajar de la categoría de sobrepeso (25).

Por lo general mi dieta es bastante variada, y procuro invertir las calorías en cosas saludables como fruta o harina integral, abundante pescado y verduras. Tengo mis pequeños caprichos (el camembert light de Lidl con tostada se está convirtiendo en un desayuno habitual) y rutinas diarias (no suele faltar el zumo o smoothie por la mañana hecho en batidora con montones de frutas diferentes). Uno podría pensar que debería encontrarme con una salud maravillosa, pero la realidad no es exactamente así. Tengo una migraña que parece que se ha quedado a vivir en mi cabeza, que nunca se va, solo se difumina un poco para coger impulso y volver de forma vengativa. En cuanto a niveles de energía, siguen sin ser óptimos, pero han mejorado bastante gracias al ejercicio físico, lo que nos lleva al siguiente punto.

Ejercicio: Como ya he comentado en posts anteriores, me he apuntado a un gimnasio. Alterno algo de cardio diario con clases de pilates dos o tres veces a la semana. La diferencia ha sido grande, sobre todo a niveles de liberación de estrés, tonificación y aumento de energía en general (por no hablar de flexibilidad y resistencia en… erm, en quehaceres diarios). Estoy bastante contenta con esta decisión, a pesar de que de vez en cuando el pilates me deje completamente inútil al día siguiente (tengo pesadillas, como muchos sabréis, con pelotas suizas).

Miss Cristal: Mi eterno quebradero de cabeza. Tenía el firme propósito de dedicarle bastante tiempo este mes, y así ha sido, aunque no tanto como habría querido (había otros proyectos prioritarios porque… bueno, porque son pagados). El resultado ha sido muy decepcionante. Sospecho que las más recientes modificaciones de Facebook, que es donde realizo la mayor parte de mis ventas, tienen bastante que ver. Observo que mis publicaciones parecen llegar solo a un número pequeño de personas, aquellas que ya seguían con bastante atención la página. Facebook, claro está, te ofrece “promocionar” tus publicaciones. Pagando. Tampoco ayuda que la gente no tenga dinero para comprar cosas, como es obvio, pero lo del movimiento de “me gusta” y similares es bastante más limitado que antes; como digo, parece estar restringido a aquellas personas que ya eran seguidores habituales, y necesito abrir mi círculo de compradores potenciales.

Me he debatido, como llevo haciendo ya meses, entre aumentar el tiempo dedicado a Miss Cristal, reducirlo y dedicarlo a cosas más rentables, abandonarlo por un tiempo (no puedo decir de manera definitiva, la realidad es que me gusta demasiado) o intentar llegar a canales de difusión más productivos. Si alguien tiene ideas en este sentido, alguna sugerencia para ampliar mi público o realizar promoción útil, me encantaría escucharlas.

En cuanto al desafío de 30 días más reciente, podéis leer más en el post anterior, sobre el tema de la meditación.

——————-
Imagen de http://www.freedigitalphotos.net

 

autosuperacióncomidadietafilosofandopersonalverbofagia

No puedo vs. no quiero

septiembre 4, 2012 — by Gabriella0

Una de las cosas más importantes que he aprendido realmente en este último par de años es que existe una diferencia muy grande entre el “no puedo” y el “no quiero”. A primera vista la diferencia está muy clara, pero solo hace poco tiempo que he aprendido a realmente asumir la distancia tan grande que hay entre una cosa y otra.

“No puedo” solía ser mi excusa favorita. No puedo perder peso, mi metabolismo es lento y mierdoso (que lo es, pero ya veis que eso no ha sido impedimento suficiente). Con frecuencia tendía a asociar los obstáculos grandes con la imposibilidad. Esto implica demasiado esfuerzo, ergo no es posible. Mi metabolismo es lento y mierdoso, ergo no puedo perder peso.

Como dicen los ingleses, caca de vaca. Tengo más difícil que otras personas perder peso, sí. Con las calorías que ingiero un alto porcentaje de la población habría perdido el doble de peso que yo. Hasta me han hecho pruebas por si tenía problemas de tiroides (¡pero no!). Mi metabolismo está tan hartico de tanta dieta milagrosa y cambios repentinos de alimentación que ya no se fía, y cada caloría que entra la hace durar, la guarda con recelo por si vienen nuevos tiempos de carestía. Cada atracón es grasa que hay que acumular para cuando llegue la dieta estricta de nuevo. Mi cuerpo no piensa en estar esbelto, piensa en no morirse de hambre, y guarda todo lo que puede. No digo que esta sea una explicación científica fiable al 100%, pero es una teoría que utilizan algunos dietistas para explicar las dificultades que tienen algunos para adelgazar cuando llevan muchos años cambiando de peso y de alimentación de manera continua. No sé si será cierta pero me parece muy divertida.

