main

autosuperaciónescribirescrituralifehacking

Cosas inesperadas que los escritores podemos aprender de Steve Jobs (y otros recortes literarios)

septiembre 11, 2015 — by Gabriella22

workspace-766045_1920-960x640.jpg

Antes de nada, el disclaimer necesario. No soy una fangirl de Jobs, ni me gusta Apple.

De hecho, en mi familia, Apple es una palabra prohibida. Mi padre trabajó con los primeros ordenadores en Londres, con macrosistemas que ahora nos harían llorar, con lenguajes de programación que han enloquecido a más personas que los primigenios de Lovecraft. Mi hermano es un obseso del hardware, y para trabajar con hardware y modding y con personalización absoluta, el PC es el rey.

Ya. Igual se quedaron todos un poco decepcionados cuando a mí me dio por la literatura.

Hay mucho que se discute sobre la figura de Jobs. Que si fábricas de Apple en países asiáticos con empleados a nivel esclavo, que si tenía un mal genio alucinante, que si traicionó a más de uno… Etc. Sobre eso hemos leído todos. También sabemos que de joven tenía un parecido asombroso con Ashton Kutcher.

Todo esto no quita que personas como Jobs nos fascinen, tanto por su carisma como por su obvia genialidad. ¿Pero qué es realmente lo que convirtió a Jobs en un rey de multitudes, en un referente en la industria? Bastardos (si es que era tan malvadísimo como lo pintan algunos) hay por todas partes. ¿Hay algún punto en común, alguna habilidad especial que se observe no solo en él, sino en otros emprendedores del mismo alcance, personas como Richard Branson, Elon Musk, Jeff Bezos y similares?

escribirescrituraproductividadrecortes

Piensa, planifica, escribe, edita. Repite hasta morir. (Y otros recortes literarios)

julio 31, 2015 — by Gabriella12

crayons-316018_1280.jpg

En inglés hay una expresión que me encanta. No sé si hay una traducción directa a nuestro idioma.

Control freak.

Una friki del control. Alguien que necesita controlarlo todo, una micromanager.

Yo soy eso.

Ser una friki del control tiene su lado bueno y su lado malo. Es estresante. Es imposible hacerlo todo. No delegas. Es, también, señal de que no confías en nadie.

Os voy a confesar un terrible secreto: cuando delego, las cosas no se hacen como quiero que se hagan.

Horrible, ¿verdad?

Por eso me gusta tanto esto de autoeditarse. Vale, no tienes tu libro en todas las estanterías del país, por lo que probablemente vas a vender menos. Tienes que ocuparte de asuntos de los que normalmente se ocupa una editorial. Pero cada venta que ves sabes de dónde proviene, sabes a qué esfuerzos responde. Sabes qué está funcionando y qué no.

Eso es lo bueno. Lo malo, repito, es que te obsesionas. Te preocupas demasiado. Me gusta tener dos libros en movimiento: uno autoeditado y otro publicado por una editorial competente. De uno me despreocupo, más o menos. Hasta ahora mi experiencia con la editorial ha sido muy positiva (¿y cuántos autores pueden decir eso?). Con el otro me desespero: es virtualmente imposible hacer todo lo que se supone que tengo que hacer para conseguir más ventas.

Y se supone que estamos aquí para escribir. Esa era la idea.

Chuck Wendig nos lo explica muy mascadito:

Wendig y el ciclo del escritor

Con tanta promoción, interacción con lectores, blogging, networking y todas las palabras inglesas absurdas que se te ocurran, a veces se nos olvida respirar un poco y recordar para qué hemos venido a este valle de lágrimas, cocodrilos y dinosaurios que es la escritura.

Wendig lo resume bien:

chuck wendig

Piensa, planifica, escribe, edita, repite. Cada etapa lleva el tiempo que lleva. No hay reloj, no hay una pistola en tu cabeza*. Es cosa tuya decidir cuánto tiempo necesitas. Pero tómate ese tiempo. Róbale ese tiempo a otras actividades. Esfuérzate. Sé activo. Empuja, urge, gruñe, lucha, folla, escupe, consigue hacer las cosas. No te detengas. No languidezcas. No cedas a la inercia o al tedio. No caigas ante la duda o el miedo. No te pases demasiado tiempo analizando la industria. Sé un artífice, un creador, un narrador, un hacedor.

