consejos para escritores

Si empezáramos a contar los blogs y webs que dan consejos para escritores, contaríamos durante un rato muy largo.

Yo misma recopilé una lista de 100 consejos. Es uno de los artículos más visitados de esta web.

Todos esos consejos son útiles. Solo hay un problema. La escritura es una habilidad/arte/técnica compleja, con muchos niveles de maestría. Como es evidente, no tiene las mismas necesidades alguien que lleva escribiendo tres días y alguien que lleva escribiendo treinta años. Por esto, muchos consejos que suelen darse a autores que empiezan son risibles para personas que llevan toda la vida publicando. Y determinados consejos técnicos que son de provecho para escritores consagrados son dañinos para personas que empiezan a escribir.

Con esto en mente, he reunido veintiséis consejos que escucho y leo a menudo y que considero que pueden ser perjudiciales para algunos (o incluso lo han sido para mí). Todos tienen un germen de verdad. Pero llevarlos hasta sus últimas consecuencias puede ser negativo.

Y creo que este primero es de los más nefastos:

consejos para escritores

1. Debes seguir este proceso

Como ya he dicho en otros artículos, una de las cosas que me costó más comprender y asumir en la escritura es que se trata de un proceso único e individual, diferente para cada persona. Si alguien insiste en que DEBES usar cierta técnica para planificar tu novela, en que DEBES escribir x palabras en x tiempo, en que DEBES aprender de su experiencia personal, lo único que DEBES hacer es escuchar con respeto y luego decidir si su trayectoria y técnica pueden ser útiles para ti.

Hay muchos tipos de escritores distintos. Cada uno necesita seguir un camino concreto. Experimenta, prueba y descubre qué te funciona. No todos los métodos sirven para todo el mundo, no todas las reglas son aplicables a todas las situaciones. Mantén la mente abierta, pero no tan abierta como para que se te desparrame el cerebro por fuera.

De la misma manera en que hay miles de lectores distintos, con opiniones y gustos diferentes, también hay miles de escritores distintos, con niveles y situaciones diferentes. Encuentra el proceso que mejor se ajusta a ti. Recuerda que solo hay una cosa innegociable: escribir.

2. Todo lo que no empuja la acción adelante sobra

Hay muchas variantes de este consejo. También está “debe haber conflicto en cada escena” o “todos los personajes deben querer algo”. Y son buenos consejos. Hasta cierto punto.

Pensad en una buena serie de televisión. No en una serie meramente entretenida. ¿Qué hace que series como Deadwood, Breaking Bad, Mad Men o Los Soprano se consideren series de calidad? Fijaos en la cantidad de escenas donde parece que no pasa nada. ¿Son aburridas? Para nada. Nos están proporcionando datos complejos acerca de los personajes y de su entorno. Lo que comúnmente, en el mundillo, llaman worldbuilding. Creación de mundos. No solo estás contando lo que le ocurre a A, B y C. Estás hablando de cómo S, Z y @º0.3G condicionan el movimiento de los personajes y el avance de la acción.

Los consejos que dan prioridad a la acción y al progreso de la historia están pensados para autores que tienden a enrollarse como persianas muy habladoras, o para personas que rellenan y rellenan y rellenan para evitar el enfrentamiento con escenas y acciones difíciles de narrar. Pero no le hagas tanto caso como para escribir una sitcom vacía, donde ni las risas enlatadas pueden ahogar el sonido de los aullidos de vergüenza absoluta que sienten los actores cada vez que tienen que decir su frase. Recuerda que esa acción tan importante no ocurre en el vacío (a no ser que escribas un drama futurista con personajes que flotan a la deriva en el espacio exterior).

Aquí, como en la mayoría de los consejos para escritores, en el punto medio está la virtud. Yo diría que más bien hay que plantearse si lo que estamos narrando es pertinente. Así, una breve exposición sobre la infancia terrible de un personaje secundario puede venir a cuento si queremos mostrarle al lector un mundo descarnado donde este tipo de experiencias es habitual. Pero ocho páginas sobre la vida de un personaje secundario que ha tenido una infancia muy normal y que no volverá a salir en el resto del libro ni aportará nada a trama, mundo ni protagonista; es perder tu tiempo y la de tu lector.

