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Bolis, plumas y cuadernos: 25 autores nos enseñan sus herramientas de trabajo

septiembre 1, 2015 — by Gabriella29

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Hay una parte misteriosa y muy privada del escritor, de la que no hablamos mucho.

Es una de sus partes primordiales, aparte del corazón, el cerebro, el hígado y el huesecillo del culete. Es una extensión de los que escribimos, como una modificación cibernética, un añadido quirúrgico. Pero mejor.

Hablo de nuestras herramientas.

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Entrevistas relámpago a escritores: Las 50 mejores respuestas

julio 30, 2015 — by Gabriella17

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Esta última semana ha sido un poco desastre y me he visto en la desagradable situación de no poder organizar ni preparar ninguna entrevista para hoy. El fin del mundo, lo sé.

Así que he pensado que, en vez de dejaros sin nada para vuestro jueves veraniego junto a la piscina (“¿y ahora qué me leo yo mientras me tomo este delicioso margarita bajo la sombrilla?”, os preguntaréis. Yo no puedo haceros eso), he decidido hacer un artículo muy especial: un resumen de mis respuestas favoritas de todos los entrevistados hasta la fecha; una síntesis de lo mejor de las entrevistas relámpago en esta web. 47 es un número tan bonito como cualquier otro, y creo que os va a divertir ver lo mejor de lo mejor aquí condensado y refrito. Creo que es también una buena forma de recordar entrevistas más antiguas, para que no se queden para siempre en el cajón de autores-cuyos-nombres-ni-recordamos.

Aquí lo tenéis. Estas son 47 respuestas: las mejores de las 47 entrevistas que he realizado hasta la fecha. Además, como extra añado las tres preguntas que me han hecho los entrevistados que más me han gustado, para rematar la faena y, sí, llegar a los 50. Espero que os gusten también a vosotros:

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¿Cuándo estuviste a punto de abandonar? (Y contestan 15 escritores)

junio 23, 2015 — by Gabriella38

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No, no estamos picando en una mina en Marte bajo el látigo implacable de un supervisor apestoso. No estamos ayudando a un granjero de Iowa a inseminar a todas sus vacas. No somos policías en un pueblo perdido de la mano de Zeus donde de repente el 99% de la población se ha despertado con un apetito insaciable de carne humana. No es tan terrible esta afición/oficio/como-quieras-llamarlo que es escribir.

Aun así, creo que pocas cosas hay tan duras para el ego, la confianza y la creencia en un futuro (cualquier futuro) que esta manía de juntar letras y esperar que tengan sentido y queden bonicas.

(Bueno, tal vez cualquier otra profesión artística. Y muchas cosas más. Pero es parte del oficio de escritor ponerse melodramático).

Da igual que hablemos de autores aficionados, escritores ocasionales. De cuentistas habituales, redactores profesionales o creadores de contenido pornográfico para hombres de 27,5 años, de más de 1,80 de altura, que vivan en la parte norte de Cáceres (¡nicho de mercado!). Yo diría que casi todos hemos pasado por ese momento. O por muchos de esos momentos. El momento del “casi”. Del adiós, muy buenas. De asomarse a la ventana, ver si pasa alguien que nos cae mal y tirarle el ordenador que contiene nuestro último libro a la cabeza (¿no? ¿Solo yo? ¿En serio?).

El primer rechazo (y el decimosexto). El(los) libro(s) que no vende(n). Una crítica atroz. Cualquiera de esos instantes en que deseamos dejarlo todo. Esos instantes en los que lo de la mina marciana no suena tan mal (mmmm, látigo). En que estamos a punto de abandonar.

Y, sin embargo, por alguna razón extraña que todavía no entendemos, no lo hacimos. Seguimos adelante. Seguimos escribiendo.

No os voy a hablar de mis momentos de abandono; eso mejor me lo guardo para el día en que me quede en blanco y aporree la pantalla con la cabeza, sin saber qué más contaros. Voy a hablaros de los de quince escritores que han tenido la amabilidad de compartir conmigo sus experiencias. Vienen a contarnos ese instante terrible y también vienen a contarnos qué los hizo salir del agujero. A todos les pedí que me enviaran además una imagen que representara para ellos el optimismo, ese cambio desde el momento de desánimo y la actualidad.

Aquí os dejo con ellos. Pensé que todos seguirían patrones similares de desamparo, pero cada historia es única, diferente. Espero que os resulten tan fascinantes como a mí:

Juande Garduño

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Juande aparece en esta foto con Matthew Fox, actor protagonista de la adaptación al cine de su novela Y pese a todo.

La verdad es que tu pregunta me ha hecho recordar que una vez sí que estuve a punto de dejarlo. Fue con poco menos de treinta años, antes del éxito de Y pese a todo. Estaba asqueado de que todas las editoriales me rechazaran manuscritos y pensaba que nunca publicaría, así que me dediqué durante un año y medio a leer, sin escribir ni una sola palabra. No me torturé demasiado, pero un día tenía mucho mono de escribir y me puse. Y así hasta hoy.

