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25 ideas para un reto de 100 días de escritura

diciembre 10, 2019 — by Gabriella5

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Por aquí casi todas las tiendas mueren.

Hubo una que vendía papelería, tazas, velas, miscelánea así. En mi pueblo, que es grande y costero y demoledor, los comercios tienen una vida media de 0,3 segundos, sobre todo si no saben muy bien qué tipo de tienda son, (algo que me recuerda, por desgracia, a los escritores).

Era cuca y hacía esquina en pleno centro, pero cerró. Tuvo unos días de liquidación que dediqué, con cierto sabor culpable en la boca, a la rapiña.

No fui la única. A los pocos días, pillé a Patricia con material de la misma tienda. Nadie que escriba puede resistirse a los cuadernos de insectos y a los bolígrafos de gato.

Pero la mejor compra que hice en esa tienda fue un cuaderno de 100 días.

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Cómo saber si debes abandonar

noviembre 22, 2019 — by Gabriella17

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Explorar o explotar, esa es la cuestión.

No lo digo solo yo. Lo dicen los programadores y también la gente esa tan lista que analiza tendencias de mercado, economía y empresas.

Hay mucha terminología raruna y matemáticas extrañas asociadas al debate de la exploración/explotación, pero es también aplicable a nuestra vida diaria. Por ejemplo: se aplica a nuestros gustos musicales.

Una de las decisiones más complejas a la hora de definir qué música nos gusta es elegir si seguimos explorando o si pasamos ya a la explotación.

 Y esto, a la vez, depende bastante de nuestra fase vital:

  • ¿Cuántos años tienes? Si eres adolescente, es muy posible que estés ahora mismo escuchando muchas cosas distintas. Estás probablemente en una fase de exploración: quieres escuchar lo más posible, porque ¿y si te estás perdiendo cosas realmente buenas?
  • Si estás en la veintena, es muy probable que sigas explorando, pero que ya haya un conjunto relativamente grande de grupos y cantantes a los que recurras con bastante asiduidad, porque te han demostrado de forma repetida que lo que producen a ti te satisface. Cada vez tienes un gusto más definido.
  • Si has pasado los treinta, es muy posible que explores cada vez menos. Explorar cansa, porque hay mucha basura ahí fuera, sobre todo si escuchas Spotify sin ser premium. Crees que nada puede superar a los noventa (olvidas convenientemente la porquería que también teníamos en los noventa) y además tú tienes ya una serie de artistas que no te suelen decepcionar. Hay discos de más de diez o quince años que escuchas una y otra vez.
  • Si pasas los sesenta, es posible que alguien te haya acusado de ser cerrado de mente, de nunca querer escuchar nada nuevo (¿Los Beatles OTRA vez, en serio?). Pero ¿para qué? Tú ya sabes bien lo que te gusta.
debes abandonar la escritura
Tengo millones de canciones al alcance de un simple dedo en mi teléfono móvil, pero escucho el torito enamorao de la luna del Fary en bucle, porque así debe ser.

Este tipo de actitud ante el descubrimiento y el placer es otro de esos puntos donde se crea fricción intergeneracional. Los más mayores no entienden por qué los más jóvenes no saben estarse quietos un minuto, y los más jóvenes no entienden la cerrazón y falta de flexibilidad de sus mayores. Hay símiles políticos también, por los que se teoriza que somos más progresistas cuando jóvenes, y más conservadores conforme nos hacemos mayores.

Pero este es un blog de escritura, no de política (y cuánto me alegro de que así sea), así que vayamos al meollo meollante de nuestra peripecia escritoril:

¿Cómo afecta esta dicotomía a nuestra escritura?

Este enfrentamiento de exploración y explotación se da en la escritura también. Cuando empezamos a escribir, queremos probarlo todo. Queremos hacer endecasílabos gore, citas líricas en Instagram con bebés de fondo, pentalogías épicas con soliloquios shakespearianos. Leemos un montón de cosas distintas y eso hace que queramos emular mil estilos distintos.

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Siete técnicas reales para escribir todos los días

octubre 30, 2019 — by Gabriella8

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Sé muy bien lo que estáis pensando: ¿Gabriella está hablando de hábitos OTRA VEZ?

Algunos. Otros estáis pensando en cosas mucho más importantes, y, por mucho que me gustaría, todavía no puedo obligaros a pensar en mi blog durante todas vuestras horas despiertas.

(Todavía).

Mientras, hablemos de hábitos. Sí, otra vez.

Sabéis que defiendo la escritura diaria. Ninguna regla es perfecta para todo el mundo, pero “escribe todos los días” es la regla que, por lo que he podido ver, mejor funciona para los escritores que conozco.

Como dice la escritora de fantasía Mercedes Lackey, escribir es como hacer ejercicio:

cómo escribir todos los días

¿Qué conlleva y cómo es escribir un libro?

Disciplina. Debes sentarte absolutamente todos los días y llegar a tus metas de escritura diarias. Es exactamente como el ejercicio: si lo dejas un día es mucho mas fácil dejarlo al siguiente, y al siguiente y al siguiente.

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¿Es posible escribir con niños?

octubre 10, 2019 — by Gabriella13

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¿Qué haré cuando tenga al bebé? —me preguntan, ansiosas, mujeres embarazadas en mi bandeja de correo. Como si yo tuviera la más remota idea de lo que es eso—. ¿Podré seguir escribiendo?“.

¡Sí, bienvenidos a una nueva entrega de Gabriella Responde a Cosas que le Preguntan por Email!

Hola, Gabriella, vengo a contarte mi vida en más de dos mil palabras y a hacerte preguntas de gran impacto vital, aunque no tengas formación alguna como terapeuta. ¿Qué podría salir mal?

Como buena especialista en responder a cuestiones que no me atañen, suelo decir que conozco a varias escritoras con familia que escriben y escriben mucho, ¡y que hasta viven de lo que escriben! Así que sé que en teoría es posible lo de escribir con niños, bebés y/o adolescentes.

En teoría.

Preguntando por las mazmorras

Yo no tengo progenie ni intención de tenerla, así que juego con ventaja al adjudicar tiempo a la escritura. Pero ya sabéis cómo va esto: escribir, reescribir, corregir, editar, publicar, diseñar, promocionarse… Ya me cuesta a mí encontrar horas en el día para todo: ¿cómo lo harán mis compañeras que son madres? Y ahora que hay, por suerte, un reparto un poco más equitativo en esto de criar niños, cada vez me escriben más autores masculinos que se enfrentan a la misma situación.

Así que decidí hacer lo único que se puede hacer en estos casos: batallar contra monstruos incontables en una mazmorra de cien niveles a cada cual más terrible, en busca del olvidado Talismán de la Sabiduría Infinita.

Y luego decidí que qué pereza, que aún tengo que llevar el hacha al afilador y las botas a abrillantar y buscar un peto mínimo de esos con sujetador metálico en punta como Madonna.

