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No eres tú, soy yo

marzo 9, 2020 — by Gabriella34

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Esta es la entrada más difícil que he escrito en este blog, estoy segura.

Porque es muy, muy difícil romper una relación de tantos años.

No es una ruptura completa, podemos seguir siendo amigos. Y lo digo en serio, no como en todas esas otras relaciones. Siempre tendré cosas que contarte, siempre necesitaré compartir contigo todo lo que voy aprendiendo.

Verás… es que hay otra. Sí, te he estado siendo infiel.

Grítame si quieres, lo entiendo. Pero desde el principio te dije que esta sería una relación abierta. Y así podríamos haber seguido, poliamorosos. Lo intentamos durante este último par de años, ¿verdad?

El problema es que hay una cosa que pocas veces te cuentan del poliamor: lo difícil que es a veces coordinar la agenda.

Cese de actividad de este blog

A partir de hoy, este blog ya no se actualizará con artículos. Puede que aparezca de vez en cuando alguna noticia, alguna novedad. Pero probablemente no habrá más material para escritores, artículos como los que he publicado aquí todos estos años.

Al no haber actualizaciones de artículos, cerraré también la cuenta de Patreon. Ya he publicado una nota allí para mis mecenas.

No obstante, como sé que soy absolutamente incapaz de no seguir hablando de escritura, marketing y todo lo asociado, seguiré creando contenidos para la lista de correo. Si te gusta este blog y quieres mantener el contacto conmigo sobre estos temas, apúntate. Si ya estás en la lista, seguiremos charlando.

Tampoco estaré, en principio, disponible para labores asociadas al blog (talleres, asesoría, etc.). Sí que habrá, seguramente, taller en el festival Celsius, que ya tenía comprometido con ellos como todos los años y que es además una gozada siempre.

Seguiré activa en redes sociales, sobre todo en mi cuenta de Twitter.

Mis razones

Sé que no tengo que dar explicaciones y ni siquiera sé si las queréis, ¡pero ahí van!

  1. Creo que he llegado a un punto de estancamiento con Gabriella Literaria. Me ha dado muchísimas oportunidades y han sido fabulosas. He aprendido una cantidad tremenda de cosas. Pero desde hace un año o así veo que las opciones que me brinda han tocado techo y que ni siquiera están alineadas con lo que realmente quiero.
  2. Mi objetivo inicial y primordial era promocionarme como autora de ficción, crear una plataforma como escritora. Al comenzar mi viaje, me di cuenta de que no había mucho material para escritores ahí fuera sobre marketing, autopublicación y etc. (eso, por suerte, ha cambiado mucho). Así que empecé a hablar de mi propio camino y de lo que aprendía de otros que iban muy por delante. Esto creció y creció y ha sido alucinante. Pero perdí de vista mi misión inicial: darme a conocer como autora.
  3. El mundo no necesita otro blog para escritores. Si bien he intentado siempre ofrecer contenidos que no fueran los de siempre, cada vez somos más en este mundillo y realmente hay poco que yo pueda decir que otras cien personas no puedan compartir en otras cien webs más. Hay gente muy estupenda ahí fuera que sigue trabajando duro para traernos lo mejor de lo mejor, como Ana, Javier, Mariana o Isaac, entre tantos otros.
  4. Es imposible estar en dos cosas a la vez. Llegó el momento que estaba temiendo: el momento en que tendría que elegir entre mi trabajo aquí y mi trabajo en Lo extraño y lo maravilloso. Ha sido una elección durísima, una que he ido postergando y postergando de manera dolorosa. Al final da igual qué elijas, pero tienes que elegir. El enfoque múltiple me mata.

Tras leer un número incontable de libros de autoayuda (la mayoría malísimos, ejem) en busca de la solución fácil para llevar todo adelante a la vez, me tuve que rendir y admitir lo que intentaba evitar por todos los medios: decir adiós (o, tal vez, hasta luego) a este blog y todo lo que conlleva.

Cómo sobrevivir a la escritura
Mis libros, por supuesto, siguen disponibles. Lo mejor de este blog está en Cómo sobrevivir a la escritura. Está en Amazon y lo tienes en papel y en digital. ¡Échale un ojo! Además, también puedes comprármelo a mí directamente y te lo mando firmado y caligrafiado con tu nombre.

Insisto: seguiré en la lista de correo y seguramente habrá más libros para escritores. Todo este tema nunca dejará de apasionarme. Pero si soy sincera y me pregunto qué quiero ser dentro de cinco años: una asesora/profesora de escritores o una escritora de ficción, me temo que la respuesta, con peso apabullante, cae en la segunda esquina.

Seguir huyendo de esa elección era cobarde.

Espero que sepas entenderlo. Espero que comprendas lo agradecida que estoy por el tiempo y la atención que me has prestado, por todo lo que me has dado.

Después de todo, querido blog, te he querido tanto…


Imagen de cabecera de Nick Fewings en Unsplash

herramientas para escritores

La magia de escribir por capas

febrero 17, 2020 — by Gabriella9

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“No hay reglas en la escritura” es una de esas frases paradoja que amenazan con desestabilizar el continuo espaciotemporal.

“No hay reglas en la escritura” es la sentencia de Shrödinger, porque es cierta y falsa a la vez.

Es falsa, porque por supuesto que hay reglas en la escritura. Si no seguimos ciertos consensos, la comunicación efectiva es imposible. Si yo decido que el orden natural de la oración no sirve de nada, frases escribiré complicadas y empero comprenderme difícil a lo borracho Yoda me tendréis.

escribir por capas
En -mente tus amigos adverbios no son. Gerundios los sobran veces muchas. Innecesario barroquismo evitar conviene. Cerveza otra ahora me pedirás.

Pero a la vez es cierta y verdadera esa sentencia, porque algunas de las mejores obras literarias se han creado lanzando las reglas y las normativas y lo preconcebido por la ventana. Porque muchas reglas no son realmente reglas básicas de comunicación, sino acuerdos sociales y culturales que tal vez no son tan necesarios como creíamos.

La solución a esta paradoja terrible ya la conoceréis: puedes romper las reglas, pero para que eso funcione y consigas comunicarte con tu lector, debes entender muy bien por qué estaban esas reglas para empezar. Ese es un fallo muy común en autores que empiezan: quieren ser revolucionarios sin entender del todo contra qué se rebelan.

¿Por qué tanto rollo sobre reglas, Gabriella?

Hablo de reglas en la escritura porque algunas son más o menos fijas, como las reglas de ortografía o de gramática, pero otras son meros inventos que alguien se sacó del trasero para poder escribir otro artículo en un blog de escritura.

Hoy quiero hablar de escribir por capas. No es una regla, nadie tiene por qué escribir así. Es solo un recurso, una herramienta más en nuestro arsenal amplio de escritura, como el método de las 30 escenas o del copo de nieve, con quienes tiene mucho en común, de hecho.

escribir por capas
O el método del cuádruple trampolín con bucle inverso, glosas en pavo real y verbos de la voz media, pero ese es secretísimo y tienes que ser escritor de nivel 40 para desbloquearlo

Lo mejor de la escritura por capas es que sirve para un montón de cosas. Yo voy a hablar de las tres que considero mejores y tú ya eliges lo que más te interese (o regresas a tareas más útiles e interesantes, como Netflix o la cría de cabras o las rayas de polvo de oro que te estabas haciendo sobre el pecho desnudo de una groupie fervorosa[1]):

  1. La escritura por capas sirve para escribir artículos
  2. También sirve para escribir a cuatro manos
  3. Y escribir por capas es genial si escribes de más o de menos

Escribir por capas para crear artículos atractivos

Esto lo encontré en un email de la lista de correo de Jon Acuff (si habláis inglés os la recomiendo mucho, tiene una lista para escritores que está muy bien). Acuff tiene un blog popular dedicado a emprendedores y ha publicado un número nada desdeñable de artículos. Con el tiempo se ha dado cuenta de cuáles son sus limitaciones y defectos, una sabiduría que todos los escritores deberíamos emular.

Para lidiar con dichos defectos y sacar el máximo partido a sus textos, desarrolló una escritura por capas muy peculiar, que sigue el siguiente orden:

  1. Concepto
  2. Sé positivo
  3. Humor
  4. Acción
  5. Palabras

Veamos cómo funciona esa lista tan curiosa.

