No, este no es otro artículo sobre cómo vencer a la página en blanco.

Eso es para principiantes. ¡Ja!

Tú no tienes problemas con la página en blanco. Tienes claras tus prioridades, tienes claro que esto es lo que quieres hacer. Te sientas todos los días a escribir y salen palabras, tengas o no la fuerza de voluntad para ello. Incluso has vencido a la procrastinación. Pero a veces eso no es suficiente. No, esta lista es para el tedio. La sensación insidiosa de apatía y desinterés que te embarga cuando compartes un café con alguien con quien llevas casado/a treinta años y a quien ya no tienes nada que decirle. Todavía lo/la quieres, sí, pero todas las cositas pequeñas del día a día han hecho que te olvides de cuánto.

Sí. Esta es una lista (otra lista, Gabriella, eres de lo más original) para recuperar la chispa. Para que tiréis el café al suelo y acabéis haciendo el amor apasionadamente sobre la mesa de la cocina.

Te puedes quemar con café derramado, cortarte con los trozos de taza rota, clavarte un par de astillas de la madera de la mesa. Pero de vez en cuando hay que hacerlo: tienes que recordar por qué te enamoraste de esa persona para empezar. Tienes que recordar por qué escribes y tienes que volver a meterle creatividad en vena a esa criatura muerta que te has atrevido a llamar manuscrito.

Estos trucos/consejos/modos/ideas/detonadores son píldoras de emoción para que esa tarea diaria y repetitiva vuelva a convertirse en una historia de amor. Algunos diréis: “Quien realmente ama la escritura no necesita de esto”. Bien por vosotros. Seguro que también creéis que seguiréis teniendo sexo desenfrenado con vuestra pareja dentro de veinte años. Que no digo que no. Pero la rutina, la repetición y el hábito (aquellas costumbres que tan bien nos sirven para ser disciplinados, aprender y avanzar) suelen acabar matando la pasión, ya sea en un matrimonio, en esa orgía semanal BDSM que se celebra en el aparcamiento de tu Mercadona local (no hagas como que no lo sabías) o entre tu faceta de escritor y esa novela en la que llevas trabajando desde que, según el Génesis, Dios decidió descansar un ratito.

Sobre todo para los que escribimos cosas largas (novela, novela corta, artículos estúpidamente inacabables), la escritura diaria puede ser frustrante. La meta parece tan lejana, la recompensa tan escasa… Necesitamos, de vez en cuando, pequeños impulsos de motivación.

Algunos de estos trucos y métodos los habréis leído mil veces, pero en los veinte que os ofrezco seguro que dais con algo que no se os habría ocurrido. Ahí van: unas cuantas ideas para volver a enamorarte de la escritura:

1. Necesitas un espacio nuevo

¿Recuerdas cuando escribir era emocionante? ¿Cuando no podías esperar a llegar a casa y ponerte frente al ordenador a teclear? Has perdido esa sensación y ese ordenador puede tener mucho que ver. Muchos utilizamos los mismos medios para trabajar y para crear, y esa no es una buena idea. Simplemente cambiar de entorno puede darle una nueva perspectiva a lo que hacemos al escribir. Experimenta: vete a una cafetería, para algunos escritores el murmullo de fondo funciona muy bien. Escribe en una habitación distinta (pero mejor no en el dormitorio; es mejor reservar este espacio solo para dormir y hacer guarraditas). Escribe en el tren o en el autobús o en el avión. Prueba a escribir con un programa de reconocimiento de voz o una grabadora mientras paseas por la playa (eh, lo peor que te puede pasar es que la gente piense que estás loco/a). Ayuda mucho que además sean sitios donde no tengas más remedio que escribir: sitios sin conexión a internet, sin teléfono; solo tú y tu material de escritura.

Escribir siempre en el mismo sitio es importante para desarrollar e implementar el hábito de la escritura. Y tenemos que escribir mucho si queremos mejorar, así que ese hábito se convierte en la base de nuestro progreso. Pero cuando ese hábito ya está implementado, salir de la rutina puede ser algo muy positivo.

