main

escribirescriturarecortes

Cómo escribir mejor con la técnica de la envidia (y otros recortes literarios)

febrero 5, 2016 — by Gabriella25

envidia-1.jpg

Una cosa que he aprendido en los últimos años es que la envidia puede ser una emoción muy positiva.

Antes de que me digáis que no, que no tiene nada de positivo odiar a tu vecino porque tiene un dormitorio más que tú, un coche más caro y una esposa más lozana, dadme una oportunidad para que me explique.

Todo empezó con un hilo de Ariadna de esos de internet. Ya sabéis, como cuando entras en Wikipedia buscando en qué fecha se publicó el Ulises y le das a un enlace y luego a otro y luego a otro y cuando te quieres dar cuenta estás interesadísimo/a en los hábitos reproductivos del joven castor canadiense (el animal, no el muchacho que se va al bosque con otros muchachos para aprender a cazar, talar árboles y zurcir un calcetín con la zurda). Yo abrí este laberinto, dominado por el gran minotauro Distracción en su centro, con un artículo de Lifehacker que me recomendó Instapaper: un artículo muy interesante de Kristin Wong sobre las cosas en las que más desperdiciamos el tiempo a lo largo de nuestra vida (spoiler: no son las redes sociales), esas cosas de las que luego nos arrepentimos al hacernos mayores.

Una de ellas era la envidia.

70 trucos para sacarle brillo a tu novelaescribirescritura

Voy a contaros un secreto

enero 26, 2016 — by Gabriella64

banner-1090830_1920-960x428.jpg

Tengo buenas y malas noticias para vosotros.

Primero las malas: esta semana no habrá artículos nuevos.

Ya, ya sé que voy a medio gas con vosotros desde que empezó el año, entre fiebres y trabajo y etc.

Pero esta semana tengo una buena razón.

Y ahí va la buena noticia. No va a haber nuevos artículos de los que suelo publicar en el blog, porque vais a tener un artículo gigantesco, inmenso, enorme. En muy pocos días saldrá a la luz un proyecto en el que he estado trabajando los últimos meses: ¡un libro para escritores!

Y va de esto:

70_trucos_gabriella_campbell_CREMA

En vez de tener un par de artículos sobre escritura, blogs, productividad y todo eso, vais a tener un ensayo enorme (más de 20000 palabras) con trucos y trampas para corregir vuestros textos. Más o menos como este artículo pero muy muy ampliado. ¿Qué os parece?

Y además lo vais a tener GRATIS.

Pero solo un par de días. Solo estará disponible como eBook en Amazon (si no tenéis lector Kindle, podéis bajaros la aplicación gratuita para PC u otros dispositivos) y solo estará gratis 2-3 días.

Si quieres que te avise por email cuando salga el libro para que no te pierdas la oportunidad de descargártelo gratis, solo tienes que apuntarte a mi lista de correo. Si no, tendrás que estar atento/a a este blog o a mi página de Facebook o a mi cuenta de Twitter.

Pasados esos primeros 2-3 días, el libro ya habrá que pagarlo 😉

Os prometo que os va a ayudar muchísimo con vuestra corrección. El libro está dirigido a escritores de todo tipo y nivel. Encontraréis cosas básicas y avanzadas, apuntes de ortografía, gramática, narrativa, trama… Se trata de un recopilatorio de soluciones para los fallos y problemas más comunes que he encontrado en manuscritos en mis años como editora, correctora y lectora profesional.

Así que recordad: suscribíos a mi lista de email para que os avise en cuanto esté disponible de forma gratuita. Y en menos de una semana estaréis trabajando en la corrección de vuestro libro.

 

escribirescrituraherramientas para escritoresrecortes

Cómo atrapar a tu lector con el efecto Zeigarnik (y otros recortes literarios)

enero 22, 2016 — by Gabriella36

knot-242409_1280.jpg

Mucho ojo con este artículo, porque en él voy a desvelaros una de las cosas más útiles que aprenderéis en vuestras vidas.

Pero empecemos por el principio, que hoy tenemos mucho de lo que hablar y todo ello destinado a convertirnos en escritores más eficientes, más talentosos, más disciplinados e incluso más guapos. Vamos a empezar por la cosa esa rara del título de este post: el efecto Zeigarnik.

escribirescritura

7 cosas que los escritores podemos aprender de David Bowie

enero 12, 2016 — by Gabriella28

drawing-1135457_1920-960x1112.jpg

Qué descaro, ¿verdad? Todavía está el cadáver caliente y ya estoy lucrándome con Bowie.