El proceso de escribir por capas para Jon Acuff

Primero, Acuff crea el concepto, un borrador muy básico de lo que quiere contar. Como sabe que tiende a ser algo negativo cuando escribe y eso no es algo atractivo ni útil para el tipo de mensaje y público que busca[2], trabaja sobre su borrador eliminando comentarios cínicos o sarcásticos e intentando dar una perspectiva más positiva y optimista a su texto. Luego añade una buena dosis de humor.

escribir por capas
Esta parte en la que describo en gran detalle cómo maté a mi suegra y ofrecí su corazón fresco a una divinidad primigenia mejor la quito, que no la veo para mi público objetivo

Todo buen blog debería tener ideas que no son solo eso, ideas, sino cuestiones que puedan ser prácticas, aplicables, así que Acuff luego añade una capa de “acción”, en la que se asegura que su texto contiene propuestas factibles, que puedan ser llevadas a cabo. Apunto que esto de la acción es lo que hace que un artículo pase de “uno más en la pila de Feedly o Instapaper” a “algo que realmente sirve de algo”.

Finalmente, Acuff se centra en las palabras. ¿Está usando las palabras adecuadas para transmitir su mensaje? ¿Son las palabras óptimas para cada frase? Es aquí donde su artículo obtiene su pulido final.

Escribir por capas en tus artículos funciona

Mi proceso es similar al de Acuff. Comienzo con un borrador rápido, luego reescribo y reduzco (sí, por increíble que parezca, mis borradores son más largos que mis artículos publicados). Tiendo a eliminar partes que consisten en lamentos variados, quejas y narraciones de cosas horriblemente personales (de nuevo, mientras me lamento), porque soy consciente de que mis berrinches no aportan nada a mi público (ni a mí, de hecho).

Y sí, luego añado humor. Estos chistes horribles no salen solos. De hecho, creo que tardo más en encontrar las imágenes y comentarios adecuados para mis pies de imagen que en escribir los artículos en sí.

escribir por capas
Yo, intentando encajar un chiste. Nueve de cada diez veces todo acaba desparramado por el suelo, ahogado en el charco profundo de mis lágrimas de frustración y desaliento.

También es importante para mí que el artículo sea práctico. Y luego llega el repaso final.

Este proceso no tiene por qué ser el tuyo, porque a lo mejor buscas otro tono o tu objetivo es otro. Si tienes un blog de teorización filosófica (suerte con eso), a lo mejor la parte de acción no te funciona. O si tienes un blog muy técnico o científico, te puedes saltar lo del humor, o sustituirlo por credibilidad, profesionalidad, impacto, drama… lo que mejor pegue con tus objetivos y tu público.

La idea es que tú eliges los principios de cada capa, pero funcionan como lista de verificación para tus textos y te otorgan una coherencia, un estilo propio y reconocible.

Pero esto se refiere sobre todo a no ficción. ¿Qué ocurre con la ficción?

El uso de las capas para escribir a cuatro manos

Todo esto que hacemos algunos locos de escribir cosas a medias parece despertar la curiosidad de los lectores. Sin duda es la pregunta que más nos hacen a José Antonio y a mí: ¿cómo es escribir a cuatro manos?

Esta no es una pregunta fácil de responder, porque se trata de un proceso que ha ido cambiando a lo largo del tiempo, que ha pasado por varias fases y por una optimización constante (puedes ver parte de ese proceso aquí, aunque ese artículo es de hace unos años y no está actualizado con nuestra actividad más reciente). El sistema que hemos usado en nuestros últimos trabajos es el que mejor nos ha funcionado, y consiste en, precisamente, escribir por capas. Me consta, además, que no somos los únicos que lo usamos: Fer Alcalá y Geo Costa, por ejemplo, nos contaron que utilizaron un proceso similar para su trilogía La segunda revolución.

Ojo: este sistema solo funciona si escribes con otra persona creando una sola voz para todo el texto. Si cada autor escribe una parte o desde una perspectiva diferente (como hacen, por ejemplo, Iria G. Parente y Selene M. Pascual), esto no tiene mucho sentido. Hay muchas formas de escribir a cuatro manos; el objetivo de este proceso concreto por capas es crear un estilo único, donde no sea posible distinguir la escritura de cada uno de los partícipes.

Cómo funciona

El proceso es sencillo, ¡pero laborioso!

  1. Tenemos dos escritores, A y B.
  2. Partimos de que A y B ya tienen claro su plan, la estructura o esquema del libro que van a escribir.
  3. A y B hablan de qué va a pasar en su primer capítulo.
  4. A escribe una sinopsis corta de dicho capítulo. Es recomendable que incluya además datos relevantes del entorno: el tiempo que hace, la fecha/hora, nombres y aspecto físico de personajes, etc. Esto ayuda a situar la escena y a mantener la coherencia.
  5. B crea un borrador del capítulo basado en esa sinopsis. B marca en amarillo (o en el color que le dé la gana) las cosas que NO quiere que A cambie sin consultar. Eso último es… ejem… importante.
  6. A reescribe sobre ese borrador, cambia frases, mete detalles, modifica incoherencias, etc. Marca a su vez en algún otro color lo que no quiere que B cambie.
  7. B da un último pulido al texto.
  8. Si A no está plenamente conforme con el resultado, le da otro pulido más.
  9. Ad infinitum.

En teoría, el texto estaría listo en cuatro capas. En teoría… porque nosotros a veces hacíamos ocho o diez, pero eso es porque somos nosotros. Realmente puedes seguir dando vueltas al texto hasta que lo odies con todas tus fuerzas.

El proceso puede seguir siempre el mismo orden (la sinopsis la escribe siempre A) o podéis turnaros (en el primer capítulo la sinopsis la escribe A; en el segundo la escribe B; en el tercero, A; etc.).

El proceso puede ser lento, pero lo bueno es que generalmente el texto queda tan acabado que luego solo queda dar una última revisión rápida, arreglar cabos sueltos, etc., antes de tener un manuscrito acabado. Evidentemente, tendréis que decidir a qué altura del proceso mandaréis la obra a vuestros lectores cero.

—Le hemos dado ya 19 capas y media, y creemos que está casi perfecto. ¿Cuál es vuestra opinión experta?
—Opinamos que tienes que matar al protagonista, cambiar el nombre de todos los secundarios y ambientarlo en una playa caribeña del siglo XXXI.
—Oh, vaya.

Hala, ya he contado nuestro secreto más sagrado, que es cómo escribimos. De nada. En otro artículo ya os paso los números PIN de nuestros móviles y cuentas bancarias.

Vamos al tercer sistema de escritura por capas.

Cómo arreglar tu texto cuando escribes de más… o cuando escribes de menos

Uno de los problemas más comunes de los que escriben es que trabajan con la extensión equivocada.

Si eres de esas personas que siempre se pasa del número de palabras permitido en los concursos o si eres de esas personas que parece que nunca llega al mínimo, bienvenido a un conjunto bastante llenito de escritores.

Y es que para decir lo mismo algunos tienden a enrollarse, a escribir de más y otros, como servidora, escribimos de menos.

Sí, ¡yo escribo de menos! Veréis: en un artículo es fácil escribir mucho cuando te apasiona el tema y quieres que quede bien clarito, que no haya lugar para el error. Pero la ficción es distinta: una vez has contado qué ocurre, ¿qué hay de todo lo demás?

Presenté varias soluciones a estos dos problemas en un artículo para la lista de correo (os recuerdo que si queréis recibir emails de este tipo solo tenéis que apuntaros aquí). También hay un artículo muy completo de Diana P. Morales al respecto. Pero creo que podemos encarar todo este tema con el estupendísimo sistema de capas.

