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Los 10 mejores libros de mi 2015

diciembre 29, 2015 — by Gabriella34

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No sé muy bien cómo ha ocurrido. Os prometo que no ha sido a propósito. Pero resulta que el trabajo de los últimos años se ha ido juntando y se dispone a saltar a los brazos de posibles lectores tooodo a la vez, más o menos: todo en la primera mitad del 2016.

Del primer libro que saldrá este año entrante hablaré en el próximo envío a mi lista de correo (ya sabéis que es una lista donde envío artículos cada par de semanas, que escribo solo para mis suscriptores y que no aparecen publicados en el blog). Puedo adelantaros que no será un libro de ficción, sino un libro especial para escritores, una ampliación trabajada de un tema que he tratado en cierta medida en el blog. Y el año traerá muchas más sorpresas que me muero de ganas de contaros.

Pero dejemos el futuro y los buenos propósitos, y centrémonos un rato en el pasado. Vengo a compartir con vosotros mis lecturas recomendadas, los libros que más me han gustado del 2015. Si queréis ver todas mis lecturas de este año, podéis verlas en mi perfil de Goodreads.

Ahí van, mis 10 favoritos, mis libros de 2015. No son libros publicados en 2015 necesariamente, sino obras que leí a lo largo de este año. Tal vez no sean de vuestro gusto (y ya sabéis que el mío es un tanto peculiar), pero todos tienen algo extraordinario que ofrecer. También quiero saber cuáles han sido vuestras lecturas preferidas; acordaos de decírmelo en los comentarios.

Mobymelville, de Daniel Pérez Navarro

mobymelvillePérez Navarro ha sido uno de mis descubrimientos del 2015 y tengo muchas ganas de tener en mis manos alguna otra obra suya. Mobymelville es un ejercicio formal fabuloso inspirado, cómo no, en la obra de Herman Melville, con un estilo casi impecable. Pero lo mejor es el trasfondo de homenaje literario, cultural y filosófico. El final, aunque más abierto que las entrañas de un delfín devorado por la terrible criatura de Pérez Navarro, me parece brillante. Dije esto en Goodreads, y lo mantengo:

No apto para amantes de lo fácil. Esta no es literatura para pasar el rato.

Mobymelville es como Loki, Coyote o cualquier divinidad traviesa, a veces maléfica. Y la combinación que hace Pérez Navarro de lo mitológico, onírico y clásico con elementos de ciencia ficción es fascinante.

Aviso para navegantes: No leáis este libro como una narración lineal. No esperéis un principio ni un fin. Todo es una persecución, una trampa tras otra devorada por un agujero negro.

Creo que tendré resaca unos días mientras mi cabeza bulle con todas estas capas de información. Es muy divertido, por cierto, leer las interpretaciones del texto por parte de otros lectores y reseñadores. Yo tengo la mía, claro, pero creo que a esta obra hay que llegar virgen, sin saber lo que te esperas.

Si Mobymelville fuera una película, saldríamos todos del cine con un WTF en los labios y risas entusiasmadas durante el camino de vuelta mientras debatimos sobre todos sus significados.

 

American Gods, de Neil Gaiman

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Sí, todos lo habíais leído ya, pero yo no. Mi primera lectura de Gaiman fue Buenos presagios, uno de mis libros favoritos desde entonces, seguido al poco por The Sandman, uno de mis cómics favoritos. Pero no conseguí terminar de conciliarme con el Gaiman novelista a solas. Los hijos de Anansi me divirtió, pero Stardust me dio sueño. Me hice fan de nuevo con esta maravilla de la fantasía moderna y mítica que es American Gods.

Por cierto, si podéis, haceos un favor y leedlo en inglés. Sé que hay dos traducciones ahí fuera a nuestro idioma y que ambas dejan mucho que desear.

Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza

clara y la penumbra

Cualquiera que me conozca un poco sabe lo insoportable que puedo llegar a ser con el estilo. Creo en la sencillez, en la elegancia, y me pongo de mala leche si veo adjetivos por doquier, gerundios y metáforas a cascoporro. Somoza es de los pocos que consigue recargar un texto, llenarlo de color y forma, y no perder esa sensación de belleza y habilidad que se encuentra en tan pocos escritores actuales. Clara y la penumbra te deja con una horrible impresión de vacío y frialdad, porque refleja un mundo terrible, carente de piedad. La trama detectivesca en sí no es la más original ni la menos predecible del mundo, pero eso da bastante igual porque el libro no va de asesinatos ni de asesinos en serie, sino de un mundo tan impersonal que puede confundir los conceptos de lo humano y del arte.

El final del duelo, de Alejandro Marcos Ortega

el final del duelo

En su momento dije esto de la novela de Alejandro, pero podéis leer más sobre lectura aquí, y una entrevista al autor aquí:

Original, dinámico, adictivo.

+1000 puntos por imágenes como los ciervos lanudos o la ciudad suspendida en el lateral de una montaña; por el uso de la segunda persona epistolar; por esa genial combinación entre lo épico y detectivesco; por la inserción de los hechizos de combate en un mundo extrañamente atemporal; por la ruptura casual de lo heteronormativo; por la melancólica tristeza del narrador.

Aunque a nivel formal la novela tiene instantes de tropiezo (reconozco que algunas comas mal puestas y leísmos interrumpieron mi experiencia de lectora pedante, y hay algunas repeticiones que podrían haberse recortado), es imposible no sumergirse en la historia de Saúl y Jero. Por lo general se agradece la simplicidad y frescura del texto, frente a la abundancia actual de obras de fantasía clásica, cargadas de adjetivos y metáforas cansadas.