¡Pero no! ¡Os equivocáis! No hago dinero con el blog, así que solo puedo lucrarme con vuestros shares, likes y todo tipo de validación social y emocional.

Aun así, Gabriella, qué descaro. Y seguro que incluso antes de darle yo a “publicar”, ya han crecido artículos de este tipo como setas por toda la blogosfera.

Bowie fue una parte importante de mi vida; es una parte inamovible de mis recuerdos. He aprendido de él mucho como persona. También he aprendido de él como escritora. Si hablé de lo que los escritores podemos aprender de Steve Jobs, que ni siquiera me caía bien, ¿por qué no hablar de una de las figuras más influyentes de mi niñez y adolescencia?

Al final siempre acabo compartiendo mis pensamientos, reflexiones y exhibiciones paranormales con vosotros.

Antes de nada, un disclaimer. Estoy enferma. No mentalmente, bueno, sí, pero eso ya lo sabíais. Tengo la gripe. Así que cualquier incoherencia o delirio presente en este texto se debe a eso.

Ahora que lo pienso, mis textos de persona sana también están llenos de incoherencias y delirios.

Ignorad el disclaimer y leed lo que podemos aprender todos del mago de arte y marketing que fue David Robert Jones:

aprender de david bowie

1. El branding funciona

Igual ese marketing que acabo de escribir os ha hecho elevar una ceja. Pero seamos realistas. Bowie era un músico de gran talento, pero ¿sería el genio reconocido que tenemos todos en mente de no ser por sus alter ego, sus disfraces extravagantes, sus narraciones de ciencia ficción, su combinación de imagen, arte y sonido?

Pensad en todos los nombres que vienen a nuestra cabeza al pensar en Bowie: duque blanco, Ziggy Stardust, camaleón…

Si eres un artista de talento, no es estrictamente necesario que te crees una marca personal, una imagen extraordinaria. Pero ayuda. Y la mejor forma de hacerlo es coger tu propia personalidad y multiplicarla, ser muy tú. Bowie era sin duda creativo y extravagante, y supo llevar eso hasta el extremo.

La presencia de una voz original en redes sociales, blogs y puntos de encuentro entre lectores y escritores en general siempre es de agradecer. Y ni siquiera tiene que ser muy original: basta con que sea consistente y coherente, que no siga el dictamen de lo que hacen siempre todos los demás. Tener una marca personal puede ser algo horriblemente comercial y artificial o puede ser una manifestación creativa extrema, como en el caso de Bowie.

Con todo, llegar a este nivel tampoco es estrictamente obligatorio.

2. cuanto más produzcas, mayores son las posibilidades de producir algo que merezca la pena

No os voy a contar ooootra vez lo del estudio que se realizó con una clase de cerámica, donde producían mejores piezas aquellos alumnos que eran calificados por la cantidad de piezas que terminaban, no por la calidad de estas.

En realidad todo el estudio era una tapadera inventada por una fábrica esclavista de jarrones, pero no se lo digáis a esta alumna, que marchó a casa con la nota máxima y síndrome del túnel carpiano.

Piensa en una canción de Bowie que te guste, seguro que hay alguna. Puede que sea de sus temas más conocidos. O puede que sea de sus caras B perdidas casi en la nada. La discografía de Bowie es interminable. Hay mucha porquería. Pero es que tienes que producir mucha porquería para producir grandes temas. Space Oddity no habría existido sin todo lo que Bowie creó antes. Tampoco China Girl, ni Life on Mars, ni Heroes, ni Thursday’s Child, ni Ashes to Ashes… la lista no acaba.

Woody Allen dice que hace una película al año. Admite que ha hecho mucho bodrio. Pero cualquiera con cultura cinematográfica te dirá que es uno de los directores más relevantes de la cultura actual, por muchas razones. Creo que todos tenemos una película de Allen que sí nos gusta (la mía es Match Point y espero que os hayáis tapado los oídos o los ojos aquellos que me leéis que sabéis de cine. Y que recordéis que aquí está prohibido tirar cosas de cristal. Gracias).