Álex Portero

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Álex me manda una foto de su zona actual de trabajo, y me dice que la imagen fue tomada a mediodía, algo que antes, durante más de diez años, habría sido imposible:

Estuve muy cerca de abandonar hace un par de años, algo menos. Mi trabajo diario, por entonces seguía trabajando en la librería, hacía que tuviese que ponerme a escribir alrededor de las 11 de la noche, cada día. La propia frustración devenida por desempeñar una labor diaria que me tenía 12 horas fuera de casa, el cansancio, y la desconfianza, hacían que fuese incapaz de terminar la mayoría de las cosas que comenzaba, si lo conseguía, el resultado siempre me parecía mediocre, condicionado por la situación de cansancio. Por no hablar de la paradoja del librero: la falta de tiempo para leer, y si no lees, es una irresponsabilidad ponerse a escribir. Leía, siempre lo he hecho, pero menos de lo que debe hacerse si te dedicas a escribir libros.

La desconfianza en mi obra, unos resultados mediocres y mucho cansancio, estuvieron a punto de hacerme abandonar. No sólo la literatura, casi todo lo que me importaba.

En el presente, estoy en condiciones de dedicarme exclusivamente a la literatura, por un tiempo, veremos si todo lo expuesto antes era cierto y no una excusa. Dejarlo sigue siendo una opción si los resultados no cumplen mis expectativas.

Daniel Pérez Navarro

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Daniel me manda una foto suya, reciente y feliz. Me explica qué ha cambiado para él:

Una difícil situación personal me llevó a romper con casi toda la actividad literaria: dejé de escribir artículos musicales, abandoné los foros de música y libros y las listas de correo y me di de baja de las pocas asociaciones a las que pertenecía. En 2011 publiqué 2 libros. Uno en AJEC cuando estaba claudicando, que no tuvo distribución, y otro en Viaje a Bizancio, en la que también fui de los últimos libros en salir y apenas se leyó. Me pregunté, ¿para qué ese esfuerzo? La salida de la crisis no fue el abandono. Volví a escribir con dos condiciones. La primera, que no me daría de codazos en el mundo editorial. Nada de más concursos. Ya tengo un buen trabajo, pasaría del modelo liberal de la economía aplicado a las letras, escribiría sólo si no había un objetivo a la vista y se lo ofrecería a quien mostrara interés. También reduciría el número de apariciones: no tenemos tantas cosas que contar y repetirse me parece una mala opción. La segunda, debía olvidarme de mí, los libros tenían que hablar de otros. El fruto de esa salida de la crisis fue 14 maneras de describir la lluvia, que cumplía los dos requisitos.

Jaume Vicent

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Jaume, al que seguramente conoceréis por el blog Excentrya, me manda como imagen un manuscrito que anda ahora corrigiendo. Es el mismo manuscrito del periplo editorial que nos cuenta aquí:

Estuve a punte de dejarlo después de los enormes problemas que tuve con la editorial que debía haber publicado mi primera novela. Me sentía engañado, me sentía muy defraudado y me sentaron muy mal ciertos comentarios personales que me hizo uno de los directores de la editorial, fueron comentarios horribles; una rabieta por haber rescindido mi contrato, un contrato que ellos no estaban cumpliendo.

Me sentí solo, estafado y engañado. Sentí que todo el trabajo que había estado haciendo no valía la pena, que mi trabajo nunca sería lo bastante bueno, que yo no era lo bastante bueno para estar aquí, que nada de todo esto valía la pena, en ese momento, lo único que podía pensar era que en este mundillo sólo hay buitres y ratas.

Por suerte, me sobrepuse, en ese momento estaba trabajando con otras personas y ellas me dieron fuerzas y el empuje necesario para continuar, me ayudaron a confiar en lo que escribo. Desde ese momento dejo que mis historias hablen por mí. La mejor decisión que tomé fue seguir haciendo esto.

Juan Carlos Vicente

Juan carlos vicente

Juan Carlos me envía una foto del documento en que está trabajando ahora. Dice: “Creo que no hay nada que refleje mejor que uno escribe que la propia escritura”. Y me cuenta esta experiencia:

Cuando publiqué el año pasado mi novela Opus, trabajaba como copywriter en régimen de autónomo. Puede parecer algo idílico, trabajar escribiendo, pero, en mi caso, no ha sido así.

La novela Opus está inspirada en mis experiencias trabajando para el Opus Dei (no soy del Opus, ni siquiera afín a la institución de la Iglesia). La mandé a alguna editorial, y recibí alguna carta de rechazo, por lo que decidí optar por la autopublicación en Amazon (Kindle y Createspace).

Al poco, recibí algunos correos poco amables (no amenazas, aclaro) de miembros del Opus y alguna llamada de gente relacionada con mi antiguo trabajo (querían saber qué había salido a la luz), varias llamadas con número oculto a horas intempestivas, y se me cayeron tres clientes que, tras investigar más tarde, descubrí estaban relacionados con la secta.

Entré en una crisis creativa, me agobié por el tema de las facturas, y mi trabajo de copy (teniendo en cuenta que no me entusiasmaba) se resintió en cuanto a productividad.

¿Realmente merecía la pena seguir escribiendo, tener un feedback casi exclusivo (y negativo) de gente relacionada con lo que se contaba en la novela, habiendo vendido apenas 200 libros? ¿No sería mejor escribir de forma privada, sin publicar nada, o esto en realidad es algo contra natura en alguien que lo que pretende es contar historias? ¿Tiene sentido el esfuerzo cuando la recompensa, a veces, es tan pequeña?

