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Hecho es mejor que perfecto

Abril 17, 2017 — by Gabriella13

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perfecto

Hace tiempo que quería hablaros del culto a lo hecho. La secta de lo terminado. Se trata de un manifiesto que crearon Bre Pettis y Kio Stark un día en la cama. Lo escribieron en veinte minutos, porque solo tenían veinte minutos para escribirlo.

No abogo por hacer las cosas mal y a medias: esa mentalidad es la que lleva a libros desastrosos. Pero el perfeccionismo, el ansia por hacer nuestro mejor trabajo, es una fuerza paralizadora y maligna que nos afecta a muchos. Nos lleva a empezar miles de proyectos y abandonarlos en cuanto entran en juego el miedo y el aburrimiento. Y esa incapacidad para terminar nuestros proyectos provoca un derrotismo nefasto, un círculo vicioso de relatos y novelas sin terminar.

¿Cómo acabar con ese perfeccionismo?

Es fácil.

No, perdón. No es fácil. Pero la teoría es sencilla.

Solo hay que hacer caso de Pettis y Stark y seguir sus reglas:

Hay tres estados de ser: no saber, acción y terminado

Pasamos de no saber nada ni habernos puesto a ponernos y a terminar nuestra obra o proyecto. Por eso el manifiesto dice que no existe “la etapa de edición”, en el sentido de que editar puede convertirse en una excusa para quedarse atrapado para siempre entre la nada, la acción y el ansiado final.

Acepta que todo es un borrador. eso te Ayudará a terminarlo

Sabemos que incluso en la decimonovena corrección seguimos trabajando en un borrador, en un proceso. Debemos elegir cuándo convertir ese borrador en un borrador en el que ya no seguiremos trabajando. Es decir: debemos decidir cuándo ese borrador se convertirá o bien en un libro presentado para publicación o bien en un proyecto definitivamente abandonado o destruido.

No existe la etapa de edición

No te obsesiones con la etapa de cambios. En la escritura, todo es cambio. Escribimos, reescribimos. Releemos lo escrito y reescribimos de nuevo. El texto está en evolución constante, desde el principio. Vamos de la escritura a la publicación. Corrige cuando toque corregir, establece un tiempo y número limitado de revisiones y tira millas. Escribí un libro que te ayudará con eso.

No vayas editando sobre la marcha. Concéntrate primero en terminar tu libro. Ya editarás después.

Fingir que sabes lo que estás haciendo es casi lo mismo que saber lo que estás haciendo, así que vas a tener que aceptar que sabes lo que estás haciendo (aunque no lo sepas) y hacerlo

En otras palabras: la documentación ha de terminar en algún momento. La reescritura ha de terminar en algún momento. Nunca escribirás tan bien como en tu cabeza. Es verdad, tal vez estás engañando al mundo y en realidad eres un sucio impostor. Eso no importa. Finge que sabes escribir hasta que sepas escribir.

Destierra la procrastinación. Si esperas más de una semana para llevar a cabo una idea, abandónala

Puede que tengas la idea perfecta para un relato o una novela, pero, seamos realistas, si no te has puesto con eso en el plazo de una semana, posiblemente no te pongas nunca. Manda esa idea a tu libreta de notas (física o virtual) y deja tu cabeza un poco más limpia de “cosas por hacer”.

El objetivo de terminar no es terminar en sí, sino poder ponerte con otras cosas

Como ya he dicho muchas veces, terminar es, a mi juicio, el tercer consejo más importante para un escritor después de escribir mucho y leer demasiado.

Para escribir bien hay que practicar mucho, pero de nada sirve practicar con cosas a medias. Para poder escribir muchos libros necesitas terminar el primero.

Una vez hayas acabado, puedes tirarlo a la papelera

Increíble, pero cierto. Compartir tus textos es bueno (por aquello de las opiniones ajenas y la alimentación), pero tirarlos a la basura también está permitido.

¿No es maravilloso saber eso? Yo lo encuentro liberador.

También tienes derecho a abandonar un proyecto, sobre todo si llevas varios proyectos a la vez y no estás avanzando en ninguno. Pero abandónalo de forma definitiva, échalo de tu mente. Que no se acumule ahí con el resto de tareas que nunca terminaste.

Ríete de la perfección. Es aburrida y hace que no termines nunca

JAJAJAJA.

Apunta con el dedo a la cara de la perfección y descojónate/desorínate/desterníllate. Ríe conmigo.

la gente que no se ha ensuciado las manos no tiene razón. hacer algo es lo que te da la razón

¿Te acuerdas de toda esa gente que viene a decirte todo aquello en lo que te has equivocado?

¿Cuántos libros han escrito ellos?

La experiencia es un grado. Un grado gigante.