Opté por otra opción válida ante la ignorancia: preguntar.

Hice mi habitual crowdsourcing en redes sociales, hablé en persona con amigos y me encontré con muchísimas respuestas, algunas muy ingeniosas. Estaba claro que había muchos progenitores ahí fuera, locos por que alguien les preguntara, por fin, eso de: ¿cómo diantres has hecho lo de tener un bebé y publicar un libro (o tres)?

No todos los padres escriben

Antes de nada me gustaría dejar claro, una vez más, que escribir no es obligatorio y que nadie nos amenaza por teléfono con despedazar a nuestra amada secuestrada si no escribimos mil palabras diarias (espero).

Cuando se te olvida hacer la entrega semanal de 7000 palabras y llega esto a tu casa.

Hubo padres con los que hablé que me contaron que durante los primeros años de infancia de sus hijos dejaron de escribir por completo. No solo por falta de tiempo, sino porque querían dedicar ese tiempo a sus hijos en su totalidad.

Creo que esto es muy respetable (y posible). Estar dos o tres años sin escribir no te va a matar. Te costará recuperar las buenas costumbres y el nivel que habías alcanzado, pero no es imposible.

Pero también es totalmente respetable seguir escribiendo. Los hijos son importantes, sí, pero reservar un tiempo mínimo para algo que es importante para nosotros como individuos, como personas además de padres, podría ser muy beneficioso para nuestra salud mental.

Y de eso es de lo que vamos a tratar en este artículo.

Cómo criar y escribir, sin matar a nadie por el camino

Los rituales y las rutinas son cruciales para el escritor de a pie, el escritor que no tiene que levantarse cinco veces por noche a consolar a un bebé irritable. La práctica regular y periódica es fundamental para implementar un hábito saludable de escritura, pero “práctica regular y periódica” es algo que no está al alcance de muchos padres. Todos los padres con los que hablé parecen estar de acuerdo en que la adaptabilidad es crucial: sacan ratos de donde sea y simplifican lo más posible los procesos de escritura.

Adáptate o muere (de sueño)

Como dice Laura L. Cochard:

(…) los horarios con los bebés son muy fluctuantes, porque entre los estirones, la dentada, las regresiones de sueño y las enfermedades, toda la rutina cambia. La clave para mí está en mantenerse flexible. Y si uno es de esos escritores excéntricos que tienen que tener todo de determinada manera para escribir, pues nunca puedes con un bebé.

Para cada persona, flexibilidad puede significar algo distinto. Me ha resultado divertido ver hasta qué punto se adaptaban algunos padres a las necesidades de sus criaturas para poder escribir, como en esto que cuenta Marta de Myr:

Si tiene un día difícil, he descubierto que puedo dormirla metida en el fular y yo encima de una pelota de yoga.

Escribir dando botecitos no es muy fácil, así que a veces uso la grabadora o el dictado por voz.

Esas cosas nunca te las cuentan en los libros esos gordos con bebés mofletudos en la portada, ¿verdad?

Aprovecha los resquicios de tiempo

Cualquier momento es bueno para escribir:

  • Mientras los niños están en clases extraescolares, guardería o colegio.
  • En los ratos de viaje: trenes, autobuses, metro… Las idas y regreso del trabajo o del cole son momentos que se pueden aprovechar para la escritura.
  • En las horas más tempranas y las más tardías: entre las respuestas era común encontrar a escritores que se levantaban a las seis de la mañana o antes, o autores que escribían a medianoche. También escribían justo después de comer, mientras el resto de la familia se echaba siesta. Estos eran los únicos momentos tranquilos de los que podían disponer.
  • Cualquier hueco sirve: si se agarran cinco minutos, se agarran; las rachas de varias horas seguidas se aprovechan para realizar maratones.
  • Dicho esto, los fines de semana suelen ser la salvación de muchos padres, que entre niños y trabajo “nutricional” no encuentran un minuto para la escritura de lunes a viernes.

Cualquier herramienta vale: si hay que usar el móvil para escribir de forma disimulada delante de otros padres que esperan a recoger a sus hijos, pues se usa el móvil. Además, tienes el orgullo muy orgulloso de saber que mientras ellos tontean por Whatsapp o Instagram, tú estás salvando el mundo con tu escritura.

Sí, sí, vosotros seguid con vuestra cháchara superficial y vuestro trabajo inútil de médicos intensivistas, abogados medioambientales y científicos que investigan el cáncer… ¡yo sí que estoy haciendo algo importante!

También puedes aprovechar las ventajas del dictado para soltar ideas en cualquier parte o incluso para escribir: prueba la grabadora de tu móvil con complementos como Dictate de Microsoft, programas completos y avanzados como Dragon, o aplicaciones sencillas de transcripción instantánea como esta de Google.

Planifica donde y cuando puedas

Muchos escritores aprovechan ratos muertos para planificar. Estructuras y personajes se pueden diseñar en el móvil (o en la cabeza) en cualquier sitio: en una sala de espera, realizando tareas domésticas, paseando al perro… A veces hay que hacer encaje de bolillos para conseguirlo, pero no es imposible. Como cuenta Leonor Basallote:

En estos siete años he hecho malabares para compaginar la maternidad con la escritura: cascos y música para evitar a Bob Esponja y a Peppa Pig, grabar notas de voz en descansos en el parque, publicar en redes sociales mientras hago la cena, aprovechar cada siesta, actividad extraescolar o juego con amigos para planificar y escribir… Pero, aun así, he conseguido escribir una novela cada año y medio, más o menos, y contestar día sí, día no, la pregunta de: “¿cómo lo haces?”. Con mis ojeras pisándome los talones. 

Comunica y negocia tus prioridades

Si algo me ha quedado claro de toda esta debacle, es que es muy importante pactar tus ratos de escritura con la(s) persona(s) con las que compartas tus obligaciones de crianza. Muchos escritores hablaban de cómo se turnaban con su pareja para que cada uno tuviera tiempos periódicos que pudieran dedicar a ellos mismos, aunque solo fuesen unas horas un par de veces a la semana.

No todo el mundo tiene la inmensa suerte (o el gran infortunio) de convivir con otro escritor, así que a veces olvidamos que debemos explicar a nuestra pareja por qué la escritura es una prioridad para nosotros, y tampoco se nos ocurre que podamos negociar un intercambio de tiempo para que nuestra otra mitad pueda, también, tener un espacio para realizar todas esas actividades que son solo suyas.

Porque tú crees que tu escritura es importante, pero también tiene tu pareja derecho a su rato de fútbol con los colegas, a sus cursos de ganchillo irlandés y degustación de cervezas bielorrusas. No sé, creo que eso es todo lo que hacen las parejas que no son escritoras, tengo escasa experiencia en ese ámbito.

Guillermo, por ejemplo, tenía la extraña afición de ir a zonas desérticas y bailar haciendo el robot junto a señales de tráfico. ¿Quién era yo para juzgarlo?

