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Actualización de hábitos y nuevo desafío: mindful eating.

abril 29, 2013 — by Gabriella0

He estado dándole bastantes vueltas a qué desafío nuevo elegir, ahora que ya llevo dos meses con aquello del ejercicio, y cinco con lo de la escritura. He estado entre la meditación diaria (otra vez), algún hábito relacionado con mi economía personal y el tema que ya comenté en el post anterior sobre mindful eating o alimentación consciente. No descarto la meditación, pero como el mindful eating ya es, de por sí, una forma de meditación, pensé que estaría bien empezar por eso y meterme de lleno de nuevo en la meditación como tal más adelante. Respecto al tema económico, es muy difícil proponer hábitos útiles cuando no tienes muy claros tus objetivos (es fácil decir “tener un nivel de ingresos estables para poder irme a vivir con mi pareja”, pero los pasos para llegar ahí no son tan sencillos como los necesarios para correr una maratón o perder 10 kilos, por ejemplo, donde se trata de una ecuación más o menos lógica de entrenamiento o de reducción calórica, y menos con la crisis mayúscula que tenemos todos encima). Pero qué os voy a contar que no sepáis ya todos. Y que si necesitáis correcciones ortotipográficas, de estilo, artículos de cualquier tipo o informes de lectura, ya sabéis dónde estoy. Y aquí abandonamos el escabroso y siempre tabú tema del dinero.

Volvemos a lo de la alimentación consciente. Para aquellos que os perdisteis el artículo anterior: de forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más. Más información en dicho artículo, aquí. Sobra decir que es una forma interesante también de controlar las cantidades, de no comer más de lo necesario y, por tanto, de perder peso. Hay unas instrucciones muy buenas en ZenHabits al respecto, el artículo lo podéis leer aquí, pero para los que os lleváis regular con el inglés, aquí tenéis los consejos principales:

  1. Empieza con algo pequeño (hazlo con una comida al día para empezar). Yo ya llevo un tiempo haciendo esto, por lo que me considero lista para pasar a convertirlo en un hábito definitivo, pero aconsejaría, al igual que ellos, que pruebes primero con un mínimo para ver si te convence o no.
  2. No hagas nada más. Concéntrate solo en comer. Nada de multitarea.
  3. Come solamente en la mesa. Así le darás toda tu atención a lo que comer, en vez de picar sobre la marcha.
  4. Aprecia la apariencia, lo visual, la belleza de lo que comes.
  5. Concéntrate en cada bocado. Experimenta las sensaciones, lo que te gusta y disgusta del bocado.
  6. Mastícalo lo suficiente como para tragarlo con comodidad.
  7. Come con cubiertos y suéltalos entre bocado y bocado.
  8. Conversa y comparte. No es imposible incorporar esta forma de comer a tu vida social. Comparte con los demás lo que estás experimentando: sabores y texturas.
  9. Busca calidad, no cantidad: Disfruta de cantidades más pequeñas de la mejor comida que te puedas permitir.
  10. Tómate el tiempo de preparar tus propias comidas, ya que el proceso de cocinar puede ser tan relajante y divertido como comer.

Yo añadiría un par más:

  1. No te preocupes, por lo menos no al principio, por lo que estás comiendo. Esto lo puedes hacer con pizza o con dulces, si te apetece. De todas formas, cuando te concentras mucho en lo que comes sueles descubrir que enseguida los dulces te empalagan o que la comida grasienta puede asquearte. Eliminas así también el estrés de preocuparte por calorías y etc. y disfrutas mucho más de lo que hay en el plato. Verás cómo el cuerpo te acaba pidiendo cosas más sanas. Lo cual nos lleva a:
  2. Presta atención a tu cuerpo. ¿Realmente sigues teniendo hambre o ya estás saciado? No tengas miedo a dejar comida en el plato. Intenta analizar si comes porque realmente tienes apetito o porque estás nervioso/a, aburrido/a o triste.