Me encanta que esta sea la primera novela del autor: significa que tenemos mucho más por delante (o eso espero).

Distancia de rescate, de Samanta Schweblin y El secreto del orfebre, de elia barceló

el sueño del orfebre distancia de rescate

Meto en una sola entrada los libros de Schweblin y de Barceló, ya que ambos son relatos largos (o novelas muy cortas, según se mire) que leí más o menos del tirón.

Distancia de rescate no es un libro perfecto, a mi juicio. Pero ha sido una experiencia que promete, un algo casi perfecto que me hace querer devorar más obras de esta autora, y que también ofrece un estilo limpio, refrescante:

Aunque creo que la resolución de la historia deja que desear (y la contraposición del elemento paranormal/mágico con el fondo realista me resulta algo forzada), sumo muchos puntos en la valoración de este libro debido al maravilloso estilo, elegantísimo e intrigante, de Schweblin. Su capacidad para enganchar al lector y crear suspense es envidiable: me comí este relato de una sola sentada.

También con un estilo bien cuidado y una atmósfera muy conseguida cayó este año El secreto del orfebre, de Elia Barceló, que considero muy digno de mención:

El ritmo formal de Elia es peculiar y atractivo, hipnótico en ocasiones. La historia que cuenta tiene su punto predecible, pero no por ello emociona menos. Las piezas encajan, como un reloj exacto o una creación avanzada de joyería.

Es la primera obra que leo de la autora y me ha convencido. Voy a mi lista de deseos para añadir alguna novela suya, que me he quedado con ganas de algo más largo (y más reciente, que tengo curiosidad por ver cómo ha evolucionado su estilo).

The Good, the Bad and the Furry, de Tom Cox

tom cox

Este libro no está disponible en nuestro idioma y me parece mal, fatal, porque Cox debería estar traducido a todos los idiomas. El mundo necesita más escritores así, a lo Pratchett, capaces de conseguir que en una página llores de la risa y a la siguiente de tristeza. No sé, tal vez soy yo. Tal vez es porque esta es la historia de un periodista y escritor que vive en una casa que se cae a cachos en el campo, con tres gatos (más todos los de la zona que poco a poco se le van pegando). Si conocéis la cuenta de Twitter @mysadcat, conoceréis el sentido del humor inteligente y absurdo de Cox, si no…

tom cox

Aviso: Es posible que tengan que gustarte los gatos para disfrutar de este libro como yo lo he disfrutado.

The Better Angels of Our Nature, de Stephen Pinker

stephen pinker

Traducido como Los ángeles que llevamos dentro. Creo que estuve cuatro o cinco meses con este libro. Leía veinte o treinta páginas, lo dejaba y lo cogía otra vez. Y es que este no es un libro para leer de golpe. Cada página contiene una cantidad inmensa de información. Pinker intenta demostrar a lo largo de su obra por qué esta época en la que vivimos es, de hecho, la menos violenta de la historia de la humanidad. Su perspectiva cubre todo tipo de campos, desde estadística a psicología o feminismo, y es una lectura realmente apasionante.

Ya conocía al Pinker lingüista de mis días de facultad, pero es que este señor puede con lo que le echen. Espero que el 2016 me traiga alguna otra obra suya.

The Art of Social Media, de Guy Kawasaki y Peg Fitzpatrick

guy kawasaki

Kawasaki y Fitzpatrick son un equipo imbatible en lo que se refiere al uso de las redes sociales para realizar una promoción amena y útil de tu producto. A los escritores nos hace falta aprender mucho de esto, sí, pero no os preocupéis: ni siquiera tenéis que leer este libro, porque os resumí lo mejor y más provechoso en este artículo.

Manual indispensable y práctico de social media. Impresionante la cantidad de conocimiento que se ha concentrado en este librito. Especialmente indicado para escritores y otros creadores que buscan darse a conocer.

No le doy más estrellas porque Goodreads no me deja.

Crossing to Safety, de Wallace Stegner

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Traducido como En lugar seguro. Otro gran descubrimiento: Stegner es un maestro a la hora de construir personajes y de mostrarte escenarios y momentos en los que, en realidad, nunca ocurre nada (pero no importa, porque lo están disfrutando tanto que ni te das cuenta). Y ya lo dije junto a mis cinco estrellas de Goodreads:

Stegner consigue lo imposible: hacer una obra maestra donde apenas pasa nada, solo la amistad, la impresionante belleza del paisaje y los buenos diálogos.

Las puertas del infinito, de José Antonio Cotrina y Víctor Conde

las puertas del infinito

Sí, estoy haciendo hype y nepotismo en un solo post. Estoy hablando de mi coitor coautor y de un escritor al que publiqué cuando era editora.

Así que no sé muy bien qué decir para convenceros.
Fui lectora cero de esta obra, que sale en febrero 2016 al mundo, de la mano de Penguin Random House. Tuve el privilegio de trabajar con los autores sobre la obra. Y ha sido una de las mejores lecturas que realicé en 2015, por no decir una de las mejores lecturas que he hecho nunca.

Es un libro raro, eso no voy a ocultarlo. Probablemente no sea para todos los gustos. Pero sí es para mi gusto. Hay personajes geniales, monstruos fenomenales, viajes interdimensionales, explosiones, tripas (muchas tripas) y una morsa que habla.

Tendréis que leerlo, aunque solo sea por la morsa.


Y también quería dar las gracias.

Ha sido un buen año.

Gracias a todos los que me acompañasteis a lo largo de este año: a los que leísteis, a los que comentasteis y compartisteis; a los que me escribisteis y a los que comprasteis y/o reseñasteis mis libros (¡a vosotros sabéis que os quiero más que a nadie!).