Comparte tu escritura con tus hijos

También pueden encontrarse modos de seguir desarrollando la creatividad en familia. Dei Gaztelurrutia organiza actividades especiales con ese fin:

(…) he organizado con mis hijas la hora del TEC (taller de escritura creativa) y una tarde por semana nos juntamos las tres e inventamos cuentos.

Hacer partícipes a los hijos de tu escritura puede funcionar. Silvia Santipolo dice:

Ahora son grandes, pero en su momento los ponía arriba de la mesa en un bebesit e iba hablando en voz alta lo que escribía, mirándolo y “consultando” cualquier duda, siempre en voz alta, en una especie de diálogo… eso podía durar unos veinte minutos o mucho más si se dormían.

Parece que es bastante productivo aunar tus hábitos con los de tus hijos. Algunos escritores aprovechan para trabajar mientras sus niños hacen los deberes o mientras se quedan dormidos. Me encanta esto que cuenta Pilar G. Cortés:

(…) hasta hace dos años no era capaz de dormirse sola, teníamos que quedarnos con ella en la habitación hasta que se durmiera. Lo que al principio me pareció un fastidio (tener que estar ahí sin hacer nada hasta que se durmiera, una niña que considera que dormir es una pérdida de tiempo), lo convertí en mi ventaja. Me busqué un hueco junto a su cama, y con el portátil en las rodillas, o si tenía suerte encima de la cama, comencé a escribir todos los días. Casi siempre llegaba al objetivo de palabras, aunque había días que costaban más que otros.

Lo que funciona hoy podría no funcionar mañana

Las rutinas se modifican también con el crecimiento del bebé. Al contrario de lo que uno podría pensar, para muchos padres resulta más fácil escribir cuando los niños son muy pequeños. A partir de cierta edad, se acaban las siestas y el niño demanda una atención más constante. Quien escribe y es madre/padre está dispuesto a aceptar que algunas épocas son más difíciles que otras. Como dice Abel Amutxategi:

Combinar escritura, paternidad, pareja (que habrá que hacerle caso alguna vez, digo yo) y un trabajo nutricional a jornada completa es… divertido. Yo básicamente le robo el tiempo de escritura al sueño hasta que hago catacroquer y me veo obligado a cambiar de prioridades.

Tu capacidad de concentración podría ser determinante. Como explica Chiki Fabregat:

Siempre digo que los que venimos de familias numerosas, los que hacíamos los deberes en el salón, con la tele, con alguien al lado jugando al Scalextric… tenemos ventaja, porque podemos escribir y concentrarnos con los Teletubbies de fondo y preparar la merienda mientras trazamos arcos de personajes.

Los hábitos y la disciplina valen más que nunca

Pese a las dificultades evidentes que presentan los niños si quieres escribir, y dentro de la flexibilidad ya mencionada y tan necesaria, muchos padres desarrollan hábitos férreos que les permiten tener una disciplina admirable. Es el caso de Silvana Lameiro, que habla también de usar retos para conseguir resultados sorprendentes. Menciona algo determinante: prioridades.

Creo que el secreto está en la constancia y en si de verdad escribir es tu vida. Yo tengo un objetivo mínimo de 550 palabras diarias y lo cumplo siempre, desde hace dos años, seis días a la semana (…). Me voy marcando retos también: el año pasado, después de leer un artículo de tu blog, me propuse escribir un borrador de novela corta en sesenta días, escribiendo mil palabras diarias. Lo conseguí en treinta y cuatro.

Aprovecho cada rato que puedo, en el parque, en las actividades de mi peque escribo, básicamente el cuerpo me pide escribir. Cada ratito libre es para la lectura y la escritura, a veces es estresante, pero me compensa. Me encanta, es mi sueño.

Las metas son determinantes

Tener metas claras y muy bajas expectativas con tu primer borrador puede ayudar muchísimo a superar bloqueos, y los inconvenientes y obstáculos de cada día, como demuestra Caroline Corpas-Neale:

(…) lo que me funciona es olvidarme de que la prosa salga fluidamente. Si tengo que escribir a tramos de cinco minutos, pues bueno, eso es lo que hay, pero para eso tuve que convencerme de que el primer borrador siempre iba a ser una caca. Tener una meta es clave también. Me propuse escribir el borrador en tres meses, con un máximo de 150000 palabras. Dividiendo 150000 entre noventa días, tuve la meta de escritura diaria. (…) al final alcancé mi meta y el primer borrador tenia 120000 palabras. Cuando hay impedimentos (acabo de levantarme a limpiarle laca de uñas de las manos a la niña) ser sistemática funciona.

Hoja de cálculo donde Carolina apuntaba su progreso.

Tu ritmo no es el de los demás… y eso está bien

A la vez, debes aceptar que tu ritmo de trabajo es solo tuyo y que no tiene ningún sentido caer en la comparacionitis. Y que un párrafo o dos al día es mejor que nada. Cada experiencia es diferente, como muestra Nuria C. Botey:

Combinar escritura y maternidad, cuando uno de los niños tiene también diversidad funcional:

-Planificar la estructura y diseño de personajes a golpe de teléfono móvil (Evernote, Keep o similares) en cualquier sitio (sala de espera del médico, parque, etc.)
-Escribir de madrugada, robando horas al sueño.
-Imaginar la historia mientras planchas, friegas, etc.
-Aceptar que lo que otros hacen en 6 meses tú tardarás años en terminarlo.

Recuerda: cien palabras al día es mucho mejor que cero palabras al día, y poco a poco se van acumulando. Ya os he contado lo mucho que da de sí escribir 200 palabras diarias.

Los hijos también deben respetar tu tiempo

Es complicado que un bebé de seis meses entienda lo importante que es para ti la escritura. Pero conforme van creciendo, es posible (y hasta recomendable) conseguir que los hijos acepten que los ratos de escritura son algo serio y que no se deben interrumpir. Una buena amiga escritora, autora de romántica muy prolífica, me explicó que en su hogar sus hijos (¡y su marido!) sabían perfectamente que el tiempo de escritura era el “tiempo de mamá” y que era importante respetarlo.

Ya sabes que te quiero mucho, pequeña, pero si vuelves a interrumpirme en mi tiempo de escritura te cocinaré, te envasaré al vacío y usaré tu carne para alimentar a los niños pobres de África*.

Esto es algo que parecen tener en común muchas de las escritoras con hijos que conozco. Y sí, esto sí parece ser algo más propio de las mujeres: la necesidad de reivindicar un espacio temporal y físico propio. No es necesario citar a Virginia Woolf para entender la relevancia de esto: culturalmente todavía tenemos el lastre de pensar (y dar a entender) que nuestro tiempo y espacio siempre se comparten, que no son solo nuestros.

¿Y qué pasa con… ?

