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Enfoque disperso: usa el poder de la atención creativa

mayo 23, 2019 — by Gabriella3

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Enfoque disperso: usa el poder de la atención creativa

mayo 23, 2019 — by Gabriella3

“Me siento delante del ordenador, pero el texto no fluye como antes —me decía un amigo escritor— . No sé qué me pasa“.

Nunca ha tenido problemas para encontrar ideas, pero en el último par de años le cuesta escribir con fluidez. La calidad no ha disminuido, pero el proceso es cada vez más tortuoso y menos satisfactorio. Revisamos las razones habituales: las cuestiones psicológicas que hay detrás de los bloqueos. Damos con algunos puntos importantes, pero nos sigue faltando una pieza crucial del puzle. Tras muchas vueltas, comenta que antes daba largos paseos donde rumiaba aspectos de su escritura: tramas, personajes, estructuras. En el último par de años sigue con los paseos, pero está más pendiente del móvil que de otra cosa.

Cuando tú lo que quieres es escribir pero hay pikachus en tu zona.

Le pido que pruebe a dejar el móvil en casa. Ambos nos reímos del chiste, pero consigo convencerlo de que por lo menos se lo deje en el bolsillo, que lo saque solo al final del paseo, ya de camino a casa.

Al día siguiente ya me está hablando de cómo ha arreglado varios nudos de trama. Está lleno de ideas y motivación. “Ahora recuerdo por qué daba esos paseos —me dice—. Es que era así como escribía“.

La magia del cubo de las ideas

Como autores y artistas sabemos que es importante combinar el trabajo de escribir, corregir, editar y todo lo demás con el trabajo puramente creativo, ese “cubo” que llenamos de inspiración, ideas y motivación.

Pero como en esta vida no hay nada fácil ni sencillo, resulta que ese cubo tiene formatos distintos, todos muy aprovechables, y probablemente solo estés usando uno de ellos. Ese cubo tiene muchos nombres, pero a mí me gusta enfoque disperso (scatterfocus), la definición que usa Chris Bailey.

En el artículo anterior hablamos del hiperenfoque, la atención absoluta que prestamos a tareas de trabajo importante, profundo, deliberado. También mencionamos ese otro tipo de concentración: un enfoque disperso, que nos ayuda a descansar y a inspirarnos.

Esto me lleva a tres cosas que yo no tenía del todo claras, y que a lo mejor a ti también te resultan reveladoras:

1. El enfoque disperso es ABSOLUTAMENTE NECESARIO para el hiperenfoque

Junto con el sueño, es la manera en la que limpiamos nuestra atención de ese residuo acumulativo que se carga nuestra concentración. Enfoque disperso e hiperenfoque se necesitan el uno del otro, son complementarios y codependientes. La energía y atención que se gastan con el hiperenfoque se reponen mediante el enfoque disperso. Pero antes de que te des palmaditas en la espalda por tirarte horas viendo Netflix (porque te “inspira”), lee el resto del artículo para entender qué es enfoque disperso y qué es una excusa para… erm… para ver series en Netflix.

2. Hay distintos tipos de enfoque disperso y cada uno cumple una función

Crear una balanza entre estos distintos tipos y tu tiempo de hiperenfoque es un proceso delicado, pero, una vez encontrado ese equilibrio (aprovecha la organización de tareas por bloques que vimos en el artículo anterior), te alucinará tu nuevo poder de concentración. No estoy exagerando, esto es revolucionario para tu atención, productividad y, sí, calidad. ¿Quieres escribir más y mejor? Empieza ya a buscar tus huecos de enfoque disperso.

3. Lo que diferencia al enfoque disperso de la mera distracción es la intención

No es lo mismo abrir un explorador de internet y vagar de una página a otra que sentarte a colorear con un cuaderno de notas al lado porque sabes que estimulará tu creatividad. El enfoque disperso es trabajo, aunque podamos realizarlo mediante actividades agradables. Es un trabajo planificado, una tarea programada con un objetivo en mente.

Este artículo no va de dejarse el móvil en casa, aunque no es mala idea. En el primer artículo de esta serie hablé de cómo el móvil está devorando nuestro poder de concentración con su acumulación insidiosa de residuo de la atención y ese bucle Zeigarnik constante de dopamina y tareas inacabadas.

No puedo creer que hayan pasado cincuenta segundos y todavía nadie haya dicho nada de mi última foto en Instagram. SALE UNA TARTA, QUÉ OS PASA.

Este artículo va de encontrar tu paseo. Aquella actividad que a ti te permite rellenar el pozo creativo y recuperar tu energía mental.

Los tipos de enfoque disperso

Dentro del enfoque disperso nos encontramos con estos tres tipos:

  1. Modo captura
  2. Modo resolutivo
  3. Modo habitual

En el artículo anterior hablamos de momentos de inspiración en la ducha, pero también de ideas que surgen durante largos paseos o mientras friegas los platos. Estos momentos no se crean del mismo modo. Os ahorraré los detalles técnicos porque hoy me siento generosa, pero hay diferentes modos “dispersos” del cerebro que funcionan así:

Modo captura

Este es el modo que conocemos mediante estrategias como el mapeo mental, la tormenta de ideas, la confección de listas, la escritura automática y demás. Se trata, básicamente, de sentarse con papel y bolígrafo (también sirve un ordenador, pero los bolígrafos y lápices tienden a conectar a nuestro cerebro de otro modo y permiten mayor flexibilidad gráfica) y soltar todo lo que se te pase por la cabeza. Puedes utilizar las herramientas que quieras para esto, pero personalmente opino que es indispensable que uses un cuaderno PaperBlanks.

Puedes usar cualquiera de las técnicas ya mencionadas, pero una de las que mejor funcionan son las listas. Elige un tema que te ronde por la cabeza e intenta hacer una lista de 10 ideas al respecto. O dibuja un mapa mental. Aquí se trata de intentar involucrar al sistema de abajo arriba que decía Goleman y traer a la conciencia un montón de cosas enterradas en nuestro subconsciente. No te juzgues ni censures, ¡tú suelta ideas!

Este modo de enfoque necesita de escasas distracciones y sí, es totalmente monotarea. Pero permite cierto ruido de fondo (el sonido de una cafetería, una canción repetitiva, algo de música clásica…) y no exige de una atención tan directa como el hiperenfoque. Este modo es creativo e inspirador.

No es casual que este modo suela compararse con la defragmentación de un disco duro. Estamos reorganizando nuestros archivos, limpiando la basurilla y permitiendo un acceso más eficiente a nuestros contenidos.

Porque todos tenemos partes de nuestro disco duro que nos gustaría borrar.

¿Cuándo fue la última vez que hiciste una buena limpieza?

Modo resolutivo

Este es uno de mis procesos favoritos. Se trata de coger un problema y agarrarte a él, intentar resolverlo en tu cabeza. A mí me funciona bien utilizarlo paseando: es útil hacerlo en un entorno relajado y de bajo estímulo (así que andar por el centro de una ciudad no sería ideal).

De hecho, varios estudios apuntan a que estar rodeado de naturaleza es de las mejores cosas que podemos hacer a nuestro cerebro para este modo, ya que recibimos estímulos de intensidad baja y agradable. En un entorno seguro y relajado, se entiende, que acampar de noche en Australia en época de osos saltarines no conduce tanto a la resolución de problemas, sino a la creación de (muchos) problemas nuevos.

En el modo resolutivo, da vueltas al problema y explóralo desde distintos puntos de vista. Sigue su conclusión lógica hasta el final. Evita caer en ese temido bucle por el que das vueltas siempre al mismo aspecto del problema, volviendo al principio en vez de avanzar.

Cabe la posibilidad de que no consigas solucionar el problema. No te preocupes, eso ya está guardado en algún rincón de tu conciencia. En el momento más inesperado, te llegará la solución que necesitas. ¡No habrá nudo de trama que se te resista!

¿Y si hago que el general maligno con poderes que respira raro sea su padre? ¡Y la tipa con la que acaba de intercambiar babas podría ser su hermana! ¡Soy un genio!

Chris Bailey recomienda reservar este proceso para problemas grandes y complejos. Los más pequeños pueden resolverse con facilidad mediante el modo captura ya explicado.

Este es un recurso de lo más valioso. Y entramos aquí en el polémico terreno de la multitarea, ya que funciona aún mejor si tienes una levísima distracción, para no agobiarte: no en vano la gente soluciona algunos de sus problemas más grandes mientras pasea, corre o practica natación. Escoge una tarea que requiera de una atención mínima y combínala con tu reflexión activa. Piensa mientras caminas, mientras nadas o corres.

Como ya he dicho, parece que nos da miedo ir más allá de la superficie de una idea o concepto. ¿Estás muy seguro sobre algo? Analízalo, rasca bien y verás todo lo que hay debajo.

Por último, hablemos del modo habitual, tal vez el más productivo de todos.

El modo habitual

Se dice por ahí que la multitarea es mala, malísima, y que de hecho es imposible para el ser humano, que solo puede enfocar su atención en una cosa a la vez.

Esto no es del todo cierto.

Lo que es malísimo es el multienfoque en tareas distintas. Si pretendes contestar emails mientras redactas un artículo y miras Twitter, estás destinado al fracaso y a la frustración.

La clave aquí está en la intención. ¿Tenías la intención de mirar Twitter mientras redactabas un artículo? Lo dudo bastante.

Pero ¿y si pudieras realizar varias tareas a la vez y encima aumentar tu enfoque y creatividad donde importa?

El modo habitual supone combinar una mente dispersa, que no piensa en nada en concreto, con una tarea habitual. También puedes mantener esa mente dispersa mientras andas, corres o nadas, pero este modo ya permite una selección mayor de tareas complementarias.

No es casualidad que tus mejores ideas ocurran en la ducha: ducharse es una tarea que exige de una atención mínima, pero que te proporciona la distracción justa para no estar utilizando tu cerebro consciente de manera activa. Y para cada persona esa tarea habitual puede ser distinta.

Un hábito es algo que haces de forma periódica y que está tan metido en tus rutinas y costumbres que no tienes que pensar, lo haces de forma automática. Y se combina genial con una mente suelta, a la que dejas pensar en lo que quiera.

enfoque disperso
Aunque probablemente sigues pensando en esto.

¡Ojo! Este hábito debe ser el tipo de distracción justa que necesitamos. Cualquier tarea con sobrestímulo se cargará esa medida justa de atención. Mirar Instagram no vale. Ver Netflix no vale. Leer un libro no vale. 

Ahí van algunos ejemplos de tareas automáticas perfectas para dejar volar la mente:

  • Cualquier tipo de ejercicio físico que no implique mucha concentración. Pasear, nadar de manera rutinaria sin prestar mucha atención a forma, correr sin metas de velocidad en mente, ir en bici por zonas que no requieran de mucha atención o cuidado…
  • Cualquier actividad mecánica doméstica que no requiera poder de decisión: fregar platos, pasar la fregona, doblar la ropa, regar las plantas, cocinar platos sencillos que has cocinado mil veces…
  • Actividades sencillas de higiene: lavar los dientes, darse un baño o una ducha, desenredarse el pelo (actividad que, si tienes tanto pelo como yo, te llevará un tiempo muy aprovechable)…
  • Aficiones que no requieren apenas de poder mental. Hablo de aficiones que ya dominas: hacer punto (siempre que no requiera contar esos puntos) o ganchillo, colorear, pintar figuritas de Warhammer… Yo dedico media hora diaria a bordar. Bordo sobre un tapiz con los colores marcados: solo tengo que coser con un punto sencillo con el hilo del color adecuado. Dejo vagar la mente. La mitad de las veces solo estoy recordando el último episodio de Juego de tronos, pero la otra mitad me llegan ideas que no se me habrían ocurrido de otro modo.

Evidentemente, serán mejores las tareas que te permitan estar un tiempo más o menos largo en este estado. Tu mente no entra en el mismo estado disperso durante una ducha de cinco minutos que en una sesión de jardinería de una hora.

Los pies o detonantes (aquellas acciones que te recuerdan que toca realizar el hábito) ayudarán a que entres en ese enfoque cada vez con mayor rapidez. Si todos los días haces ganchillo después de comer, tu cerebro entrará en modo enfoque disperso cada vez con más eficiencia y rapidez después de comer.

La diferencia entre el modo habitual y los otros dos modos de enfoque disperso es que en el modo habitual no buscas resolver nada ni tienes guía alguna, solo dejas vagar la mente. Es similar a una meditación, solo que la leve distracción que ofrece la acción repetitiva que realizas de fondo elimina parte de la dificultad de la meditación: te ofrece un ancla más claro y agradable.

Porque debe ser una actividad agradable la que realizas de fondo. Si te encanta fregar los platos, esta es una actividad perfecta para el enfoque disperso. Si lo odias… no tanto, porque estarás más pendiente de ese odio que de otra cosa.

enfoque disperso
Llevo dos horas ya con esto y lo único que consigo escribir son anuncios de lotería navideña y canciones trap sobre la fugacidad de la condición humana.

Visión pequeñita y visión grande

Estos tres tipos de enfoque son, además, estratégicos, frente a la concentración táctica del hiperenfoque.

Como se han realizado tantos estudios sobre los tipos de enfoque, sabemos que en el enfoque disperso intervienen más pensamientos acerca del futuro (más que sobre el presente y el pasado), por lo que es el estado ideal para tomar decisiones grandes, estratégicas. El hiperenfoque nos sirve para la acción, para llevar a cabo las tareas importantes, pero decidir cuáles deben ser esas tareas importantes es algo que se consigue en los modos de enfoque disperso.

Una vez más, vemos que los diferentes tipos de enfoque se necesitan unos a otros. Una vez más, insisto en la necesidad de repartir estos tipos de enfoque a lo largo del día, para obtener una productividad creativa (¡y una creatividad productiva!).

“Estar ocupado” frente al trabajo deliberado

Cuando decimos “es que estoy muy ocupado”, ¿es eso cierto? ¿Estamos ocupados con sesiones de hiperenfoque y con nuestros ratos de enfoque disperso? Ambos pueden aplicarse no solo a la escritura, sino a (casi) todas las tareas de la vida diaria. Muchas veces realizamos ciertas acciones (el temido atracón de redes sociales o de Netflix, por ejemplo) para “desconectar el cerebro”, pero si se organiza bien el enfoque disperso, esa desconexión no es necesaria.

Creo que la cuestión fundamental está en cómo definamos nuestro trabajo diario. Si tu trabajo diario es una sucesión de cosas que te pasan, que tienes que hacer, en vez de una selección de bloques de enfoque decidido, de trabajo profundo y de distracciones programadas, puedes encontrarte con una falta seria de motivación. Ante todo, necesitamos sentir agencia, control sobre nuestras acciones. E incluso el trabajo más horrible y agotador puede darnos cierta sensación de control si somos capaces de valorar y cuidar nuestra atención.

Recojo mierda de elefante, pero, eh, yo decido cada cuántos segundos y con cuál de mis tres paletas.

Creo que si empiezas a dar vueltas a lo que es para ti trabajo con propósito, intencionado y enfocado, encontrarás que hay mucho en tu vida que puedes eliminar.

Esto de la atención lo veo como una especie de limpieza a lo Marie Kondo de todo lo que no nos produzca emoción o, por lo menos, de todo lo que no nos es estrictamente necesario. No sé qué deciros: funcionó con mi ropa y funciona con mi atención. Todo esto podría llevarte a una limpieza radical de todo aquello que no se alinea con tus metas y propósitos, todo aquello que no aporta nada a tu existencia. Como dice Greg McKeon, “es imposible sobrestimar la falta de importancia de casi todo”.

Esto no significa que vaya a solucionarte la vida de inmediato, claro. Siempre hay imprevistos y el día a día te lanza todo tipo de porquerías desconsideradas (algunas tamaño elefante). Pero es un punto al que volver.

El comienzo es darte cuenta de todo lo que vampiriza ese recurso tan valioso que es tu atención. Al fin y al cabo, como dije en el artículo anterior, a lo que prestamos atención es lo que se convierte en nuestra realidad.

Y si nuestra realidad son las peleas por Twitter, lamento decir que estamos bastante jod…

Fastidiados.

Estamos bastante fastidiados.


Este artículo es parte de una serie sobre el poder del enfoque:

  1. Guía avanzada del enfoque (o cómo las distracciones se están cargando tu escritura.
  2. Aplica el hiperenfoque para revolucionar tu escritura.
  3. Enfoque disperso: usa el poder de la atención creativa.

Notas personales:

Gracias a mis queridos mecenas por hacer posible este artículo. Si quieres unirte a gente tan generosa y estupenda como Pamela RojasJorge del OroMay Quilez, Eduardo Norte, Carla CamposAdela Castañón, Anabel Rodríguez, Daniel Hernández Alcojor Álvaro Arandave a Patreon y dame amor del bueno.

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Créditos:

  • Imagen de la invasión de los pikachus por Shawnccf en Shutterstock.
  • Foto de chica frustrada por Instagram por Aaron Amat en Shutterstock.
  • Imagen de esa noche de tu vida que preferirías eliminar, por Antonio Guillem en Shutterstock.
  • Foto de chico pelirrojo con idea revolucionaria, por Dmytro Zenkevych en Shutterstock.
  • Imagen de muchos pies bajo el edredón, por Axel Bueckert en Shutterstock.
  • Foto de un friegaplatos inspirado, por Elnur en Shutterstock.
  • Imagen de una cesta repleta de excremento de elefante (la de cosas que hay en los bancos de imágenes…), por Supaleka_P en Shutterstock.
  • Imagen de cabecera, por ESB Professional en Shutterstock.

3 comments

  • Jaume Vicent

    mayo 24, 2019 at 8:08 pm

    Hola de nuevo, Gabriella!
    Mira que no soy de comentar en blogs y tal (ya lo sabes), pero es que esta serie de artículos me han llegado mucho. La concentración es un problema muy importante para mí, no solo a la hora de escribir, también en mi trabajo y en los estudios. Estos artículos me están ayudando más de lo que pensaba.
    En fin, solo quiero darte las gracias por haberte tomado el tiempo de investigar tanto y de escribirlos.
    Me ha chocado una cosa y es que, el proceso que explicas con el paseo o con el bordado, a mí me sucede con la lectura. Yo tengo reservada una hora y algo después de comer para leer. Durante la lectura, me llegan muchas ideas, cosas para el futuro y hasta soluciones para problemas diarios… Supongo que es un problema de concentración, pero me ha resultado interesante.
    Ahora tengo que encontrar una tarea que me ayude a despejarme… Supongo que me toca comprar un libro de mandalas o algo así… Aunque lo de volver a pintar figuras de Warhammer tampoco sería mala idea.

    Reply

    • Gabriella

      mayo 25, 2019 at 12:36 pm

      Es curioso lo que comentas de la lectura. Leyendo a mí también me llegan muchas ideas, pero encuentro que no son del mismo tipo que cuando realizo una tarea habitual más “de fondo”. Sería interesante que probases con lo de los mandalas o las figuras y comparases el tipo de respuesta mental. También hay un nivel de estímulo diferente: leer tomando notas de ideas para mí es un proceso activo, digamos que se acerca más al hiperenfoque y me “desgasta”, mientras que solo bordar y ver qué surge me repone. Como en todo, cada persona es un mundo y esto es cuestión de experimentar 😉

      ¡Gracias a ti por leer los artículos!

      Reply

  • Pilar Navarro Colorado

    mayo 30, 2019 at 10:55 am

    Coincido contigo totalmente. Mi actividad preferida es caminar. En ese momento no me dejo el móvil en casa porque las ideas las grabo para no perderlas. A menudo me verás hablando por teléfono mientras camino, nooooo, en realidad estoy grabándome.
    Se dice que Einstein se distraía y no sabía volver a casa. Es un caso de mindfulness total porque en realidad iba tan “presente” en sus elucubraciones que no prestaba atención a la calle que tomaba.
    También es muy común el caso de personas que en cuanto deciden dejar de pensar en un problema/bloqueo etc. y pasan a realizar otra actividad, entonces les llega la solución. En realidad es dejar de darle carrete a lo que te preocupa y liberar la mente haciendo otra cosa. Una especie de pausa que no tiene por qué ser siempre una meditación. Hay muchas opciones como comentas. Cada uno debe encontrar la suya.
    Gracias por esta serie.

    Reply

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