Lo cual nos lleva a:

2. Necesitas nuevos materiales

Así es. No solo se trata de cambiar de sitio, se trata de cambiar de medios. Si sueles escribir a ordenador, prueba a escribir a mano. Puede que no te compense a la larga (es mucho más lento luego tener que transcribir y etc.), pero puede ayudarte a enfocar y a concentrarte de una manera muy diferente. Escribe en el móvil. Pinta las palabras sobre un lienzo. Cambia la forma en la que tu cerebro se relaciona con tus manos y con las palabras. Te garantizo que tus ideas serán muy diferentes.

Hace poco me compré una libreta de dibujo en A4, con un papel deliciosamente grueso y blanco. Tengo muchas ganas de irme de viaje otra vez para poder sentarme y escribir a mano, con una pluma o algún bolígrafo especialmente cómodo. También tengo una libreta especial de papel de altísima calidad, en A5, que uso para poesía y que suelo decorar con dibujos. No hace falta saber dibujar ni nada por el estilo. La idea es reiniciar de vez en cuando tu relación con lo que escribes dándole pequeños bombazos de inspiración y mezclándolo con nuevas formas.

A Lynda Barry le funciona: escribe en grandes trazos caligráficos. Dice que la obliga a concentrarse en cada palabra, a sacar el máximo de cada oración:

cruddy

3. Necesitas nuevos amigos

No, no digo que llames de inmediato a todos tus colegas de siempre y les digas que ya no los quieres en tu vida porque te lo han dicho en Gabriella Literaria (aunque reconozco que tal nivel de devoción a esta web sería bastante halagador). Pero sí que ayuda mucho rodearse de personas que están en las mismas que tú, ya sean otros escritores u otro tipo de artistas (además, lo interdisciplinar es muy inspirador por sí mismo).

Dicen que somos la media de nuestras cinco personas más cercanas. Si tus cinco personas más cercanas son personas aburridas, o simplemente están atrapados en el mismo nivel que tú, intenta dar con alguien que te inspire, que te obligue (ya sea por admiración o por pura competitividad) a dar mucho más. Obtendrás nuevos puntos de vista, nuevos desafíos. De nuevo, un reinicio a tu pasión por lo que haces. Nada me inspira tanto como ir a una feria o convención, hablar con gente admirable de mi sector y volver a casa llena de ganas de comerme el mundo. O, en su defecto, zamparme alguna isla diminuta que no sepa demasiado a mono y palmera.

También puedes liarte con un/a escritor/a, aunque no sé si eso es del todo recomendable. Los autores podemos ser muy competitivos, y solemos tener un ego más frágil que ese jarrón que sale siempre en las sitcom cuando hay niños jugando a la pelota.

Aunque es útil para el siguiente punto:

4. Escribe con otra persona

Nada motiva tanto como tener que quedar bien con alguien. Gracias a El fin de los sueños, pude superar por fin mi pánico absoluto a publicar una novela. Al escribir con alguien en cuya habilidad tenía plena confianza, sabía que la cosa no podía acabar siendo demasiado desastrosa (habrá lectores que no estén de acuerdo con eso, pero para eso están la función de bloquear en Twitter y esas canciones que me canto a mí misma muy alto cuando me despisto y entro en Goodreads). Creo que es importante escribir con alguien que sea mejor que tú, para que puedas aprender lo máximo posible de la experiencia.

Ni siquiera es necesario que os conozcáis en persona. Puedes buscar en foros y grupos de escritores en internet, en redes sociales o en talleres de escritura. Siempre hay alguien dispuesto a lanzarse a la aventura de escribir en pareja. O en trío. O en encuentro multidisciplinar de cerebros y corazones:

5. Escribe con muchas otras personas

No me refiero tanto a que escribas una antología o una novela coral (aunque también es una opción), sino que busques entornos donde otros escritores saquen lo mejor de ti. Un buen curso o taller de escritura puede ser un buen principio, porque de paso aprenderás técnicas y te encontrarás con una explosión de perspectivas, ideas y novedades. Justo lo que hacía falta para reactivar tu pasión por la palabra escrita.

También hay grupos de escritura, pero si no encuentras ninguno que te convenza, ¿por qué no crear uno tú mismo/a? Pregunta en bibliotecas, centros culturales y/o librerías locales si te permitirían realizar un encuentro semanal abierto para escritores, y anúncialo con carteles en el propio centro. Puede que se quede en nada, puede que conozcas a un buen montón de señores jubilados con demasiado tiempo libre y demasiado amor por la rima consonante, pero también puede que acabes con un grupo activo e inspirador. Y, en el peor de los casos, las personas insoportables proporcionan un montón de material sobre el que escribir.

