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Diez creencias que nos impiden avanzar como artistas

septiembre 28, 2017 — by Gabriella13

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Dibujar y escribir no parecen habilidades muy similares.

Hablamos de dibujar una escena o de pintar a un personaje, pero es solo metafórico. No cogemos un pincel ni empezamos a darle brochazos de color a nuestro protagonista.

No obstante, todas las habilidades creativas tienen algo grande en común: su proceso de aprendizaje. Hablo de la manera que tenemos de avanzar como artistas. La evolución de nuestra habilidad es muy similar al dibujar, tocar un instrumento o escribir.

Los mitos que rodean al aprendizaje del dibujo, por ejemplo, son casi iguales que los que rodean al aprendizaje de la escritura.

Tanto es así que, al leer el artículo de Monika Zagrobelna sobre los grandes mitos que rodean al aprendizaje del dibujante, me quedé patidifusa, atolondrada, estupefacta y, en general, de una pieza.

Eran exactamente los mismos que rodean al proceso de aprender a escribir.

Dicen los grandes maestros de dibujo, los que han trabajado con miles de alumnos a lo largo de sus vidas, que todo el mundo puede aprender a dibujar. Yo creo que todo el mundo puede aprender a escribir. Puede que tardes quince años en llegar a un punto al que alguien con mayor predisposición natural llegará en cinco. Eso es frustrante y cierto. Pero no quita que esos quince años te permitan llegar a ese sitio, a esa meta.

mentiras sobre dibujarO también podrías dedicar esos quince años a, no sé, hacer algo de mayor provecho que escribir. Como montar una guardería para elefantes.

Vamos con los mitos que dice Monika. Como asegura ella, estas nociones no solo están equivocadas; es que son perjudiciales: bloquean tu progreso.

1. Dibujar es una sola (y sencilla) habilidad

Traigámoslo a nuestro terreno: ¡escribir es una habilidad única y simple!

Sabemos que eso no es así. ¿Verdad?

Monika explica algo que a mí me encanta, que es que la mayoría de la gente piensa que la habilidad artística se divide entre dos posibilidades: sabes dibujar o no sabes dibujar. Con la escritura pasa lo mismo: dicen que o sirves o no sirves. Si no me creéis, podéis dedicar una semanita larga a leer todos los comentarios de mi blog y veréis cuántas personas se irritan conmigo y me aseguran que escribir es un talento y “vales o no vales, y punto”.

A día de hoy, no conozco a ningún escritor que sencillamente “sepa” escribir. Toda escritura de calidad lleva detrás años de formación, en un sentido u otro. Sí, hay autores que escriben primeras obras fenomenales, pero habría que preguntarles a) cuántos manuscritos tienen en el cajón y b) qué tipo de habilidades han desarrollado a lo largo de su vida que les hayan estado preparando, aun sin saberlo, para escribir genial.

mentiras sobre dibujarEs posible que no lo sepas, pero disfrazarte de algún animal irreconocible mientras sonríes con los ojos cerrados bajo la nieve es una habilidad indispensable para escribir bien.

Escribir, al igual que dibujar, no se limita a dos niveles, al sabes o no sabes. Es más bien una escala larga de progreso, que Monika divide en 10, donde 0 es falta absoluta de habilidad (ya sabéis, gente para quien la ortografía es algo extraño y lejano, que procede de universos ajenos) y 10 es ese nivel donde tu habilidad es tal que has alcanzado la perfección absoluta y eres una suerte de arquetipo irreal platónico del arte.

(Quedaos con la idea esta de la escala, porque vamos a regresar a ella con frecuencia).

La mala noticia, queridos míos (y de verdad que siento comunicar esto), es que esta curva de aprendizaje tiene el problema de siempre: es fácil y relativamente rápido pasar de 0 a 1, de 1 a 2, incluso del 2 a 3. Pero del 3 al 4 la cosa ya se va a poner bastante más difícil. Y si llegas al 9, seguramente te pasarás el resto de tu vida intentando llegar a un 10 que, en realidad, solo existe en tu cabeza. Por eso, el mundo de la escritura está lleno de autores que escriben de manera más o menos razonable, pero que tampoco sorprenden ni fascinan.

Pasar de un nivel 5, donde sabes comunicar correctamente e hilar una historia, a un nivel 6, donde ya entras en el terreno de la profesionalidad, puede ser duro, ya que hay muchas técnicas y conocimientos que superan a las típicas guías para principiantes y que entran en un terreno más a) subjetivo, b) caro y c) en manos de personas que no tienen por qué tener ganas de dedicarse a la enseñanza (están demasiado ocupadas desarrollando su propia habilidad).

Para alguien con escasos conocimientos literarios y técnicos, solo existen dos niveles. El “este libro es una caca” y el “este libro es la hostia”. En el momento en que crece el bagaje lector, nuestros gustos se refinan. Hace poco perdí demasiado tiempo intentando explicarle a un conocido por qué un autor no me gustaba. ¡Pero si escribe genial!, me decía él. Para este lector, poner montones de adjetivos y utilizar palabros era escribir bien, del mismo modo que un dibujo hiperrealista puede fascinar a muchos. Sin embargo, aquellos que han dedicado muchos años a intentar subir de un nivel a otro en esa maldita escala saben que el barroquismo no es sinónimo de calidad ni el hiperrealismo implica una habilidad superior a, digamos, un dibujo excelente de manga.

Nuestro aprendizaje nos proporciona la posibilidad de analizar una obra y entender qué procesos se han aplicado y a qué nivel de habilidad corresponden.

Proceso real de aprendizaje:

mentirasAquí podéis ver que mi habilidad para el dibujo, por ejemplo, está entre el -3 y el 0,5.

Proceso que también podría corresponderse con la realidad:

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Proceso en que cree la mayoría de la gente:

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Todo esto nos lleva al segundo mito, uno de los más odiosos.

2. No puedes dibujar si no naciste con talento

Ya lo he dicho muchas veces: creo que eso del talento es tremendamente dañino.

¿Existe el talento? Claro. Algunas personas nacen con el cerebro mejor preparado para ciertas habilidades. Tienen una combinación espectacular de propiedades que, de entrada, les permiten ser mejores que tú. Y si encima las disfrutan (¿y quién no disfruta haciendo algo que se le da bien?), eso se nota en su trabajo, lo cual le da un brillo o genialidad especial.

Siempre pongo el mismo ejemplo. Una vez vi en Facebook un dibujo que Enrique Corominas había hecho con quince años. Da igual cuanto dibujes o te esmeres los primeros diez años de tu vida: probablemente no vas a hacer un dibujo así.

Pero me quedo con lo que dice, a su vez, Medusa Dollmaker, quien reconoce que se enfada cuando otros le dicen que “qué envidia, ojalá yo pudiera dibujar como tú”. Como dice Medusa, ella era la que, de adolescente, no salía los fines de semana, para quedarse en casa dibujando. Sí, tienes envidia, pero ¿harías lo mismo que ella?

La genialidad existe. Pero implica dos cosas:

  • Que la genialidad por sí misma no sirve de nada si no hay una entrega y un aprendizaje.
  • Que no es necesario ser un genio para desarrollar de manera profesional y excelente una habilidad. De hecho, en algunos sentidos tienes ventaja, como explico más abajo.

Las personas “con talento” tienen una manera diferente de pensar, fijarse y relacionar ciertos conceptos, que les permite avanzar mucho más deprisa en esa escala ya mencionada. Lo alucinante es que algunas de esas maneras podemos aprenderlas.

Sí, como lo oyes. Perdón, lees.

Por otra parte, tener talento suele convertirse en un obstáculo. Funciona muy bien al principio, pero no a largo plazo, donde la resistencia y el hábito de trabajo es mucho más importante. Me recuerda a los alumnos con buena memoria que apenas tienen que estudiar en el instituto y se horrorizan cuando se dan de bruces contra la exigencia universitaria.

mentiras sobre dibujarTío, no es mi intención humillarte en público, pero tu teoría sobre las integrales pitagóricas en incremento químico exponencial es ridícula y no se sostiene por ningún lado.

Cuando tienes cierta habilidad para hacer algo, te confías. Las cosas te salen bien a la primera (o crees que te han salido bien, que esa es otra), porque tienes ciertas facilidades innatas. En el colegio exageran y te dicen que vas a ganar un Nobel. En casa aplauden cualquier mínimo esfuerzo. Todo porque tus resultados, aun mierdosos, son superiores a la media. Y todo eso hace que avances muy rápido durante esos primeros niveles de la escala.

Lo malo es que cuando llegas a cierto punto, tu talento natural ya no es suficiente. Llega el momento de la técnica, del estudio, de la lectura analítica. Y tú estás tan atrapado en tu visión de “todo ha de ser fácil y mágico” que lo rechazas. Crees que eso no es “escribir de verdad”. No obstante, tu gusto y percepción sí han avanzado también, y empiezas a ser consciente de que eso que haces no está tan bien como pensabas. Además, el mundo ha cambiado y hay gente ahí fuera mucho mejor que tú. Tus profesores ya no te alaban, te exigen. Los demás se atreven a criticar lo que haces.

Horror. No sabes. No sirves.

Y llega la desesperación. El “nunca podré mejorar”, porque crees que la escala es milagrosa y que no puedes subir mediante esfuerzo y estudio. Por eso yo apenas escribí en años y años.

Años que podría haber estado practicando y aprendiendo técnicas, libre de la máxima gilipollez de pensar que tenían que bajar las musas e inspirarme a “escribir de verdad”.

Bueno, más vale tarde que nunca, ¿no?

3. Los dibujos salen bien o no

Una vez, un señor en un bar (siempre hay un señor así en un bar) me dijo que escribir poesía era muy fácil y que él tenía mucho talento para ello. Que podía escribirme un poema sobre la marcha, en una servilleta.

Lo hizo. El poema era una caca grandiosa. Como soy de origen anglosajón y muy educada, sonreí y me alejé lentamente de la barra, con cuidado de no mantener contacto visual.

avanzar como artistasDramatización de la experiencia, donde la doble de acción de Blake Lively interpreta a servidora.

Cuando empezamos a dibujar, cuando empezamos a desarrollar habilidades de forma inconsciente (por ejemplo, la sicomotricidad que nos ayuda a producir formas y líneas de cierto modo), de vez en cuando producimos algún dibujo que nos parece la repera, y lo guardamos como oro en paño. No sabemos por qué ha surgido así, y probablemente no seríamos capaces de hacerlo de nuevo.

