Gladwell. Outliers. 10000 horas.

Si no te suena, es posible que esta sea tu primera visita a mi blog, porque hablo mucho de eso de las 10000 horas. Demasiado, tal vez. Es un concepto hermoso.

No todos los conceptos hermosos son realistas. La belleza no equivale a verdad, por mucho que se empeñaran algunos griegos hace mucho, mucho tiempo. Malcolm Gladwell explicó que hacen falta 10000 horas para llegar a ser realmente bueno en algo. Eso tiene su discusión, claro. Escribir la palabra pene durante 10000 horas no te convierte ni en escritor ni en pornógrafo. Y, por supuesto, si tienes una habilidad natural, llegarás a la maestría mucho antes que alguien que no la tiene.

Pero quedémonos con lo que nos sirve del concepto y expliquémoslo un poco mejor. Hablamos de 10000 horas de práctica consciente, deliberada. De una práctica que sabe muy bien hacia dónde va (tiene una hoja de ruta), que ha analizado sus opciones para optimizarse de la manera más… bueno… óptima, y que siempre está en ese punto ideal de leve presión, ese punto donde hacemos algo que es levemente difícil para que podamos aprender algo (y para que podamos entrar en estado de flow). Esa práctica donde hacemos todo lo necesario para intentar ser los mejores en lo que hacemos.

Me he encontrado con escritores que me han dicho que han hecho más de 10000 horas de escritura a lo largo de su vida y que siguen sin ver resultados.

He pensado que tal vez podría hacer una lista de cosas que considero fundamentales para progresar como escritor (tanto a nivel artístico como comercial), y ya cada uno podrá hacer examen de conciencia.

10000 horasLa musa es en realidad una especie de parásito cerebral poco conocido, que inyecta sustancias químicas casi mágicas en nuestro flujo sanguíneo para poder alimentarse de nuestras neuronas la mayor cantidad de tiempo posible. 
Es por esto por lo que, de media, los escritores vivimos más. Debido a la rapidez inaudita de este parásito, ningún científico ha dado todavía con una imagen plausible de su forma. Mientras, ahí tenéis un ácaro.

Yo estoy condicionada por mi experiencia pasada y presente. Mi conocimiento es limitado y solo hablo de lo que sé. Algunos de estos puntos os parecerán evidentes, pero os pido que lo penséis muy bien: a veces damos por sentado que hacemos ciertas acciones que realmente no hacemos (como cuando nos pregunta el médico si hacemos ejercicio y decimos que sí, aunque hace tres meses que no nos hemos puesto las zapatillas de deporte y el sofá tiene un hueco ajustado a las medidas exactas, al milímetro, de nuestro culo).

Allá van. Todas las cosas que deberíamos estar haciendo durante nuestras 10000 horas de escritura. Que no son solo escribir. Aun así…

1. Escribir

¿En serio, Gabriella? ¿Para esto vengo a tu blog? ¿Para que me digas que yo, escritor, debería estar escribiendo? (Y aquí es donde algunos dejan de leer y vuelven a Facebook o a Netflix o a su página preferida de porno. Todo sea dicho, no me extraña que hayas dejado de leerme, esa página alemana con modelos japonesas practicando oscuras artes milenarias indias con velociprraptores es lo más).

Si te quedas, permite que me explique. Y es que dos de los fallos más comunes que veo en muchos escritores están aquí incluidos:

  1. No escribir suficiente: A veces nos perdemos en todas las demás tareas que se nos vienen encima o la vida nos devora y no queda tiempo para nada más. A veces dejamos que las excusas puedan con nosotros. Sea como sea, la forma más importante de aprender a escribir es escribiendo, y va siendo hora de que analices cuánto de tu tiempo adjudicado estás dedicando a la escritura. Ojo: escribir mucho no es escribir millones de palabras, sino dedicar un tiempo periódico a crear, a aprender mediante la práctica. Porque si no, acabamos con el problema contrario:
  2. Escribir demasiado: Veo a autores que escriben a diario, o autores que hacen auténticas maratones y sueltan 10000 palabras de una sentada, pero que luego apenas dedican tiempo a corregir, a aprender sobre su arte, a promocionarse ni a evolucionar en ningún sentido. Si lo que quieres es escribir para ti, esto no es un problema, pero si tienes intención de ser publicado y leído, esto vas a tener que modificarlo. No sirve de nada escribir, escribir y escribir si no haces nada por mejorar tu creación. Échale un ojo a los demás puntos de este artículo y reflexiona sobre cómo equilibrar tu tiempo. Y, lo más importante, cómo salir de tu zona de confort y darle un buen empujón a tu estilo.
10000 horasEscribir demasiado también puede producir calambres, adicciones variadas, gafapastismo y experiencias alucinatorias cercanas a la muerte. Quedáis avisados.

Recuerda también que escribir es la práctica. No significa que todo lo que escribas sea para publicar: se trata de ejercitar los músculos mentales necesarios de manera constante para mejorar tus habilidades. Un poco como nadar todos los días si eres campeón olímpico de natación: no compites todos los días, pero aprendes e impides que tus conocimientos y músculos se atrofien.

2. Retarnos

Por mucho que escribas, no sirve de nada si no sales de lo conocido, de lo que ya te sabes. ¿Cuántas veces habéis visto a escritores que se han acomodado, que siempre escriben de la misma manera y sobre lo mismo? Al cabo de un tiempo se vuelve aburrido. Pero no solo eso: cuando el autor no se reta a sí mismo, pierde flow y se anquilosa.

Por supuesto que hay días que dan ganas de darse cabezazos contra el ordenador (y no, no es así como me cargué el mío, lo cual me resulta sorprendente), y no hay que retarse siempre. A menudo debemos hacer lo que se nos da mejor. Pero conviene darle algún chispazo al cerebro de vez en cuando: realizar ejercicios creativos; escribir en un género al que no estamos acostumbrados; mezclar ideas opuestas para crear textos nuevos… cualquier cosa que implique hacer algo diferente.

10000 horasLo del chispazo al cerebro no es literal, ojo. Recordad: no queremos matar a la musa.

No olvidemos el reto emocional. Piensa en aquello de lo que nunca escribirías, algo que te dé miedo, asco o vergüenza, y escribe sobre ello. No tienes que enseñárselo a nadie, puedes destruirlo luego. Pero escríbelo.

Con todo, recuerda: no te des demasiada importancia, amigo escritor. A veces tus manías no le interesan a nadie, pero representarlos en el texto será, para ti, toda una ruptura emocional que cambiará tu manera de escribir para siempre.

3. Leer

Otro que debería ser evidente, pero que no lo es.

El otro día leí en Quora una respuesta de la autora Ellen Vrana, donde aseguraba que leía unos 30 libros al mes. ¡Pero eso es un libro diario!, me dije, horrorizada.

Ellen practica un tipo de lectura que llama lectura activa. Conforme lee, va tomando notas de todo: de cómo se ha construido el texto, de qué recursos se han utilizado, de las perspectivas, de los personajes, de su propia respuesta al texto… Esto le ayuda a comprender todos los engranajes del oficio. Es una forma intensiva de aprender de los maestros.

Tenemos que empezar a leer como escritores, a analizar cada cosa que leemos para entender cómo podemos aplicarla a nuestra propia creación.

Y no me refiero solo a leer cosas como las que escribimos. Debemos leer en otras áreas también, porque de allí vendrá la originalidad, de allí aprenderemos lo que las novelas no pueden enseñarnos.

Si nunca has realizado una lectura activa, no es tarde para empezar. Cuanta más práctica tengas con lo de leer de forma activa, mejor vista tendrás a la hora de corregir y editar tus propios textos. Explicar todo el proceso y anotar el tipo de preguntas que deberías estar haciendo alargaría más de lo necesario este artículo ya demasiado largo, así que he preferido explicarlo con más detenimiento (y con algún ejemplo) en la versión extendida.