Yo ya lo llevaba haciendo de manera más o menos esporádica, y los resultados me parecieron interesantes. Tiendo a comer por ansiedad, algo que hace que este tipo de ejercicio me resulte muy difícil, y que por tanto tenga que proponérmelo como reto para acordarme y obligarme a llevarlo a cabo. Así que voy a probar los próximos 30 días para ver qué tal me va. Si me convence, ampliaré a 60, y así. No voy a establecer un mínimo, que es más o menos lo que ya he estado haciendo, sino que necesito acostumbrarme a aplicarlo siempre, en cualquier lugar y ante cualquier comida o bebida (sí, bebida también; considero que puede ser útil para el control del alcohol consumido). El reto será alimentarme de esta manera durante 30 días. Tengo curiosidad por ver si me será útil en mis viajes, donde tiendo a comer fuera y dejarme llevar por los atracones con amigos. Ya os contaré. Por ahora llevo un día y, aunque ha sido difícil, creo que ha producido beneficios inesperados: tener que pararte a pensar en lo que estás haciendo relaja, hace que se desvanezca el estrés durante un rato y que realmente disfrutes de lo que estás comiendo.

Como no podía ser de este modo, y demostrada la efectividad de compartir los retos con los demás, para este también habrá un grupo de Facebook. Con todo, no será exclusivamente para el tema de la alimentación consciente, sino para la alimentación en general. Sentíos libres de uniros si queréis llevar a cabo un desafío de 30 días mínimo de cualquier tipo relacionado con la alimentación: el reto puede ser cualquiera que creáis que os beneficiará, grande o pequeño (pero recordad que es mejor que sea pequeño, por lo menos para empezar), desde eliminar el azúcar del café hasta contar calorías o dejar de comer tanto pan. Lo que queráis: el grupo está abierto para cualquiera que quiera participar. Recordad que la idea es que arraigue un hábito, y para esto lo mejor es la repetición y tener un mínimo diario que sea sencillo. Para más sobre cómo crear hábitos, podéis leer este post, con algunos apuntes que considero que son fundamentales para tener éxito. Y recordad, ¡solo una cosa a la vez! No recomiendo que empecéis con un desafío nuevo si todavía no habéis terminado (o si todavía no ha arraigado) otro. Esto parece de perogrullo, pero todo el mundo cree que no es aplicable a su caso. Recordad que al principio cogemos las cosas con muchas ganas, pero luego las ganas se pasan y nos encontramos con mil cosas, con un ritmo que no podemos ni queremos mantener.

En cuanto a los otros retos que tengo activos, recordad que siguen los grupos de Facebook en movimiento (y de lo más efectivos):

Hábito de la escritura: Con más de 75000 palabras ya escritas, puedo decir que estoy la mar de contenta (y espero pronto poder dar unas noticias fabulosas). Ya van 150 días. Podéis apuntaros aquí.

Hábito del ejercicio: Ya llevo más de 60 días haciendo algo de ejercicio todos los días. Lo que más me está llamando la atención es lo de correr, ya que llevo más o menos mes y medio con ello y está resultando ser una experiencia de lo más energizante. A ver si me ayuda a superar el horroroso verano de agotamiento que suelo tener aquí en la costa sureña. Podéis apuntaros aquí.

P. D.: ¿Queréis saber quién fue la peor escritora del mundo? No, no hablo de la Meyer ni de la James, id a ver mi artículo en Lecturalia y lo sabréis.

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Leyendo: And Then We Came to the End, de Joshua Ferris.
Escuchando: Ni me acuerdo, la lista de Spotify con un poco de todo.

Image courtesy of artur84 / FreeDigitalPhotos.net

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35 días de meditación: Una odisea mental

octubre 15, 2012 — by Gabriella1

Cuando decidí, como desafío de 30 días para el mes de septiembre, dedicar un rato diario a la meditación, imaginaba que sería como las demás veces que había meditado, con los efectos habituales de sosiego y relajación.