6. Cambia de género

Si siempre le has dado a la novela negra, es posible que tu cerebro esté llegando al punto de “si tengo que matar a otra femme fatale, te prometo que el único cadáver que se va a encontrar el lector va a ser el nuestro”. Dale nuevo y delicioso alimento con un cuento erótico, un poema endecasílabo sobre la insoportable levedad del ser o una épica brillante sobre las gestas de un hombre cuerdo que vive en un mundo fantástico lleno de locos empeñados en que los gigantes son molinos. Por ejemplo. Pon en marcha otras zonas de tu cerebro, aliméntalo con nuevas ideas. Regresa luego a tu novela negra, sí, pero te aseguro que ahora tendrá bastante más interés que antes.

7. Tontea con otros medios

Ya he dicho que la interdisciplinariedad es buena. Aprende a tocar la guitarra, dibuja, ve series de televisión o buen cine (y aprende patrones narrativos), lee ensayos de física cuántica y novelas de Elige tu propia aventura. Vive un poco. Si solo te interesa la escritura, esta acabará por convertirse en un refrito constante de sí misma, hasta autofagocitarse y crear un gran agujero negro que será el principio de la destrucción de todo el universo. Todos vamos a morir por tu culpa.

Sé infiel a tu escritura. Ella sabrá perdonarte y vuestra vida pasional será muuucho más interesante cuando vengas a enseñarle todo lo que has aprendido con tus amantes.

Ya he mencionado lo de leer. Lo repito:

8. Lee. Lee muchísimo

Otro consejo clásico, pero es que funciona. Pruébalo: antes de tu sesión de escritura, lee 10, 20, 30 minutos. No tiene que estar relacionado con lo que estás escribiendo. No leas nada mediocre. Asegúrate de que sea algo excepcional, buenísimo, de lo que puedas aprender (las formas se quedarán metidas en tu subconsciente y la calidad de tu escritura tras lo leído será mayor), o algo terriblemente malo, para que pienses todo el tiempo qué harías tú para solucionarlo. Además, leer cosas muy malas te otorga la confianza para sentarte a escribir queriendo demostrarle al mundo cómo tiene que hacerse esto de escribir frases que no den ganas de irse a vivir a una isla diminuta llena de monos y palmeras (donde también morirás, víctima de un extraño monstruo bloguero devorador de mundos).

9. Lee tus textos de hace tiempo

Leer lo viejo puede tener dos resultados, ambos positivos:

  1. Morirnos de la vergüenza viendo lo mal que escribíamos entonces y darnos cuenta de lo mucho que hemos avanzado (lo que nos hará escribir con más ganas y brío, sabiendo que todo esto, en serio, merece la pena).
  2. Redescubrir textos e ideas que nos gustaban; redescubrir la pasión que teníamos antes. Un poco como ver un vídeo de tu pareja y tú en el acto. Sí, ahí están las estrías y los michelines y las posturas ridículas, pero puedes recordar perfectamente cómo te sentías, qué te llevó a seguir repitiendo ese acto ridículo de amor (y muchos sudores) una y otra vez.

10. Escribe con música

Por lo general no me gusta escribir con música, porque me distrae. Pero alguna que otra vez, cuando me he sentido cansada, aturdida, harta de todo, cuando me he pasado con el almuerzo y solo quiero echar una siesta o cuando he tenido un día estresante y agotador y solo quiero sacarme los sesos por las orejas mientras escupo veneno y palabrotas que harían enrojecerse al mismísimo Bukowski, ahí es cuando abro Spotify y recurro a mi música infalible.

Escribo un poco de poesía, o un párrafo suelto para una novela, o un largo monólogo sin sentido sobre lo idiota e insoportable que esa persona que me ha tocado hoy la moral con su comentario/email/reseña/reflexión en internet donde NO TIENE RAZÓN EN ABSOLUTO.

Para cuando termino, esa persona podría entrar en mi casa y la invitaría a té con pastas y probablemente acabaríamos haciendo el amor encima de la mesa de la cocina. Por aquello de seguir con la metáfora y que no os despistéis demasiado.

