main

autosuperaciónescribir

Esas 15 cosas que abandonarás para alcanzar tus sueños

abril 13, 2017 — by Gabriella25

click-960x1059.jpg

¡Sueños! Detesto, odio, aborrezco esa palabra (y además me cae mal).

Sueño es lo que tengo yo ahora mismo, que estoy escribiendo demasiado temprano.

Perseguir tus sueños. Qué bonito, ay. Mirada arrebolada, mejillas sonrosadas y vista puesta en el horizonte. ¡No, no lo es! ¡Es horrible!

Leí hace poco un artículo de Zdravko Cvijetic sobre las trece cosas que tienes que dejar si quieres alcanzar el éxito.

Éxito ya me gusta un poco más, porque éxito es algo que cada uno define a su manera, que elegimos según quiénes somos. Para mí, levantarme antes de mediodía es un éxito. Publicar algo nuevo en el blog es un éxito. Recibir una crítica y no buscar a esa persona para tirarle de los pelos a lo gata salvaje es un exitazo. Para otros, a lo mejor el éxito es diferente. Para otros el éxito será ganar una medalla de oro, conseguir el premio Nobel, tirarse a una estrella de Hollywood.

Decidí contestar con brevedad a Cvijetic, o más bien a su artículo, centrándome en la vida del escritor.

¿Son aplicables los puntos que expresa este señor de nombre impronunciable para mí? ¿Podemos adaptarlos a la escritura?

Sí. Y hasta añado alguno mío.

Aquí las tenéis: todas las cosas que tienes que abandonar para escribir y publicar más y mejor, para que tus lectores te adoren y la piel te luzca hermosa y fina. Lo de la brevedad, como ya anticipabais, no lo conseguí.

alcanzar tus sueños

autosuperaciónescribirherramientas para escritorespersonal

Hacer la cama te hace mejor escritor (y 30 trucos más que debiste contarme)

octubre 7, 2016 — by Gabriella25

pug-1210025_1280-960x640.jpg

Escribir es muy fácil.

Solo hay que ponerse. Escribir mucho. Y leer, leer a destajo. Cualquier web de medio pelo te lo puede decir con gusto resabiado y unas cuantas imágenes de puestas de sol con citas motivadoras.

trucosYes.

Si no quieres leer más de 5000 palabras sobre la dura realidad del escritor (y quién te culparía por ello), abandona. Vete a disfrutar del aire libre o ve una comedia romántica made in America. Un 50% de esas acciones acabará con muchas de tus neuronas, pero eh, el alcohol también lo hace y yo escribo esto con una copa de vino a mi lado, que para algo es viernes.

Como todo en la vida, nada es sencillo ni tajante. Abrí este post con una mentira tan gorda que podríamos usar la nariz de Pinocho como ascensor orbital. No solo hay que escribir (¡que dicen que es fácil y bonito!), sino aprender y progresar y conocer nuestras herramientas. No se trata solo de leer mucho, sino de leer bien y sacar provecho de lo leído. Puedes hacerlo a solas o buscando la compañía de una comunidad que te ayude a avanzar y que te dé apoyo. Y mil trillones de repebillones de cosas más.

Hay muchos buenos consejos y todos tenemos algunos, grandes, importantes y poderosos, que querríamos contarle a nuestro yo del pasado. Pero luego hay otros menos evidentes. Lifehacks, tal vez. Trucos que no solemos mencionar, tal vez porque parezcan obvios, tal vez porque necesitas llevar muchos años en un sector o industria para entender que sí, que son reales y funcionan e igual hay que hacerles un poco de caso. Son cosas pequeñas que hacen una gran diferencia. Generalmente no te los vas a encontrar en páginas para escritores. Por lo menos no en páginas al uso.

Puede que sea porque tendemos a ver ciertas acciones por separado. No vemos el acto de escribir como una parte encajada en un sistema vital. No nos damos cuenta de su función dentro de una visión holística. A poca gente se le ocurre cómo influye el salir a correr por las mañanas en el hecho de escribir por la tarde. Pero la cuestión es que influye y tampoco hace falta leerse un libro de Murakami para intuirlo.

Así que ahí van. 31 trucos que se me han ido grabando a fuego en estos años de nadar en las aguas de la publicación y la escritura. Algunos han salido de las listas de 88 consejos vitales de Raptitude: me los encontré hace poco y me sorprendió la cantidad de ellos que no solo eran aplicables al hecho de escribir, sino a mi propia experiencia.

Aquí está el primero.

escribirescriturananowrimo

5 consejos de Picasso para afrontar el NaNoWriMo

octubre 13, 2015 — by Gabriella19

4cee7046b91a6a4ca3e107b350385749.jpg

Os habréis dado cuenta de que no siempre hablo de lo que sé.

Con hablar de lo que sé me refiero a hablar de lo que conozco empíricamente. De lo que he probado en mis carnes.

Muchas veces hablo de aquello con lo que he experimentado y os cuento lo que me ha funcionado y lo que no. Otras prefiero hablaros de lo que opinan y piensan personas mucho más inteligentes y con mucha más experiencia que yo.

Hoy voy a hablar un poco del NaNoWriMo, aunque nunca he participado en él. Así es, voy con el disclaimer por delante. Voy a hablar de lo que no tengo conocimiento real.

Pero algo sí sé del NaNoWriMo. Que nos presenta una pregunta conflictiva: ¿calidad o cantidad?