Fueron dos meses complicados, sin escribir. Pero “estar liberado” no me hizo más feliz, al contrario.

Es lo malo de la escritura, si te atrapa, ya no hay salida.

Enara López de la Peña

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Enara me manda una foto actual suya, escribiendo. Me gusta su historia, porque estoy convencida de que no hay nada como leer un libro malo para dejar de lado las dudas y los miedos:

Yo soy periodista. Me licencié en el año 2010. Nací en San Sebastián, estudié en Pamplona, estaba de becaria en la Eitb (televisión pública vasca) y cuando acabé me vine a vivir a Jaén con mi pareja, con una beca para el periódico local. Todo parecía que iba a ir como la seda, pero en el último momento rechazaron mi propuesta y terminé trabajando en una tienda de ropa para niños. Algo era, había que sobrevivir, lo sé, y aun así al principio me resultó tremendamente duro. Más que nada porque yo ya tenía una novela en mente, una historia que había empezado a escribir con mucha ilusión. Sin embargo, con este golpe la dejé por completo. Me sentía infravalorada, desechada. Si no servía ni para trabajar de lo mío, escribiendo en un medio de comunicación, ¿quién leería cualquiera de mis textos? Más aún, textos de fantasía o paranormal. ¿A quién le iba a importar lo que podía contar? A nadie, por supuesto.

Estuve un año sin escribir. Ni siquiera lo hacía en las redes sociales, ¿acaso a alguien le interesaría mi vida? ¿Mis palabras? Iba a rendirme, hasta que ocurrió: leí Vampire Academy, de Richelle Mead. Fue una novela que me impactó porque me pareció terrible. Horrible. Mal redactada, mal narrada, mal argumentada, con personajes arquetípicos sin sabor ni atractivo. Y pensé: “Qué demonios, yo puedo escribir algo mejor”. Así que retorné al texto de Word, acabé mi novela Mak, amapola de sangre (en busca de editorial) y ya no pude parar. Hoy día sigo publicando semanalmente textos en mi blog.

Ana Nieto Morillo

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Ana me envía una foto con la antología Conjuras, en la que participó hace poco con el relato Los caminos alternativos de la magia. Cualquiera lo diría, sabiendo que estuvo muy cerca de abandonar, y todo por una crítica muy destructiva. Nos cuenta aquí el momento en que casi abandonó:

Cuando terminé mi primera novela. Sí, sé que suena contradictorio. Un profesor insistió en leer aquel tocho y yo (ingenua) se lo presté con gusto. No esperaba alabanzas, sino una crítica dura, pero constructiva. Ansiaba que me leyeran para así conocer mis debilidades y fortalezas… porque algo habría hecho bien, ¿no?

Recibí algo distinto. Una crítica destructiva, la más hiriente de todas las que he ido acumulando en años posteriores… Según él no había nada que mereciese la pena. Trató de convencerme para dejarlo de inmediato, aseguró que estaba desperdiciando mi vida, que como mucho esas cosas se hacían en la vejez. Hizo cuanto estuvo en su mano para que yo creyera que no valía.

Que nunca valdría.

Volví a casa destrozada, escribir era lo que más me gustaba desde que podía recordar. Durante aquella tortuosa tarde me planteé si valdría la pena, pero algo en mi interior —quizá algo que navegaba en mi sangre—, me gritó que no podía hacer eso, pues estaría traicionándome a mí misma.

Ese día curioseando en Youtube me topé con una charla de Jordi Sierra i Fabra en un colegio de Medellín. Jordi les hablaba a los chicos de sus inicios, de cómo fue maltratado en un colegio franquista. Nadie creía en él. Hasta que se dio cuenta de que había alguien que sí lo hacía. ¿Adivináis de quién se trataba? En efecto, ÉL mismo.

Para mí aquello fue una suerte de epifanía.

Ese ha sido mi momento más oscuro, pero me hizo fuerte.

Ignacio J. Borraz

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Creo que Ignacio da en el clavo al proponer un cambio de formato para reiniciarse, para volver a cogerle gusto a la escritura. Me envía una foto suya firmando una antología de varios autores en Sant Jordi, y me cuenta:

Debe de hacer ahora aproximadamente un año. Llevaba más de nueve meses trabajando en la idea de una antología de relatos propios y me di cuenta de que no estaba satisfecho con los que había escrito, idea que compartían mis compañeros y compañeras en la Escuela de Fantasía. De repente, esa realidad me cayó como un mazazo y estuve varias semanas planteándome si valía la pena seguir.

Al final, abandoné la idea de esa antología pero conseguí no abandonar la escritura. Me reinventé, probando con los microrrelatos y poco a poco aparecieron ideas más extensas y he regresado a la senda del relato en estos últimos meses sin abandonar los microrrelatos, formato al que he cogido bastante cariño.

Lola Robles

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Lola me manda una foto suya reciente, cómo no, escribiendo. Su caso es diferente a los demás que hemos visto. ¿Qué ocurre cuando uno no puede escribir, no por desesperación, sino por algún impedimento físico?

El momento de mi vida en que pensé que no podría seguir escribiendo fue a partir de 2006, cuando empecé a tener problemas visuales severos. Desde niña era muy miope, porque me tocó la bola negra en la herencia genética, pero en 2006 mi degeneración macular avanzó mucho.

