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Siete técnicas reales para escribir todos los días

octubre 30, 2019 — by Gabriella8

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Sé muy bien lo que estáis pensando: ¿Gabriella está hablando de hábitos OTRA VEZ?

Algunos. Otros estáis pensando en cosas mucho más importantes, y, por mucho que me gustaría, todavía no puedo obligaros a pensar en mi blog durante todas vuestras horas despiertas.

(Todavía).

Mientras, hablemos de hábitos. Sí, otra vez.

Sabéis que defiendo la escritura diaria. Ninguna regla es perfecta para todo el mundo, pero “escribe todos los días” es la regla que, por lo que he podido ver, mejor funciona para los escritores que conozco.

Como dice la escritora de fantasía Mercedes Lackey, escribir es como hacer ejercicio:

cómo escribir todos los días

¿Qué conlleva y cómo es escribir un libro?

Disciplina. Debes sentarte absolutamente todos los días y llegar a tus metas de escritura diarias. Es exactamente como el ejercicio: si lo dejas un día es mucho mas fácil dejarlo al siguiente, y al siguiente y al siguiente.

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Mis mejores lecturas de 2018

diciembre 27, 2018 — by Gabriella9

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Los mejores libros de 2018. Los gifs óptimos de gatos de 2018. Los mejores pedos públicos de políticos de 2018.

Cabe la pequeña posibilidad de que ya haya bastantes listas de lo mejor del 2018 ahí fuera.

Muchos ya seguís mis lecturas (y las de mi coautor, José Antonio Cotrina), en el boletín que ofrecemos para amantes del fantástico, Lo extraño y lo maravilloso.

Así que este artículo sobra.

Pero por alguna razón que no termino de entender, cuando hice una encuesta en Twitter y os pregunté de qué queríais que fuera mi último artículo del año, la cosa salió así:

Como veis, la disputa entre este artículo y un vídeo nuevo de Lechuguita*, asexora literaria, fue terrible y descarnada. Pero al final ganaron los libros.

Y yo mantengo mi nivel en Twitter de fiabilidad, cultura, dignidad, saber hacer e inteligencia social.

Que probablemente no sea muy alto.

Mis lecturas FAVORITAS de 2018:

lo mejor, lo interesante y lo confuso

Anotaciones

  1. Antes ponía estrellitas a los libros que leía en Goodreads. Ahora enumero los libros leídos y a veces dejo comentarios, pero no suelo poner “nota”. Prefiero hablar de lo que me apasiona y de lo que no, sin entrar en valoraciones con numerito, que, al fin y al cabo, son muy limitadas y subjetivas (y que, además, por empatía con otros escritores, me incomodan).
  2. Leo mucho en inglés, por la sencilla razón de que prefiero leer una obra que me interesa en su idioma original y, para bien o para mal, mucho de lo que me interesa sale del mercado angloparlante. Eso no quita que aquí tengamos obras magníficas y que yo haga un esfuerzo por alternar lecturas en un idioma y otro.
  3. En caso de haber leído el libro en inglés, incluyo entre paréntesis enlace a su publicación en nuestro idioma, de haberla. Todos los enlaces llevan a Amazon, porque soy afiliada, pero evidentemente sentíos libres de adquirir las obras que os interesen en vuestra librería de barrio, gran superficie o ultramarinos intergaláctico de preferencia.
  4. Sí, este año he descubierto el audiolibro y ha sido a-lu-ci-nan-te, si bien (por ahora) prefiero este formato solo para no ficción. Empecé con Audible, el servicio de Amazon, pero ahora estoy probando Storytel (bastante más barato) y no tiene mala pinta. También tengo pendiente Sonolibro, donde no es necesaria suscripción, para audiolibros en nuestro idioma.
  5. No incluyo aquí lecturas “de trabajo”. Por ejemplo, La sociedad de la libélula de Ana González Duque no está, aunque salió este año, porque trabajé con ella en el borrador y todavía no he leído la versión final.
  6. Este año he conseguido cumplir mi objetivo de leer 30 obras, pero he decidido que hablar de todas ellas sería larguísimo, aún más largo que el artículo que traigo hoy, que ya es largo, larguísimo. Además, tampoco tiene mucho sentido hablar de libros que no me han entusiasmado.
  7. Ojo: son las mejores lecturas que he disfrutado en 2018, pero eso no significa que hayan salido estos libros en el 2018.
  8. Así que ahí va mi top 20, de bueno a muy rebueno. El 1 es el más fantabuloso de todos.

Vamos a lo que vamos: ante ustedes, los libros.

20. The Quarry, de Iain Banks

mejores lecturas 2018

Banks probablemente no haya escrito nunca un mal libro, pero este no es de los mejores. Falta algo de la profundidad de sus grandes obras (y un final mejor construido) pero es ameno, está lleno de diálogos magníficos y de personajes (demasiado) redondos. Puede hacerse caduco (y localista) por sus referencias a eventos políticos de su momento, pero no creo que decaiga mucho en cuanto a presentación de escenas y protagonistas. El horror que esconde esta obra, no obstante, es evidente: Banks escribía esta obra sobre un hombre que se muere de cáncer (y la reacción de los que lo rodean) cuando se enteró de que él, también, moría de cáncer.

19. Desconocidos, de David Lozano

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Un thriller juvenil que te tendrá agarrado del asiento hasta el final (o del angelico que se sienta a tu lado, si lees en el autobús). La prosa de Lozano es elegante y la trama está construida con ingenio; los personajes están retratados con realismo y afecto. Este es un pasapáginas de calidad que se disfruta con avidez. Es difícil hablar de libros de amigos con objetividad, pero por suerte con David no tengo ese problema. Escribe bien, conoce a su público y sabe mantener al lector (muy) enganchado.

18. The Geek Feminist Revolution (La revolución feminista geek), de Kameron Hurley

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Este libro de ensayo de Hurley fue mi primera experiencia con un audiolibro y he de decir que me conquistó. La narradora que eligieron en Audible era perfecta para la lectura: su forma de hablar es curiosamente similar a la de la autora, a la que tuve el placer de entrevistar este año en el Espacio Fundación Telefónica, en el marco del festival Celsius, junto a Laura Fernández. Pero me interesa hablar de este libro en relación, sobre todo, con el siguiente de la lista:

17. Bad Feminist (Mala feminista), de Roxane Gay

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La revolución feminista geek es un comentario estupendo que nos acerca al mundo del feminismo en el entorno cultural pop de nuestro tiempo. Reflexiona sobre problemas que a todos nos suenan: la permisividad frente al comportamiento de algunos autores, el acoso que puede llegar a sufrir una mujer en internet (más si se atreve a hablar de ciertos temas), el rechazo de parte del fandom hacia la mujer geek en general… y tanto más. Mi única queja es que Hurley utiliza un tono algo simplón y repetitivo (después de todo, el compendio es de artículos de blog) y que me habría gustado un poco más de profundidad en algunos de los asuntos que trata. Por ello, fue fantástico leer después a Roxane Gay, cuyo Bad Feminist se complementa a la perfección con los ensayos de Hurley, ofreciendo un feminismo menos restrictivo, más interseccional, y una perspectiva algo más academicista.

16. Purity (Pureza), de Jonathan Franzen

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Pureza es una gran novela que tiene la desgracia de venir de la pluma de un autor que tiene novelas mucho más grandes. Podemos aprender mucho de sus logros y errores, e intento explicar eso aquí.

15. The 48 Laws of Power (Las 48 leyes del poder), de Robert Greene

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Si estás pensando en invadir un país, derrotar a tus enemigos o seducir a tu rey, este libro es para ti.

Greene ofrece una obra divertidísima (por mucho que insista al principio en que nos la debemos tomar en serio), repleta de anécdotas de la historia que muestran de qué manera determinados individuos han conseguido obtener y mantener el poder, ese objetivo máximo del humano ambicioso e inmoral. Si quieres vivir a partir de ahora con la paranoia constante de que los demás te están manipulando, seduciendo y utilizando para sus propósitos maléficos, dale una oportunidad a esta obra.

14. On Chesil Beach (Chesil Beach), de Ian McEwan

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Conoceréis a McEwan probablemente por Expiación, porque hubo peli y esas cosas que permiten que nos suene más un autor. On Chesil Beach es una novela corta, una pequeña preciosidad sobre las consecuencias de la mala comunicación, una sociedad opresiva y el resentimiento en una pareja. Muy recomendable, con un final exquisito.