Me sorprendió (y frustró) ver que no terminaba de llegar a ese estado de tranquilidad que solía otorgarme la meditación. Estaba en un momento algo complicado por muchas razones (o tal vez por ninguna en particular, simplemente porque sí), y me encontraba estresada, muy nerviosa, con los consiguientes síntomas físicos de la ansiedad (dificultad para respirar, dolor de cabeza, cansancio, etc.). La idea de tener que pararme durante por lo menos cinco minutos al día a meditar me estresaba aún más. No conseguía concentrarme, y cuando lo conseguía, me limitaba a intentar expulsar a la fuerza los pensamientos que me reconcomían.

Un poco de ayuda del pilates

Pilates: le mola hasta a los delfines

En este sentido el pilates, que comencé a principios de septiembre, fue mucho más efectivo que la meditación. Someter al cuerpo a determinados esfuerzos, y sobre todo ponerlo en posturas en las que lo estiras absolutamente todo, significa una descarga física y mental muy bruta. Es imposible preocuparte por una fecha de entrega o por una bronca estúpida si tu cabeza está demasiado ocupada gritando de una manera muy extraña: algo así como el consabido y pornográfico “me duele pero me gusta”. Era una sensación que hasta ahora desconocía y he de decir que he descubierto que la necesito (la de pilates, no la pornográfica. Esa ya la conocía). Esa hora y media, al principio dos veces a la semana (ahora he añadido otra hora los viernes) es horrible. Hace que me sienta torpe y avergonzada, además de que no suelo aguantar la hora y media sin tener que pararme a descansar, pero cuando supero el ridículo y la angustia de no poder realizar algún ejercicio la liberación física es asombrosa. Tras las primeras clases acuñé la frase “en pilates, si no te duele es que no lo estás haciendo bien”. Ahora que llevo más de un mes creo que lo cambiaré por “si te resulta fácil es que no lo estás haciendo bien”, ahora que mis músculos empiezan a acostumbrarse al esfuerzo. No duele tanto (a veces), pero sigue siendo condenadamente difícil, y a la vez de lo más relajante. En este sentido tengo que agradecerle su buen hacer a la profesora, que consigue mantener un ritmo lento, maneja bien los aspectos meditativos del ejercicio, además del tiempo que dedica a corregirnos a todos personalmente y asegurarse de que estamos utilizando los músculos y respiración adecuados. He tenido alguna clase con profesores diferentes, y su actitud más rápida, más de entrenamiento, implica menos esfuerzo y concentración. Cuando haces bien un ejercicio de pilates, hacer dos repeticiones es mucho más cansado (y efectivo) que hacer diez si el ejercicio está mal hecho y con prisa. Por otro lado, acababa tan agotada y con las endorfinas tan a tope que me daba todo igual: fechas de entrega, peleas, problemas, el fin del mundo… nada conseguía alterar mi paz mental.

Al comparar el pilates con la meditación, he llegado a la conclusión de que ambos consiguen resultados en el mismo terreno pero utilizan métodos muy diferentes. El pilates funciona gracias a la concentración, del mismo modo que muchos al meditar utilizan un foco para no perderse en sus pensamientos: su respiración, una vela, una imagen, etc. Como resultado se ignoran todos los demás pensamientos y se obtiene un sosiego, una calma.

