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69 ideas para una productividad sobrehumana (traducción de un artículo de Niall Doherty)

noviembre 24, 2013 — by Gabriella22

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Me encantan los artículos bien escritos y razonados sobre productividad, aquellos que van más allá de “ten fuerza de voluntad y no te distraigas”. Y es posible que Niall Doherty, en su blog Disrupting the Rabblement, haya escrito EL artículo de productividad definitivo. Y sí, yo también soy consciente de la paradoja de dedicar tiempo que podría estar dedicando a cosas más importantes que leer (¡y traducir!) un artículo así, pero para ello hay unas instrucciones muy útiles que da Niall al principio del artículo. Ya le había traducido un artículo para su blog (Tus padres contra tus sueños), pero este en concreto me pareció de mayor interés para los lectores del mío. Así que, con su permiso, procedo a ofreceros mi traducción de su pieza. Ojo: es bastante larga, así que os recomiendo que lo vayáis leyendo como aconseja el propio Niall al principio. Lo que vais a ver a continuación es una lista bastante completa de trucos y maneras de alcanzar una productividad fabulosa. Yo ya utilizaba algunos y puedo decir por experiencia que funcionan, y muy bien.

Todo lo que hay a continuación en este artículo es de Niall. Hay un par de anotaciones mías que aparecen en burdeos. Podéis ver el artículo original aquí.

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Actualización de hábitos y nuevo desafío: mindful eating.

abril 29, 2013 — by Gabriella0

He estado dándole bastantes vueltas a qué desafío nuevo elegir, ahora que ya llevo dos meses con aquello del ejercicio, y cinco con lo de la escritura. He estado entre la meditación diaria (otra vez), algún hábito relacionado con mi economía personal y el tema que ya comenté en el post anterior sobre mindful eating o alimentación consciente. No descarto la meditación, pero como el mindful eating ya es, de por sí, una forma de meditación, pensé que estaría bien empezar por eso y meterme de lleno de nuevo en la meditación como tal más adelante. Respecto al tema económico, es muy difícil proponer hábitos útiles cuando no tienes muy claros tus objetivos (es fácil decir “tener un nivel de ingresos estables para poder irme a vivir con mi pareja”, pero los pasos para llegar ahí no son tan sencillos como los necesarios para correr una maratón o perder 10 kilos, por ejemplo, donde se trata de una ecuación más o menos lógica de entrenamiento o de reducción calórica, y menos con la crisis mayúscula que tenemos todos encima). Pero qué os voy a contar que no sepáis ya todos. Y que si necesitáis correcciones ortotipográficas, de estilo, artículos de cualquier tipo o informes de lectura, ya sabéis dónde estoy. Y aquí abandonamos el escabroso y siempre tabú tema del dinero.

Volvemos a lo de la alimentación consciente. Para aquellos que os perdisteis el artículo anterior: de forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más. Más información en dicho artículo, aquí. Sobra decir que es una forma interesante también de controlar las cantidades, de no comer más de lo necesario y, por tanto, de perder peso. Hay unas instrucciones muy buenas en ZenHabits al respecto, el artículo lo podéis leer aquí, pero para los que os lleváis regular con el inglés, aquí tenéis los consejos principales:

  1. Empieza con algo pequeño (hazlo con una comida al día para empezar). Yo ya llevo un tiempo haciendo esto, por lo que me considero lista para pasar a convertirlo en un hábito definitivo, pero aconsejaría, al igual que ellos, que pruebes primero con un mínimo para ver si te convence o no.
  2. No hagas nada más. Concéntrate solo en comer. Nada de multitarea.
  3. Come solamente en la mesa. Así le darás toda tu atención a lo que comer, en vez de picar sobre la marcha.
  4. Aprecia la apariencia, lo visual, la belleza de lo que comes.
  5. Concéntrate en cada bocado. Experimenta las sensaciones, lo que te gusta y disgusta del bocado.
  6. Mastícalo lo suficiente como para tragarlo con comodidad.
  7. Come con cubiertos y suéltalos entre bocado y bocado.
  8. Conversa y comparte. No es imposible incorporar esta forma de comer a tu vida social. Comparte con los demás lo que estás experimentando: sabores y texturas.
  9. Busca calidad, no cantidad: Disfruta de cantidades más pequeñas de la mejor comida que te puedas permitir.
  10. Tómate el tiempo de preparar tus propias comidas, ya que el proceso de cocinar puede ser tan relajante y divertido como comer.

Yo añadiría un par más:

  1. No te preocupes, por lo menos no al principio, por lo que estás comiendo. Esto lo puedes hacer con pizza o con dulces, si te apetece. De todas formas, cuando te concentras mucho en lo que comes sueles descubrir que enseguida los dulces te empalagan o que la comida grasienta puede asquearte. Eliminas así también el estrés de preocuparte por calorías y etc. y disfrutas mucho más de lo que hay en el plato. Verás cómo el cuerpo te acaba pidiendo cosas más sanas. Lo cual nos lleva a:
  2. Presta atención a tu cuerpo. ¿Realmente sigues teniendo hambre o ya estás saciado? No tengas miedo a dejar comida en el plato. Intenta analizar si comes porque realmente tienes apetito o porque estás nervioso/a, aburrido/a o triste.

Yo ya lo llevaba haciendo de manera más o menos esporádica, y los resultados me parecieron interesantes. Tiendo a comer por ansiedad, algo que hace que este tipo de ejercicio me resulte muy difícil, y que por tanto tenga que proponérmelo como reto para acordarme y obligarme a llevarlo a cabo. Así que voy a probar los próximos 30 días para ver qué tal me va. Si me convence, ampliaré a 60, y así. No voy a establecer un mínimo, que es más o menos lo que ya he estado haciendo, sino que necesito acostumbrarme a aplicarlo siempre, en cualquier lugar y ante cualquier comida o bebida (sí, bebida también; considero que puede ser útil para el control del alcohol consumido). El reto será alimentarme de esta manera durante 30 días. Tengo curiosidad por ver si me será útil en mis viajes, donde tiendo a comer fuera y dejarme llevar por los atracones con amigos. Ya os contaré. Por ahora llevo un día y, aunque ha sido difícil, creo que ha producido beneficios inesperados: tener que pararte a pensar en lo que estás haciendo relaja, hace que se desvanezca el estrés durante un rato y que realmente disfrutes de lo que estás comiendo.

Como no podía ser de este modo, y demostrada la efectividad de compartir los retos con los demás, para este también habrá un grupo de Facebook. Con todo, no será exclusivamente para el tema de la alimentación consciente, sino para la alimentación en general. Sentíos libres de uniros si queréis llevar a cabo un desafío de 30 días mínimo de cualquier tipo relacionado con la alimentación: el reto puede ser cualquiera que creáis que os beneficiará, grande o pequeño (pero recordad que es mejor que sea pequeño, por lo menos para empezar), desde eliminar el azúcar del café hasta contar calorías o dejar de comer tanto pan. Lo que queráis: el grupo está abierto para cualquiera que quiera participar. Recordad que la idea es que arraigue un hábito, y para esto lo mejor es la repetición y tener un mínimo diario que sea sencillo. Para más sobre cómo crear hábitos, podéis leer este post, con algunos apuntes que considero que son fundamentales para tener éxito. Y recordad, ¡solo una cosa a la vez! No recomiendo que empecéis con un desafío nuevo si todavía no habéis terminado (o si todavía no ha arraigado) otro. Esto parece de perogrullo, pero todo el mundo cree que no es aplicable a su caso. Recordad que al principio cogemos las cosas con muchas ganas, pero luego las ganas se pasan y nos encontramos con mil cosas, con un ritmo que no podemos ni queremos mantener.

En cuanto a los otros retos que tengo activos, recordad que siguen los grupos de Facebook en movimiento (y de lo más efectivos):

Hábito de la escritura: Con más de 75000 palabras ya escritas, puedo decir que estoy la mar de contenta (y espero pronto poder dar unas noticias fabulosas). Ya van 150 días. Podéis apuntaros aquí.

Hábito del ejercicio: Ya llevo más de 60 días haciendo algo de ejercicio todos los días. Lo que más me está llamando la atención es lo de correr, ya que llevo más o menos mes y medio con ello y está resultando ser una experiencia de lo más energizante. A ver si me ayuda a superar el horroroso verano de agotamiento que suelo tener aquí en la costa sureña. Podéis apuntaros aquí.

P. D.: ¿Queréis saber quién fue la peor escritora del mundo? No, no hablo de la Meyer ni de la James, id a ver mi artículo en Lecturalia y lo sabréis.

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Leyendo: And Then We Came to the End, de Joshua Ferris.
Escuchando: Ni me acuerdo, la lista de Spotify con un poco de todo.

