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Deja de buscar tu voz (y otras maneras de escribir con personalidad)

Noviembre 10, 2016 — by Gabriella21

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Hay frases que suenan fabulosas pero que, cuando te pones a pensarlas, no tienen mucho sentido.

Hay consejos que hacen más mal que bien, si realmente los analizas, y oraciones que quedan preciosas sobre fondos de puestas de sol, pero que no quedan tan preciosas bajo un filtro crítico de esos que no vienen en Instagram.

Sin ir más lejos, Umberto Eco (sí, otra vez Eco) afirma que algunos aforismos reconocidos son en realidad “enfermedades del ingenio”*: son aquellas máximas que pueden invertirse sin que la frase pierda lógica.

Esperad, esperad, que os lo explico con ejemplos. Este que pone Eco me divierte:

La gente sería feliz si los reyes filosofasen y los filósofos reinasen.

(Plutarco).

Tiene sentido, ¿verdad? ¡Necesitamos gobernantes inteligentes, gente que piense!

El día que quiera castigar a una provincia, haré que la gobierne un filósofo.

(Federico II).

¡Es que esto también parece cierto! Para llevar a cabo la tarea de gobierno no basta con pensar y especular. ¡Hay que decidir con rapidez! ¡Hay que actuar y conseguir que los problemas se solucionen de inmediato!

Como veis, son dos frases que en principio parecen tener razón. Y sin embargo son contrarias, porque ambas son reducciones simplistas de una realidad compleja.

El mundo está lleno de mitos, conceptos complicados que intentamos simplificar y palabras como bizarro, que no significa lo que crees.

(Solo que ahora resulta que sí significa lo que crees).

Como aquello de que para ser escritor de verdad tienes que “buscar tu voz”.

La leyenda de la voz mágica que unge al escritor

Aquí dejo otras variaciones:

  • “Tienes que encontrar tu voz”.
  • “La voz es lo que te define”.
  • “El verdadero escritor conoce su voz”.
  • “Busca una voz única, original”.

Generalmente son frases que acompañan a otras como:

  • “Si haces lo que amas, no trabajarás un solo día de tu vida” (imagino que esto se refiere a que estarás en el paro).
  • “Para triunfar como escritor lo único que tienes que hacer es escribir” (y sin embargo hay gente ahí fuera con veinte novelas en Amazon de los que nunca hemos oído hablar).
  • “Si deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para concedértelo” (lo sé, me repito. Cualquiera que visite mi blog sabe que esta es una de mis frases favoritas ever).

Y me imagino a hordas de autores con redes de esas cazamariposas y un buen machete, atravesando la selva de la escritura pura, artística y pasional, en busca de esa voz tan elusiva, inspirados por la llamada irrefrenable de la motivación.

buscar tu vozDe pequeños, antes de que sus padres les den permiso para visitar el Amazonas, los verdaderos escritores buscan su voz en la jungla urbana.

A Eco le gustan más las paradojas que los aforismos que encierran verdades a medias y reconozco que a mí también. La paradoja expresa ideas contrarias, pero a la paradoja no se le puede dar la vuelta. Es una manera fantástica de concebir la realidad tan complicada y sutil que nos rodea.

Propongo hoy una paradoja. Habrá filósofos en la sala (perdonadme el ejemplo anterior, seguro que gobernaríais de maravilla) y podréis corregirme, pero esta es mi propuesta. Igual, más que una paradoja, es un juego de palabras que encierra, también, una realidad complicada:

Suele ocurrir que cuando buscas tu voz no la encuentras y que la encuentras cuando menos la estás buscando.

(O, por lo menos, cuando no estás buscándola de manera consciente).

Yo también he creído en sentencias absolutas y verdades universales, con el dichoso cazamariposas o como se llame (ya veis, me considero escritora y no sé cómo se llaman las cosas) y me encantaría volver atrás en el tiempo y darme un par de bofetadas (o cachetes en el culo, pero esa es otra historia y por favor no me preguntéis nunca por ella).

Lo primero que me gritaría, creo, es: “¡Deja de jugar tanto al WoW!”.

buscar tu voz¿Quién necesita una vida pudiendo ser un orco gigante con pectorales, pelazo y un gran... hacha?
 

Aunque tampoco me haría mucho caso. Mi orca molaba. Y mi tauren. Y mi no muerta. A lo mejor mi yo pasado haría más caso a mi yo futuro si me hablara de la música.

¿Qué tiene que ver la música con la voz del escritor?

Desde que recuerdo, para mí la escritura ha sido algo musical. Siempre me ha interesado más la forma de contar las cosas que lo que se cuenta (aunque esto es muy importante, claro). A veces leía textos que sonaban como música en mi cabeza y que me producían una especie de relámpago de placer. Y siempre he buscado reproducir esa música en lo que hago. Supongo que por eso empecé con la poesía, por su carácter rítmico y melódico.

Esa es mi experiencia, para vosotros la plasmación de la experiencia artística será otra.

No me extraña que se idealice tanto la noción de la voz. Porque hay algo mágico, místico y sobrenatural en el momento en que todo se coloca en su sitio, el cerebro se reajusta y hace un chasquido peculiar y de repente todo se coordina con la música. Pero por una vez es tu música, de nadie más.

Y es ahí donde creo que está el error: esa voz no es solo tuya, es la de todo el mundo. Proviene de todo lo que has bebido, leído, consumido, escuchado, solo que ahora de repente funciona, significa algo. Estás subido/a a hombros de gigantes y de repente tu culo está cómodo, se ha hecho hueco y las vistas son… wow (no confundir con WoW, que me engancho de nuevo), las vistas son brutales.

Una compañera del grupo de asesoría me comentaba hace poco que tenía el problema de que cuando leía, la forma de escribir del autor al que leía se le metía en su propia escritura. Yo creo que eso no es malo. De forma consciente o inconsciente, imitamos a otros mil veces antes de tener el bagaje suficiente de voces, estilos y experiencias como para que de ello salga algo conjunto, propio, que pueda identificarse como nuestro.

Cuando eso por fin sucede, sí, es mágico.

Pero no porque te inspiren las musas ni porque te hayas drogado ni rezado muy fuerte a ese universo conspirador, sino porque has escrito tanto y leído tanto que has encontrado una manera de expresarte tú, sin censura ni bloqueos. Has compuesto por fin esa canción que lleva siglos sonando en tu cabeza.

Deja de buscar tu voz y deja de preocuparte por ella. Vendrá, cuando tus horas infinitas de lectura y escritura cristalicen en algo que alguien lea y diga: “Esto lo ha escrito Juancho Pérez, ese de los libros de vampirismo romántico-gore. Es imposible que lo haya escrito otra persona”.

Maneras indirectas de acelerar tu encontronazo mágico con esa voz de la que tanto hablan

Todo esto no quita que haya algunos métodos para que tu escritura cada vez esté más definida.

Aviso: Ninguno es sencillo ni puede realizarse en cinco minutos. Si buscáis soluciones fáciles, tenéis mi permiso expreso para salir de esta página:

buscar tu vozTodos los teclados deberían venir con este botón incorporado.

Sí, la red está llena de trucos y hacks que os darán todo lo que deseáis y más (¿qué estamos haciendo que no somos todos ya millonarios ociosos, viviendo en las Seychelles?). Seguro que habéis oído hablar de otra web bastante más interesante y popular que la mía. Os dejo ahí el enlace, por si acaso:

www.google.com

Para los que tengáis ganas de trabajar, ya sabéis cómo se resume esto: en leer y escribir mucho. Pero no de cualquier manera.

1. Asegúrate de que tus lecturas son variadas y de diferentes sectores

¿Qué voz propia vas a desarrollar si solo lees novelas de Agatha Christie? Tu voz será la de Agatha Christie, y bastante escribió ya la mujer para que vengas con tu remake (más políticamente correcto, eso sí) de Diez negritos. Cuantas más cosas diferentes leas, más variada será tu influencia, más las voces que te marquen y más compleja tu propia expresión.

