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¿Eres un escritor pasivo o agresivo? (Y otros recortes literarios)

julio 24, 2015 — by Gabriella23

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La mayoría de la gente que conozco es muy de enfrentamientos.

No es gente violenta, por lo menos no a nivel físico. Es solo que a los humanos nos encanta agarrarnos a opiniones extremas, sentencias indiscutibles, y enfrentarlas a otras. Somos dualistas y duelistas. Es más fácil que intentar entender, qué sé yo, la teoría de los polisistemas o la gestalt expresada por Ted Chiang en su relato Understand,  o el tao o cualquier filosofía integradora.

Los que escribimos también somos muy de enfrentamientos. Entre nosotros, entre nosotros y el establishment, entre nosotros y nuestra metodología.

Cuantos más artículos y libros leo sobre la escritura, más me parece intuir una diferenciación entre dos escuelas de pensamiento.

Los escritores, como tantos artistas, tenemos opiniones muy claras y enfáticas acerca del hecho de escribir. Blanco o negro, parece ser. Enemigos de unos procedimientos; mejores amigos de otros. Esto está bien, porque solo mediante nuestra propia experiencia podemos saber qué funciona para nosotros y qué no. Lo malo es cuando intentamos aplicar nuestras propias experiencias a todos los demás.

Probablemente yo también lo haga y por ello pido disculpas. Probablemente seguiré haciéndolo, porque soy muy despistada y se me va a olvidar enseguida que ese no es mi cometido.

Mi cometido, por lo menos hoy, es hablaros de algunos asuntos que espero que os produzcan tantas chispas en el cerebro como a mí.

Altucher, la escritura pasiva y la escritura agresiva

Las dos escuelas de pensamiento de las que hablaba, y que veo reflejadas no solo en artículos y libros y en reflexiones directas, sino en todos los comentarios que veo en redes sociales, foros y grupos de escritura, las expresa muy bien James Altucher aquí.

james altucher

Hay dos maneras de aprender: pasiva y agresivamente.

Pasivamente es cuando analizas tus errores, lees la historia de aquello que estás estudiando, te relacionas con otros del sector, encuentras tu “tribu”, buscas un mentor, etc.

Agresivamente es cuando estás metido de lleno. Estás hasta el cuello, y te llega la pelota de frente: ¿qué vas a hacer?

Pasivamente está en tu cabeza. Agresivamente es notarlo AHORA MISMO y actuar.

Lo que ocurre en tu cabeza es importante. Pero es la ACCIÓN la que crea héroes.

Altucher no habla aquí de escribir, habla de cualquier habilidad que requiere de un proceso de aprendizaje, pero creo que podemos aplicarnos el cuento (nunca mejor dicho. Qué ingeniosa soy).

¿Eres un escritor pasivo? ¿Consideras que la mejor forma de aprender es leyendo y estudiando todo lo que hay que saber sobre la escritura?

¿O eres un escritor agresivo? ¿Crees que solo se puede aprender escribiendo y que todos esos estudios son una pérdida de tiempo?

Si habéis respondido que sí a una de las dos preguntas, es posible que os estéis perdiendo buenas oportunidades en vuestro camino.

En todo el tiempo que he trabajado con escritores, he observado que estos dos tipos, en un estado más o menos puro, progresan a un ritmo lento. Hay escritores que dedican tanto tiempo a estudiar su oficio que este estudio se convierte en procrastinación, en una forma de pereza y cobardía. Y hasta que no apliques los conocimientos a la práctica, hasta que no te hinches de escribir, de poco te servirán esos conocimientos.

Sin embargo, también hay escritores que, con cinco, ocho o veintitrés libros a cuestas, siguen produciendo obras muy mejorables. ¿Por qué? Porque no se han molestado en aprender de los posibles errores que están cometiendo, y por tanto siguen cometiéndolos, una y otra vez.

Dicen que necesitamos 10000 horas de práctica para ser los mejores, 1000 para hacer un trabajo decente. Pero no sirven de nada si no se acompañan de horas de análisis, de deliberación, de conocimiento de nuestro arte. Como dice David Burkus, en un artículo para Forbes:

david burkus

Así que, ¿estás desperdiciando tus 10000 horas? Depende. Aunque el número exacto de horas necesitado para alcanzar un rendimiento experto es algo sobre lo que se sigue debatiendo, lo que nunca se ha debatido es el papel de la práctica deliberada. ¿Estás dedicando tu tiempo a rutinas que ya conoces o experimentas con nuevas técnicas y estudias para desarrollar nuevas habilidades? ¿Estás jugando dentro de tu zona de confort o diseñas ejercicios y proyectos que te impulsan a crecer? Si no estás comprometido con una práctica reflexiva, entonces, con casi toda seguridad, estás desperdiciando tus 10000 horas.

Habrá excepciones, por supuesto. Habrá personas que dediquen toda su vida a estudiar y luego produzcan la obra de arte perfecta. Habrá quienes solo actúen y por intuición vayan desarrollando un estilo perfecto. Pero esto es lo que yo he observado. Considero que uno no debe ser un escritor pasivo ni un escritor agresivo. Considero que uno debe ser esa mediocritas dorada aristotélica y saber integrar ambas facetas en su proceso de aprendizaje, en sus 10000 horas o más. Ya sabéis que ese proceso no acaba nunca.

Además, hay otra parte del proceso que con frecuencia se nos olvida: fuera de la actividad de escribir, y fuera del conocimiento sobre el tema, hay otro elemento importante: desarrollar una mirada de artista y saber darle buen uso.

Penn, Van Gogh y la importancia de saber mirar (y anotar)

Anoche, dando vueltas en la cama, tuve una idea brillante sobre cómo empezar el artículo de hoy. Era ocurrente, inteligente y divertida, o al menos a mí me lo parecía (seguro que también vosotros habéis tenido alguna vez esa sensación, efímera pero seductora —y taaaan mentirosa— de que moláis). Era tan buena mi idea que sabía que era imposible que la olvidara.

Por supuesto, cuando me desperté esta mañana no conseguía recordarla.

Apuntad todas vuestras ideas.

Ya lo dice Joanna Penn:
 joanna penn
No creo en el bloqueo del escritor. Creo que es un síntoma de haber dejado que el pozo de las ideas se seque. Ve a llenarlo, emociónate de nuevo y luego regresa a la página.
Muchas de nuestras ideas nacen del estudio, de la lectura y de la reflexión. Algunas son diminutas explosiones, susurros de musa en el mundo exterior, cuando caminamos y recibimos lo que la vida tiene que ofrecernos. ¿Y si pudiéramos desarrollar la habilidad de mirar, de buscar esos susurros de manera intencionada?
Leí hace poco una reseña que realizó Julian Barnes (si no habéis leído El sentido de un final, os lo recomiendo con todas mis ganas) sobre un par de libros que analizaban la figura de Van Gogh. Barnes siempre es una lectura más que agradable, pero hubo un texto que comentó, un extracto de los papeles del pintor (que escribía, y mucho, entre cartas, diarios y demás), que me llamó especialmente la atención:
van gogh
La gente de aquí lleva, por instinto, el azul más hermoso que he visto nunca. Es un lino tosco que tejen ellos mismos, urdimbre negra, trama azul, que crea un patrón de rayas negras y azules. Cuando pierde intensidad por el viento y el clima, es un tono infinitamente apacible, sutil, que hace resaltar los colores carne. En resumen, lo bastante azul como para reaccionar con todos los colores donde haya tonos naranjas ocultos y lo bastante apagado como para no desentonar.
El texto muestra no solo la sensibilidad del artista, su obsesión por sus materiales de trabajo (los colores), sino la habilidad de un escritor. Si queremos transmitir a los demás, tenemos que aprender a ver mejor que nadie, a mirar con ojos distintos. Van Gogh habla de colores, pero es nuestra responsabilidad asimilar con los cinco sentidos, para poder luego saber cómo expresar todas esas sensaciones y crear textos de gran riqueza.
Es además curioso cómo no hace falta utilizar todo lo que percibimos para transmitir esa riqueza al lector: no tenemos que hablar de absolutamente todos los olores que nos rodean; con expresar algunos en particular ofrecemos detalles que ayudan al lector a reconstruir todo lo demás; escribimos con mayor confianza y seguridad en el entorno que estamos creando. Esto se relaciona con teorías como la del iceberg de Hemingway, por la que no tenemos que compartir todos los detalles de una historia, pero sí debemos conocerlos nosotros, para crear esa multiplicación de sentido que suele encontrarse en los textos realmente buenos.
Es difícil eso de mirar. A mí me cuesta muchísimo. Tengo la cabeza siempre tan llena de cosas que no me fijo en lo que me rodea. Ayuda practicar alguna actividad que nos obligue a centrarnos en el momento, desde actividades chorras como apuntar todas las cosas azules que vemos yendo de paseo, hasta las prácticas de más largo alcance, como la meditación o el ejercicio físico, que nos obliga a centrarnos en el silencio, en el ahora de nuestra mente o cuerpo.
Hagáis lo que hagáis, no olvidéis llevar vuestra libreta/app de notas.
No seáis como yo. No dejéis escapar la idea perfecta.
Y recordad que esa mirada de artista tenéis que llevarla a todas partes. Incluso a la lectura. Porque leer es abrir los cerrojos de la mente, como explica Tim Parks.