El fracaso cuenta como hecho. También cuentan los errores

¿Recuerdas esa novela que escribiste que ahora miras y te hace encogerte de la vergüenza?

La necesitabas para escribir esa otra que te produce tanto orgullo.

La destrucción es una variación de hecho

Aunque la tiraste a la basura, sí, esa novela estaba terminada. Cuenta.

Si tienes una idea y la publicas en internet, cuenta como el fantasma de algo hecho

Hablar de algo siempre es “el fantasma de”, no es ese algo en sí. Comparte tus ideas, claro, pero desarróllalas. Y termínalas.

Hecho es el motor de más

Cuanto más termines, más te aficionarás a terminar. Y más terminarás y más libros tendrás ahí fuera, publicados y coleando.

Esta publicación no es perfecta. Pero está hecha y la estás leyendo, lo cual me parece un logro estupendo.

¿Qué es lo último que has terminado tú?

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Primera imagen: Joshua Rothhaus / Segunda imagen: James Provost


escribir a cuatro manosNi ratas ni ratones eran grandes guerreros y la pelea en sí misma era un desastre; no acertaban una y no paraban de tropezar, mientras se insultaban con una saña inaudita. Es un hecho poco conocido, pero los roedores son los reyes del insulto:

—¡Eres esférica como un globo! ¡Podría hallar países enteros en tu redondez!

—¡Pues para ser un engendro infernal, no eres ni la mitad de guapo de lo que deberías ser!

—¡Tu ingenio es tan pobre que convierte en estúpidas las cosas sabias!

—¡Y tú eres la tataranieta lejana de un conejo!

—¡Rompepuertas! ¡Costal de papas y manteca!

(El día del dragón, Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina).

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Esas 15 cosas que abandonarás para alcanzar tus sueños

Abril 13, 2017 — by Gabriella21

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¡Sueños! Detesto, odio, aborrezco esa palabra (y además me cae mal).

Sueño es lo que tengo yo ahora mismo, que estoy escribiendo demasiado temprano.

Perseguir tus sueños. Qué bonito, ay. Mirada arrebolada, mejillas sonrosadas y vista puesta en el horizonte. ¡No, no lo es! ¡Es horrible!

Leí hace poco un artículo de Zdravko Cvijetic sobre las trece cosas que tienes que dejar si quieres alcanzar el éxito.

Éxito ya me gusta un poco más, porque éxito es algo que cada uno define a su manera, que elegimos según quiénes somos. Para mí, levantarme antes de mediodía es un éxito. Publicar algo nuevo en el blog es un éxito. Recibir una crítica y no buscar a esa persona para tirarle de los pelos a lo gata salvaje es un exitazo. Para otros, a lo mejor el éxito es diferente. Para otros el éxito será ganar una medalla de oro, conseguir el premio Nobel, tirarse a una estrella de Hollywood.

Decidí contestar con brevedad a Cvijetic, o más bien a su artículo, centrándome en la vida del escritor.

¿Son aplicables los puntos que expresa este señor de nombre impronunciable para mí? ¿Podemos adaptarlos a la escritura?

Sí. Y hasta añado alguno mío.

Aquí las tenéis: todas las cosas que tienes que abandonar para escribir y publicar más y mejor, para que tus lectores te adoren y la piel te luzca hermosa y fina. Lo de la brevedad, como ya anticipabais, no lo conseguí.

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¿Es necesario escribir todos los días?

Febrero 27, 2017 — by Gabriella27

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No solemos preguntarnos si un violinista tiene que tocar a diario el violín o si un nadador olímpico tiene que nadar todos los días. Supongo que, una vez más, juzgamos la escritura con lupas y filtros distintos.

Detrás de una pregunta que parece tan inocente hay una respuesta cargada, como arma que lleva un diablo sevillano.

Es que la pregunta esta (cargada, recargada, recargadísima como un retablo manierista o un poema quinceañero) nos lleva a otras dos preguntas:

  1. ¿Qué englobamos dentro de la palabra escribir? ¿Simplemente soltar palabras, reescribir, corregir, revisar, planificar…? Si un día escribo y al día siguiente corrijo lo escrito, ¿he escrito un día o dos días?
  2. ¿Qué más da cuándo escribes y con qué periodicidad? ¿Acaso no es lo mismo escribir en un día 7000 palabras, y luego no escribir en una semana, que escribir  1000 palabras cada día durante una semana?

Os aseguro que no hay una respuesta clara y universal a estas preguntas, pero como este es mi blog y me lo fo… traji… for… tir… le hago el amor tiernamente como quiero, hoy he venido a dar mi opinión. Lo cual no quita, claro, que esa opinión esté basada en una larga experiencia personal y en un estudio muy cotilla de los métodos y sistemas de otros escritores, además de un interés exacerbado (y posiblemente enfermizo) por todo tipo de escritos sobre ciencia del comportamiento.