Desde entonces he tenido que adaptarme a mis limitaciones. Por fortuna conseguí afiliarme a la ONCE, y gracias a su magnífica biblioteca sonora puedo seguir leyendo. Escucho sus audiolibros y también otros que yo me hago con un programa casero. Gracias a la ONCE también he aprendido a manejar otro programa con el que puedo escribir en el ordenador sin mirar la pantalla, pues la luz me cansa mucho. Asimismo uso un IPhone, en el que hay una aplicación con la que se puede dictar y que lee mensajes y libros digitales.

Para escribir, generalmente redacto la primera versión en una mini grabadora de un texto, luego la escucho y la “paso a limpio” grabándola en otro aparatito. Una vez consigo una versión suficientemente válida la transcribo en el ordenador, y este tiene un programa que me lee los textos, para corregirlos.

En fin, escribo muy despacio, pero la literatura y la escritura son mis pasiones y mientras me sea posible no prescindiré de ellas.

Últimamente paso mucho tiempo sentada con los brazos cruzados y cara de pocas amigas esperando que algunos de mis más recientes artículos y manuscritos míos que andan rodando por ahí sean publicados.

Victor Selles

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Victor, a quien seguramente conoceréis por el blog Moral de frontera, me envía una foto de su escritorio actual y me habla de escribir y de fumar:

El momento en el que casi dejé de escribir fue el mismo momento en el que dejé de fumar. Cuando abandoné el vicio, me entró el mayor bloqueo de escritor que he tenido nunca. Se supone que para poder vencer la tentación de volver a fumar, debes dejar de hacer todas las actividades que asociabas al tabaco. Y para mí, escribir y fumar eran la misma cosa. Así que tuve que dejar de escribir, y cuando quise volver, era como si se me hubiera olvidado.

Me pasé un año entero sin escribir nada.

Nunca podría haberme imaginado que el humo estaría tan relacionado con la inspiración y con la concentración.

Creo que de verdad estuve a punto de dejarlo del todo. Sin embargo, con bastante esfuerzo y disciplina conseguí superarlo, y ahora escribo con mucha más frecuencia que antes. Por eso sé que nunca volveré a fumar. Para mí, escribir es demasiado necesario.

 C R Villanueva

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Y aquí tenemos otra imagen de una mesa de trabajo, una imagen que representa el trabajo actual de esta autora y bloguera que casi lo dejó por una experiencia muy poco satisfactoria con una agencia:

Fue el momento en el que recibí la respuesta al informe de lectura. Debería haber sido un momento feliz, y lo fue, pero yo me había estado haciendo ilusiones de que a la agencia donde se lo había enviado me lo iba a publicar. En realidad lo único que hicieron fue cobrarme por leer la novela y enviarme un informe donde me decían que todo estaba bien y que el libro tenía un tema interesante. Yo me quedé con cara de: “¿Y qué más?”. Fue todo un poco decepcionante, además se me juntó que comenzaba un nuevo trabajo en un nuevo lugar y las tentaciones de dejarlo fueron más fuertes. Estuve meses sin escribir casi nada, hasta que me di cuenta de que era eso a lo que quería dedicarme, a lo que iba a dedicar mis mayores esfuerzos.

Juan José Hidalgo Díaz

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Fotos como las de Juan José me hacen especial ilusión porque me envía una imagen en el entorno de su trabajo “de día”. Fotos así son un recuerdo de lo que significa escribir incluso cuando tienes una profesión primaria exigente. Me cuenta:

Sé que no es lo que buscas, pero es que nunca he tenido esa sensación. He tenido la sensación de que estaba “dormido”, muchas veces, sobre todo estos últimos seis años (y en particular este año), por falta de tiempo.

Pero es parte de mi ADN el ser escritor, no puedo dejarlo, como no puedo dejar de respirar.

Aun si mi yo del futuro llegara para decirme que jamás escribiré nada que merezca la pena, aun así seguiría escribiendo.

No puedo evitarlo, me han dibujado así.

Desiree Bressend

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Desiree, guionista y escritora transmedia, nos explica así su momento más bajo. La composición que me envía intenta también reflejar en imagen lo que significa sentirse así:

Antes dibujaba, en realidad llenaba un folio con detalles narrativos de lo que iba a contar.  Escribía en privado y mostraba la imagen. No había texto, no había nada que juzgar. En el fondo no tenía nada que ver con lo que quería.

Atravesé un purgatorio, un bloqueo, el no tener textos era no tener rumbo. La gente se movía a mi alrededor por intereses, me sentía desconcertada y me liberé, me fui del mundo como un ermitaño sin rumbo. Era mi guerra y entendí que ya estaba muerta, así que a partir de ahí lo reconstruí todo.

La escritura me ayudó a hacerlo, no sólo la narrativa, también el guion, los videojuegos. La palabra es mi fuente de luz, una manera de comunicarme con un actor, con un lector, incluso con las personas que quiero a través de notas, de evocar sentimientos que de otra manera no podría expresar.

