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Mis mejores lecturas de 2018

diciembre 27, 2018 — by Gabriella8

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Los mejores libros de 2018. Los gifs óptimos de gatos de 2018. Los mejores pedos públicos de políticos de 2018.

Cabe la pequeña posibilidad de que ya haya bastantes listas de lo mejor del 2018 ahí fuera.

Muchos ya seguís mis lecturas (y las de mi coautor, José Antonio Cotrina), en el boletín que ofrecemos para amantes del fantástico, Lo extraño y lo maravilloso.

Así que este artículo sobra.

Pero por alguna razón que no termino de entender, cuando hice una encuesta en Twitter y os pregunté de qué queríais que fuera mi último artículo del año, la cosa salió así:

Como veis, la disputa entre este artículo y un vídeo nuevo de Lechuguita*, asexora literaria, fue terrible y descarnada. Pero al final ganaron los libros.

Y yo mantengo mi nivel en Twitter de fiabilidad, cultura, dignidad, saber hacer e inteligencia social.

Que probablemente no sea muy alto.

Mis lecturas FAVORITAS de 2018:

lo mejor, lo interesante y lo confuso

Anotaciones

  1. Antes ponía estrellitas a los libros que leía en Goodreads. Ahora enumero los libros leídos y a veces dejo comentarios, pero no suelo poner “nota”. Prefiero hablar de lo que me apasiona y de lo que no, sin entrar en valoraciones con numerito, que, al fin y al cabo, son muy limitadas y subjetivas (y que, además, por empatía con otros escritores, me incomodan).
  2. Leo mucho en inglés, por la sencilla razón de que prefiero leer una obra que me interesa en su idioma original y, para bien o para mal, mucho de lo que me interesa sale del mercado angloparlante. Eso no quita que aquí tengamos obras magníficas y que yo haga un esfuerzo por alternar lecturas en un idioma y otro.
  3. En caso de haber leído el libro en inglés, incluyo entre paréntesis enlace a su publicación en nuestro idioma, de haberla. Todos los enlaces llevan a Amazon, porque soy afiliada, pero evidentemente sentíos libres de adquirir las obras que os interesen en vuestra librería de barrio, gran superficie o ultramarinos intergaláctico de preferencia.
  4. Sí, este año he descubierto el audiolibro y ha sido a-lu-ci-nan-te, si bien (por ahora) prefiero este formato solo para no ficción. Empecé con Audible, el servicio de Amazon, pero ahora estoy probando Storytel (bastante más barato) y no tiene mala pinta. También tengo pendiente Sonolibro, donde no es necesaria suscripción, para audiolibros en nuestro idioma.
  5. No incluyo aquí lecturas “de trabajo”. Por ejemplo, La sociedad de la libélula de Ana González Duque no está, aunque salió este año, porque trabajé con ella en el borrador y todavía no he leído la versión final.
  6. Este año he conseguido cumplir mi objetivo de leer 30 obras, pero he decidido que hablar de todas ellas sería larguísimo, aún más largo que el artículo que traigo hoy, que ya es largo, larguísimo. Además, tampoco tiene mucho sentido hablar de libros que no me han entusiasmado.
  7. Ojo: son las mejores lecturas que he disfrutado en 2018, pero eso no significa que hayan salido estos libros en el 2018.
  8. Así que ahí va mi top 20, de bueno a muy rebueno. El 1 es el más fantabuloso de todos.

Vamos a lo que vamos: ante ustedes, los libros.

20. The Quarry, de Iain Banks

mejores lecturas 2018

Banks probablemente no haya escrito nunca un mal libro, pero este no es de los mejores. Falta algo de la profundidad de sus grandes obras (y un final mejor construido) pero es ameno, está lleno de diálogos magníficos y de personajes (demasiado) redondos. Puede hacerse caduco (y localista) por sus referencias a eventos políticos de su momento, pero no creo que decaiga mucho en cuanto a presentación de escenas y protagonistas. El horror que esconde esta obra, no obstante, es evidente: Banks escribía esta obra sobre un hombre que se muere de cáncer (y la reacción de los que lo rodean) cuando se enteró de que él, también, moría de cáncer.

19. Desconocidos, de David Lozano

mejores lecturas 2018

Un thriller juvenil que te tendrá agarrado del asiento hasta el final (o del angelico que se sienta a tu lado, si lees en el autobús). La prosa de Lozano es elegante y la trama está construida con ingenio; los personajes están retratados con realismo y afecto. Este es un pasapáginas de calidad que se disfruta con avidez. Es difícil hablar de libros de amigos con objetividad, pero por suerte con David no tengo ese problema. Escribe bien, conoce a su público y sabe mantener al lector (muy) enganchado.

18. The Geek Feminist Revolution (La revolución feminista geek), de Kameron Hurley

mejores lecturas 2018

Este libro de ensayo de Hurley fue mi primera experiencia con un audiolibro y he de decir que me conquistó. La narradora que eligieron en Audible era perfecta para la lectura: su forma de hablar es curiosamente similar a la de la autora, a la que tuve el placer de entrevistar este año en el Espacio Fundación Telefónica, en el marco del festival Celsius, junto a Laura Fernández. Pero me interesa hablar de este libro en relación, sobre todo, con el siguiente de la lista:

17. Bad Feminist (Mala feminista), de Roxane Gay

mejores lecturas 2018

La revolución feminista geek es un comentario estupendo que nos acerca al mundo del feminismo en el entorno cultural pop de nuestro tiempo. Reflexiona sobre problemas que a todos nos suenan: la permisividad frente al comportamiento de algunos autores, el acoso que puede llegar a sufrir una mujer en internet (más si se atreve a hablar de ciertos temas), el rechazo de parte del fandom hacia la mujer geek en general… y tanto más. Mi única queja es que Hurley utiliza un tono algo simplón y repetitivo (después de todo, el compendio es de artículos de blog) y que me habría gustado un poco más de profundidad en algunos de los asuntos que trata. Por ello, fue fantástico leer después a Roxane Gay, cuyo Bad Feminist se complementa a la perfección con los ensayos de Hurley, ofreciendo un feminismo menos restrictivo, más interseccional, y una perspectiva algo más academicista.

16. Purity (Pureza), de Jonathan Franzen

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Pureza es una gran novela que tiene la desgracia de venir de la pluma de un autor que tiene novelas mucho más grandes. Podemos aprender mucho de sus logros y errores, e intento explicar eso aquí.

15. The 48 Laws of Power (Las 48 leyes del poder), de Robert Greene

mejores lecturas 2018

Si estás pensando en invadir un país, derrotar a tus enemigos o seducir a tu rey, este libro es para ti.

Greene ofrece una obra divertidísima (por mucho que insista al principio en que nos la debemos tomar en serio), repleta de anécdotas de la historia que muestran de qué manera determinados individuos han conseguido obtener y mantener el poder, ese objetivo máximo del humano ambicioso e inmoral. Si quieres vivir a partir de ahora con la paranoia constante de que los demás te están manipulando, seduciendo y utilizando para sus propósitos maléficos, dale una oportunidad a esta obra.

14. On Chesil Beach (Chesil Beach), de Ian McEwan

mejores lecturas 2018

Conoceréis a McEwan probablemente por Expiación, porque hubo peli y esas cosas que permiten que nos suene más un autor. On Chesil Beach es una novela corta, una pequeña preciosidad sobre las consecuencias de la mala comunicación, una sociedad opresiva y el resentimiento en una pareja. Muy recomendable, con un final exquisito.

13. The Subtle Art of Not Giving a F**k (El sutil arte de que [casi todo] te importe una mierda), de Mark Manson

mejores lecturas 2018

Siempre me río cuando veo la versión española de este libro en las tiendas, ya que le han puesto el subtítulo de Un enfoque rompedor para alcanzar la felicidad y el éxito. Será por marketing de ese absurdo, porque el libro va, precisamente, de que la vida no va de alcanzar la felicidad y el éxito, y que ese impulso nos está destrozando. Están intentando vender el libro antiautoayuda por excelencia como libro de autoayuda. No me extraña que las reseñas en nuestro país hayan sido bastante tibias.

Tiene otro problema: esta obra no es más que un extracto del contenido del blog de Manson. Realmente no sé qué puede significar para alguien que no sea seguidor de este bloguero. Yo llevo leyéndolo desde hace años y su web es de una calidad espléndida. Me decepcionó un poco el libro, porque esperaba más contenido inédito. La mayor parte la tenía ya más que leída. No obstante, solo por recompensar un poco las horas deliciosas que me han dado sus artículos, pagué por el libro muy encantada.

12. The Bird’s Nest, de Shirley Jackson

mejores lecturas 2018

Ah, qué bien escribe la Jackson y qué personajes tan esperpénticos y adorables presenta. La Shirley entra aquí en el farragoso terreno del trastorno de personalidad múltiple y, pese a un ritmo desigual, produce una historia llena de pistas, símbolos y capas (y más de un misterio). Delicioso.