 2. Aprende a hacer lo básico antes de ser megaoriginal

Creo que todos escribimos nuestras primeras novelas queriendo hacer algo diferente y revolucionario, original. Y lo gracioso es que no sabemos ni contar una historia facilona, ¿cómo vamos a contar una difícil? Antes de escribir una pentalogía de novelas río, aprende a escribir un relato. Antes de saltarnos reglas de ortografía y gramática, aprendamos cómo funcionan.

3. Dale al blogging

Sé que quita mucho tiempo y puede ser muy frustrante si no tienes interacción ni seguidores, pero creo que es una de las mejores prácticas que existe para un autor, escriba lo que escriba. Un blog que funciona tiene que saber cómo enganchar a su público (igual que una historia de ficción), y la escritura continua de artículos acaba por darte una perspectiva muy especial sobre cómo manejar el ritmo dentro de diferentes formatos. Creo que mis grandes momentos de “clic”, de descubrimiento y encaje en mi escritura de ficción, han sido cuando más activa estaba con el blog.

Algunos escritores hacen lo mismo con Wattpad: utilizan una creación persistente con retroalimentación constante para reconocerse, para definirse. Tengo sentimientos encontrados con Wattpad (no me gusta enseñar algo que no esté por lo menos un poquito pulido, y el feedback de plataformas de ese tipo no es siempre útil), pero imagino que sus efectos a largo plazo, si se combina con otro tipo de escritura, podrían ser útiles. Me encantaría saber vuestra opinión respecto a esto.

4. Escribe con otra persona

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse. Y nada hay como escribir a cuatro manos para aprender a limar un estilo, a destruir el ego en busca de un estilo uniforme. En el fondo, estás buscando otra voz: una voz conjunta, pero esta te ayuda a eliminar asperezas y a reconocer con más claridad tu propia melodía. Desde que escribo con José Antonio noto que mis textos en solitario tienen mucha más personalidad, como si quisiera resarcirme, liberada.

Para mí, estas cuatro cosas me han traído la voz envuelta en papel de celofán y con un lazo, aunque sé que cambiará, que evolucionará (eso es algo que tampoco te cuentan: que la voz no es estática. Si lo es, hay peligro de estancamiento). Mis lectores dicen que me oyen, que reconocen un texto como mío, y sé que por mucho que yo aprenda y cambie (que me queda mucho mucho por aprender), seguirán haciéndolo.

O tal vez me engañan, y eso no sea más que un sueño, una quimera, otro aforismo reversible de enfermedad ingeniosa e ingenio enfermo.

 


Notas importantes de hoy:

  1. ¡Que no se os olvide que presentamos este domingo 13 a las 12:30 El día del dragón en Valladolid, en la CyLCon (la entrada es gratuita y se celebra en la Feria de Valladolid, Avda. de Ramón Pradera, 3).
  2. Y el día 18 estamos en Málaga, en el Centro de Arte Contemporáneo. La presentación será a las 19:00 en el salón de actos y luego estaremos firmando abajo, en la librería Agapea (está en el mismo edificio, junto a la entrada). La presentación de Madrid salió genial y nos reímos muchísimo, esperamos poder contar con vosotros también para esta 😉
  3. Además, estamos preparando algo un poco especial. Si quieres el libro firmado (dedicado y caligrafiado con tu nombre) pero no puedes venir a Valladolid ni a Málaga (ni a Santander ni Vitoria, que nos tocarán a principios de 2017), puedes conseguirlo a través de la web de la editorial, ¡pero solo si lo compras antes de este sábado 12 de noviembre!

*(Porque Eco era brillante pero también tenía se ponía un poco chulito a veces).

**La imagen del orco es fanart de Lucas Salcedo. CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.

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Hacer la cama te hace mejor escritor (y 30 trucos más que debiste contarme)

Octubre 7, 2016 — by Gabriella19

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Escribir es muy fácil.

Solo hay que ponerse. Escribir mucho. Y leer, leer a destajo. Cualquier web de medio pelo te lo puede decir con gusto resabiado y unas cuantas imágenes de puestas de sol con citas motivadoras.

trucosYes.

Si no quieres leer más de 5000 palabras sobre la dura realidad del escritor (y quién te culparía por ello), abandona. Vete a disfrutar del aire libre o ve una comedia romántica made in America. Un 50% de esas acciones acabará con muchas de tus neuronas, pero eh, el alcohol también lo hace y yo escribo esto con una copa de vino a mi lado, que para algo es viernes.

Como todo en la vida, nada es sencillo ni tajante. Abrí este post con una mentira tan gorda que podríamos usar la nariz de Pinocho como ascensor orbital. No solo hay que escribir (¡que dicen que es fácil y bonito!), sino aprender y progresar y conocer nuestras herramientas. No se trata solo de leer mucho, sino de leer bien y sacar provecho de lo leído. Puedes hacerlo a solas o buscando la compañía de una comunidad que te ayude a avanzar y que te dé apoyo. Y mil trillones de repebillones de cosas más.

Hay muchos buenos consejos y todos tenemos algunos, grandes, importantes y poderosos, que querríamos contarle a nuestro yo del pasado. Pero luego hay otros menos evidentes. Lifehacks, tal vez. Trucos que no solemos mencionar, tal vez porque parezcan obvios, tal vez porque necesitas llevar muchos años en un sector o industria para entender que sí, que son reales y funcionan e igual hay que hacerles un poco de caso. Son cosas pequeñas que hacen una gran diferencia. Generalmente no te los vas a encontrar en páginas para escritores. Por lo menos no en páginas al uso.

Puede que sea porque tendemos a ver ciertas acciones por separado. No vemos el acto de escribir como una parte encajada en un sistema vital. No nos damos cuenta de su función dentro de una visión holística. A poca gente se le ocurre cómo influye el salir a correr por las mañanas en el hecho de escribir por la tarde. Pero la cuestión es que influye y tampoco hace falta leerse un libro de Murakami para intuirlo.

Así que ahí van. 31 trucos que se me han ido grabando a fuego en estos años de nadar en las aguas de la publicación y la escritura. Algunos han salido de las listas de 88 consejos vitales de Raptitude: me los encontré hace poco y me sorprendió la cantidad de ellos que no solo eran aplicables al hecho de escribir, sino a mi propia experiencia.

Aquí está el primero.

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Soy muy mayor para empezar a escribir

Mayo 3, 2016 — by Gabriella56

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“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Yo lo pensé cuando cumplí los treinta. Eh, con treinta años se supone que ya tendrías que tener tu vida algo encaminada, ¿no? Yo me dedicaba a otras cosas (ninguna de las cuales, por cierto, me gustaba especialmente). Sabía que era imposible ganarse la vida escribiendo. Tendría que haber empezado mucho antes.

“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Se lo oí decir hace poco a una chica de 24 años. Supongo que es que si no eres joven, muy joven, un prodigio de 12 años, a nadie le interesa lo que tienes que enseñar.

Nos rendimos antes de empezar, creo. Subestimamos el poder de la acumulación, de la repetición, de la resistencia. De la experiencia

Después de todo, ya llevamos años de vida encima. ¿Será tarde para convertirnos en buenos artistas?

Carmen Herrera tiene 100 años. Sigue pintando. Ha sido en los últimos 12 años cuando ha sido (re)conocida, aunque lleva pintando 81. Necesita un poco de ayuda para los brochazos grandes y para mover sus lienzos enormes. Para ello tiene a su asistente, Manuel Belduma, al que contrató por su ausencia de conocimientos artísticos. Así, sigue con exactitud las instrucciones de Herrera, sin modificaciones ni molestas sugerencias.

mayor para escribir(Póster del documental de Alison Klayman sobre la pintora cubana)

Lleva desarrollando un estilo consistente, reconocible, toda su vida. Lo suyo no ha sido una maratón, ha sido un doble Iron Man cruzado con ocho triatlones y una semana de crossfit con Kaito de Bola de dragón. Lo suyo es expresionismo geométrico, abstracto, a dos colores. Su obra se ha simplificado, como si con el paso del tiempo hubiese ido eliminando todo lo superfluo, hasta quedarse con lo esencial.

