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6 formas de acabar con la procrastinación (que realmente funcionan)

julio 14, 2015 — by Gabriella57

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Oh, la procrastinación. “Vuelva usted mañana“. Enemiga de musas, premios, resultados. Triste nombre (bueno, triste no, como palabra me parece megabonica) para definir esa sensación de inevitable aplazamiento, ese bucle infinito de “ya lo haré luego”.

A menudo la procrastinación se convierte en una entidad casi superior, en un ataque directo a nuestro poder de decisión, al igual que esa vocecilla de “eh, tienes que terminarte esa bolsa de patatas fritas, no vas a dejarlas ahí, ¿verdad?”. Es una pérdida de control, una patada al lóbulo frontal del cerebro. Uno se rinde a su destino y su destino es no terminar nunca nada (ni dejarse sin vaciar una bolsa de patatas).

Lo gracioso es que esa especie de divinidad malévola ni siquiera existe. Claro que podemos dejar sin terminar la bolsa de patatas (¿y dejarlas ahí? ¡Qué desperdicio!). Claro que podemos hacer esa tarea ahora mismo (¡pero por qué, si mañana también puedo!).

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9 maneras de conseguir algo cuando no tienes fuerza de voluntad

enero 27, 2015 — by Gabriella25

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Disciplina. Voluntad. Motivación.

Esos tres santos griales de cualquier persona que busque conseguir algo, ser productiva, progresar. Los tres santos griales de los que trabajamos desde casa. Santísimos para los que nos dedicamos, además, a tareas creativas.

He llegado a la conclusión de que esas tres palabras son contraproducentes. Mentirosas, incluso. Nos han vendido desde niños que podemos hacer las cosas si queremos. Podemos evitar la tentación con fuerza de voluntad. Podemos progresar con disciplina y trabajo duro.

¿Pero qué ocurre cuando esa voluntad se te escapa entre los dedos? Sigues intentando una y otra vez hacer lo mismo, tener disciplina, y cuando fallas te sientes culpable. Te sientes inútil.

Hace un tiempo leí una entrevista a la escritora Julie Fast, que había sacado un libro llamado Get It Done When You’re Depressed (Cómo hacer las cosas cuando estás deprimido). Tal vez la depresión sea un ejemplo extremo, pero los que hayáis pasado por ahí sabéis lo imposible que parece todo. La escritura, en concreto, es una de las profesiones más asociadas a este problema. Pero yo diría que todo el mundo tiene momentos de bajona, momentos en los que cuesta salir de la cama por la mañana. ¿Cómo conseguimos alcanzar nuestras metas, sobrevivir al día, en esas circunstancias?

Julie admite que se pasa deprimida el 75% del tiempo. Y sin embargo es una escritora productiva. ¿Cómo es posible?

No puede ser una cuestión de tener fuerza de voluntad. Uno no tiene de eso cuando está deprimido.

Bebiendo de las experiencias de Julie, de las mías propias y de todo lo que he podido encontrar, yo diría que tiene poco que ver con la voluntad y la disciplina, y tiene todo que ver con el sistema, con la planificación.

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Puesta al día: Objetivos para los próximos tres meses

junio 2, 2014 — by Gabriella0

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Aunque ya sabéis que siempre ando insistiendo en tomarse las cosas poco a poco y elegir un solo hábito en el que concentrarse a la vez, sí que es cierto que tengo varios objetivos importantes para los próximos meses, y he decidido organizarlos y estructurarlos dividiéndolos en tareas asequibles (diarias o semanales) para no despistarme demasiado. A veces hace falta darse un apretón para no estancarse, así que voy a intentar algo un poquito más difícil de lo habitual. Necesito ver si puedo alcanzar estos objetivos, para superarme y acometer otras tareas más difíciles. Siento la necesidad de retarme un poco más a mí misma.