11. The Stars are Legion (Las estrellas son legión), de Kameron Hurley

mejores lecturas 2018

La originalidad de Hurley es aplastante. El mundo extremadamente biopunk y weird que crea es mi mierda. Prometo que hay una escena en concreto que me recuerda muchísima a una escena de Crónicas del fin. No me enamoré demasiado de los personajes (que para mi gusto rozan a veces el melodramatismo) y la trama no me pareció muy redonda, pero da igual, porque es que no hay página en la que no aparezca algo que me haga decir OJALÁ YO HUBIESE ESCRITO ESO.

Ci-fi raruna con tecnología asquerosita. Un placer intenso.

10. Arañas de Marte, de Guillem López

lecturas 2018

No me gustó el final de Arañas de marte y me sentí algo engañada, a decir verdad. Había tantos elementos, tantas posibilidades… pero ahí está el juego. El final tiene todo el sentido que tiene que tener (pero no esperas que te satisfaga). La obra crea una experiencia que, desde el raciocinio, funciona (con complejidad y acierto), pero que sospecho no termina de crear el resultado emocional que muchos lectores necesitan/necesitamos. Me ha hecho reflexionar mucho sobre la exigencia que tenemos de que se cumplan ciertos patrones narrativos, probablemente por ese molesto efecto Zeigarnik que quiere atar todos los hilos e hilar todos los signos.

Por supuesto, sobra decir que el estilo de Guillem se mantiene a un nivel superheroico en este libro. Sobra decirlo, pero lo digo de todas maneras.

9. Hellblazer: Dangerous Habits (Hellblazer: hábitos peligrosos), de garth ennis et al.

mejores lecturas 2018

Constantine está en su mejor momento cuando se enfrenta a conflictos insondables y decide que bueno, que les den a todos, que hasta a la mismísima muerte se le puede engañar. Este tomo incluye la que probablemente sea la escena más emblemática de Hellblazer, ese momento en que consigue jugársela al mismísimo Infierno, pero yo me quedo con el instante de hundimiento total y depresión del espabilado de John.

mejores lecturas 2018

Demasiado por hacer y nada que hacer se pueda.

8. THE PAYING GUESTS (Los huéspedes de pago), Sarah Waters

lecturas favoritas 2018

El padre de Frances básicamente murió de estrés y sus hermanos perecieron en la Primera Guerra Mundial. Vive con su madre en una casa vieja, llena de deudas, así que va tocando meter a unos inquilinos en el piso de arriba, ahora vacío. Pero la pareja que ocupa dicho piso es muy especial. Sobre todo la mujer, Lilian. Desde el momento en que Frances se fija en esos gemelos bien bonitos que se ocultan bajo las medias de su nueva inquilina, sabemos que aquí hay salseo seguro.

7. Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enríquez

mejores lecturas 2018

Mariana ofrece algunos relatos excelentes (El carrito, El aljibe, Dónde estás corazón) con otros buenos. Estilazo tremendo el de la Enríquez: cada párrafo es un rebujito burbujeante de palabras usadas en el lugar exacto. Conseguí que me firmara este libro en el festival Celsius (no en la firma oficial, qué os creéis, sino en un bar, como debe ser), pero con los nervios admiradores se me olvidó decirle que incluyera a José Antonio en la dedicatoria y sospecho que a día de hoy no me ha perdonado. José Antonio, quiero decir. A Mariana dudo que le importe.

6. A Brief History of Seven Killings (Breve historia de siete asesinatos), de Marlon James

mejores lecturas 2018

No he visto la traducción de este libro al castellano ni sé quién ha afrontado tamaña odisea, pero me gustaría encontrar a esa persona, invitarla a un café y darle un abrazo, si es que a día de hoy está en condiciones mentales de abandonar su habitación.

La obra de Marlon James no es para mentes livianas. Sobra mucho, mucho del libro. Hay tanto que no aporta nada… Y sin embargo los personajes se mueven en una red compleja de caracterización que en realidad esconde a la verdadera protagonista: la ciudad de Kingston, Jamaica. Violencia, más violencia y, a veces, solo a veces, una promesa y un pequeño atisbo de esperanza. Este libro me dejó una resaca monumental.

5. Brooklyn (Brooklyn), de Colm Tóibin

mejores lecturas 2018

Brooklyn fue la aspirina perfecta para quitarme la resaca de Marlon James. Chica pobre irlandesa consigue la oportunidad de su vida: marchar al nuevo mundo y trabajar como dependienta en unos grandes almacenes. Allí conoce a un chico de familia italiana, empiezan a salir juntos y… bueno, dejémoslo en que la historia no es tan sencilla como podría parecer. El final hizo que muchos aborrecieran el libro, pero a mí me parece absolutamente perfecto.

4. Atomic Habits, de James Clear

mejores lecturas 2018

Ay, que amo al señor Clear. Ya os sabéis por aquí muchos mi historia: mi vida cambió cuando empecé a implementar hábitos diarios, sobre todo el de la escritura. En Atomic Habits, James Clear explica el proceso de formación del hábito y cómo utilizar los microhábitos para adquirir la disciplina que no sabías que tenías. Para los que, como yo, no tenemos fuerza de voluntad ni nada que se le parezca, todo este proceso es fabuloso.

Clear narra su propio audiolibro y no es tan bueno como Godin o Gaiman, pero su lectura es correcta y este será uno de esos libros que seguramente escucharé otra vez.

3. Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas

lecturas de 2018

Si solo lees un libro este 2019 que llega, lee este.

A no ser, claro, que no te guste Cádiz, que no tengas sentido del humor, que no te interesen los vampiros o que desconfíes de textos escritos con maestría cañadiense.

2. This is Marketing, de Seth Godin

mejores lecturas 2018

Por favor: que traduzcan rápido este libro, que necesito que lo lean TODOS los escritores del mundo. Si el marketing te parece un invento del diablo, o si crees que hacer marketing es gritar “compra mi libro” en todos los grupos de Facebook que pillas, adquiere esta obra de arte.

Godin ha sido una de mayores influencias en mi carrera como escritora. Gracias a él entendí la importancia de diseminar las buenas ideas, la importancia de servir a un público y entender sus necesidades, y, sobre todo, lo apasionante que puede ser el marketing “bueno”, el marketing ético (sí, eso existe): el marketing de la atracción. Este libro resume lo mejor de sus conceptos, mentalidad y escritos. Esta obra es revolucionaria y he disfrutado cada palabra.

1. The View From the Cheap Seats (La vista deSDE LAS ÚLTIMAS FILAS), de Neil Gaiman

mejores lecturas 2018

Gaiman ha escrito un libro para mí. Ha escrito un libro… bueno, en realidad ha recopilado un montón de cosas que escribió para mí. Prefacios, presentaciones, conferencias y ensayos. Un buen montón de artículos dedicados a lo mejor de mi vida friqui. Sí, he llorado (como una mocosa). He reído, también. Sí, habla de Pratchett y de Diana Wynne Jones y de Clive Barker y de Douglas Adams y de tantos otros autores con los que me he criado. Con la misma pasión con la que lo haría yo, si tuviera su pluma.

Y por si eso fuera poco, este libro lo escuché en audiolibro y lo leía él mismo. Gaiman no es solo un escritor excelente, es un locutor extraordinario.

¿Sabéis qué me emociona de este libro?

Que Gaiman no sufre de comparacionitis. No hay envidia, ni crítica ni desprecio. Gaiman no habla de lo que no le gusta, habla de lo que adora y le maravilla. Transmite un afecto extraordinario por los libros y autores de los que habla. Y eso es lo que hace que este sea mi libro del año. Me recuerda que no hay nada tan alucinante (sobre todo en este mundo tan lleno de estímulo agresivo, de sesgo negativo) como la pasión por el arte, por los libros, por los buenos creadores.

Me recuerda que es muy importante hablar de lo que amamos.

¿Qué opináis?

¿Hablamos un poquito menos de lo que odiamos… y un poquito más de lo que nos entusiasma?

Menciones de honor

Me veo en la obligación moral de incluir algún libro más, pero no los incluyo en la lista general, porque estarían todos en el número 1, pugnando, y me acusaríais de nepotismo, porque son del señor Cotrina. Pero necesito hablar de ellos.

La deriva

mejores lecturas 2018

Realmente no leí este libro este año, sino que devoré el manuscrito el año pasado, pero lo meto en 2018 ya que ha sido su año de publicación. No hay mucho que pueda decir, porque sencillamente me parece una pasada. He leído algún comentario que opina que es más lento que otros libros de José Antonio y estoy de acuerdo, pero no entiendo muy bien qué tiene eso de malo: el ritmo es exactamente el que tiene que tener. Es un libro a rebosar de detalle, un estudio fantástico sobre la naturaleza humana y, por supuesto, un homenaje al sentido de la maravilla.

Y tiene uno de los finales más espeluznantes que le he leído. Su impacto no es como el de La canción secreta del mundo o El ciclo de la Luna Roja: no funciona de la misma manera. Se te mete en la cabeza y las implicaciones se van deshilando poco a poco. Es un libro que te deja incómoda, pensativa. Esta es una obra realmente especial.