Demasiadas veces veo a escritores tirándose de los pelos porque las editoriales no responden a sus manuscritos, porque su libro no está vendiendo o porque se han atascado en una novela. No. No pares. Escribe, escribe, escribe. Para cuando esa editorial te conteste a ti ya debería darte igual porque tienes ocho manuscritos en manos de otras. Si nos quedamos en una esquina sentados y llorando a la espera de milagros, respuestas, superventas, nos estamos atascando en una parte imprescindible del proceso. Venderán los libros que menos te esperes, los relatos que escribas entre otros relatos serán los que ganen los premios. El cabrón de Murphy es así.

Varios lectores me han confesado que le roban tiempo a su trabajo para escribir. Casi parecen sentirse culpables por ello.

Todos tus compañeros están robándole tiempo a su trabajo. Para jugar al Candy Crush, para mirar Facebook, para cotillear sobre quién se está acostando con quién en la oficina, sobre quién ha matado más pterodáctilos en la salida semanal de caza. Por lo menos tu robo podría culminar en algo positivo para la humanidad (aunque eliminar pterodáctilos cuenta, creo).

Recuerda el mantra:

wendig2

Piensa.

Planifica.

Escribe.

Edita.

Repite.

Infinitas veces, hasta morir.

Todo esto encaja muy bien con la filosofía de Austin Kleon.

Kleon y cómo ser verbo en lugar de sustantivo

kleonNos cuesta mucho decir aquello de “soy escritor”. Para muchos, ni es una profesión ni es nada. Pero es taaanto más fácil decir que hacer. Decir “algún día escribiré una novela”. “Cuando termine este relato lo mandaré a un concurso”. “Mañana me pongo, seguro”.

Mejor, tal vez, simplemente callarnos y escribir.

austin kleon

Mucha gente quiere ser el sustantivo sin hacer el verbo. Quieren el título de su oficio sin hacer el trabajo.

“Olvídate de ser un Escritor —dice la novelista Ann Packer—. Haz caso al impulso de escribir”.

Libérate de aquello que intentas ser (el sustantivo) y concéntrate en el trabajo que necesitas hacer (el verbo).

Hacer el verbo te llevará a un lugar más lejano y mucho más interesante que si simplemente quieres el sustantivo.

Yo lo veo como un puente entre querer y hacer, entre potencia y acción. Ese puente puede ser intransitable, con aquello de la procrastinación, la falta de voluntad y las dudas. Pero se construye mediante la acción constante.

Decir que eres escritor tiene su importancia. Es una forma de gritarle al mundo que ahora tu prioridad es otra. Lo veo un paso decisivo. Pero más importante es hacer el trabajo, sufrir ese camino aburrido, rutinario y a veces desesperante de la entrega diaria, de la rutina amada, para alcanzar metas mucho más interesantes y lejanas, como dice Kleon.

¿Eres verbo? ¿O eres sustantivo?

Si nos concentramos en el ser por encima del hacer, a veces nos quedamos atrapados en nuestro propio ego, en nuestra propia luz. Y para eso os traigo a Aldous Huxley.

Huxley y cómo quitarte de tu propia luz

A Huxley me lo ha traído esta semana mi adorada Maria Popova, que parece que siempre sabe qué decirme, qué contarme en momentos de duda, pereza y desaliento.

aldous huxley

Tenemos que aprender, digamos, a quitarnos de en medio de nuestra propia luz, porque con nuestro ser personal (este ser que adoramos de manera idólatra) estamos siempre de pie en la luz de este ser más amplio (este no ser, si preferís), que se asocia con nosotros y al que impedimos pasar al permanecer de pie en la luz. Eclipsamos la iluminación que viene de dentro. Y en todas las actividades de la vida, desde las actividades físicas más simples hasta las actividades intelectuales y espirituales más elevadas, todo nuestro esfuerzo debería estar digirido a salirnos de nuestra propia luz.

