Os habréis dado cuenta de que no siempre hablo de lo que sé.

Con hablar de lo que sé me refiero a hablar de lo que conozco empíricamente. De lo que he probado en mis carnes.

Muchas veces hablo de aquello con lo que he experimentado y os cuento lo que me ha funcionado y lo que no. Otras prefiero hablaros de lo que opinan y piensan personas mucho más inteligentes y con mucha más experiencia que yo.

Hoy voy a hablar un poco del NaNoWriMo, aunque nunca he participado en él. Así es, voy con el disclaimer por delante. Voy a hablar de lo que no tengo conocimiento real.

Pero algo sí sé del NaNoWriMo. Que nos presenta una pregunta conflictiva: ¿calidad o cantidad?

¿Puedes escribir 50000 palabras en un mes?

Por si acabáis de llegar de un viaje interestelar en busca de vida en otros planetas que ha durado quince o dieciséis años, os explico que el NaNoWriMo (National Novel Writing Month) es una iniciativa internacional y anual que desafía a sus participantes a escribir una novela en un mes (concretamente, el mes de noviembre).

¡Una novela en un mes!

Vale, es una novela más bien corta, de 50000 palabras. Aun así, ¡eso son 1666,666666666667 palabras al día! ¿Eres capaz de escribir tantas palabras al día?

Resulta que hay muchísima gente que sí. Termina el mes con una familia que ya no le habla, ojeras del color de las más lindas ciruelas y un orgulloso diploma imprimible con el que presumir ante sus amigos, que tenderán a mirar hacia otro lado y preguntar si pueden irse ya, que hay que acostar al perro y pasear a los niños. Bromas aparte: hay muchos escritores, entregados o aficionados, que obtienen una sensación de satisfacción más que merecida al conseguir algo que, reconozcámoslo, es harto difícil.

El problema, claro, viene después.

Uno de los lemas del NaNoWriMo es The world needs your novel. El mundo necesita tu novela.

¿Pero es verdad eso? En su web, me parece entender que el año pasado 325142 personas terminaron su novela.

Ya estoy viendo a los editores, llevándose las manos a la cabeza con la entrada imparable de manuscritos de 50000+ palabras sin revisar a sus oficinas. Y es que ese es el caso: muchos participantes de iniciativas como estas creen que solo hay que escribir, poner las palabras sobre el papel. Que la revisión la haga otro.

Creo que esa es la mayor crítica que recibe, año tras año, este mes que se acerca, este noviembre de escribir novela.

Es una crítica a tener en cuenta, aunque también es cierto que no es aplicable a todos los participantes. Por lo menos 250 personas que escribieron una novela en noviembre del 2014 pudieron editarla lo suficiente como para convertirla en algo comestible (ahí tenemos el Wool de Hugh Hewey o The Night Circus de Erin Morgenstein, por ejemplo).

Mi crítica no es esa.

Mi crítica es la siguiente:

¿Por qué solo noviembre?

El poder de la cantidad

Fenómenos como el NaNoWriMo son incentivos excelentes para que la gente se ponga a escribir en serio. No sé si obligarte a hacer casi 1667 palabras al día es la mejor forma de implementar un hábito (es mucho más eficiente comenzar con un mínimo muy bajo), pero si consigues seguir escribiendo a diario después de esa experiencia, habrá merecido muchísimo la pena, salga lo que salga de tu boli, disco duro o herramienta de transcripción mental (¿podemos inventar eso ya, por favor?).

Por desgracia, muchos “autores” se dan ese banquete de escritura y luego la abandonan el resto del año. Apartan tiempo para conseguir escribir solo un mes, y muchos ni siquiera se molestan en seguir trabajando aquellas 50000 palabras. Puedes dedicar el resto del año a la revisión, a buscar editorial y etc., pero olvidas algo importante: la escritura es una habilidad y, como tal, debe practicarse. Darte el atracón de escritura una vez al año podría ser, creo yo, el equivalente a correr una maratón de treinta kilómetros y no volver a correr en todo el año. No te va a salir demasiado bien la siguiente maratón, no. Del mismo modo que necesitas ejercitar y preparar a tu cuerpo para aumentar su fuerza, resistencia, velocidad y etc., la escritura es una habilidad que necesita de refuerzo.

