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El síndrome del impostor es tu amigo

agosto 30, 2019 — by Gabriella8

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Cuando alguien toma la acertadísima decisión de suscribirse a mi lista de correo, recibe un email de bienvenida donde aparece una pregunta estremecedora: ¿cuál es el mayor obstáculo al que te enfrentas en tu escritura?

síndrome del impostor
Mira, cariño, una lista de correo que me obliga a enfrentarme a mis demonios personales: justo lo que buscaba en esta tarde de evasión por los vericuetos de internet.

Podéis imaginar las respuestas más comunes… o tal vez no. Los obstáculos tienden a ser más personales, psicológicos, que técnicos. Tengo toda una teoría sobre esto, pero no suele sentar muy bien cuando la expongo, así que dejémoslo en que parecería, por los emails, que tenemos muchas cuestiones mentales que resolver ante la escritura.

Una respuesta que llega con una frecuencia aplastante se refiere al síndrome del impostor. Parece ser que este síndrome infernal impide escribir a un número nada desdeñable de personas. Y no solo lo veo en mi bandeja de correo: las redes sociales están repletas de personas que dicen que no consiguen escribir porque sufren de este mal.

¿Qué es el síndrome del impostor?

Por si a estas alturas de la película autoayuda de los dos mil dieces alguien ahí fuera no sabe lo que es el síndrome del impostor, Wikipedia lo define como:

Un fenómeno psicológico en el que la gente es incapaz de internalizar sus logros y sufre un miedo persistente de ser descubierto como un fraude(1).

Esta definición es sencilla, pero el significado del síndrome se ha ido ampliando y distorsionando en la cultura popular, hasta perder su definición original. Por lo que he podido encontrar, al principio se aplicaba a mujeres de éxito en sus carreras, que atribuían dicho éxito a suerte o coincidencia, desconfiando de su propia capacidad y sintiendo que engañaban a sus compañeros y jefes. Con el tiempo, diversas investigaciones apuntaron a que afectaba de manera similar a muchos hombres; sobre todo a hombres pertenecientes a minorías y de orígenes obreros. En definitiva, afectaba a personas que por condicionamiento social no se creían “merecedores” de su éxito.

síndrome del impostor
¿Y si algún día se dan todos cuenta de que lo de salvar el mundo siempre me sale de pura chiripa?

Hoy en día, es posible que abusemos un poco del término. Desde luego le damos todo tipo de atributos que antes no tenía. Muchos usan síndrome del impostor para hablar de cualquier inseguridad frente a sus habilidades, estén en el punto de habilidad o éxito en el que estén(2).

El peligro de usar el síndrome del impostor como excusa

También sospecho que para algunos el síndrome del impostor se ha convertido en una forma de procrastinación. Sé que para mí lo ha sido. En nuestro amplio arsenal de excusas, es de las mejores. Tal vez os suene alguna de estas preguntas; yo las conozco bien:

  • ¿Para qué escribir si no tengo talento?
  • ¿Para qué escribir si no sirvo para esto?
  • ¿Y si escribo y el mundo descubre que no sé?
  • ¿Y si escribo y el mundo se ríe de mi trabajo, lo critica, lo destroza?

Lamento decir que, con síndrome o sin él, hay muchas probabilidades de que el mundo destroce tu trabajo. De hecho, cuanto más conocida sea tu obra, cuanto más éxito tenga, más probabilidades hay. Así que deberíamos dejar de usar el miedo al juicio ajeno como excusa, porque el acto de escribir, de comunicar, lo lleva implícito. Escribir es desnudarse y exponerse. Y cuanto antes aceptemos que no tenemos mucho control sobre la opinión ajena, mejor.

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Hola, me llamo Gabriella Campbell; tú criticaste mi novela en Amazon. Prepárate para morir.

Lo ideal sería aceptar ese riesgo con los brazos abiertos, porque si nadie critica lo que haces, es que no está llegando a ninguna parte.

Ay, si solo fuera así de fácil, ¿verdad?

Luego hablaremos más de las expectativas del mundo frente a tu obra. Pero ahora demos la vuelta a la tortilla (con cebolla) y veamos por qué el síndrome del impostor puede ser, curiosamente, uno de tus mejores aliados.

El síndrome del impostor no es lo que crees que es el síndrome del impostor

Si el síndrome del impostor es para nosotros la sensación de que nuestro trabajo es imperfecto, de que está lleno de mediocridad y pobreza, aunque haya lectores que dicen disfrutar de él (¡y qué difícil es creer a esos lectores!), estamos, en realidad, en una situación que es muy positiva.

No podremos solucionar nunca el sesgo negativo, ya que es parte de nuestra supervivencia como ser humano. Es uno de esos rasgos que tenían mucho sentido cuando vivíamos entre depredadores, sin refugio, agua corriente ni wifi (tiemblo solo de pensarlo), pero que hoy resultan algo ridículos. ¿Por qué si tenemos veinte reseñas positivas y una negativa, nos creemos lo que dice la negativa? ¿Por qué le damos tanta importancia a nuestros fallos si hay tanto que hacemos bien?

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Tengo ocho premios Nobel, un Princesa de Asturias y dos Pulitzer, pero mi cuñada sigue poniendo cara de resignación cuando sirvo paella los domingos(3).

Todo forma parte del proceso masoquista por el que pasamos para aprender y mejorar. Como intenté explicar en este artículo, el proceso de aprendizaje de cualquier habilidad tiene varias fases. El artículo en sí habla de 10 fases progresivas, pero vamos a simplificar y vamos a recurrir a la pirámide de las famosas cuatro fases de la competencia, que quién sabe de dónde salió, pero que muchos atribuyen erróneamente a Maslow, tal vez porque a Maslow le gustaba mucho hacer pirámides:

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La jerarquía de la competencia. De abajo arriba: incompetencia inconsciente (intuición equivocada); incompetencia consciente (análisis equivocado); competencia consciente (análisis correcto); competencia inconsciente (intuición correcta).

La fase con la que empezamos, la inferior de la imagen, es la de una incompetencia inconsciente. Al principio, gracias al efecto Dunning-Kruger, somos incompetentes y no lo sabemos siquiera: aprendemos algunas cosillas básicas y nos creemos los reyes del mambo. Esta sería la fase 1, también conocida como la fase cuñao.

Luego aprendemos un poco más y nos damos cuenta de todo lo que no sabemos. Esto es humillante, porque estamos desarrollando nuestro gusto y sabemos lo que queremos hacer, pero aún no tenemos las capacidades para conseguirlo. Entramos en la fase 2, que yo llamo la fase cartesiana, por aquello de que dudamos de todo.

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Vaya, otra bloguera que no tiene ni idea de filosofía y que se cree graciosa.

Vamos mejorando y, con el tiempo, llegamos a una fase estupenda en la que somos competentes y además somos conscientes de nuestra competencia (fase 3). Yo a esta la llamo la fase ideal de la muerte.

El síndrome del impostor, en su sentido original, afectaría a esta fase, en el caso de algunos individuos que, por la razón que sea, no son capaces de aceptar dicha competencia. Sería una desviación problemática del comportamiento habitual de la fase 3.

