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Deja de buscar tu voz (y otras maneras de escribir con personalidad)

noviembre 10, 2016 — by Gabriella30

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Hay frases que suenan fabulosas pero que, cuando te pones a pensarlas, no tienen mucho sentido.

Hay consejos que hacen más mal que bien, si realmente los analizas, y oraciones que quedan preciosas sobre fondos de puestas de sol, pero que no quedan tan preciosas bajo un filtro crítico de esos que no vienen en Instagram.

Sin ir más lejos, Umberto Eco (sí, otra vez Eco) afirma que algunos aforismos reconocidos son en realidad “enfermedades del ingenio”*: son aquellas máximas que pueden invertirse sin que la frase pierda lógica.

Esperad, esperad, que os lo explico con ejemplos. Este que pone Eco me divierte:

La gente sería feliz si los reyes filosofasen y los filósofos reinasen.

(Plutarco).

Tiene sentido, ¿verdad? ¡Necesitamos gobernantes inteligentes, gente que piense!

El día que quiera castigar a una provincia, haré que la gobierne un filósofo.

(Federico II).

¡Es que esto también parece cierto! Para llevar a cabo la tarea de gobierno no basta con pensar y especular. ¡Hay que decidir con rapidez! ¡Hay que actuar y conseguir que los problemas se solucionen de inmediato!

Como veis, son dos frases que en principio parecen tener razón. Y sin embargo son contrarias, porque ambas son reducciones simplistas de una realidad compleja.

El mundo está lleno de mitos, conceptos complicados que intentamos simplificar y palabras como bizarro, que no significa lo que crees.

(Solo que ahora resulta que sí significa lo que crees).

Como aquello de que para ser escritor de verdad tienes que “buscar tu voz”.

La leyenda de la voz mágica que unge al escritor

Aquí dejo otras variaciones:

  • “Tienes que encontrar tu voz”.
  • “La voz es lo que te define”.
  • “El verdadero escritor conoce su voz”.
  • “Busca una voz única, original”.

Generalmente son frases que acompañan a otras como:

  • “Si haces lo que amas, no trabajarás un solo día de tu vida” (imagino que esto se refiere a que estarás en el paro).
  • “Para triunfar como escritor lo único que tienes que hacer es escribir” (y sin embargo hay gente ahí fuera con veinte novelas en Amazon de los que nunca hemos oído hablar).
  • “Si deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para concedértelo” (lo sé, me repito. Cualquiera que visite mi blog sabe que esta es una de mis frases favoritas ever).

Y me imagino a hordas de autores con redes de esas cazamariposas y un buen machete, atravesando la selva de la escritura pura, artística y pasional, en busca de esa voz tan elusiva, inspirados por la llamada irrefrenable de la motivación.

buscar tu vozDe pequeños, antes de que sus padres les den permiso para visitar el Amazonas, los verdaderos escritores buscan su voz en la jungla urbana.

A Eco le gustan más las paradojas que los aforismos que encierran verdades a medias y reconozco que a mí también. La paradoja expresa ideas contrarias, pero a la paradoja no se le puede dar la vuelta. Es una manera fantástica de concebir la realidad tan complicada y sutil que nos rodea.

Propongo hoy una paradoja. Habrá filósofos en la sala (perdonadme el ejemplo anterior, seguro que gobernaríais de maravilla) y podréis corregirme, pero esta es mi propuesta. Igual, más que una paradoja, es un juego de palabras que encierra, también, una realidad complicada:

Suele ocurrir que cuando buscas tu voz no la encuentras y que la encuentras cuando menos la estás buscando.

(O, por lo menos, cuando no estás buscándola de manera consciente).

Yo también he creído en sentencias absolutas y verdades universales, con el dichoso cazamariposas o como se llame (ya veis, me considero escritora y no sé cómo se llaman las cosas) y me encantaría volver atrás en el tiempo y darme un par de bofetadas (o cachetes en el culo, pero esa es otra historia y por favor no me preguntéis nunca por ella).