13. The Subtle Art of Not Giving a F**k (El sutil arte de que [casi todo] te importe una mierda), de Mark Manson

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Siempre me río cuando veo la versión española de este libro en las tiendas, ya que le han puesto el subtítulo de Un enfoque rompedor para alcanzar la felicidad y el éxito. Será por marketing de ese absurdo, porque el libro va, precisamente, de que la vida no va de alcanzar la felicidad y el éxito, y que ese impulso nos está destrozando. Están intentando vender el libro antiautoayuda por excelencia como libro de autoayuda. No me extraña que las reseñas en nuestro país hayan sido bastante tibias.

Tiene otro problema: esta obra no es más que un extracto del contenido del blog de Manson. Realmente no sé qué puede significar para alguien que no sea seguidor de este bloguero. Yo llevo leyéndolo desde hace años y su web es de una calidad espléndida. Me decepcionó un poco el libro, porque esperaba más contenido inédito. La mayor parte la tenía ya más que leída. No obstante, solo por recompensar un poco las horas deliciosas que me han dado sus artículos, pagué por el libro muy encantada.

12. The Bird’s Nest, de Shirley Jackson

mejores lecturas 2018

Ah, qué bien escribe la Jackson y qué personajes tan esperpénticos y adorables presenta. La Shirley entra aquí en el farragoso terreno del trastorno de personalidad múltiple y, pese a un ritmo desigual, produce una historia llena de pistas, símbolos y capas (y más de un misterio). Delicioso.

11. The Stars are Legion (Las estrellas son legión), de Kameron Hurley

mejores lecturas 2018

La originalidad de Hurley es aplastante. El mundo extremadamente biopunk y weird que crea es mi mierda. Prometo que hay una escena en concreto que me recuerda muchísima a una escena de Crónicas del fin. No me enamoré demasiado de los personajes (que para mi gusto rozan a veces el melodramatismo) y la trama no me pareció muy redonda, pero da igual, porque es que no hay página en la que no aparezca algo que me haga decir OJALÁ YO HUBIESE ESCRITO ESO.

Ci-fi raruna con tecnología asquerosita. Un placer intenso.

10. Arañas de Marte, de Guillem López

lecturas 2018

No me gustó el final de Arañas de marte y me sentí algo engañada, a decir verdad. Había tantos elementos, tantas posibilidades… pero ahí está el juego. El final tiene todo el sentido que tiene que tener (pero no esperas que te satisfaga). La obra crea una experiencia que, desde el raciocinio, funciona (con complejidad y acierto), pero que sospecho no termina de crear el resultado emocional que muchos lectores necesitan/necesitamos. Me ha hecho reflexionar mucho sobre la exigencia que tenemos de que se cumplan ciertos patrones narrativos, probablemente por ese molesto efecto Zeigarnik que quiere atar todos los hilos e hilar todos los signos.

Por supuesto, sobra decir que el estilo de Guillem se mantiene a un nivel superheroico en este libro. Sobra decirlo, pero lo digo de todas maneras.

9. Hellblazer: Dangerous Habits (Hellblazer: hábitos peligrosos), de garth ennis et al.

mejores lecturas 2018

Constantine está en su mejor momento cuando se enfrenta a conflictos insondables y decide que bueno, que les den a todos, que hasta a la mismísima muerte se le puede engañar. Este tomo incluye la que probablemente sea la escena más emblemática de Hellblazer, ese momento en que consigue jugársela al mismísimo Infierno, pero yo me quedo con el instante de hundimiento total y depresión del espabilado de John.

mejores lecturas 2018

Demasiado por hacer y nada que hacer se pueda.

8. THE PAYING GUESTS (Los huéspedes de pago), Sarah Waters

lecturas favoritas 2018

El padre de Frances básicamente murió de estrés y sus hermanos perecieron en la Primera Guerra Mundial. Vive con su madre en una casa vieja, llena de deudas, así que va tocando meter a unos inquilinos en el piso de arriba, ahora vacío. Pero la pareja que ocupa dicho piso es muy especial. Sobre todo la mujer, Lilian. Desde el momento en que Frances se fija en esos gemelos bien bonitos que se ocultan bajo las medias de su nueva inquilina, sabemos que aquí hay salseo seguro.

7. Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enríquez

mejores lecturas 2018

Mariana ofrece algunos relatos excelentes (El carrito, El aljibe, Dónde estás corazón) con otros buenos. Estilazo tremendo el de la Enríquez: cada párrafo es un rebujito burbujeante de palabras usadas en el lugar exacto. Conseguí que me firmara este libro en el festival Celsius (no en la firma oficial, qué os creéis, sino en un bar, como debe ser), pero con los nervios admiradores se me olvidó decirle que incluyera a José Antonio en la dedicatoria y sospecho que a día de hoy no me ha perdonado. José Antonio, quiero decir. A Mariana dudo que le importe.

6. A Brief History of Seven Killings (Breve historia de siete asesinatos), de Marlon James

mejores lecturas 2018

No he visto la traducción de este libro al castellano ni sé quién ha afrontado tamaña odisea, pero me gustaría encontrar a esa persona, invitarla a un café y darle un abrazo, si es que a día de hoy está en condiciones mentales de abandonar su habitación.

La obra de Marlon James no es para mentes livianas. Sobra mucho, mucho del libro. Hay tanto que no aporta nada… Y sin embargo los personajes se mueven en una red compleja de caracterización que en realidad esconde a la verdadera protagonista: la ciudad de Kingston, Jamaica. Violencia, más violencia y, a veces, solo a veces, una promesa y un pequeño atisbo de esperanza. Este libro me dejó una resaca monumental.

5. Brooklyn (Brooklyn), de Colm Tóibin

mejores lecturas 2018

Brooklyn fue la aspirina perfecta para quitarme la resaca de Marlon James. Chica pobre irlandesa consigue la oportunidad de su vida: marchar al nuevo mundo y trabajar como dependienta en unos grandes almacenes. Allí conoce a un chico de familia italiana, empiezan a salir juntos y… bueno, dejémoslo en que la historia no es tan sencilla como podría parecer. El final hizo que muchos aborrecieran el libro, pero a mí me parece absolutamente perfecto.

4. Atomic Habits, de James Clear

mejores lecturas 2018

Ay, que amo al señor Clear. Ya os sabéis por aquí muchos mi historia: mi vida cambió cuando empecé a implementar hábitos diarios, sobre todo el de la escritura. En Atomic Habits, James Clear explica el proceso de formación del hábito y cómo utilizar los microhábitos para adquirir la disciplina que no sabías que tenías. Para los que, como yo, no tenemos fuerza de voluntad ni nada que se le parezca, todo este proceso es fabuloso.

Clear narra su propio audiolibro y no es tan bueno como Godin o Gaiman, pero su lectura es correcta y este será uno de esos libros que seguramente escucharé otra vez.

3. Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas

lecturas de 2018

Si solo lees un libro este 2019 que llega, lee este.

A no ser, claro, que no te guste Cádiz, que no tengas sentido del humor, que no te interesen los vampiros o que desconfíes de textos escritos con maestría cañadiense.

2. This is Marketing, de Seth Godin

mejores lecturas 2018

Por favor: que traduzcan rápido este libro, que necesito que lo lean TODOS los escritores del mundo. Si el marketing te parece un invento del diablo, o si crees que hacer marketing es gritar “compra mi libro” en todos los grupos de Facebook que pillas, adquiere esta obra de arte.

Godin ha sido una de mayores influencias en mi carrera como escritora. Gracias a él entendí la importancia de diseminar las buenas ideas, la importancia de servir a un público y entender sus necesidades, y, sobre todo, lo apasionante que puede ser el marketing “bueno”, el marketing ético (sí, eso existe): el marketing de la atracción. Este libro resume lo mejor de sus conceptos, mentalidad y escritos. Esta obra es revolucionaria y he disfrutado cada palabra.

1. The View From the Cheap Seats (La vista deSDE LAS ÚLTIMAS FILAS), de Neil Gaiman

mejores lecturas 2018

Gaiman ha escrito un libro para mí. Ha escrito un libro… bueno, en realidad ha recopilado un montón de cosas que escribió para mí. Prefacios, presentaciones, conferencias y ensayos. Un buen montón de artículos dedicados a lo mejor de mi vida friqui. Sí, he llorado (como una mocosa). He reído, también. Sí, habla de Pratchett y de Diana Wynne Jones y de Clive Barker y de Douglas Adams y de tantos otros autores con los que me he criado. Con la misma pasión con la que lo haría yo, si tuviera su pluma.