No sé qué le deparará al blog el 2016. Esperemos que sean muchos buenos ratos más y que podamos seguir todos aprendiendo juntos sobre el arte de la escritura. Espero seguir viéndoos a todos por aquí.

Voy a tomarme una semanita de descanso del blog para poder rematar otros proyectos, y para beber y comer (más) con mi familia. Si todo va según lo programado, para el viernes 8 tendréis el primer artículo del nuevo año.

Por una vez no voy a terminar un artículo diciéndoos que os pongáis a escribir. Ya habrá tiempo de hacer buenos propósitos y de ver cómo cumplirlos. Mientras, celebrad estos días como merecen. Al fin y al cabo, hemos conseguido sobrevivir 365 días más y eso es digno de fiesta.

Salud, dinero, amor y muchos libros más para todos. Feliz final de 2015.

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Cómo saber si tu libro está listo para publicarse (y otros recortes literarios)

junio 19, 2015 — by Gabriella11

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Por un lado, creemos que somos buenos. Somos mejores que la media, por lo menos (¿verdad? ¡Dime que sí!). A veces escribimos frases de esas que queremos enmarcar y colgar en la entrada de nuestra casa para que cualquier visita tenga que verlas, quiera o no (¿un café? ¿un vino? ¿un poema enmarcado, ilustrado y dedicado para llevarle a tu familia?).

Por otro, estamos profundamente convencidos de que lo que hacemos es caca. Caca muy clarita, apestosa, blanda. Y queremos ocultar lo que escribimos, matarlo y enterrarlo bajo el manzano al fondo del jardín. Sí, ahí, en el mismo sitio donde enterraste a tus ocho exnovios y a ese señor de la pescadería que una vez te miró mal.

Y en algún sitio intermedio está el mundo real, ese mundo supuestamente objetivo que va a considerar si lo que hemos escrito tiene algún valor o no. Y muchos esperamos, nerviosos, arrancándonos el pelo poco a poco, queriendo que un extraño nos diga la verdad; que nos diga si esto merece la pena. Si estaba o no estaba listo para publicarse.

Todo nuestro trabajo en manos de alguien a quien ni conocemos. ¿No os parece alucinante? Ridículo, también. Pero alucinante.

Hay escritores que no viven con esta batalla, o que no dependen, en absoluto, de una validación exterior. Para ellos el lector definitivo es uno mismo. Yo envidio un poco a esos escritores. Otros muchos fingen ser como esos escritores, diciendo que las opiniones sobre su trabajo no les importan. Pero creo que hasta cierto punto las opiniones de los lectores, de los intermediarios y de los críticos sí deben importar, porque nos sirven (repito: hasta cierto punto) de veleta, para ver hacia dónde sopla el viento de nuestro trabajo y determinación.

Por todo esto, el miedo a publicar, a liberar nuestra obra, es grande. ¿Y si no está lista? ¿Y si hago el más espantoso ridículo? Yo creo que está bien, pero… ¿hay alguna forma objetiva de saberlo? Si uno se autoedita, por ejemplo, no pasa por el filtro de una editorial. No ha habido ningún portero de discoteca que te haya mirado de arriba abajo y haya considerado que sí, que tus pintas están lo bastante bien como para entrar en este club exclusivo (por suerte, en Fuengirola, meca del turismo más lucido, de eso tenemos poco. Llevar camiseta ya te hace merecedor del aprecio de todo el local).

Para intentar responder a alguna de estas preguntas, recurro a una entrevista que leí hace poco, en la que la escritora y especialista en autoedición Joanna Penn hablaba con Jen Blood, su correctora de estilo y también autora de éxito.

Blood y cómo saber si tu libro está listo

jen blood

Con el nuevo modelo, en el que tenemos que escogernos a nosotros mismos, ¿cómo sabe la gente si su libro es lo bastante bueno como para publicarlo?

Jen: Esa es una pregunta difícil. Definitivamente, es difícil. Ahí es donde vienen muy bien los lectores cero, porque hablamos de gente que está empezando. Una vez tienes ya un libro o dos ya publicados, obviamente tienes un poco más de experiencia y sabes que puedes hacerlo. Al principio se trata de tener uno o dos lectores cero, y un editor/corrector en quien puedas confiar, a quien no le dé miedo decirte: “¿Sabes qué? Creo que no estás preparado todavía para lanzar esto”. Realmente es un acto de fe.

Se trata de decidir: “Vale, pues esto es lo que quiero, y lo quiero con tanta fuerza que estoy dispuesto/a a asumir el riesgo. Porque todo escritor, da igual lo bueno que sea, si es un autor autoeditado, va a tener esas dudas. Es cuestión de dar ese salto y ver qué pasa desde ahí, pero antes de dar el salto: lectores cero, un editor/corrector en quien confíes y ya avanzas a partir de ahí.

Creo que ya he hablado alguna vez de lo útiles que son los lectores cero, pero también es importante (sobre todo al principio, y sobre todo si te autoeditas) tener alguna figura profesional, ya sea un editor, asesor, lector editorial o corrector de estilo, que pueda guiarte. Necesitas a alguien que pueda señalar tus errores más frecuentes de estilo, que pueda decirte dónde fallan tus estructuras, qué debes mejorar y, lo más importante, si tu libro está en condiciones de publicarse.

Blood habla de editor, pero lo he traducido como editor/corrector, para daros una idea más práctica de aquello a lo que se refiere. Blood hace line editing, corrección de estilo, y también es editora en el sentido antiguo: edita, es correctora de contenidos; busca todo lo que puede mejorarse en la estructura y los contenidos de una obra. Con un mercado de autoedición cada vez mayor en EEUU, cada vez se recurre más a profesionales como Blood, que ocupan el espacio que tienen editor y corrector de estilo en las editoriales tradicionales.