El ciclo de la Luna Roja

mejores lecturas 2018

Menuda historia tengo yo con esta trilogía. Leí las primeras entregas, La cosecha de Samhein y Los hijos de las tinieblas, hace mucho tiempo, mucho antes de que José Antonio y yo fuéramos pareja. El día en que nos… ejem… hicimos pareja, le entregué mis notas sobre el manuscrito del tercer libro: La sombra de la luna. Sí, este ciclo tiene recuerdos muy emotivos asociados. Cuando recuperó los derechos de la trilogía, tras pasar por las manos de varias editoriales, decidimos reeditarlo nosotros mismos. José Antonio le dio una buena revisión e hicimos las maquetas, contando con la muy estupenda Libertad Delgado para las cubiertas. El día en que le pedimos a Libertad hacer las cubiertas de esta nueva versión, nos dijo que sí antes de que terminásemos la pregunta. Y es que es un libro importante para los tres.

Esta historia de supervivencia, de amor y de heroísmo, de tragedia y magia, es realmente sobre Rocavarancolia, una ciudad tremenda llena de portentos y monstruos, adonde llegan doce pobres adolescentes terrestres, engañados de mala manera. Se las verán y desearán para sobrevivir. Solo saben que tienen que aguantar hasta que llegue la Luna Roja, pero nadie tiene ni p******a idea de qué narices pasará entonces.

Y no, por supuesto que no todos aguantan.

Vais a llorar, os lo prometo.

La trilogía se compone de:

  1. La cosecha de Samhein
  2. Los hijos de las tinieblas
  3. La sombra de la Luna (en preventa: saldrá el 25 de enero en papel y digital)

Dentro de unos meses tendremos listo además El libro de Rocavarancolia, un cuarto libro a modo de epílogo que incluye todos los cuentos que creó el autor en años posteriores a la publicación original de la trilogía (¡y material que no se ha llegado a publicar hasta la fecha!).

(¿Os he prometido ya que vais a llorar?).

Ahora tengo que irme.

Tengo que leer más libros y escuchar más audiolibros y publicar más cosas.

(En serio, lloráis seguro).

Hola, 2019.

 


*Habrá vídeo nuevo pronto, ¡prometido!



Créditos:

Imagen de cabecera de Zinaida Zaiko en Shutterstock.

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Las 8 verdades terribles del panda de la decepción

octubre 17, 2018 — by Gabriella11

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Ayer vino a visitarme el panda de la decepción e insistió en que os hablara de él.

El panda de la decepción me acobarda bastante, así que tuve que hacerle caso.

Este oso blanco y negro tan poco simpático no es una creación mía, sino del bloguero y autor Mark Manson, y lo descubrí en su libro El sutil arte de que (casi) todo te importe una mierda. Escuché el audiolibro en inglés y otro día ya hablaré de la obra en sí. Libertad Delgado tiene un vídeo sobre el tema que podéis meter en marcadores: no vayáis a verlo AHORA, que os estáis leyendo mi artículo.

NO LA MIRÉIS. QUE NO OS DISTRAIGA DE MI SAPIENCIA.

No os dejéis amedrentar por el subtítulo que le han puesto al libro de Manson en cristiano:Un enfoque rompedor para alcanzar la felicidad y el éxito“. No es una buena traducción del subtítulo original (A Counterintuitive Approach to Living a Good Life), y de hecho parece proclamar justo lo contrario de lo que proclama el libro (que tanta búsqueda de felicidad y éxito nos está, de muchas maneras, destrozando). Cosas del Marketing del Lado Oscuro.

Pero hablaba del panda, no de traducciones ni de Mark.

El panda de la decepción es lo mejor que te puede pasar

El panda de la decepción es un superhéroe. No el superhéroe que queremos, sino el que necesitamos. La función de este osito adorable con capa y antifaz es ir de puerta en puerta diciéndole a cada persona esa gran verdad que lleva negando toda su vida. Por ejemplo, el panda podría decirte que tu novia está buscando algún modo de cortar contigo. Lo sabes, pero crees que si lo ignoras, ese problema desaparecerá. Podría decirte que diez minutos de vez en cuando en fin de semana no te van a servir para escribir una novela. Podría decirte que tu poesía es mala. O que otra copa más sí te va a hacer daño. Cualquier cosa tremendamente obvia que tú, sin embargo, eres incapaz de ver.

El panda de la decepción es brutal, pero tal vez es lo mejor que nos podría pasar. Porque el panda no busca humillarnos ni hacer que nos sintamos mal. Tampoco busca, como un trol de internet cualquiera, tocarse un poco pensando en como nos ha hecho llorar. El panda es sabio y verdadero; el panda conoce aquello que nos hará libres. Es difícil diferenciar al panda de la decepción de mentira del auténtico, porque todos llevan capas y antifaz.

A mí me ha visitado el panda alguna vez y el tipo es un cabroncete de cuidado. ¡Qué daño hace! Pero es daño del que sana, del que hace que a la larga todo sea mejor.

Yo también he intentado ser panda a veces, siempre con mucho cuidado.

De cómo Gabriella se convirtió en un panda

(con un 10% de chistes sobre su peso y orondez voluptuosidad)

Solo soy panda si estoy convencida de que tengo, aunque sea, parte de razón, basándome en experiencias que no solo he vivido, sino que he observado de manera constante en otros, con datos verificables al respecto. Busco ahorrar a la otra persona esa desgracia que veo venir hacia ella, como un camión a 250 por hora.

No me ha ido muy bien.

panda de la decepciónParezco adorable, pero vengo a destruir tu realidad.

Nadie quiere oír que lleva haciendo algo de forma equivocada los últimos cinco/diez/veinte años de su vida (yo tampoco, por cierto). He perdido clientes por negarme a formar parte de su visión chiripitifláutica de la realidad. Si quieres que alguien te diga que vas a vender cien mil libros echándole un par de horas a la semana y solo llevando a cabo tareas que te gustan, mejor búscate a otra panda… digo asesora.

Por supuesto hay gente que sí escucha (y actúa en consecuencia). Hay algunos casos de éxito que me hacen sonreír. No son muchos. Como dijo Steve Scott, uno de los autores que más ha vendido como autopublicado en los últimos años: cualquiera puede hacer lo que él hizo, pero la mayoría de la gente no está dispuesta a trabajar tanto como él.

Tiene algo de razón: Scott analiza problemas cotidianos de la gente, se documenta a saco, y publica libritos cortos y baratos con soluciones. Tiene libros sobre todo tipo de cosas, desde cómo implementar el hábito del ejercicio a cómo utilizar Evernote de forma eficiente. Lleva haciendo eso desde hace más de diez años. No todos estamos dispuestos a invertir las horas diarias que invierte Scott durante más de diez años. Y es que, como él asegura:

Cosas como la ley de la atracción, El secreto y la idea de que “todo lo que tengo que hacer es pensar de forma positiva y todo será genial” están limitando nuestra capacidad para vivir mejor.

Todos asentimos, serios, y pensamos que a nosotros nos encantaría un panda de esos, que nos dijera la cruda realidad, porque es muy difícil reconocerla. Pero no somos conscientes de nuestro propio estado de negación.

Dicho esto, y con todos los disclaimers por delante de que en realidad no sé una patata, que solo suelto por aquí cosas que me habría gustado que me dijeran a mí en su momento (porque me habría ahorrado mucho tiempo y energía), me gustaría intentar ser panda de la decepción un ratito, si me dais permiso. No porque me guste (bueno, un poquito sí me gusta), ni porque tenga hechura moral para ello, sino porque es práctico para mí. Cada vez que alguien me mande un email lleno de “si lo visualizo mucho y sigo mis sueños, seré millonario”, podré ponerle este enlace.

Confieso también que esta es una suerte de catársis. Porque estas ocho cosas me las vino a contar el panda. Con su lindura blanquinegra y su sonrisa afable e insufrible.

Y su imbecilidad, porque hay que ser tontico para alimentarse solo de bambú, por cierto.

Cómo odio a ese maldito panda.

Vamos allá.

1. No, tu libro no venderá por sí mismo

*Coge aire*

El boca a boca es un mito creado por la industria editorial para que creas que ese libro que está en todas las estanterías de todas las librerías en primera plana está ahí porque “se ha vendido por recomendaciones personales y por tanto es independiente y buenísimo”.

*Suelta aire*

A las empresas de coedición y a muchos editores tradicionales (y me incluyo, que yo también lo fui) nos interesa que creáis en ese sueño, en el sueño del libro que se vende solo, porque seréis menos exigentes en vuestros contratos y no os pondréis pesados con el tema de la promoción. Para muchas grandes editoriales las ventas son una cuestión de estadística: se trata de publicar muchos libros porque hay una probabilidad X de que uno sea un superventas. Y muchos están todavía viviendo en una era donde los libros los vendían los periódicos y la radio.

Sí, periódicos y radio. ¿Sabéis cuántos libros vendí cuando salí en medios conocidísimos de alcance nacional?

Pista: bastantes menos que en el festival Celsius, que sí está orientado a mi público.

Eres una estrellita especial, pero el público y sus hábitos de compra no van a cambiar por ti. Necesitas aprender a promocionarte y necesitas entender qué quiere tu público. Y necesitas entender que tu público NO es el 100% de la población.