Ya seas externalista o internalista** con esto de la conciencia y el ser, me gusta leer a Huxley desde la perspectiva de quien busca producir arte. Cualquiera que haya creado, cualquier escritor o artista, reconoce la importancia del subconsciente, de aquello que asoma bajo nuestro rígido control. Muchos hemos escrito textos derivados de nuestros sueños, de nuestras fantasías (¿acaso no es toda ficción una gran fantasía?). Todos hablamos de apagar al editor interno para escribir, no solo para poder avanzar sin que la duda nos paralice, sino porque queremos acceder a la musa, a aquello que se esconde dentro de nosotros, para poder comunicarnos que aquello que se esconde dentro de los demás. De poco nos sirve esa vocecilla repelente diciéndonos: “Gabriella, ya está bien de meter personajes LGTB en todos tus relatos, vas a aburrir a los lectores hetero” o “Gabriella, qué asco, no, no, esa cosa de sangre y tripas no la puedes poner” o “Gabriella, no, no puedes hablar de ESO. ¿Y si se dan cuenta? ¿Y si alguien se cosca de que ESO eres tú, es una parte de ti?”. Quien dice diciéndonos dice diciéndome. Qué pesadez de vocecilla, en serio. Qué ganas a veces de sacarla al patio de atrás y meterle un balazo entre ceja y… (“Gabriella, no, no puedes decir eso que van a pensar que eres una persona violenta, tú, que llorabas cuando se te moría de hambre el Tamagochi, tú que odias a las cucarachas pero no puedes matarlas porque te dan pena”).

Salgamos de nuestra propia luz. A la mierda la vocecilla, a la mierda el ego. Mente en blanco. Nada, no hay nada. Solo el tú que nadie más sabe que existe. Solo tú y la hoja en blanco.

El raciocinio dejémoslo para la planificación, la edición y los juegos a los que nos gusta jugar con nuestras tramas y personajes.

Hablando de personajes…

McGann y la técnica del parche

Hace poco di con este artículo de Kellie McGann sobre caracterización de personajes que me encantó. Siempre he dicho que me gustan los personajes que tienen algo que los defina, algo diferente. Aunque muchos de los gestos acabamos eliminándolos por concisión, en El fin de los sueños les asignamos ciertos rasgos y gestos a nuestros personajes. Anna, por ejemplo, siempre se está tocando las manos. Lleva un anillo y juega con él. El anillo es importante porque es de madera, un bien escaso en el mundo en el que vive: el anillo representa su estatus social y, a la vez, la diferencia entre ella y nuestro mundo, el que conocemos, un mundo donde un anillo de madera cuesta dos euros. Anna se coge de las manos, estira los dedos, le da vueltas al anillo. También podríamos haber usado ese anillo como parte de un misterio: ¿de dónde viene, quién se lo regaló? En el caso de Anna, sabemos que es algo heredado de su abuela (de nuevo, no recuerdo si eso lo dejamos en el libro o recortamos: madre mía la de cosas que recortamos para no convertir aquello en un tratado arquitectónico-deontológico-social de un mundo posapocalíptico), pero lo podríamos haber usado para realizar la técnica del parche. McGann nos lo explica así:

kellie mcgann

El misterio es vital en cualquier historia. Podemos empezar un libro que tenga una premisa o trama interesante, pero cuando la historia falla porque le falta misterio, lo más probable es que lo dejemos.

Darle a tu personaje un secreto o un rasgo misterioso hará que el lector siga pasando las páginas.

Un parche en el ojo no es solo algo que te haga mirar dos veces, es algo que hace que te preguntes por el trasfondo del personaje.

Trabajamos duro para intentar que esos pasados sean interesantes, pero las historias no importarán si los lectores no tienen curiosidad por ello desde el principio.

Cuando era una niña, tenía un tío que tenía un ojo de cristal. Cada vez que le preguntaba me contaba una historia diferente. A día de hoy todavía no conozco la historia real, pero sigo preguntando.

Es algo que me gusta del Joker dirigido por Nolan: siempre cuenta una historia diferente acerca de cómo obtuvo esa dantesca y espeluznante sonrisa. Es algo en lo que estoy trabajando ahora mismo con un personaje: cuenta varias historias diferentes acerca de un hecho misterioso que interesa al lector. Siempre me han gustado los narradores mentirosos (pena que ahora se hayan puesto tan de moda, ¡pierdo puntos de originalidad!). Pero no es necesario trabajar con un narrador poco fiable: solo con darle a tu personaje un detalle físico o psicológico que haga que el lector se pregunte, que quiera saber más, ya has conseguido mucho. Uno de mis ejemplos favoritos es el ojo de Ariadna en La canción secreta del mundo (ya, sí, nepotismo y enchufe, para eso tengo un blog): tiene un ojo completamente negro, nada de iris ni blanco ni nada: todo el globo ocular es oscuro. Ariadna intenta disimularlo de mil maneras, ni ella misma sabe por qué es así su ojo; el lector se muere de ganas de saber. Es una manera muy eficiente de crear intriga.

Por último, cierro con uno de mis temas favoritos. Creo que a vosotros también os gusta: productividad para escritores.

Con el maestro James Clear, cómo no.