3. La poesía debe rimar / La poesía no puede rimar nunca

Me gustaría pensar que todos los que me leéis ahora mismo sabéis que hay vida más allá del endecasílabo. Pero cuando yo tenía trece o catorce años, no lo sabía y creedme cuando digo que fue toda una revelación. Habíamos estudiado métrica en el colegio, y el conocimiento de cómo funciona el ritmo dentro del verso, el uso de la sinalefa y de otros métodos de unión y separación enunciativa sirvieron para tener una comprensión intuitiva de cómo puede funcionar la musicalidad del paralelismo, la pausa y la conjunción en un entorno poético.

Saber que la poesía no tenía que rimar fue una liberación que no olvidaré nunca, pero yo conocía las reglas de la rima. Y voy a esto: ninguna regla es fija. Pero si quieres saltártela y que funcione tienes que conocer muy bien (y haber practicado de sobra) el uso de esas reglas. Ir a contracorriente porque sí no suele dar muy buenos resultados.

4. Las ideas que merecen la pena las recordarás para siempre

Es algo que escucho a menudo, incluso de autores con muchos años de experiencia a sus espaldas: “Yo no anoto nada. Si algo es bueno e importante, lo recordaré“.

No digo que esto no sea cierto ni funcional. Pero para la mayoría de los mortales, el día a día, el cerebro lleno de pensamientos y urgencias, pueden hacer que hasta la mejor idea del mundo se olvide. Las notas son tus amigas.

Además, tienen un beneficio añadido: escribir algo a mano hace que lo procesemos de forma diferente. Al escribir nuestras ideas, podemos formar listas y ramas de ideas de donde saldrán ideas incluso mejores. Porque tampoco es cierto que…

5. Las primeras ideas siempre son las mejores

“Ve con lo que se te ocurrió primero”; “sigue tu instinto” y todo eso.

Hay una técnica que uso mucho; he descubierto que es muy eficaz. Cuando tengo cualquier idea que me parece buena, hago una lista de nueve variantes que salgan de ahí. Busco nueve ideas que me parezcan mejores, o intento crear nueve ideas que desarrollen la primera. Cuesta, pero merece la pena. Hasta la fecha, siempre he llegado a la misma conclusión: LA PRIMERA IDEA ERA MIERDER Y MENOS MAL QUE NO ME HE HECHO CASO.

Algunas de las ideas más provechosas que he tenido han sido un 8, 9 o 10 en esa lista. Si no hubiera hecho esa lista, si no hubiera seguido (aunque ya me dolía el cerebro) ese hilo de pensamiento, nunca las habría tenido.

Con la escritura, demasiada revisión e desconfianza en nuestro instinto puede ser perjudicial. Podemos “sobreescribir”, sobre todo si intentamos hacer caso de todo lo que nos digan. Pero no pierdas la oportunidad de mejorar lo primero, ni de buscar perfeccionarlo. Y si lo primero resulta que no era tan bueno como creías y reelaborarlo no funciona, puedes borrarlo. Sí, se puede.

Para probar esta teoría os contaría el final inicial que pensamos para El fin de los sueños. Pero no voy a hacerlo, porque lo de que se rían de mí a grandes carcajadas lo llevo regular.

6. Lo importante es la historia

No voy a entrar en esa discusión de siglos de forma/fondo. ¿Es más importante contar algo interesante o contarlo bien? Yo diría que necesitamos las dos cosas. Creo que cualquiera lo diría.

Bueno, cualquiera no. Me llama la atención la cantidad de blogueros, por ejemplo, que siguen la máxima de “lo importante es enganchar al lector, no la ortografía”. Y sí, digo blogueros, porque también son escritores. Hay que tener una capacidad narrativa excepcional para mantener la atención de alguien durante más de tres segundos en una página web con algo que no sea porno.

Hay algo que el escritor y profesor John Gardner llamaba fictional dream (sueño de ficción). Es similar a lo que solemos entender por pacto narrativo, aunque Gardner va mucho más allá de una cuestión de coherencia y verosimilitud. Según Gardner, al leer entramos en una especie de trance o sueño, por el que nos dejamos llevar. Nos creemos todo lo que nos están contando, porque se ha transformado en nuestra realidad. Conseguir entrar en ese sueño implica una prosa fluida, un estilo envolvente. Y cualquier cosa (una errata, un fallo de coherencia, un diálogo artificial) puede interrumpir ese sueño y crearnos frustración como lectores. Las erratas y las faltas son normales, y siempre se va a escapar alguna (seguro que en este artículo se me habrá escapado algo, o dos algos, o tres algos). Pero una sucesión constante de texto torpe, diálogo lleno de tópicos, faltas constantes y repeticiones innecesarias impide que ese sueño se obtenga.