Sería muy largo entrar aquí en consideraciones específicas de sexo, de enfrentar maternidad con paternidad, pero sí que me habría gustado tener una mayor representación masculina en los ejemplos de este artículo, ya que no son solo mujeres las que me escriben hablándome de las dificultades de compaginar escritura con tareas familiares. También me habría gustado incluir ejemplos de casos de madres o padres solteros/divorciados, que lidian solos con las cargas y responsabilidades de tener hijos.

Por todo esto, me encantaría que contarais vuestras experiencias en los comentarios. Si escribís y tenéis hijos, ¿cómo ha sido para vosotros? ¿Habéis tenido que aparcar la escritura un tiempo? ¿O habéis encontrado modos de seguir adelante?

Contadme, que insisto en que yo, de todo esto, no puedo opinar nada.

Bastante es que tengo que cuidar a un gato. No os imagináis lo complicado que es levantarse a escribir cuando Ebony está acurrucado, calentito, contra mí en las mañanas de invierno.


*IMPORTANTE: Gabriella Literaria en ningún momento aprueba el cocinado, envasado al vacío y envío de niños a países en vías de desarrollo.


NOTAS PERSONALES:

Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

CRÉDITOS:

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Cómo utilizar el SAR para escribir más y mejor

septiembre 18, 2019 — by Gabriella8

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Imagina que te compras un coche, porque tienes dinero, sabes conducir y decides que tú también tienes derecho a moverte a velocidades inauditas mientras escuchas la lista de trap más reciente de Spotify y navegas entre pliegues no euclidianos de espacio-tiempo. Como persona que no tiene coche, asumo que estas son las razones por las que la gente se compra vehículos; corregidme por favor si me equivoco.

Y entonces ocurre. Es un fenómeno conocido: te has comprado un coche y de repente ves ese modelo de automóvil por todas partes, donde antes jamás lo habías visto. En el aparcamiento del supermercado, por la autovía, entre tus amigos y vecinos, en el cajón de la cocina…

¿Es que de repente el universo se ha confabulado para llenarse de un modelo de vehículo? ¿Es que Subrepticia, diosa de lo absurdo y de los fallos idiotas en Matrix, ha decidido reírse de ti? En absoluto. Lo que estás experimentando es el funcionamiento de tu SAR (sistema de activación reticular para los que ni sabíamos que esto existía). Además, Subrepticia solo se ríe de la gente de la Tierra en domingo, a las tres y cinco de la tarde hora peninsular.

Soy furtiva, hermosa y con un gran sentido del humor. No entiendo por qué no me habla nadie en el Olimpo.

¿Cómo funciona el SAR?

El SAR es un grupito de circuitos neuronales, una parte muy antigua de nuestro cerebro, que, básicamente, nos permite sobrevivir, aunque también puede ser un poquito malaje. Además de regular la transición entre sueño y vigilia, el SAR nos permite estar atentos a determinadas cosas por encima de otras. Es un maestro a la hora de enfocar en lo que es importante para nuestra supervivencia.

El pobre está un poco anticuado, eso sí, y en vez de fijarse en tigres diente de sable que acechan tras unos árboles, que de eso tenemos poco ahora, va y se fija en el trol purulento que viene a despotricar contra tu libro. Libro que, por supuesto, el trol ni siquiera se ha leído. Porque el trol está borracho (de poder y vino de mesa del Lidl), pero tú sientes crecer la ira, la desesperación, el síndrome del impostor y los siete males. En cierto modo, le debemos al SAR un montón de sesgos cognitivos.

Pensad en todos los estímulos que recibimos a lo largo de un día completo y entenderéis que necesitamos al SAR para filtrar la inmensa cantidad de información que nos rodea en cada momento. No podemos quedarnos con tantísimos datos, así que el SAR nos ayuda a procesar solo lo que es de interés para nosotros. Es la razón por la que puedes estar metido en una conversación en una fiesta ruidosa, pero reconoces tu nombre en boca de alguien en la otra punta de la habitación. Es la razón por la que una madre puede reconocer el llanto de su bebé desde lejos o por qué yo sé de inmediato cuándo Ebo se ha encontrado con otro gato en el jardín, por muy ocupada que esté trabajando, leyendo o viendo Legión.

¿Por qué no está TODO EL MUNDO viendo Legión?

Otras cositas interesantes que hace el SAR

También funciona para validar tu propia identidad y creencias. Esto es, prestarás más atención a un titular que encaja con tu visión del mundo; estarás dispuesto a creer un cumplido o un insulto si encajan con la visión que tienes de ti mismo. De nuevo, esto puede ser positivo (ahorra tiempo y energía, refuerza sistemas constructivos) o muy negativo (nos ciega a otros puntos de vista, refuerza sistemas destructivos).

El SAR alimenta nuestras creencias y nuestras creencias nos dan forma. Si crees que eres un gran conferenciante, probablemente lo serás: tu comportamiento se ajustará a ello, buscarás información sobre cómo dar buenas conferencias, tendrás confianza sobre el escenario. Si crees que eres una persona fea, no hay espejo bien iluminado de H&M ni premio de belleza internacional que te pueda convencer de lo contrario. El SAR no solo filtra la información, sino que acaba influyendo en nuestras acciones.

Es por esto por lo que hay muchísima información, más o menos rigurosa, destinada a intentar manipular este sistema. ¿Podemos usar el SAR en nuestro beneficio? Si le digo al espejo diez veces al día que soy hermosa, ¿acabaré influyendo en ese filtro? ¿Acabará el SAR dándome solo información sobre lo hermosa que soy?

ADVERTENCIA: Este blog no se responsabiliza del uso de técnicas de manipulación del SAR en conjunción con espejos mágicos. Solicitar información sobre tu hermosura a un espejo mágico te proporciona un bonus de +10 a SAR, pero también una penalización de -10 al asesinato exitoso de rivales y un -20 en fiabilidad de cazadores a tu servicio.

Lo bueno es que también consigues un +50 a explotación de minería local, así que a la larga a lo mejor te compensa.

Esto conduce, por desgracia, a una gran cantidad de pensamiento mágico. La famosa “ley de la atracción” es tal vez la representación más popular de un intento burdo de manipular el SAR. Si quieres algo con la suficiente fuerza, el universo conspirará para concedértelo y toda esa patraña.

Aun así, la ley de la atracción da con un punto importante: aquello donde enfocamos nuestra atención es crucial. Si nosotros “alimentamos” al SAR con datos claros y coherentes sobre lo que deseamos y necesitamos, este aplicará su filtro. Y este filtro nos permitirá acceso a información que en otras circunstancias se nos habría pasado por alto.

¿Puede ayudarnos el SAR a alcanzar nuestras metas?

