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Sorteo chachi de libro y marcapáginas: Jesús Cañadas y Medusa Dollmaker

febrero 13, 2018 — by Gabriella104

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ACTUALIZADO: ¡Ya sabemos quién ha ganado! Ve al final de este artículo para averiguarlo.


Hace mucho que no hago sorteos y ya sabéis lo que me divierten, así que hoy voy a hacer uno y buscaré alguna excusa para ello.

¡Que he alcanzado 9000 seguidores en Twitter! Jum.

¿Casi 6000 en Facebook? No sé, no sé.

¿Mi llegada a Instagram? Tengo mis dudas.

¿Que ya llega San Valentín? Teniendo en cuenta que no voy a poder pasar ese día con la persona a la que quiero, eso lo único que hace es ponerme de mal humor. Grrr.

Y es que, como dice mi gruñón favorito, Isaac Belmar, tener un montón de seguidores en redes sociales tampoco es que sea la panacea ni te asegura nada. Pero eh, me hace sentirme calentita en las noches oscuras de frío del alma y tal. Y me lo repito a mí misma cuando alguien casi me atropella en un paso de peatones o cuando un camarero me ignora para atender antes a alguien más joven y atractivo. Solo le haces más caso a ella porque no sabes que tengo 9000 seguidores en Twitter, c****n.

También me reconforta saber que todos estaréis ahí para indignaros conmigo la próxima vez que me estafe la empresa de telefonía de turno o decida manifestar alguna opinión política. Eso sí que es un lujo y lo demás son tonterías.

Así que creo que celebraré otra cosa. Celebraré que soy muy muy muy fan de Las tres muertes de Fermín Salvochea de Jesús Cañadas y de este marcapáginas de madera de Medusa. Y a mí las cosas que me encantan me gusta compartirlas.

Os recuerdo, queridos, para mi desgracia y pena, que solo puedo mandar esto a gente que tenga alguna residencia en España. Puedo mandar a Europa si vosotros cubrís los costes de envío, pero a los que estáis fuera de Europa os aseguro que los costes son tan altos que no os va a compensar: creo que os sale más barato compraros el libro y el marcapáginas directamente.

Este es el premio:

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  • Un ejemplar lujosísimo en tapa dura y muy preciosa de Las tres muertes de Fermín Salvochea, un libro de Jesús Cañadas que probablemente fue lo más divertido que leí en 2017. El estilo de Jesús es impecable, su documentación es preciosista y su peculiar sentido del humor y la tragedia se combinan en esta obra a la perfección. Mil trillones de gracias a Jesús y a Roca Editorial por proporcionarme este ejemplar para vosotros.
  • Un marcapáginas de madera, tallado con láser (sí, es tan chulo como suena), creado por la muy espléndida Medusa Dollmaker, que en su tremenda generosidad me proporcionó esta obrita de arte para vosotros. Si no os toca, compradlo vosotros. Es una pasada.
  • La combo habitual de chucherías y bolígrafos bonicos.
  • Editando: Se me está yendo mucho la mano y ahora he incluido también una libreta de notas.

sorteo cañadas

Jugoso es poco, ¿no os parece? Yo estoy salivando.

¿Cómo participar?

  • Apúntate (si no estás ya) a mi lista de correo. Esta parte es muy importante, porque le pediré a quien gane la dirección de email con la que se apuntó a esta lista. No te asustes: mando pocos correos a la lista y suelen ser artículos, del estilo de los que pongo en el blog, pero más cortos y exclusivos para los suscriptores.
  • Déjame un comentario por aquí diciendo dónde (o cómo) tienes pensado leerte este libro y qué planeas hacer con el marcapáginas.
  • Tienes hasta este lunes 19 a medianoche (hora peninsular española) para participar. Si todo va bien, haré el sorteo el día 20.

Y lo más importante: Lechuguita aprueba y recomienda este sorteo.

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Para todos los que estáis, como yo, renegando de un día enamorado solitario o de un día muy satisfecho de no enamorado, ¡este es el regalo que os traigo!

¡Y SORTEAMOS!

Esta es la lista (numerada) de gente que participó dejando comentarios hablando de qué haría con este premio tan fabuloso, por orden de llegada:

  1. Blanca R. Bandarrita (@bandarrita)
  2. Istel
  3. MissNRomanoff
  4. torpeyvago
  5. Leydhen
  6. María Arenas
  7. Cris Carou
  8. Salva Jiménez Luzzy
  9. Audrey
  10. Núria P
  11. Gonzalo Vaquero
  12. juanlumvu
  13. Elena
  14. Yolanda Fuertes
  15. Wolfdux
  16. Karen Walker
  17. Beatriz Vélez
  18. María Isabel Pérez
  19. Judith Gracia
  20. Chelo
  21. Carolina Corpas-Neale
  22. Isabel Colón
  23. José Cascales
  24. David Monedero
  25. Franxu
  26. Aiko
  27. Pedja
  28. Salana
  29. maureen1978
  30. daniel lopez
  31. damaenblanco
  32. María Ángeles García García
  33. Tabaré S.
  34. María R. Coco
  35. Alejandro Moreno
  36. Cris García
  37. Mario Carballeira
  38. mayatakameru
  39. Mink Aldhissla
  40. Gerardo Rodríguez
  41. F.Parrondo
  42. Gabriela Nebro
  43. jeanivesthibauth
  44. Elvira
  45. LUCIANO RODRIGUEZ TORIBIO
  46. Lourdes Garcia Guindo
  47. Trescatorce
  48. Hugo Meza
  49. Patricia García Tarín
  50. Noa Velasco
  51. Elisa
  52. Encarna
  53. Celia Arias
  54. María
  55. M. Mateo
  56. Sonia Alba Almendros
  57. adrimacfer
  58. María Martínez
  59. Pablo GarMa
  60. Juanfran
  61. Marina López
  62. Santiago GC
  63. Victoria Durán
  64. Yolanda
  65. María Dolores Garrido Goñi
  66. Q. de la Torre
  67. Eduardo Norte
  68. Sergi
  69. Naomi Alba
  70. Couto
  71. Nuria Mahillo
  72. Laura F.
  73. Marta González Peláez
  74. Marian Ferreiro Alvarez
  75. Alicia
  76. Olivia
  77. Silvia Barbeito
  78. Paqui Ortiz Jódar
  79. begoruizorbezua
  80. Ana
  81. Cristina Aguas
  82. Marta
  83. Manoli
  84. Manuel Jesús Aragón Sánchez
  85. Rubén Berrueco
  86. Graciela
  87. Mjose
  88. Celia Añó
  89. Gloria T Dauden
  90. Pilar
  91. Matilde
  92. Lupin
  93. IVÁN GRANDE LÓPEZ
  94. Adrià
  95. Isa
  96. Manuel Morales
  97. Noelia
  98. Adela Castañón
  99. Blanca

Metemos los números en random.org y sale…

sorteo cañadas

¡Enhorabuena, Tabaré! En breve me pondré en contacto contigo por email para que me des tu dirección postal. ¡Felicidades, celebración y albricias!

A los que no habéis ganado: ¡tranquilidad! Si todo va bien, el mes que viene habrá otro sorteo tan chachi como este.

notas de lectura

Pureza, de Jonathan Franzen

febrero 10, 2018 — by Gabriella0

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¿No os encantan esos libros que os hacen plantearos Cosas(TM)?

En el caso de Pureza, de Franzen, no quiero decir que me plantease Cosas Tan Importantes y Trascendentales como el estado de una cultura sobrestimulada por lo digital y el datashock, ni las complicaciones del feminismo contemporáneo, ni la validez moral que pueda haber detrás de proyectos de supuesta transparencia informativa. Creo que eso es lo que el autor quería que yo me planteara.

No, Pureza me lleva a plantearme algo mucho menos importante, que es si Franzen es un gran escritor o si nos está tomando el pelo a todos. Así que en las notas de lectura de hoy, en vez de ventajas y desventajas, dividiré la sección es a) razones para pensar que Franzen es un gran escritor y b) razones para pensar que Franzen nos está tomando el pelo a todos.

Y, lo más importante, analizo cómo podemos aplicar nosotros algunas de las mayores virtudes de este señor. Apunto que he leído la versión original (Purity), así que no puedo opinar sobre el estado de la traducción. Si alguien tiene algo que decir sobre esto último, estaría muy bien que opinara al respecto en los comentarios.

Vamos allá. Sabéis que intento siempre huir del ad hominem, pero esta vez me ha resultado muy difícil. Disculpadme, por favor, mi debilidad:

Razones para pensar que Franzen es un gran escritor

  • A Franzen se le da genial eso de meter un elemento de nombre extraño. que aparezca de vez en cuando, y no revelar hasta más adelante (o no revelar del todo, nunca), de qué narices está hablando. Por ejemplo, en tu novela podrías hacer que todos los personajes hablasen de un cabragremondo y que tardemos un tiempo en saber de qué narices están hablando (¡o nunca!). Este elemento incluso puede servir como detonante para la trama y la acción, a lo macguffin. Un ejemplo cinéfilo de esto sería el famoso maletín de Pulp Fiction.
  • A Franzen se le dan genial también las frases megaingeniosas de comentario social. Tiene un sentido del humor extraordinario, tan extravagante que nunca sabes si se ríe de sí mismo y del mundo o si todo responde a un sentido demasiado dramático y serio de la realidad.
  • También es un maestro en eso de coger elementos inanimados (por ejemplo, la niebla) y dotarlos de una personalidad recurrente. Probad esto también. A mí me gusta especialmente el modo en que la serie The Killing hace esto con la lluvia de Seattle: siempre presente, siempre un tema de conversación.
  • Ay, ¡los personajes! Todos son multidimensionales y hay muy pocos autores capaz de hacer personajes tan sobradamente insoportables como Franzen. Cuando crees que ya le tienes la medida cogida a alguno, hace algo que no te esperabas, pero que encaja perfectamente en su visión del mundo. Todos parecen a un paso de la redención, pero muy pocos llegan y el camino está plagado de… sí, más personajes insoportables. Al final les coges cariño, tal vez porque nos enseñan lo peor de nosotros mismos. Es muy difícil crear personajes odiosos y simpáticos a la vez, así que recuerda que si quieres hacer a un idiota irritante, asegúrate de que tenga alguna virtud que permita un grado de empatía.
  • Suele usar narradores poco fiables. Es posible que esto se empiece a hacer demasiado común (Perdida es un buen libro, pero cuánto daño ha hecho). Por suerte, Franzen lo utiliza muy bien: la memoria nunca es exacta y el ser humano nunca lo narra todo de manera completamente coherente, así que esta no-fiabilidad rocambolesca resulta divertida y realista. Para entender muy bien cómo usar este recurso, recomiendo (sí, otra vez) a Julian Barnes con El sentido de un final o a Kazuo Ishiguro con Pálida luz en las colinas.
  • Es un experto en eso de enseñarte cómo la infancia puede fastidiar a alguien de por vida. Y los recuerdos de la infancia, esa memoria neblinosa y confusa, forman parte de esa escasa fiabilidad narrativa ya mencionada. Si quieres meter recuerdos de tu personaje para explicar un poco por qué es como es, ten en cuenta que los recuerdos nunca son 100% claros ni reales.
  • ¡Juegos lingüísticos! Me gusta cuando Franzen coge una palabra y luego juega con ella colándote sus derivadas a continuación, en un tonteo musical. Esto lo hace también muy estupendamente David Jasso en Lo que ves cuando cierras los ojos. Probad a jugar con el lenguaje, a divertiros con las palabras y su sonido.
  • Uno no puede escapar de sus guiños y metarreferencias. El parrafito donde un personaje reflexiona sobre la manera en que el mercado literario está copado de Jonathans es maravilloso. El humor paródico de Franzen también llega hasta sí mismo. Pero cuidado con esto, amigos lectores: el humor es algo muy especial, y cosas que para ti son relevantes o dignas de referencias no tienen por qué serlo para tus lectores. Hablo mucho de las referencias y la doble codificación en este artículo.
  • Me fascina la belleza con la que describe experiencias que muchos de nosotros damos por sentado, pero que son nuevas para un personaje. Por ejemplo, reconocí en la protagonista, Pip, esa emoción que yo sentía las primeras veces que iba a un hotel sola o con alguien que no era de mi familia. ¿Qué actividades realizas tú de forma común? ¿Podrías expresarlas en tu narrativa como si fuera la primera vez que las llevas a cabo? (Esto nos obliga también a una atención a la minucia que nos viene genial como escritores).
  • Nunca me cansaré del recurso literario de utilizar una palabra o expresión concreta unida a un solo personaje, para definirlo mediante pequeños detalles. Hay escritores que abusan de esto, pero bien hecho ofrece resultados estupendos. Tal vez tu personaje dice mucho enjundia, a mansalva, jopelines o anticonstitucionalmente. Tal vez se atusa demasiado el pelo. Sus palabras lo describen tanto como sus gestos. Franzen domina a la perfección esta técnica.
  • También utiliza un recurso que a mí me entusiasma: describe a un personaje, hace que diga que es de una manera X y luego hace que se comporte de manera totalmente contraria. Evidentemente, esto hay que hacerlo bien, para que se note que es una contradicción inherente a un personaje mentiroso o dudoso, no un simple despiste del autor.
  • En resumen, de nuevo; los personajes. Franzen refleja de manera realmente especial las relaciones emocionales y sexuales. Hubo momentos del libro en que pensé: “¡anda, yo hice esto!” o “jopelines, anticonstitucionalmente, yo dije algo así una vez”.
  • Refleja muy muy bien detalles que corresponden a experiencias que no suelen aparecer en novelas. Por ejemplo, narra ese momento que tenemos muchas mujeres (e imagino que algunos hombres) de sentirnos presionadas por tener una relación sexual con alguien que de entrada nos gusta pero que al mismo tiempo nos produce, sin saber por qué, cierto rechazo. Describe de una manera ambiental y sensorial (no directa) esa vocecilla en tu cabeza que te dice: “esto no va a salir bien, no lo hagas”. En general, Franzan es un retratista espectacular (aunque sí tengo problemas con su manera de representar a las mujeres en general, lo reconozco).

Razones para pensar que Franzen nos está tomando el pelo a todos

  • Ya lo he dicho: a Franzen se le dan genial las frases megaingeniosas de comentario social. A veces demasiado, tanto que se le olvida que de fondo también hay una trama. No hagáis esto en casa, chicos. Podéis experimentar todo lo que queráis, pero me temo que la trama es lo que hace que el lector siga con el libro en sus manos.
  • Que seas un escritor superventas no es excusa para no permitir que te hagan correcciones. En mi edición hay errores, repeticiones y algunas oraciones que son, directamente, flojillas y vagas. Es el tipo de cosa que nos pasa a todos pero que en una buena editorial se arregla y punto. En comparación con Las correcciones y Libertad, he tenido la sensación de que en Pureza ha habido una mano correctora menos hábil (o directamente se ha entregado el texto menos pulido).
  • Ay, las repeticiones involuntarias (ver punto anterior). Repeticiones tenemos todos, ¡repito!, pero en este libro son más llamativas (tal vez porque no son habituales en la prosa de Franzen).
  • Franzen es un experto en eso de enseñarte cómo la infancia puede fastidiar a alguien de por vida, sí. Hasta puntos algo cansinos. Os lo resumo: en Pureza, la culpa siempre es de las madres.
  • Ohmaigod: el tema del feminismo. Creo que feminista y derivados es la palabra que más se repite en el libro (y rara vez para algo positivo). Si no sabes cómo funciona, si no estás muy seguro de si te parece bien o no, si a ti lo que te gusta es describir a jovenzuelas apetecibles fornicando con señores de tu edad, si solo lo vas a representar de manera caricaturesca, déjalo estar. Y no lo digo por el feminismo: podría ser cualquier cuestión ideológica. Pocas cosas son tan irritantes como un escritor con Opiniones (sí, con mayúscula). Los personajes extremos de Franzen son muy divertidos, pero a veces se ven los hilos y el autor parece decirnos exactamente qué debemos pensar (qué es bueno y qué es malo). Resulta molesto, como un mosquito que no para de zumbar a tu alrededor mientras intentas sumergirte en la lectura.
  • Y lo mismo con sus opiniones sobre la nueva generación e internet. ¡El desastre, el fin de la cultura! (*suspiro*). Desde luego, las Opiniones de Franzen están por todas partes. A veces son meramente irritantes, otras veces son aburridas (¿recordáis las parrafadas sobre pájaros en Libertad?). Y un autor puede ser denso, pero nunca aburrido.

Os dejo con Lechuguita para la valoración (breve) final, ya que es mucho más inteligente, sabia y bella que yo. Disculpad su vocecilla, que hoy anda un poco ronca.

Valoración final de Lechuguita:

Gracias, Lechuguita, por tanto.

en general este libro está Recomendado si:

  • Eres fan de Franzen.
  • Te gusta la buena narrativa contemporánea estadounidense.
  • Quieres aprender a construir personajes dinámicos y complejos.
  • Eres escritor y te llamas Jonathan.
  • Eres un señor de cierta edad a quien le gusta fornicar con jovenzuelas apetecibles.