Lo primero que me gritaría, creo, es: “¡Deja de jugar tanto al WoW!”.

buscar tu voz¿Quién necesita una vida pudiendo ser un orco gigante con pectorales, pelazo y un gran... hacha?
 

Aunque tampoco me haría mucho caso. Mi orca molaba. Y mi tauren. Y mi no muerta. A lo mejor mi yo pasado haría más caso a mi yo futuro si me hablara de la música.

¿Qué tiene que ver la música con la voz del escritor?

Desde que recuerdo, para mí la escritura ha sido algo musical. Siempre me ha interesado más la forma de contar las cosas que lo que se cuenta (aunque esto es muy importante, claro). A veces leía textos que sonaban como música en mi cabeza y que me producían una especie de relámpago de placer. Y siempre he buscado reproducir esa música en lo que hago. Supongo que por eso empecé con la poesía, por su carácter rítmico y melódico.

Esa es mi experiencia, para vosotros la plasmación de la experiencia artística será otra.

No me extraña que se idealice tanto la noción de la voz. Porque hay algo mágico, místico y sobrenatural en el momento en que todo se coloca en su sitio, el cerebro se reajusta y hace un chasquido peculiar y de repente todo se coordina con la música. Pero por una vez es tu música, de nadie más.

Y es ahí donde creo que está el error: esa voz no es solo tuya, es la de todo el mundo. Proviene de todo lo que has bebido, leído, consumido, escuchado, solo que ahora de repente funciona, significa algo. Estás subido/a a hombros de gigantes y de repente tu culo está cómodo, se ha hecho hueco y las vistas son… wow (no confundir con WoW, que me engancho de nuevo), las vistas son brutales.

Una compañera del grupo de asesoría me comentaba hace poco que tenía el problema de que cuando leía, la forma de escribir del autor al que leía se le metía en su propia escritura. Yo creo que eso no es malo. De forma consciente o inconsciente, imitamos a otros mil veces antes de tener el bagaje suficiente de voces, estilos y experiencias como para que de ello salga algo conjunto, propio, que pueda identificarse como nuestro.

Cuando eso por fin sucede, sí, es mágico.

Pero no porque te inspiren las musas ni porque te hayas drogado ni rezado muy fuerte a ese universo conspirador, sino porque has escrito tanto y leído tanto que has encontrado una manera de expresarte tú, sin censura ni bloqueos. Has compuesto por fin esa canción que lleva siglos sonando en tu cabeza.

Deja de buscar tu voz y deja de preocuparte por ella. Vendrá, cuando tus horas infinitas de lectura y escritura cristalicen en algo que alguien lea y diga: “Esto lo ha escrito Juancho Pérez, ese de los libros de vampirismo romántico-gore. Es imposible que lo haya escrito otra persona”.

Maneras indirectas de acelerar tu encontronazo mágico con esa voz de la que tanto hablan

Todo esto no quita que haya algunos métodos para que tu escritura cada vez esté más definida.

Aviso: Ninguno es sencillo ni puede realizarse en cinco minutos. Si buscáis soluciones fáciles, tenéis mi permiso expreso para salir de esta página:

buscar tu vozTodos los teclados deberían venir con este botón incorporado.

Sí, la red está llena de trucos y hacks que os darán todo lo que deseáis y más (¿qué estamos haciendo que no somos todos ya millonarios ociosos, viviendo en las Seychelles?). Seguro que habéis oído hablar de otra web bastante más interesante y popular que la mía. Os dejo ahí el enlace, por si acaso:

www.google.com

Para los que tengáis ganas de trabajar, ya sabéis cómo se resume esto: en leer y escribir mucho. Pero no de cualquier manera.

1. Asegúrate de que tus lecturas son variadas y de diferentes sectores

¿Qué voz propia vas a desarrollar si solo lees novelas de Agatha Christie? Tu voz será la de Agatha Christie, y bastante escribió ya la mujer para que vengas con tu remake (más políticamente correcto, eso sí) de Diez negritos. Cuantas más cosas diferentes leas, más variada será tu influencia, más las voces que te marquen y más compleja tu propia expresión.