¿Puedes escribir 50000 palabras en un mes?

Por si acabáis de llegar de un viaje interestelar en busca de vida en otros planetas que ha durado quince o dieciséis años, os explico que el NaNoWriMo (National Novel Writing Month) es una iniciativa internacional y anual que desafía a sus participantes a escribir una novela en un mes (concretamente, el mes de noviembre).

¡Una novela en un mes!

Vale, es una novela más bien corta, de 50000 palabras. Aun así, ¡eso son 1666,666666666667 palabras al día! ¿Eres capaz de escribir tantas palabras al día?

Resulta que hay muchísima gente que sí. Termina el mes con una familia que ya no le habla, ojeras del color de las más lindas ciruelas y un orgulloso diploma imprimible con el que presumir ante sus amigos, que tenderán a mirar hacia otro lado y preguntar si pueden irse ya, que hay que acostar al perro y pasear a los niños. Bromas aparte: hay muchos escritores, entregados o aficionados, que obtienen una sensación de satisfacción más que merecida al conseguir algo que, reconozcámoslo, es harto difícil.

El problema, claro, viene después.

Uno de los lemas del NaNoWriMo es The world needs your novel. El mundo necesita tu novela.

¿Pero es verdad eso? En su web, me parece entender que el año pasado 325142 personas terminaron su novela.

Ya estoy viendo a los editores, llevándose las manos a la cabeza con la entrada imparable de manuscritos de 50000+ palabras sin revisar a sus oficinas. Y es que ese es el caso: muchos participantes de iniciativas como estas creen que solo hay que escribir, poner las palabras sobre el papel. Que la revisión la haga otro.

Creo que esa es la mayor crítica que recibe, año tras año, este mes que se acerca, este noviembre de escribir novela.

Es una crítica a tener en cuenta, aunque también es cierto que no es aplicable a todos los participantes. Por lo menos 250 personas que escribieron una novela en noviembre del 2014 pudieron editarla lo suficiente como para convertirla en algo comestible (ahí tenemos el Wool de Hugh Hewey o The Night Circus de Erin Morgenstein, por ejemplo).

Mi crítica no es esa.

Mi crítica es la siguiente:

¿Por qué solo noviembre?

El poder de la cantidad

Fenómenos como el NaNoWriMo son incentivos excelentes para que la gente se ponga a escribir en serio. No sé si obligarte a hacer casi 1667 palabras al día es la mejor forma de implementar un hábito (es mucho más eficiente comenzar con un mínimo muy bajo), pero si consigues seguir escribiendo a diario después de esa experiencia, habrá merecido muchísimo la pena, salga lo que salga de tu boli, disco duro o herramienta de transcripción mental (¿podemos inventar eso ya, por favor?).

Por desgracia, muchos “autores” se dan ese banquete de escritura y luego la abandonan el resto del año. Apartan tiempo para conseguir escribir solo un mes, y muchos ni siquiera se molestan en seguir trabajando aquellas 50000 palabras. Puedes dedicar el resto del año a la revisión, a buscar editorial y etc., pero olvidas algo importante: la escritura es una habilidad y, como tal, debe practicarse. Darte el atracón de escritura una vez al año podría ser, creo yo, el equivalente a correr una maratón de treinta kilómetros y no volver a correr en todo el año. No te va a salir demasiado bien la siguiente maratón, no. Del mismo modo que necesitas ejercitar y preparar a tu cuerpo para aumentar su fuerza, resistencia, velocidad y etc., la escritura es una habilidad que necesita de refuerzo.

Podemos poner ejemplos de autores que escribían un mes al año, del tirón. Y etc. Claro que hay genios, siempre los ha habido. ¿Eres tú uno de ellos?

(Si crees que lo eres, puede que tengas razón. Pero también puedes estar sufriendo el efecto Dunning-Kruger).

Si realmente quieres mejorar como escritor, tienes que escribir un montón. Una pechá. Una jartá. Un huevo, incluso.

Ya os hablé del famoso experimento de las clases de cerámica. Me cito aquí a mí misma:

Va de un profesor de cerámica que dividió a su clase en dos grupos. Todos los que estaban a la izquierda del taller recibirían sus notas basadas en la cantidad de piezas que produjeran; todos los de la derecha las recibirían según la calidad de su obra. Su procedimiento era sencillo: el último día de clase pesaría las piezas de los alumnos del grupo de la izquierda: si había cincuenta libras de peso en obras les daría un sobresaliente, cuarenta libras tendrían un notable, y etc. Sin embargo, aquellos a los que se calificaba por calidad tenían que producir una sola pieza, que debía ser perfecta para obtener la nota máxima.

Cuando llegó el día de poner las notas, ocurrió algo muy curioso: ¡las obras de mayor calidad las habían producido los del grupo a los que se calificaba por peso! Parece ser que mientras los del grupo calificado por cantidad/peso estaban ocupados haciendo un montonazo gordo de jarrones de cerámica, el grupo de calidad dedicó todo su tiempo a teorizar sobre qué era la perfección y cómo conseguirla, y tenían poco más que un montoncito de barro triste.

Muy bien, ¿pero qué tiene que ver Picasso con todo esto. ¡Que Picasso sale en el título!