Notas importantes:

  1. Más cosas de Lechuguita en su canal de Youtube.
  2. Ahora tengo Instagram, como la gente popular.
  3. A mediados de mayo, Alethé publica un libro recopilatorio de las cinco entregas de Crónicas del fin. Y el 25 de este mes de febrero sale Réquiem, nuestra quinta y última entrega de la temporada. Decir que andamos ocupados es poco.
  4. Hacer estos vídeos no se paga ni con dinero, pero invitadme a unos vinos en Patreon, porfa. Porfaaaaaaaa. Otra gente fabulosa y bellísima lo hace, como Jorge del Oro, Carlos S. Baos, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón, Anabel Rodríguez o Daniel Hernández Alcojor.
  5. Porfaaaaaaaaaaaaaaaa.

escrituraherramientas para escritores

9 técnicas para que tus lectores se estremezcan de emoción

enero 22, 2018 — by Gabriella22

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Vikram Seth tardó unos diez años en escribir Un buen partido y yo me lo leí en una semana.

Cuán ingrata la labor laboriosa y labrada del autor.

Como lectores, damos por sentado ese trabajo, damos por sentado mucho de lo que nos encontramos en un libro. Podemos fijarnos con facilidad en lo que no nos gusta, pero cuando encontramos un libro que nos apasiona, que nos engancha, no nos preguntamos el porqué. Creemos que eso ocurre por arte de magia, como resultado de una escena de esas de sitcom o de comedia romántica en la que los protagonistas limpian la casa en apenas un batir de pestañas, con una banda sonora chachi de bailoteo de fondo. El autor empieza a escribir y sus dedos hechizados vuelan sobre su teclado chiripitufláutico*.

Damos por sentado lo bueno, lo que no se ve. No somos tan inconscientes con lo malo, con la basura que alguien ha barrido bajo la alfombra. Contra eso no hay música chachi de bailoteo que valga.

¿Alguna vez os habéis preguntado por qué os irrita tanto encontrar cosas que no os convencen, que están mal hechas, en un libro? No hay más que ver las críticas de lectores a un libro que no les parece bueno: son rabiosas, son muy… personales.

emocionar lectoresHe encontrado un gerundio de posteridad en tu libro y ahora necesito averiguar dónde vives para prenderle fuego a tu casa.

Mi teoría es que es por culpa del sueño de ficción. En cualquier texto narrativo, sea una novela, una película, una serie de televisión o un relato ilustrado, entramos en un pacto. Sí, hacemos un pacto con el escritor que viene a ser el siguiente: voy a creerme todo lo que me cuentes a partir de ahora, pero a cambio tú tienes que sumergirme en un estado casi de trance, hipnótico, por el que yo me veré completamente inmerso en el mundo que has creado.

Como en cualquier pacto, si una parte no cumple con lo prometido, la otra se siente traicionada. Y, por desgracia, a los escritores no se nos permite enfadarnos si un lector no ha entrado en nuestro sueño, porque gracias a esa maravilla llamada ley de la oferta y la demanda, es el lector quien tiene todo el poder.

Como escritores, es nuestra obligación inevitable que el pacto funcione. Esto implica dos cosas: 1) no cagarla (o, por lo menos, no cagarla lo bastante como para sacar al lector demasiado de ese trance) y 2) crear el trance, para empezar. Como escritores, en nuestro oficio está entender cómo crear esa magia que los lectores disfrutan igual que un buen truco de prestidigitación. Ellos disfrutan del sentido de la maravilla, pero somos nosotros quienes tenemos que currarnos el truco.

Cuando alguien empieza a escribir, cree que los grandes trucos de magia se realizan con habilidad (¡talento!). No es consciente de las horas de práctica y estudio que hacen falta para que el lector realmente se crea que el conejo ha salido de la chistera o que hemos cortado de verdad de la buena a esa señorita por la mitad, sí, a la del biquini y tacones en dorado y lentejuelas.

Una de las mejores formas para que el lector se crea todo eso de la chistera y las lentejuelas es creando un tono, una ambientación emocional.

Cómo crear un tono emocional

El tono o ambientación emocional es una de esas cosas que se considera que debemos saber hacer de manera intuitiva. Pese a esto, en los años que he trabajado como lectora profesional, correctora y editora, solo he encontrado a un puñadito de escritores que supieran crear el tono necesario para que el lector realmente entrase por completo en la emotividad buscada por el autor. Incluso los autores más experimentados pueden tener problemas con esto.

No hablo solo de crear una respuesta emocional en el lector, que sienta lo que sienten tus personajes: se trata de que cada escena (y la obra en total) sea coherente con el tipo de emoción que pretendemos suscitar.

Por ejemplo: piensa en la última vez que leíste algo que te dio miedo. Algo no da miedo porque de repente salte un monstruo de debajo de la cama. Da miedo porque el monstruo salta en un momento que el autor ha preparado con celo. Da miedo porque a lo largo de toda la obra sabemos que va a ocurrir algo terrible, algo amenazador. No sabemos muy bien por qué: nadie nos lo ha dicho de forma explícita. Estamos en tensión y, cuando el monstruo aparece, saltamos de miedo. Esta es una de las razones por las que Stephen King tiene tanto éxito: sus monstruos no aparecen de repente en una comunidad feliz y relajada; aparecen en un entorno que ya conocemos como enfermizo, turbado. Es la razón por la que siempre que se habla de Clive Barker se habla de un terror perverso, erótico, aunque en realidad en sus novelas no hay un gran contenido sexual al uso: todo en su lenguaje, en su prosa, está teñido de obscenidad.

Esta ambientación y anticipación no se reducen a un famoso fusil de Chéjov. No hemos colgado el arma de un clavo de la pared y punto. Hay un trabajo que va mucho más allá. En lo que he podido comprobar y analizar, depende sobre todo de estos recursos:

caligrafíaconcursocrónicas del fin

Un regalito de Reyes

enero 6, 2018 — by Gabriella2

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¡Feliz 2018 y feliz día de Reyes! Espero que lo estéis disfrutando a lo grande con vuestras familias, amantes y mascotas.

Hoy terminé esta cita caligrafiada con plumilla de El ojo de la tormenta, la cuarta parte de Crónicas del finy me encantaría regalársela a alguien.

El ojo de la tormenta

Si te apetece que te la mande enmarcada a tu casita (con mi extra habitual de chucherías y bolígrafos de colores), solo tienes que dejarme un comentario por aquí, en Twitter o en Facebook diciéndome cuál crees que sería el mejor final para la serie de Crónicas. No es necesario que te hayas leído todos los libros, solo con El cielo roto ya tienes para empezar a especular.

Mi final preferido se llevará el regalo.

Y no te preocupes, no te voy a robar tu idea. De hecho, el final de Crónicas ya lo tenemos escrito y saldrá a la luz en febrero, en Réquiem, la quinta y última entrega de la serie 😉

 


EDITANDO: ¡Ya tenemos ganador! Ha sido Carlos Baos con su oscura teoría sobre Winston:

Mi teoría es que Winston también ha mutado y tiene un don que le permite manipular a la gente tras la cuarta pared. Así, nos ha hecho creer que es un perro adorable y ha tejido con nuestro cariño lector (y nuestras amenazas veladas a los autores) su supervivencia hasta el final de la saga. En Réquiem veremos cómo mata a Gale y ocupa tanto su cuerpo, como su puesto de oro en las visiones de Adra.

Así, ganará la batalla que está por venir y se coronará como Winston I de los reinos postleviatánicos. En ese momento, los lectores por fin querremos su muerte y entonces descubriremos que no morirá jamás.

Carlos publicó su teoría en un comentario a la publicación original del sorteo (https://www.facebook.com/gabriellaliteraria/photos/a.626305540807136.1073741828.625579420879748/1313386465432370/?type=3&theater). ¡Enhorabuena y enseguida va mi lote de regalitos para tu casa!

blogherramientas para escritores

Nuestros 50 artículos favoritos de 2017

diciembre 29, 2017 — by Gabriella6

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Oh, no, Gabriella, otro artículo recopilatorio de final de año no.

Por favor. Por favor, detente. Piensa en los niños y en la gente de oficina que ya no sabe qué hacer para encontrar algo de interés en internet mientras finge que trabaja.

Llega Nochevieja y todavía tenemos resaca de las navidades. Resaca de alcohol, carne grasa, chocolate y demasiados artículos sobre libros que debes leer en el 2018 si quieres merecer el estatus de persona.

Qué cansinos somos con estos artículos. Sobre todo estoy harta de esos que parecen animarte a mirar al 2018 con ojitos de esperanza para que sea, por fin, el año que cambiará tu vida y te convertirá en un escritor todoterreno superventas. En realidad, me pregunto yo, ¿por qué no empezamos ahora mismo? Ponte ahora mismo a hacer algo que te ayude a progresar como autor, de algún modo. No, no pienso esperar a que te termines esa copa de anís y los cuatro pedazos de turrón de fruta de la pasión con guirlache y nata. Sí, si pienso esperar a que te termines este artículo.

Como pequeña nota personal, diré que este fin de año ha sido bastante deprimente. Y me temo que lo digo de manera literal. Para rematar la faena, hemos tenido una muerte en la familia, con todo lo que eso implica. Así que este último artículo del año quiere ser mejor que yo. Quiere ser feliz, útil y optimista. Este artículo pretende ser una lista de recursos y de cosas bonitas, ni más ni menos. Disfrutemos recordando las cosas geniales que nos ha traído el año, que haberlas haylas.

Como todos estáis ahí fuera hablando de libros, ¿qué tal si hablamos también de los mejores artículos (¡y de mis artículos favoritos!), de lo mejor que hemos visto en la blogosfera en 2017?

Este año he leído porrón y medio de artículos. Puede que incluso más. Puede que hasta un huevo.

Los mejores artículos del 2017

Fijaos que en el título utilizo la palabra nuestros. Nuestros artículos favoritos: aquellos que más os han gustado a vosotros y a servidora.

Y empecemos, cómo no, por una misma. He echado un vistazo a mis estadísticas y os traigo una primera lista de aquello que más habéis visitado y leído en esta humilde casa:

artículos favoritos

  1. 10 ejercicios para escritores que realmente funcionan (o que, por lo menos, son divertidos): Un artículo que pega fuerte desde el 2015 y el más leído de 2017. No es de los que más comparto en redes sociales, pero a Google le gusta bastante y está claro que es algo que muchos escritores necesitan.
  2. 13 preguntas que se hacen los escritores antes de promocionar un libro: Otro artículo de 2015 que tampoco comparto muchísimo, pero que responde a una de las preguntas más comunes del escritor que empieza: ¿cómo publicitar mi libro sin ser un spammer odioso?
  3. Hay 7 tipos de escritores: elige el tuyo. Este, también del 2015, es uno de esos artículos que cito en mis talleres, consultas, etc. Si sabes qué consideras éxito, si sabes qué quieres realmente como escritor, será mucho más fácil diseñar el camino que necesitas para progresar.
  4. Cómo escribir una novela con el método de las 30 escenas. Un artículo de finales del 2016 que caló hondo. Sí, hay muchas formas de planificar novela, pero este método por capas va mucho más allá y escarba en el sistema de la narración por niveles.
  5. 7 tipos de blog que sí funcionan para escritores. Otro de los artículos clásicos del blog (de finales del 2015). Está claro que ofrece respuestas interesantes para todos esos autores que han escuchado alguna vez aquello de “para triunfar como escritor necesitas un blog”. Sugiero combinarlo con el artículo de Víctor Selles que comento en la siguiente lista, más abajo.
  6. Usa la técnica de los tres momentos para crear personajes redondos: Este año he hablado mucho de personajes y creo que las ideas expresadas en este artículo (que llegaron de manera muy secundaria a través de un podcast) me proporcionaron un enlace muy útil entre mi trabajo como escritora y mi formación como narratóloga. Los tres momentos mencionados van más allá de los típicos consejos de escritura, y se meten en profundidad en coherencia y psicología de personajes creíbles.
  7. 7 métodos probados para planificar tu novela: Un artículo de 2015 que es, sin duda, el que más he enlazado cuando he respondido a consultas por email. ¿Estás con tu primera novela y no sabes por dónde empezar; o tal vez ya tienes un borrador a medias pero la estructura no funciona? Este es el artículo que necesitas.
  8. ¿Necesitas inspiración? Acude a estas 34 fuentes y destroza tu bloqueo: Escribí este artículo este año como parte de un pequeño taller que creamos Irene Rodrigo y yo para el I Encuentro de Redactores Digitales de Madrid. No sé cómo sería de útil para los blogueros y copywriters que acudieron al taller, pero me habéis convencido con vuestras visitas y comentarios de que es un recurso muy valioso para todo tipo de redactores.
  9. Cómo escribir más y mejor con el sistema de los tres cubos (2017). Esta forma tan sencilla de entender el proceso creativo nos llegó de la mano de Jeff Goins y ha debido de ser esclarecedor, viendo lo que os gusta.
  10. 10 trucos diferentes para crear personajes inolvidables (2016). De nuevo, un artículo de personajes. Lo que me atrae de este artículo es que da un repaso a ideas que no son las que nos sabemos todos ni encontramos en el material online de siempre.

artículos favoritos

Hablemos ahora de otros, que también es posible. Esta lista es una recopilación de mucho de lo que a mí me ha inspirado y de lo que a vosotros más os ha interesado de cuanto he compartido en mi página de Facebook y mi cuenta de Twitter. El orden no es por preferencia, sino aleatorio:

  1. La imposibilidad de aprender algo bien, por Isaac Belmar (Hoja en blanco): Siempre es difícil elegir un solo artículo de Isaac. Es de los pocos blogueros que hay ahí fuera que ha impregnado su blog de su tono como escritor, y eso hace que todo lo que redacte sea meditado, profundo y musical. Esté de acuerdo o en desacuerdo con sus textos, siempre los termino con varias ideas revoloteando en la cabeza. En este artículo, creo que resume todo lo que significa, en cierto modo, mi manera de entender mi propio blog. Belmar critica el clickbait y las listas de “trucos” para escribir bien, y eso es algo que yo utilizo (no hay más que ver los títulos del apartado anterior) por la sencilla razón de que si no, nadie llegaría hasta aquí (témome que mi espíritu eminentemente práctico choca a veces con el romanticismo de Belmar). Pero mi esperanza, al igual que la de Isaac (creo) es que cualquiera que lea mis artículos se marche con el conocimiento de que escribir es un arte tremendo, complejo y a la vez maravilloso: desde luego eso es algo que Isaac siempre consigue.
  2. Por qué no deberías tener un blog de escritor, por Víctor Selles. También es muy difícil elegir un solo artículo de Víctor Selles, que analiza todos los temas con una inteligencia aguda y que nunca deja de aportar ideas nuevas e interesantes. Sus opiniones, además, tienden a estar muy alineadas con las mías, y tiene el mismo interés que yo en analizar ciertas cuestiones en profundidad. Una de ellas ronda el tema del blog de escritor, algo a lo que le he dado muchas vueltas en estos años como redactora digital. Víctor explica (y bien) por qué un blog NO es siempre lo que necesitas y algunos aspectos que es importante tener en cuenta antes de lanzarse a crear uno.
  3. Cómo sobrevivir al marketing online para escritores, por Ana González Duque. Este ha sido un año muy intenso para el blog de marketing de Ana, gracias a la colaboración de otros autores como Jaume Vicent o R. R. López, que lo han llenado de tutoriales utilísimos. Podría recomendarlos todos, pero me voy a quedar con este artículo porque creo que es la respuesta perfecta a todos esos escritores que me comentan que están harticos ya de tanto promocionarse y buscar visibilidad, y que ellos lo único que quieren hacer es escribir. También debéis leer, en el mismo blog, este artículo de Jaume Vicent que es toda una introducción fantástica al tema del marketing de contenidos.
  4. 5 clásicos que fueron considerados literatura subversiva, por Alfredo Álamo. Cuando yo escribía para Lecturalia, sabía que los artículos sobre libros polémicos siempre eran un éxito asegurado. Y es que el morbo nos puede a todos.
  5. Las tres palabras que un narrador coherente no debería usar a la ligera y por qué, por Alejandro Quintana. Un artículo con el que reír y aprender: Quintana tiene un ojo especial para analizar los entresijos de la escritura y centrarse en cosas que ni se te ocurrirían.
  6. Buscador de blogs para escritores, por Iván Lasso. No un artículo exactamente, más bien una herramienta fantástica para encontrar artículos: concretamente, artículos sobre escritura. Así que si con esta lista no tienes suficiente, ya sabes dónde ir.
  7. Errores del escritor novel II: ¿sujeto o vocativo?, por Celia Arias. He elegido este artículo como podría haber elegido cualquiera de Celia. Su blog está lleno de explicaciones sencillas y claras para los errores formales más comunes que tendemos a cometer los escritores. Un poco como mi 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, pero en pildoritas online. En ese texto concreto trata el problema, muy común, de las comas tras sujeto.
  8. 8 expresiones del español que tienen su origen en un error de traducción, por Ana Bulnes. Ana se luce en este artículo interesantísimo lleno de términos con historias muy, muy curiosas. Creo que ahora no recuerdo ni una, pero en septiembre andábamos todos leyendo y compartiendo este texto.
  9. 4 películas que mejoran el libro original que adaptan, por Àngels S. Amorós. Este artículo de Librópatas tuvo especial repercusión en mi página de Facebook, probablemente por todos los comentarios a favor o en contra de los libros postulados en el artículo (más unos cuantos ejemplos más que sugeristeis vosotros).
  10. Por qué no deberías tener una página de fans en Facebook para tus libros, por Clara Tíscar. No, crear una página en Facebook solo para tu libro no fue buena idea hace cinco años y tampoco lo es hoy, ahora que las páginas de fans en general pierden alcance a un ritmo alarmante.
  11. Alternativas a Amazon para publicar tu libro, de Valentina Truneanu. Valentina publicó en MOLPE una versión muy resumida de la información valiosísima que ofrece en su libro Plataformas de publicación, que recomiendo con energía, mucha energía.
  12. Tres razones y cuatro métodos para planificar una novela, por Nieves Muñoz. Se ve que os gustan los artículos sobre planificación narrativa: aquí Nieves propone cómo construir tu novela y plantea cómo de estrictos debemos ser con nuestra planificación. Este artículo también os despertó interés en la página de Facebook.
  13. Bullet Journal – marzo y abril, por Beleth. 2017 ha sido el año en que cientos de escritores se han organizado siguiente el sistema bullet journal. Elegí este post como ejemplo, porque el cuaderno de Beleth es de los más bonitos que he encontrado en mi blogosfera habitual.
  14. ¿Cuánta ciencia debes saber para conseguir verosimilitud en la ciencia ficción?, por David Olier. David se ha centrado en su género, la ci-fi, y eso ha dado como resultado artículos trabajadísimos sobre técnica narrativa y tematológica. Si usáis Scrivener, leed también sus trabajos al respecto, que son excelentes.
  15. La importancia de la rutina y las leyes del Newton creativo, por Miguel Ángel Alonso Pulido. Ya sé que siempre insisto mucho en las rutinas y sistemas para escribir, por encima de musas e inspiraciones legendarias, pero aquí además Miguel Ángel le da una vuelta muy original aplicando las leyes de Newton. ¡Casi nada!
  16. Rompe todas las reglas (pero hazlo bien), por Diana P. Morales. Llevaba yo un tiempo queriendo escribir un artículo explicando aquello de lo que tantas veces he conversado con clientes: las reglas están para cumplirlas, porque sirven al acto comunicativo. Pueden romperse, pero más te vale saber cómo. Por suerte para mí, Diana ya lo ha escrito, y muy bien además.
  17. Editoriales sensuales que aceptan manuscritos (en tu zona), por Coral Carracedo. Coral (también conocida como Lulu) actualiza de vez en cuando esta lista de editoriales que sí aceptan manuscritos. Una lista muy muy necesaria en la que seguro que muchos estáis pinchando ya.
  18. El terror de escribir fantasía, por Rafa de la Rosa (Dragón Mecánico). He seleccionado este artículo de Rafa porque es una muestra perfectamente expresada de los temores que nos invaden a muchos de los que escribimos durante el proceso completo de creación y edición. Muy recomendable: seguro que muchos os sentís muy muy identificados.
  19. Las dos formas de clavar la personalidad de tus personajes, por Guillermo Jiménez (Lecturonauta). Un artículo fundamental para entender cómo se forma y define la personalidad (y cómo aplicarla a nuestros personajes). Sugiero leerlo en conjunción con mi artículo sobre el uso de categorías para mantener la coherencia en nuestros personajes.
  20. El cuidado editorial durante la producción de un libro, por Mariana Eguaras. Mariana hace un recorrido por el proceso de edición para que entendamos mejor qué recursos son necesarios para producir una obra de calidad decente. Indispensable.
  21. Escribir diversidad no es fácil, por Rocío Vega. Rocío analiza la famosa polémica de escribir/no escribir personajes “diversos” (centrándose sobre todo en el espectro LGTB), con una perspectiva respetuosa y matizada con la que coincido bastante.
  22. De juntar letras a desarrollar el lenguaje literario, por Javier Miró (Autorquía): Javier se centra en todo lo que hay detrás del paso crucial entre el simple hecho de juntar palabras y el hecho de producir un texto concebido como literario, con el necesario cuidado del lenguaje.
  23. Así ha cambiado Internet el modo en que leo, de Marcos Martínez (La Piedra de Sísifo). Internet nos distrae de la lectura enfocada y sosegada, pero también nos ofrece unas posibilidades hipernarrativas a las que no podemos resistirnos.
  24. ¿Cómo se hace worldbuilding en el apocalipsis?, por Gabriella Campbell (Windumanoth): ¡Buajajaja! ¡He hecho trampa y os he colado otro artículo mío! Ya en serio: lo pongo por aquí al ser un texto escrito exclusivamente para Windumanoth y porque creo que resume bien mi parecer práctico y teórico con esa cosa llamada worldbuilding,
  25. 52 retos de escritura para 2018, por Adriana Tejada (LiterUp). Los retos de LiterUp siempre son divertidos y una práctica fenomenal tanto para mejorar en la escritura como para desarrollar la disciplina del hábito. Cierro esta lista con esta propuesta de escritura para el año nuevo: podéis cumplir el reto escribiendo a diario durante 52 días seguidos o escribir un relato a la semana. Algunas de las propuestas son muy originales, como escribir un relato basado en tu chiste favorito.

