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Martínez, Godin, Pressfield, Wendig y Ruiz Robles. Recortes de la semana.

marzo 6, 2015 — by Gabriella0

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Pues sí que ha tardado en llegar el viernes.

Esta semana me ha traído menos lecturas y movimiento en general. Ha sido una de esas semanas en las que te inundan pequeños acontecimientos, tanto buenos como malos, que se van comiendo tu tiempo y concentración casi sin darte cuenta.

Entrevista a Rodolfo Martínez

res21Lo cual no quiere decir que no haya estado ocupada. Ayer, como todos los jueves, hubo entrevista relámpago, pero también entrevisté a Rodolfo Martínez para LEKTU, sobre el proceso creativo, la edición digital y todo lo demás. Es una entrevista bastante completa, y os recomiendo que le echéis un vistazo. Es un escritor con una lista impresionante de obras, y ahora también es editor: fundó y dirige la editorial Sportula. Siempre tiene cosas interesantes que decir, pero me quedo con esta, en respuesta a mi pregunta sobre cómo ve en estos momentos (y en el futuro) el panorama de la edición digital:

Respecto a su futuro: ni idea, así de sencillo. Creo, además, que cualquiera que diga que sabe cómo será el futuro editorial o miente o se engaña a sí mismo. Nos movemos en un terreno que es desconocido para todos y ni los gurús de lo digital ni los adalides de lo impreso saben realmente lo que va a pasar. Eso responde un poco a la primera parte de la pregunta también, porque el momento presente es de una incertidumbre total, absoluta. Eso, que puede causarles pánico a algunos (y a buena parte de la industria editorial tradicional parece que se lo causa y mucho) puede ser una oportunidad para otros. Todo depende de cómo te lleves con el caos y, sobre todo, de que abandones cualquier esperanza de controlar el proceso. Lo único que conseguirás con eso, me temo, es ser destrozado por el tsunami.

Y otra vez Godin

Sí, ya sé que la semana pasada también cité a Seth Godin, pero qué le vamos a hacer si el hombre tiene tendencia a soltar sentido común y sabiduría por esa boquita.

Godin

Cuando las cosas mejoran un poquito cada día, damos las buenas noticias por sentado. Una mejora no tarda nada en convertirse en una expectativa, y la expectativa no tarda nada en darse también por sentado.

Pero cuando las cosas empeoran, no podemos dejar de pensar en la pérdida; extrapolamos este patrón hasta lo terrible, y luego vivimos con lo terrible mucho antes de que realmente llegue.

Hay un fallo en el sistema de nuestra cultura, pero eso no significa que no podamos trabajar para solventarlo. Cuando filtramos lo que recibimos de los medios (y cuando filtramos lo que emitimos), y cuando decidimos qué historia contarnos a nosotros mismos (en vez de aceptar la historia de alguien que tiene objetivos diferentes a los nuestros), podemos reprogramar nuestras entradas y cómo las procesamos.

Los mismos hechos, experiencias diferentes. A propósito.

Esto es algo que aprendí hace un par de años y que no puedo dejar de recomendar. No digo que haya que ignorar todo lo que pasa ahí fuera, eso sería absurdo. Pero sí podemos elegir qué mensajes recibimos (qué contactos tenemos en las redes sociales, e incluso en la vida real) para intentar crear una alimentación mediática y textual no solo positiva, sino constructiva.  Una entrada constante de noticias negativas, lamentos e imágenes grotescas afecta de manera también constante a nuestro ánimo. Por pura supervivencia, el ser humano tiene tendencia a darle mayor importancia a los hechos negativos que a los positivos. No dejes que los negativos se pasen todo el día, todos los días, comiéndote la moral.

Stephen Pressfield y qué hacer con las malas reseñas

En una entrevista reciente, Stephen Pressfield, escritor especialista en creación artística, dijo lo siguiente acerca de las reseñas:

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Un escritor profesional (o un actor, o director, o atleta) no lee sus reseñas. A mí no me importa una mierda lo que opine la gente de mí. El propio Hemingway dijo en una ocasión que no puedes leer las reseñas de tus libros porque “si las crees cuando te dicen que eres genial, tendrás que creerlas cuando te digan que eres un inútil“.