Una vez terminado un cuadro, Belduma lo cuelga en la pared y Herrera lo contempla largo rato, a veces durante días. Si no le convence y considera que no tiene arreglo, toca empezar de nuevo. Como todas las novelas, cuentos y poemas que no salen bien.

Vivió en París durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando no había lienzos, pintaba sobre arpillera.

“Cuando no tienes gran cosa —dice Herrera—, cualquier cosa sirve”,

Para pintar durante 81 años solo hace falta empezar y ver hasta dónde llegas.

¿Eres muy mayor para crear?


 

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11 excusas para no escribir (y cómo demolerlas)

Marzo 18, 2016 — by Gabriella55

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Hoy no haré un artículo de recortes normal, como los de viernes normal.

Tal vez este tema de hoy sea un único y gran recorte (gran por lo de extenso; la calidad ya la juzgáis vosotros).

Viene de un artículo que leí hace poco de Yolanda González Mesa, donde reflexionaba sobre los espacios que usamos para crear y de las excusas que utilizamos para procrastinar un poco más. Nos podemos atar tanto a nuestras manías y rituales que nos decimos que sin ellos no podemos trabajar: olvidamos que son herramientas, no razones. Nos mentimos. Es más fácil decir que no tienes el despacho perfecto que decir que no te apetece, que te da miedo, que estás cansado/a y que no ves futuro para este laberinto de dieciocho mil salidas en falso en que te has metido por mucho que tu madre te pregunte por qué. Por qué, hija, por qué.

(Gracias, a todo esto, mamá, por nunca hacer esa pregunta en alto).

El artículo de Yolanda se llama No uses la falta de espacio como excusa.

Hay muchas otras cosas que usamos como excusa. Mi bandeja de correo y mi memoria están llenas de personas que me cuentan, semana tras semana, por qué lo tienen tan difícil para escribir.

Eh, yo no voy a juzgar a nadie. En muchos sentidos, lo tengo más fácil que otras personas. Y muchas de esas “excusas” que damos son excusas reales, razones de imposibilidad, de peso muy pesado.

excusas para no escribirAlgunas excusas son perfectamente válidas. "Mi pelo ha tomado conciencia de sí mismo y me he levantado que parezco el tipo ese de Hellraiser" es una de mis favoritas.

Muchas otras veces no lo son. Y la falta de sinceridad que tenemos para con nosotros mismos (sí, claro que me incluyo) nunca deja de sorprenderme.

He enumerado las once excusas que creo que son más comunes, las que más escucho, y ofrezco algunas sugerencias para analizar si son excusas reales o falsas, para intentar demolerlas de una vez por todas.

Empezamos con aquella que inspiró este artículo: la falta de un espacio adecuado.

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14 lecciones que he aprendido en 1095 días de escritura

Diciembre 1, 2015 — by Gabriella34

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Hoy es 1 de diciembre de 2015 y hace exactamente 1095 días que empecé a escribir.

En realidad miento un poco. Escribía desde mucho antes. Lo preciso sería decir que hace 1095 días que empecé a escribir a diario. A tomarme en serio esto de juntar letras. Tres años de hábito.

El otro día leí un esquema que hizo James Altucher basado en todas las personas que había entrevistado en su podcast. Según Altucher, estas personas, todas ellas muy destacadas en sus campos, tenían un camino en común, un camino entregado a un enfoque, a una meta, en el que solía darse este proceso (que he adaptado aquí para nosotros los escritores):

  • Año 1: El primer año. Es tiempo de leer mucho sobre tu oficio y de experimentar con plataformas, de escribir y aprender.
  • Año 2: Practicas a diario, sacas tiempo de donde no lo hay para escribir, leer y comunicarte con otros. Empiezas a reconocer qué personas son influyentes en las esferas que te interesan y a cuáles admiras. Empiezas a hacer contactos y a entender cómo funciona realmente el negocio (para bien o para mal, y es importante aceptar la parte mala).
  • Año 3: Empiezas a ser bueno en lo tuyo. Si has sido persistente y tienes metas claras en mente, aquí ya tienes un seguimiento bola de nieve y tienes ya algún libro o publicación en el mercado. Probablemente es malo y vende poco. No importa.
  • Año 4: Ya obtienes ingresos de aquello que estás haciendo o de actividades relacionadas. Sigues escribiendo, publicando y relacionándote con personas de todas las esferas (insistamos aquí en la importancia de los sistemas abiertos).
  • Año 5: Aquí ya tendrías que haber alcanzado alguna de tus metas importantes.

Obviamente este esquema no es universal y varía mucho según el sector. Pero creo que es interesante para hacernos una idea de cómo aquellos a los que admiramos o aquellos que tienen éxito en su sector pueden llegar a coincidir en mapas de este tipo. Y que es raro que algo de verdadera importancia se consiga en menos de cinco años.

Creo que estoy en ese segundo año, intentando poner un pie en el tercero. Llevo tres años sin parar de escribir, pero solo dos con una obcecación malsana, con la vista puesta en el premio, saliendo constantemente de mi comodidad personal, de mi área de conocimiento y tolerancia, para intentar meter la patita en el siguiente nivel de este gran juego que podríamos llamar The Writing Life: Special Edition.

¿Pero por qué empecé este desafío?

El primer par de años escribía un mínimo de 200 palabras de ficción. Luego fui subiendo las cantidades y me encontré con un efecto embudo: muchas palabras escritas y sin tiempo para corregirlas. Así que reduje esas 200. Ya no hay mínimo, siempre que escriba. Mi condición, simplemente, es escribir antes de que empiece el nuevo día. El miedo a romper la racha es grande.

Empecé porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. No hacía más que empezar proyectos, desafíos y dejarlos a medias. Sabía que si podía con esto, podría con otras cosas. Escribir 200 palabras de ficción al día suena fácil, pero cuando llegan las once de la noche y acabas de terminar de trabajar, lo último que te apetece es ponerte a largar cuento, novela o poesía.

Empecé porque quería enfocar, concentrarme, dejar de dar saltos de un lado a otro y seguir con algo durante el suficiente tiempo como para ver si era lo mío.

Las condiciones cambian. Durante dos años fueron 200 palabras de ficción. Luego fueron menos palabras, para intentar compatibilizarlas con todas las que escribía para el blog, pero seguían siendo de ficción. Ahora que estaré metida en un proyecto de ensayo un par de meses más, sospecho que tendré que concentrarme en palabras de no ficción. Pero seguiré escribiendo todos los días. No me imagino cómo sería no hacerlo.

Lo cual me lleva a la primera lección aprendida, la primera en esta lista que os presento.

Estas son las cosas que yo he aprendido del acto de escribir todos los días durante tres años, sin faltar una sola vez a la cita. Probablemente vosotros no necesitéis enfocar vuestra escritura de esa manera, y seguramente vuestras experiencias serán muy diferentes, pero tal vez esto puede empezar a expresar por qué una acción tan sencilla ha cambiado mi vida entera.

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Cosas inesperadas que los escritores podemos aprender de Steve Jobs (y otros recortes literarios)

Septiembre 11, 2015 — by Gabriella21

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Antes de nada, el disclaimer necesario. No soy una fangirl de Jobs, ni me gusta Apple.

De hecho, en mi familia, Apple es una palabra prohibida. Mi padre trabajó con los primeros ordenadores en Londres, con macrosistemas que ahora nos harían llorar, con lenguajes de programación que han enloquecido a más personas que los primigenios de Lovecraft. Mi hermano es un obseso del hardware, y para trabajar con hardware y modding y con personalización absoluta, el PC es el rey.

Ya. Igual se quedaron todos un poco decepcionados cuando a mí me dio por la literatura.

Hay mucho que se discute sobre la figura de Jobs. Que si fábricas de Apple en países asiáticos con empleados a nivel esclavo, que si tenía un mal genio alucinante, que si traicionó a más de uno… Etc. Sobre eso hemos leído todos. También sabemos que de joven tenía un parecido asombroso con Ashton Kutcher.

