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Diez trucos para levantarse temprano

octubre 20, 2014 — by Gabriella21

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“El secreto del éxito es levantarse temprano, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo” (cita de John D. Rockefeller en The Economist).

Suena el despertador.

Abres los ojos, sales de un maravilloso sueño sobre flores y mariposas y pezones y champán (eh, no juzguéis mis sueños), con el cuerpo muerto y el cerebro lleno de pensamientos homicidas hacia ese terror que es tu móvil/alarma/gato/lo que sea.

Y te preguntas, una vez más, por qué no puedes ser como tu amigo X, que se levanta de un salto con felicidad y energía, porque tú tienes el síndrome de la fase del sueño retrasada o cualquier cosa parecida y tu mente no empieza a despertarse hasta mediodía.

Bienvenidos a mi vida. O más bien a lo que era mi vida.

Es algo contra lo que he combatido siempre. Daba igual que fuera para ir a clase, a trabajar, donde fuera: era incapaz de levantarme a la hora necesaria. Siempre desperdiciaba la mañana, o llegaba tarde o cosas peores. Hasta ahora, claro.

Ahora, un 70% de las veces me levanto antes de las 8 de la mañana. El 30% restante ocurre cuando salgo, o me acuesto tarde, o estoy de viaje y vuelvo a las viejas costumbres y acabo levantándome a las once o peor. Pero para mí ese 70% ya es un gran logro. Y ese 30% me deja muy claro que lo de levantarse temprano es, más que nada, un hábito que se une a otros hábitos. Vamos, que si hago algo fuera de lo normal (salir, beber por la noche, acostarme tarde, ir de viaje, dormir con otra persona, beber cafeína después de la hora de comer), es inevitable que recaiga en las malas costumbres.

¿Y cómo he llegado a ese maravilloso 70%? Siguiendo estos trucos. Cuando no los sigo, me levanto a las mil y me siento culpable, poco productiva y, ante todo, cansada. Espero que os sirvan de alguna ayuda, para mí han sido utilísimos, y son fruto de años y años de prueba y error. Muchos los habréis escuchado y visto por ahí miles de veces, pero estos son los que veo que realmente funcionan:

1. Haz algo que te guste a primera hora

Esta no la encuentro nunca en las recomendaciones para madrugar, y para mí es el consejo definitivo. Me di cuenta de que me levantaba tarde porque la idea de levantarme y enfrentarme a un nuevo día era mucho menos apetecible que quedarme en la cama soñando calentita. Así que busqué algo que me apeteciera mucho y era lo primero que hacía por la mañana. OJO: Esto sirve para crear el hábito de levantarse temprano. No es recomendable seguir utilizándolo a largo plazo, porque no es muy productivo; pueden ir cambiándose las actividades una vez se establezca el vínculo mental de levantarse=placer. Si te pones a hacer algo que te gusta, caes en el peligro de quedarte demasiado tiempo haciendo ese algo que te guste, y dejas de lado otras tareas. La idea es dar con algo que no solo te guste, sino que te espabile, como leer en el exterior (la luz del sol te activa) o hacer algo de ejercicio que disfrutes (dar un paseo, hacer yoga, etc.). En mi caso, empecé jugando a algún videojuego, de ahí pasé a leer al aire libre y, ahora que me levanto aún más temprano y el sol todavía no ha asomado, me pongo a escribir en cuanto puedo. Eso sí, con una taza de mi té favorito. Lo importante es que con lo de los videojuegos establecí el hábito, uní la idea de levantarme con la de hacer algo que me gustase.

2. Pon el teléfono o reloj muy lejos

Este seguramente lo habréis escuchado ya, pero es que funciona. Tener que levantarte para apagar el despertador te espabila, y hay menos posibilidades de que vuelvas a acostarte. Eso sí, si regresas a la cama, es fundamental que no te lleves el móvil o la alarma porque entonces acabarás dándole al…

3. Snooze

Ese botón de “avísame de nuevo en 5 minutos”. NO. NUNCA. Es el mal. Si crees que esta es tarea imposible, tengo una buena noticia: puedes practicar hasta conseguirlo. Como por las mañanas no regimos y hacemos las cosas de forma automática, le damos a ese botoncito sin pensar siquiera. Pero puedes ensayar mediante siestas de media hora justo después de comer, que sientan fenomenal. Después de media hora todavía no estamos tan dormidos como nos ocurre a primera hora de la mañana, así que podemos “practicar” a despertarnos y a levantarnos de un salto, sin que haya botoncito que valga.

