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7 cosas que los escritores podemos aprender de David Bowie

enero 12, 2016 — by Gabriella28

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Qué descaro, ¿verdad? Todavía está el cadáver caliente y ya estoy lucrándome con Bowie.

¡Pero no! ¡Os equivocáis! No hago dinero con el blog, así que solo puedo lucrarme con vuestros shares, likes y todo tipo de validación social y emocional.

Aun así, Gabriella, qué descaro. Y seguro que incluso antes de darle yo a “publicar”, ya han crecido artículos de este tipo como setas por toda la blogosfera.

Bowie fue una parte importante de mi vida; es una parte inamovible de mis recuerdos. He aprendido de él mucho como persona. También he aprendido de él como escritora. Si hablé de lo que los escritores podemos aprender de Steve Jobs, que ni siquiera me caía bien, ¿por qué no hablar de una de las figuras más influyentes de mi niñez y adolescencia?

Al final siempre acabo compartiendo mis pensamientos, reflexiones y exhibiciones paranormales con vosotros.

Antes de nada, un disclaimer. Estoy enferma. No mentalmente, bueno, sí, pero eso ya lo sabíais. Tengo la gripe. Así que cualquier incoherencia o delirio presente en este texto se debe a eso.

Ahora que lo pienso, mis textos de persona sana también están llenos de incoherencias y delirios.

Ignorad el disclaimer y leed lo que podemos aprender todos del mago de arte y marketing que fue David Robert Jones:

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1. El branding funciona

Igual ese marketing que acabo de escribir os ha hecho elevar una ceja. Pero seamos realistas. Bowie era un músico de gran talento, pero ¿sería el genio reconocido que tenemos todos en mente de no ser por sus alter ego, sus disfraces extravagantes, sus narraciones de ciencia ficción, su combinación de imagen, arte y sonido?

Pensad en todos los nombres que vienen a nuestra cabeza al pensar en Bowie: duque blanco, Ziggy Stardust, camaleón…

Si eres un artista de talento, no es estrictamente necesario que te crees una marca personal, una imagen extraordinaria. Pero ayuda. Y la mejor forma de hacerlo es coger tu propia personalidad y multiplicarla, ser muy tú. Bowie era sin duda creativo y extravagante, y supo llevar eso hasta el extremo.

La presencia de una voz original en redes sociales, blogs y puntos de encuentro entre lectores y escritores en general siempre es de agradecer. Y ni siquiera tiene que ser muy original: basta con que sea consistente y coherente, que no siga el dictamen de lo que hacen siempre todos los demás. Tener una marca personal puede ser algo horriblemente comercial y artificial o puede ser una manifestación creativa extrema, como en el caso de Bowie.

Con todo, llegar a este nivel tampoco es estrictamente obligatorio.

2. cuanto más produzcas, mayores son las posibilidades de producir algo que merezca la pena

No os voy a contar ooootra vez lo del estudio que se realizó con una clase de cerámica, donde producían mejores piezas aquellos alumnos que eran calificados por la cantidad de piezas que terminaban, no por la calidad de estas.

En realidad todo el estudio era una tapadera inventada por una fábrica esclavista de jarrones, pero no se lo digáis a esta alumna, que marchó a casa con la nota máxima y síndrome del túnel carpiano.

Piensa en una canción de Bowie que te guste, seguro que hay alguna. Puede que sea de sus temas más conocidos. O puede que sea de sus caras B perdidas casi en la nada. La discografía de Bowie es interminable. Hay mucha porquería. Pero es que tienes que producir mucha porquería para producir grandes temas. Space Oddity no habría existido sin todo lo que Bowie creó antes. Tampoco China Girl, ni Life on Mars, ni Heroes, ni Thursday’s Child, ni Ashes to Ashes… la lista no acaba.

Woody Allen dice que hace una película al año. Admite que ha hecho mucho bodrio. Pero cualquiera con cultura cinematográfica te dirá que es uno de los directores más relevantes de la cultura actual, por muchas razones. Creo que todos tenemos una película de Allen que sí nos gusta (la mía es Match Point y espero que os hayáis tapado los oídos o los ojos aquellos que me leéis que sabéis de cine. Y que recordéis que aquí está prohibido tirar cosas de cristal. Gracias).

No se trata, claro, de producir cualquier cosa y escupirla al mundo. Se trata de crear, compartir, escuchar el feedback y aplicarlo a nuestro aprendizaje. Se trata de arriesgarse y probar cosas nuevas porque sí, porque qué más da que fracasen, puedes probar más. Con la práctica tal vez no se llegue a la perfección, pero desde luego se avanza a pasos agigantados.

3. No temas ser interdisciplinar

Cuidado con este consejo, porque es un arma de doble filo. Creo que es importante llegar a un enfoque, a un solo interés prioritario, para poder dedicarle el tiempo necesario para ser realmente bueno en ello. Pero eso no quita que podamos disfrutar de los beneficios de otras manifestaciones artísticas y de la originalidad que nos proporciona hacer nuestros pinitos en otros campos. Es en el cruce de conceptos aparentemente dispares donde pueden ocurrir las grandes revelaciones.

Bowie era un artista, ante todo, y, aunque la música era su pasión principal y nunca se apartó de ella, pudimos verlo unido a muchos otros tipos de arte y conocimiento. Aquellos que lo conocían decían que era un hombre erudito. Fue un hombre que pudo ser rey de los goblins marcando paquete, rodeado de teleñecos, y que colase (sé que no fui la única niña que se sintió algo confusa ante aquel ser estrambóticamente sensual). Fue un hombre capaz de cantarle a Ricky Gervais que era un “hombrecillo gordo que vendió su alma” en Extras, y de escribir extrañas historias intergalácticas entremezcladas en sus canciones y composiciones visuales.

Esto de abrirse a otros campos para mejorar el propio es un poco como tener una relación abierta de mucha confianza donde eres fiel de corazón a tu pareja pero salís por ahí y os acostáis con otras personas y luego os lo contáis y aplicáis lo compartido con otras personas. Las relaciones abiertas no son para todo el mundo, pero en un mundo ideal, sin celos ni inseguridades ni amantes que pretendan destruiros, ¡piensa en todo lo que aprenderíais!

Quiero saberlo todo sobre anoche. Primero: número exacto de mujeres, jirafas y fontaneros involucrados.

Igual no ha sido un símil muy acertado. Pero por suerte el arte no es celoso. Mientras dediques el tiempo necesario y le des prioridad a un tipo de arte sobre todo lo demás, se hinchará de saber y progreso cada vez que le traigas nuevas y ocurrentes posturitas aprendidas con la competencia.

Recordad aquí aquello de la importancia de las redes abiertas. Hablé de cómo las utilizaba Steve Jobs, sí, pero Bowie era otro maestro de dichas redes. Solo hay que ver cómo aplicó su peculiar visión estética a todo lo que tocaba. Esta visión era una conjunción de sus intereses musicales, pictóricos, literarios, cinematográficos, etc. No lo llamaban camaleón solo por su cambio constante de atuendos. Bowie era una criatura fagocitadora de color, de arte y conocimiento.