Cómo funciona si escribes de más:

  • Primera capa: Escribes tu borrador. Sabes que a tu borrador le sobran muchas palabras, pero no te preocupes ahora por eso. Expláyate todo lo que quieras o más. Quédate a gusto; que no quede ni una palabra por vomitar, vaya a ser que se te enquiste.
  • Segunda capa: Fíjate en tu borrador. ¿Qué frases no aportan nada a la acción? ¿Qué cosas no hacen que tu texto avance? Mete tijera sin clemencia.
  • Tercera capa: Examina cómo funciona tu estilo. ¿Abusas de perífrasis, explicas demasiado cosas que podrían decirse en muchas menos palabras? Busca palabras de relleno. ¿Son necesarios todos esos verbos tan largos? ¿Sirven de algo tantos adjetivos? ¿Y todos esos adverbios en -mente?
  • Cuarta capa: Imagina, como decía Neil Gaiman, que tienes que pagar por cada palabra que escribes. ¿Cómo reducirías el coste a algo más manejable?
  • Quinta capa: Rellena. Sí, parece de locos, pero al recortar te darás cuenta de en qué huecos te faltan cosas. Escribir de más no significa solo escribir de más: muchas veces nos pasamos con lo innecesario y no nos damos cuenta de que no estamos contando lo más importante. ¡Escribir de más a veces es una forma de procrastinación, incluso de pereza! En esta capa, al haber quitado ya todo lo accesorio, encontrarás qué ausencia te está gritando para que el texto cobre pleno sentido.

Ojo: Muchas veces escribir de más se debe a una falta de planificación (tendemos a irnos por las ramas si no sabemos qué queremos escribir). Aunque seas autor de brújula, plantéate planificar un poco más tus textos, aunque solo sea con una breve sinopsis de qué vas a contar al principio de cada sesión de escritura. Luego siempre puedes saltarte esa sinopsis como quieras, pero sirve como guía a la que regresar si empiezas con demasiados meandros y desvíos.

Cómo funciona si escribes de menos:

  • Primera capa: Escribes tu borrador. Sabes que a tu borrador le van a faltar muchas palabras, pero no te preocupes ahora por eso. Puedes ser todo lo sucinto y preciso que quieras. Como si escribes una sinopsis o esquema en vez de un borrador completo: tienes permiso para ser matemáticamente compendioso.
  • Segunda capa: Fíjate en tu borrador. ¿Qué frases puedes añadir para explicar mejor lo que está ocurriendo? Piensa en el entorno y en los cinco sentidos: ¿qué ven, oyen, huelen, tocan tus personajes? ¿Qué están pensando, recordando o sintiendo? Piensa en el mundo que estás creando, ¿hay algún dato que puedas dar sobre este que resulte natural, que no parezca forzado? En lo posible, procura mostrar, no contar (pero a veces hay que contar y se cuenta y no pasa nada).
  • Tercera capa: Si sigues atascado y te falta “relleno”, usa el poder de lo aleatorio. Usa listas de palabras aleatorias o imágenes aleatorias y oblígate a insertar estas palabras o detalles en tu texto de algún modo. Esto puede parecer extraño, pero os prometo por la vida de Lechuguita, mi peluche más cascarrabias, que funciona. Palabrita.
  • Cuarta capa: Ahora recorta. Sí, recorta. Porque al meter tanto relleno te habrás pasado o habrás forzado algo, con toda seguridad. Lo curioso es que al recortar te darás cuenta de que recortas bastante del texto original, ese que te parecía que contaba lo más importante. Tu resultado será una combinación estupenda de lo estrictamente necesario con lo agradablemente descriptivo.

Ojo: No siempre es necesario añadir por añadir y aquí entra un poco ese concepto equivocado de qué es “escribir bien”. Hay estilos maravillosos muy sencillos en apariencia: añadir florituras y rebuscamientos barrocos no hace que tu texto sea mejor. Añade solo aquello que aporta algo a la narración.

Perdona, Gabriella, ¿me estás diciendo que estas 18 páginas de taxonomía floral del satélite de uno de los planetas de un sistema solar que ni siquiera es el de mis protagonistas NO SON ESTRICTAMENTE NECESARIAS?

En mi experiencia, es más común encontrar escritores que se pasan de palabras: es un problema muy habitual cuando empezamos y nos gustamos mucho escribiendo. Asociamos un exceso descriptivo a buena literatura. Dicho esto, porque tu texto se componga solo de diálogo y cuatro pinceladas descriptivas no quiere decir que seas un genio impresionista. Recordemos que para definir las limitaciones de nuestro estilo es muy fantástico recibir una buena retroalimentación.

La capa definitiva que te saca de atolladeros

He tardado en traeros este artículo porque me pasé tres semanas escribiendo otra cosa. Un post muy largo, tedioso y lleno de información redundante que no sé por qué me empeñaba en desarrollar. Maldito sesgo de pérdida: cuanto más avanzaba con ese desastre, más difícil era abandonar el barco.

Pero si quería salir adelante, debía tirarme por la borda. Mandar a tomar por saco ese artículo estúpido y largo.

A veces escribir de más es una carga. A veces escribir de menos es un problema. Pero las capas ayudan. Porque al final hay una capa muy importante y es la siguiente:

¿Sirve de algo lo que estoy escribiendo, comunica algo importante, relevante o realmente hermoso a mis lectores?

Si la respuesta es no, es hora de matar a tus queridos, al más puro estilo Stephen King, y cargarte cinco mil palabras. O las que hagan falta.

Es muy doloroso, porque esas palabras fueron difíciles. Llevaron tiempo y energía. Pero prometo que no es imposible.

Si yo puedo hacerlo, vosotros también podéis.

Para vosotros, que sois mucho más inteligentes, guapos y espabilados que servidora, esto es pan comido.


Notas:

[1] ¿Qué? ¿Vosotros no tenéis de esto?

[2] Acuff parte de la filosofía de que nuestras redes están tan llenas de negatividad y que esto influye tanto en nuestro ánimo que él quiere darnos algo un poquito más amable. Se dedica, por ejemplo, a mencionar empresas desde su cuenta de Twitter cuando se portan especialmente bien o hacen algo con extrema eficiencia (en vez de las clásicas menciones que usamos todos para cagarnos en los muertos[3] de las empresas que nos tratan mal). En serio, si tenéis un mal día, seguid a este tipo en Twitter.

[3] Nota para mis amigos de allá los mares: cagarnos en los muertos = acordarnos de manera poco educada de todos los miembros ya fallecidos de su familia.

Más información:

Cómo sobrevivir a la escritura
Si lo quieres con tu nombre dedicado con plumilla (o con el nombre de otra persona, si lo quieres para regalar), puedes adquirir el libro en nuestra tienda de Lo extraño y lo maravilloso.

Créditos:

aprender a escribirescribirherramientas para escritores

Cómo escribir mejor en mucho menos tiempo

enero 20, 2020 — by Gabriella8

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¿Os acordáis de Dilbert?

Los que nacisteis en los ochenta lo recordaréis. En España se conocía menos, pero fue todo un fenómeno en el mundo angloparlante. Dilbert era una viñeta sobre un pobre empleado explotado, en un entorno de oficina surrealista.

Dilbert fue la obra que llevó a la fama a su autor, Scott Adams. Aparte de ser una de las viñetas más conocidas del mundo, se convirtió en dibujo animado, merchandising y miles de cosas más.

Su autor además publicaba un blog con sus reflexiones, debajo de la viñeta de cada día. Era la época de la burbuja bloguera, y Adams se convirtió, también, en un ensayista de éxito, un superventas de no ficción que a día de hoy sigue arrasando… te gusten o no sus ideas.

escribir mejor en mucho menos tiempo
Unos señores cualesquiera, preparándose para acceder a la cuenta de Twitter de Adams

Adams nunca fue un gran dibujante. Sus imágenes eran sencillas y carentes de dinamismo. La popularidad de su personaje estribaba en el zeitgeist de su época (cuando tantos empleados sufrían experiencias similares a las que Adams describía), en el patetismo de sus personajes, tan incapaces de modificar su situación, y en el ingenio de su diálogo.

Adams no triunfó como dibujante (aunque su dibujo sirve bien a su escritura), sino como autor. Y me gustaría contaros cómo obtuvo su éxito, cómo pasó de ser un viñetista aficionado a un escritor triunfante, porque es una historia estupenda.

Pero primero hablemos de cómo aprendemos a escribir.

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Mis 25 mejores lecturas de 2019

diciembre 30, 2019 — by Gabriella4

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Ha llegado. Es el momento. Que resuenen los tambores y las trompetas y los clarinetes y los xilófonos.

Sobre todo los xilófonos. No hay nada tan ominoso como un xilófono.

Parece que fue ayer cuando os enseñaba, algo tímida y nerviosa, mis lecturas favoritas de 2018, pero el tiempo vuela y todos esos topicazos que son ciertos y durísimos, y de nuevo os doy la bienvenida a algo totalmente novedoso y rompedor…

¡Una lista de libros para cerrar el año!


