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¿Hay tiempo para escribir y para todo lo demás? La teoría de los cuatro fuegos

junio 10, 2016 — by Gabriella32

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Soy la tonta de los dibujos bonicos sobre temas vitales.

Uno de mis favoritos es el famoso triángulo de servicios, que es así:

cuatro fuegos

Básicamente, lo que dice el triángulo es que si quieres contratar un servicio solo puedes tener dos vértices del triángulo. Pongamos que quieres que alguien te haga una corrección de estilo. Si lo quieres de calidad y barato, vas a tener que esperar pacientemente a la entrega. Si lo quieres de calidad y rápido, te va a salir más caro de lo normal. Y si lo quieres rápido y barato… bueno, no hay que ser un lince para saber que probablemente la calidad no sea óptima.

Lo que nos dice el triángulo es que, aunque lo queramos todo, tenemos que aprender a priorizar.

Y ahí entra, sobre todo para nosotros, que somos escritores, la teoría de los cuatro fuegos, que descubrí el otro día en el blog de James Clear.

Esta teoría nos dice que hay cuatro fuegos que tenemos que mantener encendidos en nuestra vida: nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros amigos y nuestra familia. Imaginaos una vitrocerámica, un panel de inducción o cuatro fuegos de butano de toda la vida, no importa. El resultado es este:

cuatro fuegos

Según la teoría que apunta Clear, es radicalmente imposible darle todo nuestro esfuerzo a los cuatro a la vez. Es posible hacer un buen trabajo en dos de ellos a la vez, y un trabajo decente en tres, pero la excelencia en todos es imposible. Veamos algunos ejemplos:

-Si quieres ser un monstruo del fitness, vas a dejar de lado tu trabajo para pasarte más horas en el gimnasio, y también a tus amigos y familia.

-Si quieres destacar en el campo en que trabajes, vas a sacrificar horas de cocinar bien y hacer ejercicio para trabajar, vas a dejar de lado amigos y familia.

-Si quieres ser el mejor amigo del mundo, tu familia ocupará un segundo plano, al igual que tu trabajo y salud. ¿O es que vas a rechazar una llamada necesitada de tu colega solo porque estás trabajando para una fecha de entrega?

-Si quieres ser el mejor padre/madre del mundo, estamos en las mismas.

Hay excepciones, claro. Puedes ser un monstruo del fitness y tener una buena vida social porque tus amigos son tus compis de gimnasio, y tal vez tu trabajo podría estar al máximo si eres monitor de ese gimnasio o si te dedicas a la nutrición o al deporte competitivo. Pero dudo que tu familia esté tan metida en esto de la salud como tú. Y así con todo: puede que tus amigos sean tus compañeros de oficina, pero, aun así, si el trabajo es tu prioridad, verás poco a tu familia y aún menos a tu gimnasio.

Seguro que no os cuento nada que no os suene. Escribir no es una actividad conocida por su rentabilidad, por lo que habitualmente la combinamos con otro trabajo (o trabajos) principales. Eso significa que escribir se convierte en un trabajo (o afición, según tu enfoque) que ocupa un tiempo que debemos restar a otros aspectos de nuestra vida.

Clear propone dos soluciones para este problema: el outsourcing y la aceptación de nuestros límites.

Mediante el outsourcing, recurrimos a otras personas para ahorrar tiempo, que podemos luego dedicar a las áreas más descuidadas. Un ejemplo sería pagar a alguien para que limpiase nuestra casa, pagar a una guardería para nuestros niños o contratar a un diseñador web para que nos quite horas y horas de pelearnos con nuestra plataforma. No obstante, como bien aplica Clear, ninguna de estas situaciones es ideal, ya sea porque no podamos permitirnos esos gastos o porque los resultados no sean exactamente los que buscamos.

Mediante la aceptación de nuestros límites, intentamos sacarle el máximo provecho al tiempo y a la energía de los que sí disponemos Por ejemplo, podríamos quedar con familia y amigos a la vez, o encontrar alguna manera de hacer ejercicio en el trabajo. Pero estas combinaciones son complicadas y no son posibles para todo el mundo. De ahí que yo, como muchos escritores, experimente de forma constante con distintos modos de productividad y optimización del tiempo. Clear explica así las ventajas y desventajas de este sistema:

cuatro fuegos

Asumiendo que solo puedo trabajar entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde, ¿cómo puedo hacer la mayor cantidad de dinero?