Con la escritura pasa igual: ¡eh, mirad qué poema tan chulo me ha salido!

Conforme avanzamos de nivel en ese proceso ya descrito, somos cada vez más conscientes de la manera en la que llegamos a producir los dibujos y los poemas buenos. Producir algo eficiente ya no se limita a la suerte y a la casualidad. Creamos algo y lo perfeccionamos, una y otra vez. Entendemos el mecanismo. Entendemos cómo funciona la rima interna, la metáfora, la sonoridad de las sibilantes. Y no nos enamoramos de ninguno de nuestros poemas, porque sabemos cómo lo hemos creado y queremos hacerlo aún mejor, porque tenemos las herramientas para ello.

Un texto no “sale” bien o “sale” mal. Aplicas tus conocimientos y obtienes resultados similares a lo que esperabas. Por supuesto que hay un factor de “suerte” (tu estado mental de ese día, una serie de ideas que han conectado mejor que otras, tu bagaje cultural para ciertos temas, tu manera de documentarte, etc.), pero esa variable no es definitiva.

El escritor que ya está bastante arriba en la escala no tiene un cariño posesivo a un texto en concreto, ya que a) produce tantísimos textos que tendrá muchos que le gusten y b) tiene las herramientas para volver a producir un texto igual de bueno. Esa es una de las razones por las que los escritores profesionales se preocupan mucho menos por el plagio que los escritores que empiezan.

Si un relato “no salió bien”, no te limites a tirarlo a la papelera. Pregúntate qué ha fallado. Y si ha salido bien, pregúntate qué has hecho ahí que puedas aplicar a relatos futuros.

4. Dibujar sirve para impresionar a otros

Ya he comentado lo de los profesores que juntan las manitas, te miran con ojos brillantes y te dicen que eres lo mejor que se ha inventado desde los auriculares inalámbricos.

Esto nos mete ya desde pequeñitos una idea muy nociva en la cabeza: dibujamos (¡y escribimos!) para recibir validación ajena.

Tanto es así, que muchos de los escritores que conozco se dividen en dos categorías:

  • Aquellos que montan en cólera a la más mínima insinuación de que su obra no es perfecta y
  • aquellos que dicen escribir solo para sí mismos, cuando en realidad lo que tienen es pánico de que alguien juzgue su obra y les haga sentir que no valen para escribir (ver punto 2 de este artículo).
mentiras sobre dibujar—Que así no se coge una cámara, Manué.
—Cállate o dejo la cinematografía para siempre.

Estas mentalidades son propias de los primeros niveles de la escala. Cuanto más asciende en ella un escritor, más consciente suele ser de que la crítica es necesaria. Uno solo no puede analizar completamente su propia obra, por la subjetividad inevitable que implica. Y os aseguro que he oído cientos de excusas para justificar esto, desde el “yo no necesito a un corrector” a “los reseñadores no tienen ni p**a idea”. Algunos de esos argumentos tienen parte de razón, pero sospecho que en algunos casos hay detrás un pánico terrible a que otra persona opine sobre nuestro trabajo. He visto errores que se repiten una y otra vez en el mismo autor simplemente porque es incapaz de escuchar cuando otros se lo señalan repetidamente.

Como dice Monika, la motivación detrás de tu trabajo no puede ser solo la validación ajena, o nunca conseguirás avanzar. Generalmente, aquellos que suben en la escala tienen todo un abanico de razones, entre las cuales destaca la propia diversión de crear y la satisfacción de terminar algo que a ellos les gusta. Por eso mismo, es posible que artistas que estén en el nivel 8-9 produzcan obras que a otros les parezcan horribles, porque están utilizando habilidades y percepciones muy superiores al resto, con resultados difíciles de comprender para el lector medio.

Esto me hace gracia, porque lleva a la consabida expresión enfurruñada del escritor principiante de “es que no saben apreciar mi talento revolucionario” cuando recibe un rechazo editorial. Confunde la simple mediocridad con la brillantez de quien lleva toda su vida desarrollando un arte.

Si quieres tomarte en serio la escritura, pregúntate cuál es tu motivación principal. Si está en la aceptación ajena, prepárate para sufrir mucho, mucho, mucho.

5. El dibujo bueno es el dibujo realista

El único género válido es el realismo. La única novela válida es la “literaria”. Solo eres un escritor de verdad si escribes ficción. Y otras idioteces por el estilo.

¿Amas la ciencia ficción, la romántica, la histórica, la epistolar?

Tú escribe y disfruta. Ningún género es superior a otro y tú eres libre de reinventar, desarrollar o perfeccionar lo que te dé la gana.

Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas, para llegar al cubismo. Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas en la escritura, para manipular la gramática, la sintaxis y las bases narrativas a tu antojo.

Puedes probar, claro. Experimenta tanto como quieras, saborea todos los recursos que encuentres. Pero preocúpate de conocer las bases, esas reglas ya mencionadas, porque tienes que entender por qué están ahí antes de poder retorcerlas. De nada sirve inventar una lengua si desconoces cómo funciona el código que ya utilizas.

6. Si ya lo has probado y no has tenido éxito, significa que esto no es para ti

Y regresamos a la maravillosa noción estúpida del talento. Todos hemos pasado por aquí: escribimos un relato, un poema o lo que sea, lo mandamos a un concurso o a una convocatoria editorial y no conseguimos nada. O tal vez algún reseñador feroz se enzarza con nuestro texto. Nos miramos los pies y decidimos que tanta humillación no merece la pena, que para qué seguir.

grandes mentirasEsto de escribir es un peñazo. Es hora de volver a mi carrera brillante de modelo de stock.

Ya he hablado de la importancia de considerar el rechazo como un medio de aprendizaje. He de reconocer que, aunque comprendo exactamente cómo se sienten, me irritan los escritores que me vienen llorando porque una editorial ha rechazado su manuscrito. Alma de cántaro, ¿cuántas veces creen que me han rechazado a mí? ¡Y menos mal! Si me hubiesen publicado esas primeras obras, ahora me moriría de la vergüenza.

Pasa algo similar con escritores que se lanzan a autopublicar su primera novela. Rafa de la Rosa hablaba de su pánico al respecto aquí y del temido síndrome del impostor. No sé si usaría eso de síndrome del impostor. En cierta manera, una primera novela es una impostura real: es una mera muestra de lo que conseguirás en años venideros. Es importante que no funcione, de hecho, que esté llena de fallos. Veo casos de éxito con primeras novelas que son muy peligrosos: el autor se convence de su habilidad y deja de progresar. El fracaso, sobre todo al principio de nuestra carrera, es muy necesario. Tener expectativas de que una primera novela sea la p**a en vinagre es comprensible, pero no es útil ni realista.

Dice Monika: Don’t choose drawing only because it looks easy—it isn’t. No elijas dibujar solo porque parece fácil, porque no lo es. No elijas escribir porque parezca fácil. Si te parece fácil, estás haciéndolo mal. Cuanto más ascendemos en la famosa escala, más nos damos cuenta de lo horriblemente difícil que es escribir bien.

Hay muchas otras habilidades ahí fuera, en serio. Qué manía la de todo el mundo por escribir. Tal vez porque, a diferencia de la gimnasia rítmica, de tocar el piano o del culturismo, parece muy fácil. La parte del inicio, la de juntar letras y palabras, ya nos la sabemos, ¿no?

Puedes escribir veinte libros y no avanzar ni un pasito: escribir bien implica estrujarse los sesos de mil maneras hasta dar con aquello que te hace progresar. Hay muchas formas de conseguir esto: cursos, talleres, asesoría profesional, estudio, libros, etc. Pero ninguna de ellas te librará de ese agonizante estrujar de sesos.

Si ya lo has probado y no has tenido éxito, no significa que esto no sea para ti. Significa que acabas de empezar.

7. Un buen artista puede dibujar cualquier cosa

Esto también es aplicable a la escritura. Si bien hay habilidades asociadas a la escritura que nos permiten meterle mano a otro género o formato con mayores posibilidades que los que empiezan a escribir de cero, no es lo mismo escribir una novela que un relato que un artículo que una tesis doctoral que un poema.

Hay que especializarse, no queda más remedio. Por supuesto que es importante probar otros géneros y formatos para aprender de ellos, salir de nuestra zona de confort y tener sexo de ideas satisfactorio. Pero una y otra vez veo a escritores de letras de canciones que publican libros atroces de poesía, novelistas que de repente aseguran dominar el arte del relato corto y cuentistas que se meten de cabeza en una novela sin estudiar mínimamente cómo se estructura.

La especialización tiene muchos peligros, pero también tiene una gran ventaja: aprendes mucho más rápido (y además tienes un nicho, un público objetivo mucho más definido). ¿Vendríais a mi blog si además de hablar de escritura hablase de diseño de museos, de investigación microbiológica y estrenos de Chanel para esta temporada?

Si quieres ser el mejor en todo, acabarás, como mucho, siendo aceptable en muchas cosas. Si quieres ser el mejor en tu género, sector o nicho, conseguirás, por lo menos, ser muy bueno en tu género, sector o nicho.

8. Necesitas herramientas especiales para dibujar bien

Las herramientas ayudan mucho, eso lo sabemos. Yo, que tengo la caligrafía como afición, os puedo asegurar que usar una tinta Pelikan con una plumilla de plástico, baratuna, no es para nada como usar una tinta Winsor and Newton con una Leonardt.

Lo mismo ocurre con las rutinas: nos ayudan a hacer nuestro trabajo. ¿Pero significa esto que si no tienes tu Mac con Scrivener, con un cuaderno Moleskine al lado y tu pluma Montblanc, sentado a tu escritorio a la hora exacta con un café al lado, no puedes ponerte a escribir?

Yo soy más de PaperBlanks con Pilot V5, pero ya me entendéis. Las herramientas ayudan mucho, pero lo único que necesitas, en el fondo, es escribir. Y una restricción voluntaria (probar a usar solo ciertas palabras, obligarte a usar un recurso nuevo o a escribir de un modo distinto) te ayuda a encontrar nuevas vías de creatividad.

Os lo digo yo, que escribo en aviones, bares, trenes, autobuses, hoteles, cuartos de baño y bajo una farola en la calle.

grandes mentirasOs echáis a llorar cuando en el Starbucks de vuestro pueblo no tira el wifi, pero que sepáis que ahí fuera hay gente que tiene que escribir en condiciones realmente horribles, como esta pobre mujer, condenada a estar siempre con extrañas figuras geométricas traslúcidas revoloteando alrededor de su cabeza.