¡Ojo! El uso de técnicas como la lectura activa tienen el peligro de que podamos perder el gusto por la lectura como relajación y evasión. Es algo que me pasó durante mis años universitarios (estudiar teoría de la literatura te puede destrozar como lectora) y que sé que a algunos escritores les ocurre también. ¡NO! Debes leer también por placer, porque tú también crearás textos para el placer de otros. Si pierdes el gusto por leer, ¿qué diablos vas a darles a los demás? Aparta un ratito periódico (ya sea diez minutos antes de acostarte o una tarde entera de domingo, lo que quieras) que es solo para ti y para ese libro que te encanta, con el que te lo estás pasando pipa, y apaga al narratólogo. La copita de vino o la tacita de té, el gato o perro acurrucado, la chimenea y la mantita de ganchillo son opcionales.

10000 horasProcura, eso sí, no dejarle el libro al gato. Que luego adquieren plena consciencia de sí mismos e intentan conquistar el mundo y, seamos sinceros, están a dos pulgares oponibles de conseguirlo.

4. Estudiar

Algunos escritores parecen sorprenderse cuando les dices que el estudio forma una parte importante de su labor. Es curioso, porque nadie bate una pestaña si un médico tiene manuales de consulta en su casa o si se apunta a un congreso para aprender un procedimiento nuevo o actualizar conocimientos en su área de especialización. Pero dices que un escritor tiene que estudiar y casi te gritan. “¡Talento! —chillan, enfurecidos—. ¡Eso es lo único que vale!”.

Yo qué sé. Igual es que no tengo ese talento del que hablan. Y claro que muchas cosas las aprendemos por intuición, de la misma manera en que asimilamos patrones sin darnos cuenta siquiera de que existen. Pero otras muchas (y algunas muy importantes) las aprendemos al estudiar. Y aprendemos todo lo que estamos haciendo mal, lo cual es preciso, creo yo, por mucho que duela salir de Matrix.

No existe un libro de texto para el escritor, y leer veinte guías mal hechas de señores que enseñan escritura creativa en la universidad de Wichita (o eso dicen) no te va a cambiar la vida. Pero si investigas, si preguntas, comenzarás a ver títulos que los buenos escritores recomiendan. Empezarás a prestarle más atención a la ortografía, gramática, sintaxis, que siempre serán tus amigas, aunque a veces te digan cosas que no quieres oír.

Escribir y solo escribir no es suficiente. Aparta un tiempo para leer sobre escritura, sobre los fenómenos que componen la novela, sobre las vidas de grandes artistas y creadores, sobre la poética clásica, sobre el dadaísmo, sobre historia, sobre marketing, sobre arquitectura: sobre todo lo que está ahí fuera y siempre ha estado ahí fuera y que podría convertirte en un escritor mejor. Siempre he sospechado que el buen escritor es una persona que ama aprender. En los buenos textos esa pasión por el conocimiento consigue colarse. No de una forma evidente, pesada, didáctica, sino como una tinta clara que va manchando el papel de arcoíris y sombras y magia y todo aquello que hace que amemos un texto.

10000 horasAsí, pero con más magia y menos flores. Y mejor peluquero. Y más hamburguesas. Y velocirraptores.

Aprender de manera intencionada lleva tiempo, eso sí. Una opción es recurrir al audio. He descubierto algún que otro podcast sobre temas que me interesan, y si escucho algo que me parece útil, lo apunto en la libreta que siempre tengo a mano. Por ahora estoy escuchando cosas sobre todo en inglés, así que si conocéis buenos podcasts sobre escritura en nuestro idioma, os animo a compartirlos en los comentarios.

5. Crear una estrategia

Escribes todos los días, corriges, lees y sueñas.

Porque eso es lo que haces, soñar.

Nunca ocurre nada. De vez en cuando mandas algo a alguna editorial que ni te responde. Y sigue sin ocurrir nada.