4. Antes de dormir, piensa en lo que quieres hacer al día siguiente

Puedes incluso escribir una lista. Esto es útil para quitarte preocupaciones por la noche y dormir mejor, y le mandas un mensaje a tu cerebro de que al día siguiente tiene que estar alerta. Por la mañana somos muertos vivientes, pero tu cerebro tenderá a obedecer esa “orden” previa de forma automática si no haces nada consciente por detenerlo (como volverte a la cama).

5. Duerme suficiente

Parece una obviedad, pero hay montones de estudios y estadísticas que demuestran que la mayoría de la gente no duerme tanto como necesita. Algunas personas tienen suficiente con 6 horas, otras con 9 (varía según el día, el nivel de actividad física, emocional y mental, etc.). Seguramente ya sabes cuánto tiempo necesitas para levantarte despejado. Respeta tu hora de acostarte y pide a los demás que hagan lo mismo.

6. No uses el ordenador/tablet/móvil antes de irte a la cama

Esto me cuesta, pero siempre noto la diferencia. Si he estado viendo alguna serie antes de dormir no consigo conciliar el sueño, y cuando lo consigo la calidad de mi sueño es inferior. Me levanto zombi perdida. Nuestro cerebro interpreta la luz de una pantalla como si fuera luz de día, y cree que todavía no es hora de irse a dormir. Cuesta más dormir, se tarda más en entrar en las fases adecuadas de descanso, y por tanto cuesta más despertarse. Editando: me comentan por Facebook que existen programas que modulan la luz de las pantallas para adaptarse al ritmo lumínico natural. Para Windows/Mac/ios el más conocido es Flux https://justgetflux.com/ y para Android, Twilight https://play.google.com/store/apps/details. Gracias a Moisés Cabello por el soplo.

Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.
Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.

7. Usa la cama solo para dormir y para sexo

Esto también lo había oído por ahí, y nunca le había hecho mucho caso, pero hace poco se nos quedó una habitación libre en casa y la uso solo para dormir (mi dormitorio es también mi oficina y salón, básicamente, así que la diferencia ha sido impresionante). Es preferible intentar usar otras habitaciones para trabajar, ocio y etc., y dejar el dormitorio solo para actividades relajantes.

8. Los consejos de siempre

Cena ligero y temprano, no bebas agua justo antes de dormir, no tomes alcohol (te ayuda a quedarte dormido pero reduce la calidad del sueño), no te eches siestas largas, etc. Todas esas cosas que nos han dicho desde niños pero a las que no solemos hacer mucho caso. Funcionan, sobre todo si se unen a las recomendaciones anteriores.

9. No le pongas un sonido horrible a tu alarma

Si usas tu móvil, busca algún tono suave que vaya en aumento o pon una canción que te guste. Es mucho más efectivo despertarte con un sonido que te agrade que odiar ese chirrido insoportable (aunque el primer par de veces ni oigas el despertador). Por no hablar del susto si estás en sueño profundo. Alguien que yo me sé usa la banda sonora de Juego de tronos a todo volumen y lo de levantarme con el corazón saliendo por la boca no es algo que me agrade, en absoluto.

10. Empieza a definirte como una persona que madruga

Deja de compartir fotos graciosas de Garfield con cara de asco por la mañana. Deja de decir que odias levantarte temprano. No haces más que decirle a tu cerebro que no eres capaz de madrugar y tu cerebro acaba creyéndote. Empieza a tomarte en serio tu higiene de sueño. Al fin y al cabo, es a lo que nos dedicamos durante un porcentaje inmenso de nuestras vidas.

Hay personas que abogan por seguir su propio ritmo biológico, levantarse y acostarse con el sol y etc., y pasar del despertador. No digo que esto no le funcione a algunos, pero también está el peligro de que al cuerpo le encanta dormir, y cuanto más sueño le des más sueño te va a pedir. Y dormir 14 horas diarias tampoco es bueno. Sí que es cierto que, una vez instalados hábitos profundos de sueño, uno se despierta sin necesitar del despertador. Lamentablemente yo todavía no he alcanzado ese nirvana del madrugador, seguramente por ese maldito 30% que todavía me persigue.

¿Os han servido de algo estos puntos? ¿Cuáles son vuestros trucos para madrugar y aprovechar la mañana? No dejéis de contármelo en los comentarios.