Aquí creo que es importante distinguir entre reseña crítica o técnica y reseña subjetiva, de simple y llama opinión. A las segundas no habría que hacerles mucho caso, por lo mismo que dice Hemingway. De las primeras es de las que, en teoría, se aprende para mejorar.

Hay un fenómeno curioso que he observado con las reseñas en general, y es que tienden a alimentarse unas a otras. Creo que si tienes treinta reseñas, con leer las primeras cinco ya has leído todo lo que tienes que leer. Las otras veinticinco no van a aportar mucho más. Creo que es porque nos condicionan las opiniones de otros, por mucho que intentemos ser objetivos, así que un reseñador o crítico no habla desde la nada, desde una percepción completamente limpia. Dale ese mismo libro tuyo a treinta personas que no se conozcan entre sí y que nunca hayan leído una reseña del libro y puedo asegurar que encontrarás muchas opiniones muy distintas. Lo cual, a su vez, me hace preguntarme acerca de la validez de las reseñas para un escritor. ¿A cuál de esas treinta opiniones diferentes deberías hacerle caso?

La crítica que deberíamos leer todos es la que tiene más semejanza con un informe de lectura: un análisis elaborado y frío de las características técnicas de una obra. Por desgracia, de ese tipo de crítica hay poco, como es lógico. Exige bastante esfuerzo y conocimiento. Ojalá pudiéramos saber, antes incluso de leer una reseña, si nos compensará o no. Si nos enseñará algo importante o si simplemente nos dejará, heridos en nuestro orgullo, doloridos para el resto del día.

Chuck Wendig y por qué el talento es lo de menos

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Los escritores no nacen, se hacen. Gracias a la fuerza de voluntad, al trabajo. Se hacen de iteración, ideación, reiteración. Se hacen gracias al aprendizaje, el aprendizaje que viene de la práctica, de la lectura y de los profesores que ayudan a guiarte a través de todas estas cosas para darle contexto a tus esfuerzos.

No, no todo el mundo triunfará, porque en esta vida nada está garantizado.

Pero tu falta de éxito no tiene nada que ver con cómo naciste.

Los escritores no son una casta. No son los elegidos.

Trabajamos por lo que queremos. Esculpimos nuestras historias de la piedra, en tinta de nuestra propia sangre.

Sí, también hablo demasiado de Chuck Wendig, pero es que muchas de sus palabras son oro puro (sí, incluso aquellas en las que habla de trabajar sin pantalones y de caca y pis y pedos y su pene). El otro día soltó un artículo magnífico acerca de como, en el fondo, el talento es lo de menos. Sin trabajo no vale absolutamente de nada. Y toda esa ocurrencia de que tienes que ser un genio para conseguir algo en cualquier campo es, in my humble opinion, muy nociva.

Ángela Ruiz Robles y los preludios del libro electrónico

Ángela Ruiz RoblesAntes, mucho antes del ebook, en 1949, ya andaba una profesora e inventora pergeñando la enciclopedia mecánica, un artilugio tal que así:

“Abierta, consta de dos partes. En la de la izquierda lleva una serie de abecedarios automáticos, en todos los idiomas: con una ligerísima presión sobre un pulsador se presentan las letras que se deseen, formando palabras, frases, lección o tema y toda clase de escritos. En la parte superior de los abecedarios lleva a la derecha una bobina con toda clase de dibujo lineal, y en la de la izquierda otra con dibujo de adorno y figura. En la parte inferior de los abecedarios, un plástico para escribir, operar o dibujar. En la parte interior, un estuche para guardar asignaturas. En la parte de la derecha van las asignaturas, pasando por debajo de una lámina transparente e irrompible, pudiendo llevar la propiedad de aumentos, pueden ser estos libros luminosos e iluminados para poder leerlos sin luz. A la derecha e izquierda de la parte por donde pasan las materias lleva dos bobinas, donde se colocar los libros que se desee leer en cualquier idioma; por un movimiento de los misma van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quieran o queda recogido. Las bobinas son automáticas y puede desplazarse del estuche de la Enciclopedia y extenderse, quedando toda la asignatura a la vista; puede estar sobre una mesa (como los libros actuales) o perpendicular, facilitando comodidad al lector, evitando con ello gran número de esfuerzos intelectuales y físicos. Todas las piezas son recambiables. Cerrado, queda del tamaño de un libro corriente y de facilísimo manejo. Para autores y editores el coste de sus obras se aminora considerablemente, por no necesitar ni pasta ni encuadernado y queda impresa de una tirada, o cada una de sus partes (si consta de varias), resultando este procedimiento un bien general”.