Hay un problema con todo esto que no se suele tener en consideración, que es que a la hora de pedir al SAR que enfoque su atención en un solo elemento, estamos dejando de lado otros elementos. Nuestro poder de filtro y concentración es limitado. Por esto siempre digo que todo es cuestión de prioridades. Si te repites a ti mismo cien veces cada día que vas a perder peso, que haces ejercicio todos los días, que escribes 10000 palabras a diario, que quieres una relación apasionada con un señor alto y moreno, que quieres viajar a Venecia, Nepal y Groenlandia, y que serás un virtuoso del violín, lo que vas a tener es un cacao que no lleve a ninguna parte. En el caso concreto de la escritura, cada meta que tengas es un filtro de enfoque que estás retirando de otras metas e información.

Y, por supuesto, está el problema más obvio, la mayor crítica que se realiza a la ley de la atracción: puedes imaginarte durante una hora entera con un cuerpo esbelto, pero si sigues poniéndote hasta el culo de pasteles de chocolate mojados en Baileys, esto probablemente no pasará nunca. Nada es gratuito: el SAR nos da la información y además nos proporciona ideas y oportunidades que se nos habrían pasado por alto, pero no hace dieta por nosotros, ni se pone las zapatillas y sale a correr.

—¿Hoy no sales a correr, cariño?
—Ná, tranquilo, me lo imagino un rato y ya conspira el universo por mí.

Puede ayudar a nuestra disciplina el pensar constantemente en algo, pero no es determinante. Para ello es necesario un sistema y hay muchas herramientas que podemos elegir: podemos implementar hábitos, crear un compromiso público, modificar el entorno en nuestro beneficio… todos esos medios de los que tanto he hablado en el blog.

A eso voy: poner tu meta de escritura en un papel, por ejemplo, no te hará alcanzarla automáticamente. Y además hay personas que no funcionan bien con la presión de una meta, sino que responden mejor a la creación de rutinas diarias. Pero la cuestión es que si informas al SAR de que quieres algo, le estás dando la oportunidad de filtrar información en tu beneficio. Hay muchas formas de enfocar esto, desde la simple escritura diaria de una meta a la visualización compleja que utilizaba Michael Phelps para preparar sus carreras olímpicas(1). Aquí hay un ejemplo de Tobias van Schneider, que tiene un buen artículo sobre todo este tema; su proceso recomendado sería el siguiente:

  1. Primero, piensa en la meta o en la situación en la que quieres influir.
  2. Ahora piensa en la experiencia o resultado que quieres alcanzar en relación con esa meta o situación.
  3. Crea una “película” mental de cómo te imaginas que esa meta/situación podría suceder en el futuro. Fíjate en los sonidos, conversaciones, imágenes y detalles de esta película mental. Reprodúcela a menudo en tu cabeza.

En el caso ya mencionado de Phelps, este reproducía esa película mental cada vez que entrenaba. Así, cuando competía, solo era cuestión de volver a meter esa “cinta de vídeo” en el reproductor de su cabeza. Esto tiene múltiples ventajas: reduce el impacto de nuestro enfoque consciente en un momento en que deberíamos estar usando las rutinas implementadas en otra parte más automática de nuestro cerebro, determinado por el hábito; nos tranquiliza y reduce las posibilidades de meter la pata por estrés y, por supuesto, aprovecha el filtro constante que el SAR ha estado aplicando en nuestra práctica: todos los recursos posibles se dedican a la consecución de esta meta tan conocida para nosotros.

Métodos más sencillos, para escritores

Insisto en que hay muchas formas de hacer esto, aunque sin duda la de la cinta de vídeo será ideal para rutinas complejas como nadar en las Olimpíadas. Para cuestiones más sencillas como, simplemente, vencer a la procrastinación y obligarse a escribir, pueden servir también otros métodos, como la Big List o lista grande de la que habla el propio Van Schneider: una lista con sus metas principales, que lleva en el bolsillo y que mira de forma periódica. Y esa lista funciona así:

  1. Ten una lista permanente de las metas o cosas que quieras conseguir. Si nunca has hecho una lista de este tipo, empieza escribiendo unos 10 ítems para la lista. Pueden ser metas grandes o pequeñas, no importa.
  2. Esta lista puede ser completamente aleatoria, no hay orden de preferencia ni prioridad. Que sea sencilla: escríbela en papel. La de Van Schneider está en un cuaderno viejo que siempre tiene a mano.
  3. Cada ítem de la lista puede ser muy diferente. Pueden ser serios o absurdos. Piensa y responde con sinceridad: si no hubiera factores de tiempo, dinero, familia y etc., ¿qué te gustaría conseguir o hacer?
  4. Mantén esta lista en privado. Puedes hablar de algunos de los elementos de la lista con tus amigos, pero en general esta lista es lo que Van Schneider llama “tu sucio secreto personal”. Esta es una decisión de Van Schneider; otros insisten en la importancia de compartir tus metas para sentir una presión extra por cumplirlas y no quedar mal con otras personas. Ambas posibilidades tienen sus pros y sus contras: piensa qué suele funcionar mejor para ti.
  5. Cada mes o dos, saca la lista. Léela y decide qué metas ya no te interesan, elimínalas. No te sientas mal por esto: el cambio es bueno.
  6. Mira los demás elementos de la lista y pregúntate: “¿Sirve lo que estoy haciendo ahora, todos los días, para alguna de las metas de esta lista?”. Si la respuesta es afirmativa, continúa. Si es negativa, tendrás que cambiar algo de inmediato.

Esta lista serviría como brújula para tu camino, es cierto, pero no sé si mirarla cada mes o dos sería suficiente para el SAR. Personalmente sospecho que este necesitaría de un recordatorio más frecuente, como mínimo semanal (o, aun mejor, diario).

Los límites del SAR

Todo esto de la nueva psicología de la productividad, el ámbito del desarrollo personal y tantas cuestiones en el margen de las ciencias del comportamiento siempre me producen cierta desconfianza, ya que hay mucho ahí fuera que es meramente intuitivo, basado en conocimientos poco probados o directamente seudocientíficos. Conceptos como la visualización o esa ya mencionada “ley de la atracción” pueden atraer mucha palabrería poco fiable que, al final, no es más que una pérdida de tiempo (y de dinero, en el peor de los casos). A veces es difícil distinguir entre lo que es útil y lo que no es más que charlatanería de autoayuda clásica.

Hola, buenos días, ¿sabían que su salud depende de la positividad subjetiva de los estados de flujo cuánticos? ¿Y que están ustedes a solo cien kilómetros de una centralita wifi?

Por ejemplo, he encontrado numerosas afirmaciones por internet de que hay investigación científica que muestra que el SAR es activado especialmente por la escritura a mano, pero no he conseguido dar con la investigación en sí. Sea o no cierto, desde luego parece lógico: el acto de escribir a mano implica también movimiento muscular, coordinación visual, etc., por lo que es un proceso más complejo y lento que teclear en un móvil y podría dar un indicio al SAR de que lo que estamos haciendo es información relevante.

Esto es lo que sí sabemos: que el SAR se queda con lo que designamos como importante (¡para bien o para mal!) y que eso afecta a la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestras metas. Que posiblemente podamos manipular eso en nuestro favor, y que si lo hacemos escribiendo a mano ya sería ideal (aunque, como hemos visto, el uso de ciertas técnicas de visualización puede ser también muy efectivo).