11. Recurre a lo aleatorio

De esto también he hablado con frecuencia, pero es que es mi truco favorito. Genera una palabra cualquiera (o una lista de palabras) y cuélalas en tu texto. Coge dos ideas que no tengan nada que ver y combínalas de la forma más extravagante que se te ocurra. Dile a todos tus contactos de Facebook que te den una frase (o coge una frase al azar del libro más cercano de tu estantería). Estrújate los sesos para usar todo esto de forma coherente. Es difícil, pero a tu cabeza le encantará y le darás un giro diferente a todo lo que haces.

Las obras más geniales de lo creativo se forman mediante procesos ilógicos, como ha deducido el científico Kenneth Stanley gracias a los experimentos con su programa PicBreeder, donde los usuarios crean imágenes reconocibles “evolucionados” a partir de formas sin sentido. Dice Stanley:

kenneth stanley

Aunque esta apertura a ideas nuevas puede parecer que estás simplemente a la espera de que aparezca la suerte o la coincidencia, se trata de un proceso más intencionado. Por ejemplo, los usuarios de PicBreeder no seleccionan las imágenes de forma totalmente aleatoria, seleccionan las que consideran que tienen un potencial intrínseco. “No saben que una mancha en concreto los llevará hasta una mariposa —dijo Stanely—, pero entienden que este es un camino que merece investigar por razones no tan aleatorias”. La investigación de Simenton (nota de Gabriella: Simenton es un psicólogo que ha investigado sobre el proceso creativo en la Universidad de California) también nos ha enseñado que la mejor forma de predecir el logro creativo es estar abierto/a a la experiencia y a la exploración cognitiva.

No se trata tanto de utilizar cualquier imagen o palabra o frase aleatoria: se trata de probar con aquellas que más crees que le pueden aportar algo fantástico a tu texto. Y el momento del flechazo, cuando das con la idea perfecta, ese momento de sexo de ideas del que habla James Altucher, y sobre el que me enrollé yo bastante más aquí, es maravilloso.

Lo bueno es que es también una manera eficiente a obligarte a probar cosas nuevas, cosas con las que no te sientes del todo cómodo/a. Sí, ya estoy con la metáfora sexual otra vez: es como montarte un trío para intentar recuperar la pasión. Puede ser un desastre. Puede que abandones tu novela y te vayas con esa otra novela nueva, que es mucho más interesante. Eso siempre es un riesgo. Pero también podrías descubrir las maravillas de las combinaciones y la erótica del aprendizaje. Por esto, también nos sirve el siguiente truco:

12. Haz algo difícil

Hace poco, el siempre inteligente James Clear escribió sobre el problema del repeated bout effect, algo así como el efecto de impacto repetitivo. Suele aplicarse al ejercicio y a las agujetas: cuando llevas tiempo sin hacer ejercicio tus músculos se resienten y duelen, pero cuando repites los mismos ejercicios de forma periódica, llega un momento en que el cuerpo se acostumbra y ya no duele; pero tampoco progresas. Los que escribimos a diario podemos encontrarnos con este problema: nos acomodamos dentro de lo que se nos da bien, dentro de lo que conocemos, y esto lleva al estancamiento y a la correspondiente frustración al ver que no avanzamos.

¿Cómo solucionarlo? En el caso del entrenamiento muscular, se recomienda realizar cambios en el tipo de ejercicio o subir el nivel de dificultad. Si levantas pesas, cargarías más peso. Si nadas, nadarías durante más tiempo, con mayor intensidad, realizarías intervalos, etc. En el caso de la escritura, también hay muchas maneras. Puedes ponerte una pistola metafórica en la cabeza: escribe más en menos tiempo, escribe sobre un tema que desconoces, escribe en segunda persona, escribe con un vocabulario de cincuenta palabras, márcate plazos de entrega. Tienes que salir de lo cómodo. Como dice Clear, si nada cambia, nada va a cambiar.

O también puedes recurrir a…

13. Ejercicios creativos

Y yo tengo aquí unos cuantos de lo más entretenidos. Si quieres acabar con el tedio, darle un empujón a tu sesión de siempre o simplemente experimentar un poco, estos te pueden ayudar. Y si no, hay montones de webs con montones de montones de ejercicios (Literautas es un buen sitio para empezar; si te llevas bien con el inglés recomiendo los writing prompts de Chuck Wendig).