También hay que tener en consideración que cada persona es un mundo y tendrá su propia experiencia y opinión y en realidad no es necesario que me tire usted esa piedra, caballero, que duele.

Así que, si bien no tengo la verdad universal, puede que tenga un poquito más de vista que alguien que acaba de empezar a escribir, o que el charcutero de la esquina, por mucho que te mire con amabilidad y siempre te sirva los cachos buenos del jamón, sí, esos oscuritos a cuchillo que gritan tu nombre en varios idiomas.

escribir todos los díasEse hueso, ese mismo, que veo que te sobra. Que lo tienes ya casi terminado, shiquilla. Es pa mi perro, te lo juro.

Al grano, Gabriella, ¿debo escribir todos los días o no?

Yo creo, muy personal y humildemente, que sí es necesario escribir a diario. Por lo menos, si quieres escribir mejor, dedicarte a la escritura con cierta entrega (no como puro disfrute, afición, hobby o para ligar más). Ya sé que he hablado antes de todo esto, pero es algo a lo que nunca he dejado de darle vueltas. Espero poder expresar bien y de manera coherente cómo he llegado a esta conclusión.

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Deja de buscar tu voz (y otras maneras de escribir con personalidad)

Noviembre 10, 2016 — by Gabriella23

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Hay frases que suenan fabulosas pero que, cuando te pones a pensarlas, no tienen mucho sentido.

Hay consejos que hacen más mal que bien, si realmente los analizas, y oraciones que quedan preciosas sobre fondos de puestas de sol, pero que no quedan tan preciosas bajo un filtro crítico de esos que no vienen en Instagram.

Sin ir más lejos, Umberto Eco (sí, otra vez Eco) afirma que algunos aforismos reconocidos son en realidad “enfermedades del ingenio”*: son aquellas máximas que pueden invertirse sin que la frase pierda lógica.

Esperad, esperad, que os lo explico con ejemplos. Este que pone Eco me divierte:

La gente sería feliz si los reyes filosofasen y los filósofos reinasen.

(Plutarco).

Tiene sentido, ¿verdad? ¡Necesitamos gobernantes inteligentes, gente que piense!

El día que quiera castigar a una provincia, haré que la gobierne un filósofo.

(Federico II).

¡Es que esto también parece cierto! Para llevar a cabo la tarea de gobierno no basta con pensar y especular. ¡Hay que decidir con rapidez! ¡Hay que actuar y conseguir que los problemas se solucionen de inmediato!

Como veis, son dos frases que en principio parecen tener razón. Y sin embargo son contrarias, porque ambas son reducciones simplistas de una realidad compleja.

El mundo está lleno de mitos, conceptos complicados que intentamos simplificar y palabras como bizarro, que no significa lo que crees.

(Solo que ahora resulta que sí significa lo que crees).

Como aquello de que para ser escritor de verdad tienes que “buscar tu voz”.

La leyenda de la voz mágica que unge al escritor

Aquí dejo otras variaciones:

  • “Tienes que encontrar tu voz”.
  • “La voz es lo que te define”.
  • “El verdadero escritor conoce su voz”.
  • “Busca una voz única, original”.

Generalmente son frases que acompañan a otras como:

  • “Si haces lo que amas, no trabajarás un solo día de tu vida” (imagino que esto se refiere a que estarás en el paro).
  • “Para triunfar como escritor lo único que tienes que hacer es escribir” (y sin embargo hay gente ahí fuera con veinte novelas en Amazon de los que nunca hemos oído hablar).
  • “Si deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para concedértelo” (lo sé, me repito. Cualquiera que visite mi blog sabe que esta es una de mis frases favoritas ever).

Y me imagino a hordas de autores con redes de esas cazamariposas y un buen machete, atravesando la selva de la escritura pura, artística y pasional, en busca de esa voz tan elusiva, inspirados por la llamada irrefrenable de la motivación.

buscar tu vozDe pequeños, antes de que sus padres les den permiso para visitar el Amazonas, los verdaderos escritores buscan su voz en la jungla urbana.

A Eco le gustan más las paradojas que los aforismos que encierran verdades a medias y reconozco que a mí también. La paradoja expresa ideas contrarias, pero a la paradoja no se le puede dar la vuelta. Es una manera fantástica de concebir la realidad tan complicada y sutil que nos rodea.

