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12 razones por las que nunca serás productivo

abril 18, 2018 — by Gabriella18

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La productividad tiene mala fama.

En una reunión de vecinos, la productividad sería ese señor desagradable al que se le seca la saliva en la comisura de la boca y que siempre se queja de las cagadas de tu perro. Tú recoges esas cagadas religiosamente, pero todo el mundo respeta y soporta a ese señor porque es el único que se atreve a llevar las tareas de tesorería y lidiar con los técnicos del ascensor.

Suena mal, es cierto. No tengas vida, sé productivo. Olvida a los demás seres humanos, olvídate de ti mismo y céntrate en la tarea obsesiva y agotadora de formar parte del engranaje de un producto.

En cierto modo, esta fama es merecida. Ese vecino nos cae fatal. Es fácil asociar productividad a un sistema donde trabajar es lo único importante; un sistema donde, además, encontramos casos frecuentes de abuso, remuneración insuficiente (o nula) y exceso materialista. Si este concepto de la producción vacía y cruel lo vinculamos a lo artístico, tenemos una bomba entre nuestras hermosas manos escritoras (y quien dice nuestras dice tuyas, que yo tengo las uñas sin hacer).

Pero hoy no vengo a hablar de la glorificación del trabajo y de todo lo que eso conlleva, sino de algo mucho más sencillo: el problema de no llegar. El problema de la pereza. El problema de la distracción. En suma: el problema que aqueja a los que saben que tienen que llevar a cabo una serie de tareas para alcanzar sus objetivos personales, pero no lo consiguen.

No hablo de personas que físicamente no pueden. Personas con enfermedades crónicas o con ocho niños asalvajados a los que cuidar. Habrá quien te diga que puedes con todo y que lo que te pasa es que te inunda la vaguería, pero sabemos que eso no es así (y ya verás cuando lleguemos al punto 13 y hablemos sobre el tema). No, no, no, no, no. Si estás en ese grupo, tienes preguntas más importantes que hacerte antes de lidiar con este artículo, como: ¿cuál era el número de urgencias para cuando Rodrigo Jaime se abre la cabeza? o ¿conseguiré hoy salir de la cama y llegar hasta la ducha? O, tal vez, tú también eres víctima de la terrible obligación de actualizar tu cuenta de Instagram, esa cuenta donde te esperan 321581 seguidores:

Uf, ¿que eso era hoy?

Pero yo te estoy hablando a ti, sí, tú: persona que abre Facebook y descubre, cinco horas después, que hoy no ha hecho nada. Te estoy hablando a ti: persona que trabaja de sol a sol para descubrir, con desaliento, que no ha conseguido terminar nada de importancia. Ambos escribís, ¿no? O, por lo menos, queréis escribir. Y no entendéis dónde se os ha ido el tiempo, el día, la semana. La vida.

Quiero hablar de las razones por las que esto ocurre. La razón por la que pasa un año y te preguntas qué fue de todo aquello que querías alcanzar. Trabajes en oficina, en casa o en el pico de un monte nevado, probablemente te encante pensar que todo es una cuestión de disciplina y de saber organizarse.

Creo que mientras sigamos pensando que todo es disciplina y organización, seguiremos perdiendo el tiempo.

Estas son mis razones. Y digo mis, porque he caído (y sigo cayendo, aunque menos) en cada una de ellas. Sé que no soy la única.

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¿Hay tiempo para escribir y para todo lo demás? La teoría de los cuatro fuegos

junio 10, 2016 — by Gabriella32

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Soy la tonta de los dibujos bonicos sobre temas vitales.

Uno de mis favoritos es el famoso triángulo de servicios, que es así:

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Básicamente, lo que dice el triángulo es que si quieres contratar un servicio solo puedes tener dos vértices del triángulo. Pongamos que quieres que alguien te haga una corrección de estilo. Si lo quieres de calidad y barato, vas a tener que esperar pacientemente a la entrega. Si lo quieres de calidad y rápido, te va a salir más caro de lo normal. Y si lo quieres rápido y barato… bueno, no hay que ser un lince para saber que probablemente la calidad no sea óptima.

Lo que nos dice el triángulo es que, aunque lo queramos todo, tenemos que aprender a priorizar.

Y ahí entra, sobre todo para nosotros, que somos escritores, la teoría de los cuatro fuegos, que descubrí el otro día en el blog de James Clear.

Esta teoría nos dice que hay cuatro fuegos que tenemos que mantener encendidos en nuestra vida: nuestra salud, nuestro trabajo, nuestros amigos y nuestra familia. Imaginaos una vitrocerámica, un panel de inducción o cuatro fuegos de butano de toda la vida, no importa. El resultado es este:

cuatro fuegos

Según la teoría que apunta Clear, es radicalmente imposible darle todo nuestro esfuerzo a los cuatro a la vez. Es posible hacer un buen trabajo en dos de ellos a la vez, y un trabajo decente en tres, pero la excelencia en todos es imposible. Veamos algunos ejemplos:

-Si quieres ser un monstruo del fitness, vas a dejar de lado tu trabajo para pasarte más horas en el gimnasio, y también a tus amigos y familia.

-Si quieres destacar en el campo en que trabajes, vas a sacrificar horas de cocinar bien y hacer ejercicio para trabajar, vas a dejar de lado amigos y familia.

-Si quieres ser el mejor amigo del mundo, tu familia ocupará un segundo plano, al igual que tu trabajo y salud. ¿O es que vas a rechazar una llamada necesitada de tu colega solo porque estás trabajando para una fecha de entrega?

-Si quieres ser el mejor padre/madre del mundo, estamos en las mismas.

Hay excepciones, claro. Puedes ser un monstruo del fitness y tener una buena vida social porque tus amigos son tus compis de gimnasio, y tal vez tu trabajo podría estar al máximo si eres monitor de ese gimnasio o si te dedicas a la nutrición o al deporte competitivo. Pero dudo que tu familia esté tan metida en esto de la salud como tú. Y así con todo: puede que tus amigos sean tus compañeros de oficina, pero, aun así, si el trabajo es tu prioridad, verás poco a tu familia y aún menos a tu gimnasio.

Seguro que no os cuento nada que no os suene. Escribir no es una actividad conocida por su rentabilidad, por lo que habitualmente la combinamos con otro trabajo (o trabajos) principales. Eso significa que escribir se convierte en un trabajo (o afición, según tu enfoque) que ocupa un tiempo que debemos restar a otros aspectos de nuestra vida.

Clear propone dos soluciones para este problema: el outsourcing y la aceptación de nuestros límites.

Mediante el outsourcing, recurrimos a otras personas para ahorrar tiempo, que podemos luego dedicar a las áreas más descuidadas. Un ejemplo sería pagar a alguien para que limpiase nuestra casa, pagar a una guardería para nuestros niños o contratar a un diseñador web para que nos quite horas y horas de pelearnos con nuestra plataforma. No obstante, como bien aplica Clear, ninguna de estas situaciones es ideal, ya sea porque no podamos permitirnos esos gastos o porque los resultados no sean exactamente los que buscamos.