Image courtesy of artur84 / FreeDigitalPhotos.net

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Sobre el estado de mis hábitos y la alimentación consciente

abril 1, 2013 — by Gabriella0

Ya hace más de un mes que actualicé el blog con mi último desafío, y la verdad es que la vida en general se ha metido un poco por medio. Con esto quiero decir que cada vez se me está dando mejor (creo) esto de priorizar, y actualizar el blog, aunque divertido y necesario para mí, ya no es algo fundamental, sobre todo desde que Adsense decidió que eso del poliamor es una guarrada y me quitó sus anuncios. No es que consiguiera mucho con el blog, pero tenía su gracia (creo que llevaba unos 7 euros en el último año, pero los números crecían y a mí me hacía ilusión, qué le vamos a hacer).

Cuando hablo de “vida en general” incluyo también esos desafíos, esos hábitos que me había propuesto, como prioridad casi absoluta, integrar en mi día y día. Y estoy muy contenta con los resultados obtenidos. Ahí va una pequeña puesta al día. Os recuerdo que llevo dos desafíos, el de escritura y el de ejercicio diario.

Desafío de escritura: A día 1 de abril de 2013 llevo 122 días sin dejar de escribir un mínimo de 200 palabras a diario. Puede que esto no sea muy impresionante para algunos, pero me ha enseñado algunas cosas muy importantes:

  • Primero, que las palabras se acumulan. Mi trabajo se reparte entre dos proyectos: una novela propia y una novela que escribo con otra persona. Para el segundo libro hay MUY buenas noticias que espero poder compartir pronto. En ambos casos las obras están muy avanzadas, bien pasados los ecuadores respectivos. Ambas experiencias, la de escribir sola y la de escribir a medias, han tenido un valor incalculable. Y el progreso ha sido espectacular. No sé si escribiré medio bien, pero escribo diez veces mejor que hace cuatro meses, cuando empecé el desafío. No hay nada como hacer algo a diario para realmente aprender a hacerlo (del mismo modo, dedicarme a la corrección de estilo para otras personas también me ha enseñado muchísimas cosas que aplico a mis propias obras). Sé que tendré que escribir mucho más, varias novelas más, incluso, para poder alcanzar una calidad que me parezca aceptable. Pero si no empiezo por algún lado, no llegaré nunca. Todos estos años me he negado a avanzar porque consideraba que nunca llegaría a ser buena, que nunca estaría a la altura. Pero ver un progreso tan grande en tan poco tiempo es la mejor motivación que se puede tener.
  • Segundo, que los grupos de apoyo funcionan de forma espectacular. El grupo de Facebook ha sido una fuente constante de ánimo y de obligación. Yo soy, además, la fundadora, si fallo yo un día, ¿qué ejemplo estoy dando a los demás? No me tomarían en serio y se irían del grupo (o no, pero eso es lo que me digo para obligarme). En este sentido no he tenido más remedio que cumplir siempre. Incluso en esos días que pienso que todo lo que escribo es una mierda y habría que quemarlo, en esos días en los que preferiría arrancarme los pelos de las axilas uno por uno antes de sentarme delante del ordenador e intentar superar el bloqueo, el atasco y la desgana. Hasta en esos días en los que tenía fiebre y ganas de meterme bajo el edredón y desaparecer. Escribo.
Desafío de ejercicio: Con este llevo menos, empecé hace mes y medio más o menos. Por mi experiencia en el desafío de escritura, tardaré unos 90 días en tener el hábito realmente metido en el cerebro y en el cuerpo. Tiene la dificultad añadida de que el hábito varía más que el de escribir, con el que me siento delante del pc y hago más o menos lo mismo todos los días. Con la actividad física es mejor variar, para darle a los músculos oportunidad de descansar y repararse, por lo que voy cambiando de una cosa a otra. Hace casi un mes empecé a correr, y ha sido una experiencia sorprendente, ya que correr ha sido siempre el ejercicio que más odio, ahí ahí con las sentadillas y el voleibol. Claro que yo asociaba el correr con los 40 minutos seguidos que nos hacía soportar mi profesora de Educación Física en el colegio como examen. Ahora he empezado de forma muy lentita y progresiva, siguiendo el plan Couch to 5K, diseñado para gente que no termina de amar mucho el cardio, gente que, como yo, no se puede creer que con 15 años era capaz de correr 40 minutos seguidos cuando ahora se le sale el corazón por la boca al correr 60 segundos. Con todo, ahora puedo correr 3 minutos sin morirme, lo cual, aunque muy patético para cualquier persona medianamente en forma, para mí es un avance notable. Y es que en Educación Física nunca llegué a experimentar el subidón que da el ejercicio cuando lo haces porque te apetece, sin sufrir, subiendo de nivel poco a poco. Además he descubierto que correr me proporciona una energía tremenda para el resto del día, algo que, combinado con un régimen de sueño muy estricto, está mejorando mi calidad de vida de forma muy significativa. Vamos, que hasta he rechazado algún planazo de sábado noche porque el domingo quería salir a correr temprano. ¿De locos? Puede ser. Hago algo de ejercicio, aunque sea mínimo, todos los días. Corro tres o cuatro veces a la semana y el resto de los días hago abdominales y alguna cosilla suelta. Tengo ganas, además, de volver al pilates, pero eso un poco más adelante. Para esto ha sido también fundamental el grupo correspondiente de Facebook, en el que he observado además algunas cosas interesantes:
  • Al principio, como en el de escritura, se apuntó mucha gente, pero poco a poco algunos fueron desapareciendo. Es fácil poner un mínimo que a ti te parece sencillo, pero pronto descubres que no es igual para todo el mundo. Las 200 palabras que marqué como mínimo para el desafío de escritura son, de hecho, muchas palabras para algunas personas. Así que quiero dejar muy claro que el mínimo tiene que adaptarse a la costumbre y práctica de cada uno. Si uno no escribe nunca, o escribe muy poco y de forma esporádica, tal vez 50 palabras sean más adecuadas, por lo menos para empezar. Del mismo modo, en el de ejercicio hubo varias personas que no entendían que el mínimo tenía que ser ridículamente sencillo (para poder hacerlo incluso en los peores días), y empezaron con metas que consideraban más acordes a su estado físico o a lo que querían conseguir. Por lo general estas personas no prosperaron, abandonaron el desafío o volvieron a empezar, ya con objetivos más reducidos. En este sentido pueden ser muy peligrosos los gimnasios, o hacer ejercicio con personas que están mucho más en forma que tú, ya que tienden a sobreestimar tu capacidad y colocarte ejercicios y metas que pronto te hartarán.
  • La sensación de progreso es muy poderosa. No solo está la satisfacción personal de llegar a los primeros 30 días (la mayoría se apuntan a seguir a 60, a 90, y así), sino la aceptación de que avanzamos según nuestras posibilidades, y de que eso es genial. Así, habrá quien se sienta muy feliz por conseguir andar 10 minutos todos los días, y quien se sentirá satisfecho si consigue realizar sus entrenamientos habituales de 60 minutos corriendo. Compararse no es buena idea, para nada. Yo sé que lo que hago es muy poquito, pero para mí implica esfuerzo y tenacidad. Y lo increíble es que, aunque no sea mucho, se nota, ya no solo a nivel de energía, satisfacción y endorfinas, como mencionaba antes, sino a nivel estético. He empezado a ponerme ropa que siempre había hecho que me sintiera incómoda. Ya sabéis, vestidos que te entran pero que te marcan mucho culo, michelines, etc. Por primera vez he empezado a estirarme orgullosa. No tengo un cuerpo de revista, ni perfecto, ni mucho menos, aunque siempre le he tenido bastante afecto. Pero está mil veces mejor de lo que estaba hace apenas un año, y todo eso lo he conseguido yo sola, con mi esfuerzo. Como os podréis imaginar, eso produce un orgullo inmenso y las ganas de ponerse minifalda y camisetas ajustadas aumentan de manera exponencial. Todo esto produce una sensación grande de poder, de posibilidad. Empiezas a creer que realmente puedes derrotar a tus demonios.
Por supuesto os invito a que os apuntéis a estos grupos si son metas que os interesan. Para mí, desde luego, han sido un apoyo fabuloso. Solo pensar que tendría que darle explicaciones a los demás si no cumplía ya era suficiente para espabilar durante los días más vagos o desganados.
Otra cosilla con la que he estado experimentando, y que os comenté en un post anterior, es el tema del mindful eating, o alimentación consciente. Siempre he comido de forma muy ansiosa, así que esto me cuesta horrores, pero está siendo un ejercicio de lo más esclarecedor. Comienzo a darme cuenta de lo perniciosa que era mi forma de comer. Procuro aplicarlo siempre que puedo, y os animo a que lo probéis.