Asumiendo que solo puedo escribir 15 minutos al día, ¿cómo puedo hacerlo lo más rápido posible?

Asumiendo que solo tengo 3 horas a la semana para hacer ejercicio, ¿cómo puedo conseguir la mejor forma posible?

Este tipo de preguntas te empuja hacia algo positivo (sacar el máximo partido de lo que tienes disponible) en vez de hacia algo negativo (preocuparte de que no te llega el tiempo). Es más, unas limitaciones bien diseñadas hasta pueden mejorar tu rendimiento.

Por supuesto, también hay desventajas. Aceptar los límites significa aceptar que no estás operando a pleno potencial. Sí, hay muchas maneras de “trabajar de forma más inteligente, no más duro”, pero es difícil ignorar el hecho de que dónde empleas tu tiempo es importante. Si invirtieras más tiempo en tu salud o en tus relaciones o en tu carrera, seguramente verías mejores resultados en esa área.

También hay una tercera solución propuesta por Clear: avivar los fuegos por temporadas. Algunas personas dedican sus años jóvenes a su trabajo, luego deciden que la familia es lo más importante. Otras se casan pronto, tienen hijos, y con cincuenta años deciden que la escritura es su vida entera. Dentro de una sola vida puede haber estaciones diferentes. Pero incluso así, cada temporada tiene sus prioridades. En ninguna lo tenemos todo.

Personalmente he encontrado combinaciones y recursos que me dan buenos resultados. Pero siempre hay algo que sale perdiendo. Puedo mantenerme en una forma más o menos aceptable, pero no excelente. Puedo quedar con amigos… ah, sí, ¿hola, os acordáis de mí? Sí, soy la chica esa a la que veis una vez al año, con suerte. He encontrado una pareja que se dedica a lo mismo que yo y con quien comparto objetivos. No estoy casada, ni tengo hijos, ni nadie a mi cargo (aparte de mi gato). Algunos fuegos han bajado para poder subir uno al máximo.

Y a lo que voy es a que llego a la misma conclusión que Clear: si queremos ser realmente buenos en algo, exige sacrificar tiempo y esfuerzo de los otros tres fuegos. Que no hay más remedio que priorizar. He tomado decisiones que la gente no suele entender para poder dedicar mi tiempo a escribir. Hace falta mucha cabezonería para decidir cuál es tu prioridad y que todas esas decisiones vayan en esa dirección.

¿Es eso lo que nos distingue a los que escribimos? ¿Pura cabezonería?

No cuento esto para deprimir a nadie. Nadie tiene que sentir pena por la pobre chica que lo sacrifica todo porque no sabe las cosas que realmente importan en la vida (insertar moraleja de peli de Hollywood aquí). Simplemente, las recompensas que busco son distintas a las que buscan otras personas. Ni mejores ni peores.

No, no pretendo deprimiros. Cuento esto porque escribir es difícil, y sacar adelante tus obras, que te lean y conozcan, también. Ya os he dicho que en algunos ámbitos de marketing se dice que el tiempo acaba dividiéndose entre un 20% de creación del servicio o producto y un 80% destinado a que se conozca. Veo gente que se lanza a escribir, hace un par de relatos y se desanima cuando no ganan concursos o no los compra nadie. Gente que actualiza su blog cada tres meses con artículos mal redactados y no entiende por qué no recibe visitas. No son conscientes de lo que de verdad implica todo esto.

Creo que es mejor darnos cuenta, lo antes posible, de que escribir para pasar el tiempo está muy bien y es muy bueno por muchas razones. Pero escribir en serio, buscando reconocimiento, remuneración y perfeccionamiento de nuestras habilidades, exige sacrificios. Puedes empezar lento, con diez minutos al día. Pero, a la larga, exige una entrega que raya la explotación de nosotros mismos. Y siempre hay hacks y combos y trucos para ser más sano, mejor amante, hermano, amigo y etc., pero al final la decisión está ahí, para tomarla.