Propongo hoy una paradoja. Habrá filósofos en la sala (perdonadme el ejemplo anterior, seguro que gobernaríais de maravilla) y podréis corregirme, pero esta es mi propuesta. Igual, más que una paradoja, es un juego de palabras que encierra, también, una realidad complicada:

Suele ocurrir que cuando buscas tu voz no la encuentras y que la encuentras cuando menos la estás buscando.

(O, por lo menos, cuando no estás buscándola de manera consciente).

Yo también he creído en sentencias absolutas y verdades universales, con el dichoso cazamariposas o como se llame (ya veis, me considero escritora y no sé cómo se llaman las cosas) y me encantaría volver atrás en el tiempo y darme un par de bofetadas (o cachetes en el culo, pero esa es otra historia y por favor no me preguntéis nunca por ella).

Lo primero que me gritaría, creo, es: “¡Deja de jugar tanto al WoW!”.

buscar tu voz¿Quién necesita una vida pudiendo ser un orco gigante con pectorales, pelazo y un gran... hacha?
 

Aunque tampoco me haría mucho caso. Mi orca molaba. Y mi tauren. Y mi no muerta. A lo mejor mi yo pasado haría más caso a mi yo futuro si me hablara de la música.

¿Qué tiene que ver la música con la voz del escritor?

Desde que recuerdo, para mí la escritura ha sido algo musical. Siempre me ha interesado más la forma de contar las cosas que lo que se cuenta (aunque esto es muy importante, claro). A veces leía textos que sonaban como música en mi cabeza y que me producían una especie de relámpago de placer. Y siempre he buscado reproducir esa música en lo que hago. Supongo que por eso empecé con la poesía, por su carácter rítmico y melódico.

Esa es mi experiencia, para vosotros la plasmación de la experiencia artística será otra.

No me extraña que se idealice tanto la noción de la voz. Porque hay algo mágico, místico y sobrenatural en el momento en que todo se coloca en su sitio, el cerebro se reajusta y hace un chasquido peculiar y de repente todo se coordina con la música. Pero por una vez es tu música, de nadie más.

Y es ahí donde creo que está el error: esa voz no es solo tuya, es la de todo el mundo. Proviene de todo lo que has bebido, leído, consumido, escuchado, solo que ahora de repente funciona, significa algo. Estás subido/a a hombros de gigantes y de repente tu culo está cómodo, se ha hecho hueco y las vistas son… wow (no confundir con WoW, que me engancho de nuevo), las vistas son brutales.

Una compañera del grupo de asesoría me comentaba hace poco que tenía el problema de que cuando leía, la forma de escribir del autor al que leía se le metía en su propia escritura. Yo creo que eso no es malo. De forma consciente o inconsciente, imitamos a otros mil veces antes de tener el bagaje suficiente de voces, estilos y experiencias como para que de ello salga algo conjunto, propio, que pueda identificarse como nuestro.

Cuando eso por fin sucede, sí, es mágico.

Pero no porque te inspiren las musas ni porque te hayas drogado ni rezado muy fuerte a ese universo conspirador, sino porque has escrito tanto y leído tanto que has encontrado una manera de expresarte tú, sin censura ni bloqueos. Has compuesto por fin esa canción que lleva siglos sonando en tu cabeza.

Deja de buscar tu voz y deja de preocuparte por ella. Vendrá, cuando tus horas infinitas de lectura y escritura cristalicen en algo que alguien lea y diga: “Esto lo ha escrito Juancho Pérez, ese de los libros de vampirismo romántico-gore. Es imposible que lo haya escrito otra persona”.

Maneras indirectas de acelerar tu encontronazo mágico con esa voz de la que tanto hablan

Todo esto no quita que haya algunos métodos para que tu escritura cada vez esté más definida.

Aviso: Ninguno es sencillo ni puede realizarse en cinco minutos. Si buscáis soluciones fáciles, tenéis mi permiso expreso para salir de esta página:

buscar tu vozTodos los teclados deberían venir con este botón incorporado.

Sí, la red está llena de trucos y hacks que os darán todo lo que deseáis y más (¿qué estamos haciendo que no somos todos ya millonarios ociosos, viviendo en las Seychelles?). Seguro que habéis oído hablar de otra web bastante más interesante y popular que la mía. Os dejo ahí el enlace, por si acaso:

www.google.com

Para los que tengáis ganas de trabajar, ya sabéis cómo se resume esto: en leer y escribir mucho. Pero no de cualquier manera.

1. Asegúrate de que tus lecturas son variadas y de diferentes sectores

¿Qué voz propia vas a desarrollar si solo lees novelas de Agatha Christie? Tu voz será la de Agatha Christie, y bastante escribió ya la mujer para que vengas con tu remake (más políticamente correcto, eso sí) de Diez negritos. Cuantas más cosas diferentes leas, más variada será tu influencia, más las voces que te marquen y más compleja tu propia expresión.