En cualquier caso, no es que no pudiera perder peso. Es que no me daba la gana. No quería sacrificarme, cambiar mis hábitos, tener que pararme a pensar en otras maneras de aliviar el estrés y la ansiedad que no fuera comiendo a mansalva. Porque esa es otra, si aparte de modificar nuestros hábitos de alimentación tenemos que pararnos a pensar en toda la carga emocional que hay detrás de lo que comemos, mejor apaga y vámonos, que tenemos para escribir varios libros.

Con el alcohol, más de lo mismo. No puedo dejar de beber. Claro que puedes, lo que pasa es que no quieres. En el fondo lo disfrutas demasiado, te niegas a dejarlo ir. Darme cuenta de eso fue bastante duro, os lo aseguro. Es más fácil pensar que tienes un problema, una condición, a que eres una inútil sin fuerza de voluntad.

Aplíquese a cualquier faceta de tu vida. No puedo decirle esto a esa persona, aunque es necesario (claro que puedes, lo que pasa es que estás acojonada y eres una cobarde). No puedo decirle que no a este proyecto aunque lo odie y me esté asfixiando (claro que puedes, lo que pasa es que consideras que necesitas el dinero y no quieres). No puedo dejar Facebook y Twitter de lado para aprovechar mi día (esta es complicada, lo sé, pero es posible si tiras de programas que bloquean determinadas webs en los horarios que les marques, como hace Chrome Nanny). No puedo deshacerme de todas estas cosas que no me hacen falta porque… ¿y si me hacen falta? Con frecuencia la distancia entre la potencia y la acción es tan inmensa que parece inabarcable. Pero ya hay bastantes límites, bastantes cortapisas a nuestro alrededor para todo para que encima pongamos también los nuestros. A veces es como si quisiéramos que el poco control que tenemos sobre nuestra vida fuera entregado a fuerzas etéreas y poderosas, para que sean ellas las que se responsabilicen de nuestras acciones. No puedo ir al cine hoy porque Pinkie Pie me lo impide. ¿A que suena ridículo? Hmm.

Hay que ser realista, claro. No puedo tirarme de un decimoctavo piso y sobrevivir. Eso ya no es cuestión de querer, es que hay leyes físicas y tal. Pero conforme le vas cogiendo el truco es sorprendente la cantidad de veces en que te das cuenta que puedes sustituir ese “no puedo” por “no quiero”. Y oye, decir de vez en cuando “no es que no pueda, es que no me apetece nada” tampoco tiene nada de malo, siempre que no sea algo habitual (y no hablemos ya del “no es que no pueda, es que no me interesa”, que obtiene puntos dobles por sinceridad y por clutterfuck emocional; ni del “no debo”, que ya es otro tema completamente distinto). Por lo menos estás reconociendo que la limitación es tuya. Y si los obstáculos grandes pueden cambiarse por otros pequeños, es recomendable hacerlo. Ante todo, conciencia y responsabilidad. Menos excusas. Hazlo ahora. Hazlo ya. Porque puedes.

——————–
Imagen por cortesía de wakefielddavid en Flickr mediante licencia Creative Commons.

alcoholcomidaDesafío 30 díasdietaejercicioperder peso

Acerca de las metas. Actualización.

junio 11, 2012 — by Gabriella0

Hoy ha sido un día muy largo, de esos en los que haces mil cosas y acabas con la sensación de que apenas has conseguido avanzar nada. Esto ocurre, sobre todo, cuando tratas con la burocracia. Durante la última semana he estado inmersa en una confusión constante de Hacienda, Seguridad Social y otras barbaridades, mientras me dedicaba a corregir textos ajenos e intentar mantener al día algunos asuntos básicos, si bien algunos proyectos, como siempre, tienen que quedarse de lado. En este caso, la gran sufridora ha sido Miss Cristal, que se ha quedado sin boletín este mes, sin cosas que vender y con varios encargos paralizados, además de que he perdido la oportunidad de participar en un mercadillo al que hacía tiempo que le tenía echado el ojo. El mundo se ha puesto de acuerdo para lanzárseme de golpe este mes, y a mí me encanta.