 2. Aprende a hacer lo básico antes de ser megaoriginal

Creo que todos escribimos nuestras primeras novelas queriendo hacer algo diferente y revolucionario, original. Y lo gracioso es que no sabemos ni contar una historia facilona, ¿cómo vamos a contar una difícil? Antes de escribir una pentalogía de novelas río, aprende a escribir un relato. Antes de saltarnos reglas de ortografía y gramática, aprendamos cómo funcionan.

3. Dale al blogging

Sé que quita mucho tiempo y puede ser muy frustrante si no tienes interacción ni seguidores, pero creo que es una de las mejores prácticas que existe para un autor, escriba lo que escriba. Un blog que funciona tiene que saber cómo enganchar a su público (igual que una historia de ficción), y la escritura continua de artículos acaba por darte una perspectiva muy especial sobre cómo manejar el ritmo dentro de diferentes formatos. Creo que mis grandes momentos de “clic”, de descubrimiento y encaje en mi escritura de ficción, han sido cuando más activa estaba con el blog.

Algunos escritores hacen lo mismo con Wattpad: utilizan una creación persistente con retroalimentación constante para reconocerse, para definirse. Tengo sentimientos encontrados con Wattpad (no me gusta enseñar algo que no esté por lo menos un poquito pulido, y el feedback de plataformas de ese tipo no es siempre útil), pero imagino que sus efectos a largo plazo, si se combina con otro tipo de escritura, podrían ser útiles. Me encantaría saber vuestra opinión respecto a esto.

4. Escribe con otra persona

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse. Y nada hay como escribir a cuatro manos para aprender a limar un estilo, a destruir el ego en busca de un estilo uniforme. En el fondo, estás buscando otra voz: una voz conjunta, pero esta te ayuda a eliminar asperezas y a reconocer con más claridad tu propia melodía. Desde que escribo con José Antonio noto que mis textos en solitario tienen mucha más personalidad, como si quisiera resarcirme, liberada.

Para mí, estas cuatro cosas me han traído la voz envuelta en papel de celofán y con un lazo, aunque sé que cambiará, que evolucionará (eso es algo que tampoco te cuentan: que la voz no es estática. Si lo es, hay peligro de estancamiento). Mis lectores dicen que me oyen, que reconocen un texto como mío, y sé que por mucho que yo aprenda y cambie (que me queda mucho mucho por aprender), seguirán haciéndolo.

O tal vez me engañan, y eso no sea más que un sueño, una quimera, otro aforismo reversible de enfermedad ingeniosa e ingenio enfermo.


*(Porque Eco era brillante pero también tenía se ponía un poco chulito a veces).

**La imagen del orco es fanart de Lucas Salcedo. CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.


¡EXTRA! Puedes elegir cómo sigue este artículo. ¡Así es, puedes elegir tu próxima aventura!

  1. Si a ti lo que realmente te preocupa no es la escritura, sino la corrección, ve a la página 42, que te dará la respuesta para todo.
  2. Si con el blog no tienes bastante y quieres más (como, por ejemplo, artículos que en esta web no salen), ve a la página 7.
  3. Si quieres apuntarte a una lista de correo que SOLO es para lectores de género fantástico, ve a la página 13.
  4. Si quieres apoyar mi trabajo haciéndote mecenas en Patreon, ve a la página 56.
  5. Hagas lo que hagas, jamás vayas a la página 100.

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El secreto para escribir un bestseller de calidad (y otros recortes literarios)

abril 15, 2016 — by Gabriella15

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Definir a un bestseller es fácil. Best seller. Mejor vendedor. Un libro que vende mejor (más) que el resto.