Parks y la lectura como cerradura y llave

En un artículo reciente del siempre elocuente Tim Parks para el New York Review of Books, presenta una metáfora muy reveladora sobre el acto de leer. Leer es la llave para abrir una nueva cerradura en que se ha convertido nuestro cerebro. Mirad:
tim parks
Cuando percibimos algo por primera vez no llegamos realmente a percibirlo, porque carecemos de la estructura apropiada que nos permite hacerlo. Nuestro cerebro es como un artesano de cerraduras que crea una cerradura cuando decide que una llave es lo bastante interesante para ello. Pero cuando encontramos una llave por primera vez (por ejemplo, un poema nuevo, o una especie animal nueva), no existe una cerradura lista todavía para tal llave. O, para ser precisos, la llave no es siquiera una llave, ya que todavía no abre nada. Es una llave en potencia. No obstante, el encuentro entre el cerebro y esta llave potencial hace que comience la creación de una cerradura. La siguiente vez en que nos encontremos o percibamos el objeto/llave, abrirá la cerradura preparada a tal efecto en el cerebro.
Esta teoría es del filósofo y psicólogo Riccardo Manzotti, pero Parks la aplica a la lectura de un tipo de libro nuevo, revolucionario. Por eso es tan importante la relectura: solo una vez que se ha fabricado la cerradura, puede la llave abrirnos la puerta a un mundo desconocido de sensaciones e ideas. Con la música ocurre también: pensad en vuestra canción favorita. Es probable que la primera vez no os entusiasmara. A lo mejor pensasteis que era bonita, poco más. Sin saberlo, vuestro cerebro estaba ya creando la cerradura. A la siguiente escucha (o a la siguiente, o a la siguiente), la llave hizo clic, dio vuelta en su agujero y el placer llegó a inundaros.
Así, también, son las buenas lecturas. Nadie puede apreciar en toda su belleza la poesía de Lorca en una primera lectura (a mí me llevó años, mucho odio y unos cuantos cursos especializados). Nadie puede apreciar en todo su sentido el extravagante mareo sensorial y semiótico de Solaris, de Lem. Las buenas lecturas están hechas para rehacerse. No por ansia de control, por manía pedante, por obsesión por desentrañar los misterios de la escritura (así era un poco Nabokov, dice Parks), sino para poder, finalmente, capturar todo lo que no estábamos preparados para capturar.
Lo cual me recuerda que tengo que volver a leer Solaris.
Pero antes quiero hablaros de Derakhshan.

Derakhshan y la internet que tenemos que salvar

Creo que el artículo de Hossein Derakhshan, un bloguero que estuvo años en una cárcel iraní debido, en gran medida, a expresarse libremente en su página web, es de lo mejor que he leído en los últimos tiempos. Su texto es demoledor: tras seis años sin conexión, de repente se ve sumergido en un nuevo mundo virtual que no conoce: un mundo de Facebook y Twitter, donde la expresión escrita se ha vuelto cada vez más visual y más rápida. Seis años no son muchos, pero lo son cuando los ves desde la óptica de un hombre que alcanzó notoriedad ayudando a todo tipo de blogueros iraníes desde su web, cuyas palabras eran leídas y comentadas por personas incontables, y que ahora se lamenta de apenas poder conseguir cuatro o cinco “me gusta” desde su página de Facebook.
A raíz de algunos comentarios y sugerencias, estas últimas semanas he estado pensando en recortar un poco mis artículos. A veces han llegado a superar las 4000 palabras. Esas son muchas palabras para leer por internet.
Pero ¿lo son? ¿O es que estamos tan acostumbrados al formato rápido, a la lectura por encima, al clickbait, al SEO que ofrece frases básicas, casi sin sentido, que cualquier narrativa que nos obligue a dedicar más de dos minutos de nuestro tiempo nos resulta insoportable?
En las webs culturales anglosajonas noto cada vez más preferencia por el longform, por el artículo largo largo, como en un ataque meditado contra la velocidad del crecimiento del culo de Kim Kardashian y los extractos veloces, llenos de gifs animados, de Grey. Aquí, en España, algo vemos, pero incluso los grandes suplementos de cultura parecen querer restringirse a ese consumo limitado, a las-1000-palabras-ya-son-muchas. Más de una vez he leído un artículo de revistas supuestamente de alta vanguardia y he pensado: “Qué buenas ideas; lástima que parece que le ha costado hasta rellenar 500 palabras”.
Y, sí, 500 palabras cuestan cuando hablas del pijama de Belén Esteban. ¿Pero qué pasó con el análisis, con querer ir más allá de lo superficial? Lo sé: al ritmo que hay que publicar contenidos (¡y las tarifas a las que se pagan!), parece que no queda más remedio. Y hay que ofrecer contenidos que no cansen al pobre lector, a ese pobre lector saturado de información y estímulo.
Abogo por decir: “No”. Quiero contenidos de calidad, que se metan en materia. Quiero artículos como el de Derakhshan, como el de Parks, como el de Barnes, como los de Popova o Manson. El truco no es tanto la longitud (se pueden decir grandes verdades con brevedad, que se lo digan a Gracián), sino el no tener miedo a profundizar, a pensar, a analizar y a intentar presentar ideas que sean algo más que un copypaste de lo que están gritando en todas las demás redes de tu sector.
La brevedad es buena y necesaria. Es entretenida. Los artículos cortos, bien hechos, son perfectos para determinadas necesidades y tiempos. Pero démosle también nuestra atención a otro tipo de lectura. El entretenimiento y la inmediatez son elementos que nos distraen también de lo importante, de lo profundo, como diría Morozov (o Bradbury). Vamos a detenernos, a consumir despacio, sin prisa. Recuperemos la internet de antes. Recuperemos los blogs de antes. Decidamos a qué le dedicaremos nuestra lectura en diagonal y a qué le daremos atención plena y lenta. Sobre ello reflexiona Derakhshan:

hossein derakhshan

A veces pienso que igual me estoy haciendo demasiado estricto conforme pasan los años. Puede que esto sea todo una evolución natural de nuestra tecnología. Pero no puedo cerrar los ojos ante lo que está pasando: una pérdida de poder intelectual y de diversidad y todo lo que eso podría significar para estos tiempos tumultuosos. En el pasado, la red era lo bastante poderosa y seria como para que acabaras en la cárcel. Hoy no parece mucho más que entretenimiento. Tanto que incluso Irán no se toma algunas redes lo bastante en serio (Instagram, por ejemplo) como para bloquearlas.

Echo de menos la época en que la gente podía estar expuesta a diferentes opiniones, cuando se molestaban en leer más de un párrafo o 140 caracteres. Echo de menos los días en los que podía escribir algo en mi blog, publicarlo en mi propio dominio, sin tener que tomarme el mismo tiempo para promocionarlo en numerosas redes sociales; cuando a nadie le importaba lo del “me gusta” o “compartir”.

Esa es la red que recuerdo de antes de ir a la cárcel. Esa es la red que tenemos que salvar.

Y, ya que estamos, salvémonos también del leer por leer, de las acumulaciones de títulos leídos porque sí, de las lecturas obligatorias:

Varios autores y los grandes libros que no han leído

En un ejercicio cuyo objetivo se me escapa, un buen puñado de autores de renombre confesaron qué grandes libros nunca se habían leído. Y digo confesaron porque los mencionaban con una especie de culpa que no termino de entender:

libros no leídos

O, para ponerlo de forma más clara: somos nosotros, no él. No es culpa del autor o del texto; es culpa del lector. Alexander Chee comentó que se había mantenido alejado de otro clásico de (Gabriel García) Márquez en parte por su popularidad, que es la misma razón por la que uno de nosotros evita libros recientes que tienen cuentas de Twitter y de los que se habla en el mundillo literario; a veces, es simplemente mejor esperar a que los cumplidos disminuyan, para que el libro pueda leerse en el silencio de los pensamientos de uno.

Estoy de acuerdo con lo de los libros populares. Como ocurre con cualquier elemento mainstream, a veces se nos quitan las ganas de leer un libro precisamente porque todo el mundo habla de él. Pero comprendo las autoacusaciones: “He de confesar que no he leído…”, “me avergúenza decir que…”. Los propios redactores del artículo parecen enorgullecerse de que algunos grandes escritores sean tan humanos como ellos: ¡tampoco se han leído Cómo matar a un ruiseñor! Puede que este artículo sea el equivalente literario a ver que esa modelo o actriz perfecta que tanto envidiamos acaba de salir en la portada de Cuore con las tetas caídas y los muslos llenos de celulitis.

Creo que algunas obras son importantes; leer obras importantes es necesario en nuestro desarrollo como escritores y lectores. Pero si leyéramos todos los grandes libros, no tendríamos tiempo para leer los libros pequeños, aquellos que nos proporcionan el placer de lectura que nos impulsa a seguir abriendo libros. J. K. Rowling y Laura Gallego no pasarán a los anales de la historia como las mejores escritoras de nuestra generación, pero considero que han hecho más por la lectura en general que muchos de los integrados en el canon de Bloom, en el canon de cualquiera que se crea con derecho a decirnos qué debe permanecer en nuestro inconsciente cultural y qué no.

