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Piensa, planifica, escribe, edita. Repite hasta morir. (Y otros recortes literarios)

julio 31, 2015 — by Gabriella12

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En inglés hay una expresión que me encanta. No sé si hay una traducción directa a nuestro idioma.

Control freak.

Una friki del control. Alguien que necesita controlarlo todo, una micromanager.

Yo soy eso.

Ser una friki del control tiene su lado bueno y su lado malo. Es estresante. Es imposible hacerlo todo. No delegas. Es, también, señal de que no confías en nadie.

Os voy a confesar un terrible secreto: cuando delego, las cosas no se hacen como quiero que se hagan.

Horrible, ¿verdad?

Por eso me gusta tanto esto de autoeditarse. Vale, no tienes tu libro en todas las estanterías del país, por lo que probablemente vas a vender menos. Tienes que ocuparte de asuntos de los que normalmente se ocupa una editorial. Pero cada venta que ves sabes de dónde proviene, sabes a qué esfuerzos responde. Sabes qué está funcionando y qué no.

Eso es lo bueno. Lo malo, repito, es que te obsesionas. Te preocupas demasiado. Me gusta tener dos libros en movimiento: uno autoeditado y otro publicado por una editorial competente. De uno me despreocupo, más o menos. Hasta ahora mi experiencia con la editorial ha sido muy positiva (¿y cuántos autores pueden decir eso?). Con el otro me desespero: es virtualmente imposible hacer todo lo que se supone que tengo que hacer para conseguir más ventas.

Y se supone que estamos aquí para escribir. Esa era la idea.

Chuck Wendig nos lo explica muy mascadito:

Wendig y el ciclo del escritor

Con tanta promoción, interacción con lectores, blogging, networking y todas las palabras inglesas absurdas que se te ocurran, a veces se nos olvida respirar un poco y recordar para qué hemos venido a este valle de lágrimas, cocodrilos y dinosaurios que es la escritura.

Wendig lo resume bien:

chuck wendig

Piensa, planifica, escribe, edita, repite. Cada etapa lleva el tiempo que lleva. No hay reloj, no hay una pistola en tu cabeza*. Es cosa tuya decidir cuánto tiempo necesitas. Pero tómate ese tiempo. Róbale ese tiempo a otras actividades. Esfuérzate. Sé activo. Empuja, urge, gruñe, lucha, folla, escupe, consigue hacer las cosas. No te detengas. No languidezcas. No cedas a la inercia o al tedio. No caigas ante la duda o el miedo. No te pases demasiado tiempo analizando la industria. Sé un artífice, un creador, un narrador, un hacedor.

Demasiadas veces veo a escritores tirándose de los pelos porque las editoriales no responden a sus manuscritos, porque su libro no está vendiendo o porque se han atascado en una novela. No. No pares. Escribe, escribe, escribe. Para cuando esa editorial te conteste a ti ya debería darte igual porque tienes ocho manuscritos en manos de otras. Si nos quedamos en una esquina sentados y llorando a la espera de milagros, respuestas, superventas, nos estamos atascando en una parte imprescindible del proceso. Venderán los libros que menos te esperes, los relatos que escribas entre otros relatos serán los que ganen los premios. El cabrón de Murphy es así.

Varios lectores me han confesado que le roban tiempo a su trabajo para escribir. Casi parecen sentirse culpables por ello.

Todos tus compañeros están robándole tiempo a su trabajo. Para jugar al Candy Crush, para mirar Facebook, para cotillear sobre quién se está acostando con quién en la oficina, sobre quién ha matado más pterodáctilos en la salida semanal de caza. Por lo menos tu robo podría culminar en algo positivo para la humanidad (aunque eliminar pterodáctilos cuenta, creo).

Recuerda el mantra:

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Piensa.

Planifica.

Escribe.

Edita.

Repite.

Infinitas veces, hasta morir.

Todo esto encaja muy bien con la filosofía de Austin Kleon.

Kleon y cómo ser verbo en lugar de sustantivo

kleonNos cuesta mucho decir aquello de “soy escritor”. Para muchos, ni es una profesión ni es nada. Pero es taaanto más fácil decir que hacer. Decir “algún día escribiré una novela”. “Cuando termine este relato lo mandaré a un concurso”. “Mañana me pongo, seguro”.

Mejor, tal vez, simplemente callarnos y escribir.

austin kleon

Mucha gente quiere ser el sustantivo sin hacer el verbo. Quieren el título de su oficio sin hacer el trabajo.

“Olvídate de ser un Escritor —dice la novelista Ann Packer—. Haz caso al impulso de escribir”.

Libérate de aquello que intentas ser (el sustantivo) y concéntrate en el trabajo que necesitas hacer (el verbo).

Hacer el verbo te llevará a un lugar más lejano y mucho más interesante que si simplemente quieres el sustantivo.

Yo lo veo como un puente entre querer y hacer, entre potencia y acción. Ese puente puede ser intransitable, con aquello de la procrastinación, la falta de voluntad y las dudas. Pero se construye mediante la acción constante.

Decir que eres escritor tiene su importancia. Es una forma de gritarle al mundo que ahora tu prioridad es otra. Lo veo un paso decisivo. Pero más importante es hacer el trabajo, sufrir ese camino aburrido, rutinario y a veces desesperante de la entrega diaria, de la rutina amada, para alcanzar metas mucho más interesantes y lejanas, como dice Kleon.

¿Eres verbo? ¿O eres sustantivo?