No se trata, claro, de producir cualquier cosa y escupirla al mundo. Se trata de crear, compartir, escuchar el feedback y aplicarlo a nuestro aprendizaje. Se trata de arriesgarse y probar cosas nuevas porque sí, porque qué más da que fracasen, puedes probar más. Con la práctica tal vez no se llegue a la perfección, pero desde luego se avanza a pasos agigantados.

3. No temas ser interdisciplinar

Cuidado con este consejo, porque es un arma de doble filo. Creo que es importante llegar a un enfoque, a un solo interés prioritario, para poder dedicarle el tiempo necesario para ser realmente bueno en ello. Pero eso no quita que podamos disfrutar de los beneficios de otras manifestaciones artísticas y de la originalidad que nos proporciona hacer nuestros pinitos en otros campos. Es en el cruce de conceptos aparentemente dispares donde pueden ocurrir las grandes revelaciones.

Bowie era un artista, ante todo, y, aunque la música era su pasión principal y nunca se apartó de ella, pudimos verlo unido a muchos otros tipos de arte y conocimiento. Aquellos que lo conocían decían que era un hombre erudito. Fue un hombre que pudo ser rey de los goblins marcando paquete, rodeado de teleñecos, y que colase (sé que no fui la única niña que se sintió algo confusa ante aquel ser estrambóticamente sensual). Fue un hombre capaz de cantarle a Ricky Gervais que era un “hombrecillo gordo que vendió su alma” en Extras, y de escribir extrañas historias intergalácticas entremezcladas en sus canciones y composiciones visuales.

Esto de abrirse a otros campos para mejorar el propio es un poco como tener una relación abierta de mucha confianza donde eres fiel de corazón a tu pareja pero salís por ahí y os acostáis con otras personas y luego os lo contáis y aplicáis lo compartido con otras personas. Las relaciones abiertas no son para todo el mundo, pero en un mundo ideal, sin celos ni inseguridades ni amantes que pretendan destruiros, ¡piensa en todo lo que aprenderíais!

Quiero saberlo todo sobre anoche. Primero: número exacto de mujeres, jirafas y fontaneros involucrados.

Igual no ha sido un símil muy acertado. Pero por suerte el arte no es celoso. Mientras dediques el tiempo necesario y le des prioridad a un tipo de arte sobre todo lo demás, se hinchará de saber y progreso cada vez que le traigas nuevas y ocurrentes posturitas aprendidas con la competencia.

Recordad aquí aquello de la importancia de las redes abiertas. Hablé de cómo las utilizaba Steve Jobs, sí, pero Bowie era otro maestro de dichas redes. Solo hay que ver cómo aplicó su peculiar visión estética a todo lo que tocaba. Esta visión era una conjunción de sus intereses musicales, pictóricos, literarios, cinematográficos, etc. No lo llamaban camaleón solo por su cambio constante de atuendos. Bowie era una criatura fagocitadora de color, de arte y conocimiento.

4. Colabora

Algunos de los temas de mayor éxito de Bowie fueron en colaboración con otros artistas, como el Under Pressure con Queen o el Dancing in the Street con Mick Jagger. Una de las cosas que me encanta de esa última colaboración es la pura alegría que transmite, lo bomba que parecen estar pasándolo bailando Jagger y Bowie con sus abrigos ochenteros.

Colaborar con otros artistas te da nuevas perspectivas y además es una manera excepcional de hacer un networking eficiente. Pero, qué narices, además es divertido. Yo no escribo con José Antonio para hacer contactos, ni para aprender (aunque siempre aprendo muchísimo), escribo porque es muy divertido (pese a las broncas y a los enfados cuando me cambia palabras de sitio o cuando decide que esa idea que teníamos desde el principio ya no le funciona o cuando… vale, vale, ya) y creo que es lo mejor y más entretenido que puede hacer una pareja de escritores juntos después de… después de… después de eso.

Cuando estés bloqueado/a, agarra a algún conocido que escriba y haced algo juntos. Y después de eso, os podéis poner a escribir.

Bromas aparte, no es necesario acostarse con alguien para hacer arte juntos. Lo prometo.

Genial, ya solo nos quedan dieciocho posturas por probar antes de poder ponernos con la novela.

5. Asume el poder de la reinvención

Supongo que este era el punto más evidente. Bowie se transformaba continuamente y no tenía miedo a experimentar.