Las rutinas y herramientas deben ser complementos, nunca muletas.

9. Eres demasiado mayor para empezar a dibujar

Creo que contestaré a esta enunciación tan absurda con este enlace.

Monika dice que hay dos tipos de personas que dibujan: los niños y los artistas. Esto suele deberse a que los niños reciben motivación para dibujar, al considerarse un acto de expresión creativa. Y tienen más tiempo para ello. Por eso también, muchos escribimos de niños y adolescentes, pero luego nuestro cerebro se vuelve más crítico, ya no recibimos la misma motivación, nuestras obligaciones adultas se meten por medio y dejamos de escribir.

Y cuando nos ponemos de nuevo, nos decimos “qué horror, escribo como un niño”.

Lo curioso es que, a diferencia de otras muchas habilidades (como aprender un idioma), no estamos peor capacitados que un niño para desarrollar lo que necesitamos para escribir bien. Hasta tenemos ventaja: tenemos más experiencias vitales con las que inspirarnos, mayor madurez para entender el mundo que nos rodea y mayor disciplina para avanzar en nuestro arte.

Todo el mundo empieza en algún momento y los comienzos dan resultados feos, muy feos. Si de verdad quieres escribir, cada día que no aprendes más sobre la escritura es tiempo que estás desperdiciando. Y podemos recuperar algo de la ilusión y diversión que nos daba escribir (¡y dibujar!) cuando niños.

Eso sí que motiva.

10. Dibujar y pintar son lo mismo

Dibujar y pintar requieren habilidades diferentes. Que sepas dibujar no significa que sepas pintar y viceversa.

Del mismo modo, las acciones de crear/escribir/producir un borrador no son las mismas que reescribir/corregir/revisar y requieren también de habilidades y conocimientos diferentes.

Puedes ser un escritor excelente, pero tendrás que adquirir conocimientos generales de gramática y ortografía para pulir tu texto. Deberás aprender técnicas para darles redondez a tus personajes y hacer que brille tu ambientación, actividades que tienden a realizarse en la reescritura.

Es sorprendentemente común que escritores que no tienen ningún problema para escribir cantidades ingentes de palabras de borrador tengan un bloqueo a la hora de corregir (¡y de planificar!). O que correctores profesionales, personas que tienen un dominio excelso de la lengua, sean incapaces de crear un texto interesante.

Puedes dibujar sin saber pintar. Limitarte al blanco y negro: pagarle a una serie de profesionales para que editen tu texto. Puedes pintar con un mal dibujo, pero el resultado va a ser… limitado.

Por esto, insisto en la importancia de:

  • Saber planificar, liberarte de bloqueos, generar ideas e implementar con éxito hábitos que te permitan escribir de manera periódica y
  • Aprender lo suficiente sobre tu lengua y tu arte como para hacer una reescritura eficiente y una corrección válida (aunque luego necesites otro par de ojos para asegurarte de que no se te escapa nada importante).

Y el final:

Al final de su artículo, Monika concluye que si empezamos a pensar en el dibujo como en cualquier otra habilidad (cocinar, hacer ganchillo, maquillarse, jugar al fútbol) nos liberaremos de la noción de que dependemos del talento para avanzar y por fin podremos progresar. Creo que ocurre exactamente lo mismo con la escritura. Si veis los comentarios al artículo de Monika, veréis más de un párrafo indignado, de personas que siguen insistiendo en la necesidad del talento. Tengo asumido que por aquí caerá alguno también. También asumo que habrá a quienes esta frase de Monika les anime:

Si quieres dibujar, no dejes que tu ambición te impida ser principiante.

Si quieres escribir, no dejes que tu ambición, tu perfeccionismo y tu impaciencia te impidan empezar siquiera.

Cualquiera NO puede dedicarse a escribir. Pero no por las razones que pensáis. No porque “valgas” o no valgas. No es solo una cuestión de desarrollar una habilidad. Es simplemente que no todo el mundo tiene la resistencia (y obsesión) necesaria para dedicar su vida a la escritura (y menos mal). Creo que eso debería preocuparnos tanto (o más) que nuestro supuesto talento.

Puede que haya algo de magia en aquellos que llegan a la genialidad, una combinación única de experiencia, actitud y habilidades que proporcionan un toque especial a su trabajo. Ese algo que dicen que hace que una obra trascienda (si la gente supiera la de factores que influyan en que una obra trascienda… no todos se basan en la validez del texto). Isaac, por ejemplo, opina que eso no se puede enseñar (aunque tal vez se pueda aprender). Diana también apunta a ese “algo” especial. Creo que el problema está en que son cuestiones que pertenecen a un nivel tan alto de la escala que son imposibles de explicar y transmitir a los que están más abajo. Pero existen, no son figmentos mágicos regalados por un dios injusto. Creo en la magia cuando escribo fantasía, pero no cuando alguien me habla de escritura.

Monika termina con otro asunto importante, con el que estoy muy de acuerdo.

Hasta ahora hemos hablado de cómo aprender a escribir bien. Pero es necesario añadir que no es obligatorio aprender a escribir bien. Y mucho menos aprender a escribir a secas (aunque es muy útil, para todas las facetas de nuestra vida).

Si nunca te conviertes en un artista excepcional, ni siquiera en un buen artista, no significa que has fallado. No necesitas grandes metas: necesitas ese rato de amor entre el papel (o la pantalla) y tú. Eso está bien, es hermoso.

Aprender a escribir debe ser su propio premio: si no disfrutas con tu arte, si no proporciona ningún valor a tu vida, puedes abandonar. No pasa nada.

Hay muchas otras cosas grandes y maravillosas ahí fuera.

(Dibujar, por ejemplo).

 


¡ATENCIÓN!

He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de mis mecenas. Entre ellos, va un gracias especial a Jorge del Oro, Carlos S. Baos, Ana González Duque, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón y Anabel Rodríguez por sus contribuciones. Si tú también quieres ayudarme a seguir creando publicaciones como esta, por favor considera pinchar aquí y echarle un vistazo a mi Patreon.

Ya has visto que estos artículos tienen bastante tarea. Por menos de un euro puedes echarme una mano y además recibir recompensas divertidas 😉

O también puedes cotillear mis libros. Después de todo, los escribí para ti.


Créditos:

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Tres métodos para hacer una maratón de escritura

septiembre 21, 2017 — by Gabriella13

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Podrías escribir 10000 palabras en un día. Eso es lo que yo llamo una maratón de escritura.

Podrías escribir 8000, 5000 o 3000 o 500. En realidad, cualquier sesión (o conjunto de sesiones) donde escribas cantidades mayores a lo que acostumbras podría considerarse una maratón.

Ayer (o casi ayer) hablábamos de la posibilidad de escribir 10000 palabras AL DÍA, lo cual, como todos hemos acordado en comentarios, redes sociales y demás, es una barbaridad santísima.

Pero la opción de dedicar un solo día (o varios días a la semana) a aparcar el culo y vomitar una cantidad tremenda de palabras no es una barbaridad tan santa. Es decir: es posible y puede que hasta recomendable.

Ayer (o casi ayer), hablábamos de rutinas y sistemas de alta productividad. Hoy hablaremos de dolores puntuales de culo.

Metámonos en tarea. Caben unas preguntas de rigor. Por ejemplo: ¿una maratón de escritura es recomendable para ti, que me lees ahora?

Para quién recomiendo las maratones de escritura

  • Para personas que no tengan ningún problema de disciplina con su escritura, que tengan ya bien implementado el hábito de escribir.
  • Sirve también para personas con curiosidad por ver qué tipo de cosas pueden escribir cuando dejan suelto a su cerebro durante más de una hora. Os aseguro que no son las mismas que cuando lo tienes con una historia durante solo 20 minutos.
  • Para autores que por trabajo, familia y ocupaciones diversas no pueden dedicarle a su escritura una cantidad fija de tiempo a diario.
maratón de escrituraAlgunos oficios no son fáciles de compaginar con la escritura.

Para quién no recomiendo las maratones de escritura

  • Para personas que todavía no tengan implementado un hábito de escritura. Si te acostumbras a escribir solo en maratones, dependes demasiado de tu fuerza de voluntad para aparcar ese ya mencionado y hermoso culete. Empieza primero escribiendo un poco todos los días, que es la mejor manera de construirte el hábito de escribir, y más adelante, cuando ese hábito ya esté bien afianzado, puedes calcular si esto de las maratones te compensa.
  • Para personas con problemas de espalda y/o de trasero (lo de levantarte cada media hora a estirar las piernas corta el rollo). Aun así, pueden plantearse otras opciones (hay quien escribe de pie y James Joyce escribía tumbado. No era el único).

Solucionado este primer dilema, ahora analizaremos diferentes métodos que utilizan diferentes escritores para enfrentar una maratón. Pero si te planteas probar alguno de ellos, aún nos queda una segunda pregunta importante:

¿Para qué estás haciendo esto?

En una conversación en Twitter sobre el tema este de las 10000 palabras, Elia Barceló me hizo una pregunta: ¿para qué es necesario escribir tantísimas palabras? Algunas cosas son largas de explicar en Twitter, así que me gustaría ofrecer aquí algunas ventajas, que afectarán sobre todo a escritores autopublicados o híbridos:

Ventajas de escribir mucho
  • La que ya hemos mencionado: te permite avanzar mucho de golpe si solo tienes días específicos en los que puedes escribir.
  • Mayor cantidad de obras es igual a mayor catálogo, la base de tu trabajo (¡e ingresos!) como escritor. Si escribes, además, para sectores con demanda alta como la romántica, la erótica o el thriller, sabrás que tus lectores consumen tan rápido como tú puedes publicar. Una persona que escribe romántica tiene un mercado que exige de una producción muy superior que la que pueda tener alguien que escriba ficción al uso.
  • La práctica hace la perfección y solo se aprende a escribir escribiendo. Cuantas más palabras escribes, más practicas. Eso sí: es importantísimo que complementes esta práctica con la teoría (¡y con la lectura!). Ya lo he comentado en algunas ocasiones, pero he visto a autores con libros incontables en Amazon cuyas obras más recientes contienen los mismos problemas de forma, contenido y estructura que las primeras. Aprende estudiando, también, y acude cuando puedas a lectores cero, tanto informales como profesionales.