Mediante la aceptación de nuestros límites, intentamos sacarle el máximo provecho al tiempo y a la energía de los que sí disponemos Por ejemplo, podríamos quedar con familia y amigos a la vez, o encontrar alguna manera de hacer ejercicio en el trabajo. Pero estas combinaciones son complicadas y no son posibles para todo el mundo. De ahí que yo, como muchos escritores, experimente de forma constante con distintos modos de productividad y optimización del tiempo. Clear explica así las ventajas y desventajas de este sistema:

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Asumiendo que solo puedo trabajar entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde, ¿cómo puedo hacer la mayor cantidad de dinero?

Asumiendo que solo puedo escribir 15 minutos al día, ¿cómo puedo hacerlo lo más rápido posible?

Asumiendo que solo tengo 3 horas a la semana para hacer ejercicio, ¿cómo puedo conseguir la mejor forma posible?

Este tipo de preguntas te empuja hacia algo positivo (sacar el máximo partido de lo que tienes disponible) en vez de hacia algo negativo (preocuparte de que no te llega el tiempo). Es más, unas limitaciones bien diseñadas hasta pueden mejorar tu rendimiento.

Por supuesto, también hay desventajas. Aceptar los límites significa aceptar que no estás operando a pleno potencial. Sí, hay muchas maneras de “trabajar de forma más inteligente, no más duro”, pero es difícil ignorar el hecho de que dónde empleas tu tiempo es importante. Si invirtieras más tiempo en tu salud o en tus relaciones o en tu carrera, seguramente verías mejores resultados en esa área.

También hay una tercera solución propuesta por Clear: avivar los fuegos por temporadas. Algunas personas dedican sus años jóvenes a su trabajo, luego deciden que la familia es lo más importante. Otras se casan pronto, tienen hijos, y con cincuenta años deciden que la escritura es su vida entera. Dentro de una sola vida puede haber estaciones diferentes. Pero incluso así, cada temporada tiene sus prioridades. En ninguna lo tenemos todo.

Personalmente he encontrado combinaciones y recursos que me dan buenos resultados. Pero siempre hay algo que sale perdiendo. Puedo mantenerme en una forma más o menos aceptable, pero no excelente. Puedo quedar con amigos… ah, sí, ¿hola, os acordáis de mí? Sí, soy la chica esa a la que veis una vez al año, con suerte. He encontrado una pareja que se dedica a lo mismo que yo y con quien comparto objetivos. No estoy casada, ni tengo hijos, ni nadie a mi cargo (aparte de mi gato). Algunos fuegos han bajado para poder subir uno al máximo.

Y a lo que voy es a que llego a la misma conclusión que Clear: si queremos ser realmente buenos en algo, exige sacrificar tiempo y esfuerzo de los otros tres fuegos. Que no hay más remedio que priorizar. He tomado decisiones que la gente no suele entender para poder dedicar mi tiempo a escribir. Hace falta mucha cabezonería para decidir cuál es tu prioridad y que todas esas decisiones vayan en esa dirección.

¿Es eso lo que nos distingue a los que escribimos? ¿Pura cabezonería?

No cuento esto para deprimir a nadie. Nadie tiene que sentir pena por la pobre chica que lo sacrifica todo porque no sabe las cosas que realmente importan en la vida (insertar moraleja de peli de Hollywood aquí). Simplemente, las recompensas que busco son distintas a las que buscan otras personas. Ni mejores ni peores.

No, no pretendo deprimiros. Cuento esto porque escribir es difícil, y sacar adelante tus obras, que te lean y conozcan, también. Ya os he dicho que en algunos ámbitos de marketing se dice que el tiempo acaba dividiéndose entre un 20% de creación del servicio o producto y un 80% destinado a que se conozca. Veo gente que se lanza a escribir, hace un par de relatos y se desanima cuando no ganan concursos o no los compra nadie. Gente que actualiza su blog cada tres meses con artículos mal redactados y no entiende por qué no recibe visitas. No son conscientes de lo que de verdad implica todo esto.

Creo que es mejor darnos cuenta, lo antes posible, de que escribir para pasar el tiempo está muy bien y es muy bueno por muchas razones. Pero escribir en serio, buscando reconocimiento, remuneración y perfeccionamiento de nuestras habilidades, exige sacrificios. Puedes empezar lento, con diez minutos al día. Pero, a la larga, exige una entrega que raya la explotación de nosotros mismos. Y siempre hay hacks y combos y trucos para ser más sano, mejor amante, hermano, amigo y etc., pero al final la decisión está ahí, para tomarla.

Estamos en un momento donde abundan aquellos que, a lo Tim Ferriss, nos venden que es posible tenerlo todo. Es posible ser el mejor escritor, padre y atleta del mundo. Pero todos sospechamos que no funciona así: solo hay que mirar a cualquier grande de la literatura.

Y la pregunta final es rabiosamente difícil:

¿Estás dispuesto/a a bajar los otros fuegos para que arda tu escritura al máximo?


Cómo sobrevivir a la escritura: Lo mejor de Gabriella Literaria sobre escribir, publicar y promocionar tus libros.

Cómo sobrevivir a la escritura

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Tres preguntas para acabar con tareas estúpidas

mayo 11, 2016 — by Gabriella16

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Todo esto de ser escritor 2.0 es muy cansado.

Blogs, redes sociales, edición (si eres indie), listas de correo, SEO, networking, podcasts, vídeo… Solo para eso de promocionarnos la lista es interminable (y por eso os hice un resumen de lo mejor aquí).

Ayuda mucho hacerse la pregunta del 80/20. ¿Qué tareas me proporcionan un rendimiento del 80%, un retorno importante, y cuáles no son más que tareas menores, que me ofrecen solo el 20% de resultados?

Tenemos claras las labores fundamentales, ¿verdad? Escribir, corregir, leer y todo lo que implica una buena edición si somos autopublicados.

¿Pero qué hay de todo lo demás? Todo aquello que nos aseguran que es INDISPENSABLE para nuestra labor. ¿Es absolutamente necesario tener (y mantener) un blog? ¿Es imprescindible tener una presencia activa en redes sociales? ¿Moriremos de manera horrible si no tenemos un canal de booktube?

Creo que la mejor respuesta que he leído hasta la fecha la dan Sean Platt y Johnny B. Truant en su libro Iterate and Optimize. La respuesta consiste, paradójicamente, en tres preguntas. Tres preguntas que has de hacerte, oh, escritor/a indeciso/a, cada vez que alguien te zarandee por los hombros y te pregunte que cómo diantres no estás en Periscope grabando vídeos de Snapchat con anuncios de Pinterest, OH, INSENSATO:

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11 excusas para no escribir (y cómo demolerlas)

marzo 18, 2016 — by Gabriella55

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Hoy no haré un artículo de recortes normal, como los de viernes normal.

Tal vez este tema de hoy sea un único y gran recorte (gran por lo de extenso; la calidad ya la juzgáis vosotros).

Viene de un artículo que leí hace poco de Yolanda González Mesa, donde reflexionaba sobre los espacios que usamos para crear y de las excusas que utilizamos para procrastinar un poco más. Nos podemos atar tanto a nuestras manías y rituales que nos decimos que sin ellos no podemos trabajar: olvidamos que son herramientas, no razones. Nos mentimos. Es más fácil decir que no tienes el despacho perfecto que decir que no te apetece, que te da miedo, que estás cansado/a y que no ves futuro para este laberinto de dieciocho mil salidas en falso en que te has metido por mucho que tu madre te pregunte por qué. Por qué, hija, por qué.