¡Y eso es todo, amigos! Que tengáis un muy espectacular y fantafabuloso fin de semana.

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Sorteo Salir de fase en Sense of Wonder. ¡Una pila de libros en juego!

diciembre 27, 2014 — by Gabriella0

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Hace unos días se publicó a través de la editorial Palabaristas la obra Salir de fase de José Antonio Cotrina. Este ebook contiene Mala racha (premio Alberto Magno 2000) y Salir de fase (premio UPC 2000), dos novelas cortas más que excelentes en la línea del cyberpunk. La obra está disponible en Lektu, con precio dinámico de 1 euro (es decir, pagas un mínimo de un euro, pero puedes pagar más si quieres).

Pero ese no es el motivo principal de mi post. En una conversación de Twitter, cuando le preguntaron cuándo escribiría más relatos ambientados en este mundo ci-fi, Cotrina dijo esto:

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Y Odo le tomó la palabra y ha organizado un tremendo sorteo en su blog, Sense of Wonder, donde nos anima a comentar, promocionar y a participar en un sorteo de cinco ejemplares de Salir de fase, a ver si alcanzamos ese objetivo de 200 ejemplares vendidos para que Cotrina nos escriba algún otro relato ambientado en este mundo. Además, cuanta más gente se apunte, ¡más libros sorteará! Las condiciones las tenéis aquí, pero de todas formas os transcribo aquí lo más importante:

Para ver mi pequeño sueño hecho realidad, por un lado os animo a adquirir el ebook: se puede comprar a partir de tan solo 1€ (aunque se puede pagar más si lo deseáis, gracias al precio dinámico de Lektu) y merece mucho, mucho la pena. Y por otro, quiero organizar un sorteo y una pequeña campaña para convencer a Cotrina de que continúe con esta estupenda serie de relatos.
Desde hoy y hasta el próximo día 12 de Enero a las 23:59 (hora de Madrid) podéis dejar un comentario en esta entrada diciéndole a José Antonio Cotrina que queréis leer más historias en su universo cyberpunk. Entre todos los participantes, sortearé 5 ebooks de Salir de fase (que compraré y regalaré a través de Lektu) usando algún servicio como random.org una vez finalizado el plazo. Es más, por cada cinco personas adicionales que se apunten al sorteo a partir de las cinco primeras, añadiré un ejemplar más al sorteo (hasta un máximo de 20 ebooks). Así, si participan 10 personas, sortearé 6 ebooks; si son 15 los inscritos, entonces habrá 7 ebooks y así sucesivamente. No olvidéis dejar alguna forma de contacto (email, nick de Twitter…) para que pueda ponerme localizaros si resultáis ganadores.
¡Venga, animaos a participar! ¡Que no me vea a obligado a hacerle un “Misery” al bueno de Cotrina!

Y aquí os dejo la sinopsis del libro:

salir_de_fase_1152_WtrJD5PLContiene Mala racha, premio Alberto Magno 2000, y Salir de fase, premio UPC 2000.
La humanidad ha cambiado.
Los seres humanos son compilados nada más nacer. Sus cerebros se vierten en discos de identidad que luego se introducen en cuerpos diseñados por empresas de arquitectura genética. Estos cuerpos son desechables, intercambiables y están sujetos al capricho de la moda, son un producto de consumo más.En Ío, Dorada James encuentra algo imposible: un disco de identidad que ha sobrevivido intacto entre la lava y las constantes erupciones volcánicas. Y todavía más sorprendente es el hecho de que la persona compilada en ese disco todavía sigue con vida.
En Chapitel Luna, Alexander Sara adquiere un cuerpo ilegal de última generación, repleto de todo tipo de armamento. Solo tiene un objetivo en mente: acabar con Ethan Lárnax, el hombre más poderoso de la galaxia, el hombre que asesinó a su amante.
¡Intercambio de cuerpos! ¡Tecnología delirante! ¡Sexo y venganza! ¡No sé a qué estáis esperando!