Así que ya puedes tener las mejores ideas del mundo: si no cuidas tu forma, va a ser complicado que termines de enganchar a tus lectores.

Por lo menos si quieres enganchar a lectores con ciertas exigencias mínimas. Porque si nos guiamos por la prosa de un buen puñado de superventas, igual no tengo razón en este punto para nada.

7. Escribe ficción si quieres escribir de verdad

Y ya que hablábamos de blogueros… ¿no tenéis la sensación a veces de que hay géneros y sectores con más prestigio que otros? Obviamente no es lo mismo escribir 500 palabras para hablar de las prestaciones de un coche que escribir un relato o un poema. Pero la escritura de no ficción existe, y a veces parece que se cree eso de que debe ser árida, seca y meramente funcional. No digo que las prestaciones de un coche deban describirse en forma de soneto o con una elaborada metáfora que pretenda representar la (no tan) compleja relación entre vehículo y usuario.

La buena escritura y el cuidado por la forma y por atrapar al lector no deben limitarse solo a la narrativa propiamente dicha. El deseo de contar y de escuchar historias está en todos nosotros. Y un copywriter, un creador de contenidos o un ensayista académico deben tener el mismo interés en comunicarse de manera eficiente y bella que un novelista. Es evidente que los formatos y las necesidades son muy distintas, pero me gustaría pedir reconocimiento tanto para la escritura de no ficción como una mayor entrega formal y narrativa por parte de los autores de no ficción.

Y esto nos lleva al siguiente punto:

8. No escribas fantasía/juvenil/romántica/novela negra

ni ningún otro género “menor”

Claro que hay géneros que venden más que otros.

Lo que no entiendo muy bien es que haya géneros con mayor prestigio que otros. Si la ilusión de tu vida es escribir romance paranormal con primigenios venidos de Marte, realmente no veo dónde está el problema.

Algunos géneros están desprestigiados debido a la proliferación de patrones, clichés y plagio intertextual que dañan la reputación del conjunto. Su uso y abuso comercial también condiciona su calidad formal. Un buen ejemplo es la literatura romántica, que tanto tiempo ha tenido asociado un formato y esquema determinado. También ocurre con la fantasía épica y con otros tipos de fantástico que se asocian, para bien o para mal, con la estela de Tolkien. Cualquier lector ávido de cualquiera de estos géneros sabe que no se limitan a estos conceptos.

Recordemos que la escritura (por lo menos en el primer borrador) tiene más sentido si arrancamos tratando de divertirnos, expresarnos con potencia o, por lo menos, sentir determinadas emociones con intensidad. Ya te preocuparás de si un género vende más o menos o de cómo adaptar, promocionar y revisar tu texto más adelante. Pero ahora, mientras escribes, ¿no tiene más sentido escribir aquello que disfrutas escribiendo? ¿Aquello que quieres escribir?

Hazlo bien y hazlo en el género, formato, idioma o estado espiritual-evolutivo en el que más sentido tenga para ti.

9. Escribe como hablas

En nuestra búsqueda de claridad, precisión o incluso simplicidad al escribir, con frecuencia leemos aquello de “escribe tal y como hablas”.

Es un consejo bienintencionado y útil hasta cierto punto. Si lees en voz alta lo que has escrito, es más fácil ver si el texto no fluye con naturalidad, si suena demasiado artificial y recargado. Y si intentamos que los diálogos sean realistas y creíbles, es normal intentar que imiten a la realidad.

El problema es que el formato escrito no es la realidad. Y la prosa escrita no funciona con las mismas reglas que el habla.

La introducción de interjecciones o palabras que usaríamos normalmente en nuestra vida real no tiene por qué quedar bien en el medio escrito. Para empezar, ningún lector quiere leer todas las pausas, repeticiones, reflexiones y muletillas que tienen la mayoría de las personas cuando hablan. Sería muy aburrido. Por otro lado, el uso de expresiones que pueden resultarnos naturales a nosotros no tienen por qué serlo para otros. Si utilizamos una primera persona, por ejemplo, pueden ayudar a definir a un personaje narrador. Pero la intención estética que hay detrás de una novela o un cuento no tiene nada que ver con el flujo natural de chorradas que pueden salir de nuestra boca en un tiempo determinado.