  1. ¿Qué es la alimentación consciente? De forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más.
  2. ¿Cuáles son sus beneficios? Bueno, el más evidente es el control del apetito. Al prestar atención a lo que comemos, lo hacemos más lento y llegamos a darnos cuenta de cuándo hemos dejado realmente de tener hambre, de cuándo estamos satisfechos. Hay otros beneficios, ya que hay quien se lo toma como una especie de meditación, un “estar en el momento” absoluto. Evitamos comer demasiado, digestiones pesadas y además empezamos a ser más conscientes de qué y cómo estamos comiendo. En el fondo es la dieta definitiva: cuando prestas la suficiente atención a lo que comes, los alimentos grasos, azucarados y muy calóricos tienden a perder parte de su atractivo, además de que comerás mucho menos en general ya que te saciarás mucho antes. Gran parte de los problemas de peso van asociados a tragar sin pensar, por ansiedad, por no hablar de otras complicaciones como pueden ser las malas digestiones o los gases.
  3. ¿Conclusiones personales? En lo positivo, definitivamente estoy aprendiendo a controlar mi ansiedad comiendo, aunque es un camino largo y avanzo, como siempre, pasito a pasito. Como creo que ya mencioné en aquel otro post, parte de mi problema es que en algún momento empecé a comer muy rápido porque no me gustaba comer, me aburría. Ahora sí me gusta comer, me encanta, con lo cual la cosa se complica. Tengo la esperanza de llegar a poder aplicarlo a diario en todas las comidas, con lo que podría terminar de preocuparme de controlar tanto las cantidades y las calorías. A efectos prácticos, daría igual qué estuviera comiendo ya que podría controlar las ansias de devorarlo todo sin parar; algo que estoy consiguiendo ahora a veces. También se eliminan cosas que te impiden sentarte a comer tranquilamente y hacerlo de forma consciente, como es picar entre horas o zamparse algo de pie, o comer cualquier cosa mientras estás distraído hablando o viendo la tele. Es un proceso largo de aprendizaje, pero merece mucho la pena. En lo negativo, si es que puede considerarse así, al ser consciente de lo que comes, eres consciente de lo que comes, con lo que hay ciertos alimentos que antes podía comer sin pensarlo dos veces y que ahora me cuestan bastante más, como es el caso de la carne. Ahora mismo, por cuestiones personales, no puedo planteármelo, pero es muy probable que si sigo con este proceso termine por hacerme flexitariana, pescetariana o algo similar. Pero esa es otra historia, para otro día.
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Leyendo: The Marriage Plot, de Jeffrey Eugenides.
Escuchando: De todo un poco, pero he tenido el Rumours de Fleetwood Mac en bucle durante unos días.

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Nuevo desafío: Implementación del hábito del ejercicio

febrero 20, 2013 — by Gabriella2

Aunque había realizado (con mayor y menor éxito) otros desafíos de 30 días, no ha sido hasta que comencé el de Escribir sin excusas que me di cuenta del verdadero potencial de este método. Eso sí, tengo seguro que hay ciertas condiciones que ayudan al éxito, y son las siguientes:

La realización del hábito debe tener un mínimo que se realiza a diario, todos los días. Este mínimo debe ser muy fácil, tan fácil que parezca ridículo. Al principio estarás tentado de sumarle dificultad, pero necesitas ese mínimo para los días en los que no tienes ganas, estás enfermo, o surgen otros imprevistos. En el caso del hábito de escritura, son 200 palabras. Parecen muy pocas, ¿verdad? Pues hay días en los que cuestan horrores.

El hábito debe llevarse a cabo siempre a la misma hora, y si va encadenado con otros hábitos, mejor. Analiza los hábitos que ya tienes y enlaza el hábito nuevo a uno de estos. Te resultará más fácil y automático llevarlo a cabo. En el caso de la escritura, me pongo justo después de desayunar, y además se ha convertido en el detonante de un día de trabajo productivo (aunque por alguna circunstancia me levante tarde, si me hago el té de siempre y luego escribo, todos los demás bloques de trabajo vienen solos). Obviamente hay días en los que no podrás realizarlo a la hora de siempre, pero es fundamental mantenerlo dentro de lo posible en un horario establecido.

El hábito tarda unos 60 días en cuajar. 30 días son un buen comienzo (y es ideal para ver si el nuevo hábito te conviene), y la parte más difícil de la ecuación, pero para que la cosa se instale con firmeza en tu cabeza y tu rutina, lo mejor son 60. Y 90 ya son ideales. Yo estoy cerca de los 90 con el desafío de escritura (llevo 82 días seguidos escribiendo), y ni se me pasa ahora por la cabeza pasar un día sin escribir, no solo por la rabia que me daría romper la racha, sino porque la costumbre se me ha metido en el cuerpo del todo. No digo que no pueda pasar algo raro y termine por romperse esa racha, pero quitarme el hábito ya sería muchísimo más difícil.

Compartir el desafío con otros ayuda muchísimo. En el grupo de Facebook nos hemos ido dando ánimos y hemos publicado a diario nuestros resultados. Es genial compartir el entusiasmo, y el hecho de estar a plena vista de los demás nos presiona para no desfallecer. Si te quieres apuntar al desafío de escritura, solo tienes que solicitar acceso por Facebook. Puedes empezar en cualquier momento (hay quien lleva 80 días y hay quien lleva unas semanas).

-Los resultados son lentos, pero llegan. Si alguien me llega a decir que en unos meses iba a tener más de 40000 palabras escritas, lo habría dudado seriamente. He escrito antes, mucho, pero siempre de forma errática. Este nuevo hábito es sistemático y muy productivo, y es importante para mí marcar esta distancia entre la escritura de ficción, para la que necesito un tiempo concreto a diario, y la escritura por trabajo (ensayo y etc.), que realizo según las necesidades de cada proyecto. Cuando un tipo de escritura no tiene más motivación que el propio deseo (nada de remuneración, ni apoyo ajeno), es mucho más difícil comprometerse con ella. Tengo muy claro que estas 40000 palabras pueden no llegar a nada, pero son 40000 palabras menos de los millones de palabras que tengo que escribir para mejorar en esto de juntar letras con sentido.

Ahora que me acerco al cumplimiento de esos 90 días, que se ampliarán y apostarán por un margen de 120 en cuanto llegue, he decidido empezar otro desafío similar, y mantener las mismas condiciones y estructura con el desafío de Escribir sin excusas, que tan buenos resultados me ha proporcionado. He dudado bastante acerca de qué elegir, había muchas cosas que me resultaban atractivas. Al final me he decantado por el ejercicio; por razones de trabajo mi régimen de ejercicio ha sido muy caótico últimamente y me gustaría tener un hábito para realizar un ejercicio, aunque sea mínimo, a la misma hora todas las mañanas. Será una cosa en principio muy sencilla (seguramente algo de calentamiento y un ejercicio de pilates, unos cinco minutos en total), con la idea de ampliarla con el tiempo. Lo importante no es la cantidad en estos momentos, sino crear la costumbre como me ha ocurrido con la escritura.

He empezado esta mañana. ¿Alguien se apunta conmigo? Si os interesa, podríamos formar otro grupo común. Estas serían las características:

  1. La idea es elegir un momento al día en el que realizar el ejercicio (el mío sería a primera hora de la mañana, antes del desayuno), e intentar mantener ese horario.
  2. Seleccionar el mínimo que queremos realizar (en mi caso será el ejercicio de pilates, pero podrían ser 2 minutos corriendo, o 5 minutos en bici, o una flexión, o 2 abdominales, o lo que sea). Debe ser algo muy sencillo, y si puede realizarse sin necesidad de grandes preparaciones, mucho mejor. Cuanto más fácil nos lo pongamos, más posibilidades tenemos de triunfar. Yo he elegido el pilates porque puedo hacerlo en pijama, en casa, lo cual elimina aún más la pereza previa. 
  3. También debe ser algo que puedes realizar incluso cuando no estás en tu mejor momento. Es muy importante tener claro que la meta aquí es crear el hábito, no perder peso o crear músculo. No estamos buscando un workout completo (aunque podemos ir aumentando la dificultad muy poco a poco), sino algo que nos incentive porque realmente no tenemos ninguna excusa para no hacerlo.
  4. Si fallamos algún día, debemos volver a contar desde el principio.
  5. Este hábito puede complementarse con otros ejercicios que hagamos a lo largo del día, pero no es obligatorio. Lo que es obligatorio es realizar esos 2 minutos, esa flexión, esos 2 abdominales, ese ejercicio de pilates, o lo que hayamos elegido como mínimo diario.
  6. La meta es realizar 30 días este hábito, todos los días. Esta meta puede ampliarse a 60, a 90, etc., si lo creemos conveniente.
Editando: Ya tenemos grupo en Facebook. Podéis solicitar entrada aquí si os interesa participar.
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Image courtesy of ArtDigital / FreeDigitalPhotos.net

Leyendo: At Swim, Two Boys, de Jamie O’Neill. Una maravilla de prosa que recuerda al Joyce más cercano.
Escuchando: Enganchada al Synthetica de Metric.

