No recuerdo muy bien cuándo escribí mi primera entrada en mi primera bitácora. ¿Fue en el año 2000, 2001?

Hace mucho.

Me resulta inconcebible haber tardado tanto en empezar a comprender qué herramientas y actitudes son las que hacen que un blog empiece a crecer. Tal vez es porque solo he comenzado a ver mi blog como una posible plataforma de autor en el último par de años. Miro atrás y me llevo las manos a la cabeza. Seguramente mi yo del futuro, mi yo de dentro de cinco años con peluca azul y extrañas ropas blancas y futuristas, mirará atrás, me verá y se llevará también las manos a la cabeza (¿usabas el color turquesa? ¿Había TEXTO? ¡Pero en qué estabas pensando!).

Por mi salud mental (y la vuestra) procuraré concentrarme en el presente.

Hoy quiero hablar de las razones principales detrás de un hecho terrible e inevitable que te trae de cabeza, oh, querido escritor: nadie visita tu blog.

Considero que tengo una perspectiva curiosa: la de bloguera o autora que ha aprendido algo de muchos de sus errores, y la de una lectora ávida de blogs que no dedica más de dos segundos a una web que no cumpla unos requisitos mínimos. Leo muchos artículos al día y no puedo permitirme perder tiempo en contenidos que no me aporten nada nuevo ni interesante. Soy una bloguera que está, por fin, aprendiendo de los palos (¡o eso espero!) y a la vez una lectora exigente de blogs.

Hace poco di con un acertado artículo de Víktor Valles, que consistía en una lista de puntos a tener en cuenta en un blog de escritor. Estoy de acuerdo con todo lo que apunta, pero me quedé con ganas de comentar bastante más sobre el asunto. A continuación os ofrezco el fruto de mi intersección productora/consumidora de contenidos, una lista de los doce errores que yo he cometido y que otros siguen cometiendo, de diez razones por las que nadie visitaba mi página, y por las que tampoco están visitando la tuya.

Víktor, por suerte para sus lectores, se enrolla bastante menos que yo y ofrece una lista más concisa, pero también tiene un 100% menos de dracoleones, así que podéis ir corriendo a ver la suya y luego venir aquí a complementar, por qué no.

1. Tu diseño me marea

Si el contenido es el rey, el diseño, desde luego, es la reina. O no, espera. La reina es la promoción. ¿El diseño sería como el niño bastardo del que nadie habla y que luego se convierte en un guerrero fuerte y valiente que vuelve para reclamar el trono?¿O sería la típica amante pesada del rey que no descansará hasta acabar con la reina legítima y el príncipe heredero?

No sé. Dejémoslo en que el diseño es tela de importante.

No es necesario un diseño avanzadísimo: cuanta más sencilla sea tu plantilla y más fluida presente la lectura, mejor. Si llevas años con esto de tener blog y quieres experimentar, es posible que te apetezca, como a mí, gastarte algo de dinero en una plantilla profesional (y conseguir que alguien te ayude a implementarla y personalizarla), pero no es obligatorio. WordPress y Blogger (y ahora también Medium) ofrecen temas básicos y gratuitos, con fuentes bien grandes y buena implementación de imágenes, donde nadie tiene que dejarse la vista.

¿He dicho ya lo de las fuentes grandes? Ah, sí. Uno de mis errores en blogs anteriores fue utilizar una letra pequeña en un formato estrecho. La claridad y limpieza visual no solo depende del tamaño de la letra, claro. El uso de imágenes atractivas ayuda, de la misma manera que es muy útil no escribir párrafos muy largos (la vista se cansa, el lector se aburre). Los grandes bloques de texto le gritan “¡mucho trabajo!” a nuestro cerebro.

¿Sabes por qué funcionan tan bien las listas en internet? No es solo porque al ser humano le gustan, le gustan mucho, es porque nos gusta poder leer en diagonal. Con las listas, o cualquier texto que use encabezados bien claros que separen las partes, facilitamos esa primera lectura rápida donde el lector puede decidir si se queda o se va. Y si tu contenido merece la pena, se quedará.