Podemos debatir sin cesar sobre qué mecanismos llevan hasta el superventas (y cuanto más sé de la industria editorial, más estoy convencida de que el famoso boca a boca sirve de poco por sí mismo; que la distribución y la plataforma lo es todo, y que el momento clave de ruptura [ya sea total o parcial] con una tendencia alargada puede resultar en un éxito sorprendente. Y sí, el libro ha de manejar la intriga a la perfección (ese factor deseado de enganchabilidad) y ofrecer personajes con quienes los lectores quieran sentirse identificados (esto no debemos confundirlo con que se sientan identificados en realidad, que entonces para qué).

¿Y qué quiere el escritor medio?

(Aparte de sexo con groupies, claro).

bestseller de calidad¡Queremos un hijo tuyo, Pérez-Reverte!

Existe un unicornio dorado que yo diría que el 96,45% de los escritores persiguen, conocido como el bestseller de calidad. Este unicornio es especialmente atractivo porque, aparte de la purpurina y las pezuñas resplandecientes de colores imposibles, implica dos cosas, ambas necesarias para la supervivencia emocional y física del autor medio:

  1. Hacer mucho, mucho dinero y
  2. ser alabado por la crítica y sentir que has realizado algo de lo que puedes sentirte orgulloso/a.

Ahí tenemos contraposiciones cualesquiera: After frente a Harry Potter; el último libro de Belén Esteban frente a Canción de hielo y fuegoCrepúsculo frente a Perdida. Por supuesto que muchos odian y critican a Rowling, Martin y Flynn, pero estaremos todos de acuerdo en que su calidad técnica es notablemente superior a sus parejas en esta dicotomía infernal que acabo de mencionaros.

Y también tenemos fenómenos que han funcionado inesperadamente bien a nivel comercial y lector, teniendo en cuenta su trabajo y juego textual: La broma infinita, Middlesex, El nombre de la rosa, ¡el Quijote!

Ya he dicho que no hay una fórmula mágica para crear un superventas (o si la hay, todavía no la ha encontrado ninguna editorial), ni hay una explicación única y sencilla al hecho de que a veces el público ame una novelita sin cuidado ni forma y otras se desviva por algo hecho con mimo y diversos niveles de sentido. También hay un factor cultural muy poderoso: la respuesta ante diferentes tipos de literatura variará según dónde vivas, qué educación hayas tenido y muchos etcéteras más. Pero centrémonos en algo muy importante que suele entrar en juego con los libros que no solo son inteligentes, sino que además venden bien. Se llama doble codificación (double coding), y creo que Shrek es uno de los mejores ejemplos que conozco.

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Cómo escribir una descripción brillante (y otros recortes literarios)

marzo 4, 2016 — by Gabriella40

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En inglés hay unas siglas muy conocidas en el mundo laboral: TGIF.

Imagino que no os sonarán, pero las reconoceréis como símbolo internacional cuando os diga que significan Thank God It’s Friday (Gracias a Dios que es viernes).

descripción mágicaRepresentación gráfica del TGIF medio.

Nos espera un fin de semana de descanso y diversión, pero antes nos vamos a poner serios un momento, porque hoy voy a hablar de algunas herramientas sensacionales para sacarle brillo a esa parte tan complicada de la narrativa: la descripción. Las descripciones tienen una tendencia preocupante a ser aburridas, recargadas o simplemente sosas, así que saber hacer descripciones que estimulen la imaginación del lector es una habilidad que debe ser celebrada (¡y analizada!). La parte seria (y muy nostálgica) es que todo esto que os voy a contar lo he aprendido de Umberto Eco.

Esta semana voy a seguir con Eco, no porque casualmente haya muerto mientras yo hablaba sobre su trabajo, que es una de esas coincidencias dramáticas que pueden ocurrir, sino porque el semiólogo italiano es una fuente inagotable para aquellos que escribimos.

Me llama la atención. Todo el mundo se acuerda de sus novelas, incluso de la película famosa basada en una de sus novelas; algunos se acuerdan de su trabajo periodístico. Menos se acuerdan de su trabajo académico, a pesar de que el estudio de lo literario fue su ocupación principal.