Nuria C. Botey

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Nuria me envía una imagen del 2013, de la entrega del Premio Nocte 2013 por parte de Juan Ángel Laguna y a David Jasso (Presidente y Presidente Honorífico de la Asociación, respectivamente) por su antología Vosotros justificáis mi existencia. Nuria es madre trabajadora, lo que, inevitablemente, influye en gran medida en su vida creativa:

El momento en que casi dejé de escribir es fácil de identificar, porque coincide con los nacimientos y primeros años de crianza de mis hijos.
Siempre digo que un escritor podrá dejar de publicar, pero nunca de escribir, porque crear historias forma parte de su naturaleza como observador e intérprete de la realidad, y lo mantengo. Sin embargo, reconozco que la maternidad y todas las obligaciones que conlleva (sumadas a otras que no se interrumpen, como el trabajo asalariado con el que pago la hipoteca) me han mantenido alejada de la escritura durante larguísimos periodos. Como cualquier adicción, al principio lo echas de menos, pero poco a poco te acostumbras a no hacerlo. Hasta que un buen día surge esa historia que te exige que le dediques su tiempo y vuelves a robarle horas al sueño (aunque tampoco te sobraban), porque el vicio es así.

Gloria T. Dauden

Gloria T Dauden

A veces para escribir no es necesario sentarse a poner las palabras en el papel. A veces es más importante vivir ciertas experiencias, para saber contarlas luego, como nos dice Gloria:

Durante mi Erasmus en Irlanda no escribí ni una línea de ficción. Es verdad que redacté artículos para el periódico de la universidad, pero nada de relatos ni capítulos de novelas. Fue la única época “vacía” de mi vida desde que, siendo una niña, aprendí a poner por escrito lo que imaginaba.

¿Por qué no escribí en mi Erasmus? Muy fácil. Sabía que iban a ser solo cinco meses y que tenía que exprimirlos, cada día, cada hora. Decidí vivir, viajar, conocer Irlanda a fondo. Conocerme a mí.

Durante todo ese tiempo atesoré vivencias, anécdotas, imágenes, colores, emociones y paisajes. Y luego, a la vuelta, pasada una corta etapa de duelo, de trauma posErasmus, regresé a la escritura con más ganas que nunca.

Toda mi ficción hablaba de Irlanda en esos tiempos y sigue haciéndolo, aunque sea bajo unos disfraces u otros. Irlanda ya nunca me abandonará. Mi escritura estará siempre marcada por esos meses en los que no escribí ni una sola línea.

Javier Trescuadras

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Para terminar, Javier me envía una foto de la presentación en la librería Gigamesh de Barcelona de su antología Fenómenos extraños (Kelonia Editorial). Aquí está su historia:

Una serie de desafortunadas desdichas, parafraseando la película, casi me hace abandonar la escritura hace un año. La primera fue una novela compleja, que aún permanece inacabada en un cajón, la que me llevó al dique seco de repente. Había escrito otra tiempo atrás (¡conocía el camino!), y buscaba editorial para ella desde hacía doce meses. También tenía una antología de relatos dando tumbos. Total: mil publicaciones colectivas y ninguna propia. Ah, y un cheque de derechos de autor por cincuenta euros, impuestos aparte, en cinco años.

Si algo puede pasar, pasará, decía Murphy; y pasó, me bajaron el sueldo y todo se volvió difícil en casa. Las facturas no entienden de inspiración, ni mis hijos tampoco: “Siempre estás escribiendo”, me reprochaban. Sentí que caminaba por un precipicio. Ofuscado y perdido dejé de escribir por un tiempo (no sé cuánto), ni quiero acordarme. Solo recuerdo que todo seguía igual; por más que lo intentes, a veces nada cambia. Nada menos yo, que fui tremendamente infeliz mientras duró aquel casi.

Sigue escribiendo —me dijo mi mujer un día—, los problemas no desaparecen, pero al menos tendrás otra cara”.

Gracias a ella fue solo un casi.

¿Y tú? ¿Cuál fue el momento en que casi abandonaste?

Puedes contármelo aquí, en los comentarios.


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¿Dónde y cómo escribimos? 18 autores nos dan su respuesta en imágenes

diciembre 9, 2014 — by Gabriella16

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Creo que no soy la única a la que le obsesionan los procesos de creación de los demás.

He hablado en alguna ocasión del mío, sobre todo en lo que se refiere a mi afición a dibujar mis textos. Aunque no es naaada productivo, a mí me encanta escribir a mano, y últimamente casi todos mis textos cortos (relatos y poesía) salen de un cuaderno. Algunos autores se lo toman como un reto experimental, como Isaac Belmar, que se pasó un mes escribiendo a mano y contó sus sensaciones y conclusiones al respecto en su blog. Para otros es parte del proceso de construcción: para apuntes, esquemas y escaletas. Otros, sin embargo, son profesionales del Scrivener y de otros programas de escritura especializados.

Así que me puse a preguntar a conocidos, amigos y contactos en las redes sociales acerca de cómo escribimos. Al principio solo había cri-cris de grillos, luego llegaron un par de respuestas de escritores que me ofrecían ayuda, y de repente, todo un aluvión de imágenes y comentarios. Por supuesto, estoy muy agradecida a todos los que se han prestado a participar, que son muchos más de los que me esperaba, y ya veréis qué experiencias tan variadas y dispares. No solo aparecen los formatos de escritura en sí, sino lugares de trabajo que dicen mucho de la personalidad de cada autor.