Si nos concentramos en el ser por encima del hacer, a veces nos quedamos atrapados en nuestro propio ego, en nuestra propia luz. Y para eso os traigo a Aldous Huxley.

Huxley y cómo quitarte de tu propia luz

A Huxley me lo ha traído esta semana mi adorada Maria Popova, que parece que siempre sabe qué decirme, qué contarme en momentos de duda, pereza y desaliento.

aldous huxley

Tenemos que aprender, digamos, a quitarnos de en medio de nuestra propia luz, porque con nuestro ser personal (este ser que adoramos de manera idólatra) estamos siempre de pie en la luz de este ser más amplio (este no ser, si preferís), que se asocia con nosotros y al que impedimos pasar al permanecer de pie en la luz. Eclipsamos la iluminación que viene de dentro. Y en todas las actividades de la vida, desde las actividades físicas más simples hasta las actividades intelectuales y espirituales más elevadas, todo nuestro esfuerzo debería estar digirido a salirnos de nuestra propia luz.

Ya seas externalista o internalista** con esto de la conciencia y el ser, me gusta leer a Huxley desde la perspectiva de quien busca producir arte. Cualquiera que haya creado, cualquier escritor o artista, reconoce la importancia del subconsciente, de aquello que asoma bajo nuestro rígido control. Muchos hemos escrito textos derivados de nuestros sueños, de nuestras fantasías (¿acaso no es toda ficción una gran fantasía?). Todos hablamos de apagar al editor interno para escribir, no solo para poder avanzar sin que la duda nos paralice, sino porque queremos acceder a la musa, a aquello que se esconde dentro de nosotros, para poder comunicarnos que aquello que se esconde dentro de los demás. De poco nos sirve esa vocecilla repelente diciéndonos: “Gabriella, ya está bien de meter personajes LGTB en todos tus relatos, vas a aburrir a los lectores hetero” o “Gabriella, qué asco, no, no, esa cosa de sangre y tripas no la puedes poner” o “Gabriella, no, no puedes hablar de ESO. ¿Y si se dan cuenta? ¿Y si alguien se cosca de que ESO eres tú, es una parte de ti?”. Quien dice diciéndonos dice diciéndome. Qué pesadez de vocecilla, en serio. Qué ganas a veces de sacarla al patio de atrás y meterle un balazo entre ceja y… (“Gabriella, no, no puedes decir eso que van a pensar que eres una persona violenta, tú, que llorabas cuando se te moría de hambre el Tamagochi, tú que odias a las cucarachas pero no puedes matarlas porque te dan pena”).

Salgamos de nuestra propia luz. A la mierda la vocecilla, a la mierda el ego. Mente en blanco. Nada, no hay nada. Solo el tú que nadie más sabe que existe. Solo tú y la hoja en blanco.

El raciocinio dejémoslo para la planificación, la edición y los juegos a los que nos gusta jugar con nuestras tramas y personajes.

Hablando de personajes…

McGann y la técnica del parche

Hace poco di con este artículo de Kellie McGann sobre caracterización de personajes que me encantó. Siempre he dicho que me gustan los personajes que tienen algo que los defina, algo diferente. Aunque muchos de los gestos acabamos eliminándolos por concisión, en El fin de los sueños les asignamos ciertos rasgos y gestos a nuestros personajes. Anna, por ejemplo, siempre se está tocando las manos. Lleva un anillo y juega con él. El anillo es importante porque es de madera, un bien escaso en el mundo en el que vive: el anillo representa su estatus social y, a la vez, la diferencia entre ella y nuestro mundo, el que conocemos, un mundo donde un anillo de madera cuesta dos euros. Anna se coge de las manos, estira los dedos, le da vueltas al anillo. También podríamos haber usado ese anillo como parte de un misterio: ¿de dónde viene, quién se lo regaló? En el caso de Anna, sabemos que es algo heredado de su abuela (de nuevo, no recuerdo si eso lo dejamos en el libro o recortamos: madre mía la de cosas que recortamos para no convertir aquello en un tratado arquitectónico-deontológico-social de un mundo posapocalíptico), pero lo podríamos haber usado para realizar la técnica del parche. McGann nos lo explica así:

kellie mcgann

El misterio es vital en cualquier historia. Podemos empezar un libro que tenga una premisa o trama interesante, pero cuando la historia falla porque le falta misterio, lo más probable es que lo dejemos.

Darle a tu personaje un secreto o un rasgo misterioso hará que el lector siga pasando las páginas.

Un parche en el ojo no es solo algo que te haga mirar dos veces, es algo que hace que te preguntes por el trasfondo del personaje.

Trabajamos duro para intentar que esos pasados sean interesantes, pero las historias no importarán si los lectores no tienen curiosidad por ello desde el principio.

Cuando era una niña, tenía un tío que tenía un ojo de cristal. Cada vez que le preguntaba me contaba una historia diferente. A día de hoy todavía no conozco la historia real, pero sigo preguntando.