Sólo quería dejar constancia de algunas actualizaciones personales mientras tengo oportunidad:

a) El tema del peso. A pesar de que los 10 días pasados en un apart-hotel fabuloso en la costa malagueña, con sus correspondientes salidas para hincharme de camarones, curry y tortilla de patatas (no necesariamente todo junto) incidieron, traviesos, en mi dieta, una conveniente (si es que hay tal cosa) gastroenteritis un par de semanas más tarde terminó de cargarse el pequeño aumento, que de todas formas desaparecía con rapidez conforme volvía a mi vida normal. Así que volvemos a las buenas andadas, y ya ando cerca de los 10 kilos de pérdida desde que empecé a cambiar mis hábitos de dieta y ejercicio allá por diciembre de 2011. En este momento peso unos gloriosos 73 kilos que me tienen más que contenta. Para celebrarlo, aprovechando unas rebajas locales muy generosas, me compré un par de vestidos nuevos, uno de ellos muy rojo y muy apretado. Es de esos que no puedes ponerte sin meter barriga, pero el simple hecho de tener los santos ovarios de comprármelo ya me parece muy significativo. Lo mejor es la tranquilidad de saber que ya tengo ciertas costumbres a la hora de comer, que de hecho me he habituado a porciones mucho más pequeñas (y mucho más sanas), por lo que la ocasional escapada con algún que otro pecadillo no me preocupa en absoluto. Mi peso ideal, según mi experiencia, está cerca de los 65 kgs, pero no tengo excesiva prisa. Si tengo que esperar ocho meses más para alcanzarlo, los espero, lo importante es sentir que puedo mantener esta forma de alimentarme para siempre. Cada vez tengo más claro que las dietas de pérdida rápida son menos eficientes y suelen significar después un peligroso efecto rebote, como me ha ocurrido en bastante ocasiones.

Los puntos que más me han ayudado han sido los siguientes:

-No tener en casa NADA que me aporte calorías vacías, ni el más mínimo capricho.

-Evitar las situaciones donde sé que voy a comer más de la cuenta (ir de tapas con amigos, ir a casa de familiares que suelan pasarme comida por las narices, etc.), excepto en determinados días con los que ya cuento (en mi caso, cuando estoy de viaje, no sé dónde voy a acabar comiendo y es mucho más difícil planear lo que consumo, por lo que me planifico y acepto esos días como casos perdidos).

-Evitar abrir la nevera o la despensa fuera de horarios de comida. Ni mirarla.

-Por supuesto, evitar el alcohol. Significa calorías extra (muchas) y menos fuerza de voluntad y disciplina.

-Un mínimo de ejercicio diario.

-Hacer una media real del peso (esto ya lo expliqué al hablar de la Dieta del Hacker), para no desanimarme con las subidas y bajadas de peso que no tienen sentido aparente.

-Antes de comer, respirar un poco. Gran parte de mis comilonas venían de la ansiedad, así que tranquilizarse un poco antes de comer viene bien. Y siempre me hago tres preguntas muy importantes: ¿Realmente necesito comer ahora? ¿Merecen la pena estas calorías extra? Y la más importante, ¿es bueno para mi cuerpo esto que voy a comer, o hay algo de comer por aquí que me sentaría mejor?

b) El tema del alcohol. No pensé que llegaría a decir esto nunca, pero… prueba superada. Desde hace un par de meses me tomo una copa de vino si ceno fuera, una situación que suele darse apenas un par de veces al mes. Tengo muy claro que sólo puede ser vino (empezar con la cerveza de nuevo sería mi perdición, por no hablar de los gintonics), que lo tomo por el disfrute del sabor (el efecto, de hecho, me disgusta), sólo con comida y sólo fuera de mi casa (ubicar las cosas, los hábitos, asignarles un entorno, ayuda lo indecible). Desde que hago esto ha desaparecido por completo mi obsesión por beber, mi sensación de desconsuelo por no poder hacerlo. De vez en cuando echo de menos el alcohol, sí, pero luego me imagino realmente lo que se siente, el sabor, el efecto de éste, y recuerdo que no es para tanto. Por ahora es un tema que no me preocupa en absoluto, ya que, al igual que con la pérdida de peso, sé que tengo que seguir ciertas directrices y no tengo problema. Puedo permitirme algo que echaba muchísimo de menos: disfrutar de un buen vino, simplemente por el hecho de disfrutarlo, no por el efecto del alcohol. Claro, he llegado a este punto después de unos cuantos meses de abstención (en los que tomarme una copa de vino habría significado volver a caer en los patrones de antes), que han sido muy duros.