En resumen: no te cuesta nada coger un cacho de papel ahora mismo y escribir que tendrás una novela terminada para el año que viene (y si pones fecha, mejor).

Pero (y esta es una pregunta sorprendentemente común): ¿qué ocurre si no sabes bien cuáles son tus objetivos?(2) Todo esto no sirve de nada si escribir no es, en realidad, una prioridad sincera para ti. Ya lo dice muy bien Isaac Belmar aquí, que parece que estamos sincronizados y le damos vueltas a las mismas cosas en los mismos momentos:

No importa lo mucho que se repita en voz alta el amor por la escritura, si no pones una palabra tras otra, estás mintiendo.

Puedes intentar engañar a tu SAR, a tu subconsciente y a las uñas de tus pies todo lo que quieras: si la escritura no es una prioridad para ti, encontrarás excusas a la vuelta de cada esquina. ¡Y muchas serán muy válidas, además!

Que lo digo siempre y me repito muchísimo me repito muchísimo me repito muchísimo.

Escribir por afición, porque te gusta, de vez en cuando, es maravilloso. Es ameno, bueno para el cerebro y para la creatividad, y hasta terapéutico.

Escribir para aprender a escribir, para escribir en serio, publicar… ah. Esa es una historia muy diferente.

¿Sabías dónde te estabas metiendo, verdad?



(1) Hay una explicación muy completa de cómo Phelps utilizaba esta técnica como hábito diario básico en el libro El poder de los hábitos, de Charles Duhigg

(2) Si estás en ese estado de confusión tan común de no saber si realmente escribir es una prioridad para ti y cuáles deberían ser tus metas al respecto, estoy preparando un pequeño artículo con un método que a mí me ha ayudado a ver las cosas mucho más claras. Pero solo será para la lista de correo, así que si te interesa leerlo en cuanto salga, tendrás que apuntarte aquí.

Notas personales:

Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

Créditos:

  • Imagen de Subrepticia, una de las diosas menos populares del panteón absurdo gabriellino, por stockfour en Shutterstock.
  • Imagen de reina malvada con técnicas avanzadas de SAR por Nicoleta Ionescu en Shutterstock.
  • Foto de pareja que ha leído demasiado a Paulo Coelho por Prostock-studio en Shutterstock.
  • Imagen de vendedor que ha leído demasiado a Deepak Chopra por Iakov Filimonov en Shutterstock.
  • Imagen de cabecera por optimarc en Shutterstock.

escribirsuperación personal

El síndrome del impostor es tu amigo

agosto 30, 2019 — by Gabriella8

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Cuando alguien toma la acertadísima decisión de suscribirse a mi lista de correo, recibe un email de bienvenida donde aparece una pregunta estremecedora: ¿cuál es el mayor obstáculo al que te enfrentas en tu escritura?

síndrome del impostor
Mira, cariño, una lista de correo que me obliga a enfrentarme a mis demonios personales: justo lo que buscaba en esta tarde de evasión por los vericuetos de internet.

Podéis imaginar las respuestas más comunes… o tal vez no. Los obstáculos tienden a ser más personales, psicológicos, que técnicos. Tengo toda una teoría sobre esto, pero no suele sentar muy bien cuando la expongo, así que dejémoslo en que parecería, por los emails, que tenemos muchas cuestiones mentales que resolver ante la escritura.

creatividadherramientas para escritores

Cómo convertir ideas mediocres en ideas extraordinarias

agosto 1, 2019 — by Gabriella7

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La inspiración es una amiga falsa, falsísima.

Es tan falsa que a veces te presta libros que ni siquiera son suyos; te dice que ese vestido rosa te queda fatal (cuando en realidad te hace culazo); intenta robarte la cerveza buena mientras tú te distraes en conversaciones profundas sobre la dialéctica socrática con tus colegas.

Cuidado con ella: os digo que no es de fiar.

La inspiración es como un exceso de calimocho a las tres de la mañana: a veces te da muy malas ideas. Ideas que apuntas con emoción para descubrir, varias semanas más tarde, que solo sirven para convertir tu libro en un fanfiction de Crepúsculo.

Yo solo compro Don Simón en botella de cristal, que soy una dama

Que las primeras ideas no son las mejores es algo que todos hemos sufrido. Así que hoy traigo un par de técnicas que funcionan, técnicas que sirven para bucear un poco más en las profundidades del subconsciente y extraer gemas inesperadas.

1. La lista de 100

Esto se lo leí hace poco a Stephen Moore, pero yo ya usaba alguna variante y puedo dar fe de que es estupendo. ¿Para qué quedarte con tu primera idea cuando probablemente la idea brillante esté en el puesto 77 de tu lista?

Y si no escribes esa lista, nunca lo sabrás.

Hay dos maneras de llevar a cabo esta técnica. Puedes hacer:

a) Una lista simple, de ideas independientes, o

b) Una lista continua, de ideas asociadas.

La lista simple

Fácil y eficiente. ¿Buscas una idea? Escribe 100. Esto es harto difícil, pero lo importante es recordar que nadie te está juzgando: vale cualquier cosa. Si estás buscando una idea para la trama de tu novela y escribes “una gran caca de perro”, eso es válido. Seguramente no te servirá de nada, pero al eliminar los filtros de tu mente más seria y racional, dejas paso a la tontería, a la chorrada, a lo extraño y lo maravilloso. Y de lo más profundo de nuestro subconsciente pueden surgir las ideas que necesitamos, porque pueden salir de las restricciones y estructuras que nos imponemos mediante patrones habituales de comportamiento y pensamiento.

Así que tal vez esa caca de perro sea el elemento de trama que necesitabas. Tal vez pisar un buen excremento blando y oloroso sea justo lo que le hacía falta a tu personaje para volverse majara y empezar a asesinar a viandantes con su recortada.

Por ejemplo.

La lista continua

Esta es la lista que propone Moore, que lo explica del modo que yo ahora procedo a explicar explicadamente, si consigo explicarme.

Cómprate una libreta. Moore dice que el tamaño, tipo de rayado o gramaje del papel no importan, pero todos sabemos que eso no es cierto.

Necesitas una de estas

Necesitas también un lápiz, bolígrafo o pluma. Moore repite que da igual lo que uses y me horroriza la ignorancia de este hombre. Es completamente obligatorio usar un Pilot V5, una estilográfica que te haya costado más de 15 euros o una plumilla caligráfica. Si me apuras mucho, mucho, puedes usar un portaminas (pero solo con mina de 0,7) o un lápiz con dibujitos de unicornios (que debe ser B o 2B. El HB es para personas que nunca dejaron el colegio y me batiré en duelo con cualquiera que diga lo contrario*).