 2. Aprende a hacer lo básico antes de ser megaoriginal

Creo que todos escribimos nuestras primeras novelas queriendo hacer algo diferente y revolucionario, original. Y lo gracioso es que no sabemos ni contar una historia facilona, ¿cómo vamos a contar una difícil? Antes de escribir una pentalogía de novelas río, aprende a escribir un relato. Antes de saltarnos reglas de ortografía y gramática, aprendamos cómo funcionan.

3. Dale al blogging

Sé que quita mucho tiempo y puede ser muy frustrante si no tienes interacción ni seguidores, pero creo que es una de las mejores prácticas que existe para un autor, escriba lo que escriba. Un blog que funciona tiene que saber cómo enganchar a su público (igual que una historia de ficción), y la escritura continua de artículos acaba por darte una perspectiva muy especial sobre cómo manejar el ritmo dentro de diferentes formatos. Creo que mis grandes momentos de “clic”, de descubrimiento y encaje en mi escritura de ficción, han sido cuando más activa estaba con el blog.

Algunos escritores hacen lo mismo con Wattpad: utilizan una creación persistente con retroalimentación constante para reconocerse, para definirse. Tengo sentimientos encontrados con Wattpad (no me gusta enseñar algo que no esté por lo menos un poquito pulido, y el feedback de plataformas de ese tipo no es siempre útil), pero imagino que sus efectos a largo plazo, si se combina con otro tipo de escritura, podrían ser útiles. Me encantaría saber vuestra opinión respecto a esto.

4. Escribe con otra persona

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse. Y nada hay como escribir a cuatro manos para aprender a limar un estilo, a destruir el ego en busca de un estilo uniforme. En el fondo, estás buscando otra voz: una voz conjunta, pero esta te ayuda a eliminar asperezas y a reconocer con más claridad tu propia melodía. Desde que escribo con José Antonio noto que mis textos en solitario tienen mucha más personalidad, como si quisiera resarcirme, liberada.

Para mí, estas cuatro cosas me han traído la voz envuelta en papel de celofán y con un lazo, aunque sé que cambiará, que evolucionará (eso es algo que tampoco te cuentan: que la voz no es estática. Si lo es, hay peligro de estancamiento). Mis lectores dicen que me oyen, que reconocen un texto como mío, y sé que por mucho que yo aprenda y cambie (que me queda mucho mucho por aprender), seguirán haciéndolo.

O tal vez me engañan, y eso no sea más que un sueño, una quimera, otro aforismo reversible de enfermedad ingeniosa e ingenio enfermo.

 


*(Porque Eco era brillante pero también tenía se ponía un poco chulito a veces).

**La imagen del orco es fanart de Lucas Salcedo. CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.


¡EXTRA! Puedes elegir cómo sigue este artículo. ¡Así es, puedes elegir tu próxima aventura!

  1. Si a ti lo que realmente te preocupa no es la escritura, sino la corrección, ve a la página 42, que te dará la respuesta para todo.
  2. Si lo que quieres es dejarte de preocupaciones de autor y divertirte con una aventura posapocalípica monstruosa, ve a la página 5.
  3. Si eres un lector muy fantástico y buscas fantasiosamente un libro de fantasía fantástica a un precio mínimo, elige mi Lectores aéreos en la página 83.
  4. Si tienes un retoño de más de 10 años (o tú tienes alma de retoño de más de 10 años) al que le gusten los chistes malos, los dragones y las cucarachas gigantes, ve a la página 33.
  5. Si con el blog no tienes bastante y quieres más (como, por ejemplo, artículos que en esta web no salen), ve a la página 7.
  6. Hagas lo que hagas, jamás vayas a la página 100.

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Hacer la cama te hace mejor escritor (y 30 trucos más que debiste contarme)

Octubre 7, 2016 — by Gabriella22

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Escribir es muy fácil.

Solo hay que ponerse. Escribir mucho. Y leer, leer a destajo. Cualquier web de medio pelo te lo puede decir con gusto resabiado y unas cuantas imágenes de puestas de sol con citas motivadoras.

trucosYes.

Si no quieres leer más de 5000 palabras sobre la dura realidad del escritor (y quién te culparía por ello), abandona. Vete a disfrutar del aire libre o ve una comedia romántica made in America. Un 50% de esas acciones acabará con muchas de tus neuronas, pero eh, el alcohol también lo hace y yo escribo esto con una copa de vino a mi lado, que para algo es viernes.