Si estabas leyendo a Harry Potter en vez de a Harper Lee, bien por ti. Bien por todos nosotros. No dejes la buena lectura de lado, ni la que está oficialmente reconocida como tal ni la que no lo está.

Hay que leer a los grandes. En ellos descubrimos lo más espléndido y lo más terrible del espíritu humano. Pero, por favor, que se acabe esta vergüenza por los libros que no hemos leído y las películas que no hemos visto y los discos que no hemos escuchado, como si la vida fuera una lista que hubiera que ir tachando para quedar bien en nuestros círculos habituales.

Así que hoy vamos a enfocarlo de otra forma:

¿Qué supuestos grandes libros no habéis leído y no sentís la más mínima culpa por ello?

 


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Lectores aéreos ya en preventa

mayo 25, 2015 — by Gabriella10

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Lectores aéreos gabriella campbell

Os prometo que ha habido momentos en que pensé que no llegaría este día.

Casas encantadas, drogadictos surrealistas, mantícoras asesinas, videntes con muy mala leche. Corazones de cristal, magos enamorados, reencarnaciones malditas, amantes en universos paralelos.

Todo está aquí, en Lectores aéreos.

Este eBook ya está en preventa a la venta en Amazon. ¡Y solo cuesta 2,99 €!

EDITANDO: En preventa A la venta ahora también en LEKTU (en formato tanto .epub como .mobi).


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Y si quieres leer un cachito del libro para ver si puede ser de tu gusto o no, aquí te dejo un pequeño .pdf de avance:

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Las bibliotecas más raras del mundo (y otros recortes de la semana)

mayo 22, 2015 — by Gabriella11

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Los anglosajones, con ese amor por la palabra compuesta, nueva, sensorial (a veces extrema) dicen cosas como book porn, y he de admitir que pornografía de libros no me termina de convencer. Así que, hasta que Fundeu no se pronuncie al respecto, voy a hablaros del book porn y de su máximo exponente: la fotografía de bibliotecas.

Oh, sí. Podéis poner todas las fotos que queráis en Instagram de vuestras colecciones monas de libros, de vuestras Billy de IKEA cargadas de tomos enciclopédicos y de novelas antiguas hasta los topes. No podéis competir con una buena biblioteca.

Por eso me encantó el artículo de Allison Meier para Hyperallergic, donde habla de un libro muy especial: el Improbable Libraries de Alex Johnson. Lo único mejor que una estantería sexy es una biblioteca improbable. Aquí os dejo con algunos de mis ejemplos favoritos:

Johnson y las bibliotecas más extrañas

Muchos habéis oído hablar de Alfa y Beto, los biblioburros que recorren Magdalena (Colombia) con libros en sus alforjas. Pero seguro que no conocíais al señor Dashdondog Jamba, que ha viajado por todas las provincias de Mongolia para llevarle libros a los niños. Jamba es escritor, traductor, editor y bibliotecario. Muchos de los libros que presta son suyos, otros son libros que ha traducido e impreso él mismo. Jamba no obtiene beneficios de su labor: aunque es un autor reconocido en su país, todo el dinero que proviene de la venta de sus libros se invierte en la creación de más obras que poder llevar a los sitios más remotos:

Jamba Dashdondog

No es el único, claro. A ciertas aldeas de Laos se va en elefante, como demuestran los participantes del proyecto Big Brother Mouse, que cuentan con Boom Boom entre sus empleados. Boom Boom significa libro en el idioma laosiano:

big brother mouse

Johnson no solo llena sus páginas de animales, también trae otras rarezas y maravillas como el Arma de Instrucción Masiva de Buenos Aires, una escultura itinerante diseñada para poder repartir 2500 libros:

Arma de instrucción masiva

Pero las bibliotecas extraordinarias no se crean solo para llegar a los medios rurales, a los pueblos perdidos. También pueden traer felicidad a los sitios donde, de hecho, más apetece leer un libro. Como a la playa. Esta sí que es una estantería de IKEA que merece la pena (en Bondi Beach, Sídney, Australia):

librería sydney ikea

Si queréis más imágenes de las bibliotecas más raras del mundo, echadle un vistazo al artículo de Meier o, mejor aún, comprad el libro original.

Orwell y la definición del buen escritor

Encontré esta cita de George Orwell en el libro Los ángeles que llevamos dentro, de Stephen Pinker, en un capítulo sobre el desdoblamiento de nuestra conciencia entre la realidad objetiva y el autoengaño. Orwell se refiere en la cita (sacada de 1984) a lo que hace a un buen gobernante, pero yo creo que es aplicable a lo que hace a un buen escritor. El escritor tiene también ese extraño desdoblamiento: por un lado, una parte de nosotros nos dice cuál es la realidad objetiva (eres bueno, eres malo, avanzas pero necesitas mejorar, etc.); por otra, nuestro cerebro intenta convencernos de algo muy diferente, ya sea por sobrestimar (eres la hostia en vinagre y todos los hombres y mujeres de esta habitación quieren tener sexo salvaje contigo; te conviene pensar esto porque así no tendrás que enfrentarte a la incómoda noción de que te queda mucho trabajo por delante) o por subestimar (eres una mierda y todos los hombres y mujeres de esta habitación quieren patearte la cabeza; es más fácil pensar esto y que luego no te lleves ninguna desilusión; es más fácil pensar esto para tener una excusa para no hacer el trabajo necesario para mejorar). Muchos pasamos de una perspectiva a otra de manera constante; otros se quedan en una o en otra, anclados en el autoengaño. Para ser realmente buenos escritores, para llegar a un punto perfecto de aprendizaje, progreso y confianza, hagamos caso de lo que decía el tito George:

george orwell 1984

(…) El secreto para gobernar es combinar una creencia en la propia infalibilidad con el poder de aprender de los errores del pasado.

¿Os imagináis eso? ¿Y si nos creyéramos infalibles? Es decir, ¿y si creyéramos que no podemos fallar, y si tuviéramos toda esa confianza? Eso sí, sería una confianza inteligente, una seguridad fruto de todo lo que hemos aprendido de los errores de nuestro pasado. Y cada vez que fallásemos, no importaría. Volveríamos a creernos infalibles, porque esta vez hemos aprendido; esta vez lo vamos a hacer bien, con todo el conocimiento del que disponemos gracias al fracaso.

Sería un autoengaño maravilloso. Adiós temores, adiós dudas incapacitadoras. Solo seguridad con cada nueva andanza.

Roy Peter Clark y el poder de las partes

Roy Peter Clark, escritor y profesor de escritores, dice que los autores profesionales suelen aprovechar solo un 10% de su material inicial. Todo eso con lo que empezamos (notas, apuntes, imágenes, ideas, esquemas) acabará en gran parte tirado a la basura. No se ha desaprovechado, todo ha sido parte de nuestro proceso mental. Para llegar a las ideas buenas hemos tenido que producir ese 90%. Clark habla de esa recopilación de ideas y material como un proceso muy personal, nada lineal, y no puedo estar más de acuerdo. Conozco escritores que se sientan a hacer un esquema sencillo de exposición-nudo-desenlace y preparan un borrador-esqueleto que luego van desarrollando. Yo lo he hecho en algunos proyectos menores y, sí, puede ser recomendable. Pero ahora mismo me veo sumergida en un caos extraordinario de fragmentos. Me encuentro inmersa en un bucle fabuloso que es la novela en la que estoy trabajando, una suerte de enciclopedia de minutiae cuyas partes crecen, se desarrollan y desaparecen. Es una locura. Es lento, alocado y poco recomendable. Es un montruo, pero estoy enamorada de este monstruo.

Clark dice esto hablando de ensayo y periodismo, pero me he sentido muy identificada como escritora de ficción:

roy peter clark

Este no es un proceso lineal. Para describirlo correctamente, necesitaría unos ciclos rotatorios o de doble hélice. Si no consigo seleccionar nada del material que tengo, me digo: “A lo mejor es que me falta el enfoque”. Si no encuentro el enfoque, me digo: “Tal vez no he reunido suficiente material”. Está siempre como retornando, en ciclo.

Ciclo de eterno retorno, como diría Nietzsche. Apunto, recojo, reflexiono. Enfoco, escribo. Apunto, recojo, reflexiono. Repetir hasta que la novela explote o, en su defecto, llegue el momento de la revisión profunda.

Lo dicho: no hagáis esto en casa.

Sobre todo si acabáis de empezar. Porque es mejor empezar por lo pequeñito, con los bichitos. Primero microrrelatos, tal vez poemas. Luego cuentos cortos. Cada vez irán saliendo más largos. Llegaréis al relato y os sonreírá con su boca descarnada, os morderá con toda su fiereza egoísta y os veréis atrapados por la novela corta. Y luego, grande y hambrienta, llegará la novela, tal vez, a reírse de vosotros. A señalar con su dedo índice alargado e imposible y a exigiros sacrificios de sangre.