Tranquilos, no he recurrido a un triste clickbait cualquiera para engañaros y engatusaros. Varias fuentes aseguran que Picasso produjo más de 50000 piezas artísticas en su vida (sí, procesadlo: 50000 creaciones). En el blog de James Altucher, este analiza algunas de las frases de Picasso en relación al trabajo artístico, y creo que a los que escribimos nos pueden venir fenomenal para terminar de entender la dichosa dicotomía calidad/cantidad, que está íntimamente relacionado con el fenómeno NaNoWrimo. Ahí os van las frases que considero más relevantes:

escribirescritoresescritura

10 cosas que los escritores podemos aprender de emprendedores de éxito

mayo 26, 2015 — by Gabriella16

startup-594090_640.jpg

He hablado tanto en este blog de la relación entre arte y mercado que me estoy quedando dormida al teclado solo de mencio…

Zzzzz.

Es inevitable. Como escritores (o como cualquier tipo de creador, divinidades menores incluidas) rara vez existimos de manera independiente y aislada. Estamos en contacto constante con un público que consume nuestro producto.

¿Consumir? ¿Producto? Sí, son palabras difíciles de tragar cuando estás trabajando en tu excelsa obra, tan impactantemente buena que estás convencido/a de que ocasionará una ruptura en el espacio-tiempo cuando salga publicada. Algunos están más cerca del arte por el arte, del trabajo dedicado solo a la mejora y revolución de su proceso creativo. Otros están más cerca de la literatura comercial, de la escritura para entretener, para gustar, para vender. Ambos tienen sus riesgos. El primer tipo de artista se arriesga a que su arte nunca sea conocido. El segundo, a que una producción orientada hacia el mínimo factor común contribuya a que se vaya bajando, poco a poco, el nivel intelectual del consumidor medio (¿Sálvame, anyone?).

Eso no quita que pueda haber superventas que no toman a los consumidores como idiotas. Por mucho que despotriquéis contra Canción de hielo y fuego, no es precisamente un texto de lectura facilísima y tontorrona. Contiene elementos muy atractivos (¡sangre, sexo, infamia!), en un envoltorio cuya media de calidad es bastante superior a lo que estamos acostumbrados a ver en las baldas de los bestsellers.

Una obra como Canción de hielo y fuego no se vende sola. Martin conoce bien los recursos para enganchar al lector: domina el cliffhanger y la atadura empática entre lector y personajes complejos. Y sin duda tiene detrás a un equipo editorial y de venta impresionante. El mercadeo puede hacer mucho daño a una obra de arte, pero también puede ayudarla hasta lo indecible.

Tendría que escribir otro artículo muy largo sobre qué distingue a un supuesto “experto” en mercadotecnia de un promotor eficiente, pero creo que puede resumirse en dos puntos: conocimiento, respeto y amor por el producto, y conocimiento, respeto y amor por el público objetivo. En ese sentido, un emprendedor de cualquier tipo tiene que ser ese promotor eficiente. Y el artista que navega las caudalosas y turbias aguas entre el arte puro y la venta a lectores potenciales tiene mucho que aprender de un emprendedor de éxito.

Así que cuando vi un artículo reciente sobre los mejores consejos de negocios de diez emprendedores de éxito, me llamó la atención lo sencillo que resulta extrapolar estas reflexiones a la vida del que escribe. Un pero muy pero: son emprendedores estadounidenses. Mucho se aplica de forma diferente en España, y puede que haya cosas que, por desgracia, no puedan aplicarse en absoluto. Pero merece la pena echarles un ojo: todo es inspirador.

Vamos allá.

autosuperaciónherramientas para escritoreslifehackingsuperación personal

Diez trucos para levantarse temprano

octubre 20, 2014 — by Gabriella21

the-eleventh-hour-758726_640.jpg
images
“El secreto del éxito es levantarse temprano, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo” (cita de John D. Rockefeller en The Economist).

Suena el despertador.

Abres los ojos, sales de un maravilloso sueño sobre flores y mariposas y pezones y champán (eh, no juzguéis mis sueños), con el cuerpo muerto y el cerebro lleno de pensamientos homicidas hacia ese terror que es tu móvil/alarma/gato/lo que sea.

Y te preguntas, una vez más, por qué no puedes ser como tu amigo X, que se levanta de un salto con felicidad y energía, porque tú tienes el síndrome de la fase del sueño retrasada o cualquier cosa parecida y tu mente no empieza a despertarse hasta mediodía.

Bienvenidos a mi vida. O más bien a lo que era mi vida.

Es algo contra lo que he combatido siempre. Daba igual que fuera para ir a clase, a trabajar, donde fuera: era incapaz de levantarme a la hora necesaria. Siempre desperdiciaba la mañana, o llegaba tarde o cosas peores. Hasta ahora, claro.

Ahora, un 70% de las veces me levanto antes de las 8 de la mañana. El 30% restante ocurre cuando salgo, o me acuesto tarde, o estoy de viaje y vuelvo a las viejas costumbres y acabo levantándome a las once o peor. Pero para mí ese 70% ya es un gran logro. Y ese 30% me deja muy claro que lo de levantarse temprano es, más que nada, un hábito que se une a otros hábitos. Vamos, que si hago algo fuera de lo normal (salir, beber por la noche, acostarme tarde, ir de viaje, dormir con otra persona, beber cafeína después de la hora de comer), es inevitable que recaiga en las malas costumbres.