Nos da una lección muy valiosa: si algo no funciona, no pasa nada. Prueba otra cosa. Y si has llegado al punto en que te has acomodado, en que haces lo mismo una y otra vez porque funciona, si quieres crecer como artista tienes que reinventarte, salir de aquello que se te da bien y probar cosas nuevas. Esto no tiene por qué culminar en éxito comercial, de hecho puede ser un desastre, sobre todo si progresas hasta el punto de que lo que creas ya no es atractivo para tu público de siempre. Creo que Radiohead es un buen ejemplo de esto, al alejarse del rock peculiar que tan buen resultado les había dado y entrar en la electrónica más o menos experimental. Pero mirad qué contento está ahora Thom Yorke, que ya casi ni habla de suicidarse ni nada.

Si algo no funciona, no importa, todavía tienes tiempo de probar otra cosa. Lo que es de locos, como diría Einstein, es seguir haciendo las mismas cosas esperando resultados distintos.

Y si te acomodas, es el momento de empujar más fuerte, de llegar más alto. Si lo que buscas es éxito comercial, es el momento de estudiar más, de trabajar más duro y de forma más inteligente, para vender más. Si lo que buscas es progresar como artista, es el momento de salir de tu burbujita, de romper barreras. Si buscas ambas cosas, pues doble trabajo tendrás.

Pero no es imposible, Bowie lo consiguió. Demostró que crear arte influyente, revolucionario y poder vivir de ello no estaba reñido. Es probable que creara e hiciera mucha mierda comercial para poder conseguir dinero, pero siguió creando, de una manera u otra, hasta su muerte. Nunca olvidó que era artista.

6. No tengas miedo a transgredir

Alguien me preguntó hace un tiempo cómo podía uno ser transgresor si las puertas en general estaban cerradas a cualquier tipo de arte incómodo, diferente.

Yo no creo que eso sea cierto del todo. Claro que hay gatekeepers de esos y claro que nos cortan las alas. Pero no tanto como nos las cortamos nosotros mismos. A veces me ha podido más el miedo a transgredir que la transgresión en sí. Ahora, cuando veo un reto, o hay algo sobre lo que no quiero escribir porque es demasiado diferente/fuerte/asqueroso, procuro sacarlo adelante. Estoy involucrada en un proyecto con el que me siento terriblemente incómoda, no porque no confíe en mis compañeros, sino porque el tema es tabú para mí (y para casi todos los que me rodean, hasta el punto de que últimamente me está gustando comentárselo a la gente solo para analizar sus caras y los silencios incómodos que se producen después). Cuando me lo propusieron, casi dije que no. Pero precisamente sé que por eso tengo que participar. Creo que es importante hablar de aquello que nos horroriza, que nos disgusta, que nos da pesadillas.

De la transgresión aprendemos. Escribo cosas para chicos de 12 años. Tal vez no debería escribir también cosas horribles para adultos. Pero ambas literaturas son partes de mí. Cuando no transgredimos por miedo, por temor a perder lo que tenemos, a amenazar el estatus que percibimos que tenemos, nos traicionamos a nosotros mismos. Se crea una disonancia cognitiva. Y eso cualquier psicólogo podrá explicaros que es malo. Hace que las ideas se te pudran por dentro.

O esa es la excusa que me da José Antonio cada vez que me cuenta un chiste malo. Que si no se le va a enquistar, que se le va a pudrir por dentro.

Si creas algo tan absolutamente transgresor que sabes que nadie lo publicará, prueba de todos modos. Hay salidas para casi todo, siempre que no sea dañino o ilegal. Y si no, tenemos la autoedición, por suerte. Sin ella, no tendríamos dinoporno, recordadlo. Si Christie Simms puede, tú no tienes excusa.

Eso sí, un pequeño apunte: en mi trabajo como editora y lectora, la respuesta enfurruñada más común que he visto de autores rechazados por editoriales es “es que es demasiado transgresor para vosotros”. Asegúrate de que el problema es, en realidad, esa transgresión, y no el hecho de que todavía no sepas escribir.

Escritor enfurecido pateando convenciones, reglas, normas y editores que todavía creen en la ortografía.

El tema de la transgresión y de la originalidad es algo a lo que le he estado dando muchas vueltas últimamente, y es algo de lo que me gustaría hablar en el siguiente punto.