(Gracias, a todo esto, mamá, por nunca hacer esa pregunta en alto).

El artículo de Yolanda se llama No uses la falta de espacio como excusa.

Hay muchas otras cosas que usamos como excusa. Mi bandeja de correo y mi memoria están llenas de personas que me cuentan, semana tras semana, por qué lo tienen tan difícil para escribir.

Eh, yo no voy a juzgar a nadie. En muchos sentidos, lo tengo más fácil que otras personas. Y muchas de esas “excusas” que damos son excusas reales, razones de imposibilidad, de peso muy pesado.

excusas para no escribirAlgunas excusas son perfectamente válidas. "Mi pelo ha tomado conciencia de sí mismo y me he levantado que parezco el tipo ese de Hellraiser" es una de mis favoritas.

Muchas otras veces no lo son. Y la falta de sinceridad que tenemos para con nosotros mismos (sí, claro que me incluyo) nunca deja de sorprenderme.

He enumerado las once excusas que creo que son más comunes, las que más escucho, y ofrezco algunas sugerencias para analizar si son excusas reales o falsas, para intentar demolerlas de una vez por todas.

Empezamos con aquella que inspiró este artículo: la falta de un espacio adecuado.

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9 preguntas que atormentan a los que escriben (y alguna respuesta)

agosto 4, 2015 — by Gabriella22

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Una de las cosas buenas (o malas, según se mire) de que crezca un blog es que recibes muchos correos y mensajes de otros escritores que, por alguna razón que se me escapa, tienen la curiosa noción de que tienes más idea que ellos sobre cómo triunfar en esto de la escritura, ya sea comercial o literariamente.

Me gustaría compartir con vosotros las dudas más frecuentes, las preguntas que atormentan a mis compis de oficio. Primero, porque tal vez algunos de vosotros tengáis los mismos retortijones existenciales y esto pueda seros útil (o por lo menos más útil que leer veinte libros de escritura y un manual de autoayuda desesperada*); segundo, porque así solo tengo que poner este enlace cuando me pregunten, y me evito escribir las mismas respuestas una y otra vez. ¡Ja!

Yo soy, como muchos de vosotros, un proyecto en proceso, pero espero que la poca experiencia que haya podido recopilar de mis años de edición y escritura (unido a mis fenomenales poderes de observación y análisis. De nuevo: ¡Ja!) puedan ofreceros algunas respuestas que sirvan. Siempre recuerdo el caso de Leanne Regalla, que se puso a enseñar a tocar la guitarra cuando solo llevaba ella misma un año de aprendizaje. Una amiga docente fue la que la animó. Le dijo que, aunque solo llevara un año de práctica, ya era un año más que los que nunca habían cogido una guitarra. Ahora es músico profesional y asesora para otros artistas, así que se ve que la mujer le sacó el máximo provecho a aquel consejo. Es en la enseñanza donde realmente aprendemos. Y yo he hecho muchas cosas fatal, así que, aunque muchos escritores aguerridos y de plateadas sienes me mirarán con el desprecio de quien sí sabe, creo que de mis errores podrían salir algunas cosillas importantes para aquellos que empiezan.

Así que ahí van. Las preguntas que más me hacéis y a las que espero poder contestar con algo medianamente coherente:

1. ¿Debo autoeditarme o tirar por la edición tradicional?

Odio esta pregunta, porque en realidad no hay una respuesta sencilla. Siempre digo que ambas opciones son perfectamente válidas (y no soy la única). Por suerte, el desprestigio de la autoedición ya no es tanto como antaño, y cada vez es más común que autores publicados por la vía tradicional también le hayan dado un tiento a la autoedición; por lo que el hecho de que seas autoeditado no tiene por qué influir en la percepción que puedan tener de ti los editores a la vieja usanza. Al contrario: si te has autoeditado y te has construido una plataforma y un seguimiento, es más probable que se interesen. Un buen ejemplo de esto son las escritoras Iria G. Parente y Selene M. Pascual, que se autoeditaron su novela Pétalos de papel, y luego publicaron con Everest y con Nocturna, editoriales tradicionales de gran alcance. El caso contrario es el de Ana González Duque, que primero le dio a la publicación tradicional y luego se lanzó de cabeza a la autoedición. Las tres son buenos ejemplos de cómo a cada autor le interesa y conviene más un formato u otro, pero que en ningún caso tienen que estar reñidos.

Si tienes ya una plataforma y cierto seguimiento, y estás acostumbrado a promocionarte, creo que es más viable la autoedición. No tendrás que lidiar con los plazos editoriales, podrás hacerlo todo tú solo/a, los porcentajes serán mayores, etc. Si, por el contrario, eres un autor que se lleva mal con la promoción, y eres poco conocido, puede ser más fructífero seguir mandando manuscritos a editoriales, a la antigua. Esto es también más recomendable para autores con poco tiempo y medios para dedicarse a aspectos de los que tradicionalmente se encargan las editoriales: corrección, maquetación, diseño, etc.

Lo bueno es que estas dos opciones no son excluyentes, como ya he comentado. Prueba con las dos. Ten un manuscrito en movimiento por editoriales mientras te autoeditas en eBook y/o papel con otra obra. Es una forma idónea de comparar ambas experiencias y ver cuáles te convencen más. Yo tengo que decir que me gustan ambas (también porque he tenido suerte con las editoriales con que he publicado). Ambas tienen sus propias satisfacciones, frustraciones y recompensas.

2. No consigo que la trama de mi novela avance. Estoy atascado/a y no hago más que cambiar cosas. ¿Qué puedo hacer?

Este problema es tremendamente común, y por lo que he podido ver suele responder a una falta de planificación. Aunque algunos escritores son de brújula (navegan por intuición por su texto, sin perder el norte), la mayoría de nosotros necesitamos algún tipo de esquema o preparación para orientarnos y no perdernos por el camino. Esta preparación puede hacerse de varias maneras (hay mil métodos), pero yo suelo seguir el siguiente proceso:

  1. Escribir una sinopsis o resumen de lo que va la novela.
  2. Crear un esquema con los capítulos o secciones. Escribir un resumen de cada capítulo dentro del esquema.
  3. Antes de empezar un capítulo, revisar el resumen y escribir la lista de escenas que lo componen.
  4. Al sentarme en cada sesión de escritura, planificar qué voy a escribir durante esa sesión.
  5. Al terminar la sesión, dejar notas sobre qué ocurrirá en la sesión siguiente.

Como veis, con este método vamos de lo más grande a lo más pequeño, de lo general a lo detallado. Es similar, en cierto modo, al método copo de nieve, pero he incorporado también procedimientos para cada sesión de escritura, como explica Rachel Aaron, que multiplican mi velocidad e impiden que me atasque. Y si me atasco, meto un unicornio, o una nave espacial o una escena de sexo, que siempre da alegría. O una escena de sexo entre unicornios en una nave espacial. Porque yo lo valgo y nací para el weird.

Algunos autores dicen que este tipo de esquematización les corta la inspiración y le quita diversión al acto inesperado de escribir. Puede ser. Pero hay que tener en cuenta que estos esquemas no están esculpidos en piedra: son meras guías útiles que podemos cargarnos y saltarnos en cualquier momento. De hecho, encuentro que muchas veces, siguiendo mis planes, se me ocurren ideas buenas que me obligan a cambiarlo todo. Pero eso es lo genial del proceso, que puedes ir modificando sobre la marcha, adaptando cada sesión de escritura según tus necesidades. Con suerte, la sinopsis que harás al final tendrá poco que ver con la que hiciste al principio de tu trabajo.