Estamos en un momento donde abundan aquellos que, a lo Tim Ferriss, nos venden que es posible tenerlo todo. Es posible ser el mejor escritor, padre y atleta del mundo. Pero todos sospechamos que no funciona así: solo hay que mirar a cualquier grande de la literatura.

Y la pregunta final es rabiosamente difícil:

¿Estás dispuesto/a a bajar los otros fuegos para que arda tu escritura al máximo?

 


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Tres fases para conseguir seguidores sin vender tu alma

mayo 18, 2016 — by Gabriella29

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Hace poco leí una entrevista con Danny Iny, bloguero fundador de Mirasee, una empresa de formación para emprendedores. Mirasee insiste en que ellos pretenden “educar a empresarios para que puedan tener impacto en su comunidad y cambiar el mundo”, un mensaje que no es nuevo en el ruido de la blogosfera y del mundo de la formación en línea. Pero hubo una cosa que me llamó la atención, en la descripción de uno de sus vídeos:

seguidores

Las 10 reglas de un negocio visionario

(Y 10 lecciones aprendidas creciendo hasta 40000+ suscriptores, más de 2 millones de euros en ingresos y más de 25 miembros para nuestro equipo, sin perder nuestros valores ni vender nuestra alma).

Independientemente de la moda esta tan cansina (que por desgracia ha llegado a España) del negocio feelgood, donde los perfiles de Sobre mí han de incluir “mi sueño para mejorar el mundo” (¿en serio, producir relojes baratos te ayuda a mejorar el mundo?) y “mi misión es servirte” (¿podrías venir a mi casa y hacerme la colada, por favor?), tiene un gran impacto para mí ese concepto: alcanzar tus metas (aunque sean materialistas) sin perder tus principios.

No porque los principios no puedan cambiar, sino porque los valores que tenemos que son positivos, productivos y empáticos son necesarios para… bueno, básicamente para que el mundo no se vaya totalmente a la mierda en una suerte de distopía neoliberal hipercapitalista de alienación absoluta del ser humano. Algo así como cualquier película de ci-fi chachi romántico-juvenil, pero con gente más fea.

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Cómo escribir una descripción brillante (y otros recortes literarios)

marzo 4, 2016 — by Gabriella40

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En inglés hay unas siglas muy conocidas en el mundo laboral: TGIF.

Imagino que no os sonarán, pero las reconoceréis como símbolo internacional cuando os diga que significan Thank God It’s Friday (Gracias a Dios que es viernes).

descripción mágicaRepresentación gráfica del TGIF medio.

Nos espera un fin de semana de descanso y diversión, pero antes nos vamos a poner serios un momento, porque hoy voy a hablar de algunas herramientas sensacionales para sacarle brillo a esa parte tan complicada de la narrativa: la descripción. Las descripciones tienen una tendencia preocupante a ser aburridas, recargadas o simplemente sosas, así que saber hacer descripciones que estimulen la imaginación del lector es una habilidad que debe ser celebrada (¡y analizada!). La parte seria (y muy nostálgica) es que todo esto que os voy a contar lo he aprendido de Umberto Eco.

Esta semana voy a seguir con Eco, no porque casualmente haya muerto mientras yo hablaba sobre su trabajo, que es una de esas coincidencias dramáticas que pueden ocurrir, sino porque el semiólogo italiano es una fuente inagotable para aquellos que escribimos.

Me llama la atención. Todo el mundo se acuerda de sus novelas, incluso de la película famosa basada en una de sus novelas; algunos se acuerdan de su trabajo periodístico. Menos se acuerdan de su trabajo académico, a pesar de que el estudio de lo literario fue su ocupación principal.

Cuando hablamos de la academia, de lo universitario y especializado, podemos pensar en largas frases rimbombantes que no vienen a decir nada, en textos técnicos exclusivos de su sector. Y Eco tenía frases rimbombantes, sin duda, pero todavía no he encontrado una frase suya donde no viniera a decir nada. Es más: me impresiona la cantidad de conclusiones prácticas que podemos extraer los escritores de sus tratados teóricos.