Editando a 17/06/15: Siguiendo todos estos trucos, diría que ahora mi porcentaje ha subido al 80% o más (aunque siempre se va a tomar por saco cuando viajo, por las razones comentadas en este artículo). Recomiendo también que le echéis un vistazo al artículo sobre el tema de Gananci, que da un par de puntos más con los que estoy muy de acuerdo.

Cada vez estoy más convencida de las ventajas que me aporta levantarme temprano. Si no hago las cosas importantes por la mañana, por la tarde hay menos posibilidades de que las complete, ya que mi fuerza de voluntad es muy inferior (por ese fenómeno llamado ego depletion, por el que nuestras reservas de voluntad se van agotando a lo largo del día). A primera hora leo, escribo, hago ejercicio y hago las tareas que implican mayor esfuerzo y concentración.

Madrugar para mí significa siempre una multiplicación bestia de productividad, aunque me lleve horas despertarme por completo. Mis mejores días son aquellos en los que me levanto a las seis de la mañana. No tenéis que ser tan brutos como yo, pero considerad qué podríais ganarle al día levantándoos un poco antes. Para aquellos que trabajamos desde casa y no contamos con estructuras rígidas de trabajo impuestas desde el exterior, la disciplina y aprovechar el tiempo que tenemos es fundamental.

Cada persona es un mundo y tiene sus ritmos. Sí, es posible que madrugar no sea para todo el mundo ni ofrezca a todos las mismas ventajas. Pero yo diría que merece la pena probarlo un par de meses. Siempre había pensado que era de esas personas que nunca podría levantarse temprano (ni querría), pero me di cuenta de que solo era cuestión de paciencia y tesón. Puedo decir que, como escritora, es uno de los mejores hábitos que he podido desarrollar.

Recomiendo acompañar este artículo de las reflexiones de Michael Nobbs sobre el tiempo para escribir y tomar una taza de té. Madrugar me ofrece tranquilidad, no tener que andar con prisa para llegar a algún lado o entregar algún encargo. Para mí, ese par de horas para las tareas más importantes del día, cuando todo está callado y el mundo duerme, son un verdadero regalo.

 


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¿Qué hábitos podrían cambiarte la vida?

mayo 17, 2014 — by Gabriella0

No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.
No he encontrado ninguna imagen buena para este artículo, así que ahí tenéis a una chica mona y feliz en un spa.

He hablado hasta la saciedad del sistema de los treinta días para adquirir un nuevo hábito (o deshacerse de uno que no interesa). De hecho, probablemente os esté dando sueño solo por leer esa última frase. Ya sabéis: elegir un nuevo hábito; empezar con algo minúsculo, demasiado fácil; planear en qué momento del día lo vas a llevar a cabo (siempre el mismo) y realizarlo durante 30 días. Después, durante 30 más. Y así ad infinitum.

Pero a veces lo más difícil es el primer paso, elegir ese hábito. Normalmente tenemos una larga lista de cosas que queremos cambiar sobre nosotros mismos. Queremos que nuestra vida sea mejor YA, no levemente mejor dentro de tres meses. Lo sé bien. Tiendo a emocionarme y a intentar mejorar cinco cosas a la vez. Ahí es cuando fracaso. Hay hábitos que sé que son importantes, pero que no son muy divertidos ni glamurosos. En el caso de la meditación, por ejemplo, sé que a largo plazo puede proporcionarme grandes beneficios que son indispensables para mi vida. Sufro de ansiedad y tengo más que comprobado que la meditación y el ejercicio físico me ayudan bastante. Así que, a largo plazo, si quiero estar sana mental y físicamente, la meditación y el ejercicio son primordiales. No son nada emocionantes, ni divertidos, pero son mucho más importantes que otros hábitos más atractivos.

Creo que la mejor forma de decidir en qué hábito debemos concentrarnos es analizar el impacto de este a largo plazo. De este modo, se valora su importancia de forma realista. Por ejemplo, el hábito del ejercicio es fundamental porque a largo plazo ofrece un cuerpo más sano. El hábito de escribir es fundamental si quiero obtener una meta a largo plazo como una novela. El hábito de practicar con un instrumento a diario es fundamental para la meta a largo plazo de saber tocarlo con maestría. Y así.