LIBROS DE GRATIS

 

 

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Sorteo de noviembre – Luna de locos y Perdimos la luz de los viejos días

noviembre 10, 2014 — by Gabriella2

ladyreadingbookTal y como os prometí, arrancamos la semana con un sorteo, además doble. Aquí tenéis todos los datos importantes:

¿Qué se sortea? Dos libros en formato digital (ebook): Luna de locos, de José Antonio Cotrina y Perdimos la luz de los viejos días, de Isaac Belmar. Ambos autores han tenido la amabilidad de cederme ejemplares/descargas de cortesía para el sorteo.

¿Cómo puedo participar? Entrarás en el sorteo de forma automática solo por estar inscrito/a en mi lista de correo antes del viernes 21 de noviembre. El nombre del ganador se comunicará a la lista el lunes 24.

¿Cómo me suscribo a tu lista de correo? Muy fácil, solo tienes que poner tu nombre y correo electrónico en el cuadro de este menú que tienes a la derecha. Si accedes desde móvil o tienes cualquier otro problema para ver el cuadro, simplemente mándame un email a gabriellavc(arroba)yahoo.es con LISTA DE CORREO en el asunto.

¿Para qué sirve esta lista de correo? Para muchas cosas buenas.

¿Vas a sortear dos libros todos los meses? No sé si siempre serán dos. Sortearé un libro cada mes como mínimo entre mis suscriptores, algunos meses serán más.

¿De qué van estos libros y por qué los estás sorteando? Como ya os comenté, quiero sortear y promocionar libros escritos por hispanohablantes que me parezcan realmente interesantes, libros que me hayan emocionado, me hayan hecho reflexionar, me hayan divertido. Libros en los que considero la pena invertir mi muy escaso tiempo de lectura. Sortearlos es una forma de compartirlos con todos vosotros. Eso sí, aunque no ganéis os recomiendo que os deis un paseíto por Lektu y los compréis. Entre los dos no os costarán ni seis euros.

Y ahí van mis explicaciones y notas respecto a ambos títulos:

perdimos_luzPerdimos la luz de los viejos días obtuvo un accésit en el premio Oscar Wilde de novela corta. No sé cómo serían los ganadores, pero sospecho que jugó en contra de esta obra de Belmar el hecho de que metiera la patita en el terreno de la fantasía, y desde luego esta novela corta no encaja en la visión clásica de novela negra. Muchos podréis discutir si es o no fantástico su texto (o si roza más bien un realismo mágico extravagante, cómico en ocasiones), pero utiliza algunas de las mejores herramientas del género para construir su narración.

No quiero hablaros demasiado del contenido, porque creo que es una de esas obras que ganan cuando no sabes nada sobre ella, cuando te va colando sorpresas tras cada esquina. Os diré que el texto funciona a dos niveles complementarios: uno, el de la forma, de lo más engañoso, con una prosa en apariencia coloquial y simple. Otro, el del fondo, inquieto y triste, que se desliza a través de la prosa con un curioso sentido gris de la maravilla. Las descripciones y diálogos son cinematográficos: rápidos, limpios, sin excesos. Y las imágenes son como la buena fotografía: esa luz apagada, extraña, de un mundo muy normal que, sin embargo, es postapocalíptico; esas historias de lo más normales que convierten a un hombre bueno (un hombre triste) en un antihéroe de los bajos fondos y de la venganza. Un perdedor, que dirían los estadounidenses, un quejica cobarde que queremos que gane, sea como sea. Y es que este perdedor quiere ganarle, ni más ni menos, a la propia vida, y para ello tendrá que enfrentarse a las nuevas nociones de sueño y muerte que surgen en un mundo nuevo, un mundo que no murió cuando le tocaba.

¿Tiene defectos el texto? Desde un punto de vista puramente técnico, sí. Encontramos erratas y leves errores de puntuación, pero estos pequeños titubeos no afectan a la fluidez de la lectura (que, por otra parte, es casi líquida, gracias a la melodía llana del texto, el ritmo rápido y ameno, y a un contenido que atrapa desde la primera frase). Algunas ideas centrales se convierten en constantes, algunas reflexiones del protagonista se hacen repetitivas (aunque imagino que esto es inevitable; responden a la propia naturaleza obsesiva de una perspectiva en primera persona). Habría agradecido la presencia de personajes femeninos más interesantes, más allá de las dos secundarias: la mujer idealizada moribunda y la mujer malvada y promiscua. El personaje del economista/abogado, por ejemplo, uno de los mejores secundarios, habría sido una economista/abogada fascinante, aunque entiendo que el entorno en el que se mueve el protagonista no lo habría permitido. La obra no va a pasar el test de Bechdel, pero su corta extensión tampoco permite un gran desarrollo de personajes más allá de la perspectiva del protagonista. Y es por eso por lo que nos encariñamos con este: los secundarios en realidad no importan, lo vemos todo a través de sus ojos, incluso la luz extraña de esos últimos días.