¿Y cómo he llegado a ese maravilloso 70%? Siguiendo estos trucos. Cuando no los sigo, me levanto a las mil y me siento culpable, poco productiva y, ante todo, cansada. Espero que os sirvan de alguna ayuda, para mí han sido utilísimos, y son fruto de años y años de prueba y error. Muchos los habréis escuchado y visto por ahí miles de veces, pero estos son los que veo que realmente funcionan:

1. Haz algo que te guste a primera hora

Esta no la encuentro nunca en las recomendaciones para madrugar, y para mí es el consejo definitivo. Me di cuenta de que me levantaba tarde porque la idea de levantarme y enfrentarme a un nuevo día era mucho menos apetecible que quedarme en la cama soñando calentita. Así que busqué algo que me apeteciera mucho y era lo primero que hacía por la mañana. OJO: Esto sirve para crear el hábito de levantarse temprano. No es recomendable seguir utilizándolo a largo plazo, porque no es muy productivo; pueden ir cambiándose las actividades una vez se establezca el vínculo mental de levantarse=placer. Si te pones a hacer algo que te gusta, caes en el peligro de quedarte demasiado tiempo haciendo ese algo que te guste, y dejas de lado otras tareas. La idea es dar con algo que no solo te guste, sino que te espabile, como leer en el exterior (la luz del sol te activa) o hacer algo de ejercicio que disfrutes (dar un paseo, hacer yoga, etc.). En mi caso, empecé jugando a algún videojuego, de ahí pasé a leer al aire libre y, ahora que me levanto aún más temprano y el sol todavía no ha asomado, me pongo a escribir en cuanto puedo. Eso sí, con una taza de mi té favorito. Lo importante es que con lo de los videojuegos establecí el hábito, uní la idea de levantarme con la de hacer algo que me gustase.

2. Pon el teléfono o reloj muy lejos

Este seguramente lo habréis escuchado ya, pero es que funciona. Tener que levantarte para apagar el despertador te espabila, y hay menos posibilidades de que vuelvas a acostarte. Eso sí, si regresas a la cama, es fundamental que no te lleves el móvil o la alarma porque entonces acabarás dándole al…

3. Snooze

Ese botón de “avísame de nuevo en 5 minutos”. NO. NUNCA. Es el mal. Si crees que esta es tarea imposible, tengo una buena noticia: puedes practicar hasta conseguirlo. Como por las mañanas no regimos y hacemos las cosas de forma automática, le damos a ese botoncito sin pensar siquiera. Pero puedes ensayar mediante siestas de media hora justo después de comer, que sientan fenomenal. Después de media hora todavía no estamos tan dormidos como nos ocurre a primera hora de la mañana, así que podemos “practicar” a despertarnos y a levantarnos de un salto, sin que haya botoncito que valga.

4. Antes de dormir, piensa en lo que quieres hacer al día siguiente

Puedes incluso escribir una lista. Esto es útil para quitarte preocupaciones por la noche y dormir mejor, y le mandas un mensaje a tu cerebro de que al día siguiente tiene que estar alerta. Por la mañana somos muertos vivientes, pero tu cerebro tenderá a obedecer esa “orden” previa de forma automática si no haces nada consciente por detenerlo (como volverte a la cama).

5. Duerme suficiente

Parece una obviedad, pero hay montones de estudios y estadísticas que demuestran que la mayoría de la gente no duerme tanto como necesita. Algunas personas tienen suficiente con 6 horas, otras con 9 (varía según el día, el nivel de actividad física, emocional y mental, etc.). Seguramente ya sabes cuánto tiempo necesitas para levantarte despejado. Respeta tu hora de acostarte y pide a los demás que hagan lo mismo.

6. No uses el ordenador/tablet/móvil antes de irte a la cama

Esto me cuesta, pero siempre noto la diferencia. Si he estado viendo alguna serie antes de dormir no consigo conciliar el sueño, y cuando lo consigo la calidad de mi sueño es inferior. Me levanto zombi perdida. Nuestro cerebro interpreta la luz de una pantalla como si fuera luz de día, y cree que todavía no es hora de irse a dormir. Cuesta más dormir, se tarda más en entrar en las fases adecuadas de descanso, y por tanto cuesta más despertarse. Editando: me comentan por Facebook que existen programas que modulan la luz de las pantallas para adaptarse al ritmo lumínico natural. Para Windows/Mac/ios el más conocido es Flux https://justgetflux.com/ y para Android, Twilight https://play.google.com/store/apps/details. Gracias a Moisés Cabello por el soplo.

Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.
Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.

7. Usa la cama solo para dormir y para sexo

Esto también lo había oído por ahí, y nunca le había hecho mucho caso, pero hace poco se nos quedó una habitación libre en casa y la uso solo para dormir (mi dormitorio es también mi oficina y salón, básicamente, así que la diferencia ha sido impresionante). Es preferible intentar usar otras habitaciones para trabajar, ocio y etc., y dejar el dormitorio solo para actividades relajantes.

8. Los consejos de siempre

Cena ligero y temprano, no bebas agua justo antes de dormir, no tomes alcohol (te ayuda a quedarte dormido pero reduce la calidad del sueño), no te eches siestas largas, etc. Todas esas cosas que nos han dicho desde niños pero a las que no solemos hacer mucho caso. Funcionan, sobre todo si se unen a las recomendaciones anteriores.