3. Describo demasiado / no describo suficiente, ¿puedes ayudarme?

¡Puedo! Es más sencillo de lo que parece.

Para vosotros los verbofágicos que no podéis parar de meter detallitos por todas partes: no os preocupéis. Meted todo lo que os apetezca y dé la gana. Hasta aquello que no tiene ningún sentido. Es vuestro subconsciente en acción y eso es primordial. No lo coartéis.

Cuando terminéis y llegue el momento de editar y revisar, haceos una pregunta: ¿sirve esto que he escrito para que avance la acción?

Es decir, ¿sirve esta escena para algo? El texto debe servir, sobre todo, para decirnos algo de los personajes o para hacer que avance la trama. Sí, es posible que tu soliloquio filosófico sobre el origen de las pelusas que se cuelan en el ombligo no termine de encajar en este capítulo. Cabe la posibilidad de que estas tres páginas de descripción del vestido de tu protagonista no sirvan para nada (un vestido amarillo y rojo nos dice que el personaje es atrevido, muy patriota o daltónico; tres páginas de descripción del vestido nos dicen que igual es hora de leer algo más interesante, como por ejemplo una guía de teléfono).

No tengáis miedo a cortar. A Stephen King le dijo un editor que era conveniente quitar por lo menos un 10% del manuscrito, y a King parece que no le van mal las cosas. Ese recorte hace que el texto gane en solidez.

¿Pero qué ocurre cuando nos cuesta la vida meter descripciones? Algo de descripción se necesita: los lectores quieren saber cómo es el entorno del que se rodean, para poder meterse plenamente en el texto. Os voy a dar un truco que uso yo, porque yo odio describir cosas (otro amanecer dorado con leve llovizna y nubes esponjosas no, por favor). Es secreto, no se lo contéis a nadie:

  1. Escribe tu escena, o capítulo, secuencia, lo que sea. No te preocupes por describir nada, solo lo que te vaya viniendo a la cabeza. Escribe lo importante: acción, diálogos, etc.
  2. Una vez terminado, rellena los huecos.

Megafácil. Repasas. Dos personas están hablando en una habitación. ¿Es un salón, un dormitorio, un cuarto de baño? ¿De qué color es, cómo es el suelo, las paredes, cómo son los muebles? ¿A qué huele? ¿Qué tacto tiene ese cojín? ¿Hay algún ruido de fondo? Sumerge a tus lectores en la escena usando de los cinco sentidos. Pinta y decora. Puedes probar a usar palabras aleatorias para crear metáforas originales, para meter detalles que nunca se te habrían ocurrido. Colorea tu dibujo.

Ah, luego te tocará recortar, porque te pasarás pintando y te saldrás de las rayas. De eso no te libras.

4. Tengo trabajo, familia y una plaga de cucarachas mutantes en casa*, ¿de dónde saco el tiempo para escribir?

Es posible que esta sea la pregunta que más me hacen, lo cual es curioso porque es con lo que más doy la paliza aquí en el blog. Pensé que a estas alturas estaríais ya todos más que hartos del tema.

Esto de escribir quita tiempo. Si escribes por afición, porque te gusta, la respuesta es muy sencilla: escribe cuando puedas y cuando quieras.

Pero si escribir es tu pasión, tu sueño y todas esas cosas tan bonitas que nos cuentan las pelis yanquis de béisbol, no hay respuesta fácil. Vas a tener que sacar tiempo de debajo de las piedras. Vas a tener que levantarte a las cinco de la mañana. Vas a tener que escribir en el trabajo, en el metro, en los ratos muertos entre que llega o no llega el exterminador (Pepe para los amigos, Gran Ángel Negro de los Infiernos para las cucarachas). Vas a empezar a tratar la escritura como algo serio. Asume que la promoción, bien hecha, quita mucho tiempo. Si no dispones de este tiempo, concéntrate en escribir lo mejor que puedas y sepas, y en el largo peregrinaje de editorial en editorial.

Hagas lo que hagas, no dejes tu empleo (ni dejes de buscar uno). Tardarás mucho en empezar a ver algún dinero por lo que escribes. Más bien busca formas de trabajo que te permitan escribir o aprender sobre la escritura. Y aprende a sacarle el máximo provecho a tu tiempo. Aprende a escribir deprisa; aprende a ser productivo/a.

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Me gustaría deciros que con trabajo duro se alcanzan los sueños; que si le dedicas el suficiente tiempo y ánimo, acabarás vendiendo tropecientos millones de libros y bañándote en piscinas de esas sin horizonte en alguna torre en Dubai. Pero no es así como funcionan los superventas. No te creas todos esos artículos llenos de banners interactivos que te aseguran que puedes forrarte vendiendo en Amazon en menos de un mes, sin apenas levantar un dedo. ¿Hay gente que hace dinero vendiendo en Amazon? Haberla hayla. Pero es menos dinero del que aseguran y trabajan 24/7 para conseguirlo. Muchos de ellos hacen su dinero vendiendo libros sobre cómo hacer dinero vendiendo en Amazon. Cuando lo piensas, el nivel de metaironía es delicioso.

5. No tengo ni idea de cómo empezar a promocionar mi libro. ¿Puedes ayudarme?

Podría escribir cientos de artículos sobre promoción para escritores. Y alguno he escrito. La red está llenísima de gente diciendo lo mismo: que si sorteos en Goodreads, que si grupos de Facebook, que si tu libro gratis en KDP Select, etc., etc., etc.

Todas esas tácticas son buenas si ya tienes cierto seguimiento, un grupo de lectores potenciales que, tras la exposición adecuada, podrían acabar comprando tu libro (énfasis en podrían).

Dentro de la edición tradicional hay sistemas de publicidad muy distintos a los de la autoedición: la distribución, sin ir más lejos, es un modo de promoción habitual, al ofrecer un producto a plena vista del consumidor de paso. Es muy complicado aplicar tú mismo estrategias de promoción a un libro que has sacado con una editorial, porque no tienes respuesta dinámica de ventas: no ves las ventas de manera inmediata ni conoces su procedencia, por lo que es difícil saber qué tacticas te están funcionando y cuáles no.

Lo bueno de la autoedición es que sí podemos hacer ese A/B testing que nos indica qué estamos haciendo bien. Personalmente me gusta la siguiente estrategia, que es la que, por ahora, me ha dado mejores resultados: tener un “hogar”, un punto centralizado a donde puede acudir cualquiera que quiera saber más de nosotros (en mi caso, el blog), y utilizar una o dos redes sociales donde interaccionar lo más posible con otros escritores y lectores. Tras varias intentonas, un poco de experimentación por aquí y por allá, cada vez estoy más convencida de que es mejor concentrar nuestros esfuerzos en una sola red social, entender cómo funciona, estudiar sus mecanismos para crecer en ella, que compartir enlaces en todas partes. Lo que más cuesta es arrancar, pero obtenidos los primeros seguidores es más fácil conseguir un efecto bola de nieve.