El daño de fenómenos como Harry Potter o Canción de hielo y fuego es que nos hacen creer que nosotros también podemos gustar a casi todo el mundo. Y eso es tremendamente engañoso, porque a) probablemente no cuentes con las habilidades narrativas que Martin ha desarrollado tras una vida entera creando historias y b) estos fenómenos son tan llamativos porque son, precisamente, el porcentaje mínimo, la gran excepción. Esto es como decir que vas a jugar todos los días al Euromillón porque está claro que en algún momento te va a tocar.

Robert Rankin definió en sus libros de ficción a la lotería nacional como el mayor timo llevado a cabo por el hombre. Y, sin embargo, seguimos creyendo en la probabilidad ínfima. Eso siempre me asusta un poco, porque si creo que me va a tocar el Euromillón o que voy a ser superventas internacional, también tendría que creer que me va a partir un rayo en cuanto salga a la calle o que no debería subirme a un avión, jamás.

panda de la decepciónEstá claro que no sé de lo que hablo. 
Este caballero recibió un email de un banquero nigeriano diciéndole que había ganado la lotería irlandesa por ser el visitante un millón de una página de fans de Coehlo, y miradlo ahora.

No digo que el boca a boca no funcione. Pero es que no funciona de la manera que crees.

2. No hay una respuesta sencilla

No puedo explicarte en una sesión de una hora cómo hacerte millonario vendiendo tus libros. Tendría muchos más clientes si lo hiciera (y cobraría mis sesiones mucho más caras), pero a la larga me reventaría en la cara, porque habría montones de escritores aporreando mi puerta echándome la culpa de haber dejado su trabajo, hipotecado a sus niños y abandonado a sus marsopas.

No hay una cantidad de tiempo exacta que necesitarás para vivir de tu escritura ni un proceso infalible por el que te convertirás en un autor de prestigio. Conocemos mecanismos, estrategias a largo plazo que han funcionado a otras personas, pero ni siquiera eso es una garantía de que te funcione a ti. Si alguien te vende lo contrario… entiendo que la tentación es grande. Pero pregúntate por qué esa persona no está en su mansión echando la siesta en vez de estar creando libros o cursos que te aseguran una riqueza futura a cambio de un desembolso insignificante.

panda de la decepciónNo busques mi nombre en Google, soy demasiado triunfador como para salir en ese motor de búsqueda para no iniciados.

Del mismo modo, no puedes ir a un taller de escritura durante una semana y esperar que tu escritura esté a nivel nobel de literatura, ni escribir tres cuentos y enfadarte porque nadie te los publica. Aprender a escribir debe de ser uno de los procesos más complicados que existen, ya que, tras un aprendizaje larguísimo a nivel técnico de forma y fondo, seguirás peleando por conseguir ese yo-no-sé-qué que hace que tus lectores secuestren a tu familia para tenerlos como rehenes hasta que escribas la continuación de tu serie más reciente de dinoporno yaoi BDSM con embarazo.

(Que, por cierto, Matilde, estaría bien que me devolvieras a mi hermano. Con todos sus dedos, preferiblemente).

3. Lo que a ti te gusta no le interesa, necesariamente, a los demás

Una cosa que nos cuesta mucho aceptar como escritores es que porque nosotros tengamos un estándar dorado de lo que es LITERATURA (así, todo en mayúsculas), millones de personas no tienen que estar de acuerdo con nosotros. Qué narices, es posible que ni cien personas estén de acuerdo con nosotros. No puedes molestarte porque a nadie le interese tu poemario dadá de flamenco-gore. Y entiendo que es muy cansino ver que otros autores que descuidan más su trabajo venden mucho más que nosotros, porque nos desconcierta que nuestra exigencia personal no sea la de los demás.

Esto nos lleva a otro punto importante:

4. Tu comportamiento como consumidor no es el mismo que el de tu lector ideal

Es crucial tener una idea de qué tipo de persona compra nuestros libros, no solo porque así podemos adecuar nuestra oferta, sino porque así sabemos dónde se mueven y cómo consumen, y podemos llegar a ellos.

Reconozco que esto a mí me tuvo atrapada bastante tiempo: pensaba que mis hábitos de lectura, compra y consumo eran iguales que los de los demás, y resulta que no es así. Que yo odie ver vídeos no significa que mi público ideal también lo odie. De aquí a que yo me haga booktuber sigue habiendo un tiempecico, pero sí que estoy intentando salir de mis costumbres anquilosadas y experimentar con otras formas más audiovisuales de llegar a mi gente, al igual que cada vez creo más contenidos para mi público (no escritor) de fantasía. El hecho de que leas, por ejemplo, Crónicas del fin, no implica que leas blogs para escritores, ni mucho menos.

panda de la decepciónPero deberías leerlo, por Angie. ¿Habías visto alguna vez un chico araña tan adorable?

Es difícil partir de experiencias de compra ajenas para formular la estrategia de promoción de tu libro. Y por eso tanta gente no vende.

Otra gran verdad del panda de la decepción, que nos dicen una y otra vez, pero que no parece calarnos: nadie dijo que esto fuera fácil. Lo que nos lleva a…

5. El mundo es injusto

Ese autor de mierda que escribe fatal acaba de vender tres millones de libros en 18 idiomas y tú este mes le has vendido uno a tu prima. Sí, el mundo es injusto y también la terrible industria editorial y blablabla.

Por favor, ahórrate tu activismo de lamento en redes sociales y sal ahí fuera y haz algo para cambiar el mundo. Monta tu propia editorial, invierte tu propio dinero, cambia el sistema desde dentro o desde fuera. Si no, cállate y aguanta. Analiza qué hace ese autor para vender tantos libros y decide si tus principios te permiten hacer algo similar. Si no es así, volvemos a la frase anterior: ahórrate tu activismo de lamento en redes sociales y sal ahí fuera y haz algo para cambiar el mundo.

No hay un karma divino y ordenado con una justicia perfecta. De haber de eso, yo estaría ahora mismo en mi piscina en forma de dragón gigante rodeada de modelos de todos los sexos (¡todos!) bebiendo cava y zampando pizza sin engordar un gramo. Y la pizza tendría gluten.

panda de la decepciónEn España nadie lee, porque hay más escritores que lectores y toda la industria editorial es una conspiración judeomasónica de Pérez Reverte. 
Y SÓLO VA CON TILDE CUANDO ES ADVERBIO.

Pero estoy aquí, en mi butaca maltrecha del Carrefour, con mi batita de flores y mi tripa adorable, escribiendo para vosotros.

6. Lo que estás haciendo no funciona

Esta tal vez sea una verdad muy complicada, porque hay un punto muy difícil de definir en el que debemos abandonar algo que no nos está funcionando (Seth Godin lo definía como “el abismo”). Por un lado, se nos dice que si perseveramos, alcanzaremos nuestros sueños, pero conozco autores que llevan treinta años escribiendo y no han alcanzado nada. Perseverar solo tiene sentido si lo hacemos de manera inteligente y deliberada. Escribir todos los días no es muy eficiente si no se acompaña de conocimientos teóricos; estudiar mil libros de escritura no sirve de nada si no escribes de forma periódica.

Y así se crean dos situaciones igualmente frustrantes:

a) Te acomodas en lo que sabes hacer, sin plantearte si está sirviendo de algo, si funciona.

b) Cambias de tácticas cada dos por tres, sin darle tiempo suficiente a cada una para aprender y progresar.

Creo que la virtud puede estar en el punto medio, como siempre. Prueba tácticas, dales unos meses y asegúrate de estar llevándolas a cabo de la mejor forma posible:

  1. Analiza la curva de aprendizaje de la táctica o método que vas a implementar (por ejemplo: ten en cuenta que no dominarás Facebook Ads en un par de semanas).
  2. Analiza cuánto tiempo suelen exigir para producir resultados. Por ejemplo, un blog muy bien llevado y enfocado a su público suele empezar a dar resultados al cabo de un año, aunque hay quien tarda menos. No pretendas ver un pico enorme de ventas si llevas dos semanas en la blogosfera.
  3. Decide cuál será la conversión que necesitas: ¿buscas más ventas, más suscriptores, más seguidores en redes sociales…?
  4. Es crucial hacer un seguimiento de cada resultado.
  5. Si no ves crecimiento (una mayor conversión), busca por qué. ¿Hay algo que podrías hacer mejor?
  6. Si realmente consideras que has hecho todo lo que tenías que hacer y la táctica no resulta, abandona con frialdad. No caigas en la falacia del costo hundido.
panda de la decepciónHe invertido ya 10000 euros en mi escuela de vuelo para gallinas, no voy a detenerme ahora.

Ese punto 6 es muy, muy, muy complicado. Si has dedicado varios años de tu vida a un proyecto, es muy difícil decirle adiós, aun cuando no da resultados. Esto le ocurre a muchos autores con su primer libro. Les cuesta lidiar con el hecho de que un primer libro rara vez es bueno. Y cuando no obtiene ventas o si se lleva malas reseñas, se desesperan y se frustran, y siguen empeñados en promocionar ese libro, en invertir en él tiempo y esfuerzo, cuando les vendría mejor escribir otro y aprender de sus errores.