Una nota sobre la fase 4

Más allá del bien y del mal estaría la fase 4, de personas que tienen tal dominio de una habilidad que no tienen ni que pensar en ello. Esta fase no suele tener cabida en el mundo de la escritura creativa, ya que su carácter subjetivo y artístico siempre nos da un margen de mejora, y todo buen escritor pelea a diario por afilar sus herramientas. No obstante, un escritor muy experimentado estaría en cierto modo en esta fase, ya que ha desarrollado ciertas técnicas que le permiten crear trabajo de alta calidad sin tener que repasar mentalmente los pasos que llevan a ese trabajo. Digamos que ha adquirido una soltura que le permite crear con excelencia de manera no consciente(4).

Aquí, evidentemente, el síndrome del impostor es algo del pasado, algo que afecta a otros pobres plebeyos que no entienden nuestra magnificencia y son devorados por la envidia y el rencor. Esta fase yo la llamo, cariñosamente, la fase Picasso, o la fase soyuncapullointegralperoanadieleimportaporquerevolucionoelarte.

Regresando al síndrome

Pero hablábamos del síndrome del impostor y decíamos que, en teoría, ocurre en la fase 3. Y, sin embargo, casi todos los escritores que veo y oigo hablar de síndrome del impostor parecen estar en la fase 2. Todavía no han alcanzado el éxito (o lo que ellos definan como éxito) ni la competencia necesaria para este. Mi teoría es que no sufren en realidad de dicho síndrome, sino de la frustración que surge al poner en balanza lo que saben que quieren hacer, el gusto que han ido adquiriendo, y su nivel real de capacidad.

Por qué el síndrome del impostor es tu amigo

Esa frustración mencionada, ese falso síndrome del impostor, es algo muy muy bueno. Significa que estás creciendo en tu escritura, que eres consciente de los límites de tu habilidad presente. Significa que ya no estás atrapado en la fase donde está el ¿80%? de los que se denominan escritores: la fase 1, la fase de incompetencia que se cree competente. ¡Enhorabuena!

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Imagen de escritores celebrando que son conscientes de sus propias limitaciones. Como puedes apreciar por esta foto absolutamente representativa y verídica, son poquitos.

Lo que debes tener muy presente es que esa frustración estará ahí casi siempre, de un modo a otro. Por el carácter tan subjetivo de su recepción, es muy difícil delimitar la competencia en la escritura, por lo que las fases 3 y 4 de aprendizaje están reservadas a unos pocos (pero haberlos haylos y tú también puedes llegar, te lo aseguro). Puedes ser ganador del Nobel de Literatura y seguir creyéndote lo que dice rEgeTTon876! con su estrellita solitaria en Amazon (o soportando a tu cuñada cada vez que se queja de tu paella).

Pero (y aquí viene lo importante) debes deshacerte enseguida de la noción de que la escritura es una habilidad fija, dependiente solo del talento innato. La escritura progresa y esa frustración que sientes en estos momentos se basa en tu momento actual de conocimiento y habilidad. Si sigues aprendiendo y avanzando (si lo haces bien, claro), tu escritura mejorará.

Diagnóstico y remedios

Pueden tratarse los síntomas de este síndrome. Puedes combatir el bloqueo que a veces lo acompaña con buenas ideas, con ejercicios creativos o con una separación total de tu arte de las expectativas de tu público. Y no hay bloqueo que pueda contra un hábito implementado de escritura diaria. Pero si no entiendes de dónde viene esa inseguridad y no empiezas a ser más compasivo con tu habilidad presente, no servirá de nada.

Esto lo digo en serio: la autocompasión funciona como un superpoder para los que escribimos. Y es mucho mejor que la autoestima y la confianza, que pueden fallar en cualquier momento. Tendemos a subestimarnos y a sobrestimarnos (a veces en el espacio de un mismo minuto) y sabemos que nuestra percepción de nuestro trabajo rara vez es realista. Peor aún: sabemos que nuestra percepción de nuestro trabajo rara vez coincide con la de nuestro público.

Y, hablando de expectativas de nuestro público, uno de los riesgos del síndrome del impostor es ceñirse al 100% a lo que los demás esperan de nosotros. Lo cual es muy peligroso, porque…

El mundo intentará hacerte vainilla

En el mundo del BDSM y del kink, se llama vainilla a la persona que practica un tipo de sexo “normal”. Y con normal me refiero al tipo de sexo que sueles ver en las películas: beso con un poquito de lengua, postura del misionero, cigarrito de después (aunque eso cada vez se ve menos) y escapada al baño envuelta en sábanas para que nadie vea tu culo perfecto de actriz millonaria.

En general, en el mundo angloparlante se usa mucho el término vainilla para cualquier persona o acción que corresponda a la media, a lo estándar. El sabor vainilla está bien, gusta a mucha gente y por ello es bastante popular. Cualquier heladería vende más vainilla que after eight, turrón o ron con pasas, imagino.

En toda heladería debe haber vainilla, porque es la opción segura. Si te apetece un helado y vas con mucha prisa, el vainilla, la fresa o el chocolate son maneras rápidas de evitar ese bloqueo por exceso de oferta que puede paralizarte en un local con más de doscientos sabores de helado. Cuando nos bloqueamos como escritores también estamos paralizados, en cierto modo, ante demasiadas elecciones: hemos perdido un poco lo que creemos que es nuestra voz. Y entonces lo sencillo es adaptarse a lo fácil y lo cómodo: pedir/escribir vainilla.

Insisto en que esto no es necesariamente algo negativo. Hay un gusto mayoritario, porque todos tenemos referentes similares y una experiencia cultural con muchos elementos en común. Es cuando tenemos experiencias muy diferentes donde surge la magia de lo extraño y lo distinto, del sabor a turrón de chocolate blanco. Es por esto por lo que produce un seguimiento tan fiel la literatura de los márgenes, el manga weird, el género LGTBI, el ensayo feminista, la vanguardia: es una representación muy necesaria de lo que no es predominante.

Nos enseñan que ser “vainilla” es malo, porque nos encanta hacer énfasis en lo original y diferente. Pero ese énfasis puede ser algo falso: todo el mundo cree que quiere ver algo original y diferente hasta que visita la sección de arte contemporáneo de cualquier museo. Lo diferente puede ser demasiado diferente: solo tiende a gustarnos cuando nuestro cerebro puede asimilarlo de algún modo a los patrones que conoce, aunque sea como contraposición a esos patrones.

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—¿Y de esta pieza qué opinas, querido?
— Opino que quiero abrazar a Las Meninas y no soltarlas nunca, querida.

Ser vainilla no es bueno ni malo: simplemente está ahí y solemos necesitarlo como punto de comunicación y partida. Para que haya extremos, para que algo destaque, tiene que haber una cantidad considerable de elementos medios que sirvan como referencia. Si disfrutas enormemente con tu beso con un poquito de lengua, tu postura del misionero y la visita al baño envuelta en sábana, ese vainilla es muy muy rico. Si lo haces porque es lo que se espera que hagas y porque temes a la crítica y al juicio ajeno… bueno, ahí ya entramos en el farragoso terreno que yo quería tratar en este artículo.

¿Qué te diferencia de otros?