2. Tus artículos son demasiado cortos / demasiado largos

En el mundo del blog siempre ha habido discusiones sobre cuáles son los límites de extensión por artículo. Aunque siempre se ha pensado que los artículos cortos captan mejor a un público con déficit de atención (es decir, cualquier usuario de internet), no se puede negar el atractivo de los llamados longform, artículos largos que los lectores no leen de pasada, sino que se guardan para luego o que se sientan a leer con detenimiento. Ya que los longform suelen ofrecer más valor (sobre todo si son guías o tutoriales), tienden a crear un seguimiento más fiel.

¿Qué formato es mejor? Eso es algo que debes elegir según dónde estén tus habilidades y con qué te sientes más cómodo. ¿Tienes capacidades narrativas como para enganchar a un lector durante más de 500 palabras? ¿Tienes capacidad para producir muchos artículos cortos? Los artículos cortos deben producirse más a menudo para animar al lector a regresar, y tienen mayor peligro de obsolescencia; los más largos suelen tener una vida mucho más larga y pueden reutilizarse. Los primeros exigen menos esfuerzo, pero un esfuerzo más frecuente; los segundos implican mucho más trabajo, pero hay blogueros con seguimiento masivo que pueden actualizar solo una vez al mes con este tipo de formato.

Hagas lo que hagas, es importante que estructures bien tu artículo. Que un post sea corto no es excusa para que se produzca uno de los errores fatales de un mal artículo: mucha introducción sin contar realmente nada, con un cierre apresurado que no ofrece ninguna conclusión práctica. Y un post largo incrementa ese peligro: si no enganchas a tu lector desde el primer párrafo, verá todo lo que le queda por leer y se largará a otra web (probablemente Facebook).

Y ya que hemos hablado de frecuencia…

3. Es que no actualizas

¿Cuántas veces os ha pasado esto? Cogéis el blog con ganas, estáis megainspirados de la muerte, escribís cuatro posts magistrales del tirón, y luego… bueno, viene tu tía abuela de visita. Y hay que llevar al dracoleón al veterinario. Y a tu mejor amiga le han clonado a su hermano pequeño y ahora tiene la casa llena de tíos iguales que solo quieren comer Doritos y jugar a la XBOX.

Y te olvidas del blog. Cuando te pones, ya no estás inspirado y ahí se queda la cosa. Hasta que pasan cuatro meses, lees en algún sitio que todos los escritores necesitan tener un blog, publicas un artículo y…

Nadie. No te visitan ni los clones del hermano de tu amiga, que ya les vale, con lo que te gastaste en Doritos.

En el fondo da igual que actualices mucho o poco. Lo importante es que siempre actualices con la misma frecuencia, los mismos días. Así tus lectores sabrán qué esperar y entrarán en tu blog por costumbre, no porque llenes las redes sociales con lo último que has puesto (que juras y rejuras que será el nuevo principio de una etapa de publicación frecuente en el blog, otra vez).

Como, hemos dicho antes, la frecuencia de publicación dependerá del tipo de artículo que escribas. No esperes tener mucho seguimiento si publicas un artículo de 300 palabras, trivial, cada dos semanas. Eso sí, si publicas longform cada mucho, asegúrate de ir recogiendo emails de tus lectores para poder avisarles de cada publicación. Decidas lo que decidas, sé fiel a esa decisión. Puedes ser como Seth Godin, famoso por publicar algo corto todos los días, o como Mark Manson, que publica cada mil-millones-de-cuando-a-mí-me-da-la-gana, pero cuyos artículos están tan currados que tiene a toda su lista de correo pendiente del próximo artículo, para ir corriendo a leerlo en cuanto aparezca (y esto se lo puede permitir ahora, al principio blogueaba de forma periódica, como todos). Personalmente opto por algo intermedio, escribir longform dos veces a la semana, con una entrevista por medio, pero eso es lo que me funciona a mí. Del mismo modo, invierto una cantidad de tiempo en el blog que no es muy recomendable, porque me encanta hacerlo. Pero cualquiera puede empezar a hacerse su seguimiento con un buen artículo cada semana, o incluso cada par de semanas, siempre que tenga manera de recordarles a sus lectores que sigue publicando (para esto están las listas de correo y las redes sociales).

4. Me estás bombardeando

Un poco de publicidad está bien. De hecho, el problema de algunos blogs de autores es que no tienen suficiente. Se olvidan de que es un blog de escritor y no tienen sus textos ni sus libros a la vista.