Perdimos la luz de los viejos días es, en resumen, un texto que miente, que engaña con su claridad, que esconde alevosía en cada párrafo. Y os aseguro que lo leeréis de una sentada. Está a la venta en digital aquí y aquí, y en papel podéis encontrarlo en la web de la editorial. Podéis leer sobre su proceso de escritura en la web del autor, que es de lo más recomendable.

luna_de_locos_892_34q3ubFVRespecto a Luna de locos, tengo un problema, y es que tengo por norma no realizar demasiadas valoraciones sobre textos de amigos, familiares o amantes (por lo menos en público). Es Cotrina, qué más os voy a contar. Luna de locos es ciencia ficción cargada de imaginería fantástica; es una historia de heroísmo inconsciente, de revolución no planificada, aderezada de pinturas rupestres, robots obreros, imperios autoritarios, personajes condenados y matemáticos locos. Es precioso y punto. Podéis comprarlo aquí.

Venga, animaos. Estos dos libros pueden ser vuestros. Si no estáis apuntados ya, tenéis hasta el día 21 para hacerlo y entrar en el sorteo. Yo diría que merece la pena.

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Actualización del desafío de otoño (día 58): La verdad no está ahí fuera

octubre 27, 2014 — by Gabriella2

luna_de_locos_892_34q3ubFVAntes de empezar con la actualización de hoy tengo que recordaros algo importante:

Id corriendo a comprar Luna de locos, de (cómo no) José Antonio Cotrina. Es una novela corta de ciencia ficción con el habitual toque genial-fantástico del caballero. Está en Lektu y tirado de precio.

¿Ya lo habéis comprado? Vale, seguimos.

Hoy voy a hablar de la verdad.

Una de las cosas a las que llevo dándole muchas vueltas estas últimas semanas es a lo que entendemos por verdad. Es decir, hechos incontestables.

Por ejemplo, si decimos que el agua hierve a 100 grados centígrados, sabemos que es verdad. Podemos poner a hervir agua, medir la temperatura, y ver que eso es incontestable. Es lo que conocemos como una verdad universal. Aquello que sabemos que es cierto, porque se ha probado. Porque es ciencia.

No obstante, casi todo lo demás es bastante más complicado de discernir. Eso es algo que llevo años asimilando, pero últimamente me ha pegado de lleno. Y es que tuve la terrible idea de leer las primeras entradas de mi blog.

No debí hacerlo. Había algunas entradas muy tristes. Algunas hasta las he borrado, como quien quema fotos que le traen recuerdos dolorosos. Sentí una mezcla de vergüenza y pena por la persona que escribió esas entradas. Espero no sentir eso dentro de ocho años, cuando relea esta entrada. O tal vez sí. Si siento vergüenza de esta entrada dentro de ocho años, será porque he progresado. Así que, sí, hola, Gabriella, si estás leyendo esto: si este artículo te parece lamentable, es que estás haciendo algo bien.

Llevo blogueando desde… no sé. Aunque este blog ha importado las entradas de mi blog anterior, Y el exhibicionismo, ya antes de ese existió otro blog primero, que creo que mantuve desde el 2001 o así. Los blogs son como diarios, miras atrás y te redescubres, y tal vez no te gusta lo que redescubres, como si lees poemas horribles que escribías con quince años o cartas de amor gilipollas que le escribiste a alguien que desde luego no merecía la pena (aunque yo nunca he hecho eso. No. Nunca). Soy consciente de que tuve algunos años malos, pero creo que hasta leer esas entradas no he entendido del todo hasta qué punto estaba deprimida. La depresión no solo tiene todos esos síntomas tan nefastos que muchos conocemos, sino que además puede convertirte en un ególatra y un arrogante de mucho cuidado. Yo ya era ambas cosas, así que todo empeoró. Y lo odiaba todo. Todo me parecía mal. No entendía por qué no me salía nada bien, por qué iba dando bandazos, y por qué otros que, a mi entender, no lo merecían, se cubrían de éxito. Me burlaba de lo que yo consideraba que era estúpido. Pensaba que conocía la verdad.