Todo esto no quita que personas como Jobs nos fascinen, tanto por su carisma como por su obvia genialidad. ¿Pero qué es realmente lo que convirtió a Jobs en un rey de multitudes, en un referente en la industria? Bastardos (si es que era tan malvadísimo como lo pintan algunos) hay por todas partes. ¿Hay algún punto en común, alguna habilidad especial que se observe no solo en él, sino en otros emprendedores del mismo alcance, personas como Richard Branson, Elon Musk, Jeff Bezos y similares?

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8 atajos para recuperar la motivación (y otros recortes literarios)

Septiembre 4, 2015 — by Gabriella5

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Aburrimiento. Indecisión. Sin metas fijas, sin ilusiones. Sin saber hacia dónde tirar. Sin motivación.

¿Te suena de algo?

La motivación no es determinante para conseguir algo: lo determinante es el trabajo diario y para eso nunca hay motivación suficiente. Aun así la perseguimos, a la busca de la nueva emoción, de ese subidón que nos da comenzar un nuevo proyecto o leer un libro que nos restaura la fe en nosotros mismos.

Hay detonantes, trucos que nos permiten volver a ponernos en el camino adecuado o, por lo menos, en el camino menos nefasto (ese que conduce a la abulia y a la desesperanza). Atajos para recuperar la ilusión.

De eso quiero hablaros hoy.

A riesgo de pisarme con mi artículo sobre cómo volver a enamorarte de la escritura, creo que merece la pena comentar los hacks para recuperar la motivación que propone Steve Pavlina. Más que nada porque no solo sirven para darle un acelerón a tu escritura, sino también a tu vida en general.

Pavlina es un ser polémico y yo misma desconfío de mucho de lo que escribe. En el último par de años se ha vuelto un poco demagógico para mi gusto y tiene salidas new age que a veces huelen a pseudociencia y a espiritualismo exacerbado. Pero eso no quita que, cuando no está hablando de talleres de crecimiento personal, de subjetivismo extremo y de su comunión con el mundo, siga proporcionando contenidos realmente buenos. Recomiendo su blog también por sus experimentos variados, desde el sueño polifásico hasta el poliamor y el BDSM. No se corta un pelo y personalmente admiro mucho su valentía a la hora de enfrentarse a supuestos fundamentos de nuestra vida diaria.

Pero vamos a lo que vamos. Hace poco publicó en su blog un artículo con atajos para volver a encender la chispa de la motivación. Aquí los traigo, calentitos:

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6 formas de acabar con la procrastinación (que realmente funcionan)

Julio 14, 2015 — by Gabriella53

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Oh, la procrastinación. “Vuelva usted mañana“. Enemiga de musas, premios, resultados. Triste nombre (bueno, triste no, como palabra me parece megabonica) para definir esa sensación de inevitable aplazamiento, ese bucle infinito de “ya lo haré luego”.

A menudo la procrastinación se convierte en una entidad casi superior, en un ataque directo a nuestro poder de decisión, al igual que esa vocecilla de “eh, tienes que terminarte esa bolsa de patatas fritas, no vas a dejarlas ahí, ¿verdad?”. Es una pérdida de control, una patada al lóbulo frontal del cerebro. Uno se rinde a su destino y su destino es no terminar nunca nada (ni dejarse sin vaciar una bolsa de patatas).

Lo gracioso es que esa especie de divinidad malévola ni siquiera existe. Claro que podemos dejar sin terminar la bolsa de patatas (¿y dejarlas ahí? ¡Qué desperdicio!). Claro que podemos hacer esa tarea ahora mismo (¡pero por qué, si mañana también puedo!).

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¿Por qué es tan difícil sentarse a escribir? (y otros recortes literarios)

Junio 26, 2015 — by Gabriella16

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“Lo que me cuesta es ponerme”, me dicen, leo y oigo, esté donde esté. Sobre todo me lo dicen autores que llevan poco escribiendo (o los que escriben poco).

Lo difícil, dicen, es el acto de sentarse a escribir.

Los que sí llevan años escribiendo, soltando palabras como si fuera lo más importante del día (y del mes y del año), no suelen decir frases como esa, porque escribir es un hábito tan integrado que decir que te cuesta ponerte es un poco como decir que te cuesta almorzar o tumbarte en la cama por la noche. Aun así, creo que incluso estos maestros de la obligación sienten lo que podríamos llamar resistencia.

Esta mañana fui a nadar, como suelo hacer un par de veces a la semana. No tenía ganas. En el agua ya, sentí esa misma resistencia.

Noto también esa resistencia en otros sitios. Cuando hago yoga. Loca, loca, loca. ¡Con lo bien que estarías en casa sentada leyendo, viendo series, charlando por Facebook!

Es la misma resistencia que gruñe y se retuerce, que me ataca justo antes de sentarme a meditar. No hago más que romper con esa costumbre. Cómo cuesta ponerse a meditar. Es tal vez la resistencia más poderosa de todas.

¿Qué tienen en común todas estas actividades? No se trata de hacer algo que no me apetece. Muchas cosas no me apetecen, pero las hago sin más (bueno, tal vez con unas cuantas quejas y lamentos). Hoy leí un artículo llamado A New Theory of Distraction (Una nueva teoría de la distracción), y fue entonces cuando lo comprendí.

Lo que tienen en común todas estas actividades (escribir, nadar, hacer yoga, meditar) es que me obligan a estar conmigo misma.

Nada de distracciones: solo el teclado (o el bolígrafo), el agua, mi cuerpo y yo. Y en el caso de la meditación, lo más terrible de todo: conmigo misma y mis pensamientos. No pensar a secas, no. Eso lo hago mucho. Observarlos. Ver qué pienso, sin juzgar (y cómo me gusta juzgar). La resistencia de la que hablaba no es más que mi propia mente, acostumbrada al sobreestímulo constante de internet, de mi teléfono, de mi entorno tanto real como virtual, que chilla en busca de sus distracciones habituales. Porque no le gusta quedarse sola. Creo que no se gusta demasiado. Se considera un tanto aburrida.

Rothman y una nueva teoría de la distracción

Joshua Rothman habla en el New Yorker de una nueva integración de las dos teorías principales de la distracción. Para esto, nos explica estas dos teorías principales: la primera es que dichas distracciones vienen de los avances tecnológicos, demasiado rápidos para ser asimilados por completo por nuestro cerebro. Esta teoría es optimista, porque si la culpa de todo la tiene la tecnología, con modificar la tecnología lo solucionamos todo, ¿cierto?

El problema está en la segunda, cuyo arreglo no es tan evidente:

Joshua Rothman

Esta segunda gran teoría es espiritual: es que estamos distraídos porque nuestras almas están afligidas. Puede que el cómico Louis C. K. sea el mayor exponente contemporáneo de esta forma de pensar. Hace un par de años, en Late Night con Conan O’Brien, argumentó que la gente es adicta a sus teléfonos móviles porque “no quieren estar solos ni por un segundo, porque eso es muy difícil” (David Foster Wallace también veía así la distracción). La teoría espritual es aún más antigua que la materialista: en 1874, Nietzsche escribió que “la prisa es universal porque todo el mundo está huyendo de sí mismo“; en el siglo XVII, Pascal dijo que “todas las miserias del hombre derivan de no ser capaces de sentarnos en una habitación a solas, en silencio“.

A mi juicio (y al de Rothman), el problema está en que ambas teorías son compatibles. Unimos a nuestras tendencias evasivas una mayor proporción de distracciones fáciles. Rothman propone una nueva teoría de la distracción, una en la que en vez de evitar dichos estímulos, en vez de ofrecer esa resistencia, abandonemos las distracciones fáciles y repetitivas y nos concentremos en otras más intensas, más reales. Creo que Rothman está hablando, aun sin saberlo, del mindfulness, ese estar en el momento y realmente vivir cada experiencia, por banal que sea.