artículos favoritos

  1. Forget Going Viral. Here’s How To Create Work That Will Last Forever, por Ryan Holiday. Cómo crear obras que duren para siempre y mimar tu catálogo. Un artículo que sirvió de base e inspiración para este, sobre por qué tu catálogo tiene más peso que tus lanzamientos.
  2. 9 Ways To Get The Very Best Ouf Of Your Book Cover Designer, por Joanna Penn. Cualquier artículo que ofrezca información sobre los procesos de la Penn vale su peso en oro (¿en bitcoin?), pero este además nos enseña a cómo comunicarnos de manera eficiente con nuestro portadista, algo en apariencia sencillo, que en realidad de sencillo tiene poco.
  3. Exactly how I self-published my book, sold 180,000 copies, and nearly doubled my revenue, por Michael Bungay Stanier. Este artículo me pareció revelador, al mostrar las verdaderas cifras y métodos que hay detrás de un lanzamiento independiente de éxito. Sobre todo impresiona que Bungay inviertiera tanto (económica y logísticamente). ¿Estaríamos dispuestos nosotros a llegar a esas alturas? Evidentemente, nuestro mercado es otro y funciona de otra manera, pero da bastante qué pensar.
  4. Why Doesn’t Ancient Fiction Talk About Feelings?, por Julie Sedivy. Un análisis precioso sobre cómo la evolución de la empatía y la expresión de los sentimientos va paralela a la evolución de la literatura.
  5. Your Easiest Income Stream, de Steve Pavlina. Este año me he enfrentado a una parálisis tremenda respecto a ciertas decisiones que debía tomar para mi carrera como escritora. Este artículo de Pavlina me sacó del hoyo: en principio va de algo que nada tiene que ver (ingresos pasivos), pero hay mucha información práctica sobre cómo tomar decisiones que me ayudó a verlo todo con mayor claridad.
  6. How I Write 10,000 Words Per Day, Every Day, por Nicolas Cole. El artículo que originó esta versión mía y que recibió respuestas entre la admiración, la sorpresa, la envidia, el resentimiento y algún que otro enfado. Eh, dejad al chico tranquilo. Si quiere escribir 10000 palabras al día, que las escriba.
  7. How To Assemble Your Universe: Lessons From Marvel & Moment Catchers, por Mike Sowden. La construcción de mundos va más allá de la ambientación de tu novela. Mike analiza cómo el universo Marvel funciona no solo como ambientación, sino como un embudo magistral de venta y narración que los escritores podemos aplicar a nuestras propias series de libros.
  8. “Ma” and Tension-building, via Miyazaki, por Laini Taylor. Gracias a este artículo descubrí el concepto de ma y cómo se relaciona con los textos narrativos para crear una suerte de respiro o silencio que sirve para distribuir la tensión de manera efectiva. Muchos lo habréis utilizado de manera intuitiva (aprendemos ese patrón de libros y textos audiovisuales realmente buenos), pero siempre gusta poder ponerle nombre a las cosas.
  9. A Unified Theory for Designing Just About Anything, por Cristina Wodtke. Wodtke se pregunta qué significa en realidad tener un buen diseño. Piensa sobre todo en diseño de software y en teoría del juego, pero encuentro que las preguntas que plantea son total y necesariamente aplicables a un buen libro.
  10. The Myth of the “Aha” Moment, por David Cain. Cain explica por qué esos momentos mágicos de revelación inspirada no son como creemos: provienen de una práctica habitual dedicada a nuestro arte. Artículos como este son la razón por la que siempre vuelvo a su web, Raptitude.
  11. It’s a Good Thing Some People Don’t Like You, por Julien Adler. Adler analiza desde el punto de vista empresarial la necesidad de ceñirse a clientes y compradores que entienden y disfrutan de un producto especial en vez de intentar ser todo para todos y complacer absolutamente a todos tus clientes potenciales. En la escritura puede ser crucial aplicar el mismo concepto. Escribir algo comercial que guste a (casi) todos no es imposible, pero ir con esa intención te traerá una buena ronda de disgustos (por no hablar de una literatura mediocre).
  12. How to Remember What You Read, en la web Farnam Street. Uno de los artículos más completos y realistas que he encontrado sobre cómo sacarle el máximo provecho a la lectura. Amplié muchos de sus puntos en un artículo exclusivo que envié a la lista de correo.
  13. Not That Complicated, por Sebastian Marshall. Otro artículo que sirvió de inspiración para un email a la lista (tendríais que apuntaros, creo yo). No es más que una nota, en realidad, apenas un post, pero da con el dedo en la llaga sobre por qué las personas inteligentes buscan trabajo innecesario e inútil en vez de centrarse en lo efectivo, debido a su necesidad constante de estímulo.
  14. Kazuo Ishiguro: ‘Write What You Know’ is the Stupidest Thing I’ve Ever Heard, por Emily Temple. Muchos sabéis el brinco de alegría que di cuando le dieron el Nobel de Literatura a Ishiguro, y esta entrevista para Literary Hub es maravillosa para entender su proceso y forma de ver lo literario.
  15. Mental Models: Learn How to Think Better and Gain a Mental Edge, por James Clear. Termino con este enlace que no es más que una introducción a una serie de artículos sobre modelos mentales excelentes (mi favorito hasta la fecha, creo, es el artículo sobre primeros principios, que toma a Elon Musk como ejemplo). Lo que me encanta de Clear es que sus textos tienen aplicaciones eminentemente prácticas, y sus textos bien meditados y documentados siempre me proporcionan herramientas que tiendo a utilizar en mi propia vida. Creo que Clear se merecía cerrar esta lista.

¡Pero eso no es todo! ¡Oh, no! Como pequeño bonus, porque estoy segura de que todavía no habéis tenido suficiente (¡segura!), me despido con una lista de los diez libros que más he disfrutado este 2017. Todos los enlaces van a Amazon, porque soy afiliada y si compráis allí me llevo unos centimillos, pero evidentemente sentíos libres de buscar y adquirir los libros donde mejor y más os plazca.

Un aviso: Siempre alterno lecturas en inglés con lecturas en cristiano. El hecho de que haya más títulos de autores angloparlantes en esta lista no es voluntario (he leído la misma cantidad de obras en ambos idiomas): simplemente da la casualidad de que este año ha habido más títulos que me han impactado en inglés que títulos que me han entusiasmado en nuestro idioma.

¡Que aproveche!

artículos favoritos

  1. El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro: No puedo ser más fan de Ishiguro y este libro tampoco me ha defraudado. Precioso es decir poco. Nota: hace poco me han llegado algunas muestras de la traducción de Nunca me abandones que me han hecho llevarme las manos a la cabeza. Creo que El gigante enterrado está traducido por la misma persona, así que no me responsabilizo de qué puede ocurrir si leéis esta obra en español. Si tenéis oportunidad de leerla en inglés, hacedlo.
  2. Mil otoños, de David Mitchell: Hablé bastante de esta obra en mis notas de lectura. Nada más que decir, aparte de que fue un viaje maravilloso.
  3. La pasión de la nueva Eva, de Angela Carter. La Carter ha sido mi gran descubrimiento de este año. Empecé a leerla porque un lector de mi Lectores aéreos me dijo que mis cuentos le recordaban a su escritura. Nada más lejos de la verdad (¡ya me gustaría!), pero sí que es cierto que compartimos cierto gusto por lo weird, lo grotesco pero bello, y por los roles culturales y sociales del cuerpo femenino. Por mucha desgracia, esta obra está descatalogada en nuestro idioma: el enlace lleva a la versión original.
  4. Fuera de quicio, de Karen Joy Fowler. Una obra tan divertida como tierna y, sí, muy triste también. Hagáis lo que hagáis, NO BUSQUÉIS ESTA OBRA EN GOOGLE. No sé qué listico ha escrito la sinopsis, pero destripa la historia por completo. Y esta es una historia en la que merece la pena entrar a ciegas.
  5. Luna, de Ian MacDonald. De Luna ya hablé también aquí en el blog. Una de mis lecturas más entretenidas del 2017.
  6. El ruido del tiempo, de Julian Barnes. Ay, Barnes de mi corasón y de mi arma. Un acierto, siempre. Aquí se atreve con la devastación del arte politizado. ¿Cómo y a qué te refieres?, me preguntaréis. No sé, leedlo vosotros, porque es fascinante y… eso: devastador.
  7. Las primeras quince vidas de Harry August, de Claire North. Qué puedo decir de la Claire: sabe de historia y además presenta un concepto muy muy especial de viajes en el tiempo.
  8. Productivity for Creative People, Mark McGuinness. Por desgracia, no encuentro versión traducida de esta pequeña maravilla de McGuinness. He leído varios libros de esta serie para escritores y todos están tocados por la tremenda humanidad y sapiencia de este señor. Si no conocéis su podcast, probadlo. Tiene una voz de ensueño.
  9. Tres reinas crueles, de Isaac Belmar. Aunque me gustó bastante más Perdimos la luz de los viejos días, Tres reinas crueles mantiene ese aire casi onírico y melancólico que tanto me atrae de Belmar, vestido de una prosa perfecta. El personaje principal femenino me recuerda por muchos motivos a Nicola Six, de Campos de Londres (Martin Amis): una representación voluntaria y crítica de la femme fatale autoconsciente.
  10. Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas. No soy nada aficionada a los pastiches (ni siquiera a los pastiches frikis), pero Jesús lo hace todo bien, qué le vamos a hacer. ¿Costumbrismo con toques de terror? Sí, por favor. Y tiene lo genial de leer y leer y no tener muy claro si va a haber un componente fantástico en algún momento o si Cañadas simplemente está usando ese tall story o ficción “realista” llevada al extremo que tanto me gusta de autores como Robert Rankin, al que desde luego metería en la misma categoría que nuestro autor gaditano. Añade cien puntos por su prosa colorida y su inserción de referencias estéticas y dialogadas a una Cádiz de otro tiempo y obtendrás este tocho de diversión pura y dura.
  11. Mención especial: Alicia en el sótano, de Santiago Eximeno. Aunque se quedó fuera de los diez favoritos por los pelos, me veo en la necesidad de recomendar esta obra angustiosa y elegante de Santi. A no ser que tengas hijos: entonces casi mejor no la leas, que menudo ratico vas a pasar.

No dejéis de avisar si hay algún enlace roto o que no corresponda, que he hecho lo posible por revisarlo todo, pero ya veis qué cúmulo hipervincúlico.

Y ahora sí, me despido, pero no sin antes agradecer a los que habéis apoyado este blog estos últimos meses de la mejor forma posible para un escritor: dándome de comer. Todos mis mecenas son especiales, pero hago mención especial a los mayores contribuyentes y entusiastas: Jorge del Oro, Carlos S. Baos, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón, Anabel Rodríguez y Daniel Hernández Alcojor. Mil gracias, en serio, por hacer mi 2017 un año mejor.

Feliz 2018 a todos y pensad en mí en Nochevieja. Este consejo no es gratuito: si pensáis en mí en esa noche tan bonita de camino, de cruce y esperanza, también os acordaréis de tomar gintonics de los buenos en vez de garrafón.

De nada.

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Cómo crear personajes coherentes utilizando categorías

diciembre 17, 2017 — by Gabriella8

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Imagina que te has enganchado a un libro.

Todo va bien: está muy bien escrito, las escenas de amor hacen que tu corazoncito palpite entusiasmado, la trama está repleta de misterios misteriosos, el ritmo es perfecto y la acción es… jopelines, la acción es muy activa.

Además, los personajes son muy atractivos. Aparte de guapos y empotrables, sientes que te puedes identificar con ellos: te importa de verdad qué les puede ocurrir.

Y entonces llega el final y todo culmina en un giro sorprendente.

Sobre todo es sorprendente porque no hay quien se lo crea.

Este giro sorpresivo se basa en la acción del protagonista. Y no es creíble y no sabes muy bien por qué. Solo sabes que no tiene ni pies ni cabeza.

Dejas el libro con irritación, sales a dar un paseo, a tirar unos cuantos gimnasios Pokémon y a beber una copa de vino en una terracita al lado del mar y de repente, llega.

Llega la sabiduría. La Verdad. La razón por la que no soportaste ese final.

No soportaste el final porque la resolución se basó en la acción de un personaje que no tenía sentido. Dicha acción estaba fuera de lugar. No era coherente con el personaje. No se había producido ninguna transformación que explicase ese cambio repentino de personalidad.

Esto generalmente se conoce como un deus ex machina como la copa de un pino: integrar un elemento externo en la historia sin ningún tipo de pista ni narración anticipatoria. No ha habido un proceso: solo una resolución artificial y perezosa.

Suspiras un poco porque, como persona que escribe, sabes que también podría pasarte a ti. Le das un sorbo a tu vino, atrapas un Magikarp y piensas: ¿qué puedo hacer para que no me pase a mí?

También: ¿por qué hay turistas en bikini tomando en sol cuando estamos a catorce grados?

Pero no temas, porque ha venido Gabriella a ayudarte.

personajesImagíname así, pero con tutú rosa y una capa de Mi pequeño poni: La magia de la amistad.