En el artículo Les sémaphores sous la pluie (se titula así también en su versión española, no os asustéis: no voy a empezar a citar en francés) Eco da algunos apuntes fenomenales sobre el sutil arte de la descripción. Y por eso muchos estudios de Eco no terminaron de pasar al mainstream; si su artículo se hubiese titulado Diferentes tipos de descripción y cómo sacarles partido o, aun mejor, Cómo perder ocho kilos en tres días (¡incluye clasificación de tipos de descripción en narrativa!), otro gallo nos cantaría (pero sin duda sería un gallo feo y de voz rasposa).

Lo chulo de la clasificación de tipos de textos descriptivos de Eco es que incluye un concepto que es mágico para un texto: el asidero de pertinencia. Os va a encantar:

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Los 5 secretos de un texto sublime (y otros recortes literarios)

febrero 19, 2016 — by Gabriella28

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Hoy en día usamos sublime como los estadounidenses usan awesome.

Awesome hace referencia a algo que despierta awe, una admiración tan grande que roza la incredulidad; sobrecogimiento; pasmo. Ya lo decía Louie C.K., se ha puesto de moda usar ciertas palabras para todo: hasta lo que desayunas puede ser awesome y no tiene por qué ser digno de Instagram, ni va a venir ningún señor de Michelín (los de la comida, no los neumáticos) a investigar tu alimento con una lupa y una cámara para hacerte un documental.

Es un texto sublime, es una película sublime, es un desayuno sublime.

Si dices sublime tres veces delante de un espejo, con un libro de David Foster Wallace en una mano y un cd de Mozart en la otra, se te aparecen ocho reseñadores blogueros, diecisiete periodistas, cuatro críticos de Rolling Stone y el peluquero de tu barrio.

Pero pocos recuerdan quién puso de moda aquello de sublime y qué significaba originalmente.

Hubo un señor llamado Pseudo-Longino, no porque fuera un Longino de mentira, sino porque los historiadores literarios todavía no están muy seguros de si era él, si él había escrito el libro que lo hizo famoso y toda esa problemática que solo parece concernir a los historiadores literarios.

El libro que lo hizo pasar a la posteridad se llamaba Sobre lo sublime, Miento, en realidad se llamaba Περὶ ὕψους, por si acaso hay algún lector de griego antiguo en la sala.

Pseudo-Longino vivió (creemos) entre el siglo I y el siglo III, y en aquella tradición neoplatónica resulta que este caballero ya sabía más de crítica literaria que el 99% de nosotros. Al hablar de lo sublime, desde luego no estaba hablando de sacar fotos con filtro en sepia a tortitas con jarabe de arce y arándonos frescos. Hablaba de uno de los tres estilos literarios de su época: el más elevado, el representado por autores de la talla de Homero. Este estilo tenía su propio léxico, ritmo y usos.

Una de las cosas maravillosas que he descubierto de Longino (leí Sobre lo sublime en la facultad, hace ya varios siglos o milenios, pero ha sido Umberto Eco el que me ha recordado lo bueno que era este señor en lo suyo) es que resume en cinco puntos muy específicos qué es lo que hace que un texto sea sublime. Es decir, qué le aporta grandeza. La perspectiva de Longino se aleja mucho de esa escuela de pensamiento que considera que lo único que importa en una lectura es cómo nos hace sentir. Sí, un texto puede ser orgásmico: hacerte llorar, reír, temblar, pero lo que Longino (y Eco, y yo, y una cantidad interesante de teóricos literarios y de profesores de escritura creativa) se pregunta es: ¿qué es lo que hace que un texto te haga llorar, reír, temblar?

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Cómo escribir mejor con la técnica de la envidia (y otros recortes literarios)

febrero 5, 2016 — by Gabriella25

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Una cosa que he aprendido en los últimos años es que la envidia puede ser una emoción muy positiva.

Antes de que me digáis que no, que no tiene nada de positivo odiar a tu vecino porque tiene un dormitorio más que tú, un coche más caro y una esposa más lozana, dadme una oportunidad para que me explique.