¡Apunte importante!

Este artículo está disponible en audio. Si prefieres escucharlo a leerlo (aunque está permitido compaginar ambas cosas, claro), puedes hacerlo si eres mecenas de mi Patreon. Puedes apuntarte aquí.

Y si no quieres audio, ¡sigue leyendo!


Como ya hice el año pasado, vaya esta lista mía con los siguientes avisos, disclaimers y descargas de responsabilidad, además de algunas reflexiones sobre mi experiencia lectora este año. Este año os traigo una selección de 25 de mis mejores lecturas (frente a las 20 recomendaciones del año pasado), ya que he leído más, en general, y porque sería imposible eliminar alguna de ellos: todas son muy dignas de mención.

¡Vamos con los disclaimers!

  1. Realmente ya casi no uso Goodreads, más que como catálogo enumerativo. Si me seguís por ahí, no veréis reseñas ni valoraciones. Ya hablo de las lecturas de ficción que me apasionan en la lista de correo de Lo extraño y lo maravilloso, y por aquí, en Gabriella Literaria de lo que quiero compartir de mis lecturas de no ficción.
  2. Leo mucho en inglés, porque prefiero leer una obra que me interesa en su idioma original y, para bien o para mal, mucho de lo que me interesa sale del mercado angloparlante. Eso no quita que aquí tengamos obras magníficas y que yo haga un esfuerzo por alternar lecturas en un idioma y otro.
  3. En caso de haber leído el libro en inglés, incluyo entre paréntesis enlace a su publicación en nuestro idioma, de haberla. Todos los enlaces llevan a Amazon, porque soy afiliada, pero, como ya dije el año pasado, sentíos libres de adquirir las obras que os interesen en vuestra librería de barrio, gran superficie o ultramarinos intergaláctico de preferencia.
  4. Este año mi meta era leer 35 libros y he alcanzado 43, que para otros no será mucho, pero para mi ritmo de lectura es muy fenomenal. Gran parte de la culpa de este aumento la tienen los audiolibros, que se han convertido en mi formato preferido para no ficción y que me permiten “leer” en situaciones que antes no podía (como la cola de Correos, donde he pasado una cantidad de tiempo nada desdeñable este año).
  5. No incluyo aquí lecturas “de trabajo” ni libros que no terminé. Este ha sido el año en que más libros he abandonado: creo que casi tantos como los que he leído. He cometido el ¿error? de ser menos selectiva con mis lecturas: he dado muchas más oportunidades. Esto tiene su lado bueno (un par de descubrimientos interesantes), pero también es desalentador: me siento culpable cuando abandono obras de amigos y conocidos, o de autores noveles repletos de ilusión y talento. El año pasado me hice la promesa de solo terminar libros que me parecieran impresionantes por un motivo u otro, y es por esto por lo que libros que no están nada mal se quedan por el camino. La vida lectora es demasiado corta para leer cosas que te parece que “están bien”, sospecho.
  6. Como hablar de 43 libros sería larguísimo y prefiero concentrarme siempre en lo realmente güeno, os traigo solo los 25 que más he disfrutado. Si tenéis curiosidad por ver la lista completa, la tenéis aquí (no incluyo allí los libros abandonados).
  7. Son las mejores lecturas que he disfrutado en 2019, pero eso no significa que hayan salido estos libros en el 2019. Mejor tampoco significa más importante o incluso de mayor calidad: he seleccionado los que han significado algo para mí.
  8. Así que ahí va mi top 25, de bueno a muy rebueno. El 1 es el más fantabuloso de todos.

Mis 25 mejores lecturas de 2019

¡Aquí está lo mejor de mi año lector!

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25 ideas para un reto de 100 días de escritura

diciembre 10, 2019 — by Gabriella8

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Por aquí casi todas las tiendas mueren.

Hubo una que vendía papelería, tazas, velas, miscelánea así. En mi pueblo, que es grande y costero y demoledor, los comercios tienen una vida media de 0,3 segundos, sobre todo si no saben muy bien qué tipo de tienda son, (algo que me recuerda, por desgracia, a los escritores).

Era cuca y hacía esquina en pleno centro, pero cerró. Tuvo unos días de liquidación que dediqué, con cierto sabor culpable en la boca, a la rapiña.

No fui la única. A los pocos días, pillé a Patricia con material de la misma tienda. Nadie que escriba puede resistirse a los cuadernos de insectos y a los bolígrafos de gato.

Pero la mejor compra que hice en esa tienda fue un cuaderno de 100 días.

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Cómo saber si debes abandonar

noviembre 22, 2019 — by Gabriella18

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Explorar o explotar, esa es la cuestión.

No lo digo solo yo. Lo dicen los programadores y también la gente esa tan lista que analiza tendencias de mercado, economía y empresas.

Hay mucha terminología raruna y matemáticas extrañas asociadas al debate de la exploración/explotación, pero es también aplicable a nuestra vida diaria. Por ejemplo: se aplica a nuestros gustos musicales.

Una de las decisiones más complejas a la hora de definir qué música nos gusta es elegir si seguimos explorando o si pasamos ya a la explotación.

 Y esto, a la vez, depende bastante de nuestra fase vital:

  • ¿Cuántos años tienes? Si eres adolescente, es muy posible que estés ahora mismo escuchando muchas cosas distintas. Estás probablemente en una fase de exploración: quieres escuchar lo más posible, porque ¿y si te estás perdiendo cosas realmente buenas?
  • Si estás en la veintena, es muy probable que sigas explorando, pero que ya haya un conjunto relativamente grande de grupos y cantantes a los que recurras con bastante asiduidad, porque te han demostrado de forma repetida que lo que producen a ti te satisface. Cada vez tienes un gusto más definido.
  • Si has pasado los treinta, es muy posible que explores cada vez menos. Explorar cansa, porque hay mucha basura ahí fuera, sobre todo si escuchas Spotify sin ser premium. Crees que nada puede superar a los noventa (olvidas convenientemente la porquería que también teníamos en los noventa) y además tú tienes ya una serie de artistas que no te suelen decepcionar. Hay discos de más de diez o quince años que escuchas una y otra vez.
  • Si pasas los sesenta, es posible que alguien te haya acusado de ser cerrado de mente, de nunca querer escuchar nada nuevo (¿Los Beatles OTRA vez, en serio?). Pero ¿para qué? Tú ya sabes bien lo que te gusta.
debes abandonar la escritura
Tengo millones de canciones al alcance de un simple dedo en mi teléfono móvil, pero escucho el torito enamorao de la luna del Fary en bucle, porque así debe ser.

Este tipo de actitud ante el descubrimiento y el placer es otro de esos puntos donde se crea fricción intergeneracional. Los más mayores no entienden por qué los más jóvenes no saben estarse quietos un minuto, y los más jóvenes no entienden la cerrazón y falta de flexibilidad de sus mayores. Hay símiles políticos también, por los que se teoriza que somos más progresistas cuando jóvenes, y más conservadores conforme nos hacemos mayores.

Pero este es un blog de escritura, no de política (y cuánto me alegro de que así sea), así que vayamos al meollo meollante de nuestra peripecia escritoril:

¿Cómo afecta esta dicotomía a nuestra escritura?

Este enfrentamiento de exploración y explotación se da en la escritura también. Cuando empezamos a escribir, queremos probarlo todo. Queremos hacer endecasílabos gore, citas líricas en Instagram con bebés de fondo, pentalogías épicas con soliloquios shakespearianos. Leemos un montón de cosas distintas y eso hace que queramos emular mil estilos distintos.

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Siete técnicas reales para escribir todos los días

octubre 30, 2019 — by Gabriella8

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Sé muy bien lo que estáis pensando: ¿Gabriella está hablando de hábitos OTRA VEZ?

Algunos. Otros estáis pensando en cosas mucho más importantes, y, por mucho que me gustaría, todavía no puedo obligaros a pensar en mi blog durante todas vuestras horas despiertas.

(Todavía).

Mientras, hablemos de hábitos. Sí, otra vez.

Sabéis que defiendo la escritura diaria. Ninguna regla es perfecta para todo el mundo, pero “escribe todos los días” es la regla que, por lo que he podido ver, mejor funciona para los escritores que conozco.