La clave, me temo, está en el networking. Como digo siempre: deja de ver al lector como alguien que está obligado a reconocer tu impresionante trabajo y empieza a pensar en qué necesita ese lector. Habla con él, pregúntale, comparte recursos que puedan serle útiles. Sé que a veces parezco muy hippy-happy cuando digo estas cosas, pero estoy plenamente convencida de que los juegos en los que todos salimos ganando son mil veces más productivos que aquellos en los que competimos y usamos métodos éticamente cuestionables para conseguir seguimiento y ventas. Lo dice mi experiencia y también lo dice la teoría de juegos. ¿Por qué tiene que salir alguien perdiendo si podemos ganar todos?

Lo cual me lleva a la siguiente pregunta:

6. ¿Necesito un blog?

No. No necesitas un blog. Necesitas un centro, un punto de entrada y salida, ya sea una página web o una página de autor en Facebook, Amazon o Goodreads. Yo recomiendo una web propia, ya que así no dependes de cambios que puedan ocurrir en otras redes. Tu web es tuya, de nadie más. Solo tú decides qué va ahí.

Puedes conseguir plantillas WordPress gratuitas, por ejemplo, pero sí recomiendo que tengas tu propio dominio, aunque tengas que pagar un poquito al mes por el nombre de tu web y su alojamiento. Empresas que ofrecen páginas gratuitas como Blogger (Google) siempre tendrán control sobre lo que publicas y cómo lo publicas. Pueden estar bien si acabas de empezar, pero siempre queda mucho más profesional (y es más fácil encontrarte) si tienes un .com o similar propio. ¿Recomiendo pagar por plantillas avanzadas? Sí, pero no tienes que hacerlo de manera inmediata. Puedes empezar con una gratuita, hasta sentirte cómodo/a, y luego empezar a mirar alternativas. Y por favor, ni se te ocurra descargar plantillas pirateadas. En esas plantillas (que además se venden a muy buena relación calidad-precio) una serie de personas han invertido mucho esfuerzo y tiempo; no me seas cutre (que luego nos quejamos de la piratería de libros, ejem). Por otra parte, si usas versiones piratas no tendrás acceso a su sistema de soporte en caso de cualquier problema, ni recibirás las necesarias actualizaciones.

Un blog es un buen método para atraer personas con quienes establecer contacto, pero no es una garantía de nada (¡y mucho menos de ventas!). Es muy difícil conseguir que un blog despegue. Creo que una buena opción para escritores es llevar blogs de reseñas, ya que las reseñas serán compartidas por los autores de los libros reseñados: cuanto más seguimiento tenga el autor en cuestión, más exposición tendrá tu blog. Y puedes meter entre reseña y reseña artículos sobre tus propios libros y tu experiencia como escritor/a. He visto que algunas personas recomiendan separar la faceta reseñadora de la escritora. Entiendo por qué (donde tienes la olla no metas la p…), pero creo que esa separación puede significar perder una buena oportunidad de aprovechar un seguimiento interactivo que te permita darte a conocer como autor/a.

Ten en cuenta que no es necesario publicar tres artículos semanales para que el blog arranque un poco (eso lo hago yo porque me encanta y porque estoy un poco loca; pero estoy convencida de que si no publicase los artículos de jueves y viernes no vería mucha variación en visitas, siempre que dedicara esos días a promocionar artículos de archivo). Con publicar una vez a la semana (o incluso menos) y acumular artículos que luego puedas seguir reciclando, vas bien. Lo importante es mantener una periodicidad, para “acostumbrar” a tus lectores a estar pendientes de determinadas fechas. Y, ya sabes, si quieres que compartan tus cosas, más te vale compartir lo de los demás.

Antes de iniciar la aventura de llevar un blog, debes hacerte una serie de preguntas fundamentales:

  1. ¿Tengo tiempo? Un blog quita mucho: no se trata solo de escribir los artículos: tienes que investigar qué les interesa a tus lectores, hablar con ellos, moverte en tu red social de preferencia, editar bien los posts, buscar imágenes resultonas y mucho más.
  2. ¿Da de sí el tema que quiero tratar? Si solo hablas del proceso de documentación de tu novela autobiográfica, igual no llegas muy lejos. Pero si escribes novela histórica tienes cancha para rato.
  3. ¿Conozco a mi público? Si escribes de todo para todos, tampoco esperes mucha respuesta. Necesitas algo que te distinga de los demás; ya sea porque escribes sobre temas acerca de los cuales hay poca información, o porque escribes para un nicho de lectores muy especializado.

Más sobre esto y otros temas fundamentales a la hora de llevar un blog aquí.

7. ¿Cómo debo mandarle mi manuscrito a una editorial?

Esta tiene una respuesta muy sencilla y lógica: pregúntale a la editorial. Cada una tiene sus manías. Algunas quieren que les mandes un ejemplar en papel, otras quieren un primer capítulo, otras quieren una sinopsis y un estudio de mercado (más o menos). Infórmate: busca un email o teléfono específico para recepción de manuscritos, asegúrate de que tienen abierta dicha recepción, y pregúntales qué datos necesitan y cómo quieren que les envíes tu libro. Asegúrate de que su línea editorial encaja contigo. Mandar una novela negra a una editorial de poesía es perder tu tiempo y el de la editorial de poesía.

Luego, hazles un elevator pitch irresistible y fantástico.

Ah, también es importante que tu libro sea estupendísimamente maravilloso. Más que el resto.

Os voy a contar otro secreto: hay un truco. Mira qué contactos tienes en común con esa editorial: ¿conoces a alguno de los autores que han publicado con ella? Pregúntales qué hicieron ellos para enviar su libro. Pídeles un email (si pueden) a donde se suelan enviar manuscritos. Si tienes la suficiente confianza con tu contacto, incluso puedes mencionar que has llegado hasta la editorial a través de esa persona. Ya no entras totalmente a puerta fría. Estableces que tienes un interés directo en esa editorial. Que luego pueden tenerte un año esperando igual una respuesta, pero perder no pierdes nada.

Sí, es normal estar un año a la espera. Aunque, por lo que sé, si te hacen esperar un año es que, de responderte, vas a llevarte un NO muy rotundo.

Y es por esto por lo que hay que mandar a muchas editoriales diferentes y estar trabajando en otros proyectos mientras. Si te quedas pegado al teléfono esperando que te llamen se te va a cuadricular el culo. El mío ya es hexagonal.

8. ¿Debo participar en concursos literarios?

Esta es una buena pregunta. No voy a escandalizar a nadie si digo que muchos concursos están dados de antemano, amañados, repletos de nepotismo de la peor estofa. Estofa, sí. Son estofados de amiguismo, de jurados que con frecuencia ni siquiera entienden de lo que están leyendo (ni del género del concurso en que son jurado), de personas que con frecuencia solo están ahí porque se les paga para ello. Tampoco es raro que el jurado, inocente, seleccione entre un número muy limitado de obras, que otro comité se ha encargado de “filtrar” para ellos.

Suena fatal, ¿verdad?

Entonces, ¿para qué presentarse?

Primero, porque hay concursos completamente limpios y legales. Segundo, porque son una manera estupenda de motivarte y de tener un plazo de entrega. Cuando escribimos sin rumbo fijo, sin saber muy bien para qué, viene bien tener esperanza. Y nada como la sensación de esperanza de mandar una participación por correo. De hecho, en mi artículo sobre cómo escribir un cuento a la semana, creo que sería un buen aliciente mandar los mejores relatos a concursos.