Como todo en la vida, nada es sencillo ni tajante. Abrí este post con una mentira tan gorda que podríamos usar la nariz de Pinocho como ascensor orbital. No solo hay que escribir (¡que dicen que es fácil y bonito!), sino aprender y progresar y conocer nuestras herramientas. No se trata solo de leer mucho, sino de leer bien y sacar provecho de lo leído. Puedes hacerlo a solas o buscando la compañía de una comunidad que te ayude a avanzar y que te dé apoyo. Y mil trillones de repebillones de cosas más.

Hay muchos buenos consejos y todos tenemos algunos, grandes, importantes y poderosos, que querríamos contarle a nuestro yo del pasado. Pero luego hay otros menos evidentes. Lifehacks, tal vez. Trucos que no solemos mencionar, tal vez porque parezcan obvios, tal vez porque necesitas llevar muchos años en un sector o industria para entender que sí, que son reales y funcionan e igual hay que hacerles un poco de caso. Son cosas pequeñas que hacen una gran diferencia. Generalmente no te los vas a encontrar en páginas para escritores. Por lo menos no en páginas al uso.

Puede que sea porque tendemos a ver ciertas acciones por separado. No vemos el acto de escribir como una parte encajada en un sistema vital. No nos damos cuenta de su función dentro de una visión holística. A poca gente se le ocurre cómo influye el salir a correr por las mañanas en el hecho de escribir por la tarde. Pero la cuestión es que influye y tampoco hace falta leerse un libro de Murakami para intuirlo.

Así que ahí van. 31 trucos que se me han ido grabando a fuego en estos años de nadar en las aguas de la publicación y la escritura. Algunos han salido de las listas de 88 consejos vitales de Raptitude: me los encontré hace poco y me sorprendió la cantidad de ellos que no solo eran aplicables al hecho de escribir, sino a mi propia experiencia.

Aquí está el primero.

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Soy muy mayor para empezar a escribir

Mayo 3, 2016 — by Gabriella57

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“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Yo lo pensé cuando cumplí los treinta. Eh, con treinta años se supone que ya tendrías que tener tu vida algo encaminada, ¿no? Yo me dedicaba a otras cosas (ninguna de las cuales, por cierto, me gustaba especialmente). Sabía que era imposible ganarse la vida escribiendo. Tendría que haber empezado mucho antes.

“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Se lo oí decir hace poco a una chica de 24 años. Supongo que es que si no eres joven, muy joven, un prodigio de 12 años, a nadie le interesa lo que tienes que enseñar.

Nos rendimos antes de empezar, creo. Subestimamos el poder de la acumulación, de la repetición, de la resistencia. De la experiencia

Después de todo, ya llevamos años de vida encima. ¿Será tarde para convertirnos en buenos artistas?

Carmen Herrera tiene 100 años. Sigue pintando. Ha sido en los últimos 12 años cuando ha sido (re)conocida, aunque lleva pintando 81. Necesita un poco de ayuda para los brochazos grandes y para mover sus lienzos enormes. Para ello tiene a su asistente, Manuel Belduma, al que contrató por su ausencia de conocimientos artísticos. Así, sigue con exactitud las instrucciones de Herrera, sin modificaciones ni molestas sugerencias.

mayor para escribir(Póster del documental de Alison Klayman sobre la pintora cubana)

Lleva desarrollando un estilo consistente, reconocible, toda su vida. Lo suyo no ha sido una maratón, ha sido un doble Iron Man cruzado con ocho triatlones y una semana de crossfit con Kaito de Bola de dragón. Lo suyo es expresionismo geométrico, abstracto, a dos colores. Su obra se ha simplificado, como si con el paso del tiempo hubiese ido eliminando todo lo superfluo, hasta quedarse con lo esencial.

Una vez terminado un cuadro, Belduma lo cuelga en la pared y Herrera lo contempla largo rato, a veces durante días. Si no le convence y considera que no tiene arreglo, toca empezar de nuevo. Como todas las novelas, cuentos y poemas que no salen bien.

Vivió en París durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando no había lienzos, pintaba sobre arpillera.

“Cuando no tienes gran cosa —dice Herrera—, cualquier cosa sirve”,

Para pintar durante 81 años solo hace falta empezar y ver hasta dónde llegas.

¿Eres muy mayor para crear?


 

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11 excusas para no escribir (y cómo demolerlas)

Marzo 18, 2016 — by Gabriella55

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Hoy no haré un artículo de recortes normal, como los de viernes normal.

Tal vez este tema de hoy sea un único y gran recorte (gran por lo de extenso; la calidad ya la juzgáis vosotros).