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Por qué los propósitos de año nuevo no funcionan

enero 2, 2013 — by Gabriella3

Todos los años, lo mismo. Nos hacemos mil propósitos, los cumplimos durante un par de semanas y luego los abandonamos, hasta el año que viene. ¿Y esto por qué? ¿Por qué nos duran tan poco estas buenas intenciones, estos New Year resolutions famosos? Pues resulta que hay bastantes motivos, pero yo los resumiría en tres:

Porque no son realistas: Por alguna extraña razón tendemos a pensar que la llegada de un nuevo año lo cambiará todo; que seremos mejores: más fuertes, más disciplinados, más organizados. Caemos en la trampa del calendario, le otorgamos propiedades mágicas. Pero la realidad del asunto es que si intentaste dejar de fumar en septiembre de 2012 y no lo conseguiste, es muy probable que en enero del 2013 tampoco lo hagas, máxime si sigues el mismo método (que suele consistir en confiar en tu fuerza de voluntad, sin tener en cuenta que tu fuerza de voluntad puede fallar y que, en el momento en que falla, sueles rendirte).

Porque no son concretos: Somos ambiciosos, y abstractos. “Quiero comer sano”, por ejemplo. ¿En qué sentido? ¿Cómo va a cambiar tu dieta, qué alimentos vas a comprar, qué recetas vas a utilizar? ¿Cuál es tu plan diario? Si nos guiamos por un acercamiento genérico de “ya veré lo que hago”, hay muchas más posibilidades de fracaso: olvidaremos enseguida nuestra meta y con que surja el más mínimo inconveniente abandonaremos nuestros buenos propósitos.

Porque pensamos a corto plazo: Lo queremos todo YA. Si nuestro propósito es perder peso, o ponernos en forma, por ejemplo, nos imaginamos al cabo de dos semanas con el cuerpo de nuestros sueños. Cuando la realidad del asunto aparece (que conseguir ese objetivo lleva muchísimo tiempo y esfuerzo), nos desanimamos y nos rendimos.

¿Cómo solucionarlo? 

  • No te concentres en metas genéricas y abstractas, tipo “tengo que hacer más ejercicio”. Tienes que desarrollar un plan de acción que sea sencillo, y ante todo práctico. Piensa en qué acciones puedes llevar a cabo todos los días que te acerquen a tu meta. Y piensa en cómo llevarías a cabo esas acciones en tus peores días, esos en los que no te apetece nada. Piensa siempre en tu momento más bajo, más vago, más ocupado, etc. Las acciones que planifiques deberías poder realizarlas incluso en esos momentos, sin un gran esfuerzo. Así, tendrás garantizado el éxito. Un ejemplo muy claro de esto es el proyecto 1 push up (una flexión). Al autor de ese blog se le ocurrió que iba a hacer una flexión al día, todos los días, sin excusa. Una flexión no cuesta nada. Claro que a la hora de ponerse a hacerla por lo general hacía bastante más… muchísimo más. Pero el saber que tu mínimo es algo casi ridículo, facilísimo, hace que te animes a llevarlo a cabo incluso en los días en los que menos te apetece (la misma filosofía es la que me ha permitido escribir todos los días, sin excusa, durante los últimos 33 días**). No pienses en lo que puedes hacer en tu momento óptimo, piensa en lo que puedes hacer en tu peor momento, en la peor de las situaciones.
  • Si ya has probado mil veces a conseguir lo mismo (ya sea dejar de fumar, de beber, adelgazar, hacer ejercicio…), va siendo hora de intentar enfocarlo de otro modo y cambiar de método. Es hora de identificar los patrones. Todos los años, desde que tenía unos 20, mi propósito para año nuevo era perder peso. No soportaba la idea de que al finalizar el año siguiente me viera con más peso que el anterior. Y todos los años, ocurría. Conseguía perder algo de peso durante el año, gracias a alguna dieta ridícula, y al final del año (sobre todo gracias a las fiestas navideñas), no solo lo había recuperado, sino que había aumentado. La única excepción a este patrón fue el par de años que perdí muchísimo peso por temas de salud. Esa no es una buena razón para perder peso, y lo pasé tan mal en aquel tiempo que ni siquiera tuve tiempo de alegrarme por el peso perdido. No tardé nada en recuperarlo en cuanto empecé a encontrarme mejor. Lo extraordinario es que, aunque me considero una persona inteligente, reincidía. Una vez tras otra, probaba cosas que sabía que no iban a funcionar. ¿Por qué esta vez iba a tener más fuerza de voluntad que otras? Por mucho que me deprimiera engordar cada año, era incapaz de salir de ese ciclo de eterno retorno.

¿Qué fue lo que cambió?

Un día decidí que iba a dejar de caer en la trampa de las metas a corto plazo. Si algo te importa lo suficiente, tienes que pensar en ello no solo con vistas a dos semanas, sino a cinco años. Tienes que aceptar que los resultados no serán rápidos. Así, empecé poco a poco a cambiar los hábitos, a modificar esas cosas que hacían que cogiera peso. Paso a paso, nada de hacerlo todo de golpe. ¿Lo primero? Disminuí de forma radical mi ingesta de alcohol (desarrollé hábitos y reglas para cuándo beber y cuándo no, y me funciona a las mil maravillas). Luego llegó la reducción del tamaño de mis porciones (de cualquier forma, descubrí que al dejar de beber mi relación con la comida también cambió bastante), y me concentré en diferentes formas de reducir la ansiedad que me impulsaba a comer de manera compulsiva. A eso le fui añadiendo el ejercicio, primero de forma mínima y luego ya más en serio. Y últimamente estoy descubriendo algo muy útil, llamado mindful eating* (alimentación consciente), de lo que hablaré más adelante con más tranquilidad.

Estas Navidades, peso unos 13 kilos menos que las Navidades pasadas. A pesar de las celebraciones, he seguido aplicando mis reglas y hábitos (con excepciones planificadas y contadas: Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo. Y aun en esos días todo ha sido bastante tranquilo, ya que ya no siento la necesidad de ponerme hasta arriba de comida y bebida). ¿El truco? Dejé de obsesionarme por cuánto quería perder y me concentré en la manera de perderlo. Antes, habría querido perder esos 13 kilos en apenas unos meses; ahora, no tengo prisa. Lo importante es disfrutar de la comida, darme pequeños caprichos de forma organizada y mantener los hábitos saludables. Ya no me aterra recuperar ese peso; sé que mientras siga con ciertas costumbres positivas, no tiene que pasar lo de antes: perdía y recuperaba, con más kilos que cuando empezaba. Lo que nos lleva a uno de los puntos más importantes:

  • No tengas prisa: Ya llegará. No pienses en lo que quieres para mañana, sino para el 2020. Trabaja, a diario, para conseguirlo. Ponte metas pequeñitas, que alcances con facilidad (perder un kilo en un mes no es complicado, y cuando lo consigas te sentirás orgulloso de ti mismo. Esa sensación de satisfacción hará que el mes siguiente sea más fácil. Y kilo a kilo se pierden muchos kilos, como puedo atestiguar).

¿Qué otras cosas creéis que nos influyen para no cumplir nuestros propósitos de año nuevo? ¿Qué creéis que debemos hacer para que nos duren? Si queréis una lista de propósitos de año nuevo un poco diferentes, sugiero estos buenos propósitos informáticos de Softonic. No obstante, considero que algunos, como el número 4, son irrealizables. O también podéis crear propósitos literarios, como sugiero en este artículo que escribí para Lecturalia.

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*Si tenéis enlaces a artículos en condiciones (más o menos serios, nada de palabrería New Age) sobre este tema que estén en español, pasádmelos y los incluiré también.
**Actualizado a 27/03/14: Básicamente he perdido la cuenta de cuántos días llevo escribiendo. Pero no he parado ni un día desde que empecé, allá por diciembre del 2012).

Imagen tomada de Cuánta razón. Si sabéis de quién es originalmente vendría bien saberlo para enlazarle.

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Acerca de las metas (3) y otras actualizaciones

octubre 23, 2012 — by Gabriella2

Y aquí estoy de nuevo para ponerme al día con todo lo que ha estado sucediendo durante las últimas semanas, que no ha sido poco. En primer lugar, me toca hacer una actualización respecto al estado actual de mis metas y desafíos.