Clear y el método Ivy Lee

Esto empieza con una anécdota. En 1918, el magnate Charles M. Schwab, presidente de una corporación bruta de productores de acero, tuvo una reunión con el respetado asesor de productividad (sí, eso existía en 1918) Ivy Lee, pionero sobre todo en el campo de las relaciones públicas. Dicen que Schwab le solicitó una manera de que su equipo “consiguiera hacer más cosas“. Lee le pidió quince minutos con cada uno de sus ejecutivos y le dijo que no le cobraría nada: que al cabo de tres meses Schwab podía pagarle lo que considerase justo.

No es una forma muy inteligente de hacer negocios, creo, y tal vez sea embellecimiento de la historia. Pero cuando tienes esta mirada sabes que nadie escapa de tus redes, nunca:

ive lee
Ivy Lee, acojonando a ejecutivos desde principios del siglo pasado.

A los tres meses, Schwab, bastante alucinado con los resultados, le pagó 20000 dólares de entonces, equivalentes a unos 365000 euros de ahora (según Clear, de mis matemáticas no os fiéis. Nunca).

Este fue el método que propuso Ivy Lee:

  1. Al final de cada día de trabajo, apunta las seis cosas más importantes que necesitas hacer al día siguiente. No escribas más de seis tareas.
  2. Ordena estas seis tareas por orden de importancia.
  3. Al llegar trabajo al día siguiente, concéntrate solo en la primera tarea. Termina la primera tarea antes de pasar a la segunda.
  4. Trata del mismo modo el resto de la lista. Al final del día, pon cualquier tarea no terminada en la lista de seis tareas para el día siguiente.
  5. Repite este proceso cada día laboral.

La eficiencia de este sistema se basa en su simplicidad, en su carácter limitador y en la importancia que le da a la monotarea y al enfoque. Al final, como veis, se trata de una cuestión de prioridades. Si quieres escribir, tendrás que convertirlo en una prioridad. Y te las vas a ver y desear para decidir qué eliminas de esa lista para que entre la escritura. Vas a tener que aprender a eliminar lo superficial, a decir que no, a dejar de preocuparte por lo que no te atañe.

Suena fácil, ¿verdad?

Todos sabemos que no lo es.

También insiste Ivy Lee en concentrarse en una sola tarea. Justo lo que no estoy haciendo yo, escribiéndoos y mirando Twitter y Facebook y el email y agobiándome por no saber a qué hora acabaré.

No hagáis como yo; haced lo que yo os digo. Una cosa a la vez. Solo las cosas importantes. Las que merecen la pena.

Pensar, planificar, escribir, editar.

Así, hasta la muerte.

 


*Aunque la hay, siempre la hay.

**No he encontrado buenos enlaces en español para explicar el tema del externalismo y el internalismo desde el punto de vista de la cognición. Si leéis en inglés, la Wikipedia tiene un resumen bastante más locuaz aquí.


Si te ha gustado este artículo, acuérdate de compartirlo. También puedes apuntarte a mi lista de correo (envío artículos que son solo para mis suscriptores, solo dos veces al mes). Y si te gusta el contenido del blog en general y quieres leer más cosas mías (o simplemente echarme una mano), prueba a hojear alguno de mis libros:

70 trucos para sacarle brillo a tu novela70 trucos para sacarle brillo a tu novela: Corrección básica para escritores. ¿Has escrito una novela o un relato y no sabes cómo enfrentarte a la revisión? ¡Yo te ayudo! Disponible en Amazon.

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!).

  • Puedes leer un avance gratuito aquí.
  • Puedes leer reseñas aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y hasta en 20 Minutos, aquí.
  • Si tienes un blog o web de reseñas y te apetece leer y reseñar este libro, puedes pedirme un ejemplar de cortesía en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com.

Puedes ver más libros míos aquí.

 

escribirescriturapersonalrecortes

¿Es posible escribir demasiado? (Y otros recortes literarios)

mayo 15, 2015 — by Gabriella12

eraser-316446_640.jpg

Voy a empezar este artículo de viernes hablando de mí.

Sí, voy a hablar de mis libros. No os vayáis, os aseguro que esto viene a cuento.

Quiero hablar del peligro de escribir demasiado.

Porque, qué le vamos a hacer, creo que soy un buen ejemplo de eso. Soy un ejemplo de que sí, es posible escribir demasiado. Sobre todo si no corriges a la par.

Todos los que lleváis un tiempo siguiendo el blog sabéis que llevo meses trabajando en mi siguiente libro: un compendio de relatos llamado Lectores aéreos*.