7. No puedes hacerlo todo tú

A lo mejor tú eras, como yo, esa persona que en los proyectos en grupo del cole acababa haciendo todo el trabajo. Los demás o bien no cumplían con su parte o entregaban textos realmente malos, con la confianza de que vendría la idiota de Gabriella a arreglarlo todo.

O tal vez has tenido malos compañeros de equipo en tu entorno laboral. Tal vez has contratado a un corrector para tu libro que era un desastre o un portadista que daba vergüenza ajena.

el panda de la decepciónSon 1000 euros, gracias. Sé que parece algo caro, pero con algo tengo que alimentar a mis gallinas voladoras.

El problema de estas situaciones es que acabas desarrollando una fobia tremenda a delegar y quieres hacerlo todo tú.

Tampoco ayuda nuestra mentalidad de principiante, que nos lleva a pensar que invertir dinero en profesionales para que nuestro libro salga mejor es un desperdicio. Y a veces simplemente no puedes permitirte la ayuda de otros. Pero con el paso de los años he aprendido a apreciar la colaboración de gente estupenda que me ha hecho la vida mucho más fácil. A veces puedo pagarlo, otras veces recurro a mis propias habilidades para intercambiar servicios.

Sobre todo esto de delegar, vi este artículo de authority.pub y he adaptado sus listas a las mías propias:

He aquí algunas cosas de las que NO debería ocuparse un autor:
  • Su cubierta (a no ser que sea ilustrador profesional, claro).
  • La valoración de su propia obra (para eso están los lectores cero y los lectores profesionales).
  • La corrección (a no ser que sea corrector profesional, y aun en ese caso aconsejo recurrir, por lo menos, a otros lectores avispados para pillar erratas).
Ahí van cosas que recomiendo muy mucho que se deleguen:
  • La maquetación y el diseño del libro.
  • La creación y diseño de una página web.
  • Creación de materiales audiovisuales y gráficos (aquí incluyo booktrailers y audiolibros).
ahí van algunas cosas que podemos delegar si queremos, para hacernos la vida un poco más sencilla:
  • Redes sociales (pero solo si tu marca no es muy personal o si tu community manager la entiende perfectamente).
  • Investigación de palabras clave y categorías para Amazon.
  • SEO en web.
  • Creación y gestión de anuncios.
Y aquí van algunas cosas que creo que deben quedar en manos del autor:
  • Tu estrategia de crecimiento.
  • La creación y gestión de tu plataforma.
  • La relación con tus seguidores.
  • La relación con otros autores y profesionales del gremio (el famoso networking).
  • Entrevistas.
  • Conferencias, mesas redondas, convenciones… todo lo que sea hablar en público.
  • ¡Publicar más libros!
  • El desarrollo de productos asociados a ti, como cursos online o talleres presenciales.

8. Te vas a comer toda la mierda del mundo, así que elige qué mierda vas a comer más a gusto

Sí, sí, terminamos con esta, porque tal vez sea la más importante. En nuestro viaje como escritores empezamos siempre diciendo que lo que queremos es escribir, pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que esto implica mucho más que soltar novelas.

No solo está nuestra plataforma y promoción: acabamos haciendo cosas que no nos gustan porque hay que comer y esto es así. Si creéis que la vida escritora es todo aviones privados y fiestas con directores de Hollywood y piscinas en forma de dragon, es posible que os equivoquéis. Vamos a tener que devorar porquería a paladas, a montañas. Habrá cosas que no te apetezca hacer y tendrás que hacerlas.

Pero sí tenemos el poder de decidir qué tipo de porquería queremos devorar. Prefiero corregir novelas (nota: ODIO CORREGIR) a triunfar en Amazon vendiendo libros sobre cómo triunfar en Amazon. Todos tomamos decisiones de ese tipo a diario. Cada día aprendo mejor a decir que no a las cosas que no se alinean con mis valores personales y que no me ayudan a salir adelante.

No creas que tú te librarás de tener que hacer cosas que no te gustan. Me temo que no tienes esa decisión si quieres alcanzar tus metas (a no ser que tus padres sean millonarios y tus metas sean quedarte en casa en el sofá viendo HBO y Netflix).

Pero sí puedes elegir el tipo de basura en el que te toca meter el morro.

Ya lo dijo un poco más arriba el panda de la decepción: nadie dijo que esto fuera fácil.

Antes de que entre todos nos arranquemos el pelo y nos convirtamos en nihilistas a lo feo, a lo Schopenhauer, os confesaré que hubo algunas verdades que el panda se olvidó de contarme. No me dijo que esta sería una experiencia de crecimiento personal increíble, que vería satisfechas gran parte de mis tendencias narcisistas, que descubriría a un montón de gente alucinante o que habría personas humanas ahí fuera que querrían leer mis libros.

Para eso está el Hada de los Floripondios y la Purpurina. Viste de morado, canta YMCA a pleno pulmón y cada vez que menea la pata izquierda caga moneditas de oro y tirillas de piedras preciosas.

Por desgracia, esa solo toca a mi puerta muy de vez en cuando.

Yo le tengo un altar siempre puesto: con un tótem de peluche, un librico colocado y una botella de champán del bueno.

Por si acaso.

panda de la decepción


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Créditos de imágenes:

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Escribir es una elección (y no entendemos lo que eso implica)

abril 27, 2017 — by Gabriella43

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Si me dieran un euro por cada vez que he empezado a escribir una historia de queja y lamento en la ventanita de Facebook, Twitter o este mismo blog y luego le he dado a borrar en vez de a publicar, os invitaría ahora mismo a todos a una mariscada.

De esas que tienen un montón de bogavante, nécoras, percebes, camarones y un par de bueyes de mar especialmente gordos y lustrosos. Con champán, porque por qué no.

elecciónLo siento, cangrejitos de río, pero sois muy baratos para esta fantasía particular. Volved a casa o marchad a alimentar a alguien con un sentido menos exagerado del apóstrofe y el símil.

A nadie le gustan los quejicas. Pero eso no quita que todos tenemos días malos. O, como cantaban los Rembrandts en la apertura de Friends, semanas malas e incluso años malos.

Tenemos días de oh-por-favor-por-qué-estoy-haciendo-esto. De frustración, envidia, miedo, odio, lágrimas. Y luego hay días en que escribes la frase perfecta o te invitan a un evento que te gusta o aumentan un poquito tus ingresos en Amazon y te das cuenta de lo que has progresado y son de ah-ya-recuerdo-por-qué-hacía-esto.

Quiero hablar de las lágrimas, quiero hablar del sacrificio. Sé que no es un tema tan sexi como cuando hablo de sinopsis, corrección o de las camisetas que llevaba Jennifer Aniston en los noventa, pero sigue sorprendiéndome que tantos de los escritores con los que hablo siguen en negación, rechazando ese sacrificio y buscando la píldora mágica y milagrosa que los llevará al éxito.

(Existe en algún lugar imaginario un mundo donde el hecho de solo hacer lo que te gusta de tu trabajo te llevará a las fiestas de modelos en bikini que siempre soñaste. O tal vez eres más de soñar con modelos en calzoncillos, que de todo tiene que haber en la viña del señor Apolo, las musas lo guarden entre sus bellos y turgentes senos).

Hablaba la semana pasada con un amigo que siempre tuvo mucho talento para el diseño. Llevábamos años sin vernos, así que le hice La Pregunta, ya sabéis, aquella que hace que el destinatario se encoja de frustración, arrepentimiento o vergüenza ajena.

¿Al final perseguiste tu sueño?

No se la hice así, porque detesto esa expresión, como también sabéis muy bien, porque sois muy listos y tenéis una memoria excelente. Además, mi educación anglosajona es muy refinada, que para eso nací en la zona pija de Essex (para quienes no conozcáis la zona, esto me confiere la categoría de “mujer de moral liviana con dicción excelente, que sabe qué cuchillo debe usar en cada ronda de platos”. Que es, estoy segura, exactamente como me imagináis). Creo que le pregunté si se había dedicado al diseño, pero básicamente la pregunta era la misma.

Su respuesta fue sincera y práctica: no.

No se dedicó al diseño. Trabajaba como encargado en algún tipo de almacén. Amaba el diseño gráfico y no quería convertirlo en un trabajo, en algo obligatorio que llegase a odiar.

Tengo otra amiga que trabajaba en un periódico local, del que cuenta anécdotas grandes y coloridas. Allí, lo más sofisticado que hacían sus diseñadores era maquetar las noticias más aburridas del mundo y colocar estrellitas de colores que censurasen los pezones de las mujeres que se anunciaban en la sección de Contactos. Ya sabéis, contactos de esos donde quedas con alguien, pasas un buen rato, pero luego tienes que dejarle unos billetes en la mesilla de noche.

(Si hay mesilla de noche).

elecciónPor solo veinte euros más, podemos jugar a "qué objetos de mi habitación son juguetes sexuales y cuáles son elementos decorativos sintomáticos de mi mal gusto".

Mi amigo el encargado de almacén no quería acabar poniéndole estrellitas a prostitutas en los pezones.

Así que se buscó un trabajo estable, que le permitía un sueldo estable, que le permitía poder viajar y disfrutar de su vida. Algo le debía de reconcomer lo del diseño, eso sí, porque justo ahora se ha marchado a otra empresa, donde le pagan mucho menos, pero que tiene un departamento estupendo de diseño gráfico donde planea meter la patita.