A mí me pasaba. No solo no tenía ni idea hacia dónde me encaminaba, sino que me concentraba solo en los resultados de un solo proyecto. La respuesta a mis escritos me definía. Si me rechazaban un manuscrito, era un fracaso: dejaba de escribir y lloriqueaba unos meses. Si publicaba un relato y solo lo leían tres personas, pensaba que era porque era malísimo y aburrido y para qué seguir.

Desde entonces mi estrategia ha cambiado bastante. Para empezar, tengo una. Siempre en movimiento. No es perfecta y es tremendamente flexible, pero está formada por mi trabajo diario y las metas que voy apuntando. Estas pueden cambiar, pero si tenemos una mentalidad más o menos clara detrás de todo lo que estamos haciendo, estaremos siempre yendo hacia delante, no perdiendo el tiempo con tácticas y chorradas tipo metralleta que no se adhieren a nuestros objetivos a largo plazo.

10000 horasTu estrategia debe ser como un junco: resistente pero flexible. O como tu mujer ideal, o cualquier otra metáfora manida y levemente sexista.

Ahora si me rechazan, me encojo de hombros. No es más que otro nombre que voy tachando de mi lista. Además, he aprendido que ese texto que me parecía tan genial y que no entiendo cómo han podido rechazar con el tiempo se convertirá en un texto que releeré y me diré “madre mía, no me extraña que no quisieran publicar esto ni pagándoles yo en unicornios y caramelos Drácula”.

En mi experiencia, la mejor forma de crear una estrategia y de ayudar a nuestro yo presente es tener dos tipos de objetivos:

  1. Objetivos a largo plazo: Aquello que queremos conseguir de aquí a unos años.
  2. Objetivos a corto plazo: Lo que queremos conseguir de aquí a un mes, a una semana o incluso de aquí a mañana.

Cuando empecé a tomarme en serio el blog, me imaginaba millones de seguidores, tropecientas ventas y etc. Ahora sé que era una fantasía poco realista, sobre todo porque los blogs de nicho funcionan de forma muy distinta a las grandes webs multitudinarias con millones de visitas. Así que, en cuanto a objetivos a largo plazo, hay que estudiar un poquito, informarse, leer mucho y preguntar a los que saben más que nosotros.

Y deja de compararte. Para mí ha sido extraordinario llegar a los 2000 seguidores en la página de Facebook. Hay gente que tiene 20000. ¿Y qué? ¡Yo he conseguido 2000! ¡Son 2000 más que nada! Y me sentí del mismo modo cuando conseguí 200.

Una de las cosas más importantes para llevar a cabo una buena estrategia es la siguiente:

6. Eliminar lo que no sirve

No hablo solo de deshacerte de esa bufanda que ya no te pones. Hay mucho que nos va cargando, lastrando. Sobre todo respecto a nuestro elemento más valioso: tiempo.

Decir que no es dificilísimo. Yo lo intento y no siempre me sale. Y es complicado, porque te preguntas: ¿y si estoy dejando pasar la oportunidad de mi vida? ¿Y si se enfadan conmigo?

Si tu respuesta mental inmediata a algo no es HELL YEAH (joder, sí), probablemente no sea algo que vayas a disfrutar ni en lo que creas. Y, en esos dos últimos casos, si aceptas lo que te piden, lo harás sin ganas, lo harás mal y luego te arrepentirás. Pero cuidado: esto no quiere decir que solo has de hacer aquello que te encanta. Lo que quiere decir es que cuando alguien te pide que le dediques tu tiempo, debes hacerte dos preguntas:

  1. ¿Quiero hacer esto? La respuesta será ¡SÍ!, ¡NO! o ¡no estoy seguro/a. Con la tercera respuesta, conviene preguntarse esto:
  2. ¿Tengo algo de tiempo libre y lo que me proponen me resulta nuevo e intrigante, es una oportunidad para aprender? Si la respuesta es sí, aquí sí que conviene planteárselo. En principio, tu tiempo es tan valioso que solo debes dedicarlo a aquello que es importante para ti, pero tampoco debemos cerrarnos a la posibilidad de nuevas experiencias.