Todo esto responde a una pregunta fundamental: ¿cómo quieres que sea tu vida dentro de cinco años? Ya respondí a esta pregunta en mi artículo sobre escribir, ya que en ese hábito principal entran mis metas para los próximos cinco años. Pero también quiero estar sana y encontrarme bien, por lo que he invertido tiempo y ganas en el hábito del ejercicio; y por lo que no me rindo con lo de la meditación e intento, una vez más, implementarlo en mi vida diaria. Claro que hay muchas otras cosas que quiero para dentro de cinco años, pero tengo más que comprobado que las prisas y la multitarea no llevan a ninguna parte.

¿Cuál es el hábito que más creéis que cambiaría vuestras vidas? ¿Cuál creéis que tendría un mayor impacto a largo plazo? ¿Qué es lo más importante para vosotros? Aquí dejo una lista de los que se me ocurren, pero cuento con vosotros para que aportéis más ideas en los comentarios.

  1. Dejar de fumar. Bueno sí, esto es de lo más evidente. A largo plazo es, junto con reducir la ingesta de alcohol, probablemente lo mejor que puedas hacerle a tu cuerpo. Además de…
  2. Hacer ejercicio. Como ya he mencionado, lo más eficiente es hacerlo todos los días (por lo menos los primeros meses, hasta que el hábito se haya asumido) y en cantidades muuuy pequeñas. De todos los grupos y foros de ejercicio que he visto, aquellos que de primeras se emocionan con planes complejos y tablas largas, o con seis clases de zumba a la semana, tienden al fracaso.
  3. Escribir una nota/email al día para amigos, familiares y conocidos (tal vez incluso desconocidos) diciéndole a alguien lo que te gusta de él/ella: Este es peculiar y lo encontré hace poco por internet. La idea es que hagas enfoque en lo positivo que te rodea y menos en lo negativo (además de hacer feliz durante un rato a alguien que se lo merece, que no es moco de pavo). He puesto este hábito como un método cualquiera (hay muchos) para insertar algo de afecto en el día a día.

Este hábito podría sustituirse por cualquier costumbre que rompa un poco con la espiral de pensamientos autocríticos y destructivos en la que entramos a veces. Modificar patrones de pensamiento es muy útil, y tendemos a abrigar sentimientos de rencor, odio y envidia que se alimentan entre sí. Introducir a propósito sentimientos de afecto, gratitud y admiración pueden aliviar bastante y aportar mayor paz mental.

  1. Leer. Yo ya he hablado miles de miles de veces sobre los beneficios de la lectura. Es un hábito que merece la pena cultivar en todos los sentidos. No tiene que ser nada largo, un capítulo al día, o diez minutos, o un relato breve (enlace de autopromoción desvergonzada). Recomiendo leer ficción, por lo que nos ofrece de evasión, entretenimiento y empatía, pero si preferís artículos y etc., adelante. Cualquier cosa que no sea trabajo, sino ocio.
  2. Hacer una cosa a la vez. Para mí este hábito ha sido fundamental para ser más productiva. Siempre había sido muy multitarea, y cuando era más joven pensaba que eso me funcionaba bien. Pero con el tiempo me di cuenta de que estaba dedicando horas a hacer muchas cosas a la vez, y que al final nunca terminaba ni avanzaba en ninguna de ellas. Además, también me volví muy distraída y poco disciplinada. He recuperado el elevado nivel de concentración que tenía en la facultad gracias a esta sencilla costumbre. Para esto funcionan muy bien los pomodoros (bloques de veinticinco minutos que dedicas solo a realizar una tarea), que pueden combinarse con programas como Freedom para bloquear internet y evitar distracciones innecesarias. Para implementar este hábito es además fundamental identificar objetivos a largo plazo y seleccionar los más importantes: es más fácil conseguir resultados si no tienes mil proyectos en juego.
  3. Encontrar un patrón positivo de sueño y mantenerlo. Otro que para mí es imprescindible. Siempre he tenido unos hábitos de sueño atroces y he vivido más bien de noche (creo que es muy posible que tenga SFSR). Estoy cansada por las mañanas, no termino de despertarme hasta el mediodía, y luego no puedo dormir por las noches. Esto influye de forma poderosa en mi ánimo y estado físico. Hay tratamientos específicos para este tipo de trastornos, pero por lo general encuentro que estoy mucho mejor cuando me levanto temprano, siempre a la misma hora, y consigo dormir mis 7-8 horas (cuando viajo y no puedo mantener esta disciplina acabo reventada). Es un poco más complicado que eso, y tengo pendiente entrar en más detalle en este tema, pero recordad que internet es vuestro amigo y hay mucha información al respecto. Lo bueno de madrugar, de levantarse antes que los demás, es ese par de horas en que todo está en silencio y tienes tooodo el día por delante. Es en esas dos horas en las que hago el grueso del trabajo del día, las cosas más difíciles y que exigen más concentración e imaginación. Aunque soy un zombi a esa hora, y además suelo estar de bastante mal humor, soy tremendamente productiva.
  4. Comer mejor. En este saco cabe de todo. ¿Cuál es la mejor dieta? No hablamos de dietas milagro para perder peso, sino de una forma de comer que se adecúe a tus necesidades, a tu rutina y a tu cuerpo. Por lo general, es positivo reducir la ingesta de carne grasa y aumentar el consumo de pescado, verduras y fruta, por ejemplo. Este podría ser un buen punto de partida para una forma de comer más saludable. Y si quieres volverte loco y contar macronutrientes y calorías y lo que quieras, puedes usar un programa como MyFitnessPal (no sé si está también en español, pero su base de datos incluye muchísimas marcas españolas).