Como dice la escritora de fantasía Mercedes Lackey, escribir es como hacer ejercicio:

cómo escribir todos los días

¿Qué conlleva y cómo es escribir un libro?

Disciplina. Debes sentarte absolutamente todos los días y llegar a tus metas de escritura diarias. Es exactamente como el ejercicio: si lo dejas un día es mucho mas fácil dejarlo al siguiente, y al siguiente y al siguiente.

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¿Es posible escribir con niños?

octubre 10, 2019 — by Gabriella15

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¿Qué haré cuando tenga al bebé? —me preguntan, ansiosas, mujeres embarazadas en mi bandeja de correo. Como si yo tuviera la más remota idea de lo que es eso—. ¿Podré seguir escribiendo?“.

¡Sí, bienvenidos a una nueva entrega de Gabriella Responde a Cosas que le Preguntan por Email!

Hola, Gabriella, vengo a contarte mi vida en más de dos mil palabras y a hacerte preguntas de gran impacto vital, aunque no tengas formación alguna como terapeuta. ¿Qué podría salir mal?

Como buena especialista en responder a cuestiones que no me atañen, suelo decir que conozco a varias escritoras con familia que escriben y escriben mucho, ¡y que hasta viven de lo que escriben! Así que sé que en teoría es posible lo de escribir con niños, bebés y/o adolescentes.

En teoría.

Preguntando por las mazmorras

Yo no tengo progenie ni intención de tenerla, así que juego con ventaja al adjudicar tiempo a la escritura. Pero ya sabéis cómo va esto: escribir, reescribir, corregir, editar, publicar, diseñar, promocionarse… Ya me cuesta a mí encontrar horas en el día para todo: ¿cómo lo harán mis compañeras que son madres? Y ahora que hay, por suerte, un reparto un poco más equitativo en esto de criar niños, cada vez me escriben más autores masculinos que se enfrentan a la misma situación.

Así que decidí hacer lo único que se puede hacer en estos casos: batallar contra monstruos incontables en una mazmorra de cien niveles a cada cual más terrible, en busca del olvidado Talismán de la Sabiduría Infinita.

Y luego decidí que qué pereza, que aún tengo que llevar el hacha al afilador y las botas a abrillantar y buscar un peto mínimo de esos con sujetador metálico en punta como Madonna.

Opté por otra opción válida ante la ignorancia: preguntar.

Hice mi habitual crowdsourcing en redes sociales, hablé en persona con amigos y me encontré con muchísimas respuestas, algunas muy ingeniosas. Estaba claro que había muchos progenitores ahí fuera, locos por que alguien les preguntara, por fin, eso de: ¿cómo diantres has hecho lo de tener un bebé y publicar un libro (o tres)?

No todos los padres escriben

Antes de nada me gustaría dejar claro, una vez más, que escribir no es obligatorio y que nadie nos amenaza por teléfono con despedazar a nuestra amada secuestrada si no escribimos mil palabras diarias (espero).

Cuando se te olvida hacer la entrega semanal de 7000 palabras y llega esto a tu casa.

Hubo padres con los que hablé que me contaron que durante los primeros años de infancia de sus hijos dejaron de escribir por completo. No solo por falta de tiempo, sino porque querían dedicar ese tiempo a sus hijos en su totalidad.

Creo que esto es muy respetable (y posible). Estar dos o tres años sin escribir no te va a matar. Te costará recuperar las buenas costumbres y el nivel que habías alcanzado, pero no es imposible.

Pero también es totalmente respetable seguir escribiendo. Los hijos son importantes, sí, pero reservar un tiempo mínimo para algo que es importante para nosotros como individuos, como personas además de padres, podría ser muy beneficioso para nuestra salud mental.

Y de eso es de lo que vamos a tratar en este artículo.

Cómo criar y escribir, sin matar a nadie por el camino

Los rituales y las rutinas son cruciales para el escritor de a pie, el escritor que no tiene que levantarse cinco veces por noche a consolar a un bebé irritable. La práctica regular y periódica es fundamental para implementar un hábito saludable de escritura, pero “práctica regular y periódica” es algo que no está al alcance de muchos padres. Todos los padres con los que hablé parecen estar de acuerdo en que la adaptabilidad es crucial: sacan ratos de donde sea y simplifican lo más posible los procesos de escritura.

Adáptate o muere (de sueño)

Como dice Laura L. Cochard:

(…) los horarios con los bebés son muy fluctuantes, porque entre los estirones, la dentada, las regresiones de sueño y las enfermedades, toda la rutina cambia. La clave para mí está en mantenerse flexible. Y si uno es de esos escritores excéntricos que tienen que tener todo de determinada manera para escribir, pues nunca puedes con un bebé.

Para cada persona, flexibilidad puede significar algo distinto. Me ha resultado divertido ver hasta qué punto se adaptaban algunos padres a las necesidades de sus criaturas para poder escribir, como en esto que cuenta Marta de Myr:

Si tiene un día difícil, he descubierto que puedo dormirla metida en el fular y yo encima de una pelota de yoga.

Escribir dando botecitos no es muy fácil, así que a veces uso la grabadora o el dictado por voz.

Esas cosas nunca te las cuentan en los libros esos gordos con bebés mofletudos en la portada, ¿verdad?

Aprovecha los resquicios de tiempo

Cualquier momento es bueno para escribir:

  • Mientras los niños están en clases extraescolares, guardería o colegio.
  • En los ratos de viaje: trenes, autobuses, metro… Las idas y regreso del trabajo o del cole son momentos que se pueden aprovechar para la escritura.
  • En las horas más tempranas y las más tardías: entre las respuestas era común encontrar a escritores que se levantaban a las seis de la mañana o antes, o autores que escribían a medianoche. También escribían justo después de comer, mientras el resto de la familia se echaba siesta. Estos eran los únicos momentos tranquilos de los que podían disponer.
  • Cualquier hueco sirve: si se agarran cinco minutos, se agarran; las rachas de varias horas seguidas se aprovechan para realizar maratones.
  • Dicho esto, los fines de semana suelen ser la salvación de muchos padres, que entre niños y trabajo “nutricional” no encuentran un minuto para la escritura de lunes a viernes.

Cualquier herramienta vale: si hay que usar el móvil para escribir de forma disimulada delante de otros padres que esperan a recoger a sus hijos, pues se usa el móvil. Además, tienes el orgullo muy orgulloso de saber que mientras ellos tontean por Whatsapp o Instagram, tú estás salvando el mundo con tu escritura.

Sí, sí, vosotros seguid con vuestra cháchara superficial y vuestro trabajo inútil de médicos intensivistas, abogados medioambientales y científicos que investigan el cáncer… ¡yo sí que estoy haciendo algo importante!

También puedes aprovechar las ventajas del dictado para soltar ideas en cualquier parte o incluso para escribir: prueba la grabadora de tu móvil con complementos como Dictate de Microsoft, programas completos y avanzados como Dragon, o aplicaciones sencillas de transcripción instantánea como esta de Google.

Planifica donde y cuando puedas

Muchos escritores aprovechan ratos muertos para planificar. Estructuras y personajes se pueden diseñar en el móvil (o en la cabeza) en cualquier sitio: en una sala de espera, realizando tareas domésticas, paseando al perro… A veces hay que hacer encaje de bolillos para conseguirlo, pero no es imposible. Como cuenta Leonor Basallote:

En estos siete años he hecho malabares para compaginar la maternidad con la escritura: cascos y música para evitar a Bob Esponja y a Peppa Pig, grabar notas de voz en descansos en el parque, publicar en redes sociales mientras hago la cena, aprovechar cada siesta, actividad extraescolar o juego con amigos para planificar y escribir… Pero, aun así, he conseguido escribir una novela cada año y medio, más o menos, y contestar día sí, día no, la pregunta de: “¿cómo lo haces?”. Con mis ojeras pisándome los talones. 

Comunica y negocia tus prioridades

Si algo me ha quedado claro de toda esta debacle, es que es muy importante pactar tus ratos de escritura con la(s) persona(s) con las que compartas tus obligaciones de crianza. Muchos escritores hablaban de cómo se turnaban con su pareja para que cada uno tuviera tiempos periódicos que pudieran dedicar a ellos mismos, aunque solo fuesen unas horas un par de veces a la semana.