Mi amigo racionalizó por completo su pasión. Quería dedicarse a eso, sí, pero con sus condiciones. Prefería trabajar en algo que no tuviera que ver y poder hacer cosas importantes como, por ejemplo, comer y vivir en una casa, antes que colocar estrellitas y terminar por odiar aquello que siempre le había enamorado.

¿Por qué os cuento esto? Aparte de la afición por leerme a mí misma (a veces poniendo voces), sí, esta introducción tiene su sentido. Es que la moraleja de esta historia es doble, creo yo.

escribir es una elección

Tu pasión como una decisión consciente y meditada

Primero está la moraleja de que no tiene nada de malo intentar ser práctico y ganarse la vida con algo que no sea tu pasión, por mucho que nos vendan lo contrario una y otra vez (¡deja tu trabajo aburrido y persigue tus sueños!). Lo importante no es tanto trabajar en tu pasión, sino apasionarte con tu trabajo. Mi admirado Cal Newport lo explica muy bien: habla de la diferencia entre seguir tu pasión y cultivarla.

elección del escritor

Tú defiendes el hecho de cultivar una pasión, en vez de perseguirla. ¿Cuáles son las diferencias clave?

Perseguir implica que descubres primero la pasión, y luego vas y la asocias a un trabajo. Y ahí ya has terminado.

Cultivar implica que vas creando pasión por tu trabajo. Este es un proceso más largo, pero a la larga ofrece resultados mucho mejores. Te exige que consideres tu trabajo con la perspectiva de un artesano. Que mejores tu habilidad y que, una vez hayas acumulado el valor necesario, puedas darle forma a tu vida laboral con la vista puesta en un estilo de vida que te convenza.

Lo malo de buscar una pasión a la que dedicarnos es que no siempre es fácil. Pocas personas tienen una vocación férrea y clarísima acerca de lo que quieren hacer el resto de sus vidas. Cambiamos, probamos, nos descubrimos y nuestra forma de pensar se modifica también.

Por mucho que te guste escribir, escribir está lleno de cosas que probablemente vas a odiar, como por ejemplo los impuestos, las reglas de ortografía y la decimoséptima corrección de tu novela. Y a lo mejor te das cuenta de que a ti lo que realmente te gusta es el proceso de edición y te acabas dedicando a la corrección o a editar libros ajenos, o igual te enamoras tanto de la parte de marketing que te especializas en eso. Quién le diría a Ana González Duque, profesional médico que comenzó escribiendo chick-lit, que acabaría siendo un referente en mercadeo online o a Rosa Morel que acabaría dedicando gran parte de sus esfuerzos de copywriter a ejercer de docente para compartir sus habilidades con otros.

Pongo estos dos ejemplos porque son personas a quienes conozco y respeto, pero seguro que se os ocurren muchos más.

Empiezas escribiendo y quién sabe dónde terminarás.

Como dice Cal, no se trata tanto de tu pasión, de aquello que amas, sino del estilo de vida que quieres para ti.

Y sí, estilo de vida también puede ser fregar platos en un bar de mala muerte en Londres si eso significa ganarte la vida y poder estudiar mientras, o si necesitas mantener a tu familia, a la que quieres. No me refiero solo a ese lifestyle design que nos venden esos coaches, esas piscinas y mariscadas y champán de los que tanto hablo.

elecciónDiría que fantasear es gratis, pero te pones a sumar la electricidad, la lata de Coca-Cola y la tarifa de internet que me ha costado escribir este artículo, y no es del todo cierto.

Vamos ahora a lo realmente crucial de todo este asunto. Como en el caso de mi amigo, es hora de que aceptemos que un estilo de vida consciente, decidido, exige sacrificios. Y esa es la segunda parte de la moraleja.

También es cierto que los sacrificios no son los mismos a lo largo de nuestra vida.

Las cuatro fases vitales de Mark Manson

Según el bloguero Mark Manson, la vida se divide en cuatro etapas. No todo el mundo pasa por las cuatro (y desde luego nadie lo hace del mismo modo).

  1. Una etapa de aprendizaje, en la que imitamos lo que hacen los que nos rodean para entender y aprender cómo funciona la sociedad en la que vivimos. Esta etapa sería la infancia y parte de la adolescencia, sobre todo, aunque es evidente, como apunta Mark, que hay adultos que se han quedado aquí clavaditos, obsesionados por hacer siempre lo que los demás esperan de ellos.
  2. Una etapa de independencia, en la que comenzamos a darnos cuenta de que podemos tener nuestras propias opiniones y tomar decisiones fuera de las convenciones sociales. Puede ser una etapa de rebelión y autodescubrimiento: es una etapa en la que probamos muchas cosas diferentes porque todavía no tenemos muy claro qué queremos. Al igual que con la primera etapa, hay personas que se quedan para siempre en esta fase, obsesionados por una búsqueda constante de algo mejor, más interesante.
  3. Una etapa de decisión, en la que somos por fin conscientes de que nuestro tiempo es limitado y que tenemos que tomar una serie de elecciones y sacrificios para poder hacer lo que es importante para nosotros. Por eso es la etapa en la que la gente tiene que enfrentarse a la decisión de tener o no tener hijos, si casarse o no, si cambiar de carrera, etc.
  4. Una etapa de finalización, donde nos preocupamos sobre todo por asegurarnos de que se perpetúe nuestro legado. Suele corresponderse con la jubilación.

Hay muchos matices en estas cuatro etapas que no caben aquí, es evidente. Y el paso de una a otra no es siempre limpio ni claro. Pero me gustaría que nos fijásemos ahora en esa tercera etapa, ya que el paso de la segunda a la tercera suele resultar de lo más problemática.

Sobre todo porque exige una serie de sacrificios que no esperábamos en la segunda. Cuando somos jóvenes, pensamos que siempre hay tiempo de experimentar y de probarlo todo, y que siempre podemos cambiar de opinión.

Hasta que llegamos a la tienda.

La tienda horripilante de Jon Morrow

Yo hablé hace poco de todo lo que tenemos que abandonar para dedicarnos a la escritura, pero en realidad era un artículo optimista, que hablaba del abandono de malos hábitos y formas de pensar. Pero luego está la otra cara de la moneda: las cosas que queremos y amamos y que debemos abandonar. En definitiva, los sacrificios.

Otro bloguero al que admiro, Jon Morrow, lo explicó a las mil maravillas hace poco. En un artículo excelente, creó una metáfora sobre el precio del éxito que me parece tan escalofriante como realista.

Morrow nos pide que imaginemos una tienda. Es una tienda mágica, con estanterías repletas de todo aquello que queremos y deseamos. El desagradable truco está en que en esta tienda no podemos comprar con euros, dólares, bitcoin ni doblones neptunianos. Compramos con sacrificios.

Por ejemplo, imagínate que quieres “comprar” ser un emprendedor de éxito:

elección del escritor

¿Quieres convertirte en un emprendedor de éxito?

Puedes “comprarlo” al precio de 10-20 años en los que estarás al borde de la bancarrota, solo dormirás 4-6 horas por noche, escucharás como todo el mundo te llama idiota y te pelearás en silencio con tus miedos y ansiedad, sabiendo que no puedes revelarle a tus empleados e inversores lo asustado/a que estás, porque dependen de ti para tener confianza.

“Eso es horrible —dices—. El precio es demasiado alto”.

Así que buscas algún “producto” que te parezca más razonable: una familia que te quiere.

Puedes “comprarlo” al precio de 30-50 años en los que antepones sus necesidades a las tuyas, te preocupes por su seguridad, coges trabajos que pagan bien en vez de coger trabajos que te hagan sentirte realizado/a, luchas contra el tráfico durante una hora todos los días para ir al trabajo porque vives en las afueras, ignoras a cada persona que te atraiga, y mueres con la pregunta callada y secreta de cómo habría sido tu vida si hubieses elegido quedarte soltero/a y perseguir tu pasión”.

“Eeeeh… esta tienda apesta”, dices. Y es cierto, pero la verdad terrible es que es totalmente real.

No podemos tenerlo todo, como decía aquel poema de Silvia Plath y como dijo James Clear en su teoría de los cuatro fuegos. Para hacerlo aún peor: si no elegimos nada, paralizados por la indecisión, todos los frutos de la higuera que describe Plath se marchitan; todos los fuegos de Clear se apagan.

A veces suspiro un poco, porque amo muchas cosas y tal vez, solo tal vez, podría haberlas elegido. La música, el arte y demás. ¿Podría haber sido cantante? ¿Artista? ¿Joyera o artesana? ¿Podría haber vivido de esas cosas? Nunca lo sabré y tampoco importa. Lo importante es que tomé mi decisión.

Mi decisión es escribir, y el coste de esa decisión en la tienda de Morrow ha sido elevado.

Está siendo elevado. Siempre será elevado.

Empero…

(Tenemos que usar más esa palabra).