Cuando estoy en estaciones de tren o aeropuertos me gusta pasearme por las tiendas tipo franquicia de libros y maravillarme con su propuesta absolutamente media y comercial. Es difícil encontrar en una de estas tiendas algo que, a primera vista, no sea clónico, prefabricado, blando. Y es normal: disponen de un espacio pequeño y un alquiler muy alto: no se pueden permitir vender helados de gintonic o de yogur con pimienta rosa. Pero incluso en el mar de mismidad que ofrecen estos comercios, cada uno de esos libros ha tenido que destacar de algún modo para llegar a ocupar un puesto en esos estantes. Ser diferente no implica ser radicalmente diferente, sino ser un poco más uno mismo, sin disculpas. Y esto es mucho más difícil de lo que parece.

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Queremos un libro romántico, de histórica local, con acción, sexo picante, vampiros y templarios. Que sea más o menos como los otros cien libros que tenemos en esa línea, pero a la vez totalmente original y único. Y lo necesitamos para dentro de cuatro semanas. Bien, ¿no?

Hay gente ahí fuera muy agradable, en emails y convenciones y eventos, que tiene la amabilidad de decirme que sigue este blog por el tono coloquial y ameno del mismo. Disfruta del humor(5) y de la cercanía. Y sin embargo también recibo correos y mensajes de personas que dicen que mi blog está muy bien, pero que no debería usar un tono tan coloquial. Que debería ser más académica. Que el humor estropea mis libros. Y que ya está bien de palabrotas, joder, Gabriella.

¿Qué me enseña esto? Escribir y vender libros es como crear y vender cualquier producto: es imprescindible escuchar al cliente, pero si lo escuchas siempre acabarás con una masa gris e informe, clónica y sosa, sin personalidad. Sabemos que no podemos complacer a todo el mundo, pero vaya si lo intentamos. Y esto no ayuda a la confusión que ya tenemos a la hora de crear, ya que no hay baremos claros a los que aspirar. Esta confusión es también la realidad detrás de lo que conocemos como síndrome del impostor del escritor, esté en la fase que esté.

El riesgo de ser una amapola alta

En Australia se habla de un concepto llamado Tall Poppy Syndrome (el síndrome de la amapola alta), si bien es algo que tenemos documentado desde tiempo de Aristóteles, y que por nuestros lares se ejemplifica en la leyenda de la campana de Huesca. Este síndrome os sonará: cuando una persona destaca por algo, los de su entorno harán lo posible por cortar su tallo y rebajarla a la altura de todos los demás. El mundo quiere que estés siempre a la altura media (o más abajo). El mundo quiere que sepas a vainilla.

Si sobresales, sabes que el mundo querrá cortarte el tallo. Y ese miedo también es otro factor tras el síndrome del impostor. Nos cortamos a nosotros mismos antes que permitir que otros nos corten.

Pero las nuevas oportunidades culturales demuestran que esto está cambiando más que nunca. Hay una puerta al género, a todos los demás sabores. Netflix hace una porción grande de sus ingresos gracias a las películas de terror. Amazon permite que la autopublicación dé salida a subgéneros de romántica que ni querrías imaginar. La blogosfera y su choque de contenidos (content shock) permiten que ciertas voces (incluso las que tienen tacos y meteduras de pata) puedan tener sus lectores.

La conclusión, al fin

No te digo que seas diferente porque sí. Ni que seas diferente hasta el punto de no ofrecer patrones reconocibles: si escribes, necesitas comunicar, y la comunicación tiene reglas y bases para poder intercambiar mensajes de manera fluida. Pero sí te pido que seas un poco más tú. Aunque duela, aunque te haga sentir que engañas a todo el mundo.

Todo esto es difícil, ya lo hemos dicho muchas veces en este blog. Pero si eres capaz de no rendirte ante las dificultades, el síndrome del impostor es justo lo que necesitas: en la fase 2, para avanzar cada vez más rápido; en la fase 3, para no confiarte, para no ser vainilla.

Cada vez que notes esa vocecilla insegura, úsala como señal de que vas en la dirección correcta y como desafío personal. Este cambio brutal de perspectiva sustituirá tu bloqueo por motivación.

Pule y da esplendor a tu escritura. Pero no la hagas como la de todos los demás.

Si esto te da miedo, a lo mejor es porque estás desarrollando tu propia personalidad y brillo.

A lo mejor es porque estás aprendiendo a escribir.



Notas:

(1) Lo mejor de todo esto es que ahora, gracias al agujero Wikipedia en el que siempre caigo, sé también lo que es el síndrome de Capgras, que me parece mucho más interesante, ya que es el síndrome por el que una persona cree que un amigo o familiar ha sido sustituido por un impostor. Imaginaos no poder escribir porque sufrís el síndrome de Capgras. A mí me resultaba bastante inquietante la idea que rondaba en mi familia de que el gato de mi tía estaba poseído por el espíritu de mi abuelo, pero he de reconocer que seguía escribiendo, pese a todo.

(2) En este artículo analizo el síndrome del impostor en cuanto afecta a nuestro proceso de aprendizaje como escritores. Por supuesto, hay muchas otras variantes en diferentes entornos. Valerie Young se ha dedicado a estudiar este fenómeno en profundidad y ofrece soluciones a los diferentes aspectos de este síndrome en el ámbito del trabajo. Tiene un libro sobre el tema, solo disponible por ahora en inglés, llamado The Secret Thoughts of Successful Women: Why Capable People Suffer From the Impostor Syndrome and How to Thrive in Spite of It.

(3) Y aquí comienza el recuento oficial de valencianos que vendrán a decirme en los comentarios que lo de la foto realmente no es paella.

(4) Sobre cómo avanzar en una habilidad creativa cuando ya alcanzas cierto nivel de competencia hay unas reflexiones realmente buenas de Scott Young por aquí (en inglés).

(5) Ya, yo tampoco lo entiendo.

Notas personales:

Créditos:

  • Imagen de las fases de la competencia por Igor Kokcharov, en Wikimedia.
  • Foto de pareja que navega por internet sin saber lo que se les viene encima, de Olena Yakobchuk en Shutterstock.
  • Imagen de superhéroe acosado por las dudas, de jamesteohart en Shutterstock.
  • Foto de señora que osó criticar tu novela y que ahora debe morir, por fizkes en Shutterstock.
  • Imagen de la cuñada que nunca estará al 100% satisfecha con tu paella, por Olesya Kutneszova en Shutterstock.
  • Foto de Giorgios Kollidas del retrato de W. Holl de Rene Descartes, en Shutterstock.
  • Foto absolutamente fiel a la realidad de escritores conscientes de sus limitaciones, por Dean Drobot en Shutterstock.
  • Foto de jefa del departamento de marketing de una gran editorial, por Antonio Guillem en Shutterstock.
  • Imagen de pareja en un museo de arte contemporáneo, por New Africa en Shutterstock.
  • Imagen de cabecera, de hombre con máscara que se parece un poco al Sombrerero Loco de la serie Gotham, por Einur en Shutterstock.

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Actualización del desafío de otoño (día 58): La verdad no está ahí fuera

octubre 27, 2014 — by Gabriella2

luna_de_locos_892_34q3ubFVAntes de empezar con la actualización de hoy tengo que recordaros algo importante:

Id corriendo a comprar Luna de locos, de (cómo no) José Antonio Cotrina. Es una novela corta de ciencia ficción con el habitual toque genial-fantástico del caballero. Está en Lektu y tirado de precio.