Como en todos los demás puntos, lo ideal está en un caso intermedio: utiliza diálogos sencillos, que no usen expresiones que a nadie de este siglo se le ocurrirían; pero tampoco hace falta cargarlos de los titubeos, coloquialismos y sinsentidos de los que tanto cargamos el lenguaje en la vida real. Y lo mismo con el resto de la prosa. En la vida real no llenarías todas tus frases de metáforas, adjetivos y adverbios, y esa es buena cosa también para lo escrito. Pero tampoco conviertas tu texto en prosa absolutamente coloquial sin intención estética ninguna. El resultado tiende a ser extraño y alienante para el lector. Pocas cosas hay tan desquiciantes en un texto como la verborrea incontenida, el abuso de expresiones cercanas y frases hechas, las reflexiones que no van a ninguna parte, o cualquier otro tipo de meandro lingüístico que en una persona normal y su conversación serían perfectamente aceptables.

10. Escribe de lo que sabes

De este consejo hablamos hace poco, citando la opinión de Ursula K. Le Guin, quien afirmaba que sabía muy bien de lo que escribía al escribir fantasía: lo veía todo a la perfección en su cabeza.

Hace poco leí en un foro un comentario respecto a este tema que me pareció muy acertado: “Un escritor siempre sabe de lo que ha escrito“. Con esto se refería a que si eres un escritor responsable, has tenido que documentarte e involucrarte tanto para escribir sobre algo que, una vez escrito, sabes del tema.

Está claro que si eres una mujer joven y blanca que vive en Europa occidental, escribir desde la perspectiva de un hombre anciano enfermo en Uganda tal vez no sea tu elección más acertada.

Pero una vez más: no hay ninguna regla ni nada que te lo impida. El ejercicio mental y el esfuerzo serán tremendos. Si puedes hacer eso, puedes hacer cualquier cosa. Si solo escribiéramos de lo que sabemos, nunca aprenderíamos nada. Y debes aceptar que puede venir alguien que sí es experto en algún tema/experiencia/materia a decirte que has hecho un churro muy grande.

Depende de lo que te apasione y te haga sentir que progresas. En mi caso, lo de escribir thrillers médicos, obras de corte detectivesco o novelas (pre)históricas y muy amorosas ambientadas en el Neolítico se lo dejo mejor a los expertos.

11. Escribe para adultos

A todos los que decís que escribir para niños o para adolescentes es fácil y no tiene mérito os quiero ver ahora mismo publicando libros para niños o para adolescentes. Por aquello de que es megafácil. No os va a costar nada.

No he publicado para niños, pero en lo que se refiere al juvenil, yo lo veo de la siguiente manera:

Comentarios en libros para adultos: Bueno, es posible que este libro no sea una porquería absoluta. He echado un rato entretenido. Decía Sartre que… blablabla.

Comentarios en libros para adolescentes: Este libro ha cambiado mi vida. Estuve llorando durante tres horas seguidas / Bah, esto es basura, no lo quiero / Qué mal me cae ese personaje, quiero matarlo / Estoy enamorada de este personaje, quiero casarme con eeeeeeeeeél.

Jamás he visto a nadie que lea con la intensidad y devoción de un/a adolescente. ¿Te imaginas que alguien leyera así TU libro?

12. Escribe solo una cosa a la vez

Yo soy partidiaria de evitar la multitarea. Creo que es un gran enemigo para un escritor: quieres hacerlo todo, te metes en ocho proyectos a la vez, evitas enfrentarte a las partes difíciles y no acabas ninguno.

Pero eso no quita que puedas tener más de un proyecto a la vez. Para mí, dos es el número mágico: una novela y algo de poesía o relato mientras viajo o cuando no tengo a mano los esquemas y materiales para la novela. O puedo estar escribiendo novela corta y corrigiendo relatos (o viceversa). Tener dos proyectos ayuda a evitar bloqueos: el día en que realmente no puedes con uno siempre puedes ponerte con el otro. Y es práctico: puedes estar moviendo más propuestas editoriales y no dependes solo de una obra a la que tener dando vueltas como una peonza.

Más de tres sí que no se lo recomiendo a nadie, si quiere mantener su cordura y dedicarles la atención adecuada a los proyectos que tiene en marcha.