Es algo que me gusta del Joker dirigido por Nolan: siempre cuenta una historia diferente acerca de cómo obtuvo esa dantesca y espeluznante sonrisa. Es algo en lo que estoy trabajando ahora mismo con un personaje: cuenta varias historias diferentes acerca de un hecho misterioso que interesa al lector. Siempre me han gustado los narradores mentirosos (pena que ahora se hayan puesto tan de moda, ¡pierdo puntos de originalidad!). Pero no es necesario trabajar con un narrador poco fiable: solo con darle a tu personaje un detalle físico o psicológico que haga que el lector se pregunte, que quiera saber más, ya has conseguido mucho. Uno de mis ejemplos favoritos es el ojo de Ariadna en La canción secreta del mundo (ya, sí, nepotismo y enchufe, para eso tengo un blog): tiene un ojo completamente negro, nada de iris ni blanco ni nada: todo el globo ocular es oscuro. Ariadna intenta disimularlo de mil maneras, ni ella misma sabe por qué es así su ojo; el lector se muere de ganas de saber. Es una manera muy eficiente de crear intriga.

Por último, cierro con uno de mis temas favoritos. Creo que a vosotros también os gusta: productividad para escritores.

Con el maestro James Clear, cómo no.

Clear y el método Ivy Lee

Esto empieza con una anécdota. En 1918, el magnate Charles M. Schwab, presidente de una corporación bruta de productores de acero, tuvo una reunión con el respetado asesor de productividad (sí, eso existía en 1918) Ivy Lee, pionero sobre todo en el campo de las relaciones públicas. Dicen que Schwab le solicitó una manera de que su equipo “consiguiera hacer más cosas“. Lee le pidió quince minutos con cada uno de sus ejecutivos y le dijo que no le cobraría nada: que al cabo de tres meses Schwab podía pagarle lo que considerase justo.

No es una forma muy inteligente de hacer negocios, creo, y tal vez sea embellecimiento de la historia. Pero cuando tienes esta mirada sabes que nadie escapa de tus redes, nunca:

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Ivy Lee, acojonando a ejecutivos desde principios del siglo pasado.

A los tres meses, Schwab, bastante alucinado con los resultados, le pagó 20000 dólares de entonces, equivalentes a unos 365000 euros de ahora (según Clear, de mis matemáticas no os fiéis. Nunca).

Este fue el método que propuso Ivy Lee:

  1. Al final de cada día de trabajo, apunta las seis cosas más importantes que necesitas hacer al día siguiente. No escribas más de seis tareas.
  2. Ordena estas seis tareas por orden de importancia.
  3. Al llegar trabajo al día siguiente, concéntrate solo en la primera tarea. Termina la primera tarea antes de pasar a la segunda.
  4. Trata del mismo modo el resto de la lista. Al final del día, pon cualquier tarea no terminada en la lista de seis tareas para el día siguiente.
  5. Repite este proceso cada día laboral.

La eficiencia de este sistema se basa en su simplicidad, en su carácter limitador y en la importancia que le da a la monotarea y al enfoque. Al final, como veis, se trata de una cuestión de prioridades. Si quieres escribir, tendrás que convertirlo en una prioridad. Y te las vas a ver y desear para decidir qué eliminas de esa lista para que entre la escritura. Vas a tener que aprender a eliminar lo superficial, a decir que no, a dejar de preocuparte por lo que no te atañe.

Suena fácil, ¿verdad?

Todos sabemos que no lo es.

También insiste Ivy Lee en concentrarse en una sola tarea. Justo lo que no estoy haciendo yo, escribiéndoos y mirando Twitter y Facebook y el email y agobiándome por no saber a qué hora acabaré.

No hagáis como yo; haced lo que yo os digo. Una cosa a la vez. Solo las cosas importantes. Las que merecen la pena.

Pensar, planificar, escribir, editar.

Así, hasta la muerte.

 


*Aunque la hay, siempre la hay.

**No he encontrado buenos enlaces en español para explicar el tema del externalismo y el internalismo desde el punto de vista de la cognición. Si leéis en inglés, la Wikipedia tiene un resumen bastante más locuaz aquí.


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El consejo definitivo para corregir tu libro (y otros recortes literarios)

junio 12, 2015 — by Gabriella8

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Corregir apesta.

Hay gente a la que le gusta. Os lo juro, no me lo estoy inventando. Conozco a un escritor a quien le encanta reescribir y revisar, darle forma a su texto, terminar de esculpirlo. Pero también le gusto yo, y leerse sagas de quince libros del tirón, así que no sé hasta qué punto son fiables sus tendencias.

Por lo general, todos los escritores me cuentan lo mismo. “Argh, corregir”, me dicen y yo asiento.

Estoy corrigiendo ahora mismo, otra vez. La novela de siempre. Tengo lectores cero maravillosos, dispuestos a devorarla y luego escupirla y hacerla pedacitos crueles y amorosos. Pero hasta que no termine de reescribir no podré enviársela. Es lo mínimo que se merecen: una novela medio hecha, no un borrador atontado.

Hace poco di con uno de esos consejos definitivos. Se puede decir mucho sobre cómo corregir tu libro (demasiado, de hecho), pero diría que esta frase lo resume todo.

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10 ejercicios para escritores que realmente funcionan (o que, por lo menos, son divertidos)

junio 9, 2015 — by Gabriella26

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Ejercicios para escritores. ¿No creéis que hay demasiados?

Libros y libros y libros y webs y libros. Todos sobre lo mismo.

Más aún, ¿qué utilidad tienen?

No creo que todos los ejercicios destinados a escritores tengan utilidad, o por lo menos que la tengan más allá de practicar el acto de escribir, que siempre es bueno. Pero sí que encuentro que son los más absurdos, los más inesperados, los que pueden tener un efecto más productivo. El obligarnos a pensar fuera de nuestros circuitos habituales de razonamiento y creación puede llevarnos a nuevas áreas de autodescubrimiento y habilidad, dos virtudes muy necesarias para un escritor.