Me gustaría compartir mis objetivos con todos vosotros,  como hago a menudo, como forma de obligarme, por vergüenza pura y dura, a no fallar en mi cometido. Para esto, como sugiere el escritor y programador Nick Winter en The Motivation Hacker*, he decidido usar la web Beeminder (también disponible en app). Esta es una aplicación de control de tareas que te las divide de forma cómoda en pequeñas subtareas y que te ofrece varias maneras de “castigarte” si fracasas (entre ellas, darle dinero a la propia web, algo un tanto polémico que a mí, sin embargo, me parece una idea bastante buena, sobre todo teniendo en cuenta que la web es gratuita). No voy a optar por lo del dinero por ahora, pero hay otras posibilidades que me interesan más. Beeminder te permite añadir unas direcciones de email de amigos, conocidos, etc. al programa, de manera que si fallas les llegarán emails indicándoselo (¡madre mía!). También me gustaría compartir con vosotros mi progreso semanal, ya que creo que será un incentivo poderoso (no fallar para no quedar mal). Así que a partir de ahora esperad una vez a la semana una actualización de progreso.

Mis objetivos para los próximos tres meses (1 de junio a 1 de septiembre de 2014) son los siguientes. Si pincháis en los enlaces veréis las gráficas correspondientes:

Escribir 60000 palabras de mi novela. Ahora que ya ando cerca de las 50000 palabras, tener otras 60000 sería un avance considerable en un espacio de tiempo reducido. 110000 palabras ya es una señora novela, aunque sospecho que esta ocupará más que eso (por eso mi objetivo no es “terminar la novela” ni nada así, por lo menos no por ahora).

Objetivo: 60000 palabras en tres meses.

Realizar un mínimo de ejercicio a la semana. Esto ya lo hago de todas formas, pero me gustaría contabilizarlo para controlar mejor mi progreso. Después de un tiempo corriendo, y las rodillas bastante tocadas, decidí pasarme a la natación. Siempre me ha gustado, pero siempre había “razones” (o excusas) para no tomármelo en serio (mi largo pelo teñido rojo, que el cloro se cargaría; ciertos problemas de autoestima y escasísimas ganas de que me viesen en bañador; el coste, etc.). Ahora he encontrado una piscina barata donde además la gente es maja y parece importarle una mierda muy grande la pinta que tenga, y ya no tengo el pelo largo ni rojo (a veces lo echo de menos, pero hay que ver qué práctico es tenerlo corto y de un color manejable).

Objetivo: Nadar (o cualquier ejercicio equivalente) un mínimo de tres horas a la semana, con la única excepción de problemas de salud u otras causas de fuerza mayor. Durante tres meses.

Actualizar el blog tres veces a la semana: En realidad serían dos posts por semana (preferiblemente un relato y un artículo), más la entrada de puesta al día de mi progreso en estos objetivos.

Objetivo: Publicar tres entradas en el blog a la semana durante tres meses.

Actualizar a diario MyFitnessPlan: Uso esta web de forma esporádica, pero ayuda mucho cuando lo hago. Si apunto todo lo que consumo es más difícil volverme loca dándome atracones. Ahora mismo mi peso se ha estancado un poco y me gustaría espabilarlo de nuevo.

Objetivo: Actualizar MyFitnessPlan todos los días.

Leer más: Muchas veces me distraigo y acabo jugando a algo o leyendo artículos sueltos cuando podría estar leyendo libros, algo más que necesario para cualquiera que quiera mejor su forma de escribir. Ya leo bastante, pero esto se ocupará de recordarme que debo leer cuando me despiste.

Objetivo: Leer un mínimo de dos horas a la semana.

Participar en más concursos: Como incentivo para escribir más relatos largos, me propongo participar por lo menos en un concurso literario al mes a lo largo de estos tres meses (tres concursos en total).

Objetivo: Participar en tres concursos literarios.