Esto no quiere decir que tengas que producir tres novelas al mes. Esto quiere decir que, dentro de tus capacidades, tengas una práctica habitual que te permita crear borradores con relativa velocidad. Que no te atasques con ese perfeccionismo que te lleva a dedicar quince años de tu vida a una sola novela, porque tu progreso no será el mismo.

maratón de escrituraEste es Manolo, viendo pasar las horas que ya no recuperará, pensando todavía si usar el verbo yacer o el verbo copular en el noveno capítulo de su primer libro. No seas como Manolo.

Ya te tocará luego el trabajazo chachi de la reescritura, corrección y demás. Ánimo.

Y estas son solo algunas ventajas generales. Lo fundamental es que te preguntes para qué lo estás haciendo TÚ. ¿Por qué estás sentado delante de tu folio o pantalla con intención de dedicarle varias horas seguidas de tu vida, cuando podrías estar comiendo/bebiendo/jugando al rol/en la playa/practicando actos indecibles y muy acrobáticos en la alcoba?

Puedes hacer una maratón como experimento, por supuesto, pero tendrá más sentido si tienes muy claro 1) por qué escribes (así en general: no es una pregunta fácil) y 2) para qué estás haciendo esta maratón. Ambas cosas serán las que te impulsen cuando lleves 8000 palabras y te duela todo y tu pareja esté ahí fuera en la playa, comiendo, bebiendo y jugando al rol erótico con cuatro escandinavas de excelente ver.

Y un último aviso:

Recuerda que tienes que editar

Ups. Sí, nos habíamos olvidado de esto.

Romper bloqueos y crear borradores soltando 10000 palabras de golpe está muy bien, pero ten mucho cuidado con el efecto embudo. Te emocionas escribiendo, acumulas montañas gigantescas de palabras y luego tienes que enfrentarte a la realidad pesadillesca que son la reescritura y la corrección. Así que procrastinas y sigues produciendo más palabras de borrador.

Cuando te quieres dar cuenta, tienes tres novelas cortas, una saga nórdica de ciencia ficción con mujeres que odian a las avispas y una enciclopedia marina.

Y NI UNA CORREGIDA.

No digas que no te avisé.

Llegamos al corazón del artículo.

tres métodos para hacer una maratón de escritura

Antes de nada diré que te ayudará leer los consejos de Rachel Aaron para escribir mejor y más deprisa, que puedes ver aquí (y si quieres conocer su método completo, aparece en su libro). También te ayudará esta serie de preguntas que puedas hacerte antes, después y durante tu sesión de escritura.

Vamos con los métodos:

1. Cait, del blog PaperFury

Aparte de leerse unos 200 libros al año (what?), Cait escribe a velocidades endemoniadas. Es una jovenzuela aprendiz de escribiente: todavía no ha publicado nada, pero tiene ya en su haber 25 manuscritos.

maratón de escrituraHe aquí un antepasado especialmente atractivo de Cait, que también fue la pesadilla de todos los editores de su país natal.

Estos son sus secretos:

1.1. Reserva un día entero solo para tu maratón

Esto puede parecer muy evidente y lógico y de cajón, pero sentarse a hacer una maratón para que te interrumpan cada media hora no tiene mucho sentido.

Lo he dicho muchas veces, pero voy a repetirlo: cada vez que algo o alguien te distrae, tu cerebro tarda MUCHO en volver a concentrarse del todo (¡según este estudio, una media de 23 minutos y 15 segundos!).

Esa notificación de Facebook te ha costado 23 minutos y 15 segundos. Ese perro que te trae la pelota para que se la tires, otros 23 minutos y 15 segundos. Ese telefonazo de tu amigo que quiere quedar para contarte su vida amorosa te ha costado otros 23 minutos y 15 segundos.

Sí, cierto es que todo es culpa tuya por dejar encendido Facebook, tener perro y juntarte con personas que protagonizan culebrones que ni Topacio, pero ponte a sumar tiempo de distracción. Es tiempo que ya no recuperarás, perdido en el olvido y en el pasado de “debí escribir más palabras”.

1.2. márcate miniobjetivos

No es lo mismo decir “hoy voy a escribir 10000 palabras” que “en las próximas dos horas voy a escribir 3000 palabras”.

Así que márcate objetivos pequeños. Cuando vimos lo que hacía Nicolas Cole a diario, observamos que separaba sus objetivos de palabras por etapas: por la mañana, después de comer, por la noche. Cait también planifica así su día: quiere escribir 3300 palabras por la mañana, 3300 palabras después de comer y 3400 palabras después de la cena.

Tu experiencia será otra: tendrás otros horarios y costumbres. Pero prueba a dividir tu día en etapas manejables. 3300 palabras parecen bastante más fáciles de alcanzar que 10000, ¿verdad?

Cuando Cait alcanza cada objetivo, se permite ciertas recompensas.

1.3. Date un premio

Es fácil recompensarse con premios pequeñitos. Procura que no sean recompensas que no compensen (jajaja, qué ingeniosa soy). Cait da algunos ejemplos de recompensas que sí se da… y de algunas que no le parecen buena idea:

  • Recompensas buenas: Buscar inspiración en Pinterest, dar un paseo, comer (¡nada de almorzar hasta que termines esas 3300 palabras, ay!), algo de beber que te guste (té, café, batido…), ver Youtube o la tele (pero con una alarma para que no se te pase el tiempo de descanso).
  • Recompensas malas: Leer, jugar a videojuegos (o cualquier cosa que te resulte difícil abandonar cuando toque escribir de nuevo), escribir otras cosas (Cait aconseja “descansar esos deditos” entre sesiones).
Un inciso sobre la lectura y su función mientras escribes

Cait dice que leer a otros hace que sienta inseguridad para con su propia escritura. Esto puede debatirse: acordaos de que Cole usaba la lectura como medio de inspiración y forma de encontrar la voz que necesitaba para lo que le tocaba escribir (y yo estoy con Cole en esto).

Creo que la inseguridad que una buena lectura le produce a Cait mientras está escribiendo es un problema sobre todo para autores que no llevan ya varios años desarrollando su arte: con el tiempo esto cada vez te da más igual. De hecho, cuando aprendes a dejar atrás la “comparacionitis”, verás que leer en los descansos entre sesiones de escritura lo que hace es inspirarte… mucho.

Con la experiencia, dejamos de leer como competidores y empezamos a leer como colaboradores: descubrimos todo tipo de herramientas, trucos e ideas en las obras ajenas.

1.4. No pienses. solo escribe

Estás con tu borrador, ¿no? Pues no edites en tu cabeza. No te pares. Escribe mal, escribe porquería. Ya reescribirás después. Vuélvete locuelo, sé salvaje, haz lo que quieras. Por cada frase que te pares a meter cosas bonitas y preciosas y profesionales, estás perdiendo fluidez, estás perdiendo creatividad, te estás censurando y estás dejando un resquicio de puerta abierta a la inseguridad y al bloqueo.

Durante años tuve problemas de bloqueo por inseguridad y perfeccionismo. Las maratones me ayudaron a acabar con esto de golpe y me recordaron que escribir, además de elevado y cultureta y blablablá, era divertido. Corre el rumor de que las primeras veces usé alcohol para cargarme todas mis inhibiciones.

Por supuesto que no recomiendo el uso de ninguna droga, legal o ilegal, para ayudarte en tu escritura. Ese rumor, seguramente, es falso.

1.5. Busca aliados

Pensamos en la figura clásica del escritor y pensamos en un ser huraño y solitario, antisocial, encerrado en su mundo privado de creación, hablando solo mientras aporrea una máquina de escribir vieja. No entiendo por qué seguimos empeñados en aporrear máquinas de escribir viejas, con lo cómodos que son los teclados modernos.

Y sí, escribir es una actividad solitaria. Incluso los que escribimos con otra persona tenemos que pasar en soledad esos momentos en que el capítulo nos toca a nosotros.

Eso no significa que tengamos que hacerlo TODO solos. Tener una comunidad de apoyo puede hacernos la vida muuucho más fácil. He aquí algunas ideas que da Cait para aprovechar que hay otras personas en tu vida (física o virtual) que pueden animarte para superar esta maratón del demonio:

  • Busca una pareja escritora, algún amigo al que tengas que escribirle de manera periódica para decirle cómo vas.
  • Recurre a las redes sociales. Si escribiste una frase graciosa o ingeniosa que te produce calorcito por dentro, guárdala y ponla en Twitter, Facebook o donde sea durante uno de tus descansos. Las palabras de ánimo de tus seguidores te darán energía para seguir escribiendo; si alguien te critica, tienes combustible para ponerle su nombre a uno de tus personajes y someterlo a todo tipo de vejaciones.
  • Si perteneces a algún grupo de escritores, háblales de tu progreso. Hasta puedes intentar convencer a alguien de que haga una maratón contigo.

En resumen

Creo que todos estos son buenos consejos para superar una maratón. Cait menciona 10000 palabras en un día, pero ese no tiene que ser tu objetivo. Aspira a escribir 5000, por ejemplo, y a ver dónde acabas. Puedes ir subiendo la meta cada vez que hagas otra locura de estas.

Por cierto, cuando terminé de leer el artículo de Cait le eché un ojo a los comentarios y vi una conversación donde se revelaba que, un año después, Cait había subido sus 10ooo palabras de maratón a 27ooo. Sí.

maratón de escrituraGracias a una avanzada labor de espionaje, hemos conseguido fotos exclusivas y actuales del hogar de Cait.

Lo bueno de las maratones es que cada vez son más eficientes. Cada vez escribes más rápido.

Aun así… 27000 palabras en un día. Tiemblo solo de escribirlo.

Vayamos con el segundo método.

2. El método de j.b.north

Las 10000 palabras de J.B.North se consiguen de formas muy similares a las de Cait. La diferencia es que J.B. tiene más experiencia a sus espaldas y unos cuantos libros publicados. Su sistema es interesante: en un día normal escribe unas 2300 palabras, pero intenta reservar un solo día a la semana para una maratón especial.

Sus bloques de tiempo son más cortos que los de Cait, más planificados al detalle, con más descansos; también se levanta y se acuesta más tarde que los típicos escritores madrugadores. También me llama la atención que utilice espacios de “preparación”: pronto veremos por qué.