Ahora, si una página me abre ocho pop-ups con tu libro, tiene tu portada como gran imagen de fondo, está lleno de banners de empresas porno, de cuadritos AdSense y de enlaces publicitarios a lo largo de todo el texto… no voy a durar mucho. Si eres de los que viven aún en los 90 y se creen que todavía se puede hacer uno millonario con los banners interactivos, genial, pero no cuentes conmigo. A mí las cosas que parpadean y me hablan me dan o ganas de marcharme corriendo (si son carteles publicitarios o, por ejemplo, mi gato) o de quedarme (si son una persona excepcionalmente atractiva metida en mi cama). Pero tu blog no es una persona excepcionalmente atractiva, así que mala suerte.

No tiene ni que decirse que si este método de bombardeo se emplea también en las redes sociales, se conseguirá un efecto de rechazo. La gente no suele pinchar en un enlace solo porque alguien a quien no conoce se pase el día pidiéndoselo en Twitter. La opción “bloquear” es más rápida y satisfactoria.

Del mismo modo, algunos blogueros se obsesionan demasiado pronto con eso de la monetización de su blog, e intentan todas las tácticas habidas y por haber para exprimir su página (¡y todas a la vez!). El arte de vender es extraordinariamente complejo, y tu manía de intentar venderme una cámara mientras reseñas un libro y me hablas de tu último curso de puericultura no me termina de convencer.

Tampoco ayuda que te note tan… disperso/a. Y eso nos lleva al siguiente problema:

5. No sé de qué va

Puede que pinche en alguno de tus artículos, porque el tema que estás tratando me interesa. Pero si tu blog no está enfocado a ese tema, es muy probable que ya no regrese. Es importante dejarle claro a tus lectores qué has venido a comunicarles, y para eso tienes que tenerlo muy claro tú también. Mi blog era un mejunje de reflexiones variadas y un poco idiotas; no fue hasta que por fin me decidí por un hilo conductor (primero la productividad, luego la escritura) que empecé a hacerme con algunas personas que no solo leían un artículo, sino que regresaban a la semana siguiente a por más.

Una buena forma de saber cuál será el tema de tu blog es pensar en qué público estás buscando. Si eres escritor de novela histórica, te interesa un público que lee novela histórica, así que no tiene mucho sentido que hables de música. Si eres escritor de romántica, tus reseñas de cine gore podrían no terminar de funcionar. Esta es otra cuestión dura de aceptar. Y es por eso también por lo que creo que el siguiente punto es determinante:

6. Tu tono no te representa

La objetividad no tiene nada de malo, y desde luego es mucho mejor que una subjetividad falsa y sobreactuada. Pero si lo que quieres es darte a conocer como escritor, ¿por qué escribes tus artículos como si te hubieran metido una escoba por el culo y alguien se dedicara a darle vueltas? Si quieres que los demás lean tus libros, ofréceles textos que representen cómo escribes. Si eres escritor de novela negra, tienes que demostrar que sabes mantener el suspense, tentar al lector con buena intriga. Soy escritora de fantasía y por ello no me corto al colar referencias fantásticas y algo exageradas, como son todos mis textos. Tal vez lo único que separe mis textos del blog de mis textos de ficción sean mis ganas de cachondeo: mi ficción suele ser mucho más oscura.  ¿Pero qué mejor manera de convencer a alguien de lo que sabemos hacer con la prosa que usándola para obligarlos a leernos en este gran marco abierto que es internet?

Un blog no tiene que ser un sitio aséptico, aburrido. Dótalo de tu personalidad, de forma excesiva incluso. Habrá gente a quien eso le eche para atrás, pero a los que les guste les gustará en grandiosas y amorosas cantidades.

7. No me ofreces nada de valor

Este niño prefiere mirar por la ventana su aburrido pueblo natal antes que leer tu blog.

Este niño prefiere observar a su aburrido pueblo natal por la ventana antes que leer tu blog.

Si quieres tener un blog como si fuera un diario, perfecto. De ahí viene, precisamente, lo de blog, de weblog. Un log es un diario, una anotación constante. Y los primeros grandes blogs de éxito fueron, aparte de páginas de tecnología y algunos otros bombazos, blogs personales.