Podemos poner ejemplos de autores que escribían un mes al año, del tirón. Y etc. Claro que hay genios, siempre los ha habido. ¿Eres tú uno de ellos?

(Si crees que lo eres, puede que tengas razón. Pero también puedes estar sufriendo el efecto Dunning-Kruger).

Si realmente quieres mejorar como escritor, tienes que escribir un montón. Una pechá. Una jartá. Un huevo, incluso.

Ya os hablé del famoso experimento de las clases de cerámica. Me cito aquí a mí misma:

Va de un profesor de cerámica que dividió a su clase en dos grupos. Todos los que estaban a la izquierda del taller recibirían sus notas basadas en la cantidad de piezas que produjeran; todos los de la derecha las recibirían según la calidad de su obra. Su procedimiento era sencillo: el último día de clase pesaría las piezas de los alumnos del grupo de la izquierda: si había cincuenta libras de peso en obras les daría un sobresaliente, cuarenta libras tendrían un notable, y etc. Sin embargo, aquellos a los que se calificaba por calidad tenían que producir una sola pieza, que debía ser perfecta para obtener la nota máxima.

Cuando llegó el día de poner las notas, ocurrió algo muy curioso: ¡las obras de mayor calidad las habían producido los del grupo a los que se calificaba por peso! Parece ser que mientras los del grupo calificado por cantidad/peso estaban ocupados haciendo un montonazo gordo de jarrones de cerámica, el grupo de calidad dedicó todo su tiempo a teorizar sobre qué era la perfección y cómo conseguirla, y tenían poco más que un montoncito de barro triste.

Muy bien, ¿pero qué tiene que ver Picasso con todo esto. ¡Que Picasso sale en el título!

Tranquilos, no he recurrido a un triste clickbait cualquiera para engañaros y engatusaros. Varias fuentes aseguran que Picasso produjo más de 50000 piezas artísticas en su vida (sí, procesadlo: 50000 creaciones). En el blog de James Altucher, este analiza algunas de las frases de Picasso en relación al trabajo artístico, y creo que a los que escribimos nos pueden venir fenomenal para terminar de entender la dichosa dicotomía calidad/cantidad, que está íntimamente relacionado con el fenómeno NaNoWrimo. Ahí os van las frases que considero más relevantes:

picasso nanowrimo

Picasso y qué debes tener en cuenta antes de darle al nanowrimo

(O a cualquier iniciativa similar)

1. Tu obra no es buena si no te da problemas

Sí. Escribir es difícil, diantres (¡y repámpanos!). Hay que limar, excavar, vomitar y temblar, una y otra vez. Es divertido, en principio, pero tómatelo en serio, enfréntate a los nudos, a los atascos, a la indecisión. Y la inseguridad, oh, la inseguridad.

Si algo te parece que te ha salido muy megabién, sin esfuerzo (como esas 50000 palabras que has soltado de golpe en un mes), sigue probando. Acuérdate del peligro de gustarte demasiado escribiendo (suele estar íntimamente relacionado con un exceso de adjetivos y de metáforas sin sentido). Lo realmente bueno surge de aquello que hay que sacarse de dentro con tenazas muy largas y afiladas y desagradables.

2. Aprende las reglas como un profesional, para poder romperlas como un artista

No, por mucho que te apetezca hacer una primera novela revolucionaria cambiando todas las oes por acentos circunflejos y modificando las perspectivas una y otra vez en tu obra coral-río de tres millones de personajes, no te lo recomiendo. Altucher pone el ejemplo de Vonnegut y creo que es un ejemplo excelente: Vonnegut escribió una cantidad sorprendente de textos “clásicos” (que fueron, en su mayoría, rechazados por editoriales variadas y múltiples), siguiendo bien las reglas, para adquirir la experiencia y conocimiento necesarios para crear algo tan sorprendente como Matadero cinco.