La resistencia está ahí, pero poco a poco aprendemos. A nadar, a meditar, a correr… a cualquier encuentro con nosotros mismos. Aprendemos a hacernos esa taza de té, sentarnos frente al teclado y a dejar que la musa baje (o no) y nos susurre (o nos chille), disfrutando de cada palabra escrita, bailando con cada frase como si a nosotros también nos fueran a cortar la cabeza a la mañana siguiente, pobres sherezades que somos.

No sé qué opináis: pocas formas de mindfulness encuentro, pocas formas de perderse (y encontrarse) en el momento tan poderosas como sentarse a colocar una palabra tras otra. Si determinadas actividades físicas podrían ser la unión de mente y cuerpo, la recuperación de nuestro espacio físico y mental, escribir podría ser un reencuentro entre nuestros miedos, emociones y subconsciente. Como soñar en vivo y en directo.

Insuperable, sospecho.

Thorpe y el desencuentro con los lectores

Rufi Thorpe, que hace poco publicó su primera novela, The Girls from Corona del Mar, escribió un artículo realmente fantástico llamado The Frightening and Wondrous Things That Will Happen to You When You Publish Your First Novel  (Las cosas aterradoras y maravillosas que te ocurrirán cuando publiques tu primera novela). Hay demasiado ahí que me hizo emocionarme, sobre todo cuando cuenta cómo reaccionan ciertas personas cercanas, personas no escritoras que se creen con todo el derecho del mundo a explicarle a ella, a la autora, todo lo que está mal en su libro. Y es que una cosa es leer una reseña en Goodreads de alguien a quien no conoces y otra muy distinta es que alguien con quien mantienes una conversación en vivo y en directo se empeñe en insistir, como si no lo hubieras oído nunca, todo aquello en lo que te equivocaste, convencido/a de que, mediante esta repetición de tópicos que ya has oído una y otra vez, te está haciendo un favor inconmensurable.

Y no hablemos ya de otro tipo de crítica…

rufi thorpe

Al principio esto hace que te sientas enfadada y luego arrepentida. Miras sus otras reseñas. Miras los libros a los que les dieron cinco estrellas. Una mujer, que te odió tanto que su reseña se convirtió en un sinsentido más o menos a la mitad, le dio cinco estrellas a un libro llamado: Teñido con nudos: Un misterio en el arte de hacer una colcha. Y entonces lo entiendes. Esta pobre mujer compró tu libro por error y acabó horrorizada. Te gustaría poder disculparte con ella personalmente y devolverle su dinero. Te encoges al pensar en cada joder que acosó a sus pobres oídos. Después de eso, ya no te tomarás las reseñas malas de forma tan personal, pero también te resultará más sencillo dejar de leerlas.

A veces tenemos que aceptar que nuestro libro no es para todos los públicos, que no está destinado a ser un libro para la mayoría, hecho para todos. Y creo que eso es bueno, que no lo sea. Siempre hacen falta libros a los que no se les haya recortado su personalidad hasta que solo queda lo de siempre, aquello que ni ofende ni entusiasma, porque lo hemos leído mil veces.

Y los comentarios también pueden venir de alguien muy diferente a la señora de las colchas, alguien que te recuerda a ti misma, hace mucho tiempo. Y es ahí donde piensas que tal vez todo eso de las reseñas y las críticas pueden servirte a ti también, no solo a los lectores, y no solo para mejorar lo que haces, sino para redescubrirte a ti misma:

rufi thorpe

Te habrás olvidado de ti misma. Habrás olvidado la belleza y la pureza y el dolor de ser tan joven. Estarás tan agradecida por haber recibido el regalo de que te lo recordasen. Estarás tan agradecida de que alguien haya leído tu libro y sentido esas sensaciones contigo y de que se haya hecho amiga del fantasma de tu mente.

Muchos escribimos con esa secreta esperanza. De que alguien se haga amigo/a del fantasma de nuestra mente.

Amis y romper la cuarta pared

Sí, sí, Martin Amis tiene mucho en su contra y no le faltan detractores. Pero cuando lo leo me maravillo ante su habilidad para crear música. Puedes coger cualquiera de sus párrafos al azar y analizarlo: una frase larga. Dos cortas, contundentes. Otra larga. Dos cortas más, afiladas. Otra larga, muy larga, recargada y aliterativa. Y al final, tres palabras, y la última tiene un contraste fonético absoluto con los sonidos de las anteriores. Solo entonces te das cuenta de las vocales predominantes en el resto del párrafo. Y las frases están sonando en tu cabeza, escuchas la voz del narrador como si escucharas la melódica seducción de un cantante experto (algo ronco, pero experto). Además, Amis abusa de los adjetivos con alegría y desenfado, pero los coloca con tal precisión que ni siquiera te das cuenta. Lo cual demuestra, una vez más, que no se trata de seguir “las reglas” a rajatabla. Se trata mucho más de entender el lenguaje y su ritmo, de entender cómo funciona y aplicar esos conocimientos. Para que luego digan que la sintaxis no sirve para nada.

Otro de los recursos habituales en esta sinfonía “amisiana” es la conversación directa con el lector, esa ruptura de la cuarta pared que puede ser tan magistral cuando se hace bien. Este extracto en concreto es de Dinero, en algunos de los momentos puntuales en los que el narrador no solo se dirige al lector, sino que le proporciona instrucciones de lectura:

martin amis

—Sí —dije y empecé a fumarme otro cigarrillo. A no ser que te informe de ello específicamente, siempre estoy fumando otro cigarrillo.

Las peripecias formales de Amis me impresionan, como me resultan impresionantes las de tantos otros escritores maestros. Es inevitable querer parecerse a tus héroes, querer convertirte tú también en algo brillante.

Porque lo peor que podemos hacer es contentarnos con ser mediocres, ¿verdad?

Manson y el atractivo de la mediocridad

El problema de la grandeza, como he comentado muchas veces, es que solo vemos los resultados. No vemos las horas de trabajo, el sudor y el esfuerzo, las peleas con el editor, los viajes personales, físicos y espirituales. Internet nos bombardea de imágenes y vídeos de personas que hacen cosas extraordinarias. No nos enseña el camino, el proceso. Como dice Mark Manson:

mark manson

Hay una especie de tiranía psicológica en nuestra cultura actual, una sensación de que siempre tenemos que andar probando que somos especiales, excepcionales siempre, pase lo que pase, solo para que ese momento de ser excepcionales desaparezca, arrastrado por la corriente de toda la demás grandeza humana que está ocurriendo de manera constante.

Todo esto va muy unido a las reflexiones de Manson sobre la cultura de la atención, en la que ya no importa tanto el dinero o poder que tengamos, sino el caso que nos hagan (un valor en gran demanda en una sociedad de distracción extrema).

Tal vez sea más útil aceptar que nos ignoran, aceptar que no podemos ser excepcionales siempre, como bien apunta Isaac Belmar:

Si hay un drama, no es el de que todo el mundo nos esté mirando y señalando con el dedo, es el de que somos insignificantes, en lo bueno y en lo malo. Y esos instantes en que no lo somos tampoco importan mucho, pues enseguida nos olvidan. Aquella vez que hiciste el ridículo ante quien te gustaba, aquel fracaso y aquel éxito… En realidad nadie miraba y nadie se acuerda.

Pero dice Manson que esa aceptación de la mediocridad, la aceptación de que, por simple estadística, todo está en contra de que alcancemos la cima, lo excepcional, es también una forma de liberación. Si no podemos ser excepcionales en todo, por qué no concentrarnos en una sola cosa. No necesariamente para ser genios ni sorprendentes, sino porque queremos:

mark manson

Tras esto, esa presión constante de tener que ser algo asombroso, ser el próximo éxito de moda, desaparecerá. El estrés y la ansiedad por sentirte inadecuado se disiparán. Y el conocimiento y aceptación de tu propia existencia mundana te liberará, te permitirá conseguir lo que realmente quieres conseguir, sin juicios ni pesadas expectativas.