4. Colabora

Algunos de los temas de mayor éxito de Bowie fueron en colaboración con otros artistas, como el Under Pressure con Queen o el Dancing in the Street con Mick Jagger. Una de las cosas que me encanta de esa última colaboración es la pura alegría que transmite, lo bomba que parecen estar pasándolo bailando Jagger y Bowie con sus abrigos ochenteros.

Colaborar con otros artistas te da nuevas perspectivas y además es una manera excepcional de hacer un networking eficiente. Pero, qué narices, además es divertido. Yo no escribo con José Antonio para hacer contactos, ni para aprender (aunque siempre aprendo muchísimo), escribo porque es muy divertido (pese a las broncas y a los enfados cuando me cambia palabras de sitio o cuando decide que esa idea que teníamos desde el principio ya no le funciona o cuando… vale, vale, ya) y creo que es lo mejor y más entretenido que puede hacer una pareja de escritores juntos después de… después de… después de eso.

Cuando estés bloqueado/a, agarra a algún conocido que escriba y haced algo juntos. Y después de eso, os podéis poner a escribir.

Bromas aparte, no es necesario acostarse con alguien para hacer arte juntos. Lo prometo.

Genial, ya solo nos quedan dieciocho posturas por probar antes de poder ponernos con la novela.

5. Asume el poder de la reinvención

Supongo que este era el punto más evidente. Bowie se transformaba continuamente y no tenía miedo a experimentar.

Nos da una lección muy valiosa: si algo no funciona, no pasa nada. Prueba otra cosa. Y si has llegado al punto en que te has acomodado, en que haces lo mismo una y otra vez porque funciona, si quieres crecer como artista tienes que reinventarte, salir de aquello que se te da bien y probar cosas nuevas. Esto no tiene por qué culminar en éxito comercial, de hecho puede ser un desastre, sobre todo si progresas hasta el punto de que lo que creas ya no es atractivo para tu público de siempre. Creo que Radiohead es un buen ejemplo de esto, al alejarse del rock peculiar que tan buen resultado les había dado y entrar en la electrónica más o menos experimental. Pero mirad qué contento está ahora Thom Yorke, que ya casi ni habla de suicidarse ni nada.

Si algo no funciona, no importa, todavía tienes tiempo de probar otra cosa. Lo que es de locos, como diría Einstein, es seguir haciendo las mismas cosas esperando resultados distintos.

Y si te acomodas, es el momento de empujar más fuerte, de llegar más alto. Si lo que buscas es éxito comercial, es el momento de estudiar más, de trabajar más duro y de forma más inteligente, para vender más. Si lo que buscas es progresar como artista, es el momento de salir de tu burbujita, de romper barreras. Si buscas ambas cosas, pues doble trabajo tendrás.

Pero no es imposible, Bowie lo consiguió. Demostró que crear arte influyente, revolucionario y poder vivir de ello no estaba reñido. Es probable que creara e hiciera mucha mierda comercial para poder conseguir dinero, pero siguió creando, de una manera u otra, hasta su muerte. Nunca olvidó que era artista.

6. No tengas miedo a transgredir

Alguien me preguntó hace un tiempo cómo podía uno ser transgresor si las puertas en general estaban cerradas a cualquier tipo de arte incómodo, diferente.

Yo no creo que eso sea cierto del todo. Claro que hay gatekeepers de esos y claro que nos cortan las alas. Pero no tanto como nos las cortamos nosotros mismos. A veces me ha podido más el miedo a transgredir que la transgresión en sí. Ahora, cuando veo un reto, o hay algo sobre lo que no quiero escribir porque es demasiado diferente/fuerte/asqueroso, procuro sacarlo adelante. Estoy involucrada en un proyecto con el que me siento terriblemente incómoda, no porque no confíe en mis compañeros, sino porque el tema es tabú para mí (y para casi todos los que me rodean, hasta el punto de que últimamente me está gustando comentárselo a la gente solo para analizar sus caras y los silencios incómodos que se producen después). Cuando me lo propusieron, casi dije que no. Pero precisamente sé que por eso tengo que participar. Creo que es importante hablar de aquello que nos horroriza, que nos disgusta, que nos da pesadillas.

De la transgresión aprendemos. Escribo cosas para chicos de 12 años. Tal vez no debería escribir también cosas horribles para adultos. Pero ambas literaturas son partes de mí. Cuando no transgredimos por miedo, por temor a perder lo que tenemos, a amenazar el estatus que percibimos que tenemos, nos traicionamos a nosotros mismos. Se crea una disonancia cognitiva. Y eso cualquier psicólogo podrá explicaros que es malo. Hace que las ideas se te pudran por dentro.

O esa es la excusa que me da José Antonio cada vez que me cuenta un chiste malo. Que si no se le va a enquistar, que se le va a pudrir por dentro.

Si creas algo tan absolutamente transgresor que sabes que nadie lo publicará, prueba de todos modos. Hay salidas para casi todo, siempre que no sea dañino o ilegal. Y si no, tenemos la autoedición, por suerte. Sin ella, no tendríamos dinoporno, recordadlo. Si Christie Simms puede, tú no tienes excusa.

Eso sí, un pequeño apunte: en mi trabajo como editora y lectora, la respuesta enfurruñada más común que he visto de autores rechazados por editoriales es “es que es demasiado transgresor para vosotros”. Asegúrate de que el problema es, en realidad, esa transgresión, y no el hecho de que todavía no sepas escribir.

Escritor enfurecido pateando convenciones, reglas, normas y editores que todavía creen en la ortografía.

El tema de la transgresión y de la originalidad es algo a lo que le he estado dando muchas vueltas últimamente, y es algo de lo que me gustaría hablar en el siguiente punto.

7. Sé único. Aprende a ir por delante de los demás

Hace poco conversaba por email con Javier de Mundo bizarresco, respecto a un artículo suyo donde reflexionaba sobre la importancia de hacer lo que uno quiere, de tratar al arte como un fin en sí mismo. El artículo no tiene desperdicio y os lo recomiendo, pero este párrafo en concreto me hizo pensar:

Una cosa es cierta, los artistas que se han hecho de culto (que no es lo mismo que ser famoso, algo más cool pero efímero) son los artistas que han desarrollado su propia técnica suya personal, han encontrado su propio camino a base de pulirse a si mismo. Un estilo tan personal que no pueden ser imitados con éxito.

Le hablé a Javier de mi experiencia personal en esto del blogging, y de cómo si alguien producía un contenido diferente de algún modo, enseguida aparecía un buen manojo de personas que copiaban temas, estilo y lo que hiciera falta para intentar reproducir lo que les gustaba del contenido original (o para intentar captar al mismo tipo de público). Es un fenómeno que se produce en todos los sectores, pero tal vez lo veo más en los blogs porque es donde más me muevo.

En un entorno endogámico como es el blogging y como es la escritura este fenómeno es inevitable, claro. Nos inspiramos unos a otros, buscamos tendencias sobre las que hablar, muchos tenemos las mismas influencias. Todos estamos a hombros de los mismos gigantes. Ese no es el problema. El problema son los que usan ideas ajenas sin dar crédito, los que copian de manera descarada textos que no les pertenecen, incluso los que traducen directamente palabras de autores extranjeros sin decir que ese texto no es suyo.