Pese al trabajo, la pelea económica, la desesperación, la frustración cuando un proyecto no sale adelante, cuando hay malas críticas o cuando las ventas no acompañan, nunca había estado tan segura de algo. Nunca había estado tan orgullosa de una decisión. Y es que el dolor que trae una decisión difícil es mejor que el dolor que trae no decidir.

Sí, podría haber sido cualquier otra decisión, cualquier otro camino.

Si ya has entrado en la tercera fase de tu vida, te toca elegir.

¿Quieres escribir? Puedes, igual que puedes elegir cualquier otra cosa. Puedes escribir por gusto, como afición. Escribir por puro amor al arte es maravilloso.

Empero…

Si quieres grandes resultados, sabes que eso no es suficiente.

Sé consciente de los sacrificios, del precio en la tienda de tu vida.

¿Estás dispuesto/a a pagarlo?

¿O vas a quedarte sentado quejándote, como todos los demás?

Seth Godin y la culpa que siempre es de “ellos”

elección

No existe “el sector”

Es fácil decir que “la culpa es del sector” o que “es que el sector no lo entiende”.

Pero como no hay nadie al mando, como no hay un método de imposición coherente, esto no es más que una manera de decir las cosas. No existen el sector ni la economía ni el mercado. Solo personas.

Y las personas… las personas pueden pasar a la acción si algo les importa.

Me cansan los que se quejan de lo mal que está el sector, de lo difícil que es todo. No digo que no tengamos que ser críticos (eso es distinto), pero casi nunca veo que los que se quejan tanto anden haciendo algo por conseguir los cambios que necesitamos, por pasar a esa acción que dice Godin. Llevo más de diez años aportando, peleando por esos cambios, y me siento mucho más optimista que ellos, pese a todo lo que está en nuestra contra.

Lo dice mucho Joanna Penn, junto con otros grandes indies, y estoy de acuerdo: es el mejor momento para ser escritor. Precisamente por los grandes cambios que entre todos estamos propiciando en el sector, en la industria.

Dejemos de lamentarnos y seamos nosotros las personas que creen nuevo territorio y produzcan los cambios que necesitamos. Formemos pequeñas editoriales, grupos y talleres; seamos híbridos; negociemos nuestros contratos; paguemos a otros profesionales como nosotros; ayudemos a los que lo merecen; abandonemos la mentalidad de cultura gratis que nos invade y exijamos un pago digno por nuestro trabajo (y por el trabajo de los demás); exploremos nuevas formas de promoción, de expansión, de enseñanza y aprendizaje…

Apoyémonos entre nosotros. Produzcamos calidad, produzcamos belleza imposible de ignorar. Compartamos nuestro conocimiento, en vez de guardarnos nuestros secretitos de mentes pequeñas y celosas.

Dejemos de quejarnos por los terrible sacrificios que nadie nos ha obligado a asumir. Otros ya tienen sus propios sacrificios: han tomado elecciones distintas.

Nadie me ha puesto una pistola en la sien y me ha obligado a redactar este post. Nadie me ha torturado con canciones de Alejandro Sanz en bucle para forzarme a ser escritora. Tampoco me dijeron qué involucraría, pero ahora lo sé y lo acepto.

Entré en esa tienda y señalé hacia ese objeto brillante de la estantería alta.

Cada día, poco a poco, lo tengo más cerca.

Quién sabe, a lo mejor nunca lo alcanzo. La estantería es alta de cojones narices. Pero menudo camino. Menudo proceso.

Escribir en serio es una elección. Es mi elección.

¿Es la tuya? Y, lo más importante:

Espero que seas consciente de todo lo que implica.

P.D.: ¿Todavía estás cantando la canción de Friends en tu cabeza?



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También tengo una lista que es solo para lectores de género fantástico.

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6 formas de acabar con la procrastinación (que realmente funcionan)

julio 14, 2015 — by Gabriella57

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Oh, la procrastinación. “Vuelva usted mañana“. Enemiga de musas, premios, resultados. Triste nombre (bueno, triste no, como palabra me parece megabonica) para definir esa sensación de inevitable aplazamiento, ese bucle infinito de “ya lo haré luego”.

A menudo la procrastinación se convierte en una entidad casi superior, en un ataque directo a nuestro poder de decisión, al igual que esa vocecilla de “eh, tienes que terminarte esa bolsa de patatas fritas, no vas a dejarlas ahí, ¿verdad?”. Es una pérdida de control, una patada al lóbulo frontal del cerebro. Uno se rinde a su destino y su destino es no terminar nunca nada (ni dejarse sin vaciar una bolsa de patatas).

Lo gracioso es que esa especie de divinidad malévola ni siquiera existe. Claro que podemos dejar sin terminar la bolsa de patatas (¿y dejarlas ahí? ¡Qué desperdicio!). Claro que podemos hacer esa tarea ahora mismo (¡pero por qué, si mañana también puedo!).

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¿Por qué es tan difícil sentarse a escribir? (y otros recortes literarios)

junio 26, 2015 — by Gabriella18

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“Lo que me cuesta es ponerme”, me dicen, leo y oigo, esté donde esté. Sobre todo me lo dicen autores que llevan poco escribiendo (o los que escriben poco).

Lo difícil, dicen, es el acto de sentarse a escribir.

Los que sí llevan años escribiendo, soltando palabras como si fuera lo más importante del día (y del mes y del año), no suelen decir frases como esa, porque escribir es un hábito tan integrado que decir que te cuesta ponerte es un poco como decir que te cuesta almorzar o tumbarte en la cama por la noche. Aun así, creo que incluso estos maestros de la obligación sienten lo que podríamos llamar resistencia.

Esta mañana fui a nadar, como suelo hacer un par de veces a la semana. No tenía ganas. En el agua ya, sentí esa misma resistencia.

Noto también esa resistencia en otros sitios. Cuando hago yoga. Loca, loca, loca. ¡Con lo bien que estarías en casa sentada leyendo, viendo series, charlando por Facebook!

Es la misma resistencia que gruñe y se retuerce, que me ataca justo antes de sentarme a meditar. No hago más que romper con esa costumbre. Cómo cuesta ponerse a meditar. Es tal vez la resistencia más poderosa de todas.

¿Qué tienen en común todas estas actividades? No se trata de hacer algo que no me apetece. Muchas cosas no me apetecen, pero las hago sin más (bueno, tal vez con unas cuantas quejas y lamentos). Hoy leí un artículo llamado A New Theory of Distraction (Una nueva teoría de la distracción), y fue entonces cuando lo comprendí.

Lo que tienen en común todas estas actividades (escribir, nadar, hacer yoga, meditar) es que me obligan a estar conmigo misma.

Nada de distracciones: solo el teclado (o el bolígrafo), el agua, mi cuerpo y yo. Y en el caso de la meditación, lo más terrible de todo: conmigo misma y mis pensamientos. No pensar a secas, no. Eso lo hago mucho. Observarlos. Ver qué pienso, sin juzgar (y cómo me gusta juzgar). La resistencia de la que hablaba no es más que mi propia mente, acostumbrada al sobreestímulo constante de internet, de mi teléfono, de mi entorno tanto real como virtual, que chilla en busca de sus distracciones habituales. Porque no le gusta quedarse sola. Creo que no se gusta demasiado. Se considera un tanto aburrida.

Rothman y una nueva teoría de la distracción

Joshua Rothman habla en el New Yorker de una nueva integración de las dos teorías principales de la distracción. Para esto, nos explica estas dos teorías principales: la primera es que dichas distracciones vienen de los avances tecnológicos, demasiado rápidos para ser asimilados por completo por nuestro cerebro. Esta teoría es optimista, porque si la culpa de todo la tiene la tecnología, con modificar la tecnología lo solucionamos todo, ¿cierto?

El problema está en la segunda, cuyo arreglo no es tan evidente:

Joshua Rothman

Esta segunda gran teoría es espiritual: es que estamos distraídos porque nuestras almas están afligidas. Puede que el cómico Louis C. K. sea el mayor exponente contemporáneo de esta forma de pensar. Hace un par de años, en Late Night con Conan O’Brien, argumentó que la gente es adicta a sus teléfonos móviles porque “no quieren estar solos ni por un segundo, porque eso es muy difícil” (David Foster Wallace también veía así la distracción). La teoría espritual es aún más antigua que la materialista: en 1874, Nietzsche escribió que “la prisa es universal porque todo el mundo está huyendo de sí mismo“; en el siglo XVII, Pascal dijo que “todas las miserias del hombre derivan de no ser capaces de sentarnos en una habitación a solas, en silencio“.

A mi juicio (y al de Rothman), el problema está en que ambas teorías son compatibles. Unimos a nuestras tendencias evasivas una mayor proporción de distracciones fáciles. Rothman propone una nueva teoría de la distracción, una en la que en vez de evitar dichos estímulos, en vez de ofrecer esa resistencia, abandonemos las distracciones fáciles y repetitivas y nos concentremos en otras más intensas, más reales. Creo que Rothman está hablando, aun sin saberlo, del mindfulness, ese estar en el momento y realmente vivir cada experiencia, por banal que sea.