Con todo, el mejor ejercicio de todos sigue siendo el siguiente:

14. Prueba la escritura libre o freewriting

La idea de la escritura libre es que no interviene tanto nuestro pensamiento consciente, sino que nos liberamos de nuestras resistencias y filtros y acabamos extrayendo todo aquello que nuestro subconsciente tiene que enseñarnos. Escribí una guía completa de cómo realizar esta práctica aquí, pero en el fondo se limita a poner un temporizador y escribir todo lo que puedas lo más rápido posible. Es una manera genial de acabar con ese molesto editor interno, que no hace más que decirnos lo mucho que apestamos y lindezas por el estilo. Habrá mucho que no puedas utilizar del resultado, pero te aseguro que darás con un par de joyas escupidas de lo más profundo de tu memoria/entrañas/pozo-oscuro-de-lo-inconfesable.

Y nada como ese pozo para vomitar todas esas porquerías que no usarías nunca, pero que decides usar y terminas con un texto que te da como miedo y asco a la vez y te desbloquea de una forma que nunca te habían desbloqueado antes.

Aquí también hay muchas metáforas sexuales, pero os respeto como personas y lectores y procuraré controlarme.

15. Haz una maratón

No me refiero a correrla, aunque el ejercicio físico también es un modo excelente de reactivar las neuronas y las endorfinas y muchas más cosas científicas y sesudas que son ideales para animarnos. Me refiero a una maratón de escritura. Cuando nos habituamos a determinadas sesiones limitadas de escritura, nos acomodamos y nos acostumbramos a escribir de determinada manera. Una maratón nos puede sacar del atolladero.

En mi experiencia, no escribes lo mismo en media hora que en cuatro horas (y no me refiero a la cantidad, como es obvio). Digamos que ciertas puertas se abren y el resultado de la tercera hora de escritura casi sin parar es muy diferente a lo que obtienes al cabo de media hora. Entras en un estado de flow que proporciona puntos de vista nuevos, concentración absoluta y progreso acelerado. Pero es importante tener en cuenta algunas medidas para poder mantener el ritmo durante todo este tiempo. Como aconseja Rachel Aaron, es indispensable escribir primero un esquema de lo que vas a hacer, para marcarte el camino a seguir y no perderte (luego el camino te lo puedes saltar, pero la guía es importante), escribir sin editar, del tirón y acabar dejando algunas notas para no perder el hilo en la sesión siguiente.

Las maratones debes realizarlas en lugares y con materiales que ya has probado y sabes que son ideales para este tipo de experiencia. Puedes utilizar estimulantes como la cafeína para mantener el nivel de energía y el alcohol para impulsar la creatividad. No abogo por que nadie abuse del alcohol, ni siquiera por que se emborrache. Borracho solo vas a escribir basura (aunque te parecerá basura fabulosa en su momento). El truco está en calcular qué cantidades de alcohol y cafeína necesitas para mantener un estado de agradable impulso creativo. Eso sí, todo lo que sube tiene que bajar, y al terminar seguramente estarás agotado/a. No recomiendo las maratones como una afición diaria, sino como un evento semanal, mensual o lo que sea; son una herramienta de impulso impresionante no solo para avanzar con tu texto, sino para encontrar nuevos modos de escritura y meterte de lleno en tu proceso creativo.

16. Comparte

La labor del escritor es solitaria, todos lo sabemos. Ese picar diario en la mina, sin un miserable pajarito que te prevenga de terribles peligros, ni un compañero de fatigas que te dé una palmadita en el hombro cuando das con un trozo de carbón especialmente interesante, te puede volver loco. ¿Le gustará a alguien lo que hago? ¿Acaso sirve para algo?

A veces necesitamos que nos den un poco de ánimo. Envíale tu texto a alguien que siempre alaba tu escritura. No importa que sea mentira. Necesitas ese apoyo ahora mismo. Comparte un extracto en Facebook, en Wattpad, en tu blog, en cualquier sitio donde por lo menos una persona leerá lo que has creado con esas manitas fuertes, peludas y cubiertas de hollín. Muchos escribimos para comunicarnos: si no hay receptor, el proceso de creación puede ser muy frustrante.

17. Termina (y publica)

A veces el tedio no es más que nuestro propio arrastre de pies, por miedo a terminar de una vez con ese maldito texto y exponerlo a la luz del terrible, intransigente, cruel y crítico día. Pero solo terminando, enviando a una editorial o directamente publicando nuestra obra podremos cambiar de curso, podremos empezar un nuevo proyecto.