Y por si eso fuera poco, este libro lo escuché en audiolibro y lo leía él mismo. Gaiman no es solo un escritor excelente, es un locutor extraordinario.

¿Sabéis qué me emociona de este libro?

Que Gaiman no sufre de comparacionitis. No hay envidia, ni crítica ni desprecio. Gaiman no habla de lo que no le gusta, habla de lo que adora y le maravilla. Transmite un afecto extraordinario por los libros y autores de los que habla. Y eso es lo que hace que este sea mi libro del año. Me recuerda que no hay nada tan alucinante (sobre todo en este mundo tan lleno de estímulo agresivo, de sesgo negativo) como la pasión por el arte, por los libros, por los buenos creadores.

Me recuerda que es muy importante hablar de lo que amamos.

¿Qué opináis?

¿Hablamos un poquito menos de lo que odiamos… y un poquito más de lo que nos entusiasma?

Menciones de honor

Me veo en la obligación moral de incluir algún libro más, pero no los incluyo en la lista general, porque estarían todos en el número 1, pugnando, y me acusaríais de nepotismo, porque son del señor Cotrina. Pero necesito hablar de ellos.

La deriva

mejores lecturas 2018

Realmente no leí este libro este año, sino que devoré el manuscrito el año pasado, pero lo meto en 2018 ya que ha sido su año de publicación. No hay mucho que pueda decir, porque sencillamente me parece una pasada. He leído algún comentario que opina que es más lento que otros libros de José Antonio y estoy de acuerdo, pero no entiendo muy bien qué tiene eso de malo: el ritmo es exactamente el que tiene que tener. Es un libro a rebosar de detalle, un estudio fantástico sobre la naturaleza humana y, por supuesto, un homenaje al sentido de la maravilla.

Y tiene uno de los finales más espeluznantes que le he leído. Su impacto no es como el de La canción secreta del mundo o El ciclo de la Luna Roja: no funciona de la misma manera. Se te mete en la cabeza y las implicaciones se van deshilando poco a poco. Es un libro que te deja incómoda, pensativa. Esta es una obra realmente especial.

El ciclo de la Luna Roja

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Menuda historia tengo yo con esta trilogía. Leí las primeras entregas, La cosecha de Samhein y Los hijos de las tinieblas, hace mucho tiempo, mucho antes de que José Antonio y yo fuéramos pareja. El día en que nos… ejem… hicimos pareja, le entregué mis notas sobre el manuscrito del tercer libro: La sombra de la luna. Sí, este ciclo tiene recuerdos muy emotivos asociados. Cuando recuperó los derechos de la trilogía, tras pasar por las manos de varias editoriales, decidimos reeditarlo nosotros mismos. José Antonio le dio una buena revisión e hicimos las maquetas, contando con la muy estupenda Libertad Delgado para las cubiertas. El día en que le pedimos a Libertad hacer las cubiertas de esta nueva versión, nos dijo que sí antes de que terminásemos la pregunta. Y es que es un libro importante para los tres.

Esta historia de supervivencia, de amor y de heroísmo, de tragedia y magia, es realmente sobre Rocavarancolia, una ciudad tremenda llena de portentos y monstruos, adonde llegan doce pobres adolescentes terrestres, engañados de mala manera. Se las verán y desearán para sobrevivir. Solo saben que tienen que aguantar hasta que llegue la Luna Roja, pero nadie tiene ni p******a idea de qué narices pasará entonces.

Y no, por supuesto que no todos aguantan.

Vais a llorar, os lo prometo.

La trilogía se compone de:

  1. La cosecha de Samhein
  2. Los hijos de las tinieblas
  3. La sombra de la Luna (en preventa: saldrá el 25 de enero en papel y digital)

Dentro de unos meses tendremos listo además El libro de Rocavarancolia, un cuarto libro a modo de epílogo que incluye todos los cuentos que creó el autor en años posteriores a la publicación original de la trilogía (¡y material que no se ha llegado a publicar hasta la fecha!).

(¿Os he prometido ya que vais a llorar?).

Ahora tengo que irme.

Tengo que leer más libros y escuchar más audiolibros y publicar más cosas.

(En serio, lloráis seguro).

Hola, 2019.

 


*Habrá vídeo nuevo pronto, ¡prometido!



Créditos:

Imagen de cabecera de Zinaida Zaiko en Shutterstock.

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¿Hay tiempo para escribir y para todo lo demás? La teoría de los cuatro fuegos

junio 10, 2016 — by Gabriella32

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Soy la tonta de los dibujos bonicos sobre temas vitales.

Uno de mis favoritos es el famoso triángulo de servicios, que es así:

cuatro fuegos

Básicamente, lo que dice el triángulo es que si quieres contratar un servicio solo puedes tener dos vértices del triángulo. Pongamos que quieres que alguien te haga una corrección de estilo. Si lo quieres de calidad y barato, vas a tener que esperar pacientemente a la entrega. Si lo quieres de calidad y rápido, te va a salir más caro de lo normal. Y si lo quieres rápido y barato… bueno, no hay que ser un lince para saber que probablemente la calidad no sea óptima.

Lo que nos dice el triángulo es que, aunque lo queramos todo, tenemos que aprender a priorizar.

Y ahí entra, sobre todo para nosotros, que somos escritores, la teoría de los cuatro fuegos, que descubrí el otro día en el blog de James Clear.

Esta teoría nos dice que hay cuatro fuegos que tenemos que mantener encendidos en nuestra vida: nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros amigos y nuestra familia. Imaginaos una vitrocerámica, un panel de inducción o cuatro fuegos de butano de toda la vida, no importa. El resultado es este:

cuatro fuegos

Según la teoría que apunta Clear, es radicalmente imposible darle todo nuestro esfuerzo a los cuatro a la vez. Es posible hacer un buen trabajo en dos de ellos a la vez, y un trabajo decente en tres, pero la excelencia en todos es imposible. Veamos algunos ejemplos:

-Si quieres ser un monstruo del fitness, vas a dejar de lado tu trabajo para pasarte más horas en el gimnasio, y también a tus amigos y familia.

-Si quieres destacar en el campo en que trabajes, vas a sacrificar horas de cocinar bien y hacer ejercicio para trabajar, vas a dejar de lado amigos y familia.

-Si quieres ser el mejor amigo del mundo, tu familia ocupará un segundo plano, al igual que tu trabajo y salud. ¿O es que vas a rechazar una llamada necesitada de tu colega solo porque estás trabajando para una fecha de entrega?

-Si quieres ser el mejor padre/madre del mundo, estamos en las mismas.

Hay excepciones, claro. Puedes ser un monstruo del fitness y tener una buena vida social porque tus amigos son tus compis de gimnasio, y tal vez tu trabajo podría estar al máximo si eres monitor de ese gimnasio o si te dedicas a la nutrición o al deporte competitivo. Pero dudo que tu familia esté tan metida en esto de la salud como tú. Y así con todo: puede que tus amigos sean tus compañeros de oficina, pero, aun así, si el trabajo es tu prioridad, verás poco a tu familia y aún menos a tu gimnasio.

Seguro que no os cuento nada que no os suene. Escribir no es una actividad conocida por su rentabilidad, por lo que habitualmente la combinamos con otro trabajo (o trabajos) principales. Eso significa que escribir se convierte en un trabajo (o afición, según tu enfoque) que ocupa un tiempo que debemos restar a otros aspectos de nuestra vida.

Clear propone dos soluciones para este problema: el outsourcing y la aceptación de nuestros límites.

Mediante el outsourcing, recurrimos a otras personas para ahorrar tiempo, que podemos luego dedicar a las áreas más descuidadas. Un ejemplo sería pagar a alguien para que limpiase nuestra casa, pagar a una guardería para nuestros niños o contratar a un diseñador web para que nos quite horas y horas de pelearnos con nuestra plataforma. No obstante, como bien aplica Clear, ninguna de estas situaciones es ideal, ya sea porque no podamos permitirnos esos gastos o porque los resultados no sean exactamente los que buscamos.