¿Ya lo habéis comprado? Vale, seguimos.

Hoy voy a hablar de la verdad.

Una de las cosas a las que llevo dándole muchas vueltas estas últimas semanas es a lo que entendemos por verdad. Es decir, hechos incontestables.

Por ejemplo, si decimos que el agua hierve a 100 grados centígrados, sabemos que es verdad. Podemos poner a hervir agua, medir la temperatura, y ver que eso es incontestable. Es lo que conocemos como una verdad universal. Aquello que sabemos que es cierto, porque se ha probado. Porque es ciencia.

No obstante, casi todo lo demás es bastante más complicado de discernir. Eso es algo que llevo años asimilando, pero últimamente me ha pegado de lleno. Y es que tuve la terrible idea de leer las primeras entradas de mi blog.

No debí hacerlo. Había algunas entradas muy tristes. Algunas hasta las he borrado, como quien quema fotos que le traen recuerdos dolorosos. Sentí una mezcla de vergüenza y pena por la persona que escribió esas entradas. Espero no sentir eso dentro de ocho años, cuando relea esta entrada. O tal vez sí. Si siento vergüenza de esta entrada dentro de ocho años, será porque he progresado. Así que, sí, hola, Gabriella, si estás leyendo esto: si este artículo te parece lamentable, es que estás haciendo algo bien.

Llevo blogueando desde… no sé. Aunque este blog ha importado las entradas de mi blog anterior, Y el exhibicionismo, ya antes de ese existió otro blog primero, que creo que mantuve desde el 2001 o así. Los blogs son como diarios, miras atrás y te redescubres, y tal vez no te gusta lo que redescubres, como si lees poemas horribles que escribías con quince años o cartas de amor gilipollas que le escribiste a alguien que desde luego no merecía la pena (aunque yo nunca he hecho eso. No. Nunca). Soy consciente de que tuve algunos años malos, pero creo que hasta leer esas entradas no he entendido del todo hasta qué punto estaba deprimida. La depresión no solo tiene todos esos síntomas tan nefastos que muchos conocemos, sino que además puede convertirte en un ególatra y un arrogante de mucho cuidado. Yo ya era ambas cosas, así que todo empeoró. Y lo odiaba todo. Todo me parecía mal. No entendía por qué no me salía nada bien, por qué iba dando bandazos, y por qué otros que, a mi entender, no lo merecían, se cubrían de éxito. Me burlaba de lo que yo consideraba que era estúpido. Pensaba que conocía la verdad.

Me gustaría pensar que ahora soy un poco más compasiva y equilibrada. Desde luego tengo muy claro que no conozco la verdad. Muchas de las cosas que pensaba que eran incontestables resultaron no serlo. Mucho de lo que creía que era cierto resultó solo serlo a medias.truth-166853_640

Y a lo mejor llega mañana una civilización alienígena muy avanzada y nos dice que el agua no hierve a 100 grados centígrados, que lo estamos midiendo mal, o que el calor es una percepción subjetiva que no entenderemos nunca. Tal vez el agua ni siquiera exista, y todo esto sea un sueño de Antonio Resines.

Por si acaso, le doy a todo el beneficio de la duda.

Me gustaría no pronunciar sentencias, no afirmar nada; lo intento, aunque es difícil, y con frecuencia se me olvida y eso me hace sentirme mal, porque sé que solo me conduce a la cabezonería y al egocentrismo de nuevo. Por mucho que investigue y me documente sobre algo, es posible, muy posible, que me equivoque. Busco a personas que sepan mucho de algo, las escucho y leo e intento asimilar y aprender de ellas, en vez de sentir envidia y rencor como antes. Antes solo me preocupaba de enseñar, de compartir mi limitada verdad. Todavía lo hago, es una costumbre que cuesta quitarse. Me gustaría no juzgar a otros (¿qué sé yo, en el fondo, sobre sus decisiones y experiencias?) y eso también es muy difícil. Basándome en lo aprendido, intento tomar decisiones. Y eso es lo más difícil de todo. Pero decir, como Sócrates, que solo sabes que no sabes nada es tremendamente liberador. 

Así que cosas como Beeminder y las metas a largo plazo ayudan. Porque una vez tomadas las decisiones de lo que quieres y necesitas hacer, no tienes que seguir gastando energía mental en su realización diaria, (lo que, en el fondo, puede ser otra forma de procrastinación, y siempre es agotador).

Vamos con lo que ha estado pasando en las últimas semanas:

1. Escribir mi novela. Como pudisteis leer aquí en el blog y por todos lados, HE TERMINADO LA NOVELA. Bueno, queda corregir, así que ahora estoy contando las palabras corregidas para asegurarme de que me pongo a ello, que corregir mis propios escritos siempre me da mucha pereza (ES MUY DIFÍSIL).
-Palabras escritas y corregidas desde el 1 de junio (cuando empecé el desafío anterior): 97690 palabras.
-Palabras por corregir antes del 1 de diciembre: 27310 palabras.

2. Hacer ejercicio. He vuelto a la piscina y sigo nadando y nadando y nadando. Voy haciendo pocos largos y sumando de forma paulatina, para evitar el típico ataque de dolor de rodillas, tobillos, loquesea que luego me deja fuera de combate, y parece por ahora que eso funciona.

-Minutos desde el 1 de junio: 3955.

-Minutos por hacer antes del 1 de diciembre: 55.


3. Enviar a concursos. Al final terminé el relato nuevo y ha quedado mejor de lo que esperaba. Falta revisarlo y enviarlo, que con suerte conseguiré hacer hoy mismo.


4. Leer. Sigo leyendo, aunque menos que antes. En mi horario actual tienen menos cabida las lecturas al sol de la mañana, así que estoy intentando encontrar otros huecos.

Minutos leídos: 2685 minutos.

Por leer: 315 minutos

5. Actualizar blog. Aquí me tenéis, de nuevo. Cada vez estoy más convencida de que compensan más los artículos largos y currados (como el de la semana pasada sobre cómo corregir tu propio libro, que funcionó muy bien) que hacer varias entradas cortas sobre mí misma, mi mismidad y mis metas. Sé que algunos seguís mi progreso y os lo agradezco, pero seguramente seguiré reduciendo las actualizaciones personales en favor de entradas más “útiles”, enfocadas sobre todo a escritores y lectores, y a personas interesadas en productividad en general. Vamos, que seguiréis viendo por aquí los gráficos de Beeminder, pero con menos frecuencia.

Actualizaciones hasta la fecha (desde el 1 de junio de 2014): 58

Faltan (antes del 1 de diciembre): 14

Metas nuevas:

Y ahí van todas las demás:

a) No usar Facebook ni Twitter fuera de horario

b) Acordarme de apuntar mis gastos e ingresos conformen suceden, para evitar luego quebraderos de cabeza intentando cuadrarlo todo.

c) No beber en casa.

d) Nuevo proyecto de escritura compartido.