La sensación de dar portazo a un texto es genial, y nos produce placer saber que somos capaces, que podemos conseguirlo. Pisa el acelerador, planifica horarios en tu calendario: lo que haga falta para estar más cerca del final tan temido. Lo agradecerás cuando por fin salga el libro. Durante unos minutos, por lo menos, antes de que lleguen las críticas, las liquidaciones y otros instrumentos sociales y comerciales de tortura, inseguridad y almohadas manchadas de lágrimas tristes (y hambrientas).

18. Nunca abandones (bueno, casi nunca)

Ese caminar sin meta aparente nos puede llevar a la desesperación. Cuando no vemos el final, el horizonte, el tránsito por el desierto puede ser insoportable. Para ello puede ayudar mucho marcarnos objetivos pequeños, para poder tener la sensación de que hemos conseguido algo: 30 páginas esta semana, o 5000 palabras, o dos escenas o cinco horas. Y luego, una recompensa: una salida con los amigos, unos zapatos nuevos, una cena en el sitio de curry japonés de la esquina, incluso ese viaje a Plutón que llevabais tanto tiempo planeando.

En muchos sitios web opinan que ante la desidia hay que cambiar de proyecto, salir a dar una vuelta, plantearte si esto es realmente lo que quieres. Yo no creo que sean buenas ideas. Lo de plantearte si esto es lo que quieres es algo que ya tenías que haber hecho al principio: hacerlo ahora es lo que nos pasa siempre, en ese momento tenebroso de las 30000 palabras, o del medio libro, o del relato atascado, y no es un pensamiento realista ni sano. Cambia de proyecto, sí, pero solo un rato. Ve a dar un paseo, pero vuelve. No abandones, a no ser que en una balanza el peso del despropósito (tiempo mal invertido, pocas posibilidades de éxito, aversión absoluta) sea muy superior al del tiempo perdido y tus esperanzas para esta obra. Yo diría, de hecho, que no abandones aun cuando creas que debes abandonar.

Terminar es importante.

19. Vuelve a divertirte

Manda a la mierda a tus lectores. No, en serio. Que les den. Escribe para ti. Escribe para divertirte. Coge ese texto en el que estás tan atascado/a y haz que pasen cosas. Mete algo desternillante, algo inesperado, algo que no pegue (yo siempre digo que metas una nave espacial, pero igual si escribes space opera te conviene más meter a un contable, un abogado o un delicioso plato de patatas fritas. Imagínate a unos pobres vaqueros espaciales, aburridos de pildoritas y chorradas sintéticas, disfrutando de un increíble plato de patatas fritas. O una paella de chuparse los dedos. O tempura marinada con esencia de percebe. Lo que quieras).

Ríete de tus propios chistes.

Lo cual me lleva al último punto.

20. Crea tu ritual

Hemos hablado de cambiar de sitio, de materiales, de proceso. Todo esto es útil para encontrar aquellos medios y modos que realmente te apasionan. Para crear un ritual.

Solemos ver la escritura como una obligación, porque hay días en los que ni lo más emocionante del mundo nos parece apetecible. Ya podríamos ser masajistas de modelos, que en un mal día malditas son las ganas que tenemos de currar (ahora que lo pienso, con lo delgados/as que son tantos/as modelos, ser masajista no debe de ser tan agradable, por aquello de tanto clavarte codos y caderas y columnas vertebrales).

Pero podemos convertir el rato de escritura en otra cosa. En una recompensa.

Por razones prácticas no puedo hacerlo todos los días, pero para mí el ritual perfecto es sentarme en la cama con un montón de almohadones, hacerme un té negro con naranja en mi taza favorita y escribir a mano en papel de ese chulo del que os hablaba antes. Y escribir todo lo que me apetezca de la forma más amena que se me ocurra. Ya no es una obligación, es algo que quiero hacer, algo especial. Fuera distracciones, fuera mundo real. Solo mi mundo inventado y yo.

Creo que este último es el mejor modo de enamorarnos de nuevo de aquello que siempre nos ha dado vida. Nos olvidamos de lo que escribir significa para nosotros. Se convierte en un trabajo, una tarea, una responsabilidad.

Podemos cambiar eso.

Podemos hacer que la escritura sea el mejor momento del día.

Ese es el secreto.


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