Mediante la aceptación de nuestros límites, intentamos sacarle el máximo provecho al tiempo y a la energía de los que sí disponemos Por ejemplo, podríamos quedar con familia y amigos a la vez, o encontrar alguna manera de hacer ejercicio en el trabajo. Pero estas combinaciones son complicadas y no son posibles para todo el mundo. De ahí que yo, como muchos escritores, experimente de forma constante con distintos modos de productividad y optimización del tiempo. Clear explica así las ventajas y desventajas de este sistema:

cuatro fuegos

Asumiendo que solo puedo trabajar entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde, ¿cómo puedo hacer la mayor cantidad de dinero?

Asumiendo que solo puedo escribir 15 minutos al día, ¿cómo puedo hacerlo lo más rápido posible?

Asumiendo que solo tengo 3 horas a la semana para hacer ejercicio, ¿cómo puedo conseguir la mejor forma posible?

Este tipo de preguntas te empuja hacia algo positivo (sacar el máximo partido de lo que tienes disponible) en vez de hacia algo negativo (preocuparte de que no te llega el tiempo). Es más, unas limitaciones bien diseñadas hasta pueden mejorar tu rendimiento.

Por supuesto, también hay desventajas. Aceptar los límites significa aceptar que no estás operando a pleno potencial. Sí, hay muchas maneras de “trabajar de forma más inteligente, no más duro”, pero es difícil ignorar el hecho de que dónde empleas tu tiempo es importante. Si invirtieras más tiempo en tu salud o en tus relaciones o en tu carrera, seguramente verías mejores resultados en esa área.

También hay una tercera solución propuesta por Clear: avivar los fuegos por temporadas. Algunas personas dedican sus años jóvenes a su trabajo, luego deciden que la familia es lo más importante. Otras se casan pronto, tienen hijos, y con cincuenta años deciden que la escritura es su vida entera. Dentro de una sola vida puede haber estaciones diferentes. Pero incluso así, cada temporada tiene sus prioridades. En ninguna lo tenemos todo.

Personalmente he encontrado combinaciones y recursos que me dan buenos resultados. Pero siempre hay algo que sale perdiendo. Puedo mantenerme en una forma más o menos aceptable, pero no excelente. Puedo quedar con amigos… ah, sí, ¿hola, os acordáis de mí? Sí, soy la chica esa a la que veis una vez al año, con suerte. He encontrado una pareja que se dedica a lo mismo que yo y con quien comparto objetivos. No estoy casada, ni tengo hijos, ni nadie a mi cargo (aparte de mi gato). Algunos fuegos han bajado para poder subir uno al máximo.

Y a lo que voy es a que llego a la misma conclusión que Clear: si queremos ser realmente buenos en algo, exige sacrificar tiempo y esfuerzo de los otros tres fuegos. Que no hay más remedio que priorizar. He tomado decisiones que la gente no suele entender para poder dedicar mi tiempo a escribir. Hace falta mucha cabezonería para decidir cuál es tu prioridad y que todas esas decisiones vayan en esa dirección.

¿Es eso lo que nos distingue a los que escribimos? ¿Pura cabezonería?

No cuento esto para deprimir a nadie. Nadie tiene que sentir pena por la pobre chica que lo sacrifica todo porque no sabe las cosas que realmente importan en la vida (insertar moraleja de peli de Hollywood aquí). Simplemente, las recompensas que busco son distintas a las que buscan otras personas. Ni mejores ni peores.

No, no pretendo deprimiros. Cuento esto porque escribir es difícil, y sacar adelante tus obras, que te lean y conozcan, también. Ya os he dicho que en algunos ámbitos de marketing se dice que el tiempo acaba dividiéndose entre un 20% de creación del servicio o producto y un 80% destinado a que se conozca. Veo gente que se lanza a escribir, hace un par de relatos y se desanima cuando no ganan concursos o no los compra nadie. Gente que actualiza su blog cada tres meses con artículos mal redactados y no entiende por qué no recibe visitas. No son conscientes de lo que de verdad implica todo esto.

Creo que es mejor darnos cuenta, lo antes posible, de que escribir para pasar el tiempo está muy bien y es muy bueno por muchas razones. Pero escribir en serio, buscando reconocimiento, remuneración y perfeccionamiento de nuestras habilidades, exige sacrificios. Puedes empezar lento, con diez minutos al día. Pero, a la larga, exige una entrega que raya la explotación de nosotros mismos. Y siempre hay hacks y combos y trucos para ser más sano, mejor amante, hermano, amigo y etc., pero al final la decisión está ahí, para tomarla.

Estamos en un momento donde abundan aquellos que, a lo Tim Ferriss, nos venden que es posible tenerlo todo. Es posible ser el mejor escritor, padre y atleta del mundo. Pero todos sospechamos que no funciona así: solo hay que mirar a cualquier grande de la literatura.

Y la pregunta final es rabiosamente difícil:

¿Estás dispuesto/a a bajar los otros fuegos para que arda tu escritura al máximo?


Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

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Por qué el LTV cambiará tu forma de ver a tus lectores

junio 1, 2016 — by Gabriella21

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¿Qué es el LTV? Es una sigla que descubrí hace unas semanas. Es un concepto en el que llevaba tiempo pensando. Es una forma de ver a tus lectores que a muchos escritores se les escapa.

El otro día leía una de esas técnicas mágicas para conseguir tropecientos mogollones de seguidores en Twitter de golpe. Me puse a toquetear aquí y allá, a seguir a amigos de amigos y etc., y Twitter, que está acostumbrado a que yo siga a la gente despacito y con buena letra, se preocupó y me bloqueó la cuenta, pensando que algún hacker maligno había poseído mi cuerpo y ahora se dedicaba a seguir a gente en masa para venderle algún producto de teletienda. O algo así.

LTVHay que tener mucho cuidado con Twitter. Sus agentes te vigilan desde todos lados.

Pude desbloquear mi cuenta sin problema, gracias(1), pero esa no es la cuestión. La cuestión es que las tácticas rápidas y las fórmulas mágicas suelen servir (si sirven) para vendedores que tienen una sola cosa en mente: hacer dinero rápido.

Para un escritor, esta mentalidad es nefasta. De lo que muchos autores no se dan cuenta es de que no están vendiendo un solo libro. En España es casi imposible hacer mucho dinero con un solo libro. Qué diablos, es casi imposible hacer dinero, a secas, con un solo libro. El dinero, si viene, llega como resultado de una acumulación de títulos. Y eso es igual aquí y en todas partes. Stephen King no es rico porque Misery vendiera muy bien. Hasta la E. L. James tuvo que vomitar escribir una trilogía. Vivir de la escritura suele implicar dos cosas: 1) Escribir y publicar muchísimo y 2) obtener ingresos de otros servicios o productos relacionados con la escritura.

Tanto 1) como 2) requieren de algo fundamental: la confianza de tus lectores.

¿Cómo obtener esa confianza? ¿Y cómo influye en tus propios cálculos a la hora de invertir dinero, tiempo y esfuerzo en escritura y en promoción de tus libros?

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Cómo escribir una descripción brillante (y otros recortes literarios)

marzo 4, 2016 — by Gabriella40

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En inglés hay unas siglas muy conocidas en el mundo laboral: TGIF.

Imagino que no os sonarán, pero las reconoceréis como símbolo internacional cuando os diga que significan Thank God It’s Friday (Gracias a Dios que es viernes).

descripción mágicaRepresentación gráfica del TGIF medio.

Nos espera un fin de semana de descanso y diversión, pero antes nos vamos a poner serios un momento, porque hoy voy a hablar de algunas herramientas sensacionales para sacarle brillo a esa parte tan complicada de la narrativa: la descripción. Las descripciones tienen una tendencia preocupante a ser aburridas, recargadas o simplemente sosas, así que saber hacer descripciones que estimulen la imaginación del lector es una habilidad que debe ser celebrada (¡y analizada!). La parte seria (y muy nostálgica) es que todo esto que os voy a contar lo he aprendido de Umberto Eco.

Esta semana voy a seguir con Eco, no porque casualmente haya muerto mientras yo hablaba sobre su trabajo, que es una de esas coincidencias dramáticas que pueden ocurrir, sino porque el semiólogo italiano es una fuente inagotable para aquellos que escribimos.

Me llama la atención. Todo el mundo se acuerda de sus novelas, incluso de la película famosa basada en una de sus novelas; algunos se acuerdan de su trabajo periodístico. Menos se acuerdan de su trabajo académico, a pesar de que el estudio de lo literario fue su ocupación principal.