Alcohol: No sé si merece la pena seguir hablando de esto, ya que puede hacerse repetitivo. Apenas bebo. Bebo cuando salgo, nunca en casa (una regla que me funciona bastante bien). Mis resacas además son crueles, así que tengo que tener mucho cuidado con no pasarme. Se acabaron las borracheras legendarias para mí. No digo que no tenga tentaciones de vez en cuando, pero por ahora he conseguido evitar las que no eran convenientes, y eso me enorgullece. Cuando comparo mi productividad de antes con la de ahora, la diferencia es bastante notable. Por no hablar de los efectos en mi dieta: perder peso sin haber dejado de beber habría sido imposible. Lo cual nos lleva al…

Peso: Mi peso lleva más de un mes un tanto extraño. En el último par de meses he perdido volumen de manera notable (sobre todo barriga), pero mi peso se ha mantenido más o menos estable, a pesar de estar comiendo de manera bastante sana (del modo que hasta ahora me ha hecho perder peso). Tal vez sea un poco atrevido decir que he creado una cantidad importante de músculo en tan solo un mes de gimnasio, pero creo que esta es la explicación más coherente, y desde luego veo cambios significativos en mi aspecto (¡hasta hay una sombra de abdominales!). Por las mismas razones, no me fío mucho de mi BMI (índice de masa corporal), ya que al calcularlo en un programa simple de peso/altura no se tiene en cuenta la proporción grasa-músculo, pero puede decir que estoy en 25.9, no muy lejos de bajar de la categoría de sobrepeso (25).

Por lo general mi dieta es bastante variada, y procuro invertir las calorías en cosas saludables como fruta o harina integral, abundante pescado y verduras. Tengo mis pequeños caprichos (el camembert light de Lidl con tostada se está convirtiendo en un desayuno habitual) y rutinas diarias (no suele faltar el zumo o smoothie por la mañana hecho en batidora con montones de frutas diferentes). Uno podría pensar que debería encontrarme con una salud maravillosa, pero la realidad no es exactamente así. Tengo una migraña que parece que se ha quedado a vivir en mi cabeza, que nunca se va, solo se difumina un poco para coger impulso y volver de forma vengativa. En cuanto a niveles de energía, siguen sin ser óptimos, pero han mejorado bastante gracias al ejercicio físico, lo que nos lleva al siguiente punto.

Ejercicio: Como ya he comentado en posts anteriores, me he apuntado a un gimnasio. Alterno algo de cardio diario con clases de pilates dos o tres veces a la semana. La diferencia ha sido grande, sobre todo a niveles de liberación de estrés, tonificación y aumento de energía en general (por no hablar de flexibilidad y resistencia en… erm, en quehaceres diarios). Estoy bastante contenta con esta decisión, a pesar de que de vez en cuando el pilates me deje completamente inútil al día siguiente (tengo pesadillas, como muchos sabréis, con pelotas suizas).

Miss Cristal: Mi eterno quebradero de cabeza. Tenía el firme propósito de dedicarle bastante tiempo este mes, y así ha sido, aunque no tanto como habría querido (había otros proyectos prioritarios porque… bueno, porque son pagados). El resultado ha sido muy decepcionante. Sospecho que las más recientes modificaciones de Facebook, que es donde realizo la mayor parte de mis ventas, tienen bastante que ver. Observo que mis publicaciones parecen llegar solo a un número pequeño de personas, aquellas que ya seguían con bastante atención la página. Facebook, claro está, te ofrece “promocionar” tus publicaciones. Pagando. Tampoco ayuda que la gente no tenga dinero para comprar cosas, como es obvio, pero lo del movimiento de “me gusta” y similares es bastante más limitado que antes; como digo, parece estar restringido a aquellas personas que ya eran seguidores habituales, y necesito abrir mi círculo de compradores potenciales.

Me he debatido, como llevo haciendo ya meses, entre aumentar el tiempo dedicado a Miss Cristal, reducirlo y dedicarlo a cosas más rentables, abandonarlo por un tiempo (no puedo decir de manera definitiva, la realidad es que me gusta demasiado) o intentar llegar a canales de difusión más productivos. Si alguien tiene ideas en este sentido, alguna sugerencia para ampliar mi público o realizar promoción útil, me encantaría escucharlas.

En cuanto al desafío de 30 días más reciente, podéis leer más en el post anterior, sobre el tema de la meditación.

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Imagen de http://www.freedigitalphotos.net

 

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35 días de meditación: Una odisea mental

octubre 15, 2012 — by Gabriella1

Cuando decidí, como desafío de 30 días para el mes de septiembre, dedicar un rato diario a la meditación, imaginaba que sería como las demás veces que había meditado, con los efectos habituales de sosiego y relajación.

Me sorprendió (y frustró) ver que no terminaba de llegar a ese estado de tranquilidad que solía otorgarme la meditación. Estaba en un momento algo complicado por muchas razones (o tal vez por ninguna en particular, simplemente porque sí), y me encontraba estresada, muy nerviosa, con los consiguientes síntomas físicos de la ansiedad (dificultad para respirar, dolor de cabeza, cansancio, etc.). La idea de tener que pararme durante por lo menos cinco minutos al día a meditar me estresaba aún más. No conseguía concentrarme, y cuando lo conseguía, me limitaba a intentar expulsar a la fuerza los pensamientos que me reconcomían.

Un poco de ayuda del pilates

Pilates: le mola hasta a los delfines

En este sentido el pilates, que comencé a principios de septiembre, fue mucho más efectivo que la meditación. Someter al cuerpo a determinados esfuerzos, y sobre todo ponerlo en posturas en las que lo estiras absolutamente todo, significa una descarga física y mental muy bruta. Es imposible preocuparte por una fecha de entrega o por una bronca estúpida si tu cabeza está demasiado ocupada gritando de una manera muy extraña: algo así como el consabido y pornográfico “me duele pero me gusta”. Era una sensación que hasta ahora desconocía y he de decir que he descubierto que la necesito (la de pilates, no la pornográfica. Esa ya la conocía). Esa hora y media, al principio dos veces a la semana (ahora he añadido otra hora los viernes) es horrible. Hace que me sienta torpe y avergonzada, además de que no suelo aguantar la hora y media sin tener que pararme a descansar, pero cuando supero el ridículo y la angustia de no poder realizar algún ejercicio la liberación física es asombrosa. Tras las primeras clases acuñé la frase “en pilates, si no te duele es que no lo estás haciendo bien”. Ahora que llevo más de un mes creo que lo cambiaré por “si te resulta fácil es que no lo estás haciendo bien”, ahora que mis músculos empiezan a acostumbrarse al esfuerzo. No duele tanto (a veces), pero sigue siendo condenadamente difícil, y a la vez de lo más relajante. En este sentido tengo que agradecerle su buen hacer a la profesora, que consigue mantener un ritmo lento, maneja bien los aspectos meditativos del ejercicio, además del tiempo que dedica a corregirnos a todos personalmente y asegurarse de que estamos utilizando los músculos y respiración adecuados. He tenido alguna clase con profesores diferentes, y su actitud más rápida, más de entrenamiento, implica menos esfuerzo y concentración. Cuando haces bien un ejercicio de pilates, hacer dos repeticiones es mucho más cansado (y efectivo) que hacer diez si el ejercicio está mal hecho y con prisa. Por otro lado, acababa tan agotada y con las endorfinas tan a tope que me daba todo igual: fechas de entrega, peleas, problemas, el fin del mundo… nada conseguía alterar mi paz mental.

Al comparar el pilates con la meditación, he llegado a la conclusión de que ambos consiguen resultados en el mismo terreno pero utilizan métodos muy diferentes. El pilates funciona gracias a la concentración, del mismo modo que muchos al meditar utilizan un foco para no perderse en sus pensamientos: su respiración, una vela, una imagen, etc. Como resultado se ignoran todos los demás pensamientos y se obtiene un sosiego, una calma.

Un paso más allá

Pero esto ya no era suficiente para mí. Quería volver a llegar hasta ese sentimiento de jhana que me producía euforia, calma absoluta, sensación de unidad con mi entorno, y un Amor de esos con mayúsculas que te dan ganas de ir a buscar a tu peor enemigo y darle un abrazo. Es el estado al que antes podía llegar con relativa facilidad, justo después de las flores y las mariposas y todas esas imágenes mentales extrañas que me solían asediar. Creo que la sensación de plenitud y felicidad llegaba como consecuencia de experimentar imágenes tan fabulosas, un poco como cuando tienes un sueño que va a explotar de color y figuras y no quieres despertarte nunca. Esas sensaciones no son, ni de lejos, un estado avanzado de la meditación, pero sí que hacen que tengas más ganas de llevar a cabo la práctica, y surgen al llegar a una concentración total, generalmente en un objeto o estado. Para mí, el foco de la concentración es mi propia mente. Por lo que he leído, si bien no lo he probado, el yoga sería el ejercicio más adecuado para este tipo de abstracción.