Con esto en mente, os presento aquí los diez ejercicios que me parecen más interesantes de todos los que he ido encontrando, ya sea por la manera en la que nos hacen mejorar y progresar respecto a trama, creación de mundos o productividad, o simplemente porque me hacen gracia.

1. Chuck Wendig: Escribe fuera de tu zona de confort

¿Te gusta escribir fantasía épica? Escribe un relatito policíaco. ¿Te sientes cómodo/a escribiendo terror gore? Escribe un texto con tanto romanticismo que te salga la miel por los poros. ¿Te encanta escribir aventuras infantiles en el País de la Piruleta? Escribe una escena tan pornográfica que luego tengas que quemarla y llamar a tu párroco local para que venga a exorcizar la casa (o la calle entera, por si acaso). A Chuck Wendig le encanta dar consejos de escritura, algunos buenos (“escribe mucho”) y otros algo desconcertantes (“escribe sin pantalones”). Y casi todas las semanas comparte algún ejercicio de escritura en su blog, Terrible Minds. El de salir de tu zona de confort es uno de mis favoritos.

Haz caso a Chuck. Escribe algo en un género o tono que nunca has escrito. Escribe en segunda persona del plural. Utiliza a un narrador con doble personalidad. Escribe una aventura que tiene lugar en un sitio donde nunca has estado. No se trata de hacer así una novela (siempre es más sencillo y eficiente escribir de algo de lo que tengas, por lo menos, alguna idea), pero ese pequeño texto puede abrirte las miras de forma espectacular. Y el resultado se nota: cuando regreses a tu género y tono de siempre (que para algo lo has elegido), podrás aprovechar todo lo aprendido siéndole infiel (excepto la parte pornográfica. El País de la Piruleta debe mantenerse puro e inocente).

2. The Sarcastic Muse: Que tu personaje haga algo realmente idiota

The Sarcastic Muse es otro de esos puntos de encuentro para escritores que toca todo tipo de temas, desde el hábito de escribir a cómo encarar los envíos a editoriales. Este propuesta en concreto me encantó:

Have one carácter convince another to do something incredibly stupid.

(Haz que un personaje convenza a otro de hacer algo realmente estúpido).

Es probable que este sea el punto de arranque para casi todas las películas de terror que hemos visto (y alguna que otra romántica). Nunca se me habría ocurrido enfocarlo así, pero si se hace de una forma un poco menos tópica (¿nos metemos en la casa encantada? ¡A que no te atreves!), puede ser una manera muy interesante de hacer que salte el conflicto principal de una novela o relato. Por ejemplo: para ganar una apuesta con un compañero de clase muy irritante, un estudiante de arqueología roba una joya maldita almacenada en el sótano de su facultad. Comienzan a ocurrirle todo tipo de cosas terribles: su novia lo deja, le escupen por la calle, su madre se empeña en hacer menestra todas las noches para cenar. Bueno, vale, lo de la joya maldita también está muy visto, pero la idea es crear una de esas escenas en las que el lector quiere gritarle al personaje: ¡No lo hagas, pedazo de idiota! Eso.

3. The Write Practice: El viaje

road trip

The Write Practice también suele ofrecer pequeños apuntes, minúsculas ideas, para ejercicios de apenas quince minutos. Su concepto es que tienes que escribir lo que puedas en ese tiempo sobre el tema propuesto (esto viene muy bien para librarse de bloqueos y de editores internos, y simplemente soltar lo que consigas soltar). Y como los temas propuestos suelen ser temas que nunca has trabajado, aprendes nuevas técnicas y perspectivas de manera intuitiva.

A pesar de su sencillez, la idea del viaje (más concretamente, el viaje en coche, ese road trip de las películas estadounidenses) es una de las más populares de entre todos sus ejercicios. En la novela en la que estoy ahora, por razones argumentales tenía que hacer que dos personajes fueran de un punto A a B y me encontré con un road trip sin buscarlo. Ahora que lo tengo, puedo sacarle un rendimiento que nunca se me habría ocurrido. En una novela, la gente no tiene por qué ir tranquilita en un coche (o a pie, como en el caso de mis personajes). En una novela, ese road trip puede ser la aventura en sí misma. No hay que por qué hacer las cosas a lo George R. R. Martin cuando se pone aburrido, y tener a tus personajes fijándose mucho en la vegetación, clima, gastronomía y gente de las zonas que visitan. Sí, eso es más realista. Pero también puedes hacer un Las fuentes perdidas y juntar a un grupo de locos peligrosos con un objetivo en común, dispuestos a atravesar múltiples realidades para conseguirlo.

Una variante divertida de este ejercicio sería la siguiente: crea a dos personajes totalmente aleatorios (este generador, por ejemplo, te proporciona tres cualidades aleatorias para tus personajes) y haz que recorran una distancia X juntos. Poco a poco se te irán ocurriendo no solo sus motivos e intereses, sino el conflicto que puede tener meter a, yo qué sé, un chico tímido, cariñoso y romántico, cargado de frases tópicas y libros de Pablo Coelho, con un tipo duro a lo Terminator, cargado de armas y malas intenciones. Adelante.

4. Robert Brockway: Empieza por el final

Encontré esto en una lista de ejercicios creativos en Cracked, lo cual siempre es garantía de calidad (ejem). Brockway arranca con un ejercicio que siempre espabila a los que se atreven a usarlo: empezar con el final.