Así que llegué a la conclusión de que todo sí puede ser imitado. Que se lo digan a Gucci, a Valentino, a Prada. Da igual lo bueno u original que seas. Puede incluso que aparezca alguien mejor que tú y te imite mejorando tu producto o servicio o tono. Tal vez eso fue lo que hizo Bowie con otros artistas menos afortunados. Y ahora, tras su muerte, he pensado que tal vez su grandeza y éxito no radicase tanto en su originalidad, su voz única, sino en su capacidad para transformarse, para ir siempre un paso por delante de los imitadores.

Sé flexible, sé despierto, lee como si te fuera la vida en ello. Documéntate, porque tienes que ir siempre un paso por delante, seas bloguero, escritor o compositor de música de anuncios.

Terminé mi email a Javier diciendo: “¿Es agotador, no?”.

Lo es. Todos me dicen que quieren ser el próximo gran escritor, el próximo gran artista, el próximo Bowie.

Paga el precio del que es excepcional, el precio del ganador. No puedes dejar nunca de avanzar. Saca un disco a la calle unos días antes de morirte, unos días en los que el cáncer está terminando de devorar tu cuerpo.

El cadáver de un genio todavía está caliente. El cadáver de alguien que vivió y murió por su arte.

¿Harías tú lo mismo?

 


*Si tenéis nostalgia de Bowie y de todo lo que representó, siempre recomiendo la estupenda Velvet Goldmine como maravilloso exponente del glam de su tiempo y de las decisiones tan diferentes que tomaron los autores que se fueron reinventando tras la movida londinense. El personaje inspirado en Bowie no termina demasiado bien parado, pero eso es algo que planteará muchas preguntas a cualquier escritor o artista sobre qué significa la coherencia personal en el arte. Además, la música es espectacular, con temas de T-Rex, Placebo, Roxy Music, Lou Reed, etc.


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Entrevistas relámpago a escritores: Las 50 mejores respuestas

julio 30, 2015 — by Gabriella17

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Esta última semana ha sido un poco desastre y me he visto en la desagradable situación de no poder organizar ni preparar ninguna entrevista para hoy. El fin del mundo, lo sé.

Así que he pensado que, en vez de dejaros sin nada para vuestro jueves veraniego junto a la piscina (“¿y ahora qué me leo yo mientras me tomo este delicioso margarita bajo la sombrilla?”, os preguntaréis. Yo no puedo haceros eso), he decidido hacer un artículo muy especial: un resumen de mis respuestas favoritas de todos los entrevistados hasta la fecha; una síntesis de lo mejor de las entrevistas relámpago en esta web. 47 es un número tan bonito como cualquier otro, y creo que os va a divertir ver lo mejor de lo mejor aquí condensado y refrito. Creo que es también una buena forma de recordar entrevistas más antiguas, para que no se queden para siempre en el cajón de autores-cuyos-nombres-ni-recordamos.

Aquí lo tenéis. Estas son 47 respuestas: las mejores de las 47 entrevistas que he realizado hasta la fecha. Además, como extra añado las tres preguntas que me han hecho los entrevistados que más me han gustado, para rematar la faena y, sí, llegar a los 50. Espero que os gusten también a vosotros:

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Los 10 temas de los que nunca hablamos los escritores

febrero 18, 2015 — by Gabriella44

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¿Qué es aquello de lo que nunca hablas?

¿Qué es lo que nunca comentas, lo que es tabú, secreto?

¿Qué es aquello que se considera de mal gusto mencionar en tu entorno?

Como en cualquier arte, oficio o profesión, los escritores tenemos temas que, sin ser prohibidos, simplemente no surgen al hablar en público. No hablamos de ellos con nuestros lectores, no hablamos de ellos en nuestros blogs, ni en las presentaciones de nuestros libros. Son temas que solo tratamos con nuestros colegas de sufrimiento, con nuestra familia y amigos más cercanos, o tal vez ni con ellos, tal vez ni con nosotros mismos.

En este artículo voy a intentar desvelar, de una vez por todas, algunos de estos grandes secretos.

Que tal vez no sean tan secretos.

Pero de los que no solemos hablar. Por lo menos no con vosotros.

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Entrevistas relámpago a escritores (27): Laia Soler.

febrero 12, 2015 — by Gabriella1

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Es jueves, y os escribo desde el pasado. Dejo programada esta entrevista porque en estos momentos, si todo va bien, mientras vosotros miráis esta pantalla, yo estaré por el norte congelándome mis partes muy personales y comiendo marisco. No necesariamente al mismo tiempo.

Hoy os traigo una entrevista a una autora joven y encantadora que justo acaba de sacar su segunda novela al mercado, Laia Soler.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 90 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). La semana pasada entrevisté a Alejandro Castroguer, y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace. Y ahora, vamos a hablar un poco de la entrevistada de hoy:

Laia Soler nació durante la primavera de 1991 en Lleida. Descubrió la magia de las letras cuando tenía ocho años y desde entonces no se he separado de ellas. Ha estudiado periodismo y ha sido bloguera literaria durante casi cinco años. Además, también es redactora de la revista on-line Off the Record, especializada en literatura juvenil. Los días que nos separan, su primera novela publicada, fue la ganadora del primer Premio Literario laCaixa/Platafarma Neo. Este mes ha publicado su segunda novela, Heima es hogar en islandés.

Laia es mi compi de editorial (ambas hemos publicado con Neo), y tuve el placer de conocerla en la MiRCon de hace unos meses. Como a veces no tengo vergüenza, enseguida le pedí una entrevista, y aquí tenéis el resultado:

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ENTREVISTA A LAIA SOLER

FOTO1. ¿Cuál es tu gran punto débil como escritora?

Creo que a veces me cuesta alejarme de los personajes y conseguir una voz en la que prácticamente no se me vea. Me implico demasiado en la historia.

2. ¿Cuál crees que es la mejor profesión secundaria para un escritor?

Algo relacionado con el sector literario está bien, porque es una buena forma de conocer bien el mundillo y, sobre todo, entenderlo. Creo que eso te puede ayudar en todo el proceso, desde enfocar una idea para una novela hasta buscar editor.

3. ¿Qué libro has releído más veces?

Estoy casi segura de que o Harry Potter y el cáliz de fuego o Harry Potter y la Orden del Fénix… Sea como sea, seguro que es alguno de la saga.

4. Un truco para enfrentarse a la hoja en blanco.

A mí me sirve buscar alguna canción que me inspire para la escena que me está bloqueando. La escucho hasta que las palabras empiezan a fluir y cuando ya he cogido carrerilla, la paro para quedarme en silencio y que todo fluya mejor.

5. Puedes matar a un personaje de la literatura mundial. ¿Cuál y por qué?

Cersei Lannister, por razones más que obvias.

6. ¿Escribes de noche o de día?

Cuando la vida me deja… Últimamente me inclino más hacia escribir de día.