9. No le pongas un sonido horrible a tu alarma

Si usas tu móvil, busca algún tono suave que vaya en aumento o pon una canción que te guste. Es mucho más efectivo despertarte con un sonido que te agrade que odiar ese chirrido insoportable (aunque el primer par de veces ni oigas el despertador). Por no hablar del susto si estás en sueño profundo. Alguien que yo me sé usa la banda sonora de Juego de tronos a todo volumen y lo de levantarme con el corazón saliendo por la boca no es algo que me agrade, en absoluto.

10. Empieza a definirte como una persona que madruga

Deja de compartir fotos graciosas de Garfield con cara de asco por la mañana. Deja de decir que odias levantarte temprano. No haces más que decirle a tu cerebro que no eres capaz de madrugar y tu cerebro acaba creyéndote. Empieza a tomarte en serio tu higiene de sueño. Al fin y al cabo, es a lo que nos dedicamos durante un porcentaje inmenso de nuestras vidas.

Hay personas que abogan por seguir su propio ritmo biológico, levantarse y acostarse con el sol y etc., y pasar del despertador. No digo que esto no le funcione a algunos, pero también está el peligro de que al cuerpo le encanta dormir, y cuanto más sueño le des más sueño te va a pedir. Y dormir 14 horas diarias tampoco es bueno. Sí que es cierto que, una vez instalados hábitos profundos de sueño, uno se despierta sin necesitar del despertador. Lamentablemente yo todavía no he alcanzado ese nirvana del madrugador, seguramente por ese maldito 30% que todavía me persigue.

¿Os han servido de algo estos puntos? ¿Cuáles son vuestros trucos para madrugar y aprovechar la mañana? No dejéis de contármelo en los comentarios.


Editando a 17/06/15: Siguiendo todos estos trucos, diría que ahora mi porcentaje ha subido al 80% o más (aunque siempre se va a tomar por saco cuando viajo, por las razones comentadas en este artículo). Recomiendo también que le echéis un vistazo al artículo sobre el tema de Gananci, que da un par de puntos más con los que estoy muy de acuerdo.

Cada vez estoy más convencida de las ventajas que me aporta levantarme temprano. Si no hago las cosas importantes por la mañana, por la tarde hay menos posibilidades de que las complete, ya que mi fuerza de voluntad es muy inferior (por ese fenómeno llamado ego depletion, por el que nuestras reservas de voluntad se van agotando a lo largo del día). A primera hora leo, escribo, hago ejercicio y hago las tareas que implican mayor esfuerzo y concentración.

Madrugar para mí significa siempre una multiplicación bestia de productividad, aunque me lleve horas despertarme por completo. Mis mejores días son aquellos en los que me levanto a las seis de la mañana. No tenéis que ser tan brutos como yo, pero considerad qué podríais ganarle al día levantándoos un poco antes. Para aquellos que trabajamos desde casa y no contamos con estructuras rígidas de trabajo impuestas desde el exterior, la disciplina y aprovechar el tiempo que tenemos es fundamental.

Cada persona es un mundo y tiene sus ritmos. Sí, es posible que madrugar no sea para todo el mundo ni ofrezca a todos las mismas ventajas. Pero yo diría que merece la pena probarlo un par de meses. Siempre había pensado que era de esas personas que nunca podría levantarse temprano (ni querría), pero me di cuenta de que solo era cuestión de paciencia y tesón. Puedo decir que, como escritora, es uno de los mejores hábitos que he podido desarrollar.

Recomiendo acompañar este artículo de las reflexiones de Michael Nobbs sobre el tiempo para escribir y tomar una taza de té. Madrugar me ofrece tranquilidad, no tener que andar con prisa para llegar a algún lado o entregar algún encargo. Para mí, ese par de horas para las tareas más importantes del día, cuando todo está callado y el mundo duerme, son un verdadero regalo.

 


Si te ha gustado este artículo, acuérdate de compartirlo. También puedes apuntarte a mi lista de correo (envío artículos que son solo para mis suscriptores, solo dos veces al mes). Y si te gusta el contenido del blog en general y quieres leer más cosas mías (o simplemente echarme una mano), prueba a hojear alguno de mis libros:

70 trucos para sacarle brillo a tu novela70 trucos para sacarle brillo a tu novela: Corrección básica para escritores. ¿Has escrito una novela o un relato y no sabes cómo enfrentarte a la revisión? ¡Yo te ayudo! Disponible en Amazon.

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!).

  • Puedes leer un avance gratuito aquí.
  • Puedes leer reseñas aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y hasta en 20 Minutos, aquí.
  • Si tienes un blog o web de reseñas y te apetece leer y reseñar este libro, puedes pedirme un ejemplar de cortesía en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com.

Puedes ver más libros míos aquí.

autosuperaciónDesafío 30 díasdesafío veranodietaejercicioescribirlifehackingUncategorized

Puesta al día: Objetivos para los próximos tres meses

junio 2, 2014 — by Gabriella0

ID-100132903

Aunque ya sabéis que siempre ando insistiendo en tomarse las cosas poco a poco y elegir un solo hábito en el que concentrarse a la vez, sí que es cierto que tengo varios objetivos importantes para los próximos meses, y he decidido organizarlos y estructurarlos dividiéndolos en tareas asequibles (diarias o semanales) para no despistarme demasiado. A veces hace falta darse un apretón para no estancarse, así que voy a intentar algo un poquito más difícil de lo habitual. Necesito ver si puedo alcanzar estos objetivos, para superarme y acometer otras tareas más difíciles. Siento la necesidad de retarme un poco más a mí misma.