Eso fue antes de Facebook, claro. ¿Para qué quiere alguien leer sobre tu vida si puede ver millones de vidas en las redes sociales? Por eso había quien decía que el blog había muerto. En cierto modo, era cierto. Ya no era como antes, que abrías una paginita en ya.com y, cuando te querías dar cuenta, tenías a quinientas personas de lo más interesadas en qué habías desayunado. Ahora existe Instagram y poco podemos hacer para competir con sus paisajes en sepia, sus selfies borrosos y sus cupcakes de ensueño.

Lo personal se revaloriza cuando ofrece contenidos originales, diferentes, cuando aprendemos algo, cuando nos es útil. Los blogs personales de mayor éxito ahora son aquellos donde sus autores viven en lugares exóticos y narran experiencias que nos parecen divertidas y extrañas; de lifehackers que se apuntan a desafíos extremos solo para ofrecer información y emoción a sus lectores; de apasionados de la creatividad que comparten a diario sus esfuerzos mediante guías y aplicaciones prácticas que pueden ser muy útiles para otros.

La palabra clave en promoción, ya se aplique a los blogs o a cualquier otra cosa, es valor. ¿Qué valor le aportas tú a tus lectores? ¿Por qué alguien querría leerte? A mí me encanta hablar de las cosas que leo y reflexionar sobre ellas en los artículos de recortes de los viernes, pero son los artículos de martes los que obtienen más visitas e interacción, porque suelen contener información que puede ser más relevante para otros escritores (ya sea por tratar aspectos prácticos, o por hablar de temas que a todos nos preocupan y/o entusiasman).

Fue entender esto lo que hizo que mi blog diera un giro de 180º (aunque el proceso de crecimiento fue, claro, muy paulatino, y lo sigue siendo). El momento en que dejé de usar mi blog para lloriquear sobre el triste estado de las cosas y empecé a usarlo para compartir lo que había aprendido con otras personas que podrían necesitarlo fue cuando empecé a tener una interacción mucho más productiva con mis lectores.

8. Ni compartes ni sé cómo compartirte

¿De qué sirve escribir un gran artículo si nadie sabe que existe? Compártelo en tus redes sociales, y asegúrate de que se vea claramente cómo pueden compartirte otros (pon esos botoncitos tan monos de compartir en algún sitio visible, bien al final o comienzo del artículo). Asegúrate de que en Facebook salga tu enlace con una gran imagen, de que en Twitter quede claro de qué va el post en concreto. Si no tienes ninguna red con mucha visibilidad, tal vez puedas plantearte ampliar alguna un poco. No hace falta que te pongas como loco/a  a compartir en Google+, Pinterest, LinkedIn y la cuerda de tender de tu vecina, sino que te concentres en alguna red en concreto y le dediques un poco más de atención y tiempo. Para esto, un par de consejillos:

Evita grupos o foros donde veas que la tendencia es solo a compartir y no a comentar ni a leer el trabajo de otros. En este sentido no recomiendo grupos de Facebook ni de Goodreads, a no ser que sean comunidades concebidas desde un principio con una política de interacción clara.

-Como en cualquier plataforma, la mentalidad de escupir solo tus propios contenidos no te servirá de nada. Solo comentando y comunicándote con otros usuarios obtendrás un rendimiento útil. Nadie va a seguirte porque sí. Lee acerca de y analiza el funcionamiento de tu red social favorita. Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti (¡nada de spam!). Y por favor no pongas mensajitos automatizados en ninguna parte. Recuerda, nadie va a seguirte solo porque se lo digas en un mensaje privado de Twitter; te seguirán porque ven claramente que les ofreces contenidos que les interesan.

9. ¿He dicho ya que no compartes?

Bueno, sí, es que hay otro “compartir” que hay que tener en cuenta. No basta, como ya hemos visto, solo mostrar lo propio. Aquellos que te siguen no solo esperan leer lo tuyo. Cuanto más valor les proporciones, aunque este no esté directamente ligado a ti, más te lo agradecerán.