De este modo podemos eliminar las tareas que no nos aportan nada, antes siquiera de que den comienzo.

También ayuda (mucho) eliminar creencias innecesarias. Prueba con eso de las cinco preguntas si pretendes desenmascarar alguna creencia soterrada que tienes sobre ti mismo. Dentro de tus 10000 horas no hay espacio para el “soy un fracaso y nunca llegaré a nada”; el “no valgo para esto”; el “nunca me van a publicar” o incluso “todos los demás son mejores que yo”. Todos tenemos pensamientos negativos y eso es muy sano. No os creáis esas filosofías positivas de que hay que negar que sufrimos y sonreír todo el tiempo. La autocrítica es necesaria. Pero sí podemos aceptar esos pensamientos, analizarlos con objetividad y desecharlos cuando no nos sirven.

Conforme avanzamos en nuestro proceso personal como escritores, nos encontraremos constantemente con información nueva. Los nuevos datos nos sirven para actualizar nuestro sistema de creencias. Un sistema de creencias fijo e inamovible es un sistema que no se adapta. Si nos agarramos a la creencia, por ejemplo, de que la única vía válida de publicación es la edición tradicional, aunque recibamos datos de otros autores que prefieren la edición indie, estamos perdiéndonos toda una serie de posibilidades que podrían ayudarnos a alcanzar nuestras metas (y viceversa). Esta parte es muy difícil, pero creo que en los últimos años he modificado mucho mis percepciones sobre la industria editorial y sobre lo que significa escribir. Me quedo con lo que dice al respecto el ensayista Colin Wright:

10000 horas

Nunca es un mal momento para reconsiderar lo que sabes que es cierto. Ninguna creencia debería estar a salvo de tu investigación; todas deberían revisarse de forma periódica. Plantéate tener una revisión interna de manera regular, para reflexionar y ver si has aprendido algo recientemente que pueda oponerse a alguna creencia que ya hayas tenido desde hace tanto tiempo que se haya convertido en un dogma personal.

Esta flexibilidad es fundamental. Creo que fue Einstein quien dijo aquello de que hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes es la definición de locura.

¿Qué tal vas de locura?

7. No perderse en las minucias

A veces es más fácil dedicar nuestro tiempo a un montón de tareas poco importantes que enfrentarnos a las grandes, a las que nos dan las tres P (pánico, pereza y ganas de potar).

Seth Godin dice que hay que hacerse las preguntas grandes antes que las pequeñas:

10000 horas

Hay pequeños detalles incontables que ajustar antes de conseguir algo de lo que estés realmente orgulloso. De eso no hay duda. Pero hay agujeros enormes y aterradores en cualquier puente hacia el futuro y, hasta que averigües cómo cruzar ese puente, no sé si importa que tengas una errata en la página 4.

Lo de las preguntas grandes y las pequeñas es más serio de lo que parece. Y es que, por desgracia, muchos escritores caen en el problema de Pareto.

La gilipollez del 80/20

Hay una teoría por ahí de que dedicamos el 80% de nuestro tiempo a un 20% de nuestras tareas. También se dice que el 80% del trabajo de una empresa lo realizará el 20% más eficiente de los empleados. En el mundo de la productividad, lo ideal sería conseguir no emplear tiempo en el 20% que realmente no es importante.

Hay mil aplicaciones de este tema, estrechamente vinculado también a la curva de aprendizaje de una habilidad. Una vez aprendes a escribir medio bien, es decir, mejor que el 80% de los escritores, dedicarás el 80% de tu tiempo a intentar superar al restante 20%.

Y ese 20% puede estar bien para, no sé, competir con Lord Byron o con Góngora. Pero también corres el riesgo de perderte en las minucias. Dedicar el 80% de tu tiempo a un 20% que no es tan importante como crees. Un 20% podría ser, por ejemplo, preocuparme más por el hecho de que alguno de mis lectores se quejen por el uso de la palabra gilipollez, en vez de centrarme en crear un artículo ameno y fácil de leer.

