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Sobre el estado de mis hábitos y la alimentación consciente

abril 1, 2013 — by Gabriella0

Ya hace más de un mes que actualicé el blog con mi último desafío, y la verdad es que la vida en general se ha metido un poco por medio. Con esto quiero decir que cada vez se me está dando mejor (creo) esto de priorizar, y actualizar el blog, aunque divertido y necesario para mí, ya no es algo fundamental, sobre todo desde que Adsense decidió que eso del poliamor es una guarrada y me quitó sus anuncios. No es que consiguiera mucho con el blog, pero tenía su gracia (creo que llevaba unos 7 euros en el último año, pero los números crecían y a mí me hacía ilusión, qué le vamos a hacer).

Cuando hablo de “vida en general” incluyo también esos desafíos, esos hábitos que me había propuesto, como prioridad casi absoluta, integrar en mi día y día. Y estoy muy contenta con los resultados obtenidos. Ahí va una pequeña puesta al día. Os recuerdo que llevo dos desafíos, el de escritura y el de ejercicio diario.

Desafío de escritura: A día 1 de abril de 2013 llevo 122 días sin dejar de escribir un mínimo de 200 palabras a diario. Puede que esto no sea muy impresionante para algunos, pero me ha enseñado algunas cosas muy importantes:

  • Primero, que las palabras se acumulan. Mi trabajo se reparte entre dos proyectos: una novela propia y una novela que escribo con otra persona. Para el segundo libro hay MUY buenas noticias que espero poder compartir pronto. En ambos casos las obras están muy avanzadas, bien pasados los ecuadores respectivos. Ambas experiencias, la de escribir sola y la de escribir a medias, han tenido un valor incalculable. Y el progreso ha sido espectacular. No sé si escribiré medio bien, pero escribo diez veces mejor que hace cuatro meses, cuando empecé el desafío. No hay nada como hacer algo a diario para realmente aprender a hacerlo (del mismo modo, dedicarme a la corrección de estilo para otras personas también me ha enseñado muchísimas cosas que aplico a mis propias obras). Sé que tendré que escribir mucho más, varias novelas más, incluso, para poder alcanzar una calidad que me parezca aceptable. Pero si no empiezo por algún lado, no llegaré nunca. Todos estos años me he negado a avanzar porque consideraba que nunca llegaría a ser buena, que nunca estaría a la altura. Pero ver un progreso tan grande en tan poco tiempo es la mejor motivación que se puede tener.
  • Segundo, que los grupos de apoyo funcionan de forma espectacular. El grupo de Facebook ha sido una fuente constante de ánimo y de obligación. Yo soy, además, la fundadora, si fallo yo un día, ¿qué ejemplo estoy dando a los demás? No me tomarían en serio y se irían del grupo (o no, pero eso es lo que me digo para obligarme). En este sentido no he tenido más remedio que cumplir siempre. Incluso en esos días que pienso que todo lo que escribo es una mierda y habría que quemarlo, en esos días en los que preferiría arrancarme los pelos de las axilas uno por uno antes de sentarme delante del ordenador e intentar superar el bloqueo, el atasco y la desgana. Hasta en esos días en los que tenía fiebre y ganas de meterme bajo el edredón y desaparecer. Escribo.
Desafío de ejercicio: Con este llevo menos, empecé hace mes y medio más o menos. Por mi experiencia en el desafío de escritura, tardaré unos 90 días en tener el hábito realmente metido en el cerebro y en el cuerpo. Tiene la dificultad añadida de que el hábito varía más que el de escribir, con el que me siento delante del pc y hago más o menos lo mismo todos los días. Con la actividad física es mejor variar, para darle a los músculos oportunidad de descansar y repararse, por lo que voy cambiando de una cosa a otra. Hace casi un mes empecé a correr, y ha sido una experiencia sorprendente, ya que correr ha sido siempre el ejercicio que más odio, ahí ahí con las sentadillas y el voleibol. Claro que yo asociaba el correr con los 40 minutos seguidos que nos hacía soportar mi profesora de Educación Física en el colegio como examen. Ahora he empezado de forma muy lentita y progresiva, siguiendo el plan Couch to 5K, diseñado para gente que no termina de amar mucho el cardio, gente que, como yo, no se puede creer que con 15 años era capaz de correr 40 minutos seguidos cuando ahora se le sale el corazón por la boca al correr 60 segundos. Con todo, ahora puedo correr 3 minutos sin morirme, lo cual, aunque muy patético para cualquier persona medianamente en forma, para mí es un avance notable. Y es que en Educación Física nunca llegué a experimentar el subidón que da el ejercicio cuando lo haces porque te apetece, sin sufrir, subiendo de nivel poco a poco. Además he descubierto que correr me proporciona una energía tremenda para el resto del día, algo que, combinado con un régimen de sueño muy estricto, está mejorando mi calidad de vida de forma muy significativa. Vamos, que hasta he rechazado algún planazo de sábado noche porque el domingo quería salir a correr temprano. ¿De locos? Puede ser. Hago algo de ejercicio, aunque sea mínimo, todos los días. Corro tres o cuatro veces a la semana y el resto de los días hago abdominales y alguna cosilla suelta. Tengo ganas, además, de volver al pilates, pero eso un poco más adelante. Para esto ha sido también fundamental el grupo correspondiente de Facebook, en el que he observado además algunas cosas interesantes:
  • Al principio, como en el de escritura, se apuntó mucha gente, pero poco a poco algunos fueron desapareciendo. Es fácil poner un mínimo que a ti te parece sencillo, pero pronto descubres que no es igual para todo el mundo. Las 200 palabras que marqué como mínimo para el desafío de escritura son, de hecho, muchas palabras para algunas personas. Así que quiero dejar muy claro que el mínimo tiene que adaptarse a la costumbre y práctica de cada uno. Si uno no escribe nunca, o escribe muy poco y de forma esporádica, tal vez 50 palabras sean más adecuadas, por lo menos para empezar. Del mismo modo, en el de ejercicio hubo varias personas que no entendían que el mínimo tenía que ser ridículamente sencillo (para poder hacerlo incluso en los peores días), y empezaron con metas que consideraban más acordes a su estado físico o a lo que querían conseguir. Por lo general estas personas no prosperaron, abandonaron el desafío o volvieron a empezar, ya con objetivos más reducidos. En este sentido pueden ser muy peligrosos los gimnasios, o hacer ejercicio con personas que están mucho más en forma que tú, ya que tienden a sobreestimar tu capacidad y colocarte ejercicios y metas que pronto te hartarán.
  • La sensación de progreso es muy poderosa. No solo está la satisfacción personal de llegar a los primeros 30 días (la mayoría se apuntan a seguir a 60, a 90, y así), sino la aceptación de que avanzamos según nuestras posibilidades, y de que eso es genial. Así, habrá quien se sienta muy feliz por conseguir andar 10 minutos todos los días, y quien se sentirá satisfecho si consigue realizar sus entrenamientos habituales de 60 minutos corriendo. Compararse no es buena idea, para nada. Yo sé que lo que hago es muy poquito, pero para mí implica esfuerzo y tenacidad. Y lo increíble es que, aunque no sea mucho, se nota, ya no solo a nivel de energía, satisfacción y endorfinas, como mencionaba antes, sino a nivel estético. He empezado a ponerme ropa que siempre había hecho que me sintiera incómoda. Ya sabéis, vestidos que te entran pero que te marcan mucho culo, michelines, etc. Por primera vez he empezado a estirarme orgullosa. No tengo un cuerpo de revista, ni perfecto, ni mucho menos, aunque siempre le he tenido bastante afecto. Pero está mil veces mejor de lo que estaba hace apenas un año, y todo eso lo he conseguido yo sola, con mi esfuerzo. Como os podréis imaginar, eso produce un orgullo inmenso y las ganas de ponerse minifalda y camisetas ajustadas aumentan de manera exponencial. Todo esto produce una sensación grande de poder, de posibilidad. Empiezas a creer que realmente puedes derrotar a tus demonios.
Por supuesto os invito a que os apuntéis a estos grupos si son metas que os interesan. Para mí, desde luego, han sido un apoyo fabuloso. Solo pensar que tendría que darle explicaciones a los demás si no cumplía ya era suficiente para espabilar durante los días más vagos o desganados.
Otra cosilla con la que he estado experimentando, y que os comenté en un post anterior, es el tema del mindful eating, o alimentación consciente. Siempre he comido de forma muy ansiosa, así que esto me cuesta horrores, pero está siendo un ejercicio de lo más esclarecedor. Comienzo a darme cuenta de lo perniciosa que era mi forma de comer. Procuro aplicarlo siempre que puedo, y os animo a que lo probéis.