(Gabriella habla mucho en tercera persona, por si no te habías dado cuenta. Sobre los bikinis no puede hacer nada, pero con los personajes tiene algo más de poderío).

El problema del personaje incoherente

El ser humano es complejo, de eso no hay duda. Escribir un personaje creíble no es nada fácil y es una de esas cosas que separan al escritor en ciernes del profesional. Para la pregunta de: ¿qué haría este personaje en esta situación?, es fundamental saber cómo es nuestro personaje. Si nos dejamos llevar por nuestro instinto, es muy fácil meter la pata y obviar características fundamentales de su personalidad.

Esto es algo que muchos escritores aprenden conforme progresan y mejoran sus habilidades: por increíble que parezca, no, tu instinto no siempre tiene razón.

Por mucho que hagas caso de tus entrañas, vísceras, estómago y corazón, el instinto no puede suplir una habilidad que todavía no tienes desarrollada. Si solo haces caso de tu instinto al crear un personaje, es muy posible que acabes con un mejunje que ni tiene sentido ni gusta al lector.

¿Cómo podemos evitar ese mejunje?

Se dice pronto, pero tenemos que evitar estos dos extremos:

  • El personaje absolutamente plano y cliché, unidimensional, definido por un solo factor o por un conjunto breve de características estereotipadas. Hay ejemplos de estos en la literatura y en la ficción en general: el héroe valiente y bondadoso; la princesa desvalida; la chica guapa, popular y cruel; la víctima a la que le ocurren todo tipo de desgracias; el detective nihilista y misógino… Si se llevan al extremo, pueden ser personajes divertidos de utilizar, casi como parodias de sí mismos, y en algunos géneros son casi necesarios, pero suele cansar ver aparecer un tópico tras otro.
  • El personaje que, claramente definido por sus acciones y pensamientos, de repente dice o hace cosas que chocan con todo lo que sabemos de ellos, sin explicación ni razón alguna. Por ejemplo, imaginaos que Batman matara a alguno de sus enemigos y que no hubiera ni razón ni consecuencias. Vamos, que ni se mencionara el tema. ¿No creéis que a Alfred o a Robin les parecería un poco raro? Yo me imagino hasta al batmóvil echándole la bronca, con la vocecilla de K.I.T.T del Coche fantástico:
personajeMichael... digo... Bruce, ¿qué te pasa, tío? Matas al Joker, aparcas en la plaza de minusválidos, te dejas el maletero abierto... tú no estás bien.

Tal y como lo digo, seguro que pensáis que no habéis caído en ninguno de estos casos. Pero mirad lo que os digo y no os asustéis: creo que en algún momento todos caemos. A mí me ha pasado, a todos nos ha pasado. Al fin y al cabo, estamos creando psiques enteras de la nada. Bastante nos cuesta entendernos a nosotros mismos como para entender a alguien que ni existe.

(Hay otro factor en el que no entraré ahora, pero que por desgracia tiene un impacto tremendo: que tu personaje le caiga bien o no al lector. Un personaje despreciable puede estar muy bien construido, pero necesitarás que el lector le tenga algún grado de simpatía si quieres que le interesen sus aventuras. O que por lo menos sus aventuras sean lo bastante llamativas como para que el lector deje pasar su desconexión con la personalidad protagonista).

La coherencia es determinante para que un texto funcione. Si tu personaje es X, debe comportarse de manera X. Por supuesto, puede cambiar (y debe: de eso precisamente trata el clásico viaje del héroe), pero esa evolución debe estar mostrada en el texto y debe ser lógica para que el lector la acepte.

¿Cómo mantener esa coherencia? Hay un truco muy útil, que es asignarle una categoría y recurrir a esta con cada decisión del personaje.

El problema de la coherencia

Puede que muchos no estéis de acuerdo con este truco, ya que a muchos autores les encanta que los personajes se les vayan de las manos y tomen sus propias decisiones. Volvemos, una vez más, al peligro de un exceso de confianza en nuestro instinto. En Lecturonauta (probablemente el blog donde más trabajo especializado vais a encontrar sobre psicología de personajes), Guillermo habla de qué es la personalidad y de diferentes modos de enfrentarse a la construcción de nuestros protagonistas. También habla de los escritores que prefieren guiarse por ese ya mencionado instinto a la hora de formar dichas personalidades.

Y eso está bien. Hasta cierto punto. Ese instinto, como vengo repitiendo desde el principio del artículo (porque soy como las madres, que lo dicen todo ocho veces cuando es importante) no siempre es acertado. Un personaje “escapado” puede llevarte a sitios interesantes, pero también puede llevarte de cabecita al infierno de los Escritores Que Creen Que Son La P***a Y Que Aburren A Sus Lectores. Y ese es un círculo del Averno del que no te van a sacar ni Dante ni Beatriz ni un ejército de carritos de la compra del Mercadona.

personajesReíd, reíd, pero cualquiera de vosotros podría ser su próxima víctima.

La “cajita” de personalidad en la que encierras a tu personaje no es más que una guía predeterminada, una forma de que cuando tu personaje se descarrile puedas saber si su descarrilamiento hará que la historia crezca, que todo mejore, o si terminará en un accidente terrible con montones de víctimas. No debes verlo como una restricción, sino más bien como una chuleta, una medida de seguridad para mantener esa coherencia tan necesaria.

Categorías útiles para guiar a tus personajes

Desde el comienzo de los tiempos, el ser humano ha mostrado cierta obsesión con categorizarlo todo. Si tenemos una taxonomía, tenemos una manera de conocer y distinguir las cosas, podemos ponerles nombre y entenderlas mejor. Es una manera de meter la patita en el método científico y, sí, de intentar controlar la realidad que nos rodea.

Myers-Briggs: un montón de personalidades donde elegir

Algunas categorías son más útiles que otras cuando hablamos de análisis psicológico práctico. Es posible que la categorización de seres vivos en vertebrados e invertebrados sea más útil que distribuir a la personalidad humana en los tipos expuestos por el test Myer-Briggs, una categorización bastante cuestionada dentro del entorno de la ciencia actual. No obstante, donde la psicología actual ve una prueba y categorización obsoleta, yo veo una manera muy práctica de crear personajes. Hay muchos más modelos más, como el modelo de los cinco grandes o el eneagrama de toda la vida, pero personalmente encuentro que Myer-Briggs es mucho más productivo a la hora de definir características que construyen a un personaje coherente. Esto es porque la idea al utilizar sus categorías no es analizarnos a nosotros mismos, sino usar un mapa de características que sirvan como esquema por el que guiar a nuestro personaje.

personaje¡Atrápalos a todos!

Si tenéis curiosidad por saber qué tipo de personalidad tendríais vosotros, oh autores, podéis hacer cualquier test en línea. Hay 16 tipos que surgen de la combinación de los rasgos básicos de personalidad según Myers-Briggs (madre e hija, por si os lo preguntabais). Aquí tenéis una lista completa con explicaciones de cada uno de ellos.

El juego del personaje Myers-Briggs

Propongo un juego: coge esa lista, otorga a cada tipo un número y luego elige un número al azar usando random.org, una chistera llena de papelitos, un dado de rol o lo que más te apetezca.

Ahora crea un relato cuyo protagonista tenga ese tipo de personalidad. Recuerda que el personaje puede evolucionar, pero no puede traicionar lo que es en realidad. Así, una personalidad tímida puede hacer un gran esfuerzo por hablar en público, pero no será algo que le agrade ni que elija como idea de diversión natural; una personalidad extrovertida puede decidir que hoy le toca quedarse en casa a solas leyendo porque le han dicho que leer es bueno: pero este será un esfuerzo consciente, no su primera elección a la hora de decidir en qué quiere invertir su tiempo libre.

Repito que esta categorización no existe para constreñirte ni limitar tu creatividad como autor: sirve para que no te despistes y no otorgues características que no corresponden a tu personaje: sirve para que el personaje no se comporte de manera errática e incoherente (a no ser que sea un personaje que se distinga por su personalidad errática e incoherencia, pero incluso ese personaje se mostrará errático de forma comprensible y coherente: dentro de la lógica interna de la narración).

Myers-Briggs tiene, según muchos profesionales, la misma credibilidad que los signos zodiacales del horóscopo. Pero es que los signos zodiacales del horóscopo también te sirven para darle redondez a tu personaje; no estamos buscando un diagnóstico mental ni una predicción astrológica: la idea es tener siempre a mano una categoría fija, un referente inamovible que te sirva de recordatorio acerca de cómo es y cómo debe comportarse la persona a la que estás escribiendo.

Todo esto está muy bien, pero a veces apetece escribir personajes que sean un tanto… diferentes. Para ello, pasemos a la siguiente categoría.

La tríada oscura

¿Por qué escribir sobre gente normal que entra en categorías normales? ¿Por qué no escribir a psicópatas, sociópatas y narcisistas?

Os presento a la popularmente mal llamada tríada oscura, también conocida como: “quiero escribir a un asesino en serie, porque mola”.

AY.

Para empezar, si quieres escribir asesinos en serie, olvídate del clásico psicópata, porque te vas a meter en camisa de once mil varas. La psicopatía es simplemente una falta de empatía emocional, no implica ir por ahí ahorcando mujeres con las medias de tu madre. Para escribir algo como lo de las medias así vas a tener que abrirte a toda una serie de desórdenes mentales: desde sociopatía a trastornos delirantes, psicosis y esquizofrenia. Ya si nos metemos en el divertido mundo del sadismo no consentido tenemos para una serie de thrillers apabullante.

Personalmente, creo que lo que da más miedo son los asesinos que son neurotípicos: personas como tú o como yo, sin desórdenes de esos que asustan. ¿Qué ocurre si colocas a personas normales en situaciones de violencia extrema, de crueldad injustificada y obligada? Eso sí que da miedo, no hay más que leer un poco al respecto, documentarse con historias reales.

Todo esto no quita la diversión suprema que produce escribir a un personaje que te resulte difícil concebir. Como persona bastante empática, algunas de las experiencias más geniales que he tenido escribiendo han sido aquellas donde escribía a personajes incapaces de sentir empatía, o con emociones muy diferentes a las mías. ¿Cómo serías si eliminaras tu miedo a las consecuencias o tus condicionantes sociales y morales? Soy muy aficionada a escribir psicópatas prosociales, precisamente por el salto imaginativo que implica para mí; me encanta escribir a narcisistas, porque qué le vamos a hacer: los narcisistas pueden ser muy carismáticos y brillan especialmente si son los antagonistas de tu prota. También me encantan los narradores mentirosos, ¡porque a mí mentir se me da fatal y me da mucho cargo de conciencia!

Al final, se reduce a lo mismo: crea la categoría por la que te puedas guiar. Una persona no es sádica, arrogante, violenta, impulsiva o amoral porque sí. Si quieres meterte realmente en las raíces de tu personaje, hazte pasar por su psicólogo. Documéntate, anota lo que te dice en vuestras sesiones, analiza e intenta hacer un diagnóstico.

Lo maravilloso del mundo de ficción es que da igual si te equivocas con el nombre que le pones a tu trastorno: nadie va a saberlo si no lo dices. Con que tu personaje se mantenga fiel a las notas de tus sesiones, podrás convencer al lector de que está conociendo a una persona real, defectos y rarezas incluidos.

Las cuatro tendencias de Gretchen Rubin

Rubin no es científica ni psicóloga ni nada por el estilo. Su categorización no tiene una base sólida. Y sin embargo me sorprende lo útil que me resulta para crear personajes. De hecho, esta es mi categorización favorita, con diferencia.

Sobre todo, es que es muy muy sencilla. No está basado en cuestiones de trastorno, ni extroversión/introversión, ni rasgos puramente emocionales… no. Se basa en cómo respondemos a nuestras expectativas y a las de los demás. Y cuando estás haciendo construcción de mundos y cuando estás creando tu propia sociedad e interacción en un grupo de personajes, esto es m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-o.

Veréis: muchas propuestas de creación de personajes tratan a cada personaje como una entidad en sí misma. Pero nadie existe en el vacío (o casi nadie… depende de cuánta ciencia ficción escribas). Nuestra personalidad implica una relación con nosotros mismos (conócete a ti mismo, como dirían en Delfos) y con otras personas. Adoptamos diferentes comportamientos según cada circunstancia social, pero también adoptamos diferentes comportamientos según cómo nos enfrentamos a nuestras responsabilidades.

Y resulta que la mayoría de las grandes historias van de responsabilidad: ¿qué ha aprendido tu héroe al final del libro? ¿Cómo ha evolucionado? ¿Cómo se ha enfrentado a los conflictos que el mundo le ha tirado a la cara en este gran festín ficticio de lanzar conflictos petardos a la cara de alguien? Si tu personaje no tiene una lucha interna… de qué poquito le sirve la externa. Muchos lectores dicen que su parte menos favorita de El señor de los anillos es el final, pero a mí me encanta. Es, para mí, puramente literario: fuiste al Monte del Destino, te deshiciste del anillo único… ¿y ahora qué? ¿Qué has aprendido? ¿Cómo has cambiado? ¿Y si has cambiado tanto que la Comarca se te ha quedado chiquita?

Rubin creó cuatro definiciones para ayudar a personas a deshacerse de sus malas costumbres y crear hábitos saludables. Yo de hábitos hablo mucho, ya lo sabéis. Por ejemplo, el hábito de la escritura es una de las partes más importantes de mi vida y de mi identidad. Según Rubin, nuestra forma de enfrentarnos a nuestras responsabilidades determina cómo deberíamos implementar nuevos hábitos que nos ayuden a conseguir lo que queremos en la vida y la felicidad y etc. Y según esa forma, nos definimos por cuatro categorías.

Veamos cuáles son esas definiciones:

  • Tenemos al rebelde: la persona que se enfrenta a las expectativas que tiene consigo mismo y con las expectativas que otros tienen de él.
  • Tenemos al conciliador: la persona que quiere cumplir las expectativas ajenas pero desconfía mucho de las propias.
  • Tenemos al interrogador: la persona que se cuestiona las expectativas ajenas pero siempre cumple con las propias.
  • Y tenemos a la persona cumplidora: que quiere quedar bien no solo con los demás, sino también con las expectativas que tiene de sí misma.
personajesHay una quinta categoría, creo yo, ocupada solo por la gran Christie Sims. Ella trasciende la rebeldía, forma categorías y arquetipos narrativos revolucionarios y crea expectativas nuevas en el mundo. Pero eso lo dejamos para otro momento.

Ninguna categoría es mejor que otra: no se trata de juzgar. Todas tienen sus ventajas y desventajas (y pocas personas pertenecen a un solo tipo: generalmente estamos a caballo entre un par). Se trata de entender en qué categoría entra cada uno de nosotros para poder tomar medidas para aquello que queremos cambiar. Por ejemplo, si eres un rebelde, de poco te sirve decirle a tus amigos que te den una colleja cada vez que no vayas al gimnasio… ¡eso solo te cabreará más! Si eres una persona conciliadora, sin embargo, decir en público que vas a ir al gimnasio todos los días te obligará a ir, porque no quieres quedar mal con los demás.

No me quiero comprar el libro de la rubin, gabriella, ni tengo interés alguno en mejorar como persona ni implementar buenos hábitos, así que ve a lo que nos interesa: ¿Qué ocurre cuando usamos estas categorías con nuestros personajes?

Está bien, está bien. Vamos a ello y con ello cerramos este artículo. Pero antes…

personajes¡AVISO! VOY A HABLAR DE MI LIBRO. Pero es por una buena causa**, lo prometo.
Un ejemplo de la categoría de interrogador

En El ojo de la tormenta, la cuarta entrega de nuestra serie Crónicas del fin, tengo a Adra, cazadora de monstruos y huérfana vengativa, que se ha montado en una nave de mala muerte para embarcarse en un viaje bastante peligroso. Se podría haber quedado en su casa tranquilita, pero Adra es un poco interrogadora. Lo que otros opinen de ella le da un poco igual (aunque la opinión de su perro, Winston, le es muy importante, pero ay, ¿por qué nunca se tiene en cuenta al perro para estas cosas?), pero tiene una serie de expectativas muy altas para sí misma. Aparte de algunas necesidades personales de némesis y de información, también se ha impuesto un autocontrol rígido: sabe que si pierde su calma habitual, si se deja llevar, será peor para todos. Ocurren Cosas Feas cuando Adra se pone nerviosa. Así que tiene un estándar altísimo de comportamiento. Si ella se promete algo a sí misma, irá hasta los confines de una Tierra devastada para cumplirlo.

el cielo rotoTambién le gusta sentarse sobre montañas de huesos. ¿Y a quién no?

Si Adra perdiera el control por algo nimio, sin venir a cuento, traicionaría a la esencia del personaje. Esta es la razón por la que resultaría difícil que tuviera una relación amorosa y pasional al uso, por ejemplo, por mucho que a mí, como autora, me gustaría verla revolcada en el barro. Adra adquiere por el camino una serie de responsabilidades. Cumple con algunas y con otras… no tanto. Esto es porque no siente la obligación ni la deuda de quedar bien con los demás. Solo importa la obligación que tiene para con ella misma.