Cuando hablamos de la academia, de lo universitario y especializado, podemos pensar en largas frases rimbombantes que no vienen a decir nada, en textos técnicos exclusivos de su sector. Y Eco tenía frases rimbombantes, sin duda, pero todavía no he encontrado una frase suya donde no viniera a decir nada. Es más: me impresiona la cantidad de conclusiones prácticas que podemos extraer los escritores de sus tratados teóricos.

En el artículo Les sémaphores sous la pluie (se titula así también en su versión española, no os asustéis: no voy a empezar a citar en francés) Eco da algunos apuntes fenomenales sobre el sutil arte de la descripción. Y por eso muchos estudios de Eco no terminaron de pasar al mainstream; si su artículo se hubiese titulado Diferentes tipos de descripción y cómo sacarles partido o, aun mejor, Cómo perder ocho kilos en tres días (¡incluye clasificación de tipos de descripción en narrativa!), otro gallo nos cantaría (pero sin duda sería un gallo feo y de voz rasposa).

Lo chulo de la clasificación de tipos de textos descriptivos de Eco es que incluye un concepto que es mágico para un texto: el asidero de pertinencia. Os va a encantar:

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Los 5 secretos de un texto sublime (y otros recortes literarios)

febrero 19, 2016 — by Gabriella28

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Hoy en día usamos sublime como los estadounidenses usan awesome.

Awesome hace referencia a algo que despierta awe, una admiración tan grande que roza la incredulidad; sobrecogimiento; pasmo. Ya lo decía Louie C.K., se ha puesto de moda usar ciertas palabras para todo: hasta lo que desayunas puede ser awesome y no tiene por qué ser digno de Instagram, ni va a venir ningún señor de Michelín (los de la comida, no los neumáticos) a investigar tu alimento con una lupa y una cámara para hacerte un documental.

Es un texto sublime, es una película sublime, es un desayuno sublime.

Si dices sublime tres veces delante de un espejo, con un libro de David Foster Wallace en una mano y un cd de Mozart en la otra, se te aparecen ocho reseñadores blogueros, diecisiete periodistas, cuatro críticos de Rolling Stone y el peluquero de tu barrio.

Pero pocos recuerdan quién puso de moda aquello de sublime y qué significaba originalmente.

Hubo un señor llamado Pseudo-Longino, no porque fuera un Longino de mentira, sino porque los historiadores literarios todavía no están muy seguros de si era él, si él había escrito el libro que lo hizo famoso y toda esa problemática que solo parece concernir a los historiadores literarios.

El libro que lo hizo pasar a la posteridad se llamaba Sobre lo sublime, Miento, en realidad se llamaba Περὶ ὕψους, por si acaso hay algún lector de griego antiguo en la sala.

Pseudo-Longino vivió (creemos) entre el siglo I y el siglo III, y en aquella tradición neoplatónica resulta que este caballero ya sabía más de crítica literaria que el 99% de nosotros. Al hablar de lo sublime, desde luego no estaba hablando de sacar fotos con filtro en sepia a tortitas con jarabe de arce y arándonos frescos. Hablaba de uno de los tres estilos literarios de su época: el más elevado, el representado por autores de la talla de Homero. Este estilo tenía su propio léxico, ritmo y usos.

Una de las cosas maravillosas que he descubierto de Longino (leí Sobre lo sublime en la facultad, hace ya varios siglos o milenios, pero ha sido Umberto Eco el que me ha recordado lo bueno que era este señor en lo suyo) es que resume en cinco puntos muy específicos qué es lo que hace que un texto sea sublime. Es decir, qué le aporta grandeza. La perspectiva de Longino se aleja mucho de esa escuela de pensamiento que considera que lo único que importa en una lectura es cómo nos hace sentir. Sí, un texto puede ser orgásmico: hacerte llorar, reír, temblar, pero lo que Longino (y Eco, y yo, y una cantidad interesante de teóricos literarios y de profesores de escritura creativa) se pregunta es: ¿qué es lo que hace que un texto te haga llorar, reír, temblar?