La resistencia está ahí, pero poco a poco aprendemos. A nadar, a meditar, a correr… a cualquier encuentro con nosotros mismos. Aprendemos a hacernos esa taza de té, sentarnos frente al teclado y a dejar que la musa baje (o no) y nos susurre (o nos chille), disfrutando de cada palabra escrita, bailando con cada frase como si a nosotros también nos fueran a cortar la cabeza a la mañana siguiente, pobres sherezades que somos.

No sé qué opináis: pocas formas de mindfulness encuentro, pocas formas de perderse (y encontrarse) en el momento tan poderosas como sentarse a colocar una palabra tras otra. Si determinadas actividades físicas podrían ser la unión de mente y cuerpo, la recuperación de nuestro espacio físico y mental, escribir podría ser un reencuentro entre nuestros miedos, emociones y subconsciente. Como soñar en vivo y en directo.

Insuperable, sospecho.

Thorpe y el desencuentro con los lectores

Rufi Thorpe, que hace poco publicó su primera novela, The Girls from Corona del Mar, escribió un artículo realmente fantástico llamado The Frightening and Wondrous Things That Will Happen to You When You Publish Your First Novel  (Las cosas aterradoras y maravillosas que te ocurrirán cuando publiques tu primera novela). Hay demasiado ahí que me hizo emocionarme, sobre todo cuando cuenta cómo reaccionan ciertas personas cercanas, personas no escritoras que se creen con todo el derecho del mundo a explicarle a ella, a la autora, todo lo que está mal en su libro. Y es que una cosa es leer una reseña en Goodreads de alguien a quien no conoces y otra muy distinta es que alguien con quien mantienes una conversación en vivo y en directo se empeñe en insistir, como si no lo hubieras oído nunca, todo aquello en lo que te equivocaste, convencido/a de que, mediante esta repetición de tópicos que ya has oído una y otra vez, te está haciendo un favor inconmensurable.

Y no hablemos ya de otro tipo de crítica…

rufi thorpe

Al principio esto hace que te sientas enfadada y luego arrepentida. Miras sus otras reseñas. Miras los libros a los que les dieron cinco estrellas. Una mujer, que te odió tanto que su reseña se convirtió en un sinsentido más o menos a la mitad, le dio cinco estrellas a un libro llamado: Teñido con nudos: Un misterio en el arte de hacer una colcha. Y entonces lo entiendes. Esta pobre mujer compró tu libro por error y acabó horrorizada. Te gustaría poder disculparte con ella personalmente y devolverle su dinero. Te encoges al pensar en cada joder que acosó a sus pobres oídos. Después de eso, ya no te tomarás las reseñas malas de forma tan personal, pero también te resultará más sencillo dejar de leerlas.

A veces tenemos que aceptar que nuestro libro no es para todos los públicos, que no está destinado a ser un libro para la mayoría, hecho para todos. Y creo que eso es bueno, que no lo sea. Siempre hacen falta libros a los que no se les haya recortado su personalidad hasta que solo queda lo de siempre, aquello que ni ofende ni entusiasma, porque lo hemos leído mil veces.

Y los comentarios también pueden venir de alguien muy diferente a la señora de las colchas, alguien que te recuerda a ti misma, hace mucho tiempo. Y es ahí donde piensas que tal vez todo eso de las reseñas y las críticas pueden servirte a ti también, no solo a los lectores, y no solo para mejorar lo que haces, sino para redescubrirte a ti misma:

rufi thorpe

Te habrás olvidado de ti misma. Habrás olvidado la belleza y la pureza y el dolor de ser tan joven. Estarás tan agradecida por haber recibido el regalo de que te lo recordasen. Estarás tan agradecida de que alguien haya leído tu libro y sentido esas sensaciones contigo y de que se haya hecho amiga del fantasma de tu mente.

Muchos escribimos con esa secreta esperanza. De que alguien se haga amigo/a del fantasma de nuestra mente.

Amis y romper la cuarta pared

Sí, sí, Martin Amis tiene mucho en su contra y no le faltan detractores. Pero cuando lo leo me maravillo ante su habilidad para crear música. Puedes coger cualquiera de sus párrafos al azar y analizarlo: una frase larga. Dos cortas, contundentes. Otra larga. Dos cortas más, afiladas. Otra larga, muy larga, recargada y aliterativa. Y al final, tres palabras, y la última tiene un contraste fonético absoluto con los sonidos de las anteriores. Solo entonces te das cuenta de las vocales predominantes en el resto del párrafo. Y las frases están sonando en tu cabeza, escuchas la voz del narrador como si escucharas la melódica seducción de un cantante experto (algo ronco, pero experto). Además, Amis abusa de los adjetivos con alegría y desenfado, pero los coloca con tal precisión que ni siquiera te das cuenta. Lo cual demuestra, una vez más, que no se trata de seguir “las reglas” a rajatabla. Se trata mucho más de entender el lenguaje y su ritmo, de entender cómo funciona y aplicar esos conocimientos. Para que luego digan que la sintaxis no sirve para nada.

Otro de los recursos habituales en esta sinfonía “amisiana” es la conversación directa con el lector, esa ruptura de la cuarta pared que puede ser tan magistral cuando se hace bien. Este extracto en concreto es de Dinero, en algunos de los momentos puntuales en los que el narrador no solo se dirige al lector, sino que le proporciona instrucciones de lectura:

martin amis

—Sí —dije y empecé a fumarme otro cigarrillo. A no ser que te informe de ello específicamente, siempre estoy fumando otro cigarrillo.

Las peripecias formales de Amis me impresionan, como me resultan impresionantes las de tantos otros escritores maestros. Es inevitable querer parecerse a tus héroes, querer convertirte tú también en algo brillante.

Porque lo peor que podemos hacer es contentarnos con ser mediocres, ¿verdad?

Manson y el atractivo de la mediocridad

El problema de la grandeza, como he comentado muchas veces, es que solo vemos los resultados. No vemos las horas de trabajo, el sudor y el esfuerzo, las peleas con el editor, los viajes personales, físicos y espirituales. Internet nos bombardea de imágenes y vídeos de personas que hacen cosas extraordinarias. No nos enseña el camino, el proceso. Como dice Mark Manson:

mark manson

Hay una especie de tiranía psicológica en nuestra cultura actual, una sensación de que siempre tenemos que andar probando que somos especiales, excepcionales siempre, pase lo que pase, solo para que ese momento de ser excepcionales desaparezca, arrastrado por la corriente de toda la demás grandeza humana que está ocurriendo de manera constante.

Todo esto va muy unido a las reflexiones de Manson sobre la cultura de la atención, en la que ya no importa tanto el dinero o poder que tengamos, sino el caso que nos hagan (un valor en gran demanda en una sociedad de distracción extrema).

Tal vez sea más útil aceptar que nos ignoran, aceptar que no podemos ser excepcionales siempre, como bien apunta Isaac Belmar:

Si hay un drama, no es el de que todo el mundo nos esté mirando y señalando con el dedo, es el de que somos insignificantes, en lo bueno y en lo malo. Y esos instantes en que no lo somos tampoco importan mucho, pues enseguida nos olvidan. Aquella vez que hiciste el ridículo ante quien te gustaba, aquel fracaso y aquel éxito… En realidad nadie miraba y nadie se acuerda.

Pero dice Manson que esa aceptación de la mediocridad, la aceptación de que, por simple estadística, todo está en contra de que alcancemos la cima, lo excepcional, es también una forma de liberación. Si no podemos ser excepcionales en todo, por qué no concentrarnos en una sola cosa. No necesariamente para ser genios ni sorprendentes, sino porque queremos:

mark manson

Tras esto, esa presión constante de tener que ser algo asombroso, ser el próximo éxito de moda, desaparecerá. El estrés y la ansiedad por sentirte inadecuado se disiparán. Y el conocimiento y aceptación de tu propia existencia mundana te liberará, te permitirá conseguir lo que realmente quieres conseguir, sin juicios ni pesadas expectativas.

Apunto otra perspectiva interesante. Aunque se nos bombardee con lo excepcional, esa no es más que otra indicación de lo fácil que es conseguir algo digno de admiración. En una cultura donde se habla mucho del esfuerzo, pero en realidad se practica poco, no hace falta llegar a la cima. No son necesarias las 10000 horas. No tienes que ser Hemingway, ni Amis, ni Franzen ni Cortázar. Con 1000 horas estarás muy por delante de todos los demás. Y tal vez no salgas en los periódicos, ni hagan un vídeo con tus méritos en Youtube con millones de visitas, pero podrás hacerte un hueco en tu nicho, en aquello que amas.

Como escribir, por ejemplo.

Al final supongo que se trata simplemente de liberarse de las expectativas. De las comparaciones, la frustración y la envidia.

Y seguir tu propio camino.



el cielo rotoBajo el segador había otro cruzado. Las espinas del monstruo lo habían perforado, pero su cabeza estaba intacta: serviría. Adra se acuclilló junto al cuerpo y se quitó el guante izquierdo. La mano que quedó a la vista estaba despellejada, recubierta de sangre seca; podía intuirse el entramado venoso entre los músculos y tendones. Arrancó la cota de mallas al cadáver y le desgarró la túnica para después colocar la palma de su mano sobre el corazón.

Este volvió a latir al instante.

(Engánchate ya a El cielo roto, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina).