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Actualización de hábitos y nuevo desafío: mindful eating.

abril 29, 2013 — by Gabriella0

He estado dándole bastantes vueltas a qué desafío nuevo elegir, ahora que ya llevo dos meses con aquello del ejercicio, y cinco con lo de la escritura. He estado entre la meditación diaria (otra vez), algún hábito relacionado con mi economía personal y el tema que ya comenté en el post anterior sobre mindful eating o alimentación consciente. No descarto la meditación, pero como el mindful eating ya es, de por sí, una forma de meditación, pensé que estaría bien empezar por eso y meterme de lleno de nuevo en la meditación como tal más adelante. Respecto al tema económico, es muy difícil proponer hábitos útiles cuando no tienes muy claros tus objetivos (es fácil decir “tener un nivel de ingresos estables para poder irme a vivir con mi pareja”, pero los pasos para llegar ahí no son tan sencillos como los necesarios para correr una maratón o perder 10 kilos, por ejemplo, donde se trata de una ecuación más o menos lógica de entrenamiento o de reducción calórica, y menos con la crisis mayúscula que tenemos todos encima). Pero qué os voy a contar que no sepáis ya todos. Y que si necesitáis correcciones ortotipográficas, de estilo, artículos de cualquier tipo o informes de lectura, ya sabéis dónde estoy. Y aquí abandonamos el escabroso y siempre tabú tema del dinero.

Volvemos a lo de la alimentación consciente. Para aquellos que os perdisteis el artículo anterior: de forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más. Más información en dicho artículo, aquí. Sobra decir que es una forma interesante también de controlar las cantidades, de no comer más de lo necesario y, por tanto, de perder peso. Hay unas instrucciones muy buenas en ZenHabits al respecto, el artículo lo podéis leer aquí, pero para los que os lleváis regular con el inglés, aquí tenéis los consejos principales:

  1. Empieza con algo pequeño (hazlo con una comida al día para empezar). Yo ya llevo un tiempo haciendo esto, por lo que me considero lista para pasar a convertirlo en un hábito definitivo, pero aconsejaría, al igual que ellos, que pruebes primero con un mínimo para ver si te convence o no.
  2. No hagas nada más. Concéntrate solo en comer. Nada de multitarea.
  3. Come solamente en la mesa. Así le darás toda tu atención a lo que comer, en vez de picar sobre la marcha.
  4. Aprecia la apariencia, lo visual, la belleza de lo que comes.
  5. Concéntrate en cada bocado. Experimenta las sensaciones, lo que te gusta y disgusta del bocado.
  6. Mastícalo lo suficiente como para tragarlo con comodidad.
  7. Come con cubiertos y suéltalos entre bocado y bocado.
  8. Conversa y comparte. No es imposible incorporar esta forma de comer a tu vida social. Comparte con los demás lo que estás experimentando: sabores y texturas.
  9. Busca calidad, no cantidad: Disfruta de cantidades más pequeñas de la mejor comida que te puedas permitir.
  10. Tómate el tiempo de preparar tus propias comidas, ya que el proceso de cocinar puede ser tan relajante y divertido como comer.

Yo añadiría un par más:

  1. No te preocupes, por lo menos no al principio, por lo que estás comiendo. Esto lo puedes hacer con pizza o con dulces, si te apetece. De todas formas, cuando te concentras mucho en lo que comes sueles descubrir que enseguida los dulces te empalagan o que la comida grasienta puede asquearte. Eliminas así también el estrés de preocuparte por calorías y etc. y disfrutas mucho más de lo que hay en el plato. Verás cómo el cuerpo te acaba pidiendo cosas más sanas. Lo cual nos lleva a:
  2. Presta atención a tu cuerpo. ¿Realmente sigues teniendo hambre o ya estás saciado? No tengas miedo a dejar comida en el plato. Intenta analizar si comes porque realmente tienes apetito o porque estás nervioso/a, aburrido/a o triste.

Yo ya lo llevaba haciendo de manera más o menos esporádica, y los resultados me parecieron interesantes. Tiendo a comer por ansiedad, algo que hace que este tipo de ejercicio me resulte muy difícil, y que por tanto tenga que proponérmelo como reto para acordarme y obligarme a llevarlo a cabo. Así que voy a probar los próximos 30 días para ver qué tal me va. Si me convence, ampliaré a 60, y así. No voy a establecer un mínimo, que es más o menos lo que ya he estado haciendo, sino que necesito acostumbrarme a aplicarlo siempre, en cualquier lugar y ante cualquier comida o bebida (sí, bebida también; considero que puede ser útil para el control del alcohol consumido). El reto será alimentarme de esta manera durante 30 días. Tengo curiosidad por ver si me será útil en mis viajes, donde tiendo a comer fuera y dejarme llevar por los atracones con amigos. Ya os contaré. Por ahora llevo un día y, aunque ha sido difícil, creo que ha producido beneficios inesperados: tener que pararte a pensar en lo que estás haciendo relaja, hace que se desvanezca el estrés durante un rato y que realmente disfrutes de lo que estás comiendo.

Como no podía ser de este modo, y demostrada la efectividad de compartir los retos con los demás, para este también habrá un grupo de Facebook. Con todo, no será exclusivamente para el tema de la alimentación consciente, sino para la alimentación en general. Sentíos libres de uniros si queréis llevar a cabo un desafío de 30 días mínimo de cualquier tipo relacionado con la alimentación: el reto puede ser cualquiera que creáis que os beneficiará, grande o pequeño (pero recordad que es mejor que sea pequeño, por lo menos para empezar), desde eliminar el azúcar del café hasta contar calorías o dejar de comer tanto pan. Lo que queráis: el grupo está abierto para cualquiera que quiera participar. Recordad que la idea es que arraigue un hábito, y para esto lo mejor es la repetición y tener un mínimo diario que sea sencillo. Para más sobre cómo crear hábitos, podéis leer este post, con algunos apuntes que considero que son fundamentales para tener éxito. Y recordad, ¡solo una cosa a la vez! No recomiendo que empecéis con un desafío nuevo si todavía no habéis terminado (o si todavía no ha arraigado) otro. Esto parece de perogrullo, pero todo el mundo cree que no es aplicable a su caso. Recordad que al principio cogemos las cosas con muchas ganas, pero luego las ganas se pasan y nos encontramos con mil cosas, con un ritmo que no podemos ni queremos mantener.

En cuanto a los otros retos que tengo activos, recordad que siguen los grupos de Facebook en movimiento (y de lo más efectivos):

Hábito de la escritura: Con más de 75000 palabras ya escritas, puedo decir que estoy la mar de contenta (y espero pronto poder dar unas noticias fabulosas). Ya van 150 días. Podéis apuntaros aquí.

Hábito del ejercicio: Ya llevo más de 60 días haciendo algo de ejercicio todos los días. Lo que más me está llamando la atención es lo de correr, ya que llevo más o menos mes y medio con ello y está resultando ser una experiencia de lo más energizante. A ver si me ayuda a superar el horroroso verano de agotamiento que suelo tener aquí en la costa sureña. Podéis apuntaros aquí.

P. D.: ¿Queréis saber quién fue la peor escritora del mundo? No, no hablo de la Meyer ni de la James, id a ver mi artículo en Lecturalia y lo sabréis.

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Leyendo: And Then We Came to the End, de Joshua Ferris.
Escuchando: Ni me acuerdo, la lista de Spotify con un poco de todo.

Image courtesy of artur84 / FreeDigitalPhotos.net

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Sobre el estado de mis hábitos y la alimentación consciente

abril 1, 2013 — by Gabriella0

Ya hace más de un mes que actualicé el blog con mi último desafío, y la verdad es que la vida en general se ha metido un poco por medio. Con esto quiero decir que cada vez se me está dando mejor (creo) esto de priorizar, y actualizar el blog, aunque divertido y necesario para mí, ya no es algo fundamental, sobre todo desde que Adsense decidió que eso del poliamor es una guarrada y me quitó sus anuncios. No es que consiguiera mucho con el blog, pero tenía su gracia (creo que llevaba unos 7 euros en el último año, pero los números crecían y a mí me hacía ilusión, qué le vamos a hacer).

Cuando hablo de “vida en general” incluyo también esos desafíos, esos hábitos que me había propuesto, como prioridad casi absoluta, integrar en mi día y día. Y estoy muy contenta con los resultados obtenidos. Ahí va una pequeña puesta al día. Os recuerdo que llevo dos desafíos, el de escritura y el de ejercicio diario.