Lectores aéreos ha superado por fin su fase última de corrección y ahora está a la espera de una última revisión por parte de mi muy sufrido lector cero absoluto (ya sabéis, la temperatura a la que mueren todo ser vivo y las ilusiones de un escritor). Está ya en la parte divertida de empezar a lidiar con la conversión a ebook, una parte que voy a llamar, simplemente, “problemas técnicos”.

Puede parecer que este libro lleva mucho tiempo en preparación y así es. Las correcciones son ratos de trabajo que robo de entre los entresijos de la nada que es mi tiempo libre. Una vez escrito un texto, puedo pasar muchos meses intentando darle todas las revisiones y reescrituras que necesita.

La revisión es peligrosa. Primero, porque soy correctora y eso hace que sea mucho más obsesiva con la forma de lo que lo son muchos de los escritores que conozco (esto también me convierte en una lectora insufrible. Creo que por eso leo tanto en inglés, por no tener que atizarme con la tablet en la cabeza cada vez que veo un gerundio mal usado o una metáfora sin sentido). Segundo, porque escribo demasiado.

¿Se puede escribir demasiado? Sí, se puede.

En los momentos en que redacto esto, mientras Lectores aéreos espera sus últimas anotaciones, estoy en el proceso de corrección de una novela cuyo borrador terminé el año pasado, tal vez antes. Tengo escritas y sin corregir dos novelas cortas más. Además, llevo más de 40000 palabras de otra novela nueva. (Ah, no os he hablado de otra novela terminada que está dando vueltas por editoriales, ni de otro borrador terminado y… mejor paro).

poesíarecortes

Sowden, Domènech, Hessler, Tilsley. Recortes de la semana

marzo 20, 2015 — by Gabriella2

xyz5.jpg

Esta semana también ha sido movida, pero he conseguido rapiñar algunas notas que creo que son de interés. Para más enlaces y contenidos, ahí tenéis la página de Facebook, donde voy compartiendo todo lo que me llama la atención y que creo que podría gustaros.

Ahí van los extractos de lo que he ido leyendo y rumiando estos últimos días:

Mike Sowden y el horror de que las cosas empiecen a funcionar

Es su artículo en Fevered Mutterings sobre el ciclo de confianza/desconfianza en sí mismo del emprendedor, el escritor de viajes Mike Sowden habla del último punto, aquel donde nos quedamos paralizados por algo imprevisto: la alucinante posibilidad de que algo funcione.

sowden

De repente algo empieza a funcionar, de una manera que no puedes ignorar. Y, enfrentado a esta evidencia, tu corazón lo celebra junto con el resto de tu cuerpo (y empieza a propornerte algunas ideas salvajes, que probablemente deberías apuntar), pero luego, al rato, dice: “Bueno… bueno, vale. Parece que ha pasado. Pero eh, seamos realistas. ¡Es casualidad! Un buen premio de lotería, pero no seas tonto. Huye mientras puedas. CORRE. ¡AHORA! ¡HUYE, IDIOTA!

A veces que las cosas funcionen y vayan bien es tan estresante y difícil de asimilar como cuando van mal. Tenemos miedo. Miedo a confiarnos y a que todo sea una gran broma de los dioses, justo antes de mandarnos ese rayo gigantesco que destruye a nuestra casa y toda nuestra familia.

Ahora que el blog está creciendo de forma exponencial, reconozco que yo también tengo algo de miedo. Miedo a que sea algo casual, a que algo vaya horriblemente mal y desaparezcan las visitas, o a que me pase cualquier cosa que me impida actualizar y todo el mundo se aburra y se marche, a que todo sea una gran pérdida de tiempo y trabajo. Empiezan, como en cualquier página con cierto afluencia, los comentarios desagradables, las críticas sin mucho sentido, mi síndrome del impostor. Hay una voz persistente que murmura que todo esto se va a quedar en nada y que moriré de hambre en una esquina. Pero esa voz nace de muchas experiencias que decidí, en su momento, interpretar como negativas, sin querer verlas desde otra perspectiva mucho más útil: como escalones de aprendizaje por los que poder ir subiendo poco a poco.