Todo lo que se indica a continuación puede hacerse solo con texto, pero es mucho mejor si también haces dibujitos, como Moore:

También autorizo el uso de puntafinas Staedtler o Sakura, cualquier rotulador acuarelable o de punta pincel, y de cualquier objeto que ponga Faber-Castell por algún lado.

Escribe tu idea número uno. Este es tu punto de partida.

Ahora desarrolla esa idea un poco hasta que se convierta en tu idea número dos. Desarrolla a la vez esa idea, cambia, aumenta, ramifica, hasta dar con la idea tres. Es posible que salgan más ideas de aquí; apúntalas a un lado, porque te harán falta más adelante.

Enfoca en un área de la idea tres. A lo mejor has puesto que tu personaje abandona su aldea para convertirse en cantante de reguetón en la capital. Concéntrate en la idea de abandono. ¿Qué deja atrás? ¿Había alguna relación romántica? ¿Algún problema familiar? Expande esos conceptos hasta dar con tus ideas cuatro, cinco y seis. Aumenta los detalles y tendrás tus ideas siete, ocho y nueve. Y así todo. Recuerda: nada es demasiado absurdo ni ridículo.

Excepto esto. Me da igual que intentéis hacerlas elegantes y sexis. LAS RIÑONERAS SON EL TERCER SIGNO DEL APOCALIPSIS Y ME BATIRÉ EN DUELO** CON CUALQUIERA QUE DIGA LO CONTRARIO.

Llegará el momento en que se te agoten las ideas. A lo mejor te gustó mucho la idea 23 y desde entonces solo escribes tonterías. Recupera las ideas que apuntaste al principio a un lado y repite el proceso.

Este sistema trata de agotar todas las posibilidades y de examinar salidas que de otro modo no se te habrían ocurrido. Aguanta. Intenta llegar a 100. Porque a lo mejor en la idea 99 das con el concepto que no solo cambia tu novela, sino toda tu forma de escribir. Y tu vida. Y el universo***.

Esto no tienes por qué hacerlo de una sentada. Pero te animo a terminar los 100. Y si no tienes tiempo o no puedes, intenta hacer por lo menos 20. Te aseguro que merece la pena.

Y si realmente quieres hacer esto bien, coge las dos o tres mejores ideas de tu lista y vuelve a desarrollarlas, siguiendo el mismo proceso. ¡O también puedes combinarlas! Acabarás con un concepto refinado, original y coherente.

Y hablando de combinar…

2. Combina con lo aleatorio

Ya he hablado en este blog del sexo de ideas y de lo bien que funciona mezclar cosas que no parecen tener nada que ver. En este artículo tienes un montón de fórmulas. Pero ¿qué ocurre si añadimos el factor aleatorio?

Sabéis que soy muy fan del poder de lo aleatorio. A veces a nuestro cerebro le hace falta un empujoncito para que salga de lo habitual. Las mejores ideas pueden surgir de una combinación de conceptos que ya tenemos, y si usamos algo extraño, fuera de nuestro ámbito de experiencia, podemos detonar combinaciones inesperadas.

Hay un ejercicio que se hace a veces en empresas con equipos creativos: se trae a un manojo de expertos en cosas muy muy especializadas y cada uno habla durante 5 minutos de su proceso. Es llamativo lo mucho que puede inspirar escuchar cómo se crean unos cordones, cómo se aprende a tocar el violín o quién gobernaba en el siglo XIV en un país diminuto del que apenas has oído hablar. Son cuestiones tan raras y diferentes que disparan conexiones nuevas entre los conocimientos que ya tenemos.

Veamos un ejemplo narrativo

Imagina que estás escribiendo un relato simplón y clásico sobre un chico (llamémoslo Pedro) que intenta conquistar a una chica (llamémosla Laura Angélica de las Mercedes).

Le das al artículo aleatorio de la Wikipedia y te sale el Cristo abrazado a la cruz de El Greco. Para mí lo más interesante de esta obra es que el señor Doménikos (uno de mis pintores favoritos ever, por cierto) hizo varias cuadros sobre este tema, todos muy similares entre sí. ¿Y si Pedro tuviera un superpoder que le permitiera crear versiones diferentes de su cuadro… es decir… de su realidad? ¿Y si Pedro pudiera diseñar y probar cientos de realidades posibles, con cientos de maneras de conquistar a Laura Angélica de las Mercedes? A lo mejor al final Pedro descubre que ninguna funciona; tal vez se queda con la versión en la que sale Lauro Angélico de los Mercados; tal vez Laura Angélica de las Mercedes a su vez diseña cientos de realidades en las que pretende acabar con su acosador (Pedro); puede que tanto juguetear con la realidad despierte a una entidad primigenia controladora del orden de los universos que decide que esto no puede ser y que va siendo hora de comerse a la Tierra.

Sí, mi cerebro funciona así y pido perdón por ello cada día a las personas de mi entorno.

Casperito solo quería dormir la siesta tranquilo, pero esos malditos adolescentes con su ruidosa alteración de realidades sacaban lo peor de él.

No es necesario que tiréis por la fantasía o la ciencia ficción, o que le deis al weird gabriellino (y tampoco lo recomiendo). Pero las herramientas de lo aleatorio producen monstruos insospechados. Lo define muy bien aquí Edward de Bono:

Por definición, una palabra aleatoria no está conectada a ningún tema, así que cualquier palabra funcionaría para cualquier tema. En un sistema pasivo de información, esto no tendría mucho sentido. Pero en un sistema activo (un sistema que reconoce patrones), la palabra aleatoria crea un nuevo punto de entrada. Si trabajamos hacia atrás, partiendo de ese nuevo punto de entrada, aumentamos las posibilidades de usar patrones que nunca habríamos utilizado si hubiéramos trabajado partiendo del ámbito inicial.

Esta técnica de “trabajar hacia atrás” que menciona De Bono en general se conoce como random imput technique (técnica de entrada aleatoria) y suele funcionar mediante este proceso (que he tomado de aquí y adapto para escritores):

Técnica de entrada aleatoria

  1. La inserción de lo aleatorio es un ejercicio que puede realizarse de manera individual o en equipo. Como escritores, es una herramienta de equipo útil si escribimos con otros o si participamos en talleres o clubs de escritura, pero por lo general lo usaremos de modo individual. Debemos empezar con un problema claramente definido (por ejemplo: necesito mejorar mi idea inicial; me hacen falta más personajes; tengo que mejorar a mi protagonista; necesito ampliar mi construcción de mundos; etc.).
  2. Una vez identificamos nuestro problema de base, elegimos un elemento aleatorio. Puede ser una palabra, una frase corta o una imagen (¡o incluso una trama completa!). Para obtener palabras aleatorias puedes usar la sección correspondiente de The Free Dictionary, por ejemplo (o, si no te importa traducir del inglés, watchoutforsnakes). Puedes usar esta web para generar imágenes aleatorias (también tienen una herramienta para generar primeras frases de cuento o novela). Y ya he hablado de la página aleatoria de Wikipedia.
  3. Piensa en las asociaciones y funciones del elemento generado; también puedes usar acepciones y aspectos de este elemento como metáfora o para crear un escenario. Reúne la información creada alrededor de este elemento generado y otórgale nuevas conexiones para resolver el problema original. El proceso creativo de asociación te llevará, con frecuencia, a resultados muy especiales, únicos.