Y aquí os dejo los enlaces que más me han llamado la atención de este último par de semanas:

  1. Una interesante explicación a por qué no vemos nuestras propias erratas, de Isaac Belmar en Hoja en Blanco.
  2. Una maravillosa entrada de James Clear sobre qué es el sisu y cómo podemos aplicarlo a nuestra propia vida. A mí me ha emocionado (en inglés).
  3. No había visto esta entrevista de una de las editoras de Fata Libelli a China Miéville, centrada en los misterios de la traducción.
  4. Recursos para escritores que ni se me habrían ocurrido: Canal Nostalgia nos enlaza bancos de imágenes donde encontrar inspiración para nuestros personajes.
  5. Tatuajes que os dejarán con la boca abierta: El arte de Elvin Tattoo. Impresionante.

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Diez trucos para levantarse temprano

octubre 20, 2014 — by Gabriella21

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“El secreto del éxito es levantarse temprano, trabajar hasta tarde y encontrar petróleo” (cita de John D. Rockefeller en The Economist).

Suena el despertador.

Abres los ojos, sales de un maravilloso sueño sobre flores y mariposas y pezones y champán (eh, no juzguéis mis sueños), con el cuerpo muerto y el cerebro lleno de pensamientos homicidas hacia ese terror que es tu móvil/alarma/gato/lo que sea.

Y te preguntas, una vez más, por qué no puedes ser como tu amigo X, que se levanta de un salto con felicidad y energía, porque tú tienes el síndrome de la fase del sueño retrasada o cualquier cosa parecida y tu mente no empieza a despertarse hasta mediodía.

Bienvenidos a mi vida. O más bien a lo que era mi vida.

Es algo contra lo que he combatido siempre. Daba igual que fuera para ir a clase, a trabajar, donde fuera: era incapaz de levantarme a la hora necesaria. Siempre desperdiciaba la mañana, o llegaba tarde o cosas peores. Hasta ahora, claro.

Ahora, un 70% de las veces me levanto antes de las 8 de la mañana. El 30% restante ocurre cuando salgo, o me acuesto tarde, o estoy de viaje y vuelvo a las viejas costumbres y acabo levantándome a las once o peor. Pero para mí ese 70% ya es un gran logro. Y ese 30% me deja muy claro que lo de levantarse temprano es, más que nada, un hábito que se une a otros hábitos. Vamos, que si hago algo fuera de lo normal (salir, beber por la noche, acostarme tarde, ir de viaje, dormir con otra persona, beber cafeína después de la hora de comer), es inevitable que recaiga en las malas costumbres.

¿Y cómo he llegado a ese maravilloso 70%? Siguiendo estos trucos. Cuando no los sigo, me levanto a las mil y me siento culpable, poco productiva y, ante todo, cansada. Espero que os sirvan de alguna ayuda, para mí han sido utilísimos, y son fruto de años y años de prueba y error. Muchos los habréis escuchado y visto por ahí miles de veces, pero estos son los que veo que realmente funcionan:

1. Haz algo que te guste a primera hora

Esta no la encuentro nunca en las recomendaciones para madrugar, y para mí es el consejo definitivo. Me di cuenta de que me levantaba tarde porque la idea de levantarme y enfrentarme a un nuevo día era mucho menos apetecible que quedarme en la cama soñando calentita. Así que busqué algo que me apeteciera mucho y era lo primero que hacía por la mañana. OJO: Esto sirve para crear el hábito de levantarse temprano. No es recomendable seguir utilizándolo a largo plazo, porque no es muy productivo; pueden ir cambiándose las actividades una vez se establezca el vínculo mental de levantarse=placer. Si te pones a hacer algo que te gusta, caes en el peligro de quedarte demasiado tiempo haciendo ese algo que te guste, y dejas de lado otras tareas. La idea es dar con algo que no solo te guste, sino que te espabile, como leer en el exterior (la luz del sol te activa) o hacer algo de ejercicio que disfrutes (dar un paseo, hacer yoga, etc.). En mi caso, empecé jugando a algún videojuego, de ahí pasé a leer al aire libre y, ahora que me levanto aún más temprano y el sol todavía no ha asomado, me pongo a escribir en cuanto puedo. Eso sí, con una taza de mi té favorito. Lo importante es que con lo de los videojuegos establecí el hábito, uní la idea de levantarme con la de hacer algo que me gustase.

2. Pon el teléfono o reloj muy lejos

Este seguramente lo habréis escuchado ya, pero es que funciona. Tener que levantarte para apagar el despertador te espabila, y hay menos posibilidades de que vuelvas a acostarte. Eso sí, si regresas a la cama, es fundamental que no te lleves el móvil o la alarma porque entonces acabarás dándole al…

3. Snooze

Ese botón de “avísame de nuevo en 5 minutos”. NO. NUNCA. Es el mal. Si crees que esta es tarea imposible, tengo una buena noticia: puedes practicar hasta conseguirlo. Como por las mañanas no regimos y hacemos las cosas de forma automática, le damos a ese botoncito sin pensar siquiera. Pero puedes ensayar mediante siestas de media hora justo después de comer, que sientan fenomenal. Después de media hora todavía no estamos tan dormidos como nos ocurre a primera hora de la mañana, así que podemos “practicar” a despertarnos y a levantarnos de un salto, sin que haya botoncito que valga.

4. Antes de dormir, piensa en lo que quieres hacer al día siguiente

Puedes incluso escribir una lista. Esto es útil para quitarte preocupaciones por la noche y dormir mejor, y le mandas un mensaje a tu cerebro de que al día siguiente tiene que estar alerta. Por la mañana somos muertos vivientes, pero tu cerebro tenderá a obedecer esa “orden” previa de forma automática si no haces nada consciente por detenerlo (como volverte a la cama).

5. Duerme suficiente

Parece una obviedad, pero hay montones de estudios y estadísticas que demuestran que la mayoría de la gente no duerme tanto como necesita. Algunas personas tienen suficiente con 6 horas, otras con 9 (varía según el día, el nivel de actividad física, emocional y mental, etc.). Seguramente ya sabes cuánto tiempo necesitas para levantarte despejado. Respeta tu hora de acostarte y pide a los demás que hagan lo mismo.

6. No uses el ordenador/tablet/móvil antes de irte a la cama

Esto me cuesta, pero siempre noto la diferencia. Si he estado viendo alguna serie antes de dormir no consigo conciliar el sueño, y cuando lo consigo la calidad de mi sueño es inferior. Me levanto zombi perdida. Nuestro cerebro interpreta la luz de una pantalla como si fuera luz de día, y cree que todavía no es hora de irse a dormir. Cuesta más dormir, se tarda más en entrar en las fases adecuadas de descanso, y por tanto cuesta más despertarse. Editando: me comentan por Facebook que existen programas que modulan la luz de las pantallas para adaptarse al ritmo lumínico natural. Para Windows/Mac/ios el más conocido es Flux https://justgetflux.com/ y para Android, Twilight https://play.google.com/store/apps/details. Gracias a Moisés Cabello por el soplo.

Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.
Recuerda, amiga, la cama es solo para dormir y para posar desnuda con querubines.

7. Usa la cama solo para dormir y para sexo

Esto también lo había oído por ahí, y nunca le había hecho mucho caso, pero hace poco se nos quedó una habitación libre en casa y la uso solo para dormir (mi dormitorio es también mi oficina y salón, básicamente, así que la diferencia ha sido impresionante). Es preferible intentar usar otras habitaciones para trabajar, ocio y etc., y dejar el dormitorio solo para actividades relajantes.