7. Tu color favorito.

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8. Un disco que escuches una y otra vez.

Me va a épocas. Los que siempre están ahí son Takk y Með suð í eyrum við spilum endalaust, de Sigur Rós. Ahora mismo, me quedo con El turista, de Blaumut.

9. ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que leíste?

No sé si fue el primero que leí, pero sí el libro que me enganchó a la lectura: El sarau dels telèfons, de Enric Gomà. Explicaba la historia de los números de teléfono, que hartos de estar en las guías telefónicas, se escapaban para vivir la vida. O alguna cosa extraña así.

10. ¿Te has enamorado alguna vez de un personaje?

Muchas, tanto de personajes propios como ajenos. Soy una lectora muy fangirl.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Laia elige la b) y pregunta: ¿Planificas tus novelas antes de escribirlas o avanzas con brújula?

Las planifico, las planifico. La primera que intenté escribir en serio (ya sabes, aparte de aquella que escribí con quince años y que ha acabado en un archivador polvoriento) la hice con brújula, muy feliz, y menudo desastre. 90000 palabras más tarde, me di cuenta de que tardaría menos en empezar de cero que en arreglar aquel embrollo (¡papelera!). Ahora me acerco a cada proyecto con un tipo de preparación diferente. Me gusta probar diferentes técnicas y métodos para seguir aprendiendo y encontrar nuevas voces y formas.

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Muchas gracias a Laia por sus respuestas. Que sobreviváis al resto de la semana, ¡y no os perdáis la entrevista del jueves que viene!

Advertencia para escritores: Aunque esta ha sido desde el principio una convocatoria abierta para todos los escritores que quisieran participar, en estos momentos tengo bastantes entrevistas acumuladas, por lo que, por ahora, se cierra dicha convocatoria y no se admiten solicitudes de entrevistas. Eso, sí, sentíos libres de seguir enviando propuestas de preguntas para las entrevistas a gabriellavc(arroba)yahoo.es

 

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Entrevistas relámpago a escritores (26): Alejandro Castroguer

febrero 5, 2015 — by Gabriella2

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Castroguer

Lo sé. Ha sido una semana dura. El lunes le echaste sal al café; un cliente gilipollas te llamó gilipollas; descubriste que tu jefe se acostaba con tu hermana. El martes te rechazaron el manuscrito otra vez*. El miércoles: la varicela del niño; aquel desafortunado ataque alienígena.

Ahora todo está bien. Todo ha merecido la pena, porque…

¡Es jueves! ¡Es jueves de entrevista!

Hoy tenemos con nosotros a Alejandro Castroguer.

¿Qué era esto de las entrevistas relámpago? Tengo una lista muy larga de preguntas cortas (ahora mismo va por 90 preguntas y subiendo). De allí, usando random.org, selecciono una secuencia de quince preguntas aleatorias, que le entrego al entrevistado o entrevistada. Este (o esta) elige diez de esas preguntas y responde con frases también breves. Al final, hay una pregunta extra que podrá aprovechar para hablar un poco más de sí mismo/a o para vengarse de la entrevistadora (es lo justo). La semana pasada entrevisté a Fernando Alcalá, y podéis ver todas las entrevistas publicadas hasta ahora en este enlace. Y ahora, vamos a hablar un poco del entrevistado de hoy:

Alejandro Castroguer nació en el año 1971 en Málaga. Vivió de pequeño en Torremolinos y ya de adulto, durante dos años, en Barcelona. Está casado con la también escritora Vanessa Benítez Jaime. Ha coordinado dos antologías para Sportula bajo los títulos de Vintage’62: Marilyn y otros monstruos y Vintage’63: J.F.K. y otros monstruos, donde ha reunido a un puñado de grandes escritores. Asimismo es autor de La octava noche, novela fusión de ciencia ficción-policíaca (aún por publicar) y de la novelas La guerra de la doble muerte (2010, Almuzara), El manantial (Dolmen, 2012) y El último refugio (Almuzara, 2013).

Alejandro siempre tiene cosas interesantes que decir, muchas a contracorriente, por lo que no dudé en solicitarle una entrevista. Además, he de hacer una confesión. Desde que escuché hablar del libro, me gustaría leer El manantial, pero sospecho que no tengo estómago para ello. Todo vuestro:

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ENTREVISTA RELÁMPAGO A ALEJANDRO CASTROGUER

para G.Campbell1. El libro que más te ha influido.

Me es imposible decir uno, hay tantos. Desde Jules Verne, Italo Calvino, Miguel de Cervantes, Julio Cortázar, Ray Bradbury… Pero siempre que tengo ocasión recomiendo Viajes con Charley de John Steinbeck. De cuantos he leído, para mí el mejor libro de viajes.

2. Menciona un libro con el que hayas llorado.

Recuerdo en concreto Beatriz y los cuerpos celestes de Lucía Etxebarria. Me fue imposible soportar tanta pedantería y terminé llorando. Lo pasé tan mal que a las cincuenta páginas lo cerré, se lo regalé a mi casero de entonces.

3. ¿Alguna vez escribir te ha ayudado a ligar?

Sí, y no solo a ligar. Consolidé mi relación con Vanessa Benítez Jaime gracias a la intercesión de El bailarín de claqué. Doce años después sigo compartiendo mi vida con ella, felizmente casado, pese a que la novela aún está por desvirgar.

4. ¿Qué libro poco conocido te gustaría que leyera todo el mundo?

Por su intensidad y contención, por su difícil equilibrio, El último viaje de Sorolla de Antonio Castro-Guerrero. No se pueden sugerir más cosas con menos palabras, sobre todo en su brillante final, todo un alarde.

5. ¿Cuál es tu palabra favorita?

Música. Mi vida sin ella sería demasiado sonora.

6. Si te obligaran a escribir un libro con otro/a escritor/a, ¿quién sería?

Hay muchos a los que me gustaría retar a un duelo a cuatro manos. Hoy, por elegir uno, diría Javier Cosnava. Sé que saltarían chispas de este gozoso enfrentamiento. Algo que emulase el juego mantenido entre Andrew Wyke y Milo Tindle en La huella: disfrazar estilos, personajes; desentrañar tramas…

7. Lo primero que haces por las mañanas.

Maldecir el reloj biológico, que me despierta antes que la alarma del móvil.

8. Un disco que escuches una y otra vez.

Curiosamente, los discos que más me gustan, aquellos que tengo en un pedestal, suelo servirlos muy de vez en cuando. Por decir uno, el Koln Concert de Keith Jarrett, que me ha acompañado en numerosas novelas y relatos.

9. ¿Qué libro te habría gustado escribir? índice

El lagarto en la roca, de Antonio Calzado. Digno heredero de Johnny cogió su fusil, es una demoledora reflexión sobre los desastres de la guerra y de la paz. Un libro con mucha mala leche y peor guasa. Y personaje para recordar siempre.

10. Si te condenaran a muerte, ¿qué pedirías de última cena?

Una hora de música, su digestión sería más placentera. Me bastaría con poder escuchar por última vez La canción de la tierra de Gustav Mahler.