13. No se puede escribir sin ganas

Muchos escritores argumentan que escribir obligado es algo terrible: escribir se convierte en un proceso contra el que te resistes, desagradable y además produces porquería. Pueden tener razón. Pero yo diría que sí se puede escribir sin ganas. Por cuatro razones:

  1. Si el “no tener ganas” nos sirve como excusa para no escribir, enseguida encontraremos excusas constantes para no hacerlo. El enfrentarnos a esa desgana y sentarnos a escribir de todos modos le manda un mensaje constante a nuestro cerebro de disciplina. Estamos reafirmando el mensaje de que la desgana y falta de voluntad no podrán con nosotros.
  2. Para producir palabras brillantes hay que producir palabras puercas. Es una simple cuestión de estadística. Aprovecha los ratos desganados de producción muy puerca para quitarte de encima ese porcentaje de asquerosidad asquerosa. Así, cuando te visite la musa y los astros se alineen, tú ya tendrás rodaje de horas y horas y lo que saldrá de tus dedos será maravilla pura.
  3. Muchas veces ese “no tener ganas” no es más que resistencia o pereza inicial. Nadie sabe si luego vas a tener la mejor experiencia escritora de tu vida, si de ahí van a salir frases fabulosas. No tienes forma de saber si esa desgana es algo determinante o solo pereza mental. Así que por lo menos prueba.
  4. Para casos extremos de “desgana” (depresión o enfermedad, por ejemplo), escribir de manera disciplinada y periódica, por puro hábito, puede ser la única forma de conseguir avanzar. Toda la disciplina y costumbre que te crees en los días buenos servirá para sentarte a trabajar en los días en los que creías que era imposible

14. Hay que usar todos los sinónimos del diccionario

“El diccionario es tu mejor amigo”, me decían en el cole de pequeña. Ampliar el vocabulario es bueno. Sobre todo si se trata de buscar palabras exactas, precisas, para lo que queremos expresar.

No es tan bueno si es para llenar el texto de adjetivos innecesarios o expresiones anacrónicas.

También es bueno evitar la repetición y para eso vienen bien los sinónimos. Pero la repetición, a veces, por motivos de ritmo, también puede ser positiva. Por no hablar de la sencillez: un perro es un perro, no tiene que ser siempre un ufano cánido fiel ni un orgulloso descendiente de lobos.

15. Leer sobre escribir no sirve de nada

Cuando salió el otro día este artículo, alguien comentó en Facebook algo parecido a esto: “El verdadero escritor no lee artículos sobre lo que lo hace o no escritor”. Tenía mucha razón (aunque ya entraremos algún día en qué es eso de “verdadero escritor”). Eso sí, de haber ido en contra de su propia regla, habría descubierto que el artículo más bien trataba de las experiencias que suelen tener en común aquellos para quienes la escritura se ha convertido en una forma de vida. (Me temo que, de llamarlo Experiencias que suelen tener en común aquellos para quienes la escritura se ha convertido en una forma de vida, y que pueden ayudar a motivarnos, no habría pinchado en el enlace ni una décima parte de la gente que lo hizo).

Tendemos a darle a la escritura un aura de magia, de misterio. La consideramos un arte que va más allá, una habilidad innata que bebe del corazón, no del cerebro ni de la técnica. Nadie ve nada de malo en que un músico aprenda solfeo o técnicas para sacar el máximo rendimiento a sus interpretaciones. Y sin embargo parece que para muchos está mal visto leer artículos o libros relacionados con la escritura.

Entiendo de dónde viene esta animadversión. Primero: ¡si leo todos esos libros no me queda tiempo para escribir! Segundo: muchos de esos textos no dicen más que tonterías, ¿cuáles son los buenos? Y, por último, todos sabemos de esos “autores” que se pasan la vida leyendo y pontificando sobre la escritura sin escribir nada nunca.

La meta es escribir. Eso siempre. Pero hay muchos materiales que pueden ayudarnos a identificar nuestros defectos y debilidades como autores e intentar solucionarlos.

Además de que, a veces, es genial poder leer acerca de otros escritores que han pasado por experiencias similares a las tuyas.

Te hacen sentirte menos… no sé. Menos solo y desquiciado.

16. Escribe para vender

Vale, vale, normalmente no nos lo dicen con esas palabras. Nos intentan dar trucos, consejos y guías para escribir superventas, eso sí.

Pero aunque nuestra única intención fuera producir un libro superventas, aunque no tuviéramos la más mínima consideración por nuestra propia integridad personal y artística, sospecho que no podríamos.

Porque sería muy aburrido. “Necesitas un principio que enganche”; “tiene que haber un triángulo amoroso”; “tienes que meter acción en cada página”; “tienes que escribir sobre arquitectura gótica, que es lo que se lleva ahora”. Y etc. Y tú que querías escribir una lenta novela río sobre un dodecaedro romántico ambientado en un satélite que va montado en un carro del que tiran veintiocho pegasos gigantes con problemas de identidad sexual.

Y, hablando de mundos rarunos, imaginaos la cara del editor de Pratchett cuando este le contó la premisa para el Mundodisco, por ejemplo. ¡Qué hombre tan extravagante! ¿Cómo diablos iba a vender algo así?