8. Los consejos de siempre

Cena ligero y temprano, no bebas agua justo antes de dormir, no tomes alcohol (te ayuda a quedarte dormido pero reduce la calidad del sueño), no te eches siestas largas, etc. Todas esas cosas que nos han dicho desde niños pero a las que no solemos hacer mucho caso. Funcionan, sobre todo si se unen a las recomendaciones anteriores.

9. No le pongas un sonido horrible a tu alarma

Si usas tu móvil, busca algún tono suave que vaya en aumento o pon una canción que te guste. Es mucho más efectivo despertarte con un sonido que te agrade que odiar ese chirrido insoportable (aunque el primer par de veces ni oigas el despertador). Por no hablar del susto si estás en sueño profundo. Alguien que yo me sé usa la banda sonora de Juego de tronos a todo volumen y lo de levantarme con el corazón saliendo por la boca no es algo que me agrade, en absoluto.

10. Empieza a definirte como una persona que madruga

Deja de compartir fotos graciosas de Garfield con cara de asco por la mañana. Deja de decir que odias levantarte temprano. No haces más que decirle a tu cerebro que no eres capaz de madrugar y tu cerebro acaba creyéndote. Empieza a tomarte en serio tu higiene de sueño. Al fin y al cabo, es a lo que nos dedicamos durante un porcentaje inmenso de nuestras vidas.

Hay personas que abogan por seguir su propio ritmo biológico, levantarse y acostarse con el sol y etc., y pasar del despertador. No digo que esto no le funcione a algunos, pero también está el peligro de que al cuerpo le encanta dormir, y cuanto más sueño le des más sueño te va a pedir. Y dormir 14 horas diarias tampoco es bueno. Sí que es cierto que, una vez instalados hábitos profundos de sueño, uno se despierta sin necesitar del despertador. Lamentablemente yo todavía no he alcanzado ese nirvana del madrugador, seguramente por ese maldito 30% que todavía me persigue.

¿Os han servido de algo estos puntos? ¿Cuáles son vuestros trucos para madrugar y aprovechar la mañana? No dejéis de contármelo en los comentarios.


Editando a 17/06/15: Siguiendo todos estos trucos, diría que ahora mi porcentaje ha subido al 80% o más (aunque siempre se va a tomar por saco cuando viajo, por las razones comentadas en este artículo). Recomiendo también que le echéis un vistazo al artículo sobre el tema de Gananci, que da un par de puntos más con los que estoy muy de acuerdo.

Cada vez estoy más convencida de las ventajas que me aporta levantarme temprano. Si no hago las cosas importantes por la mañana, por la tarde hay menos posibilidades de que las complete, ya que mi fuerza de voluntad es muy inferior (por ese fenómeno llamado ego depletion, por el que nuestras reservas de voluntad se van agotando a lo largo del día). A primera hora leo, escribo, hago ejercicio y hago las tareas que implican mayor esfuerzo y concentración.

Madrugar para mí significa siempre una multiplicación bestia de productividad, aunque me lleve horas despertarme por completo. Mis mejores días son aquellos en los que me levanto a las seis de la mañana. No tenéis que ser tan brutos como yo, pero considerad qué podríais ganarle al día levantándoos un poco antes. Para aquellos que trabajamos desde casa y no contamos con estructuras rígidas de trabajo impuestas desde el exterior, la disciplina y aprovechar el tiempo que tenemos es fundamental.

Cada persona es un mundo y tiene sus ritmos. Sí, es posible que madrugar no sea para todo el mundo ni ofrezca a todos las mismas ventajas. Pero yo diría que merece la pena probarlo un par de meses. Siempre había pensado que era de esas personas que nunca podría levantarse temprano (ni querría), pero me di cuenta de que solo era cuestión de paciencia y tesón. Puedo decir que, como escritora, es uno de los mejores hábitos que he podido desarrollar.

Recomiendo acompañar este artículo de las reflexiones de Michael Nobbs sobre el tiempo para escribir y tomar una taza de té. Madrugar me ofrece tranquilidad, no tener que andar con prisa para llegar a algún lado o entregar algún encargo. Para mí, ese par de horas para las tareas más importantes del día, cuando todo está callado y el mundo duerme, son un verdadero regalo.

 


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10 maneras de enfrentarse a proyectos imposibles

octubre 14, 2014 — by Gabriella6

descargaHoy iba a hacer mi actualización habitual de Beeminder, pero al final me he decidido a hablaros de otra cosa, aunque íntimamente relacionada. Y es que esta mañana me senté delante del ordenador a trabajar en mi novela, como todas las mañanas desde hace un par de años. Me cuesta ahora detenerme a cuidar de la forma, a preocuparme por las pequeñas cosas y los detalles de coherencia, cuando veo el final tan próximo.

El final del primer borrador, claro (si no contamos ese borrador inicial que deseché el año pasado, ups). Solo de pensar en lo que me queda por delante de corrección me dan ganas de abandonar la escritura. Y luego hay que buscar editorial, y ya sabéis lo fácil que está eso.

Luego está el miedo. Madre mía el miedo. Cuando conozco a escritores felices y orgullosos de su trabajo siempre los miro con sospecha, desconfianza y un poco de odio. Yo sufro del pánico a que nadie quiera publicarlo y se quede en el cajón el resto de mis días. ¡Tanto trabajo para nada! (Y sí, ya sé que en teoría sirve para algo, para aprender, pero ya me entendéis). O, mucho peor, ¿y si lo publican y es una mierda y a nadie le gusta y ya nadie confía en mí para publicarme nada nunca más? Es mi primera novela en solitario. Tiene sentido que sea deficiente, aún me queda muchísimo por aprender.

Por todo esto, he llegado a la conclusión de que mi novela es un proyecto imposible. Lo cual no quita que yo siga adelante. Quitemos lo de imposible y dejémoslo en suicida.

¿Cómo se enfrenta uno a un proyecto suicida? No tiene por qué ser una novela. Hay muchos tipos de proyectos imposibles. Pregunté a mis amigos de Facebook cuál era su proyecto infernal. Las respuestas fueron muchas y muy variadas. Algunas coincidían, claro. Tesis doctorales, sobre todo (mis contactos de Facebook son personas muy inteligentes). La UNED parece ser otro gran enemigo. Y novelas, cuántas novelas. Somos demasiados escritores. Más que lectores, sospecho.