¿Por qué, entonces, me costaba ahora tanto llegar a ese estado? Al terminar los 30 días propuestos, decidí seguir durante otro mes, más por cabezonería que por otra cosa. Y parece que todo se ha confabulado para lanzarme mensajes, de todas partes, acerca de este tema. He estado leyendo acerca del zen, acerca de la meditación, y acerca de nuevas técnicas que van un poco más allá de la programación neurolingüística y otro tipo de técnicas que me llamaban bastante la atención. Y creo que he dado con una clave importante.

Del mismo modo que en pilates, hasta ahora mi actitud era expulsar la tensión, expulsar los pensamientos negativos y estresantes. Pero estos seguían ahí, tal vez no en forma de pensamientos pero sí de emociones, de angustia y ansiedad. Pero a lo mejor hay que enfrentarse a ello de otra forma, como en la meditación: no se trata, realmente, de eliminar las distracciones, sino aceptarlas, prestarles atención, y entonces despedirse de ellas. Y lo mismo con los pensamientos negativos, las emociones destructivas. Hay que aceptarlas, reconocer que están ahí, y entonces darles permiso para que se larguen.

En busca de una conciencia más atenta

Por ahora los resultados son muy positivos, y solo llevo unos días aplicando esta nueva actitud. En cuanto lo relacioné con el tema de la meditación, me di cuenta de exactamente por qué meditaba. La meditación me estaba entrenando para llevar esto a cabo, es una práctica donde las distracciones y los pensamientos se observan, como desde una segunda mente superior, que toma la decisión de si hacerles caso o no. Ha sido un descubrimiento muy interesante, y pienso seguir experimentando con él durante los próximos días. Ya os haré saber qué conclusiones saco a la larga. De primeras, he de decir que estoy descubriendo cosas sobre mí misma que no era muy consciente de que estaban ahí, tal vez porque prefería ignorarlas. He descubierto que soy horriblemente celosa (no me refiero a las relaciones de pareja, donde soy bastante segura, sino de todo lo demás) y competitiva; rencorosa e insegura. Lo sabía, hasta cierto punto, pero no me daba cuenta de la cantidad de emoción que le dedicaba a estas características, de lo destructivas que eran. Es extraordinario pensar que estás agobiada simplemente por un tema, aparentemente absurdo, de trabajo, y de repente darte cuenta de todo lo demás que hay involucrado. Poco a poco, descubres qué es lo que está pasando realmente, por qué te sientes tan mierda ante algo que ni siquiera tiene importancia.

Esto es solo la punta del iceberg. Han sido 35 días de meditación que de primeras han sido poco efectivos, que en la superficie no me han aportado nada. Pero ahora que de repente empiezan a llegar tantos datos, tanta información acerca de mí misma y de mi forma de reflexionar, empiezo a pensar si tal vez este desafío habrá ido mucho más allá de lo que pensaba.

Seguiré informando. Por ahora os dejo con una foto de mi jardín trasero, hace un par de días. No hay un incendio, no, es simplemente un amanecer de esos radiantes:

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Imagen del delfín de Flickr, por cortesía Creative Commons de post406.

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Formando el hábito del ejercicio: trucos y consejos de una floja

septiembre 12, 2012 — by Gabriella4

Septiembre es uno de esos meses decisivos para mucha gente. No es solo la vuelta al cole (ahí ya nos empezaban a enseñar la importancia de este mes), con sus nuevos libros, profesores y horarios, o la vuelta al trabajo (o a la búsqueda incesante de este, por desgracia para muchos), sino una especie de reinicio o renacimiento en general. Cuando tenía la editorial, septiembre era, junto con enero, el mes de más trabajo, no solo porque nos enviaban libros con idea de que se publicaran en Navidad, sino porque muchos se crujían los nudillos y se atrevían a hacer aquello que llevaban planteándose todo el verano: publicar un libro, cerrar una fase vital y empezar otra.

Para mí septiembre siempre ha sido un mes fantástico, porque significa el final del calor sofocante de agosto. Uno de los cambios más importantes este año ha sido el apuntarme a un gimnasio, donde voy para realizar pilates dos veces a la semana y un poco de cardio el resto de los días. Más que nada ha sido una decisión tomada para apoyar a mi hermano, pero es algo que llevaba tiempo queriendo hacer y que no había podido (todos los gimnasios de la zona me pillan bastante lejos). Aprovechando que mi hermano va en coche he tenido la oportunidad, por fin, de empezar de nuevo (ya hacía un par de años que no pisaba uno).

Aprovecho para mencionar que, sobre todo en comparación con años anteriores, mi forma física ha mejorado de manera notable. Sin llegar a ser una atleta, ni mucho menos, estoy muy lejos de ser la persona rígida y fofa que era, y puedo afirmar que esto ha sido gracias a los ejercicios de los que os hablé y que he estado realizando (no tanto como debería, eso sí) en casa. La tabla es excelente, pero sí que es cierto que llega un momento en que puede resultar un tanto aburrida, además de que soy una de esas personas que necesita un sitio donde ir a hacer ejercicio con otras personas, por mucha vergüenza y reparo que eso suele darme al principio. Lo bueno es que en general el ejercicio se ha ido convirtiendo en parte de mi vida diaria, ya sea por la tabla mencionada o a base de darme paseos eternos por la ciudad. Ha llegado el momento de ir un poco más allá, y estaba buscando algo que me mantenga en forma pero que al mismo tiempo me divierta y entretenga. Por ahora parece que el pilates es la opción ideal, si bien hoy, tras la segunda clase y unas pelotas gigantes con las que creo que voy a tener pesadillas, puedo afirmar que me duele absolutamente todo.

El gimnasio me trae buenos recuerdos porque es una de las pocas cosas con las que me he comprometido en serio, de manera diaria. Al final lo abandoné por diversas razones (aunque sospecho que algunos de esas razones eran excusas que me daba a mí misma para no tener que ir), pero me llamaba la atención que si mi patrón de comportamiento era, hasta entonces, apuntarme a algo y luego dejar de ir, algo habría que hiciera que aguantara seis meses yendo todas las mañanas, de lunes a viernes, a un gimnasio, y creo que de ahí pueden extrapolarse ciertas características que ayudan mucho con los hábitos del ejercicio. Si bien mi mentalidad de ahora es muy diferente a la de antes, y creo que mi disciplina y fuerza de voluntad es superior ahora a la que tenía entonces, me quedo con estos puntos fundamentales para desarrollar un hábito eficiente de ejercicio:

1. Lo primero y fundamental es identificar tus excusas, para poder rebatirlas por adelantado. Creo que estas son mis excusas principales:

  • Pierdo mucho tiempo
  • Me he hecho daño en x parte de mi cuerpo, me duele x, no tengo energía, etc.
  • Estoy de bajón, no me apetece, etc.
2. ¿Cómo puede uno luchar contra estas excusas? En el fondo todo queda en tus manos, la decisión de IR, de salir ahí y hacerlo, es tuya. Pero hay cosas que ayudan:
  • Tu lugar de ejercicio ha de estar muy cerca o ser fácilmente accesible.
  • Organiza bien tu tiempo el día anterior para que quede muy claro que el ejercicio es una parte más de tu rutina, no algo que te quita tiempo necesario para otras cosas. Debes planear siempre con el tiempo de ejercicio en mente.
  • Intenta ir con otra persona. Esto ayuda muchísimo: si puedes unir tus metas y objetivos con los de otra persona os animaréis mutuamente y no faltaréis a la cita por no dejar tirado al otro y/o por miedo a quedar mal.
  • Procura ir siempre a la misma hora. Que se convierta en una costumbre, que el cuerpo necesite hacer ejercicio a determinada hora.
  • Une este hábito a otro que realices todos los días para que te salga de manera automática. Esto es lo que los expertos llaman trigger (gatillo). Realizar un hábito que tengas bien asimilado sirve como “gatillo” para que se dispare el siguiente. La última vez que iba al gimnasio lo hacía siempre antes de entrar a trabajar, no se me ocurría ir a trabajar sin haber pasado antes por el gimnasio (en este caso el “gatillo” era el hábito posterior, no el anterior, pero funcionaba igualmente).
  • Analiza qué hora del día es la mejor para ti, aquella en que te dé menos pereza y que tengas más energía. Siempre se recomienda hacer ejercicio a primera hora, para obtener energía para el resto del día y para quitárnoslo de enmedio cuanto antes, pero yo por las mañanas soy un zombie, así que prefiero ir por las tardes.
  • Evalúa qué harás si te haces daño o te duele alguna parte de tu cuerpo. Considera qué otras opciones tienes y si puedes ejercitar mientras las partes de tu cuerpo que están bien. Yo antes evitaba hacer ejercicio cuando tenía migraña, pero lo curioso es que he descubierto que el subidón de endorfinas que proporciona la actividad física intensa es con frecuencia un buen remedio para el dolor de cabeza.
  • Tómatelo con calma, es mejor hacer menos ejercicio que forzarte demasiado y cogerle manía. Al principio todo el mundo se emociona y hace mucho más de lo que debe, o se obliga a forzar la máquina para no quedar mal. Sé inteligente, ve despacio pero seguro. Recuerdo cómo me contaban los monitores que había un tipo de persona que era casi un estereotipo de gimnasio: el que se apunta y va tres veces al día. Al cabo de un par de semanas, ya no vuelve (es, además, el tipo de persona con el que los gimnasios más se lucran, ya que suelen pagar varios meses por adelantado y apenas usan las instalaciones).
  • Busca apoyo. Cuéntale tus planes, tus metas, a las personas de tu entorno.
  • Ponte las zapatillas de deporte. Si no tienes ganas, si no te apetece, no hace falta que te mates durante una hora. Ponte las zapatillas y empieza. Solo tienes que hacer cinco minutos. Solo tienes que empezar, pero hazlo.
  • Diviértete. Parece una tontería, una obviedad, pero no lo es. Si odias el ejercicio que estás realizando, cada vez te costará más realizarlo. Siempre va a costar hacer ejercicio, del tipo que sea, pero si el entorno es agradable, las actividades son entretenidas y sales del lugar de ejercicio con una sonrisa y sintiendo que has conseguido algo importante, las posibilidades de que vuelvas son mucho mayores.
¿Cuáles son vuestras excusas más frecuentes y vuestros trucos más eficientes para combatirlas?