¡Sadomasoquismo vainilla para señoras aficionadas a Crepúsculo! ¡Qué locura!

La triste realidad es que no hay forma de predecir las tendencias con exactitud. Pueden analizarse con la perspectiva que da el tiempo pasado, pero si pudieran anticiparse no habría una editorial grande que cerrase, nunca. Solo tendrían que hablar con sus analistas de mercado y producir superventa tras superventa. No fracasarían jamás.

Y las grandes tendencias, buenas o malas o simplemente aberrantes, suelen producirse gracias al poder de la novedad y de lo inesperado.

Creo que la cosa está en escribir lo que te apetezca y preocuparte después por cómo moverlo, promocionarlo y encontrar a los lectores que lo necesitan.

Lo cual me recuerda…

17. Necesitas estar en todas partes

Tienes que estar en Facebook, Twitter, Pinterest, Tumblr, Instagram, todas las ferias del libro del país y a la mesa de todos tus vecinos. A veces esa es la sensación que se nos queda. Tienen que verte. Tienen que saber que estás ahí, que tienes un libro a la venta y que mola un puñao.

Promocionar a diestro y siniestro, sin tener en cuenta dónde está tu público objetivo, sin preocuparte del funcionamiento de las redes en las que te mueves, no te ayudará. Y además invertirás tiempo en el que (sí, ahí está, sabéis lo que voy a decir) deberías estar escribiendo.

Elige tu público, elige tu plataforma. No grites. Susurra en los oídos adecuados en el momento adecuado. Como ahora.

Complicado, sí. Pero bastante más eficiente que el acercamiento spam/ametralladora.

18. En cuanto publiques con una editorial grande

tendrás la vida resuelta

Si me dieran un euro por cada vez que un escritor dijera “si consigo sacar mi libro con (editorial grande), ya habré triunfado”, os invitaría a todos a champán y ostras. Pero las ostras os las coméis vosotros, que a mí me ponen malísima.

Tengo algunos problemas con esa frase.

1. ¿Qué es eso de “mi libro“? No conozco a ningún escritor experimentado que diga “mi libro”. Por lo general se trata de “uno de mis libros”. Un escritor escribe y mucho. Y está siempre moviendo todo tipo de proyectos, debido a la exasperante lentitud de los acuerdos editoriales.

2. “Editorial grande. Que una editorial sea más grande no significa que vayan a tratarte mejor a ti y a tus libros. La ventaja de una empresa grande está sobre todo en la distribución, en la posibilidad de llegar a más gente. Pero eso no servirá de nada si no hay una buena campaña detrás, si tú no te mueves para conectar con tus lectores y si no estás ya trabajando en tu siguiente proyecto.

3. “Triunfado“: Si tu idea de triunfar es dar una gira de firmas y que tu libro esté en todas las librerías, genial. Pero como escritores queremos más. Queremos mejorar como artistas. Queremos que nos traduzcan a otros idiomas. Que nos adapten al cine. Que nos persigan fans adoradores por la calle. Que los críticos nos amen.

Muchos escribimos para que nos quieran. Para sentirnos mejores con nosotros mismos, nuestras capacidades y con los que nos rodean. Eso no te lo va a dar una editorial grande. Ni tres editoriales grandes. Del mismo modo, un solo libro no te hará famoso. Tal vez el primero que publiques, gracias a una suerte tremenda, sí. Pero funcionará porque tienes ya ocho obras rechazadas en el cajón.

Es un camino largo, sin objetivos claros.

19. Las influencias son buenas / Las influencias son malas

Hay un dicho en esto de escribir que también me chirría un poco.

Encuentra tu voz.

Ya sabes, como si no pudieras escribir una sola palabra hasta que esa palabra fuera solo tuya, nacida de la nada, libre de semejanzas para con cualquier otra cosa que se haya escrito nunca.

Si quieres escribir como Cormac McCarthy, escribe como Cormac McCarthy. Si quieres escribir como Quevedo, escribe como Quevedo. Prueba todos los estilos que quieras. Rompe tus barreras, identifica tus bloqueos y cárgatelos. Esa voz que buscas, esa voz que te identifica, no suele venir de ninguna parte. Es un cúmulo de tus influencias y te hace diferente. Puede que tardes un tiempo en encontrarla. De hecho, es posible que pase mucho tiempo antes de que algo en tu cerebro haga “clic” y digas “oh dios mío puedo escribir sin comas sobre política internacional bajo tierra y no lo sabía”.