Muchos ya sabéis que durante un tiempo realicé informes de lectura, tanto para editoriales como para particulares, que eran una suerte de recopilatorios de edición y sugerencias de corrección, todo condensado en unas 5-10 páginas. Realizaba también una valoración comercial dentro del informe, y más de una vez he comentado con algún cliente que sería recomendable subsanar determinados errores y carencias antes de plantearse el envío a editoriales (sobre todo trabajaba con personas que buscaban publicación en el mercado tradicional, aunque también he trabajado con algún autoeditado). Creo que un informe es ideal para tener una idea en conjunto, como mínimo. Obviamente, en un mundo perfecto todos los autores invertirían también en una buena edición estructural y en una corrección de estilo, pero no estamos en un mundo perfecto y las correcciones suponen una inversión importante. Así que, si tenéis la suerte de contar con buenos lectores cero, aprovechadlos, y si podéis invertir un poco de dinero en informes y/o correcciones, realmente lo recomiendo. (Como es evidente, este consejo podría parecer algo interesado, pero podréis ver que internet está lleno de lectores profesionales con muy buenos precios. Obviamente no recomiendo ir al más barato, pero podéis obtener buenos informes a precios más que razonables). Creo que esos dos filtros son importantes para:

  • Saber si vuestra obra ya puede compartirse con el mundo y, en caso negativo, qué podéis hacer para que lo esté, y
  • Solucionar todos los errores objetivos de trama y estilo para ofrecer un producto lo más perfecto posible a vuestros lectores.

Una última nota respecto a los informes de lectura: recordad que un informe es un texto objetivo, donde no debería entrar en gran medida la valoración subjetiva del lector. Desconfiad de lectores supuestamente profesionales que os digan que vuestra obra es lo mejor que se ha escrito desde el Ulises. Cada vez veo más casos donde editoriales de coedición y similares interesadas en vender sus servicios utilizan los informes de lectura como cebo. Lo cual no tiene nada de malo si producen informes útiles, pero recordad que el que alaben vuestro texto es muy satisfactorio, pero poco útil.

Parks y la unión de autor y texto

tim parks

Recuerdo haber conocido a Coetzee, después de haber leído sus libros durante muchos años, y sentirme asombrado por la sensación de reconocimiento; la atmósfera inducida en su conversación, la extraña conciencia de tanto austeridad como calidez por su parte, alejamiento y apertura, era exactamente la misma sensación que uno tiene al leer sus novelas. Fue después de esa reunión que se me ocurrió que el genio literario es la capacidad de integrar a los lectores en el mundo de sensaciones de uno mismo, con todos sus matices y complejidad, y forzarlos a posicionarse en relación a ti.

En un artículo brillante para The New York Review of Books, llamado The Writer’s Shadow (La sombra del escritor), Tim Parks habla del acercamiento a los autores mediante sus textos. De las distancias cortas entre escritor y lector, y de los parecidos entre textos y autores.

Creo que alguna vez os hablé de cómo me gustaba buscar al autor en los textos. Sus emociones, reflexiones, personalidad, sus traumas. No hablo de lo evidente, esa presencia vulgar de la filosofía y opinión (incluso moralidad) de un mal escritor en su libro. No, hablo de la voz. Esa voz que escuchas, que resulta que sí, que es su voz cuando conoces al escritor o escritora en cuestión. Y no solo la voz: los movimientos (mentales, casi físicos), los miedos, lo que perturba a un escritor. Si un autor es valiente, si es bueno, mostrará todas sus carnes abiertas para ti. No me extraña, en cierta manera, que algunos autores huyan del contacto con sus lectores. A mí me recorre un escalofrío cuando alguien pone el dedo en la llaga, cuando alguien dice: “Pero aquí, esta lucha de este personajes, este momento de…”. Temo ese momento, temo ser descubierta. Es mucho más que desnudarse. Es desnudarse haciendo algo terriblemente vergonzoso y que luego, vestida, con la cabeza bien levantada y digna, llegue alguien y te diga: “Te he visto cuando hacías eso”. E igual esa persona sonríe, o está muy seria, y tú solo quieres que se abra la tierra y disolverte en magma.

Filipacchi y la diferencia entre las fotos de autor y de autora

El mundo de las fotos de autor es fascinante. Esas poses que se repiten, esas miradas al vacío, ese ceño fruncido de chico malo, esos labios coquetos y seductores… Nunca me lo había planteado, pero cuanto más lo pienso, más empiezo a verlo: las fotos de hombres y mujeres son muy diferentes cuando son para las solapas de un libro. Ya de por sí nuestro lenguaje gestual es distinto, pero hay todo un conjunto de baremos y reglas para cómo debe ser una foto de autor y cómo debe ser una de autora. Al fin y al cabo, ¿qué estamos vendiendo? Si eres un escritor de poesía oscura y maldita, no te pega una foto de piernas cruzadas y sonriente. Si eres escritora de romántica, tu foto te mostrará muy mona, muy maquillada y muy femenina. Y así todo, por lo menos para las editoriales lo bastante grandes como para que su departamento de marketing se llene la boca con palabras como branding y target y posicionamiento.

Algo así debió de pensar la escritora Amanda Filipacchi cuando decidió que se haría una foto de autor, de escritor. Es decir: iba a posar como un hombre.