Hay una ratio que aplican algunos profesionales en Twitter, por ejemplo, que me parece muy válido: el 4:1:1. Esto es: cuatro tuits con enlaces al trabajo ajeno (siempre dentro del enfoque o tema que has elegido, claro) por cada tuit de promoción de lo propio y por tuit personal. Hay muchas variaciones, pero creo que es una buena regla general, aunque no haya que seguirla al pie de la letra (obviamente, en épocas de lanzamiento de un libro esta ratio cambiará un poco, pero es importante no perder esa perspectiva). La idea es que compartas mucho más contenido ajeno que propio, y además que dejes claro que ese contenido lo has elegido por algo (no basta con retuitear o compartir sin más, debes comentar qué te ha llamado la atención y/o por qué lo compartes). No solo transmites el mensaje de que aportas contenidos útiles a los que te siguen, sino que aquellos a los que has compartido te lo agradecerán. No todos te darán promoción a cambio (ni debes esperarla), pero sí que conseguirás de vez en cuando que se extienda tu propio contenido también por sus redes.

10. Tus títulos no enganchan

Tal vez el descubrimiento más importante (y mira que es obvio) que he hecho con esto de tener un blog. Como somos escritores, nos encanta tener títulos en nuestros artículos del tipo: La devoción y la rabia; un análisis complejo de la psique del autor atormentado. Pero la muy triste realidad es que 10 cosas que odiamos todos los escritores va a funcionar muchísimo mejor. Y puedes tener exactamente el mismo contenido.

Ya he explicado el atractivo de las listas. Por mucho de que todos se quejen de que están muy vistas, siguen siendo una buena forma de exponer contenido de manera clara e intuitiva. También funcionan aquellos que prometen solucionar un problema (Cómo darle una pastilla a un dracoleón). Hay otros titulares que funcionan mediante la intriga: Nunca averiguarías qué le dijo este escritor a su mujer antes de morir (devorado por un dracoleón); o incluso el miedo: Cómo podrías estar matando a tus hijos mientras duermen (con un dracoleón) y no saberlo. He de reconocer que los que juegan con el tema emocional me producen cierta aversión, sobre todo porque, por lo general, al pinchar, no ofrecen la misma emoción intensa que prometían. Esto se conoce como clickbait, y puede funcionar para conseguir visitas de golpe, pero te puedo asegurar que tendrás poco seguimiento si no consigues estar a la altura de esos titulares tan prometedores. Si tienes un título atractivo, pincharé. Si tu título es claramente un gancho facilón, lo más seguro es que pase.

Aunque hay artículos incontables sobre la forma más recomendada de ponerle título a un artículo de blog, el mejor método es siempre probar tú mismo. Verás pronto qué titulares atraen más visitas y cuáles son el equivalente de esa planta seca que rueda por el suelo en los decorados tipo Lejano Oeste.

11. Vives solo de virales

Otro error en el que he caído con frecuencia en el pasado. Imagínate que escribes un artículo alucinante sobre la vida sexual de los pastores de la Alemania de entreguerras. Tu artículo se comparte como la sífilis en un burdel de tercera, y antes de darte cuenta eres portada en Menéame y tienes unos tres mil comentarios de dueños de perros insultándote por haber utilizado el término equivocado para referirte al testículo izquierdo de un pastor alemán (ya, la gente no se lee bien los artículos, qué le vamos a hacer).

Has triunfado. ¡Te has vuelto viral!

Pero luego la vida pasa, sale alguien importante por Twitter contando un chiste de mal gusto en el 2003, y todos se olvidan de tus pastores enamoradizos (normal: eso de viajar en el tiempo es bastante más llamativo). Tu artículo queda ahí, condenado al olvido, presente solo en alguna búsqueda de Google realizada por historiadores aburridos que no saben de qué hacer la tesis doctoral. ¿O no?

No desperdicies tu mejor contenido. Rescátalo de vez en cuando, actualízalo, reescríbelo, ponle una imagen bonica y dale vida nueva. Los que te siguen hoy no tienen por qué seguirte desde hace tres años. ¡Se perdieron tu trabajo de aquel entonces! No todos los lectores de un blog se leen todos los archivos antiguos. Encuentra maneras de traer a la palestra tus artículos de tiempos pasados para revitalizar tu blog y encontrar lectores nuevos.

Además, la importancia de los virales no es que durante tres segundos has salido en la tele (o lo que sea). Lo importante ahora es conseguir enganchar a los que visitaron tu web por dicho viral, intentar que pasen de lectores fugaces a seguidores entusiasmados. No es nada fácil, pero si los pierdes, es posible que nunca vuelvas a verlos de nuevo.