Así que ahí va, para todos vosotros, mi lista de pequeños secretos que no son nada secretos. Pasos simples pero a la vez muy difíciles de seguir. Con este método he conseguido terminar dos novelas a cuatro manos y avanzar bastante con una propia; voy perfeccionando el proceso sobre la marcha, pero parece que funciona. No dejéis de compartir en comentarios vuestras opiniones, sugerencias y experiencias personales al respecto:

1. Hay que ir paso a paso: Esto parece de lógica, pero solemos pasarlo por alto. Cuando empezamos con un proyecto estamos motivados, con ganas, pero enseguida llega el aburrimiento. O puede que sea un proyecto que no nos apetece ni al comienzo;  pensamos y pensamos en la grandeza del proyecto, y es inevitable el agobio. Ya sea para escribir una novela o correr una maratón, el secreto está en estar pendiente solo en el trabajo de hoy, no en el de dentro de tres meses. Para ello solo hay que…

2. Empezar: Y con esto no me refiero a hacerlo todo, sino esa temida palabra: ponerse. Para ello es muy útil utilizar herramientas como el pomodoro (ya sabéis que soy devota). Si sabes que solo tienes que trabajar durante 25 minutos (eso sí, con concentración absoluta, nada de email ni redes sociales), todo cuesta bastante menos. Lo de ponerse exige disciplina, y hay dos cosas fundamentales que debemos saber sobre la disciplina: a) que es limitada, por lo que tenemos que buscar el mejor momento durante el día (preferiblemente por la mañana, que todavía tenemos un buen almacén de fuerza de voluntad) para hacer aquello que no nos apetece, y b) que es como un músculo. Cuanto más lo usamos menos nos cuesta (pero en cuanto dejamos de usarlo, se atrofia).

3. Fijar metas. Fundamental. Si nos fijamos pequeños objetivos, será mucho más sencillo tener una sensación de progreso, lo cual es indispensable para no perder la motivación. Pueden ser metas diminutas, como las correspondientes a cada pomodoro terminado, pero conviene además meter otras un poco más grandes (como el trabajo de una semana, o el capítulo de una novela). En este sentido es importante tener bien planificados los objetivos del proyecto. Lo realmente complicado de un proyecto largo es que no tenemos la satisfacción casi inmediata de terminar algo, ese premio mental que nos producen los proyectos pequeños. Así que tenemos que dividirlo en cachos pequeños para que el efecto sea el mismo.

4. Evitar distracciones. Otra que parece de cajón, pero que ignoramos a menudo. Hay aplicaciones para bloquear webs que no debemos visitar (agujeros de tiempo como Facebook, Tumblr, Pinterest y similares), o incluso podemos probar a desconectar internet. Parece inconcebible, pero no lo es. Aquí tenéis diez programitas que os ayudarán.

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Persona con perro

5. Modificar el entorno. No solo nos distrae internet, también nos distraen otras personas, el gato (o perro, que por lo visto es un animal que algunas personas tienen en sus casas), el ruido y mil cosas más. Hay artículos y libros interminables dentro de las ciencias del comportamiento sobre la modificación del entorno para alcanzar nuestros objetivos, pero el muy breve resumen es este: si dejas tus zapatillas al lado de la cama por la noche, por la mañana te dará menos pereza ponértelas y salir a correr; si la comida más alta en calorías está en la balda más alta, te dará más pereza cogerla cuando estás a dieta; si encerramos al gato en la cocina mientras estemos trabajando, no nos molestará. Bueno, la última es mentira, pero vais pillando el concepto.

6. Recompensas. Hay personas que funcionan mejor mediante recompensas, otras actúan de forma más efectiva si hay una amenaza o posible castigo. Prueba con las dos opciones. Cada vez que alcances una de las metas de tu proyecto, recompénsate con algo que te apetezca. Cómprate una falda, ve un capítulo de una serie de televisión, come chocolate, juega un rato al Candy Crush, fornica alegremente con la vecina. Lo que a ti te motive.

7. Castigos. Lo mismo, pero juega con tus propios miedos. Hay gente que esto lo lleva al extremo, y hay incluso quien come comida de gato si fracasa (tendréis que fiaros de mí, ya que no encuentro el enlace correspondiente). El bloguero financiero Maneesh Sethi contrató a una mujer para que le pegara cada vez que entraba en Facebook (true story). No tienes que ser tan exagerado, hay castigos pequeños que además pueden ser positivos a largo plazo, como tener que echar dinero en una hucha cada vez que falles, dinero que luego puedes donar a una ONG o utilizar para comprarle un regalo a alguien. La gracia está, claro, en que eso también sea un castigo, que esa ONG sea una que odies o de la que desconfíes, y que ese alguien sea tu peor enemigo. Beeminder funciona bien en este sentido; si fallas, tienes que pagar.

8. Comparte tus intenciones con los demás y tenlos al tanto de tu progreso. Esto es tremendamente útil. Prueba a decirle a todos tus contactos de Facebook y Twitter (no MIENTRAS trabajas;  volvamos al punto 4) que para tal día vas a tener hecho X, y pídeles que ese día te pregunten por ese X. Trabajarás como un loco solo para no quedar mal delante de todos tus conocidos. Cuanto más valor le des a la opinión de una persona sobre ti, mejor será esa persona para hablarle de tus metas. Y sí, esta es la razón por la que os doy a todos tanta tabarra en las redes sociales y en el blog. Os utilizo para vencer a la pereza, que en mí es grande y mandona.

9. Lee algo que te motive. Esto no es recomendable hacerlo siempre, o acaba por convertirse en una forma más de aplazar el trabajo de verdad, además de perder su impacto. Pero a mí me ha sacado de más de un atolladero. Para esos días de bajona, desidia y cansancio, nada como zamparme unos cuantos artículos sobre productividad para ponerme las pilas. Tengo en marcadores a unos cuantos blogs para esto, y recibo boletines semanales de otros tantos. No leo todo lo que me llega; lo pongo en Instapaper y lo guardo para días de necesidad. No todos son al 100% aprovechables, pero siempre hay buenas ideas.

10. Plantéate la importancia de tu proyecto. Sí, por supuesto que este tendría que haber sido el primer punto. Pero  permitidme un poco de maldad ocasional. Además, cuando empezamos un proyecto lo cogemos con unas ganas que nos impiden ver el esfuerzo que nos queda por delante. A veces hace falta estar a mitad de un proyecto, odiándolo con todas nuestras fuerzas, para preguntarnos si realmente es eso lo que queremos estar haciendo con nuestro tiempo.

Ayuda mucho si el trabajo relacionado con el proyecto se convierte en un hábito diario, ya que dicho trabajo acaba por automatizarse. Os recuerdo además que tengo un artículo muy largo con 69 trucos estupendos para mejorar la productividadY si todo lo demás falla, habladme de vuestro proyecto y me comprometo a mandaros un email diario preguntándoos con dulce insistencia por vuestro progreso. Y cuando digo dulce insistencia quiero decir pesadez con muchos emoticonos. Vais a acabar currando solo por no ver la bandeja de email llena de mierdecitas del Whatssap.

P.D.: Todo esto parte de la base de que tu proyecto es individual. Si es un trabajo en equipo, enhorabuena, acabas de desperdiciar diez minutos muy valiosos de tu tiempo leyendo este artículo.

P.P.D.: ¿Alguien sabe qué caracteres hay que utilizar para hacer el iconito de la mierdecilla del Whatssap? Gracias.

superación personal

Regreso a la vida normal

agosto 18, 2014 — by Gabriella0

Ya se acabaron mis vacaciones y toca el regreso a la rutina habitual. Esto, cómo no, incluye el blog. Mañana martes tendréis una actualización completa del estado del desafío de verano, y el jueves/viernes publicaré una nueva entrevista. Gracias a todos los que habéis estado por aquí estos días.