En el New York Times explica por qué. Contó toda su experiencia, incluida la confusión de su fotógrafa, acostumbrada a tratar con clientes que tenían muy claro su rol: sobrio y serio para los hombres; leve flirteo y feminidad exaltada para las mujeres. Amanda razona aquí su decisión:

amanda filipacchi

En un pasaje de su novela El mundo deslumbante, Siri Hustvedt habla del Estudio Goldberg, un experimento real que se llevó a cabo por primera vez en 1968, que descubrió que las estudiantes valoraban un ensayo o un producto artístico con mayor severidad cuando se les adjudicaba un autor femenino. Los trabajos eran idénticos, pero a las estudiantes les gustaban más si los había creado un hombre. El experimento se repitió quince años más tarde, esta vez con estudiantes de ambos sexos, y produjo los mismos resultados.

Me pregunto cuál sería el resultado de ese experimento ahora, en el 2015. ¿Seguimos siendo más permisivos con las obras creadas por hombres? ¿Hay tal sesgo negativo hacia la mujer (en particular, la mujer creadora)? Para Filipacchi, había el suficiente como para plantearse de qué manera afectaría a sus lectores ver una fotografía donde la autora adoptara poses típicamente masculinas (rigidez, puño cerrado, semblante serio). Tal vez pensaba que así vendería más libros. Supongo que no hay manera realista de saber cómo influirá esto en sus lectores, pero desde luego es una propuesta interesante. Hablamos de cómo crear personajes femeninos y nos preguntamos si los nuestros serán más que bonitos objetos decorativos, pero puede que nos estemos olvidando de algo también importante: ¿estamos condicionando, separando, también a los autores por sexo? ¿Damos tanto por sentado lo que busca el público que nos empeñamos en presentar a las escritoras como sex-symbols, a los escritores como gamberros, misteriosos o intelectuales? Según varios estudios, los hombres se sienten más atraídos por mujeres que los miran de frente y sonríen, ¿es ese un impulso comercial suficiente como para que todas las que escribimos tengamos que mostrarnos así ante nuestros posibles lectores? ¿Y hasta qué punto influye la foto de autor, de todos modos?

Creando mundos nuevos con Pinker y Hofstede

Lecturonauta publicó un claro e instructivo artículo sobre el modelo de las cinco dimensiones de Gerard Hendrik Hofstede. Este tipo de psicología social es muy útil para aquellos que quieran trabajar con sociedades nuevas, ficticias:

El Modelo de las Cinco Dimensiones de Hofstede puede utilizarse para muchas cosas en la escritura: cimentar la esencia de una sociedad ficticia, caracterizar personajes según la cultura a la que pertenecen, comprender y reflejar la conducta de culturas ajenas, diferenciar la forma de vida de dos culturas distintas… Como todo escritor sabe, la información es poder.

Y sí, el modelo de las cinco dimensiones nos proporciona toda una suerte de contenidos útiles para determinar cómo se relacionan entre sí los habitantes de la sociedad que estamos creando, ya sea una sociedad basada en realidad histórica o una completamente nueva, fantástica, alienígena o lo que sea. Por otro lado, me gusta mucho este cuadro que encontré de Stephen Pinker, donde expone varios de los modelos relacionales más conocidos (podéis encontrar buenas explicaciones de cada modelo en su obra, que siempre recomiendo, Los ángeles que llevamos dentro). Entre la información de Hofstede y los modelos de estos grandes sociólogos y antropólogos, podemos elegir con ganas cómo será nuestra sociedad: la base de su relación social será lo que nos indicará todo lo demás. Podremos construir religiones, costumbres, motivaciones de personajes… Lo que ahora se llama worldbuilding, pero a lo bruto:

modelos relacionales

Si todo esto os parece mucho trabajo, siempre podéis tomar como base alguna sociedad existente. Momentos históricos como la Revolución Industrial, la Guerra Civil española o la caída del Imperio Romano pueden ser bases apasionantes para crear sociedades coherentes, verosímiles y, ante todo, interesantes (es lo que tiene estar al borde del caos). El límite, después de todo, es nuestra imaginación, pero es crucial entender cómo suelen operar las relaciones sociales para crear grupos funcionales y creíbles.

Cain y las terribles obligaciones de la libertad

Una de las cosas curiosas de ser escritora es que adquieres una obsesión extraordinaria con el lenguaje, sobre todo con tu lenguaje, el que sale de tu boca y el que hace bailoteos obscenos en tu cerebro. Hace ya un par de años decidí modificar mi forma de hablar, hacerlo cómplice de mi forma de pensar. Ya bastaba de pensamientos que no llevaban a ninguna parte. Ya bastaba de emitir quejas y hablar por hablar (lo de hablar por hablar lo sigo haciendo mucho; me gustaría pensar que voy mejorando). Uno de los cambios más importantes que he realizado es el de procurar modificar el “no puedo” por el “no quiero”. Sí, hay veces que realmente no puedes hacer algo (no puedes salir de casa si ha caído un meteorito que bloquea la puerta). Otras, te engañas. No quiero salir de casa. No hay ningún meteorito. No quiero escribir hoy todo lo que tengo que escribir. Ah, mierda, no, esa nunca me sirve. Hoy siempre hay que escribir.

En un artículo de David Cain, muy bien llamado You Are Free, Like it or Not (Eres libre, te guste o no) leí sobre el concepto de mala fe (bad faith). La mala fe es el encogimiento de hombros, esa confianza absoluta en algo que, simplemente, no es verdad:

david cain

Esto es mala fe: cuando nos convencemos de que somos menos libres de lo que realmente somos, para no tener que sentirnos responsables de aquello en lo que nos vamos convirtiendo. Realmente parece que tienes que levantarte a las 7 cada lunes, porque hay constricciones como tu trabajo, el horario de tu familia, y tus necesidades físicas no te ofrecen más posibilidades. Pero no es verdad: puedes poner el despertador para la hora que quieras, y eres libre de explorar qué es lo que cambia en tu vida cuando lo haces. No tienes que hacer las cosas de la manera en las que las has hecho siempre, y eso es verdad en cada momento en que estés con vida. Y sin embargo tenemos la sensación de que casi siempre avanzamos por una vía bastante rígida.