Me gustaría pensar que ahora soy un poco más compasiva y equilibrada. Desde luego tengo muy claro que no conozco la verdad. Muchas de las cosas que pensaba que eran incontestables resultaron no serlo. Mucho de lo que creía que era cierto resultó solo serlo a medias.truth-166853_640

Y a lo mejor llega mañana una civilización alienígena muy avanzada y nos dice que el agua no hierve a 100 grados centígrados, que lo estamos midiendo mal, o que el calor es una percepción subjetiva que no entenderemos nunca. Tal vez el agua ni siquiera exista, y todo esto sea un sueño de Antonio Resines.

Por si acaso, le doy a todo el beneficio de la duda.

Me gustaría no pronunciar sentencias, no afirmar nada; lo intento, aunque es difícil, y con frecuencia se me olvida y eso me hace sentirme mal, porque sé que solo me conduce a la cabezonería y al egocentrismo de nuevo. Por mucho que investigue y me documente sobre algo, es posible, muy posible, que me equivoque. Busco a personas que sepan mucho de algo, las escucho y leo e intento asimilar y aprender de ellas, en vez de sentir envidia y rencor como antes. Antes solo me preocupaba de enseñar, de compartir mi limitada verdad. Todavía lo hago, es una costumbre que cuesta quitarse. Me gustaría no juzgar a otros (¿qué sé yo, en el fondo, sobre sus decisiones y experiencias?) y eso también es muy difícil. Basándome en lo aprendido, intento tomar decisiones. Y eso es lo más difícil de todo. Pero decir, como Sócrates, que solo sabes que no sabes nada es tremendamente liberador. 

Así que cosas como Beeminder y las metas a largo plazo ayudan. Porque una vez tomadas las decisiones de lo que quieres y necesitas hacer, no tienes que seguir gastando energía mental en su realización diaria, (lo que, en el fondo, puede ser otra forma de procrastinación, y siempre es agotador).

Vamos con lo que ha estado pasando en las últimas semanas:

1. Escribir mi novela. Como pudisteis leer aquí en el blog y por todos lados, HE TERMINADO LA NOVELA. Bueno, queda corregir, así que ahora estoy contando las palabras corregidas para asegurarme de que me pongo a ello, que corregir mis propios escritos siempre me da mucha pereza (ES MUY DIFÍSIL).
-Palabras escritas y corregidas desde el 1 de junio (cuando empecé el desafío anterior): 97690 palabras.
-Palabras por corregir antes del 1 de diciembre: 27310 palabras.

2. Hacer ejercicio. He vuelto a la piscina y sigo nadando y nadando y nadando. Voy haciendo pocos largos y sumando de forma paulatina, para evitar el típico ataque de dolor de rodillas, tobillos, loquesea que luego me deja fuera de combate, y parece por ahora que eso funciona.

-Minutos desde el 1 de junio: 3955.

-Minutos por hacer antes del 1 de diciembre: 55.


3. Enviar a concursos. Al final terminé el relato nuevo y ha quedado mejor de lo que esperaba. Falta revisarlo y enviarlo, que con suerte conseguiré hacer hoy mismo.


4. Leer. Sigo leyendo, aunque menos que antes. En mi horario actual tienen menos cabida las lecturas al sol de la mañana, así que estoy intentando encontrar otros huecos.

Minutos leídos: 2685 minutos.

Por leer: 315 minutos

5. Actualizar blog. Aquí me tenéis, de nuevo. Cada vez estoy más convencida de que compensan más los artículos largos y currados (como el de la semana pasada sobre cómo corregir tu propio libro, que funcionó muy bien) que hacer varias entradas cortas sobre mí misma, mi mismidad y mis metas. Sé que algunos seguís mi progreso y os lo agradezco, pero seguramente seguiré reduciendo las actualizaciones personales en favor de entradas más “útiles”, enfocadas sobre todo a escritores y lectores, y a personas interesadas en productividad en general. Vamos, que seguiréis viendo por aquí los gráficos de Beeminder, pero con menos frecuencia.