Apunto otra perspectiva interesante. Aunque se nos bombardee con lo excepcional, esa no es más que otra indicación de lo fácil que es conseguir algo digno de admiración. En una cultura donde se habla mucho del esfuerzo, pero en realidad se practica poco, no hace falta llegar a la cima. No son necesarias las 10000 horas. No tienes que ser Hemingway, ni Amis, ni Franzen ni Cortázar. Con 1000 horas estarás muy por delante de todos los demás. Y tal vez no salgas en los periódicos, ni hagan un vídeo con tus méritos en Youtube con millones de visitas, pero podrás hacerte un hueco en tu nicho, en aquello que amas.

Como escribir, por ejemplo.

Al final supongo que se trata simplemente de liberarse de las expectativas. De las comparaciones, la frustración y la envidia.

Y seguir tu propio camino.

 


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¿Cuándo estuviste a punto de abandonar? (Y contestan 15 escritores)

Junio 23, 2015 — by Gabriella34

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No, no estamos picando en una mina en Marte bajo el látigo implacable de un supervisor apestoso. No estamos ayudando a un granjero de Iowa a inseminar a todas sus vacas. No somos policías en un pueblo perdido de la mano de Zeus donde de repente el 99% de la población se ha despertado con un apetito insaciable de carne humana. No es tan terrible esta afición/oficio/como-quieras-llamarlo que es escribir.

Aun así, creo que pocas cosas hay tan duras para el ego, la confianza y la creencia en un futuro (cualquier futuro) que esta manía de juntar letras y esperar que tengan sentido y queden bonicas.

(Bueno, tal vez cualquier otra profesión artística. Y muchas cosas más. Pero es parte del oficio de escritor ponerse melodramático).

Da igual que hablemos de autores aficionados, escritores ocasionales. De cuentistas habituales, redactores profesionales o creadores de contenido pornográfico para hombres de 27,5 años, de más de 1,80 de altura, que vivan en la parte norte de Cáceres (¡nicho de mercado!). Yo diría que casi todos hemos pasado por ese momento. O por muchos de esos momentos. El momento del “casi”. Del adiós, muy buenas. De asomarse a la ventana, ver si pasa alguien que nos cae mal y tirarle el ordenador que contiene nuestro último libro a la cabeza (¿no? ¿Solo yo? ¿En serio?).

El primer rechazo (y el decimosexto). El(los) libro(s) que no vende(n). Una crítica atroz. Cualquiera de esos instantes en que deseamos dejarlo todo. Esos instantes en los que lo de la mina marciana no suena tan mal (mmmm, látigo). En que estamos a punto de abandonar.

Y, sin embargo, por alguna razón extraña que todavía no entendemos, no lo hacimos. Seguimos adelante. Seguimos escribiendo.

No os voy a hablar de mis momentos de abandono; eso mejor me lo guardo para el día en que me quede en blanco y aporree la pantalla con la cabeza, sin saber qué más contaros. Voy a hablaros de los de quince escritores que han tenido la amabilidad de compartir conmigo sus experiencias. Vienen a contarnos ese instante terrible y también vienen a contarnos qué los hizo salir del agujero. A todos les pedí que me enviaran además una imagen que representara para ellos el optimismo, ese cambio desde el momento de desánimo y la actualidad.

Aquí os dejo con ellos. Pensé que todos seguirían patrones similares de desamparo, pero cada historia es única, diferente. Espero que os resulten tan fascinantes como a mí:

Juande Garduño

juande garduño

Juande aparece en esta foto con Matthew Fox, actor protagonista de la adaptación al cine de su novela Y pese a todo.

La verdad es que tu pregunta me ha hecho recordar que una vez sí que estuve a punto de dejarlo. Fue con poco menos de treinta años, antes del éxito de Y pese a todo. Estaba asqueado de que todas las editoriales me rechazaran manuscritos y pensaba que nunca publicaría, así que me dediqué durante un año y medio a leer, sin escribir ni una sola palabra. No me torturé demasiado, pero un día tenía mucho mono de escribir y me puse. Y así hasta hoy.

Álex Portero

álex portero

Álex me manda una foto de su zona actual de trabajo, y me dice que la imagen fue tomada a mediodía, algo que antes, durante más de diez años, habría sido imposible:

Estuve muy cerca de abandonar hace un par de años, algo menos. Mi trabajo diario, por entonces seguía trabajando en la librería, hacía que tuviese que ponerme a escribir alrededor de las 11 de la noche, cada día. La propia frustración devenida por desempeñar una labor diaria que me tenía 12 horas fuera de casa, el cansancio, y la desconfianza, hacían que fuese incapaz de terminar la mayoría de las cosas que comenzaba, si lo conseguía, el resultado siempre me parecía mediocre, condicionado por la situación de cansancio. Por no hablar de la paradoja del librero: la falta de tiempo para leer, y si no lees, es una irresponsabilidad ponerse a escribir. Leía, siempre lo he hecho, pero menos de lo que debe hacerse si te dedicas a escribir libros.

La desconfianza en mi obra, unos resultados mediocres y mucho cansancio, estuvieron a punto de hacerme abandonar. No sólo la literatura, casi todo lo que me importaba.

En el presente, estoy en condiciones de dedicarme exclusivamente a la literatura, por un tiempo, veremos si todo lo expuesto antes era cierto y no una excusa. Dejarlo sigue siendo una opción si los resultados no cumplen mis expectativas.

Daniel Pérez Navarro

daniel pérez navarro

Daniel me manda una foto suya, reciente y feliz. Me explica qué ha cambiado para él:

Una difícil situación personal me llevó a romper con casi toda la actividad literaria: dejé de escribir artículos musicales, abandoné los foros de música y libros y las listas de correo y me di de baja de las pocas asociaciones a las que pertenecía. En 2011 publiqué 2 libros. Uno en AJEC cuando estaba claudicando, que no tuvo distribución, y otro en Viaje a Bizancio, en la que también fui de los últimos libros en salir y apenas se leyó. Me pregunté, ¿para qué ese esfuerzo? La salida de la crisis no fue el abandono. Volví a escribir con dos condiciones. La primera, que no me daría de codazos en el mundo editorial. Nada de más concursos. Ya tengo un buen trabajo, pasaría del modelo liberal de la economía aplicado a las letras, escribiría sólo si no había un objetivo a la vista y se lo ofrecería a quien mostrara interés. También reduciría el número de apariciones: no tenemos tantas cosas que contar y repetirse me parece una mala opción. La segunda, debía olvidarme de mí, los libros tenían que hablar de otros. El fruto de esa salida de la crisis fue 14 maneras de describir la lluvia, que cumplía los dos requisitos.

Jaume Vicent

jaume

Jaume, al que seguramente conoceréis por el blog Excentrya, me manda como imagen un manuscrito que anda ahora corrigiendo. Es el mismo manuscrito del periplo editorial que nos cuenta aquí:

Estuve a punte de dejarlo después de los enormes problemas que tuve con la editorial que debía haber publicado mi primera novela. Me sentía engañado, me sentía muy defraudado y me sentaron muy mal ciertos comentarios personales que me hizo uno de los directores de la editorial, fueron comentarios horribles; una rabieta por haber rescindido mi contrato, un contrato que ellos no estaban cumpliendo.

Me sentí solo, estafado y engañado. Sentí que todo el trabajo que había estado haciendo no valía la pena, que mi trabajo nunca sería lo bastante bueno, que yo no era lo bastante bueno para estar aquí, que nada de todo esto valía la pena, en ese momento, lo único que podía pensar era que en este mundillo sólo hay buitres y ratas.

Por suerte, me sobrepuse, en ese momento estaba trabajando con otras personas y ellas me dieron fuerzas y el empuje necesario para continuar, me ayudaron a confiar en lo que escribo. Desde ese momento dejo que mis historias hablen por mí. La mejor decisión que tomé fue seguir haciendo esto.

Juan Carlos Vicente

Juan carlos vicente

Juan Carlos me envía una foto del documento en que está trabajando ahora. Dice: “Creo que no hay nada que refleje mejor que uno escribe que la propia escritura”. Y me cuenta esta experiencia:

Cuando publiqué el año pasado mi novela Opus, trabajaba como copywriter en régimen de autónomo. Puede parecer algo idílico, trabajar escribiendo, pero, en mi caso, no ha sido así.