Para entonces ya estáis perdidos.

Yo misma y Lectores aéreos

(por fin)

Por suerte para todos, aunque yo ya estoy secuestrada por un dinosaurio ominoso, hubo una época en la que fui sensata y escribí relatos. Escribí bastantes y elegí los que más me gustaban. Los desnudé y destripé, les quité gran parte de esa galantería artificiosa que acompaña siempre a los textos del pasado y los reuní en un libro.

Ese libro sale en preventa en Amazon el lunes.

Se llama Lectores aéreos y quiere que lo compréis y lo leáis. Es la única razón de su existencia. Hay magia, edificios vivos, reencarnaciones criminales, predicciones imposibles, viajeros en el tiempo, amores condenados y un pobre escritor plagiado.

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Y nada más que decir por hoy (bueno, sí, mucho más, pero los artículos han de terminar por algún sitio). Hasta el lunes, hasta el lunes, disfrutad del fin de semana.

Escribid, leed y fornicad salvajemente sobre el sofá de vuestros vecinos. No sé, por proponer algo un poco especial. Que luego acabamos haciendo siempre lo mismo.


 

*Nota: Gracias a Vladimir Vásquez por descubrirme la maravilla que es el recopilatorio online de la Fundación Nieman de Periodismo.

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Anima tu diálogo con la sexposición y una tortilla (y otros recortes literarios)

abril 17, 2015 — by Gabriella0

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Como todos los viernes, tengo mucho que contaros. Así que vamos directos a lo que vamos. A los mejores recortes de esta semana.

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¿Por qué lo llaman fantasía cuando quieren decir Tolkien? Cuatro medias verdades sobre el género fantástico

marzo 24, 2015 — by Gabriella33

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Hace no demasiado, escuché a un señor muy ilustre decir que no le gustaba la fantasía.

Se levantaron oes y aes entre los asistentes a su discurso (que no eran muchos, como en tantos discursos relacionados con lo fantástico), y exabruptos variados ante tal atrevimiento (algunos míos, lo reconozco). Con media sonrisa sabia, lo repitió: «No, a mí no me gusta la fantasía. Todos esos elfos y dragones y todo eso. No, a mí lo que me gusta es ese tipo de literatura que parece realista, donde puede llevarse todo hasta el límite, donde ocurren cosas maravillosas y extraordinarias». No fueron sus palabras exactas (mi memoria no es tan buena, y ese día todavía no había instalado Evernote en el móvil1), pero nos puso algún ejemplo y diríase que estaba hablando, sin saberlo, de la fantasía urbana. Podría también haberse referido al surrealismo, al realismo mágico o al slipstream en general, pero lo que me quedó cristalino es que confundía un apartado de la fantasía, la fantasía épica, con todas las variantes que pueden incluirse dentro del género.

Y no es rara esta confusión, desde luego. Siempre he escuchado a profesionales y expertos del género hablar de las diferencias entre ciencia ficción y fantasía (o entre fantasía y cualquier otra cosa), argumentando, una vez más, lo de los elfos, los mundos inventados, la magia y etc. Como si la fantasía se redujera a eso, o como si no existieran pasos entre los dos, puentes e híbridos. También hay debates interminables acerca de si es más fácil escribir fantasía o ci-fi. Yo diría que depende de cómo escribas y, ante todo, del tipo de fantasía o de ci-fi que escribas.

Tolkien es un referente imprescindible. Pero también ha hecho mucho daño. Él tampoco escribía de cero: tomaba temas y aspectos que se habían tratado antes, pero supo crear un mundo realmente inspirador. Tras él llegó una cola de imitadores dispuesta a seguir proporcionándonos historias de magos y héroes y enanos y trols. En un país y en una época en los que no era fácil encontrar fantasía que se apartara de esa cola, muchos crecimos asumiendo que Tigana era lo más raro que íbamos a leer dentro de ese género. Había honrosas excepciones (Ende se mantenía fijo en las estanterías de todos con Momo y La historia interminable, pero se le consideraba más un autor de “libros para niños” que un excepcional autor de fantástico). Por lo menos, creo que fue esa la experiencia de muchos de los que dependíamos de centros comerciales y de la paga semanal que nos daban nuestros padres para comprar libros.

Hice lo que muchos y recurrí a lo que se publicaba en esos momentos en otros países. Por suerte, yo era una chavala privilegiaba; mi padre viajaba mucho y me traía libros (¿recordáis aquellos tiempos preAmazon, preBookDepository, prePaypal?). Leer a Diana Wynne Jones cambió mi noción de lo que era fantasía (y lo que era juvenil) para siempre. Y luego le robé libros de Clive Barker a mi tía, conseguí convencer a mis padres de que los libros de Anne Rice no contenían sexo (¡no, para nada!), y de ahí me fui de perdida al río. Al final, tras libro tras libro de Dragonlance, la mayoría acabamos por cansarnos de los elfos, los enanos y las espadas y los conjuros, y decidimos cambiarnos de bando.

Fenómenos más recientes como Harry Potter han ayudado a deshacer, en parte, este daño de cara a la mayoría, esta percepción limitada de lo fantástico. ¡Una escuela de magos también puede ser fantasía! Pero Rowling no nos ha descubierto nada nuevo, en realidad; ahí estaba antes la ya mencionada Wynne Jones haciendo lo mismo con Witch Week y similares, o Jill Murphy con The Worst Witch. Pratchett empezó a copar las listas de superventas con algo casi inconcebible para el lector medio (¡fantasía cómica!), seguido al poco por Robert Rankin o Tom Holt, todos en la estela del maestro Douglas Adams.

Muchos lectores, del mismo modo que no asocian 1984 o Un mundo feliz con el término ciencia-ficción, no asocian Harry Potter con fantasía. Son libros para niños, para jóvenes. Fantasía son elfos, y espadas, y señores viejos de barba blanca que van con bastón, aunque no lo necesiten para caminar.

«Es que en el mundo hispanohablante no hay tradición de fantasía», he escuchado argumentar. Desde El Quijote hasta Cortázar, pasando por Borges y Bécquer, yo diría que tenemos una tradición fantástica fantástica, valga la redundancia. Tenemos también tradición épica: ahí tenéis el Cid, que no era precisamente realista. Pero seguimos pensando en elfos y magos y enanos.

Así, llegamos a esas sentencias que muchos, como yo, habréis oído en más de una ocasión, expuestas de una manera u otra. Los que seáis habituales del género no aprenderéis nada nuevo con este artículo, sin duda, pero os sorprendería (o no) descubrir la cantidad de lectores mainstream que creen lo siguiente a pies juntillas:

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Sorteo de libros de marzo: Reyes de aire y agua, y El color de la magia

marzo 23, 2015 — by Gabriella2

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Como ya sabéis, durante los últimos meses he estado sorteando libros en la lista de correo, generalmente ebooks escritos por autores españoles. Mas el sorteo de este mes no será como el de otros meses. Por razones, circunstancias y porque me viene bien y me apetece, este mes sortearé dos libros en papel. Y uno de ellos no será de un autor hispanohablante.

¿Cómo participar en el sorteo? Es muy sencillo. Solo tenéis que estar apuntados a mi lista de correo. Pinchad en este enlace, meted vuestro email y hala, facilísimo. Y si ya estabais apuntados, entráis automáticamente en el sorteo, no tenéis que hacer nada de nada.

Ahí van los dos títulos de este mes:

Reyes de aire y aguaReyes de aire y agua, de Jesús Fernández. He tenido una experiencia peculiar con este libro. De hecho, solo he leído la mitad. Este recopilatorio de relatos de Fernández es una muestra preciosa de cuentos de hadas y leyendas, todos con el toque muy personal de su autor.

La cosa es que últimamente no me apetece nada leer este tipo de fantasía. Me pasó con Stardust, de Neil Gaiman. Me parece un gran libro, pero me costó acabarlo. A veces que un libro sea bueno no es suficiente, tiene que apetecerte la temática.

Estuve dudando acerca de si sortear esta obra. ¿Cómo podía recomendar un libro que no he terminado? Pero creo que porque a alguien no le tire o guste un libro no significa que sea un mal libro. Todos los libros no son para todas las personas, y el trabajo de un lector profesional es saber analizar una obra independientemente de sus gustos y preferencias personales. Y en mi análisis yo diría que este es un libro excelente. (Y he de añadir: no sé a vosotros, pero la ilustración de Olga Esther para la portada me parece preciosa).

La prosa de Fernández es lírica sin ostentación, fluida y con un ritmo propio, casi melódico, perfecta para los temas que trata. Los relatos juguetean entre los límites de la fábula (Wendy de los gatos), la leyenda (Rafensthalf) y el cuento de hadas tradicional (El rey que no podía dormir). No son cuentos solo para niños, aunque estoy segura de que los niños los disfrutarán muchísimo, sino para cualquier lector amante de la fantasía popular, de la imaginación, de las historias narradas a la luz de la lumbre. En resumen, quiero sortear este libro para que llegue a las manos de alguien que aprecie toda la belleza y sentido de la maravilla que tiene que ofrecer. Y la editorial Cápside ha sido tan amable como para ofrecerme un ejemplar en papel. Así que el ganador o ganadora del sorteo recibirá en su domicilio un ejemplar físico tanto de este libro como de…

El color de la magiaEl color de la magia, de Terry Pratchett: Tras la muerte de sir Terry, muchos usamos un hashtag (#miprimerPratchett) para decir cuál había sido el primer libro de este autor que habíamos disfrutado. A mí me gustaría hacerle un pequeño homenaje a uno de mis escritores favoritos (o el favorito, directamente) regalando el primer Pratchett que leí: El color de la magia. Aunque por orden cronológico es el primer libro del Mundodisco, no sé si es el mejor para empezar, ya que la prosa es un poco más densa y el humor todavía no había encontrado su ritmo pratchettiano particular. Para mi gusto particular, Pratchett tardó un par de libros más en encontrar su voz (la diferencia de estilo entre La luz fantástica y Ritos iguales ya es apreciable, y a partir de ahí se desarrolló hasta llegar a algunos de sus libros más representativos, como Mort o Brujas de viaje). El color de la magia no es mi libro favorito del Mundodisco (eso se lo reservo a Regimiento monstruoso, pero mira que cuesta elegir), pero sí fue el primero que leí, atraída por la extravagante portada de Josh Kirby. Así que querría compartirlo con vosotros.

Si ya sois fans de Terry y ya habéis leído El color de la magia, ayudadme a difundir la Palabra. Si te toca el libro y ya lo tienes, regálalo a alguien que sabes que lo disfrutará.

Ahí los tenéis. Quien gane el sorteo se llevará estos dos libros muy mágicos. A final de mes recibiréis un correo con el resultado.

Y ahora os dejo, que ya sabéis lo que cuesta ponerse al día con todo tras el fin de semana.

¡Feliz lunes!

 

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Cómo elegir una empresa de autoedición: 11 consejos indispensables

marzo 3, 2015 — by Gabriella14

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Estás algo mareado. O mareada. Escribir es complicado, pero publicar… Publicar a veces parece imposible.

Le mandaste tu manuscrito a 33 editoriales.

Pasó un año y te respondieron dos, Una te contestó por error, y la otra te respondió para decirte que no. NO.

Comienzas a desesperarte, y ves un anuncio donde alguien te pregunta si quieres vender tropecientos mil libros y ser el próximo Dan Brown.

Tienes algo de dinero ahorrado y te planteas esto de la autoedición. Es tentador, ¿no?

No voy a entrar ahora en la conveniencia o no conveniencia de autoeditarse, ni siquiera en si es mejor recurrir a una empresa especializada que lo haga todo o si compensa más acudir directamente a los profesionales involucrados (diseñador, portadista, corrector, etc.). Una de las preguntas que me hacen más a menudo es qué editorial recomendaría para autoedición, en concreto para autoeditarse en papel.

La autoedición sigue en boga. Ahora todo se ha complicado, es cierto: ¿es mejor editar en papel o en ebook? ¿Puedo confiar en una sola empresa para que se ocupe de todo por mí?

En este artículo voy a concentrarme sobre todo en empresas que ofrecen autoedición de libros en formato tradicional (aunque, gracias a las imprentas digitales, muchas de estas empresas ahora ofrecen también conversión a formato digital, con su correspondiente puesta en plataformas y venta de ebooks). También daré unos apuntes acerca de otras opciones relacionadas.

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Sorteo de libros de febrero: Clara y la penumbra, y El final del duelo

febrero 20, 2015 — by Gabriella8

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Ya sabéis cómo va esto: vosotros os apuntáis a mi lista de correo y yo sorteo libros.

Y este mes os traigo un regalito muy jugoso. Perdonaréis que llegue un poco tarde (¡ya de febrero queda poco!); ya sabéis que he andado triscando por el norte y trabajando en proyectos variados, pero no falto a nuestra cita mensual de sorteo de libros.

Entre ellos, destaca uno del que os hablé la semana pasada. He iniciado una colaboración con LEKTU, la plataforma de venta de productos digitales de la que ya os he hablado en alguna ocasión (y más que me oiréis hablar ahora, claro). Empezamos la semana pasada, y escribí para ellos un artículo largo y extenso y prolongado sobre las 10 cosas que espero de un ebook. Ahí me dedico a quejarme de todas esas cosillas irritantes con las que me voy encontrando cuando me leo las docenas de avances que leo cada mes para elegir los libros que sorteo. Es realmente un fastidio, porque a veces doy con libros de contenido excelente que no puedo elegir debido a una mala maquetación, corrección, diseño, etc. Es mi intención solo sortear libros digitales que os proporcionen una experiencia lectora agradable.

Aquí os traigo los títulos de los libros electrónicos que sortearé a final de mes en la lista de correo. Os recuerdo que para participar hay que apuntarse a mi lista de correo (para ello solo tenéis que meter vuestros datos en el cuadrito que tenéis ahí, en la columna a vuestra derecha), un lugar espléndido y lleno de maravillas del que no querréis iros nunca (bueno, a lo mejor sí, pero dejad que viva en mi mundo de pis de unicornio e ilusión maltrecha). Si ya estáis apuntados a la lista, no os preocupéis, entráis en el sorteo automáticamente. Y si no sabéis de qué va la lista de correo y qué ventajas tiene, solo tenéis que pinchar aquí.

Sin más dilación, los libros:

ClaraylapenumbraXXLClara y la penumbra, de José Carlos Somoza. Somoza no necesita presentación, ya que es un autor que ha tenido sus triunfos no solo aquí, sino también en el extranjero (hasta ha salido reseñado en Salon). Entrevisté a José Carlos para Lecturalia hace un tiempo, y además he tenido el gusto de coincidir con él en algún que otro acto literario. Tenía ganas de coger alguno de sus libros desde que salió La dama número trece, y le pregunté a una de sus fans, Cristina Macía, cuál era su mejor libro. Cristina apuntó sin dudar a Clara y la penumbra, y allí mismo, en el festival Celsius de Avilés, me lo compré en tochaco, en una edición preciosa de tapa dura, que el autor me firmó in person.

Clara es un libro muy complejo, y hablar de él me resulta también complicado, por la sencilla razón de que hay cosas que amo del libro y cosas que no me gustan nada. Lo curioso es que las partes que no me gustan nada son, a su vez, logros acertados del autor. Esa frivolización del ser humano, ese uso (sobre todo de la mujer) como mero objeto estético y sensorial me resultaba repugnante, y reconozco que me costó mucho empatizar con los protagonistas, tan poco humanos, tan poco como nosotros. Y he ahí el logro, un logro que tal vez juega en su contra: Somoza crea un mundo alienígena, un mundo donde las personas pueden ser lienzos en vez de personas, con todo lo que eso implica. Añádele a eso un asesino en serie, un misterio por resolver, y ya tienes una novela negra muy distinta a todo lo que has leído hasta ahora.

¿Y respecto a lo que me gusta (y mucho) del libro? Dejémoslo en que la prosa de Somoza en este libro es algo extraordinario. Y digo lo de siempre, aunque no os toque en el sorteo, compradlo. Leedlo y disfrutadlo, porque es espectacular.

Como soy una pobre pobre escritora, tendréis que contentaros con la edición del libro en digital, que este sale de mi bolsillo. Ojo: no puedo responsabilizarme de la calidad de la edición en digital, ya que yo tengo el libro en papel y, al regalarlo a través de Amazon, no veré el ebook en sí. Asumo que Planeta hará ebooks medio decentes. Ya me contaréis.

el_final_del_duelo_1192_a4phmCLhMuy diferente es el segundo libro que he escogido: El final del duelo, de Alejandro Marcos Ortega. Elegí este libro por la sencilla razón de que acababa de comerme unos ocho avances de libros repletos de subordinadas larguísimas, adjetivos a mansalva, clichéis a tutiplén, incluso uno que solía decir cosas como aparato volador en vez de avión (MIRAD LO QUE HAGO POR VOSOTROS). Me iban a salir adverbios por las orejas, y entonces me leí el avance de Alejandro. La prosa, sencilla y muy eficiente, me cautivó. Y luego la historia me terminó de secuestrar por completo.

El final del duelo tiene poco que ver con el libro de fantasía medio. Para empezar, ni siquiera tenía muy claro en qué tipo de espacio temporal se movía la obra, y es que las descripciones son escuetas y escasas, con lo que la aparición de determinadas imágenes tiene un impacto muy conseguido. No era fantasía épica a lo medieval, aunque había duelos, y topónimos como Sombraseca, que grita “fantasía con elfos” en voz muy alta. Tampoco era ciencia ficción, ni nada futurista. Hay combates de magia a lo manga o a lo videojuego (o a lo laser tag). Hay personajes femeninos potentes. Hay una historia de amor melancólica e imposible.

Hay gente homosexual. Y bisexual. Y es lo más normal del mundo. A nadie le sorprende.

Esto a muchos os parecerá una tontería y la verdad es que apenas tiene incidencia en la novela. Pero cuando te vas deslizando por la escala de Kinsey como si fuera un tobogán y te pasas la vida leyendo una historia tras otra tras otra tras otra de chico-conoce-a-chica-y-se-besan-muy-heterosexualmente, no os podéis imaginar el aburrimiento. Desde siempre, me he lanzado cual águila feroz sobre libros que trataban sexualidades alternativas de forma respetuosa (y si había sexo, mucho mejor, aunque os adelanto que en la novela de Alejandro es todo muy casto). Casi todo lo que escribo va también en esa dirección, y la falta de buenos personajes no heterosexuales es un tema del que me he quejado muy amargamente en varias ocasiones (de nuevo, en Lecturalia; el escritor de juvenil David Lozano también habla de ello en un artículo muy completo aquí en su blog). Así que encontrármelo sin esperarlo (porque en fantasía, sobre todo en fantasía nacional, es bastante raro) fue la guinda sobre un pastel delicioso.

No todo es genial y maravilloso en El final del duelo. Hay problemillas formales: comas que faltan o sobran, leísmos, repeticiones y alguna que otra frase malograda que podría haberse arreglado fácilmente con una corrección de estilo, aunque seguro que para lectores que no estén tan profesionalmente deformados como yo esto no supondrá ningún problema. La narración, en una muy eficiente y original segunda persona, depende de la reflexión del protagonista y esta puede hacerse también repetitiva, ya que insiste, como es lógico, una y otra vez en sus obsesiones particulares. Pero ninguno de estos peros pueden hacer sombra a una historia realmente notable, a un diseño y maquetación cuidados y agradables, y a unos personajes muy humanos a los que me encantaría ver de nuevo en algún otro texto. Como comenté en Goodreads, me alegra que esta sea una primera novela, porque eso me indica que, con suerte, tendremos mucho más, y seguramente hasta mejor. Enhorabuena a Alejandro por una opera prima francamente digna de admiración (¡y envidia!).

Así que mil gracias a Orciny Press por su buen trabajo en la edición, por arriesgar por una primera novela, y por ser tan tremendamente amables como para regalarme un ejemplar de cortesía en ebook de El final del duelo cuando se lo pedí. ¡Gracias!

En cuanto a vosotros: ahí lo tenéis. Si no estáis apuntados ya, id corriendo, que os podéis llevar estas lecturas de gratis, porque sí. Y si no ganáis, lo dicho: compradlos, que merecen mucho la pena.

 

 

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10 regalos literarios para San Valentín que no encontrarás en las listas de siempre

febrero 9, 2015 — by Gabriella6

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Llegó ese momento del año, adorado por muchos y temido por otros tantos.

14 de febrero. San Valentín.

Nunca me ha gustado sumarme a la moda de las recomendaciones de San Valentín. No es que tenga nada en contra de dedicar un día al amor (aunque es una fiesta comercial, hace sentirse mal a los que no tienen pareja, deberíamos dedicarle al amor todos los días del año y blablablá). Pero sí me cansa ver las listas de siempre en esta época: los regalos perfectos para él, los regalos perfectos para ella (por lo visto no podemos coincidir), los poemas más bonitos, los libros ideales.

Si yo le regalara uno de esos “libros ideales” a mi pareja, no creo que lo hiciera muy feliz. Y si él apareciera con una caja de bombones (no soy muy aficionada al chocolate), un ramo de rosas de precio inflado (con lo bonitas que están plantadas y vivas) y un librito de rimas de Bécquer, andaría ya buscando un sacerdote especializado en exorcismo.

No digo que estas cosas estén mal. Pero sé que hay muchos ahí fuera a quienes no gustan estos regalos típicos ni estas listas anuales. No todas las ideas acerca del amor navegan alrededor de El cuaderno de Noah, ositos rosas de peluche y cajitas de chocolate en forma de corazón.

Así que he intentado ofrecer alguna otra opción para los que empiezan a cansarse de tanto «me gusta cuando callas porque estás como ausente…» (porque cuando quieres a alguien normalmente te interesa lo que tiene que decir). Si estás aquí, leyendo esto, asumo que la persona a la que pretendes agasajar para el 14 (o para cualquier otro día del año) es también amante de la lectura, así que allá van:

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1. En vez de Pablo Neruda, Leopoldo María Panero

Ya que hemos empezado hablando del poeta chileno, sigamos con él. Neruda parece haber sufrido el mismo destino que cualquier canción hermosa pero pegadiza que, de tanto radiarse, acaba por convertirse en parte del elenco pop repetitivo de música de hilo musical de supermercado. Si Pablo todavía hace que las cuerdas de tu corazón vibren, genial, pero, para los que empiezan a cansarse, ¿por qué no recurrir a otros clásicos? ¿Qué hay de los románticos, en el verdadero sentido de la palabra, de ese Byron, de Shelley? ¿Y de los griegos y los romanos: Safo, Catulo, Propercio y compañía? ¿Qué hay de los malditos, de Rilke, de Baudelaire? Y, hablando de malditos, siempre podéis regalar este poema de Panero (dejando claro que no es vuestro, pillines), donde le dice a Mercedes Blanco: “Te aguardo / al final del camino: no te ofrezco / ningún gozo / acompáñame en la tumba”, en una maravillosa y triste reflexión sobre la realidad del recuerdo y la (im)posibilidad del amor eterno. (Poema completo aquí).

2. En vez de Cincuenta sombras de Grey, Historia de O

Vale, Historia de O tampoco es un ejemplo de una relación BDSM sana, pero os puedo asegurar que está bastante mejor escrita. Para aprender más, de una forma más realista, sobre relaciones de D/s (dominación y sumisión), S&M (sadismo y masoquismo) y todo lo relacionado, es muy recomendable la web de La mosca cojonera, sobre todo este post, que sirve como introducción para mujeres que se han podido plantear eso de la sumisión y derivados.

Las obras de Sacher-Masoch y del marqués de Sade tampoco son la mejor manera de acercarse al sadomasoquismo, pero tienen un innegable valor estético e histórico, por lo que se llevan aquí una mención.

3. Y si no te va lo del BDSM…

Lo erótico no tiene por qué ser cutre ni ñoño, terreno exclusivo de la novela rosa menos afortunada. Ahí tenemos los grandes clásicos (Delta de Venus, Trópico de Cáncer, Memorias de una cantante alemana, ¡Las once mil vergas!, y una larga lista más). Y no es la novela el único formato: en la novela gráfica también encontramos maravillas, como vemos en esta lista donde aparecen nombres tan conocidos como Milo Manara. ¿Sabíais además que algunos de los dibujantes y creadores más conocidos tuvieron también una vertiente algo guarrilla?

Pero a veces no es lo explícito lo que más nos excita, sino escenas puntuales, discretas, dentro de una historia creíble. Recuerdo que en la novela de fantasía de Robin McKinley Sunshine (¡una novela de vampiros con un vampiro que no es guapo!) hay una sola escena sexual, en la que además no ocurre nada de nada (los dos protagonistas están encerrados en un espacio mínimo y él no puede evitar tener una erección contra el cuerpo de ella) y, sin embargo, hay más tensión y erotismo en ese breve momento que en muchas otras novelas donde se narran actos de índole sexual de principio a fin. Muchas veces se trata más del “precalentamiento” que del acto en sí.

Y hablando de vampiros…

4. En vez de Crepúsculo, El diario secreto de Laszlo, conde Drácula

Probablemente si lo leyera ahora, El diario secreto de Roderick Anscombe, me parecería bastante ligero y mojigato, pero era muy jovencita cuando cayó en mis manos. Esto fue antes de la explosión de Anne Rice y sus vampiros omnisexuales, así que fue todo un descubrimiento. No es el único ejemplo, claro: el mismísimo Drácula de Stoker tiene un contenido sensual indiscutible, al igual que narraciones tan antiguas como El vampiro, de Polidori (basado en la figura de Lord Byron) o Carmilla, de Sheridan Le Fanu, donde la relación entre vampirismo y sexualidad tabú (en este caso, lesbianismo), es evidente. Y, hablando de sexualidad no normativa:

5. En vez de pareja, trío (o lo que quieras)

San Valentín perpetúa la noción de relación monógama que estamos acostumbrados a ver en todas partes. Por suerte, poco a poco esto empieza a cambiar, haciéndose más inclusivo. San Valentín no tiene que ser solo para un hombre y una mujer, ni para una pareja. Si te apetece leer un poco sobre formas diferentes de concebir las relaciones, Ética promiscua, publicado en España por la editorial Melusina, es un lugar interesante donde empezar.

Aunque tal vez algunas de las nociones y términos estén ya un poco anticuados, también tenéis aquí este pequeño artículo introductorio que escribí sobre el tema del poliamor.

En cuanto a lo no heteronormativo…

6. En vez de Romeo y Julieta, Nadan dos chicos

Aunque Romeo y Julieta, como cualquier obra de Shakespeare, es de lo más recomendable, no solo de la unión de hombre y mujer vive la literatura. Ya me habréis oído hablar de Nadan dos chicos, la maravillosa obra de Jamie O’Neill, pero nunca me cansaré de recomendarla. ¿Queréis tragedia sobre un fondo histórico? Con los dos chicos del título tenéis de sobra, creedme. Tiene que haber sido difícil traducir la complejísima prosa de O’Neill (leí el original en inglés), pero, según me cuentan, Pre-textos ha hecho una labor estupenda. Y si queréis chicas, Sarah Waters es una de las grandes favoritas; su historia sobre dos jóvenes enamoradas en la Inglaterra victoriana El lustre de la perla (ejem), le ha valido críticas realmente excelentes. Para más obras de temática no heterosexual, Estandarte ofrece una lista incompleta, pero interesante para empezar, y aquí hay otra más larga (en inglés) y aquí hay otra, también en inglés, muy muy larga.

7. En vez de libros, objetos relacionados con libros

Que tu amado/a adore los libros probablemente significa que adora todo tipo de cosas relacionadas con los libros. En sitios como Etsy, Artesanio o Dawanda podrás encontrar muchísimos regalos hechos a mano especialmente para aquellos que aman los libros. Como por ejemplo este pañuelo de Alicia en el país de las maravillas, este póster con una tabla periódica con las grandes obras de la literatura o tapas para lectores electrónicos que hacen que parezcan libros tradicionales. Y puede ir uno más allá: resulta que hay velas con el olor a libro que decimos que echamos de menos.

Si falla la imaginación, yo creo que hay una solución muy atractiva: busca el libro favorito de tu pareja, encuentra una imagen a buena resolución de la portada y encarga a una copistería o imprenta (física u online) que te lo saque en un tamaño adecuado para enmarcarlo y ofrecerlo como regalo decorativo.

8. En vez de lo fácil… lo facilísimo

¿Sabéis qué es aún más fácil que comprar los libros consabidos por San Valentín? Un libro que a ella (o a él, ¡o a ellos!) realmente le guste. Si tiene lista de los deseos en Amazon, Bookdepository y similar, lo tienes muy sencillo. Si no lo tiene, aún mejor, propongo un juego:

Pídele a tu amado/a que cree una lista de los deseos. Que escriba una lista de treinta libros que quiere tener. O cuarenta. Cuantos más mejor. Como si son cien.

Luego, cómprale uno de esos libros. O dos. O tres. Los que te permita tu presupuesto. También cuantos más mejor. Puede parecer que esto no es genial, porque no es una sorpresa, ¡ahí te equivocas! Primero, por la sorpresa de qué libros habrás elegido de todos los que sabes que él/ella quiere. Segundo, porque con cada libro irá una nota con la explicación de por qué lo elegiste.

No solo compras algo que él o ella realmente quiere, algo que conservará siempre, sino que le demuestras que te importa lo suficiente como para realmente reflexionar sobre cómo y por qué es importante ese regalo. Y si encima te trabajas la presentación, mejor (una caja gigante llena de papeles y libros; un envío intermitente desde Amazon, con notas por email de por qué has elegido cada libro; ¡incluso una caza del tesoro con libros escondidos y pistas!).

9. ¿En vez de un texto ajeno, uno propio?

En los consejos para San Valentín es frecuente leer aquello del poema o la carta romántica. Escríbela del corazón, dicen. Se derretirá, dicen.

No todos tenemos talento para eso de escribir cosas románticas sin parecer unos empalagosos. Dicen que la carta de amor nunca pasará de moda, sobre todo si está manuscrita, y que hasta el poema más ridículo puede ser hermoso a ojos del amante.

Solo que… no, no lo es. Sigue siendo ridículo, y si tu amado o amada es un lector ferviente, sabrá reconocer un mal poema a kilómetros de distancia.

Este consejo es un arma de doble filo. Si no sabes absolutamente al 100% que tu amado/a adora todo lo que le escribes, mejor no arriesgarse. Después de todo, mira que es difícil y frustrante sonreír y fingir que te ha gustado un regalo cuando no ha sido así. Pero si aun así quieres seguir adelante, ahí van algunos puntos para asegurarte de no fastidiarla demasiado:

  • Los poemas no tienen que rimar. De hecho, a no ser que lo tuyo sea el verso alejandrino avanzado, mejor evita la rima y punto.
  • Los tópicos aburren. Si has leído un símil o una metáfora antes más de una vez, no la uses.
  • Usa vuestro lenguaje, esas palabras y expresiones que son solo vuestras: huye del artificio.
  • NUNCA uses papel perfumado. A no ser que seas una dama decimonónica de clase alta, en cuyo caso, adelante. Y de color lila.
  • Acompaña el escrito con un buen regalo (cualquiera de los especificados en los puntos anteriores sirve). Por si acaso.

Y, para terminar, mi “en vez de” favorito:

10. En vez de un libro, el tiempo para compartir libros

Tal vez es porque mi pareja y yo vivimos lejos, y para mí lo más valioso es tener tiempo juntos. Cualquier inversión en regalos prefiero realizarlas en billetes de avión, tren u hotel. Pero pocas cosas tan románticas hay como estar en la misma habitación acurrucados, leyendo juntos. Compartiendo los párrafos que nos gustan, comentando todo aquello que nos parece genial.

Si tu pareja es, como tú, un lector, qué mejor que compartir un buen rato de lectura. Apartar un tiempo para leer, solo para vosotros.


Y nada más, que disfrutéis del 14 cuando llegue y que convirtáis todo ese afán consumista y ñoño y rosa y rojo en algo solo vuestro. O el 15, o el 13, o cuando queráis.

Nunca he estado muy de acuerdo con aquello de ponerse triste en San Valentín si estás solo/a, por cierto. Una fiesta es una fiesta, y yo soy muy de aprovechar las fiestas. ¿Qué mejor manera para celebrar tu amor con la persona a la que más quieres en el mundo?

Sí, eso es. A ti mismo/a.

Bonus: 11. En vez de sentirse solo y lloriquear, esto:

94635-Reading-And-Wine(Que además puede hacerse dentro de una bañera con agua caliente y espuma. Casi nada).

¿Y vosotros? ¿Cuál creéis que es el mejor libro para San Valentín?

 

 

 

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¿Cómo se escribe un librojuego? Tres autores nos dan su respuesta

febrero 3, 2015 — by Gabriella6

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Esos librojuegos de toda la vida

Seguro que los recordáis. Los libros que entretuvieron a toda una generación. Libros donde tú, el protagonista (porque siempre eran chicos, ajem), tenías que salvar al mundo y, según tus decisiones, triunfabas o morías de alguna forma francamente patética.

aventurasinfinLos más populares fueron, sin duda, los que formaban la serie Elige tu propia aventura, (de los que SM ha reeditado hace poco algunos números, respetando las cubiertas e ilustraciones ochentosas originales), pero yo siempre recordaré con cariño los de temática fantástica de Timun Mas, los de la serie Dungeons & Dragons, en concreto Las alas del dragón. Si buscas este libro en Goodreads, las reseñas no son muy emocionantes, por lo que quizá no es un libro tan bueno como yo lo recordaba, pero también es cierto que pasé gran parte de mi niñez y adolescencia fascinada con los dragones, tal vez desde mi primer encuentro con Smaug en El hobbit o con el genial Falkor de La historia interminable. Cualquier cosa donde saliera un dragón me valía (y ahí empecé a saturarme y a entender que en la fantasía épica sobra muuuuchas muchas obras).

Ahora parece que la idea del librojuego ha vuelto para quedarse. Además, con las nuevas tecnologías y la influencia de ese gran vehículo narrativo que es el videojuego, tenemos otras variantes aún más interactivas. Así que he querido entrevistar a tres autores, para que nos hablen de tres tipos de librojuego muy diferentes. Por supuesto hay más, y con esto apenas arañamos la superficie, pero como sabéis que soy una cotilla y me encanta husmear en el proceso de trabajo de los escritores, aquí os traigo tres muestras de lo más interesantes.

Para el librojuego “tradicional”, he hablado con Víctor Conde (tenéis una entrevista muy completa con él sobre este tema, además, en la web de librojuegos.org). Conde publica librojuegos sobre todo con la editorial Hidra, cuya colección podéis ver aquí, y de su proceso de trabajo nos dice lo siguiente:

Para mí, el proceso de escritura de estos libros es sencillo. Se basa en dos conceptos primarios, el de los hitos-isla, y el de los finales eclécticos. Los hitos-isla son pequeños puntos dentro de la trama general donde convergen todas las líneas de acción abiertas hasta ese momento, de forma que tomes por el camino que tomes al final acabas “recalando” en una de estas islas como paso al siguiente nivel de la aventura. Eso permite planificar mejor los hilos argumentales, porque los tratas por sectores. Y lo de los finales eclécticos es una forma de decir que siempre hay que variar las temáticas dentro de un librojuego. Por ejemplo, aunque el tema principal del libro actual que estoy escribiendo sean las pirámides de Egipto, habrá hilos argumentales que te llevarán a encontrar vikingos, u OVNIS. Mientras más variado sea el librojuego y más sorpresas guarde, más satisfactorio será para el lector.

No parece demasiado complicado, ¿verdad? Pero puede serlo. Cada maestrillo tiene su librillo, como nos demuestra mi siguiente entrevistada, Paty C. Marín.

Librojuegos eróticos

Paty tiene la peculiaridad de que escribe un tipo de librojuego muy especial, el librojuego erótico. ¿Le da todo un nuevo significado a lo de “juego”, cierto? Y sospecho que aquí la única muerte con la que te topas por cada decisión es lo que los franceses llaman la petite mort, que es una muerte bastante más divertida que la de los librojuegos tradicionales. Esto es lo que nos cuenta Paty:

En el librojuego que trabajo, el argumento y los personajes están definidos como en una novela. El librojuego erótico más sencillo que he escrito es ese en el que la protagonista femenina desea al protagonista masculino y mediante las decisiones del lector esta protagonista ve cumplidas sus fantasías; o, si es demasiado cobarde en sus decisiones, acaba insatisfecha. Ahora trabajo en otro tipo de librojuego en el que la protagonista tiene un propósito en la vida y hay un personaje masculino que la acompaña durante la historia. Con sus decisiones, el lector será quién decida qué tipo de relación existirá entre los personajes, si es más romántica o más erótica, y si la protagonista arriesgará para cumplir con su propósito.

En el ejemplo sencillo, hay una chica que siente atracción o interés por un chico y hace falta un detonante, a partir del cual empezarán a surgir las decisiones. Esa será la introducción. Antes de ponerme a escribir necesito definir los finales, cuántos desenlaces posibles existen y qué diferencia hay entre uno y otro (el final bueno, el peor final, uno que sea inesperado, etc). Después empiezo a hacer un esquema donde cada escena tiene dos o tres posibilidades, y a su vez esas escenas tendrán dos o tres posibles caminos. Cada decisión debe estar dirigida a un desenlace y de ese modo te obligas a seguir un hilo y no te pierdes por el camino. Algo que pasa siempre es que a la hora de escribir empiezan a salir caminos o situaciones no previstas en el esquema. En ese caso hay que ver si esa escena aporta alguna diferencia, es mejor que la que tenías o es lo mismo pero con otro sabor. Para facilitar un poco la tarea siempre trabajo con diferentes escenarios y, dada la temática, con diferentes tipos de fantasías, desde las más inocentes a las más atrevidas, o desde las más sensuales a las más sexuales, jugando con las ganas que tenga el lector de leer una cosa u otra. También juego con lo que yo llamo “recompensas”, de modo que si el lector toma decisiones arriesgadas obtiene desenlaces más satisfactorios que si hubiese tomado decisiones más sencillas o aburridas.

Trabajo estos libros de dos maneras: usando un panel de corcho con chinchetas de colores:

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y una libreta donde anoto una lista de cosas que quiero que aparezcan y hago los esquemas con flechas:foto2(2)foto2(3)foto2

 

Mestizos virtuales: Los gamebooks

¿Y qué ocurre cuando cogemos la dinámica del librojuego y la mezclamos con la de los juegos de rol y los videojuegos en general? Conseguimos cosas como los gamebooks que ofrece Cubus Games, juegos de decisión pensados para el móvil. La definición de su producto viene bastante bien explicada en este gráfico:

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Uno de sus creadores, Jaume Carballo, nos explica mediante imágenes y comentarios cómo es el proceso de creación narrativa:

IMG_20150114_1726131. Papeles sueltos con revisiones de estructura de algunos gamebooks. Un gamebook tiene varios hilos argumentales, así que para encontrar errores de estructura es deseable revisar todas y cada una de las secciones, ver de dónde viene, a dónde va, y ver que todo cuadra. Este proceso lo realizo en un dispositivo llamado libreta de anillas mediante un boli Bic cristal de última generación (de plástico en lugar de cristal). Los papeles suelos de la foto son re-revisiones de ciertos fragmentos complejos, en los que en la primera revisión mediante libreta de anillas y boli Bic cristal me hice la picha un lío.

 

IMG_20150114_1716312. En esta foto se aprecian un montón de números tachados. Algunos de ellos corresponden a la lista de ids, números de identificación de items del gamebook. Los escribo y los tacho para saber por qué número voy (no se pueden repetir). Lo mismo con número de secciones. Debo decir, en mi defensa, que actualmente la libreta de anillas y el boli Bic cristal han hecho un level up hacia hoja de Excel, que parece más profesional (por eso de que desarrollamos gamebooks en formato appinteractive storytelling del bueno y todo eso). Decidí hacerlo al ver que la mujer de la limpieza de la oficina miraba mis papeles como si fueran basura, temiendo que fueran a parar a la papelera de reciclaje (la física, claro, no la del escritorio).

 

IMG_20150114_1725033.Esta foto me gusta especialmente. Es un minijuego pensado para el gamebook La Feria Tenebrosa, donde el usuario debe formar una palabra a partir de fichas con letras, tipo Scrabble. Para facilitar la labor del usuario la idea era que las fichas no fuesen todas cuadradas, sino más bien tipo puzzle. Así, aquellos que nunca aciertan las palabras de la “Ruleta de la Fortuna” podrían tirar por lo menos de observación y entrever la respuesta. Finalmente, mi yo perverso (el 90% de mí) decidió dejar las fichas cuadradas, aunque no recuerdo si fue realmente un acto vil premeditado o simplemente fue falta de tiempo de diseñar las fichas en plan puzzle (probablemente fue un poco de cada).

 

IMG_20150114_1715544. Aquí se aprecia lo que yo llamo mi rincón creativo. Sí, es un rincón de la mesa lleno de lo que la mujer de la limpieza cree porquería, pero es que ella no entiende de esto. Aunque, todo hay que decirlo, así como pasa con las meigas, haberla, haila (de porquería, digo). En este rincón, así como en varios otros dispersos estratégicamente por mi lugar de trabajo, hay ideas varias, anotaciones, revisiones, cosas geniales, o que por lo menos me parecieron geniales en su día. De vez en cuando acudo a estos rincones en busca de inspiración (y trozos de galleta revenida), rescatando del pasado algunas ideas que pasaron por las fases “esto es genial”, “esto es una mierda”, “esto era brutal, ¿por qué no lo usaría en su día?”. A veces estas fases son acumulativas y se repiten en bucle hasta que la idea termina metafóricamente en la basura (el papel dónde está escrita pasa a ella físicamente) o es usada en algún producto. Soy bastante de guardar estas ideas y no descartarlas definitivamente (¿síndrome de Diógenes literario?), así que mis rincones creativos aumentan de tamaño periódicamente, y si disminuyen es, probablemente, debido a la mujer de la limpieza.
Aquí también he aplicado el factor level up. No solo tengo los rincones llenos de ideas/futuros proyectos/porquería, también la mayor parte del disco duro del ordenador. De hecho, he alcanzado cierta condición divina en este level up, así que estoy llenando también la nube.

 

IMG_20150114_1721285. Más libreta de anillas con revisiones realizadas mediante boli Bic cristal. Si alguien no entiende ciertos símbolos extraños parecidos al libreto de una misa negra satánica, que no se asuste: es catalán. Mis libretas de anillas contienes textos en catalán, castellano e inglés indistintamente. No me estoy haciendo el chulo, es que mi cerebro funciona diferente (eso es lo que le digo cada semana a ese espía ruso que dice ser mi psiquiatra, aunque el elefante rosa de detrás me guiña constantemente el ojo, como diciendo “¡no le digas nada, insensato!”).

 

IMG_20150114_1714016. Papel suelto con esbozos de diseño para un gamebook, realizados mediante (¿Photoshop? ¿Illustrator? ¿Corel Painter? ¿El Paint, por lo menos? No) boli Bic cristal. Como decía mi viejo profesor de dibujo (era viejo, de veras): “Chavales, hasta el Ferrari último modelo ha sido primero concebido con un lápiz y una hoja de papel”. Jamás entendí qué quería decir, pero lo pongo aquí que me hace gracia.

 

IMG_20150114_1718387.- Ver número 5.
En cuanto a procesos creativos del viejo arte de escribir (ya sea una novela, un guión o un gamebook), el mejor soporte es siempre el cerebro: decenas de ideas, argumentos, personajes, frases épicas, títulos geniales… rondando por la cabeza en una lucha evolutiva constante y a muerte, a base de impulsos eléctricos y hormonas segregadas, hasta que solo las mejores sobreviven. Esas son las que se quedan ahí durante años, madurando, listas para pasar a la libreta de anillas. O eso o esfuerzo y tesón, que tampoco vienen nunca mal. Y lo del cerebro no lo digo en coña. Dave Morris usa un sistema todavía más hermoso, algo así como “Pienso en algo, le doy vueltas y lo meto en el subconsciente, para que lo trabaje y lo moldee. Tiempo después (semanas, meses, años) vuelve a mi consciente, ya maduro, con una forma más determinada, mejor”. ¡Gran tipo este Morris!

 

¿Y vosotros? ¿Habéis comprado algún librojuego recientemente? ¿O preferís recordar con nostalgia aquellas obras de los ochenta? Como siempre, los comentarios son todo vuestros (bueno, todo no. En parte pertenecen a WordPress y a un servidor en Australia, creo).
Nota: Aquí os dejo el enlace (en inglés) a los pasos descritos por Ben Serviss para juegos de narración interactiva, también muy interesantes. Gracias a Ruber Eaglenest por el soplo.
(Y recuerda: si te ha gustado este artículo, comparte).