Anoche soñé con Ramit Sethi.

Probablemente no sepáis quién es y eso tampoco es importante. Todo el sueño Sethi se lo pasaba en mi habitación, gruñendo y quejándose y regañándome por todo lo que estoy haciendo mal.

Llegó el momento en que Sethi se marchaba, diciéndome que me esperaba abajo para comer. Mientras, yo me cambiaba de ropa (sí: había atendido a un bloguero de fama mundial en pijama y bata). Como ocurre en una cantidad nada desdeñable de mis sueños, dediqué un tiempo excesivo a elegir qué ropa ponerme: me probaba mil cosas y todas me quedaban horribles; cada vez estaba más ansiosa, consciente de que me esperaban en la planta de abajo.

el trípode de la estabilidadVaya echándose un vodka, señor Sethi, que esto nos va a llevar un rato.

Es demasiado fácil analizar este sueño. No creo (mucho) en el poder simbólico de lo onírico, pero sí creo que es posible encontrar aquello que nos preocupa, aquello de lo que el cerebro se deshace durante la noche, en lo que soñamos. Lo de la ropa es un síntoma clásico de ansiedad y de preocupación por las opiniones ajenas. Y Sethi no es más que una representación de la parte menos compasiva de mí misma.

Todo el tiempo que Sethi me apuntaba con el dedo y me acusaba de algo, yo ofrecía excusas. Razones débiles y ridículas. A la vez, me enfadaba con él, porque no decía claramente qué esperaba de mí.

Es tan representativo este sueño de mi psique en general, que ahora que lo recuerdo me da un poco de risa. A la vez, me conduce a un problema del que todos sufrimos: un estado recurrente de confusión.

El problema de la confusión

Ese estado confuso que me dominaba en el sueño me recuerda al estado confuso en el que estoy a veces (¿a menudo?). Es un estado que observo en muchos otros escritores. Supongo que todos lo sufrimos, hasta cierto punto, pero en los artistas lo veo multiplicado por diez, tal vez porque haya pocos mapas y caminos marcados para nosotros. Por un lado, eso supone una libertad tremenda, pero por otro es aterrador.

Con frecuencia, clientes, amigos, alumnos y gente desesperada por email me pregunta: ¿qué hago? ¿Me concentro en mis redes sociales o en mi escritura? ¿Debo aprender SEO? ¿A qué hora del día es mejor publicar en el blog? ¿Dónde puedo encontrar buenos profesionales para una corrección? ¿Cómo puedo tener pelo como el tuyo?

Todas son preguntas válidas en momentos concretos (excepto la del pelo: nadie quiere un teleñeco fagocitador de bolígrafos y experto creador de enredos sobre su cabeza). Pero de nada sirve preocuparse por los detalles si lo fundamental no está en su sitio. Y cuando yo me siento así, desorientada y confusa, con esa vocecilla acusatoria disfrazada de mi copywriter favorito, intento regresar a lo básico.

Qué conveniente entonces que Ramit Sethi, precisamente, llame a esta técnica el trípode de la estabilidad.

Qué es el trípode de la estabilidad

De nada sirve construir castillos de naipes si a la mesa sobre la que se apoyan le falta una pata. No sirve estudiar SEO, SMO o Google Analytics si no tienes buenos contenidos. De nada sirve crear buenos contenidos si solo lo haces cada dos o tres meses. Sethi habla así de su trípode:

nailing the big things means that you can play around and take risks in other areas

Hacer bien las cosas grandes significa que puedes jugar y arriesgarte en otras áreas. Sethi pone el ejemplo de los grandes cómicos, que prueban sus chistes una y otra vez delante de públicos pequeños, que los testean de mil maneras antes de usarlos en un escenario grande o un especial de Netflix. Tienen muy seguro lo básico (que sus chistes funcionarán) antes de experimentar con otras cosas.

el trípode de la estabilidadBien, ahora que sé que el chiste sobre la Inquisición española funciona, vamos a probar a arrancaros a todos una uña de los pies. ¡Nada puede fallar!

Dejemos de lado la escritura un momento y procuremos analizar cuáles son los tres fundamentos de nuestra vida, los tres sitios donde necesitamos estabilidad para poder hacer todo lo demás. En mi caso, serían:

  1. Salud
  2. Familia
  3. Pasión

Con contracturas y migrañas no puedo trabajar de manera óptima, así que es importante para mí hacer lo posible para mantener mi salud en las mejores condiciones. Mi familia es mi colchón, donde acudo en las emergencias, y necesito escribir (ya sea ficción o en el blog) para sentir que el día ha merecido la pena. En vez de escribir podría hablar de pintar, de tocar la flauta o criar perritos de la pradera, pero para sobrevivir necesito una obsesión, algo en lo que trabajo a diario.

Estos son mis tres fundamentos cruciales. Tal vez echéis en falta otras cuestiones importantes, como el dinero, la vida social o el amor romántico. Estas son muy importantes, pero no son la base sobre la que me muevo. Necesito esas tres cosas para poder llevar adelante las demás (he sobrevivido más de una vez sin dinero gracias a mi familia, por ejemplo; y ni amigos ni pareja me aguantarían si estuviera siempre enfadada y enferma, o deprimida por no sentir que tengo un propósito). Con esto quiero decir que hay muchas cosas importantes, pero suele haber tres que son indispensables para crecer en el camino que hayas elegido. Tus bases probablemente no coincidan con las mías: solo tú puedes conocerlas.

Sethi da otros ejemplos. Tu trípode podría ser: tu trabajo, tus relaciones personales y tu hogar. Podría ser tu negocio, tus ahorros y tu coche. No entres en juicios morales o sociales: nadie tiene por qué ver tu lista de tres. Escríbela con sinceridad. Recuerda: no es que lo que se queda fuera del trípode no tenga importancia, es que lo que se queda fuera del trípode no podría medrar sin lo que está en el trípode.