Por esto, yo estoy muy a favor de participar en concursos, sobre todo si estás empezando. Una de las cosas que más me animó a seguir escribiendo fue un concurso local que gané con quince años. No he ganado ningún concurso más de relato desde entonces (INCREÍBLE, LO SÉ), pero me han servido de estímulo para muchos, muchos textos.

9. ¿Puedes leer mi libro y darme tu opinión?

Claro que puedo. Y no será una opinión, no. Será un informe completo de las posibilidades estilísticas, de contenido y comerciales de tu obra.

Pero comprenderás que no puedo hacerlo gratis.

Es algo difícil de explicarle a la gente, porque en el fondo a nadie le cuesta mucho leerse un libro (¡que además te regalan!) y decir si le ha gustado o no. Pero imagínate que esto te lo pidiera alguien diferente todos los días. ¿Cuándo publicarías en tu blog? ¿Cuándo escribirías? ¿Cuándo jugarías con tu gato? ¿Cuándo participarías en orgías transdimensionales (no sé vosotros, para mí son una prioridad)? Si te pagan, puedes dejar de hacer otras cosas remuneradas para ponerte a leer esos libros. Leer y estudiar textos ajenos se ha convertido en una profesión y prefiero hacer informes de lectura que correcciones, porque me gustan más y porque creo que aporto más al escritor al explicarle problemas generales e intentar ayudarle a solventarlos. ¿Le pedirías a un amigo manitas que le echara un ojo a un grifo que gotea? ¡Claro! Y luego lo invitas a una cerveza y punto. ¿Se lo pedirías, gratis, a un fontanero? No, porque el fontanero vive de eso.

Aunque quisiera hacerlo por amor al arte y todo el cariño de mi corazón, me sería imposible leer todo lo que me mandan. Intento matar muchos pájaros de un tiro publicando artículos en el blog, intentando dar con respuestas para lo que más nos concierne a los que escribimos. Tengo una pila de libros que me espera y solo me queda un tiempo limitado de existencia para leer a Franzen, a Ishiguro, a Barker, a Cotrina. Soy una lectora lenta, porque tengo que secuestrar tiempo de debajo de las piedras (sí, estoy repitiendo metáfora, lo sé, hace calor) para leer lo que me encanta. Si leo tu libro gratis, tengo que leerlo en mi escaso tiempo libre. Te estoy leyendo a ti en vez de a Barker o a Cotrina. Sé que eres bueno (o eso me aseguras), pero entiéndeme: es Clive Barker. Y si no leo a Cotrina estoy faltando al sacrosanto pacto entre parejas de escritores: leerás todo lo que escriba tu pareja y le darás consejo o no obtendrás sexo. Amén.

Hay otras formas de conseguir lectores cero. Animo a todo el mundo a que recurra a amigos y familiares, aunque no sean tu público objetivo. Anímalos a que te destrocen, a que destruyan tu texto con todo lo que no les gusta. Es más: prohíbeles que digan nada bueno, así no podrán cortarse. Y no vale luego enfadarse con ellos, por supuesto, ni tener arrebatos de estos trágicos a lo niño pequeño que ha perdido al Monopoly, donde destruyes el manuscrito entre gritos y aspavientos y saltas sobre los pedazos mientras levantas los puños al cielo. Participa en talleres y grupos de escritores: lee a otros a cambio de que te lean a ti. Escribe en lugares muy públicos, como Wattpad, en busca de lectores y opiniones. Ten un blog donde publiques tus cuentos, y chantajea y soborna a otros escritores para que los comenten. Como siempre: si comentas y lees a otros, más posibilidades hay de que te devuelvan el favor.

¿Veis? No es tan difícil.

Bueno, sí, es todo horriblemente difícil. Pero miradlo por el lado positivo: si no fuera tan complicado y jodido y duro no tendría nada de lo que hablaros y no vendríais a mi blog.

Ah, no, que eso solo es positivo para mí.

Perdón.


*Posiblemente basado en hechos reales.

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El método de Bradbury para lidiar con el rechazo editorial (y otros recortes de la semana)

abril 24, 2015 — by Gabriella14

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Creo que para mí el mejor momento de la semana es el viernes a mediodía, cuando compongo el artículo de recortes para el blog y me tomo la primera cerveza del finde.

Es como hacer un repaso sesudo de lo más interesante que has leído en los últimos siete días, mientras te aseguras de ir mermando poco a poco tus capacidades intelectuales. Es un poco como rendirse y decir “ya está, ya lo he dado todo. Ahí tenéis todo lo que he pensado desde el lunes. Ahora ya no tengo que pensar más“.

Como todas, ha sido una semana intensa, de trabajar mucho y de realizar una serie de enfrentamientos físicos y emocionales que me han dejado exhausta. Se suponía que esto de enfrentarte a tus temores te hacía más fuerte, ¿no? A mí siempre me deja temblando. Desde hace un tiempo tengo la idea de que si algo es difícil, razón de más para hacerlo. Ya sabéis, lo que dicen en todos los libros de autoayuda. Hay otra cosa que no te dicen los libros de autoayuda: el 90% de las veces te vas a llevar la hostia. Las razones por las que tenemos miedos muchas veces son lógicas. Las cosas son difíciles porque son difíciles, si no, las haríamos sin pensar.

Pero creo que el 10% de veces que no te llevas la hostia ocurren hechos sorprendentes. Y así no me quedo nunca sin ideas para relatos y siempre tengo algo que contarle a la gente en reuniones de esas incómodas en las que pasa un ángel y nadie tiene nada interesante que decir.

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10 pasos productivos para hacer en un día el trabajo de una semana

enero 21, 2015 — by Gabriella11

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Todos queremos trabajar más en menos tiempo.

Bueno, todos no.

Si trabajas para una empresa desagradecida que se está alimentando de tu alma a pequeños y terribles mordiscos, probablemente quieras trabajar lo menos posible en las diez horas diarias, siete días a la semana, que esperan de ti tus superiores descerebrados.

En ese caso, este artículo no es para ti. Huye, vete. ¡Busca vídeos de gatitos!

Pero si eres, como yo, una persona con aspiraciones artísticas que intenta labrarse un camino en un mundo tan complejo como puede ser la literatura/pintura/música/tuneo de motos para perros, al mismo tiempo que intentas obtener algún ingreso para la vida “real” mediante un trabajo “real”, lo más seguro es que estés rezando a todos los dioses de Asgard para que te manden por Seur una máquina alargadora de penes* horas.

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Las 10 necesidades básicas del escritor

enero 19, 2015 — by Gabriella22

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A veces recibo mensajes de gente que empieza a escribir. Gente que a lo mejor ha ganado algún concurso de relatos local y se plantea, tal vez, tomarse esto un poco más en serio. O que disfruta mucho escribiendo y quiere saber si merece la pena profesionalizarse (si es que eso existe). Me piden recomendaciones de libros para mejorar, consejos sobre cómo empezar a publicar, cosas así. Así que decidí escribir un artículo que intentara responder a algunas de estas cuestiones, tal y como las veo en estos momentos.

(Puede que el año que viene haya cambiado de idea. Hablo desde mi experiencia presente, y como siempre espero que deis vuestro punto de vista en los comentarios).