Las decisiones conllevan una terrible responsabilidad, y tantas veces es más fácil echarle la culpa a condicionantes externos para no hacer aquello que en realidad queremos hacer. O nos desligamos de las decisiones que hemos tomado, quejándonos de nuestra vida como si fuera fruto solo de la suerte y de las acciones de otros. No queremos (ni sabemos) ser responsables de nuestra existencia.

Con escribir pasa algo parecido. Hay tantos escritores que quieren ser, que quieren conseguir, que se quejan y lamentan y se rasgan las vestiduras por el terrible estado del sector editorial y de un público injusto que prefiere comprar los libros de Dan Brown en vez de los suyos. Sería muy fácil para mí decir “es que no puedo llegar a nada en este mercado”. Pero lo cierto es que no quiero: no quiero llenar los muros y timelines de todos mis amigos con grito tras grito para que compren mi libro, no quiero escribir sobre aquello que le gusta a la mayoría, no quiero ser todo eso que se supone que debe ser un superventas. Y a la vez no quiero, no, no quiero invertir más horas de esfuerzo en escribir, aprender, leer (¡más!) para mejorar a pasos agigantados. Voy a mi ritmo, pasito a pasito. “Poco a poco” es mi mantra, mi consuelo cuando no obtengo las ventas, el éxito, las reacciones que quiero.

Poco a poco.

Paso a paso.

Pero cada paso es mío, de nadie más:

david cain

En esencia, todas las situaciones de mala fe son actuaciones de algún tipo, en las que actuamos como si nuestras manos estuvieran atadas. Intentamos convencernos (a menudo a través de nuestro intento de persuasión para otros) de que realmente no podemos hacer lo correcto, cuando en realidad simplemente no queremos.

¿Y si dejásemos de actuar?

 



el cielo roto"—¿Quieres que hable con él? ¿Es eso? ¿Quieres que lo resucite? 

El galgo batió la cola con más fuerza y se tumbó ante el chico, entre los cadáveres de una anciana y un niño de seis o siete años con ojos de tiburón. 

Winston esperaba un nuevo truco de magia".

(Engánchate ya a El cielo roto, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina).

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Las bibliotecas más raras del mundo (y otros recortes de la semana)

mayo 22, 2015 — by Gabriella11

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Los anglosajones, con ese amor por la palabra compuesta, nueva, sensorial (a veces extrema) dicen cosas como book porn, y he de admitir que pornografía de libros no me termina de convencer. Así que, hasta que Fundeu no se pronuncie al respecto, voy a hablaros del book porn y de su máximo exponente: la fotografía de bibliotecas.

Oh, sí. Podéis poner todas las fotos que queráis en Instagram de vuestras colecciones monas de libros, de vuestras Billy de IKEA cargadas de tomos enciclopédicos y de novelas antiguas hasta los topes. No podéis competir con una buena biblioteca.

Por eso me encantó el artículo de Allison Meier para Hyperallergic, donde habla de un libro muy especial: el Improbable Libraries de Alex Johnson. Lo único mejor que una estantería sexy es una biblioteca improbable. Aquí os dejo con algunos de mis ejemplos favoritos:

Johnson y las bibliotecas más extrañas

Muchos habéis oído hablar de Alfa y Beto, los biblioburros que recorren Magdalena (Colombia) con libros en sus alforjas. Pero seguro que no conocíais al señor Dashdondog Jamba, que ha viajado por todas las provincias de Mongolia para llevarle libros a los niños. Jamba es escritor, traductor, editor y bibliotecario. Muchos de los libros que presta son suyos, otros son libros que ha traducido e impreso él mismo. Jamba no obtiene beneficios de su labor: aunque es un autor reconocido en su país, todo el dinero que proviene de la venta de sus libros se invierte en la creación de más obras que poder llevar a los sitios más remotos:

Jamba Dashdondog

No es el único, claro. A ciertas aldeas de Laos se va en elefante, como demuestran los participantes del proyecto Big Brother Mouse, que cuentan con Boom Boom entre sus empleados. Boom Boom significa libro en el idioma laosiano:

big brother mouse

Johnson no solo llena sus páginas de animales, también trae otras rarezas y maravillas como el Arma de Instrucción Masiva de Buenos Aires, una escultura itinerante diseñada para poder repartir 2500 libros:

Arma de instrucción masiva

Pero las bibliotecas extraordinarias no se crean solo para llegar a los medios rurales, a los pueblos perdidos. También pueden traer felicidad a los sitios donde, de hecho, más apetece leer un libro. Como a la playa. Esta sí que es una estantería de IKEA que merece la pena (en Bondi Beach, Sídney, Australia):

librería sydney ikea

Si queréis más imágenes de las bibliotecas más raras del mundo, echadle un vistazo al artículo de Meier o, mejor aún, comprad el libro original.