No se trata, necesariamente, de que narres toda tu historia a lo Memento, totalmente al revés. Pero nada capta la atención del lector como un clímax narrativo ahí, al principio, sin venir a cuento (nunca mejor dicho). Imaginaos, por ejemplo, que la historia de la Bella Durmiente comenzara justo cuando el príncipe la besa (y sí, en muchos sentidos empieza ahí, porque, ¿cómo lidias con un reino que ha estado aislado del mundo exterior? ¿Cómo pagas los sueldos acumulados? Y, más importante,¿no va siendo hora de que le escribas una nota de disculpa a tu pobre madrastra por no invitarla a tu bautizo?).

Nota: Si este planteamiento os conduce a escribir erótica sadomasoquista con las experiencias de la pobre Bella junto al marvado príncipe dominante y su maquiavélica madre aficionada a las pelotas de ping-pong, cuidadín con las acusaciones luego de plagio por parte de Anne Rice.

5. Daily Writing Tips: Persona, lugar, evento

En alguna ocasión he realizado una variante de este ejercicio utilizando los tópicos aleatorios de TVTropes, pero este en concreto tengo todavía que probarlo. La idea que nos propone Daily Writing Tips es sencilla. En un documento creas tres columnas: en la primera pones una lista aleatoria de personas (ya sean famosas o simplemente personajes también generados de forma aleatoria), en la segunda una de lugares, y en la tercera una de eventos (aquí puedes poner eventos históricos, por ejemplo, o puedes usar la función aleatoria de Wikipedia para ir encontrando situaciones que sirvan). La idea es escribir un texto corto (o tan largo como quieras, si el resultado te atrae) uniendo esas tres columnas, también de manera aleatoria, y de paso ejercitar esos músculos creativos al enfrentarte al problema de unificar en una sola historia (medianamente) coherente elementos que probablemente no tendrán nada en común. Y por muy ridículo que sea el resultado, quién sabe qué brote de genialidad puede nacer.

Y cuando acabes por escribir un superventas sobre la mujer peliverde y frívola del espacio exterior que acaba atrapada en Huétor Tájar mientras se está desarrollando una recreación histórica del asesinato de Abraham Lincoln, más te vale agradecérmelo.

6. Literautas: Los siete pecados capitales

El blog de Literautas está lleno de ejercicios interesantes; además, suelen venir con fichas de trabajo y tienen un grupo propio en Goodreads donde los participantes comparten y comentan sus actividades. Personalmente me quedo con este ejercicio, que cito aquí:

(…) tenéis que elegir entre uno de los 7 pecados (ira, gula, pereza, envidia, avaricia, lujuria o soberbia) y escribir una lista de palabras que os parezca que están relacionadas con el tema. De esa lista, tenéis que hacer una pequeña selección (unas 15 palabras como mucho) con las que más os gusten u os resulten más sugerentes.

A continuación, tendréis que escribir un texto a partir de la lista de palabras seleccionadas. Y a ver qué sale.

¿Qué pecado elegiríais? Tal vez haya que quitar el de lujuria de la lista, por aquello de ser el más evidente. Y tal vez merecería la pena hacer esta actividad con todos los pecados, para estrujarnos aún más el cerebro.

Recordad, eso sí, que luego tenéis que bañaros con agua muy fría, restregaros bien con lejía, rezar tres avemarías y leer un libro de autoayuda. Por si acaso, que luego se os quedan las ideas malvadas ahí pegadas en la boca del estómago, como lapas, y acabáis torturando y matando a gente, como todos sabemos que hacen los autores de novelas que no tienen corazones en la portada ni señoras mirando al mar.

7. Write To Done: 7x7x7

Como correspondía para el punto 7, ahora voy a hablar del 7x7x7 (mirad qué buen ejemplo os acabo de dar de qué no se debe hacer en un artículo: repetir y explicar lo evidente. Lo sé, lo sé). Write to Done está llenito de recursos para escritores (su título ya es por sí mismo un gran consejo para autores: “Escribe hasta que termines”), y en su página de ideas para escritores encontré este ejercicio, que me parece muy interesante:

Find the 7th book from your bookshelf. Open it up to page 7. Look at the 7th sentence on the page. Begin a poem that begins with that sentence and limit the length to  7 lines.

(Busca el séptimo libro de tu estantería. Ábrelo por la página 7. Busca la séptima frase de esa página. Escribe un poema que arranque con esa frase y limítalo a siete versos).

Hay muchos juegos por redes sociales de “comparte lo que pone en la línea x del libro que estés leyendo”, pero pocos te piden que además escribas un poema, así que me parece muy original. Eso sí: muchos libros no empiezan hasta después de la página 10 u 11. Propongo pasar a la página 70 cuando esto ocurra, o cambiar de libro (¿tal vez el séptimo libro de la siguiente balda de la estantería?).

¡Alerta!: Tened cuidado y no llevéis demasiado lejos lo de usar el número siete de setecientas maneras y combinaciones distintas en vuestros textos. Los números tienen poder, y luego acabáis abriendo portales interdimensionales sin daros cuenta y nos toca pelear (¡otra vez!) contra bichos sobretentaculados del tamaño de un rascacielos. Godzilla ya va viejo para esto, pobre.