Cuando hablamos de la academia, de lo universitario y especializado, podemos pensar en largas frases rimbombantes que no vienen a decir nada, en textos técnicos exclusivos de su sector. Y Eco tenía frases rimbombantes, sin duda, pero todavía no he encontrado una frase suya donde no viniera a decir nada. Es más: me impresiona la cantidad de conclusiones prácticas que podemos extraer los escritores de sus tratados teóricos.

En el artículo Les sémaphores sous la pluie (se titula así también en su versión española, no os asustéis: no voy a empezar a citar en francés) Eco da algunos apuntes fenomenales sobre el sutil arte de la descripción. Y por eso muchos estudios de Eco no terminaron de pasar al mainstream; si su artículo se hubiese titulado Diferentes tipos de descripción y cómo sacarles partido o, aun mejor, Cómo perder ocho kilos en tres días (¡incluye clasificación de tipos de descripción en narrativa!), otro gallo nos cantaría (pero sin duda sería un gallo feo y de voz rasposa).

Lo chulo de la clasificación de tipos de textos descriptivos de Eco es que incluye un concepto que es mágico para un texto: el asidero de pertinencia. Os va a encantar:

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Tres recursos indispensables en la escritura que estamos usando mal (y otros recortes literarios)

septiembre 25, 2015 — by Gabriella12

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“Describe con los cinco sentidos”, te dicen, y procedes a crear descripciones barrocas, abigarradas, llenas de datos inútiles.

“Haz que el lector se emocione”, comentan, y tu libro rebosa escenas lacrimógenas que hacen que la muerte de Chanquete parezca una fiesta con champán y castillos hinchables en comparación.

“El lector siempre tiene la razón”, dice otro, y acabas escribiendo novelas que en realidad son fanfics entre tu mary sue y el cantante guaperas que está de moda.

“Te falta worldbuilding“, comenta otro más (¿por qué sigues escuchando a esta gente?), y a las 3000 páginas sobre industria, economía, política, gastronomía y especies de polilla, decides que no, que igual no te faltaba.

Todos sabemos que hay consejos y recursos que son armas de doble filo.

Ya he hablado de consejos para escritores que hacen más mal que bien. Pero luego resulta que hay recursos muy necesarios, tan necesarios que los metemos a bocajarro sin pararnos a pensar si los estamos usando bien.

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Cómo mejorar tu escritura con la regla de tres (y otros recortes literarios)

agosto 28, 2015 — by Gabriella34

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No, no estoy hablando de una operación matemática, ese truco que nos enseñaron en el colegio y que sigo utilizando a día de hoy para calcular qué porcentajes me llevo por libro vendido, cuánto me debe una editorial y qué cantidad de dinero me queda del presupuesto de este mes para comprar tomos de Hellblazer  (la respuesta a todas estas preguntas siempre es la misma: insuficiente).

Llevo leyendo sobre la regla de tres para escritores ya desde hace tiempo y creo que ha llegado el momento de hablaros de esta herramienta.

La regla de tres puede ser la diferencia entre un ritmo narrativo bueno o uno malo. Creo que estaréis de acuerdo en que una herramienta así merece toda nuestra atención.

No es un concepto que suela ver en las webs para escritores o en los talleres de escritura en nuestro idioma. Tal vez es una regla que funciona mejor en inglés, no lo sé. Tal vez todo el mundo sabe de ella y soy yo la que ha llegado tarde a la fiesta. Pero los ritmos de nuestras lenguas se parecen; la musicalidad de lo que está bien escrito funciona tanto en una como en otra. Y yo creo que es una regla fundamental para aquellos que sufren de “infraescritura” (escribir demasiado poco, saltarse los detalles) y “sobreescritura” (agredir al lector con un repertorio interminable de subordinadas, adjetivos y detalles que no importan absolutamente a nadie).

Como cualquier “regla” para escribir, no es en realidad una regla, sino más bien una guía. No ha de aplicarse siempre, eso sería absurdo. Pero puede ser, como la propia palabra indica, una buena regla de medir, una manera de saber cuándo nos pasamos. Creo que solo hay dos reglas realmente sólidas en el mundo de la escritura: escribe mucho y lee mucho. Sospecho que esas dos son innegociables.

¿Pero qué es la regla de tres?

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Piensa, planifica, escribe, edita. Repite hasta morir. (Y otros recortes literarios)

julio 31, 2015 — by Gabriella12

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En inglés hay una expresión que me encanta. No sé si hay una traducción directa a nuestro idioma.

Control freak.

Una friki del control. Alguien que necesita controlarlo todo, una micromanager.

Yo soy eso.

Ser una friki del control tiene su lado bueno y su lado malo. Es estresante. Es imposible hacerlo todo. No delegas. Es, también, señal de que no confías en nadie.

Os voy a confesar un terrible secreto: cuando delego, las cosas no se hacen como quiero que se hagan.

Horrible, ¿verdad?

Por eso me gusta tanto esto de autoeditarse. Vale, no tienes tu libro en todas las estanterías del país, por lo que probablemente vas a vender menos. Tienes que ocuparte de asuntos de los que normalmente se ocupa una editorial. Pero cada venta que ves sabes de dónde proviene, sabes a qué esfuerzos responde. Sabes qué está funcionando y qué no.

Eso es lo bueno. Lo malo, repito, es que te obsesionas. Te preocupas demasiado. Me gusta tener dos libros en movimiento: uno autoeditado y otro publicado por una editorial competente. De uno me despreocupo, más o menos. Hasta ahora mi experiencia con la editorial ha sido muy positiva (¿y cuántos autores pueden decir eso?). Con el otro me desespero: es virtualmente imposible hacer todo lo que se supone que tengo que hacer para conseguir más ventas.

Y se supone que estamos aquí para escribir. Esa era la idea.

Chuck Wendig nos lo explica muy mascadito:

Wendig y el ciclo del escritor

Con tanta promoción, interacción con lectores, blogging, networking y todas las palabras inglesas absurdas que se te ocurran, a veces se nos olvida respirar un poco y recordar para qué hemos venido a este valle de lágrimas, cocodrilos y dinosaurios que es la escritura.

Wendig lo resume bien:

chuck wendig

Piensa, planifica, escribe, edita, repite. Cada etapa lleva el tiempo que lleva. No hay reloj, no hay una pistola en tu cabeza*. Es cosa tuya decidir cuánto tiempo necesitas. Pero tómate ese tiempo. Róbale ese tiempo a otras actividades. Esfuérzate. Sé activo. Empuja, urge, gruñe, lucha, folla, escupe, consigue hacer las cosas. No te detengas. No languidezcas. No cedas a la inercia o al tedio. No caigas ante la duda o el miedo. No te pases demasiado tiempo analizando la industria. Sé un artífice, un creador, un narrador, un hacedor.

Demasiadas veces veo a escritores tirándose de los pelos porque las editoriales no responden a sus manuscritos, porque su libro no está vendiendo o porque se han atascado en una novela. No. No pares. Escribe, escribe, escribe. Para cuando esa editorial te conteste a ti ya debería darte igual porque tienes ocho manuscritos en manos de otras. Si nos quedamos en una esquina sentados y llorando a la espera de milagros, respuestas, superventas, nos estamos atascando en una parte imprescindible del proceso. Venderán los libros que menos te esperes, los relatos que escribas entre otros relatos serán los que ganen los premios. El cabrón de Murphy es así.

Varios lectores me han confesado que le roban tiempo a su trabajo para escribir. Casi parecen sentirse culpables por ello.

Todos tus compañeros están robándole tiempo a su trabajo. Para jugar al Candy Crush, para mirar Facebook, para cotillear sobre quién se está acostando con quién en la oficina, sobre quién ha matado más pterodáctilos en la salida semanal de caza. Por lo menos tu robo podría culminar en algo positivo para la humanidad (aunque eliminar pterodáctilos cuenta, creo).

Recuerda el mantra:

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Piensa.

Planifica.

Escribe.

Edita.

Repite.

Infinitas veces, hasta morir.

Todo esto encaja muy bien con la filosofía de Austin Kleon.

Kleon y cómo ser verbo en lugar de sustantivo

kleonNos cuesta mucho decir aquello de “soy escritor”. Para muchos, ni es una profesión ni es nada. Pero es taaanto más fácil decir que hacer. Decir “algún día escribiré una novela”. “Cuando termine este relato lo mandaré a un concurso”. “Mañana me pongo, seguro”.