1. Una de mis favoritas en este sentido es Carlota Echevarría, ya que es arquitecta y siempre me cuenta anécdotas interesantes acerca de cómo aplica parte de su interés por el diseño y lo matemático a sus libros de la serie infantil Princesas al ataque (podéis ver además una entrevista relámpago que le hice aquí, en el blog). Ella dice: “Cuando estoy empezando un libro, hago los esquemas y escribo los argumentos en papel, pero siempre uso el ordenador para redactar (¡a mano no escribo tan deprisa!). Construyo las historias por capas: la primera idea ocupa una línea o dos, luego hago un breve resumen, una línea del tiempo, fichas de personajes, otro resumen, esta vez de varias páginas… y finalmente me lanzo a escribir el primer borrador, al que sé que todavía le daré varias vueltas más”.

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2. También me mandó fotos Iria G. Parente, que se define como “estudiante de Literatura General y Comparada, apasionada del mundo de la edición y juntaletras”, y que es autora junto a Selene M. Pascual de Cuentos de la luna llena. Iria me dice: “Te envío estas tres, que resumen muy bien mi proceso de escritura en general: algo de planificación previa, escritura con una buena taza de té y música al lado, y por último mucha pero mucha corrección”:

Proceso1

Proceso2

Proceso3

3. Victoria Álvarez, autora de Tu nombre después de la lluvia, comparte mi fijación por los cuadernos PaperBlanks, y cuenta lo siguiente: “(…) Tengo docenas de ellos repartidos por toda la casa y me paso horas mirándolos y ordenándolos. Normalmente, cuando surge la idea de una nueva novela, corro a comprar un cuaderno, que queda inmediatamente asignado a esa historia. Suelo empezar a trabajar en ella apuntando a mano las primeras cosas (datos cronológicos, orden de las subtramas, árboles genealógicos, mapas improvisados), y solo meses más tarde, cuando ya me he hecho con la historia, comienzo a trabajar con el ordenador. En algunos casos estos cuadernos me sirven para varios proyectos a la vez; por ejemplo, el de la Esmeralda de Mucha, en el que apunto todos los nombres curiosos que encuentro para futuros bautismos. Y otras veces, simplemente, ¡no puedo resistirme a comprarlos cuando los veo!”:

Victoria Alvarez

4. Francisco Jota-Pérez, autor de Aceldama, al que también entrevisté aquí en el blog, me dice: “El proceso varía muchísimo dependiendo de la obra, del medio y demás. Para relatos y novelas, por lo general, tomo apuntes a partir de la idea de partida, luego hago esquemas y, a continuación, me arremango a escribir; aunque, en ocasiones, empiezo a redactar ya a partir de los apuntes y voy haciendo los esquemas sobre la marcha, o empiezo con la idea y los apuntes no son necesarios… Como he dicho, depende. Lo que no se ve en las fotos (y quizá debería haber incorporado de algún modo) son el puñado de libretas que llevo siempre encima, para tomar apuntes en cualquier momento (en el metro, en el bar…). En cuanto a la dependencia del medio, cuando estoy guionizando un cómic o un película, en el escritorio tengo siempre o bien una libreta grande para dibujar el storyboard con el esquema de páginas y viñetas, o el iPad para ver videoclips, escenas de otros films y etcétera para obligarme a pensar en secuencias y cortes de imagen, y buscar ideas sobre transiciones y escenas. Otra cosa bastante importante en mi escritorio, sobre todo durante la redacción de mis últimas dos novelas, es la bola de cristal de roca que tengo ahí siempre, y que uso durante los “descansos” en el proceso de redacción como elemento de alteración sensorial leve, para meterme en el subconsciente y “desatascar” ideas o momentos concretos, o simplemente “perderme” un rato en otro plano, lejos de la pantalla”:

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5. Cristian Cano es otro de mis favoritos, ya que me manda fotos de escritura en hoteles, algo que a mí me ha tocado más de una vez (y más de diez). Me dice por email: “Escribo ficción, y cuando estoy en casa siempre lo hago en un laptop. También uso el pc en algún café. Pero cuando tengo que salir de Bahía Blanca me llevo unos cuadernitos espiralados que son muy útiles. Lo hago un poco como para caer en ese tiempo hermoso que existe en escribir a mano. No hay que olvidarse de eso”.

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6. Carlos G. de Marcos, escritor y anfitrión de la legendaria Casa de Atrás, nos envía el caos (sic) que va en su cartera:

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7. Virginia Pérez de la Puente, autora de obras como El sueño de los muertos, me manda tres fotos de lo más interesantes (perdóname por citar directamente de nuestros emails personales, querida): “Te paso un trío: la de mi mesa, una de “escritora con pelos congelada en invierno”, y la que he subido de la maquetación, por si te sirve, aunque es una chorrada, pero para ilustrar el estado Juan Palomo De Escritor Que Tiene Que Aprender A Hacérselo Él Mismo…”:

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8. Otra de las habituales en mis entrevistas y menciones, la simpar Susana Vallejo, tiende a compartir imágenes de su entorno y proceso en Facebook, por lo que no me resistí a pedirle unas cuantas. He tenido la suerte de visitar su casa estos días en Barcelona, aprovechando la MiRCon, y puedo decir que es una mezcla de friquerío, bohemia y espacio que debe de ser absolutamente genial para escribir:

Susana Vallejo

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9. Ana Campoy, que fue además la flamante ganadora del sorteo de mi lista de correo el mes pasado, tiene un sistema bastante llamativo: “Muchos guionistas usan tarjetas. Yo uso post-it. Así, si una escena cambia de orden la puedo variar sin problema. Los voy pegando en hojas de folio. De esa manera puedo transportar las escenas ordenadas donde yo quiero. Cada libro me sale por unas 6 o 7 hojas de folio con escenas (la foto que te mando la hice para una charla sobre cómo estructurar novelas de misterio y corresponde a las tres primeras hojas de El pianista que sabía demasiado, la cuarta aventura de Alfred y Agatha). Después de los post-it redacto la escaleta (unas 5 hojas). Y de ahí me pongo a escribir”.