Entonces sí que serás único. Posiblemente no te lea nadie, pero serás único.

Lo cual nos lleva a otro consejo bueno a medias:

20. Sé original

Nos cansamos de leer siempre lo mismo, es cierto. Y por lo general conviene evitar todo aquello que se repite ad nauseam, por el bien de nuestros propios estómagos y los de nuestros lectores. Pero también es cierto que algunos tópicos funcionan. Algunos temas llevan tratándose desde el principio de los tiempos. Algunas pulsiones (amor, muerte) son básicas y nos atraen de forma irremediable.

Nunca podrás ser totalmente original. Puedes escribir la cosa más extraña y estrambótica que se te ocurra: las posibilidades de que alguien ahí fuera haya hecho algo similar son muy altas. Pero nadie le dará el mismo tratamiento y enfoque.

Juega con los tópicos. Dale esa perspectiva, atrevida, parcial, tuya, que puede revolucionar tu obra. Cae el peso de las influencias sobre tus hombros, pero eso es bueno. La mezcla puede darte resultados inesperados.

21. La crítica siempre te ayuda a mejorar

(Se retira a la esquina a reírse un pelín. Y para estirar las piernas, que lleva ya unas cuantas horas aquí sentada escribiendo).

Te propongo un ejercicio. Piensa en un libro que consideras un clásico de la literatura. Una obra que todos dirían que es grandiosa, de calidad admirable. Ve a Goodreads.

¿Tiene esa obra una puntuación de 5 sobre 5? No, ¿verdad?

Busca las críticas de 1. Sí, de 1. Las tendrá. Una obra maestra de la literatura mundial a la que alguien ha decidido ponerle una puntuación de 1 sobre 5. Lee la crítica. Es muy posible que halles las palabras sobrevalorado, muermo o pues a mí…

¿Es idiota esa persona? No necesariamente (aunque puede que sí, puede que sí). La diferencia de gustos de un lector a otro, aparte de lo que la obra pueda tener de calidad a un nivel puramente técnico, es abismal. Los lectores tienen, además, una perspectiva curiosa al valorar una obra, en relación con otras obras que han leído. Cuando has sido editor/corrector/lectorprofesional/cualquierlectordemanuscritosmedios, con que un libro no tenga demasiadas faltas y no puedas predecir el final desde la segunda página ya te parece que se merece un Notable Alto.

En otro foro leí un comentario de una chica que participaba en un taller de escritura. Por lo visto, del texto que había leído en clase le dijeron tres personas que “le faltaba detalle” y otras tres que “daba demasiados detalles”. Otros miembros del foro le dieron la enhorabuena. Haciendo la media, quedaba claro que tenía el nivel justo de detalle.

No se puede complacer a todo el mundo y no todo el mundo tiene razón. Cuando alguien opine sobre tu libro, haz caso de aquellas opiniones que se repitan mucho. Probablemente sea la única forma de no volverse loco.

22. No merece la pena presentarse a concursos

Otra verdad a medias. ¿Están amañados los concursos? No todos; sí algunos. ¿Depende el ganador del criterio subjetivo de un jurado que igual ni tiene criterio? Erm. Sí.

Pero eso no quiere decir que los concursos no tengan ningún valor. Considero que tienen un valor de motivación alto. Tienes una fecha de entrega, lo que te obliga a trabajar, y la posibilidad, aunque lejana, de conseguir algún premio, lo cual puede compensarte a nivel económico y/o de prestigio. El año pasado me presenté a un concurso cada mes. No gané ninguno, pero acabé con un montón de relatos sobre los que trabajar, reescribir y mejorar, que ahora conforman Lectores aéreos. Así que doy todos esos concursos por bien empleados.

Un día, si queréis, podemos hacer una competición de rechazos, ya sean de concursos, editoriales o respecto a las veces que has entrado en una casa y el gato de la familia que visitas te ha echado una sola mirada y se ha largado con gesto altivo y desprecio aparente. Podría llevarse un premio aquel que acumulase más negativas. Seguro que los veríamos de otra manera.

23. La autoedición es el futuro / la autoedición es caca

Como también he dicho muchas veces, porque me repito más que la cebolla esa roja que en el supermercado dicen que es “dulce” y que luego quiere hacer orgías fetichistas en tu estómago, estamos en un momento muy interesante, donde la autoedición empieza a desligarse de su formato tradicional y toma nuevos vuelos gracias a las posibilidades de plataformas como Smashwords, Amazon y similares.