Yo no sé demasiado, la verdad. No tengo Las Respuestas. Aunque siempre he escrito, solo llevo unos años tomándome esto de la escritura como algo primordial. Sí que he trabajado mucho tiempo en el sector editorial. Puedo deciros, dentro de lo que he aprendido, cuáles creo que son las diez necesidades básicas del escritor. Puedes comprarte todos los libros que quieras sobre cómo construir un argumento que enganche o cómo pasar tu documento .doc a .mobi, pero si te fallan estos diez principios es muy posible que tropieces por el camino.

No digo que no puedas prescindir de alguno de ellos (conozco a buenos escritores que no tienen un sitio propio para escribir, por ejemplo), pero yo diría que todo te será bastante más complicado.

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10 maneras de enfrentarse a proyectos imposibles

octubre 14, 2014 — by Gabriella6

descargaHoy iba a hacer mi actualización habitual de Beeminder, pero al final me he decidido a hablaros de otra cosa, aunque íntimamente relacionada. Y es que esta mañana me senté delante del ordenador a trabajar en mi novela, como todas las mañanas desde hace un par de años. Me cuesta ahora detenerme a cuidar de la forma, a preocuparme por las pequeñas cosas y los detalles de coherencia, cuando veo el final tan próximo.

El final del primer borrador, claro (si no contamos ese borrador inicial que deseché el año pasado, ups). Solo de pensar en lo que me queda por delante de corrección me dan ganas de abandonar la escritura. Y luego hay que buscar editorial, y ya sabéis lo fácil que está eso.

Luego está el miedo. Madre mía el miedo. Cuando conozco a escritores felices y orgullosos de su trabajo siempre los miro con sospecha, desconfianza y un poco de odio. Yo sufro del pánico a que nadie quiera publicarlo y se quede en el cajón el resto de mis días. ¡Tanto trabajo para nada! (Y sí, ya sé que en teoría sirve para algo, para aprender, pero ya me entendéis). O, mucho peor, ¿y si lo publican y es una mierda y a nadie le gusta y ya nadie confía en mí para publicarme nada nunca más? Es mi primera novela en solitario. Tiene sentido que sea deficiente, aún me queda muchísimo por aprender.

Por todo esto, he llegado a la conclusión de que mi novela es un proyecto imposible. Lo cual no quita que yo siga adelante. Quitemos lo de imposible y dejémoslo en suicida.

¿Cómo se enfrenta uno a un proyecto suicida? No tiene por qué ser una novela. Hay muchos tipos de proyectos imposibles. Pregunté a mis amigos de Facebook cuál era su proyecto infernal. Las respuestas fueron muchas y muy variadas. Algunas coincidían, claro. Tesis doctorales, sobre todo (mis contactos de Facebook son personas muy inteligentes). La UNED parece ser otro gran enemigo. Y novelas, cuántas novelas. Somos demasiados escritores. Más que lectores, sospecho.

Así que ahí va, para todos vosotros, mi lista de pequeños secretos que no son nada secretos. Pasos simples pero a la vez muy difíciles de seguir. Con este método he conseguido terminar dos novelas a cuatro manos y avanzar bastante con una propia; voy perfeccionando el proceso sobre la marcha, pero parece que funciona. No dejéis de compartir en comentarios vuestras opiniones, sugerencias y experiencias personales al respecto:

1. Hay que ir paso a paso: Esto parece de lógica, pero solemos pasarlo por alto. Cuando empezamos con un proyecto estamos motivados, con ganas, pero enseguida llega el aburrimiento. O puede que sea un proyecto que no nos apetece ni al comienzo;  pensamos y pensamos en la grandeza del proyecto, y es inevitable el agobio. Ya sea para escribir una novela o correr una maratón, el secreto está en estar pendiente solo en el trabajo de hoy, no en el de dentro de tres meses. Para ello solo hay que…

2. Empezar: Y con esto no me refiero a hacerlo todo, sino esa temida palabra: ponerse. Para ello es muy útil utilizar herramientas como el pomodoro (ya sabéis que soy devota). Si sabes que solo tienes que trabajar durante 25 minutos (eso sí, con concentración absoluta, nada de email ni redes sociales), todo cuesta bastante menos. Lo de ponerse exige disciplina, y hay dos cosas fundamentales que debemos saber sobre la disciplina: a) que es limitada, por lo que tenemos que buscar el mejor momento durante el día (preferiblemente por la mañana, que todavía tenemos un buen almacén de fuerza de voluntad) para hacer aquello que no nos apetece, y b) que es como un músculo. Cuanto más lo usamos menos nos cuesta (pero en cuanto dejamos de usarlo, se atrofia).

3. Fijar metas. Fundamental. Si nos fijamos pequeños objetivos, será mucho más sencillo tener una sensación de progreso, lo cual es indispensable para no perder la motivación. Pueden ser metas diminutas, como las correspondientes a cada pomodoro terminado, pero conviene además meter otras un poco más grandes (como el trabajo de una semana, o el capítulo de una novela). En este sentido es importante tener bien planificados los objetivos del proyecto. Lo realmente complicado de un proyecto largo es que no tenemos la satisfacción casi inmediata de terminar algo, ese premio mental que nos producen los proyectos pequeños. Así que tenemos que dividirlo en cachos pequeños para que el efecto sea el mismo.

4. Evitar distracciones. Otra que parece de cajón, pero que ignoramos a menudo. Hay aplicaciones para bloquear webs que no debemos visitar (agujeros de tiempo como Facebook, Tumblr, Pinterest y similares), o incluso podemos probar a desconectar internet. Parece inconcebible, pero no lo es. Aquí tenéis diez programitas que os ayudarán.

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Persona con perro

5. Modificar el entorno. No solo nos distrae internet, también nos distraen otras personas, el gato (o perro, que por lo visto es un animal que algunas personas tienen en sus casas), el ruido y mil cosas más. Hay artículos y libros interminables dentro de las ciencias del comportamiento sobre la modificación del entorno para alcanzar nuestros objetivos, pero el muy breve resumen es este: si dejas tus zapatillas al lado de la cama por la noche, por la mañana te dará menos pereza ponértelas y salir a correr; si la comida más alta en calorías está en la balda más alta, te dará más pereza cogerla cuando estás a dieta; si encerramos al gato en la cocina mientras estemos trabajando, no nos molestará. Bueno, la última es mentira, pero vais pillando el concepto.

6. Recompensas. Hay personas que funcionan mejor mediante recompensas, otras actúan de forma más efectiva si hay una amenaza o posible castigo. Prueba con las dos opciones. Cada vez que alcances una de las metas de tu proyecto, recompénsate con algo que te apetezca. Cómprate una falda, ve un capítulo de una serie de televisión, come chocolate, juega un rato al Candy Crush, fornica alegremente con la vecina. Lo que a ti te motive.

7. Castigos. Lo mismo, pero juega con tus propios miedos. Hay gente que esto lo lleva al extremo, y hay incluso quien come comida de gato si fracasa (tendréis que fiaros de mí, ya que no encuentro el enlace correspondiente). El bloguero financiero Maneesh Sethi contrató a una mujer para que le pegara cada vez que entraba en Facebook (true story). No tienes que ser tan exagerado, hay castigos pequeños que además pueden ser positivos a largo plazo, como tener que echar dinero en una hucha cada vez que falles, dinero que luego puedes donar a una ONG o utilizar para comprarle un regalo a alguien. La gracia está, claro, en que eso también sea un castigo, que esa ONG sea una que odies o de la que desconfíes, y que ese alguien sea tu peor enemigo. Beeminder funciona bien en este sentido; si fallas, tienes que pagar.