7. Sé único. Aprende a ir por delante de los demás

Hace poco conversaba por email con Javier de Mundo bizarresco, respecto a un artículo suyo donde reflexionaba sobre la importancia de hacer lo que uno quiere, de tratar al arte como un fin en sí mismo. El artículo no tiene desperdicio y os lo recomiendo, pero este párrafo en concreto me hizo pensar:

Una cosa es cierta, los artistas que se han hecho de culto (que no es lo mismo que ser famoso, algo más cool pero efímero) son los artistas que han desarrollado su propia técnica suya personal, han encontrado su propio camino a base de pulirse a si mismo. Un estilo tan personal que no pueden ser imitados con éxito.

Le hablé a Javier de mi experiencia personal en esto del blogging, y de cómo si alguien producía un contenido diferente de algún modo, enseguida aparecía un buen manojo de personas que copiaban temas, estilo y lo que hiciera falta para intentar reproducir lo que les gustaba del contenido original (o para intentar captar al mismo tipo de público). Es un fenómeno que se produce en todos los sectores, pero tal vez lo veo más en los blogs porque es donde más me muevo.

En un entorno endogámico como es el blogging y como es la escritura este fenómeno es inevitable, claro. Nos inspiramos unos a otros, buscamos tendencias sobre las que hablar, muchos tenemos las mismas influencias. Todos estamos a hombros de los mismos gigantes. Ese no es el problema. El problema son los que usan ideas ajenas sin dar crédito, los que copian de manera descarada textos que no les pertenecen, incluso los que traducen directamente palabras de autores extranjeros sin decir que ese texto no es suyo.

Así que llegué a la conclusión de que todo sí puede ser imitado. Que se lo digan a Gucci, a Valentino, a Prada. Da igual lo bueno u original que seas. Puede incluso que aparezca alguien mejor que tú y te imite mejorando tu producto o servicio o tono. Tal vez eso fue lo que hizo Bowie con otros artistas menos afortunados. Y ahora, tras su muerte, he pensado que tal vez su grandeza y éxito no radicase tanto en su originalidad, su voz única, sino en su capacidad para transformarse, para ir siempre un paso por delante de los imitadores.

Sé flexible, sé despierto, lee como si te fuera la vida en ello. Documéntate, porque tienes que ir siempre un paso por delante, seas bloguero, escritor o compositor de música de anuncios.

Terminé mi email a Javier diciendo: “¿Es agotador, no?”.

Lo es. Todos me dicen que quieren ser el próximo gran escritor, el próximo gran artista, el próximo Bowie.

Paga el precio del que es excepcional, el precio del ganador. No puedes dejar nunca de avanzar. Saca un disco a la calle unos días antes de morirte, unos días en los que el cáncer está terminando de devorar tu cuerpo.

El cadáver de un genio todavía está caliente. El cadáver de alguien que vivió y murió por su arte.

¿Harías tú lo mismo?

 


*Si tenéis nostalgia de Bowie y de todo lo que representó, siempre recomiendo la estupenda Velvet Goldmine como maravilloso exponente del glam de su tiempo y de las decisiones tan diferentes que tomaron los autores que se fueron reinventando tras la movida londinense. El personaje inspirado en Bowie no termina demasiado bien parado, pero eso es algo que planteará muchas preguntas a cualquier escritor o artista sobre qué significa la coherencia personal en el arte. Además, la música es espectacular, con temas de T-Rex, Placebo, Roxy Music, Lou Reed, etc.


Si te gusta el contenido del blog en general y quieres leer más cosas mías (o simplemente echarme una mano), prueba a hojear alguno de mis libros:

70 trucos para sacarle brillo a tu novela70 trucos para sacarle brillo a tu novela: Corrección básica para escritores. ¿Has escrito una novela o un relato y no sabes cómo enfrentarte a la revisión? ¡Yo te ayudo! Disponible en Amazon.

Lectores aéreos gabriella campbellLectores aéreos (relatos con toques de fantasía tenebrosa): Disponible en Amazon y Lektu (¡solo 2,99 €!).

  • Puedes leer un avance gratuito aquí.
  • Puedes leer reseñas aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Y hasta en 20 Minutos, aquí.
  • Si tienes un blog o web de reseñas y te apetece leer y reseñar este libro, puedes pedirme un ejemplar de cortesía en gabriella(arroba)gabriellaliteraria.com.