Viene de un artículo que leí hace poco de Yolanda González Mesa, donde reflexionaba sobre los espacios que usamos para crear y de las excusas que utilizamos para procrastinar un poco más. Nos podemos atar tanto a nuestras manías y rituales que nos decimos que sin ellos no podemos trabajar: olvidamos que son herramientas, no razones. Nos mentimos. Es más fácil decir que no tienes el despacho perfecto que decir que no te apetece, que te da miedo, que estás cansado/a y que no ves futuro para este laberinto de dieciocho mil salidas en falso en que te has metido por mucho que tu madre te pregunte por qué. Por qué, hija, por qué.

(Gracias, a todo esto, mamá, por nunca hacer esa pregunta en alto).

El artículo de Yolanda se llama No uses la falta de espacio como excusa.

Hay muchas otras cosas que usamos como excusa. Mi bandeja de correo y mi memoria están llenas de personas que me cuentan, semana tras semana, por qué lo tienen tan difícil para escribir.

Eh, yo no voy a juzgar a nadie. En muchos sentidos, lo tengo más fácil que otras personas. Y muchas de esas “excusas” que damos son excusas reales, razones de imposibilidad, de peso muy pesado.

excusas para no escribirAlgunas excusas son perfectamente válidas. "Mi pelo ha tomado conciencia de sí mismo y me he levantado que parezco el tipo ese de Hellraiser" es una de mis favoritas.

Muchas otras veces no lo son. Y la falta de sinceridad que tenemos para con nosotros mismos (sí, claro que me incluyo) nunca deja de sorprenderme.

He enumerado las once excusas que creo que son más comunes, las que más escucho, y ofrezco algunas sugerencias para analizar si son excusas reales o falsas, para intentar demolerlas de una vez por todas.

Empezamos con aquella que inspiró este artículo: la falta de un espacio adecuado.

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14 lecciones que he aprendido en 1095 días de escritura

Diciembre 1, 2015 — by Gabriella36

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Hoy es 1 de diciembre de 2015 y hace exactamente 1095 días que empecé a escribir.

En realidad miento un poco. Escribía desde mucho antes. Lo preciso sería decir que hace 1095 días que empecé a escribir a diario. A tomarme en serio esto de juntar letras. Tres años de hábito.

El otro día leí un esquema que hizo James Altucher basado en todas las personas que había entrevistado en su podcast. Según Altucher, estas personas, todas ellas muy destacadas en sus campos, tenían un camino en común, un camino entregado a un enfoque, a una meta, en el que solía darse este proceso (que he adaptado aquí para nosotros los escritores):

  • Año 1: El primer año. Es tiempo de leer mucho sobre tu oficio y de experimentar con plataformas, de escribir y aprender.
  • Año 2: Practicas a diario, sacas tiempo de donde no lo hay para escribir, leer y comunicarte con otros. Empiezas a reconocer qué personas son influyentes en las esferas que te interesan y a cuáles admiras. Empiezas a hacer contactos y a entender cómo funciona realmente el negocio (para bien o para mal, y es importante aceptar la parte mala).
  • Año 3: Empiezas a ser bueno en lo tuyo. Si has sido persistente y tienes metas claras en mente, aquí ya tienes un seguimiento bola de nieve y tienes ya algún libro o publicación en el mercado. Probablemente es malo y vende poco. No importa.
  • Año 4: Ya obtienes ingresos de aquello que estás haciendo o de actividades relacionadas. Sigues escribiendo, publicando y relacionándote con personas de todas las esferas (insistamos aquí en la importancia de los sistemas abiertos).
  • Año 5: Aquí ya tendrías que haber alcanzado alguna de tus metas importantes.

Obviamente este esquema no es universal y varía mucho según el sector. Pero creo que es interesante para hacernos una idea de cómo aquellos a los que admiramos o aquellos que tienen éxito en su sector pueden llegar a coincidir en mapas de este tipo. Y que es raro que algo de verdadera importancia se consiga en menos de cinco años.

Creo que estoy en ese segundo año, intentando poner un pie en el tercero. Llevo tres años sin parar de escribir, pero solo dos con una obcecación malsana, con la vista puesta en el premio, saliendo constantemente de mi comodidad personal, de mi área de conocimiento y tolerancia, para intentar meter la patita en el siguiente nivel de este gran juego que podríamos llamar The Writing Life: Special Edition.

¿Pero por qué empecé este desafío?

El primer par de años escribía un mínimo de 200 palabras de ficción. Luego fui subiendo las cantidades y me encontré con un efecto embudo: muchas palabras escritas y sin tiempo para corregirlas. Así que reduje esas 200. Ya no hay mínimo, siempre que escriba. Mi condición, simplemente, es escribir antes de que empiece el nuevo día. El miedo a romper la racha es grande.

Empecé porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. No hacía más que empezar proyectos, desafíos y dejarlos a medias. Sabía que si podía con esto, podría con otras cosas. Escribir 200 palabras de ficción al día suena fácil, pero cuando llegan las once de la noche y acabas de terminar de trabajar, lo último que te apetece es ponerte a largar cuento, novela o poesía.