La novela Opus está inspirada en mis experiencias trabajando para el Opus Dei (no soy del Opus, ni siquiera afín a la institución de la Iglesia). La mandé a alguna editorial, y recibí alguna carta de rechazo, por lo que decidí optar por la autopublicación en Amazon (Kindle y Createspace).

Al poco, recibí algunos correos poco amables (no amenazas, aclaro) de miembros del Opus y alguna llamada de gente relacionada con mi antiguo trabajo (querían saber qué había salido a la luz), varias llamadas con número oculto a horas intempestivas, y se me cayeron tres clientes que, tras investigar más tarde, descubrí estaban relacionados con la secta.

Entré en una crisis creativa, me agobié por el tema de las facturas, y mi trabajo de copy (teniendo en cuenta que no me entusiasmaba) se resintió en cuanto a productividad.

¿Realmente merecía la pena seguir escribiendo, tener un feedback casi exclusivo (y negativo) de gente relacionada con lo que se contaba en la novela, habiendo vendido apenas 200 libros? ¿No sería mejor escribir de forma privada, sin publicar nada, o esto en realidad es algo contra natura en alguien que lo que pretende es contar historias? ¿Tiene sentido el esfuerzo cuando la recompensa, a veces, es tan pequeña?

Fueron dos meses complicados, sin escribir. Pero “estar liberado” no me hizo más feliz, al contrario.

Es lo malo de la escritura, si te atrapa, ya no hay salida.

Enara López de la Peña

enara lópez de la peña

Enara me manda una foto actual suya, escribiendo. Me gusta su historia, porque estoy convencida de que no hay nada como leer un libro malo para dejar de lado las dudas y los miedos:

Yo soy periodista. Me licencié en el año 2010. Nací en San Sebastián, estudié en Pamplona, estaba de becaria en la Eitb (televisión pública vasca) y cuando acabé me vine a vivir a Jaén con mi pareja, con una beca para el periódico local. Todo parecía que iba a ir como la seda, pero en el último momento rechazaron mi propuesta y terminé trabajando en una tienda de ropa para niños. Algo era, había que sobrevivir, lo sé, y aun así al principio me resultó tremendamente duro. Más que nada porque yo ya tenía una novela en mente, una historia que había empezado a escribir con mucha ilusión. Sin embargo, con este golpe la dejé por completo. Me sentía infravalorada, desechada. Si no servía ni para trabajar de lo mío, escribiendo en un medio de comunicación, ¿quién leería cualquiera de mis textos? Más aún, textos de fantasía o paranormal. ¿A quién le iba a importar lo que podía contar? A nadie, por supuesto.

Estuve un año sin escribir. Ni siquiera lo hacía en las redes sociales, ¿acaso a alguien le interesaría mi vida? ¿Mis palabras? Iba a rendirme, hasta que ocurrió: leí Vampire Academy, de Richelle Mead. Fue una novela que me impactó porque me pareció terrible. Horrible. Mal redactada, mal narrada, mal argumentada, con personajes arquetípicos sin sabor ni atractivo. Y pensé: “Qué demonios, yo puedo escribir algo mejor”. Así que retorné al texto de Word, acabé mi novela Mak, amapola de sangre (en busca de editorial) y ya no pude parar. Hoy día sigo publicando semanalmente textos en mi blog.

Ana Nieto Morillo

ana nieto

Ana me envía una foto con la antología Conjuras, en la que participó hace poco con el relato Los caminos alternativos de la magia. Cualquiera lo diría, sabiendo que estuvo muy cerca de abandonar, y todo por una crítica muy destructiva. Nos cuenta aquí el momento en que casi abandonó:

Cuando terminé mi primera novela. Sí, sé que suena contradictorio. Un profesor insistió en leer aquel tocho y yo (ingenua) se lo presté con gusto. No esperaba alabanzas, sino una crítica dura, pero constructiva. Ansiaba que me leyeran para así conocer mis debilidades y fortalezas… porque algo habría hecho bien, ¿no?

Recibí algo distinto. Una crítica destructiva, la más hiriente de todas las que he ido acumulando en años posteriores… Según él no había nada que mereciese la pena. Trató de convencerme para dejarlo de inmediato, aseguró que estaba desperdiciando mi vida, que como mucho esas cosas se hacían en la vejez. Hizo cuanto estuvo en su mano para que yo creyera que no valía.

Que nunca valdría.

Volví a casa destrozada, escribir era lo que más me gustaba desde que podía recordar. Durante aquella tortuosa tarde me planteé si valdría la pena, pero algo en mi interior —quizá algo que navegaba en mi sangre—, me gritó que no podía hacer eso, pues estaría traicionándome a mí misma.

Ese día curioseando en Youtube me topé con una charla de Jordi Sierra i Fabra en un colegio de Medellín. Jordi les hablaba a los chicos de sus inicios, de cómo fue maltratado en un colegio franquista. Nadie creía en él. Hasta que se dio cuenta de que había alguien que sí lo hacía. ¿Adivináis de quién se trataba? En efecto, ÉL mismo.

Para mí aquello fue una suerte de epifanía.

Ese ha sido mi momento más oscuro, pero me hizo fuerte.

Ignacio J. Borraz

ignacio j. borraz

Creo que Ignacio da en el clavo al proponer un cambio de formato para reiniciarse, para volver a cogerle gusto a la escritura. Me envía una foto suya firmando una antología de varios autores en Sant Jordi, y me cuenta:

Debe de hacer ahora aproximadamente un año. Llevaba más de nueve meses trabajando en la idea de una antología de relatos propios y me di cuenta de que no estaba satisfecho con los que había escrito, idea que compartían mis compañeros y compañeras en la Escuela de Fantasía. De repente, esa realidad me cayó como un mazazo y estuve varias semanas planteándome si valía la pena seguir.

Al final, abandoné la idea de esa antología pero conseguí no abandonar la escritura. Me reinventé, probando con los microrrelatos y poco a poco aparecieron ideas más extensas y he regresado a la senda del relato en estos últimos meses sin abandonar los microrrelatos, formato al que he cogido bastante cariño.

Lola Robles

lola robles

Lola me manda una foto suya reciente, cómo no, escribiendo. Su caso es diferente a los demás que hemos visto. ¿Qué ocurre cuando uno no puede escribir, no por desesperación, sino por algún impedimento físico?

El momento de mi vida en que pensé que no podría seguir escribiendo fue a partir de 2006, cuando empecé a tener problemas visuales severos. Desde niña era muy miope, porque me tocó la bola negra en la herencia genética, pero en 2006 mi degeneración macular avanzó mucho.

Desde entonces he tenido que adaptarme a mis limitaciones. Por fortuna conseguí afiliarme a la ONCE, y gracias a su magnífica biblioteca sonora puedo seguir leyendo. Escucho sus audiolibros y también otros que yo me hago con un programa casero. Gracias a la ONCE también he aprendido a manejar otro programa con el que puedo escribir en el ordenador sin mirar la pantalla, pues la luz me cansa mucho. Asimismo uso un IPhone, en el que hay una aplicación con la que se puede dictar y que lee mensajes y libros digitales.

Para escribir, generalmente redacto la primera versión en una mini grabadora de un texto, luego la escucho y la “paso a limpio” grabándola en otro aparatito. Una vez consigo una versión suficientemente válida la transcribo en el ordenador, y este tiene un programa que me lee los textos, para corregirlos.

En fin, escribo muy despacio, pero la literatura y la escritura son mis pasiones y mientras me sea posible no prescindiré de ellas.

Últimamente paso mucho tiempo sentada con los brazos cruzados y cara de pocas amigas esperando que algunos de mis más recientes artículos y manuscritos míos que andan rodando por ahí sean publicados.