Puedes ver más libros míos aquí.

escribirescrituramarketingrecortes

Cómo saber si deberías tener un blog (Y otros recortes literarios)

diciembre 11, 2015 — by Gabriella48

writing-1055085_1920-960x1182.jpg

¿No decían que había muerto el blog? ¿Que Facebook lo había matado a sangre fría, vestido de azul, con una llave inglesa en la biblioteca?

No, no, aquí sigue. Aquí estoy, escribiendo palabras en la ventanita de WordPress, os lo prometo. No soy una inteligencia artificial: algunos de vosotros hasta me conocéis en persona y tendréis que admitir que para ser un androide estoy la mar de bien articulada. El blog ha sabido reinventarse y sigue siendo un combatiente de peso en la eterna guerra entre formatos, medios y métodos en el amplio abanico de posibilidades de la comunicación en línea.

La primera pregunta, claro, es la más necesitada, la que nos hacemos todos los que escribimos: ¿sirve un blog para vender libros?

No hay una respuesta única, pero podemos resumir más o menos lo siguiente: no, un blog no sirve para vender libros directamente, pero sí para conseguir un seguimiento que, con vista y tesón, podría llegar a tener alguna conversión a ventas.

Uf, cuánto trabajo para vender unos poquitos libros, ¿no?

Yo creo que la pregunta más importante se hace mucho menos:

¿Es un blog lo que yo necesito?

¿Deberías tener un blog? ¿Tú? Ya he hablado de la importancia de tener una plataforma, un lugar donde puedan encontrarte. No tiene que ser, por narices, un blog. En EBook Hermanos, por ejemplo, hablan de las posibilidades de marketing para autores sin blog, que pueden utilizar una sencilla página de lanzamiento, combinada con técnicas avanzadas de venta en Amazon. Un blog implica un esfuerzo bastante grande: no se trata solo de actualizar con contenidos de manera periódica, sino de mantener una interacción responsable y cordial con los lectores. Y no solemos hablar mucho de dinero, pero también hay costes involucrados: servidor, diseño, interfaz para la lista de correo… Estos costes, además, suben cuanto mejor funciona un blog.

Pero yo cavaría más hondo. Creo que la necesidad (o no) de mantener un blog se reduce a una pregunta crucial que nos hace Elisa Gabbert en la columna para escritores que lleva en Electric Literature.

¿Qué tipo de escritor eres?

deberías tener un blog

autosuperaciónescribirescritoresescriturapersonal

14 lecciones que he aprendido en 1095 días de escritura

diciembre 1, 2015 — by Gabriella40

banner-982162_1920.jpg

Hoy es 1 de diciembre de 2015 y hace exactamente 1095 días que empecé a escribir.

En realidad miento un poco. Escribía desde mucho antes. Lo preciso sería decir que hace 1095 días que empecé a escribir a diario. A tomarme en serio esto de juntar letras. Tres años de hábito.

El otro día leí un esquema que hizo James Altucher basado en todas las personas que había entrevistado en su podcast. Según Altucher, estas personas, todas ellas muy destacadas en sus campos, tenían un camino en común, un camino entregado a un enfoque, a una meta, en el que solía darse este proceso (que he adaptado aquí para nosotros los escritores):

  • Año 1: El primer año. Es tiempo de leer mucho sobre tu oficio y de experimentar con plataformas, de escribir y aprender.
  • Año 2: Practicas a diario, sacas tiempo de donde no lo hay para escribir, leer y comunicarte con otros. Empiezas a reconocer qué personas son influyentes en las esferas que te interesan y a cuáles admiras. Empiezas a hacer contactos y a entender cómo funciona realmente el negocio (para bien o para mal, y es importante aceptar la parte mala).
  • Año 3: Empiezas a ser bueno en lo tuyo. Si has sido persistente y tienes metas claras en mente, aquí ya tienes un seguimiento bola de nieve y tienes ya algún libro o publicación en el mercado. Probablemente es malo y vende poco. No importa.
  • Año 4: Ya obtienes ingresos de aquello que estás haciendo o de actividades relacionadas. Sigues escribiendo, publicando y relacionándote con personas de todas las esferas (insistamos aquí en la importancia de los sistemas abiertos).
  • Año 5: Aquí ya tendrías que haber alcanzado alguna de tus metas importantes.