2.1. Un día a la semana para 10000 palabras

Echadle un vistazo a su agenda de maratón:

  • 10:00am – Levantarse, prepararse, etc.
  • 11:00am – Desayuno tardío.
  • 11:45am – Prepararse para escribir.
  • 12:00pm – Escribir.
  • 1:30pm – Descanso, estirar, recoger la casa.
  • 2:00pm – Prepararse para escribir.
  • 2:15pm – Escribir.
  • 3:45pm – Descanso, hacer ejercicio, comer algo.
  • 4:15pm – Prepararse para escribir
  • 4:30pm – Escribir
  • 6:00pm – Descanso, preparar la cena, comer y recoger
  • 7:30pm – Prepararse para escribir
  • 7:45pm – Escribir
  • 9:15pm – Descanso, estirar.
  • 9:45pm – Prepararse para escribir.
  • 10:00pm – Escribir.
  • 11:30pm – Terminar y tiempo libre.
  • 2:00am – Dormir.

2.2. Todo planificado de antemano

Antes de empezar una jornada maratoniana, J.B. ya ha hecho su trabajo de planificación. Para ello, tiene siete documentos distintos para sus novelas:

  • Argumento
  • Personajes
  • Mundo/Ambientación
  • Poderes de los personajes
  • Esquemas de capítulos
  • Notas
  • Libro en sí

Esto está pensado para gente que tiene editores de texto normales de gente normal. Para personas con superpoderes Scrivener, todo podrá integrarse en archivos y subdocumentos del mismo proyecto.

El proceso de estructurar la novela y llenar estos documentos al empezar una novela suele llevarle una semana, más o menos. No te lances a tu novela a ciegas; entenderás que hay que planificar algunas cosas antes, para no perderse por el camino.

2.3. La importancia de prepararse

Esto es lo que hace J.B. en esos huecos que ha denominado prepararse para escribir:

  • Tener algo de beber cerca (té, agua, café, lo que te plazca).
  • Tener cerca algo de picoteo si es necesario (escribir con hambre es Muy Duro, dice ella. Personalmente, no apruebo esto en absoluto. A no ser que tengas bajonas de azúcar o algo similar, incorporar el picoteo en tu rutina de escritura me parece que fomenta un hábito poco saludable, sobre todo si son cosas de consumo rápido y poco sano. Pero yo soy yo y tú eres tú y por eso el mundo es interesante).
  • Eliminar ruidos (sugiere usar cascos o auriculares; algunas personas ponen ruido blanco o marrón de fondo).
  • Lanzar el móvil a la otra punta de la habitación.
  • Apagar Internet.
  • Tener a mano una libreta de notas y un lápiz.
  • Dedicar unos momentos a revisar lo escrito en la sesión más reciente.
  • Apuntar con rapidez un plan de qué vas a escribir en la sesión que comienza.
  • Prepararse mentalmente para una máxima concentración durante un periodo largo de tiempo. Yo recomiendo unos minutos de meditación si tienes problemas para enfocar tu atención.

2.4. Consejos principales

En esto se resume el resto del método de J. B.:

  • Ponte un temporizador. Ya sabéis que yo soy muy fan del pomodoro. Suele tratarse de bloques de tiempo de 25 minutos, pero últimamente me gusta trabajar con bloques de 45. Uso Moosti, pero hay mil programas y apps ahí fuera para lo mismo. Querrás adelantarte a la alarma, así que…
  • Escribe lo más rápido que puedas. Corre, corre mucho. No te detengas. Ve más rápido que tu editor interno, porque…
  • No hay crítico que valga. ¿Que estás escribiendo mierda? ¡No importa! Tu borrador solo tiene que servir para una cosa. Y por eso…
  • No tengas miedo de saltarte cosas. ¿Aburrido/a con una escena, o te has atascado? ¡Sáltatela! Deja una nota para luego y pasa a lo siguiente. Y por una vez…
  • No tengas miedo de cometer faltas de ortografía. ¡No te pares a corregir! Eso lo harás en otro momento. Orrorízate i deha fayos askerosos para ke las encuentré tú llo de manyana y yore. Lo fundamental es…
  • Practica, practica, practica. No vas a llegar a los 10000 en tu primera maratón, como ya hemos dicho. Pero cada vez que lo hagas, será más fácil. Cada vez escribirás más y mejor y más deprisa.

¡Hecho!

¿Todavía por aquí? ¿Has aguantado las ganas de salir corriendo a soltar miles de palabras de golpe mientras bebes té con tequila, describes poderes de personajes, estiras los codos e internautas el apagado? ¡Bien!

maratón de escrituraTe mereces un descanso. Venga, ve a Facebook, te doy permiso. Cuando vuelvas, verás con otros ojos el remanso de paz, cordialidad y buen rollo que es mi página, donde nadie ha intentado todavía convencerte de las bondades anticancerígenas y endulzantes del zumo homeopático de lima.

Vayamos con el último método. Más que un método, es una herramienta.

3. Entrena a un dragón

Todo esto de lo que he hablado, todo esto de los métodos para escribir a velocidades supersónicas, cuenta con el hecho de que sabes teclear deprisa. Si no es así, tienes dos opciones: aprender a mecanografiar como un profesional o recurrir al reconocimiento de voz.

Lo del reconocimiento de voz no es moco de pavo*. Usando el programa Dragon, el escritor Scott Baker produce unos diez libros al año. Sí, tal cual. Tiene 70 libros publicados desde 2010 (algunas son novelas cortas, eso sí). Escribe tanto ficción como no ficción. ¿Su secreto? Producir borradores de forma rapidísima gracias a su conocimiento de este programa (hasta tiene un libro al respecto). Si os lleváis bien con el inglés, podéis leer o escuchar la entrevista que le hizo Joanna Penn: no tiene desperdicio.

Chris Fox también plantea la posibilidad de acelerar a niveles estratoféricos la velocidad de escritura en su libro. Cada vez leo y oigo de más casos de autores que utilizan diferentes programas de reconocimiento de voz para poder crear de manera más eficiente. Nos encontramos con más y más escritores capaces de producir cantidades enormes de contenido en un espacio muy reducido de tiempo.

Eso no es garantía de calidad, claro, pero es un comienzo.

maratón de escrituraAprovecho este pequeño hueco en el artículo para recordar que, al contrario de lo que nos aseguran siempre las imágenes de stock, el resultado inmediato tras terminar un borrador no es este.

Dictado se ha hecho siempre, si bien había que contar con largas horas de transcripción. Programas como Dragon nos llevan a otros niveles. Yo me pregunto si este no será el futuro de la escritura. Es cierto que hay una conexión especial que se produce en nuestro cerebro al transmitir palabras desde el tecleo (y otra diferente cuando lo hacemos mediante la escritura manual), pero tal vez se formen nuevas conexiones al utilizar simplemente nuestra voz. Baker asegura que sus diálogos, por ejemplo, ahora son mucho más naturales. Yo misma recomiendo siempre leer un texto en voz alta al corregirlo, para pillar errores y buscar mayor fluidez y naturalidad.

Me gusta la idea de poder escribir dando vueltas por la habitación (Dragon te permite hacer grabaciones y luego subirlas al programa: no tienes que estar dictando delante del ordenador). Aunque hago ejercicio, estar largos ratos sentada me mata. ¡Pero necesito estar largos ratos sentada para no interrumpir mi flow!

El mayor inconveniente de programas como Dragon (aparte de que te sientas un poco idiota hablándole a la nada) es que exigen una inversión de tiempo. Tienes que aprender a “entrenarlos” (enseñarles a reconocer tu forma de hablar, configurarlos a tu manera, etc.). Tal vez, más adelante, sea para mí. Por ahora, me plantearé comprar un escritorio de pie o algo así, y seguiré dándole al Pilot V5 (la nuestra es una larga historia de amor, ay) y a mi teclado Logitech.

Siempre he sido muy de dragones, pero hay algo satisfactorio, muy satisfactorio, en el roce del boli contra el papel, en el sonido de las teclas de un teclado que te resulta cómodo y rápido.

No lo sé, no lo sé.

Ese dragón me incita. Me está mirando con ojos ámbar y lascivos.

Ya sabéis que en mis cuentos pasan cosas inapropiadas con dragones.

No sé cuánto tiempo podré seguir resistiendo.

 


*Nunca he entendido esta expresión. Claro que no es moco de pavo. El moco de pavo es lo único que es moco de pavo. Y solo cuando el pavo está resfriado.


¡ATENCIÓN!

He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de mis mecenas. Entre ellos, va un gracias especial a Jorge del Oro, Carlos S. Baos, Ana González Duque, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos y Adela Castañón por sus contribuciones. Si tú también quieres ayudarme a seguir creando publicaciones como esta, por favor considera pinchar aquí y echarle un vistazo a mi Patreon.

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Créditos:

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Hecho es mejor que perfecto

abril 17, 2017 — by Gabriella18

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perfecto

Hace tiempo que quería hablaros del culto a lo hecho. La secta de lo terminado. Se trata de un manifiesto que crearon Bre Pettis y Kio Stark un día en la cama. Lo escribieron en veinte minutos, porque solo tenían veinte minutos para escribirlo.

No abogo por hacer las cosas mal y a medias: esa mentalidad es la que lleva a libros desastrosos. Pero el perfeccionismo, el ansia por hacer nuestro mejor trabajo, es una fuerza paralizadora y maligna que nos afecta a muchos. Nos lleva a empezar miles de proyectos y abandonarlos en cuanto entran en juego el miedo y el aburrimiento. Y esa incapacidad para terminar nuestros proyectos provoca un derrotismo nefasto, un círculo vicioso de relatos y novelas sin terminar.

¿Cómo acabar con ese perfeccionismo?

Es fácil.

No, perdón. No es fácil. Pero la teoría es sencilla.

Solo hay que hacer caso de Pettis y Stark y seguir sus reglas:

Hay tres estados de ser: no saber, acción y terminado

Pasamos de no saber nada ni habernos puesto a ponernos y a terminar nuestra obra o proyecto. Por eso el manifiesto dice que no existe “la etapa de edición”, en el sentido de que editar puede convertirse en una excusa para quedarse atrapado para siempre entre la nada, la acción y el ansiado final.

Acepta que todo es un borrador. eso te Ayudará a terminarlo

Sabemos que incluso en la decimonovena corrección seguimos trabajando en un borrador, en un proceso. Debemos elegir cuándo convertir ese borrador en un borrador en el que ya no seguiremos trabajando. Es decir: debemos decidir cuándo ese borrador se convertirá o bien en un libro presentado para publicación o bien en un proyecto definitivamente abandonado o destruido.

No existe la etapa de edición

No te obsesiones con la etapa de cambios. En la escritura, todo es cambio. Escribimos, reescribimos. Releemos lo escrito y reescribimos de nuevo. El texto está en evolución constante, desde el principio. Vamos de la escritura a la publicación. Corrige cuando toque corregir, establece un tiempo y número limitado de revisiones y tira millas. Escribí un libro que te ayudará con eso.