Un ejemplo de la categoría de conciliador

Y luego tenemos a Angie, que es un conciliador (y un chico araña con un número indefinido de extremidades). Angie quiere que lo quieran, es un bendito. Pero duda constantemente de sí mismo y de sus capacidades. Solo actúa cuando otros lo obligan a ello, cuando no tiene más remedio. Angie poco a poco toma cierta confianza en sí mismo, pero no tendría sentido que realizara de repente un acto de gran valentía y arrojo, porque le falta confianza y seguridad en sí mismo para ello.

personajesTodavía no tenemos ilustraciones hechas de Angie y cuando he buscado "chico araña" esto es lo único que he podido encontrar.
Un ejemplo de la categoría de cumplidor

Gale es el cumplidor por excelencia. No solo quiere complacer a los demás, lo que lo lleva a torturarse indefinidamente, ya que no sabe cómo estar a la altura de las expectativas ajenas, sino que tiene unas expectativas interesantes para sí mismo. Esto le ha venido bien para no volverse loco los años que estuvo secuestrado en un búnker, pero hace que se exija cosas que a lo mejor no son muy inteligentes. En vez de salvar su propio culo, se empeña en ayudar a escapar a Angie. Constantemente se plantea su valor como humano ético. No será hasta el final de su historia cuando Gale por fin empiece a salir de ese patrón y a crear nuevos estánderes para sí mismo y su dignidad, pero en el fondo es como es y esas expectativas se mantienen, firmes.

el dios en las alturasImagen de Gale, al que sin duda le hacen falta tres hamburguesas y un asesor de vestuario. Sí, eso de la izquierda es un burro zombi.
Un ejemplo de la categoría de rebelde

Y terminamos con Décima, que es la rebelde absoluta. Décima no suele hacer favores. Tampoco es de las que te llama a la mañana siguiente, después de una noche de bebercio y folleteo. No tiene expectativas para sí misma ni responde a nadie: es mercenaria y capitana de barco comercial, simplemente se vende al mejor postor. A Décima nunca conseguirás convencerla de hacer algo mediante razones lógicas. De hecho, la única razón por la que decide llevar a Gale, Angie y Adra en su nave hasta Malparaíso es porque a) hay gente que los persigue a todos y quiere matarlos y b) porque Adra le ha hecho morritos y a Décima le gusta mucho, mucho Adra. Sus decisiones son impulsivas y emocionales, no responden a las expectativas de nadie.

TestamentoDécima. La frase inicial de cabecera era: "Por fin recuperé la calavera de mi hámster".

Si yo hiciera que Décima de repente fuera obediente o actuara de manera lógica y racional, pausada y considerada, estaría traicionando al personaje.

En resumen: las categorías de Rubin funcionan

Espero que estos ejemplos os hayan servido para entender mejor las cuatro categorías de Rubin: personalmente me parecen fantásticas para poder moverte con un personaje, dejarte llevar por él, recibir sus sorpresas y decisiones sin tener que, por ello, perder ni un ápice de coherencia.

Esto también implica, por si alguien no se había dado cuenta, que El ojo de la tormenta ya está disponible en Amazon. Es la cuarta parte de nuestra serie apocalíptica Crónicas del fin, y si no conocéis la serie os animo muy animadamente y con mucho batir de pestañas que os descarguéis la primera parte, El cielo roto. Está GRATIS hasta el miércoles, así que podéis echar un buen rato sin perder absolutamente nada. Y si no os gusta, podéis venir aquí y decirme en los comentarios que no volveréis jamás a comprar un libro mío.

Aunque reconozco que si hacéis eso, lloraré.

¿No queréis hacerme llorar, verdad?

Para ser una INFJ, hay que ver lo emocionalmente manipuladora que puedo ser a veces. Serán mis tendencias narcisistas, mezcladas con mi calidad conciliadora.

 


Notas:

*Si vives allende los mares, es posible sustituir esta palabra por minga o chingada. Creo. Acepto sugerencias, porque soy de esas personas que ama aprender palabras nuevas.

**Esa buena causa es poder explicar mejor estos conceptos con ejemplos prácticos. Y mi bolsillo.

***Sigo escribiendo artículos en este blog gracias al apoyo de mis maravillosos mecenas. Si este blog te ha ayudado, por favor, apóyame tú también en Patreon. Puedes aportar la cantidad que quieras y darte de baja cuando quieras. He podido crear este artículo y publicarlo gracias a la amable generosidad y belleza espléndida de gente como Jorge del Oro, Carlos S. Baos, May Quilez, Eduardo Norte, Carla Campos, Adela Castañón, Anabel Rodríguez y Daniel Hernández Alcojor.


Créditos:

 

autosuperaciónescribirescritores

Dibuja un mapa para el escritor que quieres ser

noviembre 22, 2017 — by Gabriella37

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¿Vosotros también os encogéis un poco cuando leéis artículos o libros que prometen un plan infalible para alcanzar el éxito?

Sabemos que lo que funciona para uno no funciona para todos.

Que aquellos que escriben planes infalibles para alcanzar el éxito están haciendo dinero vendiendo planes infalibles para alcanzar el éxito, que ese es su plan infalible para alcanzar el éxito.

Que no podemos fiarnos de todo lo que reluce, que casi todo lo que parece demasiado bueno para ser verdad es mentira.

Excepto esto. Esto es verdad.

Resuenan en tu cabeza las palabras de otros que te dicen qué tienes que hacer. Y te repantigas en el sofá a ver los resultados de esos otros, ver si esas palabras tienen sentido. Algunas las tienen, pero muchas son espejismo, humo y, con frecuencia, ignorancia.

Mi cabeza es un torbellino constante de duda y confusión. ¿Vuestras cabecicas también?

No tengo la respuesta a nada, ni un proceso infalible para alcanzar el éxito, pero tal vez sí pueda ofrecer un pequeño mapa que suele conducir, si no al éxito (o lo que sea que signifique eso) a la consecución de los objetivos más comunes del escritor.

notas de lectura

Mil otoños, de David Mitchell

noviembre 11, 2017 — by Gabriella3

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Terminé de leer Mil otoños  hace un par de semanas, con pena y alegría.

Alegría porque terminar un libro de 560 páginas siempre me proporciona un orgullo infantil. Alegría porque fue un viaje estupendo.

Pena, porque se acababa.

Y pena porque el final, en lo que sospecho podría ser habitual en Mitchell, no está a la altura de las circunstancias. No obstante, como pronto veréis, eso tampoco es muy importante.

Mil otoños es la historia de mercaderes, funcionarios y otras variables humanas procedentes del mundo occidental de finales del siglo XVIII, viviendo (o malviviendo) en Dejima, puerto comercial con Nagasaki. ¿Y qué ocurre cuando pones a unos cuantos neerlandeses y asociados en una isla artificial pegada al sagrado territorio japonés en esta época? Un montón de cosas divertidas: eso es lo que ocurre.

Así que vamos con las notas de lectura. Ya sabéis que soy incapaz de leer como las personas normales, así que mezclo mis observaciones analíticas con aquello que considero que es de interés para mí, como escritora, y para vosotros, como lectores.

Un apunte: El título original es The Thousand Autumns of Jacob de Zoet. Me parece interesante que se omitiera el nombre de Jacob en la traducción del título y creo que es acertado. En realidad, De Zoet no es el protagonista absoluto de la historia, aunque Mitchell lo use como vehículo principal. De Zoet puede ser el meollo de la cuestión, pero no es la cuestión en sí.

mil otoñosMi edición de Sceptre junto a la edición traducida de Duomo Ediciones

Realicé la lectura en su idioma original, así que todas mis observaciones están basadas en la prosa inglesa. Desconozco la calidad de la traducción a nuestro idioma. Dicho todo esto, vamos a lo que vamos. Ventajas ventajosas de este libro:

Ventajas

  • Los mil otoños arrancan con una escena que poco tiene que ver con el ya mencionado Jacob. En este primerísimo capítulo, asistimos a un parto complicado y algo explícito. No, esto no es para estómagos delicados (pero los partos, en general, no lo son). Daba la casualidad de que justo en ese momento yo también estaba escribiendo un parto, para otra historia, así que me sentí hermanada con el autor de un modo arrogante y ridículo. Ridículo porque tal vez algún día, dentro de 324,5 vidas, llegue a un punto en el que mi prosa pueda parecerse a la de Mitchell.
  • Y es que Mitchell tiene tantos recursos formales metidos en la manga que da como cierta vergüenza seguir escribiendo después de leer un párrafo suyo. Uno de mis recursos favoritos es ese en el que alterna líneas de diálogo con líneas descriptivas. Por ejemplo: intercala una línea descriptiva del presente (donde nos ofrece detalle tras detalle de animales conservados en formol y expuestos en una habitación) con una de diálogo en flashback (donde reproduce la conversación mantenida entre Jacob y el padre de su prometida).
  • Como copiar a mano el ejemplo entero me da pereza y mi móvil saca muy malas fotos, os pongo un ejemplo de este tipo de intercalado inventado por servidora y muy simple:

—Tienes que volver a casa —le dijo Piruleta—. Aquí no estás a salvo.

Dos osos bailaban en el cuadro junto a la cama. La colcha era rosa fucsia.

—No me iré sin darte un lamentón antes —le aseguré—. Tienes una pinta deliciosa.

El reloj sonaba, insistente. En el piso superior, alguien pisaba con tacones de aguja. El gato masticaba su pienso arcoíris.

—Devórame entera, pues —me rogó—. Quiero que descubras de qué color es mi corazón de caramelo.

(De nada).

  • Mitchell es un maestro de mostrar sentimientos y emociones en vez de contarlos. Esto encaja muy bien en la cultura y ambientación de los personajes japoneses que, frente a unos europeos más viscerales y vitriólicos, esconden sus reacciones bajo capas y capas de condicionamiento y educación. Todos los gestos, los diálogos y las descripciones casi impresionistas, realizados con pinceladas de metáfora, color, personificación y contraposición, expresan algo. Es este un texto de niveles: uno sobre otro sobre otro; significado sobre significado.
  • Porque el entorno es uno de los personajes más de Mitchell: la ambientación se forja a golpe de contraposición, detalle y sutileza. Nadie nos dice que hace frío: un personaje sopla sus manos para calentarse; si un diálogo es estratégico, como una partida de go, se estará desarrollando, al mismo tiempo, una partida de go de fondo, y cada intervención en el diálogo se corresponderá con una intervención sonora en el juego; si un personaje está drogado o bajo una presión emocional intensa, el entorno se moverá y describirá con términos oníricos y delirantes.
  • Maneja también de forma fenomenal el in medias res, ese modo tan suyo de meternos de golpe y porrazo en el pasado o en el presente, no solo a principio de capítulo, sino de escena y de lo que le dé la gana.
  • Hay un componente de fantasía, aunque menor. No deja de ser levemente sobrenatural y místico, pero para mis gustos personales eso siempre suma puntos.
  • Y, hablando de componentes fantásticos: a Mitchell le gusta cambiar de tono (y casi de género) de forma abrupta en mitad de sus novelas (que se lo digan al Atlas de las nubes). A mitad de la obra, el texto se transforma de estudio históricocostumbrista a una suerte de Nunca me abandones fascinante, con toques de surrealismo.
  • Cambiamos, también, de un entorno y registro masculino a uno enteramente femenino, muy diferente pero igualmente atractivo. De hecho, yo diría que las secciones donde la perspectiva pertenece a Orito Aibagawa son las mejores o, por lo menos, las más emocionantes.
  • El libro engancha MUCHO. Me temo, no obstante, que ocurre solo cuando realmente estás totalmente sumergido en el mundo creado, que es cuando empiezan a pasar cosas relevantes. No es que lo demás no sea relevante: es que no se te revela como tal hasta que llevas un buen cacho de libro a cuestas.
  • La documentación es espeluznantemente buena.
  • Sin dar spoilers, aviso que hay un diálogo entre los protagonistas y un grupo de traductores japoneses por el que ya merece la pena leer todo el libro. Mitchell juega no solo con el lenguaje, sino que examina y estudia todo lo que decimos a medias (y cómo lo hacemos), para transmitir mensajes que parecen secundarios pero que, en realidad, son el objetivo de la comunicación.
  • Mitchell crea verdaderos héroes. Exhibe tanto al héroe clásico, dispuesto a arriesgar su vida y la de su familia por el bien de otros, como al héroe que vemos menos en los libros: ese que día a día toma una serie de decisiones contra viento y marea, decisiones que arrojan luz y esperanza en mundo corruptos y deprimentes. Por supuesto, para crear a estos héroes necesita crear ese mundo corrupto, plagado de seres que confabulan en nombre de la injusticia.

Desventajas (0: no hagáis esto en casa)

  • Del mismo modo que el principio engancha y emociona, las siguientes cien páginas dejan algo que desear. Sí, todo tarda mucho en arrancar, y se nos presentan montones de personajes de golpe, por lo que tendremos que realizar cierto esfuerzo mental para seguir el hilo narrativo. La prosa descriptiva de Mitchell no tiene nada de sencilla, lo que complica aún más la identificación de dichos personajes. Prometo que hubo un par de momentos en que pensé: “no sé quién es este personaje y tampoco me importa”. No suelo durar más de 30 páginas con estas circunstancias, pero aguanté porque… bueno, porque era Mitchell. Y me alegro. Vaya que si me alegro.
  • Por si esto fuera poco, volvemos a tener exactamente el mismo problema ya en el tercer tercio del libro, cuando, en el momento más álgido de la narración, Mitchell crea un nuevo comienzo con un nuevo elenco de personajes con un montón de información intrascendente.
  • Hay un componente fantástico… que se queda muy corto. No se nos revela, en realidad, hasta qué punto ciertos actos son mágicos o no. Esto podría ser algo positivo, pero esa intriga no termina de mostrarse como algo coherente en la historia y no me convence. Y esto es porque…
  • Mitchell incluye elementos que realmente no aportan mucho a la historia: no hacen que avance. Una cosa es crear escenario y trasfondo, y otra diferente es meter escenas completas que no ofrecen nada a la trama ni a la ambientación ni al lector. Como ejemplo, insisto en esa aparición ya mencionada de nuevos personajes y escenario, muy avanzada ya la trama principal.
  • Esto último afecta al ritmo. Sí, sí, el ritmo de la obra es muy desigual. Este es el tipo de problema que suele resolverse en la edición, pero bien porque estos cambios de ritmo son propios de la esencia mitchelliana o bien porque ningún editor se atreve a tocarle nada, no ha sido así.
  • Cae en la tentación de insertar valores contemporáneos en los personajes que quiere que nos caigan bien y me temo que ahí cae en cierta manipulación evidente. No me gusta que se vean los hilos de una narración, y entiendo que es muy atractivo hacer que nuestros protagonistas sean nobles tal y como entendemos la nobleza hoy en día, sobre todo si esa nobleza acarrea consecuencias terribles para los personajes y es una muestra de valentía. No obstante, que los personajes dorados del autor sean los que ofrezcan valores como el rechazo a la esclavitud o al sexismo propios de su época me resulta un poco irritante. Incluso los “buenos” de una historia deben tener grados de gris que correspondan a su tiempo: no parecer viajeros temporales que parten desde nuestro siglo. Su definición de qué hace héroes a sus protagonistas es más que suficiente: no es necesario cargarlos de virtudes contemporáneas también.
  • La documentación es espeluznantemente buena. Demasiado. No necesitamos saber TODOS los detalles, señor autor.

Recomendado para:

  • Lectores asiduos de Mitchell.
  • Amantes de la novela histórica.
  • Lectores con buena memoria para nombres y caras. Si pudiste leerte Juego de tronos, El silmarillion o Las luminarias sin duda alguna sobre quién era quién en cada momento, eres el lector ideal de este libro.
  • Cualquier persona que disfrute de un estilo magistral.
  • Bah. Cualquier persona a la que le guste leer y punto.

Valoración final:

Mil otoños no es un paseíto feliz y sencillo, pero sí una lectura admirable, y tan hermosa que este mísero artículo jamás podrá hacerle justicia. Por esto, este libro cuenta con la aprobación de Lechuguita*:

mil otoños

Adelante, leedlo.

 


*MUY PRONTO, NUEVO VÍDEO DE LECHUGUITA.

-Y si quieres fantasía pura y dura, bastante más oscura, también puedes aparcar un ratito a Mitchell (¡solo un ratito!) y leer El cielo roto, la primera entrega de nuestra obra apocalíptica Crónicas del fin.

-Si te gustan mis artículos y quieres más, ayúdame donando una cantidad minúscula de dinero al mes a través de mi Patreon.

 

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12 maneras desastrosas de pedir por email

octubre 23, 2017 — by Gabriella20

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¿Alguna vez has encontrado un email viejo —algo que enviaste hace años— del que ahora te avergüences?

No hablo de emails enviados a exparejas, ni de aquel mensaje guarrillo que mandaste por error a tu jefe, ni de aquella carta electrónica interminable llena de insultos que enviaste de madrugada, tras consumir demasiado alcohol, a un cliente particularmente petardo.

Hablo del momento en que intentaste pedir por email. Pedir favores, atención, lo que fuera.

Como este sitio está enfocado a escritores, es muy probable que seas escritor (pero no te preocupes, que no te juzgaré si no lo eres). Tal vez recuerdes un correo electrónico donde pedías una reseña, una entrevista, que alguien compartiera tu artículo o hablara de tu libro. Tal vez no era un correo, sino un mensaje privado en alguna red social.

Nunca te contestaron. Y ahora sabes por qué.

Si te ha pasado, descuida. Ocurre hasta en las mejores familias (sobre todo en la mía, donde me pasa a mí).

El arte extraordinario de pedir por email

En los últimos años he sido objeto de una multitud de peticiones. Primero por tener una editorial (ya os podéis imaginar lo que llegaba: los manuscritos eran solo el principio) y luego en el blog. No necesitas tener un blog grande para que te pidan ayuda y todo tipo de colaboraciones. Solo necesitas ofrecer material que sirva en algún momento a alguien, porque ese alguien asumirá de inmediato que si ofreces contenido gratis, también ofreces muchas otras cosas gratis.