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Por qué los propósitos de año nuevo no funcionan

enero 2, 2013 — by Gabriella3

Todos los años, lo mismo. Nos hacemos mil propósitos, los cumplimos durante un par de semanas y luego los abandonamos, hasta el año que viene. ¿Y esto por qué? ¿Por qué nos duran tan poco estas buenas intenciones, estos New Year resolutions famosos? Pues resulta que hay bastantes motivos, pero yo los resumiría en tres:

Porque no son realistas: Por alguna extraña razón tendemos a pensar que la llegada de un nuevo año lo cambiará todo; que seremos mejores: más fuertes, más disciplinados, más organizados. Caemos en la trampa del calendario, le otorgamos propiedades mágicas. Pero la realidad del asunto es que si intentaste dejar de fumar en septiembre de 2012 y no lo conseguiste, es muy probable que en enero del 2013 tampoco lo hagas, máxime si sigues el mismo método (que suele consistir en confiar en tu fuerza de voluntad, sin tener en cuenta que tu fuerza de voluntad puede fallar y que, en el momento en que falla, sueles rendirte).

Porque no son concretos: Somos ambiciosos, y abstractos. “Quiero comer sano”, por ejemplo. ¿En qué sentido? ¿Cómo va a cambiar tu dieta, qué alimentos vas a comprar, qué recetas vas a utilizar? ¿Cuál es tu plan diario? Si nos guiamos por un acercamiento genérico de “ya veré lo que hago”, hay muchas más posibilidades de fracaso: olvidaremos enseguida nuestra meta y con que surja el más mínimo inconveniente abandonaremos nuestros buenos propósitos.

Porque pensamos a corto plazo: Lo queremos todo YA. Si nuestro propósito es perder peso, o ponernos en forma, por ejemplo, nos imaginamos al cabo de dos semanas con el cuerpo de nuestros sueños. Cuando la realidad del asunto aparece (que conseguir ese objetivo lleva muchísimo tiempo y esfuerzo), nos desanimamos y nos rendimos.

¿Cómo solucionarlo? 