Iré implementando pequeñas recompensas para los días que consiga determinadas tareas, además de otros mecanismos que incorporaré conforme lo vea necesario. Os tendré al tanto, ¡deseadme suerte!

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Podéis ver aquí todas las actualizaciones junto con el artículo inicial.

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*Libro muy interesante que recomiendo leer si os lleváis bien con el inglés. No llega a los tres euros si lo compráis para Kindle. Y no, no me pagan comisión 🙂
Imagen por cortesía de zirconicusso / FreeDigitalPhotos.net

 

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¿Qué hábitos podrían cambiarte la vida?

mayo 17, 2014 — by Gabriella0

No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.
No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.

He hablado hasta la saciedad del sistema de los treinta días para adquirir un nuevo hábito (o deshacerse de uno que no interesa). De hecho, probablemente os esté dando sueño solo por leer esa última frase. Ya sabéis: elegir un nuevo hábito; empezar con algo minúsculo, demasiado fácil; planear en qué momento del día lo vas a llevar a cabo (siempre el mismo) y realizarlo durante 30 días. Después, durante 30 más. Y así ad infinitum.

Pero a veces lo más difícil es el primer paso, elegir ese hábito. Normalmente tenemos una larga lista de cosas que queremos cambiar sobre nosotros mismos. Queremos que nuestra vida sea mejor YA, no levemente mejor dentro de tres meses. Lo sé bien. Tiendo a emocionarme y a intentar mejorar cinco cosas a la vez. Ahí es cuando fracaso. Hay hábitos que sé que son importantes, pero que no son muy divertidos ni glamurosos. En el caso de la meditación, por ejemplo, sé que a largo plazo puede proporcionarme grandes beneficios que son indispensables para mi vida. Sufro de ansiedad y tengo más que comprobado que la meditación y el ejercicio físico me ayudan bastante. Así que, a largo plazo, si quiero estar sana mental y físicamente, la meditación y el ejercicio son primordiales. No son nada emocionantes, ni divertidos, pero son mucho más importantes que otros hábitos más atractivos.

Creo que la mejor forma de decidir en qué hábito debemos concentrarnos es analizar el impacto de este a largo plazo. De este modo, se valora su importancia de forma realista. Por ejemplo, el hábito del ejercicio es fundamental porque a largo plazo ofrece un cuerpo más sano. El hábito de escribir es fundamental si quiero obtener una meta a largo plazo como una novela. El hábito de practicar con un instrumento a diario es fundamental para la meta a largo plazo de saber tocarlo con maestría. Y así.

Todo esto responde a una pregunta fundamental: ¿cómo quieres que sea tu vida dentro de cinco años? Ya respondí a esta pregunta en mi artículo sobre escribir, ya que en ese hábito principal entran mis metas para los próximos cinco años. Pero también quiero estar sana y encontrarme bien, por lo que he invertido tiempo y ganas en el hábito del ejercicio; y por lo que no me rindo con lo de la meditación e intento, una vez más, implementarlo en mi vida diaria. Claro que hay muchas otras cosas que quiero para dentro de cinco años, pero tengo más que comprobado que las prisas y la multitarea no llevan a ninguna parte.

¿Cuál es el hábito que más creéis que cambiaría vuestras vidas? ¿Cuál creéis que tendría un mayor impacto a largo plazo? ¿Qué es lo más importante para vosotros? Aquí dejo una lista de los que se me ocurren, pero cuento con vosotros para que aportéis más ideas en los comentarios.

  1. Dejar de fumar. Bueno sí, esto es de lo más evidente. A largo plazo es, junto con reducir la ingesta de alcohol, probablemente lo mejor que puedas hacerle a tu cuerpo. Además de…
  2. Hacer ejercicio. Como ya he mencionado, lo más eficiente es hacerlo todos los días (por lo menos los primeros meses, hasta que el hábito se haya asumido) y en cantidades muuuy pequeñas. De todos los grupos y foros de ejercicio que he visto, aquellos que de primeras se emocionan con planes complejos y tablas largas, o con seis clases de zumba a la semana, tienden al fracaso.
  3. Escribir una nota/email al día para amigos, familiares y conocidos (tal vez incluso desconocidos) diciéndole a alguien lo que te gusta de él/ella: Este es peculiar y lo encontré hace poco por internet. La idea es que hagas enfoque en lo positivo que te rodea y menos en lo negativo (además de hacer feliz durante un rato a alguien que se lo merece, que no es moco de pavo). He puesto este hábito como un método cualquiera (hay muchos) para insertar algo de afecto en el día a día.

Este hábito podría sustituirse por cualquier costumbre que rompa un poco con la espiral de pensamientos autocríticos y destructivos en la que entramos a veces. Modificar patrones de pensamiento es muy útil, y tendemos a abrigar sentimientos de rencor, odio y envidia que se alimentan entre sí. Introducir a propósito sentimientos de afecto, gratitud y admiración pueden aliviar bastante y aportar mayor paz mental.

  1. Leer. Yo ya he hablado miles de miles de veces sobre los beneficios de la lectura. Es un hábito que merece la pena cultivar en todos los sentidos. No tiene que ser nada largo, un capítulo al día, o diez minutos, o un relato breve (enlace de autopromoción desvergonzada). Recomiendo leer ficción, por lo que nos ofrece de evasión, entretenimiento y empatía, pero si preferís artículos y etc., adelante. Cualquier cosa que no sea trabajo, sino ocio.
  2. Hacer una cosa a la vez. Para mí este hábito ha sido fundamental para ser más productiva. Siempre había sido muy multitarea, y cuando era más joven pensaba que eso me funcionaba bien. Pero con el tiempo me di cuenta de que estaba dedicando horas a hacer muchas cosas a la vez, y que al final nunca terminaba ni avanzaba en ninguna de ellas. Además, también me volví muy distraída y poco disciplinada. He recuperado el elevado nivel de concentración que tenía en la facultad gracias a esta sencilla costumbre. Para esto funcionan muy bien los pomodoros (bloques de veinticinco minutos que dedicas solo a realizar una tarea), que pueden combinarse con programas como Freedom para bloquear internet y evitar distracciones innecesarias. Para implementar este hábito es además fundamental identificar objetivos a largo plazo y seleccionar los más importantes: es más fácil conseguir resultados si no tienes mil proyectos en juego.
  3. Encontrar un patrón positivo de sueño y mantenerlo. Otro que para mí es imprescindible. Siempre he tenido unos hábitos de sueño atroces y he vivido más bien de noche (creo que es muy posible que tenga SFSR). Estoy cansada por las mañanas, no termino de despertarme hasta el mediodía, y luego no puedo dormir por las noches. Esto influye de forma poderosa en mi ánimo y estado físico. Hay tratamientos específicos para este tipo de trastornos, pero por lo general encuentro que estoy mucho mejor cuando me levanto temprano, siempre a la misma hora, y consigo dormir mis 7-8 horas (cuando viajo y no puedo mantener esta disciplina acabo reventada). Es un poco más complicado que eso, y tengo pendiente entrar en más detalle en este tema, pero recordad que internet es vuestro amigo y hay mucha información al respecto. Lo bueno de madrugar, de levantarse antes que los demás, es ese par de horas en que todo está en silencio y tienes tooodo el día por delante. Es en esas dos horas en las que hago el grueso del trabajo del día, las cosas más difíciles y que exigen más concentración e imaginación. Aunque soy un zombi a esa hora, y además suelo estar de bastante mal humor, soy tremendamente productiva.
  4. Comer mejor. En este saco cabe de todo. ¿Cuál es la mejor dieta? No hablamos de dietas milagro para perder peso, sino de una forma de comer que se adecúe a tus necesidades, a tu rutina y a tu cuerpo. Por lo general, es positivo reducir la ingesta de carne grasa y aumentar el consumo de pescado, verduras y fruta, por ejemplo. Este podría ser un buen punto de partida para una forma de comer más saludable. Y si quieres volverte loco y contar macronutrientes y calorías y lo que quieras, puedes usar un programa como MyFitnessPal (no sé si está también en español, pero su base de datos incluye muchísimas marcas españolas).