Hay otras formas originales de asociar ideas de forma inesperada (existen varias técnicas para escribir novela usando cartas del tarot), pero os animo a probar, para empezar, con una sola palabra. A mí los resultados siempre me animan y sorprenden.

Tu personaje conocerá el amor. Le esperan cambios en el trabajo. Tiene una relación difícil con su madre. Son 30 euros, gracias.

Internet está llena de ejercicios creativos y he probado unos cuantos, pero, en mi experiencia, muchos son bonitos por fuera e inútiles por dentro, más pensados para solucionarle la papeleta a profesores en busca de contenido para sus talleres que para proporcionar resultados útiles.

Ahora te toca a ti

Probad alguno de estos dos y contadme. Me atrevo (casi) a garantizar que daréis, tarde o temprano, con ideas extraordinarias que darán originalidad y brillo a vuestro texto. Que os convertirán en escritores magníficos.

Ah, no, espera. Que también estaba aquello de mejorar el estilo, de ordenar bien las tramas, de dar coherencia a la narración, de documentarse en condiciones, de…

Está bien, está bien. Esto solo no basta para convertirse en escritor magnífico. Pero si lo que buscas es cargarte bloqueos, esto tiene la fuerza de dinamita interestelar derribahorizontes.

Que es algo que me acabo de inventar, por cierto, usando una herramienta aleatoria.

Es verano y muchos estáis descansando. Disfrutad del calor, si sois de ese tipo de persona extraña; disfrutad de playa y montaña.

Pero si vais a escribir, no nos contéis las mismas historias de siempre, con las mismas ideas apagadas de siempre.

Eso no hay dinamita interestelar derribahorizontes que lo perdone.



*O no. Casi todo el mundo se raja de los duelos cuando se da cuenta de que tradicionalmente se celebran al amanecer. Madrugar es duro, hasta para los caballeros decimonónicos que defienden el honor de su dama (o de su lápiz HB).

**Te recuerdo que ahora amanece sobre las 7:24 de la mañana y tú estás de vacaciones.

*** Gabriella Literaria no garantiza que con este proceso modificarás el universo. Y, en caso de modificación, Gabriella Literaria no se hace responsable de los cataclismos que suelen resultar de toquetear el espacio-tiempo.

NOTAS PERSONALES:

Créditos

celsiuscursos

III Taller para escritores Festival Celsius

julio 16, 2019 — by Gabriella0

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¡Y un año más ofrecemos desde el festival Celsius de Avilés un taller completamente gratis lleno de información práctica para escritores!

Este año nos centramos en el viaje del lector, en los errores más comunes que cometemos al publicarnos, en Patreon, y en marketing y visibilidad en línea. Serán las mañanas de este jueves y viernes 18 y 19 de julio 2019, en la sala Allegro del hotel 40 Nudos de Avilés. No es necesario ningún tipo de inscripción ni pago: tú simplemente aparece y coge sitio. ¡Y trae papel y bolígrafo!

Imagen de la sala Allegro en el taller del año pasado

Programa:

Jueves 18 de julio
11:00-12:15 – El viaje del lector: Cómo llevar a tu público ideal hasta tus libros estupendos, con Gabriella Campbell.
12:15-12:45 – Descanso.
12:45-14:00 – Taller básico de Patreon para escritores, con Alicia Pérez Gil y Rocío Vega.

Viernes 19 de julio
11:00-12:15 – Tropiezos terribles y tremendos en el camino de la escritura y la publicación (basado en hechos reales), con Gabriella Campbell.
12:15-12:45 – Descanso.
12:45-14:00 – Sesión de preguntas y respuestas sobre marketing y visibilidad en línea con Ana González Duque.

Tenéis toda la información sobre el taller aquí y sobre el festival aquí.

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Cómo sobrevivir a la escritura, ya disponible

junio 9, 2019 — by Gabriella2

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¡Cómo sobrevivir a la escritura ya está aquí!

¡Lo tienes en eBook!
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Y es un TOCHO. ¡Es enorme! ¡La versión en papel tiene 442 páginas! ¡Y hasta tiene unas paginitas en blanco al final por si quieres tomar notas, apuntar tus animales mitológicos favoritos o puntuar los peores chistes del libro!


¿Qué contiene esta edición,
tanto en su formato electrónico como en papel?

  1. Un prólogo maravilloso de César Mallorquí.
  2. Una sección sobre la mentalidad del escritor, porque la vida escritora es una lucha y todos necesitamos armas.
  3. Una sección sobre disciplina y productividad, para cargarse bloqueos y perezas varias.
  4. Una sección sobre escritura, llena de trucos para crear buenos personajes, escenarios, tonos emocionales, evitar errores comunes…
  5. Una sección sobre publicación, llena de contenidos útiles para crear sinopsis, encontrar lectores cero y otras tareas hercúleas.
  6. Una sección sobre marketing, para que seas el mejor vaquero a este lado del mundillo, moviendo tus libros y dándolos a conocer.
  7. Una bibliografía repleta de recursos para escritores.

Como era de esperar, hay chistes, reflexiones sesudas, herramientas de todo tipo y alguna que otra palabrota.

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Y si te gusta, no olvides dejar una valoración al libro.
Gracias por acompañarme en el blog estos últimos años.
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Enfoque disperso: usa el poder de la atención creativa

mayo 23, 2019 — by Gabriella3

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“Me siento delante del ordenador, pero el texto no fluye como antes —me decía un amigo escritor— . No sé qué me pasa“.

Nunca ha tenido problemas para encontrar ideas, pero en el último par de años le cuesta escribir con fluidez. La calidad no ha disminuido, pero el proceso es cada vez más tortuoso y menos satisfactorio. Revisamos las razones habituales: las cuestiones psicológicas que hay detrás de los bloqueos. Damos con algunos puntos importantes, pero nos sigue faltando una pieza crucial del puzle. Tras muchas vueltas, comenta que antes daba largos paseos donde rumiaba aspectos de su escritura: tramas, personajes, estructuras. En el último par de años sigue con los paseos, pero está más pendiente del móvil que de otra cosa.

Cuando tú lo que quieres es escribir pero hay pikachus en tu zona.

Le pido que pruebe a dejar el móvil en casa. Ambos nos reímos del chiste, pero consigo convencerlo de que por lo menos se lo deje en el bolsillo, que lo saque solo al final del paseo, ya de camino a casa.

Al día siguiente ya me está hablando de cómo ha arreglado varios nudos de trama. Está lleno de ideas y motivación. “Ahora recuerdo por qué daba esos paseos —me dice—. Es que era así como escribía“.