Esto, de entrada, no es malo. He conocido a gente muy interesante a través del blog, personas fantásticas que me han ayudado a mí y a quienes yo he ayudado, de muchas maneras. Con el paso de los años, no he tenido más remedio que aceptar que mi tiempo es limitado y he tenido que reducir bastante la cantidad de veces que digo: “sí”.

Ahora resoplaréis y pensaréis: pues vaya tipa. ¡Encima que le escriben! Hay un nombre para la gente así: egoísta.

escribir un emailMi próxima foto de autora

Me temo que una bandeja de entrada llena te hace egoísta, sí, muy egoísta.

Hago lo que puedo. Pero a veces recibo correos que ni contesto. Y no es culpa de quienes los envían. Yo también he enviado correos así.

Voy a contaros lo que me habría gustado saber cuando envié mis correos más nefastos.

Creo que esto sirve para casi cualquier email de índole profesional. Y también me parece que sirve para tratar con editores (¡os recuerdo que son personas tambien!).

¡Pero cuidadín! Si bien esta publicación está basada, en general, en cientos de emails que he recibido a lo largo de los años, representan una tendencia y no son críticas a emails particulares. Así que si te ves representado/a en alguno de estos puntos, no, no estoy hablando de ti ni de tu email concreto. ¡Tranquilidad en la red de redes! Leamos esto con la mente abierta: un examen de conciencia de vez en cuando no hace daño.

De hecho, escribir esto me ha hecho reflexionar mucho sobre cómo imponemos (y nos imponen) necesidades propias sobre ajenas. Y sobre lo eficiente que es un buen email persuasivo. Con persuasivo no me refiero a manipulador, sino a convincente, porque tienes argumentos y modos con los que convencer.

Hay un truco psicológico muy antiguo que reza: “si quieres caerle bien a alguien, pídele un favor“. La idea es que cuando te hagan ese favor, su cerebro les asegurará de que les caes bien, porque si no, ¿por qué estarías haciendo ese favor? Antes de meternos en materia, os pido que olvidéis esa joyita de sabiduría popular. Os aseguro que ese truco no funciona cuando todos los días alguien te está pidiendo un favor nuevo. Así que, para empezar…

1. Apréndete mi nombre, por favor

En el taller que di en el festival Celsius de este año hubo tal cachondeo con esto que todos los alumnos que me escribieron después encabezaron sus correos con un: “Hola, Grabielo”.

Grasiosos, que sois unos grasiosos.

Reíd todo lo que queráis. Os parecerá exagerado, pero os prometo que una de cada tres personas que me escribe me llama Grabiela.

¿Me escribes para pedirme mi tiempo y ayuda, y ni siquiera eres capaz de escribir bien mi nombre? Entiendo que cualquiera puede tener un fallo así (que os lo diga el pobre Gonzalo, que en realidad se llamaba Gustavo… ¿o era al revés? ¡Perdóname, Guszalo!), pero cuando siempre se comete el mismo fallo entenderéis que acaba siendo irritante.

pedir por emailEsto: por lo visto mucho más fácil que pronunciar mi nombre.
  • Puntos negativos extra por: cambiarme de sexo.
  • Más puntos negativos extra por: cambiarme de sexo varias veces en el mismo email.
  • Cómo hacer esto bien: Comprueba tres veces que has escrito bien el nombre de la persona a la que te diriges. Qué diantres, relee tres veces todo el email; ya que estás, revisa la ortografía también. Y preocúpate por leer un poco sobre la persona a la que le escribes antes, que no parezca que le escribes al azar. Lo que nos lleva al siguiente punto:

2. Yo no soy como los demás

Bueno, sí, claro que soy como los demás. Pero, como a todos los seres humanos, me encanta pensar que soy única, diferente, especial, un copito de nieve que ni Bella de Crepúsculo.

Así que si me mandas un email que es el mismo que obviamente le has mandado a treinta otras personas, entenderás que no me impacte en demasía. ¿Debo yo dedicar una hora de mi tiempo a ayudarte cuando tú no has sido capaz de dedicar cinco minutos del tuyo a enviarme un email solo a mí?

  • Puntos negativos extra por: poner a los demás destinatarios en copia visible y regalarme tu lista entera de contactos.
  • Cómo hacer esto bien: léete, por lo menos, el Sobre mí de la web a la que escribes y las preguntas de uso frecuente si las hubiera. Si pides una reseña, moléstate por lo menos en echarle un vistazo al blog al que se lo pides; si pides que alguien comparta algo tuyo, por lo menos mira si el contenido que le ofreces puede ser de su interés. No te limites a un copypaste que sirva como email genérico para todos tus destinatarios, a no ser que ese contenido realmente sea válido para todos ellos.

3. Que la puerta esté caliente

No hay ningún problema con entrar a puerta fría, es decir, si no te conozco de nada. Pero entiende que si hemos tenido algún contacto previo me será más fácil ubicarte, hacerme una idea de quién eres y por qué debería importarme. No te cortes a la hora de decirme que eres aquella chica que conocí liberando al planeta Rousjdha88_alfa del temible ataque de los midiclorianos zombis. Una experiencia como aquella, en la que comimos carne seca de búfalo azul y nos juramos amor eterno frente a las puertas de Tannhäuser, no es algo que yo vaya a olvidar pronto.

Pero si simplemente me mandaste un email hace un mes comentándome que te gustó mi libro también me vale, sí.

  • Puntos negativos extra por: tratarme como amigos de toda la vida (o amantes en Tannhäuser) cuando no hemos hablado jamás.
  • Cómo hacer esto bien: Aquí es donde entran en juego tus habilidades de networking. Es por esto por lo que insisto en la importancia de ir a convenciones, eventos, ferias, etc., en tu sector. Tu víctima objetivo marca influencer destinatario te hará más caso por email si antes habéis hablado cara a cara, por la razón que sea. Y sí: esto incluye a editores. Cuando recibes una avalancha de emails y de manuscritos, no puedes evitar tener un sesgo positivo hacia aquellos mensajes que provengan de personas con quienes tengas un a) reconocimiento y b) enlace a un recuerdo positivo.
pedir por emailPuerta caliente: sí.
pedir por emailPuerta fría: menos recomendable.

4. Háblame de ti (pero no demasiado)

Los emails impersonales son… impersonales. Siempre ayuda que me cuentes un poco quién eres y por qué necesitas lo que sea que me estás pidiendo. Dame algo de contexto. No te limites a mandarme un reenvío de algo, ¡explícame a qué diablos viene!

PERO hay un límite. No necesito saber a qué hora almuerzas ni cuáles fueron las primeras palabras de tus ocho vástagos. Entiendo que necesitas desahogarte, pero no tengo ningún título ni formación como terapeuta, te lo juro. Ese diploma de la pared es de teoría literaria, y me temo que ahí lo único que vimos sobre terapias y demás fue interpretación desde el psicoanálisis, así que a lo mejor debería preguntaros a todos sobre vuestra relación con vuestras madres.

Diré ahora algo muy impopular, porque sois lectores de espíritu generoso y no me guardaréis rencor. Cuando lees el blog de alguien y sigues a ese alguien en sus redes sociales, juegas con ventaja, Tienes datos, información sobre esa persona, su personalidad y vida, pero esa persona no sabe nada sobre ti. Para ti esa voz podría ser una voz amiga, con la que has desarrollado cierta intimidad unilateral. Pero esa persona ni te conoce de nada ni ha pasado por el mismo proceso de intimidad. Por favor, ten eso en cuenta al realizar contacto.

Si somos amigos o tenemos una relación de trabajo, SÍ, sí me interesa tu enfermedad, tu ruptura con tu pareja o los problemas de comportamiento de tu guiverno. Porque me importas tú, como persona, y porque un guiverno mal entrenado puede acabar en cientos de muertes y bastante mierda hay ya en las noticias ahora mismo.

Si no… entiéndelo. Tengo mis límites. Y mis propios problemas, por mucho que os cueste imaginarlo, viéndome como me veis siempre rodeada de opulencia y de personas de ambos sexos de buen ver y con ropa escasa.

  • Puntos negativos extra si: me largas todo tu historial médico y amoroso, al completo, en el mismo email, narrado en esperanto.
  • Cómo hacer esto bien: Da algunos datos sobre ti, explica tu situación en un par de renglones. No tres tomos enciclopédicos. Ese es tiempo que podrías estar escribiendo tus libros.

5. Mi tiempo es limitado

Como ya he dicho más arriba, cuanto más crece un blog, más crece su bandeja de entrada. En el tiempo que empleo en leer un email sobre tu incapacidad de decidirte entre el uso de la tercera persona del singular o el peripefláustico de la voz media greco-venusiana, ¡yo también podría estar escribiendo mis propios libros!

Si te respondo con una respuesta corta, no es personal. Es que no me da la vida para más.

  • Puntos negativos extra si me tomo la molestia de contestar a tu email interminable con un correo que responda a todas tus preguntas y dudas, tras mucha reflexión por mi parte, y ni te molestas en darme las gracias.
  • Más puntos negativos extra por escribirme un email larguísimo exigiéndome que publique más en el blog, obligándome a dedicar un cuarto de hora de mi vida a leerte a ti en vez de a escribir en el blog.
  • Cómo hacer esto bien: ¿Eres capaz de escribir un email de un máximo de cinco frases? No es tan difícil, te obliga a ser conciso y claro, y ahorra tiempo a tu receptor. Como dice Guy Kawasaki, ese genio del marketing:

Less than five sentences is often abrupt and rude, more than five sentences wastes time.

Menos de cinco frases puede quedar abrupto y maleducado; más de cinco frases es hacer perder el tiempo a tu destinatario.

6. En serio, mi tiempo es limitado

Insisto en este tema, porque es crucial. Sigo hablando desde mi propia experiencia, pero esto le ocurre a taaaanta gente…

Por favor, a la hora de pedir algo a otros escritores/blogueros/loquequieras, evita este tipo de cosas:

  • Entrevistas con muchas preguntas o con preguntas del tipo “¿qué opinas del estado de la literatura actual?”. Investiga también un poco otras entrevistas realizadas a esa persona para asegurarte de que no le vas a hacer otra vez la pregunta de cómo es escribir a cuatro manos. Es así, por cierto.
  • Cualquier aportación por la que, básicamente, esa persona suela cobrar. Hablo de “aportaciones” a artículos colaborativos que parecen artículos por sí mismos, invitaciones a convocatorias no remuneradas, peticiones de asistencia a congresos o convenciones sin ningún tipo de dieta o pago, etc. etc., etc. Trabajar gratis es recomendable a veces, pero solo en ciertas circunstancias.
  • Críticas pedantes.

Hablemos de críticas

Venga, voy a meterme en ocho berenjenales diferentes con lo de las críticas pedantes. No hablo de personas que me escriben diciendo: “por cierto, creo que no te has dado cuenta, pero en el artículo Cómo peinar la melena de un caballo cuando solo tienes un cepillito de los pequeños ponis hay una errata en la línea 137, donde hablas de la manutención de pelo artificial con suavizante y planchas de pelo humano”. Ese tipo de email es genial, porque es dinero que me ahorro en correctores.

Del mismo modo, me encantan los emails que señalan errores o erratas en mis libros (sobre todo en los autopublicados), porque así puedo modificarlos en las siguientes ediciones, de haberlas. Gracias.

Con críticas pedantes me refiero a aquellas personas que me mandan emails de más de mil palabras debatiendo sobre si el como completivo lleva o no tilde en determinado contexto. O que sugieren un sinónimo para cierta palabra solo porque les parece que suena mejor, porque les gusta más o porque les trae recuerdos de su niñez. Sé que la intención es buena, pero no. No es una cuestión de ego ni de arrogancia. Es, ¡una vez más!, una cuestión de tiempo. La perfección es muy bonita, pero he tardado muchos años en darme cuenta de que no es nada práctica, y que en las cosas menores hay que pasar un poco si no quieres perder la razón.

Todavía tengo pesadillas de aquella vez que escribí te pronombre con tilde, como si fuera  de infusión.

Si ves un error en un texto, artículo u obra de alguien a quien sigues y quieres decírselo, adelante: a todos nos gusta aprender cosas nuevas. Pero plantéate si realmente va aportar algo a esa persona y si puedes explicarlo en un par de frases como mucho.

  • Puntos negativos extra para críticas pedantes que además son incorrectas. Después de leer ese email de mil palabras, ¡más me vale haber aprendido algo!
  • Cómo hacer esto bien: Hay sugerencias y correcciones que se agradecen y mucho. ¿Has encontrado una errata en este artículo o en alguno de mis eBooks? ¡Dímelo! ¿Has encontrado un enlace roto? ¡Genial, voy corriendo a arreglarlo!

7. El email en el que sabes lo que realmente necesito

De esto he recibido menos que otros escritores, pero algo ha caído. Estos correos también tienen el problema de que suelen ir con buena intención, así que intentas tomártelos con humildad, reflexión y, sobre todo, humor. Suelen ser un poco así:

  • Gente a la que no conoces de nada que te dice con quién deberías juntarte y cómo deberías pensar. Esto no me lo estoy inventando.
  • Gente que no tiene blog, pero que te dice cómo debería ser tu blog porque lo leyó una vez en un artículo.
  • Gente que admira mi tono sencillo y facilón, porque así llego a las masas incultas. Yes. Incurtos, que sois todos unos incurtos.
  • Gente a la que le gusta mi blog porque no es como el blog X, que es una mierda (porque hablar mal de otros siempre ayuda).
  • Gente que ama mi blog (¡porque es diferente!), pero quiere que cambie ciertas cosas para ser exactamente igual que todos los demás blogs.

El último, especialmente, me parece de lo más misterioso.

Ramit Sethi, bloguero especialista en finanzas y posiblemente mi copywriter favorito, dijo una vez que solo aceptaras consejos de personas que hayan conseguido lo que tú quieres conseguir. No digo que sea válido al 100%, pero creo que es un consejo interesante, porque ayuda a diferenciar entre las sugerencias y críticas que llegan desde la ignorancia y cerrazón mental, y las que llegan desde el conocimiento y espíritu práctico. Desde luego me ayuda con el tipo de email aquí mencionado.

  • Puntos negativos extra si además tienes tonillo condescendiente mientras me dices todo eso y tienes ovarios/huevos/glándulas de pedirme luego un favor.
  • Cómo hacer esto bien: No lo hagas, simplemente. A no ser que tengas una larga experiencia en el sector de la persona a quien le escribas y/o sepas que tu sugerencia es algo que a) puede implementar de forma rápida y sencilla y b) le va a solucionar un problema real, no sé hasta qué punto lo considero recomendable.

8. Preguntas que podrían contestarse con un libro o manual (o con Google)

Yo no soy Google. Google es una macroempresa muy poderosa donde trabajan algunas de las mentes más brillantes de nuestro tiempo.

SPOILER: Yo no soy una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Soy, como mucho, un gusiluz muy insistente. Si apagas la luz, mi refulgencia es cercana a cero.

¿Qué te hace pensar que sé más que Google?

Cada pregunta es un mundo, sobre todo si atañe a un caso particular con condiciones concretas. Pero os prometo que recibo correos constantes que respondo enlazando a artículos que he encontrado realizando una búsqueda sencilla en Google. Tal cual.

pedir por emailPero… y esto es importante… jamás pongáis google en Google, o se desencadenará el apocalipsis y viviremos todos en una distopía ciberpunk con cables roñosos metidos en sitios muy personales y una arquitectura deshumanizadora pero impresionante.

Y luego están las preguntas como aquella que ya he soltado, del tipo “qué opinas sobre el estado de la literatura actual” o “explícame todos los pasos necesarios para escribir un libro, publicarlo, promocionarlo y venderlo”, que me dejan, cuanto menos, boquiabierta.

Esto es una bandeja de correo, no un examen de la facultad. No me des un tema a desarrollar, porque no tengo cuatro horas ni un vigilante con cara de mala leche bicheando mi caligrafía por encima del hombro, gracias.

  • Puntos negativos extra si empiezas el email con “esto solo te llevará un momento”.
  • Cómo hacer esto bien: Si realmente tienes una duda que no encuentras forma de solucionar y cuya respuesta nadie parece conocer, y crees que yo podría tener esa información, vale, hablemos. Y aun así, te recomiendo que lo plantees en algún foro o grupo especializado, ya que puedes recibir datos y opiniones de varias personas diferentes. Para autores independientes, por ejemplo, recomiendo muy mucho las iniciativas de Ana González Duque: el grupo de Facebook de El escritor emprendedor y la ayuda privada que presta en forma de grupos privados, consultas, vídeos, etc., en su plataforma de cursos.

9. Deja de pedirme que comparta cosas que no van a interesar a mi público (ni a mí)

Entiéndelo: no es que no quiera. Bueno, sí, sí que no quiero. Porque tu descuento en clases de zumba suena genial, pero no tiene nada que ver con el tipo de contenidos que comparto en mi blog y en mis redes. De hecho, si publicito tu descuento en clases de zumba, a) nadie va a pinchar ahí y b) mucha gente pensará “¿por qué está hablando de zumba si tiene un blog de literatura? OMG, GABRIELLA SE HA VENDÍO”.

  • Puntos negativos extra si comienzas con: “A ti no te cuesta nada”.
  • Cómo hacer esto bien: Imagínate que has escrito un artículo o un libro que sabes que es perfecto para el tipo de persona que lee mi blog. Sabes que está bien escrito, que tiene un diseño agradable a la vista, que no está lleno de faltas de ortografía. Por supuesto que puedes mandarme un email o mensaje y comentármelo; eso sí: todo dependerá de si tengo tiempo para leerlo, y de lo mucho que se ajuste a las condiciones ya descritas.