Un paso más allá

Pero esto ya no era suficiente para mí. Quería volver a llegar hasta ese sentimiento de jhana que me producía euforia, calma absoluta, sensación de unidad con mi entorno, y un Amor de esos con mayúsculas que te dan ganas de ir a buscar a tu peor enemigo y darle un abrazo. Es el estado al que antes podía llegar con relativa facilidad, justo después de las flores y las mariposas y todas esas imágenes mentales extrañas que me solían asediar. Creo que la sensación de plenitud y felicidad llegaba como consecuencia de experimentar imágenes tan fabulosas, un poco como cuando tienes un sueño que va a explotar de color y figuras y no quieres despertarte nunca. Esas sensaciones no son, ni de lejos, un estado avanzado de la meditación, pero sí que hacen que tengas más ganas de llevar a cabo la práctica, y surgen al llegar a una concentración total, generalmente en un objeto o estado. Para mí, el foco de la concentración es mi propia mente. Por lo que he leído, si bien no lo he probado, el yoga sería el ejercicio más adecuado para este tipo de abstracción.

¿Por qué, entonces, me costaba ahora tanto llegar a ese estado? Al terminar los 30 días propuestos, decidí seguir durante otro mes, más por cabezonería que por otra cosa. Y parece que todo se ha confabulado para lanzarme mensajes, de todas partes, acerca de este tema. He estado leyendo acerca del zen, acerca de la meditación, y acerca de nuevas técnicas que van un poco más allá de la programación neurolingüística y otro tipo de técnicas que me llamaban bastante la atención. Y creo que he dado con una clave importante.

Del mismo modo que en pilates, hasta ahora mi actitud era expulsar la tensión, expulsar los pensamientos negativos y estresantes. Pero estos seguían ahí, tal vez no en forma de pensamientos pero sí de emociones, de angustia y ansiedad. Pero a lo mejor hay que enfrentarse a ello de otra forma, como en la meditación: no se trata, realmente, de eliminar las distracciones, sino aceptarlas, prestarles atención, y entonces despedirse de ellas. Y lo mismo con los pensamientos negativos, las emociones destructivas. Hay que aceptarlas, reconocer que están ahí, y entonces darles permiso para que se larguen.

En busca de una conciencia más atenta

Por ahora los resultados son muy positivos, y solo llevo unos días aplicando esta nueva actitud. En cuanto lo relacioné con el tema de la meditación, me di cuenta de exactamente por qué meditaba. La meditación me estaba entrenando para llevar esto a cabo, es una práctica donde las distracciones y los pensamientos se observan, como desde una segunda mente superior, que toma la decisión de si hacerles caso o no. Ha sido un descubrimiento muy interesante, y pienso seguir experimentando con él durante los próximos días. Ya os haré saber qué conclusiones saco a la larga. De primeras, he de decir que estoy descubriendo cosas sobre mí misma que no era muy consciente de que estaban ahí, tal vez porque prefería ignorarlas. He descubierto que soy horriblemente celosa (no me refiero a las relaciones de pareja, donde soy bastante segura, sino de todo lo demás) y competitiva; rencorosa e insegura. Lo sabía, hasta cierto punto, pero no me daba cuenta de la cantidad de emoción que le dedicaba a estas características, de lo destructivas que eran. Es extraordinario pensar que estás agobiada simplemente por un tema, aparentemente absurdo, de trabajo, y de repente darte cuenta de todo lo demás que hay involucrado. Poco a poco, descubres qué es lo que está pasando realmente, por qué te sientes tan mierda ante algo que ni siquiera tiene importancia.

Esto es solo la punta del iceberg. Han sido 35 días de meditación que de primeras han sido poco efectivos, que en la superficie no me han aportado nada. Pero ahora que de repente empiezan a llegar tantos datos, tanta información acerca de mí misma y de mi forma de reflexionar, empiezo a pensar si tal vez este desafío habrá ido mucho más allá de lo que pensaba.

Seguiré informando. Por ahora os dejo con una foto de mi jardín trasero, hace un par de días. No hay un incendio, no, es simplemente un amanecer de esos radiantes:

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Imagen del delfín de Flickr, por cortesía Creative Commons de post406.