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Los diez demonios del escritor

marzo 27, 2014 — by Gabriella3

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Sí, todos sabemos ya cuál es el auténtico enemigo del escritor, o de cualquier persona que haya juntado varias palabras de forma bonica sobre un papel y haya osado considerarlo literario. La gran dificultad consiste en publicar, y muchos consideran que todo lo que haya antes (o después) de alcanzar esa meta no es importante. Pero todos tenemos nuestros miedos, nuestras ambiciones y nuestras debilidades, esos problemas que se nos ponen, maléficos, por delante cuando intentamos escribir. Hace poco se me ocurrió preguntar en Facebook entre mis contactos cuál era su mayor complicación a la hora de escribir, ya que muchos de ellos son escritores (profesionales o aficionados; de ficción o ensayo; de prosa o poesía). Y muchas de las respuestas, cómo no, se repetían y entrecruzaban. Y aquí os dejo, del 10 al 1, los mayores demonios del escritor:

10. Los diálogos. Así, en general. No nos gustan nada. Es una labor delicada la de escribir diálogos que no queden artificiales y ñoños. Esta labor se ve influida además por elementos externos llenos de diálogo cliché como son muchas series de televisión o gran parte del cine comercial.

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9. La falta de tiempo. Ah, el tiempo, ese bastardo. Tenemos vida familiar, tenemos trabajo (por si alguien no se ha enterado todavía, es casi imposible vivir de la escritura), tenemos miles de cosas por hacer. El problema, además, es que tendemos a pensar en la escritura como algo que se realiza en grandes bloques, como esos escritores famosos que alquilan una habitación de hotel y se tiran tres meses sin salir de ella, escribiendo y consumiendo drogas. Sin embargo, la realidad es que solo diez minutos diarios de nuestro tiempo podrían significar una gran diferencia en la calidad y cantidad de nuestra escritura.

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8. Aspectos formales. La ortografía y la gramática son dos grandes enemigos, y otras cuestiones de estilo nos avasallan también: repeticiones de palabras, la búsqueda del adjetivo exacto, el exceso de puntos suspensivos, la descripción de temas peliagudos…

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7. La extensión. Una vez hemos comenzado, todo son ganas y alegría y admiración por la obra de arte que estamos creando. No obstante, conforme avanza el texto y la cosa se nos hace larga, perdemos un poco el norte y el amor por el texto. Las obras largas son difíciles, no hay duda; y cuanto más difíciles, más complicado es mantener la ilusión por lo que escribimos.

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6. El ritmo. La transición entre escenas, los cambios de estados de ánimos de los personajes, la fluidez de los diálogos… Como bien apuntaban mis amigos escritores, todo esto compone la música del texto, y si falla alguno de estos aspectos, falla todo.

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5. Constancia. Este está íntimamente relacionado con el punto 1. Tendemos a creer que escribir es algo que ocurre cuando bajan las musas del monte Parnaso y nos tocan con sus delicadas manos mágicas, pero la realidad es que las ideas brillantes provienen de sentarse de forma periódica delante del ordenador o del cuaderno para soltar nuestro rollo. Hay muchas más posibilidades de conseguir algo maravilloso de 500 intentonas pequeñas que de 5 intentonas grandilocuentes (más sobre esto y sobre la regla de las 10000 horas aquí).

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4. Corregir. Y corregir, y corregir otra vez. No solo es aburrido, sino que corremos el riesgo de acabar odiando tanto nuestro texto que acabe en la basura. La corrección es necesaria, pero la reescritura obsesiva puede llevarnos al oscuro abismo de la desesperación (como atestigua mi manuscrito abandonado de 90000 palabras. Que estoy reescribiendo).