Ana Campoy

10. Meritxell Terrón Paz es una escritora, doctorando de Comunicación, a la que tuve el placer de conocer en la Wizard Con y con la que pude hablar de nuevo este finde en Montcada. Junto a su socio lleva un proyecto muy chulo, El libro del escritor, que se lanzará en breve y que creo que nos va a interesar mucho a todos los que escribimos. Fue una de las primeras en contestar a mi petición y me envió esta muestra de su trabajo con su novela El suicidio del escorpión:

Meritxell Terron Paz

11. A Paty C. Marín también la conocí en la WizardCon (podéis seguirla en Twitter como @patycmarin), y me llamó muchísimo la atención el libro en el que estaba trabajando: un librojuego erótico. Nos enseña cómo funciona su proceso: “El esquema de un librojuego es muy simple, en cada tarjeta se escribe una sinopsis de la escena en cuestión y se señalan con un número las escenas en las que se divide (por ejemplo, si voy por la puerta derecha, pongo 1; si voy por la izquierda, pongo 2). En las siguientes tarjetas se escribe el número de la escena que se corresponde y se escribe una nueva sinopsis, volviendo a marcar con números las escenas en las que se dividen y así con cada escena nueva. Luego se marca el camino sobre el corcho con la chincheta del color correspondiente (que puede ir desde dos colores hasta cinco porque no tengo más). En realidad es como ir formando un árbol ya que cada escena se divide en nuevas escenas y todo crece de manera exponencial. Llega un momento en que las escenas convergen hacia el mismo final o hacia el mismo desenlace, basta con señalarla con dos chinchetas con los colores necesarios”:

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12. Con José Puente estuve hablando de los lugares para escribir. Escribe en la cama, así que me preguntó si podía mandarme una foto de su cama. Cómo no. No creo que sea el único que escriba allí. Como él mismo dice: “Escribir y borrar y volver a escribir y volver a borrar y volver a escribir hasta conseguir un muro más o menos recto o una figura reconociblemente humana. La cama como sinónimo de lugar seguro para”.

José Puente

13. Fernando Alcalá, autor de Carlos, Paula y compañía, me dice:Aquí te envío el esquema a medias y muy recién comenzado del proyecto que tengo ahora entre manos”. Para ello usa Scapple, “es de los creadores de Scrivener. Es super sencillito y tampoco tiene mucho, pero a mí siempre me es muy útil”:

Fer Alcalá

14. Gerardo Guaza, poeta, me envía una foto de su cuaderno. Gerardo también se apunta a la escritura hecha a mano:

Gerardo Guaza

15. Alejandro Castroguer, uno de nuestros “autores Z” por excelencia, me envía unas imágenes geniales de sus apuntes en agenda. Alejandro, como yo, compagina la escritura a mano y a ordenador dependiendo de la velocidad de la inspiración. Me dice: “Son dos capítulos, el Dos y el Veinticuatro de la novela en la que he estado trabajando este año. Como verás usé una agenda con portadas de viejos elepés”.

Alejandro Castroguer

Alejandro Castroguer2

16. Gloria T. Dauden, a la que también entrevisté en el blog (qué de entrevistas hago), es también una aficionada a los cuadernos bonitos:Notas manuscritas para novela en libretas bonitas, taza de té y un entorno agradable”:

Gloria T Dauden

Gloria T Dauden2

17. José Luis Zárate, a quien todos conoceréis por sus geniales microcuentos, me envía una imagen de sus dinosaurios. Si os fijáis con atención, veréis que en la pantalla de su ordenador se ve reflejada la pizarra que tiene detrás, con apuntes y órdenes para el día (cosas como “no entrar en Facebook”, uno de los grandes mandamientos del escritor actual):

Jose Luis Zarate

18. Y por último os dejo con la imagen de un auténtico tecnófilo, Luis Ángel Cofiño, autor de culto de ciencia ficción y amante apasionado de Linux:

Luis Ángel Cofiño

 ¿Y vosotros, dónde y cómo escribís?

Así es como INTENTO yo escribir después de volver de viaje:

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Puedes ver la segunda parte de este artículo aquí.


Si te ha gustado este artículo, acuérdate de compartirlo. Y si te gusta el contenido del blog en general, prueba a leer alguno de mis libros. Como por ejemplo, este:

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!). Puedes leer un avance gratuito (para ver si te gusta el estilo y tipo de relato) aquí.