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Adiós, clutterfuck y hola, meditación

septiembre 9, 2012 — by Gabriella0

Hoy se cumple el último día del desafío de 30 días Clutterfuck. Los días 29 y 30 no los he fotografiado ni voy a exponerlos ya que se han tratado de objetos recibidos como regalos. Aunque creo que ninguna de las personas involucradas lee este blog, preferiría no publicar dichos objetos por si acaso. Son cosas a las que les tengo cariño pero que llevo ya un tiempo sin usar y que están en muy buenas condiciones; cosas que podrán ser aprovechadas y queridas por otros. A continuación os dejo mi resumen de lo que ha significado este desafío:

¿De qué trataba el desafío y cuál era su objetivo?
Durante 30 días me he deshecho, de manera diaria, de un objeto que ya no usaba, un objeto que sobraba. En el caso de cosas ya muy avejentadas o rotas, las he tirado; las nuevas las he donado a Cudeca o a amigos que me las han pedido. El objetivo era valorar de nuevo los objetos materiales, darles la importancia que merecen, y considerar qué necesito realmente y qué está simplemente ocupando espacio y molestando en mi entorno. Mi esperanza era que este comportamiento además me ayudara a hacer un poco de clutterfuck mental y laboral.

¿Cómo ha sido de difícil?
Relativamente fácil, si bien ha llevado más tiempo los días que tenía que reorganizar y ordenar cosas, por no hablar de subir mis progresos al blog y realizar fotografías. En general ha sido bastante sencillo, pero me alegro de haber terminado y no tener que seguir haciéndolo a diario.

¿Prueba superada?
Sí, lo he hecho a lo largo de 30 días, deshaciéndome de algo a diario. ¡Conseguido!

¿Ha funcionado?
Pues sí, ha funcionado. Tengo menos cosas (aunque todavía me quedan muchísimas más que deberían ir por el mismo camino), menos bulto a mi alrededor. Y no solo eso, empiezo a tener cierto estado mental que me ha ayudado en mi vida laboral también. He conseguido reorganizar algunos proyectos, quitarme carga de trabajo en otros (he recortado en algunas cosas que me satisfacían a nivel personal y profesional: prefiero hacer menos y de mejor calidad) y dejar algo de tiempo para encargos ocasionales, tanto de Miss Cristal como relacionados con las letras, que me entran y que siempre producen un caos total en una rutina que estaba llena de obligaciones que me saturaban. Un tiempo que además me ha venido estupendo para poder echarle más horas a esto de hacer ejercicio (he empezado a ir a un gimnasio, aprovechando que mi hermano se ha apuntado y puede acercarme en coche). Sobre todo me ha ayudado a ver qué es esencial y qué no, si bien queda claro que este es un proceso que no ha hecho más que comenzar. Sospecho que en los próximos meses me veréis ir cortando con algunos otros proyectos que tengo por ahí sin terminar, languideciendo, y que ya no me aportan nada. Me está enseñando a ser más realista y a enfocar, a concentrarme en lo importante y fundamental. Sobre todo, se me está quitando el apego tonto a cosas que no lo necesitan. El afecto es limitado, creo que voy a distribuirlo mejor a partir de ahora.

¿Vas a seguir haciéndolo?
No a diario, desde luego, ya que implica un gasto de tiempo y energía que necesito para probar otros retos. Pero a partir de ahora dedicaré un día fijo, cada dos meses, para hacer un clutterfuck masivo en mi espacio vital, tanto mental como físico. Será muy útil para actualizar prioridades y hacer limpieza en todos los sentidos. También me he adjudicado una nueva regla, muy sencilla: Nada entra sin que algo salga, es decir, cualquier compra, regalo, etc., implicará que tendrá que salir de mi espacio otro objeto que ya no sea esencial. Para empezar, el día 9 de octubre haré el primer clutterfuck masivo y me comprometo a mostrarlo en el blog, sois todos testigos 😉