Obviamente este esquema no es universal y varía mucho según el sector. Pero creo que es interesante para hacernos una idea de cómo aquellos a los que admiramos o aquellos que tienen éxito en su sector pueden llegar a coincidir en mapas de este tipo. Y que es raro que algo de verdadera importancia se consiga en menos de cinco años.

Creo que estoy en ese segundo año, intentando poner un pie en el tercero. Llevo tres años sin parar de escribir, pero solo dos con una obcecación malsana, con la vista puesta en el premio, saliendo constantemente de mi comodidad personal, de mi área de conocimiento y tolerancia, para intentar meter la patita en el siguiente nivel de este gran juego que podríamos llamar The Writing Life: Special Edition.

¿Pero por qué empecé este desafío?

El primer par de años escribía un mínimo de 200 palabras de ficción. Luego fui subiendo las cantidades y me encontré con un efecto embudo: muchas palabras escritas y sin tiempo para corregirlas. Así que reduje esas 200. Ya no hay mínimo, siempre que escriba. Mi condición, simplemente, es escribir antes de que empiece el nuevo día. El miedo a romper la racha es grande.

Empecé porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo. No hacía más que empezar proyectos, desafíos y dejarlos a medias. Sabía que si podía con esto, podría con otras cosas. Escribir 200 palabras de ficción al día suena fácil, pero cuando llegan las once de la noche y acabas de terminar de trabajar, lo último que te apetece es ponerte a largar cuento, novela o poesía.

Empecé porque quería enfocar, concentrarme, dejar de dar saltos de un lado a otro y seguir con algo durante el suficiente tiempo como para ver si era lo mío.

Las condiciones cambian. Durante dos años fueron 200 palabras de ficción. Luego fueron menos palabras, para intentar compatibilizarlas con todas las que escribía para el blog, pero seguían siendo de ficción. Ahora que estaré metida en un proyecto de ensayo un par de meses más, sospecho que tendré que concentrarme en palabras de no ficción. Pero seguiré escribiendo todos los días. No me imagino cómo sería no hacerlo.

Lo cual me lleva a la primera lección aprendida, la primera en esta lista que os presento.

Estas son las cosas que yo he aprendido del acto de escribir todos los días durante tres años, sin faltar una sola vez a la cita. Probablemente vosotros no necesitéis enfocar vuestra escritura de esa manera, y seguramente vuestras experiencias serán muy diferentes, pero tal vez esto puede empezar a expresar por qué una acción tan sencilla ha cambiado mi vida entera.

escribirescriturarecortes

Qué podemos aprender los escritores de una foto perfecta (y otros recortes literarios)

noviembre 27, 2015 — by Gabriella32

dog-1033161_1920-960x976.jpg

Estoy segura de que habéis visto ya esta foto. Es una foto perfecta, de una zambullida perfecta, de un pájaro perfecto en el instante perfecto.

Lo más sorprendente, y lo que ha hecho que esta foto sea noticia, es que es el resultado de seis años de trabajo y 720000 intentos.

Nunca pensamos en eso, creo. Miramos la foto, nos maravillamos, pinchamos en otra cosa. Pocas veces nos paramos a reflexionar sobre esos 720000 intentos.

Creo que el mensaje para todos los que creamos es bastante claro. Diría que de esta foto podemos extraer tres conceptos muy útiles:

escriturapersonalpromoción

Charla abierta en la Escuela de Escritores

noviembre 16, 2015 — by Gabriella3

apple-256261_1280-960x635.jpg

Aunque os lo he dicho ya muchas veces y por todas partes, me faltaba anunciarlo oficialmente en el blog, así que ahí va:

Este jueves 19 estaré en Madrid, hablando sobre promoción de autores en la Escuela de Escritores. Es a las 19:00 y la sesión será abierta (y gratuita) hasta cubrir aforo, así que si os apetece venir a charlar sobre las nuevas formas de mercadeo (ya sabéis: autoedición, social media, marca personal y etc., etc., etc.), ahí me tendréis. Yo no soy ninguna experta, pero ya sabéis lo que me gusta hablaros de lo que dicen los que sí saben (y mucho) y contaros mis pequeñas experiencias personales en esta gran aventura que es escribir, publicar y aprender a hablar de la obra de uno mismo (eso último a veces parece lo más difícil).