8. Alberto Chimal: Escribe tu sueño

Encontré más ejercicios literarios en la web del escritor Alberto Chimal, pero la mayoría no me llamaban mucho la atención, tal vez porque no son lo bastante extravagantes para mí (si es que existe siquiera algo lo bastante extravagante para mí). Pero estoy muy de acuerdo con él en uno de los puntos que propone: escribir los sueños. Es algo que he hecho con frecuencia y los resultados son muy llamativos. Chimal propone hacer lo siguiente:

Escribir en tercera o en primera persona un sueño que se haya tenido. Mientras más extraño el sueño, mejor. No se trata de interpretarlo: simplemente hay que relatar los sucesos raros, y a veces imposibles, que se pueden experimentar cuando se sueña. Éste es otro paso importante: sirve para empezar a contar cosas que no sucedieron, es decir, a escribir ficción.

Aunque no sigas al pie de la letra el ejercicio propuesto, apuntar lo que sueñas siempre ayuda a ir sumando a ese gran banco de ideas sobre las que escribir (y cuanto más agites y mezcles las ideas en ese banco, más interesante será el resultado). Es en nuestro subconsciente donde se forman las asociaciones más extrañas y originales, es solo cuestión de saber aprovecharlo. Con esto me divertí especialmente al escribir El fin de los sueños: hay una escena en concreto que está sacada de un sueño que tuve cuando era una niña. El sueño se quedó clavado en mi memoria (tal vez lo conté o lo apunté, por eso lo recuerdo) y desde entonces estaba rabiando por salir. Por sí solo no es nada especial, pero, al ser tan vívido, recuerdo tan bien las sensaciones que me produjo (tacto, olores, temperatura, etc.), que pude narrarlo de una manera mucho más intensa que de haberlo tenido solo en mi imaginación.

Editando: Alberto nos ha dejado dos enlaces muy buenos: uno al libro al que pertenece este ejercicio (que además se puede descargar de forma gratuita) y otra al archivo donde podemos encontrar más cositas de interés. ¡Gracias, Alberto!

9. Meredith Sue Willis: Recortar sin piedad

Este ejercicio no dice nada nuevo, y lo atribuyo a la profesora de escritura creativa Meredith Sue Willis como podría atribuirlo a un editor de Stephen King o a mil profesionales del tema que lo han sacado a colación. Pero sigue siendo igual de importante y eficiente que siempre. Es un ejercicio de revisión, pero también ayuda a reconocer nuestros excesos a la hora de escribir. Consiste en lo siguiente:

Take a piece (an essay, a chapter, a scene) that you think is pretty close to finished. Copy it to a new file, or a new sheet of paper (however you like to work). Do a word count, and then cut away one quarter of the words. Yes, cut your precious work until it is only three-quarters of what it was.

Dare you try again and bring it down by one-third? Is one-half a possibility?

Sometimes an arbitrary assignment like this will help you tighten. You are forced to make choices, lose some adjectives and adverbs, move closer to the heart of what you have to say.

(Coge un texto [un ensayo, un capítulo, una escena] que creas que está ya casi terminado. Cópialo a un documento nuevo o a una hoja limpia de papel [según como te guste trabajar]. Cuenta las palabras que tienes y luego elimina una cuarta parte de esas palabras. Sí, recorta tu precioso trabajo hasta que solo queden tres cuartos de lo que era. ¿Te atreves a intentarlo de nuevo y recortarle otro tercio? ¿Y dejarlo a la mitad?).

Esto es duro pero necesario. Aprendes a utilizar las formas precisas, a eliminar lo superfluo, cuando no tienes más remedio. ¡Fuera esos adjetivos adorados! ¡Fuera esas subordinadas que no terminan nunca! Mira tu texto ahora, mira ese esqueleto triste que te mira, tiritando. Dale un adjetivo, solo uno, para que se tape un poco. Bueno, venga, otro más.

¿Has visto qué sexy te ha quedado?

Casi todos los escritores escribimos de más. Escribimos del tirón, gustándonos, queriendo utilizar todas las palabras del diccionario, de la forma más rocambolesca y perifrástica posible. En cualquier revisión debemos intentar simplificar y recortar algo, pero un ejercicio así de brutal puede ayudarnos a entender, mejor que nunca, qué es estrictamente necesario para comunicarnos con eficiencia y con densidad, y qué no. Seamos más conceptistas (cargando cada frase y palabra de sentido, haciendo que cada vocablo cuente) que culteranos, locos por enseñarle al mundo cuántos sabemos.

10. Jeff Nunokawa: Recortes literarios en Facebook

El método de Nunokawa (que leí en la página de Jane Friedman) me gusta porque me recuerda a mis recortes de los viernes, donde reflexiono sobre cosillas que he leído durante la semana y que me han llamado la atención por inteligentes, curiosas o simplemente bonitas. Jeff trabaja de la siguiente manera (cita de un artículo del New Yorker):

Nunokawa typically takes a literary quotation—Edmund Spenser, James Merrill, Joni Mitchell—and elaborates upon it, sometimes for a line, sometimes for a paragraph or two. Nunokawa’s notes are meditations: half literary-critical, half confessional. He writes one a day. “I write as soon as I wake up, because that is when I am most alert and most anguished,” he said. “Each one takes between twenty minutes and four hours to write.

(Nunokawa suele coger una cita literaria —Edmund Spenser, James Merrill, Joni Mitchell— y reflexiona sobre ella, a veces con solo una línea, a veces con uno o dos párrafos. Las notas de Nunokawa son meditaciones: medio literario-críticas, medio confidenciales. Escribe una al día. “Escribo en cuanto me levanto, porque es entonces cuando estoy más alerta y con mayor angustia —dice él—. Cada nota me lleva entre veinte minutos y cuatro horas”).

