En Nueva Zelanda cogieron a un grupo de 49 personas y les hicieron escribir a diario unos 20 minutos, durante tres días seguidos. Escritura expresiva, lo llaman. Debían escribir sobre hechos o actividades diarias que les molestaban y estresaban. Dos semanas después, se les practicó una biopsia.

No es que se les practicara una biopsia como parte del experimento. Ya se la iban a hacer de todos modos, lo prometo.

Once días después, un 76% del grupo que había escrito esos tres días concretos tenían su lesión totalmente curada, frente al 42% del grupo de control.

Conocemos muchísimas ventajas de la lectura. Pero sí, escribir es bueno, también.

escribir es bueno para tu salud

Escribir sobre nuestras preocupaciones ayuda a reducir estrés y por tanto reduce el efecto negativo que este tiene sobre nuestro sistema inmunológico. Si escribes y te liberas de lo que te angustia, también duermes mejor. Y una mayor calidad de sueño también ayuda a nuestro cuerpo en general.

No entro ya en los efectos positivos a nivel puramente psicológico, que de esto ya se ha escrito mucho y muy bien. Hace poco di con un concepto que me llamó la atención, el de las morning pages de Julia Cameron. No he leído El camino del artista, pero lo cierto es que últimamente leo a gente comentando ese libro por todas partes. Sospecho que será un tanto elevado y espiritual para mí, pero eso no significa que no pueda aprovechar algunas de sus ideas, que me vienen recicladas a través de buenos artículos como este de Chris Winfield.

Hay muchas variantes y formas de hacerlo, pero la práctica de las morning pages funciona de la siguiente manera: coges papel y boli y escribes tres páginas seguidas. Puedes escribir sobre lo que quieras: sobre lo que estás pensando, sobre qué harás durante el día, sobre los nidos voladores de los pájaros de guerra de Tombuctú. Sobre nada. Sí, puedes escribir sobre nada. La idea es despertar tu creatividad y de paso quitarte cualquier ansiedad que tengas pasándote por la cabeza en ese momento. Lo ideal es hacerlo al poco de despertarse, cuando tu subconsciente no se ha retirado todavía de crearte sueños y cosas rarunas en la cabeza.

¿Lo habéis probado? Yo pienso darle una intentona la semana que viene, cuando se me estabilice un poco otra vez la rutina (este mes, por razones variadas y pesadas de contar, todo ha estado manga por hombro). Os contaré, como en todos mis experimentos (ya sea por aquí o en los emails que mando a la lista de correo).

Esto nos lleva a otra pregunta: ¿puede la escritura “normal”, la escritura de ficción, aportarnos también beneficios?

Boffard y los beneficios de la escritura

Depende. Si sufres escribiendo, si no consigues apagar al editor interno y disfrutar de lo que haces, dudo que escribir te aporte nada positivo. A mí me daba estrés. Después de mucho tiempo como artista maldita, he aprendido por fin a reservar la fase del sufrimiento para la etapa de corrección y edición. Escribir tiene que ser divertido para mí, ahora. Puede ser duro, claro, y escribir y reflejar tus miedos y traumas es difícil (aunque tiene efectos muy positivos a largo plazo). Pero la bendición de escaparte un rato a un mundo de fantasía que es solo tuyo… ah, eso se lo recomiendo a cualquiera.

Pero no es solo eso. No tienes que ser escritor para disfrutar de la escritura. Muchos gustan de escribir como algo que les permite desconectar de su vida profesional. Y no tienes que escribir solo sobre tus traumas, cualquier tipo de escritura ayuda, como dice aquí el escritor Rob Boffard, en un artículo muy interesante sobre qué beneficios nos aporta escribir ficción:

boffard

Hay base científica para la noción de escribir como evasión. En un estudio de 2005 sobre escritura expresiva como modo de lidiar con trauma, los investigadores descubrieron que la mayoría de los participantes se beneficiaban del hecho de escribir, ya escribieran sobre la misma experiencia traumática o sobre experiencias diferentes en cada sesión de escritura. Había un beneficio evidente del acto de escribir, fuera cual fuera el tema.

Volviendo a lo que decía de que la parte horrible, en realidad, es editar, me gustaría añadir que no es solo trabajoso editar lo propio, sino también, claro está, lo de los demás. Más todavía cuando mucha gente no entiende muy bien la labor de editores y correctores de estilo.

Adamus y algunas nociones ridículas sobre editores y correctores

En el blog de Chuck Wendig, el editor/corrector John Adamus menciona algunas creencias extendidas que tienen los escritores sobre el tema de la edición de contenidos y la corrección de estilo que me hicieron reír.

Me hicieron reír porque son muy ciertas y por puro y desahogado alivio, porque por fin ha llegado el momento en mi vida en que puedo dejar de lado, aunque sea por un tiempo, la corrección de estilo. Que no es que no me guste (de algún modo, produce satisfacción ayudar a otra persona a sacarle el máximo rendimiento a su texto), pero es trabajoso con ganas y si quieres hacerlo realmente bien, acabas invirtiendo una cantidad de horas que no hay forma de cobrar de manera realista. Hala, ya lo he dicho.

En EEUU, con editor pueden referirse a editores de contenido (content editors) o a correctores de estilo (line editors), así que usaré editor/corrector en nuestro idioma, para que os hagáis una idea. No estamos hablando de editores a la española (la persona que decide que te va a publicar y que, si es bueno en su trabajo, te sugiere algunas modificaciones para mejorar la obra antes de sacarla al mercado), sino más bien de correctores de estilo y de contenido. En la experiencia de Adamus (y de miles de correctores por todo el mundo), esto es lo que muchos autores creen que hace un editor/corrector:

  • Que el editor/corrector simplemente le da a F7 y le pasa el corrector ortográfico del Word a un documento.
  • Que cualquier otra persona puede hacer lo que hace un editor/corrector, porque se trata simplemente de lidiar con palabras, como en el cole.
  • Que la corrección/edición es una parte innecesaria de escribir un libro, porque, cuando un autor consigue a un agente, este se encarga de editar el manuscrito, o la editorial tiene un editor/corrector que se ocupa de ello. (La de veces que he visto esto: autores que creen que no tienen que preocuparse de la ortografía, por ejemplo, porque para eso está el corrector de la editorial. No se dan cuenta de que con un manuscrito lleno de faltas difícil será que los acepten en ninguna editorial, para empezar).
  • Que cualquier procesador de texto que uses te va señalando tus errores de ortografía y gramática, así que los correctores sobran (muchos escritores no tienen en cuenta un problema fundamental de Word, por ejemplo, que es que no entiende el contexto de las palabras. Es decir, para Word un amo es correcto, porque esa palabra existe, aun cuando la frase donde se encuentra sea: “Bajo las ocho lunas de esa noche espectacular, el hechicero espacial amo a la mujer venusiana con todas sus fuerzas”).
  • Que el editor/corrector es el enemigo del escritor, o algún tipo de obstáculo para que demostrarle al mundo su calidad como escritor, lo que convierte la interacción con el editor/corrector en un ejercicio innecesariamente bélico (esto también se lo he tenido que explicar a más de un cliente: no estoy aquí para acusarte de nada, puedes elegir seguir mis recomendaciones o pasar olímpicamente de ellas. Es tu texto y yo estoy aquí para ayudarte. Incluso hay escritores que parecen no querer que se sepa que han usado de los servicios de un corrector, porque ello implicaría que su texto era imperfecto para empezar).

Si queréis saber más sobre por qué los correctores son imprescindibles para vuestros libros (y mucho más en esta nueva cultura de autopublicación), leed este excelente artículo de Antonio Rivas para La Linterna del Traductor.

No sigo hablando de corrección. Respiro y recuerdo que esa parte de mi vida queda atrás. Ahora vamos a hablar de descripción. Argh.

Starr Thomson y la importancia de la calidad sobre la cantidad en descripciones

Todos sabemos lo difícil que es dar con un punto medio atractivo para el lector en lo que descripciones se refiere. Tienes que ser un genio estilístico para no aburrir a tu lector si te pasas con las descripciones; pero la falta de entorno, de ambientación, deja a tu texto cojo, vago. La editora y escritora Rachel Starr Thomson escribió un artículo muy útil donde apunta que lo más importante al describir se resume en dos factores:

  1. Calidad sobre cantidad (es decir, dar información importante y evocadora, en vez de llenar párrafos de datos innecesarios) y
  2. fortalecer la subjetividad de las descripciones mediante el punto de vista.

Os lo explico, porque además es un problema que encuentro en muchos manuscritos de escritores noveles. Mirad este párrafo:

Carlos era alto, guapo, con el pelo rubio. Tenía los rizos alborotados y unos ojos grandes, muy azules. Estaba musculado y era ancho de hombros, apuesto. Vestía pantalones oscuros y una camisa de color crudo, con mocasines relucientes a juego.

¿Os hacéis una imagen del personaje? Sí, pero imaginaos que os encontráis descripciones así de todos los personajes del libro. Estos datos nos dicen cómo es el personaje a nivel físico, pero es difícil para el lector retener tanta información que, en el fondo, tampoco aporta gran cosa a la historia. Mirad ahora:

A Elena siempre le había parecido que Carlos vestía con gusto. No solo eso: era guapo, guapo de película, guapo de libro. Su compañero era un estereotipo de novela romántica: rubio, fuerte, ojos grandes y azules. Qué lástima que también fuera gilipollas.

Si estos dos párrafos fueran extractos de dos libros distintos, ¿cuál preferiríais leer? Sea como sea, vuestra imagen de Carlos será mucho más clara en el segundo ejemplo; además, hay más posibilidades de crear vínculos emocionales con Elena al ver a Carlos desde su filtro personal, a través de su mirada.

Dice Starr Thomson:

thomson

Calidad contra cantidad

Un error común en la descripción visual es dar una lista interminable de características físicas, como si tuvierais que tachar toda una serie de cualidades de la lista. Pero es difícil encontrar detalles importantes en una multitud de detalles que no lo son, y los lectores de todas formas rellenan por sí mismos muchos huecos, tanto que les puede resultar molesto que se les describa cada detalle de la cara de alguien.

La clave en la descripción visual es dar solo un par de detalles, pero haz que esos detalles cuenten.

Y recordad que, para saber cuántos detalles conviene dar para cada cosa, puede ayudar mucho la regla de tres.

Hoy cierro un poco antes, que estoy agotaíca y encima me han dicho que es puente o algo.

Stegner y lo poco que ha cambiado la industria editorial

Os dejo con una recomendación: En lugar seguro, de Wallace Stegner (podéis ver mi opinión en Goodreads). Ha sido especialmente divertido ver como la industria editorial apenas ha cambiado en los últimos setenta años. El protagonista es escritor y se dan varias conversaciones acerca de la tiranía de los superventas, el ínfimo gusto popular y la difícil supervivencia de las editoriales… todo alrededor de 1940:

stegner

Al ser una mesa de académicos, empezamos a lamentar el nivel del gusto popular. Parecía que solo la basura vendía. ¿No había mercado para los libros buenos, serios, inteligentes, bien escritos? Tenía que haberlo. ¿No podíamos contar con que un buen libro encontrara su público, pequeño, tal vez, pero suficiente para sacarlo adelante?

Terminamos aquí con las cosas profundas y recortadas. Hoy cierro con una sección nueva que espero mantener en los artículos de final de semana: una de agradecimientos a todos los que han mencionado Gabriella Literaria esta semana. Si tú también has enlazado a mi blog en estos 7 días y no te ves aquí mencionado, ¡no dejes de avisarme! Echad un ojo, porque aquí hay material interesante:

Gracias

Y ya está bien, que es viernes. Id, celebrad y sed felices.

 


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