Como considero que son los dos temas con los que llevaba lidiando más tiempo y que por fin consigo tener más o menos controlados, puedo hacer un balance más efectivo. No sé cuál será mi próximo gran reto, ya que tengo muchas pequeñas cosas en mis manos. Supongo que estará encuadrado en el marco laboral, pero  este es ahora mismo tan dispar que cuesta mucho analizarlo en su totalidad. Mientras, os seguiré llenando el blog de citas, imágenes, noticias chorras y otros asuntos. Gracias por seguir por aquí 😉

———————-
Fotografía de báscula de Asif Akbar.
Fotografía de copa de vino de Thoursie.

comida

Chili

agosto 28, 2011 — by Gabriella2

Mi abuelo, que era jefe de cocina de un hotel de lujo en Londres, siempre contaba la misma anécdota sobre el chili. Una vez se alojó en el hotel el embajador de México y mi abuelo se propuso hacerle un chili en condiciones (los ingleses lo hacen mucho, pero varía bastante del mejicano por las influencias hindúes y cosas así). Mi abuelo fue a la embajada y habló con varios profesionales hasta dar con la receta perfecta de chili para prepararle al ilustre invitado. Cuando el embajador lo probó, empezó a gritar exigiendo que le trajeran al cocinero que había hecho aquello (todo el mundo, obviamente, temblaba, esperándose lo peor). Con lágrimas en los ojos, el embajador le dijo a mi abuelo: “Es igualito al que hacía mi mamá”. 


(Ya compartí esta anécdota en G+, pero pensé que merecía la pena dedicarle un post. La foto es del bar El Jardín, donde solemos tomar pintas a 1,50 € y tapas a 1 €. Todo delicioso).

80 ideas para un logcomida

8. En lo que se refiere a comida, ¿cuál fue tu último antojo y qué se te antojó exactamente?

junio 14, 2011 — by Gabriella3

Una pregunta curiosa, y no estoy muy segura de cuál es la respuesta. Generalmente mis antojos se refieren más bien a tipos de bebidas alcohólicas (la palabra “champán” despierta en mí todo tipo de reacciones), pero de vez en cuando surge El Antojo. Y El Antojo sólo aparece una vez cada tres o cuatro meses, y está dedicado, exclusivamente, a la hamburguesa New York Crispy de McDonalds, preferiblemente con patatas Deluxe. No soy una gran consumidora de comida rápida, pero en el caso de McDonalds, asocio el hecho de comer allí a algo especial y familiar. De pequeña sólo comíamos en McDonalds en ocasiones muy escasas y específicas, así que siempre he pensado, a pesar de mi desdén por una comida que realmente no aporta nada a nivel nutritivo, que es un sitio donde de vez en cuando me gusta pararme a comer algo, aderezado por vete a saber qué mierdas que lo convierten en totalmente adictivo. Por supuesto, luego me arrepiento, tanto a nivel personal como físico. Pero el gustazo de asesinar ese antojo no me lo quita nadie. De vez en cuando surgen Variantes Del Antojo, que se traducen en hamburguesas de Burger King, pollo rebozado KFC y pizzas en general (por no hablar de lasañas precocinadas). Es la necesidad ocasional de consumir grandes cantidades de hidratos de carbono, azúcares variados y una muy saludable dosis de cocaína (sospecho, porque si no no me lo explico). Afortunadamente, como ya he dicho, es sólo ocasional, y rara vez cedo. Tal vez es precisamente por eso por lo que lo disfruto tanto.

El Antojo es lo que generalmente llamo Un Placer Culpable. Otros placeres culpables, por lo menos en mi caso, incluyen leer a Robin McKinley o a Marian Keyes (la única escritora de chick-lit que me hace sentir que el género tiene algún sentido), beber Hendricks con Fever Tree o realizar una legendaria tirada de trastos (y no me refiero a vaciar el garaje, sino a flirtear sin vergüenza ni consulo). Afortunadamente para mi salud física y mental, éstos son placeres que, al igual que la NYC de McDonalds, sólo me permito muy de vez en cuando.

EDITANDO: El otro día descubrí que la NYC ya no existe. Recquiescat in pace.

comida

Hotel Chocolat

febrero 19, 2008 — by Gabriella9

Mi querida madre me trajo de Londres esta semana una tableta de 100% cacao de Hotel Chocolat. Pensé que no podría haber mucha diferencia con el de 99% de Lindt, pero me equivoqué. Aunque el de Lindt está delicioso, lleva algunos aditivos y no es cacao puro como el de Hotel Chocolat, que es como para empezar a ver elefantes rosas haciendo volteretas frente a tus ojos.

Y para abriros el apetito, os recomiendo que visitéis su página web, donde se pueden ver algunas delicias como esta atractiva fondue de tres chocolates, o sus increíbles huevos de pascua:

 

Qué, ¿tenéis hambre?