También estará como público muy sufrido mi coautor y cotodo José Antonio Cotrina, así que si tenéis algún libro pendiente de firma, podéis venir con libros en la mochila 😉

Como voy a estar unos días fuera y entre pitos y flautas y tamboriles voy a tener muy difícil ocuparme del blog mientras tanto, a lo largo de esta semana no habrá publicaciones nuevas, ni tendré mucha oportunidad de contestar a mensajes y correos. Pero en cuanto regrese me pondré al día. ¡Hasta contestaré a todos los comentarios que me vais dejando y que se me acumulan y que espero que sepáis perdonarme!

Ahí va un mapita con la ubicación del lugar:

Si andáis por Madrid o alrededores, sabéis dónde encontrarme. ¡Nos vemos el jueves!

escribirescritoresescrituraherramientas para escritoresmúsica

¿Qué escuchas cuando escribes? 23 autores nos dan su respuesta

noviembre 10, 2015 — by Gabriella61

violin-993847_1280-960x1120.jpg

La música es algo sobre lo que los escritores no suelen ponerse de acuerdo. Más allá de las discrepancias normales de gusto, suele haber dos divisiones evidentes.

Por un lado está el bando de los melómanos inspirados, de aquellos que gustan de acompañar sus sesiones de escritura con algo de música de fondo.

Por otro lado están los de despiste fácil, como servidora, a los que la música nos distrae.

Aunque alguna vez he puesto determinadas canciones para entrar en cierto estado de ánimo (sobre todo al escribir poesía), tengo bastante claro que la escritura en sí no puedo combinarla con ningún tipo de distracción. Y es algo frustrante, porque la música me acompaña en todo lo demás: música para prepararme para salir, música para acallar la mente, música para disfrutar de voces que despiertan una extraña sensibilidad; música para quitarme un cabreo o incluso suavizar una migraña (el primer disco de Birdy tiene un efecto extrañamente tranquilizador sobre mi persona). Y no hablemos ya del poder evocador de algunas canciones, de cómo detonan una retahíla de recuerdos. La música para mí es emoción y memoria.

Tal vez por esa emotividad y por esa afición al recuerdo, la música me resulte una distracción demasiado poderosa. Pero eso no quita que me llene de curiosidad saber qué escuchan aquellos que sí escuchan música mientras escriben. Y espero que a vosotros también, porque se han prestado, ni más ni menos, 23 autores a compartirla con nosotros.

A todos les he pedido un enlace a la canción que más utilizan para escribir y una imagen de alguno de sus textos manuscritos. He de decir que algunos escritores son muy independientes y se lo montan por su cuenta, como Jesús Fernández.

Respecto a todos los demás, aquí los tenéis. Que aproveche:

escribirescriturarecortes

¿Cuál es el sentido de tu novela? (Y otros recortes literarios)

noviembre 6, 2015 — by Gabriella30

dream-333815_1280-960x680.jpg

No estoy hablando del sentido de la vida, ni de por qué escribimos, ni de aquella frase tan rara que te dijeron por Twitter y que todavía no has podido descifrar (el diccionario predictivo puede ser un monstruo).

Uno escribe una novela, le da un par de vueltas y la manda a ocho editoriales diferentes.

Bueno, me han dicho que eso es lo que hacen algunos escritores. Para otros, el proceso es distinto.

Uno escribe una novela, le da dieciocho vueltas, se pregunta por qué se hace eso a sí mismo, se arranca un poco de pelo, la manda a ochenta lectores cero, a trescientas editoriales, luego encuentra tres erratas en la primera página del manuscrito y llora y se hace Grandes Preguntas, como: ¿llegaré algún día a pisarles los talones a mis ídolos?, ¿por qué vende tanto ese escritor al que apenas conozco pero que me cae tan mal? y, por supuesto, ¿cuál es el sentido de mi novela?

Porque tu novela tiene un sentido, ¿no? Tiene algún tema, esencia o significado entre líneas, ¿verdad?

¿Verdad?

Ese sentido a veces está en el centro, escondido, eso me lo enseñó James Scott Bell. Y también me ha enseñado otra cosa: hay maneras de averiguar qué se esconde en el corazón de tu novela. Hoy quiero hablaros de mi favorita.