Por otra parte, espero informaros pronto de los siguientes eventos en los que iré participando antes de que termine el año. Creo que el festival Celsius será insuperable, pero intentarlo será divertido.

humor y cachondeosuperación personal

45 consejos que debió darte tu padre

agosto 13, 2014 — by Gabriella0

La foto menos noña que he podido encontrar para este artículo
La foto menos noña que he podido encontrar para este artículo

Hay una serie de “consejos para hombres” o “cosas que tu padre tal vez te dijo” que lleva rulando por internet un tiempo en inglés, y que a mí me parece igualmente válido para mujeres. Aquí os los dejo traducidos para vuestro aprovechamiento y disfrute general (mis notas van entre paréntesis):

  1. No te cortes al intentar conseguir a mujeres que percibes como “fuera de tus posibilidades”. Te sorprenderás a ti mismo (no puedo estar más de acuerdo. Esto me ha costado asumirlo, pero las recompensas son tremendas).
  2. Nunca intentes tirarte a alguien que no lo quiera tanto como tú (esta es una ley que nunca decepciona. Lo que sí decepciona es hacer lo contrario).
  3. Nunca pegues a alguien, a no ser que se trate de una defensa frente una amenaza directa (esta es obvia, aunque tal vez no tanto para algunos).
  4. Todo sombrero debería tener una función propia (aplíquese también a zapatos y barras de labios).
  5. Nunca la lleves al cine en la primera cita (yo es que no creo en eso de las “citas”, pero seguro que se nos ocurren diez sitios mejores que un cine para impresionar a alguien).
  6. Aprende a afeitarte en húmedo (eeerm, ¿vale?).
  7. Nada queda mejor que un traje hecho a medida (sí. Un corsé hecho a medida).
  8. En la primera pasada de cuchilla, aféitate en la dirección en la que crece el vello (esto me lo dijo mi madre cuando tenía trece o catorce años).
  9. Mírale siempre a la gente a los ojos cuando les hables (esta me cuesta, soy dispersa y distraída).
  10. Compra un desatascador antes de que necesites un desatascador (gran consejo).
  11. El ejercicio te hace feliz. Corre, levanta pesas y haz deporte.
  12. Cepíllate los dientes antes de ponerte la corbata (o la camiseta nueva monísima).
  13. Una pequeña cantidad de tus ingresos mensuales debería ir a una cuenta de ahorros (si tienes ingresos, claro).
  14. Llama a tus padres todas las semanas (fundamental).
  15. Nunca lleves una corbata de clip (son un poco cutres, sí).
  16. Saluda con la mano firme (o, si vives en Andalucía, da los abrazos con sentimiento. Pero asegúrate de que las manos del otro no bajen de tu cintura).
  17. Dile que te gustan sus zapatos (esta depende. Si tienes confianza con la chica, sí. Si eres chica, desde luego. Si eres chico y no hay confianza, mejor no hacerlo. Queda un poco baboso).
  18. Nunca dejes una pinta sin terminar (eso en mi tierra es pecado mortal).
  19. Si no eres una persona con confianza en ti misma, finge que lo eres. Vendrá sola.
  20. Puedes juzgar la grandeza de un hombre (o una mujer) por las cosas que le preocupan (desde luego. Si lo que más le preocupa es cómo está jugando su equipo o si le conjuntan las medias con el collar, tal vez convenga buscarse a otro compañero de mesa. Ahora, si al que le preocupa lo de las medias es hombre, igual conviene darle otra oportunidad, por aquello del genderfuck y tal).
  21. Sé consciente de tu lenguaje corporal (esto no es un consejo, es una maldición).
  22. Solo puedes apuntarle a alguien con una pistola si tu intención es disparar (ya estamos con la mentalidad estadounidense. Sustitúyase la pistola por un pene y nos reímos todos).
  23. Ponte de pie al darle la mano a alguien (lo mismo; ponte de pie para dar dos besos. Es educación pura y dura, aunque lo de quedarse sentados y obligarlos a que te den un achuchón medio-agachado tiene su gracia).
  24. Nunca prestes algo que no puedas permitirte perder (¡libros!).
  25. Pregunta más de lo que respondes. A todo el mundo le gusta hablar de sí mismo.
  26. Guarda ropa de recambio en la oficina.
  27. Compra herramientas de buena calidad, para que solo tengas que comprarlas una vez (esto es aplicable a cualquier producto, creo yo).
  28. Lo que hace a un hombre un hombre no es su habilidad para cuidarse a sí mismo, sino su habilidad para cuidar también a otros (ídem con las mujeres, los intergénero y las personas, así en general. Otro día hablaré de lo que entiendo por cuidar a los demás, ya que es un tema complicado. Hay un límite en lo que puedes y debes hacer por los demás, sobre todo si en vez de por afecto lo haces por obligación).
  29. A la hora de decidir, decídete por aquello que luego se convertirá en una buena historia (un consejo brillante. Tiendo a hacer caso de esto y mi vida es mucho más interesante).
  30. Cuando andes, mira adelante y no a tus pies (a no ser que seas yo. Si eres yo, mira bien donde pisas, que siempre andas tropezando).
  31. Los chicos buenos no llegan los últimos. Llegan los últimos los aburridos (chúpate esa, friendzone).
  32. Encuentra aquello que te apasiona y averigua cómo conseguir que te paguen por ello (espera, que me acaba de dar un ataque de risa).
  33. No dejes que la cabeza pequeña piense en vez de la cabeza grande (como solo tengo una cabeza, sustituyamos lo de la cabeza pequeña por “corazón”, así en general. Y anda que no hay frases superpuestas sobre imágenes de puestas de sol que dicen lo contrario).
  34. No importa su trabajo o su estado vital: todo el mundo merece tu respeto (trata bien sobre todo a personas empleadas en el negocio de la hostelería, la limpieza y el transporte. Las ventajas de tener amigos camareros, cocineros, barrenderos y conductores son incontables).
  35. La cosa más importante que puedes aprender es la responsabilidad personal. Pasan cosas malas; te toca a ti superarlas (y decidir que todo es culpa de los demás y que ellos te tienen que sacar las castañas del fuego no ayuda en absoluto).
  36. El primero que se cabrea es el que pierde (regla de oro).
  37. Haz lo que tengas que hacer sin quejarte. Quejarse no ayuda a que termines más rápido.
  38. Nunca dejes de aprender.
  39. Sal siempre a la calle vestido como si fueras a conocer al amor de tu vida (esta es poco práctica pero me encanta. Un poco como el “lleva las bragas buenas por si tienes un accidente”).
  40. No te cambies a ti mismo para hacer feliz a alguien, a no ser que ese alguien seas tú.
  41. Si eres la persona más lista de la habitación, estás en la habitación equivocada (muy útil).
  42. La suerte favorece a los preparados.
  43. A las mujeres la confianza en uno mismo les parece increíblemente sexy (y viceversa. He conocido hombres y mujeres que según el canon oficial serían feos de narices y que tienen a todos los de su alrededor cayendo a sus pies. Y personas guapísimas obsesionados con su aspecto que no interesan a nadie).
  44. Dedícate a lo que quieras en la vida, pero sé el mejor en lo tuyo (difícil de conseguir, pero una buena meta para mejorar a pasos agigantados).
  45. Nadie ha dicho en su lecho de muerte que ojalá hubiese trabajado más. Disfruta de tu vida.

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Imagen por cortesía de arztsamui / FreeDigitalPhotos.net