Desafío de escritura: A día 1 de abril de 2013 llevo 122 días sin dejar de escribir un mínimo de 200 palabras a diario. Puede que esto no sea muy impresionante para algunos, pero me ha enseñado algunas cosas muy importantes:

  • Primero, que las palabras se acumulan. Mi trabajo se reparte entre dos proyectos: una novela propia y una novela que escribo con otra persona. Para el segundo libro hay MUY buenas noticias que espero poder compartir pronto. En ambos casos las obras están muy avanzadas, bien pasados los ecuadores respectivos. Ambas experiencias, la de escribir sola y la de escribir a medias, han tenido un valor incalculable. Y el progreso ha sido espectacular. No sé si escribiré medio bien, pero escribo diez veces mejor que hace cuatro meses, cuando empecé el desafío. No hay nada como hacer algo a diario para realmente aprender a hacerlo (del mismo modo, dedicarme a la corrección de estilo para otras personas también me ha enseñado muchísimas cosas que aplico a mis propias obras). Sé que tendré que escribir mucho más, varias novelas más, incluso, para poder alcanzar una calidad que me parezca aceptable. Pero si no empiezo por algún lado, no llegaré nunca. Todos estos años me he negado a avanzar porque consideraba que nunca llegaría a ser buena, que nunca estaría a la altura. Pero ver un progreso tan grande en tan poco tiempo es la mejor motivación que se puede tener.
  • Segundo, que los grupos de apoyo funcionan de forma espectacular. El grupo de Facebook ha sido una fuente constante de ánimo y de obligación. Yo soy, además, la fundadora, si fallo yo un día, ¿qué ejemplo estoy dando a los demás? No me tomarían en serio y se irían del grupo (o no, pero eso es lo que me digo para obligarme). En este sentido no he tenido más remedio que cumplir siempre. Incluso en esos días que pienso que todo lo que escribo es una mierda y habría que quemarlo, en esos días en los que preferiría arrancarme los pelos de las axilas uno por uno antes de sentarme delante del ordenador e intentar superar el bloqueo, el atasco y la desgana. Hasta en esos días en los que tenía fiebre y ganas de meterme bajo el edredón y desaparecer. Escribo.
Desafío de ejercicio: Con este llevo menos, empecé hace mes y medio más o menos. Por mi experiencia en el desafío de escritura, tardaré unos 90 días en tener el hábito realmente metido en el cerebro y en el cuerpo. Tiene la dificultad añadida de que el hábito varía más que el de escribir, con el que me siento delante del pc y hago más o menos lo mismo todos los días. Con la actividad física es mejor variar, para darle a los músculos oportunidad de descansar y repararse, por lo que voy cambiando de una cosa a otra. Hace casi un mes empecé a correr, y ha sido una experiencia sorprendente, ya que correr ha sido siempre el ejercicio que más odio, ahí ahí con las sentadillas y el voleibol. Claro que yo asociaba el correr con los 40 minutos seguidos que nos hacía soportar mi profesora de Educación Física en el colegio como examen. Ahora he empezado de forma muy lentita y progresiva, siguiendo el plan Couch to 5K, diseñado para gente que no termina de amar mucho el cardio, gente que, como yo, no se puede creer que con 15 años era capaz de correr 40 minutos seguidos cuando ahora se le sale el corazón por la boca al correr 60 segundos. Con todo, ahora puedo correr 3 minutos sin morirme, lo cual, aunque muy patético para cualquier persona medianamente en forma, para mí es un avance notable. Y es que en Educación Física nunca llegué a experimentar el subidón que da el ejercicio cuando lo haces porque te apetece, sin sufrir, subiendo de nivel poco a poco. Además he descubierto que correr me proporciona una energía tremenda para el resto del día, algo que, combinado con un régimen de sueño muy estricto, está mejorando mi calidad de vida de forma muy significativa. Vamos, que hasta he rechazado algún planazo de sábado noche porque el domingo quería salir a correr temprano. ¿De locos? Puede ser. Hago algo de ejercicio, aunque sea mínimo, todos los días. Corro tres o cuatro veces a la semana y el resto de los días hago abdominales y alguna cosilla suelta. Tengo ganas, además, de volver al pilates, pero eso un poco más adelante. Para esto ha sido también fundamental el grupo correspondiente de Facebook, en el que he observado además algunas cosas interesantes:
  • Al principio, como en el de escritura, se apuntó mucha gente, pero poco a poco algunos fueron desapareciendo. Es fácil poner un mínimo que a ti te parece sencillo, pero pronto descubres que no es igual para todo el mundo. Las 200 palabras que marqué como mínimo para el desafío de escritura son, de hecho, muchas palabras para algunas personas. Así que quiero dejar muy claro que el mínimo tiene que adaptarse a la costumbre y práctica de cada uno. Si uno no escribe nunca, o escribe muy poco y de forma esporádica, tal vez 50 palabras sean más adecuadas, por lo menos para empezar. Del mismo modo, en el de ejercicio hubo varias personas que no entendían que el mínimo tenía que ser ridículamente sencillo (para poder hacerlo incluso en los peores días), y empezaron con metas que consideraban más acordes a su estado físico o a lo que querían conseguir. Por lo general estas personas no prosperaron, abandonaron el desafío o volvieron a empezar, ya con objetivos más reducidos. En este sentido pueden ser muy peligrosos los gimnasios, o hacer ejercicio con personas que están mucho más en forma que tú, ya que tienden a sobreestimar tu capacidad y colocarte ejercicios y metas que pronto te hartarán.
  • La sensación de progreso es muy poderosa. No solo está la satisfacción personal de llegar a los primeros 30 días (la mayoría se apuntan a seguir a 60, a 90, y así), sino la aceptación de que avanzamos según nuestras posibilidades, y de que eso es genial. Así, habrá quien se sienta muy feliz por conseguir andar 10 minutos todos los días, y quien se sentirá satisfecho si consigue realizar sus entrenamientos habituales de 60 minutos corriendo. Compararse no es buena idea, para nada. Yo sé que lo que hago es muy poquito, pero para mí implica esfuerzo y tenacidad. Y lo increíble es que, aunque no sea mucho, se nota, ya no solo a nivel de energía, satisfacción y endorfinas, como mencionaba antes, sino a nivel estético. He empezado a ponerme ropa que siempre había hecho que me sintiera incómoda. Ya sabéis, vestidos que te entran pero que te marcan mucho culo, michelines, etc. Por primera vez he empezado a estirarme orgullosa. No tengo un cuerpo de revista, ni perfecto, ni mucho menos, aunque siempre le he tenido bastante afecto. Pero está mil veces mejor de lo que estaba hace apenas un año, y todo eso lo he conseguido yo sola, con mi esfuerzo. Como os podréis imaginar, eso produce un orgullo inmenso y las ganas de ponerse minifalda y camisetas ajustadas aumentan de manera exponencial. Todo esto produce una sensación grande de poder, de posibilidad. Empiezas a creer que realmente puedes derrotar a tus demonios.
Por supuesto os invito a que os apuntéis a estos grupos si son metas que os interesan. Para mí, desde luego, han sido un apoyo fabuloso. Solo pensar que tendría que darle explicaciones a los demás si no cumplía ya era suficiente para espabilar durante los días más vagos o desganados.
Otra cosilla con la que he estado experimentando, y que os comenté en un post anterior, es el tema del mindful eating, o alimentación consciente. Siempre he comido de forma muy ansiosa, así que esto me cuesta horrores, pero está siendo un ejercicio de lo más esclarecedor. Comienzo a darme cuenta de lo perniciosa que era mi forma de comer. Procuro aplicarlo siempre que puedo, y os animo a que lo probéis.