¿Cuál es el siguiente reto?
Mañana empieza el siguiente desafío de 30 días, el de meditación. Como ya os comenté, la primera semana se tratará de meditación guiada, aprovechando la oferta de Meditationfest (lamentablemente, en inglés), de siete sesiones distintas gratuitas, más que nada por probar diferentes formas y perspectivas frente a la meditación. Después, volveré a mi meditación habitual, que está explicada aquí, y que consiste en poner en blanco la mente hasta entrar en un estado en el que puedes dejar simplemente fluir los pensamientos sin agarrarte a ellos. Si alguien quiere apuntarse al reto pero no sabe ni por dónde empezar porque jamás ha meditado, aconsejo el siguiente proceso para empezar:

  • Busca una posición cómoda (pero no tan cómoda que te vayas a quedar dormido). Yo uso medio loto, con las manos abiertas en forma de pinza sobre las rodillas (así, si te duermes, te despiertan tus propias manos al cerrarse. En la imagen veréis a lo que me refiero). Pero te puedes sentar en una silla normal, o donde estés a gusto. Lo importante es que la espalda esté recta y no estés tumbado/a.
  • Cierra los ojos y concéntrate en respirar. Si sabes realizar respiración abdominal o diafragmática, esta es la buena. Si no, limítate a inspirar y espirar como siempre, pero de manera mucho más lento y profunda.
  • Cuando te sientas ya algo más relajado, no pienses en nada. Es decir, lo que venga córtalo de forma abrupta. Cualquier pensamiento elimínalo tan pronto aparezca, hasta que no estés pensando en nada. Esto al principio es bastante más complicado de lo que podría parecer.
  • Una vez has conseguido esto, empieza a dejar pasar los pensamientos. Pero no reflexiones ni te pares con ellos, déjalos fluir y pasar. No los cortes pero tampoco les prestes atención. Simplemente observa. Se trata de conseguir una especie de “mente tras la mente”, o testigo de tu propio pensar. Este es el estado ideal al que queremos llegar.

Personalmente me gusta reflexionar un poco antes de empezar a meditar, para quitarme preocupaciones o cosas interesantes que podrían distraerme demasiado durante la meditación. Del mismo modo, suelo quedarme reflexionando un rato después de meditar, ya que pueden haber surgido pensamientos interesantes sobre los que me gustaría profundizar pero que por la naturaleza de la meditación tuve que dejar fluir en vez de pararme lo necesario. A veces apunto cosas. Como método de inspiración es inigualable, desde luego. Lo idóneo es empezar con un tiempo fijo, ponerse el despertador, por ejemplo, y realizar unos cinco minutos, para ir ampliando el tiempo según vamos haciendo sesiones. En mi caso, mi objetivo es llegar a cierto estado de paz y gusto que suelo alcanzar pasados unos 10-15 minutos*, por lo que para mí una sesión exitosa rondará los 20 minutos. Hay días que tardo mucho más, porque estoy preocupada, estresada, etc., y días en los que llego en nada. De cualquier forma cada persona es un mundo y veréis cómo, después de un tiempo de práctica, vosotros también daréis con la cantidad de tiempo idónea para que cada sesión sea fructífera, es decir, que os ayude a vaciar la mente, limpiaros un poco las ideas y os proporcione una relajación fabulosa.

Si alguien quiere hacerme alguna pregunta, sentíos libres de hacerlo por los comentarios o escribiéndome a gabriellavc(arroba)yahoo.es

*Yo lo defino como “el estado de las florecillas y las mariposas”, porque suele ir acompañado de imágenes mentales de flores que crecen de mis manos, con mariposas que revolotean alrededor. Sí, WTF. No me preguntéis de dónde sale eso ni por qué. Pero sí que es cierto que en las épocas en las que he meditado más a menudo cada vez tenía imágenes mentales más vívidas durante la sesión. Algunas en concreto acaban asociándose a cierto estado mental, como en el caso de las florecillas en cuestión.
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Imagen por cortesía de: FreeDigitalPhotos.net