y la sabiduría de las moscas

En su excelente análisis de las nuevas formas de prescripción literaria, Bernat reflexiona sobre la media, la estadística, la opinión de la mayoría y la recomendación horizontal. Habla del enfrentamiento entre la potestas, el poder coercitivo de unos pocos, y la auctoritas, la autoridad que otorga una comunidad cuando reconoce en alguien cierta capacidad (en la literatura actual, se trataría de la crítica oficiosa de toda la vida, de periódicos y suplementos culturales, frente al poder de la masa, representada por blogueros, reseñistas de redes literarias y etc.). Bernat se queda con lo segundo; como él dice, el criterio de la mayoría no es infalible (ni mucho menos), pero se acerca más a la media, al cálculo real. Vamos, que mejor un bombardeo de información para que cada uno se haga su opinión propia, que seguir a rajatabla la prescripción de unos pocos, controlados con mano firme por determinados intereses en vertical:

domenech

Peter Hessler y la permanencia frente al cambio

En un artículo brillante sobre su experiencia como escritor publicado en China, el autor Peter Hessler habla de la censura y de sus paradojas, y del rápido cambio de mentalidad en aquel país. El artículo entero no tiene desperdicio, pero tal vez sea este mi párrafo preferido:

Peter Hessler

El tema que una vez me preocupó, aquella representación clara de la pobreza, ya no parecía ser un tema sensible, por la rapidez con la que había cambiado China. “Con la distancia del tiempo ―me escribió Emily, en 2011―, todo lo que había en el libro resulta encantador, incluso esas flores sucias y cansadas”. En la gira que tuve hace poco, los periodistas con frecuencia hablaban de nostalgia, y decían que el paso implacable de la vida en China hacía que fuera difícil documentar este tipo de cosas. “A veces, en China, tienes una sensación de ahogo, y es difícil notar todas estas cosas”, me dijo Zhang Lijiao, un reportero de Beijing para el Diario de la Juventud China. “A lo mejor, como eres extranjero, puedes estar un poco separado. Tal vez es más fácil estar quieto. Tenemos una frase, yi bubian ying wanbian (puedes sobrellevar el cambio si sigues siendo el mismo). Si no te mueves, notas todo lo que se mueve a tu alrededor”.

Hessler también habla de cómo su traductor original (un colega profesor que fue obligado por el gobierno chino a traducir una sección de su libro) se convirtió después, gracias a traducciones posteriores, ya para Hessler, en un traductor de inmenso éxito, debido a que, por su falta de formación profesional como traductor, mantenía la afición por un lenguaje más clásico, menos “rápido”, que encantó a una nueva generación, ilusionada por el futuro pero a la vez nostálgica de lo que sus padres y abuelos habían visto y descrito. Tal vez es esta historia del traductor la que más me emocionó del artículo: de cómo alguien destacó precisamente por su amor y respeto al lenguaje.

La poesía cuántica de Joanna Tilsley

Descubrí a esta bióloga y poeta gracias a un artículo en Brain Pickings, y me declaro muy fan. Una de las cosas que me encanta de Maria Popova, la redactora de Brain Pickings, es su ojo para encontrar a talentos desconocidos, además de saber reinterpretar y analizar a los grandes de siempre. Maria nos cuenta como Tilsley realizó un compendio de 30 poemas (uno por día del mes del NaPoWrimo, como el NaNoWriMo pero con poesía) inspirados por conceptos científicos. Su trabajo artístico, esa recopilación de imágenes antiguas e ilustraciones olvidadas de todo tipo de manuales y científicos, es realmente espectacular. A continuación os dejo un ejemplo, con una muy pobre traducción que no le hace ninguna justicia, pero que os dará una idea de la belleza de las composiciones. Lo he elegido sencillamente porque era el más fácil y rápido de traducir, pero os animo a que le echéis un ojo al resto de los poemas:

Joanna Tilsley

Todo lo demás tiene su yin y su yan

pero tú… ¿qué tienes tú?

Tu singularidad geodésica no da cuartel.

¿Cómo es que eres inifinitamente vasto

e infinitamente pequeño?

¿Es este el punto en el que los magos pierden su cordura?

(XYZ/05 Agujero negro)

Siempre me ha fascinado la combinación de elementos aparentemente fríos y matemáticos con la subjetividad de la poesía, y es algo que estoy intentando aplicar a algunos de mis poemas más recientes, por lo que este libro de Tisley, quien escribe bajó el pseudónimo de xYz, me parece una auténtica maravilla. Los vende en su tienda de Etsy (¡sí, creados a lo casero!). Va derecho a mi lista de los deseos.

Y eso es todo por hoy. Ya sé que hoy he sido más breve, estoy segura de que encontraréis en vuestros corazones un hueco diminuto para perdonarme.