Actualizaciones hasta la fecha (desde el 1 de junio de 2014): 58

Faltan (antes del 1 de diciembre): 14

Metas nuevas:

Y ahí van todas las demás:

a) No usar Facebook ni Twitter fuera de horario

b) Acordarme de apuntar mis gastos e ingresos conformen suceden, para evitar luego quebraderos de cabeza intentando cuadrarlo todo.

c) No beber en casa.

d) Nuevo proyecto de escritura compartido.

Y aquí os dejo los enlaces que más me han llamado la atención de este último par de semanas:

  1. Una interesante explicación a por qué no vemos nuestras propias erratas, de Isaac Belmar en Hoja en Blanco.
  2. Una maravillosa entrada de James Clear sobre qué es el sisu y cómo podemos aplicarlo a nuestra propia vida. A mí me ha emocionado (en inglés).
  3. No había visto esta entrevista de una de las editoras de Fata Libelli a China Miéville, centrada en los misterios de la traducción.
  4. Recursos para escritores que ni se me habrían ocurrido: Canal Nostalgia nos enlaza bancos de imágenes donde encontrar inspiración para nuestros personajes.
  5. Tatuajes que os dejarán con la boca abierta: El arte de Elvin Tattoo. Impresionante.

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Actualización del desafío de otoño (día 40): Violenta como Flaubert

octubre 9, 2014 — by Gabriella0

imagesFlaubert decía que había que ser regular y ordenado en tu vida para poder ser violento y original en tu trabajo. Y es cierto que Flaubert era un hombre de rutina estricta y trabajo violento. Eso sí, para él todo comenzaba a las diez de la mañana, y no empezaba a escribir hasta la una o las dos de la tarde. Muchos más escritores ordenados y disciplinados preferían levantarse para trabajar muy temprano, un hábito que solían adquirir por necesidad, ya que muchos, por lo menos en sus primeros años, tenían un trabajo “de verdad” al que acudir luego.

Yo desde luego estoy abogando por lo de trabajar a primera hora, muy temprano. Hay magia en la luz que empieza a entrar, en ese momento en que estás tan absorta trabajando que no te das cuenta de que se ha hecho de día. Parece que, una vez escritas las palabras y leídas las páginas, cuesta menos realizar otras tareas más tediosas pero menos difíciles, como corregir o actualizar el blog o limpiar. Siempre me ha costado mucho levantarme, despertarme. Pero creo que poco a poco lo estoy consiguiendo. Prometo más adelante un artículo con todo el proceso y los resultados. Es algo con lo que he peleado desde que tengo memoria, y la solución no ha sido sencilla ni lineal.

Hablaba de rutina y orden porque, en resumen, esa es mi vida cuando no ando triscando por ahí (así es como lo llama el demiurgo, y siempre que lo dice me imagino dando saltitos de tren en tren, de avión en avión y de conferencia en mesa redonda). Es como si tuviera un régimen férreo de trabajo (a veces funciona mejor, otras peor, pero el mínimo es el que me sustenta en los días bajos), repetitivo, que parece que no va a ninguna parte, intercalado de momentos breves de euforia al entregar finalmente un trabajo o al acudir a algún encuentro social donde recuerdo que sé hablar con personas que no sean de mi familia, aunque estos son raros y extremos, como si la interacción social normal ya no me sirviera, como si necesitara sobreestímulo para funcionar en compañía. Me he vuelto egoísta con mi tiempo libre y, dirían algunos, insensible. Me sentiría culpable si no estuviera convencida de que la culpa no sirve de nada, solo para escribir a personajes culpables.

Con todo, esta semana ha tenido sus momentos de subidón debido a la publicación de Luna de locos, novela corta con la que pude colaborar ayudando con la revisión (no tanto como me gustaría, pero comprad el libro y así podréis señalar las erratas y echárnoslas en cara). Siempre es un gusto trabajar con personas eficientes, y en ese sentido no puedo dejar de recomendar Palabaristas. La novela es un lujo y debéis leerla. Tengo también en la estantería el recopilatorio de Fuenlabrada Steampunk, firmado por uno de sus autores, David Gambero. Todos los personajes de su relato están robados de personas que compartimos y conocemos, y tengo muchas ganas de poder leerlo entero, con tranquilidad. Ya caerá.