  • No te concentres en metas genéricas y abstractas, tipo “tengo que hacer más ejercicio”. Tienes que desarrollar un plan de acción que sea sencillo, y ante todo práctico. Piensa en qué acciones puedes llevar a cabo todos los días que te acerquen a tu meta. Y piensa en cómo llevarías a cabo esas acciones en tus peores días, esos en los que no te apetece nada. Piensa siempre en tu momento más bajo, más vago, más ocupado, etc. Las acciones que planifiques deberías poder realizarlas incluso en esos momentos, sin un gran esfuerzo. Así, tendrás garantizado el éxito. Un ejemplo muy claro de esto es el proyecto 1 push up (una flexión). Al autor de ese blog se le ocurrió que iba a hacer una flexión al día, todos los días, sin excusa. Una flexión no cuesta nada. Claro que a la hora de ponerse a hacerla por lo general hacía bastante más… muchísimo más. Pero el saber que tu mínimo es algo casi ridículo, facilísimo, hace que te animes a llevarlo a cabo incluso en los días en los que menos te apetece (la misma filosofía es la que me ha permitido escribir todos los días, sin excusa, durante los últimos 33 días**). No pienses en lo que puedes hacer en tu momento óptimo, piensa en lo que puedes hacer en tu peor momento, en la peor de las situaciones.
  • Si ya has probado mil veces a conseguir lo mismo (ya sea dejar de fumar, de beber, adelgazar, hacer ejercicio…), va siendo hora de intentar enfocarlo de otro modo y cambiar de método. Es hora de identificar los patrones. Todos los años, desde que tenía unos 20, mi propósito para año nuevo era perder peso. No soportaba la idea de que al finalizar el año siguiente me viera con más peso que el anterior. Y todos los años, ocurría. Conseguía perder algo de peso durante el año, gracias a alguna dieta ridícula, y al final del año (sobre todo gracias a las fiestas navideñas), no solo lo había recuperado, sino que había aumentado. La única excepción a este patrón fue el par de años que perdí muchísimo peso por temas de salud. Esa no es una buena razón para perder peso, y lo pasé tan mal en aquel tiempo que ni siquiera tuve tiempo de alegrarme por el peso perdido. No tardé nada en recuperarlo en cuanto empecé a encontrarme mejor. Lo extraordinario es que, aunque me considero una persona inteligente, reincidía. Una vez tras otra, probaba cosas que sabía que no iban a funcionar. ¿Por qué esta vez iba a tener más fuerza de voluntad que otras? Por mucho que me deprimiera engordar cada año, era incapaz de salir de ese ciclo de eterno retorno.

¿Qué fue lo que cambió?

Un día decidí que iba a dejar de caer en la trampa de las metas a corto plazo. Si algo te importa lo suficiente, tienes que pensar en ello no solo con vistas a dos semanas, sino a cinco años. Tienes que aceptar que los resultados no serán rápidos. Así, empecé poco a poco a cambiar los hábitos, a modificar esas cosas que hacían que cogiera peso. Paso a paso, nada de hacerlo todo de golpe. ¿Lo primero? Disminuí de forma radical mi ingesta de alcohol (desarrollé hábitos y reglas para cuándo beber y cuándo no, y me funciona a las mil maravillas). Luego llegó la reducción del tamaño de mis porciones (de cualquier forma, descubrí que al dejar de beber mi relación con la comida también cambió bastante), y me concentré en diferentes formas de reducir la ansiedad que me impulsaba a comer de manera compulsiva. A eso le fui añadiendo el ejercicio, primero de forma mínima y luego ya más en serio. Y últimamente estoy descubriendo algo muy útil, llamado mindful eating* (alimentación consciente), de lo que hablaré más adelante con más tranquilidad.

Estas Navidades, peso unos 13 kilos menos que las Navidades pasadas. A pesar de las celebraciones, he seguido aplicando mis reglas y hábitos (con excepciones planificadas y contadas: Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo. Y aun en esos días todo ha sido bastante tranquilo, ya que ya no siento la necesidad de ponerme hasta arriba de comida y bebida). ¿El truco? Dejé de obsesionarme por cuánto quería perder y me concentré en la manera de perderlo. Antes, habría querido perder esos 13 kilos en apenas unos meses; ahora, no tengo prisa. Lo importante es disfrutar de la comida, darme pequeños caprichos de forma organizada y mantener los hábitos saludables. Ya no me aterra recuperar ese peso; sé que mientras siga con ciertas costumbres positivas, no tiene que pasar lo de antes: perdía y recuperaba, con más kilos que cuando empezaba. Lo que nos lleva a uno de los puntos más importantes:

  • No tengas prisa: Ya llegará. No pienses en lo que quieres para mañana, sino para el 2020. Trabaja, a diario, para conseguirlo. Ponte metas pequeñitas, que alcances con facilidad (perder un kilo en un mes no es complicado, y cuando lo consigas te sentirás orgulloso de ti mismo. Esa sensación de satisfacción hará que el mes siguiente sea más fácil. Y kilo a kilo se pierden muchos kilos, como puedo atestiguar).

¿Qué otras cosas creéis que nos influyen para no cumplir nuestros propósitos de año nuevo? ¿Qué creéis que debemos hacer para que nos duren? Si queréis una lista de propósitos de año nuevo un poco diferentes, sugiero estos buenos propósitos informáticos de Softonic. No obstante, considero que algunos, como el número 4, son irrealizables. O también podéis crear propósitos literarios, como sugiero en este artículo que escribí para Lecturalia.