  1. ¿Qué es la alimentación consciente? De forma muy resumida, os diré que consiste en sentarse a comer y concentrarse solo en comer. Ni en televisión de fondo, ni en conversaciones… solo hay que pensar en lo que estás comiendo. Da igual lo que comas (como si estás comiendo pizza o hamburguesas), saborea cada bocado, suelta los cubiertos entre bocado y bocado y asegúrate de masticar y tragar bien antes de cogerlos otra vez. Dedica toda tu atención al sabor, textura y forma de lo que comes. Nada más.
  2. ¿Cuáles son sus beneficios? Bueno, el más evidente es el control del apetito. Al prestar atención a lo que comemos, lo hacemos más lento y llegamos a darnos cuenta de cuándo hemos dejado realmente de tener hambre, de cuándo estamos satisfechos. Hay otros beneficios, ya que hay quien se lo toma como una especie de meditación, un “estar en el momento” absoluto. Evitamos comer demasiado, digestiones pesadas y además empezamos a ser más conscientes de qué y cómo estamos comiendo. En el fondo es la dieta definitiva: cuando prestas la suficiente atención a lo que comes, los alimentos grasos, azucarados y muy calóricos tienden a perder parte de su atractivo, además de que comerás mucho menos en general ya que te saciarás mucho antes. Gran parte de los problemas de peso van asociados a tragar sin pensar, por ansiedad, por no hablar de otras complicaciones como pueden ser las malas digestiones o los gases.
  3. ¿Conclusiones personales? En lo positivo, definitivamente estoy aprendiendo a controlar mi ansiedad comiendo, aunque es un camino largo y avanzo, como siempre, pasito a pasito. Como creo que ya mencioné en aquel otro post, parte de mi problema es que en algún momento empecé a comer muy rápido porque no me gustaba comer, me aburría. Ahora sí me gusta comer, me encanta, con lo cual la cosa se complica. Tengo la esperanza de llegar a poder aplicarlo a diario en todas las comidas, con lo que podría terminar de preocuparme de controlar tanto las cantidades y las calorías. A efectos prácticos, daría igual qué estuviera comiendo ya que podría controlar las ansias de devorarlo todo sin parar; algo que estoy consiguiendo ahora a veces. También se eliminan cosas que te impiden sentarte a comer tranquilamente y hacerlo de forma consciente, como es picar entre horas o zamparse algo de pie, o comer cualquier cosa mientras estás distraído hablando o viendo la tele. Es un proceso largo de aprendizaje, pero merece mucho la pena. En lo negativo, si es que puede considerarse así, al ser consciente de lo que comes, eres consciente de lo que comes, con lo que hay ciertos alimentos que antes podía comer sin pensarlo dos veces y que ahora me cuestan bastante más, como es el caso de la carne. Ahora mismo, por cuestiones personales, no puedo planteármelo, pero es muy probable que si sigo con este proceso termine por hacerme flexitariana, pescetariana o algo similar. Pero esa es otra historia, para otro día.
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Leyendo: The Marriage Plot, de Jeffrey Eugenides.
Escuchando: De todo un poco, pero he tenido el Rumours de Fleetwood Mac en bucle durante unos días.