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Entrevistas relámpago a escritores (13): Gloria T. Dauden

octubre 23, 2014 — by Gabriella2

Y una semana más os traigo una entrevista relámpago. La de hoy es con la escritora canaria Gloria T. Dauden.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 84 preguntas). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). Hace un par de semanas entrevisté a Carlota Echevarría, y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace. Y ahora, 

vamos a hablar un poco de la entrevistada de hoy: 

Gloria T. Dauden (Gran Canaria, 1984) es licenciada en Publicidad y RRPP con especialidad en el área de creatividad. En la actualidad amplía su formación por la UNED con el grado de Historia del Arte. Gloria ha trabajado como profesora de escritura en Escuela de Fantasía y en diversos talleres presenciales. Ha sido seleccionada y publicada en las dos ediciones del libro de relatos Descubriendo nuevos mundos, así como en las dos de Escuela de Fantasía: Monstruos (2012) y Bosques (2013).  En 2012 publicó La galería de espejos, un libro con 18 de sus relatos, todos ilustrados por artistas canarios. En Ácronos vol. 2 se publicó su relato Las hermosas Jaradalias. Su última obra (aún inédita) es Fae: el libro de las fantasías eróticas, una antología ilustrada con relatos que mezclan lo erótico y lo fantástico. Sus publicaciones más recientes han sido “Defixio”, que saldrá con Saco de Huesos, y sus contribuciones para THE BEST OF SPANISH STEAMPUNK de la editorial Nevsky, y para Fuenlabrada Fantástica.

A Gloria la conocí en persona en el Celsius de este año, pero antes ya nos tratábamos en Facebook, como suele ocurrir en este mundillo en el que, tarde o temprano, acabamos todos enredados. Os dejo con sus respuestas.

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ENTREVISTA RELÁMPAGO A GLORIA T. DAUDEN

gloria1. El mejor consejo que te han dado

Analiza qué es lo que te paraliza y enfréntalo para avanzar.

2. Tres libros para una isla desierta

La historia interminable, Las mil y una noches, El retrato de Dorian Gray.

3. ¿Con qué personaje literario te identificas?

Xayide, Circe… Las hechiceras poderosas siempre han sido mis favoritas. Ahora, identificarme no sé si es la palabra. Supongo que son más bien modelos de mujer que me gustan por su fortaleza

4. ¿Hablas algún otro idioma aparte del tuyo?

Inglés. Es un idioma que me gusta mucho. Leo en él a menudo, pero lo practico mucho menos de lo que me gustaría por falta de interlocutores cercanos. Siempre he sido muy anglófila, (y “victoriana”) en parte viene de ahí mi pasión por el steampunk. 

5. ¿Escribes de noche o de día?

Cuando puedo. Soy nocturna por preferencia, pero hace tiempo que no puedo por cuestión de horarios.

6. ¿Te has enamorado alguna vez de un personaje?

De muchos. De niña de Atreyu. Ya de mayor Dorian Gray, Haplo, Locke Lamora, Oberyn Martel… Eso si hablamos de literatura. En series mi amor platónico era Mulder de Expediente X.

7. Tu blog favorito (que no sea este, claro)

Reconozco que no le soy fiel a ninguno. Cotilleo de uno y de otro. Me gusta mucho el de mi amigo Guillermo Rancel, un artista que ha ilustrado varios de mis relatos. (Aquí tenéis un enlace a sus ilustraciones en mis textos, y a su blog).

8. ¿Lápiz, portaminas, bolígrafo o pluma?46f70b2a54705d28fe15ffbde64d0da9

Para escribir prefiero bolígrafo, pero ya hace mucho que lo hago directamente en ordenador. Si me pilla la inspiración fuera de casa tomo notas en libretas. Siempre llevo al menos una encima. (Muchas veces dos, para proyectos distintos).

9. ¿Qué haces cuando te atascas escribiendo?

Buf. Pasarlo mal. Me sé la teoría del bloqueo, la he explicado muchas veces en mis cursos de creatividad, pero “en casa del herrero…”. Lo que mejor funciona es dar un paseo o tomar una ducha… entonces surgen las ideas.

10. No puedo vivir sin…

Historias. Arte. Gatos. Y mi espacio para crear.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Gloria escoge la b) y me pregunta: ¿Qué libro quemarías por el placer de verlo arder?

En principio no creo que ningún libro merezca quema. Se empieza quemando un Coelho y acabamos a lo Farenheit 451. Pero hay una parte muy pequeña de mí a la que le gustaría quemar Momo, de Michael Ende, o tal vez El principito, de Saint-Exupéry (perdóname, Elena). No porque sean malos libros, aunque a mí personalmente no me dicen nada (estoy muerta por dentro, sí, lo sé). Los quemaría por curiosidad, por ver cuántos insultos recibiría. Somos muy dados a criticar a los que leen Crepúsculo, pero incapaces de soportarlo cuando alguien toca a nuestros “clásicos”.

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Muchas gracias a Gloria por sus respuestas, ¡y no os perdáis la entrevista de la semana que viene!

Advertencia para escritores: Aunque esta ha sido desde el principio una convocatoria abierta para todos los escritores que quisieran participar, en estos momentos tengo bastantes entrevistas acumuladas, por lo que, por el momento, se cierra dicha convocatoria y no se admiten solicitudes de entrevistas. Eso, sí, sentíos libres de seguir enviando propuestas de preguntas para las entrevistas a gabriellavc(arroba)yahoo.es