Victor Selles

victor selles

Victor, a quien seguramente conoceréis por el blog Moral de frontera, me envía una foto de su escritorio actual y me habla de escribir y de fumar:

El momento en el que casi dejé de escribir fue el mismo momento en el que dejé de fumar. Cuando abandoné el vicio, me entró el mayor bloqueo de escritor que he tenido nunca. Se supone que para poder vencer la tentación de volver a fumar, debes dejar de hacer todas las actividades que asociabas al tabaco. Y para mí, escribir y fumar eran la misma cosa. Así que tuve que dejar de escribir, y cuando quise volver, era como si se me hubiera olvidado.

Me pasé un año entero sin escribir nada.

Nunca podría haberme imaginado que el humo estaría tan relacionado con la inspiración y con la concentración.

Creo que de verdad estuve a punto de dejarlo del todo. Sin embargo, con bastante esfuerzo y disciplina conseguí superarlo, y ahora escribo con mucha más frecuencia que antes. Por eso sé que nunca volveré a fumar. Para mí, escribir es demasiado necesario.

 C R Villanueva

c r villanueva

Y aquí tenemos otra imagen de una mesa de trabajo, una imagen que representa el trabajo actual de esta autora y bloguera que casi lo dejó por una experiencia muy poco satisfactoria con una agencia:

Fue el momento en el que recibí la respuesta al informe de lectura. Debería haber sido un momento feliz, y lo fue, pero yo me había estado haciendo ilusiones de que a la agencia donde se lo había enviado me lo iba a publicar. En realidad lo único que hicieron fue cobrarme por leer la novela y enviarme un informe donde me decían que todo estaba bien y que el libro tenía un tema interesante. Yo me quedé con cara de: “¿Y qué más?”. Fue todo un poco decepcionante, además se me juntó que comenzaba un nuevo trabajo en un nuevo lugar y las tentaciones de dejarlo fueron más fuertes. Estuve meses sin escribir casi nada, hasta que me di cuenta de que era eso a lo que quería dedicarme, a lo que iba a dedicar mis mayores esfuerzos.

Juan José Hidalgo Díaz

juan jose hidalgo díaz

Fotos como las de Juan José me hacen especial ilusión porque me envía una imagen en el entorno de su trabajo “de día”. Fotos así son un recuerdo de lo que significa escribir incluso cuando tienes una profesión primaria exigente. Me cuenta:

Sé que no es lo que buscas, pero es que nunca he tenido esa sensación. He tenido la sensación de que estaba “dormido”, muchas veces, sobre todo estos últimos seis años (y en particular este año), por falta de tiempo.

Pero es parte de mi ADN el ser escritor, no puedo dejarlo, como no puedo dejar de respirar.

Aun si mi yo del futuro llegara para decirme que jamás escribiré nada que merezca la pena, aun así seguiría escribiendo.

No puedo evitarlo, me han dibujado así.

Desiree Bressend

desiree bressend

Desiree, guionista y escritora transmedia, nos explica así su momento más bajo. La composición que me envía intenta también reflejar en imagen lo que significa sentirse así:

Antes dibujaba, en realidad llenaba un folio con detalles narrativos de lo que iba a contar.  Escribía en privado y mostraba la imagen. No había texto, no había nada que juzgar. En el fondo no tenía nada que ver con lo que quería.

Atravesé un purgatorio, un bloqueo, el no tener textos era no tener rumbo. La gente se movía a mi alrededor por intereses, me sentía desconcertada y me liberé, me fui del mundo como un ermitaño sin rumbo. Era mi guerra y entendí que ya estaba muerta, así que a partir de ahí lo reconstruí todo.

La escritura me ayudó a hacerlo, no sólo la narrativa, también el guion, los videojuegos. La palabra es mi fuente de luz, una manera de comunicarme con un actor, con un lector, incluso con las personas que quiero a través de notas, de evocar sentimientos que de otra manera no podría expresar.

Nuria C. Botey

nuria c. botey

Nuria me envía una imagen del 2013, de la entrega del Premio Nocte 2013 por parte de Juan Ángel Laguna y a David Jasso (Presidente y Presidente Honorífico de la Asociación, respectivamente) por su antología Vosotros justificáis mi existencia. Nuria es madre trabajadora, lo que, inevitablemente, influye en gran medida en su vida creativa:

El momento en que casi dejé de escribir es fácil de identificar, porque coincide con los nacimientos y primeros años de crianza de mis hijos.
Siempre digo que un escritor podrá dejar de publicar, pero nunca de escribir, porque crear historias forma parte de su naturaleza como observador e intérprete de la realidad, y lo mantengo. Sin embargo, reconozco que la maternidad y todas las obligaciones que conlleva (sumadas a otras que no se interrumpen, como el trabajo asalariado con el que pago la hipoteca) me han mantenido alejada de la escritura durante larguísimos periodos. Como cualquier adicción, al principio lo echas de menos, pero poco a poco te acostumbras a no hacerlo. Hasta que un buen día surge esa historia que te exige que le dediques su tiempo y vuelves a robarle horas al sueño (aunque tampoco te sobraban), porque el vicio es así.

Gloria T. Dauden

Gloria T Dauden

A veces para escribir no es necesario sentarse a poner las palabras en el papel. A veces es más importante vivir ciertas experiencias, para saber contarlas luego, como nos dice Gloria:

Durante mi Erasmus en Irlanda no escribí ni una línea de ficción. Es verdad que redacté artículos para el periódico de la universidad, pero nada de relatos ni capítulos de novelas. Fue la única época “vacía” de mi vida desde que, siendo una niña, aprendí a poner por escrito lo que imaginaba.

¿Por qué no escribí en mi Erasmus? Muy fácil. Sabía que iban a ser solo cinco meses y que tenía que exprimirlos, cada día, cada hora. Decidí vivir, viajar, conocer Irlanda a fondo. Conocerme a mí.

Durante todo ese tiempo atesoré vivencias, anécdotas, imágenes, colores, emociones y paisajes. Y luego, a la vuelta, pasada una corta etapa de duelo, de trauma posErasmus, regresé a la escritura con más ganas que nunca.

Toda mi ficción hablaba de Irlanda en esos tiempos y sigue haciéndolo, aunque sea bajo unos disfraces u otros. Irlanda ya nunca me abandonará. Mi escritura estará siempre marcada por esos meses en los que no escribí ni una sola línea.

Javier Trescuadras

javier trescuadras

Para terminar, Javier me envía una foto de la presentación en la librería Gigamesh de Barcelona de su antología Fenómenos extraños (Kelonia Editorial). Aquí está su historia:

Una serie de desafortunadas desdichas, parafraseando la película, casi me hace abandonar la escritura hace un año. La primera fue una novela compleja, que aún permanece inacabada en un cajón, la que me llevó al dique seco de repente. Había escrito otra tiempo atrás (¡conocía el camino!), y buscaba editorial para ella desde hacía doce meses. También tenía una antología de relatos dando tumbos. Total: mil publicaciones colectivas y ninguna propia. Ah, y un cheque de derechos de autor por cincuenta euros, impuestos aparte, en cinco años.

Si algo puede pasar, pasará, decía Murphy; y pasó, me bajaron el sueldo y todo se volvió difícil en casa. Las facturas no entienden de inspiración, ni mis hijos tampoco: “Siempre estás escribiendo”, me reprochaban. Sentí que caminaba por un precipicio. Ofuscado y perdido dejé de escribir por un tiempo (no sé cuánto), ni quiero acordarme. Solo recuerdo que todo seguía igual; por más que lo intentes, a veces nada cambia. Nada menos yo, que fui tremendamente infeliz mientras duró aquel casi.

Sigue escribiendo —me dijo mi mujer un día—, los problemas no desaparecen, pero al menos tendrás otra cara”.

Gracias a ella fue solo un casi.

¿Y tú? ¿Cuál fue el momento en que casi abandonaste?

Puedes contármelo aquí, en los comentarios.


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Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!). Puedes leer un avance gratuito (para ver si te gusta el estilo y tipo de relato) aquí.

 

el fin de los sueñosEl fin de los sueños (novela postapocalíptica de ci-fi/fantasía juvenil): Disponible en digital y en papel en la página de la editorial (y puede pedirse en cualquier librería).