Image courtesy of Ambro / FreeDigitalPhotos.net

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Nuevo desafío: Implementación del hábito del ejercicio

febrero 20, 2013 — by Gabriella2

Aunque había realizado (con mayor y menor éxito) otros desafíos de 30 días, no ha sido hasta que comencé el de Escribir sin excusas que me di cuenta del verdadero potencial de este método. Eso sí, tengo seguro que hay ciertas condiciones que ayudan al éxito, y son las siguientes:

La realización del hábito debe tener un mínimo que se realiza a diario, todos los días. Este mínimo debe ser muy fácil, tan fácil que parezca ridículo. Al principio estarás tentado de sumarle dificultad, pero necesitas ese mínimo para los días en los que no tienes ganas, estás enfermo, o surgen otros imprevistos. En el caso del hábito de escritura, son 200 palabras. Parecen muy pocas, ¿verdad? Pues hay días en los que cuestan horrores.

El hábito debe llevarse a cabo siempre a la misma hora, y si va encadenado con otros hábitos, mejor. Analiza los hábitos que ya tienes y enlaza el hábito nuevo a uno de estos. Te resultará más fácil y automático llevarlo a cabo. En el caso de la escritura, me pongo justo después de desayunar, y además se ha convertido en el detonante de un día de trabajo productivo (aunque por alguna circunstancia me levante tarde, si me hago el té de siempre y luego escribo, todos los demás bloques de trabajo vienen solos). Obviamente hay días en los que no podrás realizarlo a la hora de siempre, pero es fundamental mantenerlo dentro de lo posible en un horario establecido.

El hábito tarda unos 60 días en cuajar. 30 días son un buen comienzo (y es ideal para ver si el nuevo hábito te conviene), y la parte más difícil de la ecuación, pero para que la cosa se instale con firmeza en tu cabeza y tu rutina, lo mejor son 60. Y 90 ya son ideales. Yo estoy cerca de los 90 con el desafío de escritura (llevo 82 días seguidos escribiendo), y ni se me pasa ahora por la cabeza pasar un día sin escribir, no solo por la rabia que me daría romper la racha, sino porque la costumbre se me ha metido en el cuerpo del todo. No digo que no pueda pasar algo raro y termine por romperse esa racha, pero quitarme el hábito ya sería muchísimo más difícil.