Actualizando: Otros sitios web que ofrecen trucos y consejos para combatir las excusas y simplemente ponerse a hacer ejercicio:

-Hábitos vitales, con 25 trucos para el ejercicio.

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Escuchando: Breathe Underwater de Placebo en mi cabeza.
Leyendo: Watchmen.


Imagen por cortesía de: FreeDigitalPhotos.net

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De regreso y clutterfuck días 23 y 24. Reflexiones sobre el próximo reto.

septiembre 3, 2012 — by Gabriella2

Actualizo solo para haceros saber que ya estoy de regreso y que todo vuelve a su rutina habitual. Este viaje ha sido bastante más tranquilo y mi peso vuelve a estar de nuevo bien encarrilado. A ver si este mes puedo empezar a perder de nuevo (en los días prerregla es difícil saberlo ya que se aumenta algo de peso por retención de líquidos, pero todo parece indicar que sí).

En cuanto al clutterfuck, lo retomo donde lo dejé. Para los días 23 y 24 del desafío le tocó su turno a una camiseta que está hecha polvo pero que me resistía a abandonar, y un neceser que me sobraba y que había estado guardando por alguna razón extraña que solo conocerá mi subconsciente:

En lo que se refiere al desafío siguiente, ya que me queda menos de una semana para terminar éste, le he estado dando bastantes vueltas. Tengo ganas de concentrarme en el tema del ejercicio, pero tengo algunos problemas de salud que tengo que resolver antes de poder comprometerme a fondo con algo diario a nivel físico. Estos problemas se resumen en una astenia que llevo arrastrando desde la primavera, que hace que mínimo tres de cada siete días me los pase con la energía en negativo, incapaz de moverme ni de hacer casi nada. Es increíblemente frustrante y ya lo he probado todo: cambio de patrones de sueño, de alimentación, etc., etc., etc. Durante un tiempo funcionan, pero al cabo de poco vuelvo a recaer en esta ausencia de energía absoluta. Mi médico, cuya respuesta para todo es que soy muy rara (y sí, sigo con fantosmia también, aunque ya solo de manera ocasional) me hizo un análisis de sangre pero los resultados daban que tengo una salud estupendísima y envidiable y me mandó de vuelta a casa sin molestarse en hacer nada más al respecto. Así que una de mis metas más importantes de esta semana es cambiarme de médico e intentar obtener mejor ayuda profesional. Estar horriblemente cansada la mitad del tiempo no tiene gracia ninguna, sobre todo cuando quieres hacer tanto.

Como tengo que aparcar parcialmente lo del ejercicio por ahora (sigo haciendo la tabla de la que os hablé, pero menos de lo que querría, del mismo modo que mi actividad física en general se ha visto bastante reducida)., estoy evaluando otras opciones para el siguiente desafío. Muchas veces la falta de energía es un síntoma de ansiedad, y sí que es cierto que desde que dejé la meditación a un lado la ansiedad se está convirtiendo de nuevo en un bicho poco manejable. Así que volver a los 30 días de meditación que me propuse en su momento pero que no conseguí me parece una opción muy atractiva. Por otro lado, hay otro reto que me llama mucho y que, por razones variadas, me convenía hacer este mes, y es el de escribir los sueños. Necesito bastante material para una narración de carácter onírico, y no hay mejor sitio donde encontrarlo que en la oniria propia. Lo de apuntar lo soñado es algo que me gusta, y que he hecho alguna vez, por muchos motivos (entre ellos, disfruto reconociendo patrones o incluso identificando representaciones subconscientes). No creo que sea buena idea hacer dos retos a la vez, y en principio creo que la meditación tiene más relevancia ahora mismo. Así que creo que a partir del lunes 10 de septiembre será en lo que me concentraré. Si alguien está interesado en apuntarse para hacerlo juntos (ya sabéis, seguirnos por internet, animarnos mutuamente y todas esas cosas) que me lo diga. Yo utilizo una meditación muy básica, pero a partir del 11 de septiembre hay una serie de meditaciones guiadas disponibles de manera gratuita en Internet, así que es posible que pruebe alguna (ojo, están en inglés. Me han llamado la atención porque son de estilos y formas de pensar muy distintas entre sí y las meditaciones guiadas pueden ser muuuy relajantes. Ya os comentaré qué tal están). Si alguien se presta a hacer el reto de 30 días conmigo está claro que podrá llevarlo a cabo como él o ella quiera, con la duración diaria que desee y el método que prefiera.

Para aquellos que desconfíen de la meditación en general, yo lo veo simplemente como una manera de relajar cuerpo y mente, algo que a mí personalmente me resulta muy necesario. Prefiero la práctica simple y básica, en este artículo hablé de cómo lo llevo a cabo y por qué me resulta beneficioso.

También tengo otra meta personal para este mes de septiembre que empieza. Durante el verano no he podido hacer gran cosa de Miss Cristal, sobre todo he estado centrándome en los encargos, pero lamentablemente estos son poco rentables, debido al tiempo que inviertes en comunicación con el cliente, fotografía de muestras, buscar los materiales necesarios, etc. Tengo poco stock gracias a unas cuantas ventas grandes que hice antes del verano. Así que este mes quiero concentrarme en llenar otra vez la tienda y en vender todo lo que pueda. Quiero ver cuánto puedo conseguir a lo largo del mes.

Editando clutterfucks ajenos: Ropa que no se usa, revistas viejas de cocina y decoración.
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Imagen: FreeDigitalPhotos.net

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Cómo reiniciar tu aburrida existencia en 7 sencillos pasos: el diagrama de tu vida.

agosto 3, 2012 — by Gabriella2

DISCLAIMER: He dudado mucho sobre si publicar o no este post. Quería compartir un ejercicio analítico que a mí me ha sido de mucho ayuda y me ha venido bien, seriamente, para espabilar, analizar mi vida y desarrollar planes de acción que están resultando, por ahora, bastante eficientes. No pretendo guiar a nadie ni dar lecciones de nada. Solo quiero compartir algo que considero que puede ser de utilidad. Si hay alguna persona por ahí que está igual de desamparada y perdida como yo lo estuve en su momento, tal vez esto pueda servir de motivación.

AVISO: Para que este método funcione se exige una honestidad absoluta con uno mismo. Si esto significa que entre paso y paso tienes que tomarte un buen rato para reflexionar sobre lo que realmente buscas y quieres, tómatelo. Por otro lado, es posible que no le funcione a todo el mundo, pero creo que puede ser un buen ejercicio de base para averiguar más sobre uno mismo.

Si bien me he inspirado en numerosos blogs, manuales y chorradas varias para elaborar esta enumeración (en cuanto a la actitud y forma de ver las cosas y analizarlas), la estructura y proceso del diagrama sale de mi cabecita desordenada. Lo cual no quiere decir que no se les haya podido ocurrir a otros también, claro, al fin y al cabo es muy sencillo. En mi experiencia personal, dediqué bastante tiempo a concentrarme solo en algunos sectores de este diagrama, sin orden, e hice las cosas un poco a lo loco, lo cual no está mal pero acaba siendo poco eficiente. Yo diría que lo que mejor funciona es concentrarse en las áreas más problemáticas e ir microtarea por microtarea, reelaborando el diagrama cada cierto tiempo, ya que nuestra forma de ver las cosas va cambiando. A mí este esquema me ha venido de perlas y es al que acudo siempre que me encuentro un tanto perdida.