  1. ¿Qué es la alimentación consciente? De forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más.
  2. ¿Cuáles son sus beneficios? Bueno, el más evidente es el control del apetito. Al prestar atención a lo que comemos, lo hacemos más lento y llegamos a darnos cuenta de cuándo hemos dejado realmente de tener hambre, de cuándo estamos satisfechos. Hay otros beneficios, ya que hay quien se lo toma como una especie de meditación, un “estar en el momento” absoluto. Evitamos comer demasiado, digestiones pesadas y además empezamos a ser más conscientes de qué y cómo estamos comiendo. En el fondo es la dieta definitiva: cuando prestas la suficiente atención a lo que comes, los alimentos grasos, azucarados y muy calóricos tienden a perder parte de su atractivo, además de que comerás mucho menos en general ya que te saciarás mucho antes. Gran parte de los problemas de peso van asociados a tragar sin pensar, por ansiedad, por no hablar de otras complicaciones como pueden ser las malas digestiones o los gases.
  3. ¿Conclusiones personales? En lo positivo, definitivamente estoy aprendiendo a controlar mi ansiedad comiendo, aunque es un camino largo y avanzo, como siempre, pasito a pasito. Como creo que ya mencioné en aquel otro post, parte de mi problema es que en algún momento empecé a comer muy rápido porque no me gustaba comer, me aburría. Ahora sí me gusta comer, me encanta, con lo cual la cosa se complica. Tengo la esperanza de llegar a poder aplicarlo a diario en todas las comidas, con lo que podría terminar de preocuparme de controlar tanto las cantidades y las calorías. A efectos prácticos, daría igual qué estuviera comiendo ya que podría controlar las ansias de devorarlo todo sin parar; algo que estoy consiguiendo ahora a veces. También se eliminan cosas que te impiden sentarte a comer tranquilamente y hacerlo de forma consciente, como es picar entre horas o zamparse algo de pie, o comer cualquier cosa mientras estás distraído hablando o viendo la tele. Es un proceso largo de aprendizaje, pero merece mucho la pena. En lo negativo, si es que puede considerarse así, al ser consciente de lo que comes, eres consciente de lo que comes, con lo que hay ciertos alimentos que antes podía comer sin pensarlo dos veces y que ahora me cuestan bastante más, como es el caso de la carne. Ahora mismo, por cuestiones personales, no puedo planteármelo, pero es muy probable que si sigo con este proceso termine por hacerme flexitariana, pescetariana o algo similar. Pero esa es otra historia, para otro día.
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Leyendo: The Marriage Plot, de Jeffrey Eugenides.
Escuchando: De todo un poco, pero he tenido el Rumours de Fleetwood Mac en bucle durante unos días.

Image courtesy of Ambro / FreeDigitalPhotos.net

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