8. Comparte tus intenciones con los demás y tenlos al tanto de tu progreso. Esto es tremendamente útil. Prueba a decirle a todos tus contactos de Facebook y Twitter (no MIENTRAS trabajas;  volvamos al punto 4) que para tal día vas a tener hecho X, y pídeles que ese día te pregunten por ese X. Trabajarás como un loco solo para no quedar mal delante de todos tus conocidos. Cuanto más valor le des a la opinión de una persona sobre ti, mejor será esa persona para hablarle de tus metas. Y sí, esta es la razón por la que os doy a todos tanta tabarra en las redes sociales y en el blog. Os utilizo para vencer a la pereza, que en mí es grande y mandona.

9. Lee algo que te motive. Esto no es recomendable hacerlo siempre, o acaba por convertirse en una forma más de aplazar el trabajo de verdad, además de perder su impacto. Pero a mí me ha sacado de más de un atolladero. Para esos días de bajona, desidia y cansancio, nada como zamparme unos cuantos artículos sobre productividad para ponerme las pilas. Tengo en marcadores a unos cuantos blogs para esto, y recibo boletines semanales de otros tantos. No leo todo lo que me llega; lo pongo en Instapaper y lo guardo para días de necesidad. No todos son al 100% aprovechables, pero siempre hay buenas ideas.

10. Plantéate la importancia de tu proyecto. Sí, por supuesto que este tendría que haber sido el primer punto. Pero  permitidme un poco de maldad ocasional. Además, cuando empezamos un proyecto lo cogemos con unas ganas que nos impiden ver el esfuerzo que nos queda por delante. A veces hace falta estar a mitad de un proyecto, odiándolo con todas nuestras fuerzas, para preguntarnos si realmente es eso lo que queremos estar haciendo con nuestro tiempo.

Ayuda mucho si el trabajo relacionado con el proyecto se convierte en un hábito diario, ya que dicho trabajo acaba por automatizarse. Os recuerdo además que tengo un artículo muy largo con 69 trucos estupendos para mejorar la productividadY si todo lo demás falla, habladme de vuestro proyecto y me comprometo a mandaros un email diario preguntándoos con dulce insistencia por vuestro progreso. Y cuando digo dulce insistencia quiero decir pesadez con muchos emoticonos. Vais a acabar currando solo por no ver la bandeja de email llena de mierdecitas del Whatssap.

P.D.: Todo esto parte de la base de que tu proyecto es individual. Si es un trabajo en equipo, enhorabuena, acabas de desperdiciar diez minutos muy valiosos de tu tiempo leyendo este artículo.

P.P.D.: ¿Alguien sabe qué caracteres hay que utilizar para hacer el iconito de la mierdecilla del Whatssap? Gracias.

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El método Eisenhower. Cómo elegir lo que es realmente importante.

abril 30, 2014 — by Gabriella0

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Hace poco estaba leyendo, para variar, a James Clear (podéis leer un artículo suyo que traduje aquí, o ir directamente a su blog aquí), en un artículo en el que hablaba del método Eisenhower. Este es un modo de productividad que, si bien se inspiró en la metodología del presidente americano (imaginad la necesidad de productividad de una persona como Eisenhower, con la que le cayó a ese hombre encima), fue adaptado luego por gurúes de la productividad como Steve Covey (de hecho se menciona este método de pasada en el artículo que le traduje a Niall Doherty, con 69 técnicas de productividad).

Clear insiste en la efectividad de este método para ahorrar tiempo y ser más productivo, pero a mí lo que me llama la atención de esta técnica es su forma brutal de obligarte a elegir entre lo que es y lo que no es prioritario.

El método consiste en crear un cuadro de cuatro cajas, ordenadas por urgencia e importancia. En una va lo urgente e importante, en otra lo urgente pero no importante, en otro va lo importante pero no urgente, y en la última va lo que no es urgente ni importante. A partir de esta división de tareas se efectuarán las cuatro “D”:

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-Do (hacer): En el cuadro de las tareas importantes y urgentes (cuadro 1 del diagrama) solo cabe una acción: hacer, llevarlas a cabo.

-Delegate (delegar): En el cuadro de las tareas que son urgentes pero no importantes (3), uno debe intentar delegar (conseguir que otros hagan estas tareas). Esto es útil, imagino, en un entorno empresarial; para los freelancers se sugiere recurrir al outsourcing, que consiste en pagarle a alguien para que lo haga por ti. En España esto es algo que no es demasiado común, pero tened en cuenta que en EEUU es relativamente común en el mundo de los negocios pagarle a alguien en India para que actúe como asistente virtual. Para el caso de personas con muchísimo email o con tareas repetitivas pero relativamente sencillas, este tipo de asistente puede ahorrarles muchos quebraderos de cabeza.

-Defer (retrasar): Es el cuadro de las tareas importantes pero no urgentes (estas suelen ser tareas relacionadas con metas a largo plazo). Deberemos otorgarles un espacio de cumplimiento, una fecha y hora (o varias, si se trata de tareas grandes) para llevarlas a cabo (2).

-Delete (eliminar): Según este método, las cosas que no son ni urgentes ni importantes deben eliminarse (4). Esta es la parte que impresiona, porque nos hace ser conscientes de la cantidad de tareas que llevamos a cabo por obligación, por costumbre o por alguna visión idealizada de nosotros mismos.

Para dividir nuestras tareas en estas cuatro cajas es importante tener claro cuáles son nuestros objetivos a corto y largo plazo. También nos obliga a decidir qué cosas no son realmente necesarias, para evitar perder el tiempo con esa sensación de que estamos ocupados cuando realmente solo estamos llevando a cabo tareas que no nos aportan gran cosa y que nos quitan tiempo para lo realmente importante. Por tanto, creo que este es un método tremendamente útil para establecer prioridades. Uno podría pensar que lavar la ropa, por ejemplo, no es ni útil ni importante, pero intentar eliminarla de la lista nos probaría lo opuesto: necesitamos ropa limpia (ergo esta tarea no es urgente pero sí importante). También podría parecer que ir a tomar café con un amigo no es urgente ni importante, pero si nuestra vida se reduce a trabajar y necesitamos relajarnos con una vida social más activa, esta tarea es, desde una perspectiva a largo plazo, muy importante. No obstante, jugar al Angry Birds no es urgente ni importante, y a no ser que seas un desarrollador de juegos probando a la competencia, no tiene mucha justificación a largo plazo.

Implementar el método lleva tiempo. Lleva tiempo decidir qué es importante y qué no. Los profesionales aseguran que este tipo de sistema, bien implementado, puede ocuparte hasta una hora diaria, pero que los resultados ofrecen una recuperación de esa inversión más que sobrada, con pingües beneficios.

¿Qué opináis? ¿Es este un método que consideraríais probar? Si lo hacéis, no dejéis de contarme qué tal os ha funcionado.


Otra forma de aprovechar el tiempo es sacarle el máximo rendimiento a la corrección y revisión de tu libro. Si quieres un montón de  trucos e ideas para ello, ya sabes que tengo un libro que solo cuesta 2,99 € en Amazon 😉