Pregunta extra (seleccionar opción y contestar):

a) El entrevistado se inventa una pregunta, la hace y se responde a sí mismo.

b) La pregunta la hace el entrevistado a la entrevistadora.

c) Ya he terminado, deja que me vaya a mi casa. Por favor.

Alejandro elige la b) y pregunta: Seguramente no es tu caso (conozco a muchos escritores obsesionados con triunfar), pero quién sabe. ¿Qué porcentaje de novela escribes pensando en Hacienda y en el banco en que tienes hipotecada la casa (o casero al que debes la renta del alquiler)? ¿O eres de las que ha decidido escribir como quien lleva, adosada al cuerpo, una carga explosiva, en un acto que tiene mucho de inmolación?

He publicado poesía, así que… ¿responde eso a tu pregunta?

Bromas aparte, no escribo pensando en dinero ni seguridad ni en nada que se le parezca, creo que no podría: paralizaría mi proceso de creación. Eso, para mí, viene después, en la parte de la comercialización de una obra como producto, si la obra lo permite y si autor y/o editor saben integrar la visión creativa con la comercial.

De cualquier forma, no vivo de lo que escribo, y pasará mucho tiempo antes de que lo consiga, si llego a conseguirlo en algún momento. Creo que puedes realizar ciertas concesiones comerciales (si disfrutas escribiendo varios géneros, por ejemplo, tiene sentido concentrarte en el más rentable), pero pensar demasiado en la recepción y las ventas interfiere demasiado en la labor creativa. Lo dicho: eso viene después.

Creo que, de entrada, sí se puede pensar un poco más en el dinero, o por lo menos en la necesidad y gusto de los lectores, en la no ficción, en el ensayo y la creación de contenidos. Pero ese es otro tipo de escritura, con exigencias distintas.

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Muchas gracias a Alejandro por sus respuestas. Que sobreviváis al resto de la semana, ¡y no os perdáis la entrevista del jueves que viene!

*Posiblemente basado en un hecho real.

Advertencia para escritores: Aunque esta ha sido desde el principio una convocatoria abierta para todos los escritores que quisieran participar, en estos momentos tengo bastantes entrevistas acumuladas, por lo que, por ahora, se cierra dicha convocatoria y no se admiten solicitudes de entrevistas. Eso, sí, sentíos libres de seguir enviando propuestas de preguntas para las entrevistas a gabriellavc(arroba)yahoo.es

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10 cosas que nunca debemos hacer los escritores

febrero 4, 2015 — by Gabriella17

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Ah, la dura vida del artista. La dura vida del escritor. Nos gusta lamentarnos, es cierto. Pero puede ser divertido.

Hace poco encontré, a través del tumblr de Austin Kleon, un texto de la artista Keri Smith llamado How to Feel Miserable as an Artist. Aunque la traducción sería algo así como Cómo deprimirse si eres artista, la propia Keri explica que más bien es lo que no deberíamos hacer bajo ningún concepto. Aunque ella habla de los artistas en general, yo creo que se aplica muy bien a la escritura en particular. Le pedí permiso para traducirlo y me lo concedió. Así que si os veis reflejados en alguno de estos puntos, ya sabéis: subrayadlos con tinta roja (no en la pantalla, claro, a ver si luego no lo vais a poder limpiar) y dejad de hacerlo, ya, de inmediato.

Ahí van las diez maneras de sentirse fatal como escritor, o las diez cosas que nunca deberíamos hacer (los mandamientos son de Keri, todos los comentarios son míos):

cosas que nunca debemos hacer los escritores

Las 10 cosas que no debes hacer

si quieres ser un escritor feliz:

(o por lo menos no demasiado triste)

1. Compararte constantemente con otros

Aunque compararse es bueno, hasta cierto punto (¿si no nos comparamos con los grandes, cómo aprenderemos?), comparar nuestro éxito o fracaso con el éxito o fracaso de otros no solo es injusto, sino que no tiene sentido. No estamos todos en la misma regla de medidas, ni tenemos las mismas características. Y, como bien sabemos, los éxitos o fracasos rara vez son como se cuentan en Facebook o en Instagram (ese pastel no está tan rico como parece en la foto; ese perro con pinta adorable realmente es un desastre que no hace más que comerse el sofá; esas vacaciones de aspecto idílico en Hawai fueron el detonante del posterior divorcio).

Recordemos también que esos supuestos éxitos “de la noche a la mañana” rara vez lo son. Los que escriben libros buenos que parecen salir de la nada, sin aparente esfuerzo, tienen horas y días y semanas y años de trabajo y frustración detrás.

2. Hablar con tu familia sobre aquello a lo que te dedicas y esperar que te animen

Hay excepciones, pero en la mayoría de los casos simplemente no va a ocurrir, no. Nuestras familias (en teoría) quieren lo mejor para nosotros. Y lo mejor para nosotros, por lo menos a sus ojos, no es morirnos de hambre mientras los miramos suplicantes y pobres con la forma de las teclas marcada en la frente de tanto pegarnos cabezazos contra el teclado.

Además, los escritores podemos ser muy pesados y aburridos con tanta obsesión y tanta inseguridad. Comprendedlos. Es normal que se aburran y nos manden a paseo.

El camino del escritor es solitario. Asúmelo. Solo te comprenderán otros escritores, pero no te estarán escuchando mientras hablas de tu obra, porque estarán pensando en la suya propia.

3. Basar el éxito de tu carrera en un solo proyecto

Esto podría ser también “basar el fracaso de tu carrera en un solo proyecto”. Si algo sale mal, horriblemente mal, y la gente te tira fruta podrida apenas te asomas a la ventana, qué le vamos a hacer. No eres un fracaso. Tal vez ese libro sí lo sea (o, tiempo al tiempo, ¡reconocerán lo bueno que era cuando hayas muerto!), pero tú no. Ponte ya a escribir otro libro mejor. De la misma manera, porque tengas un libro/relato/poema/ensayo que goce de una gran aceptación, no significa que puedas retirarte a vivir de las regalías, satisfecho de haber alcanzado los laureles del autor vitoreado. Sigue trabajando. Puedes hacerlo mejor.

4. Conformarte con lo que ya sabes

Esto es: no salgas de tu zona de confort, no pruebes nada nuevo, no te esfuerces. ¡Mal! La única forma de progresar es atreviéndote con aquello que desconoces. Muchos profesores de talleres literarios te dirán: “Habla de lo que sabes”. Y no es mal consejo, para empezar. Pero llegará el momento en que, para avanzar, necesitarás salir de tu agujerito y explorar mundo.

Yo lo hago constantemente. Escribo cosas raras, cosas que no me salen, que tengo que forzar. Por poneros un ejemplo: ¡el otro día conseguí escribir una escena de sexo heterosexual!

Bueno, bah. Lo confieso, es mentira. Pero algún día lo conseguiré, os lo prometo.

5. Quitarle importancia a tu experiencia

Si llevas ocho años escribiendo y currándotelo, tío, ¡que llevas ocho años escribiendo y currándotelo! ¡Que has publicado cuatro libros! No te comportes como si solo hubieras publicado un poema en la revista del colegio.