También he mandado una colaboración terrible a un proyecto terrible. Esa es otra historia, y nada agradable. Por suerte ha sido compartido con gente de talla imponente. Ya os contaré. Es lo malo de esto de escribir: todo es asquerosamente lento. Y secreto y misterioso.

Empiezo hablando de orden y regularidad y sin embargo os ofrezco hoy esta actualización, que tenía que haber publicado el martes, en vez de la entrevista de los jueves. Tendréis la entrevista mañana. Me queda mucho aún por aprender de Flaubert.

Vamos con Beeminder:

1. Escribir mi novela. ESTOY EN EL ÚLTIMO CAPÍTULO. Falta el epílogo y mil cosas más, pero qué importa, el borrador se acaba. He vuelto al principio para empezar a corregir y he tardado media hora en revisar 700 palabras. Calculo que igual para el 2032 habrá libro.
-Palabras escritas desde el 1 de junio (cuando empecé el desafío anterior): 89194 palabras.
-Palabras por escribir antes del 1 de diciembre: 35806 palabras.

2. Hacer ejercicio. Últimamente solo me apetece pasear, paseos largos de más de una hora que suelen acabar frente a una impresionante puesta de sol y una pinta de cerveza. Me parece estupendo.

-Minutos desde el 1 de junio: 3420.

-Minutos por hacer antes del 1 de diciembre: 580.


3. Enviar a concursos. Pasando a ordenador un relato nuevo. No sé si me convence, pero es posible que consiga sacar algo en condiciones, si consigo que el final no sea el típico giro facilón.


4. Leer. Noto que mi proceso lector está cambiando bastante. Tener una medición y obligación con lo que leo me permite tomármelo con más tranquilidad, segura de que avanzo, aunque sea lento, y asimilar mejor lo leído. Estoy demasiado acostumbrada a leer en diagonal, primero por la ingente bibliografía de la facultad y luego por trabajo (para corregir, realizar informes, leer manuscritos, etc.). Ahora leo, intensamente, y es una experiencia novedosa. Sigo con Cortázar y su maestría, con Poor Economics y ahora con Cormac McCarthy (All the Pretty Horses).

Minutos leídos: 2545 minutos.

Por leer: 455 minutos

5. Actualizar blog. Aquí me tenéis. Llevar al blog al día es trabajoso, cuanto menos. A veces creo que merece la pena, otras no, pero por una razón u otra siempre acabo volviendo.

Actualizaciones hasta la fecha (desde el 1 de junio de 2014): 51

Faltan (antes del 1 de diciembre): 21

Metas nuevas:

Y ahí van todas las demás:

a) No usar Facebook ni Twitter fuera de horario

b) Acordarme de apuntar mis gastos e ingresos conformen suceden, para evitar luego quebraderos de cabeza intentando cuadrarlo todo.

c) No beber en casa.

d) Nuevo proyecto de escritura compartido.

Y, ahora sí, ahí van esos enlaces:

  1. Eleazar habla en su blog del narrador no fiable, en ocasiones incluso mentiroso, con algunos ejemplos. Al hablar de unreliable siempre pienso en los narradores de Perdida, de Gillian Flyn.
  2. Maria Popova nos habla en Brain Pickings de los libros que Tolstoi leía y recomendaba para cada etapa de la vida de un lector (en inglés).
  3. La analista de tendencias Elisabet Roselló reflexiona en Una historiadora en el futuro sobre la piratería y las nuevas formas de distribución cultural.
  4. Dice Fantífica que la Fox ha encargado un episodio piloto de Lucifer, ese spin-off de Sandman que se convirtió en uno de mis cómics favoritos. Me pregunto si será fiel al cómic, o si empezarán ya de entrada metiendo la gamba con la ultracorrección estadounidense que ha enviado a Constantine al infierno de los no fumadores.
  5. Si no conocéis Fabulantes, echadle ya un ojo. El texto tiene muy buena pinta, pero son las ilustraciones las que me han atrapado.

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Podéis ver aquí todas las actualizaciones del desafío anterior, junto con el artículo inicial. Y aquí todas las correspondientes al desafío de otoño, que termina el 1 de diciembre.