No vayas editando sobre la marcha. Concéntrate primero en terminar tu libro. Ya editarás después.

Fingir que sabes lo que estás haciendo es casi lo mismo que saber lo que estás haciendo, así que vas a tener que aceptar que sabes lo que estás haciendo (aunque no lo sepas) y hacerlo

En otras palabras: la documentación ha de terminar en algún momento. La reescritura ha de terminar en algún momento. Nunca escribirás tan bien como en tu cabeza. Es verdad, tal vez estás engañando al mundo y en realidad eres un sucio impostor. Eso no importa. Finge que sabes escribir hasta que sepas escribir.

Destierra la procrastinación. Si esperas más de una semana para llevar a cabo una idea, abandónala

Puede que tengas la idea perfecta para un relato o una novela, pero, seamos realistas, si no te has puesto con eso en el plazo de una semana, posiblemente no te pongas nunca. Manda esa idea a tu libreta de notas (física o virtual) y deja tu cabeza un poco más limpia de “cosas por hacer”.

El objetivo de terminar no es terminar en sí, sino poder ponerte con otras cosas

Como ya he dicho muchas veces, terminar es, a mi juicio, el tercer consejo más importante para un escritor después de escribir mucho y leer demasiado.

Para escribir bien hay que practicar mucho, pero de nada sirve practicar con cosas a medias. Para poder escribir muchos libros necesitas terminar el primero.

Una vez hayas acabado, puedes tirarlo a la papelera

Increíble, pero cierto. Compartir tus textos es bueno (por aquello de las opiniones ajenas y la alimentación), pero tirarlos a la basura también está permitido.

¿No es maravilloso saber eso? Yo lo encuentro liberador.

También tienes derecho a abandonar un proyecto, sobre todo si llevas varios proyectos a la vez y no estás avanzando en ninguno. Pero abandónalo de forma definitiva, échalo de tu mente. Que no se acumule ahí con el resto de tareas que nunca terminaste.

Ríete de la perfección. Es aburrida y hace que no termines nunca

JAJAJAJA.

Apunta con el dedo a la cara de la perfección y descojónate/desorínate/desterníllate. Ríe conmigo.

la gente que no se ha ensuciado las manos no tiene razón. hacer algo es lo que te da la razón

¿Te acuerdas de toda esa gente que viene a decirte todo aquello en lo que te has equivocado?

¿Cuántos libros han escrito ellos?

La experiencia es un grado. Un grado gigante.

El fracaso cuenta como hecho. También cuentan los errores

¿Recuerdas esa novela que escribiste que ahora miras y te hace encogerte de la vergüenza?

La necesitabas para escribir esa otra que te produce tanto orgullo.

La destrucción es una variación de hecho

Aunque la tiraste a la basura, sí, esa novela estaba terminada. Cuenta.

Si tienes una idea y la publicas en internet, cuenta como el fantasma de algo hecho

Hablar de algo siempre es “el fantasma de”, no es ese algo en sí. Comparte tus ideas, claro, pero desarróllalas. Y termínalas.

Hecho es el motor de más

Cuanto más termines, más te aficionarás a terminar. Y más terminarás y más libros tendrás ahí fuera, publicados y coleando.

Esta publicación no es perfecta. Pero está hecha y la estás leyendo, lo cual me parece un logro estupendo.

¿Qué es lo último que has terminado tú?

perfecto

Primera imagen: Joshua Rothhaus / Segunda imagen: James Provost


escribir a cuatro manosNi ratas ni ratones eran grandes guerreros y la pelea en sí misma era un desastre; no acertaban una y no paraban de tropezar, mientras se insultaban con una saña inaudita. Es un hecho poco conocido, pero los roedores son los reyes del insulto:

—¡Eres esférica como un globo! ¡Podría hallar países enteros en tu redondez!

—¡Pues para ser un engendro infernal, no eres ni la mitad de guapo de lo que deberías ser!

—¡Tu ingenio es tan pobre que convierte en estúpidas las cosas sabias!

—¡Y tú eres la tataranieta lejana de un conejo!

—¡Rompepuertas! ¡Costal de papas y manteca!

(El día del dragón, Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina).

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Esas 15 cosas que abandonarás para alcanzar tus sueños

abril 13, 2017 — by Gabriella24

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¡Sueños! Detesto, odio, aborrezco esa palabra (y además me cae mal).

Sueño es lo que tengo yo ahora mismo, que estoy escribiendo demasiado temprano.

Perseguir tus sueños. Qué bonito, ay. Mirada arrebolada, mejillas sonrosadas y vista puesta en el horizonte. ¡No, no lo es! ¡Es horrible!

Leí hace poco un artículo de Zdravko Cvijetic sobre las trece cosas que tienes que dejar si quieres alcanzar el éxito.

Éxito ya me gusta un poco más, porque éxito es algo que cada uno define a su manera, que elegimos según quiénes somos. Para mí, levantarme antes de mediodía es un éxito. Publicar algo nuevo en el blog es un éxito. Recibir una crítica y no buscar a esa persona para tirarle de los pelos a lo gata salvaje es un exitazo. Para otros, a lo mejor el éxito es diferente. Para otros el éxito será ganar una medalla de oro, conseguir el premio Nobel, tirarse a una estrella de Hollywood.

Decidí contestar con brevedad a Cvijetic, o más bien a su artículo, centrándome en la vida del escritor.

¿Son aplicables los puntos que expresa este señor de nombre impronunciable para mí? ¿Podemos adaptarlos a la escritura?

Sí. Y hasta añado alguno mío.

Aquí las tenéis: todas las cosas que tienes que abandonar para escribir y publicar más y mejor, para que tus lectores te adoren y la piel te luzca hermosa y fina. Lo de la brevedad, como ya anticipabais, no lo conseguí.

alcanzar tus sueños

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¿Es necesario escribir todos los días?

febrero 27, 2017 — by Gabriella30

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No solemos preguntarnos si un violinista tiene que tocar a diario el violín o si un nadador olímpico tiene que nadar todos los días. Supongo que, una vez más, juzgamos la escritura con lupas y filtros distintos.

Detrás de una pregunta que parece tan inocente hay una respuesta cargada, como arma que lleva un diablo sevillano.

Es que la pregunta esta (cargada, recargada, recargadísima como un retablo manierista o un poema quinceañero) nos lleva a otras dos preguntas:

  1. ¿Qué englobamos dentro de la palabra escribir? ¿Simplemente soltar palabras, reescribir, corregir, revisar, planificar…? Si un día escribo y al día siguiente corrijo lo escrito, ¿he escrito un día o dos días?
  2. ¿Qué más da cuándo escribes y con qué periodicidad? ¿Acaso no es lo mismo escribir en un día 7000 palabras, y luego no escribir en una semana, que escribir  1000 palabras cada día durante una semana?

Os aseguro que no hay una respuesta clara y universal a estas preguntas, pero como este es mi blog y me lo fo… traji… for… tir… le hago el amor tiernamente como quiero, hoy he venido a dar mi opinión. Lo cual no quita, claro, que esa opinión esté basada en una larga experiencia personal y en un estudio muy cotilla de los métodos y sistemas de otros escritores, además de un interés exacerbado (y posiblemente enfermizo) por todo tipo de escritos sobre ciencia del comportamiento.

También hay que tener en consideración que cada persona es un mundo y tendrá su propia experiencia y opinión y en realidad no es necesario que me tire usted esa piedra, caballero, que duele.

Así que, si bien no tengo la verdad universal, puede que tenga un poquito más de vista que alguien que acaba de empezar a escribir, o que el charcutero de la esquina, por mucho que te mire con amabilidad y siempre te sirva los cachos buenos del jamón, sí, esos oscuritos a cuchillo que gritan tu nombre en varios idiomas.

escribir todos los díasEse hueso, ese mismo, que veo que te sobra. Que lo tienes ya casi terminado, shiquilla. Es pa mi perro, te lo juro.

Al grano, Gabriella, ¿debo escribir todos los días o no?

Yo creo, muy personal y humildemente, que sí es necesario escribir a diario. Por lo menos, si quieres escribir mejor, dedicarte a la escritura con cierta entrega (no como puro disfrute, afición, hobby o para ligar más). Ya sé que he hablado antes de todo esto, pero es algo a lo que nunca he dejado de darle vueltas. Espero poder expresar bien y de manera coherente cómo he llegado a esta conclusión.

aperitivoautosuperaciónescribirpersonal

Deja de buscar tu voz (y otras maneras de escribir con personalidad)

noviembre 10, 2016 — by Gabriella27

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Hay frases que suenan fabulosas pero que, cuando te pones a pensarlas, no tienen mucho sentido.

Hay consejos que hacen más mal que bien, si realmente los analizas, y oraciones que quedan preciosas sobre fondos de puestas de sol, pero que no quedan tan preciosas bajo un filtro crítico de esos que no vienen en Instagram.

Sin ir más lejos, Umberto Eco (sí, otra vez Eco) afirma que algunos aforismos reconocidos son en realidad “enfermedades del ingenio”*: son aquellas máximas que pueden invertirse sin que la frase pierda lógica.

Esperad, esperad, que os lo explico con ejemplos. Este que pone Eco me divierte:

La gente sería feliz si los reyes filosofasen y los filósofos reinasen.

(Plutarco).

Tiene sentido, ¿verdad? ¡Necesitamos gobernantes inteligentes, gente que piense!

El día que quiera castigar a una provincia, haré que la gobierne un filósofo.

(Federico II).

¡Es que esto también parece cierto! Para llevar a cabo la tarea de gobierno no basta con pensar y especular. ¡Hay que decidir con rapidez! ¡Hay que actuar y conseguir que los problemas se solucionen de inmediato!

Como veis, son dos frases que en principio parecen tener razón. Y sin embargo son contrarias, porque ambas son reducciones simplistas de una realidad compleja.

El mundo está lleno de mitos, conceptos complicados que intentamos simplificar y palabras como bizarro, que no significa lo que crees.

(Solo que ahora resulta que sí significa lo que crees).

Como aquello de que para ser escritor de verdad tienes que “buscar tu voz”.

La leyenda de la voz mágica que unge al escritor

Aquí dejo otras variaciones:

  • “Tienes que encontrar tu voz”.
  • “La voz es lo que te define”.
  • “El verdadero escritor conoce su voz”.
  • “Busca una voz única, original”.