Nada nos da más ideas que leer textos escritos por otros, sobre todo si son buenos textos. Pero el acto de reflexionar, darle vueltas al texto, es incluso mejor: nos ayuda a entender mejor la técnica, la intención y el arte que hay detrás; y esos tres elementos son aplicables, cómo no, a nuestro propio acto creativo. No digo que llenéis vuestro Facebook a diario con este tipo de cosas, pero no está mal dedicar a veces las redes sociales o los blogs a compartir con los demás las emociones, ideas y demás que se despiertan en nosotros cuando leemos algo que nos ha hecho detenernos, aunque sea un momento, a sentir y a pensar. Cada vez es más frecuente leer rápido, con prisa por terminar, por añadir otro “leído” a la estantería de Goodreads o a nuestro récord personal de tareas completas. Pero el slow reading, esa lectura con amor e intensidad, es siempre una experiencia mucho más fructífera.

Me detengo aquí, aunque podría seguir. Ejercicios ya sabéis que los hay a montones. Diría que estos son útiles, entretenidos y reveladores. También diría que todos estos ejercicios son más divertidos si se hacen con otros escritores (comparar luego los resultados puede ser sorprendente y muy educativo). Así que si tienes un taller, un club, un grupo, una tertulia o simplemente un amiguete aficionado con el que te comunicas por email, no tienes más que compartir alguna de estas actividades con ellos y ver qué resulta.

Pero cuidado. A ver si os va a gustar y le vais a dar a esto de escribir en serio.

No seáis locos. Huid, que todavía estáis a tiempo.


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Escribe de lo que sabes (y otros recortes literarios)

marzo 27, 2015 — by Gabriella16

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Felicidad y albricias, pues se acerca el fin de semana.

Y aquí estoy yo, un viernes más, trayendo recortes, anotaciones y comentarios de interés (o no) con el que dejaros meditabundos, reflexivos, cavilosos y ensimismados durante el finde (gracias, oh sapiente Wordreference, por proporcionarnos sinónimos en nuestra hora de necesidad).

Vamos allá. Y empezamos con Le Guin, nada menos:

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Martínez, Godin, Pressfield, Wendig y Ruiz Robles. Recortes de la semana.

marzo 6, 2015 — by Gabriella0

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Pues sí que ha tardado en llegar el viernes.

Esta semana me ha traído menos lecturas y movimiento en general. Ha sido una de esas semanas en las que te inundan pequeños acontecimientos, tanto buenos como malos, que se van comiendo tu tiempo y concentración casi sin darte cuenta.

Entrevista a Rodolfo Martínez

res21Lo cual no quiere decir que no haya estado ocupada. Ayer, como todos los jueves, hubo entrevista relámpago, pero también entrevisté a Rodolfo Martínez para LEKTU, sobre el proceso creativo, la edición digital y todo lo demás. Es una entrevista bastante completa, y os recomiendo que le echéis un vistazo. Es un escritor con una lista impresionante de obras, y ahora también es editor: fundó y dirige la editorial Sportula. Siempre tiene cosas interesantes que decir, pero me quedo con esta, en respuesta a mi pregunta sobre cómo ve en estos momentos (y en el futuro) el panorama de la edición digital:

Respecto a su futuro: ni idea, así de sencillo. Creo, además, que cualquiera que diga que sabe cómo será el futuro editorial o miente o se engaña a sí mismo. Nos movemos en un terreno que es desconocido para todos y ni los gurús de lo digital ni los adalides de lo impreso saben realmente lo que va a pasar. Eso responde un poco a la primera parte de la pregunta también, porque el momento presente es de una incertidumbre total, absoluta. Eso, que puede causarles pánico a algunos (y a buena parte de la industria editorial tradicional parece que se lo causa y mucho) puede ser una oportunidad para otros. Todo depende de cómo te lleves con el caos y, sobre todo, de que abandones cualquier esperanza de controlar el proceso. Lo único que conseguirás con eso, me temo, es ser destrozado por el tsunami.

Y otra vez Godin

Sí, ya sé que la semana pasada también cité a Seth Godin, pero qué le vamos a hacer si el hombre tiene tendencia a soltar sentido común y sabiduría por esa boquita.

Godin

Cuando las cosas mejoran un poquito cada día, damos las buenas noticias por sentado. Una mejora no tarda nada en convertirse en una expectativa, y la expectativa no tarda nada en darse también por sentado.

Pero cuando las cosas empeoran, no podemos dejar de pensar en la pérdida; extrapolamos este patrón hasta lo terrible, y luego vivimos con lo terrible mucho antes de que realmente llegue.

Hay un fallo en el sistema de nuestra cultura, pero eso no significa que no podamos trabajar para solventarlo. Cuando filtramos lo que recibimos de los medios (y cuando filtramos lo que emitimos), y cuando decidimos qué historia contarnos a nosotros mismos (en vez de aceptar la historia de alguien que tiene objetivos diferentes a los nuestros), podemos reprogramar nuestras entradas y cómo las procesamos.

Los mismos hechos, experiencias diferentes. A propósito.

Esto es algo que aprendí hace un par de años y que no puedo dejar de recomendar. No digo que haya que ignorar todo lo que pasa ahí fuera, eso sería absurdo. Pero sí podemos elegir qué mensajes recibimos (qué contactos tenemos en las redes sociales, e incluso en la vida real) para intentar crear una alimentación mediática y textual no solo positiva, sino constructiva.  Una entrada constante de noticias negativas, lamentos e imágenes grotescas afecta de manera también constante a nuestro ánimo. Por pura supervivencia, el ser humano tiene tendencia a darle mayor importancia a los hechos negativos que a los positivos. No dejes que los negativos se pasen todo el día, todos los días, comiéndote la moral.