¿No es genial que, como autor, puedas tener control absoluto de tu obra?

Y mirémoslo de otra forma:

¿No es terrorífico que un autor pueda tener control absoluto de su obra? ¿Que se ocupe de su propia corrección, edición, maquetación y diseño de portada?

Eso.

El debate entre autoedición/coedición y edición tradicional está muy ligado al debate entre digital y papel. Tal vez, si empezamos a dejar de verlos como posturas enfrentadas y empezamos a verlos como un abanico de posibilidades, cada uno con sus más y sus menos, podremos sacarles todo el lucro que nos interesa.

24. Necesitas un agente

Varias veces me han preguntado si un escritor debe buscarse un agente. Tengo muchas opiniones sobre este tema, basadas en experiencias que he visto de escritores con y sin agente.

En el mundo anglosajón parece que hay un modelo en edición tradicional que requiere de la presencia de un agente. Esto se debe, seguramente, a que un mercado mucho mayor ofrece mayores posibilidades económicas, lo que abona el terreno para la intervención de un intermediario que hace de consultor legal/literario para los escritores a la hora de relacionarse con editoriales. Incluso se realizan grandes ferias y convenciones pensadas exclusivamente para encuentros entre aspirantes a publicar y agentes.

En España, por ejemplo, el papel del agente no está tan definido. Conozco a escritores a los que les va bien y que prescinden de agente. Y conozco a escritores a los que no les va nada bien y tienen un agente que los ignora de forma sistemática. También conozco a escritores que han dado con un buen acuerdo de publicación gracias a la intervención de un buen agente.

Pero también es cierto que esos escritores, una vez metidos de lleno en el sector, con frecuencia acaban pasando de agencias y dándose a la independencia. No es solo porque tener agente implica que mengua un porcentaje de autor que ya de por sí suele ser bastante ridículo, sino porque la experiencia en el mundillo proporciona unos conocimientos y contactos, que eran los que necesitabas en inicio de un agente y que luego ya no necesitas tanto.

Diría que los agentes son útiles para escritores que empiezan o que llevan ya un tiempo en un parón de publicaciones del que no saben salir. Pero que si el escritor está dispuesto a invertir tiempo y ganas en hacer los contactos por sí mismo y adquirir los conocimientos necesarios para salir adelante, es posible que no sean indispensables.

Una vez más, insisto en que estas son las conclusiones que he extraído de lo que he visto a mi alrededor. Tal vez no sea un porcentaje lo bastante alto de sujetos y situaciones como para juzgar con seriedad. Si alguno de los lectores presentes quiere compartir en los comentarios su experiencia con este tema, adelante.

25. deberías escribir sobre

Sobre mi vida. Sobre la vida de mi padre. Sobre esta idea genial que soñé el otro día. Ya verás. Yo te lo cuento (a escondidas, para que nadie nos copie), tú lo escribes y nos repartimos el dinero. ¡Seremos millonarios!

El arte está en la ejecución. Hay ideas a patadas. Y de lo que hay mucho, mucho, mucho, es de gente con una idea genial para un libro, que nunca escribe ese libro.

Lo difícil no es tener la idea. Lo difícil es escribirla. La próxima vez que alguien os diga eso de “deberías escribir sobre mí/sobre mi perro/sobre la crisis de los sembradores de papaya en Ganisfahiyutya”, la respuesta correcta es: “Eso suena muy bien. Es una muy buena idea. Seguro que funcionaría genial. ¡Deberías escribirla tú!“.

Y cierro por fin por hoy con el peor consejo que he leído para escritores:

26. Si ambos lápices se rompen, puedes sacarle punta con una lima de uñas de metal o de cristal

Este es uno de los 10 consejos para escritores de Margaret Atwood, quien decía que el escritor debía llevar un lápiz (o mejor dos) encima SIEMPRE. ¿En serio, Margaret, en serio? ¿Con una lima de las uñas? Que ahora tenemos móviles, mujer. Y Evernote y tal.

Lo cual nos recuerda que ni todos los grandes autores tienen razón ni son iguales de válidos todos los consejos en todas las épocas.


Y ahora quiero saber de vosotros.

¿Cuál ha sido el peor consejo que os han dado nunca?

(Se entiende que me refiero a la escritura. Para todo lo demás, cosas como “no hace falta que usemos condón si la saco a tiempo” o “23 llamadas de móvil diarias son indispensables para conquistar a una chica” igual tampoco son muy productivas).


(Imagen del gatito de Emm’s Positivity Blog. Imagen principal de Pixabay).


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