10. ¿Qué saco yo de todo esto?

Fíjate que hemos llegado a la parte más importante del artículo y sin embargo es donde falla casi todo el mundo.

Puedes pedirme lo que quieras, pero ¿por qué iba yo a hacerlo?

Y si esto suena fatal, os recuerdo lo de antes: el egoísmo es necesario cuando tienes una bandeja de correo saturada. Si te ayudo, hoy solo dormiré seis horas. Y eso significa que mañana no rendiré, que me quedaré dormida, que me acostaré más tarde, al día siguiente me levantaré cansada, estaré estresada porque veo que no llego a mi fecha de entrega y… ¿ves lo que has hecho? ¡Me has arruinado la semana!

El escritor Nick Stephenson dice que cuando alguien le propone algo, se hace tres preguntas:

tu email

¿Cómo consigues decir que no a todas las cosas que sé que te pide la gente?

Nick: Siempre pienso… siempre pienso que es como una prueba. Si digo que sí a esto, ¿será divertido? ¿Voy a disfrutar haciéndolo? ¿Me va a traer más ventas? ¿Me va a traer más lectores? Y si no va a hacer ninguna de estas cosas, entonces no lo hago.

Así que si tu propuesta no me resulta divertida (no divertida para ti, sino para mí), si no me va a traer una cantidad interesante de ventas (no, “puede que esto me sirva para vender dos libros a cambio de tres horas de mi vida” no es un intercambio válido) o un número interesante de lectores nuevos, es muy posible que te diga que no.

Sí que hago cosas para ayudar a otros que no cumplen ninguna de estas condiciones. Pero solo puedo hacer un número muy limitado de esas cosas. Para todo lo demás: más te vale venderme la moto de que me lo voy a pasar en grande y/o voy a vender libros, porque si no, lo que me estás pidiendo, en resumen, es que sacrifique mi tiempo y energía para algo que solo es importante para ti.

Y donde pongo yo, sustituid por cualquier persona que tenga una vida medianamente ocupada.

  • Puntos negativos extra si yo tengo que hacerlo gratis pero para ti tiene una finalidad lucrativa. Sí, esto también me ha pasado. Muchas veces.
  • Cómo hacer esto bien: si vas a pedir algo, piensa primero en qué puedes ofrecer tú que sirva a esa persona. ¿Qué sabes hacer que haría su vida más fácil? E insisto en lo de “que sirva”. A lo mejor tú crees que ofrecer una copia de tu libro a alguien es una recompensa de gran valor. Pero pregúntate si es una propuesta de valor para la otra persona.

Si no tienes nada que ofrecer, mala suerte. Por lo menos, como muy mínimo, ofrece tu eterna gratitud y demuéstrala recomendando a esa persona y su trabajo, comprando y dejando reseñas a sus libros, ayudando en lo que se te ocurra, etc.

Nota: Evita sugerencias del tipo “si se te ocurre algo que yo pueda hacer a cambio, házmelo a saber”. Puede parecer buena idea de entrada, pero ahí estás cargando al destinatario con una decisión compleja. Personalmente, suelo ignorar ese tipo de propuestas (¿qué voy a hacer, encargarte que me envíes tres paquetes por Correos y que me elabores una lista completa de reseñadores en mi sector mientras llevas mi cuenta de Twitter durante un mes?), y me consta que otras personas hacen lo mismo.

11. No me vengas con exigencias

De alguna manera extraña has conseguido convencerme de que acepte tu propuesta, que te ayude con algo de alguna forma. Vale, es posible que me pillaras a la hora de la siesta. Mea culpa por mirar el email a la hora de la siesta.

Así que si encima me dices, ya de entrada, que necesitas ese artículo gratuito para ayer, que debe cumplir una lista larguísima de requisitos y además me bombardeas la bandeja de correo a diario preguntando cómo lo llevo… no, simplemente no.

  • Puntos negativos extra si: las exigencias vienen incluso ANTES de que conteste a tu propuesta.
  • Cómo hacer esto bien: si alguien va a ayudarte, ofrécele todas las facilidades que se te ocurran. Sé amable. Otorga un espacio amplio de tiempo para que trabaje, adáptate tú a sus preferencias, y escríbele solo cuando sea necesario (por ejemplo, un recordatorio un par de días antes del plazo de entrega).

Truco pro: Si pides una entrevista o respuestas a un cuestionario, manda primero un email de acercamiento o pitch, solicitándoselo a la persona involucrada. No envíes ya directamente, en ese primer contacto, las preguntas. Produce una sensación de arrogancia, como si dieras por sentado que esa persona va a ayudarte. Y no lo digo solo por mí: sé de varios escritores que ni se molestan a contestar a correos así, porque les toca un poco la moral.

pedir un emailCuando publicas tu cuarto libro adquieres varios privilegios: una planta artificial en la oficina, derecho a utilizar un portátil (MacBook) en Starbucks y un tocamiento de moral constante.

No pensemos solo en qué acciones nos hacen la vida más fácil, sino en cuáles les hacen la vida más fácil a nuestros colaboradores. Recuerda ante todo que un email donde pides algo es un ejercicio de persuasión: quieres convencer a alguien de que te ayude, de que te dé su tiempo y experiencia; no es parte de tu equipo de trabajo ni te debe nada.

12. Tengo pareja y no me interesas

Pero es que aunque no tuviera pareja tampoco me interesarías.

A no ser que seas Maria Popova. ¿Eres Maria Popova? O si tienes un unicornio con alas. Entonces a lo mejor la cosa cambia. Pero solo si tienes un unicornio con alas. Y si eres Maria Popova.

Cuando empecé a trabajar no me hacía ninguna gracia que alguien intentase ligar conmigo en un entorno profesional y ahora sigue sin sacarme una carcajada. Gabriella Literaria es un escaparate para mí, no para mi vida personal. Por supuesto que me encanta soltar indirectas algo obscenas, decir alguna que otra palabrota o hacer una broma subida de tono. ¡Ese es mi sentido del humor! Y claro que me gusta compartir algunas cosas un poco personales, si creo que me ayudará a comunicarme mejor.  Pero eso no significa que me hagan ilusión ciertos tipos de propuestas o comentarios.

No me ocurre solo a mí, pero por desgracia es un problema mayoritariamente femenino. Cuando le hablo de algunos emails que recibo a mis amigos blogueros masculinos las reacciones tienden a estar entre el horror, la incredulidad y la risa. Pues no os riáis, chicos, y creedlo, porque así de asquerosa está la cosa.

Si alguien por internet hace que sintáis un calorcito rico por ahí abajo, eso está muy bien. Parte de la gracia de tener un crush internáutico es que sabes que es imposible o, por lo menos, poco probable. Y claro que pueden surgir cosas. De forma natural, con gente que conoces en persona poco a poco, en eventos, encuentros y etc. Trabas amistad o tienes una reacción química y tenéis sexo en un descapotable modificado para que parezca el Batmóvil o yo qué sé. Pasa constantemente. De hecho, conocí a mi pareja actual en una convención literaria. Por desgracia, no tenemos Batmóvil.

¿Sabes de qué manera NO surge? Mandándole un email a alguien que no te conoce, que no sabes quién ni cómo es, pidiéndole que vaya a tu casa a “enseñarle cosas”. Me da igual que sea broma. Da. Muy. Mal. Rollo.

Ya veis, en Gabriella Literaria también damos consejos de flirteo.

Y esto no es tan diferente a todos los puntos ya señalados. Porque hay algo que todos tienen en común:

Lo más importante que debes tener en cuenta al redactar un email

Hay una palabra mágica que se usa al hablar de emails y de pedir favores: empatía.

Al final, todo se reduce a empatía. A ponernos en el lugar del otro.

(¿Por qué enviamos a otras personas emails que no nos gustaría recibir a nosotros?).

Pero no es exactamente eso, porque tus necesidades y tu perspectiva no son las mismas que la persona a la que le envías el email. Así que no trates a esa persona como te gustaría que te trataran a ti: trátala como crees que le gustaría que la trataran a ella.

Si soy una escritora superventas publicada en 39 idiomas, tu oferta de hacerme un fanart a cambio de leerme tus ocho libros y hacerte informes de lectura no me interesa en absoluto. Pero si soy una bloguera con diez visitas diarias a mi web, tu propuesta de hacer guestposting podría hacerme muchísima ilusión.

Piensa en la bandeja de entrada de esa persona. ¿Cómo está de llena? ¿Qué le aporta tu propuesta? Y manda ese email.

Te ayudará si puede y si has sabido destacar, si tienes algo que otros no tienen. Si le propones algo que le iluminará el día.

Y si no puede, no se lo tengas en cuenta.

En el futuro, tú ignorarás y dirás que no a mil emails como este.

 


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Diez creencias que nos impiden avanzar como artistas

septiembre 28, 2017 — by Gabriella30

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Dibujar y escribir no parecen habilidades muy similares.

Hablamos de dibujar una escena o de pintar a un personaje, pero es solo metafórico. No cogemos un pincel ni empezamos a darle brochazos de color a nuestro protagonista.

No obstante, todas las habilidades creativas tienen algo grande en común: su proceso de aprendizaje. Hablo de la manera que tenemos de avanzar como artistas. La evolución de nuestra habilidad es muy similar al dibujar, tocar un instrumento o escribir.

Los mitos que rodean al aprendizaje del dibujo, por ejemplo, son casi iguales que los que rodean al aprendizaje de la escritura.

Tanto es así que, al leer el artículo de Monika Zagrobelna sobre los grandes mitos que rodean al aprendizaje del dibujante, me quedé patidifusa, atolondrada, estupefacta y, en general, de una pieza.

Eran exactamente los mismos que rodean al proceso de aprender a escribir.

Dicen los grandes maestros de dibujo, los que han trabajado con miles de alumnos a lo largo de sus vidas, que todo el mundo puede aprender a dibujar. Yo creo que todo el mundo puede aprender a escribir. Puede que tardes quince años en llegar a un punto al que alguien con mayor predisposición natural llegará en cinco. Eso es frustrante y cierto. Pero no quita que esos quince años te permitan llegar a ese sitio, a esa meta.

mentiras sobre dibujarO también podrías dedicar esos quince años a, no sé, hacer algo de mayor provecho que escribir. Como montar una guardería para elefantes.

Vamos con los mitos que dice Monika. Como asegura ella, estas nociones no solo están equivocadas; es que son perjudiciales: bloquean tu progreso.

1. Dibujar es una sola (y sencilla) habilidad

Traigámoslo a nuestro terreno: ¡escribir es una habilidad única y simple!

Sabemos que eso no es así. ¿Verdad?

Monika explica algo que a mí me encanta, que es que la mayoría de la gente piensa que la habilidad artística se divide entre dos posibilidades: sabes dibujar o no sabes dibujar. Con la escritura pasa lo mismo: dicen que o sirves o no sirves. Si no me creéis, podéis dedicar una semanita larga a leer todos los comentarios de mi blog y veréis cuántas personas se irritan conmigo y me aseguran que escribir es un talento y “vales o no vales, y punto”.

A día de hoy, no conozco a ningún escritor que sencillamente “sepa” escribir. Toda escritura de calidad lleva detrás años de formación, en un sentido u otro. Sí, hay autores que escriben primeras obras fenomenales, pero habría que preguntarles a) cuántos manuscritos tienen en el cajón y b) qué tipo de habilidades han desarrollado a lo largo de su vida que les hayan estado preparando, aun sin saberlo, para escribir genial.

mentiras sobre dibujarEs posible que no lo sepas, pero disfrazarte de algún animal irreconocible mientras sonríes con los ojos cerrados bajo la nieve es una habilidad indispensable para escribir bien.

Escribir, al igual que dibujar, no se limita a dos niveles, al sabes o no sabes. Es más bien una escala larga de progreso, que Monika divide en 10, donde 0 es falta absoluta de habilidad (ya sabéis, gente para quien la ortografía es algo extraño y lejano, que procede de universos ajenos) y 10 es ese nivel donde tu habilidad es tal que has alcanzado la perfección absoluta y eres una suerte de arquetipo irreal platónico del arte.

(Quedaos con la idea esta de la escala, porque vamos a regresar a ella con frecuencia).

La mala noticia, queridos míos (y de verdad que siento comunicar esto), es que esta curva de aprendizaje tiene el problema de siempre: es fácil y relativamente rápido pasar de 0 a 1, de 1 a 2, incluso del 2 a 3. Pero del 3 al 4 la cosa ya se va a poner bastante más difícil. Y si llegas al 9, seguramente te pasarás el resto de tu vida intentando llegar a un 10 que, en realidad, solo existe en tu cabeza. Por eso, el mundo de la escritura está lleno de autores que escriben de manera más o menos razonable, pero que tampoco sorprenden ni fascinan.

Pasar de un nivel 5, donde sabes comunicar correctamente e hilar una historia, a un nivel 6, donde ya entras en el terreno de la profesionalidad, puede ser duro, ya que hay muchas técnicas y conocimientos que superan a las típicas guías para principiantes y que entran en un terreno más a) subjetivo, b) caro y c) en manos de personas que no tienen por qué tener ganas de dedicarse a la enseñanza (están demasiado ocupadas desarrollando su propia habilidad).

Para alguien con escasos conocimientos literarios y técnicos, solo existen dos niveles. El “este libro es una caca” y el “este libro es la hostia”. En el momento en que crece el bagaje lector, nuestros gustos se refinan. Hace poco perdí demasiado tiempo intentando explicarle a un conocido por qué un autor no me gustaba. ¡Pero si escribe genial!, me decía él. Para este lector, poner montones de adjetivos y utilizar palabros era escribir bien, del mismo modo que un dibujo hiperrealista puede fascinar a muchos. Sin embargo, aquellos que han dedicado muchos años a intentar subir de un nivel a otro en esa maldita escala saben que el barroquismo no es sinónimo de calidad ni el hiperrealismo implica una habilidad superior a, digamos, un dibujo excelente de manga.

Nuestro aprendizaje nos proporciona la posibilidad de analizar una obra y entender qué procesos se han aplicado y a qué nivel de habilidad corresponden.

Proceso real de aprendizaje:

mentirasAquí podéis ver que mi habilidad para el dibujo, por ejemplo, está entre el -3 y el 0,5.

Proceso que también podría corresponderse con la realidad:

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Proceso en que cree la mayoría de la gente:

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Todo esto nos lleva al segundo mito, uno de los más odiosos.

2. No puedes dibujar si no naciste con talento

Ya lo he dicho muchas veces: creo que eso del talento es tremendamente dañino.

¿Existe el talento? Claro. Algunas personas nacen con el cerebro mejor preparado para ciertas habilidades. Tienen una combinación espectacular de propiedades que, de entrada, les permiten ser mejores que tú. Y si encima las disfrutan (¿y quién no disfruta haciendo algo que se le da bien?), eso se nota en su trabajo, lo cual le da un brillo o genialidad especial.

Siempre pongo el mismo ejemplo. Una vez vi en Facebook un dibujo que Enrique Corominas había hecho con quince años. Da igual cuanto dibujes o te esmeres los primeros diez años de tu vida: probablemente no vas a hacer un dibujo así.

Pero me quedo con lo que dice, a su vez, Medusa Dollmaker, quien reconoce que se enfada cuando otros le dicen que “qué envidia, ojalá yo pudiera dibujar como tú”. Como dice Medusa, ella era la que, de adolescente, no salía los fines de semana, para quedarse en casa dibujando. Sí, tienes envidia, pero ¿harías lo mismo que ella?

La genialidad existe. Pero implica dos cosas:

  • Que la genialidad por sí misma no sirve de nada si no hay una entrega y un aprendizaje.
  • Que no es necesario ser un genio para desarrollar de manera profesional y excelente una habilidad. De hecho, en algunos sentidos tienes ventaja, como explico más abajo.

Las personas “con talento” tienen una manera diferente de pensar, fijarse y relacionar ciertos conceptos, que les permite avanzar mucho más deprisa en esa escala ya mencionada. Lo alucinante es que algunas de esas maneras podemos aprenderlas.

Sí, como lo oyes. Perdón, lees.

Por otra parte, tener talento suele convertirse en un obstáculo. Funciona muy bien al principio, pero no a largo plazo, donde la resistencia y el hábito de trabajo es mucho más importante. Me recuerda a los alumnos con buena memoria que apenas tienen que estudiar en el instituto y se horrorizan cuando se dan de bruces contra la exigencia universitaria.

mentiras sobre dibujarTío, no es mi intención humillarte en público, pero tu teoría sobre las integrales pitagóricas en incremento químico exponencial es ridícula y no se sostiene por ningún lado.

Cuando tienes cierta habilidad para hacer algo, te confías. Las cosas te salen bien a la primera (o crees que te han salido bien, que esa es otra), porque tienes ciertas facilidades innatas. En el colegio exageran y te dicen que vas a ganar un Nobel. En casa aplauden cualquier mínimo esfuerzo. Todo porque tus resultados, aun mierdosos, son superiores a la media. Y todo eso hace que avances muy rápido durante esos primeros niveles de la escala.

Lo malo es que cuando llegas a cierto punto, tu talento natural ya no es suficiente. Llega el momento de la técnica, del estudio, de la lectura analítica. Y tú estás tan atrapado en tu visión de “todo ha de ser fácil y mágico” que lo rechazas. Crees que eso no es “escribir de verdad”. No obstante, tu gusto y percepción sí han avanzado también, y empiezas a ser consciente de que eso que haces no está tan bien como pensabas. Además, el mundo ha cambiado y hay gente ahí fuera mucho mejor que tú. Tus profesores ya no te alaban, te exigen. Los demás se atreven a criticar lo que haces.