Todo empezó con un hilo de Ariadna de esos de internet. Ya sabéis, como cuando entras en Wikipedia buscando en qué fecha se publicó el Ulises y le das a un enlace y luego a otro y luego a otro y cuando te quieres dar cuenta estás interesadísimo/a en los hábitos reproductivos del joven castor canadiense (el animal, no el muchacho que se va al bosque con otros muchachos para aprender a cazar, talar árboles y zurcir un calcetín con la zurda). Yo abrí este laberinto, dominado por el gran minotauro Distracción en su centro, con un artículo de Lifehacker que me recomendó Instapaper: un artículo muy interesante de Kristin Wong sobre las cosas en las que más desperdiciamos el tiempo a lo largo de nuestra vida (spoiler: no son las redes sociales), esas cosas de las que luego nos arrepentimos al hacernos mayores.

Una de ellas era la envidia.

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Cómo atrapar a tu lector con el efecto Zeigarnik (y otros recortes literarios)

enero 22, 2016 — by Gabriella34

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Mucho ojo con este artículo, porque en él voy a desvelaros una de las cosas más útiles que aprenderéis en vuestras vidas.

Pero empecemos por el principio, que hoy tenemos mucho de lo que hablar y todo ello destinado a convertirnos en escritores más eficientes, más talentosos, más disciplinados e incluso más guapos. Vamos a empezar por la cosa esa rara del título de este post: el efecto Zeigarnik.

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Cómo saber si deberías tener un blog (Y otros recortes literarios)

diciembre 11, 2015 — by Gabriella48

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¿No decían que había muerto el blog? ¿Que Facebook lo había matado a sangre fría, vestido de azul, con una llave inglesa en la biblioteca?

No, no, aquí sigue. Aquí estoy, escribiendo palabras en la ventanita de WordPress, os lo prometo. No soy una inteligencia artificial: algunos de vosotros hasta me conocéis en persona y tendréis que admitir que para ser un androide estoy la mar de bien articulada. El blog ha sabido reinventarse y sigue siendo un combatiente de peso en la eterna guerra entre formatos, medios y métodos en el amplio abanico de posibilidades de la comunicación en línea.

La primera pregunta, claro, es la más necesitada, la que nos hacemos todos los que escribimos: ¿sirve un blog para vender libros?

No hay una respuesta única, pero podemos resumir más o menos lo siguiente: no, un blog no sirve para vender libros directamente, pero sí para conseguir un seguimiento que, con vista y tesón, podría llegar a tener alguna conversión a ventas.

Uf, cuánto trabajo para vender unos poquitos libros, ¿no?

Yo creo que la pregunta más importante se hace mucho menos:

¿Es un blog lo que yo necesito?

¿Deberías tener un blog? ¿Tú? Ya he hablado de la importancia de tener una plataforma, un lugar donde puedan encontrarte. No tiene que ser, por narices, un blog. En EBook Hermanos, por ejemplo, hablan de las posibilidades de marketing para autores sin blog, que pueden utilizar una sencilla página de lanzamiento, combinada con técnicas avanzadas de venta en Amazon. Un blog implica un esfuerzo bastante grande: no se trata solo de actualizar con contenidos de manera periódica, sino de mantener una interacción responsable y cordial con los lectores. Y no solemos hablar mucho de dinero, pero también hay costes involucrados: servidor, diseño, interfaz para la lista de correo… Estos costes, además, suben cuanto mejor funciona un blog.

Pero yo cavaría más hondo. Creo que la necesidad (o no) de mantener un blog se reduce a una pregunta crucial que nos hace Elisa Gabbert en la columna para escritores que lleva en Electric Literature.

¿Qué tipo de escritor eres?

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Qué podemos aprender los escritores de una foto perfecta (y otros recortes literarios)

noviembre 27, 2015 — by Gabriella32

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Estoy segura de que habéis visto ya esta foto. Es una foto perfecta, de una zambullida perfecta, de un pájaro perfecto en el instante perfecto.

Lo más sorprendente, y lo que ha hecho que esta foto sea noticia, es que es el resultado de seis años de trabajo y 720000 intentos.

Nunca pensamos en eso, creo. Miramos la foto, nos maravillamos, pinchamos en otra cosa. Pocas veces nos paramos a reflexionar sobre esos 720000 intentos.

Creo que el mensaje para todos los que creamos es bastante claro. Diría que de esta foto podemos extraer tres conceptos muy útiles:

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¿Cuál es el sentido de tu novela? (Y otros recortes literarios)

noviembre 6, 2015 — by Gabriella30

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No estoy hablando del sentido de la vida, ni de por qué escribimos, ni de aquella frase tan rara que te dijeron por Twitter y que todavía no has podido descifrar (el diccionario predictivo puede ser un monstruo).