No todo el mundo tiene la inmensa suerte (o el gran infortunio) de convivir con otro escritor, así que a veces olvidamos que debemos explicar a nuestra pareja por qué la escritura es una prioridad para nosotros, y tampoco se nos ocurre que podamos negociar un intercambio de tiempo para que nuestra otra mitad pueda, también, tener un espacio para realizar todas esas actividades que son solo suyas.

Porque tú crees que tu escritura es importante, pero también tiene tu pareja derecho a su rato de fútbol con los colegas, a sus cursos de ganchillo irlandés y degustación de cervezas bielorrusas. No sé, creo que eso es todo lo que hacen las parejas que no son escritoras, tengo escasa experiencia en ese ámbito.

Guillermo, por ejemplo, tenía la extraña afición de ir a zonas desérticas y bailar haciendo el robot junto a señales de tráfico. ¿Quién era yo para juzgarlo?

Comparte tu escritura con tus hijos

También pueden encontrarse modos de seguir desarrollando la creatividad en familia. Dei Gaztelurrutia organiza actividades especiales con ese fin:

(…) he organizado con mis hijas la hora del TEC (taller de escritura creativa) y una tarde por semana nos juntamos las tres e inventamos cuentos.

Hacer partícipes a los hijos de tu escritura puede funcionar. Silvia Santipolo dice:

Ahora son grandes, pero en su momento los ponía arriba de la mesa en un bebesit e iba hablando en voz alta lo que escribía, mirándolo y “consultando” cualquier duda, siempre en voz alta, en una especie de diálogo… eso podía durar unos veinte minutos o mucho más si se dormían.

Parece que es bastante productivo aunar tus hábitos con los de tus hijos. Algunos escritores aprovechan para trabajar mientras sus niños hacen los deberes o mientras se quedan dormidos. Me encanta esto que cuenta Pilar G. Cortés:

(…) hasta hace dos años no era capaz de dormirse sola, teníamos que quedarnos con ella en la habitación hasta que se durmiera. Lo que al principio me pareció un fastidio (tener que estar ahí sin hacer nada hasta que se durmiera, una niña que considera que dormir es una pérdida de tiempo), lo convertí en mi ventaja. Me busqué un hueco junto a su cama, y con el portátil en las rodillas, o si tenía suerte encima de la cama, comencé a escribir todos los días. Casi siempre llegaba al objetivo de palabras, aunque había días que costaban más que otros.

Lo que funciona hoy podría no funcionar mañana

Las rutinas se modifican también con el crecimiento del bebé. Al contrario de lo que uno podría pensar, para muchos padres resulta más fácil escribir cuando los niños son muy pequeños. A partir de cierta edad, se acaban las siestas y el niño demanda una atención más constante. Quien escribe y es madre/padre está dispuesto a aceptar que algunas épocas son más difíciles que otras. Como dice Abel Amutxategi:

Combinar escritura, paternidad, pareja (que habrá que hacerle caso alguna vez, digo yo) y un trabajo nutricional a jornada completa es… divertido. Yo básicamente le robo el tiempo de escritura al sueño hasta que hago catacroquer y me veo obligado a cambiar de prioridades.

Tu capacidad de concentración podría ser determinante. Como explica Chiki Fabregat:

Siempre digo que los que venimos de familias numerosas, los que hacíamos los deberes en el salón, con la tele, con alguien al lado jugando al Scalextric… tenemos ventaja, porque podemos escribir y concentrarnos con los Teletubbies de fondo y preparar la merienda mientras trazamos arcos de personajes.

Los hábitos y la disciplina valen más que nunca

Pese a las dificultades evidentes que presentan los niños si quieres escribir, y dentro de la flexibilidad ya mencionada y tan necesaria, muchos padres desarrollan hábitos férreos que les permiten tener una disciplina admirable. Es el caso de Silvana Lameiro, que habla también de usar retos para conseguir resultados sorprendentes. Menciona algo determinante: prioridades.

Creo que el secreto está en la constancia y en si de verdad escribir es tu vida. Yo tengo un objetivo mínimo de 550 palabras diarias y lo cumplo siempre, desde hace dos años, seis días a la semana (…). Me voy marcando retos también: el año pasado, después de leer un artículo de tu blog, me propuse escribir un borrador de novela corta en sesenta días, escribiendo mil palabras diarias. Lo conseguí en treinta y cuatro.

Aprovecho cada rato que puedo, en el parque, en las actividades de mi peque escribo, básicamente el cuerpo me pide escribir. Cada ratito libre es para la lectura y la escritura, a veces es estresante, pero me compensa. Me encanta, es mi sueño.

Las metas son determinantes

Tener metas claras y muy bajas expectativas con tu primer borrador puede ayudar muchísimo a superar bloqueos, y los inconvenientes y obstáculos de cada día, como demuestra Caroline Corpas-Neale:

(…) lo que me funciona es olvidarme de que la prosa salga fluidamente. Si tengo que escribir a tramos de cinco minutos, pues bueno, eso es lo que hay, pero para eso tuve que convencerme de que el primer borrador siempre iba a ser una caca. Tener una meta es clave también. Me propuse escribir el borrador en tres meses, con un máximo de 150000 palabras. Dividiendo 150000 entre noventa días, tuve la meta de escritura diaria. (…) al final alcancé mi meta y el primer borrador tenia 120000 palabras. Cuando hay impedimentos (acabo de levantarme a limpiarle laca de uñas de las manos a la niña) ser sistemática funciona.

Hoja de cálculo donde Carolina apuntaba su progreso.

Tu ritmo no es el de los demás… y eso está bien

A la vez, debes aceptar que tu ritmo de trabajo es solo tuyo y que no tiene ningún sentido caer en la comparacionitis. Y que un párrafo o dos al día es mejor que nada. Cada experiencia es diferente, como muestra Nuria C. Botey:

Combinar escritura y maternidad, cuando uno de los niños tiene también diversidad funcional:

-Planificar la estructura y diseño de personajes a golpe de teléfono móvil (Evernote, Keep o similares) en cualquier sitio (sala de espera del médico, parque, etc.)
-Escribir de madrugada, robando horas al sueño.
-Imaginar la historia mientras planchas, friegas, etc.
-Aceptar que lo que otros hacen en 6 meses tú tardarás años en terminarlo.

Recuerda: cien palabras al día es mucho mejor que cero palabras al día, y poco a poco se van acumulando. Ya os he contado lo mucho que da de sí escribir 200 palabras diarias.

Los hijos también deben respetar tu tiempo

Es complicado que un bebé de seis meses entienda lo importante que es para ti la escritura. Pero conforme van creciendo, es posible (y hasta recomendable) conseguir que los hijos acepten que los ratos de escritura son algo serio y que no se deben interrumpir. Una buena amiga escritora, autora de romántica muy prolífica, me explicó que en su hogar sus hijos (¡y su marido!) sabían perfectamente que el tiempo de escritura era el “tiempo de mamá” y que era importante respetarlo.

Ya sabes que te quiero mucho, pequeña, pero si vuelves a interrumpirme en mi tiempo de escritura te cocinaré, te envasaré al vacío y usaré tu carne para alimentar a los niños pobres de África*.

Esto es algo que parecen tener en común muchas de las escritoras con hijos que conozco. Y sí, esto sí parece ser algo más propio de las mujeres: la necesidad de reivindicar un espacio temporal y físico propio. No es necesario citar a Virginia Woolf para entender la relevancia de esto: culturalmente todavía tenemos el lastre de pensar (y dar a entender) que nuestro tiempo y espacio siempre se comparten, que no son solo nuestros.

¿Y qué pasa con… ?

Sería muy largo entrar aquí en consideraciones específicas de sexo, de enfrentar maternidad con paternidad, pero sí que me habría gustado tener una mayor representación masculina en los ejemplos de este artículo, ya que no son solo mujeres las que me escriben hablándome de las dificultades de compaginar escritura con tareas familiares. También me habría gustado incluir ejemplos de casos de madres o padres solteros/divorciados, que lidian solos con las cargas y responsabilidades de tener hijos.

Por todo esto, me encantaría que contarais vuestras experiencias en los comentarios. Si escribís y tenéis hijos, ¿cómo ha sido para vosotros? ¿Habéis tenido que aparcar la escritura un tiempo? ¿O habéis encontrado modos de seguir adelante?