Todo esto está basado en el principio de Pareto y entra en conflicto, claro, con el perfeccionismo, una debilidad que mata al escritor lenta y tortuosamente.

No dediques horas de tu vida a intentar entender la diacrítica demostrativa si ni te has molestado en terminar tu relato. Examina a qué estás dedicando ese 80% de tu tiempo y analiza si se corresponde realmente con el 20% de tareas más importantes para tu estrategia.

Y, ya que hablamos de terminar relatos…

8. Terminar

Ya dije en su momento que este punto me parecía el mejor consejo que se puede dar a un escritor. Tal vez el único que realmente hace falta.

Una cantidad sorprendente de personas que escriben nunca terminan lo que empiezan. Tal vez un relato aquí o allá; poco más.

¿Eres una de esas personas?

Terminar es importante por dos razones fundamentales. Primero, por la sensación de felicidad y satisfacción que produce el mero hecho de acabar. Eso crea una respuesta positiva en el cerebro, una suerte de premio. Cuantas más veces termines, más veces tendrás esta respuesta emocional y más querrá tu cerebro. Es decir: cuantas más veces termines, más fácil (y agradable) resulta terminar.

10000 horas(Insertar chiste erótico aquí).

Segundo: Terminar es la única manera de conseguir feedback fiable. Nadie puede darte una opinión realmente válida a una historia inacabada. Y necesitamos esa opinión para mejorar.

¿Cuántas veces has entrado en el bucle de dejar un proyecto de lado para ponerte con otro… y luego dejar ese de lado para ponerte con otro? Queremos evitar ese horrible camino medio de tedio, queremos recuperar la sensación de novedad e ilusión de cuando empezamos un proyecto. Es como ese amigo o amiga que todos tenemos que deja a sus parejas en cuanto la cosa se pone un poquito difícil o aburrida, porque en realidad es adicto/a al subidón emocional de enamorarse, de empezar con alguien nuevo.

Esa persona, ya lo sabemos, suele lamentarse de todo esto. Su historial amoroso es algo desastroso. Puede que se lo pase muy bien en momentos puntuales, pero nunca pensarías en él o ella como en un/a gran amante, una persona experta en amores. Igual confías más en los consejos de tu otro amigo, el que ha pasado por varias relaciones largas, porque conoce las verdaderas dificultades del amor.

Este problema es muy común, insisto. A mí me ocurre. Cuesta mucho lidiar con algo que escribes cuando ya has pasado ese meridiano de ilusión y has entrado en el terreno baldío de la duda y el hastío.

Por eso sobreviven tan pocos escritores. Muy pocos terminan, muy pocos aprenden de lo terminado.

Lo dice Ta-Nehisi Coates, pero lo dicen muchos más: gracias a la acción de hacer algo una y otra vez, de  trabajar y estar bajo el estrés de terminar y publicar, acabas convirtiéndote en algo que nunca supiste que podrías ser. Terminar es también un acto de coraje. Es, como dice Coates, como tener música en la cabeza: intentar sacarla en el papel es un verdadero infierno.

Y sabemos que terminar no sirve de nada si no publicas. Para ello necesitamos este último punto, uno en el que un porcentaje altísimo de escritores fallan y se desesperan.

9. Compartir

Tienes que enseñar tu trabajo. Nadie conocerá tu obra si no la enseñas, si no la compartes. ¿Tienes miedo? ¿Te da vergüenza? A mí también. Cuando voy a publicar un artículo tiemblo. Cuando voy a publicar un libro casi vomito de puro nervio (de ahí las tres P de la que hablaba en el punto 7). A nadie le gusta que los demás juzguen su obra. Sobre todo si llega alguien que juzga que la obra no está a la altura (y de eso no podrás escapar nunca).