Stephen Pressfield y qué hacer con las malas reseñas

En una entrevista reciente, Stephen Pressfield, escritor especialista en creación artística, dijo lo siguiente acerca de las reseñas:

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Un escritor profesional (o un actor, o director, o atleta) no lee sus reseñas. A mí no me importa una mierda lo que opine la gente de mí. El propio Hemingway dijo en una ocasión que no puedes leer las reseñas de tus libros porque “si las crees cuando te dicen que eres genial, tendrás que creerlas cuando te digan que eres un inútil“.

Aquí creo que es importante distinguir entre reseña crítica o técnica y reseña subjetiva, de simple y llama opinión. A las segundas no habría que hacerles mucho caso, por lo mismo que dice Hemingway. De las primeras es de las que, en teoría, se aprende para mejorar.

Hay un fenómeno curioso que he observado con las reseñas en general, y es que tienden a alimentarse unas a otras. Creo que si tienes treinta reseñas, con leer las primeras cinco ya has leído todo lo que tienes que leer. Las otras veinticinco no van a aportar mucho más. Creo que es porque nos condicionan las opiniones de otros, por mucho que intentemos ser objetivos, así que un reseñador o crítico no habla desde la nada, desde una percepción completamente limpia. Dale ese mismo libro tuyo a treinta personas que no se conozcan entre sí y que nunca hayan leído una reseña del libro y puedo asegurar que encontrarás muchas opiniones muy distintas. Lo cual, a su vez, me hace preguntarme acerca de la validez de las reseñas para un escritor. ¿A cuál de esas treinta opiniones diferentes deberías hacerle caso?

La crítica que deberíamos leer todos es la que tiene más semejanza con un informe de lectura: un análisis elaborado y frío de las características técnicas de una obra. Por desgracia, de ese tipo de crítica hay poco, como es lógico. Exige bastante esfuerzo y conocimiento. Ojalá pudiéramos saber, antes incluso de leer una reseña, si nos compensará o no. Si nos enseñará algo importante o si simplemente nos dejará, heridos en nuestro orgullo, doloridos para el resto del día.

Chuck Wendig y por qué el talento es lo de menos

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Los escritores no nacen, se hacen. Gracias a la fuerza de voluntad, al trabajo. Se hacen de iteración, ideación, reiteración. Se hacen gracias al aprendizaje, el aprendizaje que viene de la práctica, de la lectura y de los profesores que ayudan a guiarte a través de todas estas cosas para darle contexto a tus esfuerzos.

No, no todo el mundo triunfará, porque en esta vida nada está garantizado.

Pero tu falta de éxito no tiene nada que ver con cómo naciste.

Los escritores no son una casta. No son los elegidos.

Trabajamos por lo que queremos. Esculpimos nuestras historias de la piedra, en tinta de nuestra propia sangre.

Sí, también hablo demasiado de Chuck Wendig, pero es que muchas de sus palabras son oro puro (sí, incluso aquellas en las que habla de trabajar sin pantalones y de caca y pis y pedos y su pene). El otro día soltó un artículo magnífico acerca de como, en el fondo, el talento es lo de menos. Sin trabajo no vale absolutamente de nada. Y toda esa ocurrencia de que tienes que ser un genio para conseguir algo en cualquier campo es, in my humble opinion, muy nociva.

Ángela Ruiz Robles y los preludios del libro electrónico

Ángela Ruiz RoblesAntes, mucho antes del ebook, en 1949, ya andaba una profesora e inventora pergeñando la enciclopedia mecánica, un artilugio tal que así:

“Abierta, consta de dos partes. En la de la izquierda lleva una serie de abecedarios automáticos, en todos los idiomas: con una ligerísima presión sobre un pulsador se presentan las letras que se deseen, formando palabras, frases, lección o tema y toda clase de escritos. En la parte superior de los abecedarios lleva a la derecha una bobina con toda clase de dibujo lineal, y en la de la izquierda otra con dibujo de adorno y figura. En la parte inferior de los abecedarios, un plástico para escribir, operar o dibujar. En la parte interior, un estuche para guardar asignaturas. En la parte de la derecha van las asignaturas, pasando por debajo de una lámina transparente e irrompible, pudiendo llevar la propiedad de aumentos, pueden ser estos libros luminosos e iluminados para poder leerlos sin luz. A la derecha e izquierda de la parte por donde pasan las materias lleva dos bobinas, donde se colocar los libros que se desee leer en cualquier idioma; por un movimiento de los misma van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quieran o queda recogido. Las bobinas son automáticas y puede desplazarse del estuche de la Enciclopedia y extenderse, quedando toda la asignatura a la vista; puede estar sobre una mesa (como los libros actuales) o perpendicular, facilitando comodidad al lector, evitando con ello gran número de esfuerzos intelectuales y físicos. Todas las piezas son recambiables. Cerrado, queda del tamaño de un libro corriente y de facilísimo manejo. Para autores y editores el coste de sus obras se aminora considerablemente, por no necesitar ni pasta ni encuadernado y queda impresa de una tirada, o cada una de sus partes (si consta de varias), resultando este procedimiento un bien general”.

¡Y eso es todo, amigos! Que tengáis un muy espectacular y fantafabuloso fin de semana.