Orwell y la definición del buen escritor

Encontré esta cita de George Orwell en el libro Los ángeles que llevamos dentro, de Stephen Pinker, en un capítulo sobre el desdoblamiento de nuestra conciencia entre la realidad objetiva y el autoengaño. Orwell se refiere en la cita (sacada de 1984) a lo que hace a un buen gobernante, pero yo creo que es aplicable a lo que hace a un buen escritor. El escritor tiene también ese extraño desdoblamiento: por un lado, una parte de nosotros nos dice cuál es la realidad objetiva (eres bueno, eres malo, avanzas pero necesitas mejorar, etc.); por otra, nuestro cerebro intenta convencernos de algo muy diferente, ya sea por sobrestimar (eres la hostia en vinagre y todos los hombres y mujeres de esta habitación quieren tener sexo salvaje contigo; te conviene pensar esto porque así no tendrás que enfrentarte a la incómoda noción de que te queda mucho trabajo por delante) o por subestimar (eres una mierda y todos los hombres y mujeres de esta habitación quieren patearte la cabeza; es más fácil pensar esto y que luego no te lleves ninguna desilusión; es más fácil pensar esto para tener una excusa para no hacer el trabajo necesario para mejorar). Muchos pasamos de una perspectiva a otra de manera constante; otros se quedan en una o en otra, anclados en el autoengaño. Para ser realmente buenos escritores, para llegar a un punto perfecto de aprendizaje, progreso y confianza, hagamos caso de lo que decía el tito George:

george orwell 1984

(…) El secreto para gobernar es combinar una creencia en la propia infalibilidad con el poder de aprender de los errores del pasado.

¿Os imagináis eso? ¿Y si nos creyéramos infalibles? Es decir, ¿y si creyéramos que no podemos fallar, y si tuviéramos toda esa confianza? Eso sí, sería una confianza inteligente, una seguridad fruto de todo lo que hemos aprendido de los errores de nuestro pasado. Y cada vez que fallásemos, no importaría. Volveríamos a creernos infalibles, porque esta vez hemos aprendido; esta vez lo vamos a hacer bien, con todo el conocimiento del que disponemos gracias al fracaso.

Sería un autoengaño maravilloso. Adiós temores, adiós dudas incapacitadoras. Solo seguridad con cada nueva andanza.

Roy Peter Clark y el poder de las partes

Roy Peter Clark, escritor y profesor de escritores, dice que los autores profesionales suelen aprovechar solo un 10% de su material inicial. Todo eso con lo que empezamos (notas, apuntes, imágenes, ideas, esquemas) acabará en gran parte tirado a la basura. No se ha desaprovechado, todo ha sido parte de nuestro proceso mental. Para llegar a las ideas buenas hemos tenido que producir ese 90%. Clark habla de esa recopilación de ideas y material como un proceso muy personal, nada lineal, y no puedo estar más de acuerdo. Conozco escritores que se sientan a hacer un esquema sencillo de exposición-nudo-desenlace y preparan un borrador-esqueleto que luego van desarrollando. Yo lo he hecho en algunos proyectos menores y, sí, puede ser recomendable. Pero ahora mismo me veo sumergida en un caos extraordinario de fragmentos. Me encuentro inmersa en un bucle fabuloso que es la novela en la que estoy trabajando, una suerte de enciclopedia de minutiae cuyas partes crecen, se desarrollan y desaparecen. Es una locura. Es lento, alocado y poco recomendable. Es un montruo, pero estoy enamorada de este monstruo.

Clark dice esto hablando de ensayo y periodismo, pero me he sentido muy identificada como escritora de ficción:

roy peter clark

Este no es un proceso lineal. Para describirlo correctamente, necesitaría unos ciclos rotatorios o de doble hélice. Si no consigo seleccionar nada del material que tengo, me digo: “A lo mejor es que me falta el enfoque”. Si no encuentro el enfoque, me digo: “Tal vez no he reunido suficiente material”. Está siempre como retornando, en ciclo.

Ciclo de eterno retorno, como diría Nietzsche. Apunto, recojo, reflexiono. Enfoco, escribo. Apunto, recojo, reflexiono. Repetir hasta que la novela explote o, en su defecto, llegue el momento de la revisión profunda.

Lo dicho: no hagáis esto en casa.

Sobre todo si acabáis de empezar. Porque es mejor empezar por lo pequeñito, con los bichitos. Primero microrrelatos, tal vez poemas. Luego cuentos cortos. Cada vez irán saliendo más largos. Llegaréis al relato y os sonreírá con su boca descarnada, os morderá con toda su fiereza egoísta y os veréis atrapados por la novela corta. Y luego, grande y hambrienta, llegará la novela, tal vez, a reírse de vosotros. A señalar con su dedo índice alargado e imposible y a exigiros sacrificios de sangre.

Para entonces ya estáis perdidos.

Yo misma y Lectores aéreos

(por fin)

Por suerte para todos, aunque yo ya estoy secuestrada por un dinosaurio ominoso, hubo una época en la que fui sensata y escribí relatos. Escribí bastantes y elegí los que más me gustaban. Los desnudé y destripé, les quité gran parte de esa galantería artificiosa que acompaña siempre a los textos del pasado y los reuní en un libro.

Ese libro sale en preventa en Amazon el lunes.

Se llama Lectores aéreos y quiere que lo compréis y lo leáis. Es la única razón de su existencia. Hay magia, edificios vivos, reencarnaciones criminales, predicciones imposibles, viajeros en el tiempo, amores condenados y un pobre escritor plagiado.

lectores aéreos gabriella campbell

Y nada más que decir por hoy (bueno, sí, mucho más, pero los artículos han de terminar por algún sitio). Hasta el lunes, hasta el lunes, disfrutad del fin de semana.

Escribid, leed y fornicad salvajemente sobre el sofá de vuestros vecinos. No sé, por proponer algo un poco especial. Que luego acabamos haciendo siempre lo mismo.