Uno escribe una novela, le da un par de vueltas y la manda a ocho editoriales diferentes.

Bueno, me han dicho que eso es lo que hacen algunos escritores. Para otros, el proceso es distinto.

Uno escribe una novela, le da dieciocho vueltas, se pregunta por qué se hace eso a sí mismo, se arranca un poco de pelo, la manda a ochenta lectores cero, a trescientas editoriales, luego encuentra tres erratas en la primera página del manuscrito y llora y se hace Grandes Preguntas, como: ¿llegaré algún día a pisarles los talones a mis ídolos?, ¿por qué vende tanto ese escritor al que apenas conozco pero que me cae tan mal? y, por supuesto, ¿cuál es el sentido de mi novela?

Porque tu novela tiene un sentido, ¿no? Tiene algún tema, esencia o significado entre líneas, ¿verdad?

¿Verdad?

Ese sentido a veces está en el centro, escondido, eso me lo enseñó James Scott Bell. Y también me ha enseñado otra cosa: hay maneras de averiguar qué se esconde en el corazón de tu novela. Hoy quiero hablaros de mi favorita.

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Cómo hacer “networking” leyendo un artículo al día (y otros recortes literarios)

octubre 23, 2015 — by Gabriella33

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Networking.

Net (red) + working (trabajar/trabajando). Trabajarse una red.

Uf.

Siempre me suena a gente que se cuela por tu ventana por la noche para robarte el móvil y quedarse con tu agenda de contactos.

¿O eso son vampiros? Nunca me acuerdo.

Me suena a gente que me agrega a LinkedIn para poder llegar a gente a la que tengo agregada en LinkedIn.

¿Malo? No. Pero siempre me hace sentirme un poco… objeto. Como si solo fuera un medio para un fin. Como la chica a la que se le acerca el chico más guapo del baile y se ilusiona y solo era para preguntarle el nombre de su amiga. Aunque esa comparación no es aplicable porque nunca he sido de chicos guapos en los bailes y a mí me encanta decir los nombres de mis amigas, que suelen ser bonitos y te bailan mejor en la lengua que el guapo este pesao. Pero en mi cabeza sonaba bien.

Es fácil volverse un poco paranoica. Alguien te dice que le encanta tu blog y que eres lo mejor que existe bajo el sol desde que murió Freddie Mercury. En un 99% de los casos, el siguiente párrafo empieza con “quiero pedirte un favor”. Eso es algo que nunca te cuentan del blogging, por cierto. Que cuanta más gente te lea más gente te va a pedir favores. Algunos son favores muy chulos, otras veces no. Os creéis que todo esto es jauja y champán y fiestas orgiásticas en castillos escoceses, pero no.

En el 1% de los casos, el segundo párrafo empieza con “he hecho esto para ti”. Esa es la gente de quien suelo acordarme. Esa es la gente a la que intento echarle una mano, si puedo, aunque no me pida nada. La gente que te escribe cosas bonitas y te cuenta cómo les ha afectado algo que has dicho, o cómo han recomendado tu libro a sus amigos.

Eso es networking, amigos. Ser ese 1%.

¿Quieres que alguien con seguimiento comparta tu material? Más te vale que sea bueno, lo primero y más te vale compartir sus cosas, mencionarlo en tus artículos, lo segundo. Y aun así debes entender que esa persona no te debe nada ni tiene ninguna obligación contigo.

Se puede, además, hacer networking del bueno aprendiendo e inspirándose al mismo tiempo. ¿Cómo?, me preguntaréis, porque sois muy preguntones y es una de las cosas que más me gusta de vosotros (eso y vuestro cabello dorado, ondeando al viento, vuestros erguidos pechos y enhiestas figuras que me ciegan con su perfección y brillantez).

Para ello recurro a Altucher. Otra vez, sí. Tú no tienes ni idea de ello, Altucher, pero en España hay una bloguera/escritora/mercenaria de las letras muy pesada que no hace más que citarte porque, qué diantres, a veces dices cosas muy buenas.