12. Horrortografía

Vale, puede que esto sea solo cosa mía. Pero hay un buen puñado de blogs en los que varias veces he pinchado y me he marchado, aunque el contenido me interesara, porque tengo un límite para las comas detrás de sujeto, las mayúsculas puestas por lotería, los extranjerismos mal escritos y las tres erratas por párrafo. Está claro que el nivel de exigencia gramatical y ortográfica que tenemos para un artículo por internet es mucho menor que el que tenemos para un libro. Primero, estamos ante contenidos gratuitos; segundo, entendemos que nadie puede invertir el tiempo necesario en asegurarse de que cada artículo esté absolutamente perfecto. Pero, como escritores, tenemos una obligación de intentar mantener un nivel mínimo de corrección. Si no eres capaz de redactar y repasar lo redactado, ¿cómo serán tus libros?

13. Te repites demasiado

Sé que es difícil mantener un contenido de calidad que además sea original. A mí me pasa. No solo busco temas que no se hayan hecho mil veces ya por toda internet, sino que busco temas que creo que pueden ser atractivos. Claro que hay veces que me apetece hablar de algo que, en el fondo, a nadie más le importa (y lo hago a veces, porque algunas cosas hay que compartirlas, aunque sea con la arena y el viento y la planta esa mencionada). Pero cada vez doy más con blogs que cogen un solo tema y le dan todas las vueltas posibles, haciendo artículo tras artículo sobre lo mismo. O con blogs que escriben un artículo sobre algo de lo que miles de otros blogs ya han hablado hasta la saciedad. Esto, por sí mismo, no tiene nada de malo. Este artículo, precisamente, no es de lo más original, pero me apetecía aportar mi punto de vista. Las perspectivas están bien. Lo que no está tan bien (o por lo menos a mí me obliga a abandonar un blog enseguida) es hablar de lo mismo que habla todo el mundo, desde el mismo punto de vista que lo hace todo el mundo y casi con las mismas palabras.

No digo que se recurra al copypaste (que haberlos haylos, oh, sí), pero muchos blogs tienden a coger una idea popular e insistir una y otra vez en lo mismo. Un artículo que sea un tanto original siempre llamará más la atención de sus lectores. Incluso en un sector donde parece que está todo dicho, si cruzas los temas de siempre con otro tema de un sector distinto, pueden salir cosas extraordinarias. Por ejemplo, hay miles de artículos sobre escritura. Y hay miles de artículos sobre repostería. Pero si escribes un artículo donde enseñas tartas hechas con símbolos y motivos literarios, ya tienes algo más atractivo.

Es difícil dar con temas diferentes (o simplemente dar con temas). Hay que estar en todo, leer mucho y darle muchas vueltas a esto de escribir y comunicar. Todo eso quita tiempo y energía.

Y te decían que, como escritor, tener un blog era fácil. Que te daría una plataforma donde conseguir lectores.

Puede hacerlo, en serio. Pero creo que la mayoría de los que lo intentan no son conscientes de estas tres cosas:

  1. Del trabajo e inversión de tiempo que hay detrás de un blog con seguimiento.
  2. De la cantidad bruta de seguidores (fieles) que necesitas para ver alguna conversión real a ventas (si lo que buscas es vender tu libro).
  3. Que aquello de lo que al escritor más le gustaría hablar (sus creaciones) y compartir en su blog (sus creaciones) es, de entrada, lo que menos le interesa al lector medio. Que deberá enganchar a dicho lector con otros temas y textos relacionados. Cuanto antes asumamos que el mercado del libro de ficción tiene tal exceso de oferta que necesitamos algo realmente excepcional para vender el nuestro, mejor.

Un blog debe ser para un escritor un lugar donde su público puede encontrarlo y, tal vez, conocer mejor su obra y su persona. No es una herramienta mágica y sencilla desde la que conseguir ventas (y eso lo dejaron bastante claro varios expertos en este artículo). Este objetivo puede cumplirse con una web simple con información básica. Si lo que pretendes es crearte una verdadera plataforma, hacer que otros se interesen por ti y por tu obra, prepárate para leer mucho a la competencia, a los grandes del blogging y, cómo no, a tus propios lectores. Como en cualquier iniciativa vital, hazlo solo si te vas a tirar de cabeza.

O no lo hagas por la plataforma, por las ventas, por el seguimiento. Hazlo porque te gusta contarle cosas a los demás, porque te divierte y te apetece.

Que yo sepa, es la mejor razón para hacer algo.


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