Creo que esto es más fácil de decir que hacer, lo sé. Por un lado, muchos tenemos el síndrome del impostor. Y no están las cosas como para ponerse a exigir lo que realmente merecemos, tal y como está el mercado. Pero creo que este es un consejo que puede aplicarse a muchos ámbitos, no solo al de negociar contratos con editoriales. Dale valor a tu trabajo. Si llevas diez años trabajando, si has progresado, si has avanzado, deja de hacer las cosas gratis, para empezar. Y si las haces gratis, que sea por algo que realmente te ayude a avanzar, o que te produzca felicidad.

Y sí, esto también va por determinados grandes medios con ánimo de lucro (mucho lucro) que utilizan a escritores experimentados y blogueros profesionales para crear sus contenidos sin que estos vean un duro, por aquello de darles una “plataforma” y “exposición”. Exposición es lo que tienes cuando te da el sol durante el día, no cuando consigues un seguidor en Twitter cada tres meses.

A ver si entre todos podemos conseguir que el oficio de escribir (sea en el género y formato que sea) valore un poco más la experiencia, especialización y profesionalización. No digo que cualquiera pueda escribir dos palabras escritas y sentarse a esperar que le paguen, pero sí que se empiece a valorar el trabajo de aquellos que lo merecen. Por lo menos, pidamos. Que nos lo den o no es otra cosa, pero vamos a pedir. A veces te llevas sorpresas agradables.

6. Dejar que el dinero dicte lo que haces

Pues claro que necesitamos dinero para vivir: para comer, pagar un alquiler o una hipoteca, sobrevivir a las ofertas de Steam… todas esas cosas fundamentales para la supervivencia del humano medio. Pero siempre está el peligro de que nuestras ganas de conseguir dinero nos hagan olvidarnos de lo que realmente nos gusta. Sí que es cierto que cierto tipo de novelas de romántica venden mucho mejor que la fantasía oscura, por ejemplo, pero el día en que yo escriba “cada vez que veo su tableta de chocolate me estremezco por dentro”, por favor, venid personalmente a mi casa y dadme una bofetada tan fuerte que se me reordenen las neuronas y se me quite la tontería de golpe.

Y no me entendáis mal: no hay absolutamente NADA de malo en escribir tres páginas hablando de los abdominales de un tipo sudoroso. Es solo que a mí no me dibujaron así. Yo soy más de orgías desenfrenadas entre androides y magos de fuego. Orgías en las que muere gente y su sangre crea un portal mágico a otro mundo, por el que se cuelan monstruos primigenios.

¿Qué?

7. Someterte a la presión social

Lo mismo. ¿Creéis que a la gente le parece bien lo de los androides y los magos de fuego? Pues habrá a quien no le guste, del mismo modo que a mí no me interesa lo de la tableta de chocolate ni las novelas donde se usan tres capítulos para describir con pelos y señales una batalla naval en el siglo XVII. Si intentas complacer a todo el mundo, no conseguirás nada. Peor: conseguirás un texto blandurrio completamente igual que todos los textos blandurrios. Por lo menos Crepúsculo innovó en el terreno de la comedia.

(Creo que con ese último comentario tampoco he complacido a todo el mundo. ¡Eh, solo estoy intentando seguir los consejos de Keri!).

8. Trabajar solo en aquello que le encantará a tu familia

El otro día le pedí a mi padre, que es informático, si podía echarle un ojo a mi nueva novela corta, un texto con aires ciberpunk, para asegurarme de que no había ninguna metedura de pata técnica de las gordas.

Luego me acordé de que el protagonista es un programador de videojuegos pansexual que se pasa media novela fantaseando con las tetas de una chica que ha conocido en un programa virtual.

Igual ya no se lo dejo.

La cosa es que si te limitas a escribir aquello que crees que será aceptable para tus seres queridos, estás dejándote fuera una parte muy importante de ti mismo. Todos tenemos demonios, y la escritura es una forma genial de exorcizarlos. Y no tiene que ser algo tan extremo como la vida sexual de un hombre futurista, simplemente hablar de ciertos temas delicados puede echarnos atrás en muchas instancias. Es difícil, pero a veces hay que hacerlo.

9. Hacer todo lo que pida el cliente

El cliente podría ser aquí el editor, por ejemplo, si escribes narrativa. Claro que hay que hacer caso de los editores, pero no hasta el punto de que destruyan aquello que te es importante. Y si escribes por encargo… bueno, ahí sí tienes que hacer lo que pide el cliente, pero intenta siempre añadirle un toque personal, algo que lo identifique solo como tuyo. Eso es lo que realmente te hará destacar por encima de los demás.

10. Ponerte metas inalcanzables/estresantes que tengas que alcanzar mañana mismo

De esto hemos hablado ya. Las metas buenas son las que se plantean a largo plazo y que se van alcanzando muy poco a poco, haciendo algo pequeño pero seguro todos los días.

Ponerse mil metas a la vez y esperar alcanzarlas ya mismo no solo es poco realista, sino que destruye tu autoestima y la confianza en tu habilidad para alcanzar cualquier objetivo.

Poco a poco, despacito y con buena letra.

Con muy buena letra.


¿Qué opináis vosotros? ¿Qué añadiríais a la lista de Keri? Creo que todo lo que se me ocurre ahora mismo podría encajar dentro de alguno de sus puntos. Tal vez habría que añadir: “rendirse”. Tal vez ese sea el peor error que podemos cometer. Rendirse a veces es necesario, sobre todo si estás viviendo bajo un puente y te han ofrecido un trabajo con un sueldo digno, haciendo algo que no sea nada artístico; pero aun en esas circunstancias puede llegar el ansia de crear, la necesidad de seguir escribiendo de madrugada, antes de entrar a currar, o en el descanso, con el bocadillo en la mano. Pero sigamos un poco más. Intentémoslo otra vez.

Las recompensas están ahí. Son insuficientes, y tardan más que un autobús cuando tienes prisa, pero están ahí. Además, todos los demás se rinden. Al final solo quedas tú.

 


Esta parte ya os la sabéis, pero la voy a decir otra vez, porque vuestro dinero es lo que me permite comprar plumillas. Y tengo un problema con las plumillas:

Mi librito de corrección básica para escritores ya está disponible en papel. Si quieres tenerlo en tus manitas, para subrayarlo y guarrearlo como debe ser, tienes dos opciones:

a) Comprarlo directamente en Amazon aquí: http://mybook.to/70trucos o…

b) Escribir a gabriella@gabriellaliteraria.com si quieres comprarlo dedicado y caligrafiado.

¡OS PROMETO QUE HA QUEDADO MONÍSIMO! Hasta tiene un unicornio en la contraportada, lo cual imagino que no os sorprenderá en absoluto:

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¿Dónde y cómo escribimos? 12 autores más nos dan su respuesta en imágenes

enero 30, 2015 — by Gabriella12

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Hace un tiempo escribí (o más bien compuse, porque se trataba de juntar pedazos) un artículo sobre cómo y dónde escribían algunos escritores que conozco. Tuvieron la amabilidad de mandarme fotos y explicaciones, y todo quedó muy bonito e interesante y visual y fue muy popular, tal vez porque somos todos un poco cotillas.