Mejor, tal vez, simplemente callarnos y escribir.

austin kleon

Mucha gente quiere ser el sustantivo sin hacer el verbo. Quieren el título de su oficio sin hacer el trabajo.

“Olvídate de ser un Escritor —dice la novelista Ann Packer—. Haz caso al impulso de escribir”.

Libérate de aquello que intentas ser (el sustantivo) y concéntrate en el trabajo que necesitas hacer (el verbo).

Hacer el verbo te llevará a un lugar más lejano y mucho más interesante que si simplemente quieres el sustantivo.

Yo lo veo como un puente entre querer y hacer, entre potencia y acción. Ese puente puede ser intransitable, con aquello de la procrastinación, la falta de voluntad y las dudas. Pero se construye mediante la acción constante.

Decir que eres escritor tiene su importancia. Es una forma de gritarle al mundo que ahora tu prioridad es otra. Lo veo un paso decisivo. Pero más importante es hacer el trabajo, sufrir ese camino aburrido, rutinario y a veces desesperante de la entrega diaria, de la rutina amada, para alcanzar metas mucho más interesantes y lejanas, como dice Kleon.

¿Eres verbo? ¿O eres sustantivo?

Si nos concentramos en el ser por encima del hacer, a veces nos quedamos atrapados en nuestro propio ego, en nuestra propia luz. Y para eso os traigo a Aldous Huxley.

Huxley y cómo quitarte de tu propia luz

A Huxley me lo ha traído esta semana mi adorada Maria Popova, que parece que siempre sabe qué decirme, qué contarme en momentos de duda, pereza y desaliento.

aldous huxley

Tenemos que aprender, digamos, a quitarnos de en medio de nuestra propia luz, porque con nuestro ser personal (este ser que adoramos de manera idólatra) estamos siempre de pie en la luz de este ser más amplio (este no ser, si preferís), que se asocia con nosotros y al que impedimos pasar al permanecer de pie en la luz. Eclipsamos la iluminación que viene de dentro. Y en todas las actividades de la vida, desde las actividades físicas más simples hasta las actividades intelectuales y espirituales más elevadas, todo nuestro esfuerzo debería estar digirido a salirnos de nuestra propia luz.

Ya seas externalista o internalista** con esto de la conciencia y el ser, me gusta leer a Huxley desde la perspectiva de quien busca producir arte. Cualquiera que haya creado, cualquier escritor o artista, reconoce la importancia del subconsciente, de aquello que asoma bajo nuestro rígido control. Muchos hemos escrito textos derivados de nuestros sueños, de nuestras fantasías (¿acaso no es toda ficción una gran fantasía?). Todos hablamos de apagar al editor interno para escribir, no solo para poder avanzar sin que la duda nos paralice, sino porque queremos acceder a la musa, a aquello que se esconde dentro de nosotros, para poder comunicarnos que aquello que se esconde dentro de los demás. De poco nos sirve esa vocecilla repelente diciéndonos: “Gabriella, ya está bien de meter personajes LGTB en todos tus relatos, vas a aburrir a los lectores hetero” o “Gabriella, qué asco, no, no, esa cosa de sangre y tripas no la puedes poner” o “Gabriella, no, no puedes hablar de ESO. ¿Y si se dan cuenta? ¿Y si alguien se cosca de que ESO eres tú, es una parte de ti?”. Quien dice diciéndonos dice diciéndome. Qué pesadez de vocecilla, en serio. Qué ganas a veces de sacarla al patio de atrás y meterle un balazo entre ceja y… (“Gabriella, no, no puedes decir eso que van a pensar que eres una persona violenta, tú, que llorabas cuando se te moría de hambre el Tamagochi, tú que odias a las cucarachas pero no puedes matarlas porque te dan pena”).

Salgamos de nuestra propia luz. A la mierda la vocecilla, a la mierda el ego. Mente en blanco. Nada, no hay nada. Solo el tú que nadie más sabe que existe. Solo tú y la hoja en blanco.

El raciocinio dejémoslo para la planificación, la edición y los juegos a los que nos gusta jugar con nuestras tramas y personajes.

Hablando de personajes…

McGann y la técnica del parche

Hace poco di con este artículo de Kellie McGann sobre caracterización de personajes que me encantó. Siempre he dicho que me gustan los personajes que tienen algo que los defina, algo diferente. Aunque muchos de los gestos acabamos eliminándolos por concisión, en El fin de los sueños les asignamos ciertos rasgos y gestos a nuestros personajes. Anna, por ejemplo, siempre se está tocando las manos. Lleva un anillo y juega con él. El anillo es importante porque es de madera, un bien escaso en el mundo en el que vive: el anillo representa su estatus social y, a la vez, la diferencia entre ella y nuestro mundo, el que conocemos, un mundo donde un anillo de madera cuesta dos euros. Anna se coge de las manos, estira los dedos, le da vueltas al anillo. También podríamos haber usado ese anillo como parte de un misterio: ¿de dónde viene, quién se lo regaló? En el caso de Anna, sabemos que es algo heredado de su abuela (de nuevo, no recuerdo si eso lo dejamos en el libro o recortamos: madre mía la de cosas que recortamos para no convertir aquello en un tratado arquitectónico-deontológico-social de un mundo posapocalíptico), pero lo podríamos haber usado para realizar la técnica del parche. McGann nos lo explica así:

kellie mcgann

El misterio es vital en cualquier historia. Podemos empezar un libro que tenga una premisa o trama interesante, pero cuando la historia falla porque le falta misterio, lo más probable es que lo dejemos.

Darle a tu personaje un secreto o un rasgo misterioso hará que el lector siga pasando las páginas.

Un parche en el ojo no es solo algo que te haga mirar dos veces, es algo que hace que te preguntes por el trasfondo del personaje.

Trabajamos duro para intentar que esos pasados sean interesantes, pero las historias no importarán si los lectores no tienen curiosidad por ello desde el principio.

Cuando era una niña, tenía un tío que tenía un ojo de cristal. Cada vez que le preguntaba me contaba una historia diferente. A día de hoy todavía no conozco la historia real, pero sigo preguntando.

Es algo que me gusta del Joker dirigido por Nolan: siempre cuenta una historia diferente acerca de cómo obtuvo esa dantesca y espeluznante sonrisa. Es algo en lo que estoy trabajando ahora mismo con un personaje: cuenta varias historias diferentes acerca de un hecho misterioso que interesa al lector. Siempre me han gustado los narradores mentirosos (pena que ahora se hayan puesto tan de moda, ¡pierdo puntos de originalidad!). Pero no es necesario trabajar con un narrador poco fiable: solo con darle a tu personaje un detalle físico o psicológico que haga que el lector se pregunte, que quiera saber más, ya has conseguido mucho. Uno de mis ejemplos favoritos es el ojo de Ariadna en La canción secreta del mundo (ya, sí, nepotismo y enchufe, para eso tengo un blog): tiene un ojo completamente negro, nada de iris ni blanco ni nada: todo el globo ocular es oscuro. Ariadna intenta disimularlo de mil maneras, ni ella misma sabe por qué es así su ojo; el lector se muere de ganas de saber. Es una manera muy eficiente de crear intriga.

Por último, cierro con uno de mis temas favoritos. Creo que a vosotros también os gusta: productividad para escritores.

Con el maestro James Clear, cómo no.

Clear y el método Ivy Lee

Esto empieza con una anécdota. En 1918, el magnate Charles M. Schwab, presidente de una corporación bruta de productores de acero, tuvo una reunión con el respetado asesor de productividad (sí, eso existía en 1918) Ivy Lee, pionero sobre todo en el campo de las relaciones públicas. Dicen que Schwab le solicitó una manera de que su equipo “consiguiera hacer más cosas“. Lee le pidió quince minutos con cada uno de sus ejecutivos y le dijo que no le cobraría nada: que al cabo de tres meses Schwab podía pagarle lo que considerase justo.

No es una forma muy inteligente de hacer negocios, creo, y tal vez sea embellecimiento de la historia. Pero cuando tienes esta mirada sabes que nadie escapa de tus redes, nunca:

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Ivy Lee, acojonando a ejecutivos desde principios del siglo pasado.

A los tres meses, Schwab, bastante alucinado con los resultados, le pagó 20000 dólares de entonces, equivalentes a unos 365000 euros de ahora (según Clear, de mis matemáticas no os fiéis. Nunca).