Generalmente son frases que acompañan a otras como:

  • “Si haces lo que amas, no trabajarás un solo día de tu vida” (imagino que esto se refiere a que estarás en el paro).
  • “Para triunfar como escritor lo único que tienes que hacer es escribir” (y sin embargo hay gente ahí fuera con veinte novelas en Amazon de los que nunca hemos oído hablar).
  • “Si deseas algo con mucha fuerza, el universo conspira para concedértelo” (lo sé, me repito. Cualquiera que visite mi blog sabe que esta es una de mis frases favoritas ever).

Y me imagino a hordas de autores con redes de esas cazamariposas y un buen machete, atravesando la selva de la escritura pura, artística y pasional, en busca de esa voz tan elusiva, inspirados por la llamada irrefrenable de la motivación.

buscar tu vozDe pequeños, antes de que sus padres les den permiso para visitar el Amazonas, los verdaderos escritores buscan su voz en la jungla urbana.

A Eco le gustan más las paradojas que los aforismos que encierran verdades a medias y reconozco que a mí también. La paradoja expresa ideas contrarias, pero a la paradoja no se le puede dar la vuelta. Es una manera fantástica de concebir la realidad tan complicada y sutil que nos rodea.

Propongo hoy una paradoja. Habrá filósofos en la sala (perdonadme el ejemplo anterior, seguro que gobernaríais de maravilla) y podréis corregirme, pero esta es mi propuesta. Igual, más que una paradoja, es un juego de palabras que encierra, también, una realidad complicada:

Suele ocurrir que cuando buscas tu voz no la encuentras y que la encuentras cuando menos la estás buscando.

(O, por lo menos, cuando no estás buscándola de manera consciente).

Yo también he creído en sentencias absolutas y verdades universales, con el dichoso cazamariposas o como se llame (ya veis, me considero escritora y no sé cómo se llaman las cosas) y me encantaría volver atrás en el tiempo y darme un par de bofetadas (o cachetes en el culo, pero esa es otra historia y por favor no me preguntéis nunca por ella).

Lo primero que me gritaría, creo, es: “¡Deja de jugar tanto al WoW!”.

buscar tu voz¿Quién necesita una vida pudiendo ser un orco gigante con pectorales, pelazo y un gran... hacha?
 

Aunque tampoco me haría mucho caso. Mi orca molaba. Y mi tauren. Y mi no muerta. A lo mejor mi yo pasado haría más caso a mi yo futuro si me hablara de la música.

¿Qué tiene que ver la música con la voz del escritor?

Desde que recuerdo, para mí la escritura ha sido algo musical. Siempre me ha interesado más la forma de contar las cosas que lo que se cuenta (aunque esto es muy importante, claro). A veces leía textos que sonaban como música en mi cabeza y que me producían una especie de relámpago de placer. Y siempre he buscado reproducir esa música en lo que hago. Supongo que por eso empecé con la poesía, por su carácter rítmico y melódico.

Esa es mi experiencia, para vosotros la plasmación de la experiencia artística será otra.

No me extraña que se idealice tanto la noción de la voz. Porque hay algo mágico, místico y sobrenatural en el momento en que todo se coloca en su sitio, el cerebro se reajusta y hace un chasquido peculiar y de repente todo se coordina con la música. Pero por una vez es tu música, de nadie más.

Y es ahí donde creo que está el error: esa voz no es solo tuya, es la de todo el mundo. Proviene de todo lo que has bebido, leído, consumido, escuchado, solo que ahora de repente funciona, significa algo. Estás subido/a a hombros de gigantes y de repente tu culo está cómodo, se ha hecho hueco y las vistas son… wow (no confundir con WoW, que me engancho de nuevo), las vistas son brutales.

Una compañera del grupo de asesoría me comentaba hace poco que tenía el problema de que cuando leía, la forma de escribir del autor al que leía se le metía en su propia escritura. Yo creo que eso no es malo. De forma consciente o inconsciente, imitamos a otros mil veces antes de tener el bagaje suficiente de voces, estilos y experiencias como para que de ello salga algo conjunto, propio, que pueda identificarse como nuestro.

Cuando eso por fin sucede, sí, es mágico.

Pero no porque te inspiren las musas ni porque te hayas drogado ni rezado muy fuerte a ese universo conspirador, sino porque has escrito tanto y leído tanto que has encontrado una manera de expresarte tú, sin censura ni bloqueos. Has compuesto por fin esa canción que lleva siglos sonando en tu cabeza.

Deja de buscar tu voz y deja de preocuparte por ella. Vendrá, cuando tus horas infinitas de lectura y escritura cristalicen en algo que alguien lea y diga: “Esto lo ha escrito Juancho Pérez, ese de los libros de vampirismo romántico-gore. Es imposible que lo haya escrito otra persona”.

Maneras indirectas de acelerar tu encontronazo mágico con esa voz de la que tanto hablan

Todo esto no quita que haya algunos métodos para que tu escritura cada vez esté más definida.

Aviso: Ninguno es sencillo ni puede realizarse en cinco minutos. Si buscáis soluciones fáciles, tenéis mi permiso expreso para salir de esta página:

buscar tu vozTodos los teclados deberían venir con este botón incorporado.

Sí, la red está llena de trucos y hacks que os darán todo lo que deseáis y más (¿qué estamos haciendo que no somos todos ya millonarios ociosos, viviendo en las Seychelles?). Seguro que habéis oído hablar de otra web bastante más interesante y popular que la mía. Os dejo ahí el enlace, por si acaso:

www.google.com

Para los que tengáis ganas de trabajar, ya sabéis cómo se resume esto: en leer y escribir mucho. Pero no de cualquier manera.

1. Asegúrate de que tus lecturas son variadas y de diferentes sectores

¿Qué voz propia vas a desarrollar si solo lees novelas de Agatha Christie? Tu voz será la de Agatha Christie, y bastante escribió ya la mujer para que vengas con tu remake (más políticamente correcto, eso sí) de Diez negritos. Cuantas más cosas diferentes leas, más variada será tu influencia, más las voces que te marquen y más compleja tu propia expresión.

 2. Aprende a hacer lo básico antes de ser megaoriginal

Creo que todos escribimos nuestras primeras novelas queriendo hacer algo diferente y revolucionario, original. Y lo gracioso es que no sabemos ni contar una historia facilona, ¿cómo vamos a contar una difícil? Antes de escribir una pentalogía de novelas río, aprende a escribir un relato. Antes de saltarnos reglas de ortografía y gramática, aprendamos cómo funcionan.

3. Dale al blogging

Sé que quita mucho tiempo y puede ser muy frustrante si no tienes interacción ni seguidores, pero creo que es una de las mejores prácticas que existe para un autor, escriba lo que escriba. Un blog que funciona tiene que saber cómo enganchar a su público (igual que una historia de ficción), y la escritura continua de artículos acaba por darte una perspectiva muy especial sobre cómo manejar el ritmo dentro de diferentes formatos. Creo que mis grandes momentos de “clic”, de descubrimiento y encaje en mi escritura de ficción, han sido cuando más activa estaba con el blog.

Algunos escritores hacen lo mismo con Wattpad: utilizan una creación persistente con retroalimentación constante para reconocerse, para definirse. Tengo sentimientos encontrados con Wattpad (no me gusta enseñar algo que no esté por lo menos un poquito pulido, y el feedback de plataformas de ese tipo no es siempre útil), pero imagino que sus efectos a largo plazo, si se combina con otro tipo de escritura, podrían ser útiles. Me encantaría saber vuestra opinión respecto a esto.

4. Escribe con otra persona

Para encontrarse a uno mismo a veces hay que perderse. Y nada hay como escribir a cuatro manos para aprender a limar un estilo, a destruir el ego en busca de un estilo uniforme. En el fondo, estás buscando otra voz: una voz conjunta, pero esta te ayuda a eliminar asperezas y a reconocer con más claridad tu propia melodía. Desde que escribo con José Antonio noto que mis textos en solitario tienen mucha más personalidad, como si quisiera resarcirme, liberada.

Para mí, estas cuatro cosas me han traído la voz envuelta en papel de celofán y con un lazo, aunque sé que cambiará, que evolucionará (eso es algo que tampoco te cuentan: que la voz no es estática. Si lo es, hay peligro de estancamiento). Mis lectores dicen que me oyen, que reconocen un texto como mío, y sé que por mucho que yo aprenda y cambie (que me queda mucho mucho por aprender), seguirán haciéndolo.

O tal vez me engañan, y eso no sea más que un sueño, una quimera, otro aforismo reversible de enfermedad ingeniosa e ingenio enfermo.

 


*(Porque Eco era brillante pero también tenía se ponía un poco chulito a veces).

**La imagen del orco es fanart de Lucas Salcedo. CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons.


¡EXTRA! Puedes elegir cómo sigue este artículo. ¡Así es, puedes elegir tu próxima aventura!

  1. Si a ti lo que realmente te preocupa no es la escritura, sino la corrección, ve a la página 42, que te dará la respuesta para todo.
  2. Si lo que quieres es dejarte de preocupaciones de autor y divertirte con una aventura posapocalípica monstruosa, ve a la página 5.
  3. Si eres un lector muy fantástico y buscas fantasiosamente un libro de fantasía fantástica a un precio mínimo, elige mi Lectores aéreos en la página 83.
  4. Si tienes un retoño de más de 10 años (o tú tienes alma de retoño de más de 10 años) al que le gusten los chistes malos, los dragones y las cucarachas gigantes, ve a la página 33.
  5. Si con el blog no tienes bastante y quieres más (como, por ejemplo, artículos que en esta web no salen), ve a la página 7 o a la 28.
  6. Hagas lo que hagas, jamás vayas a la página 100.

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Hacer la cama te hace mejor escritor (y 30 trucos más que debiste contarme)

octubre 7, 2016 — by Gabriella24

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Escribir es muy fácil.

Solo hay que ponerse. Escribir mucho. Y leer, leer a destajo. Cualquier web de medio pelo te lo puede decir con gusto resabiado y unas cuantas imágenes de puestas de sol con citas motivadoras.

trucosYes.

Si no quieres leer más de 5000 palabras sobre la dura realidad del escritor (y quién te culparía por ello), abandona. Vete a disfrutar del aire libre o ve una comedia romántica made in America. Un 50% de esas acciones acabará con muchas de tus neuronas, pero eh, el alcohol también lo hace y yo escribo esto con una copa de vino a mi lado, que para algo es viernes.