Visto el éxito de la primera entrega, decidí que todavía quedaban muchos autores por descubrir, muchos autores a los que importunar y con los que colarme por la ventanita de sus vidas.

Así que hice otro llamamiento y me contestó otro buen puñado de escritores majos, dispuestos a enseñarnos dónde y cómo se dedican a eso de darle a la letra.

¿Dónde y cómo escribimos? Ahora mismo lo vais a ver:

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Las 10 necesidades básicas del escritor

enero 19, 2015 — by Gabriella22

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A veces recibo mensajes de gente que empieza a escribir. Gente que a lo mejor ha ganado algún concurso de relatos local y se plantea, tal vez, tomarse esto un poco más en serio. O que disfruta mucho escribiendo y quiere saber si merece la pena profesionalizarse (si es que eso existe). Me piden recomendaciones de libros para mejorar, consejos sobre cómo empezar a publicar, cosas así. Así que decidí escribir un artículo que intentara responder a algunas de estas cuestiones, tal y como las veo en estos momentos.

(Puede que el año que viene haya cambiado de idea. Hablo desde mi experiencia presente, y como siempre espero que deis vuestro punto de vista en los comentarios).

Yo no sé demasiado, la verdad. No tengo Las Respuestas. Aunque siempre he escrito, solo llevo unos años tomándome esto de la escritura como algo primordial. Sí que he trabajado mucho tiempo en el sector editorial. Puedo deciros, dentro de lo que he aprendido, cuáles creo que son las diez necesidades básicas del escritor. Puedes comprarte todos los libros que quieras sobre cómo construir un argumento que enganche o cómo pasar tu documento .doc a .mobi, pero si te fallan estos diez principios es muy posible que tropieces por el camino.

No digo que no puedas prescindir de alguno de ellos (conozco a buenos escritores que no tienen un sitio propio para escribir, por ejemplo), pero yo diría que todo te será bastante más complicado.

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15 cosas que los escritores estamos haciendo fatal en las redes sociales

enero 9, 2015 — by Gabriella33

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Socmed_-_Flickr_-_USDAgovAh, las redes sociales. Ese otro universo virtual donde vamos a comunicarnos, promocionarnos o perdernos. Qué de moda está ahora escribir sobre etiqueta y comportamiento en el mundo de internet. Y es que parece increíble, pero ahí fuera hay bastantes personas que no saben comportarse en las redes sociales. Es posible que tampoco sepan comportarse en la vida real, porque las reglas de educación y respeto tampoco son tan distintas.

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¿Dónde y cómo escribimos? 18 autores nos dan su respuesta en imágenes

diciembre 9, 2014 — by Gabriella16

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Creo que no soy la única a la que le obsesionan los procesos de creación de los demás.

He hablado en alguna ocasión del mío, sobre todo en lo que se refiere a mi afición a dibujar mis textos. Aunque no es naaada productivo, a mí me encanta escribir a mano, y últimamente casi todos mis textos cortos (relatos y poesía) salen de un cuaderno. Algunos autores se lo toman como un reto experimental, como Isaac Belmar, que se pasó un mes escribiendo a mano y contó sus sensaciones y conclusiones al respecto en su blog. Para otros es parte del proceso de construcción: para apuntes, esquemas y escaletas. Otros, sin embargo, son profesionales del Scrivener y de otros programas de escritura especializados.

Así que me puse a preguntar a conocidos, amigos y contactos en las redes sociales acerca de cómo escribimos. Al principio solo había cri-cris de grillos, luego llegaron un par de respuestas de escritores que me ofrecían ayuda, y de repente, todo un aluvión de imágenes y comentarios. Por supuesto, estoy muy agradecida a todos los que se han prestado a participar, que son muchos más de los que me esperaba, y ya veréis qué experiencias tan variadas y dispares. No solo aparecen los formatos de escritura en sí, sino lugares de trabajo que dicen mucho de la personalidad de cada autor.

1. Una de mis favoritas en este sentido es Carlota Echevarría, ya que es arquitecta y siempre me cuenta anécdotas interesantes acerca de cómo aplica parte de su interés por el diseño y lo matemático a sus libros de la serie infantil Princesas al ataque (podéis ver además una entrevista relámpago que le hice aquí, en el blog). Ella dice: “Cuando estoy empezando un libro, hago los esquemas y escribo los argumentos en papel, pero siempre uso el ordenador para redactar (¡a mano no escribo tan deprisa!). Construyo las historias por capas: la primera idea ocupa una línea o dos, luego hago un breve resumen, una línea del tiempo, fichas de personajes, otro resumen, esta vez de varias páginas… y finalmente me lanzo a escribir el primer borrador, al que sé que todavía le daré varias vueltas más”.

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2. También me mandó fotos Iria G. Parente, que se define como “estudiante de Literatura General y Comparada, apasionada del mundo de la edición y juntaletras”, y que es autora junto a Selene M. Pascual de Cuentos de la luna llena. Iria me dice: “Te envío estas tres, que resumen muy bien mi proceso de escritura en general: algo de planificación previa, escritura con una buena taza de té y música al lado, y por último mucha pero mucha corrección”:

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Proceso2

Proceso3

3. Victoria Álvarez, autora de Tu nombre después de la lluvia, comparte mi fijación por los cuadernos PaperBlanks, y cuenta lo siguiente: “(…) Tengo docenas de ellos repartidos por toda la casa y me paso horas mirándolos y ordenándolos. Normalmente, cuando surge la idea de una nueva novela, corro a comprar un cuaderno, que queda inmediatamente asignado a esa historia. Suelo empezar a trabajar en ella apuntando a mano las primeras cosas (datos cronológicos, orden de las subtramas, árboles genealógicos, mapas improvisados), y solo meses más tarde, cuando ya me he hecho con la historia, comienzo a trabajar con el ordenador. En algunos casos estos cuadernos me sirven para varios proyectos a la vez; por ejemplo, el de la Esmeralda de Mucha, en el que apunto todos los nombres curiosos que encuentro para futuros bautismos. Y otras veces, simplemente, ¡no puedo resistirme a comprarlos cuando los veo!”:

Victoria Alvarez

4. Francisco Jota-Pérez, autor de Aceldama, al que también entrevisté aquí en el blog, me dice: “El proceso varía muchísimo dependiendo de la obra, del medio y demás. Para relatos y novelas, por lo general, tomo apuntes a partir de la idea de partida, luego hago esquemas y, a continuación, me arremango a escribir; aunque, en ocasiones, empiezo a redactar ya a partir de los apuntes y voy haciendo los esquemas sobre la marcha, o empiezo con la idea y los apuntes no son necesarios… Como he dicho, depende. Lo que no se ve en las fotos (y quizá debería haber incorporado de algún modo) son el puñado de libretas que llevo siempre encima, para tomar apuntes en cualquier momento (en el metro, en el bar…). En cuanto a la dependencia del medio, cuando estoy guionizando un cómic o un película, en el escritorio tengo siempre o bien una libreta grande para dibujar el storyboard con el esquema de páginas y viñetas, o el iPad para ver videoclips, escenas de otros films y etcétera para obligarme a pensar en secuencias y cortes de imagen, y buscar ideas sobre transiciones y escenas. Otra cosa bastante importante en mi escritorio, sobre todo durante la redacción de mis últimas dos novelas, es la bola de cristal de roca que tengo ahí siempre, y que uso durante los “descansos” en el proceso de redacción como elemento de alteración sensorial leve, para meterme en el subconsciente y “desatascar” ideas o momentos concretos, o simplemente “perderme” un rato en otro plano, lejos de la pantalla”:

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5. Cristian Cano es otro de mis favoritos, ya que me manda fotos de escritura en hoteles, algo que a mí me ha tocado más de una vez (y más de diez). Me dice por email: “Escribo ficción, y cuando estoy en casa siempre lo hago en un laptop. También uso el pc en algún café. Pero cuando tengo que salir de Bahía Blanca me llevo unos cuadernitos espiralados que son muy útiles. Lo hago un poco como para caer en ese tiempo hermoso que existe en escribir a mano. No hay que olvidarse de eso”.

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6. Carlos G. de Marcos, escritor y anfitrión de la legendaria Casa de Atrás, nos envía el caos (sic) que va en su cartera:

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7. Virginia Pérez de la Puente, autora de obras como El sueño de los muertos, me manda tres fotos de lo más interesantes (perdóname por citar directamente de nuestros emails personales, querida): “Te paso un trío: la de mi mesa, una de “escritora con pelos congelada en invierno”, y la que he subido de la maquetación, por si te sirve, aunque es una chorrada, pero para ilustrar el estado Juan Palomo De Escritor Que Tiene Que Aprender A Hacérselo Él Mismo…”:

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8. Otra de las habituales en mis entrevistas y menciones, la simpar Susana Vallejo, tiende a compartir imágenes de su entorno y proceso en Facebook, por lo que no me resistí a pedirle unas cuantas. He tenido la suerte de visitar su casa estos días en Barcelona, aprovechando la MiRCon, y puedo decir que es una mezcla de friquerío, bohemia y espacio que debe de ser absolutamente genial para escribir:

Susana Vallejo

Susana Vallejo2

Susana Vallejo3

9. Ana Campoy, que fue además la flamante ganadora del sorteo de mi lista de correo el mes pasado, tiene un sistema bastante llamativo: “Muchos guionistas usan tarjetas. Yo uso post-it. Así, si una escena cambia de orden la puedo variar sin problema. Los voy pegando en hojas de folio. De esa manera puedo transportar las escenas ordenadas donde yo quiero. Cada libro me sale por unas 6 o 7 hojas de folio con escenas (la foto que te mando la hice para una charla sobre cómo estructurar novelas de misterio y corresponde a las tres primeras hojas de El pianista que sabía demasiado, la cuarta aventura de Alfred y Agatha). Después de los post-it redacto la escaleta (unas 5 hojas). Y de ahí me pongo a escribir”.

Ana Campoy

10. Meritxell Terrón Paz es una escritora, doctorando de Comunicación, a la que tuve el placer de conocer en la Wizard Con y con la que pude hablar de nuevo este finde en Montcada. Junto a su socio lleva un proyecto muy chulo, El libro del escritor, que se lanzará en breve y que creo que nos va a interesar mucho a todos los que escribimos. Fue una de las primeras en contestar a mi petición y me envió esta muestra de su trabajo con su novela El suicidio del escorpión:

Meritxell Terron Paz

11. A Paty C. Marín también la conocí en la WizardCon (podéis seguirla en Twitter como @patycmarin), y me llamó muchísimo la atención el libro en el que estaba trabajando: un librojuego erótico. Nos enseña cómo funciona su proceso: “El esquema de un librojuego es muy simple, en cada tarjeta se escribe una sinopsis de la escena en cuestión y se señalan con un número las escenas en las que se divide (por ejemplo, si voy por la puerta derecha, pongo 1; si voy por la izquierda, pongo 2). En las siguientes tarjetas se escribe el número de la escena que se corresponde y se escribe una nueva sinopsis, volviendo a marcar con números las escenas en las que se dividen y así con cada escena nueva. Luego se marca el camino sobre el corcho con la chincheta del color correspondiente (que puede ir desde dos colores hasta cinco porque no tengo más). En realidad es como ir formando un árbol ya que cada escena se divide en nuevas escenas y todo crece de manera exponencial. Llega un momento en que las escenas convergen hacia el mismo final o hacia el mismo desenlace, basta con señalarla con dos chinchetas con los colores necesarios”:

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12. Con José Puente estuve hablando de los lugares para escribir. Escribe en la cama, así que me preguntó si podía mandarme una foto de su cama. Cómo no. No creo que sea el único que escriba allí. Como él mismo dice: “Escribir y borrar y volver a escribir y volver a borrar y volver a escribir hasta conseguir un muro más o menos recto o una figura reconociblemente humana. La cama como sinónimo de lugar seguro para”.

José Puente

13. Fernando Alcalá, autor de Carlos, Paula y compañía, me dice:Aquí te envío el esquema a medias y muy recién comenzado del proyecto que tengo ahora entre manos”. Para ello usa Scapple, “es de los creadores de Scrivener. Es super sencillito y tampoco tiene mucho, pero a mí siempre me es muy útil”:

Fer Alcalá

14. Gerardo Guaza, poeta, me envía una foto de su cuaderno. Gerardo también se apunta a la escritura hecha a mano:

Gerardo Guaza

15. Alejandro Castroguer, uno de nuestros “autores Z” por excelencia, me envía unas imágenes geniales de sus apuntes en agenda. Alejandro, como yo, compagina la escritura a mano y a ordenador dependiendo de la velocidad de la inspiración. Me dice: “Son dos capítulos, el Dos y el Veinticuatro de la novela en la que he estado trabajando este año. Como verás usé una agenda con portadas de viejos elepés”.

Alejandro Castroguer

Alejandro Castroguer2

16. Gloria T. Dauden, a la que también entrevisté en el blog (qué de entrevistas hago), es también una aficionada a los cuadernos bonitos:Notas manuscritas para novela en libretas bonitas, taza de té y un entorno agradable”:

Gloria T Dauden

Gloria T Dauden2

17. José Luis Zárate, a quien todos conoceréis por sus geniales microcuentos, me envía una imagen de sus dinosaurios. Si os fijáis con atención, veréis que en la pantalla de su ordenador se ve reflejada la pizarra que tiene detrás, con apuntes y órdenes para el día (cosas como “no entrar en Facebook”, uno de los grandes mandamientos del escritor actual):

Jose Luis Zarate

18. Y por último os dejo con la imagen de un auténtico tecnófilo, Luis Ángel Cofiño, autor de culto de ciencia ficción y amante apasionado de Linux:

Luis Ángel Cofiño

 ¿Y vosotros, dónde y cómo escribís?

Así es como INTENTO yo escribir después de volver de viaje:

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Puedes ver la segunda parte de este artículo aquí.


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