Este fue el método que propuso Ivy Lee:

  1. Al final de cada día de trabajo, apunta las seis cosas más importantes que necesitas hacer al día siguiente. No escribas más de seis tareas.
  2. Ordena estas seis tareas por orden de importancia.
  3. Al llegar trabajo al día siguiente, concéntrate solo en la primera tarea. Termina la primera tarea antes de pasar a la segunda.
  4. Trata del mismo modo el resto de la lista. Al final del día, pon cualquier tarea no terminada en la lista de seis tareas para el día siguiente.
  5. Repite este proceso cada día laboral.

La eficiencia de este sistema se basa en su simplicidad, en su carácter limitador y en la importancia que le da a la monotarea y al enfoque. Al final, como veis, se trata de una cuestión de prioridades. Si quieres escribir, tendrás que convertirlo en una prioridad. Y te las vas a ver y desear para decidir qué eliminas de esa lista para que entre la escritura. Vas a tener que aprender a eliminar lo superficial, a decir que no, a dejar de preocuparte por lo que no te atañe.

Suena fácil, ¿verdad?

Todos sabemos que no lo es.

También insiste Ivy Lee en concentrarse en una sola tarea. Justo lo que no estoy haciendo yo, escribiéndoos y mirando Twitter y Facebook y el email y agobiándome por no saber a qué hora acabaré.

No hagáis como yo; haced lo que yo os digo. Una cosa a la vez. Solo las cosas importantes. Las que merecen la pena.

Pensar, planificar, escribir, editar.

Así, hasta la muerte.

 


*Aunque la hay, siempre la hay.

**No he encontrado buenos enlaces en español para explicar el tema del externalismo y el internalismo desde el punto de vista de la cognición. Si leéis en inglés, la Wikipedia tiene un resumen bastante más locuaz aquí.


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Altucher, Vonnegut, Clear, Eguaras, Berkun, Pratchett. Recortes de la semana.

marzo 13, 2015 — by Gabriella2

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¡Menuda semana!

Creo que no sé ni por dónde empezar.

Así que empecemos por la videoconferencia que di ayer para la Librería Gigamesh. Fue genial ver allí a un buen puñado de asistentes interesados, incluso a alguna cara conocida, como Hugo Camacho, de Orciny Press, esa editorial que ya os he recomendado de sobra. También participaron de todo el embrollo mis amigos de El libro de escritor, gente maja donde la haya, de quienes os hablaré ahora un poquito más. Por supuesto quedo muy agradecida a la Librería Gigamesh y, en concreto, al gran Zeta, mi HQHQLCO ( (Hombre Que Hace Que Las Cosas Ocurran) particular.

Cómo enfrentarse a la hoja en blanco

Toda la conferencia, centrada en técnicas y maneras de superar a la página en blanco y crear el hábito de escritura, se grabó al canal de Youtube de la librería. Si os quedáis con ganas de ampliar conocimientos sobre el tema de la productividad, os recuerdo que en su momento traduje un artículo absolutamente genial de Niall Doherty con una lista de 69 métodos para ser más productivo. Aquí os dejo la charlita. La habitación tan rosa y bonica que se ve al fondo se la robé a mis padres, para que nadie tenga que soportar el fondo de desbarajuste y locura que es mi despacho. Es la primera vez que hago algo así por videoconferencia, y he aprendido cosas tan importantes como que si no se te ven las manos la gente no se da cuenta de que estás gesticulando y lo que parece es que te meneas de atrás adelante como si fueras una loca en camisa de fuerza en una peli mala:

Altucher y la importancia de la pausa

Del artículo de James AltucherThe Ultimate Guide to Changing Your Life:

James Altucher

G) VE MÁS LENTO

Cuando encuentres tu voz, ve más despacio. No hay prisa. De seis billones de personas, tú eres el único con tu voz, tus experiencias, tus ideas, tu sabiduría. No hay competencia para ser tú.

Alguien le hizo un cumplido una vez a Arthur Rubinstein sobre lo bien que tocaba el piano. Él dijo: “No es tocar el piano. No llevo mejor las notas que cualquier otra persona. Son las pausas: ahí es donde reside el arte“.

Cuando empecé a dedicarme a la corrección de una forma periódica, también comencé a darme cuenta de algo que creo que pocos escritores terminan de asimilar del todo: dentro del ritmo de lo escrito, de la música del texto, los reyes son las pausas. En la corrección de estilo estás muy pendiente de las construcciones, del movimiento, y la enunciación se vuelve protagonista. Todas las pausas: las que se producen en los signos de puntuación, los que se esconden detrás de las aliteraciones o junto a un verbo poderoso, los silencios que vienen de tomar aire cuando ocurre algo maravilloso, inspirador… todas esas pausas construyen el texto. Creo que si aprendemos a dominar esos vacíos, a darle al lector momentos para reflexionar, sentir, escuchar nuestra música, habremos dado con una voz realmente propia; con una fluidez magistral.

Vonnegut, Jockers y el hombre en el agujero

Por si no lo sabéis, un científico llamado Matthew L. Jockers está analizando los que él (y sus programas informáticos) consideran que son los seis arquetipos de trama dentro de la narración. Analiza los data points que constituyen una trama y de ahí extrae patrones; parece ser que hay solo seis o, como mucho, siete (para ello asocia acciones y emociones o tensión dramática). Para todo esto partió del famoso gráfico del escritor Kurt Vonnegut, conocido como man in hole, que explica que las historias populares funcionan de la siguiente manera:

Man in holeLo que en el colegio se nos enseña como exposición, nudo y desenlace para Vonnegut sería algo así: exposición (todo va bien, como, por ejemplo: voy andando por el campo), nudo (ocurre algo malo, como, por ejemplo: caerme dentro de un agujero) y desenlace (salgo del agujero). El buen Kurt sugería que las historias que seguían este patrón eran las que mejor se vendían y gustaban al público (aunque no necesariamente son las mejores, como nos demuestra su análisis de los arcos argumentales de Hamlet y La metamorfosis). Ya sabéis. ¿Dinero? Man in hole. ¿Originalidad, autosuperación y la posibilidad de subsistir dentro del canon literario? Tal vez no man in hole, pero, según Jockers, vas a entrar dentro de esos seis (o siete) tramas arquetípicas lo quieras o no.

James Clear y la importancia de practicar

En su artículo Stop Thinking and Start Doing: The Power of Practicing More, James Clear dice lo siguiente:

James Clear

2. Practicar es aprender, pero aprender no es practicar

El aprendizaje pasivo no es una forma de práctica, ya que, aunque adquieres nuevos conocimientos, no estás descubriendo cómo aplicar dichos conocimientos. La práctica activa, sin embargo, es una de las mejores formas de aprender, porque los errores que cometes al practicar te proporcionarán revelaciones importantes.

Y por esto, aunque sea de mucha ayuda leer libros sobre escritura, acudir a talleres literarios o incluso leer artículos como los de este blog (ejem), lo que más ayuda a aprender a escribir es, curiosamente, escribir. Mucho. Muchísimo. Y cuanto más la cagues, mejor. Piensa que, como diría Sturgeon, el 90% de lo que produzcas será mierda. Más te vale ponerte a escribir para quitarte toda esa mierda de encima y llegar al 10% absolumente glorioso.

Mariana Eguaras y la diferencia entre editar y publicar

No es solo una distinción terminológica, es toda una diferencia de intenciones, como nos explica Mariana:

Mariana EguarasTambién habló del problema de libros publicados sin edición la autora de fantasía Virginia Pérez de la Puente, en un artículo donde analiza la diferencia entre autopublicar y autoeditar.

Scott Berkun y el networking para autores

En una entrevista reciente, el autor y conferenciante Scott Berkun insistió en la importancia de las redes de contactos para los escritores:

Scott Berkun

Cualquier red social, profesional o personal, es esencial para los autores. Significa que la gente conoce tu nombre (esperemos que con connotaciones positivas), y que responderá cuando lo solicites. Muchos libros se venden sobre todo por la red y visibilidad que tiene el autor. A los escritores les apena oír esto, pero una persona famosa puede escribir un libro horrible y que venda bien, mientras que un desconocido puede escribir un libro alucinante y apenas vender una docena de ejemplares. El negocio del libro no depende tanto de la buena escritura como a todos nos gustaría.

Lo decimos siempre: ¿cómo puede vender tanto Belén Esteban cuando mi libro ultrafabuloso solo lo han comprado tres personas de mi familia? La diferencia es esa: mal que nos pese, la Esteban tiene establecida una red inmensa, donde los receptores de su “llamada” responden mediante una lealtad apabullante y consumen todos los productos que ofrece, y tu libro solo establece contacto con las tres personas que te admiran y quieren: miembros de tu familia.

Es injusto, pero a la vez sencillo. ¿Cómo puede alguien comprobar la ineludible genialidad de tu obra si no ha oído hablar de ella? Por desgracia, el boca a boca no es suficiente, o un par de personas que yo me sé, alabadísimas por la crítica y sus lectores más fieles, estarían bañándose en fuentes de oro y champán. La red debe ampliarse.

Berkun dice más cosas interesantes sobre la promoción para escritores:

Scott Berkun

Muchos autores me preguntan cuál es el equilibrio adecuado entre promocionar tus obras ya publicadas y producir obras nuevas. Por ejemplo: hay un grupo de autores que dicen que no hay mejor mercadotecnia y promoción que sacar un libro nuevo, y yo estoy más de acuerdo que en desacuerdo con eso, siempre que asumamos que el libro nuevo es una obra de calidad.

De esto creo que hemos hablado también: de la importancia de producir mucho para promocionar lo que tienes en catálogo. Nada vende un libro antiguo como uno nuevo; nada vende uno nuevo como que haya muchos antiguos que la gente haya leído y disfrutado. Y además está la ventaja, claro, de que escribir muchísimo hace que cada vez lo hagas mejor.

Concurso de microrrelatos El libro del escritor

El libro del escritor es una plataforma que está desarrollando una serie de herramientas y aplicaciones orientadas al trabajo del escritor. Desde luego recomiendo que le echéis un vistazo a su proyecto, y en concreto al concurso de microrrelatos que han abierto, cuyos premios serán las mismas aplicaciones que están desarrollando. Me pidieron que fuera miembro del jurado del certamen, y tengo muchas ganas de ver qué se les ocurre a los concursantes. Animaos a participar. Aquí os dejo los requisitos:

  1. Ser mayor de edad y residir en España
  2. Ser seguidor de, como mínimo, una de las dos redes sociales de El Libro del Escritor: @ELDEscritores en Twitter y /ElLibrodelEscritor en Facebook.
  3. Escribir un microrrelato original, en español y de temática libre
  4. Debe contener “pluma naranja”
  5. En Facebook, se escribirá el relato en la pestaña “Tras la pluma naranja” y la extensión máxima es de 1000 caracteres incluyendo el título
  6. En Twitter, la extensión debe ser de un único tuit y debe llevar además el hashtag #AlfaELDE

Se premiarán los siete relatos más originales de cada categoría y a los dos más votados, ya sea con votos en Facebook o con retuits en Twitter.

Y la despedida

Si habéis estado viviendo bajo una piedra las últimas 24 horas, no os habréis enterado de que ha muerto uno de los grandes, sir Terry Pratchett. Pratchett demostró que uno puede escribir algo “no comercial” (lo de la fantasía cómica sí que tiene alguna tradición en el mundo anglosajón, pero no hasta el punto al que la llevó sir Terry) y convertir una literatura de tremenda calidad en un superventas. Las redes están llenas de homenajes y palabras tristes, así que de poco os sirve que os diga que era mi autor favorito, el único escritor al que le he sido fiel desde que tenía apenas 14 años. Me encantó ver como poco a poco iba siendo más conocido y respetado en España, saber que yo ya no era la única que leía esas cosas, la única que creía que la fantasía podía ser graciosa y mordiente a la vez, y la sensación de complicidad que he tenido siempre con otros lectores de su obra.

Como he dicho, ha habido muchos homenajes, de escritores grandes y pequeños; palabras de despedida de fans, admiradores, lectores. Pero para mí el mejor adiós (aparte del de la cuenta del mismo Terry, con esos estremecedores tuits póstumos), ha sido el que le ha dedicado mi amigo Enrique Pedraza, dibujante, periodista, y fan de Terry como yo. Le regalé un boli-pincel hace unos años, y lo usó para realizar este dibujo:

Terry Pratchett

Goodbye, dear Terry, travel well.

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El método Eisenhower. Cómo elegir lo que es realmente importante.

abril 30, 2014 — by Gabriella0

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Hace poco estaba leyendo, para variar, a James Clear (podéis leer un artículo suyo que traduje aquí, o ir directamente a su blog aquí), en un artículo en el que hablaba del método Eisenhower. Este es un modo de productividad que, si bien se inspiró en la metodología del presidente americano (imaginad la necesidad de productividad de una persona como Eisenhower, con la que le cayó a ese hombre encima), fue adaptado luego por gurúes de la productividad como Steve Covey (de hecho se menciona este método de pasada en el artículo que le traduje a Niall Doherty, con 69 técnicas de productividad).

Clear insiste en la efectividad de este método para ahorrar tiempo y ser más productivo, pero a mí lo que me llama la atención de esta técnica es su forma brutal de obligarte a elegir entre lo que es y lo que no es prioritario.

El método consiste en crear un cuadro de cuatro cajas, ordenadas por urgencia e importancia. En una va lo urgente e importante, en otra lo urgente pero no importante, en otro va lo importante pero no urgente, y en la última va lo que no es urgente ni importante. A partir de esta división de tareas se efectuarán las cuatro “D”:

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-Do (hacer): En el cuadro de las tareas importantes y urgentes (cuadro 1 del diagrama) solo cabe una acción: hacer, llevarlas a cabo.

-Delegate (delegar): En el cuadro de las tareas que son urgentes pero no importantes (3), uno debe intentar delegar (conseguir que otros hagan estas tareas). Esto es útil, imagino, en un entorno empresarial; para los freelancers se sugiere recurrir al outsourcing, que consiste en pagarle a alguien para que lo haga por ti. En España esto es algo que no es demasiado común, pero tened en cuenta que en EEUU es relativamente común en el mundo de los negocios pagarle a alguien en India para que actúe como asistente virtual. Para el caso de personas con muchísimo email o con tareas repetitivas pero relativamente sencillas, este tipo de asistente puede ahorrarles muchos quebraderos de cabeza.

-Defer (retrasar): Es el cuadro de las tareas importantes pero no urgentes (estas suelen ser tareas relacionadas con metas a largo plazo). Deberemos otorgarles un espacio de cumplimiento, una fecha y hora (o varias, si se trata de tareas grandes) para llevarlas a cabo (2).

-Delete (eliminar): Según este método, las cosas que no son ni urgentes ni importantes deben eliminarse (4). Esta es la parte que impresiona, porque nos hace ser conscientes de la cantidad de tareas que llevamos a cabo por obligación, por costumbre o por alguna visión idealizada de nosotros mismos.

Para dividir nuestras tareas en estas cuatro cajas es importante tener claro cuáles son nuestros objetivos a corto y largo plazo. También nos obliga a decidir qué cosas no son realmente necesarias, para evitar perder el tiempo con esa sensación de que estamos ocupados cuando realmente solo estamos llevando a cabo tareas que no nos aportan gran cosa y que nos quitan tiempo para lo realmente importante. Por tanto, creo que este es un método tremendamente útil para establecer prioridades. Uno podría pensar que lavar la ropa, por ejemplo, no es ni útil ni importante, pero intentar eliminarla de la lista nos probaría lo opuesto: necesitamos ropa limpia (ergo esta tarea no es urgente pero sí importante). También podría parecer que ir a tomar café con un amigo no es urgente ni importante, pero si nuestra vida se reduce a trabajar y necesitamos relajarnos con una vida social más activa, esta tarea es, desde una perspectiva a largo plazo, muy importante. No obstante, jugar al Angry Birds no es urgente ni importante, y a no ser que seas un desarrollador de juegos probando a la competencia, no tiene mucha justificación a largo plazo.

Implementar el método lleva tiempo. Lleva tiempo decidir qué es importante y qué no. Los profesionales aseguran que este tipo de sistema, bien implementado, puede ocuparte hasta una hora diaria, pero que los resultados ofrecen una recuperación de esa inversión más que sobrada, con pingües beneficios.

¿Qué opináis? ¿Es este un método que consideraríais probar? Si lo hacéis, no dejéis de contarme qué tal os ha funcionado.


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