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*Si tenéis enlaces a artículos en condiciones (más o menos serios, nada de palabrería New Age) sobre este tema que estén en español, pasádmelos y los incluiré también.
**Actualizado a 27/03/14: Básicamente he perdido la cuenta de cuántos días llevo escribiendo. Pero no he parado ni un día desde que empecé, allá por diciembre del 2012).

Imagen tomada de Cuánta razón. Si sabéis de quién es originalmente vendría bien saberlo para enlazarle.

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Desafío de diciembre, escribir sin excusas. Conclusiones y desafío de enero.

diciembre 31, 2012 — by Gabriella13

Ayer se cumplió el último día del desafío de 30 días Escribir sin excusas. Es decir, ayer hice mi día 30 de escribir un mínimo de 200 palabras diarias. Un mes de escribir sin parar.

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Adiós, clutterfuck y hola, meditación

septiembre 9, 2012 — by Gabriella0

Hoy se cumple el último día del desafío de 30 días Clutterfuck. Los días 29 y 30 no los he fotografiado ni voy a exponerlos ya que se han tratado de objetos recibidos como regalos. Aunque creo que ninguna de las personas involucradas lee este blog, preferiría no publicar dichos objetos por si acaso. Son cosas a las que les tengo cariño pero que llevo ya un tiempo sin usar y que están en muy buenas condiciones; cosas que podrán ser aprovechadas y queridas por otros. A continuación os dejo mi resumen de lo que ha significado este desafío:

¿De qué trataba el desafío y cuál era su objetivo?
Durante 30 días me he deshecho, de manera diaria, de un objeto que ya no usaba, un objeto que sobraba. En el caso de cosas ya muy avejentadas o rotas, las he tirado; las nuevas las he donado a Cudeca o a amigos que me las han pedido. El objetivo era valorar de nuevo los objetos materiales, darles la importancia que merecen, y considerar qué necesito realmente y qué está simplemente ocupando espacio y molestando en mi entorno. Mi esperanza era que este comportamiento además me ayudara a hacer un poco de clutterfuck mental y laboral.

¿Cómo ha sido de difícil?
Relativamente fácil, si bien ha llevado más tiempo los días que tenía que reorganizar y ordenar cosas, por no hablar de subir mis progresos al blog y realizar fotografías. En general ha sido bastante sencillo, pero me alegro de haber terminado y no tener que seguir haciéndolo a diario.

¿Prueba superada?
Sí, lo he hecho a lo largo de 30 días, deshaciéndome de algo a diario. ¡Conseguido!

¿Ha funcionado?
Pues sí, ha funcionado. Tengo menos cosas (aunque todavía me quedan muchísimas más que deberían ir por el mismo camino), menos bulto a mi alrededor. Y no solo eso, empiezo a tener cierto estado mental que me ha ayudado en mi vida laboral también. He conseguido reorganizar algunos proyectos, quitarme carga de trabajo en otros (he recortado en algunas cosas que me satisfacían a nivel personal y profesional: prefiero hacer menos y de mejor calidad) y dejar algo de tiempo para encargos ocasionales, tanto de Miss Cristal como relacionados con las letras, que me entran y que siempre producen un caos total en una rutina que estaba llena de obligaciones que me saturaban. Un tiempo que además me ha venido estupendo para poder echarle más horas a esto de hacer ejercicio (he empezado a ir a un gimnasio, aprovechando que mi hermano se ha apuntado y puede acercarme en coche). Sobre todo me ha ayudado a ver qué es esencial y qué no, si bien queda claro que este es un proceso que no ha hecho más que comenzar. Sospecho que en los próximos meses me veréis ir cortando con algunos otros proyectos que tengo por ahí sin terminar, languideciendo, y que ya no me aportan nada. Me está enseñando a ser más realista y a enfocar, a concentrarme en lo importante y fundamental. Sobre todo, se me está quitando el apego tonto a cosas que no lo necesitan. El afecto es limitado, creo que voy a distribuirlo mejor a partir de ahora.