1. Dibuja varios círculos con los “sectores” más importantes de tu vida. Podrías poner, por ejemplo, “vida social”, “vida laboral” y “salud”.

2. Haz salir de cada círculo una flecha que apunte a otro círculo más pequeño con subsectores. Por ejemplo, en vida social podrían estar amigos, familia y amantes. En vida laboral, trabajo y dinero. En salud, dieta y ejercicio. Por supuesto cada caso es único y los subsectores pueden variar según lo que sea más importante para ti (a lo mejor en salud tendrías un subsector especial si padeces alguna enfermedad crónica, por ejemplo). Intenta generalizar lo más posible, ya llegaremos a lo específico.

3. De nuevo, haz salir de cada subsector una flecha que apunte a un sub-subsector. Por ejemplo, dentro del subsector “dinero” podrías poner “deudas”, “ingresos” y “gastos”. Aquí os dejo un ejemplo de qué pinta tendría el gráfico (por supuesto los datos los elegís vosotros, esta es solo una idea):

4. Repite de nuevo el proceso, si es necesario, creando más subconjuntos en otro nivel vertical. Si crees que con el paso 3 lo tienes todo cubierto, párate ahí.

5. Ahora viene lo más entretenido. A cada sub-subsector le tienes que poner nota, del 0 al 10, siendo 0 un descontento absoluto con tu vida actual en ese sector y 10 una satisfacción absoluta. Nadie va a leer este diagrama así que puedes ser completamente sincero, hasta contigo mismo.

Si tienes un 10 en algún apartado, enhorabuena, hay una sección de tu vida que te llena como persona. Esta sección es tu fuerza principal, es posible que ya acudas a ella en momentos difíciles o desconcertantes (y si no lo haces, pruébalo. Ayuda).

¿Y si tiene un 8 o un 9? Pues lo mismo, hay un apartado de tu existencia que te llena de orgullo. Podrías hacer algo por mejorarlo, pero casi mejor concentrarse primero en lo malo.

A efectos prácticos, en cuanto al resto de cosas, da un poco igual que hayas puesto un 0 o un 7. Tanto el 0 como el 7 implican que hay algo que no está a tu gusto, al que no estás dándoselo todo, y que por tanto necesita mejorarse, renovarse o directamente ir a la basura.

Bueno, ya tenemos el esqueleto del método, ¿cómo llegamos a la solución?

La solución se halla en la fragmentación, en hacer cada cosa más y más pequeña hasta llegar a una tarea u objetivo con el que podamos lidiar. A veces las soluciones son grandes y evidentes (por ejemplo, en una relación de pareja donde la nota sea un 2, está claro que hace falta o bien una ruptura o bien un replanteamiento completo de la relación), otras veces necesitan de mucha microgestión para llegar a alguna parte. Por cierto que las soluciones grandes y evidentes suelen ser las que nos negamos a ver.

Os pongo otro ejemplo con el gráfico que os mostré antes. Dentro del sector “Salud”, uno de los subsectores era “general” y dentro de éste estaba “Vicios”. Imaginaos que a a “Vicios” le habéis dado un 4: es evidente que se trata de un aspecto de vuestra vida que queréis mejorar. Al desarrollar el subsector se añadió (en este gráfico de muestra que para nada se basa en mi propia vida, ejem) otro más, el del abuso de alcohol. A continuación se detallan ideas para alcanzar la meta relacionada con ese subsector, que será no beber tanto, o incluso dejar de beber. Fijaos que incluso estas ideas se podrían fragmentar (dentro de “evitar a personas y lugares” se podrían indicar personas y lugares concretos). También se asignarían periodos de tiempo durante los cuales se intentará habilitar la costumbre o hábito necesario para alcanzar la meta:

Se trata, al fin y al cabo, de desmenuzar los sectores hasta dividirlos en pasos pequeños, cada vez más concretos, que podamos llevar a cabo poco a poco. Esto no es nada fácil e implica mucho autoanálisis y reflexión. Así que ahora viene lo más complicado:

6. Analiza cada miniapartado y piensa cuáles son tus objetivos. Es importantísimo que los objetivos sean reales, que vengan de tus aspiraciones reales, no de imposiciones sociales o externas sobre cómo deberías comportarte o cómo deberías ser. Para esto ayuda mucho tener muy claro cuál es tu propósito en la vida, pero claro, esa es otra historia. Si no lo sabes, tal vez el diagrama te acabe ayudando: aquellos sectores a los que apliques verdadera pasión en intentar mejorarlos (pasión sincera, no vale querer ser millonario simplemente porque se supone que ser millonario mola) estarán íntimamente relacionados con lo que eres y a lo que aspiras.

7. Desarrolla un plan de acción para cada objetivo. Por ejemplo, imagínate que dentro del apartado “familia” tu objetivo es pasar más tiempo con los tuyos. Deberás averiguar cómo puedes quitarle tiempo a otras cosas, a lo mejor menos importantes, para poder pasar más tiempo con ellos; o a lo mejor te puedes marcar la meta de hacer una salida familiar una vez a la semana; o tal vez pretendas ser más cariñoso, para lo que te pondrás como objetivo tener algún gesto de afecto con algún familiar en concreto cada par de días. Como veis, se trata de planes de acción muy sencillos, pequeños y realistas. Esto último es fundamental, no sirve de nada marcarse como objetivo “estar más con mi familia”, porque al cabo de unos días el mundo real se habrá apoderado de ti y habrás olvidado tu propósito. Crea la meta y desarrolla un hábito. Dale 30 días, o 7, o 45. Mira a ver qué te hace sentir y piensa si merece la pena. Esto último también es muy importante porque si nos obligamos a hacer algo todos los días enseguida nos damos cuenta de si la meta nos importa lo suficiente o si es más bien alguna obligación sin sentido que nos hemos impuesto por factores externos o por algún tipo de inseguridad personal. Si no encuentras un plan de acción para un sector, sigue fragmentándolo, dividiendo en partes más manejables. Una relación de pareja jodida no se arregla con una decisión, ni con la promesa de querer más o portarse mejor, del mismo modo que dejar de fumar va un poco más allá de “venga, este es el último”.

Se llevará a cabo un miniplan de acción a la vez. Concéntrate en el sector que crees que necesita de más atención y elige tu meta. Una vez conseguida, pasa a otra (si hay alguna que no consigas de ninguna manera, piensa si has elaborado bien el plan de acción, o si has definido la meta de forma realista). Si algo sale mal, vuelve a analizar el tema y enfócalo de otra manera: vuelve a empezar. Hay que cagarla mucho para aprender y que las cosas salgan realmente bien. La paciencia en este ejercicio es fundamental.

Ten en cuenta que este diagrama cambiará a lo largo del tiempo, conforme tus prioridades cambien (y es muy posible que tengas que rehacerlo de vez en cuando, y cada vez que lo rehagas te darás cuenta de que la vez anterior no fuiste del todo sincero o realista. Darse cuenta de lo que uno quiere y necesita vs. lo que se supone que tiene que querer o necesitar es jodidamente complicado).

Este diagrama está pensado con un objetivo en mente: la felicidad, que suele acompañar a la autorrealización. Y la felicidad no estriba en conseguir todo lo que te propones. Habrá metas que no consigas. Por ejemplo, si tienes una enfermedad mortal e incurable, está claro que por muchas metas que te propongas lo más seguro es que vayas a morir igual. Pero aquí lo que falla es el enfoque. Tu meta no es no morirse, eso queda descartado. Tu meta es aprovechar al máximo el tiempo que te queda y ser lo más feliz que puedas hasta que mueras. Que es, básicamente, la misma que tenemos todos.

Queda claro que a todo esto le acompaña una voluntad de cambio. No sirve de mucho decir “estoy muy gorda” y negarse en absoluto a cambiar los hábitos diarios de comilonas hobbit y vida sedentaria. No hay soluciones milagrosas. Pero sí que hay pequeñas modificaciones que poco a poco y con mucha paciencia pueden tener resultados milagrosos. Y ante todo, mucha flexibilidad y la mente abierta. Que planear las cosas ayuda mucho pero la vida se encarga de lanzarnos sorpresas que hacen que tengamos que deshacer los planes y rehacerlos una y otra vez. En cualquier caso, yo diría que el diagrama es muy útil para lo que dice el título, para espabilar, para dejar de una vez el “lo pensaré mañana”, analizar realmente qué es lo que falla, qué es lo que nos hace infelices, y poner los medios para arreglarlo.

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