Compartir el desafío con otros ayuda muchísimo. En el grupo de Facebook nos hemos ido dando ánimos y hemos publicado a diario nuestros resultados. Es genial compartir el entusiasmo, y el hecho de estar a plena vista de los demás nos presiona para no desfallecer. Si te quieres apuntar al desafío de escritura, solo tienes que solicitar acceso por Facebook. Puedes empezar en cualquier momento (hay quien lleva 80 días y hay quien lleva unas semanas).

-Los resultados son lentos, pero llegan. Si alguien me llega a decir que en unos meses iba a tener más de 40000 palabras escritas, lo habría dudado seriamente. He escrito antes, mucho, pero siempre de forma errática. Este nuevo hábito es sistemático y muy productivo, y es importante para mí marcar esta distancia entre la escritura de ficción, para la que necesito un tiempo concreto a diario, y la escritura por trabajo (ensayo y etc.), que realizo según las necesidades de cada proyecto. Cuando un tipo de escritura no tiene más motivación que el propio deseo (nada de remuneración, ni apoyo ajeno), es mucho más difícil comprometerse con ella. Tengo muy claro que estas 40000 palabras pueden no llegar a nada, pero son 40000 palabras menos de los millones de palabras que tengo que escribir para mejorar en esto de juntar letras con sentido.

Ahora que me acerco al cumplimiento de esos 90 días, que se ampliarán y apostarán por un margen de 120 en cuanto llegue, he decidido empezar otro desafío similar, y mantener las mismas condiciones y estructura con el desafío de Escribir sin excusas, que tan buenos resultados me ha proporcionado. He dudado bastante acerca de qué elegir, había muchas cosas que me resultaban atractivas. Al final me he decantado por el ejercicio; por razones de trabajo mi régimen de ejercicio ha sido muy caótico últimamente y me gustaría tener un hábito para realizar un ejercicio, aunque sea mínimo, a la misma hora todas las mañanas. Será una cosa en principio muy sencilla (seguramente algo de calentamiento y un ejercicio de pilates, unos cinco minutos en total), con la idea de ampliarla con el tiempo. Lo importante no es la cantidad en estos momentos, sino crear la costumbre como me ha ocurrido con la escritura.

He empezado esta mañana. ¿Alguien se apunta conmigo? Si os interesa, podríamos formar otro grupo común. Estas serían las características:

  1. La idea es elegir un momento al día en el que realizar el ejercicio (el mío sería a primera hora de la mañana, antes del desayuno), e intentar mantener ese horario.
  2. Seleccionar el mínimo que queremos realizar (en mi caso será el ejercicio de pilates, pero podrían ser 2 minutos corriendo, o 5 minutos en bici, o una flexión, o 2 abdominales, o lo que sea). Debe ser algo muy sencillo, y si puede realizarse sin necesidad de grandes preparaciones, mucho mejor. Cuanto más fácil nos lo pongamos, más posibilidades tenemos de triunfar. Yo he elegido el pilates porque puedo hacerlo en pijama, en casa, lo cual elimina aún más la pereza previa. 
  3. También debe ser algo que puedes realizar incluso cuando no estás en tu mejor momento. Es muy importante tener claro que la meta aquí es crear el hábito, no perder peso o crear músculo. No estamos buscando un workout completo (aunque podemos ir aumentando la dificultad muy poco a poco), sino algo que nos incentive porque realmente no tenemos ninguna excusa para no hacerlo.
  4. Si fallamos algún día, debemos volver a contar desde el principio.
  5. Este hábito puede complementarse con otros ejercicios que hagamos a lo largo del día, pero no es obligatorio. Lo que es obligatorio es realizar esos 2 minutos, esa flexión, esos 2 abdominales, ese ejercicio de pilates, o lo que hayamos elegido como mínimo diario.
  6. La meta es realizar 30 días este hábito, todos los días. Esta meta puede ampliarse a 60, a 90, etc., si lo creemos conveniente.
Editando: Ya tenemos grupo en Facebook. Podéis solicitar entrada aquí si os interesa participar.
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Image courtesy of ArtDigital / FreeDigitalPhotos.net

Leyendo: At Swim, Two Boys, de Jamie O’Neill. Una maravilla de prosa que recuerda al Joyce más cercano.
Escuchando: Enganchada al Synthetica de Metric.