Me gustaría compartir mis objetivos con todos vosotros,  como hago a menudo, como forma de obligarme, por vergüenza pura y dura, a no fallar en mi cometido. Para esto, como sugiere el escritor y programador Nick Winter en The Motivation Hacker*, he decidido usar la web Beeminder (también disponible en app). Esta es una aplicación de control de tareas que te las divide de forma cómoda en pequeñas subtareas y que te ofrece varias maneras de “castigarte” si fracasas (entre ellas, darle dinero a la propia web, algo un tanto polémico que a mí, sin embargo, me parece una idea bastante buena, sobre todo teniendo en cuenta que la web es gratuita). No voy a optar por lo del dinero por ahora, pero hay otras posibilidades que me interesan más. Beeminder te permite añadir unas direcciones de email de amigos, conocidos, etc. al programa, de manera que si fallas les llegarán emails indicándoselo (¡madre mía!). También me gustaría compartir con vosotros mi progreso semanal, ya que creo que será un incentivo poderoso (no fallar para no quedar mal). Así que a partir de ahora esperad una vez a la semana una actualización de progreso.

Mis objetivos para los próximos tres meses (1 de junio a 1 de septiembre de 2014) son los siguientes. Si pincháis en los enlaces veréis las gráficas correspondientes:

Escribir 60000 palabras de mi novela. Ahora que ya ando cerca de las 50000 palabras, tener otras 60000 sería un avance considerable en un espacio de tiempo reducido. 110000 palabras ya es una señora novela, aunque sospecho que esta ocupará más que eso (por eso mi objetivo no es “terminar la novela” ni nada así, por lo menos no por ahora).

Objetivo: 60000 palabras en tres meses.

Realizar un mínimo de ejercicio a la semana. Esto ya lo hago de todas formas, pero me gustaría contabilizarlo para controlar mejor mi progreso. Después de un tiempo corriendo, y las rodillas bastante tocadas, decidí pasarme a la natación. Siempre me ha gustado, pero siempre había “razones” (o excusas) para no tomármelo en serio (mi largo pelo teñido rojo, que el cloro se cargaría; ciertos problemas de autoestima y escasísimas ganas de que me viesen en bañador; el coste, etc.). Ahora he encontrado una piscina barata donde además la gente es maja y parece importarle una mierda muy grande la pinta que tenga, y ya no tengo el pelo largo ni rojo (a veces lo echo de menos, pero hay que ver qué práctico es tenerlo corto y de un color manejable).

Objetivo: Nadar (o cualquier ejercicio equivalente) un mínimo de tres horas a la semana, con la única excepción de problemas de salud u otras causas de fuerza mayor. Durante tres meses.

Actualizar el blog tres veces a la semana: En realidad serían dos posts por semana (preferiblemente un relato y un artículo), más la entrada de puesta al día de mi progreso en estos objetivos.

Objetivo: Publicar tres entradas en el blog a la semana durante tres meses.

Actualizar a diario MyFitnessPlan: Uso esta web de forma esporádica, pero ayuda mucho cuando lo hago. Si apunto todo lo que consumo es más difícil volverme loca dándome atracones. Ahora mismo mi peso se ha estancado un poco y me gustaría espabilarlo de nuevo.

Objetivo: Actualizar MyFitnessPlan todos los días.

Leer más: Muchas veces me distraigo y acabo jugando a algo o leyendo artículos sueltos cuando podría estar leyendo libros, algo más que necesario para cualquiera que quiera mejor su forma de escribir. Ya leo bastante, pero esto se ocupará de recordarme que debo leer cuando me despiste.

Objetivo: Leer un mínimo de dos horas a la semana.

Participar en más concursos: Como incentivo para escribir más relatos largos, me propongo participar por lo menos en un concurso literario al mes a lo largo de estos tres meses (tres concursos en total).

Objetivo: Participar en tres concursos literarios.

Iré implementando pequeñas recompensas para los días que consiga determinadas tareas, además de otros mecanismos que incorporaré conforme lo vea necesario. Os tendré al tanto, ¡deseadme suerte!

————————-

Podéis ver aquí todas las actualizaciones junto con el artículo inicial.

—————–

*Libro muy interesante que recomiendo leer si os lleváis bien con el inglés. No llega a los tres euros si lo compráis para Kindle. Y no, no me pagan comisión 🙂
Imagen por cortesía de zirconicusso / FreeDigitalPhotos.net

 

autosuperaciónclutterfuckherramientas para escritoreslifehackingordenproductividadpropósito

El método Eisenhower. Cómo elegir lo que es realmente importante.

abril 30, 2014 — by Gabriella0

display-panel-457381_640.jpg

Hace poco estaba leyendo, para variar, a James Clear (podéis leer un artículo suyo que traduje aquí, o ir directamente a su blog aquí), en un artículo en el que hablaba del método Eisenhower. Este es un modo de productividad que, si bien se inspiró en la metodología del presidente americano (imaginad la necesidad de productividad de una persona como Eisenhower, con la que le cayó a ese hombre encima), fue adaptado luego por gurúes de la productividad como Steve Covey (de hecho se menciona este método de pasada en el artículo que le traduje a Niall Doherty, con 69 técnicas de productividad).

Clear insiste en la efectividad de este método para ahorrar tiempo y ser más productivo, pero a mí lo que me llama la atención de esta técnica es su forma brutal de obligarte a elegir entre lo que es y lo que no es prioritario.

El método consiste en crear un cuadro de cuatro cajas, ordenadas por urgencia e importancia. En una va lo urgente e importante, en otra lo urgente pero no importante, en otro va lo importante pero no urgente, y en la última va lo que no es urgente ni importante. A partir de esta división de tareas se efectuarán las cuatro “D”:

MerrillCoveyMatrix

-Do (hacer): En el cuadro de las tareas importantes y urgentes (cuadro 1 del diagrama) solo cabe una acción: hacer, llevarlas a cabo.

-Delegate (delegar): En el cuadro de las tareas que son urgentes pero no importantes (3), uno debe intentar delegar (conseguir que otros hagan estas tareas). Esto es útil, imagino, en un entorno empresarial; para los freelancers se sugiere recurrir al outsourcing, que consiste en pagarle a alguien para que lo haga por ti. En España esto es algo que no es demasiado común, pero tened en cuenta que en EEUU es relativamente común en el mundo de los negocios pagarle a alguien en India para que actúe como asistente virtual. Para el caso de personas con muchísimo email o con tareas repetitivas pero relativamente sencillas, este tipo de asistente puede ahorrarles muchos quebraderos de cabeza.

-Defer (retrasar): Es el cuadro de las tareas importantes pero no urgentes (estas suelen ser tareas relacionadas con metas a largo plazo). Deberemos otorgarles un espacio de cumplimiento, una fecha y hora (o varias, si se trata de tareas grandes) para llevarlas a cabo (2).

-Delete (eliminar): Según este método, las cosas que no son ni urgentes ni importantes deben eliminarse (4). Esta es la parte que impresiona, porque nos hace ser conscientes de la cantidad de tareas que llevamos a cabo por obligación, por costumbre o por alguna visión idealizada de nosotros mismos.

Para dividir nuestras tareas en estas cuatro cajas es importante tener claro cuáles son nuestros objetivos a corto y largo plazo. También nos obliga a decidir qué cosas no son realmente necesarias, para evitar perder el tiempo con esa sensación de que estamos ocupados cuando realmente solo estamos llevando a cabo tareas que no nos aportan gran cosa y que nos quitan tiempo para lo realmente importante. Por tanto, creo que este es un método tremendamente útil para establecer prioridades. Uno podría pensar que lavar la ropa, por ejemplo, no es ni útil ni importante, pero intentar eliminarla de la lista nos probaría lo opuesto: necesitamos ropa limpia (ergo esta tarea no es urgente pero sí importante). También podría parecer que ir a tomar café con un amigo no es urgente ni importante, pero si nuestra vida se reduce a trabajar y necesitamos relajarnos con una vida social más activa, esta tarea es, desde una perspectiva a largo plazo, muy importante. No obstante, jugar al Angry Birds no es urgente ni importante, y a no ser que seas un desarrollador de juegos probando a la competencia, no tiene mucha justificación a largo plazo.

Implementar el método lleva tiempo. Lleva tiempo decidir qué es importante y qué no. Los profesionales aseguran que este tipo de sistema, bien implementado, puede ocuparte hasta una hora diaria, pero que los resultados ofrecen una recuperación de esa inversión más que sobrada, con pingües beneficios.

¿Qué opináis? ¿Es este un método que consideraríais probar? Si lo hacéis, no dejéis de contarme qué tal os ha funcionado.


Otra forma de aprovechar el tiempo es sacarle el máximo rendimiento a la corrección y revisión de tu libro. Si quieres un montón de  trucos e ideas para ello, ya sabes que tengo un libro que solo cuesta 2,99 € en Amazon 😉

amorcuriosidadeslifehacking

Cómo hackear las webs de contactos. O cómo conseguir pareja como un matemático

abril 23, 2014 — by Gabriella3

04

¿Es posible hackear las webs de contactos? No me refiero al hacking ilegal, destructivo. Me refiero, más bien, al tipo de atajo ingenioso que solemos asociar al lifehacking.

No sé si habréis oído hablar de eso del lifehacking, que a mi juicio forma parte de lo que he dado en llamar autoayuda 2.0 (escribí un artículo doble sobre la evolución de la autoayuda para Lecturalia, podéis leerlo aquí). El verbo to hack suele asociarse a cosas negativas (por aquello de los hackers o piratas informáticos), pero también puede ser positivo: hack es tomar atajos, es encontrar soluciones más eficientes para un problema (también significa cargarse algo a hachazos, que de forma metafórica tiene cierto sentido).

El lifehacking intenta dar con atajos o trampas que nos faciliten las cosas del día a día. Es parte de todo un movimiento racionalista y analítico que propone aplicar muchas de las soluciones que ofrece el mundo de la programación y la informática, de la ciencia del comportamiento, del análisis de datos y de muchos otros campos. También integra teorías matemáticas y sociales en boga, como la teoría de juegos (aplicada a la mercadotecnia) y la ludificación (aplicada a la creación de hábitos y a la productividad). En resumen: cualquier teoría que tenga aplicaciones prácticas para mejorar nuestro día a día y hacérnoslo más fácil entra dentro del saco lifehacking.

¿Así que por qué no aplicar conocimientos de estadística, programación y matemáticas a algo tan subjetivo y emocional como las relaciones de pareja? Hay por lo menos dos personas que han sabido hacerlo. Uno, Chris McKinlay, para ver cifras de compatibilidad y discernir qué mujeres eran ideales para él. Otra, Amy Webb, para hacerse más atractiva para citas potenciales y encontrar al hombre ideal. Dos maneras diferentes de dar con el amor de tu vida a través de webs de citas como Meetic, EHarmony y similares.