¿Vas a seguir haciéndolo?
No a diario, desde luego, ya que implica un gasto de tiempo y energía que necesito para probar otros retos. Pero a partir de ahora dedicaré un día fijo, cada dos meses, para hacer un clutterfuck masivo en mi espacio vital, tanto mental como físico. Será muy útil para actualizar prioridades y hacer limpieza en todos los sentidos. También me he adjudicado una nueva regla, muy sencilla: Nada entra sin que algo salga, es decir, cualquier compra, regalo, etc., implicará que tendrá que salir de mi espacio otro objeto que ya no sea esencial. Para empezar, el día 9 de octubre haré el primer clutterfuck masivo y me comprometo a mostrarlo en el blog, sois todos testigos 😉

¿Cuál es el siguiente reto?
Mañana empieza el siguiente desafío de 30 días, el de meditación. Como ya os comenté, la primera semana se tratará de meditación guiada, aprovechando la oferta de Meditationfest (lamentablemente, en inglés), de siete sesiones distintas gratuitas, más que nada por probar diferentes formas y perspectivas frente a la meditación. Después, volveré a mi meditación habitual, que está explicada aquí, y que consiste en poner en blanco la mente hasta entrar en un estado en el que puedes dejar simplemente fluir los pensamientos sin agarrarte a ellos. Si alguien quiere apuntarse al reto pero no sabe ni por dónde empezar porque jamás ha meditado, aconsejo el siguiente proceso para empezar:

  • Busca una posición cómoda (pero no tan cómoda que te vayas a quedar dormido). Yo uso medio loto, con las manos abiertas en forma de pinza sobre las rodillas (así, si te duermes, te despiertan tus propias manos al cerrarse. En la imagen veréis a lo que me refiero). Pero te puedes sentar en una silla normal, o donde estés a gusto. Lo importante es que la espalda esté recta y no estés tumbado/a.
  • Cierra los ojos y concéntrate en respirar. Si sabes realizar respiración abdominal o diafragmática, esta es la buena. Si no, limítate a inspirar y espirar como siempre, pero de manera mucho más lento y profunda.
  • Cuando te sientas ya algo más relajado, no pienses en nada. Es decir, lo que venga córtalo de forma abrupta. Cualquier pensamiento elimínalo tan pronto aparezca, hasta que no estés pensando en nada. Esto al principio es bastante más complicado de lo que podría parecer.
  • Una vez has conseguido esto, empieza a dejar pasar los pensamientos. Pero no reflexiones ni te pares con ellos, déjalos fluir y pasar. No los cortes pero tampoco les prestes atención. Simplemente observa. Se trata de conseguir una especie de “mente tras la mente”, o testigo de tu propio pensar. Este es el estado ideal al que queremos llegar.

Personalmente me gusta reflexionar un poco antes de empezar a meditar, para quitarme preocupaciones o cosas interesantes que podrían distraerme demasiado durante la meditación. Del mismo modo, suelo quedarme reflexionando un rato después de meditar, ya que pueden haber surgido pensamientos interesantes sobre los que me gustaría profundizar pero que por la naturaleza de la meditación tuve que dejar fluir en vez de pararme lo necesario. A veces apunto cosas. Como método de inspiración es inigualable, desde luego. Lo idóneo es empezar con un tiempo fijo, ponerse el despertador, por ejemplo, y realizar unos cinco minutos, para ir ampliando el tiempo según vamos haciendo sesiones. En mi caso, mi objetivo es llegar a cierto estado de paz y gusto que suelo alcanzar pasados unos 10-15 minutos*, por lo que para mí una sesión exitosa rondará los 20 minutos. Hay días que tardo mucho más, porque estoy preocupada, estresada, etc., y días en los que llego en nada. De cualquier forma cada persona es un mundo y veréis cómo, después de un tiempo de práctica, vosotros también daréis con la cantidad de tiempo idónea para que cada sesión sea fructífera, es decir, que os ayude a vaciar la mente, limpiaros un poco las ideas y os proporcione una relajación fabulosa.

Si alguien quiere hacerme alguna pregunta, sentíos libres de hacerlo por los comentarios o escribiéndome a gabriellavc(arroba)yahoo.es

*Yo lo defino como “el estado de las florecillas y las mariposas”, porque suele ir acompañado de imágenes mentales de flores que crecen de mis manos, con mariposas que revolotean alrededor. Sí, WTF. No me preguntéis de dónde sale eso ni por qué. Pero sí que es cierto que en las épocas en las que he meditado más a menudo cada vez tenía imágenes mentales más vívidas durante la sesión. Algunas en concreto acaban asociándose a cierto estado mental, como en el caso de las florecillas en cuestión.
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