Como todo en la vida, nada es sencillo ni tajante. Abrí este post con una mentira tan gorda que podríamos usar la nariz de Pinocho como ascensor orbital. No solo hay que escribir (¡que dicen que es fácil y bonito!), sino aprender y progresar y conocer nuestras herramientas. No se trata solo de leer mucho, sino de leer bien y sacar provecho de lo leído. Puedes hacerlo a solas o buscando la compañía de una comunidad que te ayude a avanzar y que te dé apoyo. Y mil trillones de repebillones de cosas más.

Hay muchos buenos consejos y todos tenemos algunos, grandes, importantes y poderosos, que querríamos contarle a nuestro yo del pasado. Pero luego hay otros menos evidentes. Lifehacks, tal vez. Trucos que no solemos mencionar, tal vez porque parezcan obvios, tal vez porque necesitas llevar muchos años en un sector o industria para entender que sí, que son reales y funcionan e igual hay que hacerles un poco de caso. Son cosas pequeñas que hacen una gran diferencia. Generalmente no te los vas a encontrar en páginas para escritores. Por lo menos no en páginas al uso.

Puede que sea porque tendemos a ver ciertas acciones por separado. No vemos el acto de escribir como una parte encajada en un sistema vital. No nos damos cuenta de su función dentro de una visión holística. A poca gente se le ocurre cómo influye el salir a correr por las mañanas en el hecho de escribir por la tarde. Pero la cuestión es que influye y tampoco hace falta leerse un libro de Murakami para intuirlo.

Así que ahí van. 31 trucos que se me han ido grabando a fuego en estos años de nadar en las aguas de la publicación y la escritura. Algunos han salido de las listas de 88 consejos vitales de Raptitude: me los encontré hace poco y me sorprendió la cantidad de ellos que no solo eran aplicables al hecho de escribir, sino a mi propia experiencia.

Aquí está el primero.

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Soy muy mayor para empezar a escribir

mayo 3, 2016 — by Gabriella58

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“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Yo lo pensé cuando cumplí los treinta. Eh, con treinta años se supone que ya tendrías que tener tu vida algo encaminada, ¿no? Yo me dedicaba a otras cosas (ninguna de las cuales, por cierto, me gustaba especialmente). Sabía que era imposible ganarse la vida escribiendo. Tendría que haber empezado mucho antes.

“Soy muy mayor para empezar a escribir”.

Se lo oí decir hace poco a una chica de 24 años. Supongo que es que si no eres joven, muy joven, un prodigio de 12 años, a nadie le interesa lo que tienes que enseñar.

Nos rendimos antes de empezar, creo. Subestimamos el poder de la acumulación, de la repetición, de la resistencia. De la experiencia.

Después de todo, ya llevamos años de vida encima. ¿Será tarde para convertirnos en buenos artistas?

Carmen Herrera tiene 100 años. Sigue pintando. Ha sido en los últimos 12 años cuando ha sido (re)conocida, aunque lleva pintando 81. Necesita un poco de ayuda para los brochazos grandes y para mover sus lienzos enormes. Para ello tiene a su asistente, Manuel Belduma, al que contrató por su ausencia de conocimientos artísticos. Así, sigue con exactitud las instrucciones de Herrera, sin modificaciones ni molestas sugerencias.

mayor para escribir(Póster del documental de Alison Klayman sobre la pintora cubana)

Lleva desarrollando un estilo consistente, reconocible, toda su vida. Lo suyo no ha sido una maratón, ha sido un doble Iron Man cruzado con ocho triatlones y una semana de crossfit con Kaito de Bola de dragón. Lo suyo es expresionismo geométrico, abstracto, a dos colores. Su obra se ha simplificado, como si con el paso del tiempo hubiese ido eliminando todo lo superfluo, hasta quedarse con lo esencial.

Una vez terminado un cuadro, Belduma lo cuelga en la pared y Herrera lo contempla largo rato, a veces durante días. Si no le convence y considera que no tiene arreglo, toca empezar de nuevo. Como todas las novelas, cuentos y poemas que no salen bien.

Vivió en París durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando no había lienzos, pintaba sobre arpillera.

“Cuando no tienes gran cosa —dice Herrera—, cualquier cosa sirve”.

Para pintar durante 81 años solo hace falta empezar y ver hasta dónde llegas.

¿Eres muy mayor para crear?


 

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11 excusas para no escribir (y cómo demolerlas)

marzo 18, 2016 — by Gabriella55

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Hoy no haré un artículo de recortes normal, como los de viernes normal.

Tal vez este tema de hoy sea un único y gran recorte (gran por lo de extenso; la calidad ya la juzgáis vosotros).

Viene de un artículo que leí hace poco de Yolanda González Mesa, donde reflexionaba sobre los espacios que usamos para crear y de las excusas que utilizamos para procrastinar un poco más. Nos podemos atar tanto a nuestras manías y rituales que nos decimos que sin ellos no podemos trabajar: olvidamos que son herramientas, no razones. Nos mentimos. Es más fácil decir que no tienes el despacho perfecto que decir que no te apetece, que te da miedo, que estás cansado/a y que no ves futuro para este laberinto de dieciocho mil salidas en falso en que te has metido por mucho que tu madre te pregunte por qué. Por qué, hija, por qué.

(Gracias, a todo esto, mamá, por nunca hacer esa pregunta en alto).

El artículo de Yolanda se llama No uses la falta de espacio como excusa.

Hay muchas otras cosas que usamos como excusa. Mi bandeja de correo y mi memoria están llenas de personas que me cuentan, semana tras semana, por qué lo tienen tan difícil para escribir.

Eh, yo no voy a juzgar a nadie. En muchos sentidos, lo tengo más fácil que otras personas. Y muchas de esas “excusas” que damos son excusas reales, razones de imposibilidad, de peso muy pesado.

excusas para no escribirAlgunas excusas son perfectamente válidas. "Mi pelo ha tomado conciencia de sí mismo y me he levantado que parezco el tipo ese de Hellraiser" es una de mis favoritas.

Muchas otras veces no lo son. Y la falta de sinceridad que tenemos para con nosotros mismos (sí, claro que me incluyo) nunca deja de sorprenderme.

He enumerado las once excusas que creo que son más comunes, las que más escucho, y ofrezco algunas sugerencias para analizar si son excusas reales o falsas, para intentar demolerlas de una vez por todas.

Empezamos con aquella que inspiró este artículo: la falta de un espacio adecuado.

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14 lecciones que he aprendido en 1095 días de escritura

diciembre 1, 2015 — by Gabriella36

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Hoy es 1 de diciembre de 2015 y hace exactamente 1095 días que empecé a escribir.

En realidad miento un poco. Escribía desde mucho antes. Lo preciso sería decir que hace 1095 días que empecé a escribir a diario. A tomarme en serio esto de juntar letras. Tres años de hábito.

El otro día leí un esquema que hizo James Altucher basado en todas las personas que había entrevistado en su podcast. Según Altucher, estas personas, todas ellas muy destacadas en sus campos, tenían un camino en común, un camino entregado a un enfoque, a una meta, en el que solía darse este proceso (que he adaptado aquí para nosotros los escritores):

  • Año 1: El primer año. Es tiempo de leer mucho sobre tu oficio y de experimentar con plataformas, de escribir y aprender.
  • Año 2: Practicas a diario, sacas tiempo de donde no lo hay para escribir, leer y comunicarte con otros. Empiezas a reconocer qué personas son influyentes en las esferas que te interesan y a cuáles admiras. Empiezas a hacer contactos y a entender cómo funciona realmente el negocio (para bien o para mal, y es importante aceptar la parte mala).
  • Año 3: Empiezas a ser bueno en lo tuyo. Si has sido persistente y tienes metas claras en mente, aquí ya tienes un seguimiento bola de nieve y tienes ya algún libro o publicación en el mercado. Probablemente es malo y vende poco. No importa.
  • Año 4: Ya obtienes ingresos de aquello que estás haciendo o de actividades relacionadas. Sigues escribiendo, publicando y relacionándote con personas de todas las esferas (insistamos aquí en la importancia de los sistemas abiertos).
  • Año 5: Aquí ya tendrías que haber alcanzado alguna de tus metas importantes.

Obviamente este esquema no es universal y varía mucho según el sector. Pero creo que es interesante para hacernos una idea de cómo aquellos a los que admiramos o aquellos que tienen éxito en su sector pueden llegar a coincidir en mapas de este tipo. Y que es raro que algo de verdadera importancia se consiga en menos de cinco años.

Creo que estoy en ese segundo año, intentando poner un pie en el tercero. Llevo tres años sin parar de escribir, pero solo dos con una obcecación malsana, con la vista puesta en el premio, saliendo constantemente de mi comodidad personal, de mi área de conocimiento y tolerancia, para intentar meter la patita en el siguiente nivel de este gran juego que podríamos llamar The Writing Life: Special Edition.

¿Pero por qué empecé este desafío?

El primer par de años escribía un mínimo de 200 palabras de ficción. Luego fui subiendo las cantidades y me encontré con un efecto embudo: muchas palabras escritas y sin tiempo para corregirlas. Así que reduje esas 200. Ya no hay mínimo, siempre que escriba. Mi condición, simplemente, es escribir antes de que empiece el nuevo día. El miedo a romper la racha es grande.

Empecé porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. No hacía más que empezar proyectos, desafíos y dejarlos a medias. Sabía que si podía con esto, podría con otras cosas. Escribir 200 palabras de ficción al día suena fácil, pero cuando llegan las once de la noche y acabas de terminar de trabajar, lo último que te apetece es ponerte a largar cuento, novela o poesía.

Empecé porque quería enfocar, concentrarme, dejar de dar saltos de un lado a otro y seguir con algo durante el suficiente tiempo como para ver si era lo mío.

Las condiciones cambian. Durante dos años fueron 200 palabras de ficción. Luego fueron menos palabras, para intentar compatibilizarlas con todas las que escribía para el blog, pero seguían siendo de ficción. Ahora que estaré metida en un proyecto de ensayo un par de meses más, sospecho que tendré que concentrarme en palabras de no ficción. Pero seguiré escribiendo todos los días. No me imagino cómo sería no hacerlo.

Lo cual me lleva a la primera lección aprendida, la primera en esta lista que os presento.

Estas son las cosas que yo he aprendido del acto de escribir todos los días durante tres años, sin faltar una sola vez a la cita. Probablemente vosotros no necesitéis enfocar vuestra escritura de esa manera, y seguramente vuestras experiencias serán muy diferentes, pero tal vez esto puede empezar a expresar por qué una acción tan sencilla ha cambiado mi vida entera.