La ortografía es importante, la gramática también. Y hay “reglas” de estilo que siempre hay que tener en cuenta. No, no eres McCarthy, ni sabes usar los gerundios como él, así que por favor, deja de intentarlo, por lo menos hasta que te hayas empapado de buenas lecturas, te hayas leído unos cuantos manuales y sepas utilizar en condiciones tu herramienta de trabajo principal: la lengua.

3. La acción es la clave del éxito

Si escribes mucho, vas a cagarla mucho. Vas a escribir trillones y trillones (¡y trillones!) de palabras malas, feas. Párrafos y páginas de frases horribles, vergonzosas. Pero las escribes. Y ese 10% de todo que no es mierda será brillante y maravilloso. Ese 10% irá subiendo, porque cada vez escribes mejor.

Hasta escribir algo tan genial que los demás no tienen más remedio que hacerte caso.

(Luego tendrás que darle a las redes sociales y a mil formas de marketing para que por lo menos sepan que existes, claro. Pero esa es otra historia).

Hay un dicho entre los que corren, entre esas personas que se denominan runners y tienen mejores rodillas que yo. Dicen: por muy despacio que vayas, vas más rápido que el que está tirado en el sofá.ujikkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk*

¿Qué diferencia al autor de eBooks S. J. Scott, por ejemplo, de miles de otros escritores? El hombre se saca 40000 dólares al mes vendiendo libros. Cuando le preguntaron por su método, dijo que se basaba en encontrar temas que le gustaban a la gente, escribir como un condenado, sacar libros a mansalva y cultivar con mimo su lista de correo. Le preguntaron también si cualquier otro escritor podría seguir el mismo método y dijo que sí. Entonces, le preguntaron de nuevo, ¿pueden otros hacer lo mismo?

“Claro. Pero yo trabajo muy duro”, dijo Scott.

¿Cómo de duro trabajas tú? Y, lo más importante: ¿sabes hacia dónde vas?

Acción, siempre acción. Aunque no estés preparado. Porque nunca vas a estarlo, en realidad.

4. Copiar a otros es necesario, pero copiarse a uno mismo es patético

¡No te acomodes! Prueba otras voces, otros estilos. Haz que escribir sea difícil, aventúrate en el farragoso terreno de la maestría. Fracasarás, lo hemos dicho ya, fracasarás a lo grande, pero necesitas ese fracaso para aprender. De los éxitos aprendemos poca cosa.

Si algo funciona, sí, úsalo. Pero no te quedes anclado. Sigue probando, sigue moviéndote.

Todos estamos influidos. Estamos a hombros de gigantes, como nos repiten hasta la saciedad. No podemos escapar de ese peso de influencia, no podemos evitar copiar, aun de forma inconsciente. Pero no te copies a ti mismo (y no plagies; eso ya es el colmo de la inutilidad).

Escribir muchísimo no lo es todo; encontrarás autores a puñados que han publicado veinte libros y siguen cayendo en los mismos errores. Y no consiguen nada. Nadie los lee, nadie se acuerda de ellos. Se atascan en el simple hecho de que les gusta escribir y no salen de lo conocido y cómodo.

Escribir porque te gusta está muy bien. De hecho, creo que es importante escribir porque te gusta. Pero dale algo de conflicto a tu progreso, lánzate. Sumérgete en un país si quieres aprender una lengua; experimenta y juega y desafíate si lo que quieres es aprender a escribir en serio.

Yo me copio a mí misma, a veces. Hasta me he citado en un apartado anterior. ¡Patético!

5. Es imposible cambiar los accidentes. Lo accidental revela al hombre.

Cuando hablo y colaboro con escritores, cuando hablamos de implementar el hábito de escribir a diario, siempre se ponen metas muy grandes de escritura diaria. 2000 palabras, brutalidades. Siempre les pido que se pongan como mínimo el número de palabras que podrían escribir en el peor día de sus vidas (por ejemplo, la llegada del Apocalipsis). No lo hago porque me crea una gurú de la escritura creativa (que a veces un poquito sí, porque todos tenemos días gilipollas, pero luego me leo a un autor De Verdad y se me pasa la tontería). Lo hago porque lo he visto una y otra vez: los que se ponen grandes metas diarias fracasan al poco. Los que aguantan con un mínimo razonable siguen adelante, acumulan palabras.

Lo que trabajes y hagas en los días malos es lo que revela tu compromiso como escritor. No es el mes de noviembre el que te convierte en novelista: son las palabras acumuladas, poco a poco, durante el resto del año. Los accidentes ocurren, también la enfermedad y la fatiga. Prepárate para los peores días, no para los buenos.

Voy a hacer otra reflexión, sobre algo que Picasso nunca dijo:

Hay que escribir mucho para poder recortar mucho

Vas a tener que podar. Twitter tuvo que hacerlo. Picasso seguramente tiró muchas de esas 50000 creaciones a la basura. Tendrás que eliminar adverbios terminados en -mente y símiles pirotécnicos como si no hubiera mañana. Y qué glorioso macetero de flores sanas te va a quedar.

De las 50000 palabras del NaNoWriMo, hazte un Stephen King y elimina, por lo menos, 5000. Sobre todo si son muy bonitas y les tienes muchísimo cariño y no aportan absolutamente nada a la narración.

Conclusión (donde se desvela la respuesta a todo lo que quisiste saber sobre escribir en noviembre. Y también se descubre quién era el asesino).

Si te apetece apuntarte al NaNoWriMo para tener un empujón para darle forma a esa novela en la que estás trabajando, hazlo. Si te apetece apuntarte para intentar meter a golpes el hábito de escribir en tu cerebro, hazlo. Si te apetece apuntarte para poder disfrutar de toda una comunidad de autores que están en las mismas que tú, adelante, no lo dudes.

Pero recuerda que por cada mes de escritura necesitas, igual, dos meses de revisión y corrección. Esto no acaba aquí.

Sé responsable con lo que has escrito: mímalo y reescribe y da forma y entonces podrás mandar tu manuscrito donde quieras, y, lo más importante, ponerte con tu siguiente proyecto.

Pero, hagas lo que hagas, no dejes de escribir el 1 de diciembre.

Haz tus 50000 obras de arte, tus millones de palabras, tus 10000 horas, tus días interminables de fijar la vista en esa frase que no termina de funcionar. Escribe tus veinte libros malos, pero asegúrate de entender por qué son malos, de aprender de las opiniones de tus lectores y de los libros de los grandes, para que cada libro sea menos malo. Empuja. Resiste la tentación de amargarte, de compararte con otros, de echarle toda la culpa al sistema. Todo eso no sirve de nada. Si el sistema está mal, más te vale cambiarlo, trampearlo, buscar los resquicios y vacíos donde colarte, pero no lo uses como excusa. Y aquí llega la gran revelación.

El asesino eres tú: tú eres el único que matas tu creatividad, tus posibilidades, el que señala con el dedo a todos eso que sueñan y además hacen algo para conseguir lo que sueñan, eres el que se burla de aquellos que lo intentan y el que busca mil excusas para su propia desgracia.

Os habréis dado cuenta de que no siempre hablo de lo que sé.

A veces ni sé de lo que hablo.

Pero sé esto: no dejes de escribir el 1 de diciembre.

 


*Aquí fue donde mi gato decidió pasear por mi teclado y participar en el artículo. Como no tengo forma de saber si esta es una forma revolucionaria y novedosa de expresión artística felina (tal vez un mensaje cifrado, clave para una nueva época de entendimiento entre nuestra raza y la suya), he preferido no borrarlo.

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