Horror. No sabes. No sirves.

Y llega la desesperación. El “nunca podré mejorar”, porque crees que la escala es milagrosa y que no puedes subir mediante esfuerzo y estudio. Por eso yo apenas escribí en años y años.

Años que podría haber estado practicando y aprendiendo técnicas, libre de la máxima gilipollez de pensar que tenían que bajar las musas e inspirarme a “escribir de verdad”.

Bueno, más vale tarde que nunca, ¿no?

3. Los dibujos salen bien o no

Una vez, un señor en un bar (siempre hay un señor así en un bar) me dijo que escribir poesía era muy fácil y que él tenía mucho talento para ello. Que podía escribirme un poema sobre la marcha, en una servilleta.

Lo hizo. El poema era una caca grandiosa. Como soy de origen anglosajón y muy educada, sonreí y me alejé lentamente de la barra, con cuidado de no mantener contacto visual.

avanzar como artistasDramatización de la experiencia, donde la doble de acción de Blake Lively interpreta a servidora.

Cuando empezamos a dibujar, cuando empezamos a desarrollar habilidades de forma inconsciente (por ejemplo, la sicomotricidad que nos ayuda a producir formas y líneas de cierto modo), de vez en cuando producimos algún dibujo que nos parece la repera, y lo guardamos como oro en paño. No sabemos por qué ha surgido así, y probablemente no seríamos capaces de hacerlo de nuevo.

Con la escritura pasa igual: ¡eh, mirad qué poema tan chulo me ha salido!

Conforme avanzamos de nivel en ese proceso ya descrito, somos cada vez más conscientes de la manera en la que llegamos a producir los dibujos y los poemas buenos. Producir algo eficiente ya no se limita a la suerte y a la casualidad. Creamos algo y lo perfeccionamos, una y otra vez. Entendemos el mecanismo. Entendemos cómo funciona la rima interna, la metáfora, la sonoridad de las sibilantes. Y no nos enamoramos de ninguno de nuestros poemas, porque sabemos cómo lo hemos creado y queremos hacerlo aún mejor, porque tenemos las herramientas para ello.

Un texto no “sale” bien o “sale” mal. Aplicas tus conocimientos y obtienes resultados similares a lo que esperabas. Por supuesto que hay un factor de “suerte” (tu estado mental de ese día, una serie de ideas que han conectado mejor que otras, tu bagaje cultural para ciertos temas, tu manera de documentarte, etc.), pero esa variable no es definitiva.

El escritor que ya está bastante arriba en la escala no tiene un cariño posesivo a un texto en concreto, ya que a) produce tantísimos textos que tendrá muchos que le gusten y b) tiene las herramientas para volver a producir un texto igual de bueno. Esa es una de las razones por las que los escritores profesionales se preocupan mucho menos por el plagio que los escritores que empiezan.

Si un relato “no salió bien”, no te limites a tirarlo a la papelera. Pregúntate qué ha fallado. Y si ha salido bien, pregúntate qué has hecho ahí que puedas aplicar a relatos futuros.

4. Dibujar sirve para impresionar a otros

Ya he comentado lo de los profesores que juntan las manitas, te miran con ojos brillantes y te dicen que eres lo mejor que se ha inventado desde los auriculares inalámbricos.

Esto nos mete ya desde pequeñitos una idea muy nociva en la cabeza: dibujamos (¡y escribimos!) para recibir validación ajena.

Tanto es así, que muchos de los escritores que conozco se dividen en dos categorías:

  • Aquellos que montan en cólera a la más mínima insinuación de que su obra no es perfecta y
  • aquellos que dicen escribir solo para sí mismos, cuando en realidad lo que tienen es pánico de que alguien juzgue su obra y les haga sentir que no valen para escribir (ver punto 2 de este artículo).
mentiras sobre dibujar—Que así no se coge una cámara, Manué.
—Cállate o dejo la cinematografía para siempre.

Estas mentalidades son propias de los primeros niveles de la escala. Cuanto más asciende en ella un escritor, más consciente suele ser de que la crítica es necesaria. Uno solo no puede analizar completamente su propia obra, por la subjetividad inevitable que implica. Y os aseguro que he oído cientos de excusas para justificar esto, desde el “yo no necesito a un corrector” a “los reseñadores no tienen ni p**a idea”. Algunos de esos argumentos tienen parte de razón, pero sospecho que en algunos casos hay detrás un pánico terrible a que otra persona opine sobre nuestro trabajo. He visto errores que se repiten una y otra vez en el mismo autor simplemente porque es incapaz de escuchar cuando otros se lo señalan repetidamente.

Como dice Monika, la motivación detrás de tu trabajo no puede ser solo la validación ajena, o nunca conseguirás avanzar. Generalmente, aquellos que suben en la escala tienen todo un abanico de razones, entre las cuales destaca la propia diversión de crear y la satisfacción de terminar algo que a ellos les gusta. Por eso mismo, es posible que artistas que estén en el nivel 8-9 produzcan obras que a otros les parezcan horribles, porque están utilizando habilidades y percepciones muy superiores al resto, con resultados difíciles de comprender para el lector medio.

Esto me hace gracia, porque lleva a la consabida expresión enfurruñada del escritor principiante de “es que no saben apreciar mi talento revolucionario” cuando recibe un rechazo editorial. Confunde la simple mediocridad con la brillantez de quien lleva toda su vida desarrollando un arte.

Si quieres tomarte en serio la escritura, pregúntate cuál es tu motivación principal. Si está en la aceptación ajena, prepárate para sufrir mucho, mucho, mucho.

5. El dibujo bueno es el dibujo realista

El único género válido es el realismo. La única novela válida es la “literaria”. Solo eres un escritor de verdad si escribes ficción. Y otras idioteces por el estilo.

¿Amas la ciencia ficción, la romántica, la histórica, la epistolar?

Tú escribe y disfruta. Ningún género es superior a otro y tú eres libre de reinventar, desarrollar o perfeccionar lo que te dé la gana.

Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas, para llegar al cubismo. Hay que tener una habilidad excepcional para saltarse las reglas en la escritura, para manipular la gramática, la sintaxis y las bases narrativas a tu antojo.

Puedes probar, claro. Experimenta tanto como quieras, saborea todos los recursos que encuentres. Pero preocúpate de conocer las bases, esas reglas ya mencionadas, porque tienes que entender por qué están ahí antes de poder retorcerlas. De nada sirve inventar una lengua si desconoces cómo funciona el código que ya utilizas.

6. Si ya lo has probado y no has tenido éxito, significa que esto no es para ti

Y regresamos a la maravillosa noción estúpida del talento. Todos hemos pasado por aquí: escribimos un relato, un poema o lo que sea, lo mandamos a un concurso o a una convocatoria editorial y no conseguimos nada. O tal vez algún reseñador feroz se enzarza con nuestro texto. Nos miramos los pies y decidimos que tanta humillación no merece la pena, que para qué seguir.

grandes mentirasEsto de escribir es un peñazo. Es hora de volver a mi carrera brillante de modelo de stock.

Ya he hablado de la importancia de considerar el rechazo como un medio de aprendizaje. He de reconocer que, aunque comprendo exactamente cómo se sienten, me irritan los escritores que me vienen llorando porque una editorial ha rechazado su manuscrito. Alma de cántaro, ¿cuántas veces creen que me han rechazado a mí? ¡Y menos mal! Si me hubiesen publicado esas primeras obras, ahora me moriría de la vergüenza.

Pasa algo similar con escritores que se lanzan a autopublicar su primera novela. Rafa de la Rosa hablaba de su pánico al respecto aquí y del temido síndrome del impostor. No sé si usaría eso de síndrome del impostor. En cierta manera, una primera novela es una impostura real: es una mera muestra de lo que conseguirás en años venideros. Es importante que no funcione, de hecho, que esté llena de fallos. Veo casos de éxito con primeras novelas que son muy peligrosos: el autor se convence de su habilidad y deja de progresar. El fracaso, sobre todo al principio de nuestra carrera, es muy necesario. Tener expectativas de que una primera novela sea la p**a en vinagre es comprensible, pero no es útil ni realista.

Dice Monika: Don’t choose drawing only because it looks easy—it isn’t. No elijas dibujar solo porque parece fácil, porque no lo es. No elijas escribir porque parezca fácil. Si te parece fácil, estás haciéndolo mal. Cuanto más ascendemos en la famosa escala, más nos damos cuenta de lo horriblemente difícil que es escribir bien.

Hay muchas otras habilidades ahí fuera, en serio. Qué manía la de todo el mundo por escribir. Tal vez porque, a diferencia de la gimnasia rítmica, de tocar el piano o del culturismo, parece muy fácil. La parte del inicio, la de juntar letras y palabras, ya nos la sabemos, ¿no?

Puedes escribir veinte libros y no avanzar ni un pasito: escribir bien implica estrujarse los sesos de mil maneras hasta dar con aquello que te hace progresar. Hay muchas formas de conseguir esto: cursos, talleres, asesoría profesional, estudio, libros, etc. Pero ninguna de ellas te librará de ese agonizante estrujar de sesos.

Si ya lo has probado y no has tenido éxito, no significa que esto no sea para ti. Significa que acabas de empezar.

7. Un buen artista puede dibujar cualquier cosa

Esto también es aplicable a la escritura. Si bien hay habilidades asociadas a la escritura que nos permiten meterle mano a otro género o formato con mayores posibilidades que los que empiezan a escribir de cero, no es lo mismo escribir una novela que un relato que un artículo que una tesis doctoral que un poema.

Hay que especializarse, no queda más remedio. Por supuesto que es importante probar otros géneros y formatos para aprender de ellos, salir de nuestra zona de confort y tener sexo de ideas satisfactorio. Pero una y otra vez veo a escritores de letras de canciones que publican libros atroces de poesía, novelistas que de repente aseguran dominar el arte del relato corto y cuentistas que se meten de cabeza en una novela sin estudiar mínimamente cómo se estructura.

La especialización tiene muchos peligros, pero también tiene una gran ventaja: aprendes mucho más rápido (y además tienes un nicho, un público objetivo mucho más definido). ¿Vendríais a mi blog si además de hablar de escritura hablase de diseño de museos, de investigación microbiológica y estrenos de Chanel para esta temporada?

Si quieres ser el mejor en todo, acabarás, como mucho, siendo aceptable en muchas cosas. Si quieres ser el mejor en tu género, sector o nicho, conseguirás, por lo menos, ser muy bueno en tu género, sector o nicho.

8. Necesitas herramientas especiales para dibujar bien

Las herramientas ayudan mucho, eso lo sabemos. Yo, que tengo la caligrafía como afición, os puedo asegurar que usar una tinta Pelikan con una plumilla de plástico, baratuna, no es para nada como usar una tinta Winsor and Newton con una Leonardt.

Lo mismo ocurre con las rutinas: nos ayudan a hacer nuestro trabajo. ¿Pero significa esto que si no tienes tu Mac con Scrivener, con un cuaderno Moleskine al lado y tu pluma Montblanc, sentado a tu escritorio a la hora exacta con un café al lado, no puedes ponerte a escribir?

Yo soy más de PaperBlanks con Pilot V5, pero ya me entendéis. Las herramientas ayudan mucho, pero lo único que necesitas, en el fondo, es escribir. Y una restricción voluntaria (probar a usar solo ciertas palabras, obligarte a usar un recurso nuevo o a escribir de un modo distinto) te ayuda a encontrar nuevas vías de creatividad.

Os lo digo yo, que escribo en aviones, bares, trenes, autobuses, hoteles, cuartos de baño y bajo una farola en la calle.

grandes mentirasOs echáis a llorar cuando en el Starbucks de vuestro pueblo no tira el wifi, pero que sepáis que ahí fuera hay gente que tiene que escribir en condiciones realmente horribles, como esta pobre mujer, condenada a estar siempre con extrañas figuras geométricas traslúcidas revoloteando alrededor de su cabeza.

Las rutinas y herramientas deben ser complementos, nunca muletas.

9. Eres demasiado mayor para empezar a dibujar

Creo que contestaré a esta enunciación tan absurda con este enlace.

Monika dice que hay dos tipos de personas que dibujan: los niños y los artistas. Esto suele deberse a que los niños reciben motivación para dibujar, al considerarse un acto de expresión creativa. Y tienen más tiempo para ello. Por eso también, muchos escribimos de niños y adolescentes, pero luego nuestro cerebro se vuelve más crítico, ya no recibimos la misma motivación, nuestras obligaciones adultas se meten por medio y dejamos de escribir.

Y cuando nos ponemos de nuevo, nos decimos “qué horror, escribo como un niño”.

Lo curioso es que, a diferencia de otras muchas habilidades (como aprender un idioma), no estamos peor capacitados que un niño para desarrollar lo que necesitamos para escribir bien. Hasta tenemos ventaja: tenemos más experiencias vitales con las que inspirarnos, mayor madurez para entender el mundo que nos rodea y mayor disciplina para avanzar en nuestro arte.

Todo el mundo empieza en algún momento y los comienzos dan resultados feos, muy feos. Si de verdad quieres escribir, cada día que no aprendes más sobre la escritura es tiempo que estás desperdiciando. Y podemos recuperar algo de la ilusión y diversión que nos daba escribir (¡y dibujar!) cuando niños.

Eso sí que motiva.

10. Dibujar y pintar son lo mismo

Dibujar y pintar requieren habilidades diferentes. Que sepas dibujar no significa que sepas pintar y viceversa.

Del mismo modo, las acciones de crear/escribir/producir un borrador no son las mismas que reescribir/corregir/revisar y requieren también de habilidades y conocimientos diferentes.

Puedes ser un escritor excelente, pero tendrás que adquirir conocimientos generales de gramática y ortografía para pulir tu texto. Deberás aprender técnicas para darles redondez a tus personajes y hacer que brille tu ambientación, actividades que tienden a realizarse en la reescritura.

Es sorprendentemente común que escritores que no tienen ningún problema para escribir cantidades ingentes de palabras de borrador tengan un bloqueo a la hora de corregir (¡y de planificar!). O que correctores profesionales, personas que tienen un dominio excelso de la lengua, sean incapaces de crear un texto interesante.

Puedes dibujar sin saber pintar. Limitarte al blanco y negro: pagarle a una serie de profesionales para que editen tu texto. Puedes pintar con un mal dibujo, pero el resultado va a ser… limitado.

Por esto, insisto en la importancia de:

  • Saber planificar, liberarte de bloqueos, generar ideas e implementar con éxito hábitos que te permitan escribir de manera periódica y
  • Aprender lo suficiente sobre tu lengua y tu arte como para hacer una reescritura eficiente y una corrección válida (aunque luego necesites otro par de ojos para asegurarte de que no se te escapa nada importante).

Y el final:

Al final de su artículo, Monika concluye que si empezamos a pensar en el dibujo como en cualquier otra habilidad (cocinar, hacer ganchillo, maquillarse, jugar al fútbol) nos liberaremos de la noción de que dependemos del talento para avanzar y por fin podremos progresar. Creo que ocurre exactamente lo mismo con la escritura. Si veis los comentarios al artículo de Monika, veréis más de un párrafo indignado, de personas que siguen insistiendo en la necesidad del talento. Tengo asumido que por aquí caerá alguno también. También asumo que habrá a quienes esta frase de Monika les anime:

Si quieres dibujar, no dejes que tu ambición te impida ser principiante.

Si quieres escribir, no dejes que tu ambición, tu perfeccionismo y tu impaciencia te impidan empezar siquiera.

Cualquiera NO puede dedicarse a escribir. Pero no por las razones que pensáis. No porque “valgas” o no valgas. No es solo una cuestión de desarrollar una habilidad. Es simplemente que no todo el mundo tiene la resistencia (y obsesión) necesaria para dedicar su vida a la escritura (y menos mal). Creo que eso debería preocuparnos tanto (o más) que nuestro supuesto talento.

Puede que haya algo de magia en aquellos que llegan a la genialidad, una combinación única de experiencia, actitud y habilidades que proporcionan un toque especial a su trabajo. Ese algo que dicen que hace que una obra trascienda (si la gente supiera la de factores que influyan en que una obra trascienda… no todos se basan en la validez del texto). Isaac, por ejemplo, opina que eso no se puede enseñar (aunque tal vez se pueda aprender). Diana también apunta a ese “algo” especial. Creo que el problema está en que son cuestiones que pertenecen a un nivel tan alto de la escala que son imposibles de explicar y transmitir a los que están más abajo. Pero existen, no son figmentos mágicos regalados por un dios injusto. Creo en la magia cuando escribo fantasía, pero no cuando alguien me habla de escritura.

Monika termina con otro asunto importante, con el que estoy muy de acuerdo.

Hasta ahora hemos hablado de cómo aprender a escribir bien. Pero es necesario añadir que no es obligatorio aprender a escribir bien. Y mucho menos aprender a escribir a secas (aunque es muy útil, para todas las facetas de nuestra vida).

Si nunca te conviertes en un artista excepcional, ni siquiera en un buen artista, no significa que has fallado. No necesitas grandes metas: necesitas ese rato de amor entre el papel (o la pantalla) y tú. Eso está bien, es hermoso.

Aprender a escribir debe ser su propio premio: si no disfrutas con tu arte, si no proporciona ningún valor a tu vida, puedes abandonar. No pasa nada.

Hay muchas otras cosas grandes y maravillosas ahí fuera.

(Dibujar, por ejemplo).

 


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