Contadme, que insisto en que yo, de todo esto, no puedo opinar nada.

Bastante es que tengo que cuidar a un gato. No os imagináis lo complicado que es levantarse a escribir cuando Ebony está acurrucado, calentito, contra mí en las mañanas de invierno.


*IMPORTANTE: Gabriella Literaria en ningún momento aprueba el cocinado, envasado al vacío y envío de niños a países en vías de desarrollo.


NOTAS PERSONALES:

Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

CRÉDITOS:

herramientas para escritores

Cómo utilizar el SAR para escribir más y mejor

septiembre 18, 2019 — by Gabriella8

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Imagina que te compras un coche, porque tienes dinero, sabes conducir y decides que tú también tienes derecho a moverte a velocidades inauditas mientras escuchas la lista de trap más reciente de Spotify y navegas entre pliegues no euclidianos de espacio-tiempo. Como persona que no tiene coche, asumo que estas son las razones por las que la gente se compra vehículos; corregidme por favor si me equivoco.

Y entonces ocurre. Es un fenómeno conocido: te has comprado un coche y de repente ves ese modelo de automóvil por todas partes, donde antes jamás lo habías visto. En el aparcamiento del supermercado, por la autovía, entre tus amigos y vecinos, en el cajón de la cocina…

¿Es que de repente el universo se ha confabulado para llenarse de un modelo de vehículo? ¿Es que Subrepticia, diosa de lo absurdo y de los fallos idiotas en Matrix, ha decidido reírse de ti? En absoluto. Lo que estás experimentando es el funcionamiento de tu SAR (sistema de activación reticular para los que ni sabíamos que esto existía). Además, Subrepticia solo se ríe de la gente de la Tierra en domingo, a las tres y cinco de la tarde hora peninsular.

Soy furtiva, hermosa y con un gran sentido del humor. No entiendo por qué no me habla nadie en el Olimpo.

¿Cómo funciona el SAR?

El SAR es un grupito de circuitos neuronales, una parte muy antigua de nuestro cerebro, que, básicamente, nos permite sobrevivir, aunque también puede ser un poquito malaje. Además de regular la transición entre sueño y vigilia, el SAR nos permite estar atentos a determinadas cosas por encima de otras. Es un maestro a la hora de enfocar en lo que es importante para nuestra supervivencia.

El pobre está un poco anticuado, eso sí, y en vez de fijarse en tigres diente de sable que acechan tras unos árboles, que de eso tenemos poco ahora, va y se fija en el trol purulento que viene a despotricar contra tu libro. Libro que, por supuesto, el trol ni siquiera se ha leído. Porque el trol está borracho (de poder y vino de mesa del Lidl), pero tú sientes crecer la ira, la desesperación, el síndrome del impostor y los siete males. En cierto modo, le debemos al SAR un montón de sesgos cognitivos.

Pensad en todos los estímulos que recibimos a lo largo de un día completo y entenderéis que necesitamos al SAR para filtrar la inmensa cantidad de información que nos rodea en cada momento. No podemos quedarnos con tantísimos datos, así que el SAR nos ayuda a procesar solo lo que es de interés para nosotros. Es la razón por la que puedes estar metido en una conversación en una fiesta ruidosa, pero reconoces tu nombre en boca de alguien en la otra punta de la habitación. Es la razón por la que una madre puede reconocer el llanto de su bebé desde lejos o por qué yo sé de inmediato cuándo Ebo se ha encontrado con otro gato en el jardín, por muy ocupada que esté trabajando, leyendo o viendo Legión.

¿Por qué no está TODO EL MUNDO viendo Legión?

Otras cositas interesantes que hace el SAR

También funciona para validar tu propia identidad y creencias. Esto es, prestarás más atención a un titular que encaja con tu visión del mundo; estarás dispuesto a creer un cumplido o un insulto si encajan con la visión que tienes de ti mismo. De nuevo, esto puede ser positivo (ahorra tiempo y energía, refuerza sistemas constructivos) o muy negativo (nos ciega a otros puntos de vista, refuerza sistemas destructivos).

El SAR alimenta nuestras creencias y nuestras creencias nos dan forma. Si crees que eres un gran conferenciante, probablemente lo serás: tu comportamiento se ajustará a ello, buscarás información sobre cómo dar buenas conferencias, tendrás confianza sobre el escenario. Si crees que eres una persona fea, no hay espejo bien iluminado de H&M ni premio de belleza internacional que te pueda convencer de lo contrario. El SAR no solo filtra la información, sino que acaba influyendo en nuestras acciones.

Es por esto por lo que hay muchísima información, más o menos rigurosa, destinada a intentar manipular este sistema. ¿Podemos usar el SAR en nuestro beneficio? Si le digo al espejo diez veces al día que soy hermosa, ¿acabaré influyendo en ese filtro? ¿Acabará el SAR dándome solo información sobre lo hermosa que soy?

ADVERTENCIA: Este blog no se responsabiliza del uso de técnicas de manipulación del SAR en conjunción con espejos mágicos. Solicitar información sobre tu hermosura a un espejo mágico te proporciona un bonus de +10 a SAR, pero también una penalización de -10 al asesinato exitoso de rivales y un -20 en fiabilidad de cazadores a tu servicio.

Lo bueno es que también consigues un +50 a explotación de minería local, así que a la larga a lo mejor te compensa.

Esto conduce, por desgracia, a una gran cantidad de pensamiento mágico. La famosa “ley de la atracción” es tal vez la representación más popular de un intento burdo de manipular el SAR. Si quieres algo con la suficiente fuerza, el universo conspirará para concedértelo y toda esa patraña.

Aun así, la ley de la atracción da con un punto importante: aquello donde enfocamos nuestra atención es crucial. Si nosotros “alimentamos” al SAR con datos claros y coherentes sobre lo que deseamos y necesitamos, este aplicará su filtro. Y este filtro nos permitirá acceso a información que en otras circunstancias se nos habría pasado por alto.

¿Puede ayudarnos el SAR a alcanzar nuestras metas?

Hay un problema con todo esto que no se suele tener en consideración, que es que a la hora de pedir al SAR que enfoque su atención en un solo elemento, estamos dejando de lado otros elementos. Nuestro poder de filtro y concentración es limitado. Por esto siempre digo que todo es cuestión de prioridades. Si te repites a ti mismo cien veces cada día que vas a perder peso, que haces ejercicio todos los días, que escribes 10000 palabras a diario, que quieres una relación apasionada con un señor alto y moreno, que quieres viajar a Venecia, Nepal y Groenlandia, y que serás un virtuoso del violín, lo que vas a tener es un cacao que no lleve a ninguna parte. En el caso concreto de la escritura, cada meta que tengas es un filtro de enfoque que estás retirando de otras metas e información.

Y, por supuesto, está el problema más obvio, la mayor crítica que se realiza a la ley de la atracción: puedes imaginarte durante una hora entera con un cuerpo esbelto, pero si sigues poniéndote hasta el culo de pasteles de chocolate mojados en Baileys, esto probablemente no pasará nunca. Nada es gratuito: el SAR nos da la información y además nos proporciona ideas y oportunidades que se nos habrían pasado por alto, pero no hace dieta por nosotros, ni se pone las zapatillas y sale a correr.

—¿Hoy no sales a correr, cariño?
—Ná, tranquilo, me lo imagino un rato y ya conspira el universo por mí.

Puede ayudar a nuestra disciplina el pensar constantemente en algo, pero no es determinante. Para ello es necesario un sistema y hay muchas herramientas que podemos elegir: podemos implementar hábitos, crear un compromiso público, modificar el entorno en nuestro beneficio… todos esos medios de los que tanto he hablado en el blog.

A eso voy: poner tu meta de escritura en un papel, por ejemplo, no te hará alcanzarla automáticamente. Y además hay personas que no funcionan bien con la presión de una meta, sino que responden mejor a la creación de rutinas diarias. Pero la cuestión es que si informas al SAR de que quieres algo, le estás dando la oportunidad de filtrar información en tu beneficio. Hay muchas formas de enfocar esto, desde la simple escritura diaria de una meta a la visualización compleja que utilizaba Michael Phelps para preparar sus carreras olímpicas(1). Aquí hay un ejemplo de Tobias van Schneider, que tiene un buen artículo sobre todo este tema; su proceso recomendado sería el siguiente:

  1. Primero, piensa en la meta o en la situación en la que quieres influir.
  2. Ahora piensa en la experiencia o resultado que quieres alcanzar en relación con esa meta o situación.
  3. Crea una “película” mental de cómo te imaginas que esa meta/situación podría suceder en el futuro. Fíjate en los sonidos, conversaciones, imágenes y detalles de esta película mental. Reprodúcela a menudo en tu cabeza.