Creo que hay que hacerse preguntas importantes. ¿Quieres escribir solo para ti? ¿O quieres que te lean muchas personas? Habréis visto, como yo, esa gran contradicción de la que muchos escritores no son conscientes: la queja constante de no ser conocidos, como si su obra tuviera que leerse automáticamente, por esa mítica cualidad del boca a boca de tres fans enfurecidos, cuando ellos no han realizado ninguna labor de promoción. Dicen que la obra deberá bastar, conocerse por sí misma. Esto podrá ser así si otras personas, por ejemplo un editor, hace la tarea de promoción por ti. Esto tiene dos problemas:

  1. Muchas editoriales hacen una labor de promoción cada vez más limitada y obsoleta.
  2. Para que te promocione una editorial, primero tendrás que conseguir una.

La realidad oscura, muy oscura, es que rara vez una editorial se interesará por un escritor al que no conoce de nada. No es prejuicio ni conspiración judeomasónica, en serio. Es que se reciben tantísimos manuscritos y el personal está tan ocupado que es físicamente imposible leerlo todo. Como es lógico, recibirán más atención los manuscritos que a) provienen de autores con cierta garantía de ventas, b) realizan una presentación atractiva y ofrecen muestras rápidas de un texto bien escrito o c) provienen de autores a los que el editor conoce a nivel personal.

No hablo de nepotismo nefasto, aunque de eso, obviamente, también hay. Hablo de que si tienes que leerte 200 manuscritos, te van a llamar más la atención los 10 de personas con las que has hablado en persona, cuyas caras recuerdas. Esto puede deberse a una presencia activa en línea (redes sociales, blogs, etc.) o a una presencia activa IRL (In real life).

Sorprendentemente, una de las maneras de conseguir una presencia activa tanto en internet como en la vida real es ayudando a los demás, Compartiendo no solo lo tuyo, sino lo de otros.

¿En quién se van a fijar más lectores, editores, travestidos transilvanos? ¿En un autor que solo emite el “compra mi libro” de siempre? ¿O en alguien que comparte también contenidos ajenos de calidad? ¿En alguien que utiliza sus habilidades narrativas para seducir a su público? ¿En alguien que ofrece contenidos de valor para otros? ¿En alguien que ayuda a conectar a otros escritores, editores, lectores, travestidos transilvanos?

En mi experiencia, compartir es la mejor forma de networking que existe. He perdido la cuenta de toda la gente a la que he compartido, conectado. Lo hago porque me gusta y porque me gusta que de vez en cuando otros también lo hagan por mí. Los estadounidenses lo llaman pay it forward. Págalo hacia delante. No recompenses los favores que te hacen. Hazlos tú antes.

Otro día entro en más detalle acerca de cómo compartir y hacer networking si eres tímido y/o introvertido, un mal que nos aqueja a muchos de los que escribimos. Y tacho el mal porque yo pensaba que era algo malo y me he dado cuenta de que es utilísimo y genial.

Pero eso otro día.

Que ya he gastado mi proporción de 10000 horas para hoy.

Tal vez por eso me parece tan útil un blog. He escrito, he leído, he estudiado (este post lleva a cuestas unos cuantos artículos analizados y otros tantos escuchados y anotados), Me he retado (ya veis que hoy os traigo algo un poco diferente, con aquello del post extendido). Todo encaja dentro de mi línea de pensamiento, de mi estrategia (aunque suene frío no lo es, os prometo que mi estrategia está invadida de fiesta, amor, brincos y delfines rosas). He borrado texto que no servía. He intentado no perderme en las minucias (aunque me cuesta, siempre me cuesta). Casi he terminado.

Os lo he dado todo. Marcho a mirar al techo, exhausta, recostada en mi boudoir. Si os ha gustado este artículo, la parte de compartir, queridos, ya os toca a vosotros.


10000 horas de escritura*Inicialmente este artículo tenía una versión ampliada a la venta en Lektu. Esta ya no está disponible. Creo que el texto extendido ha quedado algo desactualizado (lo publiqué allá por 2016), y en la medida de lo posible intento no vender contenidos que no estén al día. Disculpad las molestias si veníais buscando esa versión.


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