Empecé porque quería enfocar, concentrarme, dejar de dar saltos de un lado a otro y seguir con algo durante el suficiente tiempo como para ver si era lo mío.

Las condiciones cambian. Durante dos años fueron 200 palabras de ficción. Luego fueron menos palabras, para intentar compatibilizarlas con todas las que escribía para el blog, pero seguían siendo de ficción. Ahora que estaré metida en un proyecto de ensayo un par de meses más, sospecho que tendré que concentrarme en palabras de no ficción. Pero seguiré escribiendo todos los días. No me imagino cómo sería no hacerlo.

Lo cual me lleva a la primera lección aprendida, la primera en esta lista que os presento.

Estas son las cosas que yo he aprendido del acto de escribir todos los días durante tres años, sin faltar una sola vez a la cita. Probablemente vosotros no necesitéis enfocar vuestra escritura de esa manera, y seguramente vuestras experiencias serán muy diferentes, pero tal vez esto puede empezar a expresar por qué una acción tan sencilla ha cambiado mi vida entera.

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Cosas inesperadas que los escritores podemos aprender de Steve Jobs (y otros recortes literarios)

Septiembre 11, 2015 — by Gabriella22

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Antes de nada, el disclaimer necesario. No soy una fangirl de Jobs, ni me gusta Apple.

De hecho, en mi familia, Apple es una palabra prohibida. Mi padre trabajó con los primeros ordenadores en Londres, con macrosistemas que ahora nos harían llorar, con lenguajes de programación que han enloquecido a más personas que los primigenios de Lovecraft. Mi hermano es un obseso del hardware, y para trabajar con hardware y modding y con personalización absoluta, el PC es el rey.

Ya. Igual se quedaron todos un poco decepcionados cuando a mí me dio por la literatura.

Hay mucho que se discute sobre la figura de Jobs. Que si fábricas de Apple en países asiáticos con empleados a nivel esclavo, que si tenía un mal genio alucinante, que si traicionó a más de uno… Etc. Sobre eso hemos leído todos. También sabemos que de joven tenía un parecido asombroso con Ashton Kutcher.

Todo esto no quita que personas como Jobs nos fascinen, tanto por su carisma como por su obvia genialidad. ¿Pero qué es realmente lo que convirtió a Jobs en un rey de multitudes, en un referente en la industria? Bastardos (si es que era tan malvadísimo como lo pintan algunos) hay por todas partes. ¿Hay algún punto en común, alguna habilidad especial que se observe no solo en él, sino en otros emprendedores del mismo alcance, personas como Richard Branson, Elon Musk, Jeff Bezos y similares?

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8 atajos para recuperar la motivación (y otros recortes literarios)

Septiembre 4, 2015 — by Gabriella6

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Aburrimiento. Indecisión. Sin metas fijas, sin ilusiones. Sin saber hacia dónde tirar. Sin motivación.

¿Te suena de algo?

La motivación no es determinante para conseguir algo: lo determinante es el trabajo diario y para eso nunca hay motivación suficiente. Aun así la perseguimos, a la busca de la nueva emoción, de ese subidón que nos da comenzar un nuevo proyecto o leer un libro que nos restaura la fe en nosotros mismos.

Hay detonantes, trucos que nos permiten volver a ponernos en el camino adecuado o, por lo menos, en el camino menos nefasto (ese que conduce a la abulia y a la desesperanza). Atajos para recuperar la ilusión.

De eso quiero hablaros hoy.

A riesgo de pisarme con mi artículo sobre cómo volver a enamorarte de la escritura, creo que merece la pena comentar los hacks para recuperar la motivación que propone Steve Pavlina. Más que nada porque no solo sirven para darle un acelerón a tu escritura, sino también a tu vida en general.

Pavlina es un ser polémico y yo misma desconfío de mucho de lo que escribe. En el último par de años se ha vuelto un poco demagógico para mi gusto y tiene salidas new age que a veces huelen a pseudociencia y a espiritualismo exacerbado. Pero eso no quita que, cuando no está hablando de talleres de crecimiento personal, de subjetivismo extremo y de su comunión con el mundo, siga proporcionando contenidos realmente buenos. Recomiendo su blog también por sus experimentos variados, desde el sueño polifásico hasta el poliamor y el BDSM. No se corta un pelo y personalmente admiro mucho su valentía a la hora de enfrentarse a supuestos fundamentos de nuestra vida diaria.

Pero vamos a lo que vamos. Hace poco publicó en su blog un artículo con atajos para volver a encender la chispa de la motivación. Aquí los traigo, calentitos: