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Tres preguntas para acabar con tareas estúpidas

mayo 11, 2016 — by Gabriella16

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Todo esto de ser escritor 2.0 es muy cansado.

Blogs, redes sociales, edición (si eres indie), listas de correo, SEO, networking, podcasts, vídeo… Solo para eso de promocionarnos la lista es interminable (y por eso os hice un resumen de lo mejor aquí).

Ayuda mucho hacerse la pregunta del 80/20. ¿Qué tareas me proporcionan un rendimiento del 80%, un retorno importante, y cuáles no son más que tareas menores, que me ofrecen solo el 20% de resultados?

Tenemos claras las labores fundamentales, ¿verdad? Escribir, corregir, leer y todo lo que implica una buena edición si somos autopublicados.

¿Pero qué hay de todo lo demás? Todo aquello que nos aseguran que es INDISPENSABLE para nuestra labor. ¿Es absolutamente necesario tener (y mantener) un blog? ¿Es imprescindible tener una presencia activa en redes sociales? ¿Moriremos de manera horrible si no tenemos un canal de booktube?

Creo que la mejor respuesta que he leído hasta la fecha la dan Sean Platt y Johnny B. Truant en su libro Iterate and Optimize. La respuesta consiste, paradójicamente, en tres preguntas. Tres preguntas que has de hacerte, oh, escritor/a indeciso/a, cada vez que alguien te zarandee por los hombros y te pregunte que cómo diantres no estás en Periscope grabando vídeos de Snapchat con anuncios de Pinterest, OH, INSENSATO:

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El secreto para escribir un bestseller de calidad (y otros recortes literarios)

abril 15, 2016 — by Gabriella15

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Definir a un bestseller es fácil. Best seller. Mejor vendedor. Un libro que vende mejor (más) que el resto.

Podemos debatir sin cesar sobre qué mecanismos llevan hasta el superventas (y cuanto más sé de la industria editorial, más estoy convencida de que el famoso boca a boca sirve de poco por sí mismo; que la distribución y la plataforma lo es todo, y que el momento clave de ruptura [ya sea total o parcial] con una tendencia alargada puede resultar en un éxito sorprendente. Y sí, el libro ha de manejar la intriga a la perfección (ese factor deseado de enganchabilidad) y ofrecer personajes con quienes los lectores quieran sentirse identificados (esto no debemos confundirlo con que se sientan identificados en realidad, que entonces para qué).

¿Y qué quiere el escritor medio?

(Aparte de sexo con groupies, claro).

bestseller de calidad¡Queremos un hijo tuyo, Pérez-Reverte!

Existe un unicornio dorado que yo diría que el 96,45% de los escritores persiguen, conocido como el bestseller de calidad. Este unicornio es especialmente atractivo porque, aparte de la purpurina y las pezuñas resplandecientes de colores imposibles, implica dos cosas, ambas necesarias para la supervivencia emocional y física del autor medio:

  1. Hacer mucho, mucho dinero y
  2. ser alabado por la crítica y sentir que has realizado algo de lo que puedes sentirte orgulloso/a.

Ahí tenemos contraposiciones cualesquiera: After frente a Harry Potter; el último libro de Belén Esteban frente a Canción de hielo y fuegoCrepúsculo frente a Perdida. Por supuesto que muchos odian y critican a Rowling, Martin y Flynn, pero estaremos todos de acuerdo en que su calidad técnica es notablemente superior a sus parejas en esta dicotomía infernal que acabo de mencionaros.

Y también tenemos fenómenos que han funcionado inesperadamente bien a nivel comercial y lector, teniendo en cuenta su trabajo y juego textual: La broma infinita, Middlesex, El nombre de la rosa, ¡el Quijote!

Ya he dicho que no hay una fórmula mágica para crear un superventas (o si la hay, todavía no la ha encontrado ninguna editorial), ni hay una explicación única y sencilla al hecho de que a veces el público ame una novelita sin cuidado ni forma y otras se desviva por algo hecho con mimo y diversos niveles de sentido. También hay un factor cultural muy poderoso: la respuesta ante diferentes tipos de literatura variará según dónde vivas, qué educación hayas tenido y muchos etcéteras más. Pero centrémonos en algo muy importante que suele entrar en juego con los libros que no solo son inteligentes, sino que además venden bien. Se llama doble codificación (double coding), y creo que Shrek es uno de los mejores ejemplos que conozco.

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Qué podemos aprender los escritores de una foto perfecta (y otros recortes literarios)

noviembre 27, 2015 — by Gabriella32

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Estoy segura de que habéis visto ya esta foto. Es una foto perfecta, de una zambullida perfecta, de un pájaro perfecto en el instante perfecto.

Lo más sorprendente, y lo que ha hecho que esta foto sea noticia, es que es el resultado de seis años de trabajo y 720000 intentos.

Nunca pensamos en eso, creo. Miramos la foto, nos maravillamos, pinchamos en otra cosa. Pocas veces nos paramos a reflexionar sobre esos 720000 intentos.

Creo que el mensaje para todos los que creamos es bastante claro. Diría que de esta foto podemos extraer tres conceptos muy útiles:

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9 cosas que le diría a la niña que empezó a escribir

abril 28, 2015 — by Gabriella44

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Cuando tenía unos seis años, justo antes de venir a España, escribí mi primer cuento.

Bueno, no sé si fue el primero, pero es el primero que recuerdo, igual que recuerdo el primero que escribió mi hermano (vagamente). Creo que el suyo iba de una patineta asesina. O una patineta valiente. No sé.

El mío iba sobre un águila marrón o algo así. Hice un dibujo en el cuento y recuerdo ese garabato marrón que parecía un pájaro, si lo mirabas de lejos con los ojos entrecerrados.

A día de hoy mi hermano se dedica a los ordenadores y yo escribo. Pero tengo que reconocer que la idea de la patineta asesina molaba más. Tal vez el mundo se está perdiendo a un genio de la narrativa. Desde luego lo de inventarse historias se le da genial, sobre todo cuando llega tarde.

No es que me arrepienta de las decisiones que tomé y del camino recorrido. Si tuviera la oportunidad de volver atrás en el tiempo y de decirle algo a esa niña de seis años que empezó a escribir, probablemente no serviría de mucho. Tal vez sería más útil hablar con la chica de diecisiete, antes de que fuera a la universidad.

En las firmas de libros me encuentro con lectores que están en ese momento. Lectores que quieren ser escritores. Es una de las cosas que más me gusta de haber publicado juvenil. Tratas con personas que están en un momento clave de sus vidas. Que saben que quieren escribir pero no saben cómo hacerlo, en qué dirección marchar. También me lo preguntan de vez en cuando por correo.

No sé si mis consejos sirven de mucho. He estado exactamente donde están ellos ahora y a veces creo que sé cuáles serían las mejores opciones. Cada uno tiene que tomar sus propias decisiones y aprender de los resultados. Pero tal vez estas reflexiones puedan ser de alguna utilidad:

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26 consejos para escritores a los que no deberías hacer (mucho) caso

abril 14, 2015 — by Gabriella42

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Si empezáramos a contar los blogs y webs que dan consejos para escritores, contaríamos durante un rato muy largo.

Yo misma recopilé una lista de 100 consejos. Es uno de los artículos más visitados de esta web.

Todos esos consejos son útiles. Solo hay un problema. La escritura es una habilidad/arte/técnica compleja, con muchos niveles de maestría. Como es evidente, no tiene las mismas necesidades alguien que lleva escribiendo tres días y alguien que lleva escribiendo treinta años. Por esto, muchos consejos que suelen darse a autores que empiezan son risibles para personas que llevan toda la vida publicando. Y determinados consejos técnicos que son de provecho para escritores consagrados son dañinos para personas que empiezan a escribir.

Con esto en mente, he reunido veintiséis consejos que escucho y leo a menudo y que considero que pueden ser perjudiciales para algunos (o incluso lo han sido para mí). Todos tienen un germen de verdad. Pero llevarlos hasta sus últimas consecuencias puede ser negativo.

Y creo que este primero es de los más nefastos:

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El poder de lo aburrido (y otros recortes literarios)

abril 3, 2015 — by Gabriella12

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Ya es viernes otra vez, y además seguro que estáis todos en la playa, viendo monumentos chulos, canturreando en un karaoke o salvando al mundo de una invasión tralfamadoriana (¿o tal vez eso fue ayer? ¿O mañana?).

Aun así, hago llamada a los pocos que quedéis trabajando o perdiendo el tiempo delante de la pantalla para que compartáis conmigo algunas de las cosas que he aprendido esta semana.

Y aquí los tenéis: gran parte de los recortes, literarios o no, que me han hecho pensar o disfrutar. Todo vuestros.

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Escribe de lo que sabes (y otros recortes literarios)

marzo 27, 2015 — by Gabriella16

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Felicidad y albricias, pues se acerca el fin de semana.

Y aquí estoy yo, un viernes más, trayendo recortes, anotaciones y comentarios de interés (o no) con el que dejaros meditabundos, reflexivos, cavilosos y ensimismados durante el finde (gracias, oh sapiente Wordreference, por proporcionarnos sinónimos en nuestra hora de necesidad).

Vamos allá. Y empezamos con Le Guin, nada menos:

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10 cosas que nunca debemos hacer los escritores

febrero 4, 2015 — by Gabriella17

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Ah, la dura vida del artista. La dura vida del escritor. Nos gusta lamentarnos, es cierto. Pero puede ser divertido.

Hace poco encontré, a través del tumblr de Austin Kleon, un texto de la artista Keri Smith llamado How to Feel Miserable as an Artist. Aunque la traducción sería algo así como Cómo deprimirse si eres artista, la propia Keri explica que más bien es lo que no deberíamos hacer bajo ningún concepto. Aunque ella habla de los artistas en general, yo creo que se aplica muy bien a la escritura en particular. Le pedí permiso para traducirlo y me lo concedió. Así que si os veis reflejados en alguno de estos puntos, ya sabéis: subrayadlos con tinta roja (no en la pantalla, claro, a ver si luego no lo vais a poder limpiar) y dejad de hacerlo, ya, de inmediato.

Ahí van las diez maneras de sentirse fatal como escritor, o las diez cosas que nunca deberíamos hacer (los mandamientos son de Keri, todos los comentarios son míos):

cosas que nunca debemos hacer los escritores

Las 10 cosas que no debes hacer

si quieres ser un escritor feliz:

(o por lo menos no demasiado triste)

1. Compararte constantemente con otros

Aunque compararse es bueno, hasta cierto punto (¿si no nos comparamos con los grandes, cómo aprenderemos?), comparar nuestro éxito o fracaso con el éxito o fracaso de otros no solo es injusto, sino que no tiene sentido. No estamos todos en la misma regla de medidas, ni tenemos las mismas características. Y, como bien sabemos, los éxitos o fracasos rara vez son como se cuentan en Facebook o en Instagram (ese pastel no está tan rico como parece en la foto; ese perro con pinta adorable realmente es un desastre que no hace más que comerse el sofá; esas vacaciones de aspecto idílico en Hawai fueron el detonante del posterior divorcio).

Recordemos también que esos supuestos éxitos “de la noche a la mañana” rara vez lo son. Los que escriben libros buenos que parecen salir de la nada, sin aparente esfuerzo, tienen horas y días y semanas y años de trabajo y frustración detrás.

2. Hablar con tu familia sobre aquello a lo que te dedicas y esperar que te animen

Hay excepciones, pero en la mayoría de los casos simplemente no va a ocurrir, no. Nuestras familias (en teoría) quieren lo mejor para nosotros. Y lo mejor para nosotros, por lo menos a sus ojos, no es morirnos de hambre mientras los miramos suplicantes y pobres con la forma de las teclas marcada en la frente de tanto pegarnos cabezazos contra el teclado.

Además, los escritores podemos ser muy pesados y aburridos con tanta obsesión y tanta inseguridad. Comprendedlos. Es normal que se aburran y nos manden a paseo.

El camino del escritor es solitario. Asúmelo. Solo te comprenderán otros escritores, pero no te estarán escuchando mientras hablas de tu obra, porque estarán pensando en la suya propia.

3. Basar el éxito de tu carrera en un solo proyecto

Esto podría ser también “basar el fracaso de tu carrera en un solo proyecto”. Si algo sale mal, horriblemente mal, y la gente te tira fruta podrida apenas te asomas a la ventana, qué le vamos a hacer. No eres un fracaso. Tal vez ese libro sí lo sea (o, tiempo al tiempo, ¡reconocerán lo bueno que era cuando hayas muerto!), pero tú no. Ponte ya a escribir otro libro mejor. De la misma manera, porque tengas un libro/relato/poema/ensayo que goce de una gran aceptación, no significa que puedas retirarte a vivir de las regalías, satisfecho de haber alcanzado los laureles del autor vitoreado. Sigue trabajando. Puedes hacerlo mejor.

4. Conformarte con lo que ya sabes

Esto es: no salgas de tu zona de confort, no pruebes nada nuevo, no te esfuerces. ¡Mal! La única forma de progresar es atreviéndote con aquello que desconoces. Muchos profesores de talleres literarios te dirán: “Habla de lo que sabes”. Y no es mal consejo, para empezar. Pero llegará el momento en que, para avanzar, necesitarás salir de tu agujerito y explorar mundo.

Yo lo hago constantemente. Escribo cosas raras, cosas que no me salen, que tengo que forzar. Por poneros un ejemplo: ¡el otro día conseguí escribir una escena de sexo heterosexual!

Bueno, bah. Lo confieso, es mentira. Pero algún día lo conseguiré, os lo prometo.

5. Quitarle importancia a tu experiencia

Si llevas ocho años escribiendo y currándotelo, tío, ¡que llevas ocho años escribiendo y currándotelo! ¡Que has publicado cuatro libros! No te comportes como si solo hubieras publicado un poema en la revista del colegio.

Creo que esto es más fácil de decir que hacer, lo sé. Por un lado, muchos tenemos el síndrome del impostor. Y no están las cosas como para ponerse a exigir lo que realmente merecemos, tal y como está el mercado. Pero creo que este es un consejo que puede aplicarse a muchos ámbitos, no solo al de negociar contratos con editoriales. Dale valor a tu trabajo. Si llevas diez años trabajando, si has progresado, si has avanzado, deja de hacer las cosas gratis, para empezar. Y si las haces gratis, que sea por algo que realmente te ayude a avanzar, o que te produzca felicidad.

Y sí, esto también va por determinados grandes medios con ánimo de lucro (mucho lucro) que utilizan a escritores experimentados y blogueros profesionales para crear sus contenidos sin que estos vean un duro, por aquello de darles una “plataforma” y “exposición”. Exposición es lo que tienes cuando te da el sol durante el día, no cuando consigues un seguidor en Twitter cada tres meses.

A ver si entre todos podemos conseguir que el oficio de escribir (sea en el género y formato que sea) valore un poco más la experiencia, especialización y profesionalización. No digo que cualquiera pueda escribir dos palabras escritas y sentarse a esperar que le paguen, pero sí que se empiece a valorar el trabajo de aquellos que lo merecen. Por lo menos, pidamos. Que nos lo den o no es otra cosa, pero vamos a pedir. A veces te llevas sorpresas agradables.

6. Dejar que el dinero dicte lo que haces

Pues claro que necesitamos dinero para vivir: para comer, pagar un alquiler o una hipoteca, sobrevivir a las ofertas de Steam… todas esas cosas fundamentales para la supervivencia del humano medio. Pero siempre está el peligro de que nuestras ganas de conseguir dinero nos hagan olvidarnos de lo que realmente nos gusta. Sí que es cierto que cierto tipo de novelas de romántica venden mucho mejor que la fantasía oscura, por ejemplo, pero el día en que yo escriba “cada vez que veo su tableta de chocolate me estremezco por dentro”, por favor, venid personalmente a mi casa y dadme una bofetada tan fuerte que se me reordenen las neuronas y se me quite la tontería de golpe.

Y no me entendáis mal: no hay absolutamente NADA de malo en escribir tres páginas hablando de los abdominales de un tipo sudoroso. Es solo que a mí no me dibujaron así. Yo soy más de orgías desenfrenadas entre androides y magos de fuego. Orgías en las que muere gente y su sangre crea un portal mágico a otro mundo, por el que se cuelan monstruos primigenios.

¿Qué?

7. Someterte a la presión social

Lo mismo. ¿Creéis que a la gente le parece bien lo de los androides y los magos de fuego? Pues habrá a quien no le guste, del mismo modo que a mí no me interesa lo de la tableta de chocolate ni las novelas donde se usan tres capítulos para describir con pelos y señales una batalla naval en el siglo XVII. Si intentas complacer a todo el mundo, no conseguirás nada. Peor: conseguirás un texto blandurrio completamente igual que todos los textos blandurrios. Por lo menos Crepúsculo innovó en el terreno de la comedia.

(Creo que con ese último comentario tampoco he complacido a todo el mundo. ¡Eh, solo estoy intentando seguir los consejos de Keri!).

8. Trabajar solo en aquello que le encantará a tu familia

El otro día le pedí a mi padre, que es informático, si podía echarle un ojo a mi nueva novela corta, un texto con aires ciberpunk, para asegurarme de que no había ninguna metedura de pata técnica de las gordas.

Luego me acordé de que el protagonista es un programador de videojuegos pansexual que se pasa media novela fantaseando con las tetas de una chica que ha conocido en un programa virtual.

Igual ya no se lo dejo.

La cosa es que si te limitas a escribir aquello que crees que será aceptable para tus seres queridos, estás dejándote fuera una parte muy importante de ti mismo. Todos tenemos demonios, y la escritura es una forma genial de exorcizarlos. Y no tiene que ser algo tan extremo como la vida sexual de un hombre futurista, simplemente hablar de ciertos temas delicados puede echarnos atrás en muchas instancias. Es difícil, pero a veces hay que hacerlo.

9. Hacer todo lo que pida el cliente

El cliente podría ser aquí el editor, por ejemplo, si escribes narrativa. Claro que hay que hacer caso de los editores, pero no hasta el punto de que destruyan aquello que te es importante. Y si escribes por encargo… bueno, ahí sí tienes que hacer lo que pide el cliente, pero intenta siempre añadirle un toque personal, algo que lo identifique solo como tuyo. Eso es lo que realmente te hará destacar por encima de los demás.

10. Ponerte metas inalcanzables/estresantes que tengas que alcanzar mañana mismo

De esto hemos hablado ya. Las metas buenas son las que se plantean a largo plazo y que se van alcanzando muy poco a poco, haciendo algo pequeño pero seguro todos los días.

Ponerse mil metas a la vez y esperar alcanzarlas ya mismo no solo es poco realista, sino que destruye tu autoestima y la confianza en tu habilidad para alcanzar cualquier objetivo.

Poco a poco, despacito y con buena letra.

Con muy buena letra.


¿Qué opináis vosotros? ¿Qué añadiríais a la lista de Keri? Creo que todo lo que se me ocurre ahora mismo podría encajar dentro de alguno de sus puntos. Tal vez habría que añadir: “rendirse”. Tal vez ese sea el peor error que podemos cometer. Rendirse a veces es necesario, sobre todo si estás viviendo bajo un puente y te han ofrecido un trabajo con un sueldo digno, haciendo algo que no sea nada artístico; pero aun en esas circunstancias puede llegar el ansia de crear, la necesidad de seguir escribiendo de madrugada, antes de entrar a currar, o en el descanso, con el bocadillo en la mano. Pero sigamos un poco más. Intentémoslo otra vez.

Las recompensas están ahí. Son insuficientes, y tardan más que un autobús cuando tienes prisa, pero están ahí. Además, todos los demás se rinden. Al final solo quedas tú.

 


Esta parte ya os la sabéis, pero la voy a decir otra vez, porque vuestro dinero es lo que me permite comprar plumillas. Y tengo un problema con las plumillas:

Mi librito de corrección básica para escritores ya está disponible en papel. Si quieres tenerlo en tus manitas, para subrayarlo y guarrearlo como debe ser, tienes dos opciones:

a) Comprarlo directamente en Amazon aquí: http://mybook.to/70trucos o…

b) Escribir a gabriella@gabriellaliteraria.com si quieres comprarlo dedicado y caligrafiado.

¡OS PROMETO QUE HA QUEDADO MONÍSIMO! Hasta tiene un unicornio en la contraportada, lo cual imagino que no os sorprenderá en absoluto:

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Los 4 secretos del éxito (que no son nada secretos)

enero 6, 2015 — by Gabriella1

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3941048713_1acf5ee1eb (1)¿Sabéis eso que dicen: “alcanzar el éxito es sencillo, pero no fácil”?

Esto lo he escuchado respecto a todo tipo de objetivos. Por ejemplo, el proceso para dejar de fumar es sencillo. Simplemente no fumas. ¿Es fácil? Pregúntale a millones de fumadores. Aplíquese lo mismo a cualquier otra adicción: alcohol, azúcar, heroína, cafeína, Facebook, Juego de tronos, lo que quieras. El proceso, sobre el papel, no puede ser más sencillo: no consumas. Y qué difícil llevarlo a cabo.

Ocurre lo mismo con otro de nuestros propósitos favoritos de año nuevo: perder peso. A no ser que tengas determinados problemas de metabolismo u otras complicaciones de salud, sobre el papel no puede ser más sencillo: más ejercicio, comer mejor. Mayor salida de calorías, menor entrada. Luego nos complicamos mucho. Que si mejor proteína que hidratos de carbono, que si grasas animales o vegetales, que si lácteos sí o no, que si ejercicio aeróbico o anaeróbico… Nos hacemos planes complejísimos y necesitamos estructuras rígidas para desarrollar hábitos, porque por muy fácil que sea en apariencia (menos consumir calorías, más quemar calorías), en la práctica se nos resiste una y otra vez.

Claro que hay planes más complicados. Decir “alcanzar el éxito” puede significar cualquier cosa. Puede significar sacar un libro y que venda tropecientas mil billones (europeos) de unidades. Puede significar tener un millón de euros. Puede significar doctorarse y encontrar trabajo en España (aunque ni siquiera sé si eso es humanamente posible). Pero creo que hay algunos puntos en común: queremos alcanzar una meta. Y hay algunas directrices que tienden a ponernos en el buen camino.

Me hizo ilusión recibir un email reciente en el que el creador de AppSumo, Noah Kagan, hablaba de cómo habían llegado este año a un billón (americano) de personas. No sé si conocéis AppSumo. Básicamente es un servicio (que funciona sobre todo por lista de correo) de promoción y descuento de apps, un poco a lo Groupon pero para software. Pero no para cualquier software; se especializan en aplicaciones dirigidas a emprendedores y diseñadores (también hacen alguna cosilla para escritores, de hecho la primera vez que escuché hablar de Scrivener fue en uno de sus emails). Aparte de que ofrecen descuentos siempre muy fenomenales, regalan una pechá de cosas útiles de su propia cosecha, sobre todo para blogueros y usuarios de WordPress. Está claro que esta dinámica de cuidar a sus usuarios les ha funcionado muy bien; su crecimiento ha sido espectacular.

¿Por qué os cuento esto? No porque AppSumo me pague una comisión ni porque esté afiliada a ellos de ningún modo. Igual mañana me entero de que en realidad son unos capullos sin ética ninguna y que esos tacos de los que tanto hablan en realidad están aderezados de sangre de gatito. Pero en el email en el que hablaban de su astronómico progreso, su fundador mencionó los cuatro puntos que él cree que son los que los han llevado a la cima, sus cuatro secretos del éxito. Me gustaría compartirlos con vosotros, porque desde luego son aplicables a cualquier meta o propósito:

1. Un objetivo claro. El objetivo de AppSumo parecía una locura: querían llegar a mil millones de visitas a su página web. Pero decidieron partir este gran objetivo en metas pequeñitas: objetivos de tráfico mensual y semanal, para no perder el entusiasmo ni la constancia. La lección que aprendemos es la siguiente: concéntrate en alcanzar un solo objetivo (aunque sea una locura) y te sorprenderá todo lo que puedes conseguir. Además, por experiencia puedo atestiguar que, aunque no lo consigas, te sorprenderá lo lejos que has llegado.

2. Elimina las distracciones. Todo lo que no ayude a que alcances tu objetivo debe eliminarse. A la hora de enfrentarte a un nuevo proyecto, hazte LA PREGUNTA: ¿ayuda esto a alcanzar mi objetivo? Si la respuesta es no, adiós y muy buenas, nuevo proyecto. Y quien dice proyecto dice, me temo, personas, aficiones y todo lo demás. Es lo que tienen los objetivos, que son exigentes. Con esto quiero decir que si lo que quieres es dejar de fumar, no es buena idea rodearte de fumadores, por ejemplo. (Este tipo de eliminación también ayuda a ver hasta qué punto queremos/necesitamos/estamos dispuestos a sacrificarnos por el objetivo). Lo cual nos lleva al siguiente punto:

3. Rodéate de los mejores. El éxito no está en los grupos grandes de personas, sino en los grupos bien coordinados de personas de talento. Esto es verdad en el mundo empresarial y es verdad en el día a día. Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que es mejor tener un grupo pequeño de amistades alucinantes que os inspiran, apoyan y os dan una patada en el culo cuando sois cobardes o vagos (y que son capaces de identificar cuándo estáis siendo cobardes o vagos), que tener muchísimos conocidos que no hacen más que deprimiros y/o fomentar las actitudes y vicios que os llevan al estancamiento. Como dice Noah, “si quieres hacer cosas extraordinarias no puedes rodearte de personas ordinarias”.

4. Diviértete. Este es el que siempre se me olvida, y que últimamente estoy recuperando. A veces te obsesionas tanto con tus metas que te olvidas de disfrutar. Había olvidado lo divertido que podía ser escribir. Había olvidado lo divertido que podía ser trabajar con clientes geniales (sabéis muy bien quiénes sois) y con gente genial (yo creo que hago las entrevistas relámpago solo como excusa para interactuar con escritores interesantes). Claro que todo no va a ser fácil y emocionante, pero está bien acordarse de las cosas chulas (Desigual ha estropeado ya esta palabra para mí para siempre) que nos encantan y disfrutar de ellas.

¿Qué añadiríais a estos cuatro puntos? Yo echo en falta algo que es de cajón: la persistencia. El trabajo diario, sin falta. Considero que es indispensable para todo. Y tomemos buena nota del detalle de las metas mensuales y semanales, no solo nos ayuda a tener mejor perspectiva de lo que queremos, sino que para proyectos largos como puede ser la escritura de una novela (ejem), son necesarias para tener la sensación de haber conseguido algo a un plazo más corto, y no volverse loco de desesperación.

Y hablando de metas y progreso…

NOVEDADES

(o de cómo me aprovecho de que os acabáis de leer este artículo sobre temas interesantes que trata gente interesante para contaros cosas mías):

-Después del desafío Beeminder de invierno, que terminé con éxito relativo (hubo un par de cosillas en las que fracasé, qué le vamos a hacer, pero con todo lo demás estoy muy contenta), ya os dije que este 2015 me iba a concentrar en lo más importante: leer y escribir. He sido tremendamente productiva este mes, y espero que en unas semanas pueda ya ofreceros por fin en ebook mi libro de relatos. Se han producido algunos cambios: pasa a llamarse Lectores aéreos y, como no terminaba de convencerme la portada que había diseñado, he preferido recurrir a otro tipo de cubierta (en concreto: adquirí una cubierta prediseñada. Os hablaré pronto de esta opción, que me parece muy válida para el mundo del ebook, debido a su bajo precio y aspecto profesional). Os la enseñaré muy pronto, a mí me encanta y espero que a vosotros también.

-El libro es una compilación de relatos: incluye algunos de los relatos cortos que publiqué aquí en el blog, pero en su mayoría son relatos largos e inéditos. En principio solo tengo previsto sacarlo en ebook.

-Si no estáis apuntados ya a la lista de correo, id corriendo al cuadrito que tenéis para ello en el menú a vuestra derecha y hacedlo, porque voy a hacer una promoción del libro que creo que os interesará bastante (spoiler: habrá un número limitado de ejemplares gratuitos). También anunciaré pronto los libros de otros autores que se sortearán este mes: si todo va bien os adelanto que habrá algo de juvenil y algo de ciencia-ficción/fantasía muy bien escrita y un tanto inclasificable. En resumen: si queréis estar al tanto de todo lo relacionado con el libro nuevo y con los sorteos en general, apuntaos a la lista. Solo os llegará un correo de vez en cuando, no soy nada pesada (y os podéis “desapuntar” cuando queráis).

-Del mismo modo, si eres reseñador o bloguero y te gustaría reservar una copia de prensa para hablar de mi libro de relatos en tu web, puedes enviarme un email a gabriellavc(arroba)yahoo.es Una nota: este texto no es juvenil, o por lo menos una editorial al uso no lo clasificaría como tal, debido al contenido sexual y en ocasiones violento.

¿Y qué hay de tus otros proyectos, Gabriella?

¡Pensé que nunca me lo preguntarías, Gabriella!

-La novela de siempre sigue corrigiéndose a paso lento pero seguro. También estoy escribiendo una novela corta ambientada en el mismo universo.

-Por otro lado, he escrito una novela corta de ciencia ficción. Hay muchas drogas y tetas. Me lo he pasado como una niña pequeña (si las niñas pequeñas hablaran de drogas y tetas).

-Hay otros proyectos en manos de editoriales. Mis dedos siguen cruzados y todas esas cosas.

Que parece que no, pero madre mía todo lo que he escrito este año.

 

Feliz día de Reyes a todos. Espero que os hayan traído todo lo que vuestro corazoncito podría desear.

 

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¿Cuáles son los tres lectores para los que escribes?

diciembre 22, 2014 — by Gabriella11

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Propongo un ejercicio mental. Bueno, podemos hacerlo físico, si quieres. Abre un documento de texto, o coge un papel y un boli, y escribe los nombres de las tres personas en las que piensas cuando escribes. No te pares a pensarlo demasiado.

¿Ya?

Este ejercicio es más complicado de lo que parece, porque rara vez somos sinceros al realizarlo. Seguramente has puesto los nombres de tres personas a las que quieres, tres personas allegadas, esas tres personas a las que visualizas boli (o teclado) en mano. Cuando me paré a analizar a los que yo había puesto, me fui dando cuenta de que no estaba siendo del todo honesta.

Y es que, en el fondo, creo que a la mayoría de los que escribimos nos importan las opiniones de tres receptores. O más bien de tres tipos de receptores.

El lector crítico

download (1)Decimos que no nos importa, que no escribimos para el crítico. Pero no es del todo cierto. Sobre todo al principio, antes de publicar medio en serio (es decir, antes de que las ventas realmente cuenten), yo diría que este es el lector fundamental. Puede ser alguien cercano, alguien a quien admiras y cuya opinión estimas por encima de todas las cosas. O puede ser ese reseñista medio conocido que te ha destrozado el libro/relato/artículo con cuatro palabras crueles, un ad hominem sin sentido y ese tonillo burlón sobrado que todavía te está resonando en las orejas. Alguien que decimos que no nos importa, pero que nos acaba de retorcer las entrañas y que nos hace creer que nunca, nunca, conseguiremos escribir algo decente.

Por lo general todos escribimos con este lector en mente. Es el que nos hace tener más cuidado que nunca con la forma, el que queremos que nos avale con su sello de calidad. Pensar mucho en este tipo de lector puede paralizarnos, y no es del todo recomendable. Debe servirnos como un incentivo para hacerlo lo mejor posible, pero no debemos dejarlo entrar en nuestra cabeza mientras escribimos, o no avanzaremos nunca.

Cuándo hay que hacerle caso al lector crítico:

  1. Una crítica válida nunca contendrá elementos de trolleo. Es decir, no habrá ataques (ni referencias) personales y la crítica tendrá más de análisis técnico que de opinión personal. Para bien o para mal, ya sea “¡me ha encantado!” o “¡esta es la mayor mierda jamás escrita!” (¡patada al estómago!), lo subjetivo vale de poco a la hora de aplicar en nuestro trabajo las consideraciones de los demás. Busca más bien apreciaciones sobre los personajes, el ritmo, el lenguaje, la coherencia interna…
  2. Así, una crítica constructiva y útil es concreta. No sirve de mucho que te digan “he tenido la sensación de que había momentos aburridos”, pero sí es muy útil que te digan “en el capítulo 8 realmente no pasa nada” o “el libro tarda en arrancar”, ya que te permite analizar qué es lo que has hecho mal para producir estas sensaciones en el lector.
  3. Fíjate solo en lo que se repite. Muchos escritores profesionales que trabajan con un buen puñado de lectores cero dicen lo mismo: solo aplican las sugerencias de dichos lectores si ven que estas se repiten de un lector a otro. Cada lector es un mundo y puede tener percepciones distintas, pero si coinciden todos en algo en concreto, lo más probable es que tengan razón en ese algo.
  4. Pero a la vez… ¡cuidado con las repeticiones! He llegado a ver críticas tan similares entre sí que llegan a ser sospechosas. Como lectores, nos condiciona mucho lo que opinan las personas que nos rodean (y no todos somos capaces de cargarnos la espiral del silencio a la hora de emitir una opinión). Si las primeras reseñas de un libro son buenas, hay más probabilidades de que las personas que conocen a esos reseñadores y que trabajan en el gremio acaben condicionadas y realicen también reseñas buenas (excepto en el caso de reseñas demasiado entusiastas, por las que puede producirse un efecto rebote y de exceso de expectativas que acabe en reseñas negativas). Del mismo modo, si son malas, los demás críticos leerán la obra con determinados prejuicios.

El lector consumidor

adult-18844_640El auténtico rey del baile. Podemos volvernos locos con ideas de calidad, de autoexigencia, de miedo a la crítica especializada. Pero si hemos entrado en el ciclo del libro como producto, al final es el consumidor el que nos acaba validando. Es posible que a E. L. James le duelan un poco las críticas exacerbadas de la academia contra su novela erótica de calidad cuestionable (eso le acaba de doler, fijo. Lo siento, E. L.). Pero las lágrimas le correrán por las mejillas de camino al banco a ingresar otro buen mogollón de pasta.

¿Qué más le da a E. L. James que unos cuantos critiquen su novela? Tiene el cariño y el agradecimiento (y el dinero) de miles y miles y miles de personas. ¿Y cuántos autores publicados y agasajados por la crítica pueden decir lo mismo? En el momento en que nuestra obra comienza a distribuirse se abre el círculo de recepción; ya no solo vale la opinión de nuestra familia y amigos; ya no solo vale la opinión de tres blogs de reseñas; la opinión del consumidor, ese número (casi siempre triste) de las liquidaciones es el que está validando (o no) si el público nos quiere.

Y lo cierto es que conozco pocos autores que no estén buscando amor y aceptación a través de sus letras.

Por desgracia, este tipo de lector/consumidor también puede ser una trampa mortal. Si nos obsesionamos demasiado con lo que quiere el gran público, corremos el riesgo de perder nuestra voz, de perder aquello que nos hace únicos.

Cuándo hay que hacerle caso al lector consumidor

  1. No hay que “venderse” para darle al público un poco de lo que quiere. Emoción, aventura, suspense, amor… Estos son componentes que hacen sentir al lector, que lo hacen querer seguir leyendo. No hay que cambiar mucho un libro para inyectarle algo de vida, meterle algo de intriga o romance, de acción o tragedia. Nadie dice que tengas que pegarte a una plantilla superventas, pero pensar un poco en lo que busca el lector medio puede ser un ejercicio interesante.
  2. Tener en cuenta al consumidor al escribir te ayudará a eliminar lo innecesario. Te empujará a arreglar oraciones demasiado largas y complejas, a acortar los párrafos y capítulos. Querrás entregar un texto más limpio, con una lectura más fluida y cómoda. Aquí salís ganando los dos: tú, porque aprendes a escribir con mayor elegancia, y el lector, que no tiene que tragarse cuatro esdrújulas seguidas montadas sobre ocho subordinadas.
  3. Si tienes la inmensa suerte de que tus lectores te escriban comentándote sus impresiones, no las descartes por no ser profesionales. Al igual que en el apartado anterior, si hay algo que a todos parece gustarle, enhorabuena, usa más de eso. Si hay una queja recurrente, tal vez va siendo hora de investigarla.

Y finalmente nos quedamos con el tercer lector. Para mí es, desde luego, el más importante.

El tercer lector es uno mismo

JTardé un poco en darme cuenta de esto, o por lo menos en asimilarlo del todo. A veces te preocupas tanto por los lectores de los apartados anteriores que lo olvidas. Pero ¿os acordáis de ese consejo, el de “escribe el libro que querrías leer”? Creo que es un buen consejo.

Además, nos puede ayudar a reencontrarnos con algo que a veces dejamos de lado, que es que escribir puede ser divertido (me gusta la frase de Terry Pratchett: “Escribir es lo más divertido que puede hacer uno a solas”. Sospecho que miles de chavalillos púberes podrían no estar de acuerdo, pero es un buen recordatorio para cuando nos dejamos llevar por la duda y la ansiedad del qué dirán).

Ya habrá tiempo de editar, de corregir, de pensar en los otros dos lectores.

Pero ahora, boli, pluma, pantalla, lápiz o Scrivener por delante, es hora de pensar solo en ti.


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