 

*Nota: Gracias a Vladimir Vásquez por descubrirme la maravilla que es el recopilatorio online de la Fundación Nieman de Periodismo.

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De lectores que vuelan, cántabros, alcohol, militares lloricas, comparaciones odiosas e idiomas que se desvanecen. Recortes de la semana.

febrero 6, 2015 — by Gabriella0

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¿Qué he estado haciendo esta semana?

-Muy pronto, entro en colaboración (o pacto cthulhiano, no me han dejado muy claros los detalles) con un proyecto que llevo siguiendo ya desde hace un tiempo y que me encanta. Todavía no puedo decir nada (¿a que es repelente cuando la gente dice eso? Hype! Hype!), pero si todo va bien, la semana que viene empezaréis a ver el resultado.

Sigo trabajando en Lectores aéreos, intentando implementar algunas de las sugerencias de mis lectores cero. A veces tengo la horrible sensación de que esto no va a acabar nunca, porque cuanto más corriges más cosas surgen para corregir. Paciencia: esa herramienta indispensable del escritor. Ay, paciencia.

-Por lo demás, no hay mucho que contar. No salgo mucho de casa. Peeeero la semana que viene estaré en Santander, hablando en un instituto sobre El fin de los sueños y temas asociados, yéndome de blancos con autores como José Antonio Cotrina y Santi G. Albás, sufriendo las sardónicos comentarios de críticos como Jean Mallart e Ignacio Illarregui, echando el rato con lo mejor de la TerSa (Tertulia Fantástica de Santander) y, lo más importante, disfrutando de la compañía de amigos y de gatos.


Recortes de la semana

De lo que ando escribiendo ahora, una novela (larga) de fantasía pseudoépica escrita en primera persona. Como si yo estuviera allí. Si yo fuera una jovenzuela mentirosa, maga y posiblemente psicópata en un mundo con gente como esta:

El marqués goza de gran éxito entre las féminas. Los envidiosos dicen que es por la insaciable curiosidad de sus prometidas: él tiene fama de poseer un miembro en buena proporción a su cuerpo y conserva la costumbre de su tierra de no desnudarse ante sus mujeres hasta la noche de bodas. Hay apuestas en la corte desde hace años, desde la llegada del marqués, que solo se cobrarán a la muerte de este, o cuando alguien consiga colarse en su alcoba o sobornar a sus esclavos. Cuando los cortesanos preguntan a sus mujeres, estas simplemente se ríen, tapándose la boca con disimulo.

No tengo intención cercana de contraer matrimonio con el marqués, así que imagino que yo también iré a la tumba sin conocer la medida exacta de su virilidad. Ni ebrio suelta prenda, y dicen las malas lenguas, visto el rostro ruborizado de sus esposas tras las primeras noches de amor, que no tiene un solo miembro, sino dos.

***

Del libro Drinking Diaries, un compendio de historias y ensayos escritos por mujeres sobre su experiencia (tanto positiva como negativa) con el alcohol. Esta cita en concreto es del relato Slake, de Samantha Dunn, acerca del intento fracasado de una hija por entender la necesidad de su madre, alcohólica. Aunque habla del alcohol en particular (y de cómo intenta triunfar en su vida para darle a su madre todo lo que necesita y acabar con la sed que la está matando), creo que puede asociarse a cualquier adicción, o incluso al vacío inmenso que se nos cuela a veces por dentro:

IMG_20150203_221012741(De alguna manera, obtuve esta idea desde muy joven: que si tenía el éxito suficiente, podría matar a esta cosa insaciable. Pero claro que no).

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Del libro The Better Angels of Our Nature, de Stephen Pinker, donde reflexiona sobre cómo el alfabetismo y la literatura podrían ser parcialmente responsables de una mayor empatía y una disminución en la violencia y crueldad a nivel europeo alrededor de los siglos XVII y XVIII (¿no es bonita esta teoría?), os dejo con este extracto de una carta de un oficial militar retirado al mismísimo Rousseau, hablando sobre su reacción (recordad, hablamos de un militar en el siglo XVIII) a la novela epistolar Julia o la nueva Eloísa. Para Pinker, la novela epistolar en concreto fue un detonante importante en un paso progresivo entre la indiferencia y la preocupación por los sentimientos y sensaciones de otro ser humano (lo de la relación entre lectura y empatía siempre me ha apasionado). He aquí lo que dice el exmilitar:

IMG_20150205_220217242(Has hecho que me vuelva loco por ella. Imagínate entonces las lágrimas que su muerte me han arrancado… Nunca he llorado lágrimas tan deliciosas. La lectura ha tenido sobre mí un efecto tan poderoso que bien habría muerto feliz en ese momento supremo).

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Del artículo de Gregory Ciotti en Sparring Mind sobre si debemos compararnos con otros. Ciotti le da la vuelta a la tortilla habitual de “no te compares con los demás”. Argumenta que en cualquier profesión o actividad SÍ debemos compararnos, ya que es la mejor forma de aprender:

IMG_20150203_201251049(El objetivo no es duplicar el proceso, sino entender el impacto. La reacción. A menudo puedes aprender más estudiando la obra que escuchando al creador describir cómo llegó a existir.

Ten un modelo a seguir. Estudia a los mejores. Pide más. Algún día, si tienes suerte, un ídolo creativo podría convertirse en un rival creativo).

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-Y para finalizar os dejo con una frase que me encanta de El final del duelo, de Alejandro Marcos Ortega:

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Algunos enlaces de interés

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*Todas las traducciones son mías y aceleradas, así que perdonad errores y sutilezas de significado perdidas para siempre. Creo que lo importante se entiende.