En el caso ya mencionado de Phelps, este reproducía esa película mental cada vez que entrenaba. Así, cuando competía, solo era cuestión de volver a meter esa “cinta de vídeo” en el reproductor de su cabeza. Esto tiene múltiples ventajas: reduce el impacto de nuestro enfoque consciente en un momento en que deberíamos estar usando las rutinas implementadas en otra parte más automática de nuestro cerebro, determinado por el hábito; nos tranquiliza y reduce las posibilidades de meter la pata por estrés y, por supuesto, aprovecha el filtro constante que el SAR ha estado aplicando en nuestra práctica: todos los recursos posibles se dedican a la consecución de esta meta tan conocida para nosotros.

Métodos más sencillos, para escritores

Insisto en que hay muchas formas de hacer esto, aunque sin duda la de la cinta de vídeo será ideal para rutinas complejas como nadar en las Olimpíadas. Para cuestiones más sencillas como, simplemente, vencer a la procrastinación y obligarse a escribir, pueden servir también otros métodos, como la Big List o lista grande de la que habla el propio Van Schneider: una lista con sus metas principales, que lleva en el bolsillo y que mira de forma periódica. Y esa lista funciona así:

  1. Ten una lista permanente de las metas o cosas que quieras conseguir. Si nunca has hecho una lista de este tipo, empieza escribiendo unos 10 ítems para la lista. Pueden ser metas grandes o pequeñas, no importa.
  2. Esta lista puede ser completamente aleatoria, no hay orden de preferencia ni prioridad. Que sea sencilla: escríbela en papel. La de Van Schneider está en un cuaderno viejo que siempre tiene a mano.
  3. Cada ítem de la lista puede ser muy diferente. Pueden ser serios o absurdos. Piensa y responde con sinceridad: si no hubiera factores de tiempo, dinero, familia y etc., ¿qué te gustaría conseguir o hacer?
  4. Mantén esta lista en privado. Puedes hablar de algunos de los elementos de la lista con tus amigos, pero en general esta lista es lo que Van Schneider llama “tu sucio secreto personal”. Esta es una decisión de Van Schneider; otros insisten en la importancia de compartir tus metas para sentir una presión extra por cumplirlas y no quedar mal con otras personas. Ambas posibilidades tienen sus pros y sus contras: piensa qué suele funcionar mejor para ti.
  5. Cada mes o dos, saca la lista. Léela y decide qué metas ya no te interesan, elimínalas. No te sientas mal por esto: el cambio es bueno.
  6. Mira los demás elementos de la lista y pregúntate: “¿Sirve lo que estoy haciendo ahora, todos los días, para alguna de las metas de esta lista?”. Si la respuesta es afirmativa, continúa. Si es negativa, tendrás que cambiar algo de inmediato.

Esta lista serviría como brújula para tu camino, es cierto, pero no sé si mirarla cada mes o dos sería suficiente para el SAR. Personalmente sospecho que este necesitaría de un recordatorio más frecuente, como mínimo semanal (o, aun mejor, diario).

Los límites del SAR

Todo esto de la nueva psicología de la productividad, el ámbito del desarrollo personal y tantas cuestiones en el margen de las ciencias del comportamiento siempre me producen cierta desconfianza, ya que hay mucho ahí fuera que es meramente intuitivo, basado en conocimientos poco probados o directamente seudocientíficos. Conceptos como la visualización o esa ya mencionada “ley de la atracción” pueden atraer mucha palabrería poco fiable que, al final, no es más que una pérdida de tiempo (y de dinero, en el peor de los casos). A veces es difícil distinguir entre lo que es útil y lo que no es más que charlatanería de autoayuda clásica.

Hola, buenos días, ¿sabían que su salud depende de la positividad subjetiva de los estados de flujo cuánticos? ¿Y que están ustedes a solo cien kilómetros de una centralita wifi?

Por ejemplo, he encontrado numerosas afirmaciones por internet de que hay investigación científica que muestra que el SAR es activado especialmente por la escritura a mano, pero no he conseguido dar con la investigación en sí. Sea o no cierto, desde luego parece lógico: el acto de escribir a mano implica también movimiento muscular, coordinación visual, etc., por lo que es un proceso más complejo y lento que teclear en un móvil y podría dar un indicio al SAR de que lo que estamos haciendo es información relevante.

Esto es lo que sí sabemos: que el SAR se queda con lo que designamos como importante (¡para bien o para mal!) y que eso afecta a la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestras metas. Que posiblemente podamos manipular eso en nuestro favor, y que si lo hacemos escribiendo a mano ya sería ideal (aunque, como hemos visto, el uso de ciertas técnicas de visualización puede ser también muy efectivo).

En resumen: no te cuesta nada coger un cacho de papel ahora mismo y escribir que tendrás una novela terminada para el año que viene (y si pones fecha, mejor).

Pero (y esta es una pregunta sorprendentemente común): ¿qué ocurre si no sabes bien cuáles son tus objetivos?(2) Todo esto no sirve de nada si escribir no es, en realidad, una prioridad sincera para ti. Ya lo dice muy bien Isaac Belmar aquí, que parece que estamos sincronizados y le damos vueltas a las mismas cosas en los mismos momentos:

No importa lo mucho que se repita en voz alta el amor por la escritura, si no pones una palabra tras otra, estás mintiendo.

Puedes intentar engañar a tu SAR, a tu subconsciente y a las uñas de tus pies todo lo que quieras: si la escritura no es una prioridad para ti, encontrarás excusas a la vuelta de cada esquina. ¡Y muchas serán muy válidas, además!

Que lo digo siempre y me repito muchísimo me repito muchísimo me repito muchísimo.

Escribir por afición, porque te gusta, de vez en cuando, es maravilloso. Es ameno, bueno para el cerebro y para la creatividad, y hasta terapéutico.

Escribir para aprender a escribir, para escribir en serio, publicar… ah. Esa es una historia muy diferente.

¿Sabías dónde te estabas metiendo, verdad?



(1) Hay una explicación muy completa de cómo Phelps utilizaba esta técnica como hábito diario básico en el libro El poder de los hábitos, de Charles Duhigg

(2) Si estás en ese estado de confusión tan común de no saber si realmente escribir es una prioridad para ti y cuáles deberían ser tus metas al respecto, estoy preparando un pequeño artículo con un método que a mí me ha ayudado a ver las cosas mucho más claras. Pero solo será para la lista de correo, así que si te interesa leerlo en cuanto salga, tendrás que apuntarte aquí.

Notas personales:

Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

Créditos:

  • Imagen de Subrepticia, una de las diosas menos populares del panteón absurdo gabriellino, por stockfour en Shutterstock.
  • Imagen de reina malvada con técnicas avanzadas de SAR por Nicoleta Ionescu en Shutterstock.
  • Foto de pareja que ha leído demasiado a Paulo Coelho por Prostock-studio en Shutterstock.
  • Imagen de vendedor que ha leído demasiado a Deepak Chopra por Iakov Filimonov en Shutterstock.
  • Imagen de cabecera por optimarc en Shutterstock.

escribirsuperación personal

El síndrome del impostor es tu amigo

agosto 30, 2019 — by Gabriella8

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Cuando alguien toma la acertadísima decisión de suscribirse a mi lista de correo, recibe un email de bienvenida donde aparece una pregunta estremecedora: ¿cuál es el mayor obstáculo al que te enfrentas en tu escritura?

síndrome del impostor
Mira, cariño, una lista de correo que me obliga a enfrentarme a mis demonios personales: justo lo que buscaba en esta tarde de evasión por los vericuetos de internet.

Podéis imaginar las respuestas más comunes… o tal vez no. Los obstáculos tienden a ser más personales, psicológicos, que técnicos. Tengo toda una teoría sobre esto, pero no suele sentar muy bien cuando la expongo, así que dejémoslo en que parecería, por los emails, que tenemos muchas cuestiones mentales que resolver ante la escritura.