Amy, acostumbrada al análisis de datos, aplicó su experiencia al mundo de JDate, una web de citas enfocada a la comunidad judía que es tremendamente popular en Estados Unidos. Amy tenía muy claro lo que buscaba en un hombre (quería casarse y tener hijos; quería una pareja estable, alguien responsable y con un estatus social y económico determinado), pero apenas recibía visitas a su perfil en JDate, y cuando conseguía interés de algún tipo, solía resultar en desastre. Se dio cuenta de que necesitaba una cantidad mayor de candidatos para poder tener más posibilidades de encontrar a un hombre que le gustase. Así que estudió a las mujeres más populares de la web. Se creó diez perfiles falsos con diferentes tipos de hombres e interactuó con estas mujeres para estudiar sus respuestas, sus reacciones, su lenguaje. También se fijó en las fotos y perfiles: eran muy distintos a los de Amy, cuyo perfil, larguísimo, casi parecía un currículo laboral. Uno podría pensar que las más populares eran las más guapas, pero Amy encontró otro tipo de elementos en común. Algunas de sus conclusiones fueron obvias, otras no tanto:

  • Las mujeres populares tenían una descripción corta en su perfil, donde aparecían con frecuencia palabras como girl (chica) o fun (diversión/divertida). Ofrecían una imagen de mujer desenfadada, de espíritu joven, que no hablaba demasiado sobre sí misma, alguien con quien sería fácil conversar.
  • Las mujeres populares solían tomar la iniciativa. No daban demasiada información, solían abrir conversaciones con mensajes simples como «hola» o «qué tal».
  • Las mujeres populares no tenían más de cinco fotos (según Amy, esto se debía a que una vez que tienes más de cinco fotos, la media de belleza es más baja). Casi todas tenían el pelo liso y largo.
  • Las mujeres mienten sobre su altura, más que sobre su peso (¡!). Gran parte de las mujeres con las que interactuó Amy aseguraban ser más bajitas de lo que eran (por simple estadística, era imposible que todas fueran tan bajas; además, en muchas fotos era evidente que eran más altas de lo que afirmaban).
  • La gente no está muy interesada en tu trabajo. Es más efectivo empezar hablando en tu perfil de tus aficiones e intereses. La mayoría de los hombres parecían algo asustados de mujeres con éxito profesional.
  • Es difícil ser graciosa por escrito. Muchas personas sarcásticas o irónicas parecen antipáticas en sus perfiles.
  • Las mujeres populares contestaban a los mensajes online de forma casi inmediata, pero esperaban entre 20 y 23 horas para contestar a los primeros emails.

Con toda la información recopilada, Amy se hizo un superperfil, con las características de los perfiles y comportamiento de las mujeres populares con las que había interactuado. Empezó a recibir atención masculina de inmediato, y de entre todos los hombres que interactuaron con ella, no tuvo problema para encontrar al que ahora es su pareja.

En todo esto hay bastantes cosas que me preocupan, pero destaca una sobre las demás: ¿tenemos tan asumido que todo el mundo miente por internet que nos parece aceptable crear un perfil falso y mentirle directamente a otros seres humanos para recopilar datos?

El caso de Chris McKinlay es un poco más honesto. Al ver que era casi invisible en las webs de citas estadounidenses, Chris, un matemático de talento (ya sabéis, de esos que van a los casinos en Las Vegas y hacen dinero contando cartas), creó bots para analizar las preguntas de perfil a las que más respondía el tipo de mujer que le interesaba y crear grupos estadísticos. Como OKCupid, la web que utilizó, tiene sistemas para evitar este tipo de bots automatizados, Chris utilizó los datos de uso de un amigo suyo (velocidad de click, frecuencia de uso, etc.) para “humanizar” a sus bots. Y los resultados fueron más que efectivos. Dio con los grupos que le interesaban (un grupo de chicas más jóvenes con tendencias artísticas, y otro grupo de chicas más mayores, con profesiones creativas. Se creó dos perfiles, ambos reales y sinceros, pero con los datos ligeramente diferentes, cada uno enfocado a un grupo en particular. La idea era similar a la de presentar un currículum en una empresa: destacamos ciertos detalles y damos más información sobre determinadas experiencias según el sector en el que trabaje la empresa que nos interesa.

Chris creó otro programa que efectuaba visitas a miles de perfiles al día. Como OKCupid te avisa de visitas a tu perfil, esto despertaba el interés de muchísimas mujeres. Chris empezó a quedar con mujeres con gran frecuencia (llegó a tener más de una cita el mismo día). Pronto se dio cuenta de que conectaba mejor con el grupo B de mujeres, aquellas un poco más mayores con trabajos creativos.

A pesar de sus datos, análisis y estadística, Chris tuvo más de ochenta citas antes de dar con la mujer ideal. En cuanto la conoció supo que aquello era especial. A pesar de las compatibilidades con todas las demás, era la primera vez que realmente sentía la conexión química que necesitaba. A día de hoy, y aunque mantienen una relación a distancia, están prometidos.

Podéis leer más sobre la experiencia de Chris aquí, y de Amy aquí (en inglés). ¿Qué opináis sobre sus métodos? ¿Habéis utilizado alguna vez de este tipo de redes para buscar pareja? ¿Cuáles han sido los resultados?