No obstante, por favor no seáis de esos “autores” que no revisan sus obras para “no perder la frescura del texto original”. Los ojos de vuestros lectores os lo agradecerán.

Y si necesitáis una ayudita, tengo un libro (tirado de precio, además) que escribí especialmente para eso.

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3. Empezar. Ese terror a la página o a la pantalla en blanco nos bloquea, evita que lo intentemos siquiera. Ya sea miedo, desidia o ansiedad, resulta que lo que nos cuesta, ante todo, es ponernos.

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2. La concentración. Parece ser que a todos nos falta enfoque. Cualquier distracción nos sirve: nuestra familia, las redes sociales o, incluso, como apuntó un amigo que parece querer revelar la verdadera razón por la que trabajan los escritores: “las groupies pidiendo sexo”.

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1. La pereza. La ganadora por goleada. Ya sea por procrastinación o simple dejadez, parece ser que lo que nos falta es fuerza de voluntad.

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Personalmente, creo que la fuerza de voluntad, o la ausencia de esta, no es realmente la responsable. Ya he hablado en el blog de los pequeños hábitos y de lo que se puede conseguir con estos, y seguramente seguiré hablando del tema (podéis empezar con este megapost sobre productividad, por ejemplo). Pero implementar un hábito exige dedicación y tiempo, y por tanto deberíamos concentrarnos en implementar aquellos que realmente van a producir un cambio importante en nuestras vidas, aquellos que responden a prioridades vitales. Si tu mayor demonio en la escritura es la pereza, tal vez conviene analizar cuáles son tus prioridades y decidir si merece la pena establecer un plan de acción. Y, más importante, llevarlo a cabo. Para el aficionado o el escritor ocasional, esto probablemente no compense. Pero para cualquier persona que pretenda mejorar la calidad de su escritura o avanzar en algún proyecto literario, la constancia es determinante. Y es la única forma de vencer a ese demonio nº 1.

Con la escritura, como con el ejercicio, yo pensaba que todo era ponerse, que me faltaba disciplina y voluntad. Y lo intentaba, una y otra vez, sin obtener resultados. Tuve que darme cuenta de que es una cuestión mucho más compleja, donde intervienen las costumbres, el entorno o la hora del día, entre otros muchos factores. Así que si realmente buscas constancia y disciplina, merece más la pena analizar estos factores y modificarlos de forma eficiente que intentar conseguirlo a golpe de vara. Aunque la vara también puede venir bien, sobre todo si llevas a cabo algo por miedo a una penalización (uno de mis contactos escritores utiliza un sistema de “apuestas”. Si no consigue alcanzar una meta de escritura a tiempo, deberá pagarle 50 € a su amigo, y viceversa. También se puede utilizar un sistema de recompensa, pero hay personas a las que la vara les sienta la mar de bien).

Por otro lado, me parece muy curioso que apenas se hayan mencionado algunos aspectos que, como lectora y correctora, encuentro en la mayoría de mis clientes, sobre todo en el ámbito formal. ¿Es posible que muchos veamos complicaciones donde no las hay, y sin embargo no veamos aquellas que los demás consideran evidentes? Este es otro tema que trataré más adelante.

En próximos artículos, voy a intentar ir atacando algunos de estos puntos y ofrecer soluciones prácticas. Se agradecen sugerencias, comentarios y, por supuesto, que me digáis por aquí cuáles son vuestros diablillos particulares.


 

Editando: Desde que escribí este artículo he profundizado bastante en el tema de la disciplina para escribir. En este artículo ofrezco 9 maneras de conseguir algo cuando no tienes fuerza de voluntad.

Y si queréis seguir leyendo sobre grandes tragedias de escritor y cómo superarlas, echadle un ojo también a este post.


 

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