Piensa en cuál es tu trípode y elige. Es más fácil de lo que parece: creo que lo tendrás claro pronto. Solo se trata de ir reduciendo aspectos de tu vida hasta dar con los que son indispensables para todo lo demás.

Examina tu trípode. ¿Tienes estabilidad en esas tres cosas que has apuntado? Si no es así, es mejor que trabajes en ello.

El trípode del escritor

Del mismo modo, puedes crear un trípode para tu escritura. En mi caso, podría ser este:

  1. Contenidos para escritores
  2. Ficción
  3. Comunicación

Dentro del primer punto podría incluir mi blog, 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, la lista de correo de Gabriella Literaria y otros proyectos orientados a escritores. En el segundo estarían mis relatos, novelas, Lo extraño y lo maravilloso, etc. Y en el tercero metería mis redes sociales, convenciones, charlas y conferencias, talleres, etc. No son tres grupos separados: suelen interrelacionarse.

Cuando me agobio, procuro recuperar la estabilidad en ese trípode. Escribo en el blog, corrijo un relato, comparto algo que me parece relevante para mi público en Twitter. Todo lo demás (el papeleo, las consultorías, la programación de contenidos en redes, emails pendientes, aprendizaje, lectura…) es importante, pero parte de esos tres puntos. Necesito primero regresar a lo básico para reorientarme.

¿Cuál sería tu trípode de escritor? ¿Qué haces cada semana para alimentarlo?

el trípode de la estabilidadSi tu respuesta es: "sacrificar una cesta de niños a los dioses del inframundo", tal vez los resultados no sean los que esperas. Pero siempre viene bien tener a Cthulhu tranquilo un milenio más.

La importancia de la estabilidad

La estabilidad tiene mala fama. Suena poco atrevida, aburrida. Pero es la estabilidad en un área la que nos permite crecer en ella. Uno puede escribir bien porque lleva años escribiendo con disciplina y progresando. Lleva años mostrando su trabajo y aprendiendo de la retroalimentación. Puede arriesgarse en detalles, ciertas formas y formatos, pero sabe bien qué funciona y qué no funciona en lo básico.

Si no te va bien en lo básico, lo demás se convierte en una maraña tremenda de construcciones en derrumbe, levantadas sobre cimientos débiles.

Si necesitas dinero para sobrevivir (como todos), no te lances a escribir pensando que desde el primer día vas a estar arrasando en Amazon. Tendrás que escribir poco a poco, compaginándolo como puedas con tu trabajo. Si estás en el paro, es más importante encontrar un empleo que escribir. ¿Sufres de una adicción nociva? Es más importante solucionar esa adicción antes que escribir. Si sufres de ansiedad o depresión y eso bloquea tu creatividad, intenta primero hablar con un profesional y encontrar maneras de reducir esa ansiedad y depresión.

el trípode de la estabilidad—Verá, doctora, a veces escucho voces. Hay como... personas en mi cabeza. También sufro de ansiedad, depresión, alcoholismo y adicción a los gatos. 
—¿Es usted escritora? 
—¡Madre mía, doctora! ¿Cómo lo ha adivinado?

Escribir puede ser una terapia excelente para todos los casos que comentamos más arriba. Pero si tu vida está llena de problemas cruciales, tienes que intentar resolver mínimamente ese trípode básico de supervivencia antes de desarrollar tu trípode de escritor. Esto puede parecer de cajón, pero no te gastes dinero en cursos de escritura si no tienes dinero para comer. No te sientes a soltar 10000 palabras del tirón si tu espalda se va a resentir luego. Sé que es difícil distinguir entre las excusas («hoy no escribo porque me molesta un poco la espalda») y las necesidades («la espalda me está matando y sé que hacer ejercicio me aliviará, pero en vez de eso voy a escribir otras mil palabras»), pero tenemos que intentarlo.

Todo esto parece de lo más evidente, pero una y otra vez encuentro escritores que descuidan aspectos básicos de su salud física, económica y social, y luego no entienden por qué andan quemados y bloqueados. Echan la culpa a cualquiera menos a sí mismos.

Del mismo modo, muchos escritores me preguntan cómo solucionar la cabecera de un blog donde no han escrito en ocho meses, o me dicen que van a comprarse una cámara carísima para sus fotos de Instagram cuando su cuenta ni está enfocada a su público objetivo, o quieren saber cuál es la mejor palabra clave para su novela en Amazon… cuando llevan tres mil páginas escritas de la novela. O me encuentro con autores que autopublican una novela sin que nadie la haya valorado ni leído antes, y no entienden el silencio (o las malas reseñas) que suele llegar luego.

Regresa a lo básico y afiánzalo

Ya, ya, todo esto es complicado. El trípode de la estabilidad es exigente. Pero más difícil es seguir ignorando los problemas más básicos y pasarte el resto de tu vida probando la táctica de la semana, con la esperanza de que de repente te conviertas en George R. R. Martin. Cuando la gente habla del éxito de Canción de hielo y fuego tiende a olvidar toda la práctica en narrativa básica que George adquirió en su trabajo televisivo (y con novelas anteriores que no tuvieron mucha suerte).

Asegura tus bases y solo entonces sal a jugar. Si te pierdes, siempre puedes regresar a ellas.

Pero. Sin embargo. No obstante.

No uses esas bases como excusa para detenerte. Sé mejor que yo: no sigas dándole razones endebles al señor Sethi, mientras peleas con montones y montones de ropa que no termina de quedarte bien.

Si lo haces, lo sabré.

Ya sabes que te estoy vigilando.



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